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Salvadoreños

El ojo de agua de Salvador Salazar Arrué (Salarrué)


Entre cañas, entre yerbas, abrazando furtivo la paloma del cielo…
Escondido, tembloroso, ambicioso, lúbrico…
Agua pechuga; agua pluma; agua…
¡Ladrón de luz, niño malo, devuelve al aire la mensajera luminosa, la mensajera de
amor, la cristófora-colomba que escondes contra el pecho!
Arco iris de Álvaro Menén Desleal
Hamaca de siete paños en que se mece la brisa.
Listón que han puesto las nubes colgando en la lejanía.
Banderola de señales; semáforo sin esquinas.
Alada cuerda de seda donde los pájaros brincan.
Alfabeto del color con que se escriben los días.
Cartelón de propaganda en que se anuncia anilina.
Viudo párpado del cielo y divorciada pupila.
Iris, polícroma flor sin aroma y sin espinas.
¡Siete lazos con que Dios ata las Siete Cabritas!
Declaración de amor de Manlio Argueta
Porque te cansas de estar sola, de encontrar en tu cama la sombra de la noche
anterior. Porque te mueres de mirar las parejas d casados que de alguna parte
vienen. Porque te desmayas de soledad. Porque la casa está vacía. Porque tienes
jaqueca. Porque los sueños luctuosos. Porque los gatos del vecino. Porque los
niños con cabeza de pajarito. Porque lloras al despertar. Porque eres del sexo
débil. Porque crees ser hermosa (y lo eres) como una puesta de sol. Porque los
ojos negros te vuelven loca de remate. Por eso quieres que sea tu marido.

Desolada canción de Roberto Armijo


Ven, mis ojos ansian tu silueta: tus manantiales buscan mis venados cómo a los
vientos ávidas y veleta.
Mis latidos se vierten desolados. Soy un acongojado peregrino que se perdió
buscando tus vallados.
Camino taciturno en mi camino. Sediento bebo el agua y no la bebo, la hallé muy
tarde…..lo deseó el destino.
Aunque beberla con ternura debo porque mi corazón la necesita,
desesperadamente no me atrevo.

1
En mi sangre la angustia precipita un torbellino atroz que me enajena el corazón
que enloquecido grita,
cuándo tu piel de cálida azucena el pulso de mis labios atormenta, porque
despierta la pensante pena,
de que jamás mi mano macilenta echará en tus mantillos la semilla de éste amor
que en tus besos se sustenta.
Pueblo de José María Cuéllar
Este pequeño pueblo rendido de nostalgia, incorporado de amor a los balcones
donde hierve la voz de todas las distancias.
Este pequeño pueblo con sus espectros blancos, con sus juguetes viejos, y sus
dinteles hijos de la niebla.
Este pequeño pueblo de mis dulces hermanas, del color de los bueyes que
humedecen la sombra, de la vejez azul de los portales.
Este pequeño pueblo de aires silvestres, con sus aldabas viudas, y las
encrucijadas de las carretas brujas.

Guatemaltecos
Lejos de Alan Mills
cansa el cuerpo los huesos
el cielo es falso y lo vemos (cúmulos de gas y mentira)
decir mujer es saberla sal (esencia genesiaca de todo) y no tener valor para
arrancar y poseer al amor en la tierra
soledad anuncia el polvo que nada enseña siendo maestro ese trazo inerme que
recorre la tierra esa ubicuidad cansada de esperarnos
el cielo es falso y lo vemos
bella lejanía: una mujer triste leyendo en la penumbra una exactitud de carne
suave que no nos mira
Encuentro de Otto Rene Castillo
Estábamos tan lejos el uno del otro. Mares había entre nosotros. Montañas y
agua. Fuego y viento. Largos años de oscura desesperación había entre nosotros.
Pero nos encontramos, a pesar de todo, porque la vida lo quería ciegamente.

