You are on page 1of 9

Seminario Derecho Internacional Público

Obligación de Negociar un Acceso al Océano Pacífico
Bolivia contra Chile

Parte Escrita

Profesor Hernán Salinas Burgos

Rocío Alarcón Lipin.
Matías Rivera Sanguino.
José Joaquín Rosell C.
Paz San Juan Rojas.
Fernando Valenzuela Mac-Kellar.
Para el presente comentario sobre los alegatos del conflicto entre la República
Plurinacional de Bolivia (en adelante, Bolivia) y la República de Chile (en adelante,
Chile) frente a la Corte Internacional de Justicia (en adelante, La Corte), resulta
necesaria una síntesis de los hechos que inciden en el caso y en virtud de los cuáles se
realizará una evaluación crítica de la postura boliviana. Uno de los hitos que marcan la
causa esencial de las malas relaciones diplomáticas entre ambos, es la Guerra del
Pacífico (1879-1884). Años más tarde, cuando se calmó la situación, Chile y Bolivia
celebraron el Tratado de Paz y Amistad de 1904; en el cual se establece la frontera entre
ambos países, la soberanía absoluta de Chile son los territorios comprendidos entre la
desembocadura del río Loa y el paralelo 23º. Ante esta pérdida se compensaría
económicamente a Bolivia, otorgando facilidades aduaneras y de circulación, además de
la construcción del ferrocarril de Arica a la Paz.1

En 1950 se realizan nuevas conversaciones, pero ahora a través de notas
diplomáticas entre el Canciller Horacio Walker Larraín y el embajador Ostri Gutierrez.
En estas notas plantean la intención de ceder un franja de 10 kilómetros de ancho a
Arica.Años más tarde en 1957 Chile le entrega a Bolivia el uso de 2 terrenos en Arica,
además de una franja de 150 kilómetros para una cañería que va desde Arica hasta la
frontera para facilitar la transferencia de hidrocarburos. Luego de una suspensión en sus
relaciones, en 1975 Augusto Pinochet y Hugo Banzer, con el famoso “abrazo de
Charaña” dan inicio a negociaciones formales. Tres años más tarde estas instancias se
ven interrumpidas por un golpe de estado en Bolivia lo cual se suspenden las relaciones
entre ambos estados.

Luego de 31 años, en 2006 los presidentes Michelle Bachelet y Evo Morales fijan
una agenda de 13 puntos para aproximarse al tema marítimo. Con un ambiente tenso, en
2011 se celebra una reunión con los cancilleres de estos dos estados para abordar el
tema marítimo, los resultados fueron considerados como no óptimos para Bolivia por lo
que decide demandar a Chile ante La Corte. Bolivia concretó la demanda 24 de abril de
2013 ante La Corte en donde plantea: la salida de acceso soberano al Océano Pacífico.
Chile decidió objetar la competencia de La Corte, interponiendo una excepción
preliminar, el argumento que sostuvo Chile está fundado en el Pacto de Bogotá en el
cual los dos estados son parte. Es en este tratado que se le da jurisdicción a esta Corte,
pero el artículo sexto establece que no se podrán resolver demandas ya resueltas, que se
encuentren en tratados; ya que este problema estaba resuelto en el tratado de 1904.

La Corte rechazó la objeción de Chile y se declaró competente para conocer la
demanda boliviana el 15 de septiembre de 2015. Luego de réplica y dúplica entre ambos
países termina la etapa escrita de esta demanda y comienza la etapa oral del proceso,
llevadas a cabo el pasado 19 y 28 de marzo de 2018. Según los cálculos de los
especialistas, una vez completados los alegatos orales vendrá la etapa de evaluación y

1
RODRÍGUEZ, Eduardo (2015): “Reflexiones sobre la relación bilateral. La demanda de Bolivia contra Chile ”,
Anuario de Derecho Público UDP, p.405-417

2
resolución de los 16 jueces de La Corte y un fallo definitivo se podría esperar para fines
de 2018 o principios de 2019.

