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UNIVERSIDAD SANTO TOMÁS

LICENCIATURA EN FILOSOFÍA Y LENGUA CASTELLANA

SEMIÓTICA

Fecha: jueves 01 de diciembre de 2016


Presentado por: Carlos Mauricio Guerrero Ospina

Johnny cogió su fusil y el significante libertad

En el presente texto retomaré la lectura del libro Jhonny cogió su fusil del escritor
norteamericano Dalton Trumbo, en torno al problema de la libertad. Desde este punto
haré una breve explicación de las teorías semióticas que estudiamos en clase, para luego
terminar con un análisis del problema del significante vacío que propone el filósofo
argentino Ernesto Laclau.

Jhonny cogió su fusil es ante todo un libro político. Recordemos que Dalton Trumbo inició
su carrera como periodista cubriendo noticias de la Gran Guerra, por eso conoció de
primera mano las consecuencias humanas de las decisiones políticas de aquellos que no
la viven en carne propia. Dalton Trumbo sintió afinidad por las corrientes marxistas o
comunistas que criticaban con ferocidad el antihumanismo de los valores democráticos
imperantes en Estados Unidos y en general, en todos los sistemas políticos que surgieron
con el capitalismo.

Luego de haber presenciado la primera guerra y de conocer crónicas y relatos de


postguerra, Trumbo escribe Johnny cogió su fusil en 1939 y cuenta una historia que
probablemente fue verdadera, donde un joven de 20 años abandona su casa, su familia,
su novia y sus amigos para luchar por la democracia, para luchar por la libertad suya y la
de su país. Sin embargo, en la norteamérica de ese entonces, es decir, antes de 1916,
era común en el ambiente social un sentimiento antibélico y despreocupado, que miraba
con escepticismo toda intervención militar de Estados Unidos en la situación conflictiva
que por ese entonces se estaba viviendo en Europa.
Angustiados los dirigentes políticos por el bajo entusiasmo bélico de los ciudadanos,
deciden crear estrategias para incentivar la participación de los jóvenes en el ejército.
Como sabemos, a principios de siglo XX, el recién inventado cine ya tenía gran recepción
en las campañas propagandistas de los sistemas políticos, además de contar con la
filiación de artistas que cantaban en honor a la patria y a la libertad. Se alababa entonces
la valentía de los hombres que eran capaces de sacrificarlo todo por una meta común, la
meta más honorable que se hubiera podido pensar: dar la vida por su país.

Aquellos que por el contrario desistían de esta sublime misión, eran tenidos por cobardes
y traidores, cuyo único mérito era estar presos en un calabozo. Sin embargo, las
campañas de alineación al noble propósito tuvieron éxito y los padres entregaron a sus
hijos como carne de cañón a pelear una guerra que no tenía nada que ver con ellos.
Como lo muestra la introducción del libro, muy pocos retornaron a sus casas.

El padre de Johnny, tal como lo relata Trumbo, es el buen ciudadano que lo apuesta todo
por el futuro de su país: "por la democracia, cualquier hombre daría su único hijo", incluso
sin siquiera saber qué significa la democracia o teniendo un significado muy ambiguo de
ella, porque en el momento que Johnny le pregunta por qué es la democracia, el padre le
responde: "la democracia tiene que ver con hombres jóvenes matándose unos a otros".

Johnny va a la guerra y le cae una bomba en la cabeza. Lo más dramático es que la


bomba no lo mata, sino que lo deja vivo, es decir, vivo pero no completo. De él sólo se
mantiene vivo una cosa, su pensamiento. De resto sobrevive el trozo de cuerpo necesario
que le posibilita pensar. Jhonny despierta pero no sabe dónde está y no recuerda nada.
En realidad, no le es posible descubrir si efectivamente está despierto o continúa dormido,
porque cómo distinguir una cosa de la otra si ya no se tiene ojos, ni orejas, ni nariz, ni
lengua, ni brazos, ni piernas. Jhonny ya no tiene nada, sólo un tanque que hace circular el
oxígeno por sus pulmones, una enfermera que lo limpia tres veces al día y,
principalmente, unos bellos recuerdos.

