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Seminario Evangélico de Caracas.

Estudiante: yorbethe José Alcalá.

Facilitador y Pastor: Jorge Eliécer Navarrete Grau

Materia: Religiones Comparada

¿Qué hacer para convencer a un adventista?

Fecha: 21/07/15
INTRODUCCION:

En el estudio de las sectas nos encontramos con un numeroso grupo religioso, que se
dicen ser seguidores de Cristo, pero cuando los analizamos a la luz de Biblia la palabra
de Dios, nos damos cuenta que no se pueden llamar seguidores de Nuestro Señor
Jesucristo. Por ejemplo la secta de los testigos de jehová no creé que Jesucristo es Dios,
cree que el Espíritu Santo es una fuerza activa, y para rematar tienen su propia biblia,
que esta adulterada.

Cuando revisamos la Biblia la palabra de Dios nos damos cuenta que todas estas
mentira se caen. Otra de la secta que es otra mentira del diablo se llama los adventistas
del séptimo día (el sabatismo) esta secta es mucho más peligrosa que los testigo de
jehová, porque tienen muchas cosa disfrazada del Cristianismo.

El análisis que voy a realizar sobre la materia de Religiones Comparada, va hacer


precisamente de los adventistas del séptimo día (el sabatismo). En el desarrollo de este
trabajo voy ampliar el tema más profundamente, pero quiero contar en esta introducción
que mi infancia fue influenciada por esta secta. En el pueblito donde me crio mi abuela,
los vecinos pertenecen a los adventista del séptimo día, recuerdo que iba con ellos a sus
reuniones los sábados, también viene a mi memoria que ellos los viernes a la seis de la
tarde recibían el día de reposo el sábado.

Yo era un niño y no entendía nada. Al pasar el tiempo fui creciendo, y otra familia
vecina que son cristianos en su mayoría, uno de ellos me condujo a Cristo y comencé
asistir a la iglesia Cristiana. Recuerdo que me dieron un nuevo testamento y empecé a
leerlo, pasaba el tiempo y comencé a darme cuenta que la secta ya mencionada no tenía
coherencia con la palabra de Dios.

Decían que si tú no guardaba el sábado no estabas cumpliendo con la ley de Dios, y yo


revisando el nuevo testamento, en Mateo 12:1 al 8 me doy cuenta que el Señor
Jesucristo es atacado por lo que hacían los discípulo el día de reposo, porque sus
discípulos tenían hambre y comenzaron arrancar espiga y a comer, los fariseo al darse
cuenta de estas cosa que los discípulo hacían en el día de reposo, no respetando el
sábado (sabbaton =σάββατον) le reclamaron a Jesús. Me llama la atención que
Jesús no apoya a los fariseos, y tampoco reprende a los discípulos, para que guarden el
día de reposo. Estas incoherencias con la Biblia la palabra de Dios. Me llevo a dudar de
ellos, a sospechar de ello. Aunque tengo buenos amigos de esta secta, nunca me atreví a
tener una confrontación de ideas con ellos, por mi falta de conocimiento. Pero gracias a
Dios por la materia religiones comparada, y al hermano Jorge Eliecer Navarrete, que
Dios lo ha capacitado para que enseñe su palabra fiel mente, me ayudo a entender
muchas cosa referente a esta secta.

Y el análisis que voy a desarrollar es referente a los adventistas del séptimo día (el
sabatismo) como ya lo mencione al inicio de esta introducción. La pregunta para pasar
al desarrollo de este análisis es. ¿COMO CONVENCER A UN ADVENTISTA?..
DESARROLLO:

Antes de decir cómo convencer a un adventista, vamos hablar un poco del inicio de esta
secta, para tener una idea de que se trata y cuáles son sus raíces, y así poder hacer un
análisis sobre los adventista del séptimo día (el sabatismo).