Teniendo presente lo anterior y, en cuanto a la parte argumentativa de este
comentario, se afirma como hipótesis que la posición de Bolivia frente a la Corte carece
de fuente alguna en virtud de la cual se pueda constituir una obligación vinculante de
negociar un acceso soberano al Océano Pacífico. Ello será demostrado arguyendo que
las fuentes que invoca no son vinculantes çy, en el peor de los casos, no son siquiera
jurídicas. Tal como lo mencionó Sir Daniel Bethlehem respecto de la teoría de la
acumulación: “cero más cero es igual a cero”.2

Para comenzar nuestra argumentación pretendemos concentrarnos en uno de los
argumentos centrales de la bancada boliviana: sostener que la obligación de Chile de
sentarse a negociar tiene como fuente el principio de solución pacífica de controversias,
consagrado en el Artículo 2 (3) de la Carta de las Naciones Unidas. No se puede negar
de modo alguno la importancia que tuvo este principio en la línea argumental del país
vecino, ya que como afirmó Sir Daniel Bethlehem: “en casi seis horas de postulaciones
al inicio de la semana, Bolivia (...) sugirió que se podía llegar a la conclusión de que
Chile estaba obligado legalmente a negociar, cualquiera que fuese la conducta de las
partes, simplemente haciendo referencia al Artículo 2 (3) de la Carta de las Naciones
Unidas”.3

Como bien sabemos, las principales fuentes de las obligaciones en Derecho
Internacional son las contempladas en el Artículo 38 del estatuto de La Corte, dentro de
las cuales incluimos los principios generales de derecho. Efectivamente el principio de
solución pacífica de controversias que es invocado por Bolivia cae dentro de la hipótesis
del Artículo 38, por lo que a primera vista uno pensaría que este punto se lo debemos
dar a Bolivia, pero para efectos de este caso es atingente exponer una gran limitación
que tienen los principios generales de derecho a la hora de operar como fuente: éstos
por sí solos no pueden crear, modificar o extinguir obligaciones.

Lo que acabamos de decir se evidencia indiscutiblemente en el fallo emitido por
La Corte para el caso Nicaragua con Honduras (acciones armadas fronterizas y
transfronterizas), en el cual, aludiendo también a un principio se dijo: el principio de
buena fe “no es en sí mismo una fuente de obligación ahí donde no hubiese ninguna otra
(fuente)”.4

2
https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/relaciones-exteriores/bolivia/agente-grossman-cerro-
alegatos-en-la-haya-bolivia-no-esta-encarcelada/2018-03-28/100137.html
3
Véase párrafo 8 de las presentaciones de apertura del día 22 de marzo de 2018 de los alegatos orales en la Corte
Internacional de Justicia en el caso de la «Obligación de Negociar un Acceso al Océano Pacífico (Bolivia c. Chile)»
4
Véase párrafo 94 de la Sentencia de la Corte Internacional de Justicia en el caso relativo a las «Acciones Armadas
Fronterizas y Transfronterizas (Nicaragua c. Honduras)»

3
Aún si Chile renunciara a la línea argumental precedente y erróneamente se
considerará el principio establecido en el artículo 2 (3) de la Carta de las Naciones
Unidas como fuente de la obligación aducida por Bolivia, La Corte incurriría en una
equivocación al estimar el método específico de la negociación como un derecho,
siendo esta una imposición arbitraria y no acorde al derecho internacional. La ulterior
demostración, esencialmente jurídica, tiene por objeto revelar la errada aplicación de tal
principio en este sentido, a favor de la posición boliviana, en cuanto a los medios de
resolución de controversias internacionales.