Postrado en una cama, sin saber si es de día o de noche, sin ningún contacto directo con
la realidad más que en una zona pequeña de su cuello sensible al tacto, Jhonny vive en
un mundo gaseoso donde se difumina la realidad, la pasada, la de sus recuerdos, con sus
sueños. Sus recuerdos están plagados de buenos momentos, llenos de color, de
inocencia, de vida. Recuerda a Karen, su despedida en el tren y en la cama, y su llanto
cuando Johnny le prometía que iba a regresar. Pero nunca regresó y tampoco logró
entender por qué había llegado hasta ese punto, qué había hecho mal para sufrir lo que
estaba sintiendo.

Jhonny había luchado por la libertad de su país, había cumplido con la misión
encomendada, pero qué había obtenido. Esta es la pregunta principal de Trumbo en la
obra. Cuàl es la razón por la que se justifica el sacrificio de tantas vidas, por qué
abandonaban su vida y la de sus seres queridos para ir a la guerra, cuál era el fin último
de la guerra. Por la libertad del pueblo, dicen los políticos. Sin la libertad seríamos
víctimas del autoritarismo o del comunismo pecador y ateo. Sólo estaremos a salvo bajo
el cuidado de los valores democrático, ellos son la garantía de una vida feliz.

Pero para Trumbo la libertad del liberalismo no es nada, o por lo menos no significa nada
por lo que debería sacrificarse tanto. Jhonny luchó pero no es libre, ni él ni su familia
obtuvo la libertad que le prometieron. Matar a otros por tener el derecho de acumular
riqueza no valida la muerte de millones de hombres y el sufrimiento de muchos más. Pero
ni siquiera esta fue la libertad que intercambió Johnny por todos los miembros de su
cuerpo. La libertad por la que a fin de cuentas luchó Johnny fue por la libertad de no tener
que moverse, ni para alimentarse ni para limpiarse, la libertad de no poderse valerse por
sí mismo, de no poder respirar sin depender de máquinas artificiales. La libertad para
Johnny fue estar preso en su propio cuerpo.

Entonces, frente a la dificultad de saber lo que se entiende realmente por libertad, por el
concepto objetivo de libertad, surge la pregunta por cuál es su verdadero significado, cuál
es el significado que corresponde al significante libertad. Cuando pensamos en Peirce,
recordamos que

Un signo, o representamen, es aquello que representa algo para alguien, en algún


aspecto o sentido. Se dirige a alguien, es decir, crea en la mente de una persona
un signo equivalente o quizá un signo más desarrollado. Al signo que se crea lo
llamo interpretante del primer signo. El signo representa algo, su objeto.
Representa al objeto, no en todos los sentidos, sino en referencia a un tipo de idea,
que en algunos casos he llamado terreno (ground) de la representación"1

1
Tomado de http://courses.logos.it/plscourses/linguistic_resources.cap_2_20?lang=es#2
Si el signo que se crea Peirce lo llama interpretante, entonces ese signo a su vez se
vuelve objeto representado por otro signo, signo que ahora puede crear otro signo como
un nuevo interpretante, es decir, se produce la semiosis ilimitada que imposibilita la
obtención de un significado último de cualquier objeto. Para Peirce, no existe la
posibilidad de llegar al significado final y objetivo de ningún signo representado. Más bien,
en el proceso de significación pueden darse tantos significados de un objeto como
interpretantes existentes en el proceso.

Por otra parte, Humberto Eco reconoce el nivel ilimitado que tiene el proceso semiótico de
significación en Peirce, pero trata de superarlo en un nivel práctico. Es decir, para Eco la
semiosis ilimitada tiene en realidad un límite y ese límite se puede dar cuando traducimos
los significados y los aplicamos en nuestros actos cotidianos. Sin embargo, cuando se
cierra el proceso de significación en el nivel práctico, ese acto cotidiano también se vuelve
signo, razón por la cual se abre un nuevo proceso de significación al infinito. Por lo tanto,
la semiosis ilimitada mantiene su carácter ilimitado.

