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El Gera que yo conocí

Eduardo de la Serna

A casi un mes de la muerte del querido Lucio Gera, quisiera decir algo. He visto y recibido
comentarios, notas y reflexiones, imagino que habrá habido otras… Y escribo con una libertad que
me da el no esperar nada. No espero que a raíz delo que escribo se me reconozca nada. Imagino
que algunos esperarán ser reconocidos o reconocidas como “los verdaderos herederos” de Lucio.
No es mi caso. Simplemente porque no lo soy. Nunca recibí de Lucio ningún reconocimiento ni
palmada, simplemente lo conocí.

Obviamente al entrar al Seminario ya había oído hablar de Gera y había leído algunas cosas suyas.
Sabía, además, su participación en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y en la
gestación de la Teología de la Liberación, sabía que tenía la “entrada prohibida” en un buen
número de diócesis de la Argentina y que era casi una “mala palabra” para ciertos sectores de la
Iglesia Argentina.

Después llegué a la Facultad de Teología. Allí tuve grandes profesores, a muchos a los que recuerdo
con afecto enorme como a Rubén García, Maccarone o Rivas, por citar unos pocos. Pero Gera tuvo
algo… para empezar, en la Facultad de Teología nunca (¡nunca!) se habló de Teología de la
Liberación. Y ya se sabe que negar, invisibilizar es una forma clara de dominación, de poder (el del
discurso único en una Facultad que sólo parecía saber de Tomás de Aquino). Gera fue el primero
(¡y único!) que nos habló del Reino. Toda su Eclesiología empezó centrada en el Reino, lo que
resultaba toda una novedad para nosotros. Incluso, en el examen complexivo el Reino fue la
pregunta que me hizo expresamente. Más tarde, al entrar en la Teología de la Liberación pude
saber la centralidad del Reino, y cómo éste es el único absoluto ante el que lo demás (la Iglesia
incluida) es relativo.

Luego conseguimos –en dura interna, ya que nuestro grupo de Seminario era muy dividido- que
fuera Gera quien nos predicara el retiro de ordenación. Allí comenzó preguntándose si volvería a
hacer lo que hizo, como cura. Y su respuesta fue “¡Sí! Lo pensaría un poco más, pero volvería a
hacer lo mismo!”

En el año 1987 tuvimos nuestro segundo encuentro nacional de los “Curas en la Opción por los
pobres”. Había revuelta en el Episcopado porque “vuelven los curas del Tercer Mundo”.
Aparecieron inquisidores varios obispos en la reunión, y el tema fue tratado más tarde en la
Conferencia. Allí también fue Gera un día a saludar.

Un tema en conflicto –o conflicto aparente- era el de la Teología de la Liberación que aparecía en


tensión con la Teología de la Cultura. Aparentemente, la Teología de la cultura, de la que Gera era
el exponente principal, había surgido en contraposición a la teología de la liberación. Entonces,
tres curas fuimos a verlo para charlar del tema. Queríamos escucharlo, pedirle sugerencias,
opiniones. Y hablar de la teología de la cultura. Rescato algunas ideas: “Cuando era decano, era la
dictadura, y no se podía hablar de teología de la liberación, por eso hablamos de teología de la
cultura”. “No hay teología con la que me sienta más cerca que la de Gustavo Gutiérrez”. Y cuando
le planteamos que algunos decían que la teología de la cultura aparecía como enfrentada con la
teología de la liberación nos preguntó “¿qué teólogo sostiene eso?” Cuando le dijimos que eso lo
decía Quarraccino nos dijo, “Pero ¿qué teólogo?”

Charlando con Gutiérrez una vez me dijo no sólo lo mismo, es decir, que de ninguna teología se
sentía más cercana que de la de Gera, también dijo que sabía que en Puebla Gera había dicho
expresamente “¡Acá debería estar Gutiérrez!”

Cuando leí el excelente libro de Víctor Codina “Creo en el Espíritu Santo”, me llamó la atención que
–siguiendo a Diego Irarrazabal- pusiera la eclesiología de Gera al mismo nivel que Comunión y
Liberación, o el Opus Dei, así que tuve la ocasión de escribirme con Víctor y hablar con Diego sobre
el tema. Víctor me dijo que en una eventual segunda edición corregiría el tema; Diego que no
había entendido las connotaciones que tiene en Argentina la categoría “pueblo”.

Charlando más tarde con Leonardo Boff me preguntó por la salud de Lucio, que ya empezaba a
estar mal, y me dijo “¡Qué gran persona! ¡Un hombre sabio!” Y aludiendo a los momentos de
tensión de tiempos de Puebla, me dijo “-Todo eso quedó en el pasado”

Cuando Gera cumplió sus 50 años de cura, en la misa en el Seminario me quedó claro que un
sector intentaría negar su pasado, un pasado que resultaba conflictivo en el presente. Lo dicho por
Alfredo Zecca, por ejemplo, fue evidente en ese sentido. Me quedó la sensación que habría –lo
digo ironizando- una suerte de “izquierda geriana” y de “derecha geriana” que pelearían por la
herencia.

Por eso decía que no tengo espacios que pelear… Nunca fui invitado a la Facultad de Teología salvo
una vez por Maccarone a dictar Orígenes Cristianos en 1986, cosa que quedó en el aire al irme a la
diócesis de Quilmes (Novak también era mala palabra). Como nunca fui invitado ni –así lo creo-
reconocido, puedo señalar que también yo tengo un enorme reconocimiento que hacer de la
figura de Lucio. En este sentido, no me interesan sus herederos o herederas. Alguno más serio que
otra, sin duda; alguno, amigo; me interesa recordar a “otro” Lucio, que volvería a hacer lo mismo, y
que con su sabiduría de entonces nos dijo aquel día a los tres curas: “la Iglesia Argentina va a tener
que pagar muy duro su actitud frente a la Dictadura!” Como profeta, no le faltó ni le falta razón.
Seguimos pagando.