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Dialogo Entre Masones

A r t í c u l o s Masónicos Seleccionados
Año 5 - N° 55

Julio 2018
Herbert Oré Belsuzarri

Mario López Rico
Vicente Alcoseri
Julio Villarreal III

-¿Por qué el secretismo en masonería? ………………….3
-William Preston………………………………………………..7
-La verdad de Caín a Tubalcaín………………………….34
-El primer masón en el suelo lunar………………………48
-Fernando VII y la masonería española……………….76
-Masones logran independencias y libertad……….108

La revista agradece la difusión de los artículos
publicados, mencionando la fuente y la autoría.

Valle de Lima Julio 2018
¿PORQUE EL SECRETISMO EN MASONERIA?
Vicente Alcoseri

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Por lo general las personas necesitan al entrar a la Masonería
de una instrucción especializada, necesitan de una combina-
ción de elementos básicos, como son una enseñanza ordenada,
una forma de conducirse ante los demás, y saber que tiene obli-
gaciones para consigo mismo y para con la Orden Masónica,
entre otras muchas cosas.

Cuando se está organizado en cualquier grupo, se les imponen
ciertas condiciones a todos los miembros: además, se les noti-
fican de condiciones especiales para cada uno, y para todos, y
una de estas condiciones para todos, es mantener los Juramen-
tos en absoluto Secreto asi como las enseñanzas.

Las condiciones Masónicas en general, son impuestas al co-
mienzo, y habitualmente son de este tipo: Primero se les explica
a todos que tienen que mantener en secreto todo cuanto oyen,
leen y aprenden.

El Secreto es una condición indispensable cuyo principio debe
ser adquirido y asimilado desde el comienzo mismo. Deben
comprender que en esto no hay la menor tentativa de hacer un
secreto de lo que no es esencialmente un secreto. El Secreto
Masónico en definitiva es real y la disciplina es la clave del Éxi-
to dentro de la Institución Masónica.

¿Por qué tanto secretismo en Masonería? La razón es simple,
esta condición surge del hecho implícito de que son incapaces
de transmitir de manera correcta lo que aprenden, y así no de-
forman la idea básica de la enseñanza Masónica. Luego a través
de experiencias vividas personalmente, comienzan a valorar
cuántos esfuerzos son necesarios por mantener inmaculada la
idea masónica. Y es entonces claro para todos, porque son inca-
paces de transmitir de manera entendible y justa un concepto
masónico, y es mejor para muchos mantenerse en silencio, pues
la gran mayoría de los masones no están capacitados para ha-
blar de masonería a los profanos.
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Al mismo tiempo, comienzan a comprender que al dar a alguien
ideas equivocadas, le cortan la posibilidad de acercamiento a la
Masonería, o poder comprender realmente a la Orden.

Si no comprenden para sí mismos y para otros masones, van
creando dificultades personalmente a lo largo de tiempo; he
oído mil y una ideas equivocadas sobre la institución, tanto den-
tro como fuera de la Orden.

Ahora Bien, muchos empiezan a discutir temas Masónicos con
personas ajenas a la Orden, queriendo, o tratando de imponer-
se mutuamente su propia idea, y casi siempre, los que nos es-
cuchan pueden interpretan mal todo cuanto se les dice, atribu-
yendo un sentido totalmente diferente a todo lo que tratamos
de decir.

Existe de hecho otra razón para el secretismo en Masonería y es
que un hombre no deja de charlar impropiamente y le es difícil
guardar silencio. El guardar un secreto es un ejercicio de orden
y disciplina, con el cual va adquiriendo voluntad y fortaleza.

Todos por lo regular mantiene un parloteo constante e innece-
sario, a esto el masón debe corregirse, y así luego detener el
parloteo mental o charla interna. Solamente un hombre que es
capaz de guardar silencio y escuchar cuando es necesario, po-
drá llegar a ser su propio Amo y Maestro -El masón por esto es
reconocido y reconocible-, por guardar un orden y una compos-
tura.

La persona que no cree en un Ser Supremo (Dios) no puede ser
masón; para ser masón es necesario creer en una Divinidad Úni-
ca. La Masonería no es una Religión, y respeta cualquier confe-
sión de fe de los demás, sea religiosa o de cualquier otra índole.
Las creencias particulares de cada uno de sus miembros son
respetadas y sagradas para la Masonería, al igual que todas las
opiniones de todas las personas sean o no masones.
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WILLIAM PRESTON
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Cuando escuchamos el nombre de William Preston, recordamos
de inmediato las conferencias de Preston en la masonería, a
Preston le agradecemos la base de nuestros monitores de nues-
tros días. La historia de sus trabajos literarios en interés de la
Artesanía, y cómo ayudaron a hacer de la Francmasonería una
de las principales influencias educativas durante las últimas
décadas del s. XVIII, es una de interés absorbente para cada
miembro de la Fraternidad.

Para ubicarnos en contexto, diremos que las logias masónicas,
como sociedades secretas de gran influencia social, comienzan
a organizarse a fines del s. XVII y principios del XVIII. Inicial-
mente asociaciones gremiales de albañiles (maçon, en francés,
mason en inglés), círculos cerrados del oficio con sus propias
regulaciones, con el tiempo se van transformando en socieda-
des que, con una base filosófica, buscan el mejoramiento del
individuo y una transformación moral de la sociedad. Las logias
masónicas tuvieron una gran trascendencia en todo el movi-
miento intelectual, filosófico y político del s. XVIII. Aunque sus
fines no fueron nunca políticos, sus efectos se hicieron sentir en
la sociedad toda. A las logias se incorporaron nobles, burgue-
ses de fortuna, y conocidos intelectuales y filósofos de la época.
Tenían una extraordinaria coincidencia con los principios del
Iluminismo: igualdad, fraternidad y libertad.Y, como fueron per-
seguidos por la Iglesia Católica de la época, también tenían ese
punto en común con los libre-pensadores de la Ilustración.

Durante el s. XVII habían logias en Escocia, Inglaterra e Irlan-
da, y en 1,717 (s. XVIII) varias de ellas se unen para formar la
Grand Lodge of England. En 1,715 se forma la Grand Lodge of
Ireland y en 1,736 la Grand Lodge of Scotland. En 1,730 estas
logias comienzan a formarse también en las colonias británi-
cas de América del Norte. En 1,728 se funda en Paris la Grand
Orient de France. Se fundaron logias también en Rusia (1,717),
en Bélgica (1,721), en España (1,728), en Italia (1,733), y en Ale-
mania (1,736). Sin embargo es menester indicar que la masone-
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ría operativa existía en Europa desde hacía mucho tiempo atras.

En 1,738 una Bula del Papa Clemente XII condena a la maso-
nería y ordena la excomunión de los católicos pertenecientes
a logias masónicas. No obstante, en Francia el Parlamento no
le da vigencia a la Bula Papal y numerosos miembros del clero
pertenecen a logias masónicas. Observando los personajes po-
líticos y de la cultura de la época pertenecientes a la masonería
se puede tener una idea de la influencia que ésta tuvo sobre los
movimientos filosóficos, políticos y sociales: Lafayette, el gene-
ral francés que ayudó a la Independencia de Estados Unidos;
Rouget de l’Isle, el autor de la Marsellesa; Jean-Jacques-Régis
de Cambacérès, el legislador que dirigió el proyecto del Có-
digo Civil de Francia; el Conde de Mirabeau, destacado dipu-
tado de la Revolución Francesa; José Bonaparte, el hermano de
Napoleón que fue rey de España, fue Gran Maestre del Grand
Orient de France; George Washington y Benjamin Franklin en
EEUU; Simón Bolívar y José de San Martín, héroes de la Indepen-
dencia sudamericana, sólo para nombrar algunos.

William Preston nació en Edimburgo, Escocia, el 7 de agosto
(calendario de estilo antiguo, 28 de julio), 1,742. Su padre era un
“Escritor en el sello”, un agente de la ley peculiar de Escocia y
anteriormente elegible para el tribunal, por lo tanto, un hombre
de mucha posición educativa. Naturalmente, deseaba darle a su
hijo todas las ventajas que ofrecían las escuelas de ese día, y la
educación del joven Preston comenzó a temprana edad. Ingresó
a la escuela secundaria antes de cumplir los seis años.

Después de la muerte de su padre, Preston se retiró de la uni-
versidad y tomó empleo como secretario de Thomas Ruddiman,
el célebre lingüista, cuya visión defectuosa hizo necesario que
Preston realizara muchos trabajos de investigación requeridos
por Ruddiman en sus estudios clásicos y lingüísticos. Con la
desaparición de Thomas Ruddiman, Preston se convirtió en un
impresor en el establecimiento de Walter Ruddiman, un herma-
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no de Thomas, de quien había sido aprendiz.

La evidencia de la capacidad literaria de Preston se mostró
por primera vez cuando compiló un catálogo de los libros de
Thomas Ruddiman. Después de trabajar en la imprenta durante
aproximadamente un año, prevaleció el deseo de seguir sus in-
clinaciones literarias y, bien provisto de cartas de presentación,
se dirigió a Londres en 1,760. Una de estas cartas estaba dirigi-
da a William Stranhan, Impresor del Rey, con quien Preston ase-
guró un puesto, permaneciendo con Stranhan y su hijo durante
muchos años.

Preston poseía un deseo insaciable de conocimiento. Como era
común en los tiempos en que vivió, “el hombre trabaja de sol a
sol”. El día de ocho horas, si se conocía, era una rareza, y Preston
suplantó su educación anterior por estudio después de que su
jornada laboral de doce horas había terminado. La habilidad
crítica ejercida en su vocación diaria hizo que los hombres lite-
rarios de la época lo llamaran para pedirle ayuda y consejo. Su
estrecha asociación con los hombres intelectuales de su época
quedó confirmada por el descubrimiento después de su muerte
de la presentación autografiada de copias de las obras de Gib-
bon, Hume, Robertson, Blair y otros.

Se desconoce la fecha exacta de la iniciación de Preston, pero
ocurrió en Londres en 1,762 o 1,763. Se ha determinado satis-
factoriamente que su Logia Madre fue la única que se reunía en
la taberna White Hart en Strand. Esta Logia fue formada por va-
rios masones de Edimburgo que se hallaban en Londres, quie-
nes, después de rechazar una solicitud de Carta por parte de
la Gran Logia de Escocia, aceptaron una sugerencia del Gran
Cuerpo Escocés de aplicar a la antigua Gran Logia de Londres.
Los Ancianos otorgaron una dispensa a estos hermanos el 2 de
marzo de 1,763, y un biógrafo del s. XVIII afirma que Preston fue
la segunda persona iniciada bajo esa dispensación. Las actas de
la Gran Logia de Athol (Antigua) muestran que la Logia No. 111
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fue constituida el 20 de abril de 1,763, William Leslie, o alrede-
dor de esa fecha.

No era raro en aquellos tiempos (y la costumbre todavía preva-
lece en Inglaterra, Canadá y otros países, y entre varias Gran-
des Jurisdicciones en los Estados Unidos) para los masones
pertenecer a más de una Logia, y Preston y algunos otros miem-
bros de su Madre Logia también se convirtió en miembros de
una Logia alquilada por los Modernos, que se reunieron en la
Taberna Talbot en el Strand. Estos hermanos prevalecieron so-
bre la membresía de la Logia No. 111, que mientras tanto había
trasladado su lugar de reunión a la Taberna de la Media Luna,
para solicitar a la Gran Logia Moderna una Carta. Lord Blayney,
entonces Gran Maestro, otorgó una Carta a los miembros de la
Logia Núm. 111, que fue constituida por segunda vez, el 15 de
noviembre de 1,764, tomando el nombre de Logia Caledonia
Nro. 325. Esta Logia sigue existiendo.

La constitución de la nueva Logia Caledoniana fue un evento
digno de mención debido a la presencia de muchos masones
prominentes de la época. Las ceremonias y los discursos en esta
ocasión causaron una profunda impresión en Preston, siendo
uno de los factores que lo indujo a hacer un estudio serio de la
Francmasonería. El deseo de saber más acerca de la Fraterni-
dad, su origen y sus enseñanzas se intensificó cuando fue elegi-
do Venerable Maestro, porque, como dijo: “Cuando tuve el honor
de ser elegido Maestro de una Logia, pensé que era apropiado
informarme por completo de las reglas generales de la Sociedad,
que podría cumplir con mi deber y hacer cumplir oficialmente
la obediencia en otros. Los métodos que adopté, con este punto
de vista, me entusiasmaron con un conocimiento superficial y una
aversión absoluta hacia lo que consideramos innovaciones”.

Preston entró en una extensa correspondencia con los masones
en el país y en el extranjero, ampliando su conocimiento de los
asuntos de artesanía y reuniendo el material que más tarde en-
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contró expresión en su libro más conocido, “Ilustraciones de la
masonería” (Illustrations of Masonry ). Se adentró en los lugares
más apartados en busca de la sabiduría y el saber masónicos,
gracias a los cuales la artesanía se benefició enormemente.

Preston era un visitante frecuente de otras Logias. Le pidieron
que visitara la Logia de la Antigüedad N º 1, una de las cuatro
Antiguas Logias que formaron la Gran Logia de Inglaterra en
1,717. En esa ocasión, el 15 de junio de 1,774, él como miembro
elegido de la Logia y también Venerable Maestro en la misma
reunión. Esta acción inusual es evidencia adicional de la con-
sideración que le tenían los Hermanos de su tiempo. Mientras
había sido Maestro de varias otras Logias, dio lo mejor de sí
mismo en tiempo y energía a la Logia de la Antigüedad, que
prosperó enormemente bajo su liderazgo.

Edición de 1,804 de Illustrations of Masonry.
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Se convirtió en un miembro activo de la Gran Logia, sirviendo
en su Comité del Salón, un comité designado en 1,773 con el
propósito de supervisar la construcción del Salón Masónico que
se había proyectado, y más tarde fue nombrado Gran Secretario
Adjunto bajo el mando de James Heseline. En esta capacidad,
revivió la correspondencia extranjera y nacional de la Gran Lo-
gia, un asunto fácil para él debido a su extensa correspondencia
personal con los Hermanos fuera de Londres.

En 1,777 se produjo un evento que fue trascendental en los
asuntos masónicos de la época. A causa de las procesiones si-
muladas y satíricas formadas por sociedades rivales, la Gran
Logia Moderna de Inglaterra había prohibido que sus Logias y
Miembros aparecieran en procesiones públicas con insignias.
La Logia de la Antigüedad, el 27 de diciembre de 1,777, resolvió
asistir a los servicios de la iglesia en un cuerpo el día de San
Juan, el día 27 siguiente, seleccionando la Iglesia de San Dinán,
a poca distancia al cruzar la calle desde donde se encontraba la
Logia. Algunos de los miembros protestaron, diciendo que era
contrario a las regulaciones de la Gran Logia, con el resultado
de que solo asistieron diez, estos con guantes y delantales se
ubicaron en la sacristía de la iglesia, y luego entraron para es-
cuchar el sermón. Al finalizar los servicios, regresaron a la Logia
sin quitarse la ropa masónica.

Como se dijo, el 27 de diciembre de 1,777, algunos miembros
de la Logia de la Antigüedad, incluido Preston, regresaron de la
iglesia vistiendo sus insignias masónicas. Esto equivalía a poco
más que cruzar la calle. Algunos de los miembros originales de
la Antigüedad que no estaban presentes (y que incluía a los dos
hombres que habían convencido a Preston para que se uniera
a Antigüedad) decidieron informar el incidente a la Gran Logia
como una procesión masónica proscrita. En lugar de restarle
importancia a la ocasión, Preston eligió defender las acciones
de sí mismo y de sus hermanos al enfatizar la antigüedad de su
propia logia. Como Goose and Gridiron, Antiquity había sido
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uno de los fundadores de Grand Lodge. Preston argumentó que
su logia solo se había suscrito a las constituciones originales, y
las resoluciones posteriores no se aplicaban a ellas. Después
del debido proceso, Preston y sus seguidores fueron expulsados
en 1,779. Los miembros permanentes más largos se quedaron
con los Modernos. El resto de la logia se alió con la Gran Logia
de Toda Inglaterra en York, convirtiéndose para el período de
su separación, “La Gran Logia de Toda Inglaterra al Sur del Río
Trent”, garantizando al menos dos logias por derecho propio.
En mayo de 1,789 la disputa se resolvió, Preston, después de
una disculpa, fue bienvenido a sus honores masónicos en una
cena, y las dos mitades de la Logia de la Antigüedad se unieron
en 1,790. Organizó la Orden de Harodim, una Sociedad de Eru-
ditos Masónicos, en la cual enseñó sus conferencias y, a través
de este medio, las conferencias llegaron a los Estados Unidos y
se convirtieron en la base de los Monitores en ella.

Para entender el significado de las labores de Preston, debe-
mos comprender las condiciones en Inglaterra en el momento
en que vivió. El s. XVII fue una de marcadas diferencias de opi-
nión sobre los temas de gobierno, religión y condiciones eco-
nómicas. El s. XVIII, después del acceso del Príncipe Jorge de
Hannover al trono de Inglaterra como el Rey Jorge I, fue testigo
de una era de paz y prosperidad en ese país. Con la excepción
de las guerras contra los franceses y más tarde la Revolución en
América. Inglaterra no encontró obstáculos en sus conquistas
comerciales. La lucha de los primeros años del siglo se calmó
y la gente se ajustó a las nuevas condiciones. Se convirtió en
un período de formalismo y la literatura, que prosperó bajo el
patrocinio de los ricos, participó de la naturaleza clásica anti-
gua, espíritu subordinado a la forma y el estilo. Se insistía en la
perfección detallada de la forma en cada actividad, e induda-
blemente la insistencia en un ritualismo perfecto, tan evidente
en la masonería inglesa, de los últimos años del s. XVIII.

Mientras que las clases acomodadas vivían cómodas, las clases
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trabajadoras y agricultoras aún no habían emergido del todo
de las condiciones adversas que enfrentaban durante tantas dé-
cadas. Es cierto que el cese de las guerras y el desarrollo del
comercio interno y externo también influyeron en los círculos
que no participaban activamente en el nuevo desarrollo. Un es-
píritu de libertad e independencia continuó expresándose. Sin
embargo, la educación pública tal como la conocemos hoy en
día no existía. Las escuelas eran solo para los hijos de los ricos,
se llevaban a cabo por intereses privados y requerían el pago
de una matrícula más allá del bolsillo de la gente común. Sin
embargo, la educación fue buscada con entusiasmo. El conoci-
miento fue considerado como la llave que abriría la puerta a la
independencia intelectual y espiritual.

Calle de Londres, mediados s. XVIII, vemos al fondo una dama transportada
en silla de manos por criados, las vendedoras de pescado con canastas en
sus cabezas, hombres obesos beben cerveza, herramientas de trabajo, pare-
des apuntaladas con maderos, venta pública de libros y periódicos. Ilustra-
ción del modo de vida de la época. William Hogarth; Beer Street, 1,751.

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Mientras Preston comenzó su educación a una edad temprana,
incluso con su excelente comienzo, extendió su educación solo
mediante un trabajo diligente y la quema de mucho aceite de
medianoche. Imbuido del espíritu del día, estaba ansioso por
poner el conocimiento disponible de los tiempos delante de sus
semejantes. Por lo tanto, cuando descubrió un vasto cuerpo de
tradición tradicional e histórica en los documentos antiguos de
la Artesanía, naturalmente aprovechó la oportunidad de moder-
nizar el ritual de tal manera que se haga accesible a los miem-
bros con un conocimiento rudimentario de las artes y las cien-
cias de la Fraternidad.

De 1,765 a 1,772, Preston se involucró en investigaciones perso-
nales y correspondencia con francmasones en el hogar y en el
extranjero, tratando de aprender todo lo que pudo acerca de la
Francmasonería y las artes que fomentaba. Estos esfuerzos die-
ron sus frutos en la forma de su primer libro, titulado: “Ilustra-
ciones de la Masonería”, publicado en 1,772. Había tomado las
antiguas conferencias y el trabajo de la Francmasonería, las re-
visó y las colocó en forma tal que recibiera la aprobación de los
miembros principales de la artesanía. Alentados por su favora-
ble recepción y sancionados por la Gran Logia, Preston empleó,
a su costa, profesores para viajar por todo el reino y colocar las
conferencias ante las logias. Se exigieron nuevas ediciones de
su libro, y hasta el presente ha pasado por veinte ediciones en
Inglaterra, y seis en los Estados Unidos.

Preston comenzó un extenso programa de investigación masó-
nica. Entrevistando donde pudo, y entrando en una extensa co-
rrespondencia con los francmasones en Gran Bretaña y en el
extranjero, construyó un vasto almacén de conocimiento masó-
nico, que aplicó inicialmente para explicar y organizar las con-
ferencias adjuntas a los tres grados de la Francmasonería. Se
reunió con amigos una o dos veces por semana para probar y
refinar su presentación, y el 21 de mayo de 1,772 organizó una
Gala en la Corona y Ancla, a su propio costo considerable, para
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presentar a los Grandes Oficiales y otros destacados masones
a su sistema. El éxito de su oración en ese día llevó a la publi-
cación, más tarde ese año, de sus ilustraciones de la albañilería,
que se extendió a doce ediciones en inglés en la vida de los
autores, además de traducirse a otros idiomas. En 1,774 organi-
zó su material en cursos de conferencias, impartidos por él en
Mitre Tavern, Fleet Street. Hubo doce conferencias por grado,
en una guinea por grado.

Presentes en la Gala había dos miembros de la Logia de la An-
tigüedad (una vez, como el Ganso y el Gridiron, un fundador de
la Gran Logia). John Bottomley era entonces el maestro, y John
Noorthouck un colega de Preston en la imprenta de Strahan. La
antigüedad estaba sufriendo por la membresía en declive, y es-
tos dos hombres concibieron la idea de revivir su logia reclu-
tando a Preston. Fue elegido miembro, in absentia, el 1 de junio
de 1,774. En su primera asistencia como miembro, una quincena
más tarde, fue elegido maestro de la logia. La logia en conse-
cuencia floreció, lo que de alguna manera disgustó al hermano
Noorthouck. Se quejaba de que los albañiles más jóvenes que
ahora acudían a la cabaña eran todas criaturas de Preston, lo
que le había permitido permanecer en la silla durante tres años
y medio.

Durante este período, que comenzó en 1,769, Preston se con-
virtió en el Gran Secretario Asistente e “Impresor de la Socie-
dad”. Esto le dio acceso al material que posteriormente utilizó
en Ilustraciones de la masonería. También le dio la oportunidad
de intentar abrir una brecha entre los Antiguos y la Gran Logia
de Escocia, desafiando la base sobre la cual se formó la Gran
Logia más joven. El intento falló, y solo sirvió para ensanchar la
división entre las dos Grandes Logias.

Después de su muerte, el 1 de abril de 1,818, se descubrió que
Preston había proporcionado un fondo de trescientas libras es-
terlinas en Cónsules británicos (British Government Securities,
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la palabra se abreviaba de “anualidades consolidadas”), el inte-
rés de este fondo era apartado para la entrega de las conferen-
cias de Preston una vez al año. El nombramiento de un confe-
renciante se le dejó al Gran Maestro. Estas conferencias fueron
abandonadas hacia 1,860, principalmente por el hecho de que
habían sido reemplazadas por las conferencias de Hemming en
la obra aprobada de la Gran Logia Unida de Inglaterra, cuando
ese cuerpo se formó por la reunión de los Antiguos y Modernos
en 1,813. El trabajo de Preston aún sobrevive, sin embargo, en
los Estados Unidos, aunque muy modificado por Ritualistas es-
tadounidenses como Webb, Cross, Barney y otros.

Si Preston no hubiera alcanzado la eminencia masónica a tra-
vés de sus esfuerzos en otros campos, su trabajo al revisar las
conferencias solo le daría derecho a los aplausos y la gratitud
de la Artesanía. Considerando estas antiguas conferencias a la
luz de nuestro conocimiento actual, y reconociendo que pueden
ser corregidas y revisadas, debe recordarse que el trabajo de
Preston fue un gran paso adelante cuando consideramos el es-
píritu y las condiciones de su época. Fue uno de los primeros
hombres en influir en un cambio de los estándares sociales y de
convivencia que prevalecían en las antiguas logias, y para con-
vertirlos en centros de esfuerzos más prácticos y perdurables.
Su propio progreso en el Arte es una ilustración de su democra-
cia, y una ilustración de la igualdad de oportunidades existente
para aquellos que se aplicarán a los problemas que enfrenta
la Fraternidad en nuestros propios tiempos. Desde su puesto
como el aprendiz más joven ingresado en el rincón noreste de
su logia, progresó paso a paso hasta llegar a un lugar donde fue
reconocido como el más destacado erudito masónico de su ge-
neración. Si bien no usó el morado de la Gran Logia Moderna en
sus estaciones más altas, sus contemporáneos que tuvieron ese
honor han sido olvidados, mientras que William Preston sigue
siendo preeminente en los anales de la Masonería.

La igualdad de oportunidades, como lo representa la Francma-
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sonería, significa la igualdad de oportunidades para el servicio.
Los honores de la oficina no son la prueba masónica del servi-
cio. Aquel que contribuye a la búsqueda de la luz, luz que le per-
mitirá al Artesano servir de manera más inteligente y eficiente a
su Dios, su País, su Vecino, su Familia y a Sí mismo, brindando la
más duradera calidad de servicio. Esto era cierto en el tiempo
de Preston. Es igualmente cierto en el nuestro. Afortunada es la
logia que tiene un hermano que realice la labor que hizo Pres-
ton, ahora en la moderna membresía.

¿Pero que decía William Preston en su comentado libro “Ilus-
traciones de la masonería”? Para resolver ello trascribimos una
parte de esta singular obra.

Ilustraciones de Albañilería
por
William Preston

Libro uno
La excelencia de la masonería mostrada

Secta. 1 - Reflexiones sobre la simetría y la proporción en
las obras de la Naturaleza, y sobre la armonía y el afecto
entre las diversas especies de seres.
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Quien observe atentamente los objetos que lo rodean, encon-
trará abundantes motivos para admirar las obras de la Naturale-
za y para adorar al Ser que dirige operaciones tan asombrosas:
estará convencido de que la sabiduría infinita podría diseñar
por sí sola y el poder infinito terminar, tal asombroso trabajos.

Si un hombre fuera colocado en un hermoso jardín, ¿no se vería
afectado su rostro con exquisito deleite en una tranquila inspec-
ción de su rica colección? ¿No despertarían la sensibilidad las
arboledas, las grutas, las tierras salvajes artísticas, los parterres
floridos, las vistas abiertas, las majestuosas cascadas, los arro-
yos serpenteantes, toda la escena abigarrada? e inspirar a su
alma con las ideas más exaltadas? Cuando observaba el deli-
cado orden, la agradable simetría y la hermosa disposición de
cada parte, aparentemente completa en sí misma, pero reflejan-
do nuevas bellezas en el otro, y todas contribuían a formar un
todo perfecto, ¿no se conmovería su mente con la mayor parte?
sensaciones hechizantes; ¿y la visión de la deliciosa escena no
lo conduciría a admirar y venerar al feliz genio que la ideó?

Si las producciones de arte impresionan con tanta fuerza a la
mente con admiración, con cuánto mayor asombro y reverencia,
con cuánto mayor asombro y reverencia debemos contemplar
las operaciones de la Naturaleza, que se presenta para ver es-
cenas ilimitadas de utilidad y deleite, en las cuales divina la sa-
biduría es muy llamativa? Estas escenas de hecho están dema-
siado expandidas para que la estrecha capacidad del hombre
las comprenda; sin embargo, quien contemple el sistema gene-
ral, la uniformidad del plan debe ser dirigido naturalmente a la
fuente original, el gobernador supremo del mundo, ¡la belleza
perfecta e inmaculada!

Además de todas las perspectivas agradables que nos rodean,
y con las que nuestros sentidos están satisfechos en todo mo-
mento; al lado de la simetría. el buen orden y la proporción, que
aparecen en todas las obras de la creación, atraen aún más a la
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mente reflexiva y acercan su atención a la Divinidad: la armonía
y el afecto universales entre las diferentes especies de seres de
todo rango y denominación. Estos son los cementos del mundo
racional, y solo por esto subsiste. Cuando cesen, la naturaleza
debe ser disuelta, y el hombre, la imagen de su Creador y el
principal de sus obras, será abrumado por el caos general.

En todo el orden de los seres, para el serafín que adora y que-
ma, hasta el insecto más malo, todos, de acuerdo con su rango
en la escala de existencia, tienen, más o menos, implantados en
ellos, el principio de asociación con otros de la misma especie.
Incluso los animales más insignificantes se forman en diferentes
rangos y sociedades, para beneficio mutuo y protección. ¿Ne-
cesitamos que nombremos la hormiga cuidadosa o la abeja in-
dustriosa? insectos que el hombre más sabio ha recomendado
como patrones de industria incansable y previsión prudente?
Cuando extendamos nuestras ideas, veremos que el principio
innato de la amistad aumenta en proporción a la extensión de
nuestras facultades intelectuales; y el único criterio por el cual
se puede formar un juicio respetando la superioridad de una
parte de la creación animal sobre la otra.

Tales son los principios generales que impregnan todo el siste-
ma de la creación; ¿Quién debe forzar esas lecciones a predo-
minar en nuestras asambleas, donde la civilización y la virtud
son celosamente estimadas, bajo la sanción de la ciencia y las
artes?

Secta. 2 - Las ventajas resultantes de la amistad.

Ningún sujeto puede captar más adecuadamente la atención,
que las disposiciones benevolentes que la Naturaleza indulgen-
te ha otorgado a la especie racional. Estos están repletos de los
efectos más felices y permiten a la mente las reflexiones más
agradables. El pecho, que está inspirado por sentimientos tier-
nos, se ve naturalmente impulsado a un intercambio recíproco
21
de acciones amables y generosas, a medida que la naturaleza
humana se eleva en la escala de los seres, también surgen los
afectos sociales. Donde se desconoce la amistad, prevalecen
los celos y las sospechas; pero donde esa virtud es el cemento,
la verdadera felicidad subsiste. En todos los senos hay una pro-
pensión a los actos amistosos, que al ser ejercida con el efecto
endulza todo disfrute temporal; y aunque no elimina las inquie-
tudes, tiende, al menos, a calmar las calamidades de la vida.

La amistad se traza a través del círculo de conexiones privadas
con el gran sistema de benevolencia universal, que ningún lími-
te puede circunscribir, ya que su influencia se extiende a cada
rama de la raza humana. Accionado por este sentimiento, cada
individuo conecta su felicidad con la felicidad de su vecino, y se
establece una unión fija y permanente entre los hombres.

Sin embargo, aunque la amistad, considerada como la fuente
de la benevolencia universal, sea ilimitada, ejerce su influencia
más o menos poderosamente, ya que los objetos que favorece
son cercanos o más remotos. De ahí que el amor de los ami-
gos y del país toma la delantera en nuestros afectos y da lugar
a ese verdadero patriotismo, que dispara el alma con la llama
más generosa, crea la mejor y más desinteresada virtud e ins-
pira ese espíritu público y ardor heroico que permiten nosotros
para apoyar una buena causa y arriesgar nuestras vidas en su
defensa.

Esta admirable virtud corona al amante de su país con incansa-
bles laureles, da brillo a sus acciones y consagra su nombre en
épocas posteriores. La gloria del guerrero puede consistir en
el asesinato y el rudo ataque de la espada desoladora; pero la
sangre de miles no manchará las manos del amigo de su país.
Sus virtudes son abiertas, y de la clase más noble. La integridad
consciente lo apoya contra el brazo del poder; y si sangra por
manos de tirano, muere gloriosamente como mártir en la causa
de la libertad, y deja a la posteridad un monumento eterno de
22
la grandeza de su alma.

Aunque la amistad parece divina cuando se la emplea para pre-
servar las libertades de nuestro país, brilla con igual esplendor
en escenas más tranquilas. Antes de que se eleve a la noble lla-
ma del patriotismo, apuntando a la destrucción de las cabezas
de los tiranos, atronándose por la libertad y cortejando el pe-
ligro en defensa de los derechos; lo vemos calmo y moderado,
ardiendo con un brillo uniforme, mejorando las suaves horas de
paz y aumentando el gusto por la virtud. En esos momentos feli-
ces se forman contratos, se instituyen sociedades y se emplean
horas de vida vacantes en el cultivo de modales pulidos y so-
ciales.

En este plan de tierra se establece la universalidad de nuestro
sistema. Si la amistad se limita al lugar de nuestra natividad, su
funcionamiento sería parcial e implicaría una especie de ene-
mistad hacia otras naciones. Cuando los intereses de un país
interfieren con los de otro, la naturaleza dicta una adhesión al
bienestar de nuestras propias conexiones inmediatas; pero tal
interferencia aparte, el verdadero albañil es un ciudadano del
mundo, y su filantropía se extiende a toda la raza humana. In-
fluenciado por los prejuicios locales, él no conoce ninguna pre-
ferencia en virtud sino de acuerdo a su grado, de cualquier cli-
ma que pueda surgir.

Secta. 3 - Origen de la Masonería, y sus ventajas generales.

Desde el comienzo del mundo, podemos rastrear los cimientos
de la Masonería. Desde que comenzó la simetría y la armonía
mostró sus encantos, nuestra Orden ha tenido un ser. Durante
muchas épocas, y en muchos países diferentes, ha florecido.
Ningún arte, ninguna ciencia lo precedió. En los períodos oscu-
ros de la antigüedad, cuando la literatura estaba en un estado
bajo, y los rudos modales de nuestros antepasados les privaron
de ese conocimiento que ahora compartimos tan ampliamente,
23
la Masonería difundió su influencia. Esta ciencia dio a conocer,
surgieron las artes, la civilización tuvo lugar, y el progreso del
conocimiento y la filosofía gradualmente disiparon la penum-
bra de la ignorancia y la barbarie. El gobierno se asentó, se le
dio autoridad a las leyes, y las asambleas de la fraternidad ad-
quirieron el patrocinio de grandes y buenos.

Resumiendo de los placeres puros que surgen de la amistad
tan ampliamente constituida como la que subsiste entre los al-
bañiles, y que es apenas posible que cualquier circunstancia u
ocurrencia pueda borrar, la masonería es una ciencia confinada
a ningún país en particular, sino que se extiende por todo el
globo terrestre. Donde florecen las artes, allí también florece.
Añádase a esto, que mediante signos secretos e inviolables, cui-
dadosamente preservados en la fraternidad, se convierte en un
lenguaje universal. Por lo tanto, se obtienen muchas ventajas.
El chino distante, el salvaje árabe, el salvaje estadounidense,
abrazará a un hermano británico; y sabrá que, además de los la-
zos comunes de la humanidad, todavía hay una obligación más
fuerte de inducirlo a oficinas amables y amistosas. El espíritu
del sacerdote fulminante será domesticado; y un hermano mo-
ral, aunque de una persuasión diferente, comprometer su esti-
ma; la tolerancia mutua en las opiniones religiosas es una de las
características más distintivas y valiosas de la artesanía. Como
todas las religiones enseñan moralidad, si se descubre que un
hermano actúa como parte de un hombre verdaderamente ho-
nesto, sus opiniones especulativas privadas se dejan a Dios y
a él mismo. Por lo tanto, a través de la influencia de la Maso-
nería, que es reconciliable con la mejor política, se evitan to-
das las disputas que amargan la vida y agrian los ánimos de los
hombres; mientras que el bien común, el objeto general, está
celosamente fruncido. sus opiniones especulativas privadas se
dejan a Dios y a él mismo. Por lo tanto, a través de la influen-
cia de la Masonería, que es reconciliable con la mejor política,
se evitan todas las disputas que amargan la vida y agrian los
ánimos de los hombres; mientras que el bien común, el objeto
24
general, está celosamente fruncido. sus opiniones especulativas
privadas se dejan a Dios y a él mismo. Por lo tanto, a través de
la influencia de la Masonería, que es reconciliable con la me-
jor política, se evitan todas las disputas que amargan la vida y
agrian los ánimos de los hombres; mientras que el bien común,
el objeto general, está celosamente fruncido.

Desde esta vista de nuestro sistema, su utilidad es suficiente-
mente obvia. Los principios universales del arte se unen, en un
vínculo de afecto indisoluble, hombres de los más opuestos, de
los países más distantes y de las opiniones más contradictorias;
por lo tanto, en todas las naciones, un masón puede encontrar
un amigo, y en cada clima un hogar.

Tal es la naturaleza de la institución, que en una Logia, la unión se
cimienta por el apego sincero, y el placer se comunica recípro-
camente en las alegres observancias de cada oficio servicial. La
virtud, el gran objeto a la vista, luminoso como el sol meridiano,
brilla resucitando en la mente, anima el corazón y aumenta la
aprobación fría en cálida simpatía y atención cordial.

Secta. 4 - Mampostería considerada bajo dos denominacio-
nes.

La masonería pasa bajo dos denominaciones, operativa y espe-
culativa. Con respecto a la primera, aludimos a una aplicación
adecuada de las útiles reglas de la arquitectura, de donde una
estructura deriva figura, fuerza y belleza, y de donde resulta
una proporción debida y una correspondencia justa en todas
sus partes. Con este último, aprendemos a dominar los patro-
nes, actuar sobre el cuadrado, mantener una lengua de buen
informe, mantener el secreto y practicar la caridad.

La Masonería especulativa está tan entretejida con la religión,
que nos obliga a pagar ese homenaje racional a la Deidad, que
a la vez constituye nuestro deber y nuestra felicidad. Lleva al
25
contemplativo a ver con reverencia y admiración las gloriosas
obras de la creación, y las inspira con las ideas más exaltadas
de la perfección del Creador divino, la Masonería operativa nos
proporciona viviendas y refugios convenientes de las inclemen-
cias de las estaciones; y aunque muestra los efectos de la sabi-
duría humana, tanto en la elección como en la disposición de los
materiales de los que está compuesto un edificio, demuestra lo
que un fondo de ciencia e industria se implanta en el hombre
para el mejor y más saludable, y fines benéficos.

