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El lenguaje de la Medicina
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EL LENGUAJE DE LA MEDICINA

Fernando Vilches
Titular de Lengua Española
Ramón Sarmiento
Catedrático de Lengua Española
Universidad Rey Juan Carlos
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Fernando Vilches - Ramón Sarmiento
Madrid, 2016

Editorial DYKINSON, S.L. Meléndez Valdés, 61 - 28015 Madrid


Teléfono (+34) 91 544 28 46 - (+34) 91 544 28 69
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ISBN: 978-84-9085-797-7

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e-mail: besingsg@gmail.com

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ÍNDICE

PRESENTACIÓN ........................................................................................................... 11

INTRODUCCIÓN.......................................................................................................... 13

LA LENGUA COMO INSTRUMENTO DE COMUNICACIÓN.......................... 19

¿POR QUÉ ESTÁ DE MODA EL LENGUAJE DE LOS MÉDICOS? .................... 21

LAS LENGUAS ESPECIALES. LAS JERGAS O ARGOTS ..................................... 23


a) Evolución histórica de la jerga ................................................................. 23
b) Causas que justifican el empleo de la jerga y fuentes ......................... 24

LAS LENGUAS DE ESPECIALIDAD: CUESTIONES PREVIAS ........................ 27


Lengua general/lengua de especialidad ..................................................... 27
Las lenguas de especialidad ......................................................................... 30
La noción de uso ............................................................................................ 31
La naturaleza semántica de los argumentos verbales ............................. 32
Clases de argumentos nominales y adjetivales ........................................ 33
¿Cómo proceder en el estudio y descripción de los lenguajes de
especialidad? El corpus ............................................................................... 35

HACIA LA CARACTERIZACIÓN DEL LENGUAJE DE LA MEDICINA ........ 37


a) Léxico fundamental/ léxico científico y léxico técnico ...................... 37
b) El neologismo léxico en el lenguaje de la medicina ............................ 38
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COMUNICACIÓN ENTRE EL PERSONAL SANITARIO Y EL ENFERMO .... 53


Comunicación verbal entre el profesional sanitario y el enfermo........ 54
Comunicación no-verbal entre el profesional sanitario y el enfermo . 57
Comunicación escrita: accesibilidad.......................................................... 58
El papel de los farmacéuticos en la comunicación sanitaria ................. 65
La medicina “popular” ................................................................................. 66

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Índice

EL TRATAMIENTO DE LA DISCAPACIDAD ....................................................... 69


Un poco de historia........................................................................................ 69
Los profesionales de la salud ante las “discapacidades” ......................... 71

TECNICISMOS............................................................................................................... 75

LENGUAJE ADAPTADO AL DESTINATARIO ...................................................... 79

EL LENGUAJE ENTRE LOS PROFESIONALES ..................................................... 83


Siglas en la literatura médica profesional ................................................. 83
Tecnolectos...................................................................................................... 84
Neologismos en las publicaciones médicas .............................................. 84
Extranjerismos ............................................................................................... 87

CODA ................................................................................................................................ 89

BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................. 91

ANEXO I. ESTANDARIZACIÓN DE ABREVIATURAS, SÍMBOLOS Y


EXPRESIONES UTILIZADOS EN LA PRESCRIPCIÓN Y LA
ADMINISTRACIÓN DE MEDICAMENTO DE LA COMUNIDAD
DE MADRID ................................................................................................................... 95

ANEXO II. GLOSARIO DE PALABRAS COMUNES QUE PRESENTAN


USOS IMPROPIOS ............................................................................................................. 109

ANEXO III. INFORMES HOSPITALARIOS FRUTO DE UN DESORDEN


MENTAL ................................................................................................................................ 115

ANEXO IV. LATINIZA QUE ALGO QUEDA ............................................................. 117

ANEXO V. EXPRESIONES LATINAS PROPIAS DEL LENGUAJE


DE LA MEDICINA ......................................................................................................... 121

ANEXO VI. PREFIJOS ...................................................................................................... 125

ANEXO VII. SUFIJOS ................................................................................................... 133


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ANEXO VIII. EL LENGUAJE DE LOS MÉDICOS.................................................. 137

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Yacen de un home en esta piedra dura
El cuerpo yermo y las cenizas frías:
Médico fue, cuchillo de natura,
Causa de todas las riquezas mías.
Y ahora cierro en honda sepultura
Los miembros que rigió por largos días;
Y, aun con ser Muerte yo, no se la diera
Si dél para matarle no aprendiera
(Francisco de Quevedo)
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PRESENTACIÓN

Prof. Ángel Gil de Miguel

Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública


Director de la Cátedra de Innovación y Gestión Sanitaria
URJC

Desde la Cátedra de Innovación y Gestión Sanitaria de la URJC, es un placer po-


der presentaros nuestra 3.ª monografía centrada, en este caso, en “El Lenguaje de
la Medicina” obra que de forma magistral han realizado dos grandes profesores de
nuestra universidad, don Fernando Vilches, Titular de Lengua Española y don Ra-
món Sarmiento, Catedrático de Lengua Española. Ellos aceptaron con mucho gusto
y como un reto la propuesta que les hice desde la Cátedra de abordar el lenguaje que
utilizamos los médicos. Me consta el enorme trabajo que han hecho, pero también me
consta que lo han disfrutado y que se sienten muy contentos y satisfechos del trabajo
realizado, y yo también.
Ha sido un placer ver la evolución del trabajo, ver cómo iban introduciendo capí-
tulos y temas y cómo, poco a poco, se ilusionaban con el reto planteado.
Son grandes profesores, tengo constancia personal de ello, grandes lingüistas como
se pone de manifiesto en la monografía, y grandes personas, grandes humanistas que
han sabido hacer de un encargo un gran proyecto. La presentación, por tanto, quiere
ser una manifestación de agradecimiento con todo mi afecto y cariño.
Pero ¿qué van a encontrar ustedes en la obra? Pues bien, encontrarán el porqué de
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un lenguaje específico de la medicina, la jerga de los médicos y cómo, en el fondo, a


todos nos gusta utilizarla en algún momento, parece que nos pone en un nivel mayor
y nos sentimos distintos cuando la empleamos. Veremos que existe un léxico fun-
damental, científico y técnico e, incluso, un léxico propio de la medicina, léxico que
juega un papel clave a la hora de comunicarnos con los pacientes.
En el libro se reflexiona de forma magistral sobre la importancia de la comuni-
cación medico-paciente, huyendo -en este caso- de los tecnicismos, haciendo que el
lenguaje sea compresible por aquellos que tienen que recibir la información. La mo-

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Ángel Gil de Miguel - Presentación

nografía va, por consiguiente, más allá del lenguaje en sí mismo y nos adentra en la
necesidad de la comunicación e información. Y los autores han sabido ponerse a la
altura de todos, los médicos, los sanitarios en general y los pacientes.
Gracias de corazón a los autores por esta obra, y espero que los lectores la disfruten
tanto como la he disfrutado yo y seguro que será una obra que utilizaremos todos en
nuestro día a día.
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INTRODUCCIÓN1

Con toda seguridad dentro de cincuenta años, los médicos que lean sus publica-
ciones sentirán hacia ellas la misma simpática incredulidad con la que hoy día juzga-
mos muchos textos del siglo XIX o incluso del XX. Ello debería hacernos reflexionar
sobre la imprescindible humildad que debe regir el ejercicio de la Medicina y de las
profesiones sanitarias.
En el futuro, muchos problemas de salud se habrán resuelto, pero habrán surgido
otros. Muchos procedimientos diagnósticos y terapéuticos habrán sido superados y
sustituidos por otros más eficaces, pero lo que no ha cambiado nunca ni lo hará en el
futuro es la esencia del acto médico, la respuesta a la llamada de auxilio de quien se
siente enfermo.
La experiencia nos confirma que las palabras atenúan los dolores del cuerpo y mi-
tigan los sufrimientos del espíritu, suavizan las angustiosos interrogantes y poseen la
capacidad de hacernos sentir menos solos. No es extraño, por lo tanto, que la doctora
Heath afirme que “los médicos necesitamos ojos para ver la humanidad y la dignidad de
nuestros pacientes y para evitar apartarnos del sufrimiento y de la angustia”.
Para calibrar la influencia del lenguaje, hemos de partir de un supuesto básico: la
tarea médica, además de ser una labor científica, es una actividad social y un ejerci-
cio de intercomunicación personal que están orientados por ideas, por teorías, por
ideologías y, en consecuencia, por palabras. Como afirma Esteban Torre, el carácter
netamente humano de la profesión médica se pone especialmente de manifiesto en el
proceso de relación comunicativa con el enfermo. Este acude al médico porque nece-
sita ser oído, escuchado, atendido y, a ser posible, curado.
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La Medicina moderna nace al mismo tiempo que la Retórica. Surge en el momen-


to en el que Córax de Siracusa (siglo V antes de Cristo) elabora su “arte” para ayudar a
los ciudadanos a defender sus demandas en los tribunales.

1
Recogemos aquí, actualizadas, investigaciones realizadas por los dos autores de esta obra en el ám-
bito del lenguaje de la medicina que fueron en su día resultado de dos jornadas académicas patrocinadas
por la Fundacion Vodafone España y que se vieron reflejadas en dos volúmenes de la colección “Nuevos
discursos” de la editorial Dykinson.

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Fernando Vilches - Ramón Sarmiento

La Medicina científica aparece cuando brotan dos palabras -teckné y physis-. Estos
dos términos declaran la ruptura –la cesura– que se produce entre el mundo mágico-
animista y el horizonte de la racionalidad griega. En este momento, la Medicina pasa
de ser un rito mágico-chamánico a una tarea científica, técnica y natural. De ello hace
dos mil quinientos años.
Una de las mayores suertes que nos pueden sobrevenir cuando nos sentimos en-
fermos es la de encontrar a un profesional de la Medicina que
— nos comprenda,
— identifique las claves ocultas de nuestras dolencias,
— descifre el sentido profundo de nuestras preocupaciones, la razón última de
nuestros deseos íntimos y las raíces escondidas de nuestros temores secretos.
Todos los seres humanos, para llegar a ser nosotros mismos -sea cual sea el escalón
temporal o social en el que nos encontremos-, necesitamos que alguien nos explique,
con claridad y con tacto, qué nos ocurre: necesitamos que interpreten nuestras torpes
palabras. Poner nombre a lo que nos pasa. En realidad, esa es la última meta de todos
nuestros pensamientos sobre cualquier enfermedad: “Sin buena salud no existe li-
bertad para el individuo”.
Los adjetivos utilizados para calificar el lenguaje de la medicina traducen siempre
el mismo sentimiento de incomprensión: complejo, difícil, inaccesible, ininteligible,
abstruso, arcaico… De hecho, con 23 letras, se ha establecido que la palabra electroen-
cefalografista es la más extensa de todas las aprobadas por la Real Academia Española
de la Lengua.
El lenguaje sanitario adolece en la actualidad de imprecisión. Hace unos años, un
estudio del Departamento de Farmacología de la Universidad de Alcalá de Henares
[octubre de 2000] desveló que el lenguaje sanitario pecaba ya de escaso rigor idio-
mático, tanto en los textos legales (podemos leer, por ejemplo, en una información
de El Global, 5 al 11 de febrero de 2007: 26, “Dudas normativas suscitan el 60% de las
consultas. El farmacéutico debe dar respuesta a los cambios legislativos”, puesto que,
como se dice más adelante, en el encabezamiento de la noticia, “El usuario no siempre
entiende las nuevas obligaciones legislativas”), como en la traducción de los vocablos
ingleses.
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Resolver estos problemas es mejorar la comunicación profesional del médico-pa-


ciente y, en campañas de salud para la población en general, permite que el mensaje
se entienda y se consiga lo que se persigue: que mejoren los hábitos saludables de la
sociedad.
Desde entonces, se viene reclamando mayor rigor idiomático a los profesionales y
a la Administración en la información sanitaria, ya que permitirá evitar errores en la
interpretación de los hechos y garantizar un buen cumplimiento de las terapias en la
comunicación entre paciente y profesional sanitario.

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El lenguaje de la Medicina

Así se desprendía de los resultados de ese estudio que “en la graduación del dolor,
los términos ‘leve’ y ‘ligero’ son intercambiables, mientras que ‘grave’ supera a ‘serio’
(anglicismo), y que ‘escaso’ y ‘poco’ son equivalentes, y ‘eficaz’ es un término más ro-
tundo que ‘efectivo’ o ‘eficiente’”.
El estudio proponía elaborar un glosario de expresiones médicas comunes para la
educación sanitaria y universitaria, una traducción más acertada de los términos an-
glosajones y la participación de técnicos especializados en lenguaje clínico para la ela-
boración de leyes y normas sanitarias. También aconsejaba acompañar a las palabras
con una explicación generosa que ayudase al paciente a mejorar la comprensión de los
consentimientos informados. Porque a los usuarios del sistema sanitario, que tarde
o temprano acabamos siendo todos (todo ser humano pasará indefectiblemente por
el médico, por la Administración y por el cementerio), no iniciados en el intrincado
mundo de esta jerga, la mayor parte de la terminología utilizada por los profesionales
nos parece neologismos puros y duros.
El profesor Alloza, catedrático del Departamento en el que se elaboró el estudio,
resaltó que “siete de cada diez encuestados habían calificado de inapropiado el con-
cepto de ‘síndrome menor’, tal como se recoge en la Ley General del Medicamento, y
proponían el de ‘síntomas leves o ligeros’”. Así, la ‘medicina de la evidencia’ (como se-
ñalamos más adelante) parte de una traducción errónea de ‘medicine of evidence’, ya
que su significado más correcto sería “medicina de los hechos o de las pruebas”. Esos
problemas, según el precitado estudio, se reproducían en el lenguaje farmacológico:
“Falta un acuerdo internacional de equiparación de términos”.
Desafortunadamente, años después de ese estudio, los pacientes de un nivel cul-
tural medio (no digamos ya los de escasa formación) siguen teniendo parecidos pro-
blemas de comprensión a los que este oportuno estudio denunciaba. Muchos medi-
camentos y muchos informes médicos están escritos como las instrucciones de un
conocido almacén sueco sobre cómo montar un banco, es decir, aunque ponga espa-
ñol, lo están en otro idioma. He aquí el ejemplo que resalta con su gracejo aragonés el
recordado profesor Lázaro Carreter:
Instruction de montage
1. Ponga los pies uno al lado del otro [como los bancos suelen tener patas,
piensa que debe juntar los propios y une enérgicamente los talones].
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2. Coloquén el asiento sobre los pies y fijé los tornillos facil [se pone el tablero
de canto sobre los empeines -por suerte se trata de un banco ligero- pero ya
no sabe qué hacer con los tornillos que debe fijé facil].
3. Fijén el apoyo y atornillélo [su mujer y sus hijos lo contemplan inquietos al
verlo inmóvil]. Ansioso, continúa:
4. Montén la escuadra medial y appretén los tornillos fuerte [ya desesperado...]
5. Tapén los bujero con los tapones.

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Fernando Vilches - Ramón Sarmiento

Hubiera acertado con solo apoyar las patas del banco en el suelo y atornillar a
ellas ligeramente el respaldo; colocando después el asiento, y atornillándolo; haciendo
lo propio con la pieza en escuadra que une el asiento al respaldo; apretando ahora
con fuerza todos los tornillos, y ocultando, por fin, las cabezas de estos (‘los bujero’)
con los tapones de plástico. Eso es lo que pasa por no saber idiomas... redactados por
antropoides catatónicos, remataba el maestro.