En primer lugar, es necesario tener presente que la negociación constituye sólo
uno de los medios considerados en la Carta. El principio se encuentra codificado en el
artículo 2 (3) y se ve especificado en el capítulo sexto de dicho instrumento. En este
marco, el artículo 33 enuncia ciertos medios para el arreglo de controversias, entre los
cuales no se constituye jerarquía ni se considera relación de subsidio alguna. Es decir,
esta disposición establece que, si bien deben ser resueltas las controversias de una forma
pacífica, no es imperativo realizarlo por medio de un proceso de negociación. Así se
pronuncia también la jurisprudencia de La Corte al manifestar que la obligación de
negociar “constituye simplemente una aplicación especial de un principio subyacente en
todas las relaciones internacionales, reconocido […] como uno de los métodos de
arreglo pacífico de controversias internacionales”.5

Ahora bien, la norma establecida en el artículo 2 (3) actúa sobre la base de la
igualdad soberana entre los Estados y, asentado en ello, uno de los principios que se
coligen es el de la libre elección de los medios, en virtud del cual ningún Estado puede
ser obligado a someter sus controversias con otros Estados por un medio de solución
pacífica que no haya consentido.6 De esta manera, si Chile no presta consentimiento y, a
la vez, no existe un compromiso ya sea por medio de un tratado, ya sea por la costumbre
internacional -ninguna de las causales alegadas por Bolivia-, de utilizar este medio en
específico, no se le podrá obligar a hacerlo.

El artículo 33 de la Carta señala como medios a la negociación, la investigación,
la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial y el recurso a organismos o
acuerdos regionales. Lo recientemente expuesto también es reproducido a nivel
americano, ya que los mismos mecanismos están contemplados en artículo 25 de la
Carta de la Organización de Estados Americanos. Además, la Carta de la ONU señala
que es posible utilizar otros medios pacíficos a elección de los Estados, 7 por lo que
dicha lista no es taxativa, sino que meramente enunciativa o ejemplar, de manera tal que
cualquier método consentido por los Estados para resolver una controversia de manera
pacífica sería legítimo en aplicación de este principio. Si seguimos el razonamiento de

5
Véase párrafo 86 de la Compilación del Juicio de la Corte Internacional de Justicia en el caso de la «Plataforma
Continental del Mar del Norte (República Federal de Alemania c. Países Bajos)»
6
RODRÍGUEZ, Miguel Ángel. (2013): El Principio de Solución Pacífica de Controversias como Norma de Ius
Cogens en el Derecho Internacional, Revista Lex, año XI, Nº: pp. 125.
7
Carta de las Naciones Unidas, Artículo 33.

4
la contraparte en este sentido y lo aplicamos de manera analógica, si Chile se viera
obligado en virtud de la Carta de Naciones Unidas a ser parte en una negociación, se
podría alegar que Bolivia debe aceptar como método de resolución pacífica, en virtud
del mismo documento, las concesiones de Chile (tales como autonomía aduanera en los
puertos de Arica y Antofagasta, el derecho de las cargas bolivianas a permanecer
almacenadas por plazos sustancialmente mayores y de forma gratuita, la exención
impositiva a todos los servicios aplicados a la carga boliviana en tránsito, entre otras)8
tendientes a resolver los perjuicios que sufrió durante la guerra, dejando al país vecino
en una situación de privilegio respecto de otros países en los puertos nortinos chilenos.9

Por otro lado, y refiriéndonos al principio antes mencionado, creemos firmemente
que el acuerdo de 1904 zanjó de lleno toda controversia, ya que es precisamente un
tratado de paz, y como el propio escrito lo decía, tenía como fin esencial el “restablecer
las relaciones de paz y amistad”.10 Si se permite que un tratado de paz que está
desplegando todos sus efectos jurídicos -y que no fue celebrado bajo coerción- sea
invocado como fuente para decir que la paz no se alcanzó, atentando de lleno contra el
principio de efecto útil, entonces proponemos que los tratados de delimitación territorial
plenamente vigentes sean invocados para poner en duda una línea de frontera, y que por
ende reine el sinsentido.

En definitiva, Bolivia considera a modo de derecho subjetivo adquirido con
respecto de Chile el de la negociación (que, con todo, no es un derecho en sí mismo sino
que un método para hacer valer ciertas disposiciones jurídicas), sin perjuicio de que no
tiene fuente ni razón alguna para definir esto de manera unilateral, siendo esto, por un
lado, un reduccionismo arbitrario del principio establecido en el artículo 2 (3) de la
Carta y, por otro, una violación al principio de igualdad jurídica y soberana de los
Estados al pretender obligar por un método determinado sin consentimiento ni previo
compromiso convencional o consuetudinario de hacerlo.