El transcurso del tiempo, la implacable mano de la ignorancia
y las devastaciones de la guerra han destruido y destruido mu-
chos valiosos monumentos de la antigüedad, en los que se han
empleado los mayores esfuerzos del genio humano. Incluso el
templo de Salomón, tan espacioso y magnífico, y construido por
tantos artistas célebres, no escapó a los implacables estragos
de las fuerzas bárbaras. La Francmasonería, sin embargo, aún
sobrevivió. El oído atento recibe el sonido de la lengua instruc-
tiva, y los misterios sagrados se alojan con seguridad en el de-
pósito de los pechos fieles. Las herramientas e implementos de
la arquitectura, símbolos más expresivos, son seleccionados por
la fraternidad, para imprimir en la memoria verdades serias; y
así los excelentes principios de la institución se transmiten in-
tactos,

Secta. 5 - El gobierno de la fraternidad.

El modo de gobierno observado por la fraternidad dará la me-
jor idea de la naturaleza y el diseño del sistema masónico.

Se establecen tres clases entre los masones, bajo diferentes de-
nominaciones. Los privilegios de cada clase son distintos, y los
medios particulares adoptados para preservar esos privilegios
a los justos y meritorios. El honor y la probidad son recomenda-
ciones para la primera clase; en el que se impone la práctica de
la virtud y se inculcan los deberes de la moral, mientras la men-
26
te está preparada para un progreso regular en los principios del
conocimiento y la filosofía, la diligencia, la asiduidad y la apli-
cación son calificaciones para la segunda clase; en el cual se da
una elucidación precisa de la ciencia, tanto en la teoría como
en la práctica. Aquí la razón humana es cultivada por un debido
esfuerzo de los poderes y facultades intelectuales; teorías agra-
dables y difíciles son explicadas; se producen nuevos descu-
brimientos, y los ya conocidos están bellamente embellecidos.
La tercera clase está restringida a unos pocos seleccionados, a
quienes la verdad y la fidelidad han distinguido, a quienes los
años y la experiencia han mejorado, y a quienes el mérito y las
habilidades tienen derecho a ser preferidos. Con ellos se con-
servan los antiguos hitos de la Orden, y de ellos aprendemos
las lecciones necesarias e instructivas, que dignifican el arte, y
califican a sus profesores para ilustrar su excelencia y utilidad.

Este es el plan establecido del sistema masónico. Con este
acuerdo juicioso, se cultiva la verdadera amistad entre diferen-
tes rangos de hombres, se promueve la hospitalidad, se premia
a la industria y se alienta el ingenio

Secta. 6 - Razones por las cuales los secretos de la Masone-
ría no deben ser expuestos públicamente; y la importancia
de esos secretos demostrados.

Si los secretos de la Masonería están repletos de tal ventaja para
la humanidad, se puede preguntar, ¿por qué no se divulgan para
el bien general de la sociedad? A esto se puede responder; Si
los privilegios de la Masonería se dispensaran indiscriminada-
mente, la institución sería subvertida; y estar familiarizado, al
igual que otros asuntos importantes, perdería su valor y caería
en la indiferencia.

Es una debilidad en la naturaleza humana, que los hombres en
general están más encantados con la novedad, que con el valor
intrínseco de las cosas. Innumerables testimonios podrían ser
27
aducidos para confirmar esta verdad. Las más maravillosas ope-
raciones del Artífice Divino, sin embargo, hermosas, magníficas
y útiles, son pasadas por alto, porque son comunes y familiares.
El sol sale y se pone, el mar fluye y se refluye, los ríos se desli-
zan a lo largo de sus canales, los árboles y las plantas vegetan,
los hombres y las bestias actúan, pero esto pasa desapercibido.
Las producciones más asombrosas de la Naturaleza en la misma
cuenta escapan a la observación y no despiertan ninguna emo-
ción, ya sea en admiración de la gran causa o de gratitud por
la bendición conferida. Incluso la Virtud misma no está exenta
de este desdichado prejuicio en el marco humano. La novedad
influye en todas nuestras acciones y determinaciones. Qué es
nuevo, o difícil en la adquisición, sin embargo, insignificante o
insignificante, capta fácilmente la imaginación y garantiza una
admiración temporal; mientras que lo que es familiar, o fácil de
alcanzar, sin embargo, noble o eminente, seguramente será ig-
norado por el vertiginoso y el irreflexivo.

Si la esencia de la masonería consiste en el conocimiento de
secretos particulares o formas peculiares, podría alegarse que
nuestras diversiones fueron insignificantes y superficiales. Pero
este no es el caso. Estas son las claves de nuestro tesoro y se
preserva su uso, mientras que de la recolección de las lecciones
que inculcan, el Masón bien informado deriva la instrucción; los
lleva a una inspección cercana; él los ve a través de un medio
apropiado; él se refiere a la circunferencia que les dio lugar; y él
se detiene en los principios que transmiten. Al encontrarlos re-
pletos de información útil, los considera sagrados; y convencido
de su corrección, estima su valor a partir de su utilidad.

Muchas personas se dejan engañar por la vaga suposición de
que nuestros misterios son meramente nominales; que las prác-
ticas establecidas entre nosotros son frívolas; y que nuestras ce-
remonias pueden ser adoptadas, o agitadas, a placer. Sobre esta
base falsa, los encontramos apresurándose a través de todos los
grados de la Orden, sin advertir la conveniencia de un paso que
28
persiguen, o que poseen un único requisito de calificación para
el avance. Pasando a través de las formalidades habituales, se
consideran habilitados para ser maestros del arte, solicitar y
aceptar cargos, y asumir el gobierno de logias, por igual y asu-
mir el gobierno de logias, igualmente desconocedoras de las
reglas de la institución que pretenden apoyar, o la naturaleza de
la confianza depositada en ellos. Las consecuencias son obvias;
anarquía y confusión, y la sustancia queda en la sombra. Por lo
tanto, los hombres eminentes de habilidad, rango y fortuna, a
menudo son conducidos a ver los honores de la Masonería con
tal indiferencia, que cuando se solicita su patrocinio, aceptan
oficinas con renuencia, o los rechazan con desdén.

La masonería ha trabajado durante mucho tiempo bajo estas
desventajas, y cada amigo celoso de la Orden debe desear fer-
vientemente una corrección del abuso. En los últimos años debe
reconocerse que las Logias están, en general, mejor reguladas,
y los buenos efectos de dicho gobierno se muestran de mane-
ra suficiente en la debida observancia de las reglamentaciones
generales.

Si hubiera hermanos que presidieran Logias, debidamente ins-
truidos antes de su nombramiento, y regularmente informados
de la importancia de sus respectivas oficinas, una reforma ge-
neral se llevaría a cabo rápidamente. Esto establecería la co-
rrección de nuestro gobierno y haría que los hombres lo reco-
nozcan; que nuestras horas fueron conferidas merecidamente.
Hasta que las acciones prudentes distingan nuestro título de
los honores de la Masonería, y nuestro comportamiento regular
muestre la influencia y la utilidad de nuestras reglas, el mundo
en general no será conducido a conciliar nuestros procedimien-
tos con los principios de la profesión.

Secta. 7 - Pocas Sociedades exentas de censura. Irregulari-
dades de los masones sin argumento en contra de la Insti-
tución.
29
Entre las diversas sociedades de hombres, pocos, si alguno, es-
tán totalmente exentos de censura. La amistad, por muy valiosa
en sí misma, aunque universal en sus pretensiones, rara vez ha
operado tan poderosamente en asociaciones generales, como
para promover ese apego sincero al bienestar y la prosperidad
de los demás, que es necesario para constituir la verdadera fe-
licidad. Esto puede atribuirse a diversas causas, pero ninguna
con más propiedad, que a los motivos reprensibles que con de-
masiada frecuencia conducen a los hombres a una participa-
ción de entretenimiento social. Si pasar una hora de inactividad,
obligar a un amigo, o probablemente satisfacer una indulgencia
irregular, ser nuestro único aliciente para mezclarnos en com-
pañía, es sorprendente que se descuiden los importantes de-
beres de la sociedad, y que, en la rápida circulación del vaso
alegre.

Es una verdad obvia, que los privilegios de la masonería han
sido prostituidos durante mucho tiempo por consideraciones
indignas, y por lo tanto sus buenos efectos no han sido tan no-
torios. Muchos han inscrito sus nombres en nuestros registros
con el simple propósito de ser cordiales, sin indagar sobre la
naturaleza de los compromisos particulares a los que están su-
jetos al convertirse en masones. Varios han sido motivados por
motivos de interés, y muchos han sido introducidos para satisfa-
cer una curiosidad ociosa, o para agradar como buenos compa-
ñeros. Un odio general, o al menos una indiferencia descuidada,
ha sido el resultado de tal conducta. Pero el mal no se detiene
aquí. Las personas de la descripción, ignorantes de la verdade-
ra naturaleza de la institución, probablemente sin ningún de-
fecto real en la propia moral, son inducidas a recomendar otras
del mismo tipo, unirse a la sociedad con el mismo propósito.
De ahí que el verdadero conocimiento del arte decrece con el
aumento de sus miembros; la parte más valiosa de la Masonería
se convierte en ridículo; mientras que la disipación del lujo y la
intemperancia entierran los principios del olvido que podrían
haber dignificado a los personajes más exaltados.
30
Cuando consideramos la variedad de miembros de la que se
compone la sociedad de los masones, y el pequeño número que
está realmente familiarizado con los principios de la institución,
no podemos sorprendernos de que tan pocos se distingan por
vidas ejemplares. De las personas que se introducen precipita-
damente en los misterios del arte sin las calificaciones reque-
ridas, no se puede esperar que se preste mucha atención a la
observancia de los deberes que perciben como abiertamente
violados por la propia institución; y es una verdad incontrover-
tible; que tal es el desánimo infeliz en la disposición de algunos
hombres, aunque las ideas más bellas y justas quedaron impre-
sas en la mente, son tan descuidadas con su propia reputación
como para ignorar las lecciones más instructivas. Tenemos mo-
tivos para lamentar, que incluso las personas que se distinguen
por su conocimiento en el arte, con demasiada frecuencia son
inducidas a violar las reglas a las que una aparente conformi-
dad les ha ganado el aplauso.

La hipocresía pronto se revela: tan pronto como se liberan de
las trabas, como ellos conciben, de una conducta regular y vir-
tuosa en el gobierno de la Logia, que, abusando indebidamente
de la comida inocente y alegre, se vuelven esclavos del vicio
y la intemperancia, y no solo se deshonran a sí mismos, sino
que reflejan deshonor en la fraternidad. Por tal indiscreción, lo
mejor de la institución es despreciado, y la parte más merece-
dora de la comunidad concibe justamente un prejuicio contra
la sociedad, de la cual siempre es difícil borrar la impresión.
Con demasiada frecuencia se los induce a violar las reglas a
las que una aparente conformidad les ha ganado el aplauso. La
hipocresía pronto se revela: tan pronto como se liberan de las
trabas, como ellos conciben, de una conducta regular y virtuo-
sa en el gobierno de la Logia, que, abusando indebidamente
de la comida inocente y alegre, se vuelven esclavos del vicio
y la intemperancia, y no solo se deshonran a sí mismos, sino
que reflejan deshonor en la fraternidad. Por tal indiscreción, lo
mejor de la institución es despreciado, y la parte más merece-
31
dora de la comunidad concibe justamente un prejuicio contra
la sociedad, de la cual siempre es difícil borrar la impresión.
Con demasiada frecuencia se los induce a violar las reglas a
las que una aparente conformidad les ha ganado el aplauso. La
hipocresía pronto se revela: tan pronto como se liberan de las
trabas, como ellos conciben, de una conducta regular y virtuosa
en el gobierno de la Logia, que, abusando indebidamente de
la comida inocente y alegre, se vuelven esclavos del vicio y la
intemperancia, y no solo se deshonran a sí mismos, sino que re-
flejan deshonor en la fraternidad. Por tal indiscreción, lo mejor
de la institución es despreciado, y la parte más merecedora de
la comunidad concibe justamente un prejuicio contra la socie-
dad, de la cual siempre es difícil borrar la impresión como ellos
conciben, de una conducta regular y virtuosa en el gobierno de
la Logia, que, abusando indebidamente de la comida inocente
y alegre, se vuelven esclavos del vicio y la intemperancia, y no
solo se deshonran a sí mismos, sino que reflejan deshonor en la
fraternidad.

Pero si algunos transgreden, ningún hombre sabio argumentará
en contra de toda la fraternidad por los errores de unos pocos
individuos. Si las perversas vidas de los hombres fueran admi-
tidas como un argumento en contra de la religión que ellos pro-
fesan, el más sabio, el establecimiento más sabio y más juicioso,
podría ser expuesto a la censura. Puede afirmarse a favor de
la Masonería, que cualesquiera imperfecciones que se encuen-
tren entre sus profesores, la institución no admite ninguna des-
viación de las reglas de la razón correcta. Aquellos que violan
las leyes, o infringen el buen orden, son amablemente amones-
tados por los monitores secretos; y cuando estos no tienen el
efecto deseado, la reprensión pública se vuelve necesaria; al
final, cuando todo esfuerzo leve para efectuar una reforma es de
utilidad, son expulsados de la Logia, como miembros no aptos
de la sociedad.

Ven, por lo tanto, es cada conjetura ociosa contra el plan de
32
nuestro gobierno; Si bien nuestras leyes están respaldadas ade-
cuadamente, serán una prueba contra cada ataque de nuestros
enemigos más inveterados. Los hombres no son conscientes
de que, al censurar cualquier sistema loable, se apartan de la
dignidad de la naturaleza humana misma, y de ese buen orden
y sabia disposición de las cosas, que el Todopoderoso Autor
del mundo ha enmarcado fuerte gobierno de la humanidad, y
establecido como la base del sistema moral. La amistad y las
delicias sociales nunca pueden ser objeto de reproche; ni esa
sabiduría que el Tiempo canoso ha santificado, puede ser ridi-
culizada. Quien intente censurar lo que no comprende, se de-
grada a sí mismo; y el corazón generoso siempre será llevado a
compadecer los errores de tales presunciones ignorantes.

Referencias

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played.htm
El siglo 18 el siglo de las luces, http://www.archivosgenbriand.com/18th-
century.html
HHOB
33
LA VERDAD DE CA
Marino de Arm
34
AIN A TUBALCAIN
mas Benitez 33° 35
…La verdad en ocasiones es simple, esto no significa que deba-
mos dejar de decirla recurriendo a mentiras cómodas…

Normalmente en la medida que un francmasón avanza en sus
estudios surgen diversos debates existenciales en su mente,
uno de ellos Fe - Razón y Verdad. La fe es la creencia personal
en la existencia de un ser superior, en nuestro caso le llamamos
Gran Arquitecto del Universo no porque sea Dios en diversos
idiomas como comúnmente muchos dicen; la realidad es que no
sabemos el verdadero nombre de ese Principio Creador. ¿De
qué creador hablamos, de uno o varios? La francmasonería es
monoteísta de ello estamos claro ¿Ese creador que buscamos,
aparece en la biblia? Los masones juran sobre la biblia ¿Por fe
o por ser una ley? Si la razón es la capacidad de la mente para
establecer relaciones entre ideas o conceptos y realizar juicios
de valores; entonces cuan verdadera es la frase…La biblia se
emplea en la masonería, porque en ella encontramos una ver-
dad revelada…

La biblia alude pero no nombra, ese creador al que los masones
llaman Gran Arquitecto del Universo Gen 3:22…He aquí el hom-
bre es como uno de nosotros…esta frase ratifica la presencia de
uno o varios creadores en el principio de los tiempos; otra in-
terpretación creacionistamente hablando seria la existencia de
un creador, creaciones de primer nivel con facultades similares
a las del creador e información privilegiada; y el hombre como
creación de segundo nivel sin privilegios otorgados. ¿Para qué
se crea al ser humano? para servir, un ensayo o para poblar un
área ¿Cuál será el principio creador, buscado por los masones?
36
el creador, o la creación de primer nivel que le concede y otor-
ga al hombre el privilegio del conocimiento, negado en el mo-
mento de su creación. El Edén no era tan grande como algunos
piensan, geográficamente hablando podríamos compararlo con
una pequeña reserva natural dentro del globo terráqueo o un
grano de arena en una playa.

El ser humano fue creado, pero evoluciono acorde a su personal
conciencia; esto define un creacionismo evolutivo basado en el
libre albedrio humano y una existencia independiente a la vo-
luntad de su creador. Entonces de que licencia dispuso para con
el diluvio hacer cumplir 2 Co 5:21…Al que no conoció pecado, le
hizo pecador por nosotros… fue la reacción ante un hecho que
escapaba a su control o tras reconocer lo imposible de hacer
cumplir su voluntad. El ser humano piensa, evoluciona y crea; la
historia demuestra que al esclavo podrán castigarlo incluso ma-
tarlo, pero defenderá su derecho a la libertad de pensamiento.
No cuestionaremos el uso de la biblia en los templos masónicos,
es ley para la regularidad masónica; pero empleando la liber-
tad de expresión y cátedra buscare la verdad basándonos en la
fe, la razón, la Biblia, la historia y la francmasonería.

Cuando visitamos una logia masónica observamos gran sim-
bología, es la forma de hablar y educar de la francmasonería.
37
Cuando escuchamos disertaciones referentes a dichas ale-
gorías, descubrimos la falta de instrucción existente en estos
tiempos. Si preguntásemos a un masón ¿Cuáles son las raíces
u orígenes de las columnas B y J de una logia? Todos citan al
Templo de Salomón, esta afirmación no es del todo correcta; los
orígenes de esos dos pilares ocurren siglos atrás.

Cuando estudiamos la ritualistica masónica constatamos que
los nombres bíblicos forman parte de las alegorías, enseñanzas
filosóficas y morales de los francmasones. Estos no solo aluden
a la seña de identidad de una persona, también apuntan a un
linaje con antepasados y descendientes. Tal es el caso de las
Columnas Masónicas, de Caín y su descendencia hasta Tubal-
caín este ultimo poco citado pero de gran relevancia. Si le dijera
que los orígenes de la masonería actual se encuentran en Caín
su descendencia y el libro de Génesis; seguramente sonrojaría.

Al intentar comprender el lugar que ocupan en la historia los
personajes bíblicos, debemos tener presente que…nunca po-
dremos entender el pasado, si lo miramos con los ojos del pre-
sente… por ello hemos de leer entre líneas, buscando el men-
saje oculto de cada oración. La biblia al ser leída produce esa
captación de mensajes que las personas religiosas toman como
guía en sus vidas, pero las metáforas son imágenes, conceptos
o ideas que guardan entre sí una relación sutil cuando aparecen
asociadas en un texto; por ello debemos tener claro que una
cosa es lo literal y otra lo metafórico ejemplo: - nacemos del
útero materno (Literal) / -La creación en siete días (Metafórico).

Otro aspecto interesante en el lenguaje bíblico es el uso del sí-
mil (cuando comparan dos cosas para crear un significado) por
ejemplo: al decir el hombre que ama la ley de Dios, lo compara
con un árbol. Pero cuidado un símil es una metáfora, pero no
todas las metáforas son símiles. Debiendo agregar que al leer la
biblia hayamos incoherencias y contradicciones en sus pasajes,
es un libro escrito por diversos autores en épocas muy alejadas
38
entre sí; por cuanto es un texto terrenal no divino. Cuando se
considera que algo constituye plan divino, significa que acep-
tamos la voluntad de ese creador; entonces debemos conside-
rar como correcto el holocausto producido con el diluvio Gen
7:23…Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tie-
rra, desde el hombre hasta la bestia… Sin embargo al profundi-
zar en esas contradicciones bíblicas, aportan luz y respuestas.

Para comprender el origen y genealogía de Tubalcaín, y su im-
portancia simbólica en la francmasonería; se hace necesario re-
mitirnos al Génesis llegando a Caín:

- En el inicio existían dos mujeres y un solo Adán: La prime-
ra mujer Lilith en igualdad de condiciones al hombre, ambos
a imagen de Dios (Gen 1:27); la segunda Eva dependiente del
hombre creada de la costilla de Adán (Gen 2: 22).
- Caín no era hijo de Adán: En (Gen 4:1)… Conoció Adán a su
mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín y dijo: Por voluntad
de Dios he adquirido varón… dentro del Edén; esto demues-
tra el origen celestial de Caín y que su descendencia hereda-
ría algo más que un simple ADN; ¿Quién era el padre? Por otra
parte el origen de Abel es terrenal, hijo de Adán y Eva según
(Gen 4:2), concebido fuera del Edén (Gen 3:24). Esto explica
que Caín era medio hermano de Abel (igual madre y diferentes
padres).
- El Edén tenía fronteras: El Edén era espacio de tierra determi-
nado (Gen 2:10-11-13-14) ubicado entre los ríos Pisón (Arabia),
Gihón (Karún en Irán), Hidekel (rio Tigris) y rio Éufrates. Estos
cuatro ríos confluyen en el Golfo Pérsico.
- Hechos ocurridos en rio Éufrates: Era una de las fronteras del
Edén (Gen 2:14); se construye la Torre de Babel, Cam hijo de
Noé tiene a Cus y este engendra a Nimrod (Gen 10:8-10 en Ba-
bilonia); surgen los idiomas (Gen 11:1, 7); es una de las fronteras
de Israel (Gen 15:18); el pueblo de Israel es deportado más allá
del Éufrates ( 1º Rey 14:15); en sus márgenes estaban atados los
ángeles caídos (Ap 9:14).
39
- Castigos a Adán: Lo convierte en ser mortal (Gen 3:19) y lo
expulsa del Edén (Gen 3:23)
- Castigos a Eva: La sumisión de la mujer (Gen 3:16), los maltra-
tos entre hombre y mujer (Gen 3:15) y la expulsa del Edén.
40
- Castigo a Caín: Lo convierte en ser inmortal (Gen 4:15); pero
quien sufre el castigo es la persona que intentase matar a Caín.
Pues un ser humano no puede matar, a quien fue creado por un
ser divino.
41
Católicamente hablando una condenación (maldición, casti-
go) es la perdida de privilegios o bendiciones, debido a des-
obediencia de los mandatos del Señor. Entonces ¿La eternidad
concedida a Caín, fue un castigo o una bendición? Téngase en
consideración que en Gen 6:3 se concede al hombre una longe-
vidad de 120 años y según los cálculos de científicos, la espe-
ranza de vida máxima de un ser humano es 115 años, a los que
llegaríamos deteriorados físicamente.

Según la biblia (Gen 4:16) Caín no fue expulsado del Edén, sale
por voluntad propia a la tierra de Nod (Tierra de los fugitivos);
donde conoce a su mujer y tienen su primer hijo Enoc (Gen
4:17). Sin lugar a dudas queda demostrada la existencia de se-
res humanos en otras partes de mundo fuera del Edén, esto con-
tradice la tesis creacionista y da fuerza a la evolucionista. ¿Quién
crea los seres humanos fuera del Edén? ¿El Edén era área de
ensayos? Según tesis creacionista los seres vivos surgen de un
acto creador realizado por un único creador, y el edén estaba
claramente delimitado según la biblia en Gen 2:10-11-13-14.
Cobrando sentido la tesis del Creacionismo Evolucionista don-
de los eventos de creación ocurrieron, pero no en un rango de
tiempo y de orden tal como nosotros lo conocemos; por cuanto
Adán no fue el primer ser humano biológico, pero sí el primer
ser espiritualmente consciente.

La tierra de Nod era un lugar con designación previa para Caín,
a orillas del Mar Rojo donde vivía Lilith primera mujer de Adán
que abandono voluntariamente el Edén uniéndose a Samael. Li-
lith fue conocida por las culturas hitita, egipcia, griega, hebrea y
romana; de este personaje encontramos referencias en la tradi-
ción judía (Talmuh), en el poema épico de Gilgamesh (Tablilla
XII) y la Biblia de Jerusalén (Isaías 34:14)…Los gatos salvajes
se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí
reposará Lilith y en él encontrará descanso…

El linaje de Caín y su mujer en la tierra de Nod, lo encontra-
42
mos en Génesis 4:17-22: Enoc- Irad- Mehujael- Metusael- Lamec
quien se une a dos mujeres una llamada Ada madre de Jabal
y Jubal, otra llamada Zila madre de Naamah y Tubalcaín quien
se convierte en Rey de Ur (Antigua ciudad sumeria de la Baja
Mesopotamia llamada Ur de los caldeos) lugar de origen del
patriarca Abraham.

Tal vez los seres celestiales y los humanos no sean tan diferen-
tes, pues las reglas del cielo o el infierno están basadas en el
subconsciente humano y lo que crea que se merece. Al no con-
tar la verdad, quitamos una opción elegible a las personas; el
único plan celestial son las elecciones y decisiones que toma-
mos, aquí mismo y ahora. Nos han contado en Gen 6:18 que en
el diluvio solo se salvan descendientes de Set con sus esposas;
y Génesis del Midrash 23:4 afirma que Naamah hermana de
Tubalcaín era la esposa de Noé y madre de Sem, Cam y Jafet.
Esto revela el origen de las dos columnas masónicas.

Veamos los antiguos documentos masónicos sobre este parti-
cular. El Manuscrito Cooke (1410) nos explica dos aspectos im-
portantes para la francmasonería:
43
Primero: los creadores de las dos columnas masónicas fueron
los descendientes de Caín salvando el conocimiento de la hu-
manidad, no surgen con el Templo de Salomón.

Segundo: la descendencia de Caín fue la descubridora e inicia-
dora de la francmasonería, la primera gran obra fue la ciudad
de Enoc.

Manuscrito Cooke: …En la descendencia directa de Adán, en la
séptima generación vivía un hombre llamado Lamec que tenía dos
esposas llamadas Ada y Zila, la primera esposa Ada tuvo dos hi-
jos llamados Jubal y Jabal fue el primer hombre que descubrió la
geometría y la masonería llamado en la Biblia Pater habitancium
in tentoris atque pastorum, es decir el padre de todos los hombres
que viven en tiendas de campaña. Era el maestro masón de Caín
y gobernador de todas sus obras cuando construyó la ciudad de
Enoc, que fue la primera ciudad que se construyó y fue construida
por Caín el hijo de Adán, que se la dio a su propio hijo Enoc…Con
su otra esposa Zila, tuvo un hijo y una hija y se llamaban Tubalcaín
el hijo y la hija Naamah de acuerdo con el Polychronicon ella
era la esposa de Noé. Deberían entender que este hijo Tubalcaín
fue el fundador de la artesanía del herrero y de otras artesanías
relacionadas con metales como hierro, bronce, oro y plata como
dicen algunos escritores doctos; y su hermana Naamah descubrió
el oficio de tejer…Le pidieron a su hermano mayor Jabal que hi-
ciera dos pilares de piedras, es decir de mármol y de Latrus, y
que escribiera en los dos pilares todas las Ciencias y Oficios que
habían encontrado, y así lo hizo. Por lo tanto, podemos decir que
él fue el más sabio en la Ciencia, porque comenzó y llevó a cabo
su propósito antes del diluvio de Noé…

La información bíblica y documentos masónicos no se contra-
dicen, entonces ¿Cómo se descubren, porque se construyen y
quienes grabaron los pilares del conocimiento?

Antecedentes: La descendencia de Caín (Jabal, Tubalcaín y
44
Naamah) sabían con antelación del castigo que dios impondría;
gravan en dos pilares el conocimiento por ellos descubierto;
el diluvio según Gen 7:24 dura 150 días (5 meses); Sem hijo de
Noé descubre los pilares y Hermes enseña ese conocimiento
a los hombres. En 1 Re 7:14…el rey Salomón hizo venir de Tiro
a Hiram, que trabajaba el bronce e hizo toda su obra. Y levanto
dos columnas…

Hecho: El conocimiento logra sobrevivir gracias a Naamah que
avisa a sus hermanos las intensiones de dios, ella cincelo la
ciencia del tejido en los pilares; era hermana de Tubalcaín, es-
posa de Noé y madre de Sem.

¿Ante tanta evidencia, podría negar que la arquitectura, oficio
de la cantería, Arte Real o Francmasonería surjan con Caín, la
ciudad de Enoc, continuada con la construcción de la Torre de
Babel? Hay un aspecto que no debemos pasar por alto quienes
afirmen…en la biblia encontramos una verdad revelada…En
ella por primera vez en la historia de la humanidad, se funda-
menta la discriminación racial y se aprueba la esclavitud Gen
9:18-26-27. Por esto y más solo la verdad os hará libres, Veritas
Liberabit Vos.

Conclusión:

- El uso del nombre Tubalcaín en la masonería actual, alude a
la imperfección del Maestro Mason expuestas en Manuscrito
Cooke, Dowland y Leyenda de la Fraternidad; a través de la fra-
se: (Struo Tumulum) yo preparo mi sepulcro; estoy bajo la som-
bra de la muerte, con la siguiente enseñanza: Los descendientes
de Caín sabían lo inminente de su muerte, por ello grabaron el
conocimiento adquirido en dos columnas; para que no se per-
diera y aquel desconocido elegido se encargara de transmitirlo
a las nuevas generaciones. De ese modo la tradición, el secreto
del Arte Real y sabiduría del primer francmasón de la tierra
nunca morirá. Este es el espíritu de la masonería, Caín y su des-
45
cendencia fueron condenados por su imperfección y lo acepta-
ron; pero sus conocimientos serán eternos.
- La Biblia fue escrita por varios autores con diferencias en el
tiempo (momento que ocurren los hechos a período que fueron
escritos); reconocemos que posee discordancias por cuanto es-
tamos ante un texto terrenal que responde a las intenciones de
sus escritores no al plan divino de un creador.
- Basándonos en la frase…la Biblia es el volumen de la ley sagra-
da, pues contiene una verdad revelada… ¿Cuál es la verdad? La
existencia de un creador temeroso de su propia creación Gen
3:22 y Gen 11:6. Reconocer que lo creado esta a igual nivel que
el creador y la existencia de varios creadores con igualdad je-
rárquica. Gen 3:22…He aquí el hombre es como uno de noso-
tros, sabiendo el bien y el mal…
- Seguramente pocos francmasones en estos tiempos se pregun-
tan ¿Por qué el Salmo 133, es tan importante en la masonería?
Alguno dirá, somos hermanos es el cantico al amor fraternal;
otros dirán, es el cantico gradual de David. Queridos hermanos
lo que no se dice en la logia, lo que vemos y oímos es la mitad
de lo que existe:
- El Monte Hermon lugar sagrado para los Cananeos (Cam hijo
de Noé y Naamah). También lugar sagrado para los hebreos,
después que invadieron Canaán (1400 a.C.)
-En el Monte Hermon descendieron 200 Ángeles Caídos, donde
juraron ejecutar su destino (Henoch 6:4). El Libro de Enoc es sa-
grado en la Iglesia ortodoxa etíope, pero considerado apócrifo
por la iglesia católica.
- Los ángeles fueron creados cuando comenzó el tiempo prime-
ros en la escala de las criaturas, en otra época se consideraban
a los ángeles como dioses; los seres humanos se crearon poste-
riormente son segundos en la escala de las criaturas e inferio-
res a los ángeles (Sal 8:6 / Concilio de Letrán 1215).
- Los ángeles caídos eran más antiguos y de jerarquía celestial
(Jer 2:20), por ello se niegan a reverenciar al hombre; surgiendo
una batalla motivo por la cual bajan a la tierra (Ap 12:7).
- Al perder sus alas los ángeles caídos, quedaron abandonados
46
en la Tierra durante muchas generaciones hasta que ascendie-
ron por la escalera de Jacob (Gen 28:12). Masónicamente la
escalera de Jacob tiene siete peldaños, es símbolo de la pro-
gresión del masón. Se asciende en busca del saber del mundo
divino y se desciende en busca del conocimiento oculto. ¿Quié-
nes enseñaron al hombre las ciencias y artes? Los Ángeles Caí-
dos.
- Geográficamente el Monte Hermón es frontera de Israel, Líba-
no y Siria. Según la biblia en Dt 4:48…el Monte de Sión, que es
el Hermón… Gematricamente Jerusalén (Shalem) posee un va-
lor de 616= 13= 4; Semyazza (ángel caído) tiene valor de 373=
13= 4. Dice la biblia en Gen 14:18…Melquisedec rey de Salem,
sacerdote del Altísimo…

Invitándoles a una meditación final:…Si todos tenemos igual pa-
labra, signo y toque ¿Que nos diferencia a unos de otros?... El
uso de la Biblia o algo más que no se atreven, no saben o no
quieren decir. En un mundo globalizado la manipulación de la
información, es el mecanismo que mantiene a las masas escla-
vas de los intereses de una minoría.

47
EL PRIMER MASON E
Octavio Casa-

48
EN EL SUELO LUNAR
-Madrid Mata

La misión del Apolo 11 fue, y será
siempre, «un símbolo de la insa-
ciable curiosidad del hombre para
explorar lo desconocido».
Buzz Aldrin

49
INTRODUCCIÓN

Para algunos la llamada carrera espacial, fue simplemente una
fase más de la “guerra fría”, o un logro del país norteamericano;
sin embargo, ni con mucho son valederos tales criterios sim-
plistas; es mucho más que eso. Se trata de uno de los grandes
acontecimientos de la Historia; además de un modelo o para-
digma benéfico para la Humanidad, a ella se deben diversos
adelantos, que hoy son observables, y si bien ha sido amplia-
mente criticada por diversos sectores; para algunos, incluido el
autor de estas líneas, es un ejemplo saludable del cómo puede
desarrollarse la investigación científica y tecnológica, en un es-
cenario, si bien competitivo, prácticamente innocuo.

En efecto, habitualmente el desarrollo científico ha estado aso-
ciado a la guerra. La industria del holocausto, además del costo
en vidas, ha sido ampliamente rentable desde el plano dinera-
rio. Algunos datos son por demás elocuentes:

• Solamente en el siglo XX fueron sacrificadas más de 100 millo-
nes de víctimas a la guerra.

• En cambio, los recursos dedicados a la investigación médica
en el mundo entero constituyen tan solo una quinta parte de los
dedicados a la investigación y el desarrollo militares.

• La organización mundial de salud (OMS) destinó alrededor de
83 millones de dólares en un lapso de 10 años, a eliminar la
viruela en el mundo. Esa suma, sin embargo, solo bastaría para
comprar un solo bombardero estratégico moderno.

• El programa de la OMS para eliminar el paludismo en el mun-
do, cuyo costo aproximado se ha estimado en 450 millones de
dólares, avanza lentamente debido a la falta de fondos. Sin em-
bargo, su costo total hasta ahora representa solo la mitad de lo
que se gasta cada día para fines militares y solo una tercera par-
50
te de lo que se gastará únicamente para la adquisición de cada
nuevo submarino con proyectiles nucleares “Trident”.

A diferencia de lo anterior, y si bien la derrama económica para
la conquista del espacio extraterrestre no ha sido exigua, (se-
gún el historiador Ricardo Artola, el costo total del programa
que puso al hombre en la luna, ascendió a 25,000 millones de
dólares de la época; es decir, el 30 % de la renta española en
1,965, o 1.7 veces el gasto del Estado Español en ese año) los
beneficios colaterales para la humanidad han sido inconmensu-
rables, y por supuesto ampliamente rentables.

En efecto, las aplicaciones de la tecnología espacial en la vida
cotidiana no se han reducido a la ingeniería aeroespacial. Los
efectos de esta carrera se extendieron más allá de la cohetería,
la física y la astronomía; han trascendido hacia campos tan di-
versos como la economía familiar y del consumo, los estudios
de defoliación forestal, y van desde los alimentos desecados y
precocinados; el teflón que se aplica en las sartenes; la ropa
que permanece seca; las gafas de esquí antiniebla; los relojes
de cuarzo; los satélites, las comunicaciones, la telefonía celular,
la electrónica, etc.

Se ha afirmado que esta carrera incidió en la propia manera en
que los estudiantes se aproximan a la ciencia. La carrera hacia
el espacio llevó a los legisladores y los educadores a aplicar un
mayor énfasis en las matemáticas y la física en las escuelas de
los EEUU.

El National Defense Education Act de 1,958 aumentó los fon-
dos para conseguir estos objetivos desde la educación prima-
ria hasta el nivel de posgrado. En la actualidad, más de 1,200
institutos de EEUU conservan sus planetarios, una situación sin
parangón en otro país del mundo y una consecuencia directa
de la carrera espacial. Hoy orbitan la Tierra más de mil saté-
lites artificiales, que retransmiten comunicaciones alrededor
51
del planeta y facilitan la medición del clima, la vegetación y los
movimientos humanos. Además, y según hemos señalado, gran
parte de la microtecnología de nuestras las actividades diarias,
son derivadas de esta carrera.

Pero no son solamente los adelantos tecnológicos los beneficios
colaterales; se ha dicho, por ejemplo, que la selección del Brasil
que obtuvo el campeonato de futbol en 1,970, recibió un entre-
namiento semejante al del programa espacial y esto benefició
su rendimiento atlético. No es por tanto, deleznable el criterio
de Neil Armstrong, cuando expresaba las palabras vicarias am-
pliamente conocidas: “Este es un pequeño paso para el hombre
y un gran salto para la humanidad”. Valga decir que la construc-
ción de una nave espacial, supone el desarrollo de la tecnología
necesaria para ensamblar alrededor de seis millones de piezas;
piezas y ensamblaje que deben poseer una fiabilidad del 99%.
(Es decir, prácticamente sin índice falla).

A diferencia del escenario bélico, inútil y perverso por todos
conceptos, la pérdida de vidas en la carrera espacial, sin duda
lamentable (y de eso nos hacemos cargo) ha sido mínima; y este
es otro dato que justifica la axiología del proyecto espacial.

Para algunos, sin embargo, es un esfuerzo inútil pues, según
esto, y entre otros argumentos, los esfuerzos de la conquista es-
pacial en sí mismos, no se han traducido en el desarrollo de
nuevos territorios. Sin embargo, estamos ciertos que eso será
simplemente cuestión de tiempo, aun cuando sea a largo plazo.

Es altamente probable que el autor de estas líneas, al igual que
buena parte de nuestra generación no lleguemos a verlo, pero
sin duda esto habrá de lograrse. Máxime que la explosión de-
mográfica, la escasez de recursos no renovables, y el deterioro
ecológico harán imperiosa la búsqueda de habitat en el exte-
rior. Esto no es materia de la ciencia ficción. (Como no lo son
innumerables acontecimientos científicos cuyo solo enunciado
52
podría asombrar a los más críticos, tanto como antaño se asom-
braron nuestros abuelos ante los clásicos relatos del Fausto,
Frankenstein, o la Isla del Doctor Moreau.)

