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Symploké revista filosófica septiembre 2015

Ellos
o nosotros
La otredad en la literatura
argentina del siglo XIX
Lucas L. Valle*

Basta con que un hombre odie a otro El gaucho: De malevo a héroe Hidalgo, el gaucho debía ser un hombre
para que el odio vaya corriendo hasta la nacional que se levantase en armas frente a los rea-
humanidad entera. Cumplida su tarea de justiciero, ahora listas, un ícono del patriotismo y la iden-
Jean Paul Sartre era nadie. Mejor dicho era el otro: no tidad nacional aunque en textos como el
Introducción: La construcción de un tenía destino sobre la tierra y había Diálogo Patriótico Interesante, el autor
enemigo matado a un hombre. deja una semilla de reclamo social acerca
La literatura del siglo XIX, des- Jorge Luis Borges. El Fin (1944) de las injusticias que sufría el gaucho que
de los eventos revolucionarios hasta la Cuando hablamos del gaucho eclosionarían definitivamente en el Mar-
llamada Generación del ‘80, nunca estuvo la primera imagen que se nos viene a la tín Fierro.
exenta de los procesos sociales que se de- cabeza es aquel arquetipo de hombre de Autores del período rosista,
sarrollaban a su alrededor. Y debido a esto campo, laborioso, noble, fiel a su tierra y como Ascasubi o Pérez, tomarían una
parece ser que siempre necesitó buscar un representativo de lo autóctono del ser ar- imagen diferente de este personaje: exis-
enemigo común como tema central, como gentino. Sin embargo, también podemos tía, sí, un gaucho “bueno” o “malo”, pero
hilo conductor de estos textos, como ma- recordar aquella mirada del gaucho como esto dependía enteramente de la posición
nifestación de los ideales políticos de un un vago, adicto a todo tipo de vicios, des- ideológica que tuvieran, ya sea unitario o
autor o de un movimiento. Eran los Otros, de el alcohol al juego y como representa- federal. El gaucho bueno sería represen-
los ajenos, los que no podían formar parte tivo de lo salvaje. tado como mártir por su causa, mientras
del Estado moderno, aquellos de los cua- A simple vista podemos notar que el gaucho malo es la encarnación de
les nuestra propia identidad nacional de- una dicotomía irreconciliable entre estas los vicios de la facción contraria. El gau-
bía ser su imagen especular. dos miradas; ¿cómo puede ser un gaucho, cho pasa entonces a tomar su lugar como
Es necesario aclarar que estos ícono del salvajismo, la figura central y instrumento político para demonizar al
personajes no han sido construidos de emblemática de la argentinidad? enemigo o viceversa.
igual manera a lo largo del período, sino Podríamos tomar como ejemplo Sin embargo, el texto que ter-
que atravesaron distintos enfoques, mo- a priori aquella mutación que recibió el minó constituyendo casi de manera defi-
vimientos literarios. Este trabajo, sin em- gaucho por antonomasia: Martín Fierro. nitiva la imagen negativa del gaucho fue
bargo, tiene el objetivo de centrarse prin- El texto de Hernández, dividi- el Facundo o Civilización y barbarie,
cipalmente en aquellas representaciones do en dos partes comunmente llamadas de Domingo F. Sarmiento, publicado en
negativas que se han hecho acerca de los La ida y La vuelta, publicadas en 1872 y 1845. Aquí deberíamos hacer una aclara-
tres actores sociales más importantes del 1879 respectivamente, representa tal vez ción: a diferencia de los textos que hemos
siglo XIX: el gaucho, el indio y el inmi- el ejemplo más evidente de una mutación mencionado, Facundo no puede ser cla-
grante.1 acerca de la mirada que se tenía del gau- sificado dentro del género de la literatura
cho. La ida es, principalmente, un texto gauchesca. La principal razón es que el
1 Si bien otros actores sociales importantes de esta
época fueron los negros, esclavos o libertos, su par- de denuncia. Hasta ese momento, los tex- texto no maneja el lenguaje que utiliza
ticipación dentro de los procesos revolucionarios tos previos del género de la literatura gau- la gauchesca; ese lenguaje literario crea-
siempre fueron silenciados desde la literatura o, por chesca, tomaban una imagen del gaucho do exclusivamente por un autor letrado,
lo menos, no han sido tomados de manera igualmen- con distintos sentidos. Para autores como que intenta emular de manera escrita las
te relevante.

