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EUTANACIA

Por: Daniel Eras Samaniego

RESUMEN

En el siguiente ensayo, sobre la eutanasia, se define desde varios sectores de la sociedad, sus puntos

de vista, que de cierta manera trata de crear una criterio al lector, que es de suma importancia que

todos tengamos un posicionamiento sobre la eutanasia para futuros debates, y que ya no se trate a

la muerte como un tabú. Además, se compara el modelo legislativo ecuatoriano con otros países

sobre todo en los que la eutanasia es legal.

INTRODUCCIÓN

La eutanasia es un tema que ha merecido la atención de la sociedad sobre todo latinoamericana

desde hace muchos años, por lo cual es importante conocerla, definirla y diferenciarla de otros

términos médicos y legales y su clasificación, para su correcta interpretación, a continuación

desarrollaremos el tema desde varias perspectivas y sectores de la sociedad.

DESARROLLO

El término eutanasia deriva del griego: "eu" (bien) y "thánatos" (muerte). Es todo acto u omisión

cuya responsabilidad recae en personal médico o en individuos cercanos al enfermo, y que

ocasiona la muerte inmediata de éste con el fin de evitarle sufrimientos insoportables o la

prolongación artificial de su vida. Cabe inicialmente destacar dos datos relevantes: para que la

eutanasia sea considerada como tal, el enfermo ha de padecer, necesariamente, una enfermedad

terminal o incurable, y en segundo lugar, el personal sanitario ha de contar expresamente con el

consentimiento del enfermo. (Macía, 2008)


La Real Academia de la Lengua Española define la eutanasia como “acción u omisión que, para

evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte, con su consentimiento o sin

él”; o, como “muerte sin sufrimiento físico”. De un modo más técnico, también se la ha definido

como “la muerte indolora infligida a una persona humana, consciente o no, que sufre

abundantemente a causa de enfermedades graves e incurables o por su condición de disminuido,

sean estas dolencias congénitas o adquiridas, llevada a cabo de manera deliberada por el personal

sanitario o al menos con su ayuda, mediante fármacos o con la suspensión de curas vitales

ordinarias, porque se considera irracional que prosiga una vida que, en tales condiciones, se valora

como ya no digna de ser vivida”( Ciccone, 1997). Por otra parte, la Declaración ‘Iura et Bona’ de

la Iglesia Católica sobre la eutanasia la define como “una acción o una omisión que por su

naturaleza, o en la intención, causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor” Díez Ripollés

dice que “por eutanasia, en términos genéricos, debe entenderse aquel comportamiento que, de

acuerdo con la voluntad o interés de otra persona que padece una lesión o enfermedad incurable,

generalmente mortal, que le causa graves sufrimientos y le afecta considerablemente a su calidad

de vida, da lugar a la producción, anticipación, o no aplazamiento de la muerte del afectado”.

En otro sentido, se han aplicado diversos adjetivos a la noción de eutanasia. Se ha distinguido, por

ejemplo, la eutanasia directa de la indirecta, aludiendo esta última a la supresión del dolor con

fármacos que pueden contribuir a acortar la vida. Otros autores diferencian la eutanasia ‘activa’ de

la ‘pasiva’: Es ‘activa’ “cuando la muerte se provoca por medio de una acción, como pudiera ser

la administración de dosis mortales de estupefacientes o de una substancia letal”; y ‘pasiva’,

cuando “la muerte es consecuencia de la omisión, o de la interrupción, de intervenciones cuyo

objetivo es simplemente el de ofrecer a la vida su soporte indispensable (nutrición, hidratación,

etc.)”. Más específicamente, la eutanasia activa se ha definido como “la acción que tiene por objeto
acabar deliberadamente con la vida de una persona que padece una enfermedad irreversible,

sufrimientos intolerables y que lo pide de forma autónoma y reiterada” (Rev Med Chile, 2011)

Sin embargo, actualmente se entiende por eutanasia aquella acción –eutanasia activa-, u omisión

–eutanasia pasiva-, encaminada a dar muerte, de una manera indolora, a los enfermos incurables.