Pero hay algo más, sin duda la llegada del hombre a la luna,
marcó las vidas de los 600 millones de personas que tuvimos
la oportunidad de ver la transmisión en directo. Para nosotros
esto representó una verdadera revolución y sin duda fue un ele-
mento que modeló nuestra mentalidad. En cambio, para la ge-
neración del internet, es parte de su modo de vida desde su
nacimiento; así, presenciar en vivo y directo la transmisión de
un partido de futbol, desde otro continente, que en los sesentas
supuso una revolución, hoy día es parte de un servicio cotidia-
no. Este cambio de mentalidad arroja elementos de importancia
sociológica, y sin duda supone todo un reto para las disciplinas
destinadas al estudio de la consciencia y la regulación del com-
portamiento: la Filosofía; la Bioética, la Psicología y el Derecho,
por citar sólo algunas, tienen ante sí las enormes aporías de
plantear cómo debe ser la nueva moralidad, cómo debe respe-
tarse el “derecho ajeno” y cómo han de asimilarse los resulta-
dos de la investigación científica, pues el planteamiento central
es que los beneficios de los nuevos hallazgos deben ser para
toda la Humanidad, y no sólo a favor de grupos privilegiados.
Estos planteamientos, han impactado igualmente a la Francma-
sonería misma, (destinada al estudio de las Disciplinas Éticas,
la Tolerancia, y el Cosmopolitismo) especialmente en tanto que
diversos de sus integrantes, han sido protagonistas de los acon-
tecimientos. En efecto, mentalidades como las de nuestros her-
manos Santiago Ramón y Cajal (uno de los padres de las Neu-
rociencias); Fleming (en el ámbito de la antibiótico-terapia) etc.
han aportado los primeros criterios, sin embargo, resta mucho
por decir.

Bajo el tenor expuesto, en esta ocasión habremos de referirnos
a la obra de los hermanos que hicieron posible la llegada del
hombre a la luna, y en especial a Buzz Aldrin, el segundo ser hu-
53
mano que tuvo el privilegio de pisar la Luna. Esperamos que su
historia, más allá de lo anecdótico, o de la remembranza, sirva
de ejemplo, para una Humanidad que sin duda en estos tiempos
debe ser tributaria de los Buenos Oficios de la Orden del Arte
Real.

LOS MASONES EN LA CARRERA ESPACIAL.

Antes de iniciar este apartado, es imprescindible destacar la
notable investigación del periodista y escritor Gabriel Muscillo
y debemos ver su trabajo “La masonería en la Luna” ampliamen-
te difundido en internet, en el cual precisa los hechos rigurosa-
mente históricos, destierra la leyenda urbana y enfrenta la ima-
ginación de los “conspiranoicos”, amén de las truculentas sagas
observables en los medios. Su espléndida publicación ha sido
una de nuestras fuentes de consulta, su trabajo ha sido contras-
tado con el resto de referencias que citamos al final de la pre-
sente nota, y merece una mención especial a razón de tratarse
de un trabajo original, para el cual fueron consultadas por su
autor fuentes de primera mano).

Habitualmente se ha centrado la atención en las figuras de Neil
Armstrong (el primer hombre que deambuló en la Luna) y de
Buzz Aldrin, el primer francmasón en ella. Sin embargo, y a fin
de plantear objetivamente los hechos, es necesario presentar la
lista completa de astronautas estadounidenses de filiación ma-
sónica que participaron en la llamada “carrera espacial”:

1. Coronel Edwin E. Aldrin Jr. (USAF), Logia Clear Lake N° 1417,
Texas.
2. Coronel Leroy Gordon Cooper Jr. (USAF), Logia Carbondale
N° 82, Colorado.
3. Teniente Coronel Don F. Eisele (USAF), Logia Luther B. Turner
Nº 732, Columbus, Ohio.
4. Teniente Coronel Virgil L. Grissom, Logia Mitchell, Indiana.
5. C. F. Kleinknecht, Logia Fairview Nº 699, Fairview, Ohio.
54
6. Edgar D. Mitchell, Logia Artesia N° 28, Artesia, Nuevo México.
7. Capitán Walter M. Schirra Jr., Logia Cañaveral Nº 339, Cocoa
Beach, Florida.
8. Coronel Thomas P. Stafford, Logia Western Star Nº 138, Wea-
therford, Oklahoma.
9. James Irwin, Logia Tejon N° 104, Colorado Springs.
10. Comandante Paul J. Weitz, Logia Nº 708, Erie, Pennsylvania.
11. James Edwin Webb, Logia Oxford Nº 122, Oxford, North Ca-
rolina.
12. John Glenn, Logia Concord N° 688, New Concord, Ohio.
(Quien fue seleccionado como uno de los pioneros para el pro-
grama Mercury, en 1,959).

Glenn describió la primera órbita alrededor de la Tierra en
1,962. Entonces no se había iniciado; sin embargo, 36 años des-
pués, Glenn volvió al espacio en el Discovery, fecha en la cual
ya era francmasón.

Se dice que Leroy Gordon Cooper llevó consigo, a bordo del
Géminis 5, la joya oficial del Grado 33° y un banderín de su
Logia.

En el mismo sentido, presentamos un listado de astronautas es-
tadounidenses cuyos padres eran o son masones:

• Neil Armstrong.
• Allan Sheppard.
• Vance Brand.
• John Glenn.
• Anthony England.
• William Pogue.
• Edgar Mitchell.

Otro masón destacado que participó en el programa, lo fue el
responsable de la NASA durante el Programa Apolo, C. Fred
Kleinknect, quien fue Soberano Gran Comendador del Supremo
55
Consejo del Grado 33º en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado,
Distrito Sur de los EEUU, durante dieciocho años. Se retiró en el
año 2,003.

Respecto del hoy fallecido Neil Armstrong, nunca fue iniciado,
si bien era hijo de un activo masón, el hermano Stephen Koenig
Armstrong, auditor del Estado de Ohio y también miembro del
Club de Leones de Wakaponeta, su ciudad de residencia.

Esto es sin duda el origen de la confusión (o si se quiere de la
leyenda urbana) Armstrong, interrogado al respecto, negó re-
petidamente su militancia en la Francmasonería.

Seis de los diez astronautas con filiación masónica reconocida,
formaron parte del Proyecto Apolo. Además de Aldrin, por su-
puesto, fueron ellos:

• Virgil “Gus” Grissom, del Apolo I, quien desafortunadamente
perdió la vida en su misión;
• Don Eisele y Walter Schirra, del Apolo 7;
• Thomas Stafford, que participó de Apolo 10 y, en 1975, de la
última misión del Proyecto, Apolo 18, que culminó acoplándose
en pleno espacio exterior con una cápsula soviética Soyuz.

La lista de astronautas masones (o por lo menos, de pública per-
tenencia a la Orden) la cierra, hasta el momento, Paul J. Weitz,
tripulante del Skylab 2 y miembro activo de la Logia Lawrence
(Erie, Pennsylvania).

Otro punto de importancia, se refiere a quiénes de nuestros her-
manos lograron la proeza de pisar la luna, fueron tres: el multici-
tado Edwin Aldrin, además de los hermanos Edgar D. Mitchell,
el 5 de febrero de 1,971, tras ser conducido hasta allí a bordo
del Apolo 14. Mitchell forma parte de la logia Artesia, de la ciu-
dad del mismo nombre en Nuevo México. Unos meses después,
el 26 de julio, James Irwin, integrante de la misión Apollo XV, se
56
convirtió en el tercer y último masón que visitó nuestro satélite.
Su nombre figura entre los miembros de la logia Tajon, en Co-
lorado Springs.

Recomendamos consultar la página Freemasons in Space, que
forma del sitio web de la Gran Logia de Columbia Británica y
Yukon, la cual subraya que Armstrong no fue masón; sin embar-
go, ilustra la militancia en la Orden de su padre.

BUZZ ALDRIN, SU LLEGADA A LA LUNA,Y SU
HISTORIA.

El hermano Buzz Aldrin, a quien hoy nos referimos, norteame-
ricano de origen y ascendencia escocesa, sueca, y alemana; es
un hombre universal por vocación. Nacido como Edwin Eugene
Aldrin, Jr. en Glen Ridge, Nueva Jersey, (20 de enero de 1,930) es
57
ingeniero, doctor en ciencias, coronel de la USAF y astronauta
de la NASA retirado. Es masón de amplia carrera, ha sido miem-
bro de la Montclair Lodge N.º 144 de Nueva Jersey y de la Clear
Lake Lodge # 1417 de Texas; así también es grado 33º del Rito
Escocés Antiguo y Aceptado, y al momento de su histórica haza-
ña en la Luna, poseía el grado 32º.

Su madre, se llamó Marion Moon, era hija de un capellán del
ejército; curiosamente, su apellido significa Luna, en inglés. Su
padre, Edwin Eugene Aldrin, fue Doctor en Ciencias, egresado
del Instituto de Tecnología de Massachusetts, y militar de carre-
ra, fue pionero de la aviación y coronel de la Fuerza Aérea, fue
el oficial al mando del aeropuerto de Newark. Su nombre “Buzz”
se originó en su niñez; su hermana pequeña pronunciaba mal
“brother” (hermano, en inglés) como “buzzer”, y luego se acortó
a Buzz. A razón de lo anterior, Aldrin optó por cambiar legal-
mente su nombre de Edwin Eugene Jr., a Buzz en 1,988. Termina-
dos sus estudios preparatorios en Montclair, 1,946, rechazó una
beca del Instituto de Tecnología de Massachusetts, pues deci-
dió ingresar en la Academia Militar de Estados Unidos de West
Point, Nueva York.

En West Point, se graduó en Ciencias (Ingeniería Mecánica) en
1,951; destacó entre los tres primeros de su promoción. Más tar-
de, ingresó en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, para
completar su formación como piloto. Fue destinado en el año de
1,951 a la Guerra de Corea, donde participó en 66 misiones de
combate, (Jets F86) derribó dos MIG-15 y recibió varias conde-
coraciones, entre ellas la Cruz de Vuelo Distinguido.

Tras servir en Alemania (volaba en aviones F100) regresó a los
Estados Unidos, se convirtió en instructor de artillería aérea en
la base de Nevada, y fue ayudante del decano de la facultad,
en la Academia de la Fuerza Aérea de Alabama. Así también,
realizó su Doctorado en Astronáutica, graduándose con la tesis
“Encuentros Orbitales Tripulados”, en el Instituto de Tecnología
58
de Massachusetts, 1,963. Tras serle otorgado el título de doctor
en ciencias, fue seleccionado por la NASA en octubre de 1,963,
durante la selección del tercer grupo de 14 astronautas. Aldrin
fue el primer astronauta con doctorado, por ello y a razón de su
tesis, lo apodaron “Dr. Rendezvouz” (Dr. Encuentro).

Representó a las fuerzas aéreas en el Centro de Naves Espacia-
les Tripuladas de Houston, Texas, y un año después, se incor-
poró al programa de aprendizaje de astronautas; fue destinado
primero, a la Gemini Target Office, en la Air Force Space Sys-
tems Division de Los Ángeles, California, y más tarde al Centro
de Houston, según llevamos dicho. Las técnicas que desarrolló
fueron decisivas para que las naves espaciales pudieran “esta-
cionarse en el espacio” y encontrarse en las órbitas terrestre y
lunar, sus aportaciones fueron cruciales para el éxito de los pro-
gramas Géminis y Apolo; y aún siguen vigentes. En 1,966, formó
parte del equipo de reserva de la misión Géminis 9, pero su
oportunidad vendría el 11 de noviembre del mismo año, en que
fue lanzado al espacio, junto con James Lovell, en la Géminis 12.
En este, su primer vuelo espacial, fue copiloto de la misión de
“cita espacial” en la órbita de la Tierra; se trataba de un vuelo
de cuatro días de duración, en el mismo “orbitó” 59 veces alre-
dedor de la Tierra.

Sistemático y laborioso, Aldrin también fue decisivo para esta-
blecer los métodos apropiados en las actividades extra-vehicu-
lares (EVA) de los astronautas fuera de sus naves. En este vue-
lo de cuatro días, el hermano Aldrin estableció nuevo récord
de permanencia de un hombre en el espacio fuera de la nave,
permaneció cinco horas y media en su “paseo espacial”. Debió
vencer un sinnúmero de dificultades, que habían experimenta-
do, tanto los estadounidenses, como los rusos. (Tal misión cerró
el programa Géminis, y dio paso al programa Apolo.) También
fue pionero en las técnicas de entrenamiento bajo el agua, para
simular los movimientos en el espacio.

59
La selección de “Buzz”, en el programa de astronautas fue por
demás certera, Aldrin fue una de las figuras más importantes
durante el Proyecto Géminis; especialmente para resolver el
problema del acoplamiento de naves en órbita terrestre o lunar.

En síntesis, podemos afirmar que gracias a los trabajos de Al-
drin, se obtuvieron avances críticos para el éxito de Apolo, pues
sin tales entrenamientos las misiones nunca podrían haberse
concretado. Aldrin, quien según llevamos dicho, ya poseía un
doctorado, estaba perfectamente calificado para este trabajo, y
sus inclinaciones intelectuales le aseguraron llevar a cabo sus
tareas con gran entusiasmo.

Gracias a sus méritos, y entre otros criterios, a razón de su se-
renidad, fue elegido como piloto del módulo lunar en la misión
de Apolo 11. (Se refiere que siempre se mantenía bajo control y
sus pulsaciones cardiacas no se elevaron más de 110, durante el
despegue hacia la Luna, esto fue demostrado a razón de las es-
trictas mediciones físicas de que fueron objeto los astronautas).
Según se recordará, Apolo 11 fue lanzado desde la Tierra el 16
de julio de 1969 y regresó el 24 del mismo mes.

La tripulación integrada por tres astronautas heroicos, estuvo a
cargo de Neil Armstrong, Michael Collins y el propio Aldrin.
60
Armstrong y Aldrin permanecieron en la Luna aproximadamen-
te 21 horas. Durante dos horas y quince minutos, recogieron
muestras, realizaron diversos experimentos, y colocaron instru-
mentos científicos sobre la superficie lunar, entre tanto, Collins
permanecía en la nave, en espera del regreso de sus compa-
ñeros, a fin de emprender el retorno a la tierra. Las pruebas
realizadas, a la fecha forman parte esencial de los estudios del
satélite.

Los astronautas realizaron las tareas encomendadas, instalar los
aparatos del ALSEP, descubrir una placa conmemorativa de la
efeméride; Armstrong instala una cámara de televisión sobre un
61
trípode a veinte metros del LEM. Mientras tanto, Aldrin, instala
un detector de partículas nucleares emitidas por el Sol, se trata
de una especie de cinta metalizada sobre la que incide el viento
solar que posteriormente trasladarón al LEM para analizarla en
la Tierra.

Más tarde, ambos despliegan una bandera estadounidense, no
sin cierta dificultad, para clavarla en el suelo selenita y sostuvie-
ron una conversación telefónica con el entonces presidente de
los Estados Unidos.

Por último, instalaron, a pocos metros del LEM, un sismómetro
para conocer la actividad sísmica de la Luna y un retrorreflec-
tor de rayos láser, para medir con precisión la distancia de la
Tierra, hasta nuestro satélite. Mientras esto sucedía, Michael
Collins sigue en órbita en el módulo de mando y servicio con
un ángulo muy rasante. Cada paso en órbita, de un horizonte
a otro, sólo dura seis minutos y medio; pero desde semejante
altura no es capaz de ver a sus compañeros. Cada dos horas ve
cómo cambia la Luna y también observa cómo orbita debajo de
su cápsula la sonda soviética Luna 15 en dos ocasiones, que fue
testigo de su hazaña. La EVA duró poco más de 2 horas, duran-
te las cuales los astronautas realizan importantes experimentos
científicos: además, dejaron un disco con mensajes y saludos de
varias naciones del mundo, las medallas recibidas de las fami-
lias de Yuri Gagarin y Vladímir Komarov, las insignias del Apolo
en recuerdo de Virgil Grissom, Edward White y Roger Chaffee,
fallecidos en el incendio de la nave Apolo 1, sellaron el primer
ejemplar del nuevo sello de correos de 10 centavos y recogie-
ron 22 kilogramos de rocas lunares.

Los aparatos que llevaron son: un reflector láser con más de
100 prismas de cristal destinado a efectuar mediciones desde
nuestro planeta de la distancia Tierra-Luna, un sismómetro para
registrar terremotos lunares y la caída de meteoritos, así como
una pantalla de aluminio de 15 por 3 dm destinada a recoger
62
partículas del viento solar.

La hazaña del Apolo 11, para muchos la más monumental en la
historia humana, no fue ajena a ciertas vicisitudes, que afortuna-
damente, fueron subsanadas por el personal a cargo; Craig Nel-
son, reporta algunos datos probablemente desconocidos para
la mayoría del público:

1. Los cohetes del Apolo 11, llevaban suficiente combustible
como para lanzar partículas de hasta 45 kg de peso a una dis-
tancia de 4,8 kilómetros, por lo tanto, y ante la eventualidad de
una explosión, los invitados especiales fueron situados a una
distancia prudencial de 5.6 kilómetros de la rampa de lanza-
miento.

2. Los ordenadores de a bordo tenían menor capacidad de pro-
cesamiento que un teléfono móvil de nuestros días; merced a
63
ello, la tecnología empleada en la misión, a los ojos de nuestros
contemporáneos, ha de tenerse por rudimentaria.

3. Los efectos de la defecación y de la micción en gravedad
cero, no fueron debidamente ponderados antes de la misión, y
uno de los astronautas debió tomar anti diarreicos para evitar
efectos desagradables.

4. Al separarse el módulo lunar del Apolo 11, la cabina esta-
ba totalmente despresurizada, esto originó un estallido de gas
equivalente al del tapón de una botella de champaña, que des-
plazó el módulo a 6,4 km del objetivo previsto. Fue la pericia de
la tripulación la que permitió el alunizaje.

5. Neil Armstrong, el piloto, consumió casi en su totalidad el
combustible del módulo al alunizar; muchos temieron que se
estrellara.

6. Armstrong debió dar un salto de un metro de altura desde la
escalerilla del módulo hasta la superficie. La razón fue que su
aterrizaje había sido tan suave que los amortiguadores no se
habían comprimido.

7. Cuando Buzz Aldrin se unió a Armstrong en la superficie, vein-
te minutos después, debió tener gran cuidado para no cerrar la
escotilla del módulo: no había manija exterior que permitiera
abrirla de nuevo.

8. La tarea más difícil en la superficie lunar, fue la de plantar la
bandera norteamericana. A pesar de que los estudios sugerían
que el suelo lunar era blando, bajo una fina capa de polvo había
roca dura. Finalmente, los astronautas consiguieron fijar el asta
para realizar la célebre transmisión televisiva.

9. La bandera fue fabricada por la empresa Sears, sin embargo,
NASA se negó a reconocerlo.
64
10. La cámara de aire interna de los trajes espaciales, así como
los chips ROM del ordenador de a bordo, fueron confecciona-
dos, a mano, por equipos de mujeres mayores.

Pero aquel “pequeño paso” que representó el gran salto para la
humanidad, fue tema de debate, literalmente, horas antes del
lanzamiento, en los pasillos de la Administración Nacional del
Espacio y la Aeronáutica. Al respecto, Aldrin, piloto del Apollo

11, señalaba a 45 años de los hechos: “Bueno, lo que pasa es que
no se tomaba la decisión y se estaba retrasando nuestro entre-
namiento, porque no se definía quién saldría primero. Entonces,
finalmente, después de platicarlo con Neil, él tampoco iba a tomar
una decisión, no tenía la autoridad. Así que hablé con el director
del Programa Apolo y le pedí que tomara una decisión, la que
fuera y que no cambiara ya tomada la decisión”.

Así se consumó la proeza, el hombre había caminado sobre la
luna. Una audiencia sin aliento de 600 millones de espectado-
res, atestiguó su hazaña “en vilo”; la humanidad estaba material-
mente “pegada” a sus televisores y radios. Finalmente, se escu-
charon las palabras históricas de los astronautas, “Ha llegado el
águila!”.

Fue un viaje temerario. Un salto al vacío en un territorio extra-
terrestre sin atmósfera. Una locura quijotesca a casi 400,000 ki-
lómetros de distancia. No había precedentes. Ni manera de pre-
decir lo que iba a ocurrir cuando la nave alunizara. Y no había
margen para el error.

El 16 de julio de 1,969, los tripulantes del Apolo 11 sólo sabían
con certeza a dónde pretendían llegar, pero tenían sobrados
motivos para preguntarse si volverían a pisar su planeta. De he-
cho, los astronautas del Apolo 11 han reconocido que empren-
dieron el viaje a sabiendas de que sus probabilidades de llegar
a la Luna con éxito y regresar vivos, eran de en torno al 50%.
65
El momento más dramático ocurrió durante el descenso sobre
la superficie lunar, cuando el ordenador del módulo sufrió una
sobrecarga, y saltó una alarma. Los astronautas preguntaron a
Houston si debían abortar la operación y el centro de control
tardó un eterno, angustioso minuto en contestar que ignorasen
la alerta. Fue entonces cuando Armstrong observó que el módu-
lo se había desviado del lugar previsto para el alunizaje, y que
se dirigían a un inmenso cráter lleno de rocas que podrían des-
truir las patas de la nave e impedirles salir de allí. Sin embargo,
el veterano piloto mantuvo la sangre fría, tomó los mandos del
aparato, y logró posar la nave con suavidad en una zona plana y
despejada, cuando ya sólo restaban 30 segundos de combusti-
ble. No es de extrañar, por lo tanto, que cuando Armstrong pro-
nunció las míticas palabras «Houston, aquí Base Tranquilidad, el
Águila ha aterrizado», el controlador en Houston confesara que
allí estaban «al borde del infarto» y gritó aliviado: ¡Volvemos a
respirar!».

Así, gracias al valor, el temple y la inteligencia de aquellos
pioneros del Cosmos, la visión de Kennedy se hizo realidad, y
como dijo Aldrin, la misión del Apolo 11 fue, y será siempre, «un
símbolo de la insaciable curiosidad del hombre para explorar lo
desconocido».

De esta manera, entre el 20 y 21 de julio de 1,969, los astronau-
tas lograron cumplir el mandato del presidente John F. Kennedy,
quien el 25 de mayo de 1,961 había lanzado públicamente y
ante el Congreso, el reto de enviar a los primeros seres huma-
nos a la Luna y tornarlos a salvo, antes del fin de la década de
de los 60´s.

El cometido se logró con éxito, las imágenes de Armstrong y
Aldrin sobre la superficie lunar fueron seguidas, segundo a se-
gundo, por millones de televidentes de todo el planeta. Aldrin
fue la segunda persona en pisar la Luna después del coman-
dante Armstrong, y los dos pasaron cerca de 20 horas sobre la
66
superficie lunar antes de regresar al módulo de mando, donde
Michael Collins les esperaba para emprender su viaje de retor-
no. La nave y sus exploradores regresaron a la Tierra el 24 de
julio de 1969.

Pese al éxito logrado, y el testimonio de la sonda soviética, que
según hemos dicho, avaló la hazaña, no han faltado voces desin-
formadas que aun en nuestros días, cuestionan los hechos, ade-
más de haber urdido las más extrañas historias; todas ellas sin
el menor fundamento. Al retornar a la tierra, los astronautas de-
bieron acostumbrarse a un nuevo modo de vida, y a resignarse
a no tener de ahí en adelante, vida privada. Tiempo después de
su regreso a Tierra, y a razón de los acontecimientos que im-
pactaron su vida personal: su propio trabajo, la experiencia de
vuelo, la notoriedad y su ajetreada reinserción social Aldrin en-
tró en una profunda depresión y debió enfrentar problemas con
el alcohol. Gracias a su entereza, en 1,971, una vez superada su
adicción, se reincorporó a la Fuerza Aérea. Al reincorporarse al
servicio activo, fue designado comandante de la escuela de pi-
lotos de la base Edwards, en California, retirándose un año más
tarde con el grado de coronel. Aldrin recibió la “Medalla Presi-
dencial de la Libertad”, la más alta presea de Estados Unidos.

Luego, junto con sus compañeros de misión Armstrong y Co-
llins, realizó una gira mundial de 45 días, recibiendo premios
y medallas de 23 países. En su honor, llevan su nombre el aste-
roide 6470 Aldrin y el Cráter Aldrin en la Luna. La tripulación
del Apolo 11 tiene cuatro estrellas en cada esquina del crucero
del Boulevard Hollywood y la calle Vine, en el famoso Paseo de
la Fama de Hollywood. Desde su retiro de la NASA y la Fuerza
Aérea, Aldrin ha permanecido a la vanguardia de los esfuerzos
para la exploración espacial. Trazó un plan maestro para misio-
nes a Marte, un ingenioso sistema de naves espaciales en órbi-
tas cíclicas y perpetuas, entre el planeta rojo y la Tierra. Buzz ha
sido un importante analista y crítico del programa espacial des-
de la década de 1960. A diferencia de sus compañeros, siempre
67
ha sido el más expuesto a los medios; ya sea para conferencias
en universidades, y entrevistas, especialmente sobre los futuros
viajes a Marte. Actualmente vive cerca de Los Ángeles, Califor-
nia. El Dr. Aldrin ha recibido tres patentes por sus diseños para
una estación espacial modular, cohetes reutilizables y módulos
para multi-tripulaciones en vuelos espaciales.

Fundó las compañías Starcraft Boosters, dedicada al diseño de
cohetes, y Buzz Aldrin Enterprises, encargada de sus relaciones
públicas, a título de promotor del futuro del programa espacial.
Creó ShareSpace, una fundación sin fines de lucro, dedicada a la
educación espacial avanzada, la exploración y las experiencias
de vuelos espaciales al alcance de todos. Buzz inspiró al per-
sonaje Buzz Lightyear de la película “Toy Story”. En 2,011, junto
con Armstrong, Collins y John Glenn recibió la Medalla de Oro
del Congreso, el más alto honor civil de su país, por su impor-
tante contribución a la sociedad.

Aldrin es autor de diversas publicaciones, que van desde los
ensayos científicos; libros infantiles ilustrados; novelas de cien-
cia ficción, y por supuesto, obras acerca de su participación en
el programa espacial de Estados Unidos, todos ellos éxitos de
librería. En Return to Earth (1,970) rememora el vuelo del Apolo
11; Men from Earth (1,989); Encuentro con Tiber (1,996) es una
interesante novela de ciencia ficción, especialmente es de in-
terés su “Magnífica desolación” (2,009) donde presenta sus Me-
morias, en ellas reflexiona acerca de la carrera espacial entre
los Estados Unidos y la Unión Soviética.

El veterano astronauta ha trabajado incansablemente para el
desarrollo de la exploración espacial, su poder de convocatoria
es asombroso, pues es ampliamente respetado. Es miembro ho-
norario del American Institute of Aeronautics and Astronautics
y ha trabajado en las especificaciones para el diseño del pro-
yecto del transbordador espacial. Ha sido invitado a diversos
programas televisivos, incluso se ha interpretado a sí mismo.
68
ALDRIN Y SUS ACTIVIDADES MASONICAS
EXTRATERRESTRES

El Hermano Aldrin, al momento de su hazaña, era miembro de
la Logia Clear Lake No. 1417, de Seabrook, Texas, y según lle-
vamos dicho, Grado 32º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado,
tuvo el privilegio de ser el primer francmasón en caminar en
el suelo lunar. Aldrin, también era miembro de organizaciones
tales como la Sagrada Orden del Temple de Sión (es decir, los
Caballeros Templarios), y la Antigua Orden Arábiga de los No-
bles del Santuario Místico, mejor conocida como Shriners.

Fiel a sus convicciones respecto de la Francmasonería, llevó du-
rante su hazaña, una bandera masónica a la Luna, que no extrajo
para su exhibición pública, simplemente la llevaba dentro del
traje espacial. La bandera (que se ilustra en esta nota) perte-
nece a uno de los Supremos Consejos del Grado 33 de Esta-
dos Unidos y fue confeccionada por Inga Baum, bibliotecaria
del Templo del Rito Escocés de Washington, donde puede verse
expuesta.

La foto muestra el momento en que Aldrin entrega la Bandera
al Gran Comendador del Grado 33. Aldrin era recipiendario,
69
así mismo, de la Orden Especial del entonces Gran Maestre J.
Guy Smith, quien le concedió poderes plenos, con la premisa
de representarlo y fue autorizado para establecer de manera
simbólica, la Jurisdicción Territorial Masónica a nombre de la
Gran Logia de Texas de Libres y Aceptados Masones en la Luna.

El Hermano Aldrin certificó en toda forma, que la Orden Espe-
cial fue llevada por él a la Luna el 20 de julio de 1,969. Para
conmemorar este evento histórico, y establecer la Masonería en
la Luna, se emitió una carta constitucional a una Nueva Logia,
conocida como Tranquility Lodge Nº 2000 (Logia Tranquilidad
Nº 2000) que funciona bajo los auspicios de la Gran Logia de
Texas. (Se ilustra el mandil correspondiente, que puede ser ad-
quirido por los Hermanos, previa acreditación de su filiación en
la Orden.)

Respecto de las actividades masónicas de Aldrin en la Luna,
mucho se ha especulado, sin embargo, a razón del apretado
programa de actividades impuesto por las complejas circuns-
70
tancias de la misión, apenas habría tenido tiempo para la reali-
zación de alguna ceremonia especial, sin embargo, está demos-
trado que Aldrin, asumió una conducta ceremonial, pues inició
su estancia en la superficie selenita con el pie izquierdo; de tal
suerte que evocó el antiguo rito de descalzarse, proverbial en
nuestros antiguos usos y costumbres. Es imprescindible señalar,
a fin de demostrar que la “leyenda negra” hacia la Francmaso-
nería carece de fundamento, que Aldrin, en un afán ecuménico,
habría tenido la intención de leer el pasaje de Juan XV, 5, públi-
camente de regreso a la Tierra; pero en el último minuto, Deke
Slayton pidió que no lo hiciera. La NASA estaba ya embrollada
en una batalla legal con Madelyn Murray O’Hare, célebre pro-
motora del ateísmo en Estados Unidos, a propósito de hechos
de la tripulación del Apolo 8, que leyó un versículo del Génesis
mientras orbitaba alrededor de la Luna en Navidad. Al respecto
Aldrin señala: “Estuve de acuerdo a regañadientes… di gracias
por la Inteligencia y el Espíritu que llevaron a dos jóvenes pilotos
hasta el Mar de la Tranquilidad. Era interesante para mí pensar:
El primer líquido alguna vez vertido en la Luna, y el primerísimo
alimento comido allí, fueron los elementos de la comunión”.

En su libro “Regreso a la Tierra”, (que bien tenerse por sus Me-
morias), Aldrin nos refiere su deseo de llevar a la Luna el Anillo
Masónico de su padre, y su desilusión cuando lo extravió, pocos
días antes del despegue. Esta enorme tragedia personal, fue
compensada por el hecho de llevar consigo las órdenes de las
grandes potencias, a las cuales nos hemos referido. Diez años
más tarde de la hazaña, fue acuñada una medalla conmemo-
rativa, por el Supremo Consejo del Grado 33° Jurisdicción Sur
de los EEUU, al cumplirse en julio de 1,979 el décimo aniversa-
rio del alunizaje. En el anverso puede leerse “Our flags on the
moon” (“Nuestras banderas en la luna”). Ambas pueden verse
nítidamente en el relieve. Otro punto saliente de las activida-
des de Aldrin en la Luna, se refiere al hecho de que al tocarle
su turno para el descenso, fue filmado por Armstrong, quien lo
precedió.
71
72
A MANERA DE EPÍLOGO

A pesar de la llegada del hombre a la Luna y su relevancia en
beneficio de la ciencia y la Humanidad, no faltaron voces pre-
juiciosas, en el sentido de que todo había sido una farsa de la
Unión Americana, infortunadamente algunos mantienen un de-
bate bizantino.
73
Lo cierto es que la URSS permaneció durante mucho tiempo
como líder indiscutible en astronáutica, sin embargo, gracias a
esta hazaña fueron los EEUU quienes llegaron primero al obje-
tivo lunar. Si bien el ritmo de la conquista del espacio sideral
ha disminuido, la exploración espacial ha tenido avances (los
transbordadores espaciales de EEUU y la URSS). Varios países,
entre ellos México, siguen lanzando sondas, satélites y enormes
telescopios espaciales.

A finales del siglo XX surgió la posibilidad de una segunda ca-
rrera espacial internacional, al tomar la Agencia Espacial Eu-
ropea el liderazgo de los lanzamientos sin tripulación. ESA ha
informado su intención de enviar una misión humana a Marte
no más allá de 2,030, y ha preparado varias misiones insignia
para alcanzar este objetivo. No es difícil pensar en que en los
próximos años, la Humanidad haya de contemplar en vilo nue-
vas proezas; por nuestra parte, hacemos votos para que en esta
nueva etapa, sean la sana competencia y el Humanitismo, los va-
lores que inspiren a sus protagonistas. Por nuestra parte, en esta
nota recordamos a nuestros hermanos, por lo que a Aldrin se re-
fiere, sus compañeros de NASA lo recuerdan pulcro y elegante,
con fama de excelente, y brillante, sin duda un ejemplo a seguir.

Referencias
• Apolo 11. Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Apolo_11#Des-
pegue_del_Apolo_11
• Calvo, Gustavo G. ¿Existe una Logia masónica en la Luna?. Fraterni-
dad Universal Nº 2 Gran Oriente del Uruguay.
• Carrera espacial. Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Carre-
ra_espacial
• El siglo XX y la producción armamentista mundial. Monografías
http://www.monografias.com/trabajos11/arma/arma2.shtml#ixzz3rl-
pLlPvL
• Muscillo, Gabriel. La masonería en la Luna. Publicado el 24 marzo de
2015 en http://factorelblog.com/2015/03/24/la-masoneria-en-la-lu-
na/
74
• Página oficial de la Respetable Logia Simbólica Tranquility Lodge N
° 2000 http://tl2k.org/history.htm
• Portilla, Luz. Buzz Aldrin. Publicado en el Blog: Las Redes del Tiem-
po. Radio Red/Grupo Radio Centro http://redam.mx/blogs/buzz-al-
drin-2.html
• Revista Esquire Buzz Aldrin el astronauta rebelde. Síntesis publicada
en: http://www.gtd.es/en/blog/buzz-aldrin-el-astronauta-rebelde

Aldrin ocultó en el interior de su traje espacial una bandera del Su-
premo Consejo del Grado 33°, Jurisdicción Sur de la Masonería Ame-
ricana. Consta que la desplegó en la ausente atmósfera lunar –en una
ceremonia que, esta vez sí, no captaron las cámaras–, pero me resultó
imposible obtener precisiones acerca del destino final de la ense-
ña: hay versiones de que Aldrin la trajo de regreso a la Tierra, para
presentarla finalmente al Soberano Gran Comendador Smith; otras,
aseguran que la dejó allá arriba, hincada en las rocas selenitas, y que
allí sigue; y hay otras, por fin, según las cuales habría sido “rescata-
da” posteriormente por otros astronautas, también masones, y “repa-
triada”. Lo cierto es que la Biblioteca del Museo del Templo del Rito
Escocés en Washington DC, sita en la Sixteen Street 1733, exhibe un
pabellón que pretende ser el mismo que Aldrin llevó a la Luna.

75
FERNANDO VII Y LA M
76 Juan José M
MASONERIA ESPAÑOLA
Morales Ruiz 77
FERNANDO VII Y LA MASONERIA ESPAÑOLA
* Juan José Morales Ruiz.

Envíe sus comentarios a: editores@hispanianova.rediris.es

Resumen:

El reinado de Fernando VII se destaca, entre otras cosas, por
la particular virulencia de su combate antimasónico. Fernando
VII, como más tarde pasará con el general Franco, convirtió la
represión de la Masonería en una auténtica obsesión personal.
El secreto masónico, más que su carácter liberal, hizo que se
convirtieran en uno de sus más temidos enemigos.

Palabras clave:

masonería, discurso antimasónico

Abstract:

The reign of Fernando VII stands out, among other characteris-
tics, by its special and virulent fight against masonry. Fernando
VII converted the repression of the masons, as general Franco
did in the 20th century, in a personal obsession. The secrecy of
the mason associations, more than its liberal character, was the
point that made of them one of his most feared enemies

Key words:

masonry, antimason discourse.

78
Introducción

El reinado de Fernando VII se destaca, entre otras cosas,
por la particular virulencia de su combate antimasónico. Fer-
nando VII, como más tarde pasará con el general Franco, con-
virtió la represión de la Masonería en una auténtica obsesión
personal. El secreto masónico, más que su carácter liberal, hizo
que se convirtiera en uno de sus más temidos enemigos.

1717 es el año que suele darse para señalar el inicio de
la masonería moderna. En esta fecha, cuatro logias londinenses
fundaron la Gran Logia de Londres. En 1723, fueron redactadas
las “Constituciones de Anderson” que contienen las primeras
formulaciones de los nuevos fines de la masonería en las que se
basan la mayor parte de los masones, –los “regulares”–, todavía,
hoy.

Más que de una existencia organizada y continua de
la Masonería, en la España del siglo XVIII, hay que hablar de
la presencia esporádica y sin mayor trascendencia de algunas
logias que no tuvieron ninguna importancia ni continuidad, ex-
cepción hecha de las logias británicas situadas en Gibraltar y
Menorca.[1]

El Tribunal de la Inquisición en 1738, prohibió la Maso-
nería. Esta prohibición fue sancionada por el apoyo de la auto-
ridad real, mediante un edicto del Rey Fernando VI, en 1751. Y
mantenida por Carlos III, pese a su aureola de ilustrado. Este,
siendo Rey de Nápoles, había prohibido la masonería bajo se-
veras penas, por considerarla “gravísimo negocio o perniciosa
secta para el bien de Nuestra Santa Religión y del Estado”.[2]

Ninguno de los ministros de Carlos III perteneció a la
Orden, ni siquiera el famoso Conde de Aranda, a quien tradicio-
nalmente se le ha atribuido nada menos que la fundación del
Gran Oriente de España.[3]
79
Estas prohibiciones supusieron una barrera casi infran-
queable que impidió, prácticamente, el desarrollo, en nuestro
país, de las ideas masónicas. La primera logia de la que se tiene
noticia en España fue la fundada, el 15 de febrero de 1728, en la
madrileña calle de San Bernardo, por el Duque de Wharton, con
el nombre de “Las Tres Flores de Lys”.[4]

La segunda logia que se creó en el continente europeo
fue en Gibraltar. Se constituyó el 9 de marzo de 1729. Llevaba
el nombre de “Lodge of St. John of Jerusalem”. Estaba registrada
con el número 51, inmediatamente después de la de Madrid,
como “Gibraltar Lodge”. En 1750 algunos militares franceses e
ingleses celebraron diversas reuniones masónicas en Barcelo-
na, pero no llegaron a constituir logias regulares. En 1755, fue-
ron denunciados ante el Tribunal de la Inquisición, un grupo de
súbditos extranjeros que se reunía en Cádiz.