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variaciones fonológicas, barbarismos y mente Sarmiento, le concedería la amnis- y dejarían de ser perseguidos injustamen-
léxico del hombre de campo. Para citar a tía y permitiría su regreso. te como sucedía en tierras civilizadas. En
Josefina Ludmer en su texto El género La figura que se presenta en La La vuelta, en cambio, el Indio es repre-
gauchesco. Un tratado sobre la patria: ida es la de un gaucho que deviene en sentado como un ser completamente ani-
“El autor es el que construye lo oral como matrero a raíz de las injusticias y padeci- malizado y bárbaro, capaz de matar a un
oral para incluir en su interior la palabra mientos que sufrió, como el ser enviado niño indefenso y atar a la madre con sus
escrita, política, la suya, que aparece ci- a la frontera, encontrar su rancho desola- vísceras. Para citar a David Viñas, en su
tada y reproducida por la voz del gaucho. do cuando regresó, con su esposa e hijos texto José Hernández, del indio al trabajo
Traducida a la oralidad. O bien: se cons- desaparecidos, tal vez muertos. Todo esto y la conversión: “En las tolderías Martín
truye lo “oído” para citar y reproducir en hace que finalmente, junto a Cruz, otro Fierro aparece como lo que realmente es:
su interior lo escrito. Esta alianza […] gaucho que desierta y se une a su causa, un heterodoxo; los indios, en cambio, son
constituye la lógica del género”(Ludmer: tomen la decisión definitiva de abando- herejes.”(Viñas: 169). Ésta representa-
1988, 75-76). Lo que aquí realmente nos nar el territorio “civilizado” y emigrar a ción del indígena resulta bastante análoga
interesa es que el texto de Sarmiento tie- las tolderías indígenas. Es así que La ida con aquella que describe Esteban Echeve-
ne como personaje central también a un toma ese carácter desafiante y que reivin- rría en su poema La Cautiva2, de 1837.
gaucho, tal vez “el más gaucho de todos”: dica la figura del gaucho como sujeto so- Nuevamente, es necesario aclarar algunas
Facundo Quiroga, caudillo federal, muer- cial privado de sus libertades y derechos. cuestiones acerca del autor y su entorno.
to varios años antes de la publicación del En La vuelta, en cambio, podemos obser- Ubicado en la llamada Genera-
texto. Facundo, escrito en un lenguaje var claramente la transfiguración definiti- ción del ‘37, este movimiento artístico,
completamente erudito intenta justificar va de la figura del gaucho; Fierro decide centrado principalmente en las ideas del
la muerte de este caudillo, el cuál, dice volver a la “civilización” al contemplar romanticismo literario, contaba con fi-
Sarmiento, encontró su reencarnación los horrores y el salvajismo de la vida in- guras como Juan Bautista Alberdi y el
en la figura de Rosas, solo que con una dígena. Fierro ya no es aquel gaucho ma- propio Sarmiento. En lo que concierne
breve diferencia: a Facundo lo determinó levo y desafiante, sino que ahora el per- al lenguaje, es evidente que difiere com-
su entorno, tenía un cierto devenir ani- sonaje se construye desde el lugar de la pletamente de aquel utilizado en la gau-
mal, como en la representación de sus resignación, de un desencanto ante la vida chesca. Aunque si bien se trata de un len-
facciones físicas análogas a la naturaleza que ha vivido y que desearía recuperar. guaje estéticamente elaborado y similar
y su identificación como “el tigre de los Es por eso que al volver puede encontrar al utilizado por los románticos europeos,
llanos”. Según Feinmann en su texto Ra- a sus hijos, al hijo de Cruz, quien murió el uso de la métrica octosílaba, muy utili-
cionalidad e irracionalidad en Facundo: en las tolderías y, finalmente, al hermano zada en los cantos populares, y la llanura
“Comprobamos así que apenas aparece del Moreno, personaje que Fierro asesina pampeana como lugar de desarrollo de las
Quiroga, Sarmiento lo sumerge de in- durante la ida y es una de las causas de acciones hace que el poema resulte autóc-
mediato en el mundo de la naturaleza.”. su persecución. El Gaucho, encarnado en tono. Entiéndase con esto que si bien los
(Feinmann: 1992, 136). El salvajismo de Fierro especialmente en los últimos ver- románticos europeos utilizaban recursos
