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CARLOS CUAUHTÉMOC SÁNCHEZ

VOLAR SOBRE
EL PANTANO
OS
VAD
S ER
RE
OS
E CH
E R
D

CONTENIDO CAPÍTULO 1 Un árbol caído 9 CAPÍTULO 2 Ley de advertencia 17 CAPÍTULO 3 La soledad 27 CAPÍTULO 4 Corrupción gradual 33 CAPÍTULO 5 Asociados 43 CAPÍTULO 6 Zonas de atención OS 51 D CAPÍTULO 7 Alcoholismo y cerrazónVA 59 CAPÍTULO 8 Libertad interiorS ER 71 R E 79 CAPÍTULO 9 OS Violación H CAPÍTULO 10 EC Diferencias sexuales 87 CAPÍTULOD 11 ER Venganza 99 CAPÍTULO 12 Causa y efecto 111 CAPÍTULO 13 Careo amoroso 121 CAPÍTULO 14 Adopción 133 CAPÍTULO 15 Volar sobre el pantano 145 CAPÍTULO 16 ¿Por qué me excluyeron? 155 CAPÍTULO 17 Abuso a menores 165 CAPÍTULO 18 Alma 175 CAPÍTULO 19 El poder superior 183 EPÍLOGO 189 .

—¿Dónde se encuentra? —No lo sé. RE por favor. llorar. amor. La escucho gritar... ávido de afecto y ayuda. mirándola como si estuviera allí. ¿Qué te pasa? ¿Tiene algo que ver Alma conmigo? . Alma. Sueño a mi hermana.. —Sí. con su gesto solitario. —¡Conoces todos C O losHdetalles! Te los he contado. 1 Un árbol caído Lisbeth parecía desconcertada por la insistencia de su esposo. D OS —No te entiendo —le dijo—. E La brisa del mar alborotó su largo E Scabello. Son demasiado reales otra vez. —Lisbeth. pero necesito S R saber más detalles sobre tu pasado. y me despierto sudando. —Zahid. E —¿Para qué? D Es doloroso recordar. —Vuelve a hacerlo. me asusta tu mirada.. De la capital me enviaron la correspon- dencia. —¿Cómo te localizó? —Escribió a la empresa. las pesadillas han vuelto. Dejó el vaso de refresco sobre la mesa y miró a Zahid de forma transpa- rente por unos segundos. pero me escribió una carta. habíamos A R V acordado olvidar ese asunto. supli- carme.

Tenía el rostro desencajado. Sin decir palabra. RE —Son las diez de la noche. Se dirigió al centro de la ciudad. Lo seguí. Manejó bruscamente. Aquella noche. me estaba preparando para dormir cuando papá entró a mi recámara. V AD —¿Qué ocurre? S ER —No hagas preguntas. la portezuela abierta y las luces encendidas. En la puerta estaba mi madre retorciéndose los dedos. —¿A dónde vamos. como si acabara de llegar y hubiese detenido el vehículo de paso sólo para recogerme. en su más terrible soledad. casi con enfado. Necesito repasar lo que puede sentir una mujer rechazada. —¿A dónde vamos? No contestó. Suspiró. Quiero volver a escuchar la historia. la respiración alterada. No tocó la puerta. El automóvil se hallaba con el motor en marcha. Lisbeth sabía que no tenía otra alternativa. Un grupo de pelícanos volando en delta pasó sobre sus cabezas. papá caminó decidido hacia afuera de la casa. C HO —Ya voy. . Salí de mi cuarto. —Sí. Evadió mi mirada. Irrumpió como si se estu- viera quemando la casa. E RE Terminé deDvestirme con la primera ropa que encontré. —¿Desde cuándo sales con Martín? —cuestionó. Pasamos junto a ella. OS Era una orden. —¡Tienes que venir conmigo! Vístete rápido. papá? —Te hice una pregunta. —Está bien.S —Apresúrate. Es decir. no sé… Cuéntame por favor cómo superaste tu problema de embarazo no deseado.