En 1772, unos soldados holandeses de la Guardia Wa-
lona de Su Católica Majestad el Rey de España, constituyeron
una logia, en Madrid, por mediación de “La Discrète Imperiale”
de Alost, dependiente del Gran Maestre Provincial de los Pia-
ses Bajos. Según los procesos inquisitoriales que se incoaron
en aquella época los masones que había, en la España del siglo
XVIII, eran en su mayor parte súbditos extranjeros, iniciados en
sus respectivos países, que estaban sólo de paso, y que desco-
nocían muchas veces, incluso, la prohibición que pesaba sobre
la Masonería en los territorios de la Corona Española.[5]

Napoleón propició la creación de logias masónicas en
todo su imperio, utilizándolas como un instrumento político fa-
vorable a sus propios intereses. Aunque nunca perteneció a la
Orden, todos los miembros de su familia se iniciaron en la Ma-
sonería, y llegaron a alcanzar puestos preeminentes. Es el caso
de su hermano José, que fue proclamado rey de España, tras la
invasión de las tropas francesas en 1808. Una vez instalado en
Madrid, José I, y los jefes del ejército francés difundieron por
80
todo el país las ideas de la Revolución Francesa.[6]

En 1809, a la vez que fueron suprimidas la Inquisición y
algunas órdenes religiosas, nacieron diversas logias masónicas
en San Sebastián, Talavera de la Reina, Barcelona, Vitoria, Ma-
drid, Santander, Salamanca, Girona, Figueras, Santoña, Sevilla y
Zaragoza. Estas logias pertenecían al Gran Oriente de Francia y
estaban integradas exclusivamente por miembros del ejército
napoleónico. [7]

La participación de españoles , –la mayoría de ellos
“afrancesados”–, se inició, de una manera definitiva, con la crea-
ción de siete logias madrileñas , –entre las que sobresalieron
las logias “San José” y la “Beneficencia de Josefina”– y dos logias
manchegas, en Almagro y Manzanares, impulsadas por Murat
y José I. Estas logias fueron el primer núcleo organizado de la
Masonería, y constituyeron la Gran Logia Nacional de España.

Estos “talleres” desaparecieron a medida que las tro-
pas francesas abandonaban el territorio español en 1813. Las
primeras logias masónicas españoles basaron su actuación en
la lucha contra las secuelas de la Inquisición: el fanatismo, la
superstición y la ignorancia; y pusieron todo su esfuerzo en la
difusión de las ideas de la Revolución Francesa, como el racio-
nalismo y la libertad.[8]

Los españoles que se opusieron a Napoleón , –denomi-
nados “patriotas”–, rechazaron frontalmente la Masonería. Entre
ellos había liberales que coincidían con los masones en muchos
de sus planteamientos ideológicos. Otros eran partidarios de
mantener a España en el Antiguo Régimen, y por lo tanto eran
contrarios a los ideales de libertad.

Unos y otros, rechazaron la Masonería porque la identifi-
caban con el dominio francés. Ello produjo que mientras en la
España de José I proliferaran las logias, en la gobernada por las
81
Cortes de Cádiz se atacara a la Masonería.[9]

Represión y exilio

Durante el reinado de Fernando VII se desarrolló un
intenso combate contra la “incipiente” Masonería española. El
régimen absolutista fernandino se orientó de una manera deci-
dida contra el constitucionalismo, el liberalismo y la masonería.
Al mismo tiempo que desaparecían las logias creadas por mili-
tares franceses al abandonar el territorio español, se cerraron
las que habían constituido la primera Gran Logia Nacional de
España.

Este movimiento represivo se acentuó a partir de enero de
1815, en que restablecida la Inquisición, un edicto de Fernando
VII prohibía y condenaba la masonería. Y a este edicto siguie-
ron múltiples disposiciones legales antimasó-nicas. La policía
y la Inquisición colaboraban estrechamente en la persecución
contra los masones. Algunos de éstos se presentaron voluntaria-
mente ante el Santo Oficio, otros fueron denunciados, y todos los
que pudieron emprendieron el exilio. Así pues se puede afirmar
que hasta el “Trienio liberal” no se registraron, apenas, activida-
des masónicas.

En este sentido el profesor José Antonio Ferrer Benimeli
se refiere únicamente a la existencia de dos logias clandestinas.
Una en La Coruña , –“Los Amigos del Orden”–, y otra en Santa
Cruz de Tenerife , –“Los Comendadores del Teyde”–, ambas de-
pendientes del “Gran Oriente de Francia”.[10]

Con el pronunciamiento de Riego se restablecieron las li-
bertades políticas y de nuevo recobró vigencia la masonería es-
pañola. Durante el Trienio Liberal, funcionaron en España cua-
tro logias, una en Madrid , –“Los Amigos Reunidos de laVirtud”,
dependiente del “Grande Oriente de Francia”–, otra en Rubí y
dos en Cádiz, una de estas , –“La Esperanza”–, bajo los auspicios
82
de “La Gran Logia Unida de Inglaterra”.[11]

En 1821, se fundó en Madrid “La Sociedad de Caballeros
Comuneros”, con la intención de reformar la masonería espa-
ñola a la que se acusaba de depender excesivamente de las
organizaciones masónicas extranjeras.[12]

Ese mismo año se creó, también, en Madrid, una tercera
sociedad, “Los Carbonarios”, integrada asimismo por los libe-
rales exaltados, que terminaría colaborando con “Los Comune-
ros”, a pesar de que unos y otros siguieron manteniendo sus
ritos propios.[13]

Los masones como, también, los liberales debieron em-
prender el duro camino del exilio, cuando en 1824 Fernando VII
logró derribar el régimen constitucional. Desde ese año hasta
la muerte de Fernando VII todo lo que no concordaba con el es-
píritu absolutista más acendrado fue duramente perseguido. En
el exilio, masones, comuneros y carbonarios ahondaron todavía
más sus divisiones y querellas.

En España, mientras tanto, abundaron los escritos antima-
sónicos y se obligaba a todos aquellos que deseaban ejercer
un empleo público, –fueran militares o civiles–, a realizar una
declaración bajo juramento de no haber pertenecido a ninguna
logia o asociación secreta.[14]

El desconcierto y la debilidad hizo que la mayoría de las
logias españolas existentes acudieran en demanda de auxilio a
los Grandes Orientes extranjeros. La mayor parte se anexiona-
ron al “Grande Oriente Lusitano Unido”; otras al “Grande Oriente
de Francia”, al “Grande Oriente de Italia”, y, las menos, a la “Gran
Logia de Inglaterra”, y al “Grande Oriente de Bélgica”.

Esta situación de ilegalidad y persecución que práctica-
mente duraba desde la llegada de Fernando VII a España, –sal-
83
vo el breve periodo del trienio liberal (1820-1823)–, hace que
resulte bastante difícil reconstruir la historia de la masonería
española de esta época.

El discurso antimasónico en el siglo XIX

Cuatro temas antimasónicos hicieron fortuna en el siglo
XIX y después, también, en el siglo XX: el anglófobo, el anti-
semita, el satánico, y el anticomunista. Hemos visto en el siglo
XVIII ir construyéndose un tipo de discurso antimasónico cada
vez más elaborado, pero hay que llegar a la propia Revolución
Francesa para poder apreciar la importancia de este tipo de li-
teraturas e historias.

Será con ocasión de este acontecimiento cuando se for-
mará la leyenda de la existencia de un complot masónico que
con anterioridad habría previsto y preparado hasta el mínimo
detalle la Revolución. Por ejemplo, en 1792, el abate Lefranc, pu-
blicó, en París, Le voile levé pour les curieux ou le Secret de la
Révolution révéleé à l’aide de la Franc-Maçonerie (París, 1792).

El papel de los traductores es de una singular importan-
cia a la hora de estudiar la extensión y propagación del pen-
samiento antimasónico en los distintos países europeos, y muy
particularmente en España. Tenemos el caso de un exjesuita
español, el padre Mocas que tradujo al italiano, varias obras de
autores franceses.

Otro exjesuita, también español, el padre Lorenzo Hervás
y Panduro, pasará a la historia por sus estudios sobre la Revolu-
ción Francesa y el papel que atribuye a la conjura en la que pre-
tendidamente se habrían unido filósofos y jansenistas para des-
truir el Trono y el Altar. Hervás creía que el siglo XVIII, el de las
Luces, el siglo de los filósofos, era el Apocalipsis, el periodo en
que las fuerzas del mal se unían para conseguir la disolución de
la Orden, y la caída de todos los tronos. Ese será el argumento
84
de su famosa obra sobre las Causas de la Revolución Francesa.

Desde el principio de su libro declara que los fines de la
Revolución Francesa son la destrucción del cristianismo y, con-
secuencia de ello, de toda autoridad política. El abandono de
toda religión es la causa fundamental de la Revolución France-
sa; que, en definitiva, es sólo la última fase del movimiento de la
Ilustración desarrollado a lo largo de todo el siglo XVIII. Destaca
la función de la Masonería, que, en general, ha sido desdeñada
a lo largo del siglo anterior, pero que a principios del siglo XIX
alcanzará especial importancia en el pensamiento reaccionario
europeo.

En su opinión la auténtica función de la Masonería en la
obra revolucionaria ha sido esta: preparar el espíritu del pueblo
para la penetración de las ideas elaboradas por las otras sectas,
más contemplativas y menos activas que la Masonería. En gran
parte su acción ha sido organizativa. Mediante sus logias ha for-
mado pequeños núcleos de difusión, de propaganda y de pre-
paración de la acción destructora (de conjura y sublevación) de
la revolución. Con inmensa preocupación afirma que la maso-
nería “tiene como objeto principal la destrucción del catolicismo
y de las monarquías”.

Como “la acción de las sectas está minando la sociedad
europea en su conjunto, e incluso los fundamentos mismos de la
sociedad humana, su destrucción es, pues, conveniente y necesa-
ria, a la vez que habrá que adoptar las medidas convenientes para
contrarrestar la acción demoledora que han venido ejer-ciendo a
lo largo del siglo”. Con esta argumentación introduce una pro-
puesta que rebasa los planteamientos meramente persuasivos,
y se confunde con una llamada a la “violencia santa”, al exter-
minio del enemigo, doctrina justificada en toda “guerra justa”.

El padre Hervás utilizará el discurso represivo para inci-
tar a la total supresión de las sectas. Y lo más triste, frente a los
85
ideales humanitarios de la Ilustración, un intelectual de su talla
propondrá la delación, penas y castigos corporales, y el total
exterminio del enemigo, lo que significa un retroceso hacia la
Edad Media.[15]

El abate Barruel

Entre los autores antimasónicos más distinguidos hay
que resaltar, por la enorme difusión de su obra, al abate fran-
cés Agustín Barruel, quien con sus Mémoires pour servir à l’his-
toire du Jacobinisme, publicada en Londres, en 1797, consiguió
uno de los éxitos editoriales más fulgurantes, no sólo del siglo
XIX, sino incluso del siglo XX, hasta el punto de ser considera-
do, muy justamente como el verdadero padre del pensamiento
antimasónico.

España fue uno de los últimos países de Europa en los que
se publicaron las Memorias por “obra y gracia” de Godoy, que
hizo prohibir su difusión, ya que el exjesuita lo había incluido
entre los “encumbrados y misteriosos personajes” que conspira-
ban contra los tronos de España y Portugal.

La primera edición es de 1812 y tenía este largo título:
Compendio de las Memorias para servir a la historia del Jacobi-
nismo, por Mr., el abad Barruel. Traducido del francés al caste-
llano para dar a conocer a la nación española la conspiración de
los filósofos, francmasones e iluminados contra la Religión, el
Trono y la Sociedad. Por el muy Ilustre Señor don Simón de Ren-
tería y Reyes, abad de la Insigne Iglesia Colegial de Villafranca
del Bierzo y de su territorio abacial. Por Pablo Miñon, Impresor
de la provincia de León y del sexto Ejército, 1812.

A ella siguieron dos ediciones publicadas en Mallorca
(1813 y 1814), por el padre Ramón Strauch, en cuatro volúme-
nes. De esta traducción se hicieron dos reimpresiones en 1814,
una en Santiago y otra en Madrid en la Imprenta de Collado.[16]
86
El mérito del abate Barruel fue saber recoger las distintas
argumentaciones antimasónicas que han ido apareciendo du-
rante todo el siglo XVIII, y sistematizarlas de una manera insu-
perable. Su discurso antimasónico es de una fuerza desgarrado-
ra, sus descripciones de la secta jacobina son verdaderamente
incendiarias. Si consideramos la terrible pasión acumulada en
las guerras napoleónicas, su efecto en el mundo reaccionario
del primer tercio del siglo XIX, una sociedad que intentaba
salvar de la Revolución los restos del Antiguo Régimen, y que
buscaba pretextos morales para aniquilar a los nacientes movi-
mientos liberales, tuvo que ser explosivo.

Barruel proporcionó, mediante su perfecta formulación
del mito reaccionario y antimasónico, los argumentos intelec-
tuales que, aunque disparatados, y falsos, se adaptaban perfec-
tamente a la virulencia del pensamiento antiliberal.

Este mito reaccionario fue utilizado como uno de los más
eficaces argumentos para la persecución y represión del na-
ciente movimiento liberal español. La persecución alcanzó una
inusitada virulencia en España, no sólo en el siglo XIX, sino en
el siglo XX.

La masonería bonapartista

Con la llegada de las primeras tropas napoleónicas se
renueva la actividad masónica en España. Pero en los documen-
tos de las primeras logias se afirma con insistencia la práctica
inexistencia de la Masonería antes de la llegada de los france-
ses. Por su carácter “extranjero”, enseguida arreciarán los ata-
ques contra los masones, a los que se les pinta con “los colores
más horrorosos”.[17]

Esta Masonería bonapartista tiene una orientación mar-
cadamente política, es “liberal”, “afrancesada”, “anticatólica” e
“impía”; lo que servirá de posible justificación a la implacable
87
represión posterior que se desató al regreso de Fernando VII,
en 1814.[18]

Las invasiones napoleónicas agudizaron los enfrentamien-
tos entre los españoles dividiéndolos en dos bandos irreconci-
liables. De un lado estaba “el católico fiel...; de otro, una masa
amorfa y temerosa en la que entran desde el judío practicante o
el hereje místico hasta el ateo o el anticlerical por lo menos”.[19]

El rechazo de la Inquisición, y otras medidas radicales,
como la abolición del señorío, etc. crearon uno de los tópicos
más socorridos de la historia de la Masonería: que el Cádiz de
las Cortes y, en general, todo el pensamiento liberal de esta
época estaban dirigidos, si no gobernados, por las logias.

Una buena prueba de su falsedad la tenemos en una Real
Cédula, fechada en Cádiz el 19 de enero de 1812, en la que se
confirma el Real Decreto del 2 de julio de 1751, y se vuelve a
prohibir la francmasonería. En la Real Cédula, se dice:

El Rey D. Fernando VII, y en su ausencia (...) el Consejo de Regen-
cia de España é Indias (...) Siendo uno de los más graves males
que afligen á la Iglesia y á los Estados la propagación de la secta
Francmasónica, tan repetidas veces proscrita por los Sumos Pontí-
fices y por los Soberanos Católicos en toda Europa, y contra cuyos
sectarios expidió el Señor Rey D. Fernando VI, de gloriosa me-
moria un Real Decreto, con las reglas y modo de proceder de los
jueces que los aprehendiesen, conviniendo para el bien espiritual
de los fieles y la tranquilidad de los pueblos evitar con la mas es-
crupulosa vigilancia la reunión de semejante clase de gentes (...);
He resuelto, habiendo oído á mi Consejo de las Indias, y lo ex-
puesto por mi Fiscal (...), ordenar y mandar que todos los Jueces
que exercen en esos dominios la Jurisdicción Real ordinaria, y con
derogación de todo fuero privilegiado, con inclusión del militar,
procedan contra los expresados Francmasones, arrestando sus
personas y aprehendiéndoles los papeles que se les encontraren.
88
(Vid. HIDALGO NIETO, Victoria: “Masonería y libertad de asocia-
ción”, en FERRER BENIMELI, José Antonio (Coord.): La Masonería
en la España del Siglo XIX. Ed. Consejería de Educación y Cultura
de la Junta de Castilla y León, Valladolid, 1987 p. 409).

Entre las medidas adoptadas por la Real Cédula está el
encargo hecho “a los M. R. Arzobispos y Srs. Obispos” para que
procuren (...) “por sí y por medio de los Predicadores y Confe-
sores, impedir la propagación y curso de una secta prohibida por
los Sumos Pontífices, y que se presentaba tanto más perjudicial
cuanto era mayor el secreto con que procuraban cautelarse sus
sectarios”.[20]

El Sol de Cádiz

En el gran ambiente de libertad que se respira en la
ciudad gaditana, durante este período, destaca el desaforado
discurso antimasónico, desarrollado por el periódico “El Sol de
Cádiz”, que comenzó a publicarse el 29 de septiembre de 1812.
[21]

El editor y director de esta publicación, que duró apro-
ximadamente un año, hasta el 16 de septiembre de 1813, fue el
padre Rafael de Vélez, el famoso autor, entre otras obras de El
preservativo contra la irreligión, y de la Apología del Altar y del
Trono. A pesar de la breve duración de la publicación, “El Sol de
Cádiz” ejerció, sin duda, una enorme influencia en la difusión de
un aspecto importantísimo del mito reaccionario: la populariza-
ción de la idea de que las sociedades secretas eran las verda-
deras causantes de los males de España, y la identificación en
la mente popular de los masones con los liberales, y de éstos,
últimos, a su vez, con los agentes de Napoleón.

Masonería e Inquisición

Caro Baroja en su Historia sobre los Judíos en España, seña-
89
la que, “a comienzos del siglo XIX, –y también durante la segunda
mitad del siglo XVIII–, se confundía a los judíos, a los masones, a
los protestantes y a los liberales, con todo supuesto enemigo del
catolicismo. Judio=liberal=masón. He aquí, una ecuación que aún
tenía vigencia para la masa carlista hace poco en las aldeas del
Norte”.[22]

Recuerda que fue precisamente Napoleón en Chamartín,
el 4 de diciembre de 1808, y no su hermano José Bonaparte,
como rey de España, quien llevó a cabo la supresión del Tribu-
nal del Santo Oficio, considerando que la Inquisición era un acto
“atentatorio a la soberanía”.[23]

Este acto de “impiedad” fue secundado por las Cortes de
Cádiz que se oponían a “Pepe Botella”, pero que en este caso,
coincidiendo con los afrancesados, decretaron el 22 de febrero
de 1813, la abolición del tan temido y odiado Tribunal.

Unos años después, en el mismo tono que las Cortes de
Cádiz, Fernando VII, una vez restablecido en el trono, el 24 de
mayo de 1814 firma un decreto prohibiendo “las asociaciones
clandestinas”. El decreto fernandino de prohibición de la maso-
nería mantiene las tesis “complotistas”, defendidas en el pensa-
miento reaccionario. En concreto, dice lo siguiente:

Por la ley 1ª del título 12, libro 12, de la Novísima Recopilación
está mandado que no se hagan juntas, ligas ni otras parcialidades.
esto mismo se mandó guardar bajo graves penas en otras leyes
del Reino por los muchos males que de tales juntas se podía se-
guir, compuestas comúnmente de gentes ociosas y de estragada
vida. Este antiguo mal, no solamente ha llegado hasta estos días,
sino que en ellos ha sido el origen de las convulsiones políticas
que han afligido a muchos reinos del mundo, y desgraciadamen-
te ha cundido también por éste, que se había preservado de tan
funesto mal por medio de las sabias leyes y establecimientos con
que se había gobernado hasta la pérfida invasión de los franceses,
90
y novedades a que ésta dio ocasión y lugar. Los males que la reli-
gión y el estado han padecido de resulta de estas asociaciones es
muy grande, y serán aún mucho mayores si no se atajan en tiempo
con oportunas providencias que las extirpen del todo.

A este propósito, D. Juan I, en su Ordenamiento de leyes hecho
en Guadalajara en el año 1390, encargó y mandó a los prelados
del reino que por cuanto mucho entraban en tales asociaciones
ligándose con pactos y juramentos, absolviesen de éstos a los que
los hubiesen hecho, y que los arzobispos, obispos y otras personas
eclesiásticas no permitiesen tales asociaciones y ligas.

Esta providencia importante es mucho más necesaria en estos
días, porque algunos, seducidos de opiniones perjudiciales a la
Religión y al estado, aun personas eclesiásticas y religiosas, cuyo
influjo en los demás es tan grande, se han dejado llevar tanto de
ellas que han escandalizado a los buenos y arrastrado a muchos
a tan grave mal.

Sin perjuicio, pues, de otras providencias que iré acordando para
establecer y encaminar la opinión pública al mejor servicio de
Dios y del Estado, por medio de una buena enseñanza política
y religiosa, encargo y mando a los Muy Reverendos Arzobispos,
Obispos y demás prelados y personas eclesiásticas que en cum-
plimiento de su alto ministerio celen que sus respectivos súbditos
guarden y observen en sus acciones, opiniones y escritos la ver-
dadera y sana doctrina en que tanto se han distinguido la Igle-
sia en España en todos tiempos; se abstengan de toda asociación
perjudicial a ella y al Estado; procuren que aquellos cuya instruc-
ción o dirección les esté encomendada hagan lo mismo.

Y muy estrechamente encargo a los prelados que en los semi-
narios conciliares se enseñen y lean libros de sana y provechosa
doctrina, y estén con suma vigilancia en apartar a los jóvenes que
allí se educan en las ciencias eclesiásticas los que contienen opi-
niones erróneas y peligrosas, así en lo político como en lo moral;
91
y en que los catedráticos y maestros de tales casas les den salu-
dable doctrina.

Y en las presentaciones para curatos y beneficios eclesiásticos,
a esto se atienda principalmente, a que las ternas y provisiones
recaigan en personas que no estén imbuidas en tales opiniones y
hayan dado pruebas de adhesión a los sanos principios por don-
de han ido los hombres sabios que en España florecieron en vir-
tud y doctrina, y con ella dieron gloria a la Iglesia y al Estado.

Pero si por desgracia los prelados hallaren que alguno o algunos
pusieren estorbo al logro de tan saludable providencia, o algún
otro hecho abusivo al cual no puedan en uso de sus facultades
ordinarias proveer de remedio, me informarán de ello, pasando a
mis manos las noticias puntuales y exactas que tuvieren, para que
yo provea lo que convenga.

Y espero de su celo y de sus obligaciones como tales prelados, y
que son del mi Consejo, que no se escusarán diligencias en cosa
tan importante para el bien de la Iglesia y del Estado, de cuya
armoniosa unión y mutua ayuda pende la felicidad del reino. Ten-
dréislo entendido, y lo comunicaréis a quien corresponda. YO EL
REY. Madrid, 24 de mayo de 1814. A Don Pedro Macanaz. Vid. “Ga-
ceta de Madrid”, 4 de junio de 1814.Y FERRER BENIMELI, José An-
tonio, Masonería española contemporánea, Siglo XXI de España
Editores, Madrid, 1980, Vol. 1., p. p. 207, 208 y 209).

Para reforzar la prohibición, el 21 de julio de 1814, restau-
ró la Inquisición. En tiempo de Fernando VII, “más que el mismo
judío o hereje, el que preocupaba era el nuevo enemigo, organi-
zado y representado en vastos sectores”.

Los absolutistas de la primera época fernandina “atribuían
gran parte de los desórdenes constitucionales a los masones y
otras sectas”, mezclando, en ellas, a los judíos, “para atemorizar
a quienes aún sabían poco de estas sectas misteriosas”.[24]
92
El Tribunal inició su actividad, dedicándose, casi en exclu-
siva a “perseguir masones”, y “a publicar listas bastante ridículas
de libros prohibidos” entre los cuales, claro es, estaba la misma
Constitución de 1812.[25]

El 2 de enero de 1815, Francisco Xavier Mier y Campillo,
el Inquisidor General, publicó un “edicto de prohibición y con-
dena de la masonería, que era una copia del dado por el cardenal
Consalví, el 15 de agosto de 1814, para los Estados Pontificios”.

El Inquisidor General, –con los mismos argumentos
antimasónicos, que más tarde utilizará el franquismo durante
la etapa del “nacionalcatolicismo”–, insiste en la coincidencia y
estrecha colaboración existente entre el “Supremo Pastor” y el
“legítimo Soberano” para el exterminio absoluto de todo brote
masónico.[26]

Al juicio del Tribunal de la Inquisición fueron sometidos
numerosos libros y publicaciones, bajo la simple sospecha de
defender principios masónicos.[27]

Moratín en una carta enviada al filósofo Melón, fechada
en Montpellier el 24 de febrero de 1818, confirma la desatada
actividad inquisitorial. Escribe: “ha empezado ya el Santo Tribu-
nal a sacar las uñas y busca por todas partes masones, libertinos,
blasfemos, lascivos, heréticos y sospechosos”.[28]

En el paréntesis del Trienio Liberal fue abolida por ter-
cera vez la Inquisición. Después, cuando los “Cien Mil Hijos de
San Luis” entraron en España para restaurar el absolutismo, la
Inquisición estuvo a punto de volver a funcionar de nuevo, pero
Fernando VII, esta vez, se limitó a restaurarla sólo de derecho. Y
por fin, a la muerte del Rey, el 15 de julio de 1834, la reina doña
María Cristina decretó la abolición definitiva del Tribunal del
Santo Oficio.[29]

93
Durante los periodos absolutistas del reinado de Fernando
VII, –entre 1814 y 1820; y luego de 1823 a 1830–, el “judío dejó
su lugar al masón y al liberal, como objeto de persecución”, y
el antiguo “malsín”, –soplón o delator–, “ejerció su negocio con
gran provecho denunciando ateos, masones, etc”., porque “el ab-
solutismo fernandino”, –como más tarde hará el franquismo me-
diante la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo–,
“glorificó la delación”.[30]

El sistema represivo que se aplicaba en el Tribunal del
Santo Oficio hacía, entre otras cosas, que el propio reo, con el
estimulo de conseguir alguna calificación de eximente, y por
lo tanto disminuir su pena, tuviera que delatar a sus “cómpli-
ces”. Y, como también se regulará en la citada ley antimasónica
franquista, el penado debía “retractarse”, y mostrar su sincero
arrepentimiento.[31]

La actitud adoptada por Fernando VII nada más pisar
suelo español, a su regreso en 1814, fue de total oposición a las
sociedades secretas, como, así lo demuestra el decreto de 24 de
mayo de 1814 de prohibición de las “asociaciones clandestinas”,
que ya hemos mencionado. Después del Edicto del Inquisidor
General de España, de 2 de enero de 1815, contra la Masonería,
se puede decir que la acción conjunta de la Policía y la Inquisi-
ción provocó una represión terrible.[32]

Pero para hacerse una idea exacta del protagonismo de
Fernando VII en la acción persecutoria de la Masonería españo-
la, basta leer una carta suya, –cuyo manuscrito se conserva en
el Archivo de Palacio–, dirigida a Francisco Eguía, secretario de
Estado y del despacho de Guerra, fechada el 19 de noviembre
de 1817. Fernando VII escribe:

Eguía: No habiendo la menor duda en que se hallan establecidas
las Logias Francmasónicas en las ciudades de Cádiz, Coruña, Cór-
doba, Málaga,Valencia, Granada, Cartagena,Valladolid, Zaragoza,
94
y las Villas de Bilbao y esta Corte, como igualmente que muchos
de sus individuos pertenecen a la clase militar; conviene que con
la mayor reserva des las órdenes más estrechas y terminantes a
las personas que merezcan tu confianza en cada uno de los pun-
tos referidos, para que con la misma reserva vigilen toda clase
de reuniones, con especial encargo de que te den cuenta de todo
lo que puedan indagar acerca de este asunto, para mi soberana
resolución.

El monarca ordena que se tenga mucho cuidado en Mála-
ga y San Roque “con toda clase de personas que pasen a Gibral-
tar, examinando su estado, clase y condiciones, y el objeto a que
se dirigen, dando cuenta circunstancialmente de todas las ocu-
rrencias cada quince días”. Y finalmente manda que se vigile la
conducta de una serie de personalidades concretas, conocidas
por él gracias a los informes o denuncias remitidas a palacio,
“de alguna de las logias establecidas”. (Vid. FERRER BENIMELI,
José Antonio, Masonería española contemporánea... Vol. 1., p. p.
153 y 154).

Después del “Trienio Liberal” la represión antimasónica
se agudizó sobremanera. Nuevamente se confeccionaron listas
de personas acusadas de pertenecer a la masonería, y que, en
todos los casos, se habían distinguido “por su exaltación en favor
de la abolida Constitución”, aunque no siempre pertenecieran, o
hubieran pertenecido, a la Masonería.[33]

A la acusación de “liberalismo”, enseguida se sumó la de
“conspiración masónica”, en las antiguas colonias de América,
en cuyos países se estaban desarrollando acciones encamina-
das a obtener la independencia. En este sentido en un Real De-
creto de Fernando VII, fechado el 6 de diciembre de 1823, se
dice que:

Una de las principales causas de la revolución en España y en
América, y el más eficaz de los resortes que se emplearon para
95
llevarla adelante habían sido las Sociedades secretas, que bajo
diferentes denominaciones se habían introducido de algún tiem-
po a esta parte entre nosotros frustrando la vigilancia del Gobier-
no, y adquiriendo un grado de malignidad, desconocido aun en
los países de donde tenían su primitiva procedencia.

Por lo tanto, convencido mi Real ánimo de que para poner pron-
to y eficaz remedio a esta gravísima dolencia moral y política no
alcanzaban algunas determinaciones de nuestras leyes, dirigidas
a cortar el daño, y que por lo menos era necesario ampliarlas o
contraerlas a las circunstancias en que nos encontrábamos, redo-
blando las precauciones para descubrir las referidas Asociacio-
nes y sus siniestros designios, quise que el Consejo con antelación
a cualquiera otro negocio, se ocupase de éste, consultándome lo
que estimase más conveniente en la materia; a cuyo fin le remití
por mi primer Secretario de Estado y del despacho copias de los
decretos expedidos por varios Soberanos de Europa sobre el par-
ticular, encargándole y separando de su celo que en un negocio
de tanta importancia no dilataría su dictamen”.

Este Real Decreto provocó un largo informe sobre pro-
hibición de la masonería por parte del Fiscal del Reino, el 11
de diciembre de 1823, que coincide curiosamente, en lo fun-
damental, con un informe elaborado por el general Thovenot
sobre la situación de la masonería española, por encargo del
Grande Oriente de Francia.

Entre las medidas antimasónicas que fue adoptando el
gobierno fernandino destacan un Real Decreto de 1 de mayo de
1824, en el que se concede indulto y el perdón general a excep-
ción de los que hubieran pertenecido a sociedades secretas;
y una Real Cédula, más explícita, por la que se prohibían “en
los dominios de España y las Indias, todas las Congregaciones de
Francmasones, Comuneros y otras Sociedades Secretas, cualquie-
ra que fuera su denominación y objeto”.[34]

96
El 25 de septiembre de 1825, Fernando VII promulgaba
una nueva Real Orden, indicando ante quién debían esponta-
nearse los que pertenecieran a sociedades secretas. El 8 de oc-
tubre de 1825, el Supremo Consejo de la Cámara, publicaba en
Madrid sobre el modo de proceder en las causas eclesiásticas.

Y al día siguiente, una nueva Real Cédula, prevenía que
“los francmasones, comuneros y demás sectarios” debían ser
considerados como enemigos del Trono y del Altar, quedando
sujetos a la pena de muerte, y confiscación de bienes.

El 11 de octubre de 1825, Fernando VII concedía diversos
premios y condecoraciones a los militares que “no pertenecie-
ran ni hubieran pertenecido a ninguna secta o sociedad de franc-
masones, comuneros o cualquier otra”.

El 14 de Febrero de 1827, el Rey firmaba una Real Cédula
por la que mandaba guardar y hacer cumplir la bula inserta Quo
Graviora del Papa León XII, fechada en Roma el 13 de marzo de
1825, en la que se prohibía y condenaba toda secta o sociedad
clandestina cualquiera que fuera su denominación

Y finalmente, el 19 de marzo de 1831, Fernando VII firma-
ba un nuevo Real Decreto por el que se establecían comisiones
militares ejecutivas y permanentes “a causa de los hechos crimi-
nales perpetrados por las sectas tenebrosas”.[35]

El clima de colaboración entre la Iglesia y la Corona
era tal que igual que la “Gazeta de Madrid” publicaba las Bulas
Pontificias, los Decretos y Cédulas Reales eran dados a conocer
y comentados elogiosamente desde los púlpitos, por un clero
que veía masones por todas partes como de forma gráfica y real
describe Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales.[36]

El 13 de septiembre de 1821, Pío VII publicaba la Consti-
tución Ecclesiam Christi contra los carbonarios, que pretendían
97
la reunificación italiana. A pesar de que esta sociedad secreta
nada tenía que ver con la Masonería, se quiso entender que es-
taba, sin embargo, comprendida entre las sociedades secretas
prohibidas por los Papas. El Papa citó entre las sociedades pro-
hibidas, a los Liberi Muratori o masones, “sociedades de las que
es imitación la de los Carbonarios, si no es una rama”.

Pío VII, a diferencia de sus predecesores, prescribe que
“bajo pena de excomunión” cada uno está obligado a “denun-
ciar” al superior eclesiástico a todos los que supiera que per-
tenecían a dicha sociedad, e incluso, a los que sólo hubiesen
tenido relación con ella. El Papa prohíbe la lectura de libros de
los carbonarios, o que a ellos se refiriesen, debiéndolos enviar
al ordinario. Y extiende la condena a todas las sociedades se-
cretas, con la fórmula casi literal que ya había sido utilizada en
la primera condena pontificia contra la Masonería, In eminenti,
en 1738, por Clemente XII.

Años más tarde, el 13 de marzo de 1825, un nuevo Papa
vuelve a la carga contra los carbonarios mediante la constitu-
ción apostólica Quo Graviora, en la que se reiteraban las pro-
hibiciones anteriores, que se habían venido aplicando a toda
sociedad clandestina presente o futura, cualquiera que fuera
su nombre, “que tuviera por fin el conspirar en detrimento de la
Iglesia y de los poderes del Estado”.

En España, en 1827, todos los boletines eclesiásticos re-
produjeron íntegra la bula de León XII contra los masones. Ade-
más fue mandada leer durante tres domingos consecutivos en
todas las parroquias después de la Misa Mayor. Y el Gobierno la
publicó en la Gaceta, acompañada de la Real Cédula de 14 de
febrero de 1827. [37]

Después de la muerte de Fernando VII aunque la Ma-
sonería todavía seguirá prohibida, su persecución fue menos
virulenta. La Reina Regente concedió una amnistía en la que se
98
incluyó a los masones. Pero, la actitud gubernamental en re-
lación con la represión antimasónica, durante las regencias de
María Cristina (1833-1840) y del general Espartero (1840-1843),
fue firme, y los masones españoles fueron perseguidos, aunque
no con tanto rigor como en tiempos de Fernando VII.

A la caída de Espartero, y en el período de mayoría de
edad de Isabel II, las cosas siguieron como estaban. Una prue-
ba de que Isabel II persiguió a la Masonería fue el proceso se-
guido, en abril de 1853, contra una serie de masones extranje-
ros que integraban las “columnas” de una logia que funcionaba
clandestinamente en la calle Villa de Gracia de Barcelona.

Habrá que esperar a la Revolución de Septiembre de
1868, para que, con los nuevos vientos de libertad, la Masonería
pudiera desarrollarse libremente en España.