Pastor bautista del estado de Nueva York, se dedicó al estudio detallado de las
Escrituras proféticas. Anunció que había descubierto la fecha exacta del retorno de
Cristo a la tierra: el 21 de marzo de 1843. Basó su predicción sobre cierta interpretación
de los capítulos ocho y nueve de Daniel, con énfasis especial en Daniel 8:14 y 9:24-27.
Miller y otros, creían que las setenta semanas de Daniel comenzaron en el año 457 a.c.,
la fecha exacta del decreto del rey Atrajeres para reconstruir Jerusalén (Dn. 9:25).
Interpretando las setenta semanas como "setenta semanas de años", o 490 años, llegaron
a la fecha 33 d.C. (desde 457 a.c. al 33 d.C.). Puesto que 33 d.C. coincide
aproximadamente con la fecha de la crucifixión de Cristo, los milleritas la relacionaron
a Daniel 8:14: "Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas, luego el santuario será
purificado", es decir, a las setenta semanas. Interpretaron los 2.300 días como 2.300
años (a veces un día en la Biblia se refiere a un año). Supusieron que las setenta
semanas y los 2.300 días de Daniel comenzaron en la misma fecha, es decir, el año 457
a.c. Al restar los 490 años de los 2.300, llegaron a la fecha de 1843, para la segunda
venida (la purificación del santuario). William Fisher relata 1a reacción de la gente a la
predicación de Miller: El anuncio de esa fecha causó tremenda agitación, y hubo
quienes regalaron sus propiedades y dejaron que sus cosechas se pudrieran en los
campos, y en ese gran día - el 21 de marzo de 1843 - se pusieron sus túnicas blancas
para la ascensión, y se sentaron a esperar el momento en que Cristo aparecería. Pero
cuando el día pasó sin que sucediera nada, Miller anunció que había cometido un error
en sus cálculos, y que el regreso de Cristo sería el 22 de octubre de 1844. Una vez más
hubo el consiguiente revuelo, y se hicieron los preparativos para "encontrar al Señor en
el aire". Pero, cuando pasó el día sin que viniera el Señor, miles de milleritas, o
adventistas, perdieron completamente la fe en las predicciones de su líder.

El 23 de octubre de 1844, un día después de "la gran desilusión" Hiram Edson, un


seguidor de Miller, tuvo una "revelación": Cristo había entrado el día anterior en el
santuario celestial (el lugar santísimo del tabernáculo en el cielo) y no en el terrenal,
para hacer una obra de purificación en él. La fecha calculada por Miller fue correcta,
pero el evento predicho no se refería a la segunda venida, sino al comienzo del "juicio
investigador" de Jesucristo, para determinar quiénes de los muertos serían dignos de ser
Resucitados y para hacer la obra final de expiación. Otros adventistas creían que la falta
de observar el sábado como el día de reposo tenía mucho que ver con la demora del
retorno de Cristo. Esta idea y la revelación de Edson fueron confirmadas por visiones de
Elena Harmon. Dos meses después de "la gran desilusión", la señorita Harmon tuvo su
primera visión mientras oraba con otras cuatro mujeres. "Ella pareció haber sido
trasladada al cielo, donde se le mostraron las experiencias que les estaban reservadas a
los que fueran fieles al “evangelio adventista.” Fisher describe otras de sus actuaciones:
Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que ella empezara a tener otras visiones,
acompañadas de extrañas manifestaciones físicas. De acuerdo a los informes de los
médicos y de otros testigos, sus ojos permanecían abiertos durante estas "visiones";
dejaba de respirar, y durante estos arrebatamientos, ella ejecutaba acciones milagrosas.
El contenido principal de las "visiones" parecía ser el de los mensajes que ella recibía
para ciertos individuos, familias e iglesias. La predicación de Miller, antes del" día de la
gran desilusión" (él retractó su predicción después de aquel día), la revelación de Hiram
Edson y el testimonio de la señora Elena de White referente a sus propias revelaciones,
formaron la base doctrinal de la iglesia de los Adventistas del Séptimo Día. Ponían gran
énfasis en la escatología y en la reforma de salud. Ella se convirtió en líder y profetisa
inspirada de su denominación. En una conferencia en 1860, ésta adoptó el nombre de
"Adventistas del Séptimo Día" y en 1863 fue organizada oficialmente.