Porque la lengua de la medicina debe evolucionar como lo han hecho los estudios
de esta importantísima disciplina en España. Como señala la profesora Herranz Ru-
bio, refiriéndose a El Informe sobre la Sanidad española de Charles A. Bailey publicado
en 1926 (Report on Public Health in Spain, Rockefeller Archive Center, Collection
Rockefeller Foundation, Record Group 1.1. (Projects), Series 795 (Spain), Box 1,
Folder 2), a principios del siglo XX, en España “LaLa calidad de la enseñanza universi-
taria quedaba en entredicho por su carácter principalmente teórico, en detrimento de
las clases prácticas que solo realizaba una minoría de estudiantes; la ausencia de ins-
talaciones básicas como los laboratorios, tal era el caso de la Universidad de Madrid,
que solo contaba con cuatro; y la falta de profesorado cualificado para impartir ma-
terias como Higiene, cuya cátedra estaba vacante en cuatro universidades” (Herranz
Rubio, 2013: 56).
España ni siquiera contaba entonces (1923) con un Ministerio de Sanidad que ya
existía en países como Inglaterra, Francia, Polonia, Checoslovaquia, Austria, Rusia,
Turquía, Cuba o Canadá. Se trataba, además, una sociedad en la que “las enfer-
medades más comunes eran: fiebre tifoidea, fiebre de Malta, tuberculosis, viruela,
malaria, tracoma, difteria, tos ferina, lepra, enfermedades venéreas y mortalidad
infantil” (Íd.: 61).
Incluso se promulgó un Real Decreto (10 de enero de 1919), hoy impensable, re-
lativo a la prevención de las enfermedades infecciosas, en el que se imponía la decla-
ración obligatoria de cuantos casos de este tipo de produjeran. Así, se recoge en el
artículo 1.º dichas enfermedades, que se dividían en dos grupos: “Grupo A. –Exóticas
o pestilenciales: cólera, peste y fiebre amarilla. Grupo B. –Infecciosas comunes: fiebre
tifoidea, viruela, difteria, escarlatina, sarampión, meningitis cerebroespinal, septice-
mia (especialmente puerperal), tos ferina, tuberculosis, parálisis infantil, lepra, traco-
ma, infección parasitaria infantil y, las añadidas posteriormente, Encefalitis letárgica
y enfermedades transmitidas por los animales: rabia, ántrax, muermo2, enfermedades
de los pies y la boca, triquinosis y fiebre de Malta” (Íd. 73).
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Si comparamos este panorama con el actual, en el que disponemos de una Facul-


tad de Medicina en la URJC puntera en España, con un profesorado muy cualificado
(y no lo decimos nosotros, en el examen del MIR de 2015 fue la primera de España),
con muchas más clases prácticas que teóricas y, en cuanto a las enfermedades, vemos

2
Según el DRAE, muermo es una “enfermedad virulenta y contagiosa de las caballerías, caracterizada
principalmente por ulceración y flujo de la mucosa nasal e infarto de los ganglios linfáticos próximos. Es
transmisible al hombre”.

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El lenguaje de la Medicina

que muchas se han erradicado afortunadamente por la evolución de la Medicina, he-


mos de colegir que la lengua de esta especialidad debe también acoplarse a la altura de
los tiempos.
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LA LENGUA COMO INSTRUMENTO DE
COMUNICACIÓN

El lenguaje es la principal herramienta de trabajo para todos los científicos (Berta


Gutiérrez: 2005:19-31 y 57-69); el gran auxiliar de la inteligencia. Todos, desde el as-
trónomo hasta el ingeniero naval, desde el físico atómico hasta el bioquímico y desde
el lingüista hasta el humanista, han de servirse de la lengua para describir con preci-
sión y para explicar adecuadamente la realidad multiforme y heterogénea.
Como escribió Lope de Vega en la comedia Dorotea, “la gramática es la puerta del
alma”, la vía que permite acceder al conocimiento de la pocas certidumbres con que
nos consuela la ciencia actual.
Hoy, el lenguaje de la medicina, que hasta hace poco permanecía ‘encriptado’ y se
dispensaba envuelto en reverenciales latines de propiedades terapéuticas, ha dejado
de ser el lenguaje maldito cuyo conocimiento a veces mataba de angustia y cuya ig-
norancia casi siempre aliviaba el dolor; este lenguaje, ahora disfrazado con ropajes de
información biosanitaria, ha roto las fronteras del tabú y deambula ya en los medios
de comunicación mezclado con el nuevo ‘sermo vulgaris’ anglicista y convertido en
uno de los lenguajes de especialidad con demanda creciente en programas televisivos
y radiofónicos de audiencias estrella y con cita previa en las secciones fijas de la prensa
diaria adonde, en devota peregrinación, acudimos esperanzados los lectores.
Por todas partes, se repite que “estamos viviendo la era de la tecnología de la infor-
mación”, expresión tópica de la modernidad última con que se pretende resaltar los pro-
gresos en electrónica e informática, los logros del último tercio de siglo XX (Marshall
McLuhan 1996)3. Este avance técnico es el precio terapéutico que hemos de pagar por
vivir a la velocidad de la luz en el vértigo de la irreflexión.
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Pues bien, en este mundo repleto de signos y de señales que adornan la caverna
platónica, el homo videns de la sociedad actual está siendo asaeteado inmisericorde-
mente por multitud de mensajes técnicamente muy complejos contra los que, para
sobrevivir, se ve obligado a guarecerse. Pero la técnica (tékne) ha existido siempre,

3
Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, véanse los capítulos. 8: “Pa-
labra hablada” y 9: “Palabra escrita”. Barcelona: Paidós Comunicación, 1996.

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desde que el primer homo sapiens utilizó instrumentos y conocimientos para ganar
efectividad en sus propósitos de caza, defensa y ataque.
Desde siempre, el hombre ha desarrollado ‘artes’, esto es, tecnologías (téknes) de la
comunicación y de la información: desde el gruñido, el gesto y las señales más simples
hasta la invención del sistema de signos, palabras y frases estructuradas ha mediado
un abismo; desde la invención de la escritura que dio origen al mito de Cadmus y a la
pervivencia de la memoria colectiva que denominamos culturas hasta la revolución
audiovisual actual, todo puede ser considerado, en efecto, tecnología (Marshal McLu-
han 1996: 99-105). Para la moderna sociología, no es posible imaginar una sociedad
sin algún tipo de lenguaje por rudimentario que este sea; como tampoco tiene sentido
una lengua sin una sociedad que la utilice, escriba o hable.
Las lenguas se inventaron porque ayudan a estructurar las sociedades y posibi-
litan su organización (J. A. Fishman 1970)4. Al socaire de ello, fueron surgiendo los
idiomas y pueblos diversos con sus correspondientes culturas diferenciadas. Y, a me-
dida en que la complejidad, la diversidad y precisión de los conocimientos lo exigió,
aparecieron los códigos especializados (Samuel Gili Gaya 1964.271-2)5 entre los cua-
les sobresale el lenguaje de los médicos, compendio de términos ininteligibles para
el profano en la materia; suma de tecnicismos esotéricos y científicos, de acrónimos,
abreviaturas y siglas, de fórmulas y barbarismos, de nombres propios y comunes que
hacen de este peculiar lenguaje uno de los más extraños y ajenos al vulgo. Este es el
lenguaje de la medicina que exige un espacio y presencia divulgativa en los medios de
comunicación (Fernando A. Navarro González 2001)6.
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4
“The Sociology of Language”, en Fishman (Ed.): Readings in the Sociology of Language. The Hague/
Paris: Mouton.
5
A este respecto escribió lo siguiente: “Cuando el latín fue perdiendo su uso como lengua universal
del saber, las lenguas modernas heredaron sus tecnicismos sin más que un ligero reajuste de las termi-
naciones, y heredaron sobre todo la facultad de formar neologismos de base griega y latina, capaces de
expresar las nuevas ideas (...) De tales tecnicismos nada podemos temer, puesto que son para nosotros tan
patrimoniales como los que el romance ha creado con sus propios recursos”, en “El lenguaje de la ciencia y
de la técnica”, en Presente y Futuro de la Lengua Española-II, Madrid: Ediciones de Cultura Hispánica.
6
“La traducción médica ante el siglo XXI: Tres retos para el lenguaje científico en español”. Actas del II
Congreso Internacional de Lengua Española: El español en la sociedad de la información. Valladolid, 2001.

— 20 —

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¿POR QUÉ ESTÁ DE MODA EL LENGUAJE DE LOS
MÉDICOS?

Los descubrimientos notables en la investigación científica, especialmente en el


ámbito de la biología molecular de las últimas décadas, han permitido aplicarlos a la
práctica biomédica con éxito indiscutible y obtener unos resultados espectaculares
que los medios de comunicación no pueden ignorar ni mucho menos dejar sin resal-
tar los esfuerzos de la humanidad por combatir la enfermedad y prolongar la vida en
el Planeta.
En efecto, a manera de ilustración, podemos recordar algunos datos: desde el des-
cubrimiento de las circulación sanguínea de Miguel Servet (1511-1553)7 y Realdo Co-
lombo (1520-1560)8, probada por William Harvey (1578-1657)9, hasta los trasplantes
de Christian Barnard (1967); desde las investigaciones de Luis Pasteur (1822-1895)10
sobre los microorganismos de las enfermedades infecciosas visibles e invisibles al mi-
croscopio ordinario hasta los trabajos de Alexander Fleming (1945) que condujeron
al empleo de la penicilina; desde los avances en bioquímica hasta el conocimiento de
las células madre, se han producido muchas revoluciones científicas y un progreso
irreversible. Todos estos, y otros muchos descubrimientos que omitimos, han con-
tribuido a que el perfeccionamiento de las técnicas de investigación, la exactitud en
la observación clínica y la eficacia de las terapéuticas preventiva y curativa sean los
signos distintivos de la medicina moderna.
Y, como no podría producirse de otro modo, el lenguaje de los médicos está de
moda, en primer lugar, porque la sociedad de la información en que vivimos siente la
necesidad de generar conocimientos, en general, bien asentados y estructurados; en
segundo lugar, porque la gestión informática de la comunicación exige la descripción
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7
Conocido bajo los nombres de Miguel de Vilanova y Serveto, médico y teólogo español, nacido en
Tudela (Navarra) o Villanueva de Sigena (Huesca), y muerto en Ginebra. Parece que observó la circula-
ción pulmonar de la sangre.
8
Anatomista italiano, que hizo notables descubrimientos en fisiología circulatoria.
9
Debe su fama al descubrimiento de la circulación de la sangre pues, si bien Servet había descrito la
circulación pulmonar y Colombo comprobó la llegada al corazón de la sangre proveniente de la venas
pulmonares y cava inferior, lo hicieron de una forma confusa e incompleta. Harvey verificó y demostró
irrefutablemente el mecanismo de la circulación en los circuitos mayor y menor.
10
Considerado el padre de la microbiología.

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de los lenguajes técnicos no solo de su componente léxico, sino también del funcio-
namiento para facilitar su procesamiento automatizado. Y, en tercer lugar, y detrás de
todo ello, porque vivimos en un mundo que se mueve por razones económicas cuyos
parámetros se miden por el tiempo y por la eficacia.
Por estas razones, y porque el lenguaje científico de la medicina debe ser porta-
dor de las tres características de todo texto científico: veracidad, precisión y claridad,
debemos cuidarlo (J. L. Herranz 2004.1-2)11 para evitar el progresivo deterioro en el
uso, hecho diariamente constatable en la lectura de textos de publicaciones científicas
y en la comunicación oral, debemos procurar dignificarlo mediante estudios e inves-
tigaciones en las que se resalte no solo su lógico interés inmediato, sino también su
trascendencia social.
Por consiguiente, nos ocuparemos, en primer lugar, en este aspecto preliminar, de
la delimitación del concepto de lenguas de especialidad y lengua general; en segundo
lugar, de señalar los caminos más apropiados y seguros para un estudio exacto del len-
guaje de la medicina y, también, de describir sus peculiaridades idiomáticas; en tercer
lugar, procuraremos señalar los principales fenómenos lingüísticos que en los medios
de comunicación se reflejan como usos neológicos en expansión creciente y, en cuar-
to, de la comunicación entre el profesional de la sanidad y el paciente.
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11
Boletín de la sociedad de pediatría de Asturias, Cantabria, Castilla y León, Vol. 44 n.º 187, 2004.

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LAS LENGUAS ESPECIALES. LAS JERGAS O ARGOTS

Entre ellas distinguimos el lenguaje burocrático-administrativo, el lenguaje econó-


mico-financiero, el lenguaje político, el lenguaje jurídico, el lenguaje periodístico, el len-
guaje publicitario, el lenguaje deportivo, el lenguaje del cine y de la televisión, lenguajes
científicos-técnicos (de la Biología, Medicina, Lingüística, automovilismo, astronáuti-
ca, etc.), jergas de oficios y profesiones (canteros, tejeros, zapateros, etc.), hablas de los
grupos sociales marginados (jergas del hampa, germanía, jerga de la droga, etc.), jergas
militares, jergas de estudiantes, lenguajes de ambiente pasota y juvenil, etc.
El Diccionario de la RAE (en adelante, DRAE 2014) registra las siguientes acepciones
de la voz ‘jerga’: “1.ª Lengua especial de un grupo social diferenciado. 2.ª Conjunto de
palabras procedentes de fuentes oscuras que por broma o ironía se introducen en la
conversación familiar. 3.ª Lengua de mal gusto, complicada o incomprensible”. Lo que
aquí interesa es resaltar como hace Manuel Seco (1998:57) uno de los dos sentidos de
la palabra: ‘Lenguaje especial entre personas de un mismo oficio’.

a) Evolución histórica de la jerga

En la Edad Media francesa, la palabra “argot”, cuyo origen es muy discutido, no de-
signaba una lengua, sino una especie de cofradía de malhechores, ladrones, falsarios
y mendigos que, para entenderse entre sí, usaban un lenguaje secreto, incomprensible
para sus víctimas y para la policía. El “argot” –vocablo francés– ha recibido en espa-
ñol numerosos nombres. Entre ellos, jerga (si bien esta alude, con mayor exactitud, al
habla usada por un determinado grupo social), jerigonza (término provenzal en su
origen) o germanía.
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Con la expresión “habla de germanía”, se designaba en España, en los siglos XVI


y XVII, el lenguaje especial de las gentes del hampa; pero, luego, un siglo más tarde,
ese mismo nombre comenzó a confundirse con caló o lengua de los gitanos. Muchas
palabras propias de una jerga determinada han pasado al habla vulgar. Hoy, muchas
palabras del caló o del habla de germanía ya no son un misterio para nadie. Los tan-
gos argentinos han popularizado el lunfardo, jerga de los suburbios de Buenos Aires
semejante a la antigua germanía española, cuyo vocabulario resulta incomprensible
para los no iniciados.

