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La Forma Griega Iēsoũs

Al alcanzar la hegemonía, el Imperio Griego hizo que su


lengua fuera dominante en el mundo de aquel entonces.
Incluso, muchos judíos que vivieron esparcidos entre los
griegos, llegaron a usar principalmente el idioma griego
koiné (o común) y algunos hasta perdieron el uso de la
lengua hebrea. Estos judíos llegaron a ser conocidos como
los “helenistas”. Esto hizo que ellos necesitaran una versión
de sus Escrituras Sagradas (el Antiguo Testamento) en el
idioma griego.

Alrededor del año 250 antes de Cristo, en Alejandría, Egipto,


setenta y dos eruditos judíos (seis de cada una de las tribus)
a instancias de Ptolomeo Filadelfo, hicieron una traducción
del Antiguo Testamento al griego. Esta traducción es
conocida como La Septuaginta que significa “de los
setenta”. Dicha versión frecuentemente se identifica por los
números romanos LXX que también significan “setenta”.
Esta traducción también permitió que muchas personas de
aquel entonces se enteraran del mensaje de los Escritos
Hebreos Sagrados.

Como vimos anteriormente, alrededor del quinto siglo antes


de Cristo, se usaron dos formas del mismo nombre hebreo:
la forma completa Yehoshua y la forma corta Yeshua. Con
el tiempo la forma corta llegó a ser más popular, y por eso
los traductores de La Septuaginta presentaron en su versión
griega a dicho nombre como Iesous (y no en una forma más
larga como por ejemplo Iausous).

La razón para la transliteración del nombre


hebreo Yeshua a su forma griega Iesous, se explica así: [4]

 El nombre hebreo Yeshua está representado por


cuatro letras, que serían: Y'-Sh-V-A (Yod-Shin-Vav-Ayin).
 La letra hebrea Yod (Y), tiene un sonido equivalente a
“YE”. Como en el griego koiné no existía un sonido
equivalente para esta letra, entonces la solución griega fue
vincular a las letras griegas Iota y Eta para producir el
sonido “IE” (que fue considerado lo más cercano
posible al sonido hebreo que necesitaba representar.
 La letra hebrea Shin tiene un sonido como “Sh”, que
es un sonido intermedio entre la “s” y la “ch” del español.
Como este sonido no existía en el griego koiné, entonces la
solución griega fue emplear el sonido más cercano posible,
que correspondió a la letra griega Sigma (para producir
el sonido “S”.
 La letra hebrea Vav tiene un sonido como “U”. El
diptongo griego "" Omicrón-Ipsilón, es una coincidencia
exacta (ya que tiene el mismo sonido).
 La letra hebrea Ayin tiene el sonido “A”. Si en el griego
el nombre se hubiera dejado terminando en “A” (como en la
forma hebrea), hubiera sonado como un nombre femenino.
De acuerdo con las reglas de la gramática griega, los
nombres masculinos nunca terminan en una vocal, y
cuando lo hacen, el nombre siempre se debe cerrar con el
sonido “S” siempre que sea posible. La solución griega fue
ignorar el sonido final “A” y cerrar el nombre con el sonido
“S”.
 Estos cuatro pasos produjeron la transliteración
“Iesous” () que se pronuncia /I-E-SUS/.

Así que cuando el Mesías vino al mundo, hacía mucho


tiempo que ya se conocía la pronunciación
griega Iesous que fue popularizada por La Septuaginta.

“Cuando Jesús nació [La Septuaginta] ya era ampliamente


conocida en el imperio romano. Así, las profecías del
advenimiento de un Mesías se mantenían frescas en la
mente de los judíos y de otros, como los magos de oriente
que vinieron buscando al rey de los judíos, que ha nacido
(Mat. 2:1,2). La Septuaginta era la versión que Pablo y los
del mundo neotestamentario conocía y usaban. Muchas de
las citas bíblicas que encontramos en el NT [Nuevo
Testamento] son tomadas de la Septuaginta. Esa versión
llegó a ser la base de comparación para las otras
traducciones griegas que se han hecho de la Biblia. También
esa fue una de las fuentes principales que Jerónimo usó
para hacer su traducción de la Biblia al latín, versión que se
conoce como la Vulgata”. [5]