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Los núcleos envidiosos de poder

Por JOSÉ MORALES MANCERA

N
o hay espacio en este breve artículo para tratar este vasto tema
como se merece pero intentaremos dar una idea. Se puede definir
como núcleo de poder al grupo humano que reúna las siguientes
condiciones:

ƒ Cierto poder de comunicación (aunque no sea con la verdad);


ƒ Cierto poder de inspirar seguridad (aunque sea falsa);
ƒ Cierto poder de establecer jerarquías (aunque sean injustas);
ƒ Cierto poder de desarrollo de bienes y de personas (aunque sea
hipotético).

Quien carezca de estos medios no puede manejar un grupo humano.

El hombre vive buscando quien le guíe, le ofrezca seguridad, y le prometa


desarrollo, aunque todo sea falso, esto lo intuye tanto el líder auténtico
como el demagogo y lo aprenden a usar.

La mini sociología nos enseña que cada grupo humano tiene un grupo
primario, esto es, aquellos que guardan entre si, en Petit Comite, las
condiciones antes mencionadas y que pretenden ejercerlas en grande
dentro del grupo que quieren manejar. Aquellos que son capaces de
influirse mutuamente y diariamente en ideas, valores y emociones.

Cada partido político, cada grupo religioso, empresarial o de cuerpo


intermedio tiene alguien que puede hablar más, que persuade mejor o
intimida más, que reparte poder y que desarrolla o nulifica a los de abajo.

La envidia crea en los núcleos de poder, el mágico efecto de la entropía


(término de física de energía desperdiciada que se usa en sociología) esto
es, los grupos se cierran en sí mismos por dos razones: las ideológicas y las
de intereses personales, aunque en el fondo frecuentemente las ideológicas
son solamente para justificar las de intereses.

Este cerrarse y volverse sobre sí mismo empobrece al grupo y genera una


pérdida de energía de la comunidad.

Después de este primer momento sobreviene el segundo, es tal el


aburrimiento y la pobreza mental e ideológica del grupo cerrado, al que se
le han ido sumando cada ves más intereses personales y áreas internas de
poder autónomo en su organización, que la falta de empuje y de ideales en
cuanto grupo, genera el fastidio general por lo cual los pocos valiosos que
aún queden abandonan el barco.

Los mediocres y menguados han ascendido y la calidad del grupo está por
el suelo, sólo los protege la exclusión de nuevas influencias.

1 www.usem.org.mx
Hemos visto como se desmiembran los partidos, las congregaciones
religiosas, los grupos empresariales, cuando la entropía de los envidiosos
triunfantes en las intrigas, entrega el poder a los más mediocres, más
cerrados o más vistosos, pero sin soporte real de liderazgo.

Debemos hacer un serio examen de qué papel jugamos en los grupos


humanos donde nos toco vivir, qué tanto somos colaboradores solidarios y
subsidiarios de los otros sin envidias y cuánto queremos usar el grupo para
nuestras propias finalidades.

Ésta es la gran tragedia de nuestra incultura política, herencia indígena e


hispánica, no sabemos trabajar en equipo, no sabemos hacer triunfar a
los demás sin conquistar privilegios y colgarnos medallas. Somos, la
mayoría, almas muy pobres, nuestra lucha social está casi siempre cargada
de egoísmo y de pobreza de alma, ignoramos la magnanimidad la grandeza
de espíritu de quien carece de envidia.

La solidaridad y la subsidiaridad social no existen cuando la envidia y la


intriga reinan hasta en los grupos llamados de asistencia social; el
lucimiento de la filantropía puede generar envidias y rencores que nulifican
los esfuerzos dañando a todos.

2 www.usem.org.mx