Elena Harmon se casó con un anciano de la iglesia, James White, en 1846.


Transcurridos nueve años, se trasladaron a Battle Creek, Michigan, donde se
estableci61a oficina central de la organizaci6n y su prensa. La señora de White era una
escritora muy prolífica. Aunque tenía solamente tres años de estudios básicos, escribió
cuarenta y cinco libros mayores y más de cuatro mil artículos, folletos y volantes. Entre
sus libros se cuentan: El conflicto de los siglos, El deseo de las Edades, Testimonios
para la iglesia, Profetas y reyes. "Nunca pretendi6 ser el líder de la iglesia, tan sólo una
'voz', o 'mensajero' que llevaba comunicaciones de Dios a su pueblo ...,, Sin embargo,
tenía una parte decisiva en muchas de las decisiones de su denominación, como fue el
traslado de la oficina central a Washington, D.C., en 1903.

Este resumen del comienzo de los adventistas nos ayuda, a ver lo atropellado de esta
falsa secta, la Biblia dice en Gálatas 1:8 Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os
anunciaren otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.

En la conclusión vamos a tratar de ver cómo, convencemos a un adventista y desarrollar


una estrategia, fundamentada en la Palabra de Dios, con la ayuda del Espíritu santo
quien inspiro la Escritura, la Santa Biblia. Pasemos a la conclusión. (Al análisis Crítico)
para confrontar las idea de los la secta de los adventista…….

CONCLUSION:
¿Qué hacer para convencer a un adventista?
En primer lugar. Tengo que conocer todo sobre esta secta, quienes fueron sus
fundadores, en otras palabras toda la historia de ellos, para cuando comencemos a
confrontar sus ideas saber todo relacionado a esta secta.
En segundo lugar. Estar bien fundamentado en la palabra de Dios, tener bien claro
cuáles son los puntos fuerte donde ellos se basan para refutar el Cristianismo.
Recordemos lo que dije en la introducción, que los adventistas son mar peligroso que
los testigos de Jehová. Porque se párense mucho a los Cristiano, y eso complica la
confrontación de las ideas, ello en este tiempo están usando la Biblia Reina Valera del
60. La que usan la mayoría de los Cristianos Evangélico.
En tercer lugar. Tener una actitud como la que tuvo Nuestro Señor Jesucristo, cuando lo
atacaban el no reaccionaba con agresividad. Él nunca quería ganar una discusión él
sabía quién preguntaba, con sinceridad y quien lo hacía para atraparlo en algo, pero el
discrepaba con sabiduría, mansedumbre y con humildad. No actuaba con arrogancia, ni
prepotencia. De esa misma forma debemos nosotros confrontar las ideas así como lo
hizo Nuestro Señor Jesucristo.
En cuarto lugar. Dejarse guiar por el Espíritu Santo, que es el que convence al mundo
de pecado, de justicia y de juicio. Eso lo podemos encontrar en. Juan 16:7 al 11. Este
cuarto punto, para mi es más importante, porque es el Espíritu Santo el que está
salvando atreves de la palabra. Tenemos que estar guiado por El, para poder usar la
palabra con precisión y el enemigo no nos vapulee, por hacer las cosa en la carne. El
Apóstol Pablo en Gálata 5:16 y 17. Les exhorta de la siguiente manera. V16. Digo,
pues: Anda en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. V17. Porque el deseo
de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y esto se oponen
entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Estos versículos nos llaman a la reflexión
que si vamos a convencer a un adventista, tenemos que estar viviendo conforme a la
guía del Espíritu Santo. Este no es un estudio referente a la llenura del Espíritu, pero
como lo dije anterior mente, no podemos hacer nada sin antes tener la aprobación de
Dios, y él lo hace atraes de su Espíritu.

