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I. ÉTICA GENERAL

I.1. Definición de la ética

La ética puede definirse como la ciencia normativa de la rectitud de los actos humanos según principios últimos y racionales. Esta definición se explica detalladamente de la siguiente manera:

I.2. La Ética como ciencia

La ética es un conocimiento que se preocupa por el fin al que debe dirigirse la conducta humana y de los medios para alcanzar ese fin. Para ello resulta fundamental establecer una ciencia de la conducta que se funde en la comprensión de la "naturaleza", "esencia" o "substancia" humana. Esta "ciencia" debe verse como un saber que incluye necesariamente la garantía o la prueba de su propia validez. Así se entiende el ideal clásico o antiguo de la palabra ciencia, aunque no de la ciencia moderna, que se asume como una serie de enunciados matemáticos que son susceptibles de demostrarse experimentalmente.

La concepción de una ciencia ética debe apreciarse en el sentido que le otorgaron los filósofos griegos de la antigüedad. Platón hace la distinción entre la ciencia o conocimiento (epistéme) con respecto a la opinión (dóxa). La ciencia es un conocimiento racional de la verdadera realidad; mientras que la opinión es algo intermedio entre el conocimiento y la ignorancia, y comprende la esfera de la percepción sensible (creencia y conjetura). La opinión, como una forma de juzgar a través de las apariencias, no correspondería con el carácter probatorio que presupone la ética.

Por eso nuestros valores éticos no deben fundarse en mitos, rumores o imágenes, sino en conocimientos racionalmente fundamentados. También en Aristóteles encontramos la misma definición de ciencia como "conocimiento demostrativo". Se trata de un conocimiento por causas, que es capaz de determinar por qué un objeto no puede ser diferente de lo que es. Es un conocimiento que no se limita al plano de los hechos, sino que intenta explicar las causas y el porqué de esos hechos. Por tanto, la ciencia tiene como objeto lo necesario y no lo accidental.

De la misma manera, los estoicos retomaron estas afirmaciones al señalar que la ciencia es la comprensión segura, cierta e inmutable fundada en la razón. En todo caso, la ética es una ciencia que aspira a explicar la validez de sus afirmaciones, tratando de comprobar por qué algo es bueno o malo, justo o injusto, moral o inmoral desde una perspectiva universal y necesaria.

I.3. DIFERENCIA ENTRE MORAL Y ÉTICA

¿Qué es ética y que es moral? ¿Son lo mismo o hay que hacer distinciones entre ellas? Hay mucha confusión acerca de esto.

En

el

lenguaje corriente e incluso

culto, ética

y

moral

son sinónimos. Así

decimos: \"aquí hay un problema ético\" o \"un problema moral\". Con eso emitimos un juicio de valor sobre alguna práctica personal o social, si buena, mala o dudosa.

Pero profundizando la cuestión, percibimos que ética y moral no son sinónimos. La ética es parte de la filosofía. Considera concepciones de fondo, principios y valores que orientan a personas y sociedades. Una persona es ética cuando se orienta por principios y convicciones. Decimos entonces que tiene carácter y buena índole. La moral forma parte de la vida concreta. Trata de la práctica real de las personas que se expresan por costumbres, hábitos y valores aceptados. Una persona es moral cuando obra conforme a las costumbres y valores establecidos que, eventualmente, pueden ser cuestionados por la ética. Una persona puede ser moral (sigue las costumbres) pero no necesariamente ética (obedece a principios).

Estas definiciones, aunque útiles, son abstractas porque no muestran el proceso, cómo surgen efectivamente la ética y la moral. Y aquí los griegos pueden ayudarnos.

Ellos parten de una experiencia de base, siempre válida, la de la morada entendida existencialmente como el conjunto de las relaciones entre el medio físico y las personas. Y llaman a la morada, \"ethos\" (con e larga en griego). Para que la morada sea morada, hay que organizar el espacio físico (cuartos, sala, cocina) y el espacio humano (relaciones de los moradores entre sí y con sus vecinos) según criterios, valores y principios para que todo fluya y esté como se desea. Eso da carácter a la casa y a las personas. Los griegos también llaman a esto \"ethos\". Nosotros diríamos ética y carácter ético de las personas.

Además, en la morada, los moradores tienen costumbres, maneras de organizar las comidas, los encuentros, modos de relacionarse, tensos y competitivos o armoniosos y cooperativos. A esto los griegos también lo llamaban \"ethos\" (con e corta). Nosotros diríamos moral y la postura moral de una persona.

Sucede que esas costumbres (moral) forman el carácter (ética) de las personas. Winnicot, continuando a Freud, estudió la importancia de las relaciones familiares para establecer el carácter de las personas. Éstas serán éticas (tendrán principios y valores) si han tenido una buena moral (relaciones armoniosas e inclusivas) en casa.

Los medievales no tenían las sutilezas de los griegos. Usaban la palabra moral (viene de mos/moris) tanto para las costumbres como para el carácter. Distinguían la moral teórica (filosofía moral), que estudia los principios y las actitudes que iluminan las prácticas, y la moral práctica, que analiza los actos a la luz de las actitudes y estudia la aplicación de los principios a la vida.

La ética y la moral tienen en común el hecho de guardar un sentido eminentemente práctico; sin embargo, la ética es un concepto más amplio y rico que la palabra moral. De esta manera, puede entenderse por moral cualquier conjunto de reglas, valores, prohibiciones y tabúes procedentes desde fuera del hombre, es decir, que le son inculcados o impuestos por la política, las costumbres sociales, la religión o las ideologías. En cambio, la ética siempre implica una reflexión teórica sobre cualquier moral, una revisión racional y crítica sobre la validez de la conducta humana. En tal caso, la ética, al ser una justificación racional de la moral, remite a que los ideales o valores procedan a partir de la propia deliberación del hombre. Mientras que la moral es un asentimiento de las reglas dadas, la ética es un análisis crítico de esas reglas. Por eso la ética es una "filosofía" de la moral, si se entiende la filosofía como un conjunto de conocimientos racionalmente establecidos.

La moral nace con la existencia misma del hombre, pues históricamente no se conoce ningún pueblo, por "salvaje" o "primitivo" que se lo quiera suponer, que no haya tenido normas, pautas o rituales de conducta. En cambio, la ética como saber teórico que justifica o legitima la conducta moral, es relativamente reciente y aparece con el advenimiento de la filosofía en el siglo VI a. C. en Grecia. Sin embargo, la práctica de una ética teórica en sentido estricto surge hasta el siglo V a. C. con Sócrates, quien hace tambalear la moral de su sociedad al proponer como primordiales los valores espirituales antes que los materiales:

Mi buen amigo –dice Sócrates–, siendo ateniense, de la ciudad más grande y más prestigiada en sabiduría y poder, ¿no te avergüenzas de preocuparte de cómo tendrás las mayores riquezas y la mayor fama y los mayores honores, y, en cambio no te preocupas ni interesas para nada por conocer el bien y la verdad ni de hacer que tu alma sea lo mejor posible? Y si alguno de vosotros lo pone en duda y sostiene que sí se preocupa de eso, no le dejaré en paz ni seguiré tranquilamente mi camino, sino que le interrogaré, le examinaré y le refutaré, y si me parece que no tiene ninguna virtud (areté), sino que simplemente la aparenta, le increparé diciéndole que siente el menor de los respetos por lo más respetable y el respeto más alto por lo que menos respeto merece.

La moral suele ser inseparable de las costumbres humanas, las cuales dependen de la época, el clima, la región geográfica o de cualquier evento circunstancial. En este sentido, la moral es cambiante y relativa a determinadas prácticas culturales. El hombre generalmente se halla determinado por los valores de la sociedad en donde vive, y por eso considera que las conductas acertadas son las que se amoldan con esos patrones. Incluso en un caso tan controvertible como el aborto, llama la atención que las mujeres de los países cuya práctica es legal suelen

padecer menor remordimiento que en aquellos en que es ilegal e inmoral. Usualmente, el influjo que ejerce la sociedad sobre sus miembros siempre es mayor que el esfuerzo por educar a cada nueva generación de acuerdo con su propio y verdadero sentido. Así, la estructura de toda sociedad descansa en las leyes y normas escritas o no escritas que unen y ligan a los individuos. De esta manera, la moral es lo que no es diferente dentro de toda forma de asociación, lo mismo si se trata de la familia, una clase social, una estirpe o un Estado. El problema de fondo radica en que el hombre si es un simple ser pasivo que acepta todos los estándares de conducta que la sociedad le confiere, esta sociedad se hunde porque por lo general no son los valores más humanos los que prevalecen.

A pesar del incesante "cambio" de moral, lo importante estriba en establecer un criterio para delimitar las acciones buenas de las malas. Si consideramos que el ser humano es sólo un ser de costumbres, realmente no lo podríamos distinguir del animal. Pero si consideramos que es un animal con lógos, es decir, que habla y piensa, lo bueno y lo malo no sólo es elegido por la colectividad, sino por la propia razón. Muchas veces el hombre cree que piensa por el solo hecho de seguir los dictados de la mayoría y no se percata de que la sociedad, aun antes de que nazca, ya le ha escogido sus valores. Pero si alguien es capaz de reexaminar esos valores, ya sea para eliminarlos, fortalecerlos o formar otros nuevos, ello implica que también es capaz de pensar por sí mismo y de elaborar una ética o filosofía moral. Por eso resulta fundamental el que la razón se convierta en una fuerza que le permita gobernar al hombre los apetitos que comparte con los animales, al dominarlos en una medida compatible con el bienestar de todo su ser. Si los seres humanos únicamente reaccionáramos ante los estímulos del medio, en nosotros sólo imperaría lo instintivo e irracional. Pero además de ello, podemos crear otorgando significados y símbolos y elevar nuestra humanidad a veces a costa del sacrificio de nuestra utilidad personal. Filósofos como Platón y Aristóteles distinguieron la razón de la sensibilidad, considerando a esta última como la fuente de las creencias infundadas y como el origen de los apetitos que se comparten con los animales. Asimismo, a los estoicos se les debe la división entre los animales y los hombres: a los animales les es dado como guía el instinto, que los lleva a conservarse y a buscar lo ventajoso para ellos; a los hombres les es dada la razón como la más perfecta guía y, por tanto, para ellos vivir conforme a la naturaleza significa vivir conforme a la razón.

La racionalidad humana es el elemento que nos libera de prejuicios (ideas fundadas en la ignorancia), estereotipos (imágenes rápidas y simplificadas de la realidad) u opiniones arraigadas pero falsas, y que nos permite establecer un criterio universal o natural para regir nuestra conducta. En este sentido, la razón es capaz de penetrar en las leyes que rigen la perfección y la dignidad humanas, las cuales son válidas para todos los tiempos y todas las culturas, siempre y cuando no sean el resultado de los intereses individuales o las conveniencias egoístas. Por eso la misión de la humanidad se centra en fundamentar una ética cuyos valores sean universales y permanentes, y no el monopolio de una raza, un credo o una determinada civilización. La ética es el arte de la perfección humana que se extiende desde los individuos concretos hasta el conjunto de todos los

seres racionales. En este orden de cosas, la ética es una forma saludable de vida que muchas veces implica apartarse de las prescripciones que imponen los grupos mayoritarios, en vistas a un desarrollo auténticamente humano.

1.4. El carácter normativo de la Ética

La ética es una racionalización del comportamiento humano, es decir, un conjunto de principios o enunciados dados por la luz de la razón y que iluminan el camino acertado de la conducta. Aristóteles define al hombre como un "animal racional". En tal caso la razón o el lógos es lo que le indica al hombre lo beneficioso o lo dañino, y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto. Pero al mismo tiempo es poseedor de una parte animal que lo hace mantener una conducta no-racional y que muchas veces lo aparta de su verdadera naturaleza. En este sentido, existe una dimensión instintiva que, si no está subordinada a la razón, provoca que se adopten conductas basadas en la opinión ajena, en comportamientos temperamentales o en tempestuosas perturbaciones del alma. Si la parte irracional del ser humano no se halla gobernada por la razón, a éste se le multiplican desmesuradamente las necesidades y los apetitos relativos a la comida, la bebida, los placeres sexuales y el dinero.

Esta conducta irreflexiva deberá ser normada o disciplinada por la razón y la voluntad. Por eso hay que reconocer los "impulsos", "tendencias" o "fuerzas" que determinan al hombre en contra de su verdadera naturaleza, para que puedan ser encauzadas por sus mejores facultades en una medida compatible con el bienestar de la totalidad de la persona. Existe una anécdota en la que un extranjero, que pretendía conocer los caracteres a partir de los rostros, decía que observaba en los rasgos de Sócrates muchos indicios de una naturaleza viciosa y lasciva.

Los que se hallaban presentes se rieron de aquél, por lo que sabían de la vida virtuosa y continente de Sócrates, pero éste mismo se puso de su parte: dijo que todos esos placeres los había tenido en germen, pero que había llegado a dominarlos por medio de la razón. Por eso la ética es una filosofía práctica que busca reglamentar la conducta con vistas a un óptimo desarrollo humano. La ética se propone perfeccionar al hombre en su acción. Aun cuando la ética sea un conocimiento teórico, es, en última instancia, más importante el resultado de los actos que mejoren la condición humana, que la más perfecta elaboración especulativa de principios éticos que nunca se aplican a la vida práctica.