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b) Causas que justifican el empleo de la jerga y fuentes

Entre otras causas que motivan o facilitan el uso de la jerga, señaladas por Eric
Partridge, están las siguientes:
1.º Expresar desenvuelta jovialidad;
2.º Ejercitar el ingenio, la inventiva o el humor.
3.º Sentar plaza de originalidad.
4.º Realzar o reprimir el énfasis.
5.º Inspirar cordialidad o familiaridad.
6.º Mantener un secreto u ocultar lo que se quiere decir mediante el uso de pala-
bras convenidas.
Para H. W. Fowler es un “Lenguaje producto del placer que encuentra la gente joven
y dicharachera en jugar con las palabras y en dar nuevos nombres a las cosas y a las ac-
ciones; unos inventan palabras nuevas o mutilan o dan distinta aplicación a las ya exis-
tentes en su afán de originalidad y otros adoptan tales vocablos para estar a la moda”.
Las fuentes de donde puede surgir la jerga son tan diversas que su catalogación
completa se hace una tarea casi imposible. No obstante, se pueden mencionar algu-
nas:
t 1VFEFJOJDJBSTFFOBMHÞOHSVQPPDMBTFTPDJBMEFUFSNJOBEPTZMVFHPTFSBEPQ-
tados por otras clases o grupos. Ejemplo: marcarse un farol (jugadores de car-
tas).
t "MHVOBTGSBTFTIFDIBTQVFEFOVUJMJ[BSTFDPNPGSBTFTEFjerga. Ejemplo: que lo
haga Rita.
t &M MFOHVBKF jergal puede derivar también de palabras sincopadas. Ejemplo:
capi (capitán).
t -BTKFSHBTVSCBOBTTFOVUSFOFOCVFOBQBSUFEFMPTUSPQPT FTEFDJS EFMBEF-
formación voluntaria de palabras españolas o la adopción de expresiones para
otros contextos. Ejemplo: cacha (nalga) que sirve para denominar a cada una
de las dos chapas que recubre el mango de las navajas o la culata de una pisto-
la, pasó a través de una metáfora a significar nalga.
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t -BTGVFOUFTNÈTIBCJUVBMFTEFBQSPWJTJPOBNJFOUPEFMBTKFSHBTFOMBBDUVBMJEBE
son el rock, la droga y la cárcel.
t :FMJOTVMUPTFOVUSF BWFDFT EFMMFOHVBKFNÏEJDPestar alzheimer, se le cruzan
las neuronas, esquizofrénico…
“Los llamados lenguajes de especialidad, apunta Francisco Moreno Fernández en
su atinadísimo artículo ‘Lenguas de especialidad y variación lingüística’ (Cfr.1999:

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El lenguaje de la Medicina

3-14)12, tradicionalmente han recibido el nombre genérico de “jergas”, entendiendo


‘jerga’ como un conjunto de caracteres lingüísticos específicos de un grupo de hablan-
tes dedicados a una actividad determinada; el uso de una jerga siempre es una forma
de marcar identidad sociolingüística o la pertenencia a un grupo”.
Por su parte, el insigne investigador Julio Calonge en su ensayo “El lenguaje cientí-
fico y técnico” (1993: 4), apunta que este
“viene dado por su léxico (…), pero con la condición de señalar que su forma
importa menos que su esencia, aunque, en alguna medida, pueda simbolizarla. En
efecto, el léxico general puede ser utilizado para comunicar mensajes a todos los que
conocen la lengua. Los posibles grados de comprensión de estos mensajes dependen
del diferente nivel de información que posea el lector o el oyente, nunca del mensaje
si está bien construido. En cambio, el léxico de un lenguaje especializado carece esen-
cialmente de esta posibilidad significativa. Ni puede ser dirigido a toda la gente ni
admite distintos grados de comprensión; es neutro para todo lo que no sea su empleo
específico. Frente a un texto especializado, tiene muchas más posibilidades de com-
prensión un principiante del campo correspondiente, aunque este muy poco dotado,
que las que tendría un excelente conocedor del léxico de la lengua que, sin embargo,
no estuviera iniciado en la especialidad de que trate el indicado texto”.

Así, pues, y en la línea de estas reflexiones, hablar de la jerga médica o sanitaria


no resulta en absoluto descabellado. Si tenemos en cuenta que las jergas o jerigonzas
nacieron, como acabamos de señalar, en el mundo del hampa allá por los Siglos de
Oro para evitar que los espías de los alguaciles entendieran lo que estaban tramando,
deduciremos que se trata casi de un criptolenguaje.
Siguiendo al profesor Moreno Fernández, podemos resumir los caracteres comu-
nes de los lenguajes especializados como sigue:
o Sirven como instrumento de comunicación formal y funcional entre especia-
listas.
o Desde un punto de vista lingüístico, utilizan, en términos generales, la gramá-
tica de la lengua común, matizada por ciertos usos que pueden destacar cua-
litativa o cuantitativamente (pensemos en la forma de tratamiento específica
que se da a los médicos, doctor, tengan ese grado académico o sean simple-
mente Licenciados en Cirugía y Medicina). Por ello, se puede afirmar que la
base gramatical de los lenguajes de especialidad, con las precisiones pertinen-
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tes, es la misma que la de la lengua general.


o En el ámbito del léxico es donde presentan numerosos elementos específicos,
muchas veces exclusivos de las diferentes variedades de especialidad. Esos
elementos específicos se manifiestan normalmente en forma de terminolo-
gías (volvamos al término ‘doctor’: si un doctor académico en Filología pone

12
“Lenguas de especialidad y variación lingüística” en S. Barrueco, E. Hernández & Luis Sierra (eds.):
Lenguas para fines específicos (VI). Investigación y enseñanza. Universidad de Alcalá de Henares.

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en su buzón de correos su título, corre el riesgo de que algún vecino le llame


por la noche para atender a algún enfermo).
o Desde un punto de vista estilístico, los lenguajes de especialidad son utiliza-
dos en contextos formales, por lo que se ven favorecidos los rasgos que expre-
san una mayor impersonalidad y una menor implicación afectiva (cualquier
informe médico es un claro ejemplo de este estilo).
o Desde un punto de vista comunicativo, se subordina lo estético y lo expresivo
a lo objetivo y a la eficacia comunicativa. Así, se ven favorecidos los usos lin-
güísticos capaces de expresar orden, claridad y concisión.
o Teniendo en cuenta el modo del discurso, se concede un lugar preeminente al
discurso escrito (en la práctica sanitaria, es importante conocer las forma de
los historiales clínicos pues, dadas sus peculiaridades, quien los vaya a mane-
jar lleva tiempo ganado si se siguen las formalidades del escrito).
“Esta caracterización, sigue diciendo el profesor Moreno Fernández, no está exen-
ta de problemas, porque, por ejemplo, no siempre es fácil distinguir cuándo estamos
ante un rasgo lingüístico específico y cuándo ante un rasgo general”.
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LAS LENGUAS DE ESPECIALIDAD: CUESTIONES
PREVIAS

Lengua general/lengua de especialidad

Como observó Julio Casares en 193013, el número de tecnicismos alcazaba ya en-


tonces cifras superiores a las que podían contarse en los diccionarios más completos
del idioma general. Y, aunque las terminologías científicas y técnicas viven confinadas
en el círculo profesional de los especialistas y practicantes, sin embargo abundan tér-
minos cuyo uso ha saltado las barreras del uso específico y se ha introducido en los
dominios de la lengua común, o general (Francisco Moreno Fernández 1999:3-14)14.
Tal ocurre, por ejemplo, con penicilina, término derivado del musgo penicillium
notatum, del que se extrajo por primera vez. Hoy todo el mundo sabe aproximada-
mente para qué sirve o a qué se aplica la penicilina, como sucedió en su momento con
las voces médicas vacuna, antiséptico, infección, epidemia, neuralgia, etc., tan familia-
res en el uso general.
Existe, pues, un procedimiento mediante el cual los términos científicos adquieren
frecuentemente en el idioma general significaciones figuradas que vienen a probar,
entre otras cosas, la intensidad con que las ciencias en este siglo influyen en la idea-
ción del hombre medio. Sirvan de ejemplo los usos en la lengua común de expresiones
como las siguientes: cristalizar (una opinión, una resolución, un acuerdo), célula (del
partido, del grupo terrorista), embrión (de una idea, de una situación histórica).
No obstante, también el proceso contrario es frecuente: una palabra del uso gene-
ral pasa a tener significado técnico, o específico. Es el caso de coyuntura (“articulación
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o trabazón movible de un hueso con otro” (DRAE 2014), que se utiliza para designar
entre los economistas la situación favorable o desfavorable de los factores económicos
en un momento dado.
La actividad inventora, al multiplicar los neologismos, deja fuera de uso o inservibles
muchos conceptos y términos antiguos; ya lo advirtieron Q. Horacio (65-8 a. C.) en la

13
Introducción a la Lexicografía moderna. Madrid: CSIC, pág. 278-293.
14
Art. cit.

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Epistola ad Pisones y Juan de Valdés (¿1499?-1541) en su Diálogo de la lengua (1535):


los nuevos conceptos y las modas hacen que muchos vocablos viejos sean relegados
o desaparezcan y que otros renazcan o que, incluso, la necesidad de nombrar a las in-
venciones o descubrimientos dé carta de naturaleza a palabras nuevas.
En lo que al lenguaje médico respecta, cuentan que el doctor Gregorio Marañón
(1887-1960), comentando el diagnóstico de la enfermedad que produjo la muerte de
un personaje del siglo XVI, dijo que no se atrevía a reírse del dictamen de sus colegas
de entonces, por temor a que dentro de algún tiempo pudieran producir hilaridad
muchos diagnósticos de los médicos contemporáneos.
Las terminologías –señaló R. Menéndez Pidal 195315– cambian al compás de las
variaciones de la ciencia y su vigencia tiene de ordinario una vida limitada. El len-
guaje no es más que un reflejo indirecto de la realidad; de lo que existe como realidad
tangible y de lo inexistente como ideación o imaginación del ser humano (Emmanuel
Aito 2002: 50)16. En efecto, en la unión entre concepto y realidad externa, siempre
media una verbalización, la de la ‘etiqueta’ que colocamos sobre los objetos o la que,
bajo el signo lingüístico, proyectamos sobre parcela del mundo real que automática-
mente procedemos a aislar; pues a ello se reduce en un alto grado la racionalidad del
ser humano.
Y, como el lenguaje remite indirectamente a la realidad que pretende reflejar (Karl
Bühler, 1934)17, no debe confundirse la realidad externa (mundo físico) con su ver-
balización, o realidad interna (mundo mental). Con todo, la concepción del lenguaje
como reflejo indirecto de la realidad tiene consecuencias enormes. Pues, así como en
la naturaleza existen objetos pero no relaciones, se comprenderá bien que no se hayan
tomado en cuenta más que los sustantivos y, en el dominio técnico, las cadenas más o
menos figuradas, creadas para denominar objetos nuevos; el estudio de las relaciones
ofrece mayores dificultades.
He aquí el porqué de si examinamos un diccionario técnico o de especialidad,
constatamos que, en su mayor parte, consiste en una lista más o menos larga de nom-
bres derivados o compuestos, de base grecolatina, como es el caso de las palabras si-
guientes: afónico, artritis, flebitis, cardiopatía, estetoscopia, taquicardia, miocardio, ic-
tericia.
Como apunta de nuevo el profesor Calonge,
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“La parte más importante de lo que solemos llamar vocabulario especializado la


constituye el Iéxico científico y técnico, La especialización no se produce por ningún
otro mecanismo que pueda afectar al Iéxico, sino solo por la eliminación, en su em-

15
‘Prólogo’ del Diccionario Vox, Barcelona, pág 17.
16
“Terminologie, dénomination et langues minoritaires face à la modernité: vers une interrogation
soucieuse du social”, Contributions.
17
Véase Julián Marías (1974, 97-115): “Karl Bühler y la teoría del lenguaje” en Doce Ensayos sobre el
lenguaje en Madrid: Publicaciones de la Fundación Juan March Rioduero.

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El lenguaje de la Medicina

pleo de cualquier posibilidad significativa que no sea la deseada o la requerida en


la oportuna utilización del vocablo, buscado o creado arbitrariamente. EI lenguaje
especializado en estado de perfección exige un significante propio para cada signifi-
cado. Así sucede en realidad. Un texto científico en el que cada noción especializada
no tuviera un significante propio sería necesariamente un texto confuso. Solo el es-
pecialista distingue con precisión los términos propios de su ciencia, puesto que con
frecuencia estos tienen la forma de un vocablo perteneciente al léxico general, pero
dentro del texto científico representan un significado unívoco para su empleo especia-
lizado” (1993: 6).

Y el profesor Rodríguez Adrados (“Los orígenes del lenguaje científico”, 1997: 300)
señala que
“en términos generales hay que decir que en Grecia se dio un fenómeno único: la
creación de una lengua científica a partir de la lengua griega, mientras que Occidente
lo que ha hecho es o bien tomar en préstamo esa lengua científica o bien tomar sus
elementos –o los latinos, que en un cierto momento se unieron a ellos en un sistema
único–, así como sus procedimientos formativos. Así, nuestra lengua científica es una
especie de semigriego o criptogriego, aunque a veces se trata de calcos o de traduccio-
nes no transparentes o de formas muy alteradas fonéticamente”.

Dejando aparte consideraciones sobre el lenguaje de la ciencia en la antigüedad


o en otras épocas, parece como si el lenguaje de la medicina se hubiera ido gestando
y conformando de este modo por la necesidad de preservarlo del uso del vulgo, que
contamina y deforma. En efecto, este lenguaje tiene en sus orígenes una base hipercul-
ta (Fernando Lázaro Carreter 1985:145-182)18, pero su repertorio se nutre hoy, prin-
cipalmente, de términos ingleses, franceses y, en general, de palabras nuevas que de-
signan los descubrimientos o avances clínicos o médicos. Ahora bien, la constatación
de este hecho implica dos tipos de consecuencias para el mundo de la comunicación,
perspectiva desde la que pretendemos aproximarnos a su estudio.
De una parte, todo texto, más o menos especializado, comprende en una propor-
ción de dos tercios de sus elementos muchas palabras pertenecientes a la lengua gene-
ral. Y, como todos los términos de la lengua general son polisémicos, pueden acarrear
bajo la misma forma múltiples significados que solo el contexto permite desambiguar,
tropezamos con el obstáculo mayor que impide tener un conocimiento aceptable de
este tipo de lenguaje. Es el hecho de que una lengua tan estudiada como la española
carezca hoy de una buena descripción en la que se dé cuenta de todos los empleos de
los verbos y de los demás predicados, nombres y adjetivos de la lengua general; en una
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palabra, la lengua española no cuenta todavía con un diccionario que recoja no solo
los objetos, sino también las relaciones significadas.

18
Las ideas lingüísticas en España durante el siglo XVIII. Barcelona: Editorial Crítica. El latín fue utili-
zado como lengua de la ciencia hasta el siglo XVII y todavía después (“El latín era el idioma diplomático y
científico por excelencia”, escribió el Maestro Rodríguez Adrados).