Rosas, en cambio, era imperdonable de- sos de La vuelta, representa nuevamente similares con el fin de alejarse de la rígida
bido a que provenía de una familia aris- las virtudes del argentino cristiano, re- estética neoclásica, la intención de Eche-
tocrática y letrada; no tenía justificación flexivo y sabio y será esta figura la que verría era generar un poema que emule las
hereditaria. Asimismo, Sarmiento, al co- se tomará en adelante como arquetípica estéticas románticas y que incluso fuese
mienzo de la obra, realiza una clasifica- cuando se represente al hombre de campo. leído y comprendido por las élites letra-
ción casi taxonómica acerca de los tipos La vuelta, a diferencia de La ida que era das europeas (prueba cabal de esto son las
de gauchos que existen en el territorio un texto de denuncia, cobra una intencio- repetidas notas al pie aclarando términos
nacional, las características de la llanura nalidad didáctica, algo manifestado por el rioplatenses) pero con una ambientación
pampeana como lugar de explotación y, propio Hernández quien deseaba que su regional distintiva. Ejemplo de esto es la
al concluir la obra, se ve manifestado el obra permitiera a los hombres instruirse y utilización del chajá en vez del águila o
deseo del autor de que llegue al país una cultivar el hábito de la lectura. del propio ombú.
ola inmigratoria, preferentemente de paí- El Indio: Lo irredimible de lo La Generación del 37 tenía
ses como Inglaterra, Francia o Alemania, salvaje como objetivo principal el formar una li-
para que puedan “civilizar” a esta nación ¡Oíd! Ya se acerca el bando/de salvajes, teratura enteramente nacional. Para ello,
emergente y bárbara. atronando/todo el campo convecino[...] debían tomar como referencia a aquellas
Volviendo al Martín Fierro, es Esteban Echeverría. La cautiva (1837) naciones que en ese entonces estaban en
evidente la diferencia ideológica que pre- Como hemos dicho, en La Vuel- el cenit de su desarrollo: Francia e Ingla-
senta la obra frente al texto de Sarmiento. ta del Gaucho Martín Fierro se nota una terra. Al mismo tiempo, mientras que el
Cabe resaltar que al momento de su escri- innegable transformación en lo que co- romanticismo fue el movimiento artístico
tura, Hernández se encontraba perseguido rresponde a la figura del hombre de cam- que predominaba en esta generación, el
y exiliado por Sarmiento mismo, debido po. Sin embargo, es notoria también cómo liberalismo sería el que primara desde las
a sus idea políticas federales y, principal- cambia la representación del indígena a ideas políticas y económicas: todas las ac-
mente, por su participación en la rebelión través de la obra. ciones que debía tomar el estado nacional
de Ricardo López Jordán que culminó En La ida, Fierro y Cruz están 2 Si bien las cautivas son otro grupo social intere-
con el asesinato de Justo José de Urquiza. convencidos de que en su huida, si bien sante para analizar desde su representación literaria,
Hernández permanecería en Santana do estaría plagada de peligros, serían recibi- teniendo en cuenta textos como Cuerpos de Fronte-
Livramento hasta 1872, año en que final- dos como iguales; no tendrían que trabajar ra de Susana Rotker, éste estudio sería demasiado
extenso, digno de un trabajo independiente.

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deberían ser en función del progreso. se tenía sobre el mismo y el “problema exponente europeo fue Balzac) del natu-
El indígena dentro del poema es indio” culminó con las campañas de ex- ralismo (cuyo exponente fue Zola): “Los
representado como un ser colmado de vi- terminio llevadas a cabo, principalmente, manuales de literatura diferencian estos
cios, sanguinario y salvaje; un humano por Avellaneda y Roca. dos movimientos basándose en una ma-
devenido en animal, diría Deleuze, por lo El Inmigrante: El nuevo ene- yor insistencia, por parte del naturalismo,
cual su erradicación no debe ser tomada migo nacional en los aspectos sórdidos y degradados de
como un asesinato sino como una faena. Pobre gringo solo y triste que a la améri- la realidad referida.” (Cambaceres: 2008,
“Toda política de exterminio debe comen- ca viniste con tu carga de ilusión 25).