Sin embargo, es necesario saber cuáles son los medios para lograr la meta que significa el desarrollo de lo genuinamente humano, y por eso se requiere de un previo conocimiento del hombre (filosófico, científico, histórico y psicológico, entre otros). En este sentido, si la ética busca alcanzar fines nobles, justos y buenos, los medios para conseguirlos también deben ser nobles, justos y buenos. Por el contrario, Maquiavelo asumía que el fin justificaba los medios, los cuales no eran precisamente de índole ética. Tampoco deben aprobarse medios injustos aun

cuando el fin a obtener sea el más justo, pues ello encierra un proceso de corrupción que termina perdiendo de vista el objetivo, o que también puede convertirse en una máscara de ideologías políticas que legitiman el uso de la violencia en aras de beneficiar a determinados grupos sociales.

El carácter normativo de la ética tiene como fundamento un aspecto esencial de la naturaleza humana, a saber: que el hombre es un ser imperfecto pero perfectible. Si además de ser imperfectos fuéramos imperfectibles, no tendríamos ningún problema moral, al no estar obligados a desarrollar todas nuestras potencialidades. Por eso los principios éticos tienen una dimensión imperativa, pues son mandatos u órdenes que nos damos para movernos a la realización de actos que mejoren nuestra condición humana. Porque somos seres incompletos buscamos perfeccionarnos y dirigir nuestras acciones hacia lo que debe ser.

Este deber se nos presenta como una necesidad de plenitud, de cristalizar al máximo todas nuestras capacidades. Por tanto, en la ética el deber se manifiesta como la conciencia de que no se es, pero que se puede llegar a ser. Por eso se trazan metas o fines dados por la razón y se ejecutan a través de actos que perfeccionan y ennoblecen al hombre. La ética queda plasmada como la exigencia de perfección integral de la naturaleza humana, lo cual implica la búsqueda de la excelencia como seres individuales, familiares y sociales. Como ya se ha señalado, muchas veces los fines y deberes no surgen como fruto de una reflexión propia, sino que son elegidos e impuestos de antemano por la colectividad. Incluso suelen constituir patrones de conducta que disminuyen y empobrecen el ser propio del hombre, al limitar todas sus capacidades sólo a aquellas a las que una determinada época demanda, como puede ser el "éxito" económico.

El hombre, como animal que habla y piensa, también está supeditado a los apetitos, sentimientos, emociones, estados de ánimo, prejuicios o acondicionamientos sociales y psicológicos, que lo inhiben de promocionar su dimensión específicamente humana. Por eso se hace indispensable que hagamos un análisis racional y crítico, el cual reexamine los fines y deberes vigentes, ya sea para eliminarlos, fortalecerlos o crear nuevas posibilidades. Para ello no es suficiente la razón por sí sola, sino también un coraje y una tenacidad para rectificar formas de pensamiento y conducta que la mayoría de las personas, por costumbre o por temor al riesgo y a la soledad, no estarían dispuestas a cambiar.

La exigencia de perfección no puede estar centrada en un solo aspecto de nuestra personalidad, pues la naturaleza humana es algo sumamente amplio y complejo. Por eso, alcanzar una vida plena significa alcanzar un autodesarrollo integral, es decir, la realización de nosotros mismos de manera completa. Para ello existe una serie de elementos que nos configuran, que nos esculpen como personas y que estamos impelidos a desplegar. En este sentido podemos enumerar los siguientes:

Espiritual: El ser humano busca desarrollar valores y virtudes relacionados con actividades espirituales que enriquecen su alma, no sólo para la vida presente, sino para después de la muerte física. La espiritualidad humana es la postulación

del alma como sede principal, en cuyo terreno crecen la libertad y la responsabilidad, las obligaciones morales, la virtud desinteresada, la majestuosidad de la justicia, la superioridad del amor y la conciencia de un Dios bondadoso y activo, que constituye un modelo para la humanidad. El crecimiento de la espiritualidad se fomenta en la persecución de causas buenas y nobles, así como en la disposición para tener una comunión con lo trascendente, practicando virtudes como la fe, la esperanza, la caridad, la piedad y la santidad.

Físico: Existe una máxima de Juvenal que dice: "mens sana in corpore sano" (mente sana en cuerpo sano). Se trata de la armonía existente entre un estado psíquico y espiritual deseables y la buena salud física. Un cuerpo saludable y robusto favorece la obtención de un mayor vigor moral e intelectual. Como señala Spinoza, el alma y el cuerpo son dos manifestaciones distintas de una misma realidad, pues el orden y la conexión de los fenómenos corpóreos corresponden perfectamente con el orden y la conexión de los fenómenos anímicos. Con ello se establece un paralelismo o una unidad psicofísica del hombre, es decir, la indisoluble relación entre los procesos psíquicos y físicos. Como, por ejemplo, cuando el alma afecta el cuerpo, las angustias, tristezas o traumas producen alteraciones en el sistema nervioso; o cuando el cuerpo afecta el alma, los desequilibrios químicos del organismo provocan estados depresivos. Por tanto, a raíz del vínculo entre el alma y el cuerpo, también debe buscarse el perfeccionamiento de éste a través del ejercicio, el deporte o la cultura física, la buena nutrición y evitar todo tipo de exceso. Estas actividades favorecen, sin duda, la adquisición de virtudes tales como la salud, la belleza y la fuerza física. Por otra parte, el ejercicio físico no debe convertirse en una moda para cumplir con un estándar social que establece un tipo de figura que se debe alcanzar, pues ello significaría vivir en función de lo que dice la colectividad y no de un auténtico aprecio por nuestro cuerpo.

Intelectual: Consiste en el desarrollo de la mente, la inteligencia o el entendimiento. Para ello, el hombre se perfecciona a través de la educación o cultura, que lo dispone a juzgar la validez de las cosas y a pensar por sí mismo sin la guía de otros. El perfeccionamiento intelectual supone la profundización en determinados campos del conocimiento, pero implica también la adquisición de una cultura general o humanista, como ideal de la formación humana completa. Nuestra educación no debe consistir en acumular información dispersa, sino en adquirir una visión de conjunto que nos capacite para comprender y transformar el mundo. En el desarrollo intelectivo es fundamental la no fragmentación científica o cultural, pues difícilmente se podrán enfrentar problemas más allá de la rama o disciplina específica, lo que puede generar un desequilibrio de la personalidad al concentrarse en una única dirección, y sin interés, sin tolerancia y sin comunicación con los que se encuentran fuera de ella. El conocimiento es uno solo y su división en asignaturas o materias, corre el peligro de convertirse en compartimentos estancos no estructurados ni interrelacionados ordenadamente, hasta el punto de que pueden perder interés y sentido para la vida de la persona. Por otra parte, el hombre culto que fomenta el crecimiento de su inteligencia, es alguien abierto a la comprensión de las ideas de los demás, pues ello encierra un

enriquecimiento aun en el caso de que no les reconozca validez. También es alguien que conoce el pasado histórico, con el fin de interpretar mejor su presente y su porvenir.

Además es capaz de apreciar las novedades en su justo valor, sin convertirlas en objeto de adoración. Asimismo, el desarrollo racional implica la posibilidad de abstraer, generalizar, deducir, inducir, comparar y valorar la información recibida. De manera que el perfeccionamiento intelectual implica adoptar una posición crítica frente a los prejuicios y estereotipos que permanecen arraigados en cada época. Por eso no debe generarse una actitud pasiva frente a los saberes consolidados, sino asumir que las respuestas que se han propuesto a los diversos problemas son siempre aproximaciones a la verdad con un carácter provisional. La búsqueda y creación de conocimientos no debe abandonarnos nunca, sobre todo manteniendo una admiración y curiosidad sobre todo aquello que nos interroga. Por tanto, podemos percatarnos de que saber por saber es un valor en sí mismo, del que no necesariamente tenemos que devengar una utilidad económica. Aristóteles dice al comienzo de la Metafísica: "Todos los hombres desean por naturaleza saber". 1

Volitivo: La voluntad es la apetencia o el deseo racional del hombre, y debe distinguirse de la apetencia como deseo sensible, que está dirigido sólo por los instintos irracionales. Puede observarse que la voluntad es el principio motor que pone en práctica las decisiones de la razón, al estar siempre subordinada a ella. Dice Platón que los tiranos no hacen lo que quieren, al hallarse gobernados por deseos sensibles que son contrarios a la naturaleza y a la ley y que no han sido dados por la razón, y, por consiguiente, no actúan conforme a la voluntad, es decir, conforme a lo bueno. De ello podemos derivar que quien se deja arrastrar sin medida ni orden por apetitos de comida, bebida, placeres amorosos y dinero, no sigue la voluntad sino el puro deseo.

La voluntad, como principio de acción según el bien que proporciona la razón, siempre está presente en los actos virtuosos. Sin embargo, muchas veces la razón y la voluntad no operan conjuntamente sino que están al servicio de instintos irracionales. Así, por ejemplo, un hombre con el instinto de la avaricia pondrá a su "razón" a maquinar la forma de hacer cada vez mayor dinero, a la "voluntad" la someterá a empecinarse por aquellos actos que le hagan acrecentar su capital (negocios, trabajo, ahorros, etc.), y reprimirá sórdidamente los que impliquen dispendio o gasto. Por eso la voluntad debe ser una aliada de la razón y no una súbdita del deseo. No obstante, nuestra sola razón es insuficiente para alcanzar un perfeccionamiento de nosotros mismos, a menos que contemos con el ánimo, el empeño y la disciplina (la voluntad) para ponerlo en práctica. Nuestro desarrollo volitivo se forja con la realización constante de virtudes tales como el respeto, la perseverancia, la valentía, el pudor, la moderación, la responsabilidad y la lealtad.

1 Aristóteles, Metafísica, 980 a 1.

Afectivo: El ser humano debe pulir sus emociones no desde una perspectiva egoísta y utilitaria, sino teniendo apertura hacia las necesidades de los demás. Ser "afectuoso" significa un conjunto de actos o actitudes que demuestren sentimientos tales como la bondad, la benevolencia, la devoción, la protección, la comprensión, la compasión, el cariño, la gratitud, la ternura, la confianza, y se caracterizan cuando la persona, en una situación dada, "toma cuidado de" o "se preocupa por" otra persona. En este sentido, el afecto es una de las formas del amor. Este último puede entenderse, en primer lugar, cuando se da una relación selectiva entre los sexos y que se halla acompañada por efectos positivos (amistad, ternura, fidelidad, pasión, etc.). Para ello debe haber un compromiso personal recíproco y no una simple relación sexual ocasional o anónima, es decir, debe atenderse a que existe una relación en donde lo que se busca es compartir y comunicarse en lugar de dominar, y en donde cada uno trata al otro como persona y no como objeto.

En el amor de pareja pueden distinguirse el amor sensitivo, que responde a los estímulos físicos y concupiscibles y que por sí solo es egoísta y narcisista, y el amor metafísico, que significa darse al otro, comunicarse y compartir vivencias en todas las dimensiones del ser: a nivel físico, volitivo, afectivo, estético, social, espiritual e intelectivo. En segundo lugar, el amor aplicado a las relaciones interpersonales se caracteriza por la solidaridad, la amistad, la fraternidad, la tolerancia y la concordia entre los individuos. Tanto el amor entre el hombre y la mujer, entre los padres y los hijos o entre ciudadanos, tiene como base el reconocimiento de la dignidad del otro, lo que implica una relación libre y recíproca, en la cual se busca el bien del otro como si fuera el propio bien. No debemos olvidar que la razón se vuelve ciega, fría y calculadora cuando no está acompañada de la voz que proviene del corazón.

Estético: El ser humano también se perfecciona cuando busca relacionarse con lo bello y lo sublime, ya sea cuando contempla la naturaleza y las obras artísticas, o cuando es capaz de crear cosas bellas. El nexo con el arte se da como una experiencia en donde perfeccionamos nuestro gusto y sensibilidad. Las creaciones artísticas también pueden apreciarse como otras formas de educación y conocimiento, tanto para fines morales como de compromiso social y de crítica política. En todo caso no debemos vincularnos con la belleza como un simple objeto de consumo, siguiendo irreflexivamente el gusto dominante. Nuestra relación con el arte no debe consistir en una imposición de los medios de comunicación que, al intentar masificar y uniformar nuestra sensibilidad, buscan que respondamos a intereses comerciales y no tanto estéticos.

Por eso el vínculo con la belleza puede representarnos una experiencia profunda y transformadora de todo nuestro ser, permitiéndonos descubrir y comunicar a los demás una infinidad de significados y símbolos. En este sentido, resulta fundamental pulir nuestra sensibilidad y relacionarnos con la literatura, la pintura, el teatro, el cine, la danza, la música, la escultura y la arquitectura. Por otra parte, la naturaleza representa para nosotros no sólo algo bello, sino también un valor ecológico que debemos preservar, así como algo sublime (aquello que desborda

nuestra capacidad de comprensión y que nos hace sentir la dimensión infinita y divina de la naturaleza).

Social: Los seres humanos buscan asociarse por naturaleza, pues su perfeccionamiento completo sólo puede lograrse como seres sociales. De esta manera, existe una disposición del hombre hacia el hombre, gracias a la cual el uno se siente vinculado con el otro por la paz, la amistad, la cooperación, la libertad, el pluralismo, la igualdad, la dignidad, la fraternidad, la generosidad y la solidaridad. Nuestra misión social no consiste en fomentar antivalores como la intolerancia, el individualismo egoísta o la dominación en cualquiera de sus formas, sino en asumir los grandes problemas de la humanidad como si fueran nuestros propios problemas.

