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Daniel Portas Ramallo

BLANQUEO DE CAPITAL

La película narra la historia de Mitch McDeere, un estudiante de Derecho de origen humilde


que está a punto de graduarse en la prestigiosa Universidad de Harvard y que, poseyendo un
brillante expediente académico, estudia las diferentes propuestas de trabajo que le han
realizado distintos bufetes de abogados del país.

La oferta más atractiva a nivel económico es la de un pequeño bufete de la ciudad de Memphis


dedicado al ámbito tributario (Memphis, Bendini, Lambert & Locke), lo que le lleva junto a su
esposa a trasladarse a aquella ciudad y a emprender esta nueva etapa de su vida con ilusión y
con el convencimiento del gran esfuerzo que va a tener que realizar, no solo para superar el
examen de acceso a la abogacía, sino también para integrarse en el despacho junto al resto de
sus compañeros.

No obstante, bajo la falsa apariencia de este prestigioso despacho de abogados, que concede a
sus trabajadores unas deslumbrantes condiciones de vida llena de lujos y de dinero, se
esconde la verdadera actividad a la que se dedican, que no es otra que la de servir
de Tapadera (de ahí el título de la película) a una importante familia de Chicago perteneciente
a la mafia para blanquear su dinero a través, fundamentalmente, de inversiones en paraísos
fiscales; actividad de la que el protagonista no tarda mucho tiempo en darse cuenta. "le ha
preparado un plan que prácticamente le garantiza no pagar impuestos sin ningún riesgo. El
valor nominal seria igual a la cantidad de efectos a pagar, las acciones tendrían de 0 y los
beneficios quedarían compensados, así difiere el pago de los impuestos y dispone de una carta
de crédito."

El blanqueo de dinero, técnicamente llamado blanqueo de capitales, es una actividad ilegal


que básicamente consiste en dar apariencia de legalidad al dinero obtenido ilícitamente. El
dinero ilegal puede proceder de de actividades fuera de la como por ejemplo el tráfico de
drogas, la prostitución, el tráfico ilegal de armas o de cualquier otro tipo de fraude o evasión
de fiscal. Por ello, el blanqueo de capitales consiste en “disimular” el origen de fondos
procedentes de actividades ilícitas haciéndolos pasar por dinero obtenido de forma lícita a
través de diferentes negocios o sociedades interpuestas.

Ante dicho descubrimiento, el joven abogado se encuentra con dos opciones, esto es, o seguir
con su lujosa vida dedicándose a blanquear dinero para la mafia (con la constante amenaza de
terminar -si las investigaciones de la policía tienen resultado- sin licencia de abogado y en la
cárcel) o colaborar con el FBI, que le ofrece entrar en un sistema de protección de testigos, lo
que no es muy sugerente para nuestro protagonista, ya que viviría con el miedo de verse, en
algún momento de su vida, descubierto por la mafia.

Ante esta dicotomía, nuestro protagonista organiza un complicado pero fructífero plan, que le
llevará a lograr su objetivo: procesar al despacho de abogados (por un motivo diferente al del
blanqueo de capitales), dejar aparte en el proceso a la mafia (que pierde esta tapadera, pero
que no se ve involucrada en el procedimiento) y conseguir salir airoso él de esta situación sin
perder su licencia de abogado, al no conculcar el juramento ético realizado en el momento de
colegiarse como abogado.
Daniel Portas Ramallo

SECRETO PROFESIONAL

Otro tema a tratar es el alcance y fuerza que debe tener el secreto profesional por parte del
abogado y el respeto que debe tenerse en la relación de confidencialidad existente entre este
último y el cliente.

El principal dilema ético-deontológicoi dentificable dice relación con la vinculación entre


normas éticas sobre secreto profesional en el ejercicio de la abogacía, en concomitancia con
otras normas deónticas, de distinto fundamento, pero de igual o mayor importancia para el
bien general. Es en este contexto, entonces, en que el protagonista de la historia se ve en la
disyuntiva circunstancial de respetar el secreto profesional que la abogacía le impone, o
excepcionándose de este, contribuir a no ponerse en situación de realizar de un tipo delictivo –
como podría ser su participación como encubridor en una organización criminal-. Podremos
observar, con el subsecuente desarrollo de este trabajo, que la toma de posición por una u
otra opción dependerá de la importancia que demos a los fundamentos de cada una de ellas
en relación con los fines del derecho, partiendo de la premisa que no obstante no ser absoluto
el deber de secreto profesional, la relatividad de éste depende del nivel de inaceptabilidad de
la causal limitativa –de manera que, según defenderemos más adelante, sólo sería justificable
como excepción al secreto profesional aquel hecho de tal forma inaceptable “intuitivamente”
por la humanidad, que remesa las conciencias de todo quien se repute tal-. Así las cosas, como
premisa provisoria propondremos el valor relativo –en oposición a valor absoluto- del secreto
profesional como mandato de orden ético en el ejercicio de la profesión legal.

La dificultad no es menor y ha sido discutida ampliamente también en el Derecho comparado,


baste recordar el famoso caso de dos abogados de Nueva Cork, Frank Armany y Francis Belge,
quienes, amparándose en el secreto profesional, no dieron a conocer la información relativa a
la ubicación de los cuerpos de dos victimas de asesinato, que les había sido confiada por su
representado.