A continuación vamos analizar un poco cuales son los puntos fuertes de lo adventista.
Para tener una idea como éntrale, con la confrontación de ideas. Ellos creen, 1. El sueño
después de la muerte: “Entre la muerte y la resurrección los muertos duermen, según
su doctrina. Vea Sal 73:24; Lc 16:22. 2. Aniquilamiento de los impíos: “Los pecadores
y el pecado serán destruidos para no existir más” 3. La expiación: “Es hecha por
Satanás y Jesús”. Pero para esto tenemos dos buenas preguntas; ¿Es Satanás con
salvador? ¿Será realmente aniquilado?. Según ellos en Levítico 16:5-10, 20,22 entrevén
que el macho cabrío sacrificado representa a Cristo y el emisario representa a Satanás
que lleva el pecado de los redimidos al infierno, donde será aniquilado. Vea Apoc
20:10. 4. El sábado: Estos punto lo vamos a detallar más profundamente a
continuación.

El sueño después de la muerte: Los Adventistas del Séptimo Día creen que la muerte
es como lo declara Eclesiastés 9:5 "los muertos nada saben". Esta ideología sostiene que
una persona no tiene forma consciente de existencia hasta su resurrección, que, será en
la ocasión de la segunda venida de Jesús (en el caso de los justos) o luego del milenio
de Apocalipsis 20 (en el caso de los impíos). Esto significa que el infierno no existe en
nuestros tiempos presentes, ni que existirá después de la Segunda Venida de Cristo, sino
que los impíos serán destruidos para siempre luego del milenio de Apocalipsis 20 (Ésa
es la muerte segunda de la que habla el texto de Apocalipsis, la verdadera muerte).
Infierno viene de la etimología griega "Infer" debajo y "nos" nosotros, por lo tanto el
infierno sería lo mismo que el Hades, o simplemente, el sepulcro. Por lo anterior
también se oponen a la "Doctrina del purgatorio", instaurada por la Iglesia
Católica donde se señalaba que los muertos pasaban por un estado de purificación, pero
tenían el Cielo asegurado. Sostienen que la inspiración enseña que solo Dios es inmortal
(1 Tim. 6:16) y que los seres humanos, separados de Dios, están sujetos a la muerte.
Jesús enseñó que "la muerte es un sueño" (Juan 11:11-14) que termina en una de las dos
resurrecciones: una resurrección para vida o una resurrección de condenación (Juan
5:28-29). También otras religiones evangélicas sostienen que después de la muerte el
alma se dirige a un lugar determinado dependiendo de si son salvos (aceptar a Cristo
como salvador) o no. Los salvos son llevados al "Seno de Abraham" y los no salvos se
dirigen al Hades. Los adventistas no comparten esta posición, la cual, según ellos,
bíblicamente no corresponde. Para los adventistas el tema de la muerte es uno de los
engaños satánicos del fin de los tiempos. En estos tiempos, el espiritismo está ganando
terreno debido a que la mayoría de las persona creen que hay vida después de la muerte.
"Si las personas compartieran el pensamiento Adventista no serían engañados por estos
estafadores de la fe. Los cuales usan el nombre del Señor para sus propios intereses.
Ellos son movidos por el enemigo". Los Adventistas consideran su única regla de fe a la
Biblia, en ella no se considera vida después de la muerte sino que sólo cuando venga el
momento de la resurrección, ya sea para vida eterna o muerte.
Aniquilamiento de los impíos: No es doctrina nueva. Ya en el siglo II la sostuvo el
gnóstico Valentín y más tarde los sacinianos y algunos filósofos, y fue recogida por
algunas sectas modernas por considerarla más justa y eficiente que la de las penas
eternas. Introducida en el adventismo por la señora White, algunos de sus seguidores
han tratado de buscarle algún fundamento bíblico, sin éxito, pues el texto que citan de