Nuestro bienestar económico y social nunca debe construirse sobre las espaldas de aquellos que hayan sido víctimas de la explotación, la miseria y el hambre. Por eso la aspiración suprema como seres sociales es la de forjar en forma conjunta el desarrollo de los valores verdaderamente humanos. Ello significa erradicar la discriminación, el racismo y la xenofobia, pues sólo de esa manera la sociedad humana puede evolucionar hacia la integración universal. Nuestro destino como género humano es comprender la gran lección que nos dan otros seres como las partículas subatómicas, las galaxias, las bacterias o el reino de lo biológico: la tendencia común a asociarse en armonía y a entablar vínculos de mutua dependencia. Plegarnos a ello ya no significa sentirnos superiores a nadie, ni regirnos bajo estructuras políticas piramidales, sino estar facultados para convivir, aprender y simpatizar con los otros, aun cuando sus formas de vida sean diferentes de las nuestras.

Todos estos aspectos o dimensiones de nuestra verdadera humanidad pueden ser objeto de una ordenación o jerarquía, es decir, donde podamos privilegiar alguno o algunos de ellos por encima de otros. Sin embargo, todos tienen importancia, se relacionan mutuamente y requieren ser cultivados con constancia, si lo que perseguimos es un desarrollo armónico, equilibrado y saludable. El problema radica cuando alguno de esos elementos adquiere un carácter absoluto y el resto carece de consideración.

En estos casos, el ser humano se fragmenta como ser completo y entra en estados de fanatismo, neurosis y depresión. En nuestro tiempo uno de los mayores peligros estriba en que la mayor parte de los individuos se han convertido en simples consumidores mecanizados y enajenados, sin otro horizonte que el comprar y el usar, a la vez que han abandonado otras dimensiones que los caracterizan como seres auténticamente humanos. Los individuos en lugar de transformarse en una masa uniforme y global, deben ser personas dotadas de singularidad, creatividad y originalidad propia e irrepetible. Por eso se hace indispensable encontrar las formas de conducta o las condiciones que permitan el perfeccionamiento integral de la naturaleza humana. En este sentido, todas nuestras dimensiones espirituales, intelectuales, vitales, volitivas, afectivas,

estéticas y sociales se desarrollan y perfeccionan a través de la práctica de cada una de las virtudes y valores mencionados.

I.5. Los actos humanos como objeto de estudio de la ética

La ética tiene como propósito fundamental indagar y explicar los "actos humanos". Una distinción que realizan los escolásticos es la que se refiere a los actos humanos y los actos del hombre. De los actos que realiza el hombre, se llaman humanos solamente los que son propios del hombre en cuanto tal. El hombre se diferencia de los demás seres irracionales en que puede llegar a ser dueño de sí. De esta manera, sólo pueden ser actos humanos los que impliquen un dominio del hombre sobre ellos. Ahora bien, el hombre es soberano de sus actos gracias a la conjunción de la razón y la voluntad. Cualquier otro acto que no implique la posibilidad de adquirir un mando racional y volitivo no es un acto específicamente humano. En este caso se estaría hablando de actos que corresponden con nuestra naturaleza animal, con sus diversas manifestaciones orgánicas y fisiológicas.

Por eso la ética tiene como objeto de estudio los actos que se originan de la concordancia entre la inteligencia y la voluntad, mientras que los procesos físicos y químicos del cuerpo son abordados por disciplinas como la medicina, la biología y la microbiología, entre otras. Son actos propiamente humanos los que se realizan sabiendo o teniendo conciencia de ellos y queriendo por nuestra propia voluntad hacerlos. En la afirmación "yo amo a Sofía", se trata de un acto humano porque mi razón y mi afectividad tomaron la decisión de amar a Sofía y mi voluntad lo puso en práctica. En cambio, si digo "tengo hipo", se trata de un acto del hombre porque no es algo que depende de lo que pueda hacer o pensar.

Los actos humanos son una ordenación hacia las virtudes y los valores. Por consiguiente, consideramos que no sólo la razón y la voluntad son los dos aspectos que caracterizan el acto específicamente humano. Como hemos apuntado, existen otras dimensiones del ser humano que, con la práctica de determinadas virtudes y valores, lo perfeccionan de manera integral. Por eso un acto humano implica también aspectos espirituales, afectivos, físicos, estéticos y sociales. Asentarse sólo en lo estrictamente intelectual y volitivo conlleva el limitar y fragmentar la naturaleza humana. Todas las virtudes y valores que se puedan desplegar en cada una de estas dimensiones, hacen que el ser humano sea el propio constructor de su personalidad ética, pues no depende para desarrollarla de otra instancia más que de sí mismo.

I.6. Relación de la ética con otras ciencias

Cuando se habla de que la ética busca la rectitud de los actos humanos es porque la ética –aun cuando sea una parte práctica de la filosofía– especula sobre todo aquello que subyace o se oculta detrás de los hechos o las apariencias. Por eso la ética intenta adherirse a "principios" que expliquen los actos humanos

según un punto de partida, un fundamento o una causa. Este principio u origen de los actos que trata de determinar la ética es siempre "último y racional", al tratar de ir hasta las raíces más profundas para alcanzar una mejor interpretación de su significado. Si un hombre comete un crimen, las leyes y el derecho lo castigarán porque el acto que realizó está prohibido; en cambio, la ética indagará las causas psicológicas, políticas, sociales, ideológicas, económicas, religiosas, pasionales e instintivas que impulsaron ese acto. Estas razones últimas significan un criterio más amplio para juzgar los actos humanos a partir de un análisis exhaustivo.

Por eso la ética recurre y se relaciona directamente con otras ramas del conocimiento y de la cultura como la metafísica y la antropología filosófica, y de manera incidental con la religión, el derecho, la psicología, la política y la biología, entre otras. Un presupuesto básico de la ética es que es autónoma (de autós, sí mismo; y de nómos, ley), es decir, que no está subordinada a lineamientos rígidos y tajantes presentes en otras disciplinas, aunque pueda tomar de ellas lo que juzgue necesario. En este sentido, la ética no puede ser heterónoma (de héteros, otro; y de nómos, ley), es decir, que sigue al pie de la letra las leyes, normas o principios dados por otros conocimientos, ideologías o religiones.

La ética debe darse a sí misma, con entera libertad, sus propios principios, aunque alguna parte de ellos se hayan nutrido con otras formas del saber cultural. Podemos destacar las relaciones de la ética con otros saberes de acuerdo con los siguientes aspectos:

A) Ética y Metafísica: La ética como disciplina filosófica que procura encontrar principios y normas de carácter universal, debe obtenerlos de la realidad misma. La ética desciende de las abstracciones generales al orden de lo concreto y lo práctico. No puede edificarse sobre imaginaciones subjetivas ni sobre conveniencias meramente individuales y utilitarias, sino que debe fundarse en la propia realidad del ser. La ética, al no poder partir de la nada para formular sus propuestas, se vincula estrechamente con la "metafísica" (de metá, más allá; y de fysis, naturaleza, realidad). La metafísica es el conocimiento de lo que es común y esencial a todo lo existente, o de los caracteres que todo ser tiene y no puede dejar de tener.

También puede entenderse como la indagación de los fundamentos permanentes que componen la realidad en medio del cambio. La metafísica estudia el ser en general y constituye un saber que está más allá de la experiencia, al abordar temas como la naturaleza de Dios, las características y el destino del alma humana, así como el origen y fin del universo. También se utiliza la palabra "ontología" (de óntos, ser; y de lógos, tratado), para referirse al ser en general, abarcando desde el ser más excelente hasta los seres más insignificantes, o los seres cuya composición es de naturaleza espiritual o material.

B) Ética y Antropología Filosófica: Aun cuando la ética no está atada a otras formas de conocimiento, tampoco es una disciplina aislada y completamente pura. De esta manera, la ética tiene más afinidades con unas ramas del saber que con

otras. En este caso guarda una proximidad con la "antropología filosófica" (de ánthropos, ser humano; y de lógos, tratado). La ética, a la hora de regular la conducta, presupone necesariamente una concepción del hombre y de la esencia o naturaleza humana. Antes de elaborar una teoría sobre los actos humanos, debe haber una teoría que responda a la pregunta qué es el hombre y cuál es el sentido de su existencia. Por tanto, la ética es una teoría sobre la acción del hombre que lleva implícita la respuesta a la incógnita de "ser hombre". La antropología filosófica estudia una serie de problemáticas como la existencia corpórea del hombre, su dimensión social e histórica, la libertad, la felicidad, la muerte como misterio fundamental de la existencia y la inmortalidad personal, entre otros. En este sentido, las posibles respuestas a esas preguntas, nos llevan a edificar un conjunto de valores éticos, religiosos, cognoscitivos, estéticos, volitivos, vitales y sociales como fin primordial de nuestra vida.

C) Ética y Religión: La ética, aun cuando se nutra con otras ramas del conocimiento, siempre es independiente al emitir sus puntos de vista. En cambio, existen una serie de morales de índole religiosa que están subordinadas a determinadas creencias, ritos y tradiciones. La moral religiosa es el resultado del acatamiento de dogmas de fe (verdades únicas e inamovibles) y no de una razón que busca probar y cuestionar las cosas. Por eso se habla de morales religiosas como "moral judía", "moral cristiana", "moral musulmana", etc., para referirse a un conjunto de comportamientos consecuentes con lo que la divinidad les ha revelado; mientras que el término ética se suele utilizar para las morales racionales o filosóficas, como en el caso de la "ética platónica", la "ética aristotélica", la "ética kantiana", etc. Tanto la moral religiosa como la moral racional, pueden diferir o coincidir en sus conclusiones. Lo importante estriba en reconocer que el hombre religioso cumple con unas reglas que le son dadas por la religión a la que pertenece, mientras que el hombre que es poseedor de una ética sigue reglas de conducta que son dadas por su propia razón. En este orden de cosas, la razón y la fe, a pesar de que son distintas, no son mutuamente excluyentes. Por tanto, la ética no se cierra a la trascendencia, a la religión y a la fe. Sin embargo, se permite revisar y cuestionar presupuestos religiosos que no son consecuentes con un auténtico desarrollo de la naturaleza humana, como pueden ser formas de culto en donde existan sacrificios humanos, superstición, intolerancia, fanatismo, enajenación o búsqueda del poder político y económico usando como mascarada la religión.

D. Ética y Derecho: Estas disciplinas coinciden en su carácter obligatorio y regulador de las relaciones humanas. Pero una de las diferencias más ostensibles es que en la ética las obligaciones son internas, pues pertenecen a la esfera privada del yo, mientras que en el derecho son externas, pues las obligaciones están dirigidas hacia los otros. Kant hace la importante distinción entre legalidad y moralidad: la primera son deberes impuestos por la legislación jurídica y son solamente externos; la segunda implica una idea universal del deber, que es enteramente interna 2 En este sentido, hay que distinguir el ámbito externo de la

2 Kant, Crítica de la razón práctica, I, 1, cap. 3

acción coercitiva, como propio del derecho, y el ámbito interno de la intención o de la conciencia, como propio de la ética. La exterioridad del derecho y su naturaleza rigurosamente coercitiva suscitan un carácter imperfecto e incompleto de la acción legal frente a la acción moral.

Sin embargo, el derecho cuenta con un respaldo institucional y con estructuras de poder que sancionan la trasgresión a la ley; la ética en este sentido se halla desvalida, pues la observancia de sus principios depende de la interiorización que cada sujeto libre haga de ellos. La única sanción es el remordimiento o la necesidad de la conciencia por resarcir la ruptura de alguna norma moral. Por eso la ética vive en la intemperie y se realiza al margen del aparato coercitivo de los estados políticos, cuyo derecho está establecido para que las leyes se cumplan muchas veces a través de la fuerza y la represión.

Hay que indicar que en esta aparente "debilidad" de la ética, puede radicar su "fuerza", pues los seres humanos actuamos más efectivamente por convicción, siguiendo valores éticos aprendidos en la experiencia e inculcados mediante una buena educación, que por la estricta imposición externa.

I.7. La Ética y su método

El punto de partida de la Ética es un conocimiento profundo de la conducta humana tal como se da en los individuos de cualquier época y cualquier lugar. El método de la Ética en este punto coincide con la etapa de observación propia del método científico en general. En efecto, para captar la conducta humana es preciso acercarse al hecho real que se está dando. En esta aproximación se utilizan los sentidos en forma acuciosa, penetrante y amplia.

Pero no basta el uso de los sentidos. Cada vez que una persona capta un objeto, inmediatamente y en forma natural, aplica una cierta estructura al dato recibido. Esta estructura, tal como vamos a explicar más adelante, es una especie de lente de color que proporciona al dato una cierta unidad, un valor y un sentido. De esta manera, el fenómeno o acto humano percibido adquiere un nombre, es decir, una estructura que la identifica y la distingue con respecto a otros fenómenos similares; y el encargado de aplicar esta forma o estructura al dato recibido por los sentidos es el intelecto humano. Por ejemplo, veo que un individuo toma por los hombros a una mujer. Si me fijo con detenimiento, ese dato se puede percibir con diversas estructuras: alguien puede percibir que el hombre está agrediendo a la mujer; otro que el hombre está acariciando a la mujer; y un tercer observador que el hombre está apoyándose en la mujer o que el hombre está ayudando a la mujer, etc. Una observación penetrante logra captar los datos suficientes para aplicar una estructura completamente adecuada. En el caso concreto aquí descrito, lo que sucede es que el hombre está saludando por sorpresa a una antigua amiga. La observación de la conducta humana es un arte especialmente cultivado en las novelas, el teatro, el cine, la historia, las biografías y, por supuesto, en la realidad

que nos rodea cotidianamente.