Notas
[1] J. A. FERRER BENIMELI, Masonería española contemporánea, Ma-
drid, Siglo XXI de España Editores, 1980, Vol. 1, p. 23.
[2] J. A. FERRER BENIMELI, La Masonería Española en el Siglo XVIII,
Madrid, Siglo XXI Editores. 1986, pp. 227 a 245.
[3] Sobre la pretendida pertenencia del Conde de Aranda a la Ma-
sonería: Vid. R. OLAECHEA y J. A. FERRER BENIMELI, El Conde de
Aranda (Mito y realidad de un político aragonés), Zaragoza, Librería
General, 1978, Volúmenes I y II.
[4] Esta logia que también recibió el apelativo de la “Matritense”, fi-
gura en los Registros oficiales de la Gran Logia de Inglaterra has-
ta 1768. (Vid. FERRER BENIMELI, La Masonería Española en el Siglo
XVIII... op. cit,. pp. 48 a 70).
[5] Vid. FERRER BENIMELI, José Antonio: Masonería, Iglesia e..., op.
cit., pp. 292 a 326.
[6] José Bonaparte fue nombrado Gran Maestre del Gran Oriente de
Francia, en 1804.
[7] Benito Pérez Galdós, que tanto interés mostró en sus Episodios
Nacionales por el tema masónico, en el primer capítulo del episodio
titulado “Napoleón en Chamartín”, escribe: Yo tengo para mí que an-
99
tes de 1809, época en que los franceses establecieron formalmente la
masonería, en España ser masón y no ser nada era una misma cosa. Y
no me digan que Carlos III, el conde de Aranda, el de Campomanes
y otros célebres personajes eran masones, pues como nunca los he
tenido por tontos, presumo que esta afirmación es hija del celo ex-
cesivo de aquellos buscadores de prosélitos que, no hallándo¬los en
torno a sí, llevan su banderín de recluta por los campos de la Historia
para echar mano del mismo padre Adán, si le cogen descuidado”. (En
J. A. FERRER BENIMELI, La Masonería en los Episodios Nacionales de
Pérez Galdós, Madrid, Ed. Fundación Universitaria Española, 1982, p.
27).
[8] En el discurso pronunciado en la Logia de “San José”, el 27 de
noviembre de 1809, al inaugurarse la Gran Logia Nacional de Espa-
ña, por el Hº Ferreira, Venerable de dicha Logia y Gran Representan-
te del Gran Maestre, se confirma esta orientación ideológica con las
siguientes palabras: “Finalmente, encaminándose única y esencial-
mente nuestras instituciones a fortificar todas las virtudes, a disipar
los errores del fanatismo, a propagar el amor a nuestros semejantes,
a predicar la sumisión a las leyes y aficionar y unir a los súbditos a su
Soberano, daremos fin a la inauguración de la nueva Logia Matriz con
un solemne homenaje al rey amado, cuyo nombre tiene; y el soberano
capítulo deliberará si será conveniente nombrar una comisión encar-
gada de llevar a los pies del trono la declaración de los principios
que animan a todos los miembros indistintamente, tales cuales acabo
de enunciarlos. Quizás no sea compatible el paso que propongo con
el acceso a S. M.; pero un Príncipe que ha creído honrarse con tener
el primer martillo de la Orden en Francia, por lo menos apreciará los
quilates de nuestro entusiasmo, y en él verá y leerá los votos que to-
dos hacemos por la prosperidad de su reinado y por la conservación
de su Augusta Persona. ¡Viva José Napoleón!”... (Archivo General de
Palacio, Madrid. Papeles reservados de Fernando VII, t. 15, folios 244
a 247). Vid. FERRER BENIMELI, Masonería española contemporánea.
Madrid, Siglo XXI Editores, 1980, Vol. 1. pp. 195 y 196.
[9] Por ejemplo, el 19 de enero de 1812, las Cortes de Cádiz revali-
da¬ron el decreto de 1751, del Rey Fernando VI, que, como hemos
visto, prohibía la Masonería española en todo el territorio de la Co-
rona.
[10] Vid. FERRER BENIMELI, Masonería española contemporánea. Si-
glo XXI de España Editores, Vol. 1, pp. 127 a 130.
[11] Ibídem. pp. 140 y 141.
100
[12] La Masonería había encontrado graves dificultades para su im-
plantación entre las clases sociales más bajas de la sociedad espa-
ñola por sus creencias religiosas, sus ritos, ceremonias y principios
filosóficos. El movimiento comunero, por el contrario, despojado de
todo misticismo, por su marcado carácter político y revolucionario,
creció de una manera desorbitada.
[13] Vid. FERRER BENIMELI, op. cit., pp. 145 y 146 e I. ZABALA, Maso-
nes, comuneros y carbonarios, Madrid, Siglo XXI Editores, 1971.
[14] El 12 de julio de 1828, una circular del Consejo Real excluía de
los grados académicos, licenciaturas, honores o destinos públicos a
cuantos hubieran pertenecido a sociedades secretas. (En FERRER BE-
NIMELI, Masonería española contemporánea, Vol. 1, p. 159).
[15] J. HERRERO, Los orígenes del pensamiento reaccionario español,
Madrid, Alianza Universidad, 1988, pp. 179 y 180.
[16] La edición de Madrid, se publicó, como una continuación de las
Memorias, con el título de Historia de la persecución del clero de
Francia en tiempo de la Revolución (Continuación de las Memorias
para la Historia del Jacobinismo o Conspiración de los sofistas de la
Impiedad), Madrid, Imp. Collado, 1814. Vid. FERRER BENIMELI, Biblio-
grafía de la Masonería, Madrid, Fundación Universitaria Española,
1978, pp. 168 y 169).
[17] El general Thovenot en representación del Gran Oriente de Fran-
cia, pronunció, el 5 de marzo de 1811, un discurso en la “tenida de ins-
talación” de la Logia “Los Amigos reunidos de San José, de Vitoria, en
el que, entre otras cosas, decía: “La superstición y el fanatismo, los dos
monstruos, azote de la humanidad, que han sido abatidos por todas
partes donde la Francmasonería ha penetrado, han detenido durante
dos siglos los progresos de las artes y de las ciencias en España; pero
los españoles vueltos sobre ellos mismos, liberados de todos los lazos
que impedían el desarrollo de su genio, llegarán pronto al grado de
civilización que distingue hoy a los otros pueblos de Europa; les igua-
larán en todos los géneros de conocimiento; deberán incluso sobre-
pasarlos en muchos de ellos, y entonces no habrá más dignos y más
celosos sobre la tierra”. (En FERRER BENIMELI, Masonería española
contemporánea, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 1980, p. 52).
[18] El orador de la logia madrileña de la Santa Julia, en un discurso
pronunciado el 28 de mayo de 1810, dice: “Hoy nos reunimos para ce-
lebrar la fiesta de nuestra patrona Santa Julia. ¿Qué dirán los supers-
ticiosos cuando sepan que los masones se reúnen para celebrar la
fiesta de una santa? ¿Y qué aquellos llamados comúnmente espíritus
101
fuertes? Los unos creerán que nos reunimos para insultar la Divinidad
con ritos impíos y sacrílegas ceremonias; los otros nos mirarán tal vez
con compasión, y creerán que nuestras fiestas en nada se diferencian
de las que celebran las cofradías. Pero, ¿qué nos importa lo que di-
gan los profanos? Los hijos de la luz escuchan con lástima, pero sin
desprecio, las hablillas de los que viven en las tinieblas, y trabajan
en paz por el bien de la humanidad y de aquellos mismos que sin
conocerlos los injurian o menosprecian... Para formar un completo
elogio de Santa Julia, basta saber que fue víctima de la intolerancia
del Gobernador de Córcega; de Córcega, donde nació catorce siglos
después el Héroe que asegura la paz de las conciencias. Santa Julia
murió crucificada por no querer abjurar la religión de sus padres y
abrazar el culto del tirano ¿Qué otra circunstancia de la vida de San-
ta Julia necesitan saber los masones, los masones enemigos de toda
especie de intolerancia, para honrar la memoria de esta víctima del
despotismo religioso?”. (FERRER BENIMELI, Masonería española con-
temporánea..., op. cit., p. 103).
[19] Ibídem. p. p. 52 y 53.
[20] FERRER BENIMELI, Masonería española contemporánea..., op.
cit., p. 113.
[21] El objetivo de este periódico antimasónico gaditano aparece pu-
blicado, el 17 de octubre de 1812, en su número 2. En la primera pá-
gina se declara: “Como quiera que se ha derramado por toda España
una casta de hombres perniciosos, que no desean otra cosa que la
subversión del Estado y aniquilamiento de la religión, si ser pudiera,
hemos creído hacer un gran servicio a Dios, a la Patria y a la religión
Santa, que profesamos, poniendo en claro y avisando a la nación los
peligros que la rodean, por la introducción de la maldita Sociedad de
los Francmasones, que se han extendido cual zorras astutas por todo
el suelo español. “El Sol”, que se ha propuesto aclarar todo cuanto
convenga en este orden para ilustrar a la Nación y no permitir que
esta casta de víboras ofenda la pureza de su Religión, demostrará con
el tiempo las logias de España, con datos positivos, que convencerán
de su real existencia. Damos por ahora sus ritos, preparamos para su
lectura más ánimos, asegurando que “comedia” más divertida, más
rica, más variada no la da el Señor Prieto en el Coliseo”. (En FERRER
BENIMELI, José Antonio, Masonería española contemporánea..., op.
cit., p. 112. Y en HERRERO, Javier, op. cit., p. 296).
[22] Caro Baroja cita a Fray Francisco Alvarado, más conocido como
“el Filósofo Rancio”, que en una carta dirigida, el 6 de agosto de 1810,
102
a don Francisco Javier Cienfuegos, escribe: “Salgan contra los filóso-
fos del día unos edictos semejantes a los que yo conocí salir contra los
judíos, y así como en aquéllos se mandaba delatar a los que guarda-
ban el sábado, se vestían en él de limpio o mostraban otros indicios
de ley mosaica, así también mándese delatar ahora a los que por sis-
tema dejan de oír misa y cumplir los demás preceptos de la Iglesia...”
(C. BAROJA, Los Judíos en la España Moderna y Contemporánea, Ma-
drid, Ediciones Istmo, 1978, p. 173).
[23] Cinco artículos del título quinto, capítulo tercero de la Consti-
tución de Cádiz, de 1812, se concibieron con vistas a destruir de un
modo radical las prácticas de la justicia habitualmente practicadas
desde la fundación del Santo Oficio. En el artículo 301 se garantiza
que en cualquier proceso el reo tendrá conocimiento del nombre de
los que testifican; en el 302, la publicidad; en el 303, se suprime el
tormento; en el 304, la pena de confiscación ,- que más tarde, Franco
aplicará contra los masones en la postguerra -, y en el 305 se abolle la
pena de infamia. Vid. BAROJA, op. cit., p. 178.
[24] BAROJA, op. cit., p. 175.
[25] Francisco Xavier de Mier y Campillo, Inquisidor General del Tri-
bunal del Santo Oficio, afirmaba en un edicto, fechado el 5 de mayo
de 1815, que “la funesta semilla de la incredulidad y de la herejía” se
había extendido sobre la superficie de España por obra de la “secta
inmoral de los judíos” y de “otros herejes que la han propagado, y
por la deplorable libertad de escribir, imprimir y publicar toda clase
de errores”. Y Jorge Borrow, en la Biblia en España, hablando de este
mismo tema dice que en nuestro país, en aquella época se distinguían
dos clases de judaísmo: el “negro”, o sea el Mosaísmo propiamente
dicho, y el “blanco”, en el que se incluían luteranos, liberales y franc-
masones. La opinión general era que el mal provenía del judaísmo, y
que Lutero, Calvino o Voltaire eran sus agentes. (BAROJA, op. cit., p. p.
183 y 184).
[26] Se justifica el posible perdón de los masones que se delaten a
ellos mismos, en un plazo máximo de quince días, diciendo literal-
mente: “Aunque tenemos noticia que muchos, forzados del insufrible
yugo de nuestros opresores o arrastrados a países extranjeros, han
tenido la flaqueza de alistarse en estas asociaciones, que conducen a
la sedición e independencia y a todos los errores y delitos; con todo
confiamos que restituidos a su libertad y patria, con sólo acordarse
que son españoles, oirán, a imitación de sus mayores, con docilidad y
respeto, la voz del Supremo Pastor, y de nuestro legítimo Soberano. Y
103
con parecer de los Señores del Consejo de S. M. de la Santa General
Inquisición ofrecemos desde luego recibir con los brazos abiertos y
con toda la compasión y ternura propia de nuestro carácter y ministe-
rio a cuantos espontáneamente se nos delaten en el término preciso
de quince días de la publicación de este Edicto, o de su noticia; pero
si alguno (lo que Dios no permita) se obstinare en seguir el camino de
la perdición, emplearemos, a pesar nuestro, el rigor y la severidad; y
por lo que nos toca, ejecutaremos las penas justísimamente impues-
tas por las leyes civiles y canónicas”. Vid. FERRER BENIMELI, Maso-
nería contemporánea española, Madrid, Siglo XXI de España, 1980,
Vol. 1, p. 115.
[27] Sometidos los Reglamentos de la Logia de “Los Amigos Reuni-
dos de San José” de Vitoria, fueron prohibidos “in totum”, el 11 de
septiembre de 1815, aun para los que tenían licencia de leer libros
prohibidos, “por contener proposiciones, reglamentos y fórmulas res-
pectivamente falsas, blasfemas, erróneas, piarium aurium ofensivas,
escandalosas, supersticiosas, ridículas, heréticas, impías, y por ser
comprendidos en las Bulas de los Sumos Pontífices Clemente XII y
Benedicto XIV, y en el Edicto de Flacmasones (sic) expedido por el
Pontífice reinante Pío VII, y mandado observar por el Excmo. Sr. In-
quisidor General a dos de enero del corriente año y en otros varios
edictos del Santo Oficio promulgados posteriormente”. Vid. FERRER
BENIMELI, Masonería española contemporánea..., op. cit., p. 119).
[28] Los sevillanos llamaban a la Inquisición medio en broma y en
serio “la chicharra” aludiendo sin duda a las ejecuciones que se rea-
lizaban mediante la quema del reo. El recuerdo de las denuncias se-
cretas y de las maquinaciones políticas para las que había servido la
Inquisición en la etapa en que fue restaurada por Fernando VII, era
muy vivo, en la España de mediados del siglo XIX, según el testimonio
de los viajeros extranjeros que visitaron nuestro país. Vid. BAROJA, op.
cit., pp. 185 y 186).
[29] Quienes, en 1823, restablecido el poder absoluto de Fernando
VII, acusaban a los liberales, de ser francmasones y judaizantes, po-
siblemente ignoraban que la entrada de las tropas francesas que die-
ron el triunfo a los “serviles” se hizo sobre la base de un préstamo de
67.620.215 francos que pusieron a disposición del soberano español
los Rothschild, con un interés bancario muy exorbitante. Vid. BAROJA,
op. cit., p. 188.
[30] Vid. BAROJA, op. cit., p. 193.
[31] Como ya hemos visto la “retractación” es una de las atenuantes
104
de los procesos inquisitoriales y será una de las constantes del siste-
ma represivo antimasónico.
[32] Por esta época se publicaron una serie de libros antimasónicos,
que al margen de sus delirantes contenidos, pretendían servir como
una posible justificación intelectual de la grave represión animada
por el Rey. Por ejemplo, la Historia cierta de la secta de los Francma-
sones, su origen y máximas, con la descripción de algunas logias, y
lo que pasa en ellas al recibirse uno de los Francmasón... cotejando
las máximas de éstos con las de los templarios... y con otras varias
notas, todas relativas al trastorno que se ve hoy día en Europa, por el
presbítero Don Luis Ducos. Imp. Francisco Martínez Dávila, Madrid,
1815. O el Discurso acerca de las penas que merecen los masones,
comuneros y demás sectarios de su especie por el hecho de serlo.
También La Franc-Masonería en cueros vivos y los Franc-Masones
en faldones, Gibraltar, 1823. Y Españoles: Unión y alerta. Extracto de
un papel cogido a los masones, cuyo título es como sigue: Máximas
e instrucciones políticas que el Grande Oriente Español ha manda-
do poner en ejecución a todas las logias de la masonería egipciana.
Imprenta Real de Córdoba, 1824. (Vid. FERRER BENIMELI, Masonería
española contemporánea, Vol. 1, p. 164).
[33] FERRER BENIMELI, op. cit., p. 155.
[34] A partir de la citada Real Cédula, todos los graduados de las uni-
versidades y quienes ejerciesen cualquier empleo, profesión u oficio
público: eclesiástico, militar, civil o político, antes de tomar posesión
de sus destinos se les obligaba a realizar una declaración jurada de
“no pertenecer ni haber pertenecido” a ninguna logia ni asociación
secreta de cualquiera denominación que fuera. Se procedía contra los
encubridores de las logias y demás sociedades secretas, y se orde-
naba a los corregidores, gobernadores y alcaldes, el dar cuenta a los
tribunales superiores de todo lo relativo al francmasonismo, y a los
tribunales se les exigía que cada cuatro meses remitieran al rey “las
listas comprensivas de los reos de tales delitos”. (Vid. FERRER BENI-
MELI, op. cit., pp. 157 y 158).
[35] El clima antimasónico se vivía en la calle. Patricio Escosura re-
cuerda en sus crónicas cómo, por ejemplo, una turba de realistas asal-
tó a Ventura de la vega, en la Puerta del Sol “por dejarse crecer el pelo
u llevar melenas, crimen reputado a la sazón como infalible síntoma
de masonismo”. (Vid. FERRER BENIMELI, op. cit., p. 159).
[36] Vid. FERRER BENIMELI, La Masonería en los Episodios Naciona-
les de Pérez Galdós. Madrid, Fundación Universitaria Española, 1982,
105
p. 238.
[37] Ferrer Benimeli cita como modelo de síntesis de la preocupación
de la Iglesia y la monarquía por las sociedades secretas el Edicto del
Ilustrísimo señor arzobispo de Granada en el que comunica a todos
los fieles de esta diócesis y se manda observar la real Cédula de S. M.
y señores del Consejo, por la que se manda guardar y cumplir la Bula,
que en ella se inserta, de nuestro santísimo Padre León XII, en que
prohíbe y condena de nuevo toda secta o sociedad clandestina, cual-
quiera que sea su denominación, con los demás que se expresa (Gra-
nada, año 1827); y la Instrucción Pastoral que el cardenal arzobispo
de Sevilla dirige a los fieles de su Diócesis, comunicándoles la Bula
de León XII contra las Sectas Masónicas, y otros decretos Pontificios
en que se condenan varias obras de nociva doctrina, también con fe-
cha de 1827. Ferrer Benimeli, considera que estos dos documentos
prueban, sobre todo, el celo monárquico de estos prelados, ya que
la Bula Papal había sido publicada ya hacía dos años... (Vid. FERRER
BENIMELI, Masonería española contemporánea, Vol. 1, p. p. 162 y 163).

*Juan José Morales Ruiz
Profesor-Tutor de Historia Contemporánea de España del Centro
Asociado de la UNED en Calatayud (Zaragoza)

Tomado de:

http://hispanianova.rediris.es/articulos/03_002.htm

HISPANIA NOVA: NÚMERO 3 (2003)
Revista de Historia Contemporánea
Fundada por Ángel Martínez de Velasco Farinós
ISSN: 1138-7319 DEPÓSITO LEGAL: M-9472-1998

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107
MASONES LOGRAN INDEP
108
Herbert Oré B
PENDENCIAS Y LIBERTAD
Belsuzarri 33° 109
Uno de los hechos más asombrosos de la historia es que la mayo-
ría de los países de habla española y portuguesa en América lo-
graran su independencia entre 1,811 y 1,830, excepción hecha de
la República Dominicana (1,844), Cuba (1,898) y Panamá (1,903);
y en todas ellas participaron los masones.

La masonería puede ser vista de muchas formas, recuerde que
no hay nada absoluto, y esto es precisamente lo que ocurría en
el s. XVIII.

Anderson público en 1,723 el primer documento oficial de la
masonería inglesa donde enunciaba, II Del Jefe de Estado y sus
subordinados: “El Masón ha de ser pacífico súbdito del Poder ci-
vil doquiera resida o trabaje, y nunca se ha de comprometer en
conjuras y conspiraciones contra la paz y bienestar de la nación ni
conducirse indebidamente con los agentes de la autoridad; por-
que como la Masonería recibió siempre mucho daño de la gue-
rra, el derramamiento de sangre y el confusionismo, los antiguos
reyes y príncipes estuvieron siempre dispuestos a favorecer a los
masones a causa de la quietud y lealtad con que prácticamente
respondían a las sofisterías de sus adversarios y fomentaban el
honor de la Fraternidad que siempre floreció en tiempo de paz.
Así que si un hermano se rebela contra el Estado, no se le ha de
apoyar en su rebelión, aunque se le compadezca por tal desgra-
cia; y si no está convicto de ningún crimen, aunque la leal Frater-
nidad deba condenar la rebelión y no dar al Gobierno el menor
motivo de recelo ni asomo de fundamento sobre el particular, no
podrán expulsarlo de la Logia y su relación con ella permanece
incólume” (Constitución de Anderson de 1,723). Esto es un cla-
ro manifiesto a que el masón no debía participar en conjuras y
conspiraciones, así como tampoco debían apoyar a quienes lo
hicieran.

Las autoridades masónicas de las logias eran electas entre sus
miembros, IV. De los Maestros, Vigilantes, Compañeros y Apren-
dices: “Toda preferencia entre los masones ha de fundarse única-
110
mente en la valía y mérito personal, a fin de que los Señores estén
bien servidos y no tengan de qué avergonzarse los hermanos ni
haya motivo de despreciar el Arte Real. Por lo tanto, los Venerables
y Vigilantes no se elegirán por su antigüedad, sino por su mérito”
(Constitución de Anderson de 1,723). Pero Los gentleman ingle-
ses consideraban que ser masón era una forma de expresar su
condición de “Nobles Caballeros” en un club de aristócratas y,
desde 1,721 los ingleses elegirán como Gran Maestre solo a un
aristócrata.

Por otra parte las referidas Constituciones en I. De Dios y de la
Religión, dice: “El Masón está obligado por su carácter a obe-
decer la ley moral, y si debidamente comprende el Arte, no será
jamás un estúpido ateo ni un libertino irreligioso. Pero aunque en
tiempos antiguos los masones estaban obligados a pertenecer a la
religión dominante en su país, cualquiera que fuere, se considera
hoy mucho más conveniente obligarlos tan sólo a profesar aque-
lla religión que todo hombre acepta, dejando a cada uno libre
en sus individuales opiniones; es decir, que han de ser hombres
probos y rectos, de honor y honradez, cualquiera que sea el credo
o denominación que los distinga” (Constitución de Anderson de
1,723). Por entonces era común que católicos e incluso sacer-
dotes, fueran miembros de Logias. De hecho, en 1,729, el duque
de Norfolk, católico practicante, fue Gran Maestre de la Gran
Logia Inglesa, hasta que en 1,738, el Papa Clemente XII publicó
la Bula “In Eminenti” en la que condenaba a la masonería. En
ella prohíbe a los católicos dar su nombre como miembros de
asociaciones francmasónicas. Este es el primer documento de
un pontífice por el cual se condena a los francmasones a la pena
de excomunión.

La Bula tiene su origen en el aumento del número de miembros
en las Logias Masónicas, donde defendían ideas que la Iglesia
consideraba peligrosas para el mantenimiento de su poder que
siempre estuvo asociado y protegido por el “poder temporal”
desde la época del Imperio romano. Una de las figuras que más
111
recelo provocaban a la Curia en estos momentos era un anticua-
rio prusiano, Philipp von Stosch (22 marzo 1,691 - 7 noviembre
1,757), considerado, para la época, un revolucionario que de-
fendía ideas de libertad y que presumía de ser un “Liberi Mu-
ratori” –Free-Mason o Franco-Masón– y miembro de una Logia
Masónica en Florencia. La membresía en las Logias Masónicas
“esparcidas a lo largo y ancho del mundo, cada día crecía y se
fortalecía”, y estaba abiertas a todo hombre sin importar su reli-
gión o secta, solo obligados a guardar sus secretos.

Como resultado, toda participación católica en la Masonería fue
prohibida, y los obispos debían a proceder en su contra “como
inquisidores de la herejía y ser ayuda del brazo secular”.

En 1,773, fecha de la fundación del Grand Orient de France
(Gran Oriente de Francia), se estableció el principio, hoy unifor-
memente admitido, de no reconocer como Venerable Maestro
de una Logia más que al Maestro elevado a esa dignidad por la
elección libre de los miembros de la Logia. (Artículo IV, sección
I, Título I de las Constituciones del Gran Oriente de Francia).
En la segunda mitad del s. XVIII, en Francia, la masonería deja
de ser un Club de hombres ilustrados y se “contamina con las
ideas de los enciclopedistas”, para convertirse en caja de reso-
nancia del “Siglo de las Luces”, participando en las concepcio-
nes que dieron pie a la Revolución Francesa, y en la posibilidad
de nuclear a un grupo de jóvenes pertenecientes a la burguesía
criolla americana, que a partir de sus propios talentos y con la
ideología libertaria que vehiculizaban las Logias continentales
europeas, independizaran a casi todo el continente americano
en las dos últimas décadas del s. XVIII y las dos primeras del
XIX. Los franceses hicieron de sus logias un espacio para filo-
sofar y abundar sobre la ilustración en un noble escenario. Los
españoles creían que la masonería era una moda aristocrática
europea, mientras al otro lado del mundo –en América– la ma-
sonería llegaba como una expresión de los nobles ideales de
los conquistadores europeos, pero no lograban entender ¿por
112
qué estos nobles ideales unidos a su religión, los perseguían
para quitarles sus tierras o gravarlos con impuestos?

Algunos criollos viajaron a Europa, creídos que su fortuna les
abriría las puertas de las cortes o por lo menos a los espacios
exclusivos de los adinerados. Craso error, ellos solo les presta-
ban atención para “utilizarlos” en sus propios fines. Bebieron así
la esencia de las sociedades europeas, y muchos empezaron a
incubar resentimientos y ansias de sacudirse de su condición
de subordinados de las coronas europeas.

Los comunes enfrentamientos entre las coronas europeas, gene-
raba a su vez nuevas técnicas y tácticas para sobreponerse a sus
eventuales opositores, que siempre estuvieron alentados y fi-
nanciados por sus correspondientes comerciantes y banqueros,
que nunca se contentaban con lo que habían logrado, sino que
siempre deseaban más, en cuyo propósito no tuvieron ningún
impedimento de los que detentaban el poder europeo –la igle-
sia y los reyes– ya que todo se reducía a un cálculo de ganancias
y pérdidas, así como de una probable solución, siempre que
esta esté adecuadamente pagada en efectivo, o tenga la posi-
bilidad de generar ganancias futuras, o una mezcla de ambas.

En este escenario los masones europeos, cada quien en lo suyo,
intentaban darle forma a las bases y fundamentos del oficio.
Mientras los ingleses usaban la masonería como un instrumento
de su política expansionista, sea para anexar nuevos territorios,
o para mantener los que tenía, los masones franceses desarro-
llaban sus ideas revolucionarias de sacudirse de la monarquía,
pero solo en teoría y palabras.

Los masones de la colonia inglesa en América, llevados por sus
propias vicisitudes decidieron dar un paso histórico, llevar las
ideas de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, a un hecho concre-
to: Luchar por su independencia, en esa tarea tuvieron el apoyo
de los franceses.
113
LA INDEPENDENCIA DE LOS EEUU.

Inglaterra en el s. XVIII poseía la más importante colonia de
población del mundo. Estaba formada por trece territorios es-
calonados a todo lo largo de la costa atlántica de América del
Norte, fundadas en épocas y condiciones diferentes. Al desa-
rrollarse, estos territorios adquirieron características propias,
que permiten distinguir tres grupos, en función de su género
de vida, la forma de su sociedad política y sus actividades pro-
ductivas: Al Norte, 4 colonias formaban el grupo de Nueva In-
glaterra: Massachusetts, Connecticut, New Hampshire y Rhode
Island. Poblada en gran parte por puritanos, de fuerte carácter
religioso, que impregnaba profundamente la vida pública. Su
ciudad más importante era Boston. Al Sur, 5 colonias: Virginia,
Maryland, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia. De
carácter mucho más rural que las colonias del norte, con po-
cas ciudades. La explotación del suelo se fundamentaba en el
sistema de la plantación, con importante mano de obra negra
importada de África. Los ricos plantadores, generalmente an-
glicanos, formaban una sociedad aristocrática, muy distinta a
la sociedad de Nueva Inglaterra. La ciudad más importante era
Charleston. En la zona central, 4 colonias: New Jersey, New York,
Delaware y Pennsylvania. Su población estaba muy mezclada
–ingleses, alemanes, suecos, holandeses– y contenía represen-
taciones de todas las sectas religiosas – Pennsylvania había sido
fundada por cuáqueros, que llevan al extremo la igualdad del
hombre respecto a Dios y de la revelación directa y personal al
individuo, y eran y son pacifistas– su ciudad más importante era
Filadelfia. Aunque las colonias gozaban de libertades políticas
análogas a las de los ciudadanos de Inglaterra, no ocurría así en
el campo económico.

Las colonias de América eran, ante todo, un mercado reservado
a la metrópoli, y los colonos no tenían derecho a crear determi-
nadas industrias. Los problemas económicos contribuían, por
ello, a separar a las colonias de la metrópoli, en un momento en
114
que la autonomía política, muy amplia, y la mentalidad nortea-
mericana estaban creando una nacionalidad distinta de la na-
cionalidad inglesa. Tras la Guerra de los Siete Años, Inglaterra,
que atravesaba una situación financiera delicada, decidió en
1,765 gravar a los colonos con un impuesto de guerra consisten-
te en un sello que los coloniales habían de estampar en todos
sus documentos, contratos y hasta periódicos para darles carác-
ter oficial –el papel sellado con timbre del Estado–, esto produ-
jo un gran descontento entre los colonos, que sostenían que nin-
gún ciudadano inglés debía pagar un impuesto si no había sido
antes aceptado por él o por sus representantes. El gobierno de
Londres, por su parte, argüía que el Parlamento representaba a
todos los súbditos de la Corona. Los americanos consideraban
que sólo las Asambleas coloniales estaban cualificadas para
aprobar impuestos en su nombre. El sentimiento de desconten-
to se tradujo en la creación de organizaciones –Los Hijos de la
Libertad, Comités de Correspondencia, Minutemen– dirigidas
por hombres como Samuel Adams, John Adams y James Otis. Los
brotes aislados de sentimiento nacionalista, como la matanza de
Boston (1,770), el incendio del barco inglés Gaspee (1,772) y la
rebelión del té de Boston (1,773), prepararon el camino para la
reunión del primer Congreso Continental (1,774), celebrado en
Filadelfia, del que surgió la Declaración de Derechos –la ma-
yoría de los diputados de las colonias no querían romper con
Inglaterra, sino solamente que se reconocieran sus derechos–,
mientras los coloniales empezaron a armarse. El primer conflic-
to armado tuvo lugar en Lexington y Concord en abril de 1,775.
Un mes después se reunió el segundo Congreso Continental,
que se hizo cargo de la dirección de la sublevación, asumió to-
dos los poderes y nombró a George Washington (1,732 – 1,799)
comandante en jefe del ejército. Este Congreso, después de ha-
ber tratado inútilmente de encontrar una fórmula conciliadora
con Inglaterra, declaró la independencia de los Estados Unidos
de América el 4 de julio de 1,776. La Declaración de la Indepen-
dencia, redactada por Thomas Jefferson (1,743 - 1,826), recogía
los principios del derecho natural racional, afirmando derechos
115
que consideraba inalienables en el hombre (vida, libertad, fe-
licidad), a la vez que exponía las quejas de las colonias. Final-
mente, concluía declarando las colonias estados libres e inde-
pendientes. La Declaración de Independencia de los EEUU no
era ni más ni menos que una declaración de guerra a la corona
británica. La guerra fue larga y difícil (1,776 – 1,783): la situa-
ción militar de los americanos era angustiosa –sin recursos, sin
armas ni municiones, sin vestidos y mal organizados–, agravada
esta situación con que Inglaterra acababa de salir de las lar-
gas luchas europeas y coloniales de mediados de siglo y debía
combatir lejos de sus bases. Los americanos buscaron la alianza
de Francia, la gran enemiga de Inglaterra –aunque las colonias
lucharon contra Francia durante la Guerra de los Siete Años.

Los franceses, desde el principio, se habían interesado por la
causa americana. En un principio, se limitó a una ayuda indirec-
116
ta: armas y municiones, además de subsidios. La caída de Nueva
York en manos de los ingleses quedó compensada por las victo-
rias de Washington en Trenton y Princeton. Pero fue decisiva la
victoria de las colonias en Saratoga (1,777) la que persuadió a
Francia a entrar oficialmente en la guerra al lado de los ameri-
canos (1,778). Francia reconocía la soberanía e independencia
de los americanos e intentó el apoyo de España. Ésta ofreció una
alianza a cambio de la promesa de Menorca, Gibraltar, Florida
y las Honduras británicas (1,779). En 1,780, Francia consiguió la
unión de Holanda contra los ingleses. El conflicto que enfren-
tó a Inglaterra, Francia, EEUU y más tarde también a España y
Holanda tuvo como escenario principal, además de los EEUU,
las Antillas y la costa de la India y, de manera general, todas las
zonas neurálgicas marítimas y coloniales. El ejército franco-es-
pañol intentó, sin éxito, reconquistar Gibraltar. Por el contrario,
Menorca fue recuperada. En el océano Índico y en las Antillas,
la flota francesa desplegó una intensa actividad. Sin embargo,
el resultado de la guerra se jugaba en América. Finalmente, los
ingleses perdieron en Yorktown (1,781), atacado por un ejército
franco-americano apoyado por la flota francesa, y tuvieron que
aceptar el Tratado de Versalles (1,783). El Tratado de Versalles
incluía cuatro acuerdos. En el acuerdo anglo-americano, Ingla-
terra reconocía la independencia de las 13 colonias y les cedía
los territorios del sur de Canadá. El acuerdo anglo-holandés
fijaba la restitución recíproca de las conquistas, excepto Nega-
patau, última factoría holandesa en la India y que quedaba en
poder de los ingleses. El acuerdo anglo-español que preveía
la devolución a los españoles de Menorca y gran parte de la
Florida, cuya frontera quedaba fijada en el Mississippí, pero los
ingleses se quedaban con Gibraltar. Y, por último, el acuerdo
anglo-francés por el que cedía a Francia los establecimientos
ocupados en la India y en el Senegal, algunas Antillas, St. Pie-
rre-et-Miquelon y el derecho de pesca en Terranova.

Después de la victoria, los americanos atravesaron una grave
crisis, a la vez política y financiera. Política porque cada una de
117
las trece colonias que se habían asociado para luchar contra la
metrópoli se consideraba independiente o con derecho a ser
independiente. Financiera porque era evidente la necesidad de
una moneda común a los trece estados. La deuda era enorme,
surgía el problema de los impuestos: los Estados no querían
atender a los gastos de la colectividad, había que aclarar la si-
tuación de las tierras del Oeste, habitadas por indios y donde
habría numerosas discusiones por la delimitación de fronteras.
George Washington prestó su influencia en favor del estableci-
miento de un sistema político fuerte. Se reunió la Convención
de Annapolis (capital de Maryland, 1,786) para tratar proble-
mas económicos y comerciales, donde se propuso la reunión de
una Convención con poderes constituyentes para preparar la
unión continental. Esta Convención (1,787), presidida por Was-
hington y formada por 55 delegados entre los que figuraban los
hombres más prestigiosos del país, elaboró, tras no pocas dis-
cusiones, la Constitución de 1,787, que habría de ser ratificada
por convenciones locales. Esta Constitución establecía un régi-
men republicano democrático, que recogía los principios del
liberalismo político y estaba inspirada en los ideales ilustrados
de igualdad y libertad. Tras dura controversia política entre fe-
deralistas y autonomistas, la Constitución recibió la aprobación
de 9 estados, lo que bastaba para su adopción. Sin embargo, no
entró en vigor hasta 1,789. La Constitución reconoce la existen-
cia de un nuevo estado federal, el de los Estados Unidos, y su-
prime en parte la soberanía e independencia de los 13 estados
formantes. Se crean instituciones federales con dos objetivos:
la prosperidad general y la defensa común, manteniendo cada
estado un gobierno autónomo con muchas competencias en po-
lítica interior. Establece la separación de poderes:

• Legislativo: formado por dos cámaras, la Cámara de los Repre-
sentantes, integrada por diputados de cada Estado, y el Senado,
que examina y vota las leyes aprobadas por la Cámara de Re-
presentantes.
• Ejecutivo: ostentado por el presidente de la república, puede
118
realizar su propia política, nombrar ministros, etc. pero no pue-
de proponer leyes ni legislar.
• Judicial: independiente y con un Tribunal Supremo que decide
si las leyes están conformes con la Constitución.

Estatua de Washington en el interior del Washington Masonic National Me-
morial. Foto suffolkmasons.com

George Washington fue elegido por unanimidad como primer
presidente de los EEUU en 1,789. Con él triunfaba la tenden-
cia federalista, que contribuiría a fortalecer la Unión. Existe una
hermosa anécdota, atribuida a Washington, que dice mucho de
su convicción democrática que impregnaba las logias america-
nas, que no estaban contaminadas del aristocratismo europeo.
La anécdota en cuestión recuerda la manera en que Washington
saludaba a su jardinero: “Buenas tardes, Venerable Maestro”.
Y es que el empleado del primer presidente americano había
ocupado el trono de Salomón el día en que Washington se ini-
ciara en los Misterios de la Francmasonería.
119
Tomando el ejemplo de los Estados Unidos de Norte América,
los masones franceses contribuyeron para que su pueblo toma-
ra las armas y se sacudiesen de su rey, con las implicancias que
ello significo para todo el orbe.

LA REVOLUCION FRANCESA.

“Una leyenda imputa a los masones una pesada responsabilidad
en la Revolución y en el Terror. Nacida desde 1,792 bajo la pena
del Abad Lefranc (Le Voile levé pur les curieux), popularizada en
1,797 en medio de la contra revolución por el Abad Barruel (Me-
moires para servir a l’histoire du jacobinisme), continuada en el
siglo XX por Augustin Cochin (La) Y subyace en las representacio-
nes de este período, pone en evidencia el pretenso gran número
de revolucionarios masones, la importancia de su simbolismo en
las imágenes revolucionarias y las temáticas desarrolladas por
los revolucionarios. Esta leyenda es totalmente infundada.

En 1,789, los hermanos son menos de 50,000, repartidos en 700
tiendas. Los vínculos que los unen son tenues e incluso el Grand
Orient de Francia, la menos pasajera de las obediencias dirigida
por Philippe d’Orléans tiene una débil influencia sobre las tiendas
afiliadas. Los propios masones tienen las reacciones más varia-
das ante los episodios de la Revolución: el duque de Luxemburgo
emigra a partir de 1,789, Chaumette se convierte en uno de los
Enraivecidos, el más visible durante el Terror; Buonarroti, el her-
mano de armas de Babeuf es masón, así como Joseph de Maistre,
una de las grandes voces de la historia contra la revolucionaria a
principios del siglo XIX. Esto se explica por una masonería muy
disparatada –social, filosófica, políticamente: en 1789, las tiendas
pueden reagrupar a militares, eclesiásticos, aristócratas, artesa-
nos...” (Olivier Coquard, Masonería y Revolución Francesa: una
influencia relativa).

El principal teórico que achacó la Revolución a la masonería
fue el sacerdote jesuita francés Augustin Barruel (1,741-1,820).
120
El religioso afirmó que la francmasonería estaba detrás de la
Revolución en su libro, “Memoria para servir a la Historia del Ja-
cobinismo” (1,797-1,799).

Otro de los defensores de esta teoría fue el erudito y profesor
escocés John Robison (1,739-1,805), que llegó a las mismas
conclusiones. Curiosamente, Robison era masón pero denunció
una conspiración masónica contra los poderes establecidos en
Europa en una obra que publicó en 1,797. La teoría de Robison
no era exactamente igual a la de Barruel, ya que, además de an-
timasónica era, también anti jesuítica. Según el autor, los maso-
nes habían generado muchas de las disputas contra la religión
cristiana pero los “jesuitas habían participado en casi todas las
disensiones e innovaciones condenables, especialmente desde
que la Compañía fue disuelta en el s. XVIII. Además, los jesuitas
habían pretendido mantener su influencia por medio de la maso-
nería, una asociación que tenía como único fin la destrucción de
la religión y de los estados europeos”.

