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La filosofía moderna (S.

XVII - XVIII)

constituye un nuevo modo de hacer filosofía, distinto del que se desarrolló en la


filosofía antigua y, sobretodo, en la medieval. Es indiscutible su novedad, pero ello
no puede ser entendido en el sentido de una ruptura radical, sino más bien como
una continuidad. Una continuidad que va permitiendo el surgimiento de un nuevo
modo de enfrentar la realidad y, por tanto, una nueva manera de comprenderla.

Se puede mencionar dos factores básicos que explican su desarrollo, uno de corte
filosófico y otro de carácter histórico social:

- La decadencia del pensamiento escolástico medieval, así como la constitución y


consolidación progresiva de las ciencias (Copérnico, Galileo, Kepler, Newton, etc).

- La crisis, expresada por ejemplo en la Guerra de los Cien Años, produce una
desazón con respecto a los fundamentos religiosos de la iglesia y,
consecuentemente, sus fundamentos metafísicos empiezan a ser cuestionados y
refutados.

Todo esto se enmarca dentro del sistema capitalista de producción, base


económico - social de la cultura moderna, y por ende, de la filosofía moderna.

CARACTERÍSTICAS:

- Autonomía de la razón y la experiencia, frente a la fe y al dogma.


- Secularización y laicicismo, así como individualismo.
- El conocimiento y el método correcto de conocimiento como temas
fundamentales.

I. FILOSOFÍA DEL S. XVII O BARROCO

1. El Racionalismo: Se caracterizará por la afirmación de que la certeza del


conocimiento procede de la razón, lo que va asociado a la afirmación de la
existencia de ideas innatas. Ello supondrá la desvalorización del conocimiento
sensible, en el que no se podrá fundamentar el saber, quedando la razón como
única fuente de conocimiento; paralelamente, los modelos matemáticos del
conocimiento (en la medida en que las matemáticas no dependen de la
experiencia) se ven revalorizados. El racionalismo afirmará la intuición intelectual
de ideas y principios evidentes, a partir de las cuales comenzará la deducción del
saber, del mismo modo que todo el cuerpo de las matemáticas se deduce a partir
de unos primeros principios evidentes e indemostrables. La relación de estas
ideas con la realidad extramental será afirmada dogmáticamente, lo que planteará
no pocos problemas a los racionalistas. Todo ello conduce al racionalismo al ideal
de una ciencia universal, aspiración de la que la filosofía cartesiana es buena
exponente.
A. René Descartes (1596 - 1650). Procurando superar las dificultades por las que
atravesaba la Filosofía con la decadencia del método escolástico y el predominio
del escepticismo, buscó dotarla de un método y unas bases sólidas. Esto lo lleva a
ser considerado como fundador de la filosofía moderna y representante fundamental
de la Racionalismo moderno. Con el fin de superar el escepticismo y rechazando la
filosofía escolástica aristotélica, Descartes se preguntó qué es aquello que podemos
conocer con certeza, aquello de lo que no podemos dudar. Entendiendo que el único
modo de salir de la duda es llevándola al extremo, la utilizó como método para
alcanzar una certeza, a partir de la cual se pudiese reconstruir el edificio de la verdad
(duda metódica). Y esa primera verdad "clara y distinta" es: "Pienso, luego existo".

Descartes afirmó que existen dos sustancias fundamentales: la sustancia


extensa (materia) y la sustancia pensante. Siendo el hombre donde ambas se unen
e interactúan. Obras: Discurso del Método, Meditaciones Metafísicas.

B. Wilhelm Leibnitz (1646 - 1716). Continuador de la filosofía de Descartes,


propone que hay dos tipos de verdades: las verdades de razón y las verdades de
hecho. En oposición a Locke, afirma que "nada hay en el entendimiento que no haya
estado antes en los sentidos o en el propio entendimiento". Establece, por otro lado,
que el mundo está compuesto de "mónadas", las cuales no se influyen o interactúan
entre sí, sino que actúan de manera independiente y sin comunicación. En esa línea,
postula la teoría de la armonía preestablecida. Obras: Nuevos ensayos sobre el
entendimiento humano, Monadología.

C. Baruch Espinoza (1632 - 1677). Permaneció en el marco del racionalismo.


Propuso que todo es Dios. Distinguió tres formas del conocimiento.

a. Sensible: Representación confusa de la realidad.


b. El Racional: De grado superior al anterior, capaz de conocer los modos infinitos
del movimiento y del reposo, los atributos de extensión y pensamiento.
c. La intuición: Que nos da verdades en forma directa, de cuyas acciones se
deducen todas las conclusiones.

2. El Empirismo Inglés: La filosofía llevó a cabo una saludable autocrítica de la


razón, delimitó sus límites y restringió sus posibilidades, asentándose en el ámbito
de la sola experiencia, lo cual está ligado al cuestionamiento y rechazo de la doctrina
racionalista de las ideas innatas.

El empirismo es una corriente filosófica opuesta al racionalismo que surge en


Inglaterra en el siglo XVII y que se extiende durante el siglo XVIII y cuyos máximos
representantes son J. Locke, J. Berkeley y D. Hume. (Se suele incluir también en
este movimiento a T. Hobbes, aunque con cierta reservas). Recibió un fuerte influjo
de parte de las ciencias naturales o empíricas.

Las primeras manifestaciones del Empirismo moderno estarían expresadas en


la obra de Bacon, Novum Organum, quien rechazando el método aristotélico-
escolástico de la deducción silogística, se ubica en favor de procedimiento inductivo-
experimental.
Las numerosas disputas que protagonizaron ambas corrientes se debían
fundamentalmente al desprecio racionalista de la experiencia como fuente de
conocimiento frente al papel predominante que le otorgaron los empiristas.

A. John Locke (1632 - 1704) Es considerado como el fundador del empirismo, la


doctrina que postula que todo el conocimiento se deriva de la experiencia. Por
consiguiente, se opone radicalmente a Platón, a los filósofos escolásticos y sobre
todo a Descartes, al afirmar que no existen ideas o principios generales intuitivos o
a priori. Nuestras ideas provienen de dos fuentes distintas, las sensaciones y la
percepción de la operación de nuestra mente. Si sólo somos capaces de pensar con
nuestras ideas, y todas las ideas provienen de la experiencia, es evidente que
ninguna parte del conocimiento antecede a la experiencia. Pero una vez recibidas
las sensaciones, la mente hace muchas cosas más con ellas que simplemente
registrarlas: las analiza, las compara, las combina para formar ideas más complejas,
las integra para construir conceptos más elaborados. Pero de todos modos, la
percepción es el primer paso en el conocimiento. Obras: Ensayo sobre el
entendimiento humano.

B. George Berkeley (1865 - 1753) Para los empiristas, el conocimiento está


restringido a la experiencia fundamentalmente sensible, Berkeley dio el siguiente
paso y afirmó categóricamente que ser es ser percibido, o sea que lo único que
posee existencia real es el mundo de las sensaciones, mientras que la realidad
externa no sólo no puede percibirse sino que además no existe. La materia (es decir,
lo que existe en sí mismo al margen de la conciencia) no existe. Las cosas existen
en la medida que son captadas por la conciencia, son tan solo un conjunto de ideas.
Esto es lo que se ha denominado Idealismo Subjetivo, Inmaterialismo. Obras:
Principios del conocimiento humano.

C. David Hume (1711 - 1776) Considera que la "realidad" no es más que


"impresiones". Si existe o no el mundo objetivo es para el un problema insoluble
(agnosticismo). Cuestiona lo que señala como falsas ideas (por ejemplo las ideas
de sustancia y de causalidad). Obras: Investigación sobre el entendimiento
humano".

