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Sebastián Aguirre Espinoza

PSICOTERAPIAS I
2018-06-21

ANALISIS DEL DOCUMENTAL “MI VIDA CON EL TOC”

El documental ecuatoriano trata a manera muy resumida y en primera persona la historia de


Allan Wright Vella y su convivencia con el Trastorno Obsesivo Compulsivo. El documental
asi como la tipología psiquiátrica hacen un buen esfuerzo en describirlos síntomas y sus
implicaciones: Ideas obsesivas, comportamientos compulsivos y repetitivos, obsesiones
dirigidas a la repetición y al aseo, sentimientos de culpa e inadecuación, depresión
secundaria y el consiguiente manejo y autorreceta de fármacos, además del consumo de
alcohol. Los factores demográficos también se cumplen a cabalidad, hombre de familia
acomodada y con un inicio temprano de síntomas.

Pero el presente trabajo busca ir mas allá de la sintomatología, sino que más bien intenta
buscar el origen y el funcionamiento psíquico detrás de lo observado. En el plano del
psicoanálisis, el Trastorno Obsesivo Compulsivo recibe el nombre de Neurosis Obsesiva,
descrita por Freud y caracterizada por síntomas compulsivos, ideas obsesivas, compulsión
a realizar actos poco agradables y lucha contra pensamientos contrapuestos, ceremoniales,
rumiación mental en el pensamiento, dudas, escrúpulos; reacciones estas que acaban por
inhibir la conducta del sujeto tanto en pensamiento como en acción. De esto vemos una
multitud de ejemplos en la historia de Allan, pero lo que llama la atención es la conexión entre
un pensamiento irracional, como es que sus padres o seres queridos morirían, y la
realización de rituales o pequeños sacrificios como medio para evitarlo, por tanto debía leer
y entender todo 5 veces. A pesar de reconocer lo ilógico de aquella premisa, Allan era
incapaz de negarse, solo por si acaso. Es entonces visible la existencia de un mecanismo
mas inconsciente que rige la actividad del sujeto, por sobre su propia voluntad.

Freud postula un mecanismo interesante en cuanto al funcionamiento del obsesivo. Habla,


al igual que en la histeria de experiencias sexuales infantiles que generan afectos poco
manejables y por tanto son reprimidos y luego ligados a la sintomatología. Primero, al igual
que en las histerias, en el obsesivo tiene lugar una experiencia pasiva, desagradable, con la
diferencia principal de que se suman más tarde experiencias sexuales activas placenteras.
Posteriormente con la maduración sexual, una sensación de reproche o culpa se liga al
recuerdo de estas experiencias generadoras de placer. Los relatos de estas experiencias no
Sebastián Aguirre Espinoza
PSICOTERAPIAS I
2018-06-21

los encontramos en el documental, pero es de asumir que tal vez ni el mismo Allan los tenía
presentes en su consciente o que la familia prefirió mantenerlos en privacidad.

Con estos afectos en juego entra en funcionamiento la represión de la culpa y el desvió de


la acción de un superyó sádico sobre el funcionamiento del Yo, que se manifiesta en una
modificación caracterológica: escrupulosidad, vergüenza, angustia hipocondríaca o angustia
social. La vergüenza se observa en el relato de Allan, cuando hace un recuento de su infancia
y adolescencia y menciona una “baja autoestima”, además de que se asume escrupulosidad
en su accionar, pues siempre prefirió las cosas ordenadas y “perfectas”.

En un segundo momento, la culpa en su intento por salir al espacio consciente, se asocia a


representaciones que no son absolutamente irreconciliables con el Yo, se manera que se
gestan las obsesiones, que reemplazan el recuerdo patógeno. Es entonces que la culpa
flotante en la psique de Allan, y especialmente reforzada por el discurso religioso de la
madre, se liga a los pensamientos que de una u otra manera responsabilizan al individuo
sobre el bienestar y el mantenimiento de la familia o sus seres queridos.

Las ideas obsesivas se vuelven angustiantes, y finalmente empiezan a existir


comportamientos compulsivos, que se ofrecen a manera de ritual de sacrificio con el fin de
disminuir la presión psíquica ejercida por la culpa.

Asimismo, la intensa culpa y angustia sentida por Allan hacen que se vuelva fácil caer en
dependencia de una sustancia inhibidora de estos sentimientos como es el alcohol, pero las
consecuencias de su consumo terminan por alimentar este afecto progresivamente.
Finalmente, la sensación de culpa es demasiada y Allan recurre al suicidio, pero no sin antes
dejar un último intento de reivindicación al escribir un diario de su experiencia vital con el fin
de ayudar a otras personas a comprender y superar su afección.

Fuentes:

http://www.chasque.net/frontpage/relacion/0407/defensa.htm

www.irebollo.net/index.php?option=com_content&view=article&id=18:la-neurosis-obsesiva-
de-freud-a-lacan&catid=6:el-psicoanalisis-temas&Itemid=5
Nasio, J. D. (2010). El dolor de la histeria (No. 159.964. 2). Paidós,.