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LA NACION | SOCIEDAD | PANAMA PAPERS

Marina Walker: "Cambiar algo en la
sociedad es el imperativo moral del
periodismo investigativo"

Es mendocina y directora adjunta del consorcio internacional de periodistas de investigación que
sacó a la luz los Panamá Papers; subraya la importancia de ejercer el contralor del poder y aún
sueña con que su oficio sea una herramienta para cambiar el mundo Fuente: LA NACION - Crédito:
Ricardo Pristupluk

Hugo Alconada Mon
26 de junio de 2018

Del diario Los Andes de Mendoza a la cumbre del organismo que develó losPanamá Papers
e hizo temblar a jefes de Estado y funcionarios de gobierno. Marina Walker es mendocina y
vicepresidenta del Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación. Aquí cuenta
detalles del método con que 376 periodistas de todo el mundo logran acceder diariamente
a documentos confidenciales que mantienen en vilo al poder.

P -¿Por qué hacés esto?

R -Me mueve el periodismo como contralor del poder. Desde pequeña siempre me sublevó
el abuso de poder y el periodismo me dio una plataforma para poder hacer esas preguntas
que el común de la gente no puede hacer. Un poco la tradición del periodismo
norteamericano es el periodismo que aflige al poderoso y consuela al afligido.

P -¿Cómo es tu currículum?

R -Empecé en Mendoza, en la universidad pública, donde aprendí a pensar críticamente,
pero no a hacer periodismo, porque mucha práctica no había. Aprendí a hacer periodismo
en la calle, en el diario Los Andes, siempre con temas de profundidad, porque no era muy
buena en la diaria. Era lenta, siempre quería hacer 20 entrevistas. Al principio no tenía
metodología. No había ley de acceso a la información pública; de hecho, se acaba de
aprobar en Mendoza. No sabía cómo acceder a los datos públicos ni a la metodología, así
que iba aprendiendo a los golpes.

P -Y luego te fuiste a Estados Unidos, primero a estudiar?

R -Descubrí que esas herramientas estaban en Estados Unidos, con esa tradición
maravillosa del periodismo de investigación. Apliqué a una beca que me permitía trabajar
por seis meses en un diario.

P -¿Cuál te tocó?

R -El Philadelphia Inquirer...

P -Ganador de un Pulitzer?

R -Era uno de esos diarios intermedios, con una lindísima tradición investigativa. Me fui
con mi inglés -bueno, pero no buenísimo- y volví en 2001, en pleno corralito. Decidí luego
ir a estudiar a la Universidad de Missouri, la escuela de periodismo más antigua de los
Estados Unidos y la cuna del periodismo de investigación... Estudié durante dos años
"periodismo asistido por computadoras": usar grandes bases de datos para investigar.
Estudié el método, su aplicación, hice mis primeros pedidos de acceso a la información y
mi primera investigación transnacional. Me pedían que hiciera una tesis. Los convencí de
que me dejaran investigar una empresa productora de plomo en Missouri, que había
trasladado parte de sus operaciones a La Oroya, un poblado de los Andes peruanos. Allí se
había hecho un estudio sobre la incidencia del plomo en los niños, que daba que el 99%
estaban intoxicados.

P -Eso lo leíste en el Columbia Missouri...

R -Y empecé a investigar. Imaginaba que habría investigaciones al respecto, pero no. Había
muchas investigaciones sobre lo que la empresa había hecho en Estados Unidos, pero nada
de lo ocurrido en Perú. Me fui a vivir dos semanas a La Oroya y publiqué la primera
investigación sobre cómo la empresa había trasladado sus operaciones sucias a los Andes
peruanos.
P -Casi la precuela del Consorcio Internacional de Periodistas de
Investigación. Ahora vos sos...

R -La vicedirectora.

P -¿Qué es el consorcio?

R -Es una red de periodistas de investigación que trabajan en más de 80 países. Eran los
llamados "lobos esteparios" o "llaneros solitarios", investigando solos en sus lugares.
Chuck Lewis los descubrió y advirtió que estaban investigando las mismas empresas, los
mismos crímenes, las mismas personalidades, pero nadie compartía nada, nos perdíamos
el 80% de la historia por mirar el tema desde las perspectivas nacionales. Nos reunió a
todos, en una época en la que casi no existía el mail, 1997. Los "llaneros solitarios" bajaron
a las universidades, empezaron a compartir ideas, documentos, información.