II. FILOSOFÍA DEL S. XVIII O SIGLO DE LAS LUCES

La Ilustración: El siglo XVIII ha sido llamado el Siglo de las Luces, Iluminismo,


Ilustración (Aufklarung, en alemán; Enlightment, en inglés) indicándose así su
oposición a los "siglos de tinieblas" y "oscurantismo" representados por el mundo
cultural y el pensamiento de las escolástica medieval. Diderot, un ilustrado,
señalaba: "El nuestro es el siglo del pensar, es decir, el siglo de la razón".

El movimiento histórico cultural de la Ilustración es el remate más articulado y


orgánico, más divulgador y proselitista, militante, del iniciado por el Renacimiento.
Los ilustrados combaten a la Iglesia en un intento por controlar y dirigir la cultura y
el pensamiento. Buscaron elevar la existencia cotidiana y la cultura popular a un
nivel acorde con los nuevos conocimientos, así como configurar las costumbres
morales, jurídicas y políticas en torno a las nuevas ideas científicas. Tres serán los
países que desarrollan este proceso de Iluminismo: Inglaterra, Francia y Alemania.
CARACTERÍSTICAS:
- Autonomía del pensamiento y las manifestaciones culturales.
- Cientificismo en la comprensión del mundo y la vida; se desarrolla una visión
mecanicista del mundo y la naturaleza.
- Anticlericalismo, anticatolicismo, en favor, si no del ateísmo, del Deísmo, una
religión racional y natural, una forma de religiosidad sin dogmas ni revelación ni
milagros.
- Liberalismo en cuanto a las esferas de la sociedad y lo político.
- Antropocentrismo y Humanismo.
- Progresismo y Optimismo frente al porvenir de la humanidad.

REPRESENTANTES:
A. Voltaire (1694-1718), fue el seudónimo de Francisco María Arouet. Combatió
enérgicamente a la iglesia, el clericalismo, la intolerancia religiosa. Así mismo,
crítico implacablemente toda dictadura y todo despotismo de los reyes. Sostuvo que
el mundo está regido por las leyes naturales y que la razón y la experiencia son
únicas guías fundamentales del hombre. Condenó también la guerra,
considerándola como "el mayor de todos los crímenes".
Obras:
* Cartas sobre los ingleses.
* Cándido.

B. Juan Jacobo Rousseau (1712-1778) su obra más importante es El Contrato


Social, donde sostiene que en el estado de naturaleza el hombre disfruta de
igualdad de derechos, pero éste pone límites en el desarrollo de las personas; por
lo que es conveniente asociarse. De este modo surge un contrato social, mediante
el cual cada individuo coloca su persona y su poder bajo la suprema dirección de la
voluntad general. Otra de sus obras importantes fue Emilio, obra de carácter
pedagógico, cuyo fundamento es el respeto a la libertad de los niños y al
conocimiento, en contraposición al anticuado principio del "magíster dixit".
Considera que, al niño no debemos verlo como a un adulto en pequeño, sino como
un ser en pleno crecimiento. También lego a la posteridad su notable sentencia que
dice: "El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe".
Obras:
* El Contrato Social.
* El Emilio.

C. Montesquieu (1698-1755), su verdadero nombre es Charles de Secondat. Sus


primeras obras fueron: Cartas Persas, donde satirizó las formas despóticas del
absolutismo en Francia; El Espíritu de las Leyes, libro que desarrolla la teoría de la
separación de los poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
La Enciclopedia es una monumental obra escrita en el siglo XVIII, que recopila
aspectos del conocimiento humano: ciencias, letras, artes, política, filosofía.
Inicialmente esta obra se llamaba Diccionario Razonado de las Ciencias, las Artes
y los Oficios. Fue publicado entre los años de 1751 y 1772. Su producción y
redacción fueron dirigidas, fundamentalmente por Diderot y Juan Jerond
D'Alambert.

D. Immanuel Kant (1724-1804), filósofo alemán; formado en el racionalismo,


comienza a dudar del valor de la razón al leer a Hume, planteándose el problema
del valor y los límites de ésta. La filosofía kantiana, pues, supone una síntesis del
racionalismo y del empirismo, cerrando una época filosófica muy importante. Kant
procede a un estudio de cómo es posible la construcción de la ciencia, llevando a
cabo una reflexión sobre el problema de las relaciones de la razón con la realidad,
que en ella aparecen vinculadas.
Distingue dos clases de Juicios:
1. Analíticos: son aquellos cuyo predicado ya está contenido en el sujeto y no
aumenta el conocimiento. Son universales, absolutos y apriori. Ejemplo: Todo
cuerpo es extenso.

2. Sintéticos: Son aquellos cuyo predicado anota contenido en el sujeto y agregan


un nuevo conocimiento. Son: particulares, contingentes y a posteriori. Ejemplo: La
tiza es de yeso.