Desde un horizonte más Saussureano, el primer Roland Barthes nos decía que en
realidad el significado de un signo no se podía interpretar de manera infinita, sino que el
contexto cultural donde se produce el signo es el que otorga de manera objetiva el
significado del objeto (una imagen, un filme, un texto). En esto puede coincidir con Eco
cuando el filósofo italiano invita al interpretante a ser un lector modelo, porque gracias a la
culturización del espectador o del lector se puede obtener un significado más preciso del
objeto. Si por el contrario nos conformamos con ser un lector de primer nivel, es decir,
superficial, el significado de los objetos será mucho más ambiguo.

Sin embargo, el segundo Roland Barthes modifica su visión estructuralista del proceso de
significación para inscribirse, digo yo, en la corriente más pragmatista de Peirce a
propósito de la semiosis ilimitada. Para el segundo Roland Barthes lo grandioso de una
imagen o de un filme es que su significado último no se puede absolutizar en una
interpretación unívoca.

Ahora bien, el problema político de la semiosis ilimitada es que cualquier significante, y en


especial el significante libertad o el mismo significante democracia, puede ser manipulado
de tal manera que la multiplicidad de sus posibles significados crea confusión en los
espectadores, confusión que facilita a los líderes políticos y a los medios de comunicación
operar sobre sus mentes y sobre sus acciones.

Ahora bien, Ernesto Laclau, filósofo argentino, propone una solución al problema de la
semiosis ilimitada estrictamente vinculada a la cuestión política. En ¿por qué los
significantes vacíos son importantes para la política? Lo que nos propone Laclau es la
posibilidad de significantes que siguen siendo significantes sin estar ligados con un
significado. Lacalu descarta desde el comienzo el carácter equívoco, dependiente del
contexto, o ambiguo, por sobredeterminación o subdeterminación, del significado.

Laclau recuerda a Hegel cuando nos dice que “pensar los límites de algo implica pensar lo
que está más allá de esos límites” (p. 86), pero, continúa Laclacu, si de lo que se trata es
de pensar los límites de un sistema significativo, se deduce que “esos límites no pueden
ser ellos mismos significados, sino que tienen que mostrarse a sí mismos como
interrupción o quiebra del proceso de significación” (p. 86).

La difícil comprensión que da Laclau sobre las implicaciones políticas que tienen las
anteriores afirmaciones, pretende explicar que, debido a la contradicción constitutiva de
los significantes vacíos, ellos no pueden vincularse con un significado particular a menos
que representen el significado de un grupo hegemónico.

La libertad es un significante vacío que llena el grupo hegemónico, es decir, que ni


Trumbo ni nadie puede comprender cuál es el concepto de libertad si no se sitúa desde el
grupo hegemónico que posee el poder. La libertad en el liberalismo se entiende desde el
capitalismo, es decir, la libertad del liberalismo es la libertad de competencia, la libertad
económica. Esto lo sabe Trumbo, evidentemente, pero no lo sabía ni Jhonny, ni sus
familiares, ni todos los norteamericanos.

Aunque el grupo hegemónico puede caer y levantarse otro (es decir, a la final la semiosis
ilimitada sigue siendo ilimitada), podemos identificar sin embargo cuál es el significado
objetivo del significante libertad si dirigimos la vista al grupo hegemónico que lo utiliza. Si
Jhonny hubiera identificado desde el principio por qué estaba luchando, por la libertad que
beneficia los intereses económicos de una clase política, seguramente hubiera desistido
de tan noble misión.
Referencias

Laclau, E. (2016). ¿Por qué los significantes vacíos son importantes para la política? En CLACSO,
Antología del pensamiento crítico argentino contemporáneo (págs. 85-99). Buenos Aires:
CLACSO.
logos. (s.f.). Peirce, Eco y la semiosis ilimitada. Obtenido de
courses.logos.it/plscourses/linguistic_resources.cap_2_20?lang=es#2