P -Lewis es un periodista norteamericano muy reconocido, hoy está
semirretirado en la American University. No era ejecutivo ni funcionario, sino
periodista.

R -Él se cansó mucho de las presiones comerciales de la TV. Trabajaba en 60 Minutes,
vislumbró esto y empezó a trabajar por un espacio sin fines de lucro donde se pudiera
investigar todo, sin ningún tipo de presión y más allá de las fronteras.

P -El Consorcio es conocido por su investigación de los Panamá Papers. ¿De
qué se trata?

R -Los Panamá Papers fueron la revelación más grande que se haya hecho hasta el
momento sobre los paraísos fiscales. La gente se los imaginará como islitas, pero algunos
no lo son; uno puede crearse una empresa y nunca nadie va a saber que esa persona tiene
una firma en las Islas Vírgenes Británicas, donde puede tener además una cuenta bancaria
con depósitos de dinero proveniente del narcotráfico, el tráfico de personas, etcétera. Son
espacios sin leyes, de secretismo absoluto, que están más integrados a la economía, tal cual
la conocemos, más de lo que creíamos. Los Panamá Papers son una ventana a ese mundo
secreto.

P -Esto salió a la luz pública en abril de 2016. ¿Qué implicó?

R -Se trató de una filtración masiva; fuentes anónimas filtraron más de 11 millones de
documentos al diario alemán Süddeutsche Zeitung, y estos periodistas alemanes, que eran
parte del Consorcio, empezaron a ver la información y se encontraron con datos de
políticos, empresarios y líderes de más de 200 países. Entendieron que la única manera de
hacerle justicia a esa información y sacar a la luz las historias era convocar a la mayor
cantidad de periodistas a través del Consorcio y que ellos, conociendo cada país,
desentrañaran las historias de interés público.
P -Once millones de documentos fue el punto de partida?

R -La gente se preguntará si acaso los 376 periodistas vieron uno por uno los 11 millones de
documentos. Pues no. Los Panamá Papers fueron un poco el triunfo de la tecnología al
servicio del periodismo; nos apropiamos de tecnologías abiertas (no teníamos el dinero
para utilizar, por ejemplo, las tecnologías que tienen los bancos), adaptadas a nuestras
necesidades y armar, básicamente, buscadores al estilo Google para que cada periodista
pudiera poner el nombre de los empresarios, funcionarios, familiares de políticos,
criminales, testaferros, etcétera, para encontrar en esa maraña el documento que revelaba
la coima, el encubrimiento, el ocultamiento.

P -Había una suerte de Facebook encriptado. ¿Qué teníamos que hacer allí?

R -Compartir. El fundamento del consorcio es compartir, y en tiempo real si fuera
necesario. Cuando se encuentra a Messi, en ese mismo momento se comparte de manera
inmediata. No esperamos a que en tres meses lo encuentren los españoles, es decir, para
poder empezar la investigación. Había una causa judicial en Madrid, y entonces
inmediatamente los colegas comparten esa información, los documentos judiciales, que le
dan contexto sobre esta figura internacional que es Messi... Muchas veces los periodistas
tenemos el gran desafío de obtener documentos; en este caso, ya los teníamos, el problema
principal era cómo organizar la información, y este es el problema que vamos a tener desde
ahora para siempre. Estas filtraciones masivas ya se han transformado en moneda
corriente. Debemos estar preparados para recibirlas de manera segura, proteger a las
fuentes. Tardamos un año en investigar los Panamá Papers; tal vez, con más información y
mejor protegidos, con mejores técnicas, podríamos tardar tres meses. Eso, si acaso
utilizamos -algo que no hicimos con los Panamá Papers- técnicas de inteligencia artificial.
Es decir, enseñarle a la computadora a que detecte patrones de lavado de dinero...

P -En cuanto al proceso de selección, nosotros en el diario recibimos tips,
alertas, datos de distintos casos, y estamos todo el día descartando en qué no
vale la pena esforzarse...

R -Al 90% de las historias que nos proponen contar les decimos que no. Nuestra mayor
decisión pasa por decidir a qué decirle no. Uno puede pensar que los Panamá Papers fue el
mayor caso de éxito del Consorcio, pero esto de la filtración es muy nuevo. La mayoría de
las investigaciones tuvieron que ver con data pura y pública, que existía, y nos
preguntamos tres cosas para ver si las tomamos. Primero, nos interesan los temas globales;
somos un consorcio internacional, queremos cambiar el mundo y lo tenemos claro. Lo
segundo, esto es un problema sistémico y los sistemas están para proteger a la gente, como
el sistema de salud o el judicial. Nos preguntamos: ¿estos sistemas están funcionando?
Entonces, no debemos irnos por lo episódico.