En cuanto al problema de la moral, Kant postula una moral autónoma,


independiente de los hechos y actos en concreto, basada en imperativos
categóricos (Ética Formalista).
El lema de la Ilustración es: "Atrévete a pensar por cuenta propia".
Para Kant, cuatro son las interrogantes que debe afrontar la filosofía:
- ¿Qué puedo conocer?, ¿Cómo debo actuar?, ¿Qué me cabe esperar? y ¿Qué
es el hombre? Esta última es la pregunta cumbre, que resume a las anteriores.
Obras: Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica, Crítica del Juicio
Racionalismo
a) Descartes (1596-1650)
Descartes trató de aplicar a la filosofía los procedimientos racionales inductivos
de la ciencia, y en concreto de las matemáticas. Antes de configurar su método, la
filosofía había estado dominada por el método escolástico, que se basaba por
completo en comparar y contrastar las opiniones de autoridades reconocidas.
Rechazando este sistema, Descartes estableció: "En nuestra búsqueda del
camino directo a la verdad, no deberíamos ocuparnos de objetos de los que no
podamos lograr una certidumbre similar a las de las demostraciones de la
aritmética y la geometría". Por esta razón determinó no creer ninguna verdad
hasta haber establecido las razones para creerla. El único conocimiento seguro a
partir del cual comenzó sus investigaciones lo expresó en la famosa sentencia:
Cogito, ergo sum, "Pienso, luego existo". Partiendo del principio de que la clara
consciencia del pensamiento prueba su propia existencia, mantuvo la existencia
de Dios. Dios, según la filosofía de Descartes, creó dos clases de sustancias que
constituyen el todo de la realidad. Una clase era la sustancia pensante,
o inteligencia, y la otra la sustancia extensa, o física. b) Spinoza (1632-1677)
La filosofía de Spinoza pretende una reforma del entendimiento, la religión y
la política. Si se lo tuviera que comprar con Descartes se diferencia de éste por
haberse ocupado de la política, excluyendo la problemática científica.
Spinoza se inspira en manuales de geometría euclidiana, lo cual revela su
método: todo debe ser reducido geométricamente a partir de la idea de Dios, la
cual es una idea innata. Por otra parte, en claro panteísmo, todo procede de Dios
y todo permanece en él. La razón, es concebida como meramente deductiva
y matemática, aspecto en el cual es posible encontrar las mayores similitudes
respecto a Descartes.
Spinoza es quizá, un místico maravillado por la razón... o mejor, un racionalista
inspirado en místicas intuiciones.
c) Malebranche (1638-1715)
Malebrache es el primero que se enfrenta con el problema donde lo ha dejado
Descartes y, tratando de escapar al dualismo, concluye que -dada la
heterogeneidad esencial entre alma y cuerpo- es imposible una acción recíproca.
El cuerpo extenso capaz sólo de acción mecánica, no puede causar impresiones
en el alma espiritual, inextensa. Las ideas, pues, no pueden provenir de los
cuerpos; tampoco de la imaginación. Entonces, ¿son innatas? Imposible: ¿cómo
podríamos adquirir una idea innata de cada detalle del universo? Nuestras ideas,
según M., no son producidas por las cosas exteriores, sino por
una iluminación divina con ocasión de las cosas exteriores. El
conocimiento del hombre es, pues, una visión de las cosas en Dios (ontologismo),
esto es, Dios se hace patente a nuestra experiencia. Vemos las cosas "en Dios".
Las ideas son objetivas, en el sentido de que son iguales para todos; no son
sensaciones subjetivas o variables. No es posible que la verdad (objetiva) proceda
de las sensaciones (subjetivas) ni de la personasingular. El orden objetivo es ideal,
las ideas existen en un mundo aparte, "el mundo ideal" (platonismo), que se sitúa
en la Mente divina. Vemos la extensión "ideal" en Dios y a la vez vemos la
existencia y naturaleza infinita de Dios. Por lo tanto, la evidencia de la verdad es la
evidencia de Dios. El hombre conoce al Ser infinito porque conoce verdades
objetivas.
Malebranche tiene una idea tan alta de la verdad que la considera absoluta. Si
algo es verdad lo es eternamente. En consecuencia, todas las verdades que la
razón adquiere, como las matemáticas, por ejemplo, son indicio del acceso que la
razón tiene al Ser absoluto.
d) Leibniz (1646-1716)
EL pensamiento de Leibniz es claramente ecléctico. En su obra pueden
encontrarse críticas a Descartes y a Spinoza con el objeto de descartar aquellos
aspectos difíciles de conciliar en una síntesis que fucione la escolástica y el
cartesianismo.
Condicionado por el contexto histórico (se buscaba en Europa un "equilibrio de
fuerzas", basado principalmente en el conflicto), la unidad de los espíritus,
respetando su pluralidad, será una preocupación central del proyecto filosófico de
Leibniz. El nuevo orden que propone se basa en la idea de armonía en donde
intereses contrapuestos pueden complementarse solidariamente. Al igual que
Descartes y Spinoza, propone una unificación de todas las ciencias, pero su
intención va más allá: la unificación de la ciencia abrirá el camino a la unificación
de los espíritus. El método de Leibniz tiene también las características deductivo-
matemáticas características del racionalismo. El objetivo de su matematización es
la de analizar términos complejos para llegar a otros más simples e indefinibles,
los cuales serían simbolizados al punto de crear un lenguaje universal que (al ser
utilizado mediante claras reglas deductivas), impediría la aparición de
nuevas teorías. Contrariamente a Locke intentará probar la existencia de ideas
innatas. De acuerdo a su proyecto filosófico, estas ideas serían las "semillas" que
permitirían llegar a un acuerdo entre todos los hombres.
Empirismo
a) Locke (1632-1704)
La teoría del conocimiento se convierte con Locke en una rama independiente de
la filosofía. Su método es, lo que el denomina "método histórico", o
un análisis descriptivo de lo que hay en la mente, semejante a la enumeración y
clasificación que podría hacer un biólogo. El cometido de este análisis será el de
comprender en alcance de nuestro conocimiento. Efectivamente, a diferencia de la
posición racionalista, Locke partirá de la convicción respecto a la limitación del
conocimiento humano. Esto no implica que no deba confiarse en la capacidad
cognitiva del hombre, sino tan solo, limitar las pretensiones de conocimiento
universal. Toda idea procede de la experiencia. A propósito de este tópico,
debemos señalar que Locke distingue dos clases experiencias:
1. Experiencia externa: las ideas del hombre surgen cuando este tiene las
primeras sensaciones que provienen de la experiencia externa. 2. Experiencia
interna: cuando la mente reflexiona sobre las sensaciones derivadas de la
experiencia externa (recuerdo, raciocinio) se produce la experiencia interna
generando las ideas de reflexión. Ambos tipos de ideas son consideradas por
Locke como ideas simples porque son producidas por la experiencia directa.
Cuando la mente las recibe, se comporta pasivamente, pero luego, estas ideas se
transforman en nuevas ideas, la mente se activa y las combina hasta elaborar
ideas complejas las cuales no son otra cosa que combinaciones de ideas
simples. Surgen así, tres categorías de ideas complejas:
1. Modos o propiedades
2. Substancias o soportes de los modos y
3. Relaciones
Las ideas son signos de las cosas en sentido en que son útiles para comunicar
ideas los demás. Al parecer, Locke consideraba que las ideas eran independientes
de las palabras puesto que sostenía que se pueden tener ideas y pensar sin
necesidad de palabras.
b) Hume (1711-1776)
El término empirismo viene de la voz griega "empeiría" que se puede traducir
como "experiencia". Cuando hablamos de "experiencia" en este contexto nos
referimos más exactamente a la experiencia sensible o conjunto de percepciones.
En un sentido amplio llamamos empirista a toda teoría filosófica que considera los
sentidos como las facultades cognoscitivas adecuadas para la adquisición del
conocimiento. A lo largo de la historia de la filosofía se han dado muchas formas
de empirismo, unas radicales y otras moderadas; por ejemplo en la filosofía griega
se puede citar la filosofía aristotélica y la filosofía atomista como filosofías más
empiristas que la de Platón o la de Parménides. En el pensamiento medieval
también encontramos autores muy inclinados al empirismo, como Guillermo de
Occam, en la filosofía moderna el empirismo clásico, y en el siglo XX el
neopositivismo.
En sentido estricto, utilizamos el término "empirismo" para referirnos al empirismo
clásico o empirismo inglés, movimiento filosófico que habitualmente se contrapone
al racionalismo clásico y que se caracteriza por las siguientes notas:
1. Los autores más importantes nacieron en las Islas Británicas, entre los siglos
XVII y XVIII (Edad Moderna) y sus representantes más destacados son John
Locke (1632-1704), George Berkeley (1685-1753) y David Hume (1711-1776), a
quien se considera su máximo y más radical representante. 2. El objeto del