El clima cultural que abre el paso a la revolución se ve larvada
a lo largo del s. XVIII con la Ilustración y el Enciclopedismo. Es
útil recordar que el período revolucionario se inicia con la con-
vocatoria de los representantes del clero, la nobleza y el pueblo
llano, en los Estados Generales; los representantes del “Tercer
Estado”, del pueblo llano, eran 578, de los cuales 477 eran “ini-
ciados” en las logias. Noventa representantes de la aristocracia
lucían también mandiles en sus tenidas, así como un cierto nú-
mero del clero. Este contingente se adhirió a la masonería, en
parte, por oportunismo, pero también haciéndose eco del clima
cultural favorable que impregnó a la sociedad civil francesa en
el curso del s. XVIII. Montesquieu y Fenelon fueron en buena
medida sus inspiradores. Ambos estaban relacionados con la
masonería.

Montesquieu había sido iniciado en la masonería durante su es-
tancia en Londres. Fenelón, por su parte, tuvo a Ramsay uno de
121
los artífices de la masonería moderna como secretario y luego
como ejecutor testamentario. No consta que Fenelon participara
en la masonería, pero su obra “Telémaco” está repleta de alego-
rías que inducen a pensar en que conocía bien la temática de
las logias. Luis XIV lo miró siempre con desconfianza.

La masonería es, en esos tiempos, una “sociedad de pensamien-
to” que, dejando cada vez más atrás sus orígenes católicos, se
resiente de dos influencias: la inglesa y la alemana. De la prime-
ra procede el racionalismo mecanicista y volteriano, mientras
que la segunda se verá influenciada por el misticismo germáni-
co y el martinismo.

No puede decirse que haya uniformidad ideológica en las lo-
gias, éstas se romperán en distintas obediencias y ritos. En el
último período de maestrazgo de Louis de Borbón, la influencia
política de la sociedad es notoria y esto provoca nuevas limi-
taciones a su actividad. Poco a poco, los masones católicos, al
estilo de De Maistre, se van encontrando en minoría y anegados
por el crecimiento espectacular de la filiación.

La primera logia había sido ya constituida en Francia en 1,725,
se trata de la Logia de Santo Tomás de París. En 1,732 es recono-
cida por la Gran Logia de Inglaterra. La asociación se extiende
rápidamente entre la nobleza. Uno de los amigos íntimos de Luis
XV, el duque de Villeryo, fue uno de los primeros masones fran-
ceses. El mismo rey se interesó por la vida de las logias. Pero el
hecho de que subsista en torno a la masonería una aureola de
secretismo y que la moda de las logias proceda de la “pérfida
Albión” en esos momentos, hacen que en 1,737 la francmasone-
ría sea prohibida. Seguirán reuniéndose en un hotel del barrio
de la Bastilla y en 1,738, el duque de Antin, asumirá el cargo de
Gran Maestre; solo ocupará un año el cargo, sucediéndole el
primo del rey, Louis de Borbon Condé que ostentará el cargo
hasta 1,771. Bajo su mandato las logias ganarán peso e influen-
cia y se extenderán por toda Francia.
122
Al asumir el cargo de Gran Maestre el duque de Chartres, asis-
tido por el duque de Montmorency en 1,771, se produce una
pugna en el interior de las logias que tiene motivos filosóficos el
Gran Oriente, poco a poco, se va deslizando hacia posturas de
indiferencia religiosa, pero también organizativos; durante unos
años la masonería francesa estará dividida entre el Gran Orien-
te y el Oriente de Francia. Poco antes de la revolución existen en
toda Francia 629 logias, de ellas 63 en el mismo París, adscritas
al Gran Oriente, mientras que las logias del Oriente ascienden
a 376 logias, cifras impresionantes. El número de francmasones
en ese momento era superior a los 75,000 en Francia.

En el curso de la revolución las logias perdieron la fuerza que
tenían anteriormente: habían sido dirigidas por nobles, buena
parte de los cuales, o bien se exiliaron, o se limitaron a parti-
cipar en las primeras fases de la revolución, siendo barridos,
más adelante, por los jacobinos. En cuanto a sus grados más
bajos, ocupados generalmente por burgueses, la virulencia de
los acontecimientos, les retrajo del trabajo en las logias. El mis-
mo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, Felipe, en 1,793,
tras haber votado a favor de la ejecución de su primo Luis XVI,
rechazaba la práctica del secreto en la masonería “no debe de
123
haber ningún secreto ni misterio en una república”, escribía di-
mitiendo de la sociedad. A partir de ese momento la masonería
como tal desapareció del escenario revolucionario; Felipe mo-
tejado “Igualdad” fue guillotinado el 1,793, después de que su
espada ceremonial fuera rota en la Asamblea del Gran Oriente
de Francia.

Es imposible demostrar documentalmente que la masonería
francesa, inglesa o el iluminismo alemán emitieran alguna di-
rectiva concreta para iniciar, dirigir o encauzar los aconteci-
mientos, lo cierto es que la casi totalidad de los líderes revolu-
cionarios, fueron miembros de las logias.

El aporte de las logias a la revolución.

“Extendida en sobremanera, la masonería no era pues secreta ni
oculta en la Francia pre-revolucionaria, “por la sencilla razón de
que aquí todo el mundo es masón”; y tampoco sus quehaceres
guardaban misterios ¡ni siquiera para la Corona!, como así pa-
rece demostrar una epístola de 1,781 en la que María Antonieta
describía las logias como sociedades en donde “se come mucho
y se canta”.

Aunque de estas palabras se podría intuir que en la masonería
anterior a la Revolución no se entraba para hacer política, sino
más bien para experimentar los éteres de la fraternidad, del pla-
cer y de la diversión, hoy día es aceptada la influencia que sobre
los sectores revolucionarios ejercieron los principios masónicos.
Y es que, en el interior de las logias, “los partidarios de la Ilustra-
ción intentaron realizar la igualdad social, el ideal de humanidad
y la idea de la perfección moral”, sin tener en cuenta, además, los
privilegios estamentales. Con todo, este arquetipo nunca se pre-
sentó partidario de la subversión violenta del orden social, es de-
cir, nunca fue revolucionario” (Isidro Ot Padil, Liberté, Egalité et
¿Fraternité? La masonería y su papel en la Revolución de 1,789).

124
Las logias masónicas fueron en la Francia pre revolucionaria,
la correa de transmisión de las nuevas ideas. Es innegable que
su aportación fue fundamentalmente ideológica y simbólica, si
bien no hay pruebas objetivas, de valor para la historiografía,
de que organizativamente las logias prepararan los sucesos re-
volucionarios.

“Dantón fue un personaje clave en el desarrollo de la Revolución.
A él se debe la consigna de “¡Audacia, siempre audacia!”, síntesis
del espíritu que animó a los protagonistas del estallido revolucio-
nario.

En mayor o menor medida la obra de Rousseau “El Contrato So-
cial” influyó en los actos y las ideas de los revolucionarios france-
ses y americanos. En esta obra se sostenía que el poder en la so-
ciedad estaba fundado en un pacto mediante el cual los hombres
habían hecho renuncia de su libertad natural, para asegurarse la
libertad civil. La soberanía no residía en un monarca aureolado
de un poder consagrado por la divinidad, sino en la ciudadanía.
Esta afirmación de la libertad de los ciudadanos tiene un claro
correlato con lo defendido por la Masonería desde la lejana Edad
Media. En el “Contrato Social” roussioniano se alaban las virtudes
de la Igualdad social y se fundamenta claramente la Declaración
de los Derechos del Hombre; heredera directa, por cierto, de la
Declaración de Independencia americana.

Rousseeau no era masón (es más, no se le conoce ninguna expre-
sión de simpatía por la Masonería), pero los masones franceses
hicieron suyas la mayoría de sus ideas filosóficas y políticas. No es
de extrañar que una de las logias más influyentes aquellos días, la
logia “El Contrato Social” fuera llamada así en honor del filósofo
ginebrino. De hecho, si hubiera que nombrar dos logias prerre-
volucionarias, cuya influencia fuera determinante en los aconte-
cimientos de 1789, estas logias serían “Las Nueve Hermanas” y el
“Contrato Social”. Ambas se fundaron en París en 1,776 contando
con la presencia de la élite de la nobleza liberal, los militares e
125
intelectuales ilustrados” (Gran Logia de Aragón - Gran Oriente
de Aragón, La implicación de la Masonería en las Revoluciones
americana y francesa de fines del siglo XVIII).

En diciembre de 1,790, en un discurso sobre la organización de
las milicias nacionales, Robespierre propone inscribir las pala-
bras “El Pueblo Francés” y “Libertad, Igualdad, Fraternidad” en
los uniformes y las banderas, pero su proyecto no se aprueba.
A partir de 1,793, los parisinos, imitados al poco tiempo por los
habitantes de las demás ciudades, pintan en la fachada de sus
casas la leyenda siguiente: “unidad, indivisibilidad de la Repú-
blica; libertad, igualdad o muerte”. Pero pronto se les invita a
borrar la última parte de la fórmula, demasiado asociada al Te-
rror…

En casi todas las formulas de la divisa, aparecían dos palabras:
La primera “libertad” y la segunda “igualdad”, pero se combi-
naban con una tercera variable, como “orden”, “unidad”, “ra-
zón”, “justicia”, “fuerza”, “virtud”, “fraternidad”.

El pueblo francés no interpretaba igual que la burguesía los con-
ceptos de “libertad” e “igualdad”. El colectivo burgués defen-
día la libertad económica –hoy en día más comúnmente cono-
cida como liberalismo económico o capitalismo– y la igualdad
jurídica para que no hubiera leyes ni tribunales diferentes para
la aristocracia y la Iglesia. La burguesía, aspiraba a un status su-
perior, aprovechando el malestar del pueblo en una coyuntura
de crisis económica desencadenada por el alza de los costes
del pan a causa de unas malas cosechas y la liberalización de su
precio. Con el progresivo establecimiento del liberalismo eco-
nómico la monarquía había eliminado el precio fijo de los ali-
mentos. Estas mismas revueltas de insatisfacción se habían pro-
ducido en el año 1,766 en España, por tanto la burguesía solo
pedía: libertad e igualdad que solo suponían el reconocimiento
de su poder político y económico, el resto continuaba igual.

126
En el s. XIX los liberales empezaron recurrentemente a utilizar
unidas las palabras “libertad” e “igualdad”, por lo anteriormen-
te mencionado de que identificaban significativamente su pen-
samiento. Por su parte, los socialistas utópicos comenzaban más
a fijarse en el concepto de “fraternidad”, por su carácter social
y globalizador. En la década de 1,840 solían aparecer las tres
palabras ya ligadas en un mismo lema, “libertad, igualdad, fra-
ternidad”, hasta que finalmente se consolidó en la Revolución
Francesa de 1,848.

Pero la divisa “Libertad, Igualdad, Fraternidad” ya era masónica
desde mucho antes, así fue utilizado por los masones de EEUU
en su lucha por su independencia y, fue incorporada al acervo
revolucionario francés posteriormente.

La Revolución americana se adelantó en una década a la fran-
cesa, prefigurándola en cierto modo. Sus más conspicuos di-
rigentes estaban claramente inspirados en su ideología an-
ticolonialista por valores de raíz masónica. Los padres de la
patria estadounidense, como Benjamín Franklin, Thomas Paine,
Thomas Jefferson o Washington poseían un bagaje ideológico
próximo a la masonería, si no propiamente masónico. De hecho,
tanto Washington como Franklin eran francmasones; el prime-
ro, iniciado en 1,752 en Fredericksburg (Virginia), y el segundo
en 1,731 en la Logia de San Juan de Filadelfia. Y precisamente
Franklin el autor del primer artículo del contenido masónico
del que se tiene constancia que fuera editado en EEUU, viajo a
Francia en 1,777 con la misión de recabar ayuda en la guerra
contra los británicos. Se precisaba apoyo militar y económico y
Franklin era el embajador perfecto; un hombre famoso a ambos
lados del Atlántico por su actividad diplomática y científica.

Cuando llego a Francia en la Navidad de aquel año fue recibido
con los brazos abiertos por la aristocracia gala, y muy especial-
mente por sus hermanos francmasones. A ojos de los france-
ses ilustrados, sobre todo por aquellos que comulgaban con el
127
ideario roussoniano, Franklin encarnaba muchas de las virtudes
del “buen salvaje” y representaba la “aristocracia sin aristócra-
tas” del Nuevo Mundo. El entusiasmo por su persona era de tal
calibre que provocó una especie de adoración. Gracias a la no-
table simpatía que despertaba el enviado de la joven república
americana, se firmaron tratados por los que Francia se compro-
metía a prestar apoyo económico y bélico a la lucha anticolo-
nial. Así los EE.UU. explotaron sabiamente la eterna rivalidad
franco-británica.

Entre homenaje y homenaje, Franklin se incorporó como miem-
bro de pleno derecho a la logia “Las Nueve Hermanas” –por las
nueve musas–, un Taller masónico fundado en 1,776 por el astró-
nomo Lalande y L¨ Abbé Cordier de Saint Fermín –quien actuó
como padrino de Voltaire el día de su iniciación en los misterios
masónicos–, “Las Nueve Hermanas” era directa sucesora de una
logia procedente llamada “Les Sciences” que Lalande había im-
pulsado en 1,776 junto al filósofo Claude Helvetius –bien cono-
cido por su ateísmo anticlerical y sus conocimientos científicos.
Las ideas políticas y filosóficas de Helvetius en 1,775, su esposa,
Ann E Catherine, se sumó a Lalande y Saint Fermín para levantar
columnas de la que sería la logia “Las Nueve Hermanas”. Pero
tan importante como esta logia era el domicilio de Helvetius,
ubicado en la Rue de Saint Anne de París, frecuentado durante
años por los ilustrados europeos y conocido como la “Sinago-
ga…”, y en ella participaba durante su estancia parisina, el Mar-
qués de Lafayette.

El aprecio y cariño que despertó Franklin fue tal, que nadie
presento objeción alguna a su nombramiento como Venerable
Maestro de “Las Nueve Hermanas”. En 1,778 presidió la inicia-
ción de un Voltaire que contaba con 84 años de edad –el an-
ciano y achacoso adalid del librepensamiento– y fue sostenido
durante la ceremonia en los brazos de Franklin y Court de Ge-
belin, diseñador del moderno tarot esotérico.

128
Entre los varios cometidos que desarrollo Franklin durante su
estancia francesa estuvo la captación de jóvenes militantes que
simpatizaran con la lucha contra los británicos. Este era el caso
de Lafayette, joven oficial de 19 años de edad, quien tras ser
contactado por Franklin, se decidió a cruzar el Atlántico y servir
a las órdenes de Washington. Las logias y salones ilustrados de
la Francia de aquellos años se convirtieron en cajas de recluta-
miento de solidarios con su causa americana. Otro miembro de
“Las Nueve hermanas” –si bien no existen pruebas documenta-
les, sino testimonios de segunda mano– fue el revolucionario
Dantón, quien fuera fundador del Club de los Cordeliers, tam-
bién conocido como la Sociedad de los Derechos del Hombre y
del Ciudadano.

En la revolución francesa, los colores de la bandera republicana
azul, blanco y rojo, proceden de los tres tipos de logias, proce-
de de la escarapela tricolor ideada por Lafayette, francmasón
y carbonario. El gorro frigio, símbolo de la república, es igual-
mente un símbolo masónico. El mismo himno de la revolución,
“La Marsellesa”, compuesto por el también masón Leconte de
l’Isle, fue cantada por primera vez en la Logia de los Caballeros
Francos de Strasburgo. Así mismo, todo el simbolismo griego
que adoptan los revolucionarios, al igual que el deísmo natura-
lista de que hacen gala, puede encontrarse sin dificultad en las
leyendas y temas masónicos.

La masonería insistimos como organización parece haber sido
desbordada como, por lo demás, cualquier otra institución fran-
cesa de la época por el discurrir revolucionario.

Masones guillotinan a masones, rompiendo el juramento de fra-
ternidad y ayuda mutua: Hebert es guillotinado con el beneplá-
cito de Dantón, éste, a su vez, sube al patíbulo a instigación de
Saint Just y Roberspierre instaurador del “culto al ser supremo”,
cuyas cabezas rodarán al producirse la “reacción termidoriana”
que dará origen al Directorio constituido por notorios masones
129
como Fouché. Finalmente, Napoleón Bonaparte, según algunas
versiones iniciado durante la campaña de Italia en la Logia Her-
mes de rito egipcio y según otros, mucho antes, cuando era te-
niente en Marsella, pone término a todo este caos, nombrado
Primer Cónsul y luego proclamándose Emperador. Napoleón
impondrá a su hermano José Bonaparte motejado como “Pepe
Botella”, un hombre mucho más serio y responsable de lo que
este mote popular deja pensar como Gran Maestre de la Maso-
nería francesa.

La Torre Eiffel de París, diseñado por Gustave Eiffel, erigida en el centena-
rio de la Revolución Francesa.

Los principios de la masonería triunfan más que la masonería
en sí. Notorios masones protagonizan los sucesos revolucio-
narios, llevados por sus instintos y sus intereses, más que si-
guiendo un plan preestablecido y una planificación orgánica.
Si existió una “conspiración masónica”, el deber respecto a la
verdad nos obliga a afirmar que no puede demostrarse. Por otra
parte, “pasada la Revolución Francesa, la francmasonería comen-
zó a reorganizarse lentamente en los años siguientes. El proceso
fue lento, puesto que la mayoría de los cuadros del Gran Oriente
130
habían sido ejecutados, encarcelados o se encontraban exiliados.
La situación era mucho peor en lo que quedaba de la Gran Logia,
pues ésta, al ser prominentemente aristocrática, había sido prác-
ticamente aniquilada. Así las cosas, un pequeño núcleo, unido por
la desdicha comenzó a trabajar con vistas a la unificación de la
masonería francesa, que finalmente ocurrió en 1,799” (Eduardo
R. Callaey, De cómo la Revolución Francesa profanizó a la Franc-
masonería), de tal manera que en 1,800 más de 70 logias ya ha-
bían reabierto sus trabajos privilegiando el culto a la razón.

LAS INDEPENDENCIAS DE CENTRO
AMERICA Y AMERICA DEL SUR.

Los habitantes de Centro América y el Caribe, así como los de
América del Sur, a donde los masones europeos llegaron, espe-
cialmente en sus puertos hacían lo que sus correspondientes
coronas les dictaban, así unos defendían las monarquías euro-
peas en sus correspondientes virreinatos, mientras que otros
traían las semillas de la rebeldía y la rebelión.

“Cuando comienzan a aparecer los escritos de Rousseau, su reso-
nancia en las colonias españolas en América es inmediata. Favo-
reció su circulación la simpatía con que los ministros de Carlos III
los del despotismo ilustrado recibían y distribuían en España los
escritos de los autores de la Enciclopedia. A los navíos de la Com-
pañía Guipuzcoana, que viajaban regularmente del país vasco a
Venezuela, se les conoce como los «navios de la ilustración»; lleva-
ban a América literatura francesa y regresaban a Europa cargados
de cacao. Luego el contrabando completó la obra de los ministros.
En México se hicieron publicaciones discutiendo a Rousseau an-
tes de que se hiciera lo propio en España, y simultáneamente con
Francia. En Trujillo del Perú el Obispo explicaba las relaciones
entre el Príncipe y los propios indios con palabras del Contrato
Social. En Chuquisaca y Buenos Aires Belgrano tradujo el Contrato
y lo publicó. En Venezuela, con la lectura de Rousseau, se alec-
cionaban por Picornell los conspiradores de la Guaira, y era tal
131
la abundancia de ejemplares de estos libros que llegaban de la
Isla de Trinidad que Dauxion-Lavayasse afirma que en Cumaná se
empleaban en 1,807 las páginas del Contrato Social para envolver
víveres en las tiendas.

La guerra de independencia no fue, en las antiguas colonias es-
pañolas, fruto de la imaginación militar. Antes que la guerra fue
la revolución ilustrada. Y aun antes que la revolución ilustrada la
aparición de una conciencia popular que se puede ver en plena
actividad en las revoluciones del Paraguay, en el levantamiento
de Túpac Amaru en el Perú y en el de los comuneros de la Nueva
Granada, sucesos todos del s. XVIII. Lo último fue recurrir a las ar-
mas en ejércitos formados por criollos, indios, negros y mestizos.
Entre 1,809 y 1,810 todas las colonias se lanzan’ a la revolución
armada. Era este el último capítulo de un movimiento que venía
incubándose de cuarenta años atrás. La independencia, antes de
ser una expresión armada del romanticismo, fue una idea popu-
lar aceptada por los hombres ilustrados de la época” (Germán
Arciniegas, TRASFONDO DE LA REVOLUCIÓN La pluma abre
camino a la espada, pág. 5).

La independencia de México.

Durante el s. XVIII en el virreinato de la Nueva España se pro-
dujo un gran desarrollo económico basado principalmente en
la explotación de las minas de oro y plata. La producción de
dichos minerales se triplicó a lo largo del siglo siendo las regio-
nes de Pachuca, Fresnillo, Guanajuato, Zacatecas y San Luis de
Potosí, convirtiéndose en regiones de las más ricas del mundo
en este aspecto. Esto favoreció el desarrollo de otras activida-
des económicas como el comercio y la agricultura y con ella la
aparición de una boyante burguesía tanto criolla como penin-
sular.

Los criollos ricos, si bien en el aspecto económico se podían
sentir cómodos, no lo estaban en el ámbito político, en el que
132
deseaban tener una mayor cuota de poder político en la gober-
nación del virreinato, quejándose amargamente de que solo los
peninsulares tenían acceso a los grandes cargos políticos del
virreinato aunque no podemos olvidar que los criollos tenían
prácticamente todo el poder a nivel municipal. En los cabildos
eran los que gobernaban y mandaban.

En estos círculos de la burguesía criolla tomaron fuerza las lo-
gias masónicas importadas desde Europa por masones españo-
les. La primera logia masónica de México fue fundada en 1,806
por el español Enrique Mugi. Otras logias fundadas en los años
posteriores fueron las de la Conjuración de Querétaro1, Conju-
ración de Querétaro 2, la logia Reunión Literaria Queretana, la
logia Ilustración Mexicana, la logia Querétaro y Patria, la logia
Apatista Mexicana y otras más. Todos estos “clubs privados” se
reunían en secreto y discutían la forma de lanzar la revolución
política y derrocar el sistema político vigente en la Nueva Es-
paña. Además también emitían escritos y panfletos de carácter
político que hacían circular entre los novohispanos buscando
apoyos y difundir su ideología liberal por la sociedad. Pero hay
que dejar claro que solo se hablaba de revolución política, no
de independencia.

La independencia de México fue la culminación de un proceso
histórico ocurrido entre los años 1,810 y 1,821 que llevó a que el
virreinato de la Nueva España se separase de España y comen-
zara su andar independiente. Si bien estos cambios políticos no
tuvieron reflejo en las estructuras políticas, sociales y econó-
micas virreinales que prácticamente se mantuvieron intactas.
Hubo un intento de revolución social y política al principio con
los movimientos de Miguel Hidalgo y José María Morelos desde
1,810 hasta 1,815 pero fueron derrotados y su trascendencia fue
el haber iniciado los enfrentamientos.

Esta guerra revolucionaria que se iba a desatar no era una gue-
rra de México contra España, sino una guerra entre dos bandos
133
compuestos por los mismos elementos de la sociedad novohis-
pana: españoles, criollos, mestizos e indígenas que lucharon
entre sí encarnizadamente. Fue una guerra civil total entre her-
manos. Algo muy similar a lo que ocurrió en el resto de indepen-
dencias hispanoamericanas a lo largo y ancho del continente.

La independencia final no surgió de esas revoluciones popu-
lares, sino de un movimiento conservador que ante la caída
del absolutismo de Fernando VII en 1,820 reaccionó y trató de
evitar que los liberales se hicieran con el poder. Estos grupos
privilegiados, alta burguesía comercial, nobleza y alto clero, en
connivencia con el virrey Juan Ruiz de Apodaca, impusieron al
general realista Agustín de Iturbide como comandante de los
ejércitos y ejecutaron un plan para lograr la independencia lo
antes posible con la idea de evitar que los liberales impusieran
su ideario.

Juan de O’Dojonú y Iturbide se reunieron y firmaron los Trata-
dos de Córdoba en el que se ordenaba a los ejércitos realistas
134
el cese de las acciones militares y reconocía la independencia
del Imperio mexicano. Finalmente se firmó el Acta de Indepen-
dencia el 28 de septiembre de 1,821 tras la toma pacífica de
Ciudad de México por el Ejército Trigarante comandado por
Iturbide.

La lucha por la independencia de México en tres etapas o fases:

1ª etapa de 1,810 a 1,814-15: En este período en España gober-
naba Napoleón Bonaparte a través de su hermano José I. Y en
Nueva España se produjeron las revueltas de los curas Hidal-
go y Morelos cuyo levantamiento se ejecutó en nombre del rey
Fernando VII y para defender a la religión de los liberales fran-
ceses. Ambos fueron derrotados, fusilados y sus movimientos
disueltos.

2ª etapa de 1,814 a 1,820: Napoleón es expulsado de España
y Fernando VII vuelve al poder e impone de nuevo el absolu-
tismo ilustrado derogando la Constitución liberal de 1,812. En
Nueva España fue un período de relativa calma con unos pocos
ejércitos insurgentes que no ponían en riesgo la estabilidad del
virreinato. El virrey Apodaca ofreció el indulto a los insurgen-
tes para que dejasen las armas y muchos se acogieron a él. En
1,817 tuvo que enfrentarse a una expedición organizada y enca-
bezada por el militar liberal español Francisco Xavier Mina y el
ex fraile Servando Teresa de Mier que transportó desde Inglate-
rra y Estados Unidos 300 voluntarios ingleses y americanos que
trataron de relanzar los enfrentamientos pero en poco tiempo
fueron vencidos.

3ª etapa 1,820 a 1,821: Alzamiento en España del liberal-masón
Rafael de Riego que obliga a Fernando VII a jurar la constitución
liberal de 1,812. Estos hechos alarman a las oligarquías novohis-
panas que nunca habían apoyado a los insurgentes y organizan
una conspiración para independizarse de España y así no caer
en manos de los liberales. Es decir, ahora eran los realistas, los
135
que habían defendido al virreinato, los que conspiraban y exi-
gían la independencia.

¿Qué pasaba en América del Sur?

Los masones sudamericanos estaban impulsados por el ejem-
plo de la independencia de los Estados Unidos, las ideas ilustra-
das y liberales contrarias al Antiguo Régimen, que procedían de
Europa, el vacío de poder que se produjo durante la ocupación
francesa de España y la debilidad política y militar española a
partir de 1,814. La iniciativa en los procesos de independencia
fue de los criollos, es decir, de los descendientes de los espa-
ñoles, que se consideraban discriminados en la administración
colonial, cuyos puestos eran ocupados por los peninsulares,
aunque tuviesen un innegable poder económico. También esta-
ban disconformes con el monopolio comercial español que les
impedía comerciar con otros países, a pesar de la existencia del
contrabando.

Por otro lado, existía un malestar social entre los sectores indí-
genas y mestizos por su situación económica y social, y por la
presión fiscal que soportaban y que los enfrentaba tanto a los
criollos como a los peninsulares.

“Han motivado mucha discusión los factores y agentes externos
en la destrucción del Imperio hispanoamericano. Madariaga, en
El auge y el ocaso del imperio español en América, habla de “tres
cofradías, los judíos, los francmasones y los jesuitas”. Según él, los
judíos, resentidos por la expulsión de Sefarad, donde habían lle-
gado a gozar de tantos privilegios, auspiciaron y financiaron la
propaganda protestante y toda acción internacional contra Espa-
ña. Por supuesto, extendieron cuanto les fue posible la literatura
ilustrada antiespañola por España y América. En los jesuitas, la
expulsión habría surtido efectos parejos. Sus prédicas eran uni-
versalistas y por ello opuestas a las tendencias regalistas y janse-
nistas que promovían un clero más nacionalizado y menos sujeto
136
al papa; opuestas también al despotismo ilustrado, pues su pensa-
miento, el de Suárez y el de Mariana, contrariaba a todo despotis-
mos, hasta justificar el tiranicidio. Su expulsión supuso en Améri-
ca, además de un cataclismo para la enseñanza, la ruptura de uno
de los lazos espirituales más fuertes con España. Miranda se había
hecho con listas de jesuitas expulsados que vivían en Italia, por
considerarlos útiles a sus propósitos, y el primer ministro inglés
William Pitt el joven acogió a varios de ellos, utilizándolos como
agentes e informadores sobre Suramérica.; y cierto número de
jesuitas se pronunciaron abiertamente contra el dominio español.

Sin duda hay bastante verdad en la tesis de Madariaga, pero es di-
fícil cuantificar la influencia judía y la jesuita en gran parte oculta
y sin duda secundaria. En cambio saltan a la vista otras eviden-
cias: la política inglesa y la orientación masónica. En las intrigas
previas de Miranda, en las declaraciones de independencia, en la
actividad de Bolívar, en la marcha de San Martín de España a Lon-
dres y de allí a Buenos Aires, en muchas de las acciones bélicas,
siempre encontramos en segundo plano al gobierno de Londres y
a personajes británicos, y en menor medida useños. Hecho nada
extraño, pues la política inglesa, después del duro revés de “la
oreja de Jenkins” se volvió más indirecta y orientada no tanto al
dominio de unas tierras difíciles de controlar como a la hegemo-
nía comercial, que lograría en amplia medida.

Por lo que se refiere a los masones, no puede ser casual su nutrida
presencia en todo el proceso. Miranda fundó, como quedó indi-
cado, una logia secreta a la que algunos estudiosos han negado
carácter masónico, pero que lo imitaba en casi todo, y no debe
olvidarse que en la masonería hay diversas corrientes; la orden
ha solido servir a la política imperial inglesa –con excepciones
como la de las Trece colonias–. De los Caballeros Racionales de
Miranda parecen haber salido Logias Lautaro, del mismo estilo,
empezando por la de Cádiz. A esas logias y a otras más ortodoxas
pertenecieron Bolívar, O’Higgins, San Martín y la mayoría de los
jefes independentistas. También fue masón Riego, que jugó un pa-
137
pel tan relevante a favor del movimiento antiespañol en América,
y bastantes otros militares españoles, pues como legado, francés
en unos casos, inglés en otros, de la Guerra de independencia,
proliferaron en el ejército las logias, que pesarían notablemente
en la historia hispana del siglo XIX” (Pío Moa , Más sobre la inde-
pendencia de América).

El primer golpe de la reconquista española contra el poder
criollo fue la expulsión de los jesuitas (1,767), ejecutada al mis-
mo tiempo en todo el continente. Si bien la medida parecía des-
tinada a acabar con la gran autonomía con que actuaba la Com-
pañía de Jesús y a afirmar el poder de la corona, en la práctica
buscaba dos objetivos precisos: liquidar el poder terrateniente
y financiero de la Iglesia católica, de la cual los jesuitas eran la
avanzada en ambos aspectos. Y privar al criollismo de su inte-
lligentzia, que tenía entre los jesuitas expulsos una de sus alas
más radicales, al punto de justificar públicamente –en teoría
abstracta– el regicidio, así como el derecho de los pueblos a la
insurrección.

La medida obedecía sin duda a un frío cálculo político. Al expul-
sar a los jesuitas y apoderarse de sus recursos y propiedades, la
corona liquidaba el poder bancario que financiaba a los propie-
tarios y empresaria criollos, debilitaba la capacidad económica
de estos, obtenía grandes riquezas y eliminaba una parte sus-
tancial del poder latifundista en sí mismo. A su vez, en el plano
político, privaba al criollismo de su élite intelectual –la mayor
parte de los jesuitas extrañados era de origen criollo y provenía
de las grandes familias locales, al mismo tiempo que rompía en
gran medida el vínculo social establecido entre la Iglesia y la
clase criolla.

Los criollos que retornaban de Europa, muchos de ellos maso-
nes, divulgaban las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad,
apostando por la lucha para obtener su libertad de la opresión
monárquica europea. Entre ellos destacaron los siguientes:
138
• Francisco de Miranda, Antonio José de Sucre, José Antonio
Páez, José Félix Ribas y Rafael Urdaneta en Venezuela
• Francisco de Paula Santander y Antonio Nariño en Colombia
• Agustin de Iturbide, Miguel Hidalgo y Costilla y José María
Morelos en México
• Manuel Belgrano, Miguel Estanislao Soler, Guillermo Brown,
Mariano Moreno *Martín Miguel de Güemes y Juan Grego-
rio de Las Heras en Argentina
• José Gervasio Artigas y Juan Antonio Lavalleja en Uruguay
• Bernardo O’Higgins y Thomas Cochrane en Chile
• Fulgencio Yegros y Gaspar Rodríguez de Francia en Para-
guay
• Tupac Katari, Manuel Ascencio Padilla y su esposa Juana
Azurduy en Bolivia
• Tupac Amaru II, Francisco Antonio de Zela y Andrés de San-
ta Cruz en Perú
• José Bonifácio y Thomas Cochrane en Brasil
• Jean-Jacques Dessalines en Haití
• Juan Pablo Duarte en la República Dominicana
• Francisco Morazán en El Salvador
• José de Fábrega en Panamá
• Carlos Manuel de Céspedes y José Martí en Cuba.

Mención especial requieren José de San Martín y Simón Bolívar.

“La primera protesta popular se dio en Quito, el año de 1765. Esta
Audiencia era asiento de una de las más desarrolladas economías
coloniales y uno de los más rebeldes núcleos de pensamiento
criollo, y entre 1,592 y 1,593 había protagonizado la formidable
«Revolución de las Alcabalas», cuyos líderes llegaron a cuestionar
públicamente la autoridad real y a proclamar tempranamente su
voluntad de independencia. La nueva revuelta, ocasionada por la
imposición del Estanco de aguardiente y la Aduana para los víve-
res, se hizo bajo la consigna de «¡Mueran los chapetones y abajo
el mal gobierno!». Las masas insurrectas vencieron a las tropas
reales y destituyeron a las autoridades, pero carecieron de lide-
139
razgo y finalmente se desbandaron.

Ese mismo año se produjo el levantamiento de los mayas de Yu-
catán contra los tributos, liderado por Jacinto Canek. Y en 1,780
estalló la revolución india de Túpac Amaru, en el Perú, que llegó
a movilizar un ejército de 200,000 hombres y a poner en jaque
a las autoridades del Virreinato. Proclamándose nuevo Inca, Tú-
pac Amaru afirmó entonces: «Los reyes de Castilla me han tenido
usurpada la corona y dominio de mis gentes, cerca de tres siglos,
pensionándome a los vasallos con sus insoportables gabelas, tri-
butos, lanzas, sisas, aduanas, alcabalas, catastros, diezmos, Virre-
yes, Audiencias, Corregidores y demás Ministros, todos iguales
en la tiranía; estropeando como a bestias a los naturales de este
Reyno» (Picón Salas, p. 183).

Poco después, en 1,781, estalló el movimiento de los comuneros
del Socorro, en la Nueva Granada, producido también por los nue-
vos impuestos coloniales. Una tropa entre mestiza e indígena, de
más de 20,000 hombres, cercó al poder colonial y lo obligó a fir-
mar las «Capitulaciones de Zipaquirá», por las que se abrogaban
los impuestos y estancos, se reconocían los derechos indígenas
a la tierra y el derecho de los criollos a ocupar los altos cargos
administrativos. Su líder, José Antonio Galán, llegó a proclamar el
fin del colonialismo español: «Se acabó la esclavitud». (Ocampo,
pp. 58-59).

Aunque todos estos movimientos fueron finalmente derrotados, lo
cierto es que minaron profundamente el sistema colonial y esti-
mularon el desarrollo de una nueva conciencia americana. Una
buena muestra de esta fue la representación que el Cabildo de
la Ciudad de México dirigió al rey, en 1,771: «(El español) viene
a gobernar unos pueblos que no conoce, a manejar unos dere-
chos que no ha estudiado, a imponerse a unas costumbres que
no ha sabido, a tratar con unas gentes que nunca ha visto... Nunca
nos quejaremos que los hijos de la antigua España disfruten de la
dote de su madre; pero parece correspondiente que quede para
140
nosotros la de la nuestra. Lo alegado persuado, que todos los em-
pleos públicos de la América, sin excepción de alguno, debían
conferirse a sólo los españoles americanos, con exclusión de los
europeos...» (Morris et al., 1,976, I, pp.49-52).

Enfrentados a la creciente resistencia criolla, los administradores
coloniales buscaron acentuar su control sobre la sociedad colo-
nial, convencidos de que su reconquista económica era la única
garantía de pervivencia del colonialismo. El Ministro de Indias,
José de Gálvez, escribía en 1,778 al Virrey de Nueva Granada, res-
pecto al «libre comercio» decretado por la corona: «Los ameri-
canos pueden hacer el comercio entre sí de unos puertos a otros,
dejando a los españoles de esta península el activo con ellos». A
su vez, el Virrey del Perú, Gil de Taboada, afirmaba ese mismo
año: La seguridad de las Américas se ha de medir por la depen-
dencia en que se hallen de la metrópoli, y esta dependencia está
fundada en los consumos. El día en que contengan en sí todo lo
necesario, su dependencia sería voluntaria». Por su parte, el Vi-
rrey de México, conde de Revillagigedo, instruía a su sucesor en
parecidos términos: «No debe perderse de vista que esto es una
colonia que debe dependa de su matriz, la España,... lo cual cesa-
ría en el momento en que no se necesitase aquí de las manufactu-
ras europeas y sus frutos» (Lynch, pp. 21, 23, 24)”. (Revista Nueva
Sociedad 103, Septiembre - Octubre 1,989).

Ilustración europea y la ilustración ame-
ricana

Uno de los efectos colaterales del despotismo ilustrado de Car-
los III fue que permitió, como nunca antes, la libre circulación
de las ideas en Hispanoamérica. Ello dio lugar, por una parte,
a que los círculos intelectuales latinoamericanos –constituidos
básicamente alrededor de las universidades coloniales, como
en México, Quito, Chuquisaca, Santa Fe– pudieran intercambiar
ideas y proyectos, recibir las influencias de la revolución nor-
teamericana y, del pensamiento liberal español y la ilustración
141
europea.

