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I.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO

La historia de la ciencia económica se puede dividir en tres grandes etapas:

1. Justicia económica
2. Política económica
3. Teoría económica

En la etapa que llamamos de “justicia económica” los pensadores estaban preocupados


por responder a preguntas como: ¿cuál es el precio justo de los bienes?, ¿Es justo cobrar
intereses por un crédito? ¿Es justo el comercio? ¿Cómo puede ser que una persona
compre un bien a un precio y luego lo venda a un precio más alto?

Los griegos fueron los primeros en dar respuestas más o menos elaboradas a estas
preguntas; Encontramos pocas ideas económicas en los pensadores griegos: Jenofonte,
Pitágoras, Aristóteles, Platón y Homero.

En uno de ellos se puede encontrar numerosas ideas en la obra de La República, de


Platón, sobre cómo se organizaba la economía en la ciudad ideal, y se puede utilizar esta
obra como un buen acercamiento a los pensadores de esa época.
Para Aristóteles, economía es «la ciencia que se ocupa de la manera en que se
administran unos recursos o el empleo de los recursos existentes, con el fin de satisfacer
las necesidades que tienen las personas y los grupos humanos». Aristóteles diferenció
entre economía y crematística. Este último era utilizado para referirse al comercio, a la
actividad de negociar y enriquecerse con el tráfico.
Aristóteles hizo distinciones, en Oeconomicus, por ejemplo entre el comercio lícito para
el intercambio de mercaderías y el incorrecto que sólo buscaba la obtención de
ganancias, y estos tópicos sirvieron como base para establecer la ciencia
económica. Según Aristóteles para que un intercambio sea justo lo que se entrega tiene
que ser igual a lo que se recibe.
Sin embargo, como veremos, es justamente al revés. La gente intercambia bienes
cuando los valora de manera “distinta”: cuando cada una de las partes valora más lo que
recibe, que lo que entrega. Y cuanto más distinta sea la valoración mejor estará cada
una de las partes.

Por el contrario si se valora igual lo que se recibe que lo que se entrega, no hay incentivo
para el intercambio.

Aristóteles también consideraba injusto el cobro de intereses. Según el pensador griego


el dinero es un bien de intercambio y no un bien de producción, por lo tanto, una cierta
cantidad de dinero no puede “producir” más dinero. En consecuencia cobrar intereses
era para Aristóteles injusto.

Las obras de Aristóteles estuvieron perdidas durante muchos años. Con la conquista de
los romanos fueron llevadas a Roma. Unos dos mil años después, entrando ya a la edad
media, Santo Tomás (12251274) fue el que reconstruyó los papiros de Aristóteles
destruidos en varias partes. Las obras de Aristóteles estaban condenadas por la Iglesia
por ir en contra de algunos puntos del dogma de la religión. Con Santo Tomás el
pensamiento aristotélico vuelve a renacer y se va hacia el otro extremo, tal es así que
en 1629 el Parlamento de París impuso pena de vida al que atacara el sistema filosófico
de Aristóteles.

El pensamiento económico medieval, desarrolló el feudalismo y la filosofía escolástica,


y se centró en cuestiones éticas como la pobreza y la caridad, el precio justo, la relación
conceptual entre el beneficio, el interés y la usura.
Los pensadores cristianos de la Edad Media, entre ellos Santo Tomas de Aquino,
debatieron el problema del precio y de la ganancia, desde el punto de vista de si era
correcto o pecaminoso obtener ganancias a partir del intercambio de mercaderías.
Santo Tomás rescató al pensamiento de Aristóteles reconstruyendo sus obras e
interpretándolas con escritos propios. Los agregados de Santo Tomás al pensamiento de
Aristóteles sobre la justicia en los temas económicos fueron los siguientes:

1. El intercambio es justo cuando el costo y trabajo de producir los bienes que se


intercambian son iguales. Aristóteles sólo había dicho que el intercambio es justo
cuando se iguala lo que se entrega con lo que se recibe.
2. Cobrar interés es justo cuando hay un daño emergente por haber prestado
dinero o cuando la persona que recibe el préstamo no lo devuelve en el tiempo
establecido.