2
Cinematógrafo de Isabel de los Ángeles Ruano
Luz azulada y besos distraídos, amnesia momentánea, afuera llueve.
Siluetas, siluetas de días desaparecidos, alardear de vida, sin telones, con
butacas inmóviles.
Humo de cigarrillos, almas calladas con espirales de sonrisas anestesiadas.
Afuera llueve, los carros encienden sus faroles pero la sala quieta se estremece
ante sueños encadenados con ceniza
Aprendizajes de César Brañas
Si tuve en los caminos insensato afán de regresar, y si del viaje no me quedó sino
el amable dato de algún humilde ocasional paraje;
si el mar me dio tan sólo el inmediato goce de la canción de su oleaje, montaña,
cielo y mar en su arrebato me enseñaron su pítico lenguaje.
Mi aprendizaje fue harto sencillo, de ciego que no urgió de lazarillo; cuanto
buscaba en mí mismo escondía;
para cumbres y mar mi desencanto, para caminos mi melancolía, ¡que todo
regresaba, en mí, a mi llanto!
Si fuera José de Regina José Galindo
Si fuera José -sólo José- no tendría este pene atrofiado mis tetas se hundirían me
llenaría de pelos.
No me las cogería a la fuerza ni las miraría a las nalgas.
Si fuera José sería igual de vulgar y no me enamoraría de Regina.
Nicaragüenses
La bala de Salomón de la Selva
La bala que me hiera será bala con alma. El alma de esa bala será como sería la
canción de una rosa si las flores cantaran o el olor de un topacio si las piedras
olieran, o la piel de una música si nos fuese posible tocar a las canciones
desnudas con las manos.
Si me hiere el cerebro me dirá: yo buscaba sondear tu pensamiento. Y si me hiere
el pecho me dirá: ¡Yo quería decirte que te quiero!
Cementerio de Marianela Corriols
El muro blanco y largo que separa la principal contradicción tiene grietas donde
brota la hierba de un verde inacabable.

3
Ciega quedó la luna de Isolda Hurtado
Llegó la noche de rostros acabados la flora muerta, la fauna extinta ¡Lecturas
erradas desde milenios!– escribía ella mientras el agua dejaba como grieta seca el
alma.
Algún día regresará el canto verde de las cosas – dijo.
Abracadabra de Blanca Castellón
Vuelvo a la punta de una palabra tuya
cualquiera que rescate
lo que olvidé de una copa derramada en la piel de la esperanza
del humo de un cigarro dibujando figuras suculentas entre dos bocas
de todo aquello que se va que sube y baja en lo íntimo del forcejeo
y el abracadabra que abre sus puertas al todo contra todo.
Acuarela de Ernesto Cardenal
Los ranchos dorados cercados de cardos; chanchos en las calles; una rueda de
carreta junto a un rancho, un excusado en el patio, una muchacha llenando su
tinaja, y el Momotombo azul, detrás de los alegres calzones colgados amarillos,
blancos, rosados.
Poetas costarricenses
Arte poética 2 de Adriano Corrales Arias
La poesía nace por ejemplo de la turbia sensación en el bar de una ciudad
desconocida: chupás anónimo la salonera sonríe va y viene sirve sonríe gira con
pasitos de salsa se contonea va y viene gira guiña un ojo sonríe
nadie te conoce y desconfiás de todos
danza y viene la salonera arremangándose los codos
finalmente te aborda
acaso por la posibilidad de la propina
o porque intuye que estás sólo
absolutamente sólo

Preludios de Eunice Odio


Óyeme esta canción que en mí te nombra carne para la fruta necesaria.
Cuando la soledad bajo tu nombre oída y apretada,
Cuando yo era como niño enterrado a quien llaman por su nombre pasado, y
responde, y no se oye en sí mismo;
Y mi mano en el fondo, confundida, tenía ya atisbo, llave, forma mía,

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Y se sentía más arriba del pecho y del abrazo como corona alegre y consumada.
Tú me llamabas a tu nombre, y vine, con clara identidad de nacimientos, con la
veraz acostumbrada gracia con que sueñan su honor las catedrales.
Tú eres ya de día junto a la noche. Ya soy contigo el día, y en virtud de la
ausencia en que me evoco miro cómo mi forma me comparte, cómo respiro en
pelo y a mansalva, por dentro de mi voz y no a lo largo.
De ti solo sé la historia de Dorelia Barahona Riera
VII
De ti solo sé la historia de los peces
Unos huyen al verte otros sabrá Dios por qué los hizo.
Decime si la prisa de Carmen Naranjo
¿Decime si la prisa es grito que mata pájaros con péndulos? ¿Decime si la
angustia es agobio que acerca muertes con taladros? ¿Decime si elmiedo es
oruga que envuelve músculos con tornillos? ¿Decime si el amor es amargo por el
rato que retiene y la vida que se lleva? ¿Decime si podés decirme dónde crece la
luz que sólo noche noche me amanece en el alma?
Cantiga agónica de Lil Picado
Me moriré de tiempo una mañana, me moriré entre mis brazos, clara; me moriré
de labios, de mirada, de loca desnudez acorralada, de tiempo natural, en fin. De
piel, de alas… Me iré donde tu olvido quiera que me vaya.
Hondureños