Son características esenciales de la eutanasia el ser provocada por personal sanitario y la existencia

de una intencionalidad supuestamente compasiva o liberadora. (Vega, 2000)

En Holanda, en abril de 2002, se aprobó que la eutanasia y el suicidio asistido son legales si se

cumplen los siguientes requisitos: que el paciente lo requiera de modo voluntario y lo haya

considerado adecuadamente; que su condición sea intolerable y sin esperanzas; que no hayan

disponibles alternativas aceptables de tratamiento; que el método utilizado sea médica y

técnicamente apropiado, y que se consulte a otro médico antes de proceder. Dados estos requisitos,

la ley obliga a reportar esta muerte como no natural para que esta acción sea considerada legal

(Rev Med Chile, 2011)

En síntesis, en el uso actual del término, podrían reconocerse las siguientes condiciones, que

debieran ser copulativas:

a) presencia en determinada persona de una enfermedad incurable, que le provoca un dolor o

sufrimiento que ella, u otro, considera intolerable;

b) ejecución de un acto humano deliberado, cuyo objeto es acabar con la vida de otra persona; y

c) motivación originada sea en la compasión por el otro, o en el valor que se le adjudica a esa vida

en términos de costo-beneficio, no justificando el que ella sea vivida.


Todo lo anterior previa voluntad expresa del sujeto o de su representante. Sin embargo, existeuna

controversia sobre si es necesario que éste lo solicite explícitamente (Rev Med Chile, 2011)

Desde el cristianismo defienden que “algunos tratan de imponer en la sociedad contemporánea una

determinada idea del “progreso”, asociada únicamente al aumento del confort en el ámbito material

o a una sofisticación tecnológica, la empujan, casi inconscientemente, a aceptar como “buenas”

las actuaciones encaminadas a terminar con la vida de individuos cuyas condiciones vitales no

sean consideradas suficientemente aceptables” (César , y otros, 2008)

Gherardi plantea el análisis del tema a través del examen de los componentes que debiera tener, o

que en efecto tiene, una definición de eutanasia. Toma aquí una propuesta que puede ser

considerada bien restrictiva: “la eutanasia significa básicamente la provocación de la muerte,

efectuada por un tercero, de un paciente portador de una enfermedad seguramente mortal, a su

requerimiento y en su propio beneficio”. (GHERARDI, 2003) En este contexto se distinguen cinco

elementos:

La muerte es provocada por un tercero: La aparición de una tercera persona, generalmente un

trabajador de la salud y frecuentemente un médico, que provoca la muerte, distingue a la eutanasia

del suicidio y en especial del suicidio asistido por el médico en el que este último pone al alcance

del paciente el mecanismo o la droga necesaria para provocar la muerte que es finalmente

instrumentada por el mismo paciente.

La presencia de una enfermedad mortal: La existencia obligatoria en el paciente de una

enfermedad que acarree la muerte próxima permite distinguir primariamente a la eutanasia del

homicidio. La proximidad de la muerte, con toda la carga de sufrimiento físico y psíquico que ello

presupone, es necesariamente medida por el paciente pudiendo contarse en horas o días en los
casos agónicos o moribundos y en semanas o meses en los que suelen ser denominados terminales.

La terminalidad es una condición evolutiva muy difícil de determinar con precisión, aunque es

cierto que se instala cuando la expectativa de muerte, como consecuencia directa de la enfermedad,

aparece en la mente del médico, de la familia y del paciente. Existe también una categoría de

pacientes llamados sin esperanza (hopelessly ill) que, aunque pudiendo vivir períodos muy

prolongados (por ejemplo con enfermedades neurológicas severamente invalidantes que a veces

requieren métodos de soporte vital), conllevan una carga de sufrimiento cuya insoportabilidad

puede conducir, en algún momento, a la solicitud de eutanasia o suicido asistido.

El paciente debe requerir su muerte: El requerimiento del paciente resulta un dato fundamental

que legitima la expresión de su voluntad autónoma en el ejercicio máximo de su derecho a morir.

La competencia del paciente debiera ser presumida siempre, debiendo probar su inexistencia quien

la niegue. Solamente podría considerarse posible obviar este requermiento en casos de pacientes

incompetentes (en estado de coma) o en discapacitados mentales y niños, aunque en estas dos