Alguien que yo conocía muy bien. fue bajando despacio hasta que su sobre la ventana lengua terminó de lamer el cristal. —Observa. —¿Martín. puso su boca E D de mi lado. Papá aprovechó para apuntar con la linterna de mano hacia la pareja que seguía abrazán- dose. R E La chica se aproximó al automóvil tambaleándose. —¿Qué quieres que vea? —Observa bien. Negué con la cabeza. ¿Eran homosexuales o estaban siendo en exceso fraternales por efectos de la borrachera? —¿Ahora sí lo ves? El haz luminoso descubrió el rostro del tipo con cabello corto. —Vámonos —dije temblando por el repentino terror que me causó la escena—. cuando estaba tratando de encenderla. —No abras —dijoC papá. —Desde hace cuatro meses.. compartiendo alcohol y cigarrillos de marihuana. La joven cayó al suelo bajo mi portezuela. Después de dar varias vueltas sin la más elemental precaución. se detuvo justo frente a una pareja que se abrazaba.? . No sé qué tratas de enseñarme. Tenía escasos R E S diecisiete o dieciocho años. ¡Eran dos hombres! Uno tenía el cabello largo. —¿Lo ves? —mi padre se hallaba fuera de sí. Detrás de ella había varios jóvenes acomodados en la banqueta. E Mi padre la alumbró con el reflector. ¿qué te pasa? De improviso viró a la derecha y se internó por una barriada oscu- ra.. con la H OS cara sucia y la blusa desabotonada hasta la mitad. El pasmo me dejó con la boca abierta. Se encorvó para alcanzar una linterna que llevaba D OS debajo del VA una de las mu- asiento y. R chachas se levantó para acercarse a nosotros. —¿Te ha dado a probar alguna sustancia? —Papá.

—Es él. Martín me clavó la vista como intentando reconocerme. Y.. R —¡Vámonos. la hora en que. ven. hija! S —Espera. Pero hay muchos hombres en el mundo.. —¡Vámonos! RE DEhacia el coche. No contesté. hizo a un lado a la muchacha... sinV A D conocerlo más que de vista.. —No puede ser.. Maldije la hora en S se detuvo Oque para invitarme a salir. Lisbeth —dijo al fin—. ¿Cómo decirle que precisamente por tener una existencia vacía me había entregado a él. Sólo se parece...... Durante un buen rato en el camino de regreso a casa no hablamos. subió y arrancó a toda velocidad. —Pero. R —Hola. antes de que te lastimara o te obligara a drogarte también.. Se apartó de su camarada.. aún sin amarlo ni conocerlo bien. matarme.. Mi padre me alcanzó. Mis lágrimas de miedo se convirtieron en lágrimas de ira.. E SEacércate.. Quiere decirme C HO algo. —bisbisó—.. ¿Cómo decirle que sentía poco amor y poca atención en mi familia? Que aunque viviéramos entre algodones la vida no tenía valor alguno para mí. —Es peligroso. —Sé cómo te sientes.... necesito. perdóna- me que lo diga pero. pisé a la chica que estaba alucinando casi debajo del automóvil. —Sí. Quise golpearlo. Este sujeto es un drogadicto. qué bueno que lo viste ahora. Abrí la puerta y me bajé.. No se quejó..... acepté. Una angustia lacerante comenzó a asfixiarme.. la hora en que.? . los ojos llenos de lágrimas y un nudo de rabia en la garganta. me Papá me jaló abrió la puerta.. necesi.... Yo llevaba la vista perdida. Sin quererlo. Caminé con pasos trémulos hasta la pareja. matarlo.

haciendo grandes aspavientos. lo veía desde R E mi ventana matar pájaros S con su honda y aventar piedras REa los autobuses. ella sí reaccionó agresivamente. D OS ¿Cómo me enredé con él? Siempre fue V unAvecino distante. asfixiada por una soledad opresiva. Agaché la cabeza y cerré los ojos. Dentro de mi cuarto di vueltas.. Al rostro de su interlocutor se le fue yendo el color. meses atrás. sentí que me hundía en un fango cenagoso.. se escuchaban hasta allí. ..C pero yo me sentía muy sola y acepté su E invitación a salir. El padre de Martín salió. Insultando.. pero nadie suspendió lo que hacía para escucharme de verdad. Apenas cuatro OS en el parque del fraccionamiento. Se bajó. gritando. Pero no era eso lo que quería decir. —Déjenme en paz. —Abre por favor —ordenó mi madre. Casi tropecé con mis dos hermanas que me miraban como si fuera un espantajo. Era a veces violento y a veces dulce. Los gritos de los vecinos.. La madre apareció en escena. peleando. —No queremos que estés sola en este momento. —Yo también me siento destrozado por tu tristeza —comentó—. Estuve llorando por más de media hora. tocó la puerta. saludó de mano al mío y se inició entre los dos progenitores una penosa conversación. La semana pasada dijiste que querías mucho a ese joven. sus ojos rojos. Estacionó su automóvil frente a la casa de mi novio. Papá explicó lo que habíamos visto.... nuestro vecino de toda la vida. que estaba enamorada de Martín. R Desde la primera cita le noté algo raro: Sus repentinos D E cambios de humor. Apenas entramos quiso consolarme. pero yo me separé y fui a mi recámara. Mamá estaba esperándonos. Me tiré en la cama. Mi casa estaba a media cuadra de distancia. así que sólo pude decir eso. su sadismo. no era sólo eso. Cuando era niña. Me caía mal. Papá regresó al coche dejando a la pareja discutiendo entre ellos. La semana pasada quise hablar. nos encontramos H Seguía desagradándome. Llegamos de inmedia- to.