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Y, de otra parte, también hemos de ser conscientes de que no existe un límite claro
entre lengua general y las lenguas de especialidad (Alexandra Cunita 2002:31-96)19.
Ningún sistema permite medir si se está en presencia de uno o de otro ámbito. Estas
intersecciones, o interferencias entre las partes que conforman el todo que es la len-
gua, no son el menor obstáculo para la información o para el tratamiento electrónico,
pero condicionan, y mucho, la investigación y el avance del conocimiento.
Sin embargo, Calonge apunta que
“Los vocablos pertenecientes a la lengua propiamente dicha tienen valor real
dentro de ella y son patrimonio de todos sus hablantes, es decir, son la lengua en sí
misma, mientras que los significantes correspondientes a campos especializados solo
significan dentro de un sistema y no tienen sentido mas que para los conocedores de
ese sistema, no son patrimonio de la comunidad lingüística” (p. 6).

Las lenguas de especialidad

Las lenguas especiales son subsistemas de la lengua estándar referidos al léxico o


vocabulario (en menor grado a la morfología y a la sintaxis). Es decir, determinados
medios sociales y culturales o temáticos (grupos marginados, dominios científicos,
oficios y profesiones, etc.) generan naturalmente variedades lingüísticas propias que,
dado su valor o importancia sociológica, pasan a ser etiquetados como lengua espe-
cial.
Según esto, el carácter “especial” se fundamenta en el particular relieve de dos fac-
tores extralingüísticos que, por lo demás, entran en juego en cualquier hecho de len-
gua:
1. Un componente sociológico: la lengua es un hecho social y funciona dentro
de los grupos sociales; cada grupo social crea y conforma su propia lengua.
2. Un componente temático: la lengua transmite unos contenidos determina-
dos.
Distinguimos tres tipos de lenguas especiales:
a) Los argots o jergas: lenguas de grupos sociales con finalidad críptica. La len-
gua identifica a estos miembros, aislándolos y defendiéndolos del resto de la
sociedad (vendedores ambulantes, oficios, etc.), de los que ya hemos hecho
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mención.
b) Los lenguajes sectoriales: lenguajes de actividades y profesiones, en los cua-
les no existe finalidad críptica (lenguaje de la política, del deporte, adminis-
trativo, jurídico, etc.).

19
En Paul Miclau (eds.): Les Langues de Spécialité: Cap. 3, “La structure lexicale”, pp. 29-96. Publicacio-
nes de la Universitatea din Bucuresti 2002.

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El lenguaje de la Medicina

c) Los lenguajes científico-técnicos: lenguaje de la descripción científica (Me-


dicina, Biología, Química, etc.).
Las lenguas especiales forman un subsistema donde el componente sociológico y
el componente temático alternan su influencia. En los lenguajes científico-técnicos, se
da más importancia al componente temático; en los argots o jergas, destaca el com-
ponente sociológico y, en los lenguajes sectoriales, ambos componentes tienen una
influencia importante.
Por ello, vuelve a la carga el profesor Calonge: “El valor de un término científico
debe ser aprendido de una sola vez. No se consiguen matizaciones mayores ni se alcanza
un mejor conocimiento del significado del término por el hecho de que el lector lo en-
cuentre repetidas veces. En todas ellas, necesariamente, el vocablo ha de tener el mismo
valor. Si el lector no lo conoce ya antes de leer el texto en el que figura, no puede entender
ese texto. Incluso, dentro de una ciencia determinada, una metodología nueva puede
adoptar un significante ya existente con un valor nuevo que resulta oscuro para el culti-
vador de esa ciencia que no se haya interesado por la nueva metodología” (p. 6).

La noción de uso

Si consideramos el ejemplo del verbo tomar: “coger o asir con la mano algo” (1.ª
acepción del DRAE 2014) en la expresión tomar el autobús (7.ª acepción: “servirse de
un medio de transporte”), la polisemia aparece clara e impide dar cuenta de la reali-
dad del fenómeno que evoca. Todavía más, si reemplazamos en tomar el autobús el
complemento autobús por otros términos como tren, automóvil, o metro, constatamos
que el sentido del verbo tomar no varía. Ahora bien, si, por el contrario, se combina
dicho verbo con palabras autopista, carretera nacional, o comarcal, obtenemos un sen-
tido diferente (“empezar a seguir una dirección, entrar en una calle, camino o tramo,
encaminarse por ellos”, acepción 29.ª del DRAE 2014). Y, si también combinamos to-
mar con el término bisturí, significa “ponerse a ejecutar la acción o la labor para la cual
sirve un determinado instrumento”, es decir, ‘disponerse a operar’, acepción 28.ª.
Se denominará, pues, uso idiomático toda ocurrencia del predicado con clases es-
pecíficas de sustantivos en posición de argumento. Sin embargo, el término polisemia
no da cuenta de la totalidad de los fenómenos que se pretende describir. Un predicado
polisémico no tiene solamente un sentido; estos sentidos se caracterizan por poseer
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propiedades diferentes. Y esto exige investigarlos en todos los usos y niveles de len-
gua.
Volvamos al ejemplo en que se ha observado que tomar no tiene el mismo sentido
según el complemento (argumento) sea un alimento: tomar un café (‘beberlo’) o un
medicamento: tomar una aspirina (‘seguir la prescripción médica’). Estos dos usos
tienen otros empleos diferentes, entre ellos el de la nominalización. En el práctica mé-
dica, el verbo tomar tiene una forma nominal asociada (tomar un medicamento, se no-
minaliza como la toma de un medicamento), que no es el caso del empleo ‘alimentario’

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(*‘la toma de una tarta’, contexto en donde el uso pide la nominalización con ingesta:
“conjunto de sustancias que se ingieren”, DRAE 2014).
Esta noción de argumento nos parece una de las más importantes de la lingüística
más reciente. Para describir el uso, es necesario reconocer las clases de argumentos
que permiten combinar todo nombre, verbo o adjetivo.
Veamos algunos aspectos metodológicos.

La naturaleza semántica de los argumentos verbales

Los argumentos verbales son analizables en términos de clases semánticas. Hay


verbos que exigen un argumento; otros, dos o tres; y, finalmente, los hay que no per-
miten ninguno más que el del sujeto de la acción, como supurar, verbo intransitivo: La
herida supura. Desde este punto de vista, y solo para ilustrar la idea general, vamos a
distinguir cuatro tipos de argumentos predicativos:

1. Predicados que no imponen restricciones a los argumentos

Hay verbos que aceptan todo tipo de argumentos. Es el caso de verbos de signi-
ficado amplio como dar. Todo sustantivo puede ser complemento directo del verbo
dar (V+N): dar remedio, dar fruto, dar el pésame, dar clase, dar un tiro, dar la luz, dar
las diez, dar la comida, dar el texto...; da lugar a locuciones verbales (V+N/Adj.): dar
gusto, dar igual, tanto da...; admite complementos preposicionales (V+Prep.): dar al
norte, dar en la locura, etc.; incluso acepta un complemento oracional: dar que ha-
blar, dar que pensar. Se puede aplicar a una epidemia: le dio la gripe, el sarampión...; a
una enfermedad: le dio una angina de pecho, le dio un ataque al corazón,...y, así, otros
ejemplos para dar y tomar.

2. Predicados que seleccionan entre todos los sustantivos grandes clases semán-
ticas, que se corresponden con los rasgos sintáctico-semánticos clásicos siguientes:
+/-animal, +/- humano, +/-concreto, locativo, temporal

Se dan en oraciones como la siguiente: Carlos sacrifica pollos con el hacha por las ma-
ñanas en el matadero. Estas clases semánticas constituyen la primera herramienta para
deshacer las ambigüedades que caracterizan algunos predicados. Por ejemplo, el verbo
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reducir puede tener diferentes usos gracias a estos rasgos: si el argumento exige el rasgo
+humano, obtenemos: “reducir al enemigo, reducir a alguien a la esclavitud” (someter-
lo); si el argumento presenta el rasgo +concreto, da como resultado: “reducir una piedra
a pedazos” (deshacerla); si es el rasgo es +locativo, se obtiene el significado “reducir la
distancia entre dos lugares” (atajar); si el rasgo es +tiempo, significa “reducir la duración
del trayecto” (acortar). No obstante, el DRAE 2001, en la 15.ª acepción, acuñaba un uso
específico de reducir en el lenguaje médico: “restablecer en su situación natural los hue-
sos dislocados o rotos, o bien los tejidos protruidos en las hernias”.

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3. Predicados que restringen las combinaciones a solo unas cuantas

Son los verbos que permiten tres argumentos. Por ejemplo, uno de los empleos
del verbo nombrar puede ser descrito como poseedor de tres argumentos, nombrar
(+hum, +hum, -hum). Corresponde a usos del tipo: A Felipe lo han nombrado presi-
dente los vecinos20. Pero esta descripción de nombrar, aplicada correctamente a ora-
ciones como la anterior, puede generar oraciones falsas como *nombraron a Pablo
vecino, donde aparentemente presentan el rasgo +humano los tres argumentos. Pero
el análisis prueba que no son argumentos iguales. Aquí vecino está utilizado como
adjetivo relacional (habitante: ‘cada una de las personas que constituyen la población
de un barrio, ciudad, provincia o nación’, DRAE 2014, 2.ª acepción). Por consiguiente,
hay que tener presente que los rasgos no tienen la precisión que habría de esperar; no
son totalmente decisivos. Aquí el segundo complemento vecino (habitante) designa
una subclase de humano, pero no las funciones como en presidente, diputado, adjunto,
delegado.
Como vemos, es conveniente analizar las clases y sus relaciones, razón por la cual
a estas las denominaremos subclases de las clases de objeto. Si, de una parte, elabora-
mos la lista de todos los sustantivos de función, o categoría, y, si, de otra, tenemos la
de sustantivos con el rasgo +humano, estamos en condiciones de generar, por ejem-
plo, todas las oraciones posibles con el verbo nombrar (‘decir el nombre de alguien’):
Los padres nombraron a Pablo; (‘elegir o señalar a alguien para un cargo, un empleo
u otra cosa’): Los médicos nombraron a María delegada. No se confunde este uso de
nombrar con otro.
Ocurre algo similar al uso de llevar que, en español a diferencia del inglés, no exi-
ge distinguir la clase de objeto: Si se trata del ejemplo español Pablo lleva una maleta
de 30 kilos en el avión, en inglés se traduce por to carry; pero, cuando decimos Pablo
lleva un pantalón vaquero azul, y por tanto, también objeto concreto, en inglés se dice
to wear. Como hemos señalado ya, a veces no basta el rasgo de +concreto, sino que es
preciso distinguir la clase de objetos (+/-humano).

4. Cuarto grupo

Está formado por verbos como suturar (tr. “coser una herida”); o diseccionar que
solo admiten un argumento (tr. “dividir en partes un vegetal o un cadáver para su exa-
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men”, DRAE 2014).

Clases de argumentos nominales y adjetivales

Como señalamos arriba, no solo los verbos pueden tener argumentos; también
los nombres, sobre todo, los derivados de verbos. Así, Tomar una medicina se puede

20
Según el DRAE 2014, 2.ª acep.: ‘[persona] que tiene casa y hogar en un pueblo’.

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transformar en una construcción nominal como La toma de una medicina; en cambio


Tomar una tarta no permite acuñar *La toma de una tarta, sino La ingesta de una tar-
ta (ingerir, tr: “introducir por la boca comida o la bebida”, DRAE 2014); el uso La toma
de la tarta, aunque posible como construcción en nuestra lengua, no está elevado a la
categoría de normal.
Ahora bien, aquí se trata de hacer ver que la noción de predicado no está con-
dicionada solo por la clase semántica de los verbos, sino también por la semántica
de los nombres. Una misma base predicativa como la del verbo desear puede tener
tres realizaciones morfológicas y, si se quiere describir las lenguas de especialidad, es
necesario, en un primer momento, elaborar la lista de cada una de ellas con todos los
predicados verbales, nominales y adjetivales: desear, deseo, deseoso por dominios.
Este hecho no se funda solamente sobre consideraciones morfológicas, como que
las raíces o bases sean las mismas, sino sobre criterios sintácticos, como que tengan
los mismos argumentos y las mismas propiedades aspectuales como estas tres formas:
deseamos tu venida (objeto verbal), nuestro deseo de tu venida (complemento del nom-
bre u objeto nominal), estamos deseosos de tu venida (complemento de adjetivo). Pero
esto no vale para las palabras relacionadas morfológicamente como miedo/ miedoso.
La primera es un nombre de sentimiento, que puede tener un complemento oracional
(La doctora tiene miedo de que recaiga) y su aspecto puede ser concreto y durativo,
mientras que el adjetivo miedoso designa un rasgo de carácter que no permite com-
plementos y su aspecto es solamente durativo: La convaleciente es/ parece miedosa. Se
observa que las relaciones entre predicados verbales, nominales y adjetivales no son
simples y deben ser examinadas a la luz de todas las propiedades lingüísticas (M.ª Vic-
toria Escandell 1995:17-38) 21.
Independientemente de su forma, los predicados se diferencian por su naturaleza
semántica. Desde antiguo (Aristóteles), se acostumbra a ver los predicados como ac-
ciones, procesos y estados. El interés que tiene la distinción es enorme; no es lo mismo
una lectura de activa que una de proceso. Por ejemplo, aunque Pablo ha reaccionado
enérgicamente no tiene las mismas palabras que las de la frase Ha habido una reacción
enérgica por parte de Pablo, tampoco coinciden ambas en el significado. Poseen sen-
tido similar porque el referente real es el mismo en ambos casos (Pablo, reaccionar,
enérgico); pero el significado es diferente: el de una acción, en el primer caso, frente a
un resultado, en el segundo.
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Tampoco es igual el comportamiento de los verbos que el de los predicados nomi-


nales. Si consideramos los predicados nominales de acción, se admite que la actuali-
zación se realice mediante el verbo hacer. Así, en Pablo viajó, el verbo se nominaliza
como Pablo ha hecho un viaje. No significan lo mismo ni tampoco todos los predica-
dos de acción cuentan con verbos ‘soporte’ como hacer. Es necesario, por tanto, tener
en cuenta las conjugaciones y las subclases de acción para predecir su actualización: el

21
M.ª Victoria Escandell (1995:17-38): Los complementos del nombre. Madrid: Arco/Libros, S. L.

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predicado crimen se puede actualizar por cometer o perpetrar un crimen; de las crisis
se dice que se agudizan; de las órdenes se dice que se dan o se cumplen; y de la lucha se
dice que se entabla o se libra. Y, así, otros ejemplos.

¿Cómo proceder en el estudio y descripción de los lenguajes de especialidad?