En cuanto a la extensión y concepto mismo del secreto profesional del abogado, resulta de
utilidad la definición entregada por Augusto Arroyo, el que estima que por este debe
entenderse el “secreto surgido con ocasión de un servicio cuya prestación requiere un
determinado saber científico o técnico en quien lo realiza”, lo anterior debe ser
complementado con lo manifestado por el colegio de abogados en orden a entender este
concepto en un doble aspecto: por una parte, como un deber hacia los clientes, inextinguible
en el tiempo y por otra como derecho frente a los jueces.

En cuanto al alcance que debe dársele al secreto profesional, la doctrina se ha inclinado,


básicamente, por dos posiciones. Por una parte, algunos autores han manifestado la
naturaleza relativa de esta institución, estimando que la fuente de la obligación de secreto
radica en el contrato bilateral que se ha celebrado entre el profesional y el cliente, siendo el
consentimiento de este ultimo suficiente para dispensar al profesional de la obligación de
guardar el secreto. En un sentido opuesto, parte de literatura ha abogado por el carácter
absoluto del secreto, utilizando como argumento principal el hecho que “la obligación arranca,
no de un contrato, sino que con una misión más amplia trae su origen de una verdadera
necesidad e interés públicos […]el profesional debe observar discreción siempre, aun después
de haber sido autorizado por quien hizo la confidencia”. A la causal enunciada a propósito del
Daniel Portas Ramallo

carácter relativo del secreto (consentimiento del depositante), se suman algunas otras que han
sido manifestadas por la doctrina. Así, Helena Carrera ha incluido dentro de estas hechos
como (1) que del secreto resulte grave perjuicio para la sociedad, (2) si se trata de evitar un
grave perjuicio a un tercero victima de fraudulentas maquinaciones por parte del depositante
y (3) si a causa del secreto el depositario se expone a sufrir injustamente graves perjuicios. En
este punto resulta de toda conveniencia tomar en consideración algunos criterios que tuvo en
consideración a la hora de fallar la sentencia que tuvo lugar en Estados Unidos analizada por
Bryce Nelson, en donde la corte estimó que “en vista del hecho de que se alegó en esta causa
la existencia de un privilegio absoluto, queremos hacer notar que el privilegio no cubre todas
las situaciones y que en un caso dado pueden haber consideraciones en conflicto. Yo creo que
un abogado debe proteger los intereses de su cliente, pero debe también observar estándares
humanos básicos de decencia, teniendo debida consideración a la necesidad de que el sistema
legal resuelva con justicia los interés de la sociedad y de sus miembros individuales”,
agregando posteriormente su preocupación “hacia las consecuencias que emanan de la
alegación de un privilegio abogado-cliente de carácter absoluto”, como puede apreciarse de
manera nítida, la corte establece que el secreto profesional no reviste en ningún caso el
carácter de absoluto, dando a entender, eso sí, que su incumplimiento sólo puede deberse a
situaciones excepcionalísimas, en donde la gravedad de las mismas justifique la revelación del
secreto.

Teniendo en consideración todo lo anteriormente expuesto, es posible realizar algunos juicios


de valor por sobre la conducta que realiza el protagonista de la cinta en análisis. En primer
lugar, debe considerarse, tal como se dijo en los primeros párrafos de este punto, que el
secreto profesional constituye una herramienta de toda relevancia en el desenvolvimiento
adecuado y natural de la sociedad, y más específicamente, en los negocios de carácter jurídico.
Si bien estimo que esta institución no puede revestir el carácter de absoluto, considero
también, al igual que la Corte Suprema de Estados Unidos, que las condiciones para eximirse
de su cumplimiento deben ser excepcionalísimas y basadas en razones de tal gravedad que su
omisión acarree consecuencias intolerables.

Entrando de lleno al análisis del comportamiento que el protagonista tuvo en este caso, estimo
que este se ajusta dentro de los márgenes tanto legales como éticos. En efecto, entregar al FBI
la información que sus clientes habían confiado al estudio dentro de los márgenes de
confidencialidad abogado-cliente hubiera sido abiertamente ilegal, así como también contrario
a parámetros morales. Estimo que el camino que buscó, no violando el secreto profesional y
denunciando a los integrantes del estudio con métodos que de todas formas traerían el
descubrimiento de la situación fue el camino más adecuado. El hecho que haya sido una mafia
la institución que contrató con el estudio, no excusa en ningún caso la obligación de reserva,
pues si se razonara de ese modo debería llegarse necesariamente a la conclusión que, en otro
tipo de delitos de igual notoriedad y gravedad, como violaciones u homicidios, debería
actuarse de igual forma, lo que traería como consecuencia clara el desmoronamiento del
sistema legal y, finalmente, consecuencias nefastas para la sociedad. En el caso en particular
no puede estimarse que la situación es de la gravedad necesaria para eximir al abogado del
cumplimiento de guardar reserva, debiendo interpretarse este punto a la luz de lo manifestado
al principio de este punto.