últimas situaciones debiera considerarse si esta decisión puede ser transferida a los representantes

o si existiere alguna directiva anticipada. En este sentido, la palabra involuntaria o no voluntaria,

corrientemente usada en muchas clasificaciones, no debería calificar a la eutanasia propiamente

dicha porque no respetaría una condición esencial de su definición que es la voluntariedad

explícita. La calificación como eutanasia de actos ajenos a la autonomía de los pacientes es hija de

la historia de prácticas usuales en pueblos y civilizaciones antiguas que son extrañas a nuestras

concepciones de hoy. Así las cosas, muchas de estas situaciones en que no se cuenta con la

solicitud del paciente (involuntaria porque no tiene competencia para decidir) o porque no se lo

consulta pudiendo hacerlo (no voluntaria) estarían comprendidas dentro del homicidio, piadoso o

misericordioso, contemplado en algunas legislaciones, pero cuyo análisis es ajeno a nuestro


propósito. Se ha propuesto admitir como equivalente a la solicitud del paciente su consentimiento

cuando éste pueda ser de algún modo verificado, circunstancia que estimamos sería muy difícil de

asegurar. El requerimiento exige una conducta activa y en cambio un consentimiento más bien

expresa una aceptación pasiva. Un caso complejo de difícil resolución sería aquel en el que,

contando con una directiva anticipada, pudiera no ser consultado el paciente en el momento de los

hechos pudiendo hacerlo. Pareciera razonable que todos estos casos en que no se cuente con la

voluntad libremente expresada por el paciente en el momento de los hechos fueran excluidos de la

definición propuesta de eutanasia. Finalmente el requerimiento del paciente separa totalmente la

eutanasia del exterminio de cientos de miles de personas con padecimientos físicos y psíquicos

que se efectuaron en el marco del holocausto de la Segunda Guerra Mundial.

La muerte deberá efectuarse en propio beneficio del paciente: Esto implica que deberá ser

efectuada teniendo en cuenta su mejor interés. El mejor interés del paciente significa evitar un

deterioro de la calidad de vida o un sufrimiento que no se desea soportar. Este elemento no puede

ser objetivado por cuanto el bienestar depende exclusivamente de la valoración subjetiva del

paciente en el momento en que transita determinada situación vital. No existen respuestas iguales

en dos pacientes ante circunstancias aparentemente similares. Además, la importancia conceptual

de este punto radica históricamente en excluir el presunto beneficio de terceros como lo fue la

“raza superior” en el genocidio nazi, circunstancia que no obstante es ajena a la situación que

examinamos desde que la voluntariedad explícita se exige aquí como condición indispensable para

que exista eutanasia. También existe un supuesto posible que debe examinarse, y es aquel en que

la percepción del paciente sobre “su” beneficio no se ajuste a la realidad claramente objetivable

porque es víctima de una severa depresión o porque alguna situación emocional perturbe el examen

racional de los hechos. En este punto no se trata de que un tercero imponga al paciente su propia
concepción sobre una situación individual que claramente parezca errónea, sino por la

imposibilidad del paciente de determinar cuál es su propio beneficio ante la existencia de una

dificultad, quizá transitoria, en la evaluación de los hechos.

Cómo se produce la muerte: Más allá de los cuatro elementos primarios que integranesta

definición provisional de eutanasia, que analizan el escenario (existencia de una enfermedad letal),

los actores (el paciente y el trabajador de la salud) y el interés del acto (el beneficio del paciente),

y en los que existe acuerdo casi unánime, salvo respecto de la voluntariedad explícita, queda por

acordar cuál es el “procedimiento”, “el acto” o “la conducta” por el que se materializa la eutanasia

misma, ya que lo examinado hasta aquí sólo son los presupuestos y condicionantes esenciales para

que aquella se establezca y la muerte se produzca. Si el objetivo central de la eutanasia es la

provocación acordada de la muerte, el procedimiento elegido debiera cumplir obligatoriamente

una condición esencial: ser absolutamente seguro en cuanto a que su aplicación producirá el

resultado esperado en un tiempo mínimo y sin provocar sufrimiento. Asimismo, la determinación

de la muerte no debiera estar primaria ni secundariamente relacionada con la enfermedad por

cuanto la naturaleza de ésta (que sea mortal) es una condición que se acopla a aquellas que pueden

eventualmente justificar de manera moral la solicitud de la muerte, pero que debe ser ajena a su

propia determinación. Estas dos condiciones que debieran existir en la producción de la muerte,

seguridad e independencia de la enfermedad, sólo pueden ser proporcionadas por un procedimiento

que fuera igualmente efectivo en cualquier persona, aun en pleno estado de salud. El acto seguro

de provocar la muerte (matar) sólo es posible en el ámbito médico si se administra un veneno o

una droga en dosis tóxica mortal.