La madurez intelectual de la élite criolla se puso entonces de
manifiesto, pues, al mismo tiempo que asimiló los principios po-
líticos y económicos del liberalismo europeo y los utilizó para
fortalecer su naciente proyecto nacional, ejercitó la crítica del
eurocentrismo formulado por los ilustrados de Europa.

“Buffon, Pauw, Raynal, Voltaire, Robertson habían proclamado, en
diversos tonos, la intrínseca superioridad europea sobre América,
que en su opinión se manifestaba en todos los reinos de la natu-
raleza y particularmente en el ámbito de lo humano. Buffon había
sostenido que el puma era buen ejemplo de la inferioridad ame-
ricana, pues carecía de la melena del león y era más cobarde que
éste. Pauw sostuvo que el clima americano era maligno y determi-
naba una inferioridad física y mental del hombre, que era enclen-
que y en todo inferior al europeo. Raynal afirmaba que América
era un continente decrépito y criticaba «la excesiva altitud de las
montañas del Perú». Voltaire teorizaba sobre la inferioridad de
América, a la que mostraba como un continente pantanoso y po-
blado por naturales estúpidos e indolentes, cuya inferioridad se
demostraba, entre otras cosas, porque eran lampiños y fáciles de
ser dominados por hombres de barba y pelo en pecho como los
europeos (Ocampo, p. 64).

La ilustración americana ejercitó la crítica de esas peregrinas teo-
rías europeas, consciente de que tras ellas se ocultaba el mismo
espíritu colonialista de siempre, pero disfrazado ahora de un pre-
tendido cientificismo.

Eugenio Espejo, el sabio mestizo quiteño, que formulara el primer
estudio científico sobre las viruelas –Reflexiones sobre las virue-
las– y propusiese la utilización de las vacunas, fue uno de los más
duros críticos de la ilustración europea, pese a compartir algunas
de sus teorías políticas y económicas. En su «Discurso a la Socie-
dad Patriótica» denunció: «Desde tres siglos ha, no se contenta
142
la Europa de llamarnos rústicos y feroces, montaraces e indolen-
tes, estúpidos y negados a la cultura. ¿Qué les parece, señores,
de este concepto?... ¿Creeréis, señores, que estos Robertson, Ray-
nal y Pauw digan lo que sienten? ¿Que hablen de buena fe? ...El
objeto de otros que nos humillan es diverso...» (Espejo, 1960, pp.
327-328).

En Perú, los doctores Hipólito Unanue y José Manuel Dávalos –mu-
lato éste– ejercieron también una activa oposición a las teorías de
Pauw. Unanue, «uno de los criollos de visión científica más univer-
sal», elaboró sus Observaciones sobre el clima de Lima, verdade-
ro tratado de geografía humana, en el que este lector de Montes-
quieu y Rousseau propugna como base de un sistema educativo y
de un método curativo la proximidad del hombre a la naturaleza y
una vida lo más cercana al aire libre. Dávalos, por su parte, escri-
bió que «hay en el Perú un lugar llamado Piura, en donde la sífilis
desaparece sólo con la influencia salubre del clima» y explicó las
propiedades curativas de otros microclimas de su país (Picón Sa-
las, pp. 11-12; Lynch, p. 44).

Entre los más apasionados y profundos defensores de América
frente a las teorías de la ilustración europea se contaron entonces
los jesuitas desterrados en Europa. Dolidos por su violento des-
arraigo y convencidos de que las teorías de Buffon, Pauw y otros
constituían una renovada justificación del colonialismo europeo,
se empeñaron en el rescate intelectual del pasado histórico de
su patria americana y en el análisis erudito de los recursos y ri-
quezas del nuevo continente. Así surgieron obras trascendentales
como Historia Antigua de México, de Francisco Xavier Clavijero;
Historia del Reino de Quito y «Vocabulario de la lengua peruano
- quitense», de Juan de Velasco; Instituciones Teológicas e Historia
de la Compañía de Jesús en la Nueva España, de Francisco Xa-
vier Alegre; Los tres siglos de México, de Andrés Calvo; Rusticatio
Mexicana, de Rafael Landívar; Compendio de la historia geográ-
fica, natural y civil del Reino de Chile y Ensayo sobre la historia
natural de Chile, de Juan Ignacio de Molina, etc. En ellas no sólo
143
se exaltaba con legítimo orgullo las riquezas, la fecundidad y la
creatividad americanas, sino que se demostraba la sustancial au-
tonomía del mundo americano frente a Europa. Canto de amor
a una entrevista «Patria Criolla», era el punto de partida para la
formulación de un pensamiento independentista”. (Revista Nue-
va Sociedad 103, Septiembre - Octubre 1,989).

El vehículo necesario para la ilustración americana fue la prensa
y ello hizo que los intelectuales hispanoamericanos agregaran a
sus oficios específicos el del periodismo, en busca de difundir
sus ideas entre la sociedad.

Antonio José de Caldas, discípulo del sabio naturalista José Ce-
lestino Mutis, fundó en Santa Fe su Semanario del Nuevo Reino
de Granada, destinado a reunir datos estadísticos, descripcio-
nes científicas y estudios de productos útiles de la naturaleza,
proveer datos meteorológicos y recomendaciones útiles a la
agricultura e industria locales. Otro sabio, Espejo, fundó en Qui-
to el periódico Primicias de la cultura de Quito, en el que pro-
clamaba: “Vamos en derechura a nuestro objeto, que es insinuar
que no puede llamarse adulta en la literatura, ni menos sabia a
una nación, mientras con universalidad no atienda ni abrace sus
verdaderos intereses; no conozca y admita los medios de encon-
trar la verdad; no examine y adopte los caminos de llegar a su
grandeza; no mire, en fin, con celo, y se entregue apasionadamen-
te, al incremento y felicidad de sí misma, esto es del Estado y la
sociedad”.

En México, el biólogo, físico y astrónomo José Antonio Alzate,
fundaba cuatro sucesivos periódicos entre 1,768 y 1,795, mien-
tras su paisano José Ignacio Bartolache, médico y matemático,
iniciaba en 1,772 la publicación del afamado Mercurio Volante.
Al sur, en Lima, el sabio Hipólito Unanue publicaba el no me-
nos famoso Mercurio Peruano, en 1,791, un año después de que
en esa misma ciudad viera la luz el primer cotidiano de Hispa-
noamérica: el Diario Erudito, Económico y Comercial.
144
Toda esa prensa periódica estaba llena de inquietudes y pro-
yectos americanos, así como de citas y ecos de Rousseau, Mon-
tesquieu, Locke, Descartes, Voltaire, Diderot, Newton y Adam
Smith. La peligrosidad de esas nuevas ideas impresas hizo que
el virrey de México, Matías Gálvez, opinara en 1,768: “Yo tengo
La Gaceta por muy útil, siempre que se reduzca a noticias indife-
rentes: entradas, salidas, cargas de navíos y producciones de la
naturaleza; elecciones de prelados, de alcaldes ordinarios... Por
otra parte, importa dar materia inocente en que se cebe la curio-
sidad del público”.

Frente a tan rico panorama intelectual de nuestra América del s.
XVIII, resulta inevitable preguntarse: ¿Cuáles fueron las causas
que estimularon su desarrollo? La principal de ellas fue indu-
dablemente la propia madurez intelectual del mundo america-
no. Un mundo en el que el desarrollo de las fuerzas productivas
había creado una sociedad cada vez más compleja, en mucho
distinta de la simple sociedad colonial del s. XVI, integrada
sólo por conquistadores y conquistados. Un mundo en el que
los hombres exploraban selvas, abrían caminos, levantaban
ciudades, montaban industrias, experimentaban con metales,
construían barcos, alzaban fortalezas, peleaban con piratas, ha-
cían revoluciones, amaban, luchaban y morían, no podía seguir
atado a las reglas oficiales ni conformarse con el gongorismo
degenerado de los sermones eclesiásticos.

El otro gran estímulo para el desarrollo de la vida intelectual
americana estuvo dado por la llegada de las expediciones cien-
tíficas europeas. Por esos años, Europa está llena de un espíritu
de investigación de la naturaleza, que aúna las conveniencias
comerciales y políticas de las grandes potencias con la verda-
dera curiosidad científica. Y envía a América sucesivas expe-
diciones científicas, destinadas a efectuar mediciones, levantar
mapas, estudiar la naturaleza y recoger muestras para sus mu-
seos y jardines botánicos.

145
Su llegada resulta de gran utilidad para la élite intelectual crio-
lla, a la que aportan métodos de investigación que le ayudan a
conocer mejor su propio mundo e ideas renovadoras de la so-
ciedad. La llegada de los académicos franceses y los sabios es-
pañoles que los acompañan (Juan y Ulloa), en 1,736, sirve para
estimular y promocionar a nuestros hombres de ciencia. Pedro
Vicente Maldonado viaja a Europa junto con La Condamine, que
lo presenta en las sociedades científicas de Inglaterra y Francia,
que lo reciben como miembro.

Esa es, pues, la agitada y expectante, y al que el Enciclopedismo
y el iluminismo aportan –por acción o por reacción– motivacio-
nes y contrastes. Un mundo que adquiere personalidad históri-
ca a partir de sí mismo y no, como equivocadamente pretenden
demostrarnos, a partir de las influencias foráneas. Con todo lo
importante que fue su influencia, las ideas de la ilustración no
crearon el espíritu de la insurgencia hispanoamericana. Cuan-
do más, lo estimularon; con sus provocaciones y sugerencias,
fueron el catalizador que aceleró la reacción anticolonial que
condujo a la independencia.

La propaganda revolucionaria francesa y las ideas avanzadas,
fue prohibida, del mismo modo que los viajes de estudios al ex-
tranjero. Luego, sin poder contener la avalancha ideológica que
generaba la cercana revolución, el gobierno de Madrid dictó la
Real Resolución de febrero de 1,791, por la que se prohibía la
impresión y distribución de todo periódico, excepto el Diario
de Madrid de Pérdidas y Hallazgos.

Frente a los sucesos europeos, la represión a las ideas progre-
sistas y a la prensa se acentuó de inmediato en Hispanoaméri-
ca. Ello no pudo evitar que en las colonias circularan papeles
subversivos tales como ejemplares de la Constitución francesa
y copias de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciu-
dadano.

146
Un ejemplar de la Histoire de l’Asamblée Constituantede Salart
de Monjoie llegó en 1,794 a manos de Antonio Nariño, hacenda-
do e intelectual bogotano que promovía las ideas insurgentes
y había establecido un acuerdo de cooperación con Eugenio
Espejo, durante el destierro de éste en la capital neogranadi-
na. Nariño encontró en ella la Declaración de los Derechos del
Hombre y del Ciudadano, que tradujo y publicó en su impren-
ta casera y de la cual distribuyó cientos de ejemplares a otras
ciudades del continente. Pronto fue descubierto, apresado y en-
viado a España, de cuyas cárceles escaparía para convertirse
en uno de los líderes de la guerra de independencia. Mientras
Nariño caía prisionero, su amigo y corresponsal Eugenio Espejo
sufría prisión en las húmedas mazmorras de Quito, de donde
saldría sólo para morir.

Pero lo que sucedía en el Virreinato de Nueva Granada se re-
petía en las demás colonias españolas de América. A partir de
1,790, la Inquisición mexicana inició una radical persecución de
las ideas revolucionarias provenientes de “la espantosa Revolu-
ción de Francia, que tantos daños ha causado”.

La América Hispana tenía, en todo caso, un contacto directo con
la Revolución Francesa en Francisco de Miranda, quien era, por
otra parte, el empeñoso agitador de su independencia. Típico
producto del criollismo hispanoamericano y del espíritu reno-
vador que recorría el mundo, El Precursor había sido sucesiva-
mente oficial de los ejércitos españoles, amigo de Washington
y jefe de un cuerpo expedicionario antillano –formado por mu-
latos cubanos y haitianos que combatió por la independencia
norteamericana–, propagandista de la independencia hispano-
americana y general de los ejércitos revolucionarios de Fran-
cia. A partir de 1,790, la vida de Miranda se concentraría en el
objetivo principal. Entablaría interminables negociaciones con
el gobierno británico, en busca de apoyo militar y financiero
para la causa de la independencia sudamericana. Desenvolve-
ría una campaña internacional de agitación contra el colonia-
147
lismo español. Y, lo que fue más importante, organizaría a los
latinoamericanos radicados o de paso por Europa, para la lucha
independentista.

Francisco de Miranda.

Miranda, que se había iniciado como francmasón en Filadel-
fia, en los días de la independencia norteamericana, fundó en
Londres, en 1,797, la Gran Logia Americana, de la que fue Gran
Maestro. Destinada a concertar voluntades para la lucha inde-
pendentista, a penetrar y agitar secretamente a la sociedad co-
lonial y a facilitar el respaldo extranjero para la causa nacional,
esta Gran Logia tuvo su Consejo Supremo en Crafton Street 27,
Fitzroy Square, Londres, y tuvo como filiales a las Logias Lauta-
rinas que habían levantado columnas en Cádiz y otros lugares
de Europa y América. La organización reconocía cinco grados
masónicos. El juramento de grado de iniciación era luchar por
la independencia de Hispanoamérica. El del segundo grado,
148
hacer profesión de fe democrática y abogar por el sistema re-
publicano.

Al calor de los sueños de independencia y del ambiente revo-
lucionario irradiado desde Francia se iniciaron en la Gran Lo-
gia Americana, en Londres o Cádiz: Bolívar y San Martín; López
Méndez y Andrés Bello, de Venezuela; Moreno, Alvear y Mon-
teagudo, del Río de la Plata; Montúfar y Rocafuerte, de Quito;
O’Higgins, de Chile; Valle, de Guatemala; Mier, de México; Na-
riño y Zea, de Nueva Granada; Vizcardo y Olavide, del Perú, etc.
A su vez, en otras Logias Lautarinas se iniciaron algunos otros
jefes de la independencia sudamericana como Zapiola, Saave-
dra, Belgrano, Guido, Las Heras y Alvarado. El ex-jesuita Viz-
cardo y Guzmán, que actuaba como jefe de propaganda de la
Logia Americana, hizo de sus escritos un ariete contra el colo-
nialismo español. Su memorable Carta a los españoles ameri-
canos, publicada simbólicamente en 1,792, con ocasión del ter-
cer centenario de la llegada de Colón a América, se convirtió
en la más efectiva arma de propaganda: Se traduce al francés
y se imprime en Filadelfia; ha de merecer los honores de una
versión inglesa en la respetable Gaceta de Edimburgo; la dis-
tribuirá Miranda en multitud de ejemplares, cuando su primera
y desgraciada expedición a Tierra Firme en 1,806; y persegui-
rán el papel curas, inquisidores y oficiales reales como la más
peligrosa presa corsaria. Se le puede llamar, históricamente, ‘la
primera proclama de la Revolución’ (...) Formulaba una teoría de
la libertad en que parecen conciliarse Rousseau y los teólogos
de la época escolástica.

Lo sucedido con el pensamiento de Vizcardo es un ejemplo de
lo que ocurría con la influencia de la Revolución Francesa en la
mayoría de nuestros próceres: era un ejemplo de lucha contra el
absolutismo que proveía de confianza histórica y estímulo mo-
ral. Aportaba algunos principios significativos a la causa de la
emancipación americana, como por ejemplo los conceptos con-
tenidos en la Declaración de Derechos del Hombre y el siste-
149
ma de fuerza armada basado en la conscripción de ciudadanos.
Pero poseía formulaciones teóricas y prácticas políticas que
resultaban sencillamente inaceptables para los ricos patricios
criollos latinoamericanos.

“Dueños de ricas plantaciones cultivadas con trabajo esclavo o
de enormes latifundios beneficiados por el trabajo indígena ser-
vil, muchos de ellos poseedores de títulos nobiliarios, los criollos
aspiraban a una emancipación política de España, que los convir-
tiese en miembros de una clase dominante con plenos derechos,
y no a una revolución social que, como la francesa, repartiera la
tierra a los campesinos pobres, liquidara los derechos feudales y
arrasara legal y físicamente con la nobleza. Lo que querían, en de-
finitiva, no era transformar esencialmente a la sociedad colonial,
sino mantenerla para su exclusivo provecho, cortando de un tajo
la dependencia frente a la metrópoli y asumiendo el tan ansiado
poder político.

Desde luego, en ese marco histórico general cabía una gama de
posiciones ideológicas: desde aquellas de los republicanos radi-
cales, que propugnaban la liberación de los esclavos, el reparto
de tierras a los campesinos y la eliminación del tributo indígena,
hasta las de los monárquicos liberales, que aspiraban a sustituir
a la corona española por las testas coronadas de señores criollos.
Hidalgo e Iturbide serían, en el futuro y en un mismo país, buena
muestra de la pervivencia de esas posiciones.

El estallido de la revolución haitiana, en 1,791, fortaleció las po-
siciones conservadoras del criollismo. El ejemplo de ese país de
esclavos que se rebelaba contra sus amos blancos, liquidaba de
raíz el poder colonial, derrotaba a los ejércitos metropolitanos
que pretendían someterlo nuevamente, extendía su revolución al
territorio colonial próximo (Santo Domingo) y proclamaba final-
mente su independencia, generó estallidos de simpatía en otras
colonias del área del Caribe: Martinica, Tobago, Santa Lucía, casi
todas las islas británicas, Curazao y Venezuela (Bosch, pp. 373-453;
150
Cúneo, pp. 92-93).

Por entonces, el área del Caribe albergaba una población esclava
de aproximadamente 1´200,000 personas, de las cuales más de
600,000 radicaban en las posesiones francesas, unas 300,000 en
las posesiones británicas y sobre 200,000 en las posesiones es-
pañolas insulares (Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo) y de Tierra
Firme (Venezuela y Nueva Granada). Considerando la tradicional
rebeldía de la población esclava, que en ese mismo s. XVIII había
protagonizado levantamientos en casi todos los territorios de la
región, tenía lógica esperar el estallido de nuevas sublevaciones
en el área. De ahí que, mientras la llamada «ley de los franceses»
se convertía en consigna esperanzada de los esclavos y humildes
de toda laya, aterrorizaba a los propietarios criollos de Sudamé-
rica (Bosch, pp 373-377).

El movimiento subversivo de Gual y España –cuyo programa, ins-
pirado en los principios de la Gran Revolución, contemplaba la
abolición de la esclavitud– y sobre todo la conspiración del mu-
lato Chirinos, testigo de la revolución haitiana, que planeaba un
masivo levantamiento de pardos contra la oligarquía mantuana de
Venezuela, sumaron un nuevo motivo de inquietud para el criollis-
mo del norte sudamericano.

En el ámbito internacional, la perspectiva del criollismo se vol-
vió también cada vez más inquietante. Los bandazos políticos de
la disminuida monarquía española, convertida finalmente en fi-
nancista de las guerras napoleónicas e instrumento dócil de la
política internacional francesa, causaron honda preocupación en
la clase criolla, cuyo temor a la burguesía francesa «cortadora de
cabezas» había ido en aumento. Al fin, la invasión napoleónica a
España y la imposición de un gobierno francés en Madrid (1,808)
acabaron por precipitar su entrada en el escenario histórico.

Atrapada entre su deseo de transformación política y su temor
a una insurrección popular, la clase criolla optó por plegarse a
151
la resistencia española, encabezada por las Cortes de Cádiz, y
proclamarse fiel al «bien amado» Fernando VII. Sólo más tarde,
cuando los intransigentes administradores coloniales se negaron
a hacer concesiones políticas al criollismo, aplastando sin piedad
a las Juntas Soberanas surgidas en América a imitación de las de
España, la clase criolla en su conjunto optó por la guerra de in-
dependencia, aunque en algunas regiones, por temor a las masas
populares, siguió manteniéndose fiel a la monarquía (Perú) o en-
sayó una transición de poder claramente conservadora (México).

Iniciada la guerra independentista en tan agitadas condiciones, el
criollismo se vio enfrentado a la indiferencia y aun resistencia de
las masas populares. En el caso de Venezuela, la masiva partici-
pación de los llaneros en la «rebelión social» de Boves, esencial-
mente anti oligárquica, determinaría el fracaso de los sucesivos
esfuerzos emancipadores de Bolívar (Bosch, pp. 483-521; Uslar, pp.
97-102).

Al fin, la nueva campaña de 1,816 (iniciada en Haití, la primera
república negra del mundo; gracias al generoso respaldo del
presidente Pétion) lograría vencer el formidable obstáculo de la
resistencia popular, mediante una transacción interclasista que
aseguró beneficios concretos para el pueblo y facilitó la incorpo-
ración de las masas llaneras a la –ahora sí causa nacional.

Un efecto final de la Revolución Francesa en nuestra América fue
la ideología que inspiró la mayoría de sus cartas constitucionales.
Muchos principios de la Declaración de los Derechos del Hom-
bre –como la igualdad jurídica de los ciudadanos, la soberanía
popular, la juridicidad estatal, las garantías personales, la separa-
ción de poderes y el derecho a la propiedad– fueron incorpora-
dos generalmente a las leyes supremas de los nuevos países inde-
pendientes, aunque, en la práctica, se mantuviera esencialmente
la estructura socioeconómica heredada de la colonia”. (Revista
Nueva Sociedad 103, Septiembre - Octubre 1989).

152
Las luchas por la independencia en Lati-
noamérica.

La ocupación napoleónica de España propició el surgimiento
de los primeros movimientos emancipadores. El vacío de poder
creado con el traslado de la familia real española a Francia pro-
vocó en América la misma reacción que se había producido en
España: la creación de juntas de gobierno.

En Buenos Aires se constituyó la primera junta en mayo de
1,810, formada por la burguesía criolla y que intentó extender
su influencia hacia el interior.

En 1,811, Artigas se hizo con el poder en Uruguay, y Rodríguez
de Francia en Paraguay, proclamando la independencia de Es-
paña pero, también de la Junta de Buenos Aires.

En Chile, el independentista O’Higgins se puso al frente de una
junta de gobierno. Estos procesos se repitieron en muchas ciu-
dades americanas, suponiendo la primera experiencia criolla
de autogobierno. En 1,811 se reunió en Caracas un Congreso
de Notables, que proclamó la independencia y promulgó una
constitución federal, destacando ya en este proceso la figura de
Simón Bolívar. En Santa Fe de Bogotá, por su parte, se rompían
los lazos con España y se convocaba un Congreso Nacional de
los territorios de Nueva Granada.

En México, los primeros movimientos tuvieron, un fuerte pro-
tagonismo campesino, dirigidos por los sacerdotes Miguel Hi-
dalgo y José María Morelos. Se proclamó la independencia en
1,813 pero los criollos, temerosos de una revolución social, apo-
yaron al ejército español para liquidar la revolución y poner fin
a la independencia. Este es un ejemplo claro de cómo, a pesar
de muchas semejanzas, los procesos de emancipación estuvie-
ron marcados por las realidades específicas de cada área geo-
gráfica.
153
Las juntas de gobierno depusieron a las autoridades coloniales
e introdujeron reformas fiscales y abrieron sus puertos al co-
mercio mundial. Hasta 1,814, España no tuvo capacidad de res-
puesta ante estos procesos. Pero, una vez restaurado en el trono
Fernando VII, las revoluciones independentistas fueron sofoca-
das. Es el caso de Simón Bolívar tuvo que refugiarse en Haití.

Pero, a pesar del retroceso en el proceso emancipador, los es-
fuerzos por conseguir la independencia de la metrópoli no se
habían agotado. La revolución española de 1,820 provocó la sus-
pensión del envío de tropas a América para sofocar las insurrec-
ciones. Con el restablecimiento de la Constitución de 1,812, los
criollos americanos podían mandar representantes a las Cortes
en España pero era demasiado tarde porque esos criollos que-
rían ya la independencia.

Cuando todo esto maduro, las gestas libertarias empezaron a
tener aceptación entre los sudamericanos, empezando la lucha
para obtener sus libertades, tomando el ejemplo de los EEUU
liderado por George Washington. Tal es así que la presencia en
una efigie de Washington, líder masón de los EEUU, estaba en
una medalla que había sido regalada a Bolívar por el marqués
Lafayette en 1,825, y que Bolívar llevaba con orgullo ya que sen-
tía una gran admiración por el prohombre estadounidense.

El foco argentino del Río de la Plata se había mantenido prác-
ticamente independiente. De allí salió la expedición militar co-
mandada por José de San Martín hacia Chile, donde derrotó a
los españoles y tomó la capital, Santiago. San Martín, el coman-
dante en jefe del “Ejército de los Andes”, independizo a la Ar-
gentina (1,816), Chile (1,818) y, posteriormente al Perú (1,821.

Perú fue el último territorio en independizarse de España. En
1,821 el virrey español abandonó Lima, aunque hasta 1,824
hubo una zona del virreinato en poder del ejército español, que
fue derrotado en Ayacucho.
154
9 de julio de 1,816 la independencia de Argentina.

Independencia de Chile 1,818

155
San Martín proclama la independencia en el Perú (1,821).

En el norte, la figura fue sin duda, Simón Bolívar “El Libertador”,
en Jamaica vio a los antiguos esclavos negros, ser ahora revolu-
cionarios. Entendió que sin la población de color, desde indí-
genas a pardos, no podría hacer ninguna revolución una mino-
ría de criollos idealistas. Así que para la siguiente constitución,
aprobó representación política para las gentes de color. Esto
funcionó, muchos antiguos soldados que luchaban por España
decidieron pasarse a un bando donde les diesen representa-
ción política. El gran ejemplo es Pablo Piar, hijo de un comer-
ciante holandés y una negra, que fue un destacado general y un
ídolo para esa América olvidada por su piel. A partir de ahí las
victorias de Bolívar empiezan a ser imparables. Los españoles
ven como sus filas desertan, no tienen diplomáticos con los que
pactar con otras fuerzas. Y encima con el alzamiento de Riego
se quedan sin refuerzos. Aun así aún queda mucha guerra, que
156
será cruenta y larga. Un ejemplo de ello es el manifiesto de Bolí-
var: “La Guerra a Muerte”, lo proclama el caudillo venezolano en
1,813. En ella se procedió a ejecutar a todo español que encon-
trasen, pues eran enemigos naturales de la revolución. Esto fue
algo muy torpe a la larga, porque supuso dejar al territorio sin
administradores, al margen de los costes humanos, que hicie-
ron que los españoles resistiesen incluso cuando sabían que la
campaña estaba perdida. Todo paró cuando el español Morillo
y Bolívar, ambos masones, se dieron un abrazo para detener la
guerra de ejecuciones.

Mientras España estaba carcomiéndose a sí misma durante el
reinado de Fernando VII y las revueltas liberales, Bolívar logró
el apoyo de ingleses. Tal es así que la Legión Británica tiene
muchos de sus apellidos –Ferguson, Smith– grabados en los mo-
numentos a los caídos. Y en muchas batallas fueron una fuerza
eficaz. Bolívar demostró haber aprendido mucho en sus exilios,
como cuando convenció a los llaneros –grupo de delincuentes
y mercenarios– de ayudarle tras pasar noches al raso con ellos.
Él ya no era un señorito, ahora era un curtido libertador. En el
cruce de los Andes de Norte a Sur, emuló a Napoleón o Aníbal.
Su leyenda ya era un hecho: “El Napoleón de las Américas” sería
uno de sus apelativos favoritos.

Entrando con sus tropas en Santa Fe de Bogotá. En 1,821, tras
la batalla de Carabobo, ocupó Caracas, y Venezuela alcanzó la
independencia. Después decidió dirigir la guerra hacia Quito y
Ecuador.

Bolívar soñaba con una Gran Colombia, que reuniera las actua-
les Venezuela, Colombia y Bolivia; y en una segunda fase, llegar
a una federación de estados americanos, una entidad política
similar a la que se daba con los Estados Unidos en el norte.

Bolívar observaba como el proclamarse dictador no le hizo gra-
cia a los suyos. Nadie quería servir a “Simón I de las Américas”.
157
Sus decretos eran altamente reaccionarios: prohibición de leer
autores liberales, prohibición de casarse con españoles, y pro-
hibir las reuniones de masones. A nadie le gustaba eso. Simón
Bolívar fue soñador, pragmático y tirano a la vez. Seguramente
será muy difícil juzgar, desde cualquier óptica. Pero queda claro
que tanto los que lo ponen como un traidor por haber traiciona-
do a Miranda y los ideales libertarios, como los que hablan de
un nuevo mesías, se equivocan. Seguramente con sus virtudes
y sus defectos, solo es un hombre. Y como tal la historia debe
observarle.

En México, por su parte, se siguió un proceso distinto hacia la
independencia. Agustín de Iturbide transformó México en un
imperio independiente en 1,821, con el apoyo de la jerarquía
eclesiástica, el ejército y los criollos, como un sistema nada li-
beral y para frenar cualquier reivindicación de las clases más
populares. En 1,823, las Provincias Unidas de América Central
(Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Honduras y El Salvador) se
declararon independientes de España y de México.

En los años posteriores a la independencia de América Latina,
fracasó el sueño de Bolívar de una América federada en un sis-
tema de naciones. Cada país siguió su propia trayectoria. Ade-
más, no se intentaron crear sociedades más libres con sistemas
liberales avanzados, sino que establecieron sistemas políticos
dominados por los criollos y no se cumplieron las promesas he-
chas a indígenas y mestizos en las luchas por la independencia.
Tampoco se concedió la libertad a los esclavos negros.

Una vez alcanzada la independencia de España, los nuevos es-
tados latinoamericanos se convirtieron, con alguna excepción,
en sistemas republicanos, controlados por los criollos. El princi-
pal problema interno fue el mantenimiento, cuando no el incre-
mento, de la desigualdad social. Los criollos contaban con todos
los resortes del poder político y económico, frente al resto de
la población, eminentemente campesina. El segundo problema
158
de estos estados fue la inestabilidad política que padecieron y
que generaron dictaduras y el fenómeno del caudillaje.

En la zona norte de la América Latina uno de los hechos más
destacados fue la guerra entablada entre Estados Unidos y Mé-
xico, que se inició en el año 1,846. El resultado de la contienda
fue muy grave para México, ya que en 1,848 había perdido casi
el 50% de su territorio. Eso provocó la creación de nuevos esta-
dos que se integraron en los Estados Unidos: Texas, California,
Nevada, Utah, Nuevo México y Colorado.

Bajo la presidencia de Benito Juárez, México sufrió la invasión
de tropas francesas, españolas y británicas para obligar al país
a pagar sus deudas. Pero muy pronto se vio el interés de Napo-
león III por imponer un nuevo sistema político en el país más
acorde con ciertos intereses económicos relacionados con la
posibilidad de la construcción de nuevo canal interoceánico.
Para ello, impuso al príncipe Maximiliano como emperador,
aunque el experimento político terminaría en un fracaso rotun-
do y con la vida del propio emperador.

El panteón de los héroes 1,898 de Arturo Michelena (1863-1898), la Alego-
ría a los héroes de la independencia americana.
159
Es innegable que estas luchas independentistas fueron promo-
vidas por los masones, que lucharon en ella para obtenerla, así
como que fueron ellos los que participaron de sus iniciales go-
biernos.

“Las enormes extensiones del continente permitieron y obligaron
a guerras de movimientos que recorrían distancias sorprenden-
tes. Los ejércitos fueron siempre pequeños, rara vez combatieron
en una batalla más de 7,000 hombres por bando, y con frecuencia
no llegaron a los 2,000. No aparecieron estrategas excepcionales,
aunque Bolívar tuvo la muy afortunada iniciativa antes menciona-
da, y San Martín fue un jefe muy apreciable. Entre los prohispanos
destacaron Morillo y el virrey Abascal, del Perú” (Pío Moa , Más
sobre la independencia de América).

Respecto a la influencia de la masonería en el proceso de in-
dependencia de América española, está clarísima su importan-
cia, hasta culminar en la última batalla –Ayacucho–, en la que
el ejército español supuestamente fue traicionado por sus ge-
nerales porque habían llegado a un entendimiento, propiciado
por la común militancia masónica, con Sucre, debido a que en
la noche anterior a la batalla, los masones de ambos bandos tu-
vieron una reunión logial con la finalidad de conocerse y evitar
un posible e innecesario derramamiento de sangre. A esto hay
que sumarle, por un lado, la desidia con la que se vivió el pro-
ceso en España, que no proporcionaba los refuerzos suficientes
a sus tropas leales que combatieron durante casi veinte años
por todo el continente. Por el otro los movimientos revoluciona-
rios en España simpatizaron con los independentistas conside-
rándolos aliados de hecho en los conflictos internos como si se
tratara de una guerra civil en lugar de una guerra de secesión.

Sobre la existencia de una conspiración masónica antes de la
batalla de Ayacucho, hace años tocamos el tema y decíamos lo
siguiente: “La capitulación es llamada por el historiador español
Juan Carlos Losada, como “la traición de Ayacucho” y en su libro
160
“Batallas decisivas de la Historia de España” afirma que el resul-
tado de la batalla fue pactado de antemano. El historiador señala
al mariscal de campo Juan Antonio Monet como el encargado del
acuerdo, afirma que este general se presentó en el campamento
patriota a las 08:00 horas del 9 de diciembre; allí conversó con
el general Córdoba, mientras sus oficiales confraternizaban con
oficiales independentistas. Para el historiador fue el último inten-
to de acordar la paz, que Monet no pudo aceptar pues le exigían
reconocer la independencia. Losada afirma que Monet regresó al
campamento español a las 10:30 horas para anunciar el comienzo
de la batalla.

Losada escribe que la batalla fue una comedia urdida por los ge-
nerales españoles; perdida toda esperanza de recibir refuerzos
desde la Metrópoli, sin fe en una victoria sobre los rebeldes inde-
pendentistas, imposibilitados para firmar la paz sin reconocer la
independencia del virreinato, y defraudados por el fracaso de los
liberales constitucionalistas en España y por el regreso del abso-
lutismo, pues los generales y oficiales españoles del virrey La Ser-
na no compartían la causa de Fernando VII, un monarca acusado
de felón y tiránico, símbolo del absolutismo.

Los jefes españoles, de ideas liberales, y acusados de pertenecer
a la masonería al igual que otros líderes militares independentis-
tas, no siempre compartían las ideas del rey español Fernando VII.

Por esta razón el historiador Losada dice que los generales urdie-
ron la comedia para regresar a España en calidad de vencidos en
una batalla, no como traidores que se rindieron sin luchar. Por ello
afirma que “los protagonistas guardaron siempre un escrupuloso
pacto de silencio y, por tanto, sólo podemos especular, aunque
con poco riesgo de equivocarnos”. Una capitulación, sin batalla,
se habría juzgado indudablemente como traición.

Por el contrario el comandante Andrés García Camba refiere en
sus memorias que los oficiales españoles apodados más tarde
161
“ayacuchos” fueron injustamente acusados a su llegada a España:
“señores, con aquello se perdió masónicamente” se les dijo acu-
satoriamente, -”Aquello se perdió, mi general, como se pierden
las batallas”, respondieron los jefes españoles” (Herbert Oré B.
Las Gestas Libertarias, Págs. 37-38).

Las Guerras de independencia hispanoamericanas generaron
la pérdida de los virreinatos y las capitanías generales que for-
maban parte del Imperio español, el que quedó muy reducido
territorialmente y diezmado económicamente. Ello significó un
desastre para la Monarquía española y para la corona. Para los
comerciantes de Cádiz, la administración gubernamental espa-
ñola, los nobles y, naturalmente, para la familia real –propieta-
ria directa de estos bienes realengos– desapareció una fuente
esencial de ingresos –las riquezas y los caudales de Indias–,
fundamentales para la Real Hacienda y el monopolio gaditano.

El sector más humilde o de menores recursos de la nación es-
pañola, en cambio, se mostró indiferente a la independencia
americana y en todo momento lo consideró un problema en
cierto modo ajeno a ella, ya que América estaba desligada para
la inmensa mayoría de los sectores desfavorecidos entre los es-
pañoles peninsulares, campesinos, trabajadores o comerciantes
de clases medias o altas, no existía relación alguna con sus vi-
das, y no les reportaba ningún beneficio o perjuicio.

Como son recordados los héroes de la in-
dependencia.

La literatura con cierto retraso a los sucesos históricos signifi-
cativos, suele reelaborar los hechos, y esto también es válido
para la literatura hispanoamericana sobre la guerra por su in-
dependencia. Se tematiza en la novela histórica, en aquel géne-
ro de moda en Europa. Pero al lado suyo, la rememoración del
período de la independencia se expresa en la lírica –adoptando
principalmente la forma de odas patrióticas–, así como también
162
en textos historiográficos, en biografías noveladas y en autobio-
grafías.

En la mitad del s. XIX, en Hispanoamérica no existía una mar-
cada diferenciación entre letrados, políticos y militares como la
que había en Europa. Esto significa que muchos de los letrados
eran a la vez luchadores independentistas y por lo tanto coloca-
ban la escritura a continuación de esa lucha, o al servicio de la
revolución. Ello explica el retraso en el tratamiento de la inde-
pendencia en sus escritos literarios –muchas de las obras signi-
ficativas recién aparecieron en la segunda mitad del siglo–, así
como también su estética específica. El Romanticismo europeo,
sobre todo el francés, fue tomado como modelo por los libera-
les, por sus implicancias políticamente nacionalistas.

La traducción cultural de los modelos europeos trajo como con-
secuencia que la confrontación con la independencia en la li-
teratura hispanoamericana fuera estéticamente menos radical
que el Romanticismo europeo. Más que una crítica a los movi-
mientos independentistas, los escritores de las elites criollas
del s. XIX, se interesaban en la construcción de naciones inde-
pendientes y en su legitimación política y cultural, así como en
la creación de una cultura nacional lo más homogénea posible.
Por eso, la identidad nacional está en el centro de la literatura
pos independencia, subordinada a esa.

En el s. XIX, y pasando por alto los textos autobiográficos así
como los panfletos de los héroes de la independencia –la mayo-
ría de naturaleza glorificadora–, aparecen una gran cantidad de
las llamadas novelas históricas, que en sentido estricto no eran
históricas. Crearon un tipo ideal de patriota liberal que luchaba
por la independencia, o la defendía, y en último término repre-
sentaba la versión exitosa de la historia del liberalismo hispa-
noamericano, donde desaparecían los enfrentamientos inter-
nos en las ex colonias hispanas luego de sus independencias,
mientras en la realidad histórica, tras la independencia, se acre-
163
cienta más la opresión de la población indígena y se mantiene
la esclavitud. En estas novelas históricas, Eros y Polis están tan
vinculados entre sí que el amor a la mujer y a la nación consti-
tuyen una unidad armónica dentro de la ficción fundacional del
moderno Estado nacional independiente. Ejemplo de ello son
las novelas Amalia (1,851), del argentino José Mármol, o Martín
Rivas (1,862), del chileno Alberto Blest Gana.

