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Ciudadanía e identidad digital

La expresión "ciudadanía digital" se suele utilizar como sinónimo de los términos
"ciberciudadanía" y "e-ciudadanía" para referirse a los derechos y deberes de los
ciudadanos en su interacción con la sociedad de la información a través de las tecnologías.
En ocasiones se emplea de forma menos rigurosa para referirse a los procedimientos de
alfabetización digital de los ciudadanos sin incluir las cuestiones más éticas.
Sin embargo la ciudadanía digital supone comprender los temas humanos, culturales y
sociales relacionados con el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación
(TIC) así como la aplicación de conductas pertinentes a esa comprensión ajustándose a los
principios de ética, legalidad, seguridad y responsabilidad en el uso de Internet, las redes
sociales y las tecnologías disponibles.
De las distintas definiciones de ciudadanía digital que existen se pueden extraer las
siguientes áreas comunes:
1. Educación. Alude a la formación en el uso de las TIC (alfabetización y competencias
digitales) y en los valores para un uso seguro y responsable.
2. Acceso y participación. Comprende el derecho de acceso a Internet como base para
asegurar la democracia electrónica y evitar la brecha digital.
Según las tendencias actuales el concepto de ciudadanía digital suele presentarse ligado a
otros dos conceptos:
1. Prevención de riesgos de las TIC sobre todo en menores con intención de garantizar
una ciudadanía responsable.
2. Democracia electrónica como herramienta que permita la participación más directa,
la organización de grupos, el control y transparencia de la gestión de gobierno, etc

Como acertadamente expone el catedrático D. Javier Tourón, “la digitalización de la
enseñanza ya no es una opción”, es una necesidad que, sin querer parecer alarmistas,
podríamos también calificar de inaplazable e inmediata.

De acuerdo con el Foro Económico Mundial, la educación digital debe centrar esfuerzos en

impulsar la ciudadanía digital, entendida como la capacidad de usar la tecnología de forma
responsable y segura, para lo cual describe 8 habilidades digitales:

1. Identidad de ciudadano digital

Que se define como la capacidad de nuestros hijos para crear y administrar una identidad
digital saludable tanto en el terreno online, como en los espacios de la vida cotidiana.

2. Autocontrol y tiempo de exposición al mundo digital
Sin duda uno de los grandes desafíos para padres y educadores es fomentar una educación
digital en la que pueda controlarse el tiempo de exposición a los medios y dispositivos

digitales para evitar problemas de adicción a las nuevas tecnologías.

3. Administración del ciberacoso

El uso responsable de las nuevas tecnologías y una buena educación digital debe fomentar
un uso respetuoso de la comunicación en redes sociales que impida que se produzcan

situaciones de ciberacoso o ciberbullying.

4. Fomento de la seguridad informática

La educación digital exige un conocimiento de los riesgos y amenazas que van unidos al

uso de equipos y dispositivos informáticos. Tanto desde el punto de vista de la identidad
digital, como en el terreno de la prevención de ciberamenazas o ciberataques.

5. Cuidado de la identidad digital
En un mundo cada vez más digital, el cuidado de la propia imagen y de la privacidad en
redes sociales y dispositivos móviles es uno de los principales valores que nuestros hijos

deben adquirir como base de una educación digital de garantías.

6. Pensamiento crítico

Una buena educación digital debe apoyarse en el desarrollo de un pensamiento crítico en
nuestros hijos que les ayude a discriminar qué información es verdadera y cuál es falsa. El

uso responsable de las nuevas tecnologías implica evitar la difusión de bulos o noticias

falsas que inducen a error o tienen consecuencias negativas en la sociedad digital.

7. Huella digital y reputación online

Todo lo que pasa en Internet tiene consecuencias y permanece. Esta enseñanza debe ser
comprendida por nuestros hijos para fomentar un uso responsable de las nuevas

tecnologías y de su comportamiento en redes sociales. La huella digital marcará el destino

no solo desde el punto de vista de la reputación online, sino a la hora de acceder a un

puesto de trabajo o una oportunidad profesional.