Malaquías (4,1): "en aquel día, abrasador como horno, los autores de la impiedad serán
abrasados por el fuego cual rastrojo, sin dejar raíz ni rama"; se ve que se refiere al "día
del Señor", el día del juicio, y es una forma metafórica, hasta por las palabras "día
abrasador como horno", "rastrojo", "raíz", "rama", de expresar lo terrible de aquel día
para los malvados. Los restantes textos que emplean son tan débiles para probar esta
doctrina (como puede verse en Lc 13, 3; 2 Pe 2, 12, y Ap 20, 15), que creemos no
merece la pena comentarlos. Por otra parte, cualquier texto que pudiera parecer
dudosamente afirmativo de la doctrina sostenida por los adventistas sobre el
aniquilamiento, carecería de todo valor frente a tantas afirmaciones, tan claras y
terminantes, como en la Sagrada Escritura mantienen todo lo contrario. El
aniquilamiento no es más justo que el infierno, pues si el castigo no fuera eterno, su
contrapartida, el premio, tampoco sería eterno ya que el fundamento de la eternidad del
castigo es el mismo que el de la eternidad de la verdadera vida. No sería tampoco más
eficiente para evitar los crímenes y ultrajes contra Dios teniendo en cuenta nuestras
perversas inclinaciones. El pensamiento del infierno es quizá uno de los más eficaces,
dada nuestra naturaleza, para no ofender a Dios; y aunque por esta misma naturaleza
tendamos a considerar esta doctrina dura y tenga dificultad para la mente humana, no
tendremos derecho a negar su certeza. Quizá por razón de estos defectos de nuestra
naturaleza quiso la Divina Providencia exponerla y revelarla tan claramente como pocas
otras doctrinas lo están. Frente a ese terrible misterio de lo eterno surge siempre en la
Escritura el infierno como el reverso del cielo.
La expiación: "La sangre de Cristo, si bien fue para absolver al pecador arrepentido de
la condenación de la ley, no fue para cancelar el pecado... estará presente en el santuario
hasta la expiación final". [Patriarcs and Prophets, p. 357]. "Mientras nuestro Sumo
Sacerdote está haciendo expiación por nosotros, debemos procurar ser perfectos en
Cristo". [The Great Controversy, p.623]. "... en lugar de venir a la tierra al final de los
2300 días en 1844, Cristo entró entonces en el lugar santísimo del santuario celestial
para realizar la fase final de la expiación preparatoria de Su venida". [The Great
Controversy, p. 422].
Refutación
Las citas arriba mencionadas implican que los pecados de los cristianos aún no han sido
expiados, por lo tanto la salvación de los creyentes aún está pendiente. Juan 5:24 es más
que suficiente para pulverizar este concepto: "De cierto de cierto os digo: El que oye mi
palabra, y cree al me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha
pasado de muerte a vida. "El griego de los manuscritos, traducido literalmente, dice que
el que cree "no vendrá a juicio". Las palabras de Cristo en la cruz, "Consumado es"
(griego: tetelestai), en Juan 19:30, son clara indicación de que su obra de expiación fue
completa. El término griego expresa la idea de una transacción efectuada en su totalidad
(ver también He. 10:26). Tampoco es cierto que Cristo entró en el lugar santísimo en
1844. En realidad, lo hizo inmediatamente después de su ascensión a los cielos
(He.10:19,20). Es más, Cristo hizo posible para nosotros que podamos traer nuestras
oraciones delante del trono de la gracia (He. 4:15,16). El trono de la gracia es el
propiciatorio localizado en el lugar santísimo (Ex. 26:34). Pregunta: ¿Cómo pudieron
los creyentes tener acceso al lugar santísimo antes de 1844 si Jesús aún no estaba
ministrando en él?