P -¿El tercer punto?

R -Considerar si alcanzaremos un resultado. No queremos hacer historias por vanidad,
porque queremos una maravillosa crónica. ¿Qué puede cambiar? Hay un imperativo moral
en el periodismo de investigación: queremos cambiar algo en la sociedad, queremos
publicar de manera tan contundente que no les quede otra cosa que cambiar eso.

P -¿Ocurrió con los Panamá Papers?

R -Sí. Hubo renuncias de presidentes y primeros ministros. Pero hace dos semanas quizás
ocurrió el cambio más sistémico: el Reino Unido ordenó a sus territorios, muchas islas que
hacen de paraísos fiscales, que creen registros públicos de quiénes son los dueños de esas
empresas fantasma que investigamos. Es el cambio más radical en los últimos 100 años.

P -¿Cuántos empezamos con los Panamá Papers?

R -Al comienzo, unos 50; al tiempo, unos 100. Cuando nos quisimos acordar, meses antes
de la publicación, éramos 300. Terminamos publicando 376, y hoy más de 500 periodistas
de todo el mundo tienen acceso a los Panamá Papers, que es una investigación viva, porque
las historias se siguen publicando semana tras semana.

P -¿El número de periodistas involucrados? Por favor, repetilo...

R -Quinientos periodistas en más de 90 países, y son cerca de 120 medios de
comunicación.

P -Con distintos husos horarios, distintas regiones y hemisferios.

R -Son distintos en todo: distintas tradiciones periodísticas, plataformas, estilos, etcétera.
Hay desde pequeños sitios digitales hasta la BBC.

P -¿Cuál fue el aprendizaje en grupos tan amplios y diversos?

R -Ante todo, elegir bien. Tenemos una relación personal con cada periodista. Desde
Burkina Faso hasta China y Chile. No solo elegimos al gran periodista, sino a buenas
personas, buscando la inteligencia emocional de los periodistas. Tenemos un perfil
psicológico de periodistas que pueden ser parte o no de algo como los Panamá Papers.

P -¿Cómo manejás el estrés?

R -Con los Panamá Papers no había tiempo para pensar en eso. Días antes de publicar, mi
jefe me decía que iba a quedarse a dormir y a taparse con las cartas con demandas legales
que habían llegado. Había que resolver, y lo importante, solidificar las historias. No nos
podíamos equivocar e identificar a una persona con una cuenta en un paraíso fiscal que en
realidad terminara siendo un homónimo. Teníamos una responsabilidad histórica.
P -¿Presiones?

R -La más frecuente es el acoso judicial. Había firmas de abogados que nos enviaban pasos
a seguir para destruir la información. Y querían que les enviáramos evidencias de que
habíamos destruido la información. Había presiones advirtiéndonos que iban a ir a
sistemas legales muy duros, como el del Reino Unido, donde podés frenar la publicación
con una injuction. Y después había amenazas a periodistas en lugares difíciles, como Níger
o Rusia. Evaluamos cómo ayudarlos a salir del país apenas publicaran.

P -¿En qué consiste el derecho a réplica o defensa?

R -El derecho a réplica es una de las partes más importantes del proceso investigativo.
Uno, que ha pasado meses investigando a esa persona, va a buscarla para darle la
oportunidad de hacer un comentario o de explicarse a sí misma. Imagínense que teníamos
un año de escudriñar las cuentas y la vida privadas de una persona pública y yo no la puedo
sorprender el mismo día en que publico. Queremos hacer un periodismo que sea
equilibrado y justo. No creo que ya casi nadie diga "periodismo objetivo", pero queremos
un periodismo equilibrado y justo, hay que juntarse con la persona y darle la oportunidad
de descarga. Nosotros les damos hasta seis semanas a algunas personas, porque los temas
son tan complejos...

P -Y también le das la oportunidad de que exponga lo que quiera exponer,
aunque también está la posibilidad de que te corte el teléfono y se terminó. O
te puede decir: "Sí, venga que le quiero explicar". Ese es un eje, y luego está el
eje de la confidencialidad, que puede parecer contrario, porque corrés riesgo
de perder una primicia o de caer en una filtración, y en ese eje tenés que
moverte... ¿cómo lidian con sistemas tan contrapuestos?