El amor errante de Ramón Ortega


Filas de caserones de vieja arquitectura que en el frontón ostentan el signo de la
cruz. Sobre la calle hosca pasa la noche oscura como un fúnebre paño. Ni una
voz, ni una luz.
En esta casa tuya, quizás, en las ojivas, entre el silencio grave de la calleja sola,
tejieron un murmullo de pláticas furtivas un linajudo hidalgo, y una dama española.
Más hoy es ¡oh, señora! un rondador nocturno, un bardo trashumante de rostro
taciturno quien coloca la ofrenda de amor en tus umbrales.
Y quien, bajo la noche, frente al balcón florido, se angustia al ver el sacro blancor
de tu vestido, que cruza vagamente detrás de los cristales.

5
La savia que me agobia de David Moya Posas
Si por instruírme de amorosa llama y confiar en la rosa y su armonía me agrede la
impiedad de noche y día y el dolor me cirdunda y me reclama.
Si por amar la tierra donde se ama y no empuñar el odio todavía tengo a la
soledad por compañía y en mi la sed se anuncia y se proclama.
Si por toda esa lumbre tempestuosa que me llena, me agobia y me reviste de esta
verdad ardiente y dolorosa,
He de habitar el clima que me embiste, todo esta bien. La niebla que me acosa
hace vivir el canto que en mi existe.

Llegar a ti, entonces, es buscar de Oscar Acosta


Llegar a ti, entonces, es buscar la voz de un niño entre las multitud, recoger el
miedo interminable que origina un viento nocturno, iluminar el amor con una
lámpara de primitivo y de dulce aceite, tocar con los dedos un pájaro de azúcar
que besa el cuello de las mujeres, limitar la invasión de la nieve que llega con sus
armaduras de frío y verte tranquilo y reposado quemando el intacto silencio.
Amor de mansedumbre de Claudio Barrera
Señor, ¡qué mansedumbre la del amor pequeño! El amor que se queda silencioso
en la espera sabiendo que no llega ni siquiera en el sueño.
Señor, ¡qué mansedumbre la del amor pequeño!
He visto el alma humana de rodillas, y pienso que desgarrado el sueño nada
importa la espera porque si llega un día será un instante inmenso.
Y oirán por la vez última una voz conmovida que ni ofende a la muerte ni suplica a
la vida sino que humilde, humilde, como un amor pequeño, pide que le devuelvan
la devoción del sueño.
Señor, ¡qué mansedumbre la del amor pequeño!
Amor salvaje de Clementina Suárez
Amor salvaje.
¡Qué bien estás, desgarrándome toda!
Amor salvaje.
¡Qué bien estás, amenazando mi vida!
Amor salvaje.
Qué bien estás, contenido en lo inexplicable.