Bolivia funda gran parte de su tesis de la obligación de negociar en distintos
documentos. Estos son principalmente las actas de la década de 1920, las notas de 1950
y la declaración común de Charaña de 1975.
Respecto a las actas de 1920, se verifica que Chile ofrece entregarle a Bolivia un
puerto a cambio de apoyo para el plebiscito, pero se omite en la postura boliviana el
hecho de que Chile no estaba dispuesto a darle el puerto a Bolivia de manera soberana,
sino solo como medio para beneficiar el comercio del país vecino. En segundo lugar no
se puede decir que hubo consentimiento porque se acreditó por correspondencia que
Bolivia se retiró del llamado de oferta. Además de que el plebiscito objeto del supuesto
acuerdo, nunca se realizó, por lo que los documentos no son jurídicamente vinculantes.
8
Gobierno de Chile. (2014). Chile y la Aspiración Marítima Boliviana. Recuperado el 02 de junio de 2018, de Mito y
Realidad:
https://www.mitoyrealidad.cl/mitoyrealidad/site/artic/20141230/asocfile/20141230145007/presentaci__n.pdf
9
FJG. (2015). Conflicto marítimo: demanda boliviana y defensa de Chile ante la Haya. Ideas & Propuestas, año
2015, Nº 173: p.5.
10
Tratado de Paz y Amistad de 20 de octubre de 1904, art. 1

5
En segundo lugar se mencionan las notas diplomáticas de 1950, en donde solo se
declara que “Chile está dispuesto a estudiar la posibilidad de satisfacer las aspiraciones
del Gobierno [de Bolivia] y los intereses de Chile11”, esta formulación no es sugestiva
de alguna intención de obligarse, pues se verifica con la simple lectura, que la forma en
la que se redacta esta nota se refiere a la mera posibilidad de acordar ligada a un estudio,
en ningún caso a una certeza.

En la nota del 20 de junio solo se establece que Chile estaba abierto a una
negociación directa, lo que no quiere decir en ningún caso que Chile se obligue a
negociar para siempre hasta que a Bolivia le plazca. Bolivia decidió el 24 de junio
suspender las negociaciones, pero hasta el día de hoy no ha explicado las razones de su
decisión, lo que lleva a presumir que la razón fundamental es el desacuerdo con los
términos planteados por Chile en la nota diplomática del 20 de junio y que no querían
continuar las negociaciones sobre esa base. Posteriormente a pesar de que Bolivia alega
en 1962 que las notas de 1950 habían dado lugar a un compromiso de negociar esto fue
rechazado rotundamente por Chile de manera pública al ser las bases del acuerdo muy
diferentes a las planteadas por Chile en 20 de junio de 1950.

Se mencionan los acuerdos de Charaña de 1975 como supuestos tratados que
tienen un vínculo de continuidad con lo presuntamente pactado en 1950, pero no
podemos pasar por alto el hecho de que si las notas de 1950 y los acuerdos de 1975
fueran tratados, al versar sobre la misma materia y ser diferentes e incompatibles, un
tratado posterior derogaría al anterior en conformidad a lo detallado por el artículo 59 de
la Convención de Viena, por lo que es incomprensible argumentar una continuidad.

La declaración en ningún momento establece la obligación de negociar, sólo
propone de manera vaga la necesidad de buscar fórmulas o dialogar. Es importante
esclarecer que Chile solo estaba dispuesto a negociar sobre la base de intercambio de
territorios y Bolivia no estaba dispuesta a negociar teniendo como base estos términos
por la presión política que generaba la posibilidad de ceder territorio boliviano. Es
importante para el caso que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia declaró en
1976 que "Todos los aspectos relacionados con la solución propuesta están en la mesa
de negociaciones" y que no ha habido "acuerdos definitivos o irreversibles"12, dándole
peso a la posición chilena de que el caso de la declaración conjunta de Charaña no es un
tratado.
La contraparte argumenta que el término de las negociaciones se dio por culpa de
la falta de Chile para negociar con Perú, lo que es falso pues fue Bolivia la que decidió
retirarse del diálogo al no estar dispuesta a conversar sobre la base pretendida por Chile
en más de una ocasión, declinando de la posibilidad de enviar representantes especiales
para dialogar con Chile y Perú, y cerrándole la puerta a las conversaciones. Nos