zar por excluir de los terrenos de la con- Juan Andrés Caruso. Pobre gringo Para los naturalistas argentinos,
dición humana a aquellos que se propone (1928) aquel que mejor representaría estos es-
exterminar” (Feinmann: 1992, 148) La Pasado los años de enfrenta- tratos decadentes y corrompidos sería el
matanza de indios que ocurre en el poema miento entre facciones y con la unifica- inmigrante, actor social emergente dentro
no respondía solo a una venganza del cris- ción del territorio nacional llevada a cabo en las décadas finales del siglo XIX.
tiano sobre el infiel por la toma de cauti- después de la batalla de Pavón, el moder- Si bien Zola utilizó este movi-
vas sino que detrás esconde una ideología no estado nacional de la República Argen- miento para denunciar el tipo de vida que
de apropiación del territorio que estos tina veía una nueva edad de prosperidad llevaban las bajas clases sociales, la Ge-
ocupaban, en pos del progreso; la llanura y desarrollo, venciendo el estancamiento neración del ‘80 lo utilizó para crear un
pampeana, más allá de ser un escenario que los intelectuales de la generación an- “documento” verídico acerca de los vi-
que se podía explotar desde la estética era terior atribuían a la figura de Rosas. Lue- cios y los peligros que representaban los
también un escenario de posible explota- go de las sucesivas campañas al Desierto, inmigrantes
ción económica. Estas medidas se desa- atrás habían quedado los días en que las Como hemos dicho, Sarmien-
rrollarían años más tarde en las llamadas oleadas de malones eran un peligro inmi- to en su Facundo manifestaba su deseo
Campañas al Desierto, llevadas a cabo por nente. Buenos Aires, pese a su federali- acerca de que el país recibiera una ola
Sarmiento y Roca, en la cual se diezmó a zación, continuaba (y continuaría) siendo inmigratoria proveniente de países culti-
la población indígena. También tengamos la ciudad más importante del territorio, vados para que pudieran hacer lo mismo
en cuenta que Rosas, hacia 1833, también cuna de élites terratenientes y, por consi- en el nuestro, preferentemente de países
había realizado una campaña contra estos guiente, del poder político y económico. nórdicos. Sin embargo, los inmigrantes
pueblos, acto que Echeverría seguramen- Hacia finales del siglo XIX, se conformó que llegaron al país eran, en su mayoría,
te tenía muy presente. un nueva elite gobernante llamada la Ge- analfabetos, originarios de países en cri-
La cautiva, de este modo, pare- neración del ‘80 que, siguiendo en cierta sis económicas o sociales como España o
ce basarse en esta representación entera- medida algunos de los ideales de la gene- Italia. Es así que no llegaba un ciudadano
mente negativa que se tenía del indígena, ración del ‘37, como el liberalismo eco- “ilustrado y competente” sino mano de
aquel que no podía ser incluido dentro de nómico y el laicismo (no solo la separa- obra que sería explotada indiscrimina-
un proyecto de formación de estado na- ción de la Iglesia en torno a la educación damente por medio de las clases oligár-
cional. He aquí que observamos la prin- sino tambien de instituciones civiles, con quicas y que junto con él llegaban ideas
cipal diferencia entre indígena y gaucho: la implementación de la ley de matrimo- modernas como el anarquismo, sindica-
éste último, pese a la constante campaña nio y registro civil, por mencionar algu- lismo o socialismo, algo que la élite terra-
difamatoria que sufrió del lado de la lite- nas); tal vez uno de los mayores rasgos teniente de Buenos Aires observaba con
ratura, si lograba educarse podía formar que tuvo este movimiento fue el llamado preocupación
parte de la sociedad. El indio estaba exen- determinismo, la idea de que un ser está Ya en Martín Fierro podemos
to de esta posibilidad de redención; su predestinado a cierto tipo de vida, clase observar un acercamiento a la mirada des-
único futuro era el exterminio. social u oficio desde su nacimiento y su pectiva que se tenía sobre el inmigrante en