no.. tenían que tener a la mano todos los elementos. —Maldición —dijo mi padre empujando a todos y entrando a mi habitación. Ese joven no te conviene. —¿Lo amas? D E —¿Por qué te acostaste con él? —¿Te forzó? Negué con la cabeza todas las preguntas. baja autoestima... Interrumpí a mis consoladores de forma tajante. Pensaba explicarlo el otro día. pero si querían entender la magnitud de mi desdicha.. ¿Qué había dicho? ¿Cómo era capaz. Apenas lo mencioné se hizo un silencio sepulcral.? Entonces abrí la puerta y me enfrenté a la familia. me tomó de los hombros y me recla- mó con un alarido: —¿Has probado la droga? —No.... .. Me dejé ir con el impulso. carencia de afecto. pero apenas lo hicieron reaccionaron con furia. Nunca pensé decírselos así. Me empujó hacia atrás. mi enorme coraje O Ha desmoronarme. desapareció y comencé C a entender precisamente eso: Lo estúpidaR E que había sido. hubiera sonado insustancial. mi padre atrás. E R S —¿Cómo te atreviste? ¿Qué no REpiensas? ¿Eres estúpida? Me encogí de hombros... La palabra “sola” fue directo a mi entendimiento como daga al corazón. razones argumentables. —¿Qué dijiste? —Lo que oyeron... Se acercó a mí con grandes pasos como dispuesto a golpearme. Que estoy embarazada. gritó ¿por qué?. —Estoy embarazada de él. D OS El pasmo fue impresionante. Hablar de melancolía. Arrancó la lámpara de lectura y la hizo trizas. Y ellos querían argumentos razonables. —Tranquilízate. una y otra vez. Tardaron en V A asimilarlo. bufó. Mi madre y hermanas estaban en primer plano. AlSdarles la noticia.

. Me sentía pequeña. No lo lograron. . quise levantar la E cabeza y preguntarle a papá dónde había quedado aquello que S E dijo en el automóvil respecto a Rme OS por tu tristeza”.. exánime. Mamá se puso en cuclillas y apoyó una mano sobre mi espalda. espiritual. ¿Tú crees que es justo? Yo siempre supuse que lle- garías muy alto. pero por supuesto no en el caso de que mi error afectara su imagen de buenos padres ante los demás. intelectual. que estamos todos de ti. psicológica. Apenas mi cara estuvo a unos centímetros del suelo entendí que había caído. moral.. un árbol caído hecho leña. Física. Quise reclamarle “yo también me siento destrozado H a mi madre y cuestionar C dónde estaba aquello de “no queremos que te encuentres sola E R en este momento”. tuve deseos de quitarla. respiró tratando de controlarse—. Lo más terrible al escuchar esa última frase fue que S se movió Onadie D de su sitio para defenderme. ni mis hermanas. A tus hermanas. pero había perdido toda la energía.. no sabes lo decepcionado que estoy —corrigió—. lloriquea! —remató mi padre—.. ¿Es que lo habían dicho sin pensar? ¿OD E es que estaban a mi lado dispuestos a consolarme sólo en caso de que se tratara de una simple desilusión personal. Yo era un bulto pateado. R VA ni mi madre. su estatus de gente nice a la que todo le sale bien y su maldito apellido de familia virtuosa que no puede darse el lujo de tener una madre soltera en casa? El padre de Martín llamó por teléfono. Mis hermanas trataron de moverme. como gusano inmundo.. Has acabado contigo y además. No te queda otra opción... Quería hablar conmigo. pero no pude.. Le contesté haciendo un tres con los dedos de la mano izquierda. ¿sabes el ejemplo que das? —las palabras se le atoraron en la garganta. —¿Cuánto tiempo tienes de embarazo? —preguntó mi hermana. —¡Eso es.. anímica. Eres la mayor. empu- jarla. Tirada en el suelo... decirle que repudiaba su postura convenenciera. íntima. Traté de levantarme. tu aventurilla nos afecta a todos. un ente sin amor propio. emocionalmente.

odiando al bebé que llevaba en mis entrañas y al mismo tiempo. Me sentí madre por primera vez. Haciendo un esfuerzo sobrehumano me puse de pie y fui al telé- fono para contestar al papá de Martín. sintiéndome indigna de estar viva. era el culpable de todo. O S D RVA S E RE O S E CH E R D . amándolo al saberlo mi cómplice. Una madre sola.llorando a mares.... El único amigo desvalido que comprendía mi dolor y que.. sin tener culpa de nada. sabiéndome acreedora del peor castigo por no haber pensado bien las cosas.