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La Floración del Amor 1

LA FLORACION DEL AMOR

El amor de la pareja puede convertirse fácilmente en su egoísmo.


Nuestro amor debe desarrollarse en todas las direcciones posibles y
conocer una intensidad cada día mayor.

Amor al prójimo

Todos conocemos la parábola del buen Samaritano que ilustra tan


bien esta idea del amor al prójimo. Puesto que nos resulta fácil amar a
nuestros familiares, también debemos extender nuestro amor a los que
nos rodean, a los que giran alrededor de nosotros durante el día: vecinos,
colegas, comerciantes, y si bien no les manifestamos el mismo amor que
a los nuestros, podemos ofrecerles sinceramente nuestra simpatía,
nuestra ayuda y nuestra comprensión.

Amor a la patria

Cuando dejamos que alguien hable de su tierra natal, no cesa de


hablar. Esto ilustra cuánto dependemos de nuestro terruño y cuán unidos
estamos a él. Por esa razón gozamos de muchas ventajas: protección,
instrucción, y organización económica y social.
Nos incumbe, a nuestra vez, suministrar a esta comunidad el
testimonio de nuestra fidelidad por el respeto a las leyes establecidas
para el bien de todos, y el cumplimiento de los deberes cívicos.

Amor a la humanidad

Nuestro amor debe ir más allá del ámbito nacional. Todo ser
humano es nuestro prójimo, cualquiera sea su raza o su nacionalidad.
Más todavía; todo hombre es nuestro hermano y debemos amarlo como
tal. Así seremos impulsados a participar en obras sociales, a ir en ayuda
La Floración del Amor 2
de seres que tal vez nunca veremos, sin preocuparnos de sus opiniones
filosóficas o religiosas. El hambre que cada año ataca más duramente a
una gran parte del mundo suscitará nuestra generosidad, y nos
sentiremos solidarios con las víctimas de los cataclismos cuando azoten
implacablemente alguna región de nuestro globo.

Amor a Dios

Esta nueva dimensión de nuestro amor no es la menor. No debemos


amar a Dios – como lo declaran ciertos filósofos – porque necesitamos
de él, sino porque es nuestro Padre y porque él nos amó primero. Nos
ama con un amor perfecto que nos permite romper, si sabemos aceptarlo,
la soledad inherente a nuestra naturaleza humana. Da sentido a nuestra
vida. Nos comunica un poder que nos ayuda a triunfar sobre todas las
desilusiones porque él no defrauda jamás.
"Es sin embargo indudable que la energía afectiva que el místico
consume en el amor a Dios es la misma que otros dedican al amor erótico, la
amistad, y la pasión científica o artística. La psicología profunda no nos
permite saber nada de lo que hay de específicamente divino en el amor
místico, pero en cambio nos permite comprender y explicar cuál es la parte
del hombre en él. Si hay diferencias importantes - ¡y por cierto las hay! – en
los escritos de los diversos místicos cristianos y no cristianos, parece claro
que esas diferencias se deben atribuir no tanto a Dios, que es el otro término
de la comunión mística, sino a la 'cantidad' y a la 'calidad' de la energía
afectiva que hay en cada místico y, naturalmente, también a sus
experiencias humanas respectivas, a su cultura y a la civilización a la cual
pertenecen".227
El amor que ofrecemos a Dios nos permite tener relaciones
personales con él. Nos permite formar parte de la comunidad espiritual
cuyos miembros viven todos para un mismo fin y en un mismo estado de
ánimo. Nos dirige hacia todos aquellos de quienes nos sentimos
responsables, para comunicarles nuestra alegría, nuestra certidumbre y
nuestro amor.
La Floración del Amor 3
El amor a Dios es, pues, el amor por excelencia que nos permite
conocer la plenitud. El filósofo católico Gustave Thibon establece así la
diferencia que existe entre el amor humano y el amor divino:
"La mujer es la presencia más cercana que puede haber. Por eso nos
atrae: es más fácil caer en sus brazos que remontarse hasta Dios. Pero esta
presencia tan próxima nunca es interior. Por eso nos decepciona. Dios, en
cambio, es el Ser más lejano: su amor no proporciona ni el calor del lecho ni
el calor del seno, pero su presencia es la única capaz de penetrar hasta el
centro de nuestro ser y colmar ese vacío interior que el mayor amor
femenino no puede llenar".228
Los que han eliminado a Dios de su vida lo han reemplazado por
una mística, tan absoluta como la que él implica. Se han creado falsos
dioses que tienen sus respectivos nombres: política, dinero, placer. Se
han vuelto esclavos de amos exigentes y engañosos. Su ídolo los aniquila
mientras Dios libera y regenera para la eternidad.