El corpus

Si no se dispone de un corpus22 de datos, el estudio del lenguaje biomédico resulta


infructuoso. En efecto, disponer de una muestra bastante amplia como para permitir
describir todos los usos reales y poder explicar la multitud de significados figurados,
desviados o de relación facilita enormemente el trabajo; permite conocer la realidad
en tres perspectivas: la de la lengua general, la de las lenguas de especialidad y la de
usos concretos; se cotejan los usos con los contextos del uso real en donde aparecen.
Ya nada queda al albur de la buena intuición del investigador. Con este método,
se puede llegar a constatar, en la práctica, si un término de especialidad interfiere con
la lengua general o viceversa. En este sentido, no estará por demás repetir que, si se
quiere conocer con exactitud la semántica de un verbo de la lengua general como, por
ejemplo, tomar, hay que hacerlo mediante el estudio de todos sus argumentos: tomar
la pluma de escribir no es tomar una aspirina ni tomar café ni tomar el autobús ni to-
mar el mando ni tomar la lección ni tomar aliento ni tomar la palabra ni tomar la ini-
ciativa ni tomar un vicio ni tomar una casa ni tomar un criado ni tomar precauciones ni
tomar la calle ni tomar pesadumbre ni tomar aborrecimiento ni tomar fuerza...
Conviene, pues, partir del universo de argumentos que pueden acompañar a un
verbo. Es lo que se llama un esquema de argumentos oracionales en el cual el predi-
cado va seguido de su sujeto y su(-s) complemento(-s) (Gaston Gros & Michel Ma-
thieu-Colas 2001.69-72,)23. Así, el verbo redactar exige sujeto humano y un objeto de
dicha acción (el esquema es sujeto +humano (persona), más objeto -humano (texto).
Se puede constatar que la naturaleza semántica de los complementos depende del pre-
dicado. Si partimos del predicado deletrear, el argumento sería palabra, y no texto; se
subcategoriza el objeto -humano.
Si se trata de formatear, se aplica, en general, tanto a un texto como a unos datos,
pero, específicamente (en informática), solo a un disco. En el primer caso, es sinónimo
de tratar un texto, unos datos; en el segundo, no hay polisemia, sino monosemia: dar
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formato a un disco. En toda lengua de especialidad, hay necesidad de explicar, razonar,


demostrar, ilustrar los usos. Los elementos que describen estas operaciones no son re-
flejos de cortes que existan en la realidad, sino de usos denotativos, aunque su función
en la oración sea la misma que la de los usos equivalentes en la lengua general.

22
Se entiende una muestra representativa de los usos orales y escritos de una lengua en un momento
dado, gestionada mediante programas informáticos.
23
“Description de la langue de la médecine” en Meta, XLVI.1.68-81.

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Para describir una lengua de especialidad, es necesario, pues, partir de un base


de datos informatizada que permita describir las clases de predicados con precisión,
es decir, reconocer sus usos generales y específicos y obtener así dos tipos de diccio-
narios: el de los predicados y el de los argumentos cuya estructuración será diferente
pero complementaria.
Aplicando estas consideraciones a la lengua de la medicina, y para que el estudio
resulte útil a la mayoría de las especialidades médicas, especialmente las clínicas, utili-
zaremos la nomenclatura médica multiaxial. Este concepto nace del estudio filosófi-
co de la naturaleza del hombre y nos proporciona los ejes o categorías básicas.
Según esto, el ser humano tiene un cuerpo formado por tejidos y órganos y múl-
tiples estructuras y lugares anatómicos. Cualquier cambio en la anatomía normal del
cuerpo se codifica en el eje de la morfología; la normalidad o cualquier anomalía del
cuerpo o de la mente se controlan en el eje de la funcionalidad; y los procedimientos
administrativos, preventivos, diagnósticos y terapéuticos constituyen el eje de proce-
dimientos. Dado que ciertas enfermedades o síndromes pueden darse en categorías
diversas de morfología, topografía, función o etiología, el sexto eje es el de nosología
(enfermedad). Pues bien, una descripción realizada desde estos presupuestos facilitará
mucho la comprensión del lenguaje de la medicina y las aplicaciones subsiguientes.
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HACIA LA CARACTERIZACIÓN
DEL LENGUAJE DE LA MEDICINA

Las lenguas y sus hablantes, por obra del proceso de mundialización (que no de
‘globalización’) que empezamos a soportar, están interaccionando, auxiliándose e
intercambiándose experiencias y, sobre todo, descubrimientos, como nunca anterior-
mente había ocurrido, y prueba de ello son las huellas (marcas neológicas) que dicho
proceso deja en todas las lenguas del mundo, que siempre han cambiado y que cons-
tantemente se han renovado para cumplir con la función principal para la que fueron
inventadas: servir de instrumento de comunicación.
No obstante, esta internalización de la comunicación por causas económicas nos
está llevando a crear un lenguaje uniforme, de estructura simple y flexible, que permita
obtener el rendimiento máximo de las máquinas trasmisoras que utilizan programas
como Internet. Esa lengua que se está imponiendo imparablemente en los ámbitos
económico y científico es un uso internacionalizado del idioma inglés (sistema bas-
tante ‘artificial’) cuya bondad consiste en facilitar la difusión instantánea de aconteci-
mientos y hacer llegar a través de la imagen las nuevas realidades cuyo conocimiento
inmediato demanda una ‘nueva élite mundial’ desde cualquier rincón del Planeta. En
este sentido, más que de neologismos en las lenguas cabe hablar ya de supraneologis-
mos interlingüísticos (Alessio Petrali 1996b:1824).

a) Léxico fundamental/ léxico científico y léxico técnico

Ya hemos sentado que entre el léxico general y el léxico de especialidad no existe


separación real. También hemos de tener presente que el léxico técnico (Ramón Tru-
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jillo 1974:197-211)25 y el léxico científico no se confunden: aquel es el lenguaje de las


especialidades consideradas en sí mismas en el estadio de manipulaciones y de prác-
ticas; y este es el lenguaje común a todas las especialidades y, en tanto general, menos
preciso, pero igualmente necesario para el deslinde intelectual. Por ejemplo, la palabra

24
Neologismo e nuovi media. Verso la “globalizzazione multimediale” Della communicazione? CLUEB.
Bologna.
25
“El lenguaje de la técnica” en Doce ensayos sobre el lenguaje. Madrid Publicaciones de la Fundación
Juan March. Madrid: Rioduero 1974.

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flujo26 es término del léxico científico; flujo magnético, término semiespecífico; y flujo
de un vector, término técnico, pero flujo blanco es término que se usa exclusivamente
en la praxis médica; pertenece al léxico de especialidad.
Para Calonge,
“Lo único que el léxico científico y técnico puede tener en común con el léxico
general es su forma gramatical. Pero, si considerarnos, como es obligado hacerlo, que
lo que caracteriza al léxico es su condición de depositario de significados, el compor-
tamiento contextual de cada uno de estos dos tipos de léxico es absolutamente distinto
y sus rasgos diferenciales son numerosos y profundos” (p. 10).

¿Por qué inquieta tanto la introducción de tecnicismos en la lengua? Sabido es que


los léxicos de especialidad van aportando a la lengua general numerosos términos
cuya especificidad va disminuyendo paulatinamente: “punto de mira”, “los datos del
problema”, “el tema está en ‘punto muerto’”. Son usos que en su origen pertenecieron a
lenguas de especialidad; hoy, sin embargo, circulan en el uso de la lengua general.
Por tanto, la lengua de especialidad no es más que una terminología técnica; una
proporción importante de las palabras del léxico común que desempeña una función
esencial en la expresión científica y no solo en una especialidad sino en casi todas.
Por ello, sostiene Alexandra Cunita (2002:38-39)27 que el aprendizaje de las lenguas
de especialidad debe comenzar por el estudio del léxico de la comunicación habitual,
continuar por el del lenguaje científico general y terminar por el del léxico propio de
la especialidad de que se trate.

b) El neologismo léxico en el lenguaje de la medicina

¿Qué entendemos por expresión o término neológico? Por neologismo, se entien-


de todo “vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua” (DRAE 2014). Este concepto
engloba tanto los extranjerismos que se toman en préstamo de otras lenguas, como las
palabras de nueva creación que se forman a partir de los procedimientos morfológicos
que posee la propia lengua (para mejor entendernos, afecta al aspecto formal de la pala-
bra) o por cambio semántico (afecta a la significación y resulta menos perceptible).
En este último caso, se pueden dar dos situaciones de cambio de significado: crea-
ción a partir de procedimientos morfológicos propios de la lengua, como es el hecho
de originar un nuevo significado complejo por la unión de dos significantes y dos sig-
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nificados simples preexitentes en la lengua: por ejemplo, telenovela (por combinación


de televisión + novela)28 o a partir de cambio semántico experimentado en una palabra

26
Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales: Diccionario esencial de las Ciencias. Madrid:
Espasa ,1999.
27
En Paul Miclau (Ed.): Les Langues de Spécialité, “La structure lexicale”, ob. cit.
28
Sigue afirmándose en el DRAE que televisión e insulina se formaron a partir del latín; cierto, pero
fueron tomadas a través de la traducción inglesa television e insulin.

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existente como es el caso de camello (por cambio de semántico de ‘animal’ a ‘vende-


dor de drogas’); o el de virus (en medicina, “organismo de estructura muy sencilla,
compuesto de proteínas y de ácidos nucleicos, y capaz de reproducirse solo en el seno
de las células vivas específicas, utilizando su metabolismo”, DRAE 2014) que pasó a
significar en informática (“programa introducido subrepticiamente en la memoria
de una computadora que, al activarse, afecta a su funcionamiento destruyendo total o
parcialmente la información almacenada”, DRAE 2014).
En el primer caso (cuando los extranjerismos29 se toman en préstamo), se pueden
distinguir tres posibilidades:
1) Que se importe la forma y el significado por asimilación de la pronunciación
original y fijación de la forma ortográfica: del inglés scanner se pasa al español
escáner.
2) Adoptar el significado de la forma extranjera, por ejemplo, en el lenguaje de
la informática del término inglés mouse se pasa al español ratón; del inglés
window se traslada al español ventana.
3) Por calco: se adopta el significado de la palabra extranjera traduciendo el sig-
nificante a la expresión de la lengua receptora, como weekend fin de se-
mana, top secret alto secreto. Un buen ejemplo para ilustrar ambos casos
es fútbol (préstamo) o balompié (calco). Los calcos (clonaciones los llama el
periodista y escritor Álex Grijelmo) están muy de moda en el lenguaje actual,
tanto en los medios de comunicación como en el lenguaje de la Administra-
ción Pública. Así, agresivo (por activo, audaz, de empuje…); contemplar (por
ordenar, regular, recoger); doméstico (por interior o nacional en ‘vuelo do-
méstico); intestinal o intestina (por internas en ‘luchas intestinas’ para reseñar
las peleas que hay en los partidos por los puestos de salida en las elecciones o
las guerras laborales en el seno de las empresas), etc.
Los profesionales de la medicina son conscientes de que el inglés está modifican-
do el uso que hacen de su lengua materna, pero no lo son tanto de la intensidad y del
alcance de esta influencia. Para muchos, los préstamos del inglés al español médico
parecen limitarse al uso exclusivo de algunos anglicismos patentes: borderline, buffler,
by-pass, clamping, distress, doping, feedback, flapping tremor, flush, fluter, handicap,
inmunoblotting, killer, kit, mapping, pool, rash, relax, scanner, screening, shock, shunt,
spray, satff, standard, stress, test, turnover o versus (Fernando A. Navarro 2002)30. Ol-
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vidan, sin embargo, que la influencia del inglés es muchísimo más extensa e intensa,
y afecta a todos los niveles del lenguaje: fonético (ortografía), morfológico, sintáctico
y semántico.

29
“Desde luego, en el siglo pasado y comienzos de este [el autor, obviamente, habla de los siglos XIX
y XX] es a través del francés como nos llegó la mayor parte del vocabulario científico, hoy es a través del
inglés” (Rodríguez Adrados, 1997: 314).
30
En “Tres retos para el lenguaje científico español”, Revista El Hornero. N.º XXXVII:1-23.

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Pongamos como ejemplo la palabra inglesa disorder: puede ser desorden, solo que
no en todos los casos.
“No, por ejemplo, en medicina para significar que se ha producido un trastorno o
una alteración del funcionamiento del organismo, porque desorden, en español, es lo
mismo que falta de orden y concierto en las cosas, alboroto, motín, exceso, abuso (el
desorden reinaba en la ciudad; tenía los vestidos en desorden; vive en el desorden).
Desórdenes menstruales, desórdenes inflamatorios del intestino, desorden hormonal
y tantas otras expresiones que se les semejan y a las que se han aficionado algunos es-
pecialistas y traductores son impropias de nuestra lengua. Lo correcto en tales casos es
decir y escribir “trastorno” y, en algunos casos, alteración: trastornos menstruales, al-
teraciones inflamatorias del intestino, trastorno hormonal” (Rodolfo Alpízar, 2004:
65), o las diferentes traducciones de las siguientes patologías:

inherited disorder enfermedad hereditaria


movement disorders discinesia, movimientos anormales
melancholic disorder fases (accesos) de melancolía
maniatic-depresive disorder psicosis maníaco-depresiva (Íd.: 64).

El lenguaje de la medicina, en cuanto ciencia definida por Gregorio Marañón


(1963:108)31 como “compendio de ciencia, arte y oficio”, presenta tres grandes rasgos
morfológicos que, aunque compartidos con la lengua general, el uso neológico po-
tencia de una manera específica, salvo uno que, por la naturaleza científica y técnica
de la medicina32, posee en exclusiva: la pronunciación y escritura, niveles lingüísticos,
donde el extranjerismo ‘crudo’ deambula libremente por toda la casa sin la mínima
educación formal de un invitado, esto es, sin la carta de naturaleza hispánica. Estos
rasgos, según Pierre Zweigenbaum & Natalia Grabar (1999: 1-2)33, son los siguientes:
1) Creación y pervivencia en el uso de varias formas de la misma palabra (poli-
morfismo flexivo), tales como formas plurales, femeninas o formas verbales
según personas, tiempos, etc.: abdominal, abdominales; cardio, cardíaco, car-
díacos, cardiopatía, cardiopatías, carditis…
2) Abuso de las formas adjetivas derivadas de nombres (derivación neológica),
como de aorta, aórtico (del ing. aortic); de cicatriz cicatricial/ cicatrizal (del

31
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La medicina y nuestro tiempo, Madrid: Espasa Calpe.


32
Como la medicina es ciencia y técnica, se comprende que sea el dominio en el que los préstamos,
por la urgencia y necesidad de aplicar los progresos científicos, se usen sin la menor adaptación fonética
ni gráfica en la lengua donde es percibido, y a veces sentido, como un cuerpo extraño. Este aspecto, si no se
ataja a tiempo, puede demudar la faz externa de nuestro idioma, como sucedió, con suerte dispar, en otras
etapas de la historia de nuestra lengua, por ejemplo, con asimilación de arabismos y de galicismos.
33
A contributio of Medical Terminolgy to Medical Language Processing Resources. Experiments in
Morphological Knowledge Adquisition from Thesauri, en Proc Conference on Natural Language Proces-
sing and Medical Concept Representation, Phoeneix, Az, 16-19 Dec 1999. Se trata de un trabajo valioso
donde se estudian comparativamente y se cuantifican los procesos neológicos y usos en tres lenguas: in-
glés, francés y ruso.

— 40 —

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El lenguaje de la Medicina

fr. cicatrice cicatriciel), aceptados ambos por el DRAE 2001, sin indicación
alguna del criterio que ha de guiar el uso; adjetivos formados a partir de un
nombre siguiendo reglas distintas: quiste quístico; próstata prostático;
trauma tramático; melanoma melanómico; sarcoma sarcómico, pero
vávula valvular en usos como ligamento articular, membrana reticular.
3) Recurso a la formación de nuevas palabras por la combinación de varias raí-
ces para obtener una forma compleja (composición neológica), por ejem-
plo, de aorta + coronaria aortocoronaria (ing.: aortocoronary). Las raíces de
composición más frecuentes en el lenguaje de la medicina parecen ser fibr-,
hepat-, inmuno-, linfo- como en fibrovascular, inmunodeficiencia, linfoblásti-
co; o formaciones por prefijación culta con hiper-, poli-, para-: hiperglucemia,
hiperplasia, politraumatismo, parálisis, paramédico, paramnesia.
Pasamos ahora a estudiar cómo afecta a la lengua de la medicina el aluvión de neo-
logismos que diariamente están exigiendo carta de naturaleza hispánica.