El sábado: La secta adventista ha perdido mucho tiempo precioso y muchísimo papel


mal gastado en probar que el cristiano está obligado, por ley, a guardar el Sabbat
judaico. Enseñan que la observación del domingo como día de reposo es “la marca de la
bestia”, basándose en una interpretación fantástica de Apocalipsis 13:11,18, aplicando
al papa de Roma el número 666 en idioma latino, y olvidándose de que el Nuevo
Testamento no fue escrito en latín sino en griego. Respecto a esto dice el señor Juan
Ritchie: “Curioso es que en griego, el nombre de la misma profetiza del sabadismo,
Helen Harmon White, da exactamente 666”. Respecto a los argumentos de los
sabadistas, por medio de los cuales quieren obligarnos a cambiar nuestro día de reposo,
tengamos claramente en cuenta lo siguiente:

1. El nombre “sábado” de nuestra semana no tiene ninguna relación con el día de reposo
ordenado en el cuarto mandamiento. 2. La división de semanas con los nombre de los
días como los tenemos en nuestro calendario es obra de los hombres, y en la Biblia no
tienen nombre los días de la semana, sino números, principiando con primero, segundo,
tercero, etc.; después el día de reposo. 3. El cuarto mandamiento dice: “Acordarte has
del día del reposo, para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el
séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna tú, ni tu hijo, ni
tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus
puertas: porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas
que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y
lo santificó” (Éxodo 20:8 al 11). 4. Los sabadistas tienen grandes cartelones donde citan
los mandamientos de la ley de Dios, y al citar este mandamiento cambian “día del
reposo” y ponen “sábado”. El mandamiento es claramente trabajar seis días y reposar
uno después de los seis días de trabajo, y por lo tanto es el séptimo día el que siga a los
seis días de trabajo. 5. Nadie ha podido, ni podrá, comprobar a cuál día de nuestra
semana corresponde el día en que Dios descansó después de la creación; porque nuestro
calendario fue hecho miles de años después. 6. El mandamiento del día del reposo no se
encuentra citado en el Nuevo Testamento, y no tiene en sí asunto moral. El reposo
semanal para el pueblo de Israel tenía dos aspectos: uno práctico y otro ceremonial. El
aspecto práctico tiene que ver con la necesidad natural que el hombre tiene de descansar
una séptima parte del tiempo, y el sentido del cuarto mandamiento es de un día de
descanso después de seis días de trabajo. 7. En su aspecto ceremonial el día de reposo
conmemoraba la perfección de la obra creadora de Dios, desde la creación hasta la
salida del pueblo de Israel de Egipto, según el pasaje arriba citado (Éxodo 20:11). Pero
desde la salida de Egipto hasta la resurrección de Cristo, el día de reposo conmemoraba
la libertad de los hijos de Israel de la esclavitud de Egipto, porque al citar el cuarto
mandamiento en el libro del pacto que hizo Dios con el pueblo de Israel, no se dice nada
de que guardar el día de reposo porque Dios hizo el cielo y la tierra en seis dicta y
descanso el séptimo, sino que dice expresamente que guarden el día de reposo porque
fueron librados de la esclavitud de Egipto. Leemos en Deuteronomio 5:15: “Y acuérdate
que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano
fuerte y brazo extendido: por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día
del reposo”. En su aspecto ceremonial el día de reposo también fue para el pueblo de
Israel una “sombra” de lo venidero, especialmente de la persona de Cristo, en el cual
tenemos descanso espiritual. Jesucristo dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados
y cargados, que yo os haré descansar”. Por esto dice el Espíritu Santo por medio del
apóstol Pablo: “Por tanto, nadie os juzgue en comida, o en bebida, o en parte de día
fiesta, o de nueva luna, o de sábados: lo cual es la sombra de lo por venir; mas el cuerpo
es de Cristo” (Colosenses 2:16,17). 8. Desde la resurrección de Cristo han guardado los
cristianos el día domingo como día de reposo en memoria de la victoria de Cristo sobre
la muerte y nuestra libertad del pecado, y por este motivo también leemos: “Por tanto,
queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también
el ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” (Hebreos 4:9,10). Esto está bien
comprobado por los testimonios más fidedignos de los tiempos primitivos de la iglesia
cristiana. Justino Mártir escribió, por ejemplo, más o menos en el año 140 después de
Cristo: “En el día domingo se juntan en un lugar todos los que residen en las ciudades o
fuera de ellas, y se leen las memorias de los apóstoles y de los profetas. Nos reunimos
porque es el primer día, y porque en ese mismo día Jesucristo nuestro Salvador resucitó
de los muertos”. Y dice Tertuliano de Cartago en el año 200 después de Cristo:
“Dedicamos los domingos a gozo; observamos el día de la resurrección del Señor libres
de todo estorbo, de congojas o de deberes, poniendo a un lado todo negocio mundano”.
9. Donde en el Nuevo Testamento se trata de reuniones y predicaciones especiales en
día de Sabbat judaico, siempre se refiere a reuniones de los judíos, y no de los
seguidores de Cristo. 10. El principio de celebrar el domingo como día del Señor
también se nota en los siguientes pasajes: Juan 20:26; Hechos 20:7; l Corintios 16:2;
Apocalipsis 1:10.