Un segundo aspecto del método propio de la Ética es el proceso de Evaluación. A partir e a percepción que hemos descrito como un primer aspecto, el estudiante de Ética emite enseguida un juicio de valor moral, es decir, trata de catalogar el acto dentro de las categorías morales que previamente ha estudiado. Así por ejemplo, puede utilizar las categorías de reprobable, honesto, obligatorio, bueno, amable, virtuoso, denigrante, lícito, ilícito, indiferente, etc. En un estudio serio Ética no bastan las categorías de bueno y malo, como si toda la variedad y riqueza de la conducta humana pudiera caber en sólo dos grandes cajones. Los matices de la valoración se expresan en una enorme variedad de calificativos, como los que acabamos de mencionar.

Con esto llegamos al punto crucial en cuanto al método de la Ética. El tercer aspecto de este método es la percepción axiológica. Se trata de descubrir, en forma personal, los horizontes superiores de valores que todavía no habíamos sido capaces de percibir y apreciar. Es evidente que el niño percibe algunos valores; pero también es evidente que el niño no percibe todos los valores. La ampliación del horizonte axiológico es un proceso que dura toda la vida.

Esta percepción axiológica es el aspecto más importante de nuestro método. En efecto un curso de Ética no puede contentarse con describir situaciones y aplicar las categorías morales; es una lástima que esos dos primeros aspectos pueden expresarse por medio de un proceso memorístico. Se dan estudiantes que obtienen la máxima calificación en un examen de Ética repitiendo de memoria los principios, los casos y juicio moral que proporciona un manual, y todo esto sin haber descubierto, penetrado y apreciado los valores éticos aludidos en los conceptos utilizados. El objetivo prioritario de un curso de Ética tendría que consistir en facilitar a los estudiantes la captación de los valores superiores, de tal manera que el aprecio de ellos mueva al individuo hacia una nueva orientación de su propia conducta.

En resumen, el método de la Ética puede desglosarse en tres aspectos (que no necesariamente son tres etapas cronológicas): la percepción de la conducta humana, la evaluación de la misma, y la intuición axiológica. La amplitud y penetración de esta última es la que marca el auténtico avance dentro del ámbito de la Ética.

18

II. LOS VALORES Y SU SIGNIFICADO

Los valores son producto de cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Surgen con un especial significado y cambian o desaparecen en las distintas épocas. Por ejemplo, la virtud y la felicidad son valores; pero no podríamos enseñar a las personas del mundo actual a ser virtuosas según la concepción que tuvieron los griegos de la antigüedad. Es precisamente el significado social que se atribuye a los valores uno de los factores que influye para diferenciar los valores tradicionales, aquellos que guiaron a la sociedad en el pasado, generalmente referidos a costumbres culturales o principios religiosos, y los valores modernos, los que comparten las personas de la sociedad actual.

II.1. ¿Qué se entiende por valor?

a) El Concepto de Valor

Este concepto abarca contenidos y significados diferentes y ha sido abordado desde diversas perspectivas y teorías. En sentido humanista, se entiende por valor lo que hace que un hombre sea tal, sin lo cual perdería la humanidad o parte de ella. El valor se refiere a una excelencia o a una perfección. Por ejemplo, se considera un valor decir la verdad y ser honesto; ser sincero en vez de ser falso; es más valioso trabajar que robar. La práctica del valor desarrolla la humanidad de la persona, mientras que el contravalor lo despoja de esa cualidad. Desde un punto de vista socio-educativo, los valores son considerados referentes, pautas o abstracciones que orientan el comportamiento humano hacia la transformación social y la realización de la persona. Son guías que dan determinada orientación a la conducta y a la vida de cada individuo y de cada grupo social.

El valor se define como aquello que es apetecible, amable, digno de aprobación, de admiración o útil para un fin determinado.

La ética del valor tiene una raíz neokantiana (el deber como fin en sí mismo) y fenomenológica (considera la experiencia moral como intuición emocional y material de los valores).

Como concepto, el valor dice siempre relación a la persona en cuanto constituye un bien para ella en lo que se refiere a la persona individual en cuanto tal y a la sociedad (valor social o lo que dice relación de la persona a otras personas) ya que el valor moral otorga el adjetivo de bondad o maldad.

El valor ético, es decir lo que dice relación a la persona en relación a sí misma, en conformidad con el ser humano, la recta razón, la auténtica realización o con el fin último de la persona, dependerá de lo que su valor supremo considera como referente dentro de un pensamiento ético, y por lo tanto debido a su relatividad, el pensamiento ético es divergente y en ocasiones absoluto.

b) ¿Desde cuáles perspectivas se aprecian los valores?

La visión subjetivista considera que los valores no son reales, no valen en sí mismos, sino que son las personas quienes les otorgan un determinado valor, dependiendo del agrado o desagrado que producen. Desde esta perspectiva, los valores son subjetivos, dependen de la impresión personal del ser humano. La escuela neokantiana afirma que el valor es, ante todo, una idea. Se diferencia lo que es valioso de lo que no lo es dependiendo de las ideas o conceptos generales que comparten las personas.

Algunos autores indican que "los valores no son el producto de la razón"; no tienen su origen y su fundamento en lo que nos muestran los sentidos; por lo tanto, no son concretos, no se encuentran en el mundo sensible y objetivo. Es en el pensamiento y en la mente donde los valores se aprehenden, cobran forma y significado.

La escuela fenomenológica, desde una perspectiva idealista, considera que los valores son ideales y objetivos; valen independientemente de las cosas y de las estimaciones de las personas. Así, aunque todos seamos injustos, la justicia sigue teniendo valor. En cambio, los realistas afirman que los valores son reales; valores y bienes son una misma cosa. Todos los seres tienen su propio valor. En síntesis, las diversas posturas conducen a inferir dos teorías básicas acerca de los valores dependiendo de la postura del objetivismo o del subjetivismo axiológico.

II.2. Características de los valores

  • a) Características generales

¿Qué hace que algo sea valioso? La humanidad ha adoptado criterios a partir de los cuales se establece la categoría o la jerarquía de los valores. Algunos de esos criterios son:

(a) Durabilidad: los valores se reflejan en el curso de la vida. Hay valores que son más permanentes en el tiempo que otros. Por ejemplo, el valor del placer es más fugaz que el de la verdad.

(b) Integralidad: cada valor es una abstracción íntegra en sí mismo, no es divisible.

(c) Flexibilidad: los valores cambian con las necesidades y experiencias de las personas.

(d) Satisfacción:

practican.

los valores generan satisfacción en las personas que los

(e) Polaridad: todo valor se presenta en sentido positivo y negativo; todo valor conlleva un contravalor.

  • (f) Jerarquía: hay valores que son considerados superiores (dignidad, libertad) y

otros como inferiores (los relacionados con las necesidades básicas o vitales).

Las jerarquías de valores no son rígidas ni predeterminadas; se van construyendo progresivamente a lo largo de la vida de cada persona.

  • (g) Trascendencia: los valores trascienden el plano concreto; dan sentido y

significado a la vida humana y a la sociedad. (h) Dinamismo: los valores se

transforman con las épocas.

  • (i) Aplicabilidad: los valores se aplican en las diversas situaciones de la vida;

entrañan acciones prácticas que reflejan los principios valorativos de la persona.

  • (j) Complejidad: los valores obedecen a causas diversas, requieren complicados

juicios y decisiones.

b) ¿Cómo valora el ser humano?

El proceso de valoración del ser humano incluye una compleja serie de condiciones intelectuales y afectivas que suponen: la toma de decisiones, la estimación y la actuación. Las personas valoran al preferir, al estimar, al elegir unas cosas en lugar de otras, al formular metas y propósitos personales. Las valoraciones se expresan mediante creencias, intereses, sentimientos, convicciones, actitudes, juicios de valor y acciones. Desde el punto de vista ético, la importancia del proceso de valoración deriva de su fuerza orientadora en aras de una moral autónoma del ser humano.

II.3. Clasificación de los valores

¿Cómo se clasifican los valores? ¿Cuáles tipos de valores existen?

No existe una ordenación deseable o clasificación única de los valores; las jerarquías valorativas son cambiantes, fluctúan de acuerdo a las variaciones del contexto. Múltiples han sido las tablas de valores propuestas. Lo importante a resaltar es que la mayoría de las clasificaciones propuestas incluye la categoría de valores éticos y valores morales. La jerarquía de valores según Scheler incluye:

  • (a) valores de lo agradable y lo desagradable,

  • (b) valores vitales, (c) valores espirituales: lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto,

valores del conocimiento puro de la verdad, y

  • (d) valores religiosos: lo santo y lo profano.

La clasificación más común discrimina valores lógicos, éticos y estéticos. También han sido agrupados en: objetivos y subjetivos (Frondizi, 1972); o en valores inferiores (económicos y afectivos), intermedios (intelectuales y estéticos) y superiores (morales y espirituales). Rokeach (1973) formuló valores instrumentales o relacionados con modos de conducta (valores morales) y valores

terminales o referidos a estados deseables de existencia (paz, libertad, felicidad, bien común).

La clasificación detallada que ofrece Marín Ibáñez (1976) diferencia seis grupos:

  • (a) Valores técnicos, económicos y utilitarios;

  • (b) Valores vitales (educación física, educación para la salud);

  • (c) Valores estéticos (literarios, musicales, pictóricos);

  • (d) Valores intelectuales (humanísticos, científicos, técnicos);

  • (e) Valores morales (individuales y sociales); y

  • (f) Valores trascendentales (cosmovisión, filosofía, religión).

II.4. Jerarquía de Valores

Los valores (cada uno de ellos) admiten grados en la forma como se poseen o viven. En efecto, una persona o una comunidad puede ser más o menos tolerante, solidaria, laboriosa, etc. (puede ser tolerante siempre, o sólo en ciertos casos, o con ciertas personas, etc.). Por ello, afirmaciones como "nuestra sociedad es intolerante" deben ser matizadas. Y, además, existen niveles o jerarquías de valores.

Aquí nos referimos a la jerarquía subjetiva de los valores, en el sentido de que cada persona o sociedad concede más importancia a unos valores que a otros

(sea

con

carácter

absoluto,

o

dependiendo

de las circunstancias).

La existencia de esa jerarquía es importante, porque permite entender (y explicar, y resolver) tanto las relaciones entre valores como las contradicciones axiológicas. Si se trata de valores de distinto nivel, en principio el de nivel superior adquiere precedencia sobre el inferior, de modo que, en este caso, no se puede hablar de un verdadero conflicto de valores (lo que no significa que su solución sea banal, sobre todo en el plano emocional). Y si se trata de valores del mismo nivel, el agente decidirá en función de la prioridad de uno de ellos (en general, o en cada caso concreto), o por el recurso a un valor superior, o por otros medios, como el uso de reglas prácticas (sobre todo en valores de bajo nivel) y la consideración de las circunstancias (que pueden hacer que un valor adquiera prioridad sobre los demás).

Los valores de

orden superior suelen referirse

a

los fines (valores

finales

o

básicos), y los de orden inferior, a los medios (instrumentales o no básicos). De

todos modos, es posible que los valores instrumentales al servicio de fines de

mayor

nivel

dominen

a

los

valores

finales

de

orden inferior.

Si el contenido de los valores cambia, la jerarquía de los valores puede cambiar también. Y, de hecho, cambia. Por ejemplo, la aparición de inmigrantes procedentes de otra cultura y religión puede obligar a una sociedad a replantearse su concepto de tolerancia y, seguidamente, el papel de ese valor, junto con otros como unidad, solidaridad, trato no discriminatorio, etc.

Los valores de nivel superior (aquellos que no ceden a otros valores, y hacia los que se orientan los valores de nivel inferior, los instrumentales) suelen ser más permanentes. Los valores superiores son los que nos llevan a ser la persona que somos; de ahí su permanencia. Pero la firmeza en los valores superiores no es síntoma de intolerancia.

Los valores superiores cambian, principalmente, cuando lo hace el paradigma teórico del sujeto (paso de la fe religiosa al ateísmo, por ejemplo), cuando aparecen problemas o circunstancias nuevos e importantes (convulsiones sociales, cambios políticos, enfermedades graves, etc.), cuando las contradicciones entre los distintos valores mantenidos por el sujeto se hacen más agudas, cuando se producen discrepancias importantes con los valores del entorno en que uno vive, etc.

Esta es una lista abierta, pero indicativa de las causas que llevan a revisiones importantes en la jerarquía de valores.

Tesis 22: Los cambios

menudo radicales)

en

en

los valores principales provocan otros cambios (a

la

estructura de valores y

en

la

vida

de

la persona.

Por el contrario, los valores instrumentales suelen cambiar con más frecuencia y ser más inestables, pero su cambio, o los conflictos que los afectan, suelen ser menos traumáticos.