11
Véase nota diplomática República de Chile dirigida a la República de Bolivia 20 de junio de 1950
12
Declaración unilateral Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Bolivia (1976)

6
apoyamos en las palabras del abogado Sam Wordsworth cuando agrega lo siguiente:
"no es un tratado (…) fue Bolivia la que en dos ocasiones se marchó de la mesa, y no
tiene base jurídica ni de ningún otro tipo para pretender que las negociaciones sobre el
acceso soberano deban ser retomadas”13. En lo analizado no se evidencia argumentos
que obliguen a Chile a reanudar este proceso, en menor medida si se exigen resultados
de por medio.

Bolivia esboza en sus argumentos que, a través de los distintos acuerdos, tratados
y declaraciones unilaterales, Chile se ha obligado a negociar y, de cierta manera, todo
ello se ha constituido en un tratado. Asimismo, alega o solicita a La corte que falle
obligando la negociación y el resultado de debe ser la salida soberana al Océano
Pacífico, por lo tanto, Bolivia está buscando un fallo que le permita tener un resultado
predeterminado. Una de las tesis que permite respaldar la postura demandante es
mediante el estoppel, proceso o institución jurídica del derecho internacional moderno
de difícil demostración. Esta regla se inspira en la buena fe y la confianza de los
estados, mirados como iguales, busca evitar los conflictos que se puedan dar por las
contradicciones que uno de los estados puede realizar y que posteriormente intente
justificar en desmedro del estado afectado.14

Bolivia en su demanda ha intentado demostrar la obligación a negociar de Chile
por acuerdos, prácticas diplomáticas y distintas declaraciones de representantes del país
que serían vinculantes; dentro de esta tesis se encontraría la invocación del principio de
estoppel. Dicho principio se encontraría presente en las representaciones de Chile a
Bolivia entre 1919 y 1929, en el primer periodo se fundamentaría en declaraciones con
una interpretación de disposición para facilitar la salida al mar y en 1929 se respalda de
un protocolo suplementario firmado por Chile y Perú de una transferencia de Arica a
Bolivia. Este último hito que esgrime Bolivia se contrapone al Tratado de Lima,
firmado por Chile y Perú, en donde se establece que uno de los países se adjudicará
Arica y el otro Tacna, adicionalmente a esto se añade un protocolo complementario en
el que el artículo 1° establece que no se podrá ceder territorio a una tercera potencia sin
previo acuerdo entre ellos.15 Se debe considerar los que para poder demostrar la
existencia de estoppel es difícil, por lo que, La Corte tiene particular cuidado porque sus
sentencias marcan precedentes, por lo cual, la representación de los hechos debe ser
clara y no ambigua cosa en que se debilita para Bolivia porque sus argumentos no son
jurídicamente respaldados, ya que nacen de la interpretación de lo que posiblemente
quiso realizar Chile. Además de esto se debe considerar el Tratado de Lima que vincula
jurídicamente a dos estados limítrofes afectados de cualquier salida soberana al Mar de
Bolivia, es decir, si la disputa se soluciona con las pretensiones del demandante,
necesariamente Perú tendría que validar cualquier modificación territorial de Chile.

13
Alegatos orales República de Chile (2018), Corte Internacional de Justicia; traducción al español
14
VASSALLO, Federico (2013): “El estoppel: Dificultades para definir una regla en derecho internacional y el rol
deslucido de la corte internacional de justicia”, Lecciones y Ensayos, N°91, p. 181-191
15
RODRÍGUEZ, Eduardo (2015): “Reflexiones sobre la relación bilateral. La demanda de Bolivia contra Chile ”,
Anuario de Derecho Público UDP, p.405-417

7
A modo de conclusión, en base a lo expuesto a lo largo del escrito se puede
sostener que, dado que todas las fuentes de la obligación de negociar expuestas por
Bolivia no constituyen Derecho, teniendo por tanto como única base argumental a un
principio general que como ya afirmamos no puede ser por sí solo fuente de una
obligación, no hay tal obligación.