Al lado de héroes ficticios de tales alegorías nacionales, se
presentan figuras y acontecimientos históricos. Surgen novelas
que arrojan una luz positiva acerca de las luchas por la inde-
pendencia, como por ejemplo Sacerdote y caudillo (1,869), del
mexicano Juan A. Mateos, que narra la vida de Miguel Hidalgo, o
Venezuela heroica (1,881), del venezolano Eduardo Blanco. Y se
publican, cada vez más, obras que adoptan una posición crítica
frente a los caudillos y a los militares que gobiernan dictato-
rialmente. El ejemplo más conocido es Facundo o civilización
y barbarie (1,845), del argentino Domingo Faustino Sarmiento.

“Recién con el florecimiento de la “nueva novela histórica” en el
subcontinente, a partir de los años ochenta, el período de la inde-
pendencia vuelve a ponerse de moda literariamente. Sólo que las
imágenes heroicas del s. XIX son de construidas; los líderes he-
roicos de los movimientos independentistas mutan a antihéroes,
presentándose reducidos a una medida humana con todas sus
debilidades, y con sus amores y aficiones personales al margen
de la acción política” (Friedhelm Schmidt-Welle, Héroes y anti-
héroes).

Enrique Escribens Correa, Comandante de la Fuerza Aérea del
Perú en el año 1,951 en Lima publica la novela sobre la vida de
Bolívar, “Amaneció en la Cumbre”, que previamente había sido
publicado como un folletín por el diario “El Comercio” de Lima
en 1,950, que en su comentario referido a la novela el 29 de
noviembre de ese año dice: “Una novela sobre Bolívar no puede
cometer infidelidades, debe de tejerse con los acontecimientos
164
reales de su vida. ¿Cómo hacer eso, sin que la novela se transfor-
me en una pesada biografía? Difícil es decirlo”. Eso es verdad
por ello el Embajador de Venezuela Leonardo Altuve Carrillo,
en Lima escribe: “Si se revisara los escritos del genio, con el pris-
ma de la novela, se encontrará en sus personalísimas visiones, la
fantasía prodigiosa de la que como un mago, él va extrayendo la
acción, elaborando la epopeya y dando forma a una historia sin-
gular. Es, felizmente, la impresión que logra dar usted en su libro”.

Escribens Correa, en su novela, refiriéndose a la “Batalla de Aya-
cucho” nos dice: “Mientras tanto, Bolívar, estaba en Lima. Cuando
se estaban produciendo los acontecimientos de aquella memora-
ble mañana” (Amaneció en la Cumbre, Pág. 304), y refiriéndose
a sus últimos días escribe: “Bolívar que había recibido pleitesía
y homenajes; riquezas y alabanzas; coronas de laurel y flores exó-
ticas, quién sabe cómo pocos en el mundo, era ahora, un herido
más de la indiferencia y del rencor. Mortal al fin, la fiebre en el
cuerpo y dolor en el alma, tumbaban al Coloso Americano autor
de un nuevo Continente” (Amaneció en la Cumbre, Pág. 397).

En 1,969, en El mundo alucinante, el cubano Reinaldo Arenas
había contado la vida, el exilio y las aventuras de Fray Servan-
do Teresa de Mier en una cabalgata de elementos fantásticos y
realistas, escribiendo de ese modo más una alegoría del pre-
sente en su país que una historia del héroe de la independencia
mexicana. En 1,981, el venezolano Arturo Uslar Pietri, en La isla
de Robinsón, hace mayor hincapié en el fracaso de las ideas
ilustradas de Simón Rodríguez, el maestro de Simón Bolívar, que
en su influencia en el movimiento independentista. En Los pa-
sos de López (1,986), del mexicano Jorge Ibargüengoitia, un so-
litario y desorientado Miguel Hidalgo vaga por el territorio sin
que se le presente la ocasión de llevar a cabo actos heroicos. El
colombiano Gabriel García Márquez, en El General en su labe-
rinto (1,989), cuenta los últimos meses de la vida de Simón Bo-
lívar como una consunción que va de la mano con la agonía de
su sueño político de una Latinoamérica unida. Como ya sucedía
165
en El otoño del patriarca (1,975), la soledad del poder se en-
cuentra en el centro de la novela. Y el mexicano Carlos Fuentes
describe en La campaña (1,990) la búsqueda del gran amor de
su héroe ficticio Baltasar Bustos, que a consecuencia de ello se
ve envuelto más bien por casualidad que por convicción políti-
ca en las convulsiones de la Revolución.

“Los autores mencionados son tan sólo algunos de una multitud
de escritores que se han ocupado de nuevo de la independencia
nacional. La mayor parte de las veces sucede ello en el sentido
de una deconstrucción de las figuras de los héroes. Y son casi ex-
clusivamente autores, y no autoras, quienes se ocupan del tema.
Ni siquiera en el siglo XIX habían desempeñado los héroes de
la independencia un papel destacable en la literatura femenina
hispanoamericana, con algunas excepciones, como los cuentos y
novelas cortas de la argentina Juana Manuela Gorriti” (Friedhelm
Schmidt-Welle, Héroes y antihéroes).

Son muchos los escritos que exaltan a los héroes de la indepen-
dencia:

En 1,844 el “Archivo Americano y espíritu de la prensa del mun-
do”, en su sección dedicada a hacer la revista de los periódicos
europeos, reproduce un artículo publicado en París bajo el títu-
lo “Cartas sobre la América del Sur” donde se transcriben estos
párrafos del periódico parisino “La Presse” del 31 de Agosto, 8,
13, 15 y 19 de setiembre de 1,843:

“[... ] todos los héroes de la Independencia, incluso el mismo Bo-
lívar, han sido víctimas de la indiferencia o de la reprobación de
esas Repúblicas que ellos mismos han fundado. El General San
Martín, que ha conquistado dos Repúblicas para la Independen-
cia –Chile y el Perú–, es el solo hombre, que haya comprendido
que la obra de organización debía ser separada de la obra de la
conquista; así ha sabido resistir a la ambición de fundar, que ha
perdido á Bolívar; se ha retirado de la arena, una vez terminada
166
la misión de libertador. San Martin se encuentra actualmente en
Paris. Su nombre es, con el de Rosas, el solo realmente popular
hoy en toda la América del Sur” (Archivo Americano y espíritu de
la prensa del mundo, 1,946, tomo I: 308-309. Nº 12, mayo de 1,844).
Los términos en que se expresa “La Presse” nos demuestran que
San Martín no sólo no era un desconocido en América sino que
tampoco lo era en el concierto internacional. El periódico valora
el papel jugado por San Martín como Libertador de naciones y
resalta, asimismo, la popularidad del héroe. “San Martín estaba
presente en la memoria compartida, presente en el ideario social
por ser una figura arquetípica, paradigmática. Marcados por esta
realidad, los contemporáneos de San Martín valoraron y enalte-
cieron su figura desde épocas muy tempranas. No había que ha-
cer una invención del héroe porque el héroe estaba allí presente
en la sociedad que lo conoció” (Andrea Greco de Álvarez, San
Martín en el imaginario popular del siglo XIX).

Sobre Bolívar se dice: “¿Y por qué influyo tanto Bolívar como in-
fluyo Napoleón, en el destino de las naciones? Porque fue, como
Napoleón, un hombre de genio extraordinario. Con todos los de-
fectos que quiera reconocérsele, y algunos más, Bolívar quedara
siendo ante la historia una de las diez o doce figuras máximas que
ha producido la humanidad” (Rufino Blanco Fombona, Ensayos
Históricos, Pág. 422).

En el Perú José Carlos Mariátegui, un destacado luchador y po-
lítico socialista, en su obra más importante “Siete Ensayos de In-
terpretación de la Realidad Peruana” sobre los masones de la
independencia nos dice: “Tuvo el Perú un clero liberal y patrio-
ta desde las primeras jornadas de la revolución. Y el liberalismo
civil, en muy pocos casos individuales se mostró intransigente-
mente jacobinos y, en menos casos aún, netamente antirreligio-
sos. Procedían nuestros liberales, en su mayor parte, de las logias
masónicas, que tan activa función tuvieron en la preparación de
la independencia, de modo que profesaban casi todos el deísmo
que hizo de la masonería, en los países latinos, algo así como un
167
sucedáneo espiritual y político de la reforma” (José Carlos Ma-
riátegui, Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Perua-
na, Pág. 155).

Los peruanos siempre han manifestado su enorme aprecio a
José de San Martín, al extremo que casi lo consideran un perua-
no más, mientras que a la figura de Simón Bolívar lo ven un poco
más distante, debido a su comportamiento antes de la batalla
de Ayacucho como a su proceder luego de ella, sin embargo no
deja de ser llamado con cierta reverencia “El Libertador”, mien-
tras que su propuesta de conformar la “Gran Colombia” resulta
odiosa.

En la batalla de Junín –Perú 6 de junio 1,824– cuando los patrio-
tas estaban por perder la batalla, por la carga de la caballería
española de Canterac, el General La Mar dio orden de retirada,
pero el militar peruano José Andrés Rázuri Esteves, ayudante
del primer escuadrón de los Húsares del Perú, cambió esta or-
den, para que la caballería patriota, comandada por el argenti-
no Isidoro Suarez, atacara por un flanco descubierto de los rea-
listas, y con ello los patriotas derrotaron a los realistas. Después
de ello Bolívar se retiró a Lima, dejando como jefe del ejército
patriota a Sucre, que luego éste ganara la batalla de Ayacucho
–Perú 9 de diciembre 1,824.

Terminada la batalla de Junín, el general La Mar mandó llamar
a Rázuri y le dijo: “Debería usted ser fusilado; pero a usted se
le debe la victoria de hoy día”. Bolívar, que se había alejado un
tanto del escenario y ya daba por hecho la derrota, estalló en
alegría al enterarse de la victoria y cambió el nombre de los
Húsares del Perú por el de “Húsares de Junín”, tal como se les
conoce hasta hoy en día.

El libertador Simón Bolívar fue desmitificado por el peruano
Herbert Morote en su libro “Bolívar, libertador y enemigo Nº 1
del Perú”, en un momento en que el prócer era idealizado por
168
el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, como figura
de izquierda.

El historiador, economista y escritor Herbert Morote, tras va-
rios años de investigación de la presencia y la correspondencia
epistolar de Bolívar, descubrió que “hizo mucho daño al Perú”.

“Lo sacrificó, expolió y lo cercenó en más de 1,1 millón de km2
de Guayaquil y el Alto Perú, y pretendió apoderarse de Jaén y
Maynas, dos provincias peruanas, e hizo los preparativos para re-
galar a Bolivia la costa sur del Perú a partir de Arica”, sostiene en
su libro de 227 páginas. Morote, estudió las cartas del liberta-
dor venezolano (1,783-1,830), develando aspectos pocos difun-
didos del prócer “cuando la naciente República del Perú sufrió
una brutal represión y la desmembración de su enorme territorio
como no le ocurrió a ningún país en América”.

En el libro, el autor rechaza que el prócer haya sido un defensor
de los pobres y de los indígenas conforme se asegura en varias
obras.

“Antes de iniciar su campaña por la independencia del Perú, Bo-
lívar no había tenido experiencia en tratar con poblaciones indí-
genas descendientes de una civilización como la incaica, en Vene-
zuela las clases bajas estaban compuestas por pardos (mulatos)
y esclavos. Su primer encuentro con indios quechua parlantes lo
tuvo en Ecuador, y le fue imposible entender su idiosincrasia, en
cambio se apropió de él todos los prejuicios de los colonialistas
españoles y los criollos racistas. Como vimos anteriormente el Li-
bertador escribió desde Ecuador una carta en la que decía: “Los
indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros,
todos falsos, sin ningún principio moral que los guíe”. La actitud
del Libertador la describe el historiador John Lynch: Los indígenas
de Perú, a diferencia de los pardos y los negros, no ocupaban un
lugar central en las preocupaciones de Bolívar” (Herbert Morote,
BOLÍVAR, LIBERTADOR Y ENEMIGO Nº 1 DEL PERÚ, pág. 75).
169
“Bolívar reinstaló ese tributo del indígena, y éste tuvo que pagar
por el hecho de pertenecer a la raza oriunda del Perú. Con esta
medida Bolívar dejó atrás su proclama de igualdad de todos los
ciudadanos y las intenciones de San Martín y de Luna Pizarro de
hacer del Perú un país integrado” (Herbert Morote, BOLÍVAR, LI-
BERTADOR Y ENEMIGO Nº 1 DEL PERÚ, pág. 78), el mismo tri-
buto también lo reinstalo en Ecuador.

Hay abundante referencia sobre su ambición desmedida: “No
había pasado un año de la batalla de Ayacucho y el Perú ya había
sido amputado para siempre, pero eso no era suficiente ante los
ojos del Libertador. La oposición soterrada de los peruanos era
latente y exageradamente temida por Bolívar, por lo tanto para
dominar en América había que debilitar más al Perú, era necesa-
rio, pues, quitarle su posibilidad hegemónica frente a las repúbli-
cas vecinas, para que él, como Presidente Vitalicio con derecho a
nombrar heredero, mandase sobre todos” (Herbert Morote, BO-
LÍVAR, LIBERTADOR Y ENEMIGO Nº 1 DEL PERÚ, pág. 182).

Bolívar tuvo serios problemas con los masones después de la
batalla de Ayacucho. Su compatriota, Antonio José de Sucre, que
también era masón al igual que Santander y muchos otros co-
laboradores del Gobierno, advierte a Bolívar sobre la conspi-
ración que se estaba gestando entre algunos hermanos de las
Logias. En respuesta, el 21 de octubre de 1,825, el Libertador le
dirige comunicación al General Santander, tildando de malditos
y charlatanes a los conspiradores de la Francmasonería Bogo-
tana: “Malditos sean los masones y los tales filósofos charlatanes.
Estos han de reunir los dos bellos partidos de cuervos blancos,
con cuervos negros: al primero por quererlo humillar, y al segun-
do por quererlo ensalzar. Por los filósofos, masones y cuervos, no
he de ir a Colombia. Por acá no hay nada de esto, y los que haya,
serán tratados como es justo. Soy de usted de corazón. Bolívar”.

El Libertador, con esa sutileza diplomática, en esa carta insul-
taba indirectamente a Santander, que Bolívar consideraba, era
170
uno de los artífices de los grupos masónicos disidentes. Algu-
nos integrantes de la Logia de Bogotá, que tenían las mayores
fortunas, conspiraban y planificaban asesinar a Bolívar, como
efectivamente lo intentaron, cuando 37 asesinos irrumpen el
Palacio de Gobierno el 25 de septiembre de 1,828, donde mi-
lagrosamente Bolívar salva su vida, gracias a la intervención
oportuna de su compañera Manuela Sáenz y la de sus edecanes.

Como respuesta al atentado, el 8 de noviembre de 1,828, el Li-
bertador emitió un decreto prohibiendo la masonería en Co-
lombia, alegando que las sociedades secretas de Nueva Gra-
nada, servían solamente para preparar los trastornos públicos,
turbando la tranquilidad y el orden establecido; que ocultando
ellas todas sus operaciones con el velo del misterio, hacen pre-
sumir fundadamente que no son buenas, ni útiles a la sociedad.
El decreto fue promulgado 1 mes y 13 días después del atenta-
do en Bogotá, y luego de haberse publicado en el órgano de la
logia de esa ciudad, se encontró una nota que decía: “Puede ser
que Obando haga con Sucre lo que nosotros no pudimos hacer
con Bolívar”.

DECRETO.
Artículo 1º: Se prohíben en Colombia todas las sociedades o con-
fraternidades secretas, sea cual fuere la denominación de cada
una
Artículo 2°: Los Gobernadores de las Provincias, por sí y por me-
dio de los Jefes de Policía de los Cantones, disolverán e impedirán
las reuniones de las sociedades secretas, averiguando cuidadosa-
mente si existen algunas en sus respectivas provincias.
Artículo 3°: Cualquiera que diere o arrendare su casa o local para
una sociedad secreta incurrirá en la multa de 200 pesos, y cada
uno de los que concurran, en la de 100 pesos por la primera y se-
gunda vez; por la tercera y demás será doble la multa; los que no
pudieren satisfacer la multa sufrirán por la primera y segunda vez
dos meses de prisión, y por la tercera y demás será doble la pena.

171
Parágrafo 1°: Los Gobernadores y Jefes de Policía aplicarán la
pena a los contraventores haciéndolo breve y sumariamente, sin
que ninguno pueda alegar fuero Cero en contrario.

Parágrafo 2°: Las multas se destinan para gastos de policía, bajo la
Dirección de los Gobernadores de las Provincias.

El Decreto fue el resultado de una conspiración que se gestaba
en Colombia, cuando algunos masones conspiraban en la Logia
de Bogotá, a la cual pertenecía Pedro Carujo, masón en Grado
18, implicado en el asesinato de Sucre y en las tres oportunida-
des en que quiso asesinar al Libertador: en Soacha, población
cercana a Bogotá; la fiesta de las máscaras donde lo esperaban
los hombres disfrazados con puñales ocultos; y el atentado en el
Palacio de Gobierno del 25 de septiembre; todos en 1,828 cuan-
do la Dictadura hacía mella en la oligarquía colombiana. ¿Qué
motiva a los masones para oponerse a Bolívar? La respuesta es
compleja, pero se debía a que Bolívar quería ser un emperador
en los países que libero.

“Simón Bolívar siempre ansió el poder, como documenta José Ig-
nacio García Hamilton en “Simón, vida de Bolívar”. Fue el revolu-
cionario que traicionó a Francisco de Miranda y lo entregó a los
españoles; el demagogo que en público adulaba a los mestizos,
indios y mulatos, pero en privado decía ser un “aristócrata de co-
razón”; el cruel militar que declaró la “guerra a muerte”, fusiló sin
piedad a los prisioneros y se constituyó en dictador; cuyo sueño
era ser coronado como una especie de emperador ambulante de
una federación de países de toda Sudamérica.

Hasta el fracasado de Carlos Marx expresó muy bien quién era
Bolívar: “proclamó un Código Boliviano (que era) un remedo del
Código Napoleónico”, el cual proyectaba trasplantar a una re-
pública sudamericana unificada, “cuyo dictador sería él mismo,
dando así alcance a sus sueños de que la mitad del mundo llevara
su nombre”. Es curioso que el promotor del “socialismo del siglo
172
XXI”, Hugo Chávez, endiosa a Bolívar, y Marx, padre del socialis-
mo, lo despreció.

Bolívar fue el megalómano que dijo: “Yo no serviré la presidencia
sino en tanto que ejerzo... facultades ilimitadas..., Colombia no
se gobierna sino con un poder absoluto... se necesita un ejército
de ocupación para mantenerla en libertad...”. El que le escribió
a Francisco de Paula Santander: “Solamente un hábil despotismo
puede regir a la América”; y: “Usted no puede imaginar la necesi-
dad que tienen en Lima de un hombre que los dirija en todo... Na-
die sueña, nadie piensa, nadie imagina que puede existir el Perú
sin mí”.

Luchó por la independencia, pero con el afán de hacer constitu-
ciones políticas a su medida. Como revela Enrique Krauze en “Re-
dentores”, Carlyle señaló que, por lo menos en dos ocasiones, en
diferentes lugares, Bolívar construyó una Constitución compues-
ta por un gobernante supremo vitalicio –él mismo– con libertad
para nombrar a su sucesor. En 1,828, con el pretexto de evitar “la
anarquía”, se proclamó jefe supremo del Estado con el título de
Libertador Presidente y se arrogó la facultad de dictar o derogar
leyes” (La Nación, Simón Bolívar, otro héroe que no lo fue, Hugo
Chávez, endiosa a Bolívar, mientras que Marx lo despreció, 20
agosto, 2,012)

Los masones ingleses no dejaron de apoyarlo ni en sus más di-
fíciles momentos de su vida, así en la Isla de Jamaica, el comer-
ciante inglés establecido en Kingston, señor Maxwell Hyslop,
viejo amigo del Libertador, cuando la noticia de su precaria
salud llegó a la isla. Como compañero masón, el comerciante
inglés envió ayuda y al efecto, solicitó al Gobernador de la isla
el envío de un médico especialista a Santa Marta, junto con un
arsenal de medicinas, en la desesperación de salvar su vida. De
inmediato, el Dr. Michael B. Clare, afamado cirujano y por cierto
Gran Maestro de la Logia Masónica, se embarcó en la fragata de
guerra “Blanche” hacia Santa Marta, llevando consigo, además,
173
suficiente dinero para cubrir las necesidades de su Excelencia.
Pero todo fue en vano. La embarcación fondeó en el puerto de
Santa Marta el 18 de diciembre de 1,830, cuando se rendían los
últimos honores al Libertador, quién había muerto el día ante-
rior.

En el año 2,009 Carlos Rangel público un interesantísimo ensa-
yo, que con mucho deleite fue acogido por los estudiantes uni-
versitarios de esa época, entre los cuales me encontraba y me
sirvió para sostener agudos debates en mi alma mater la Uni-
versidad Nacional del Centro del Perú; en ella Jean-Francois Re-
vel que prologa el ensayo decía: “En Latinoamérica, la guerra de
Independencia fue una llamarada de odio antiespañol, una cólera
violenta de hijos demasiado largo tiempo sometidos, un sacrificio
ritual del padre. Fue, además, una guerra civil (muy pocos espa-
ñoles peninsulares participaron en los combates), como si las dos
mitades del alma latinoamericana hubieran salido a enfrentarse
en los campos de batalla”.

Pero esta sociedad “revolucionaria” no ha encontrado su camino.
Ni con la descolonización ni más tarde ha logrado ser una comu-
nidad moderna, dinámica, racional. Habiendo rechazado y des-
truido las estructuras del Imperio Español, no supo darse otras
que fueran a la vez estables y más o menos humanas. La historia
del s. XX prolonga la contradicción original de Latinoamérica. Si-
gue rebotando entre las falsas revoluciones y las dictaduras anár-
quicas, entre la corrupción y la miseria, entre la ineficacia y el
nacionalismo exacerbado” (Carlos Rangel, Del Buen Salvaje al
Buen Revolucionario, pág. 15). Esto evidentemente es una ver-
dad, aun cuando muchos aún no logran digerirlo, pese al tiempo
transcurrido. Rangel nos recuerda que: “LOS LATINOAMERICA-
NOS no estamos satisfechos con lo que somos, pero a la vez no
hemos podido ponernos de acuerdo sobre qué somos, ni sobre
lo que queremos ser” (Carlos Rangel, Del Buen Salvaje al Buen
Revolucionario, pág. 20).

174
Rangel dice sobre las luchas por la independencia que, “lo que
había comenzado como un juego de aficionados a la política cul-
minó como una explosión de odio contra todo lo español, una
cólera violenta de hijos demasiado tiempo sumisos, un sacrificio
ritual del padre histórico español. Muy pocos españoles penin-
sulares tomaron parte en los combates; pero pasaron cien años
antes de que nadie se atreviera a decir lo que todo el mundo sabía
desde el principio: que en su esencia, aquellas contiendas fueron
guerras civiles entre hispanoamericanos.

En algunos lugares los criollos ricos perdieron el control de la si-
tuación, de manera que la guerra y las convulsiones sociales que
la siguieron (a veces durante buena parte del siglo XIX) fueron
terriblemente cruentas y destructivas. Pero por lo mismo las so-
ciedades posteriores han sido más abiertas, más capaces de to-
lerar y hasta de promover la movilidad social, más americanas en
el buen sentido de la palabra. En otras regiones la guerra liquidó
la soberanía imperial española sin conmover demasiado la socie-
dad, por lo cual las oligarquías criollas lograron en efecto sustituir
pura y simplemente a los pro-cónsules peninsulares; y adminis-
traron luego exitosamente un poder tradicional y hereditario, en
algunos casos hasta nuestros días” (Carlos Rangel, Del Buen Sal-
vaje al Buen Revolucionario, pág. 118 y 119).

Cuando se refiere a Bolívar, dice que “Bolívar no se hacía excesi-
vas ilusiones sobre la posibilidad real de la unidad hispanoameri-
cana, por lo menos en aquel momento.Y no sólo porque Colombia,
la gran nación que él trató personalmente de forjar con Venezuela,
Nueva Granada y Ecuador se deshacía bajo sus pies, con los cau-
dillos de cada región esperando su muerte o su renuncia para
desmembrada, sino porque no sufriendo Bolívar complejos de in-
ferioridad, o la necesidad de compensar con palabras heroicas
actos mezquinos, pudo desde muy temprano pensar con claridad
y decir con sencillez la verdad. En su Carta de Jamaica (1815),
dice que en Hispanoamérica independiente, “una gran monar-
quía no será fácil de consolidar; una gran república, imposible.
175
Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo
una sola nación, con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí
y con el todo.Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres
y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno
que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse;
mas no es posible, porque climas remotos, situaciones diversas,
intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a (Hispano)
América” (Carlos Rangel, Del Buen Salvaje al Buen Revoluciona-
rio, pág. 121). Además nos dice que “En relación de las fuerzas
reales que podían incidir sobre el destino inmediato de Hispa-
noamérica, Bolívar no veía más que a Inglaterra como recurso y
posible potencia protectora de las Repúblicas hispanoamericanas
frente a las eventuales tentativas de reconquista por España em-
pujada y ayudada por la Santa Alianza” (Carlos Rangel, Del Buen
Salvaje al Buen Revolucionario, pág. 121).

Como son representados los héroes de la
independencia.

La valoración del Gral. San Martín y su obra se dieron en vida
del Libertador, tanto más luego de su muerte. Se empezaron a
hacer, entonces, las estatuas y monumentos que perpetúan su
memoria. El primero en 1,851 en Entre Ríos; luego fue la inicia-
tiva de Tomás Guido de erigir una estatua ecuestre en San Lo-
renzo; en Santiago de Chile se formó una comisión con el mismo
objetivo; en 1,862 se colocó la estatua en la Plaza San Martín de
Buenos Aires.

A estos siguieron los monumentos de Rosario, San Lorenzo y
Yapeyú antes de terminar el s. XIX. El resto de las capitales de
provincia y ciudades importantes fueron erigiendo sus monu-
mentos o estatuas a comienzos del s. XX. Podría interpretarse
que estos últimos, los de fines del s. XIX y comienzos del XX,
fueron parte de la “construcción del mito” argentino. Pero eso no
es así, quedaría sin explicación los numerosísimos monumentos
construidos en todo el mundo ya que no podemos explicar cuál
176
podría ser el interés de esas naciones en “construir la identidad
nacional” de la Argentina y para ello “erigieron el mito de San
Martín”. Allí están las estatuas ecuestres, pedestres y bustos del
General San Martín, el Libertador, en: Chile (Santiago, Maipú,
Viña del Mar y Chacabuco), Perú (Lima, Callao y Pisco), España
(Sevilla), Estados Unidos (New York y Washington), Inglaterra
(Londres), Panamá, Paraguay (Asunción), Guatemala, Colombia
(Medellín), Francia (París y Boulogne Sur Mer), Alemania (Ber-
lín), Canadá (Otawa) y Ecuador (Guayaquil).

Asimismo, Argentina empezó a surcarse de calles con nombres
relativos a la gesta sanmartiniana. Así el plano de Mendoza de
1,854 nos muestra para entonces la existencia de las calles San
Martín, Chacabuco, Maipú, San Lorenzo. En Buenos Aires la Pla-
za San Martín levanta el primer monumento en 1,862, empla-
zada en el lugar teatro de la enconada resistencia contra el in-
vasor británico y del entrenamiento militar de los granaderos
a caballo dirigido por el General San Martín. En este lugar se
erigió el primer monumento ecuestre a San Martín y los héroes
de la Independencia.

En 1,869, el Banco de la Provincia de Buenos Aires emite los
primeros billetes en los que aparece el retrato de San Martín.
Se trata del billete de 500 pesos fuertes en cuyo anverso está
dicho retrato. El diseño e impresión original fue efectuada por
la Compañía Americana de Billetes del Banco de Nueva York y
la emisión está fechada en 1 de enero de 1,869. Posteriormente,
en 1,885, aparecerán nuevos billetes con el rostro del héroe.

Los monumentos a Bolívar son también numerosos: monumen-
tos en Boyacá y Medellin-Colombia, Río de Janeiro, Sevilla y Cá-
diz en España, Buenos Aires-Argentina, Panamá, Caracas-Vene-
zuela, San Salvador-El Salvador, México-México, París-Francia,
La Habana-Cuba, Lima-Perú, Guayaquil-Ecuador, Pereira-Brasil;
estatuas en San Francisco y Central Park New York en los Esta-
dos Unidos, Londres-Inglaterra, Bucarest-Rumania.
177
En la pampa de la Quinua en Ayacucho, lugar donde se dio la
batalla del mismo nombre con el que se sella la independencia
del Perú e Hispanoamérica, se construyó un gigantesco obelis-
co en memoria a los héroes de tal gesta.

Un obelisco en mármol, obra del artista español Aurelio Bernan-
dino Arias, representa medio siglo de lucha por la libertad e la
independencia americana, desde la Revolución de Túpac Ama-
ru en 1,780 hasta su culminación con la victoria en la batalla de
la pampa de la Quinua en Ayacucho, el 9 de diciembre de 1,824.
El monumento es una estructura de concreto armado de 44 m
de altura, recubierta con mármol blanco. Tiene seis estatuas de
bronce de 3 m de altura, que representan a los generales que
comandaron la batalla: Antonio José de Sucre, Agustín Gamarra,
José La Mar, José María Córdova, Jacinto Lara y Guillermo Miller.
En la parte superior a ellos se puede ver, un medallón con la efi-
gie del libertador Simón Bolívar que no estuvo en esta batalla.
En la base, en una de las caras de ella, se escenifica la batalla,
en memoria a los que lucharon en ella

Obelisco pampa de la Quinua-Ayacucho. Estatuas de bronce de los gene-
rales: Sucre, Gamarra, La Mar, Córdova, Lara y Miller. En la parte superior
medallón con la efigie del libertador Simón Bolívar.
178
Inferior izquierda del obelisco, una gigantesca representación de la batalla
de la pampa de la Quinua, con escenas muy gráficas de esta gesta heroica.

El Monumento al “Ejercito de Los Andes”, es una obra artística del
escultor uruguayo Juan Manuel Ferrari, se encuentra emplazado
en la cima del Cerro de la Gloria, Parque General San Martín,
en Mendoza - Argentina. Sobre una base de piedra cordillera-
na, se erige un conjunto escultórico realizado en bronce. Consta
de la estatua ecuestre del General José de San Martín, a ambos
costados de esta se encuentran representados mediante relieve
los cuerpo de los granaderos a caballo; en los laterales y en la
parte posterior se ubican tres frisos que relatan los sucesos más
notorios de la formación del ejército: al costado Este se ubica
la figura de Fray Luis Beltrán, destacado por su maestranza; en
el costado Sur se observan las figuras de damas donando sus
joyas y pertenencias de valor, y los más humildes colaborando
con elementos varios; en el costado Oeste se cuenta la partida
del batallón hacia Chile, y se resalta la figura del tropero Sosa.

Más arriba en cada costado, en la pared Este se encuentra in-
sertado el escudo argentino, mientras que en la Oeste se en-
179
cuentran los escudos chileno y peruano; países que el militar
argentino liberaría respectivamente.

En la parte superior, se entrona el símbolo de la Libertad –mu-
jer con cadenas rotas en sus manos–, a su alrededor un grupo
de Granaderos a Caballo al ataque, un poco más abajo se apre-
cia un cóndor –símbolo de los Andes– planeando vuelo.

El escudo Argentino tiene parte de sus laureles incompletos,
esto simboliza que San Martín no completó su visión: formar una
sola nación con todo el continente Sudamericano. San Martín
tuvo que abandonar su campaña en Perú y dejar paso a Simón
Bolívar.

El Monumento al “Ejercito de Los Andes”, del escultor uruguayo Juan Ma-
nuel Ferrari, en la cima del Cerro de la Gloria, Parque General San Martín,
en Mendoza - Argentina
180
“La Independencia de las naciones americanas y sus héroes más
conspicuos fueron dos de los motivos más representados en la
estatuaria pública del continente. Los hechos ligados a aquella
gesta, a la par de brindar discursos y figuras para ser entroniza-
dos como símbolos patrios, servirán a la vez como medio eficaz
para que muchos gobiernos erigidos a partir de aquellas fechas
sobresalientes, encontrasen formas de legitimación de su propio
poder” (LA INDEPENDENCIA DE HISPANOAMÉRICA A TRAVÉS
DE LOS MONUMENTOS DE SUS NACIONES de Rodrigo Gutié-
rrez Viñuales).

En los otros países también se establecieron avenidas destina-
das a la colocación de monumentos vinculados a las historias
nacionales, en los que la Independencia siempre tuvo lugar y
reconocimiento preminente, sin embargo esto genera una para-
doja: Se luchó para no depender de Europa, pero los monumen-
tos en bronces de los personajes que lucharon en ella, tuvieron
que ser vaciados en los centros europeos como París, Roma, e
inclusive Múnich, donde solían conseguirse precios más ase-
quibles.

El primer monumento ecuestre al masón Bolívar fue encargado
por Perú, e inaugurado en Lima en 1,859. La obra fue realizada
por otro italiano Adamo Tadolini, considerado uno de los dis-
cípulos más adelantados de Antonio Cánova. Este modelo fue
uno de los más afamados y difundidos, llegándose al punto de
que los propios venezolanos, como homenaje a su hombre más
ilustre, no dudaron en solicitar una copia de esa estatua, la cual
instalaron en Caracas en 1,874.

Los venezolanos erigieron en 1,842 La Columna Bolívar en Mé-
rida, para conmemorar el traslado de los restos del Libertador
de Santa Marta en Colombia hacia Caracas. Esta es una columna
de once metros de altura coronada en su capitel con un busto de
bronce del héroe.

181
Monumento a Bolívar, Lima - Perú 1,868

La Columna Bolívar en Mérida, fotografía de 1,910.

182
El Libertador de las actuales Argentina, Chile y Perú, el masón
José de San Martín también tiene sus correspondientes monu-
mentos, algunos con peculiares histórias. El primer monumento
que se erige y que, con el paso del tiempo, habría de conver-
tirse en la representación más característica y difundida, fue
encargado en la década de 1,850 por Chile al escultor francés
Joseph-Louis Daumas, por iniciativa de Benjamín Vicuña Mac-
kenna. Enterado de este proyecto, el gobierno argentino se hizo
con la delantera y consiguió una copia del mismo monumento,
que se inauguró en Buenos Aires en 1,862. Al año siguiente la
obra encargada por Chile, con ligeras modificaciones respecto
de la argentina, fue inaugurada en Santiago.

Monumento del Libertador José de San Martín, Buenos Aires - Argentina

183
Monumento a San Martin, Santiago de Chile - Chile

Los peruanos contrataron un monumento, tras concurso interna-
cional, al escultor valenciano Mariano Benlliure que se inauguró
en Lima en 1,921, año de la conmemoración del centenario de
la independencia peruana. Nuevamente, como había ocurrido
casi sesenta años antes con el Bolívar de Tadolini, Perú mostra-
ba una independencia estética emplazando un monumento de
carácter absolutamente original.
184
Plaza San Martín Lima-Perú.

Hace años un hermano masón, cuando cruzábamos la Plaza San
Martín en Lima, me dijo que había una llama en el monumen-
to a San Martín, y efectivamente así es. En un conocido libro
sobre “curiosidades limeñas” –reproducido en otros libros y en
muchas páginas de internet– se narra la historia del error de
un ayudante del escultor Mariano Benlliure al colocar apurada-
mente ante la premura de la entrega de la obra, una llama An-
dina en lugar de la llama votiva que debía ir sobre la cabeza de
la mujer que se encuentra en la parte delantera del monumento
a San Martín.
185
La llama en el monumento a San Martín

Se decía, que era un error del ayudante de Benlliure, que colocó
la llama andina en lugar de la llama votiva que supuestamente
debía ir allí. Pero en realidad, ¿Que significa esa llama sobre la
cabeza de la mujer en la parte delantera del monumento a don
José de San Martín?

“Pues es una alegoría al Escudo Peruano. La mujer es La Patria,
que lleva en sus manos ramas del árbol de la Quina, elemento
que aparece en el campo superior derecho de nuestro Escudo;
sobre su cabeza lleva un yelmo que tiene dos Cornucopias que
caen como orejeras, como sabemos la Cornucopia es el elemen-
to que se encuentra en el campo inferior de nuestro escudo; y
finalmente la llama como la llamamos, es el camélido que figura
en el campo superior izquierdo del escudo. Todo el monumento
es un homenaje a San Martín y la Patria, inaugurado en el Cente-
nario de nuestra Independencia, en 1,921. Todos sus elementos
186
son alegorías a este suceso. Un error de estas dimensiones por su
implicancia, hubiera sido muy criticado en su momento, y hubiera
manchado la reputación de tan prestigioso artista” (Lima la única,
La llama del Monumento a San Martín).

Con simpatías y antipatías, las figuras históricas de los luchado-
res por la independencia de los estados de Norte América, los
países de Centro América y la Antillas, así como de América del
Sur, serán recordadas en la historia oficial de cada país; pero lo
que no se dice en ellas, o se dice poco, es que fueron masones,
que lucharon por la libertad, como otros tantos lo hicieron en
diversas partes del orbe, fieles a los antiguos Principios Básicos
Constitutivos de la Francmasonería Universal, aprobados en la
Asamblea General de Francmasones que se reunió en París en
el año 1,523, donde enunciaron: “17. Por los derechos de los pue-
blos de gobernarse libremente, según sus leyes y costumbres”,
y plantean “26. Los principios de Universalidad, Cosmopolitis-
mo, Libertad (no esclavitud), Igualdad (ante las posibilidades) y
Fraternidad (como base de relaciones entre los hombres) son las
metas de la Francmasonería”, que son distintas a los enunciados
por la Constitución de Anderson de 1,723 y sus modificaciones
posteriores: “si un hermano se rebela contra el Estado, no se le
ha de apoyar en su rebelión, aunque se le compadezca por tal
desgracia”.

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Denis Auguste Marie Raffet - Memorable y decisiva
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A:.L:.G:.D:.G:.A:.D:.U
Julio 2018
190