1. ¿Cómo se adaptan en la pronunciación?

En general, en el proceso de adaptación fonológica y ortográfica, se tiende a su-


primir consonantes iniciales o finales que no sean articulables o que vayan en contra
de los hábitos de fonética articulatoria del español; y también se tiende a simplificar
las consonantes geminadas o duplicadas. En este proceso, el uso ha seguido histórica-
mente las tendencias siguientes (cfr. Rafael Lapesa Melgar 1980:146)34 :
t 4VQSJNJS MB DPOTPOBOUF JOJDJBM  DVBOEP SFTVMUF JNQSPOVODJBCMF scientia
ciencia), o añadir una vocal protética: scanner escáner, standard estándar,
stress estrés, screening escrinin (= “investigación destinada a descubrir la
existencia o la importancia de determinadas afecciones o condiciones mor-
bosas”).
t "×BEJS UBNCJÏO FO QPTJDJØO GJOBM VOB WPDBM QBSBHØHJDB club clube,
filmfilme, etc.35.
t "QPDPQBS TVQSJNJS
MBDPOTPOBOUFGJOBMcarnetcarné, pero test test.
t 4JNQMJGJDBSMBTDPOTPOBOUFTEPCMFTbitter  biter, scanner escáner. La Aca-
demia, sin embargo, mantiene sin simplificación grupos como, por ejemplo,
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en dossier (DRAE 2014).


En nuestro idioma existe una regla de acentuación de palabras que afirma que to-
das las esdrújulas llevan acento ortográfico (tilde) en la antepenúltima sílaba. Como el

34
Afirma en la pág. 147 que “El español no ha incorporado ningún fonema árabe”, en Historia de la
lengua española, con prólogo de Ramón Menéndez Pidal, 8.ª edición refundida y muy aumentada. Ma-
drid, Editorial Gredos.
35
Rafael Lapesa sostienen en su Historia antes citada, pág. 210, que, a partir del siglo XIII, el español
fue regularizando y fijando como consonantes finales de palabra las siguientes: /r/, /s/, /l/, /n/, /z/ y /d/.

— 41 —

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lenguaje médico posee una base culta, hay muchas palabras esdrújulas que en nuestro
idioma exigen pronunciarse con acento tónico en la antepenúltima sílaba36:
t -BTQBMBCSBTUFSNJOBEBTFO–ólisis como bacteriólisis, electrólisis, epidermóli-
sis, epifisiólisis, espondilólisis, fibrinólisis, hidrólisis, lipólisis, litólisis, necrólisis,
neurólisis, osteólisis, proteólisis, queratólisis, sinfisiólisis, toracólisis y electrone-
urólisis; o en –ómetra como hematómetra, miómetra, hidrómetra y piómetra
deben pronunciarse como esdrújulas.
t -BTQBMBCSBTUFSNJOBEBTFOoocrito como hematocrito o en –olito como copro-
lito, electrolito (aunque el DRAE 2014 admite también como menos culta la
pronunciación esdrújula) tienen pronunciación como llanas.
t -BTQBMBCSBTUFSNJOBEBTFO–eolo la Academia sigue criterio dispar: maléolo,
roséola pero nucleolo y rubeola como forma de uso preferente (DRAE 2014).
t 1BMBCSBTUFSNJOBEBTFOoPJEFPtifoideo, pero vídeo.
t &OoJPMPcentríolo.
t &OoPJEJDPparatifóidico [preferible paratífico] y tifóidico [preferible tifoideo].
Ninguna de las palabras de los grupos que ahora siguen tiene acento ortográfico
en la antepenúltima sílaba, por lo que es un barbarismo pronunciarlas como si fueran
esdrújulas. Tampoco pueden ser agudas porque, como terminan en vocal o consonan-
te -s, tendrían que llevar acento ortográfico en la última sílaba. Por este simple análisis
se concluye que todas son llanas y el acento fonológico recae siempre en la penúltima
sílaba. Son la mayoría de las palabras de este lenguaje, como también las de la lengua
general:
t 1BMBCSBTFOPTJTBOBTUPNPTJT BORVJMPTJT FYPTUPTJT GJNPTJT
t 1BMBCSBTUFSNJOBEBTFOBTJTelefantiasis, estasis, epistasis, pero metástasis,
t 1BMBCSBTFODJB QJBalopecia, epilepsia, pederastia, anoscopia, citoscopia, col-
poscopia, endoscopia esofagoscopia, estetoscopia, fluoroscopia, gastroscopia la-
paroscopia, otoscopia, rectoscopia o sigmoidoscopia.
t &OMBTQBMBCSBTUFSNJOBEBTFOÓB FMBDFOUPPSUPHSÈGJDPTF×BMBMBFYJTUFODJBEF
un hiato y se trata de palabras llanas, por lo que es incorrecto pronunciarlas
como esdrújulas: hemeralopía, hipocondría, menarquía, mioclonía, nictalopía,
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pubarquía y telarquía.
t 1BMBCSBT DPO PUSBT UFSNJOBDJPOFT DPNP cándida (enfermedad causada por
dicha especie de hongo), libido [muy extendida la pronunciación incorrecta
esdrújula], estadio.

36
Es interesante el trabajo al respecto del doctor cubano Claudio J. Puente Fonseca acerca de los vicios
del lenguaje médico, que puede encontrarse en internet [última entrada, 11 de febrero de 2016].

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Desde esta perspectiva, también es digno de reseñar el hecho de que voces cientí-
ficas y técnicas, formadas con el prefijo des-, hayan perdido la s-por influjo del inglés
y del francés, especialmente cuando el componente que se le une empieza por conso-
nante: en la terminología médica, aparece en términos que denotan ‘privación o se-
paración’ (cfr. Juan Antonio Díaz Rojo, 2001:83):37 decorticación es más frecuente que
descorticación, y defoliación, que desfoliación, admitidas las primeras como formas
únicas (DRAE 2001), pero se prefiere la forma con des- en las palabras siguientes: des-
calcificación, descerebelación, desgenitalización, descontaminación, despigmentación,
desmetilación, desvitalización, desmielinización…

2. ¿Cómo dar forma gráfica a los extranjerismos?

Hoy es más difícil acertar con la grafía de un extranjerismo que en siglos pretéri-
tos por la sencilla razón de que ahora los neologismos penetran por la vía oral, pero,
últimamente, entran por la vía audiovisual: es el caso de whisky, palabra para la cual la
Academia de la Lengua propuso la grafía güisqui con un rotundo fracaso. El problema
que se plantea es grave y exige análisis rigurosos.
Cuando una palabra se toma de otra lengua por necesidad, la Academia (Orto-
grafía de la Real Academia Española, en adelante, ORAE 2010, en el epígrafe 2.1.1)38
exige que “deben escribirse siempre en los textos españoles con una marca gráfica que
destaque su condición de palabras pertenecientes a otra lengua: preferentemente en
cursiva en la escritura tipográfica (siempre que el texto base esté escrito en redonda;
pero en redonda si el texto base está escrito en cursiva) y entre comillas en los textos
manuscritos, donde no es posible establecer la oposición entra la letra redonda y la
cursiva”.
Dejaremos constancia de dos hechos ortográficos:
1) En los compuestos con post-, debe escribirse sin la letra t siempre que la pa-
labra con que se une comience por consonante sonora: posparto y no post-
parto, pero si comienza por h+vocal o por vocal debe de utilizarse post-: pos-
tanémico, posthemorrágico, etc.
2) También el neologismo afecta a la grafía. Entran palabras como colorectal co-
lorrectal; fue el caso de amfetamina anfetamina.
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3. Adaptación morfológica

Otro de los procedimientos de neología es el cambio de categoría por paso de


nombre a adjetivo o viceversa: informática red informática (adjetivo); enferme-
dad terminal terminal (nombre que se da al ordenador conectado a una red).
En esta misma línea, se inscriben los participios de los que proceden los usos no-

37
“Nociones de neología. El prefijo des-“, en Panace@, vol. 2, n.º 6.
38
Real Academia Española. Madrid: Espasa Calpe.

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minales de palabras como trazado, resultado, entretejido, tejido; por el cambio de


género, se obtienen: físico (persona), física (disciplina), médica (originariamente
es adjetivo, “perteneciente o relativo a la medicina”, hoy se utiliza como nombre:
médico/ médica “persona legalmente autorizada para profesar y ejercer la medici-
na”, DRAE 2014).
Finalmente, por el cambio de número se obtiene ‘Centro de atención al daño cere-
bral’, daño es inviable en este contexto.

4. Extensión semántica

En los casos de creación neológica, el término tiende a extender su significación


hasta cubrir la realidad vecina, de tal manera que existe un parentesco entre el sen-
tido original y la denominación nueva. Este fenómeno se basa en las relaciones de
tipo lógico, analógico o de asimilación. Por ejemplo, se da una relación analógica
en palabras como diagnóstico: de “evolución del estado de salud de una persona” 
se ha pasado a “evaluación del estado de una cuestión”. Por neología estilística (hoy
denominada ‘lo políticamente correcto’), se pasa de ciego a invidente; de primípara
añosa a embarazo tardío; de muerte a inconveniencia terminal… Para dar un sensa-
ción de mayor efectividad o novedad administrativa o de imagen renovada, se habla
en los medios de tanatólogo por empresario de pompas fúnebres; de sepelio en vez de
entierro; o de finado en vez de muerto. Por neología social, se impide, por el con-
trario, acuñar la médica en paralelismo con el médico39; factores sociolingüísticos
impiden el cambio inmediato.
Finalmente, cabe añadir como lo más destacable de este lenguaje la neología
por siglación; por ejemplo, en un hemograma aparecen las siguientes: MCV, MCH,
NCHC, RDW, MPV, PDW… o abreviaturas como g/dl., fl., pg., mm, …o siglas que
hoy se sienten como palabras: el ‘sida’. O la neología por sincopación: en el argot del
lenguaje hablado en los hospitales se está generalizando la mala costumbre de usos
como los de estos ejemplos: fonendo por fonendoscopio, rea por unidad de reanima-
ción, recu por la de recuperación, dila por la de dilatación,…
En cuanto al uso de acrónimos en el lenguaje de la medicina, hay que citar la ex-
celente investigación realizada por el Doctor en Enfermería Francisco Soto Arnáez40.
El profesor Soto hace un riguroso análisis de los acrónimos, abreviaturas, símbolos y
siglas y señala: “Son recursos para agilizar el proceso de escritura y transmisión de infor-
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mación y ahorrar tiempo y espacio en el lenguaje, pero su proliferación constituye uno de

39
El DRAE 2001 en la 2.ª acepción, añadía: “también se utiliza forma masculina para designar el feme-
nino: Julia es médico”. Ahora, en la edición de 2014, esta acepción reza así: “Persona legalmente autorizada
para profesar y ejercer la medicina”.
40
Análisis de la incidencia de riesgo de la utilización de acrónimos en la historia clínica digital en pacien-
tes especializados, Tesis doctoral defendida en la URJC el 20 de noviembre de 2015 y calificada con Apto
cum laude por unanimidad y que esperamos verla pronto publicada.

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los principales abusos en el lenguaje sanitario y produce problemas de comprensión que


pueden desencadenar incidentes en la seguridad del paciente”.
El doctor Soto indica en la revisión de setenta y ocho Historias Clínicas Di-
gitales “que se han encontrado 3 038 acrónimos” y apunta que “los 12 acrónimos
más frecuentes han sido: HTA, AP, TC, DM, TA, AC, FC, lpm, FA, T, TVP, Rx”
y advierte del problema que supone el uso de algunos “por el riesgo que su uso
puede provocar”.
Según el documento Estandarización de Abreviaturas, símbolos y expresiones uti-
lizadas en la prescripción y la administración de medicamentos de la Comunidad de
Madrid. Consejería de Sanidad, Servicio Madrileño de Salud y el documento Herra-
mientas de recogida de datos para indicadores a medir mediante revisión de historia
clínica. Construcción y validación de indicadores de buenas prácticas sobre seguridad
del paciente. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo; 2008, aparecen 19 acrónimos
diferentes considerados de riesgo pero se repiten un total de 433 veces a lo largo de
la revisión de las 78 Historias Clínicas Digitales. Los 12 acrónimos considerados de
riesgo que más veces aparecen en la revisión de Historias son: SC, >, CLK, <, SG, Cc,
+, Comp, U, h, Cp, Cap”.
Más adelante, advierte de que “hay 23 acrónimos polisémicos encontrados en la
revisión de las 78 Historias Clínicas Digitales”. Y, a continuación, aporta una tabla de
los acrónimos polisémicos con sus diferentes acepciones que, por su interés, reprodu-
cimos aquí:
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Acrónimo Acepciones
H Horas, Historia, Hospital.
MC Motivo de Consulta, Médico de Cabecera.
MP Marcapasos, Médico Primaria.

Antecedentes Personales, Atención Primaria, Auscultación Pulmonar,


AP
Anatomía Patológica, Antero Posterior.

Pte Pendiente, Paciente.


EAP Edema Agudo de Pulmón, Equipo de Atención Primaria.
PA Presión Arterial, Pre Auricular.
Inf Inferior, Informe.
Cx Cirugía, Circunfleja.
IRA Insuficiencia Respiratoria Aguda, Insuficiencia Renal Aguda.
Reanimación Cardiopulmonar, Reflejo Cutáneo Plantar, Reflejo Cor-
RCP
neo Pupilar.
Hemicolectomía derecha, Hipocondrio derecho, Historia clínica di-
HCD
gital.
LD Lateral Derecho, Lóbulo Derecho.
HD Hemodinámica, Hemodiálisis.
IM Infarto de Miocardio, Insuficiencia Mitral.
SNG Sonda Nasogástrica, Surco Nasogeneano.
TC Tomografía Computarizada, Toracocentesis.
Desnutrición proteinocalórica, Detección precoz de cáncer, Duode-
DPC
nopancreatectomía cefálica, Desproporción Pélvico Cefálica.
ABD Abdomen, Abducción.
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BP Bajo Peso, Biopsia, Bypass.


CC Cabeza y Cuello, Cáncer de Colon, Cuero Cabelludo.
CH Carcinoma Hepático, Concentrado de Hematíes, Crisis Hipertensiva.
FA Fibrilación auricular, Flutter auricular.

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El trabajo del doctor Soto, excelente como ya se ha indicado, es una llamada de


atención ante los peligros que se derivan de la utilización de muchos de estos para la
seguridad y la salud de los pacientes. Pero el momento que vivimos, y que viene de la
centuria anterior (“el siglo de las siglas”) ha invadido también el lenguaje de la medi-
cina (aunque hemos de anotar que ya san Isidoro de Sevilla, en el siglo VII, hablaba de
este problema en los escritos eclesiásticos).
No se sabe si por economía del lenguaje o por simple dejadez, los medios de comu-
nicación tienden desde hace algún tiempo a recoger en siglas todo tipo de nombres
de organismos, de enfermedades o de cargos públicos (en este caso, es porque algunos
cargos no caben en las tarjetas de sus titulares por una sola cara) y, de ahí, que el siglo
XX fuera tildado con el marbete de “siglo de las siglas”, tendencia que se extiende tam-
bién al siglo actual.