8. Empatía digital

Directamente relacionada con esta huella digital está el concepto de empatía digital o la

capacidad de ponernos en el lugar del otro, de saber cómo pueden afectar en la vida real y

en los sentimientos de otras personas comentarios o acciones en redes sociales.

Consciente o inconscientemente, los estudiantes (y los educadores también) están
construyendo una identidad digital que los acompañará en su vida personal y profesional.
Cada vez que suben una imagen, etiquetándose a ellos mismos u a otros están
incrementando bases de datos en buscadores y redes sociales. Lo mismo sucede cuando
realizan una indagación, publican un comentario, suscriben una causa, marcan un lugar que
frecuentan o revelan una nueva relación de amistad.

La identidad digital puede definirse como la información personal o institucional expuesta y
disponible en plataformas en línea, que permiten construir una imagen individual de la
entidad. Se construye a partir del registro intencionado o espontáneo que producen las
diversas interacciones que realizan los sujetos en ambientes digitales. Se trata de una
identidad o reputación subjetiva y dinámica que, no estando necesariamente validada,
puede producir consecuencias en el mundo real.
La ciudadanía digital, concebida como el espacio virtual en el que se interactúa socialmente
más allá de los límites geográficos, temporales e incluso culturales, basa su construcción en
la coexistencia de diversas identidades digitales que se relacionan y recrean entre sí. Esto
se produce en ámbitos diversos, desde la diversión a través de los videojuegos hasta la
colaboración profesional y académica, pasando por un amplio rango de actividades e
intereses.
Por esta razón, los marcos curriculares modernos están considerando incorporar en los
programas de estudio de educación cívica o formación ciudadana, la gestión efectiva de la
identidad digital.
Hay, al menos, tres niveles en que se debieran considerar al desarrollar hábitos para
gestionar efectivamente una identidad digital.

1. Identificar los riesgos a nivel de privacidad y seguridad personal
En primer lugar, se deben identificar los riesgos a nivel de privacidad y seguridad personal
que una inadecuada identidad digital puede conllevar. En este plano se encuentran el
conocimiento de las funcionalidades que permiten protegerse a través de contraseñas y
accesos controlados a la información personal, como también el cuidado que debe tenerse
en la publicación de datos privados en redes de acceso universal. En un grado más
avanzado se deben conocer y manejar las herramientas de gestión de la información que
genera la huella digital, en diversos servicios en línea.

2. Construir y gestionar la reputación digital de calidad
En segundo lugar, está el nivel relacionado con la construcción y gestión de la reputación
digital de calidad. Esto se relaciona con el manejado adecuado y pertinente del lenguaje y
otras formas de expresión de acuerdo al contexto en que se interactúe, como también en la
capacidad de reconocer herramientas, plataformas y servicios que permitan enriquecer la
reputación e identidad digital.

3. Desarrollar aspectos valóricos y éticos
El tercer nivel tiene que ver con el desarrollo de aspectos valóricos y éticos que permitan
una interacción adecuada en los diversos ámbitos de la ciudadanía digital. Esto se relaciona
con el respeto a la propiedad intelectual, a la privacidad y al cuidado de las interacciones
que se producen en redes sociales y en espacios virtuales de comunicación.
Formar a los aprendices del nuevo milenio en la gestión adecuada de su reputación digital,
es parte sustantiva del desafío en la generación de competencias que no se limiten a
habilitarlos instrumentalmente en una buena utilización de herramientas tecnológicas. Se
trata que los jóvenes puedan contar con recursos que les permitan expandir y ampliar sus
oportunidades en el cambiante y complejo mundo que les toca vivir.

La visibilidad, la reputación y la privacidad en Internet se convierten en aspectos clave para
la gestión eficaz de una identidad digital. La habilidad de gestionar la identidad virtual no es
algo instrumental sino que está relacionada con un aprendizaje a lo largo de la vida y una
inmersión en la cultura digital necesaria para el ciudadano que vive en la sociedad red.