conocimiento son las ideas, no el mundo exterior.
3. El origen del conocimiento está en los sentidos.
4. Rechaza las ideas innatas.
5. La experiencia (tanto la interna como la externa) es el criterio de validez y el
límite del conocimiento; la experiencia interna es la percepción interna, la
percepción de la propia vida anímica; la experiencia externa es la percepción
externa o percepción de los objetos físicos. 6. Niega la intuición intelectual,
aceptando sólo la intuición empírica, la intuición sensible.
7. Acepta la deducción sólo para la lógica y las matemáticas, y cree que para el
conocimiento del mundo sólo es adecuada la inducción.
8. Toma como modelo de ciencia la Ciencia Natural.
9. Da –particularmente Hume– explicaciones psicologistas: reduce los distintos
ámbitos de objetividad (el científico, el moral y el estético) a
mecanismos, procesos y actividades psicológicos.
10. Apoya los ideales éticos y políticos de la Ilustración.
c) Berkeley (1685-1753)
Berkeley manifiesta ante todo la preocupación en los ámbitos teológicos por
el materialismo de Hobbes y las doctrinas de librepensadores como Toland,
Collins, Shaftesbury y Mandeville. Su obra principal "Principios del conocimiento
humano: donde se investigan las principales causas de error, dificultad en la
ciencias como también el fundamento y origen del escepticismo, ateísmo y
irreligión" exhibe claramente las intenciones de su labor filosófica.
Berkeley dirá que la causa de todos los errores es suponer que la mente puede
elaborar ideas abstractas (como las de "cuerpo" o "existencia" entonces critica así,
la teoría de Locke sobre las ideas generales y propone un nominalismo absoluto:
las ideas no son sino nombres de manera tal que toda idea o representación es
individual, habiendo que tener mucho cuidado al usar las palabras.
Para Berkeley, solo conocemos ideas y además de las ideas no existe sino la
mente que las percibe y Dios (que las hace percibir). Afirmar que existe un mundo
material es la consecuencia de dejarse llevar por las falacias de la abstracción,
considerando al "ser" de las cosas independientemente de su "ser percibidas".
Se dice que Berkeley no es un empirista consecuente puesto que su filosofía
puede clasificarse como una metafísica inmaterialita ya que niega la existencia del
mundo corpóreo y afirmando la existencia de sustancias espirituales como "Dios" y
"alma" se encuentra en una posición totalmente opuesta a Hobbes.
Ilustración
a) Voltaire (1694-1778)
El carácter contradictorio de Voltaire se refleja tanto en sus escritos como en las
opiniones de otros. Parecía capaz de situarse en los dos polos de
cualquier debate, y en opinión de algunos de sus contemporáneos era poco fiable,
avaricioso y sarcástico. Para otros, sin embargo, era un hombre generoso,
entusiasta y sentimental. Esencialmente, rechazó todo lo que fuera irracional e
incomprensible y animó a sus contemporáneos a luchar activamente contra la
intolerancia, la tiranía y la superstición. Su moral estaba fundada en la creencia en
la libertad de pensamiento y el respeto a todos los individuos, y sostuvo que
la literatura debía ocuparse de los problemas de su tiempo. Estas opiniones
convirtieron a Voltaire en una figura clave del movimiento filosófico del siglo XVIII
ejemplificado en los escritores de la famosa Enciclopedia francesa. Su defensa de
una literatura comprometida con los problemas sociales hace que Voltaire sea
considerado como un predecesor de escritores del siglo XX como Jean-
Paul Sartre y otros existencialistas franceses.
Todas las obras de Voltaire contienen pasajes memorables que se distinguen por
su elegancia, su perspicacia y su ingenio. Sin embargo, su poesía y sus obras
dramáticas abusan a menudo de un exceso de atención a la cuestión histórica y a
la propaganda filosófica. Cabe destacar, entre otras, las tragedias Brutus (1730),
Zaire (1732), Alzire (1736), Mahoma o el fanatismo (1741), y Mérope (1743); el
romance filosófico Zadig (1747); el poema filosófico Discurso sobre el hombre
(1738); y el estudio histórico Carlos XII (1730).
b) Diderot (1713-1784)
El nombre de Denis Diderot se encuentra estrechamente unido al de la
Encyclopédie (Enciclopedia), uno de los símbolos de la Ilustración que desempeñó
un destacado papel en la creación del clima ideológico desencadenante de
la revolución francesa de 1789. Diderot nació en Langres, en la región francesa de
Champaña, el 5 de octubre de 1713. Hijo de un maestro cuchillero de buena
posición, se educó con los jesuitas, inició la carrera eclesiástica y llegó a recibir la
tonsura en 1726. Estudió después en París y se graduó en artes en
la universidad en 1732. Posteriormente se dedicó a ampliar su formación en leyes,
literatura, filosofía y matemáticas. No parece, sin embargo, que, pese a tantas
posibilidades, su vida fuese muy desahogada, ya que se dedicó a las traducciones
e incluso a escribir sermones de encargo. Después de una crisis religiosa llevó
una existencia desordenada, descrita en una novela que aparecería
póstumamente en 1821, Le Neveu de Rameau (El sobrino de Rameau).
Frecuentaba las tertulias de los cafés y en ellas conoció a pensadores ilustrados
como Étienne Condillac y el ginebrino Jean-Jacques Rousseau.
En 1746, tres años después de contraer un matrimonio que pronto fracasaría,
aparecieron sus Pensées philosophiques (1746), y en 1749 sufrió tres meses de
arresto por Lettre sur les aveugles (Carta sobre los ciegos). En ambas obras,
Diderot exponía su pensamiento, basado en un materialismo ateo que enfatizaba
la dependencia del hombre respecto a los datos de sus sentidos. Desde 1745,
Diderot venía trabajando, junto al matemático Jean Le Rond d´Alembert, por
encargo de André Le Breton, en la traducción de la Cyclopaedia inglesa de
Ephraim Chambers. Este trabajo lo llevó a concebir la idea de una gran
enciclopedia que fuese el vehículo de las nuevas ideas contra las que consideraba
fuerzas reaccionarias de la iglesia y el estado, y que sacase a la luz los principios
esenciales de las artes y las ciencias. El fondo ideológico sería el racionalismo y la
fe en el progreso de la humanidad. En 1750, después de cumplir el arresto, dio a
la luz su Prospectus, que D´Alembert convertiría al año siguiente en el Discours
préliminaire de la Enciclopedia. La publicación de la obra se fue realizando entre
1751 y 1772 con acogida variable, pero con un indudable éxito final. De los
artículos publicados en la Enciclopedia, compuesta de 17 volúmenes de texto,
Diderot escribió un buen número, pero, sobre todo, su tarea fue la de director y
supervisor de la magna empresa, en la que además de los nombres citados
intervinieron intelectuales como Charles de Montesquieu y Rousseau -que rompió
su amistadcon Diderot en 1758, el año en que D´Alembert dimitió y aquél quedó
como director único de la obra-.
Pese a las numerosas prohibiciones y dificultades, la Enciclopedia llegaría a
convertirse en un símbolo de las teorías revolucionarias y de los pensadores más
avanzados del Siglo de las Luces.
c) Rousseau (1712-1786)
"Con Voltaire termina un mundo. Con Rousseau comienza otro"
Goethe Rousseau, pese a ser colaborador de la Enciclopedia, fue el gran
disidente. En 1749, en el concurso de la Academia de Dijon sobre el tema ¿Ha
contribuido al mejoramiento de las costumbres el progreso de las ciencias y de las
artes?, su respuesta fue que no, puesto que las ciencias y las artes se originan en
los vicios, los alimentan y son el origen de la desigualdad entre los hombres. Esta
problemática fue la desencadenante de su pensamiento. Las ideas de Rousseau
se oponían abiertamente a las de la ilustración francesa puesto que desvalorizaba
la cultura, la razón y la sociedad en favor del hombre en estado natural. Su
valorización del sentimiento resultaba además, escandalosa. Del mismo modo,
eran polémicos sus ideales políticos. Sin embargo, sus ideas tuvieron un enorme
éxito y fue el ilustrado que más influyó en los futuros revolucionarios.
Construido sobre la estructura del paso del estado natural al estado de sociedad,
el pensamiento de Rousseau propone un regreso utópico al primer estadio sin
abandonar el segundo en tanto que abandonarlo ya no es posible.
Estado de naturaleza
El hombre 'natural' (primitivo) vivía aislado. Rousseau especula que carecía de
una sociabilidad natural. A diferencia de Hobbes, tampoco cree que viviese
en guerra contra todos. Introduce así la imagen del "buen salvaje", una suerte de
inocencia natural (no existe el pecado original), la bondad es innata así como
la igualdad absoluta. Tampoco hay moral. Pero esta condición natural, pertenece a
un estado que ya no existe (quizá nunca haya existido, improbablemente vaya a
existir alguna vez) pero resulta útil para reflexionar sobre la situación actual.
El concepto de naturaleza sirve como punto de referencia y concepto directivo.
El paso al estado de sociedad