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Panameños
Manos (Manos que son seráficos señuelos) de Santiago Anguizola Delgado
Manos que son seráficos señuelos para ceñir las almas con cadenas; manos finas,
y suaves, y morenas, que provocan fantásticos anhelos.
Manos que son retazos de los cielos, por el azul procero de las venas, como alas
de arcángel, siempre llenas de la gracia de Dios en los hoyuelos.
Manos donde el milagro se presiente de verlas transformadas en estrellas cuando
se abren sus dedos blandamente;
Manos encantadoras y tan bellas como para pasarse eternamente acariciando el
corazón con ellas.
La última gaviota de Ricardo Miró
Como una franja temblorosa, rota del manto de la tarde, en raudo vuelo se esfuma
la bandada por el cielo buscando, acaso, una ribera ignota.
Detrás, muy lejos, sigue una gaviota que con creciente y pertinaz anhelo va de la
soledad rasgando el velo por alcanzar la banda ya remota.
De la tarde surgió la casta estrella, y halló siempre volando a la olvidada, de la
rauda patrulla tras la huella.
Historia de mi vida compendiada, porque yo soy, cual la gaviota aquella, ave
dejada atrás por la bandada.
Alegría, alegría de Stella Sierra
Siente mi corazón una alegría extraña, a flor de piel —vaso de esencia—; aunque
yo desnudase su presencia su desnudo integral me cegaría.
Es esta milagrosa sinfonía de mi risa y mi danza, adolescencia en mi sereno
rumbo de inocencia, trompo de luz y pétalo de un día.
¡Inquietud de soñar, canción temprana, rosa de cielo y de ilusión, campana que en
mi celda interior amor invoca!
Es en mi corazón el goce tanto que si yo intento convertirlo en llanto la risa saltará
sobre mi boca.
Soy de Gloria Young
Soy recinto de todas las palabras colgadas en el viento de la luz que atraviesa mi
curva cordillera de la canción del sueño del mar con sus espumas del alma
desbocada al filo de una estrella
Soy voz que no se esconde que explora sus tejidos que aúlla en el misterio de
todos los silencios que murmura a la vida que acecha en la vigilia que da vuelo a
la risa venciendo la nostalgia.

7
Soy agua de la lluvia del mar de la tormenta y busco los tesoros y lavo las
memorias
soy mujer de este siglo escalando esperanzas cabalgando corceles de amor y de
ternura abriéndome los poros al olor de las frutas soltándome el cabello surcando
la dulzura aquí en la penumbra de la puesta del sol

A veces de Consuelo Tomas


Suelo ser una mancha con forma de ave o mariposa un charco de minucias un
ramillete de olvidos una canción rota por los lados.
Río a carcajadas ¿por qué no? reir es una forma de soltar los animales presos en
el alma entonces el rostro me cambia de forma pierde su manera de tristeza mal
copiada por los genes imperfecto dibujo con su medialuna y sus burbujas.
Lloro ¿por qué no? cuando se bebe vino tinto se tienen treinta y tantos años y el
mundo duele con sus cuatro esquinas artilladas esta agua del ojo justifica la pena
de todas las ausencias instaladas entre la piel y los pasos.

Americanos
El comienzo de Wallace Stevens
Así llega al fin el verano hasta estas pocas manchas Y al óxido y la podredumbre
de la puerta por donde ella se fue.
La casa está vacía. Pero es aquí donde ella se sentaba Para peinar su cabello
húmedo de rocío, una luz intangible,
Perpleja por sus más oscuras iridiscencias. Éste era el espejo donde solía mirar
Al ser momentáneo, sin historia, La identidad del verano perfectamente percibido,
Y sentir su alegría campestre y sonreír Yser sorprendida y temblar, mano y labio.
Ésta es la silla de la que recogía Su vestido, el más esmerado y favorecedor de
los tejidos
Al que un tejedor cosió doce campanas … El vestido yace, abandonado, sobre el
suelo.
Ahora, los primeros tuteadores de tragedia, Para empezar, hablan con suavidad
en los aleros.

8
Abraza la oscuridad de Charles Bukowski
La confusión es el dios la locura es el dios
la paz permanente de la vida es la paz permanente de la muerte.
La agonía puede matar o puede sustentar la vida pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa caminando hablando sonriendo pareciendo ser.
no olvides las aceras, las putas, la traición, el gusano en la manzana, los bares,
las cárceles los suicidios de los amantes.
aquí en Estados Unidos hemos asesinado a un presidente y a su hermano, otro
presidente ha tenido que dejar el cargo.
La gente que cree en la política es como la gente que cree en dios: sorben aire
con pajitas torcidas
no hay dios no hay política no hay paz no hay amor no hay control no hay planes
mantente alejado de dios permanece angustiado
deslízate.
Un sueño largo de Emily Dickinson
Un sueño largo, largo, un ya famoso sueño, que señales no da de que se está
acercando el día, pues no mueve ni un párpado el durmiente: un sueño
independiente y apartado. ¿Pereza como ésta se vio nunca? En orilla de piedra,
bajo el calor, dejar pasar los siglos y ni una vez mirar si el mediodía llega.
Flotando en el viento de Bob Dylan
¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre Antes de que le llaméis hombre?
¿Cuántos mares debe surcar la blanca paloma Antes de dormir sobre la arena?
¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón Antes de ser prohibidas para
siempre? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, La respuesta está
flotando en el viento,
¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba Para poder ver el cielo?
¿Cuántos oídos debe tener un hombre Para poder oír a la gente llorar? ¿Cuántas
muertes serán necesarias para que comprenda Que ya ha habido demasiados
muertos? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, La respuesta está
flotando en el viento,
¿Cuántos años puede permanecer una montaña Antes de ser arrastrada al mar?
¿Cuántos años pueden algunas gentes vivir Antes de conocer la libertad?
¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza fingiendo no ver nada? La
respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, La respuesta está flotando en el
viento.