R -Lo estamos ajustando; tuvimos esas seis semanas de tiempo, pero hubo poca filtración.
Sí hubo mucha presión judicial. En cambio, con los Paradise Papers, que fue la secuela, ya
sabían y habían entendido el modelo. Sabían que se venía la publicación simultánea
masiva; entonces, empezaron a contratar empresas de RR.PP. e iban a medios amigos para
filtrar parte de la información con la "vuelta" que la persona afectada quería darle.

P -Y aun así la decisión del Consorcio fue mantenernos en nuestra línea,
mantener la fecha indicada de publicación. Estas son las consecuencias; si
alguno quiere operar, que opere...

R -Exacto. Tenemos pocas reglas, pero esa es casi inquebrantable. Tiene que ser una
situación de vida o muerte para que rompamos esa regla, porque en el minuto en que la
rompemos o hacemos una excepción para que no nos roben la primicia abrimos una gran
compuerta. Además, podemos poner en riesgo a periodistas o fuentes.

P -Mantener una fecha es una cuestión metodológica para proteger a
periodistas en zonas de riesgo, que necesitan marcharse de esos países para
empezar a publicar... ¿Cómo es eso?
R -También sucede con periodistas que, a partir de cierta fecha, tienen que empezar a
cambiar la ruta por donde circulan para evitar ser interceptados; hay televisoras que tienen
documentales o programas preestablecidos, pautados. No se puede cambiar la fecha. Es
una de las decisiones más importantes.

P -¿Alguien no ha respetado el embargo periodístico?

R -No. En el Consorcio hay una especie de lealtad entre periodistas que saben que no
quieren ser quienes arruinen la investigación que están haciendo los otros 375; no quieren
arruinar una fuente y quedar por fuera en la próxima colaboración. Saben que deben
cuidar esa lealtad como la confidencialidad. Yo no le hablo ni a mi marido de esto. Esto fue
también sorprendente: ninguno de los 375 dejó de guardar el secreto en más de un año.

P -¿Algún intento de hackeo?

R -Tenemos sistemas que monitorean nuestros servidores las 24 horas y que nos envían
alertas cuando se intenta scrappear la información. Tomamos el riesgo controlado de usar
internet, de compartir masivamente. Y tenemos la responsabilidad de proteger esa data
para siempre. Ese corpus de documentos ya es de más de 30 millones de documentos.

P -¿Hay intentos de hackeo individuales?

R -No hemos podido comprobar que fueran de un gobierno o de algo más sistémico.

P -¿Errores cometidos?

R - Cuando convocamos periodistas solamente por la trayectoria, sin mirar la totalidad de
las personas. Eso lo corregimos en los Panamá Papers.

P -¿El mayor logro?

R -Haber logrado sacar a los "llaneros solitarios" de sus cuevas y ponerlos a trabajar juntos
fue cambiar la manera de hacer periodismo de investigación. Y, en definitiva, quien gana es
el lector, porque las historias son mejores y las revelaciones, más sólidas. Así podemos
ejercer de manera solidaria, colectiva y contundente esta forma de pedirle que rinda
cuentas al poder.
Tres claves del método para investigar

1 Confidencialidad hasta última hora

La publicación de los resultados de cada investigación del colectivo periodístico se realiza
el mismo día en todo el mundo. Walker señala que es crucial no alterar esa fecha y,
también, asegurar la confidencialidad en el manejo de información que resulta muy
sensible. Cualquier filtración, por pequeña que parezca, puede echar por tierra el trabajo
de meses de casi 400 periodistas.

2 Buscar resultados concretos

Walker señala que los periodistas de investigación no deben dejarse llevar por la vanidad.
Entre las cosas que se analizan antes y durante la pesquisa está la factibilidad. "Hay un
imperativo moral en el periodismo de investigación -advierte-: queremos cambiar algo en
la sociedad, queremos publicar de manera tan contundente que no les quede otra que
cambiar eso".

3 El valor del equilibrio

Marina Walker descree de lo que llama "el periodismo objetivo". Pero siempre hay que ser
equilibrado en el manejo de la información. Algo esencial es conceder el derecho a réplica,
dice, ofrecerle a la persona implicada la posibilidad de "explicarse a sí misma". "Queremos
hacer un periodismo equilibrado y justo", sintetiza.

Por: Hugo Alconada Mon

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