El hombre se vuelve menos feliz, menos libre y menos bueno. La idea del
progreso es claramente atacada. Al aparecer la sociedad, el hombre comienza a
perder la libertad y las desigualdades comienzan a ganar terreno cuando se
establece el derecho de propiedad y la autoridad para salvaguardarlo. Entonces, la
sociedad es un engaño, los hombres se unen supuestamente para defender a los
débiles pero en realidad lo que hacen, es defender los intereses de los más ricos.
Las diferencias son claras: ricos-pobres; poderosos-débiles; amos-esclavos. La
coincidencia es el único reducto incólume, aunque casi ignorado. El hombre, fuera
de sí, está alienado. Regreso a una sociedad de acuerdo a las exigencias
"naturales" El primer paso es la transformación del individuo mediante
la educación. En El Emilio el niño es educado con su mentor como el "buen
salvaje" reproduciendo la experiencia de Robinson (novela de 1719) descubriendo
por sí mismo, lo mejor de la cultura. A través de su programa educativo utópico,
Rosseau critica a la educación ilustrada. El Contrato Social
Lo que sigue es la transformación de la sociedad. El programa del Contrato
Social se basa en el establecimiento de "una forma de asociación (...) mediante la
cual cada uno, al unirse a todos, no obedezca, sin embargo, más que a sí mismo y
quede tan libre como antes" Rousseau Se trata pues, de una nueva modalidad de
contrato social que devuelva al hombre su estado 'natural' sin que por ello deba
dejar de pertenecer a una comunidad. No es, como quiere Hobbes, un contrato
entre individuos, ni de los individuos con un gobertante, como propone Locke: es
un pacto de la comunidad con el individuo y del individuo con la comunidad. Cada
uno de los asociados se une a todos y a ninguno en particular.
Este pacto, crea la voluntad general que ni es arbitraria ni se confunde con las con
la suma de las voluntades egoístas de las voluntades individuales de los
particulares. Entonces aparece el concepto de soberanía, el soberano es la
voluntad general, la cual es inalienable (no se delega, el gobierno no es sino un
ejecutor de la ley que emana de la voluntad general, y puede ser siempre
substituido), es indivisible (no hay división de poderes, como postulan Locke y
Montesquieu.
Rousseau entiende establecer de este modo simultáneamente, la soberanía
popular y la libertad individual. Porque, al hacer contrato con la comunidad, cada
individuo está realizando también un contrato con sí mismo, en tanto que al
obedecer a la "voluntad general", está siguiendo su propia voluntad.
El Contrato Social inspirará a los revolucionarios francés en 1789, a la comuna de
1870 y a los comunistas del siglo XIX. Inspiró también a Jefferson (1826), autor de
la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América.
El Idealismo Trascendental
a) Kant (1724-1804)
La orientación crítica que el empirismo inglés había iniciado, reconociendo y
señalando los límites de la razón humana, y que la Ilustración había hecho suya,
se convierte en la obra de Kant en un hito decisivo de la historia de la filosofía.
El objetivo de Kant es la creación de una filosofía esencialmente crítica, en la cual
se establecen de un modo autónomo los confines y posibilidades efectivas de la
razón humana. Este objetivo es el de un racionalismo que se proponga, en primer
lugar, la elaboración del concepto mismo de la razón. Kant identifica este
racionalismo con el iluminismo, y en realidad, el concepto de la razón a que él
llega está en la línea que había comenzado con Hobbes y que el iluminismo había
aceptado de Locke; es la línea que ve en la razón un órgano autónomo y eficaz
para la guía de la conducta humana en el mundo, pero no una actividad infinita u
omnipotente, sin límites ni condiciones.
Se pueden distinguir tres fases en el pensamiento de Kant:
- Primer período precrítico, hasta 1760. Prevalece el interés por las ciencias
naturales, durante el cual sigue las huellas del pensamiento dominante en los
primeros decenios del siglo XVIII.
- Segundo período crítico, hasta 1781, año en que se publica su obra principal
"Crítica de la razón pura". Prevalece el interés filosófico y se determina su
orientación hacia el empirismo inglés y el criticismo. Esta obra, que contiene la
crítica a la que Kant somete a la razón humana, producirá, pese al escaso interés
que despierta inicialmente, un giro total, que marcaría un nuevo estilo de
pensamiento, un cambio radical en la orientación de la filosofía. Se evidencia una
tendencia a evitar el error, más que el descubrimiento de la verdad, siguiendo la
tónica de Descartes y de Locke y Hume, quienes ponen en duda diversas
posibilidades de conocimiento. Esto lleva a Kant a concentrarse sobre los objetos
de razón y sus límites, sus posibilidades, es decir, la crítica de la razón pura. Se
inclina por una concepción de la metafísica como la ciencia de los límites de la
razón humana, y no como un sistema de saber.
La filosofía crítica de Kant se halla en sus tres obras fundamentales: "Crítica de la
razón pura", "Crítica de la razón práctica" y "Crítica del juicio". Los elementos de
este sistema los denomina Kant "filosofía trascendental" o examen al que hay que
someter a la razón humana para investigar las condiciones que hacen posible el
conocimiento a priori. Kant afirma que para entender la experiencia (conocimiento
a posteriori), es necesario tener conocimientos que no provengan de la
experiencia (conocimiento a priori); aunque todo nuestro conocimiento empiece
con la experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia. Lejos del "sueño
dogmático", sólo así el conocimiento empírico puede disponer de aquellas
condiciones que exige el verdadero conocimiento (universalidad y necesidad) y
que la sola experiencia no puede otorgar. Esto equivale a un cambio de método y
a afirmar que no es el entendimiento el que se deja gobernar por los objetos, sino
que son éstos los que se someten a las leyes del conocimiento, impuestas por el
entendimiento humano.
Dando por sentado que son posibles la matemática y la física puras, se pregunta
Kant si es posible la metafísica, a lo que concluye que todavía no se ha
encontrado un camino seguro. Esto le llevará a la reflexión de que el pensamiento
no conoce las cosas tal como son, pues "las cosas en sí" no se pueden conocer,
lo que se conoce es "las cosas en mí" o fenómeno, en oposición al noúmeno o
"cosa en sí". Esto es justamente lo que explora la Crítica de la razón pura.
- Tercer período postcrítico, desde 1781 hasta su muerte, que es el de la
filosofía trascendental.
Kant se encuentra con el problema de la metafísica, las grandes cuestiones que
exceden a la experiencia: Dios, la libertad y la inmortalidad entre otros.
En "Fundamentos de la metafísica de las costumbres" establece un hecho
ineludible y es que el hombre es moral, se siente responsable y, por tanto, libre. Lo
único bueno sin restricción es la buena voluntad, ya que es buena en sí misma,
con independencia de los frutos que se logren al ponerla en acción. La guía de la
buena voluntad es la razón, y no el instinto que busca siempre la satisfacción de
sus propias necesidades; de aquí surge el núcleo de la moral en Kant: la moral
consiste en la acción por deber. Define el deber como la necesidad de la acción
por respeto a la ley. La ley, cuya representación tiene que determinar la voluntad,
será que debo obrar sólo de modo que mi máxima pueda convertirse en ley
universal, prescindiendo de mi sentir particular. Esta máxima será el principio
subjetivo del querer, del mismo modo que la ley práctica será el principio objetivo
de nuestra razón.
Ante la pregunta de por qué causa la razón pura puede convertirse en razón
práctica, donde se mezclan los dos mundos, el nouménico y el fenoménico,
responde Kant que es porque todo concepto moral dimana de la razón, y porque
las representaciones puras del deber y de la ley moral le llegan al hombre a través
de la razón.
A los principios objetivos que constituyen la voluntad, Kant los llama mandatos, los
cuales se expresan a través de la fórmula del imperativo, que es un deber ser sin
inclinación. El imperativo categórico es aquel que ordena actuar sólo según una
máxima que pueda tornarse ley universal.
La clave para la autonomía de la voluntad, propia de los seres dotados de razón
práctica, es la libertad; cuando el hombre se concibe como dueño de su libertad se
incluye en el mundo inteligible, conociendo así la autonomía de la voluntad con su
consecuencia: la moralidad.
En "Lecciones de Lógica", al final de su vida, Kant dice que en la pregunta ¿Qué
es el hombre?, se resumen las de ¿Qué puedo saber?, a la que responde la
metafísica, ¿Qué puedo esperar?, a la que responde la religión, ¿Qué debo
hacer? a la que responde la moral. En estas cuatro preguntas, y en la distinción
entre filosofía escolar y el concepto mundano de la filosofía o filosofía para la vida,
la más importante, desemboca la filosofía de Kant.