Los pensadores escolásticos que siguieron la línea de Aristóteles y Santo Tomás


lentamente fueron incorporando teoría en el análisis. Para responder a la pregunta de
qué es un precio justo comenzaron a preguntarse ¿Qué es un precio? ¿Porqué sube o
baja?

Para responder a la pregunta de si es justo o no cobrar intereses sobre un préstamo,


comenzaron a preguntarse ¿Qué es el interés? ¿Por qué sube o baja?

De esta manera y a través de todos esos cuestionamientos, comienzan a ponerse los


primeros ladrillos de la teoría económica. La teoría económica es un desprendimiento
del derecho y la ética.

Uno de los pensadores más importantes en esta línea escolástica fue Tomás de Mercado
(1530-1576). Otro pensador de importancia fue Luis de Molina (1535-1600).

En resumen, se puede decir que desde la incógnita dejada por Aristóteles sobre la
justicia en los precios, interés y comercio se fueron generando lentamente en la
discusión teorías sobre estos tres puntos.

El esplendor de la escolástica se alcanza con al Escuela de Salamanca. Los pensadores


de esta escuela hicieron aportes muy importantes a la teoría económica.
Si bien las ideas socialistas recién cobran fuerza a partir de fines del siglo XIV, Platón
(427-347 AC) en su libro Leyes explica con bastante detalle el funcionamiento de una
economía sin propiedad privada. Algunas ideas marginales también se desarrollaron
durante ese período.

Pasamos a la edad moderna, la segunda etapa de la ciencia económica que es la de


política económica. Aquí se destacan dos escuelas de pensamiento en Europa. Por un
lado, de forma paralela al proceso de consolidación de los Estados-Nación monárquicos
se desarrolla durante los siglos XVII y XVIII el mercantilismo; afirmaba que gracias al
intercambio de mercadería y a la acumulación de oro y plata se generaba la riqueza.
Creían que la riqueza de un país estaba en la cantidad de oro que tenía, y pensaban que
el comercio con otros países, si era favorable para un país, tenía que aumentar su
cantidad de metales. Pedían al estado una política favorable a sus intereses, es decir,
una política que favoreciera los productos nacionales y no la libre competencia.
Asimismo, eran partidarios del proteccionismo frente al librecambismo. Realmente no
se puede hablar de una escuela mercantilista, pues, para poder hablar de una escuela
deben existir una serie de características que englobe este término. Una de ellas es la
presencia de un maestro que crea un pensamiento el cual sea seguido por los miembros
de la escuela, además de homogeneidad en el pensamiento.

Uno de los principales pensadores en el mercantilismo, ha sido Thomas Mun, quien


expuso los principios generales del mercantilismo en una de sus obras. Aconsejaba
abstenerse del consumo de mercaderías extranjeras en la dieta y atavío; vender siempre
caro a los extranjeros lo que no tenían y barato lo que pudieran obtener de otro modo;
usar los barcos propios para exportar; comprar barato, en lo posible en países lejanos y
no dar oportunidad a competidores cercanos.1
La tercera etapa de la ciencia económica, que llamamos Teoría Económica nace con
Adam Smith reaccionando contra la política intervencionista de los mercantilistas. Para
los clásicos, la riqueza no se origina en un comercio internacional positivo, sino en la
producción de bienes.

La riqueza no se produce por exportar más de lo que se importa sino por producir cada
año más bienes (los economistas clásicos no consideraban a los servicios como riqueza).

A diferencia de los mercantilistas los clásicos creían que la manera de generar riqueza
era dejando que el mercado, operando libremente, produjera cada vez más bienes. El
nombre del libro de Adam Smith todavía conservaba un sesgo mercantilista An Inquiry
Into the Nature and Causes of the Wealth of Nations.