5. Neologismos por calco

El lenguaje de la medicina es por necesidad uno de los ámbitos profesionales más


expuesto a la invasión del calco neológico. Y, como uno de los aspectos que nos ha-
bíamos propuesto era dar cuenta de la creación neológica, pasamos a analizar algunos
calcos más frecuentes en el léxico de la medicina41 con la finalidad de ayudar a escla-
recer el uso:42
ántrax : “inflamación confluente de varios folículos pilosos, de origen bacteriano, con
abundante producción de pus”. Se confunde con carbunco: “enfermedad
virulenta y contagiosa, frecuente y mortífera en el lenguaje lanar, vacuno
que se denomina ántrax maligno”.
adición: significa suma y se confunde con adicción a las drogas.
agresivo (de aggressive): tratamiento agresivo por intensivo o radical (aplicado a per-
sonas significa ‘resuelto, audaz, enérgico’).
asumir: por suponer, sospechar (“El médico asumió que la causa de la rinitis era me-
dicamentosa”).
autólogo (de autologous): transfusión autóloga por autotransfusión.
desórdenes (de disorders): en lugar de trastornos.
bajo peso (de low ): (“Tiene bajo peso para la edad” por poco peso; el peso no puede
ser bajo, sino cuantificado).
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compromiso (de commitment): (“El compromiso respiratorio provocó el ingreso del


paciente” en vez de “la afección o trastorno respiratorio causó el ingre-
so...”).

41
Tomados de J. M. Igea, P. Mugüerza, M. Lázaro2001 : 16.227-230 en Alergol Inmunol. Salamanca.
42
Muchos de estos términos que hemos ido recopilando aparecen ya en los estudios de J. L. Herranz
2004, vol. 44 n.º 187 págs. 1-2.

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convencional : traducido por convencional significa que se procede por costumbre y


lo que significa es tradicional (referido a tratamientos y estudios diag-
nósticos).
corto/-a: se acuña como corto/-a, pero aplicado en corta estancia significa que la es-
tancia es breve.
emergencia (de emergency): “suceso, accidente que sobreviene”. Suele utilizarse por
urgencia: “necesidad o falta apremiante de lo que es menester para algún
negocio”.
encuentro (de meeting): se utiliza por reunión médica (encuentro es una reunión
accidental y momentánea entre dos personas; cuando las personas se re-
únen a propósito para conversar o discutir o entrevistarse se denomina
reunión).
espónsor (de sponsor): espónsor por patrocinador, promotor o mecenas.
evidencia (de evidence): significa un grado menor de certeza que el español evidencia.
Corresponde a lo que se señala como ‘indicios, pruebas’.
eventual (de eventual): en inglés significa definitivo, final; en español quiere decir
contingente, accidental, no fijo.
ingesta (de to ingest): en español se utiliza solo para alimentos y bebidas; para medici-
nas, toma; en inglés el significado lo cubre to ingest .
injuria (de injury): en inglés significa lesión o daño corporal u orgánico; en español,
injuria es tanto como ‘ultraje de obra o de palabra, hecho contra razón y
justicia’.
manejo (de manegement):; manejo del asma crónica (en español se manejan las cosas,
pero se trata a los pacientes y sus enfermedades). En español corresponde
usar tratamiento.
monitorizar (de monitorize): por controlar.
objetivar: en medicina como sinónimo de ver u observar (La espirometría objetivó
una obstrucción, sino En la espirometría se observó una obstrucción).
patología (de pathology): En la frase La patología alérgica del paciente, se usa como
sinónimo de enfermedad; y la patología es una ciencia de la medicina
que estudia las enfermedades; sintomatología, parte de la patología que
estudia los síntomas de las enfermedades. El signicado que corresponde
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en español es ‘trastorno, afección o enfermedad’).


predictor (de predictor) en vez de factor pronóstico o predisponente.
provocar (de to provoke): no es sinónico de causar (origina un efecto de forma direc-
ta) ni de provocar (origina un efecto pero de forma indirecta). En algu-
nos contextos, significa ‘incitar’.
reportado (de reported): se utiliza en lugar de descrito o referido.

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rutinario (de rutinary): lo que se hace de forma habitual sin razonar ni mostrar pre-
ocupación; es mejor utilizar ‘habitual’.
seguimiento (de follow-up): por el uso español control clínico.
seguro (de safe): se usa en vez de de inocuo.
severo (de severe): se confunde con ‘grave’ (Las enfermedades pueden ser graves, pero
no severas, porque carecen de carácter permanente).
sofisticado (de sophisticated): en español debe utilizarse ‘complicado, elaborado’.
titulación (de titration): aplicado en la práctica médica en vez de escalonamiento o
ajuste de dosis.
testar: en español es un neologismo innecesario utilizado por ‘experimentar’.
visualizar: formar en la mente la imagen de un concepto abstracto. Es concebir, idear,
imaginar.
Y también hay que cuidarse en el lenguaje de la medicina de la utilización de vo-
cablos impropios. Es decir, utilizar algunas palabras con un significado inadecuado
bien por ignorancia, bien por las clonaciones que se producen del inglés. Siguiendo al
precitado doctor Puente Fonseca (vid. nota 36), enumeramos algunas de estas impro-
piedades (aunque algunos de estos vocablos solo se pueden encontrar en diccionarios
médicos):
t Artejo: significa nudillo de los dedos, por tanto, no debe llamarse así a los
dedos de los pies.
t Criptórquido o criptorquídico: persona cuyos testículos no han descendido
al escroto, razón por la cual es impropio atribuirle este adjetivo al testículo no
descendido.
t Emuntorio: cualquier conducto, canal u órgano excretor del cuerpo de los
animales, glándulas de los sobacos, de las ingles y de detrás de las orejas. Por
estos significados consideramos inexacto llamar “vaciamiento de los emunto-
rios” a la evacuación exclusiva de la vejiga y del recto en los seres humanos.
t Ingesta: término general para los alimentos y bebidas destinados a ser intro-
ducidos por ingestión, de modo que no debe usarse como sinónimo de indi-
gestión.
t Injuria: agravio, ultraje de obra o de palabra, hecho o dicho contra razón y
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justicia, daño o incomodidad que causa una cosa. No debe traducirse como
“injuria” la palabra injury del inglés, cuando significa lesión o daño corporal
u orgánico.
t Meiopragia o miopragia: incapacidad funcional o disminución funcional de
una parte del cuerpo, por tanto, no debe calificarse de “meioprágico” un pa-
ciente porque esté débil o desnutrido.

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t Patología: parte de la medicina que estudia las enfermedades. Y conjunto de


síntomas de una enfermedad. Es incorrecto su uso como sinónimo de enfer-
medad o afección.
t Sintomatología: parte de la patología que estudia los síntomas de las enfer-
medades. Su utilización es inadecuada con el significado de conjunto de sín-
tomas.
Uno de los servicios médicos que frecuentan todos aquellos enfermos que van a
pasar por cualquiera de las cirugías posibles (intervenciones, en el lenguaje popular),
es el de “Preanestesia”. Los doctores Ignacio Pinazo y Rafael Uña, reputados médicos-
anestesistas, han tenido a bien relatarnos algunas de las curiosidades que el lenguaje
de su especialidad provoca en su trato con los pacientes.
Así, nos cuentan que, con respecto al estudio preanestésico, la gente suele usar lo
de “me van a hacer la prueba de la anestesia”, porque piensan que se trata de un estu-
dio de alergia mediante un pinchazo o algo así y no una valoración médica, pruebas
analíticas y rx de tórax como lo que realmente es.
Otra cosa graciosa, siguen diciendo, es lo de “echar la anestesia”. La gente piensa
que se expulsa vomitándola y no es más que un efecto secundario de ella que se puede
prevenir y tratar. Se escucha aquello de “Doctor, yo siempre echo la anestesia vomi-
tándola y no la orino”, cuando la retención urinaria también es un efecto secundario
de la anestesia realmente.
Además, dicen lo de “no me ponga mucha anestesia”, como si se administrara al
peso. O, si un familiar tuvo algún accidente en quirófano, dicen que “es que se pasaron
con la anestesia”, cuando el motivo del problema puede haber sido cualquier otro que
no tiene que ver con la dosis de anestesia administrada.
Al preoperatorio también le dicen postoperatorio, porque se hacen un lío tre-
mendo: “¿Cuándo me hacen o puedo recoger el postoperatorio?”. Anestesia total es
el término vulgar de anestesia general y, en vez de anestesista, nos apodan “el tío de la
anestesia”.
“Me hace gracia, relata el doctor Pinazo, que digan lo del “gota a gota”, en vez de un
suero intravenoso o intravenenoso como alguno dice. Una cosa muy buena que me
dijo un paciente en la consulta es que tenía el “helicóptero bactil” en vez del helicobac-
ter pilory del estómago.
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Y, en la línea que comentábamos más arriba, también crean –sin ser conscientes
de ello– neología por sincopación: “Nosotros empleamos muchas abreviaturas para
nombrar fármacos e instrumental: ‘sevo’, en vez de sevorane; ‘propo’, en vez de propo-
fol; ‘remi’, por remifentanilo; ‘bupi’, por bupivacaina; ‘mepi’, por mepivacaina; ‘laringo’,
por laringoscopio; ‘pulsi’ por, pulsioxímetro”. “Se dice, añaden nuestros interlocutores,
ponle el pulsi, prepara el laringo que le pongo el propo y, luego, sevo y remi, como
ejemplo de ahorro en el lenguaje. Y, si el enfermo tarda en despertar, decimos que se

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El lenguaje de la Medicina

nos ha pasado el arroz o, si el cirujano tarda mucho en operar, es que ‘nos ha cagado el
palomo’. Es una manera común de hablar entre nosotros”.
“Estas son, nos dice ahora el doctor Uña, algunas de las palabras con las que ‘sole-
mos asustar’ a nuestros pacientes en el preoperatorio. La mayoría hace referencia a
técnicas propias de la anestesia y otras a efectos adversos”:
t */56#"$*»/&/%053"26&"- DPMPDBSUVCPFOMBUSÈRVFBQBSBSFTQJ-
ración asistida)
t */%6$$*»/ FOUSBSFOFTUBEPBOFTUÏTJDP

t &%6$$*»/ TBMJSEFMFTUBEPBOFTUÏTJDP

t 7¶"7&/04"$&/53"- DBUÏUFSQBSBNFEJDBDJØOFOWÓBWFOPTBEFHSVFTP
calibre)
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dula espinal o raquídea)
t 3&41*3"$*»/.&$«/*$" SFTQJSBDJØOBSUJGJDJBM

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t 1"3&45&4*"4 IPSNJHVFPT

t 1&3*50/*5*4 JOGFDDJØO EFM QFSJUPOFP  BOUB×P MMBNBEP iDØMJDP NJTFSFSFw


porque, a quien lo padecía, al día siguiente se cantaba por él los misereres o
cantos de difuntos) .
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COMUNICACIÓN ENTRE EL PERSONAL SANITARIO Y
EL ENFERMO

Resumimos aquí unas interesantísimas páginas de Internet (http//iessuel.org/sa-


lud/comuni.hato) destinadas a profesionales de la salud y que reflejan de un modo
preciso cómo se debe abordar, desde todos los puntos de vista posibles, las relaciones
entre los profesionales del ámbito de la sanidad y el de los pacientes que, como se ha
señalado ad nauseam, es un estado del que todos, o la mayoría, tarde o temprano,
llegaremos a formar parte. Son páginas que recomendamos vivamente a todos por su
pertinencia en este lenguaje de la medicina que evite lo que los franceses llaman “las
palabras que hacen sufrir” y que, desafortunadamente, no solo están presentes en el
lenguaje de la sanidad, sino también en el administrativo, jurídico, económico, etc.
Es de toda lógica afirmar, se escribe al principio de estas líneas, que en la relación
entre el profesional sanitario y el paciente un aspecto clave lo constituyen los aspectos
comunicativos. La mejora, no solo del contenido de la información, sino también del
modo de transmitirla, entre el personal sanitario y el paciente es una condición indis-
pensable para el buen funcionamiento del sistema sanitario.
Un aspecto central de la comunicación entre el personal sanitario y el paciente,
se sigue afirmando en estas páginas, lo constituye la transmisión de información. Se-
gún se ha estimado en diversos estudios, el 80 % de las dificultades que surgen en
las consultas médicas son dificultades de transmisión de información. Los pacientes
muestran más insatisfacción con la información que reciben de los médicos que con
cualquier otro aspecto de la atención sanitaria.
La satisfacción del paciente es más probable cuando el médico descubre y tiene en
cuenta los intereses y las expectativas del paciente, cuando le comunica afecto e inte-
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rés por él, cuando le proporciona voluntariamente mucha información y le explica las
cosas en términos que él pueda entender. Los pacientes recordarán con más probabili-
dad la información médica cuando les sea presentada de una forma simple, específica
y en categorías explícitas y cuando haya sido repetida. Recordamos aquí, como hemos
hecho en otros foros, las palabras de una jurista que, aunque dichas para el ámbito
jurídico-administrativo, son perfectamente aplicables al mundo sanitario: “Para que
se nos obedezca, es imprescindible que se nos entienda”.

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Fernando Vilches - Ramón Sarmiento

Comunicación verbal entre el profesional sanitario y el enfermo

“El médico es el familiar de la muerte. Cuando llamamos a un médico, le pe-


dimos que nos cure y que alivie nuestro sufrimiento, pero, si no puede curarnos,
también le pedimos que sea testigo de nuestra muerte. El valor del testigo reside en
que ya vio morir a muchos otros […]. Es el intermediario viviente entre nosotros
y los innumerables muertos. Está con nosotros y estuvo con ellos, y el consuelo
difícil pero real que los muertos ofrecen por su intermedio es el de la fraternidad”
(J. Berger y J. A. Mohr, 1967, A fortunate man, Harmonds Worth, Allen Lane, The
Penguin Press: 68. [trad. esp. 2008, Un hombre afortunado, Madrid, Alfaguara]).