I. Racionalismo de Descartes Descartes es uno de los padres de la filosofía


moderna y el principal valedor del racionalismo. Su aportación a esta etapa de la
historia de la filosofía que conocemos bajo el nombre de modernidad (s. XVI-XVIII)
resulta relevante a un doble nivel:
a) Metodológico: la mayor preocupación filosófica cartesiana pasaba por elaborar
un nuevo método del pensar. Un método que clarificara científica y racionalmente
el saber filosófico. A este nuevo método, el cual recuperaba la ciencia matemática
como modelo del saber racional, lo llamó “duda metódica”. El rendimiento de la
duda metódica debía comprender los campos epistemológico y ontológico; así,
epistemológicamente, la duda metódica resultaba útil en la medida en que nos
permitiría agrandar el espacio del pensar: “Mediante la palabra pensar entiendo
todo aquello que acontece en nosotros de tal forma que nos apercibimos
inmediatamente de ello; así pues, no sólo entender, querer, imaginar, sino también
sentir es considerado aquí lo mismo que pensar”1 . A nivel ontológico, la duda
tendría que servir para hallar las verdades fundamentales sobre las que asentar
nuestro conocimiento; y la primera de esas verdades era la expresión existencial
del cogito: “pienso, luego existo”, diría Descartes.
b) Metafísico: la aportación del método debe centrarse en la redefinición de los
conceptos fundamentales de la metafísica (como los de sustancia, atributo,
verdad, etc.) para asentar las verdades indudables a partir de las cuales construir
el edificio del conocimiento humano. La primera de esas verdades, y con la cual
Descartes hubo de cambiar el rumbo de la metafísica, había de ser la afirmación
del “Cogito”. Así, Descartes hacía pasar el pensamiento metafísico del objetivismo
medieval al subjetivismo moderno: lo importante, ahora, no es el conocimiento del
objeto, sino su conocimiento a través del conocimiento del sujeto. Ahora bien, la
filosofía cartesiana pone mucho cuidado en no caer en un subjetivismo propiciado
por la exaltación de los sentidos o de la imaginación, sino que es una afirmación
racional de la subjetividad. Es la confianza en la razón, una razón trazada
matemáticamente, la que nos permite dar cuenta de la radicalidad del cogito:
puedo dudar de todo, menos de que dudo; por tanto, si no puedo dudar de que
dudo, no podré dudar de que estoy pensando y de que en dicho acto me
constituyo como ser humano. Repetimos: pienso, luego existo. Por otro lado, la
metafísica cartesiana es la expresión de una nueva teoría de las ideas y una
nueva concepción general del universo dominada por el mecanicismo. Por tanto,
podemos evaluar el racionalismo cartesiano teniendo en cuenta sus principales
rasgos: la expresión de un nuevo método racional del pensar, la llamada duda
metódica; la afirmación de la subjetividad (cogito) como primera verdad; una
nueva teoría del concepto de idea en general y de la idea de substancia en
particular; finalmente, el mecanicismo como paradigma o concepción general del
orden y funcionamiento del universo
II. El Método Cartesiano
2.1. Aspecto científico: la matematización Descartes quería hacer de la filosofía
un conocimiento científico del yo y del mundo. Para ello, necesitaba dotar a la
investigación filosófica de un método científico y, por esa razón, nada mejor que
confiar en la matemática, pues en aquella época ya se consideraba a la
matemática como ciencia segura; además, la matemática había de aportar
grandes dosis de deducción y atención a la razón. Descartes opinaba, pues, que
la filosofía debía copiar el modelo metodológico de la matemática. Sin embargo,
esta confianza en la matemática no era exclusiva de Descartes: por un lado, en la
Grecia Antigua, tanto Pitágoras como Platón eran partidarios del saber
matemático; en el caso de Platón, el pensamiento matemático (dianoia) servía
para conocer los objetos matemáticos, antesala de las ideas. Por otro lado, los
contemporáneos de Descartes, también confiaban plenamente en el poder de la
racionalidad matemática para conocer la realidad; entre ellos, Galileo, quien
aseguraba que la naturaleza estaba escrita en el lenguaje de las matemáticas,
Leibniz, quien hubo de elaborar toda una filosofía de la matemática que ha llegado
hasta nuestro días y, también, Spinoza, quien pretendía ordenar geométricamente
la razón ética.
2.2. Aspecto metodológico: las cuatro reglas Ahora bien, ¿en qué consiste el
principio de matematización de la investigación filosófica, tarea que lleva a cabo
Descartes?. Principalmente en ordenar dicha investigación según un método que
contiene cuatro reglas y que expone en su libro titulado Discurso del Método:
1. Evidencia: afirmar como verdadero sólo aquello que se revele evidentemente
como tal al pensamiento. Es evidente aquello que ya no admite duda alguna
porque ha sido “visto” clara y distintamente.
2. Análisis: reducir lo complejo a sus partes más simples para conocerlo
correctamente.
3. Deducción: otorgar a la operación racional deductiva el peso de la investigación;
así, hallaremos las verdades complejas por deducción a partir de las simples.
4. Comprobación: comprobar si lo descubierto por la razón ha sido hallado de
acuerdo a las reglas anteriores. En el texto que reproducimos a continuación se
puede ver expresamente la presentación de las reglas del método: “Nada diré
sobre la filosofía, sino que, viendo que ha sido cultivada por los ingenios más
relevantes que han existido desde hace siglos y que, sin embargo, nada hay en
ella que no sea aún objeto de disputa y, por lo tanto, dudoso, no tenía yo la
suficiente presunción para esperar alcanzar en ella algo mejor que los otros [...]
Tal fue la causa por la que pensé que había que buscar algún otro método que,
reuniendo las ventajas de los otros tres, estuviera exento de sus defectos. Y como
la multiplicidad de leyes a menudo sirve de excusa para los vicios [...] estimé que
tendría suficiente con las cuatro siguientes [...] El primero consistía en no admitir
jamás cosa alguna como verdadera sin haber conocido con evidencia que así era
[...] El segundo, en dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas partes
como fuera posible y necesario para su mejor solución. El tercero, en conducir con
orden mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de
conocer, para ascender poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los
más complejos [...] Y el último, en hacer en todo enumeraciones tan completas y
revisiones tan amplias, que llegase a estar seguro de no haber omitido nada [...]
Pero lo que más me satisfacía de este método era que, por su medio, estaba
seguro de usar en todo mi razón, si no de modo perfecto, al menos de la mejor
forma que me fuera posible [...] Y como existen hombres que se equivocan al
razonar, incluso en las más sencillas cuestiones de geometría, y cometen
paralogismos, juzgando que estaba expuesto a equivocarme como cualquier otro,
rechacé como falsos todos los razonamientos que había tomado antes por
demostraciones [...] Pero, inmediatamente después, advertí que, mientras quería
pensar de ese modo que todo es falso, era absolutamente necesario que yo, que
lo pensaba, fuera alguna cosa. Y observando que esta verdad: pienso, luego soy,
era tan firme y tan segura que todas las más extravagantes suposiciones de los
escépticos no eran capaces de socavarla, juzgué que podía admitirla como el
primer principio de la filosofía que buscaba” (René DESCARTES: Discurso del