CLASIFICACIÓN DE LA EUTANASIA
La primera clasificación de la Eutanasia se puede hacer según si el acto del tercero tiene o no tiene

por finalidad directa la de causar la muerte el paciente y así vemos que pueden haber eutanasias

que califican como de directa o indirecta en cuanto existe o no la intención de provocar

exclusivamente la mediante muerte en las acciones que se realizan sobre el enfermo terminal. En

el contexto anglosajón, se distingue entre la eutanasia como acción y la eutanasia como omisión

(dejar morir); su equivalente sería eutanasia activa y eutanasia pasiva o positiva y negativa

respectivamente, en la terminología hispana.

Eutanasia directa: cuando las acciones que se realizan sobre el enfermo tienen la intención de

provocar su muerte. Pueden considerarse aquí dos subtipos de eutanasia:

Eutanasia activa: cuando se ocasiona la muerte del enfermo administrándole sustancias letales.

Eutanasia pasiva: cuando se procede por omisión; es decir, se suspende o no se inicia el tratamiento

de una complicación o se suspende el uso de los instrumentos que permiten mantener con vida al

enfermo.

Eutanasia indirecta: cuando no se tiene como intención acortar la vida del paciente sino aliviar su

sufrimiento. Así, por ejemplo, cuando se administran ciertos analgésicos que no sólo contribuyen

a calmar los dolores sino que implican también, a manera de efecto secundario, una abreviación

de la vida.

Eutanasia voluntaria: cuando un individuo que tiene las capacidades físicas y mentales para pedir

que lo ayuden a morir lo ha pedido.

Eutanasia no voluntaria: esto puede darse en dos casos:


cuando el individuo ya no posee las capacidades físicas y mentales para pedir que lo ayuden a

morir pero expresó previamente que esa era su voluntad.

cuando un individuo que no posee las capacidades físicas y mentales para pedir que lo ayuden a

morir o para oponerse, es sometido a la eutanasia sin saber cuál habría sido su voluntad.

Un concepto relacionado pero que debe distinguirse es el del suicidio asistido. En este caso, es el

paciente mismo el que pone fin a su vida de manera voluntaria y activa pero lo hace con los medios

o información sobre los procedimientos que alguien más le ha proporcionado intencionalmente.

LEGISLACIÓN NACIONAL DE LA EUTANASIA

En el Ecuador, la Eutanasia no es permitida; no ha sido considerada y mucho menos discutida de

forma profesional, como lo han hecho varios países del mundo, consiguiendo aclarar y establecer

su situación; sin embargo, existen muchos criterios y el interés en lograr entender las bases para

su estudio y parámetros que conllevaría su práctica y su legalización.

En el Ecuador, la Eutanasia, (…) y su realización fáctica está fuera de toda legalidad y, más bien,

constituye un delito, pues ninguna persona puede quitarle la vida a otra, porque nadie puede

disponer de la vida de otra persona (…) (Pesántez, 2009). nuestra legislación no tipifica

directamente el delito de eutanasia, pero si existe la prohibición de realizarla de acuerdo a las leyes

de la salud, y si llega a cometerse estaríamos frente a un delito (Pesántez, 2009) Por lo tanto: (…)

El único caso en el que se desconecta al paciente de cualquier medio artificial para sostener las

funciones fisiológicas es el caso de la muerte cerebral; pero en este caso y según nuestra legislación

de salud, el paciente se encuentra muerto ya, y el hecho de retirar estos medios artificiales no

significa de ninguna manera realizar una práctica eutanásica. (Pesántez, 2009).

LEGISLACIÓN INTERNACIONAL
Es preciso mencionar, los países en los que se practica la Eutanasia, para poder de cierta manera,

visualizar los cambios legislativos que se han realizado y que formas de eutanasia se han adoptado

en cada uno de estos países. (Baños, 2014)

Holanda: Al hablar de eutanasia es imprescindible mirar hacia Holanda, un país que lleva más de

treinta años debatiendo públicamente sobre la muerte digna, en un proceso largo, muy rico y

complejo del que tenemos mucho que aprender. En este proceso ha sido fundamental el papel de

médicos y jueces. En 1969 el médico Jan Hendrick van derBerg, publicó un libro -Poder Médico

y Ética Médica- de gran influencia, en el que recomendaba a los médicos ―acabar con la vida de

sus pacientes si el poder de la tecnología médica les hiciera sufrir, vegetar o prolongar

injustificadamente su agonía‖. En los años setenta la Real Asociación Holandesa de Médicos