II.5. Escala de Valores

Valores Religiosos

Fin Objetivo: Dios Fin Subjetivo: Santidad Actividades: Culto interno y externo, virtudes sobrenaturales Preponderancia: Toda la persona dirigida por la Fe. Necesidad que satisface: Autorrealización Tipo de Persona: Santo Ciencia que lo estudio: Teología

Valores Morales

Fin Objetivo: Bondad Fin Subjetivo: Felicidad Actividades: Virtudes humanas Preponderancia: Libertad dirigida por la razón Necesidad que satisface: Autorrealización Tipo de Persona: Íntegra Ciencia que lo estudio: Ética

Valores Estéticos

Fin Objetivo: Belleza Fin Subjetivo: Gozo de la armonía Actividades: Contemplación, creación, interpretación Preponderancia: Toda la persona ante algo material. Necesidad que satisface: Autorrealización Tipo de Persona: Íntegra Ciencia que lo estudio: Estética

Valores Intelectuales

Fin Objetivo: Verdad Fin Subjetivo: Sabiduría Actividades: Abstracción y Construcción Preponderancia: Razón Necesidad que satisface: Autorrealización Tipo de Persona: Íntegra Ciencia que lo estudio: Lógica

Valores Afectivos

Fin Objetivo: Amor Fin Subjetivo: Agrado, afecto, placer Actividades: Manifestaciones de afecto, sentimientos y emociones Preponderancia: Afectividad Necesidad que satisface: Del Yo Tipo de Persona: Sensible Ciencia que lo estudio: Psicología

Valores Sociales

Fin Objetivo: Poder Fin Subjetivo: Fama, prestigio Actividades: Relación con hombre masa, liderazgo, política Preponderancia: Capacidad de interacción y adaptabilidad Necesidad que satisface: Sociales Tipo de Persona: Famosa, líder, política Ciencia que lo estudio: Sociología

Valores Físicos

Fin Objetivo: Salud Fin Subjetivo: Bienestar Físico Actividades: Higiene Preponderancia: Cuerpo Necesidad que satisface: Fisiológicas

Tipo de Persona: Atleta Ciencia que lo estudio: Medicina

Valores Económicos

Fin Objetivo: Bienes, riqueza Fin Subjetivo: Confort Actividades: Administración Preponderancia: Cosas a las que se da valor convencional Necesidad que satisface: Seguridad Tipo de Persona: Hombre de Negocios Ciencia que lo estudio: Economía

II.6. Guía Práctica para vivir los Valores

Hablar de los valores es una cosa, pero vivirlos es otra historia. ¿Realmente es tan difícil? La respuesta es no. Requiere cierto esfuerzo, concentración y perseverancia, pero no es tan difícil. Con algunos pasos simples podrás lograr que tu vida, tus acciones y la sociedad tengan como columna vertebral a los valores.

Paso 1. Conocer su Importancia

El primer paso para vivir los valores es la conciencia de lo importantes que son. Una sociedad basada en individuos con valores es la llave para una convivencia más sana. Las leyes civiles no son suficientes. En ellas se establece solo lo elemental para asegurar una convivencia medianamente decente, sin embargo no es suficiente con solo "cumplir la ley". Los valores van mucho más allá de cumplir el reglamento de tránsito, van a la raíz de las cosas. Por ejemplo, el reglamento dice que no puedes pasar una luz roja en el semáforo (bastante elemental para no matarse), sin embargo no dice que en un atasco de tráfico el cederle el paso a una persona es algo amable, que hace que todos estemos más contentos y que incluso puede ahorrarnos un percance.

Para vivir los valores, lo primero es estar conciente de que son vitales, y que son lo que puede cambiar verdaderamente a una persona, una familia o una nación.

Paso 2. Analizar mi conjunto de Valores

Una vez que se ha aceptado la importancia de vivir los valores, hay que analizar claramente qué valores son la base de tu vida. Aquí podríamos establecer dos

clases: los que ya tienes, y los que quieres construir. Para saber cuáles son los valores. Por otra parte, también debes hacer un esfuerzo y meditar detenidamente en cuáles son aquellos principios, normas y comportamientos que son fundamentales para ser mejor, para vivir mejor. ¿Cuáles te enseñaron en casa? ¿Cuáles has ido aprendiendo con la vida? ¿Cuáles sabes que existen, pero no los vives mucho? ¿Cuáles son los que te gustaría tener? ¿Necesitas investigar más

sobre

ellos?

La idea aquí es que te sientes en un lugar tranquilo, y en una hoja de papel. Escribe la fecha y traza dos líneas verticales dividiendo la página para crear tres columnas. (Puedes ver un ejemplo de lo que vamos a hacer aquí). En el lado izquierdo, en la primera columna, vas a escribir una lista con los valores más importantes para ti, sin importar el orden o si los vives actualmente, simplemente escribe aquellos principios que consideras fundamentales.

Cuando hayas terminado, en la columna del centro vas a hacer una lista con los valores que aprendiste desde niño en casa, los que has aprendido con la vida y los que has aprendido últimamente pero que no sueles vivirlos.

Una vez terminado, pasa a la columna de la derecha, y dibuja un triángulo y escribe en cada vértice: Mis Fortalezas, Mis debilidades, Lo que quiero ser. Vas a hacer tres listas, donde vas a escribir aquellos valores que ya existen en ti, que te definen como una persona especial y que vives continuamente. En "Mis debilidades" vas a escribir aquellos defectos que tú conoces, y que te impiden vivir mejor los valores. Por último, escribe aquellos valores que desearías vivir en "Lo que quiero ser".

Esta hoja debes guardarla, es muy importante porque es la base de tu trabajo y de los siguientes pasos de esta guía.

Paso 3. El "Plan Maestro".

Ahora que ya conoces tu valores, tus debilidades y lo que quieres llegar a ser, llega el momento de usar una agenda. Cualquiera puede ser útil (una de escritorio, de bolsillo, electrónica -una Palm es ideal para esto). En otra hoja, vas a establecer tres bases de tiempo: anual, mensual y por día. En la base de tiempo anual escribirás lo que esperas lograr en un año. Los valores concretos que quieres alcanzar (incluye los que ya vives y los que quieres vivir). De esta lista, vas a dividirla en una base de tiempo mensual, concentrando un mes para cada actividad. En la base de tiempo por día establecerás una lista de "Lo que vivo y debo reforzar" y otra de "Lo que me falta".

En tu agenda, establece una meta concreta diaria (pequeña, pero significativa) de los valores que vas a reforzar y los que quieres vivir. Una meta concreta diaria puede ser "Hablarle por teléfono a Juan", para fortalecer el valor de la amistad (tal vez tienes meses sin acordarte de alguna persona), o puedes establecer "Ayudar a alguien pobre" para fortalecer o crear la generosidad. Hazlo para el primer mes (es decir, el mes en el que estás).

Cada mes, debes revisar tu "Plan Maestro", establecer los valores con su actividad diaria y hacer una reflexión sobre los resultados.

Si

por cualquier motivo no

te

fue

muy bien

en

un

mes determinado, no te

preocupes, vuelve

a ponerlo

en

tu

plan

diario y

analiza por

qué

no pudiste

cumplirlo. Reflexiona en las razones que te lo impidieron (falta de tiempo, falta de constancia, olvido, etc.) y establece medios para que esto no ocurra de nuevo. Aquí lo que es importante es que estés avanzando, aunque sea a pequeños pasos.

4. El examen diario.

Si realmente quieres vivir los valores, durante una parte del día (puede ser en la tarde o noche -si es en la noche, asegúrate de no estar demasiado cansado-) date 10 minutos para reflexionar. Debes pensar en cómo te ha ido en el día, si estás cumpliendo tu meta (o metas) diarias, qué te falta por hacer y qué has hecho. Este examen es vital, si no lo haces, todo el sistema para vivir los valores va a irse perdiendo hasta que te olvides de él. El examen te permite dos cosas: analizar de manera realista y rápida cómo están resultándote las cosas, y propósitos concretos para hacer algo y vivir tus valores.

El camino que hemos emprendido, es en cierta forma “cuesta arriba”; si las metas que nos propusimos para comenzar son relativamente sencillas, todavía existe un “enemigo” al cual debemos vencer: nosotros mismos.

Es muy fácil sentirnos motivados a alcanzar nuestras metas, sobre todo si las cosas salen bien; pero conforme pasa el tiempo, ese ánimo corre el riesgo de decaer por el natural cansancio, la rutina diaria de nuestro trabajo, las

obligaciones cotidianas en casa o la escuela, el excedernos en la diversión

...

;

en

esos momentos, cuando “el ímpetu” comienza a desfallecer, necesitamos nuevos

bríos para seguir luchando.

El recobrar ánimo no debe identificarse con el sentirnos bien, a gusto, cómodos y “con ganas” de continuar, de ahí la importancia de saber como va nuestra vida. Comparemos nuestro Examen Diario de los valores con la labor de un comerciante: este último revisa diariamente cuanto vendió, la ganancia o pérdida que obtuvo, los productos que más se vendieron y cuales le hicieron falta, con esos datos está en condiciones de establecer la estrategia del día siguiente, y así, impedir que su negocio vaya a la ruina.

Por eso

es

de

vital

importancia

hacer

el

Examen

Diario

de

cómo

estamos viviendo los valores y si estamos cumpliendo con nuestras metas.

 

Para hacer nuestro examen, daremos los siguientes pasos:

 

1.- Establece

10

minutos

diarios

para

reflexionar.

Cualquier

hora

es

buena, siempre y cuando tengas tiempo de hacerlo con calma. De otra manera,

por la prisa o el cansancio perdemos de vista los detalles importantes.

2.-

En

una

hoja

de

cuadrícula

dibujarás

una

tabla

con

filas

y

columnas. Del lado

izquierdo

y

en

la primera

columna, escribe la lista

con las metas que propusiste en el Plan Maestro; en la parte superior de las siguientes columnas escribirás los días con su fecha

3.-

En

la

parte

inferior

y

después

de

la

tabla,

dibujarás

tres columnas para escribir el resultado de tu examen (no olvides escribir la fecha),

cada una tendrá los siguientes encabezados:

  • a) Lo que hice bien

  • b) Lo que hice mal y por qué

  • c) Lo que haré mañana

Te quedará una tabla como la siguiente (la cual puedes hacerla por semana, quincena o mensual):

 

Lun

Mar

Meri

Jue

Vié

Sáb

Dom

Lun

Mar

Miér

Jue

...

Metas

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

1.-

5. Mantenimiento

Mes con mes, revisa tus valores, revisa lo que has aprendido, piensa cómo te ha

ido en tus exámenes diarios. ¿Mejoras? ¿Empeoras? ¿Ha

habido

un

gran

avance? Lo fundamental en este sistema es la constancia. Si ahora mismo haces

tu plan maestro y estableces

tus prioridades pero no

las

vives,

no

haces el

examen y no sigues tus propósitos concretos, entonces en quince días te habrás

olvidado

de

todo.

Si realmente quieres vivir los valores, debes hacerte el propósito. Esta guía está hecha de tal manera que te permite analizar y plantear metas de manera ordenada, y pequeñas acciones para lograrlas. Es mejor hacer una acción pequeña todos los días, que grandes acciones muy de vez en cuando.

Tu guía es algo personal, sin embargo no dudes en compartirla con otros amigos, y especialmente que alguien de confianza te ayude a establecer qué valores te

vendrían bien, porque a veces uno pierde la perspectiva de sí mismo o hay defectos que uno simplemente no ve.

II.7. La bipolaridad de los valores

Cuando hablamos de valores podemos denotar una característica peculiar:

siempre los consideramos por pares, siempre se trata de binomios, como por ejemplo: belleza y fealdad, verdad y falsedad, bondad y maldad. Ahora bien, esta peculiaridad axiológica se puede estructurar de diversas maneras, es decir, podemos detectar varias escalas que utiliza la mente humana para referirse al tema de los valores, aun cuando siempre van desde un polo superior hasta otro polo inferior y viceversa. En el fondo estamos vislumbrando diversas estructuras noéticas con las cuales catalogamos y damos peso a esos dos polos y, además, ordenamos los valores intermedios entre los dos puntos extremos. Distinguiremos por lo menos cuatro escalas diferentes, cuatro modos de ordenar y sopesar los valores que se nos presentan. Por su analogía con escalas numéricas, a pesar de que los valores se perciben sobre todo en un terreno cualitativo, las vamos a denominar:

  • 1. Escala bipolar, sólo hay un polo positivo y un polo negativo.

  • 2. Escala de múltiples valores positivos y negativos.

  • 3. Escala de la normalidad central, en la cual se da mayor peso a un valor

intermedio.

  • 4. Escala del cero absoluto, en la cual no hay valores negativos.

Existen valores que utilizan de preferencia la primera escala (verdad y falsedad), otros se expresan mejor dentro de la segunda (calificaciones escolares); las virtudes tal como son definidas por Aristóteles se expresan mejor en la tercera escala (el justo medio), la teoría del mal como privación del bien se expresa mejor en la cuarta escala. Algunos valores pueden utilizar varias escalas. Hay casos en los que la utilización de cierta escala resulta ridícula para el tipo de valor que se está tratando. Veremos las ventajas y las deficiencias de cada una de estas cuatro maneras de ordenar y sopesar los valores.

Conviene aclarar que el uso de estas escalas originalmente es de tipo numérico, pero la igualmente puede aplicadas en forma analógica en temas cualitativos. En algunos casos conviene utilizar números, en otros casos resulta ridículo cuantificar ciertos valores.

  • a) La escala bipolar.

La primera escala es la más sencilla de todas. Es exclusivamente bipolar, es decir, sólo considera dos calificativos, dos extremos opuestos, uno positivo y otro negativo, por ejemplo: verdadero y falso, vida y muerte, aceptado o no aceptado.’m una solicitud de trabajo), aprobado o reprobado (en el dictamen de un examen), no hay puntos intermedios y en algunos casos es imposible encontrarlo.

Se trata de dos polos y nada más, el caso más claro es la verdad y la falsedad de una proposición, en Lógica hemos visto ya el Principio del Tercero Excluso (aun cuando también puede recordarse la posibilidad de la Lógica polivalente). De la misma manera, Algunas personas califican a la gente como buena o como mala, sin ningún punto intermedio. Esta escala en algunos casos es demasiado simple e ineficaz: la gente advierte con facilidad que entre el blanco y el negro existe una enorme variedad de tonos grises. Sin embargo, popularmente se sigue utilizando, así es como se califica a una persona como inteligente o tonta, rica o pobre, guapa o fea, buen o mal partido. Los niños siguen preguntando si el personaje de la televisión es de los buenos o de los malos.