método; fragmentos, segunda y cuarta partes).
2.3. Aspecto epistemológico: la duda metódica El nuevo método cartesiano tiene
como misión convertir a la filosofía en un camino racional hacia la verdad. Y, para
ello, tiene que resolver el problema del principio del conocimiento y su certeza: en
la filosofía antigua y medieval, el principio del conocimiento era el objeto, y la
verdad consistía en la adecuación de las proposiciones (lo que decimos) a las
cosas (lo que existe). A dicha adecuación, Aristóteles la llamaba correspondencia
entre el lenguaje y la realidad. Por supuesto, la razón era el mecanismo adecuado
para lograr esta correspondencia, pero eso no suponía excluir a los sentidos de la
tarea del conocimiento verdadero pues los sentidos nos ponen en contacto con la
realidad, si exceptuamos a Platón, quien dividía la realidad en dos partes (mundo
sensible y mundo inteligible) que se correspondían a su vez con los dos géneros
de conocimiento: opinión (conocimiento procedente de los sentidos) y episteme o
ciencia (conocimiento procedente de la razón). Pero, con la aparición de la
filosofía moderna, cuyo padre es Descartes, el principio del conocimiento deja de
ser el objeto y pasa a ser el sujeto y el lugar en el que quedan los sentidos como
criterios de conocimiento es de clara inferioridad y desprestigio. Tanto es así que
el método cartesiano comienza expresando su desconfianza hacia los sentidos
como instrumentos válidos para conocer. De ahí que la expresión del método
cartesiano sea la duda: en sus famosas Meditaciones Metafísicas, Descartes
escribe que podemos dudar de todo aquello que conozcamos a través de los
sentidos, pues estos no distinguen entre el sueño y la vigilia; en cambio, decía
Descartes, no puedo dudar de aquello que consiga conocer racionalmente, porque
esto lo habré hallado de acuerdo a un método estrictamente racional. Y eso de lo
que no puedo dudar es de que dudo, es decir, no puedo dudar de mi propio
pensamiento. Puedo dudar del contenido de lo pensado, pero no así del
pensamiento mismo; por eso, puedo afirmar tajantemente que “pienso, luego
existo”. Como se observa fácilmente, es el sujeto el principio de todo conocimiento
racional, pues es el pensamiento como tal y no lo pensado el punto de partida. El
método cartesiano, que desde este momento se llamará “duda metódica”, es el
esfuerzo por ofrecer autonomía al entendimiento frente a los sentidos y la
imaginación. Es tarea del entendimiento hallar las verdades evidentes y primeras
que van a servir de base para la construcción del conocimiento humano. En
efecto, la duda metódica cartesiana pretende erigirse en modo de hallar la certeza
y, dentro de ella, la certeza absoluta: el sujeto pensante. Dicho sujeto se
convertirá, de inmediato, en el primer principio del conocimiento, en su criterio más
cierto y fundamental. Esta verdad indubitable, a la que llamamos cogito, será el
primer principio de la filosofía. Debido a que la finalidad de la duda es conducirnos
hasta las primeras y fundamentales verdades de nuestro conocimiento, no
podemos confundir la duda cartesiana con el escepticismo: Descartes no desea
dudar de todo, sino sólo de aquello que no se presente de manera evidente como
verdadero a mi entendimiento. Descartes nunca había de dudar de la razón y de
su capacidad para hallar la verdad.
III. Las consecuencias ontológicas del método cartesiano: afirmación de la
primera verdad: “pienso, luego existo” Teniendo en cuenta que lo que persigue la
duda metódica es afirmar el sujeto pensante o cogito como base sobre la que
construir todo el conocimiento racional, podemos decir que la filosofía del método
es, en realidad, una filosofía del sujeto, según la cual, el hombre existe como ser
pensante, el mundo es conocido a partir de la evidencia del pensamiento: es el
cogito, y no el mundo, la primera verdad. La llegada al cogito o pensamiento se
efectúa por vía intuitiva: es la evidencia la que nos revela que el pensar, y más
concretamente, que “yo pienso”, es una idea clara y distinta, es decir, una idea de
la que no cabe dudar. Desde este punto de vista, el cogito no es tanto un resultado
o punto de llegada como un punto de partida. Lo que quiere indicarnos Descartes
es que la subjetividad, el “pienso, luego existo” es el comienzo de toda reflexión
filosófica, porque es indubitable que yo existo pensando, que existo como
pensamiento: no puedo dudar de mi existencia y de que ésta se desarrolla
pensando. La llegada al cogito no se hace como resultado de deducción alguna,
pues eso supondría que hay otros principios anteriores y más ciertos al propio
pensamiento, sino que se efectúa intuitivamente. Por esto mismo, al “pienso” va
unido necesariamente el “existo”: “En tanto que rechazamos de esta forma todo
aquello de lo que podemos dudar e incluso llegamos a fingir que es falso,
fácilmente suponemos que no hay Dios, ni cielo, ni tierra... y que no tenemos
cuerpo; pero no podríamos suponer de igual forma que no somos mientras
estamos dudando de la verdad de todas estas cosas, pues es tal la repugnancia
que advertimos al concebir que lo que piensa no es verdaderamente al mismo
tiempo que piensa, que, a pesar de las más extravagantes suposiciones, no
podríamos impedirnos creer que esta conclusión YO PIENSO, LUEGO SOY, sea
verdadera y, en consecuencia, la primera y la más cierta que se presenta ante
quien conduce sus pensamientos por orden”. (René DESCARTES: Los principios
de la filosofía I, 7) Por tanto, el “pienso, luego existo” es el esfuerzo cartesiano por
construir toda la explicación de la realidad a partir de la única evidencia de mi
propia existencia como ser pensante. Definitivamente, pues, la filosofía del método
es una filosofía de la subjetividad. La afirmación de la primera verdad, “pienso,
luego existo”, ha colocado a la filosofía moderna y a la del propio Descartes en
una situación particular, porque la filosofía cartesiana a pesar de que ya no separa
existencia y pensamiento, seguirá mostrando un dualismo metafísico a la hora de
concebir la realidad: para Descartes, la existencia del mundo nopuede darse de la
misma manera que la existencia del cogito, por dos razones: - Éste, el cogito, se
caracteriza por el pensamiento, mientras el mundo es extensión. Seguirá, pues,
habiendo un dualismo entre pensamiento y extensión. Pero estos no serán
simplemente modos de percibir, sino que serán constatados como modos de ser.
Por eso, como veremos más adelante, Descartes hablará del pensamiento y de la
extensión en tanto que sustancias. Aquí, el racionalismo cartesiano es dualista,
como en el caso de Platón. - El mundo existe para la conciencia: el cogito es la
primera verdad; sólo a partir de la existencia del cogito puedo concebir la
existencia del mundo. Por tanto, en este sentido, el racionalismo cartesiano es
puramente subjetivista. Será este subjetivismo el que lleve a Descartes a afirmar
que es más fácil conocer el alma (o pensamiento) que el cuerpo (o extensión),
porque que pienso se revela de manera inmediata y necesaria: dude de lo que
dude, no podré dudar de que dudo o pienso.
IV. La teoría cartesiana de las ideas y la idea de Sustancia Para Descartes la
sustancia existe de tal manera que no tiene necesidad de otra cosa para existir.
Pero, según esta definición, sólo Dios podría ser considerado como sustancia; en
cambio, Descartes afirma la existencia de tres sustancias: la sustancia finita