El día de reposo y el calendario mosaico: Es bien reconocido que el calendario que


seguimos actualmente en el mundo civilizado es obra netamente de los tiempos
modernos. El calendario que instituyo Moisés para el pueblo de Israel, y que fue el que
quedó vigente desde Moisés hasta la destrucción del templo de Jerusalén por
Nabucodonosor, fue por mucho tiempo un misterio para los estudiantes de la Biblia;
pero últimamente se ha descubierto el decreto de este calendario, y se considera como el
más completo que se ha conocido. Moisés, por su esmerada educación egipcia, tuvo
profundos conocimientos astronómicos, y estos conocimientos le fueron luego
reforzados por la revelación de Dios. Por esos motivos pudo perfeccionar el siguiente
calendario: Cada mes tenía treinta días, y el año contaba doce meses; pero para
completar los 365 días que tiene el año solar, se agregaban tres días tradicionales al mes
de “Elul” y dos días al mes “Adar”. Y en vez de agregar un sábado cada cuatro años, se
agregaba una semana de siete días cada 28 años. Había en cada año corriente 51
semanas de siete días y una semana de ocho días, y cada 28 años tenía el año una
semana más. Los días de la semana no tenían nombre, sino que se contaban como
primero, segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto día, después el día de reposo. El
primer día del año era siempre día de reposo, y todos los días de reposo caían
precisamente en las mismas fechas todos los años. Esto se efectuaba por medio de una
semana de ocho días en cada año. Esa semana larga caía en la fiesta de Pentecostés
cuando había un doble reposo. Es tradicional que los judíos todavía celebran en el
Pentecostés dos días de reposo seguidos. Esto da por resultado que según nuestro
calendario de días con nombres fijos en la semana, el día de reposo de los israelitas no
corresponde a ningún día fijo de nuestra semana, sino que, por ejemplo, si desde el
principio del año caía en el día que corresponde a nuestro sábado, al llegar al
Pentecostés con el doble reposo, desde entonces seguiría el sabat o reposo en el día que
corresponde a nuestro domingo, hasta llegar al Pentecostés del siguiente año. Luego
seguiría el reposo en el día que corresponde a nuestro lunes. Por lo tanto caería el sabat
israelita en el día correspondiente a nuestro sábado solamente cada siete anos. Esto
comprueba, pues, infaliblemente que el sabat israelita no corresponde propiamente a
ningún día de semana, y es otra razón más por la que nosotros los cristianos no estamos
obligados, por ley, a guardar el sábado. Prueba infalible de que el calendario mosaico
tenía los días de reposo en fechas fijas es que los días diez y catorce del mes de Abib
eran días en que los israelitas necesariamente, por mandato de Dios, tenían que hacer
trabajos que no podían hacer en día de reposo. (Véanse Éxodo 12:3,5,6,24). En el año
587 antes de Cristo, cuando Jerusalén fue destruida y el pueblo de los judíos fue llevado
a cautiverio en Babilonia, se terminó el tiempo del calendario mosaico. Cuando
volvieron los judíos del destierro, después de setenta años, estaban bajo el dominio
MedoPerea, y naturalmente tuvieron que regirse por el calendario de esa nación pagana,
y no han vuelto a establecer el calendario mosaico.