La ausencia de matices para calificar la diversidad de valores que entraña un objeto dado es una característica de esta escala. En algunos casos se requiere esta bipolaridad exclusiva y no podría ser de otra manera: Miguel es útil o inútil para el servicio militar, Manuel está aceptado o rechazado en determinado trabajo, Juan es culpable o, Antonio ha aprobado o reprobado en el examen de Matemáticas. Algunos dictámenes en medicina, en la universidad y en los tribunales, sólo utilizan estos dos polos y así es como conviene para la eficiencia del asunto tratado.

En cambio, esta escala resulta inoperante y deficiente cuando se requiere expresar el matiz, la graduación, los puntos intermedios entre los dos polos. Las calificaciones en la escuela suelen utilizar una amplia escala: del cero al diez, del cero al cien, (en algunos casos tan sólo se utilizan 3, 4 o 5 niveles), los precios de las mercancías se expresan en monedas y fracciones, los grados de inteligencia también se expresan en escalas que abarcan varios dígitos. Sería ridículo utilizar en estos casos una escala de tan sólo dos calificaciones.

En la actualidad suele utilizarse el vocablo maniqueísmo para designar la postura que sólo considera, en el terreno moral, dos polos opuestos y sin puntos intermedios. También se utiliza este término para designar a la mentalidad que da demasiado peso al polo negativo. Se da el nombre de maniqueísmo a la postura que descalifica con facilidad a una nación, a un partido, a un grupo social o a una persona, tachándolos como "los malos" desde el momento en que no llenan ciertos requisitos considerados como buenos y deja sin valorar otras cualidades que posee dicha entidad, burdamente descalificada.

b) La escala de múltiples valores positivos y negativos.

La segunda escala considera los dos polos opuestos pero también la posibilidad de matices entre los dos extremos. Se puede comparar a la escala algebraica que utiliza el cero y a partir del cual se dan números positivos hacia arriba y números negativos hacia abajo. El termómetro con escala Celsius es el ejemplo más sencillo de esta escala, aun cuando también podemos mencionar casos en los cuales, sin necesidad de números, concebimos los valores de mayor a menor en una amplia gama que incluye valores positivos y valores negativos.

Las habilidades deportivas, manuales, artísticas, por ejemplo, admiten una gama en la cual se pueden concebir personas más valiosas que otras en lo que respecta a una misma cualidad, aun sin necesidad de introducir números. Lo mismo se dice en el caso de los juicios que elaboramos cuando calificamos la belleza y otras cualidades en una película, en la eficacia de un profesor, en la aptitud de un ingeniero, en la bondad de una madre, etc.

Una característica de esta escala es que promueve siempre el nivel positivo, más y más cualidades, más riqueza, más belleza, más bondad, mejores calificaciones, mayores sueldos. En la siguiente escala que explicaremos se promueve un centro normal entre dos extremos opuestos, tal como explicaremos en la sección que sigue.

La ventaja enorme de esta escala con respecto a la primera que hemos explicado consiste en que ahora sí se admiten los matices, lo cual proporciona a la mente una facilidad para emitir sus juicios de valor y se sale del encasillamiento de la bipolaridad pura. La desventaja que podemos detectar consiste en que la aplicación de los números puede ser inapropiada y hasta ridícula en cienos casos como el amor, la bondad, la belleza. Por tanto, se trata de una escala que sólo en forma analógica utiliza los matices entre los dos polos, es decir, no se pretende que los matices sean expresados exclusivamente por medio de números; en algunos casos es adecuado, pero en otros no.

c) La escala de la normalidad central.

Esta escala es un poco más sofisticada. Los valores se conciben también como polos opuestos y con matices, pero el peso axiológico lo tiene el centro de la escala, no el extremo positivo. Esto se expresa en forma sencilla por medio de la famosa Campana de Gauss tan utilizada en Estadística. En efecto, se trata de una curva parecida a la parábola y que en el extremo superior marca el mejor valor, enseguida baja hacia la derecha y hacia la izquierda y allí se expresan los valores positivos y negativos, respectivamente. De esta manera se concibe lo normal como un valor en el centro y lo anormal como valores hacia la derecha y hacia la izquierda. Los ejemplos son claros: Normalmente mueren al at1o varios miles de personas en un país dado. Si aumenta ese número nos salimos de lo normal, si decrece ese número también nos salimos de lo normal. Lo mismo se puede decir cuando se habla de nacimientos, accidentes, siniestros, ilícitos, etc. Las estadísticas proporcionan datos muy útiles aun cuando no se asocien con el mundo axiológico que aquí estamos explicando. Veamos - _ la analogía con los valores.

El caso más famoso para esta estructuración de los valores está en Aristóteles cuando explica uno de sus principios morales: "La virtud está en medio de dos extremos viciosos". Efectivamente: una persona puede ser ahorrativa, esto es una virtud, pero puede ser demasiado ahorrativa y en ese caso cae en el vicio de la avaricia, o puede ahorrar muy poco y en ese caso cae en el despilfarro. Lo mismo se puede decir de muchos casos similares: la valentía es una virtud, y está en el

término medio entre la cobardía por un lado y la osadía por el otro. Una madre cuida a su hijo pequeño, pero puede caer en el sobre proteccionismo por un lado o en el descuido por el otro. En todos estos casos se puede notar que el valor que se promueve está entre dos extremos viciosos. No siempre es posible aplicar esta escala, pero los ejemplos dados son suficientes para darle un lugar aparte.

Hay un dicho popular que lo expresa con claridad: "Ni tanto que queme al santo, ni mi poco que no lo alumbre". Esta idea nos indica que en ciertas cualidades y actitudes existe la posibilidad de excederse y en ese momento caer en el vicio.

d) La escala del cero absoluto.

La cuarta escala es la más difícil de captar y de aceptar, es la de la Filosofía escolástica, y es comparable a la escala termométrica de Kelvin que considera el cero absoluto en el punto inferior: (-273 grados centígrados equivalen a cero grados Kelvin) de tal manera que toda graduación de temperaturas se da siempre con números positivos. Así, por ejemplo, el punto de congelación del agua está a 273 grados Kelvin. En esta escala no hay valores negativos, y ésta es precisamente la tesis que sostiene esta Filosofía, tesis que normalmente produce un fuerte rechazo mando se oye por primera vez. A la gente le cuesta entender que alguien sostenga la so existencia de valores negativos y la inexistencia del mal. Para la Filosofía escolástica el mal es una privación, es decir, la ausencia de algo que debería existir. Sin embargo, si .se capta la analogía de esta tesis con la escala del cero absoluto, perfectamente científica, podría captarse su utilidad al referirse a cierto tipo de valores, como explicamos a continuación.

El caso más importante se da en los trascendentales del ser, que (de acuerdo con la Filosofía tomista) son la unidad, la verdad, la bondad y la belleza (esta última no se considera en algunas escuelas). Todo ente, por el hecho de existir posee esas propiedades, que por eso se llaman trascendentales. La conclusión es obvia: no existen cosas malas ni feas. Pero la mente humana requiere una cierta educación para saber descubrir la belleza y la bondad de algunas cosas o situaciones que normalmente se califican con valor negativo. Es así como explican que sólo algunas personas captan la unidad, la verdad y la bondad de objetos o personas que normalmente son tratados como adefesios, monstruosos o desquiciados. El tomismo insiste en que hasta la persona más desquiciada o criminal, de todas maneras conserva en su ser aunque sea una pizca de bondad.

De la misma manera: un psicólogo Rogeriano insiste en que el núcleo personal de cualquier sujeto, aunque sea un criminal, es bueno en sí, y gracias a esa bondad puede llegar a regenerarse. Cuando el psicólogo expresa a dicho criminal que lo acepta, que tiene fe en su bondad interior, que es posible salir de ese estado de criminalidad, entonces se puede iniciar un verdadero proceso de rehabilitación de dicha persona. He aquí uno de los beneficios de la escala del cero absoluto: creer y aprender a descubrir la bondad de todo cuanto existe, tan sólo por el hecho de que existe.

Por otro lado, esta escala del cero absoluto rechaza la actitud exagerada de la gente catastrofista y de la gente hipocondriaca, que exageran las enfermedades, que sólo ven lo malo, el peligro, la inminente llegada de la peor noticia: la caída del peso frente al dólar, el fin del mundo, el peligro del accidente, la exageración de los síntomas y las enfermedades. En todo ven una señal de un mal inminente. En estos casos es la inversión de la escala del cero absoluto: todo es malo, el hombre es malo por naturaleza, espera siempre la peor noticia, si existe la posibilidad de que algo pueda salir mal, no dudes que saldrá mal.

En Pedagogía se explica la tesis de "la profecía que se cumple a sí misma". Esto tiene mucho que ver con lo que estamos explicando: Si un profesor tiene bajas expectativas de sus alumnos y así se los da a entender, el promedio de calificaciones bajará; en cambio, si tiene fe en sus alumnos y así se los hace notar, ese promedio subirá. Infinidad de experimentos y de vivencias casuales han demostrado la verdad de esa tesis.

La bipolaridad, en resumen, es la característica por la cual los valores se dan por pares, uno positivo y otro negativo; pero la mente humana posee por lo menos cuatro tipos de estructuras noéticas o escalas para captar y ordenar los valores:

en una primera escala nada más concibe los dos polos opuestos, en la segunda concibe una serie de matices entre los dos polos opuestos, en la tercera da peso axiológico al centro de la serie considerada, en la cuarta sólo! concibe una gradación siempre creciente sin que se pueda hablar propiamente de valores negativos.

II.8. Crisis de Valores

Puede

haber

y,

de

hecho,

hay

verdaderas

crisis

de

valores.

Si lo que he dicho más arriba es válido, las sociedades y las personas pueden sufrir verdaderas crisis de valores: no simples racionalizaciones por la pérdida de poder que el abandono de algunos valores representa, sino verdaderos pasos atrás en el equilibrio y en el progreso de las sociedades y de las personas.

Pero no es fácil entender la naturaleza de un declive de los valores, no consiste en la simple supresión de algunos, sino en su sustitución por otros o, en un plano más alto, en el traslado de la preeminencia de unos valores a otros.

Por tanto, la hipótesis de que "estamos ante una gran crisis de valores" no debe ser aceptada sin un cuidadoso análisis de los valores y de los "hechos". Como tampoco hay que aceptar sin más su contraria, de que "hemos dado un gran paso al frente al sustituir valores exclusivos, excluyentes e intocables por otros dinámicos, abiertos y flexible" (una tesis que se escucha con frecuencia, quizás sin un análisis suficientemente detallado de lo que eso significa). Por ejemplo, una sociedad económicamente atrasada, rural, cerrada y sometida a graves crisis potenciales -invasiones, epidemias, hambrunas, etc.- necesita una estructura de valores muy rígida, y no podría sobrevivir con los que hoy tienen nuestras sociedades abiertas, democráticas e innovadoras. Desde nuestro punto de vista,

el cambio de aquéllos a éstos parece un progreso, pero esto no pasa de ser un calificativo, dado quizás con criterios emocionales.

Los Juicios sobre valores formulados desde otros entornos -culturales, geográficos, históricos- deben hacerse con gran circunspección. Lo que tiene también su corolario: En el mundo de los valores, la tesis de que "cualquier tiempo pasado fue peor" es, probablemente, tan falsa como la de que "cualquier tiempo pasado fue mejor".

0 sea, la sociedad cultural del siglo XXI no es necesariamente una cima en la historia de la civilización, y basta mirar a nuestro alrededor para comprobarlo. Y la razón es que, en ética, cabe el aprendizaje negativo, es decir, el aprendizaje que nos lleva a hacer no lo que es bueno, sino lo que es malo, a consolidarlo en nuestra vida, a vivir de acuerdo con ello y a hacerlo norma de nuestra conducta. Y, de nuevo, basta el recurso a la propia experiencia y a la historia reciente para verificarlo.

III. LA LIBERTAD

III. 1. El Concepto de Libertad a) La Esencia de la Libertad

La libertad humana se puede definir como autodeterminación axiológica. Esto significa que una persona libre se convierte, por _ mismo hecho, en el verdadero autor de su conducta, pues él mismo la determina en función de los valores que previamente ha asimilado. Cuando no se da la libertad, o se da en forma disminuida, entonces el sujeto actúa impelido por otros factores, circunstancias y personas, de modo que ya no puede decirse que es el verdadero autor de su propia conducta.

De acuerdo con esta definición, podemos asentar que la condición previa de la libertad: en un individuo es la captación y la asimilación de valores. En este capítulo vamos a dejar en claro que solamente en función de valores (que se han captado como tales y que funcionan como motivo del acto ejecutado), es como podemos hablar de libertad en cada persona. En la medida en que un individuo amplía su horizonte axiológico, podrá ampliar paralelamente el campo de su propia libertad. En la medida en que una persona permanezca ciega a ciertos valores, podemos señalar una limitación en su libertad.

Así pues, una persona que actúa libremente puede señalar con claridad cuál es el motivo de su acción, que es precisamente el valor que lo movió a actuar. Los valores actúan como móviles o motivaciones internas de la conducta humana. Los valores tienen una especie de imán o atractivo especial para todo ser humano que se abre a su comprensión. Estamos hablando, por supuesto, de valores asimilados y comprendidos como tales, no de valores impuestos por la fuerza. El papel del educador no es imponer valores, sino proponerlos y develar en qué consiste esa calidad valiosa.