(KNMG) publicó varios documentos que planteaban esta posibilidad de ayudar a morir a los

pacientes en determinadas circunstancias. Por su parte, los tribunales fueron creando una línea

jurisprudencial que tendía a absolver los casos de eutanasia si se cumplían los requisitos que a lo

largo de los años iba estableciendo la KNMG, considerándolos amparados por el estado de

necesidad (recogido en el Código Penal con carácter general como justificante de actos

inicialmente delictivos). Mientras tanto, la opinión pública iba participando en el debate sobre todo

a partir de casos de relevancia social. En 1973 la médica holandesa Gertrude Postma fue juzgada

por ayudar a morir a su madre, sorda, ciega y dependiente tras un infarto cerebral. Ni su madre, ni

ella podían soportar más la situación: ―Cuando veía a mi madre, sólo quedaban de ella restos

humanos que colgaban amarrados a una silla‖. El juez consideró que no existía ninguna alternativa

terapéutica para aliviar el sufrimiento de la enferma, y la condenó con una sentencia simbólica.

(Baños, 2014)
Holanda, es el pionero en hacer que la práctica de la eutanasia sea impune; así, su práctica está

prohibida y tiene una sanción, pero cumpliendo ciertos requisitos, esta práctica puede quedar sin

castigo. El interés de los holandeses, de defender la libertad personal sobre cualquier circunstancia,

es una de las características fundamentales, que ha contribuido al proceso de viabilizar de forma

responsable la práctica de la Eutanasia; y es así, como Holanda, se convierte en un referente

mundial, en el tema de legislar la Eutanasia. (Baños, 2014)

Bélgica: Al igual que en Holanda, en Bélgica, también se han implementado ciertos requisitos

para la práctica de la Eutanasia, estas exigencias deben cumplirse de forma necesaria. Así: Los

requisitos que la ley belga establece para la eutanasia son: 1. Que el paciente sea mayor de edad o

menor emancipado, capaz y consciente de su petición. 2. Que la petición sea voluntaria,

reflexionada y reiterada sin presiones exteriores, pudiendo haberla manifestado en un documento

de voluntades anticipadas que tenga una vigencia inferior a cinco años. La posibilidad de solicitar

la eutanasia mediante un documento de voluntades anticipadas está regulada por un decreto de 2

de abril de 2003. 3. Que haya padecimiento físico o psíquico constante e insuperable ocasionado

por una condición patológica grave e incurable. A su vez; como la práctica de la Eutanasia, debe

ser necesariamente asistida por un médico (Baños, 2014)

Luxemburgo: En febrero de 2008 Luxemburgo se convirtió en el tercer país del mundo en

despenalizar la eutanasia, aprobando la ley sobre el derecho a una muerte digna. La experiencia de

Holanda y Bélgica, países pertenecientes a la unión fronteriza Benelux, demostraba que no hay

riesgo de abuso en una legislación similar a la de Bélgica. (Baños, 2014)

Suiza: En uno de los países más desarrollados del Mundo, como es: (…) Suiza la eutanasia es

delito, pero no el auxilio al suicidio, con la peculiaridad de que no tiene que contar con la asistencia

del médico, necesario únicamente para la prescripción del fármaco letal, quedando en manos de
organizaciones no gubernamentales. El requisito ineludible del auxilio al suicidio en Suiza es que

detrás de la actuación de quien ayuda no haya ninguna motivación egoísta ni de tipo personal o

económico. Si esto se llegase a acreditar, el responsable sería perseguido penalmente (…) Suiza

cuenta con (…) organizaciones voluntarias que dan apoyo a las personas que solicitan la ayuda al

suicidio: EXIT, que actúa en los cantones de habla germánica e italiana; (…) y DIGNITAS, para

las personas extranjeras que van a Suiza para recibir ayuda al suicidio. (Baños, 2014)

CONCLUSIONES

La práctica de la eutanasia, es legal en varios países del Mundo, siempre y cuando se cumpla con

ciertos requisitos, y cada vez, más sociedades ponen interés sobre la necesidad de su legalización.

La eutanasia, en el Ecuador, no es permitida y en el caso de practicarse puede considerarse un

homicidio o un asesinato.

El Estado, debe poner mayor atención a las necesidades de los enfermos terminales, de las

personas con una enfermedad incurable e irreversible o en estado vegetal, ya que el proceso de su

enfermedad o estado, conlleva una serie de dificultades que deben ser reducidas, pues contribuyen

para que su situación empeore y su dignidad se vea afectada. Por lo cual es de suma importancia

que la sociedad conozca el contexto y ya no haga de lado a la eutanasia, por ignorancia o por

tabúes, es hora que las autoridades tome medidas legislativas, y se abra el debate sobre el tema.
Bibliography
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