La Medicina cobra su sentido de ser en el diálogo médico-paciente. Obviamen-


te todo lo que se pueda hacer a continuación, utilizar los métodos diagnósticos más
apropiados y aplicar el tratamiento necesario resulta crucial, pero si desaparece esa
necesaria vinculación y comunicación entre el paciente que demanda ayuda y el mé-
dico que debe ofrecérsela, si desaparece la atención básica por la persona que sufre, la
Medicina deja de ser Medicina para convertirse en lo que Malherbe denominó una
“biotécnica para reparar organismos descompuestos”.
Muchas dificultades de esta comunicación se deben a que ambos utilizan diferen-
tes formas de hablar, es decir, por la insalvable variedad diastrática que hace imposible
que hablen un lenguaje parecido que les permita entenderse.
Hay que tener en cuenta, además, sigue diciendo esta interesante unidad didáctica,
los problemas originados por las dificultades que los pacientes tienen para recordar
los mensajes del médico, que sugieren una serie de métodos encaminados a aumentar
la probabilidad de recordar el material transmitido:
1. Reducción de la dificultad de los mensajes transmitidos a través de la simpli-
ficación y acortamiento de las frases. No es lo mismo que un médico le diga
a un paciente con escasa formación “padece usted una miocardiopatía cuya
etiología parece relacionada con un proceso degenerativo del nodo sinusal” que
le comunique esto otro: “padece usted del corazón, y ahora voy a tratar de ex-
plicarle exactamente en qué consiste su dolencia...”.
2. Presentación de la información ordenada y agrupada en categorías.
3. Formulación de las instrucciones en términos concretos y específicos, y no en
términos abstractos o generales. En el mundo de la comunicación, se prefiere
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una palabra corta a una larga, una concreta a otra abstracta y, si es posible, en
español mejor que en otra lengua. Como esto último es más un desideratum
que una realidad, todo aquel tecnicismo que se emplee en este ámbito debe ir
acompañado de la pertinente explicación.
Todo ello está estrechamente vinculado al aspecto persuasivo de la comunicación
ya que, para que un mensaje sea persuasivo, necesita ante todo ser fácil de compren-
der y fácil de recordar. Es decir, que el profesional sanitario ha de ponerse siempre en
lugar del receptor de la información (empatía) y pensar: qué le voy a decir; cuánto
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El lenguaje de la Medicina

sabe de lo que le voy a comunicar, y qué quiero que haga con la información que le es-
toy dando. Solo así podremos tener una cierta garantía de que las instrucciones que se
derivan de un diagnóstico pueden ser entendidas y seguidas por el paciente. El profe-
sional de la sanidad debe utilizar siempre ante el paciente la expresión “¿Me explico?”,
que es la misma que deberíamos utilizar todos los profesores con nuestros alumnos.
En esta estrecha relación que se produce en el centro de salud, sea cual sea la cate-
goría de este (ambulatorio, clínica, hospital) el médico tiende muchas veces a utilizar
el lenguaje que para él es cotidiano y que adquirió en la Facultad de Medicina y olvida
que no tiene enfrente a un colega que está como él habituado a este lenguaje lleno de
tecnolectos.
De nuevo recurrimos a nuestro buen amigo el doctor Uña, pues su especialidad
–anestesista– es con la que primero conectan los pacientes que van a ser intervenidos
quirúrgicamente: el ya precitado “preoperatorio”, absolutamente esencial en la prác-
tica quirúrgica y, una vez terminada la intervención, la mayoría pasa un tiempo en el
servicio de reanimación.
Y, con su habitual modestia, nos remite una serie de términos que “sin querer”, nos
dice textualmente, “se nos escapan cuando informamos a los familiares de los pacientes
ingresados en Reanimación”:

TECNICISMO TRADUCCIÓN
Agentes patógenos que originan y desarrollan enfermedades infec-
Microorganismos
ciosas
Sepsis Infección con afectación inflamatoria generalizada
Shock Cuadro de hipotensión e hipoperfusión
Peritonitis Inflamación del peritoneo
Colecistitis Inflamación de la vesícula biliar
Pancreatitis Inflamación del páncreas
Meningitis Inflamación de las meninges
Parámetros que hacen referencia a la tensión arterial y frecuencia
Hemodinámica
cardiaca
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Taquicardia Frecuencia cardiaca elevada (> de 100 L/min)


Bradicardia Frecuencia cardiaca baja
Pérdida del ritmo normal del corazón, llamado sinusal porque parte
Arritmia
del nodo sinusa
Fibrilación Contracciones desordenadas de las fibras cardíacas
Cardioversión Reversión eléctrica al ritmo sinusal de una arritmia cardíaca

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Disnea Sensación de hambre de aíre y oxígeno


Polipnea Respiración rápida y profunda
Taquipnea Respiración rápida (jadeo)
Roncus Ruido respiratorio similar al ronquido
Sibilancias Ruido respiratorio como un silbido o pito
Crepitantes Ruido respiratorio similar al que se produce cuando se anda por la nieve
Xialorrea Aumento de salivación
Hipoxemia Concentración de oxígeno en sangre baja
Hipoxia Concentración de oxígeno baja en los tejidos
Anoxia Ausencia de oxígeno en los tejidos
Cianosis Coloración azulada de mucosas
Neumotórax Presencia de aíre entre las 2 hojas pleurales
Oliguria Diuresis escasa
Anuria Diuresis < de 400 cc día
Edema Exceso de agua en tejidos que produce hinchazón
Uremia Urea en sangre
Producto procedente del metabolismo nitrogenado que se elimina
Urea
por el riñón
Tratamiento médico que consiste en eliminar artificialmente las sus-
Dialisis tancias nocivas o tóxicas de la sangre, especialmente las que quedan
retenidas a causa de una insuficiencia renal
Obnubilado Disminución del nivel de conciencia, pero con respuesta a la llamada
Estupuroso Disminución del nivel de conciencia, sin respuesta a la llamada
Encefalopatía Desorden en las funciones del encéfalo de múltiples causas
Trombopenia Diminución en el número de plaquetas
Anemia Disminución en el número de glóbulos rojos
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Poliglobulia Aumento de glóbulos rojos


Leucopenia Disminución de leucocitos
Leucocitosis Elevación del número de glóbulos blancos
Pancitopenia Situación de anemia + trombopenia
Coagulopatía Desorden de la coagulación
Hemostasia Conjunto de mecanismos para evitar el sangrado

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Comunicación no-verbal entre el profesional sanitario y el enfermo

Ya nadie duda de la importancia de las señales no verbales para todo proceso de


interacción o comunicación, o ambos a la vez. La Medicina, a lo largo de su historia,
ha prestado una cuidadosa atención a la observación, a la hora de hacer un buen diag-
nóstico, subrayando la importancia de las señales no verbales, con frecuencia muy
sutiles. Y esta afirmación que recoge este interesante texto que estamos resumiendo
parece que se olvida con frecuencia, sobre todo en la medicina ambulatoria de nuestro
país.
La comunicación no verbal supone la captación de aquellas señales sutiles que
completan e ilustran aspectos de la interacción verbal y a menudo proporcionan men-
sajes y expresan sentimientos que no están sujetos al análisis directo consciente de
quienes interactúan. Son actos comunicativos que pueden ser incluso más importan-
tes que la propia expresión verbal.
Dado que la comunicación verbal entre el médico y el paciente es con frecuencia
incompleta o defectuosa o ambas a la vez, incluso a veces totalmente inexistente, la
comunicación no verbal cobra aún mucha más relevancia. Era la base de actuación de
los viejos médicos rurales de hace más de medio siglo, que suplían la falta de medios
técnicos con los mensajes no verbales que les transmitían los enfermos.
Es importante, sigue diciendo esta unidad didáctica, la comunicación en el campo
de la salud principalmente a dos niveles:
A) Sensibilidad:
t -BFOGFSNFEBEDSFBFOFMQBDJFOUFVOFTUBEPEFGVFSUFBOTJFEBERVFFYUSFNB
su sensibilidad.
t &OFMFKFSDJDJPEFMBNFEJDJOBPEFMBFOGFSNFSÓB TFQMBOUFBOOVNFSPTBTTJUVB-
ciones en que se da un ocultamiento de la información al paciente.
t -PTQBDJFOUFTTPOFTQFDJBMNFOUFQSPQFOTPTBPCUFOFSJOGPSNBDJØOFOMBRVF
basar sus expectativas a través de indicios no verbales. Ahora, además, con
Internet, son muchos (más de los que pensamos) los que se adentran en la
Red para buscar esta información que, por no estar a veces suficientemente
contrastada, o por carecer del rigor científico mínimo, suele ser más contra-
producente que beneficiosa.
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t -PT QBDJFOUFT PCTFSWBO MBT BDDJPOFT OP WFSCBMFT EF RVJFOFT MPT BUJFOEFO Z
deciden si son respetados, si se espera que mejoren, si resultan repugnantes,
desvalorizados o intratables.
B) Expresividad
t &MQBDJFOUFTVFMFFTUBSNVZBTVTUBEPEVSBOUFMBFTUBODJBFOVOIPTQJUBMPEV-
rante la exploración del especialista, sobre todo si presiente que nada bueno le
está pasando. Este miedo, que no se suele experimentar en grado tan preciso

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en la vida cotidiana, permite al profesional sanitario disponer de una gran


información adicional por la vía no verbal.
t &OMPTDBTPTFYUSFNPTFOMPTRVFFMTJTUFNBEFFYQSFTJØOWFSCBMEFMQBDJFOUF
se ve afectado por la enfermedad hasta quedar anulado, el sistema de comu-
nicación no verbal se convierte no solo en la principal, sino en la única vía de
comunicación entre el paciente y su entorno.
t -PTJOWFTUJHBEPSFTFO1TJDPMPHÓBTFFTUÈOEBOEPDVFOUBEFMBJNQPSUBODJBRVF
posee la interacción directa, cara a cara, entre el médico / el personal de en-
fermería / y el paciente, y lo central que son los aspectos de comunicación
no verbal en tal interacción. Y dejamos muy claro este triángulo relacional,
porque el profesional sanitario de la enfermería suele pasar más horas con el
enfermo que el médico y se convierte, así, en la idónea correa de transmisión
de esa información no verbal.
En estas páginas se afirma, además, que existen ya una serie de datos comproba-
dos empíricamente, entre los que se destacan los siguientes:
a) El contacto físico: la principal de las conductas no verbales en la profesión
sanitaria, sobre todo, volvemos a insistir, en la enfermería.
b) La mirada: uno de los elementos que más información aporta, si se sabe inter-
pretar adecuadamente. La expresión facial y gestual: sobre todo la expresión
del dolor a través de gestos de la cara.
c) La voz: puede alertar de que quien habla pretende engañar u ocultar informa-
ción (vale tanto para el profesional sanitario como para el paciente).
d) Olfato: el olor es más importante en el mundo animal que en el humano, ex-
cepto en el campo médico. Muchos de los ‘olores hospitalarios’ tanto de profe-
sionales como de pacientes suscitan fuertes sentimientos negativos.
e) Señales no verbales del engaño y del ocultamiento: importantísimas tanto
para el profesional como para el paciente.
f) Por último, se señala la importancia de otras señales no verbales: gestos, pos-
turas del cuerpo, lágrimas...
Y se hace, desde estas mismas páginas, una advertencia sobre la coherencia de la
relación entre los dos tipos de comunicación: un mensaje positivo acompañado de
una señal no verbal negativa se traduce en una impresión de falta de sinceridad y pue-
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de echar abajo toda la comunicación entre el paciente y quienes lo atienden y, mucho


peor todavía, la necesaria confianza que el enfermo debe depositar en su médico para
que siga ciegamente todo aquello que este le paute.

Comunicación escrita: accesibilidad

Los profesionales de la salud redactan muchísimos informes escritos tanto para


sus pacientes como para otros colegas o para el personal de enfermería y auxiliares.
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Y, si la comunicación verbal puede tener problemas, el nivel de comprensión escrita


de muchas de las personas que acuden a hospitales y ambulatorios es muy limitado.
Aquí, el profesional debe ser todavía mucho más cuidadoso con su comunicación.

Redactar con corrección no es suficiente

A pesar de los esfuerzos por mejorar la relación entre los profesionales de la sani-
dad y los ciudadanos en los últimos años, las críticas siguen siendo graves, compren-
sibles y justificadas. No es fácil redactar bien. El aprendizaje de la gramática y de la
ortografía permiten al redactor escribir con corrección, pero esto no basta para que
el mensaje sea legible. Tampoco es cuestión de simplificar y hacer pasar un mensaje
que sea bien retenido y comprendido por el destinatario.

Escribir de manera legible

Para escribir de manera legible, es necesario conocer los mecanismos que deter-
minan la buena percepción del mensaje y adaptar su redacción a las exigencias de una
recepción más fácil. No existe una receta para lograrlo, sino criterios objetivos y preci-
sos que hemos de tener en cuenta a la hora de la redacción. Son las reglas psicológicas
de la legibilidad.

Reglas psicológicas de la legibilidad

Forman parte de una disciplina que denominamos la psicolingüística. Están ba-


sadas en el estudio de las condiciones más favorables para una lectura fácil. Nacieron
de las observaciones, pruebas y verificaciones realizadas por psicólogos de los EE.UU.
en los años cuarenta del siglo pasado. Hoy contamos con más aportaciones, las de
franceses, españoles, etc. Las últimas investigaciones sobre la legibilidad tipográfica
desde la llegada de las TIC han propiciado que lo visual ocupe un lugar relevante. Las
investigaciones tradicionales sobre legibilidad se centraban en aspectos más forma-
les: longitud y familiaridad de las palabras, complejidad de las oraciones.

Legibilidad

En inglés, se utiliza legible (leíble) para indicar la legibilidad material o tipográfica


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de un texto y legibility (legibilidad) para indicar la dimensión intelectual y psicológica


del proceso de comprensión del texto leído. En lingüística, Fernbach (1990) entiende
que la legibilidad son las características que presenta un texto para ser leído con rapi-
dez, para ser comprendido con facilidad y para ser bien memorizado. En consecuen-
cia, la legibilidad se puede definir como “las características que ha de poseer un texto
para ser comprendido”. Implica que el lector tiene que reconocer en el texto las señales
que permiten su comprensión.

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Fundamentos de las reglas de legibilidad

Los trabajos de los norteamericanos descansan sobre la observación e interpreta-


ción de la manera en cómo funciona la memoria. La memoria funciona en dos nive-
les: memoria a corto plazo o inmediata y memoria mediata, a largo plazo. Cuando un
lector lee, la memoria a corto plazo registra el sentido del mensaje, pero es una memo-
ria limitada en la duración y en la capacidad.

La memoria inmediata

Su duración varía de 8 a 20 segundos; después, la información se pierde. Durante


estos segundos, registra de 15 a 30 palabras según el nivel de cultura y facultades del
lector. El lector comprende lo que lee por bloques de palabras de una longitud más
o menos grande. Esto es lo que los investigadores denominan memoria retentiva. Si
excede en la longitud, no puede ser retenida la información y tiene que volver a leer el
texto originando la regresión.

Características de la legibilidad

La oración tiene que estar construida por sujeto, verbo y complementos, el espacio
que va de 8 a 20 segundos para que la memoria inmediata retenga la información. El
principio de funcionamiento de la memoria a corto plato es el que permite formular
la primera regla de legibilidad: las oraciones deben ser cortas y tienen que estar bien
construidas. Una vez percibido el mensaje, se almacena en la memoria a largo plazo
para formar parte de nuestros conocimientos.
La memoria a largo plazo permite retener las informaciones durante 24 horas por
si vienen nuevas informaciones a completarlas o modificarlas. La memoria a largo
plazo funciona sin que se preste atención mientras se lee algo relevante que pertenece
al dominio común de los conocimientos. Esto permite establecer la segunda regla de
legibilidad: el lenguaje debe ser simple y preciso sobre todo si no se conoce el nivel de
conocimientos del lector.
Para mejorar la redacción, los mecanismos descritos revelan que la longitud de la
oración constituye un problema o defecto hoy para el lenguaje de la medicina: 1. Las
oraciones dirigidas a un público entendido no deben pasar de 20 a 25 palabras. 2. Las
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oraciones dirigidas a un gran público no entendido deben ser más cortas y no pasar
de 12 a 17 palabras. 3. Las oraciones dirigidas a un público no familiarizado deben ser
todavía más cortas y no pasar de 8 a 10 palabras.

Las cinco reglas de legibilidad

El conocimiento de las reglas de funcionamiento de nuestra memoria nos permite


establecer cinco reglas para redactar oraciones fáciles de leer:

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