Sin embargo, textos como Una entorno. Esta idea no era completamente labores de campo en el episodio de Fierro
excursión a los indios ranqueles de Lucio nueva; podemos observar este determinis- con el napolitano. El inmigrante sería vis-
V. Mansilla, basado en sus propias expe- mo dentro del Facundo, cuando en base a to como aquel que desplazaría al verda-
riencias en Las Pampas, intentaron en su los rasgos físicos de Quiroga, Sarmiento dero ícono de la nacionalidad. El gaucho
momento mostrar al indígena de manera puede dar un perfil de su carácter. era patriota, había luchado por su tierra
mucho más racional a la que planteaban Este auge cientificista y determi- y no había nadie mejor para enfrentar
los románticos. La imagen que cobra la nista tiene su vertiente estética y literaria las labores del campo. El inmigrante era
figura de Mariano Rosas, líder de estas en el llamado naturalismo. En el estudio materialista, sólo le interesaba trabajar la
tribus, resulta mucho más civilizada por preliminar del texto En la Sangre, los tierra para acumular capital y poder regre-
momentos que la del propio Mansilla; es profesores Noemí García y Jorge Panesi sar a su tierra de origen Uno de los textos
un personaje elocuente, sagaz, con una definen puntualmente al naturalismo de la más representativos acerca de esta visión
fuerte ideología y conciencia social for- siguiente manera: “La novela es una con- sobre el inmigrante es En la Sangre, de
mada, ajeno a todo tipo de salvajismo tinuadora directa de la ciencia. […] Uno Eugenio Cambaceres, “típico hombre de
irracional que otros textos de la época de los fundamentos de la novela es la uti- los 80” (Jitrik: 1982, 44), escrito en 1887.
hacían caer sobre el indígena. Pese a que lización de documentos. […] Con el na- Fiel a la lógica del movimiento de la ge-
Mansilla reflexiona al final de su travesía turalismo aparecen los bajos fondos y los neración del ‘80, Cambaceres retrata al
sobre esta nueva mirada que se hace so- personajes degradados.” (Cambaceres: inmigrante de manera casi taxonómica,
bre el indio, su texto no fue suficiente para 2008, 24). Es esta última afirmación la un cuadro clínico que podía representar a
borrar la imagen negativa dominante que que diferencia al realismo (cuyo principal cualquier inmigrante. El lenguaje con el

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que hace hablar a los personajes es, nue- XX, el indio ha sido prácticamente elimi- En Francia y España se han tomado a la
vamente, una forma de transcripción de lo nado, reducido a pequeños grupos que ya Chanson de Roland y al Cantar de mío
oral a lo escrito, similar a lo que ocurría no representaban un “peligro” inminente. Cid como los poemas épicos nacionales
en la gauchesca; en ambos casos, se tra- La figura del indio será retomada, no solo por antonomasia. Es así que estos inte-
ta de un lenguaje creado por el autor. Sin por la literatura, desde una mirada revi- lectuales argentinos vuelcan su mirada en
embargo, la intención del autor en este sionista, por diversos autores del siglo el Martín Fierro, uno de los pocos textos
caso es manifestar de la manera más fiel XX, al plantear que la llamada “Conquis- que podrían cumplir estas expectativas.
posible la “oralidad deficiente” de este ta al Desierto” no fue otra cosa más que Para Lugones, “Facundo y Recuerdos
grupo social; para Cambaceres, el inmi- una campaña xenofóbica de exterminio. de provincia son nuestra Ilíada y nuestra
grante realmente hablaba de este modo. Feinmann hace referencia a esto: “Fa- Odisea. Martín Fierro nuestro Roman-
Genaro es visto como alguien cundo propone de manera terminante una cero.” (Historia de Sarmiento, Leopoldo
que, a pesar de querer luchar contra su política de exterminio” (Feinmann: 1992, Lugones, 1911). Raúl Dorra comenta so-
destino, lleva precisamente en la sangre 147). Otros autores como Leopoldo Bri- bre esto en su texto El libro y el rancho.