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Fragmento desde el frío de Paul Auster
Porque nos volvemos ciegos en el día que nace con nosotros, y porque hemos
visto a nuestro aliento nublar el espejo del aire, el ojo del aire no se abrirá sino en
la palabra hecha renuncia: el invierno habrá sido un lugar de madurez.
Nosotros, convertidos en los muertos de otra vida que la nuestra.

Suramericanos
El grito del dinosaurio de Silvio Paro
No oí un tango argentino Ni comí en las manos de un pájaro; Un pájaro es una
hoja expuesta Acribillada de vacíos por todos lados, Un bulto de ceniza, casi
blanco, Está sentado delante del verdugo Esperando el alimento de los justos; Hay
un grito en las montañas, En la cumbre de aquel vaso de flores, En los gestos
obscenos de la tarde, Que abriga a un dinosaurio Congelado por la rústica luz De
mi pensamiento.
Ahora de María Elena Walsh
Ahora como un ángel apareces y me rodeas sin decirme nada. Ángel que yo
cuidara tantas veces sin saberlo, callada.
En todo lo que miro permaneces como el aire feliz de la mirada. Me parezco a tu
ausencia y te pareces a mí resucitada.
Porque viniste cuando me moría a devolverme a vivas caridades; porque mi noche
muda se hizo día
por gracia de tu voz iluminada, en esta eternidad con que me invades yo que no
era, soy tu enamorada.
Casi obsceno de Raúl Gómez Jattin
Si quisieras oír lo que me digo en la almohada el rubor de tu rostro sería la
recompensa Son palabras tan íntimas como mi propia carne que padece el dolor
de tu implacable recuerdo
Te cuento ¿Sí? ¿No te vengarás un día? Me digo: Besaría esa boca lentamente
hasta volverla roja Y en tu sexo el milagro de una mano que baja en el momento
más inesperado y como por azar lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado
No soy malvado Trato de enamorarte Intento ser sincero con lo enfermo que estoy
y entrar en el maleficio de tu cuerpo como un río que teme al mar pero siempre
muere en él

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Canción de Margarita Laso
no puedo sacarte de mi mente tu casa de hueso es mi cabeza en ella duermes,
guisas, vas descalzo deslizando tus pasos, tu pereza
no puedo alejarte de mis charcos donde tomas tu baño las mañanas a flote de la
piel traes burbujas de agua mineral o de champaña
quiero lamer tu espalda y abrazarte pero tú estás adentro y no te alcanzo no
andes sin camisa que me aloco ciérrate los botones que me canso
me canso de seguirte piel adentro gentil inalcanzable vas riendo eres el rey de mi
cabeza sin pagar ni luz, ni agua, ni arriendo
acércate a mis ojos cabecilla tan hondo y tanto me has dolido que lloro y en mi
llanto sumergido salado te me vas por la mejilla mojado de sal vas y yo te olvido

Isla de Virgilio Piñera


Aunque estoy a punto de renacer, no lo proclamaré a los cuatro vientos ni me
sentiré un elegido: sólo me tocó en suerte, y lo acepto porque no está en mi mano
negarme, y sería por otra parte una descortesía que un hombre distinguido jamás
haría. Se me ha anunciado que mañana, a las siete y seis minutos de la tarde, me
convertiré en una isla, isla como suelen ser las islas. Mis piernas se irán haciendo
tierra y mar, y poco a poco, igual que un andante chopiniano, empezarán a salirme
árboles en los brazos, rosas en los ojos y arena en el pecho. En la boca las
palabras morirán para que el viento a su deseo pueda ulular. Después, tendido
como suelen hacer las islas, miraré fijamente al horizonte, veré salir el sol, la luna,
y lejos ya de la inquietud, diré muy bajito: ¿así que era verdad?

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