Con frecuencia la libertad humana ha sido malinterpretada; para algunas personas la libertad consiste en la capacidad de hacer lo que se le pegue la gana, o la arbitrariedad, o la ausencia de responsabilidades, o la acumulación de poder, etc. En realidad, la libertad humana, para ser correctamente entendida, tiene que ir paralela con el sentido axiológico y el sentido de responsabilidad, .. Evidentemente, nuestro tema se refiere a la libertad interior de un individuo, no a la libertad externa, que puede ser definida como ausencia de obstáculos físicos. Un prisionero no tiene libertad externa, pero puede conservar y aun incrementar su libertad interna, gracias a la cual su conducta puede llegar a ser altamente meritoria.

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La postura que niega la libertad humana es el determinismo. En la actualidad ha cobrado auge la postura de Skinner, psicólogo conductista que rechaza la libertad

en función de un fenómeno también real: los _9ndicionamientos en que vive inmersa la mayoría de la gente. Veremos más adelante cuáles son los argumentos de los autores deterministas y cómo se puede argüir en su contra.

Uno de los aspectos más importantes en la vida de una persona es su proceso de liberación. La libertad puede incrementarse o disminuirse a lo largo de la vida. Los principales factores que limitan la libertad del hombre son: los condicionamientos, el Super Yo, las manipulaciones ajenas, las emociones sofocantes y las ataduras de una filosofía pesimista. Estudiaremos más adelante los efectos de estos obstáculos de la libertad humana.

  • b) La libertad se ejerce en función de valores.

El tipo de libertad que nos interesa está íntimamente relacionado con los valores. En este capítulo estudiaremos algunas relaciones entre libertad y el terreno axiológico. En primer lugar analizaremos la libertad humana en cuanto fundamentada en el valor. Si no se da una previa captación de algún valor, no hay propiamente libertad.

Ser libre no es fácil. Pero la libertad, igual que el amor, ha sufrido un proceso de degradación que es necesario detectar. No basta declararse libre para sedo efectivamente. La libertad que ahora estamos explicando requiere una condición que no siempre se cumple, a saber, la captación, el aprecio y el convencimiento acerca de uno o varios valores. La libertad se ejerce entonces, en función de esos valores captados. El hombre elige realizar algún valor o rechazado. La libertad no existe cuando una persona es ciega para los valores.

Actuar libremente significa inclinarse, adoptar y realizar un valor, o rechazado. Cuando no existe uno o varios valores en la mente del individuo, su conducta va a estar orientada, ya no por valores, sino por instintos, reflejos, condicionamientos, hábitos, inclinaciones surgidas del inconsciente, presiones externas, etc. Ya estudiaremos más adelante qué sucede con la moralidad de un individuo afectado por estos factores mencionados. Por lo pronto, expliquemos la percepción de valores, que es condición indispensable para el acto libre.

  • c) Dos modos de percibir los valores

La percepción de un valor puede tener lugar de dos maneras, en forma conceptual o en forma intuitiva u holística. (La Verstand y la Vernunft son las dos funciones cognoscitivas, ya descritas anteriormente, que se ejercen con respecto al valor.)

  • a) La percepción de un valor en forma conceptual es la que se logra por medio de

explicaciones teóricas o descripciones más o menos distantes del objeto valioso. Por ejemplo: si explicamos el valor de una sinfonía o de un hecho heroico, lo más probable es que nuestro entendimiento capte ese valor en forma conceptual y general. Un estudiante puede explicar con relativa facilidad la definición del valor belleza, del valor virtud, del valor de una ley específicamente señalada, etc. La ventaja de este conocimiento del valor es la objetividad, la universalidad y el

carácter científico que pueda adoptar. La desventaja del conocimiento conceptual es el posible alejamiento. Con respecto a los intereses, inclinaciones y mundo existencial del sujeto que conoce. Los valores así conocidos corren el riesgo de no ser tratados en serio, de no ser apreciados como tales. En este nivel, una persona podría conocer perfectamente las tesis de la Ética y al mismo tiempo llevar una vida deshonesta.

b) La percepción de un valor en forma intuitiva es la que se logra por medio de una vivencia en la cual se capta, se aprecia y se adopta ese valor como tal, dentro del mundo personal del sujeto cognoscente. Los caminos más eficaces para obtener este tipo de percepción axiológica se encuentran en las obras de arte, como la novela, el cine, el teatro, y sobre todo, el ejemplo vivo de las personas que lo realizan. El caso más importante es el de los padres que educan a sus hijos con su propio modo de ser. Este tipo de percepción implica un aprecio del valor (o desprecio, en el caso de un valor negativo) y una consideración y recuerdo especial de tales contenidos. La desventaja reside en que dicho valor no siempre se puede describir ni tampoco tiene garantías de universalidad y de objetividad. Sin embargo, desde el punto de vista del valor moral de una persona, más vale apreciar y realizar un valor que saber definido y distinguido con precisión de un científico.

Si avanzamos un poco más en nuestro análisis de la percepción axiológica, podemos señalar lo siguiente:

  • a) Los valores que influyen en la gente generalmente han sido captados en

situaciones concretas, ante un hecho singular, vital, gracias al cual es recordado con facilidad. Por tanto se trata de un "descubrimiento", que la persona recuerda con especial afecto. Es así como se descubre el valor de una sinfonía; el valor de la justicia, el valor de la carrera de ingeniería, el valor de una persona, o el valor de un libro. Descubrir, en este contexto, quiere decir que el sujeto por primera vez cae en la cuenta de un contenido, que posiblemente ya había percibido con anterioridad, pero sin percatarse del aspecto valioso que implicaba. Esto es semejante al acto de develar (quitar velos) que ya Platón había explicado cuando define la verdad como alétheia (develamiento). Se trata, pues, de ir al ser mismo del objeto que se tiene enfrente, y que anteriormente sólo se había captado en la superficie, en la apariencia, en la capa engañosa que encubre su ser y su valor.

Esto nos explica por qué tratamos en forma diferente a un individuo cuya comunicación empieza a ser más personal e íntima. Sucede normalmente que con dicho trato estamos descubriendo su ser y su valor. Ante ese descubrimiento, ya no es tan fácil la manipulación, la objetivación y el trato mecanizado o estereotipado que solemos dar al individuo anónimo. Los valores descubiertos en esa persona nos dan la oportunidad para elegir un trato más adecuado a ella.

  • b) El niño (o el adulto, en su caso) que aún no ha percibido una cierta zona o

estrato de valores (por ejemplo, estéticos) mantiene un comportamiento más o menos alejado de dichos valores. No los elige voluntariamente; su criterio para

actuar es diferente, tan sólo cumple con algún reglamento o con alguna norma social, o asiste a un concierto porque quiere agradar a otra persona, o se aprende la biografía de los músicos clásicos porque quiere obtener una buena calificación. Sólo cuando descubre el valor de dicho concierto o de dichas biografías, puede elegir libremente oír el concierto o leer las biografías, independientemente de las presiones, premios o castigos a que se encuentra sometido.

e) La espontaneidad y gracia de los niños pequeños y de las personas en una fiesta o en vacaciones es muy diferente a la libertad que estamos explicando. La raíz de esas conductas está en los instintos o en los estímulos sensibles recibidos en ese momento. Con cierta razón se llama a esto actuar libremente, porque de hecho se da una liberación con respecto a normas, convenciones, y demás ataduras propias de la civilización que vivimos. Sin embargo, esta libertad todavía no es la libertad axiológica que nos interesa como condición de la conducta moralmente valiosa. No podemos hablar de méritos morales en el niño que se mueve de manera espontánea. La base del mérito moral está en la conducta que se ejecuta en función de un valor intrínseco, como explicaremos después.

La libertad del niño se puede denominar libertad de espontaneidad, para distinguirla de la libertad axiológica, que es la que nos interesa por ahora. Esto mismo lo podemos expresar en función de una terminología más precisa que explicaremos con detalle más adelante: no basta la libertad-de; es necesaria la libertad-para. La primera consiste en abstenerse de ciertos vínculos; la segunda consiste en actuar en función de un objetivo valioso. La primera se preocupa de las ataduras. La segunda se preocupa de las metas. Las dos son necesarias y pueden influir una en la otra. Sin necesidad de menospreciar la primera, lo que interesa a la Ética es la segunda.

d) Ahora conviene aclarar que el conocimiento intuitivo de los valores sólo es una condición para el mérito moral, no es una causa ni tampoco un determinante. De hecho se dan casos de personas que cultivan valores de alto nivel, pero no por eso se puede decir que todos sus actos dentro de esa actividad son meritorios. Un individuo puede conocer el valor de una ciencia y elegidos para sí mismo, pero en un momento: posterior podría claudicar con respecto a esos valores y elegir en contra de ellos. Esos nuevos valores, en función de los cuales ha elegido en contra de los primeros, son los que ahora están en la base de su mérito moral. Ese mérito dependerá de la calidad de valores que de hecho han funcionado como motivación de su conducta.

e) El conocimiento conceptual de los valores difícilmente puede mover a una persona actuar en función de dichos valores. El conocimiento conceptual tiene un efecto objetivante que coloca a lo conocido en un plano diferente al del sujeto. Éste no se involucra con dicho objeto y, por tanto, no se siente inclinado por dicho objeto, ni a favor m en contra. Sin embargo, pueden coexistir los dos tipos de conocimiento en una misma persona con respecto al mismo objeto. Por eso no es extraño que un sujeto pueda manejar conceptualmente un tema, y al mismo tiempo se sienta motivado por él. Un científico y un artista pueden haber captado

de manera intuitiva el valor de su área y al mismo tiempo pueden manejarlo en forma conceptual. Por desgracia, si se trata de un profesor que, frente a sus alumnos, maneja su tema sólo conceptualmente, ame el riesgo de no influir axiológicamente en dichos alumnos, si acaso no sabe manejar las técnicas de la enseñanza y el aprendizaje significativo.

Otra terminología para esta temática es la proporcionada en el capítulo II que explican la Verstand y la Vernunft: La enseñanza de los valores por medio de la Verstand produce un conocimiento conceptual, frío y falto de fuerza motivadora. En cambio, la Vernunft produce un conocimiento holístico, que envuelve al sujeto y que le da oportunidad para elegir el valor captado.

. g) En resumen: la libertad axiológica tiene como condición de posibilidad un conocimiento holístico o intuitivo de uno o varios valores. Sin este tipo de conocimiento, muy diferente al conocimiento conceptual, no es posible que se dé la libertad que nos lleva al valor moral En otros términos: para elegir un valor, primero hay que conocerlo y apreciarlo en cuanto tal.

  • d) Libertad-de y libertad-para.

Las clasificaciones de la: libertad suelen ser muy confusas. En aras de la claridad, aquí estableceremos una división muy sencilla: libertad de y libertad-para.

  • a) La expresión libertad-de significa libertad de obstáculos, de vínculos o de

restricciones, sean éstos de orden físico o de orden moral. Por tanto, podemos distinguir dos tipos de libertad-de: de orden físico o externo y del orden psíquico, moral o interno.

De acuerdo con lo anterior, estar libre significa, en primer lugar, no tener cadenas, lazos, o limitaciones de orden material (como sería el caso de la cárcel) y poder moverse físicamente. Ésta es, pues, la libertad física o externa.

En segundo lugar, también se aplica esta expresión para el caso de las restricciones de tipo psíquico o moral. Las leyes, los mandatos, las amenazas, etc., constituyen limitaciones en este orden psíquico y restringen la libertad-de. Es típico el caso de los pueblos que luchan por su libertad en contra de las restricciones que impone un tirano. Lo que pretenden es obtener su libertad de imposiciones y leyes que consideran exageradas. En este mismo sentido se dice que una persona divorciada o viuda ha recuperado su libertad y puede casarse de nuevo. El vínculo que tenía con el cónyuge le restringía la posibilidad de otro matrimonio. Análogamente puede considerarse el caso de las amenazas. Éstas suelen producir en la mente del amenazado una restricción dentro de las posibilidades de conducta, y por eso se dice que pierde libertad. Ésta es la libertad-de en el orden interno, que también se llama psíquico o moral.

Lo que se opone a esta clase de libertad son los obstáculos, sean de orden físico

o de orden psíquico. Cuanto mayor sea la libertad-de, menor es la cantidad de obstáculos, vínculos y restricciones. A medida que crecen estos vínculos y restricciones, va disminuyendo la libertad-de. Es importante hacer notar que esta libertad-de puede disminuir en forma considerable sin menoscabo de la libertad- para, como explicaremos más adelante.

  • b) La expresión libertad-para significa libertad para alcanzar un objetivo o para

realizar un valor o para llegar a una meta. Esta libertad es de tipo interno, reside

en la voluntad y es mucho más valiosa que la libertad de.

La libertad para es una potencialidad interna, es una capacidad que puede fortalecerse o debilitarse por diversos procedimientos que posteriormente analizaremos. Coincide con la libertad axiológica que ya hemos explicado. Como puede notarse, el tipo de libertad que interesa primordialmente en Ética es esta libertad-para, puesto que se trata de la facultad para elegir, decidir y auto determinarse en función de un valor previamente percibido como tal.

Si analizamos la combinación de la libertad-de y la libertad-para en un mismo individuo, podemos observar lo siguiente:

  • a) Ordinariamente la libertad-de en el orden interno tiende a disminuir. Es decir,

una persona tiene cada vez un mayor número de compromisos y un mayor número de leyes y obligaciones que pesan sobre él. Contraer matrimonio, tener hijos, alquilar una casa, comprometerse laboralmente en una oficina, son actos que disminuyen la libertad de, sobre todo en el orden interno. Por eso decimos que un casado pierde libertad, los hijos quitan libertad, las obligaciones de un contrato disminuyen la libertad, el compromiso en el trabajo también produce un decremento en la libertad. Estamos mencionando, pues, una serie de restricciones que normalmente adquiere el hombre alo largo de su vida y que, por tanto, disminuyen su libertad-de.