los vicios y perversiones heredados de zuela en su texto El placer de la cautiva, Lecturas del Martín Fierro: “En 1913,
sus progenitores. El padre de Genaro ja- si bien toma la imagen del indio propuesta Lugones insistió, fragorosamente, en el
más había intentado negar su condición por los románticos como un salvaje que carácter épico del poema pero ahora vien-
de inmigrante ni quiso ocupar un estrato bebe sangre y mutila a las cautivas, éste se do en él la gesta de un héroe emblemático
socialmente superior. Por otro lado, la re- trata más de una reescritura de los textos y, por esa vía, mostrando que el poema –
presentación de la madre es mucho más canónicos del siglo XIX, una intertextua- como la Argentina – tenía sus raíces en la
benigna en cuestiones de valores, pero es lidad con Echeverría, ajena a querer forjar cultura helénica” (Dorra: 1983, 265)
ella quien desea que Genaro sea alguien actualmente una imagen negativa del in- Debido a estas lecturas que
de mayor status social, alguien importan- dígena. se han hecho sobre el Martín Fierro, el
te. Genaro, así, se convierte en el “peor de El inmigrante, por otro lado, gaucho pasó de ser un personaje análogo
los males”, al mezclar estas característi- pasa a tomar su lugar como aquel que de la barbarie al arquetipo de la cultura
cas de sus padres, en intentar ser alguien pone en jaque los intereses oligárquicos, nacional letrada. Ya en textos como Don
que no es ni podría llegar a ser y que, en no de manera territorial como represen- Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes el
su intento, logra corromper a todo su en- taba el indio sino de manera ideológica, gaucho se configura como un elemento
torno. En Cambaceres, pese a su fallido económica y social, algo que se continuó casi mitológico, perdido. Su personaje
intento de neutralidad cientificista, se ven (y lamentablemente en ocasiones con- principal representa todas las virtudes de
plasmados los miedos y prejuicios de una tinúa) durante gran parte del siglo XX. la llamada “nobleza gaucha”.
sociedad. Noe Jitrik, en su texto El mundo Sin embargo, es indiscutible la influencia En el siglo XX, el gaucho en la
del ochenta, define a este sector, que el cultural que ha tenido el inmigrante en la literatura pasó de ser denuncia a nostal-
denomina “oligarquía terrateniente”, de forja de una nueva identidad nacional que gia.
la siguiente manera: “Un grupo predes- se creó a lo largo de este siglo. Quedará
tinado que se propone la “salvación” de para otro trabajo el discutir si la verdadera
su país de acuerdo con las pautas ideoló- argentinidad pasa por las payadas de un
gicas prestigiosas y que no concibe que gaucho o las letras de un tango. Respecto * Estudiante de la carrera de Letras de la
alguien pueda no participar de ellas ni de al gaucho, estas son las reflexiones fina- Universidad Nacional de San Martín
sus creencias” (Jitrik: 1982, 37). Uno de les.
los grupos que conformaban este sector Desde finales del siglo XIX, au- Nota: la bibliografía utilizada
hegemónico y empezarán a tener ma- tores como Eduardo Gutiérrez y Rafael para dicho artículo se encuentra en
yor participación política y social eran Obligado escribieron textos acerca de www.revistasymploke.com
aquellas familias llamadas “patricias”, es gauchos verídicos, (Juan Moreira y San-
decir, aquellas que estaban ligadas a los tos Vega, respectivamente3), otorgándoles
procesos revolucionarios por algún ante- una mirada mucho más benigna de la que
pasado y, por consiguiente, se considera- tuvieron en vida y, por lo tanto, inmor-
ban “legítimas herederas y protectoras” talizando a estos personajes dentro de la
de la identidad nacional. cultura popular.
Epílogo Sin embargo, fue hacia la pri-
Ya has corrido mundo y te has hecho mera década de este nuevo siglo cuando
hombre, mejor que hombre, gaucho. El autores como Leopoldo Lugones aborda-
que sabe los males de esta tierra por rían la tarea de buscar aquellos textos que
haberlos vivido, se ha templao para representan los pilares de la argentinidad.
domarlos Nuevamente, este movimiento es reflejo
Ricardo Güiraldes. Don segundo sombra de aquellos que sucedían en las princi-
(1926) pales urbes europeas que se encontraban
A lo largo de este trabajo se ha en un período de extremo nacionalismo.
observado la paulatina evolución sobre 3 Cabe destacar que si bien autores como Bartolomé
la mirada, siempre sesgada, que la clase Mitre, Hilario Ascasubi y el mismo Eduardo Gu-
dominante ha tenido acerca de estos ac- tiérrez también escribieron textos acerca de Santos
tores sociales. Para comienzos de siglo Vega, la versión por antonomasia es aquella escrita
por Rafael Obligado, inspirada por Gutiérrez.

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