pensante (cogito), la sustancia extensa (mundo) y el propio Dios, en tanto que
sustancia infinita pensante. Son tres sustancias pero sólo dos modos de ser
sustancia: el pensamiento y la extensión o materia. Todo este confusionismo en la
teoría cartesiana de la sustancia procede de que Descartes confunde el concepto
de sustancia con los atributos de la misma. En efecto, como dirá Spinoza,
contemporáneo de Descartes, este último cataloga como sustancias lo que sólo
son atributos de la misma, a saber: el pensamiento y la extensión. Si bien
Descartes no ha hablado con propiedad en el tema de la sustancia, sí resulta
relevante el término cartesiano de sustancia si lo traducimos con el concepto de
idea. Para Descartes, la sustancia finita pensante es la existencia de la idea de yo
como sujeto pensante; la sustancia extensa es, en realidad, la idea de mundo
como objeto de conocimiento; en cuanto a Dios, es la garantía que nuestro
entendimiento necesita para hallar un acuerdo natural entre su pensamiento y las
cosas. Aunque el sistema cartesiano que explica la sustancia no sea lógico, sí
resulta rentable, porque al reducir el concepto de sustancia al de idea Descartes
ya ha logrado su doble propósito: - colocar al pensamiento, y con él a la
subjetividad, en la base de la construcción del conocimiento humano. - Diferenciar
y priorizar claramente esta base, ofreciéndole un tratamiento distinto y privilegiado.
Por ello Descartes insistirá en el esquema dualista de la realidad; existen, según la
filosofía de Descartes, dos modos de ser: el pensamiento (yo y Dios) y la
extensión (el mundo), pero únicamente el pensamiento, el sujeto o yo, puede
comprender la existencia del mundo. El dualismo cartesiano no sólo tiene un
carácter metafísico, sino también antropológico. Es decir, no sólo podemos
clasificar la realidad en sustancia pensante y sustancia extensa o material, sino
que también podemos clasificar la realidad humana en dos: alma o espíritu
(pensamiento, en cualquier caso) y cuerpo (extensión o materia). De todos modos,
hemos de advertir con claridad la estrategia “idealista” de Descartes: hacer pasar
a la sustancia de su realidad objetiva (ser tratada como cosa) a su tratamiento
subjetivo, es decir, como idea. Por tanto, la teoría cartesiana de la sustancia se
encuentra incluida en una teoría de las ideas, mucho más amplia e importante.
¿Qué es, pues, la idea para Descartes?. Una representación del mundo o de un
objeto del mundo. En realidad, dirá Descartes, el conocimiento humano no conoce
las cosas en sí mismas, sino las ideas de las cosas, es decir, el modo en que
éstas se ofrecen a la mente. La idea, según Descartes, tiene un doble aspecto:
objetivo, porque representa un objeto del mundo; y formal, puesto que la idea tiene
sentido en sí misma, es decir, una vez formada no necesita la presencia de la
cosa que la originó para seguir existiendo. Existen, en opinión de Descartes, tres
tipos de ideas: a) facticias: proceden de la imaginación y la voluntad. Su
procedencia es subjetiva o interior. b) Adventicias: son aquellas donadas por los
sentidos. Su procedencia es del mundo exterior u objetivo. c) Innatas: se
encuentran impresas en nuestra mente. Estas ideas innatas son tres: la idea de
Yo (primera verdad), la idea de Dios y la idea de Mundo. Verdaderamente, la
metafísica cartesiana gira en torno al concepto de idea (y, concretamente, el de
idea innata) en vez de hacerlo en torno al de sustancia. Este posicionamiento
subjetivista supuso el gran giro que Descartes hubo de proporcionar al
pensamiento metafísico, hasta entonces preso de la objetividad de las cosas. No
es tanto el término ser como el de representación el que adquiere importancia a
partir de este momento, con lo que habrá de ser el sujeto, en vez del objeto, el
principio de toda relación de conocimiento.
. V Mecanicismo La observación que Descartes lleva a cabo de la naturaleza ya
no la hace desde los paradigmas antiguos: geocentrismo ni teocentrismo.
Descartes, inmerso en un proceso de modernización de la ciencia al que
contribuyó notablemente desde las matemáticas, trataba de explicar la realidad
física en función de un nuevo esquema de comprensión o paradigma: el
mecanicismo. La naturaleza, en la que se pensaba incluido el cuerpo humano2 ,
era considerada como una especie de máquina. Su funcionamiento automático,
sometido a estrictas leyes mecánicas que le aportaban regularidad y posibilitaban
su conocimiento a través de la física, hacía de ella un objeto sometido a
explicación matemática, aunque también estaba sometido a indagación metafísica,
porque, para Descartes, la comprensión de la naturaleza o realidad física no era
más que la presencia de la extensión en tanto que atributo (modo de ser) de la
sustancia: si el yo era reconocible como pensamiento, el mundo era reconocible
como extensión. Extensión quiere decir que todo cuerpo ocupa un lugar en el
espacio, es decir, es extenso; y la extensión es objeto de tratamiento matemático:
resulta medible, cuantificable y predecible. Descartes, junto con Galileo, pensaban
efectivamente que la naturaleza estaba escrita en el lenguaje de las matemáticas.
Esta dualidad (pensamiento/extensión) sería trasladada también a la antropología
y, así, Descartes concebía al hombre como un conjunto de pensamiento (alma) y
extensión (cuerpo). La naturaleza, ese universo mecánico, estaría “llena de
materia”: la física cartesiana no aceptaba la existencia del vacío. Tampoco
aceptaba la indivisibilidad de la materia: ni vacío, ni átomo (unidad indivisible).
Según Descartes, la extensión presentaba una estructura infinitamente divisible.
Por tanto, Descartes explicaba la naturaleza en función de sólo dos componentes:
la materia y el movimiento. Ahora bien, si la materia quedaba explicada en función
de la idea de espacio y de máquina, cómo explicar la existencia del movimiento.
En este punto, el mecanicismo cartesiano ya no resulta coherente consigo mismo,
pues recurre a la fundamentación teológica de la física. Veamos: según Descartes,
Dios es la primera causa de movimiento (esquema escolástico, al modo de
Aquino). En los Principios de Filosofía, Descartes admite que Dios ha creado la
materia con movimiento y reposo y que Dios conserva la cantidad de materia y
movimiento siempre igual. Sin embargo, el anhelo de la ciencia moderna por
explicar la realidad a través de la matemática y la observación científica, hizo que
el propio Descartes no se conformara con esta explicación teológica del
movimiento y, así, impulsara la formulación de una serie de leyes de la naturaleza
que harían de la física un intento científico por explicar el mundo. Descartes
adelantó hipótesis que después Newton certificaría y formularía en leyes físicas;
por ejemplo: a) el principio de inercia: según Descartes, la primera ley de la
naturaleza es que cada cosa permanece en el estado en que se encuentra si nada
la cambia. b) el movimiento rectilíneo: una segunda ley de la naturaleza es la que
aduce que todo cuerpo en movimiento tiende a continuar su movimiento en línea
recta. c) el principio de conservación del movimiento: la tercera ley de la
naturaleza hace referencia a la estabilidad de los cuerpos en movimientos. Según
Descartes, si un cuerpo que se mueve encuentra otro más fuerte que él, no pierde
nada de su movimiento, y si encuentra otro más débil que pueda ser movido por
él, perderá tanto movimiento como transmita. Así pues, el movimiento, finalmente,
no se pierde, sino que se transmite.