Por otro lado, en el caso particular de los años 1950 y 1975, se evidenció como
fue Bolivia el país que decidió no proseguir con las conversaciones, por lo cual ellos no
pueden posteriormente invocar estos momentos históricos para fundar una obligación de
negociar, ya que recordemos el famoso adagio del Derecho: venire contra factum
proprium non valet.

Finalmente, es muy importante recalcar que es imperativo que al fallar La Corte
tenga más que presentes a los instrumentos que sin ninguna duda están vigentes, como
es el caso del tratado de 1904. ¿Por qué? Porque un acuerdo como éste, que contiene
terminología precisa para decir que los territorios se entienden pertenecientes a Chile de
modo “absoluto y perpetuo”16 debe ser entendido según su sentido natural y obvio. Si
un tratado tan conciso como el de 1904 no será interpretado de una manera que permita
desplegar ampliamente sus efectos, entonces jubilemos al effet utile.

Referencias bibliográficas:

Carta de las Naciones Unidas, 1945.

Compilación del Juicio de la Corte Internacional de Justicia en el caso de la
«Plataforma Continental del Mar del Norte (República Federal de Alemania c. Países
Bajos)»

Dúplica de la república de Chile en la Corte Internacional de Justicia en el caso de la
«Obligación de Negociar un Acceso al Océano Pacífico (Bolivia c. Chile)»

FJG. (2015). Conflicto marítimo: demanda boliviana y defensa de Chile ante la
Haya. Ideas & Propuestas, año 2015, Nº 173: p.5.

GOBIERNO DE CHILE. (2014). Chile y la Aspiración Marítima Boliviana. Recuperado
el 02 de junio de 2018, de Mito y Realidad:
https://www.mitoyrealidad.cl/mitoyrealidad/site/artic/20141230/asocfile/201412301450
07/presentaci__n.pdf

16
Tratado de Paz y Amistad de 20 de octubre de 1904, art. 2

8
Presentaciones de apertura del día 22 de marzo de 2018 de los alegatos orales en la
Corte Internacional de Justicia en el caso de la «Obligación de Negociar un Acceso al
Océano Pacífico (Bolivia c. Chile)»

RODRÍGUEZ, Eduardo (2015): “Reflexiones sobre la relación bilateral. La demanda
de Bolivia contra Chile”, Anuario de Derecho Público UDP, p. 405-417

RODRÍGUEZ, Miguel Ángel. (2013): El Principio de Solución Pacífica de
Controversias como Norma de Ius Cogens en el Derecho Internacional, Revista Lex, año
XI, Nº: pp. 125.

Sentencia de la Corte Internacional de Justicia en el caso relativo a las «Acciones
Armadas Fronterizas y Transfronterizas (Nicaragua c. Honduras)»

Tratado de Paz y Amistad de 20 de octubre de 1904

VASSALLO, Federico (2013): “El estoppel: Dificultades para definir una regla en
derecho internacional y el rol deslucido de la corte internacional de justicia”,
Lecciones y Ensayos, N°91, p. 181-191

http://opiniojuris.org/2018/03/27/bolivia-and-chile-in-the-hague-can-they-quiet-the-
ghosts-of
-the-pacific-war-and-thrive-together-in-the-21st-century/

https://repository.law.umich.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1517&context=mjil

http://www.lyd.org/lyd/TemasPublicos/TP1347LAHAYA.pdf

http://jurisnovus.blogspot.com/2013/07/bolivia-against-chile-and-obligation-to.html

http://www.latercera.com/nacional/noticia/la-haya-la-columna-analista-chileno-uno-
boliviano
-dicen-las-probabilidades-bolivia-gane-juicio-altas/105592/

9