¿El Sabbat mosaico era para los israelitas? Como hemos visto, el Sabbat mosaico
conmemoraba para los israelitas su libertad de la esclavitud de Egipto (Deuteronomio
5:16). El sabat mosaico fue dado al pueblo de Israel y sus descendientes. Dice Dios:
“Guardaran, pues, el sábado los hijos de Israel: celebrándolo por sus edades por pacto
perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel”. “Diles también mis
sábados, que fuesen por señal entre mí y ellos” (Éxodo 31:16,17; Ezequiel 20:12).
Según los pasajes arriba citados, fue por señal entre el pueblo de Israel y Dios. En
ninguna parte del Nuevo Testamento se encuentra un solo pasaje que mande a los
cristianos guardar el /Sabbat/ mosaico. Era, por lo tanto, una institución netamente
israelita.

¿El domingo es el día del cristiano? Dice Jesús: “Nadie echa remiendo de paño recio
en vestido viejo; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni
echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se
derrama, y se pierden los cueros; mas echan el vino nuevo en cueros nuevos, y lo uno y
lo otro se conserva juntamente” (Mateo 9:16,17). Estamos en una nueva dispensación,
la de la iglesia, de la gracia y del Espíritu Santo. Así también tenemos un día nuevo
consagrado al servicio de Cristo. Descansando un día en siete, cualquiera que fuere el
día, alcanza el hombre lo que por orden natural necesita en este sentido para su vida
material; y consagrando el domingo a Cristo, se cumple la parte espiritual, que resulta
de gran provecho práctico para el cristiano, recordando siempre que toda nuestra vida y
todos nuestros días deben estar consagrados al Señor. También es significativo que en la
dispensación del Espíritu, nuestra vida encuentra primero su reposo en Cristo, y luego
podemos hacer las obras espirituales que Dios ha preparado para nosotros. “Somos
hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para
que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). Ningún día como el primer día de la semana
tiene tantos recuerdos sagrados para el cristiano. > En el primer día de la semana
resucitó Cristo (Lucas 24:16). > En ese día apareció Jesús a Pedro (Lucas 24:34). >
También apareció Jesús en ese día: a María (Juan 20:1,2,11 al 14); a los dos discípulos
en el camino a Emmaus (Lucas 24:1,13 al 15), y a los diez discípulos (Juan 20:19). > A
los ocho días de su resurrección apareció Jesús otra vez a los discípulos, estando Tomás
presente. > En el primer día de la semana, el día de Pentecostés, vino la bendición del
Espíritu Santo sobre la iglesia primitiva en Jerusalén (Hechos capítulo 2). > Ya en los
tiempos primitivos del Nuevo Testamento los cristianos tenían la costumbre de reunirse
en el primer día de la semana. (Hechos 20:7). Y ya hemos comprobado por la historia,
que toda la iglesia primitiva tenía sus reuniones principales en el primer día de la
semana. > En el primer día de la semana recibió Juan su gran revelación en la isla de
Patmos (Apocalipsis 1:1,10). Cuando Cristo Jesús, nuestro amado Salvador, de esta
manera ha señalado el día domingo entre los demás días de la semana, hacemos bien en
consagrarlo de especial manera a su servicio.
Ya que hemos visto a la luz del Evangelio los errores del adventismo, bien haremos en
rechazarlo y seguir a Cristo conforme nos lo enseña su Palabra, que dice: “Estad, pues,
firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, si no volváis otra vez a ser presos en
el yugo de servidumbre” (Gálatas 5:1).