Sin embargo, esta serie de restricciones no disminuyen la libertad-para. El mismo individuo que acaba de casarse, conserva su libertad axiológica con la cual es capaz de cumplir con sus compromisos.

La conocida fiase: "puedo, pero no debo" está indicando esta doble faceta de la libertad. "puedo" quiere decir: tengo la capacidad interna para hacer algo. El "no debo" quiere decir: hay una restricción que voy a respetar. Esa persona es libre en un sentido, pero al mismo tiempo no es libre en otro sentido.

  • b) En cambio, a medida que madura y se desarrolla un individuo, su libertad-para

(libertad axiológica) tiende a aumentar, es decir, a fortalecerse y a poseer un potencial cada vez más decidido, firme y seguro. Esto significa que internamente el individuo se está haciendo más capaz de captar y apreciar valores y que, por tanto, cada vez es más apto para decidirse en favor de ellos y realizarlos con mayor facilidad.

Por supuesto, puede darse un retroceso. Es el caso del vicioso o del neurótico que cada vez pierde más facilidad para percibir valores auténticos, cada vez se vuelve más defensivo, cerrado y apegado a estereotipos que le quitan espontaneidad y creatividad.

c) Un caso extremo es el de los prisioneros en los campos de concentración. La libertad-de (sobre todo en el orden físico o externo) tiende a disminuir casi totalmente. Sin embargo, es factible que la libertad interna (libertad-para) se conserve e inclusive se fortalezca en función de un ideal, del tal manera que ese individuo mantenga su energía disponible para soportar el sufrimiento y luche para salir de esa prisión.

d) Cuando una persona capta que se van reduciendo sus posibilidades reales, siempre podrá contar con un par de opciones: decir sí o no ante el único camino que se le está ofreciendo. Éste es el caso extremó en el momento de la muerte. Aceptar dignamente la propia muerte es la última oportunidad que tiene el individuo para manifestar su libertad-para. Cuando se reduce al mínimo la libertad- de, siempre queda la libertad para.

En resumen, la libertad puede ser libertad-de y libertad-para. La primera se subdivide en libertad externa y libertad interna. La segunda coincide con lo que hemos llamado libertad axiológica. Normalmente tiende a decrecer la libertad-de, pero lo importante es el fortalecimiento de la libertad-para. En adelante, el término "libertad" a secas se referirá a la libertad-para.

e) La libertad humana es limitada.

La libertad humana no es absoluta. Existen varios obstáculos que disminuyen y, a veces, nulifican la libertad de la conducta humana. El estudio de ellos proporciona mayor claridad para la comprensión dé los actos humanos en la vida real. En la medida en que falta libertad, el acto humano pierde su calidad de humano y llega a convertirse en un simple acto del hombre.

Existe la libertad humana, cierto; pero no todos los actos ejecutados por el hombre son libres, ni entre los actos libres, tienen todos el mismo grado de libertad. En efecto, sólo unos cuantos actos durante el día pueden llamarse verdaderamente- libres. La gran mayoría es producto del automatismo, y sólo en unas cuantas ocasiones realizamos una auténtica autodeterminación. Pero esto varía mucho de una persona a otra. El extremo inferior es el de los que apenas emergen al mundo de la conciencia en ocasiones especiales, para luego volver a sumergirse en la modorra del ensueño, la fantasía, el proyecto fácil, la envidia y el resentimiento, mientras, externamente, todo movimiento se encarga a una especie de piloto automático que los lleva al trabajo, a su casa, a la diversión, a la conversación con el amigo. Termina el día, y la corriente ordinaria de la vida ha arrastrado consigo a un bulto llamado hombre.

En el extremo superior podemos detectar el caso de las personas que actúan en

un nivel de conciencia muy claro, saben manejar sus propios mecanismos automáticos, pueden modificar los roles utilizados en su vida de una manera consciente, se responsabilizan de sus emociones y sus pasiones, se hacen cargo de su propia conducta y de sus consecuencias, toman una actitud creativa, saben difundir la alegría y la felicidad que proviene de su propia interioridad. Estas personas son libres en un grado superior y, además, utilizan su libertad en un sentido correcto.

La libertad del hombre no es ilimitada; pero puede conquistarse e incrementarse a partir del nivel de desarrollo y madurez propio de cada uno. Afortunadamente existen procedimientos psicológicos que fomentan este gradual crecimiento de la libertad personal. La clave de la eficacia de estos métodos consiste en que no niegan la necesidad de los automatismos y de los roles en la vida de cada uno, sino que deslindan con toda claridad la situación de la persona, y el papel adyacente de los roles y los automatismos que normalmente afectan a los diversos estratos del ser humano. La libertad consiste en que la persona pueda manejar esos roles y automatismos conforme a sus propios criterios.

III.2. LOS OBSTÁCULOS A LA LIBERTAD

Veamos en qué consisten esos obstáculos contra la libertad y de qué manera limitan nuestro grado más o menos desarrollado de autonomía personal. En primer lugar estudiaremos el caso de la ignorancia, en segundo lugar el miedo, en tercer lugar, la ira y otras emociones y pasiones, en cuarto lugar la violencia física y psíquica y, en quinto lugar, el caso de los desajustes psíquicos, principalmente la neurosis:

a) La ignorancia

Consiste en la ausencia de conocimientos porque para elegir- Es un obstáculo a la libertad porque para elegir algo es preciso conocerlo.

Hay un tipo de ignorancia culpable, cuando no se sabe lo que se debería saber, por ejemplo: el médico que, en el momento preciso y por falta de estudio, no sabe diagnosticar y recetar en una enfermedad corriente. A esto se le llama ignorancia positiva. En cambio, la ignorancia negativa no es culpable. Consiste en no saber lo que _ sería necesario saber el ingeniero, por ejemplo, no tiene obligación de conocer los síntomas de las enfermedades; es ignorancia, pero ignorancia negativa, no culpable.

b) El miedo.

El miedo consiste en una perturbación emocional producida por la amenaza de un peligro inminente. El miedo, en casos extremos (pavor), puede producir una ofuscación completa de las facultades superiores, y todo lo que se ejecuta en esos momentos pierde el carácter de acto humano, pues el sujeto no puede responder

de ello.

En ciertos casos es urgente saber resistir a los impulsos característicos del miedo. Por ejemplo, un soldado en la trinchera necesita saber controlar su propia perturbación para no correr despavorido ante las balas que silban a su alrededor. En casos extremos, gracias a la fuerza de la voluntad, se puede llegar a situaciones de franco heroísmo. La valentía no consiste en no tener miedo, sino en saber controlarse a pesar de él. Los toreros, en momentos de sinceridad, confiesan que sienten miedo delante del toro; pero, con todo, se plantan firmes y arrostran el peligro con arte.

Los psicólogos han detectado un tipo especial de miedo que lleva el nombre de angustia. Se caracteriza porque el objeto que la produce permanece desconocido para el mismo sujeto. En ciertos casos toma el nombre de ansiedad, y se caracteriza por un especial estado de nerviosismo que impide o dificulta la concentración mental, el estudio y la reflexión. La angustia y la ansiedad se dan con frecuencia en algunos casos de desajuste psíquico y los estudiaremos un poco más adelante. Por ahora podemos concluir que el miedo, sea que se conozca o no el objeto amenazante, es un obstáculo que disminuye o anula la libertad humana.

c) la cólera y otras emociones.

En este apartado estudiaremos el hecho de que la cólera (también llamada ira, enojo o coraje), al igual que otras emociones y pasiones, producen una fuerte limitación en nuestra capacidad de elegir libremente. Imagínese el caso concreto del marido que vacía la pistola al cónyuge y a su pareja cuando los encuentra en flagrante adulterio.

En general, las emociones, como el odio, la tristeza, la alegría, los celos, la envidia y el enamoramiento, son respuestas orgánicas (de adecuación o de inadecuación, de aceptación o de rechazo) por parte del sujeto cuando percibe un objeto afín o discordante. La emoción llevada a grados extremos recibe el nombre de pasión. La palabra sentimiento expresa casi siempre lo mismo que la palabra emoción, cuando se trata de un fenómeno persistente.

En los casos extremos las emociones arrastran por completo al hombre entero, que pierde todo control de sí mismo y realiza actos de los que fácilmente se arrepiente unos momentos después. Éste es el caso frecuente de la cólera, los celos y el odio. Las leyes civiles ya han tenido el cuidado de señalar ciertos atenuantes en los llamados crímenes pasionales. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el sujeto, advertido por su propia experiencia acerca de la fuerza de las pasiones, debería estar prevenido para controlarlas en el momento preciso. Una persona madura y plenamente desarrollada, lejos de arrojar toda la culpa a sus emociones, se responsabiliza por ellas y asume las consecuencias de la conducta ejecutada bajo sus efectos.

Al revés de lo que suele pensarse en los medios puritanos y estoicos, las emociones y las pasiones son buenas. En su origen, surgieron en el ser humano como una defensa ante la posibilidad de un peligro inminente. Lo único malo, en todo caso, sería la pasión desordenada, es decir, la que orienta al sujeto en un sentido radicalmente opuesto a lo que ordena la recta razón, tema que será estudiado en un capítulo posterior. En la educación del niño y del adolescente, uno de los principales capítulos consiste en aprender a controlar las emociones y las pasiones. Dicho control sabe tomar un camino intermedio entre dos extremos igualmente viciosos: la represión de ellas y la sumisión

  • d) La violencia.

La violencia es una fuerza externa, física o psíquica, ante la cual es difícil, o imposible resistirse. La violencia puede debilitar la libertad del sujeto hasta el grado de suprimir toda responsabilidad en lo que se refiere a la conducta realizada en esos momentos. El ejemplo típico es el de la cajera de un banco que entrega el dinero al ladrón amenazante con una pistola oculta. No por esto se convierte en cómplice del asaltante. La mujer violada por una pandilla es otro caso por demás execrable. Generalmente la violencia va acompañada de otros obstáculos a la libertad, como el miedo, la ignorancia y las pasiones. Sólo en algunos casos, con suficiente preparación y precaución, es posible disminuir y hasta anular la fuerza de la violencia.

Es importante destacar el caso de la violencia psíquica en función de amenazas veladas. De hecho, el sujeto ve disminuida su capacidad de decisión ante esa violencia psíquica; sin embargo, no encuentra suficientes motivos para protestar o para deshacerse del agresor, que puede actuar, en ocasiones, bajo una bandera aparentemente lícita y noble. Me refiero a la violencia que puede ejercer el autoritarismo de un padre, un profesor o el jefe de oficina excesivamente exigente ante un grupo de personas, o a la violencia que puede ejercer un marido ante su esposa en el terreno sexual, o la que ejerce el líder .runa pandilla ante sus secuaces, o la de un político ante los miembros de su partido, o la actitud agresiva y chantajista que suelen asumir algunos jefes, directores o presidentes frente a los miembros de sus asociaciones. En todos estos casos se trata de persona abusiva, que aprovecha la superioridad otorgada por el cargo o la función desempeñada y obtiene ciertos beneficios, sin que exista una clara conciencia de la clase de abusos que está cometiendo pues, en general, la sociedad suele confundir el sano ejercicio de la autoridad con el autoritarismo.

  • e) Los desajustes psíquicos.

Los desajustes psíquicos, entre los cuales sobresale la neurosis, debilitan la libertad debido a que la persona se siente atada a ciertos patrones de conducta, a mecanismos de defensa, a lo que le dicta el autoconcepto o el Super Yo, a las emociones exageradas, como la ansiedad y la angustia, que ya hemos mencionado.

No debería utilizarse con tanta frecuencia la etiqueta de "ser neurótico". Lo que abunda es más bien el síntoma neurótico, "tener un síntoma neurótico", lo cual se da con bastante frecuencia en la mayor parte de los individuos. Evidentemente, la frecuencia y la causa de estos síntomas varían de persona a persona.

La neurosis es el arte de hacerse infeliz. Más exactamente, el síntoma neurótico consiste en una respuesta emocional exagerada ante un estímulo que normalmente sería inocuo o sólo ligeramente peligroso o molesto. Algunos ejemplos típicos son: la fobia a los ascensores, la ansiedad permanente sin motivo claro, la depresión, la obsesión, la histeria.

El neurótico tiende a señalar los acontecimientos externos y a las demás personas como la causa de su infelicidad. Sin embargo, uno de los factores más importantes de la neurosis es la distorsión de la percepción, con lo cual se producen emociones inadecuadas y exageradas. Ahora bien, esta distorsión de la percepción es el resultado de una actitud defensiva del propio autoconcepto, es decir, de la propia dignidad personal. Todos los síntomas (agresivos, depresivos, obsesivos, ansiosos) del neurótico son la consecuencia de una creencia falsa: "Mi dignidad y mi valor como persona están en peligro". El único modo de abandonar esos síntomas consiste en caer en la cuenta del valor de la propia persona y modificar el autoconcepto que exagera laS cualidades positivas o negativas.

Ahora bien, la lucha por la propia dignidad es natural y correcta; es propia de la naturaleza humana; su fuerza y arraigo en cada sujeto desbanca cualquier oposición o tendencia contraria. En este momento no hay libertad. El sujeto se ve fuertemente impulsado a defender su propia dignidad. Lo único malo del neurótico es que está defendiendo un falso concepto acerca de su propia dignidad. Defiende contra viento y marea los papeles y funciones con los cuales se ha identificado, defiende su estatus; sus ideas, sus valores, sus títulos, su honor, su inteligencia, su belleza, su habilidad deportiva o comercial, porque falsamente cree que allí

reside el núcleo de su

dignidad.

.

El síntoma del neurótico se manifiesta en una emotividad exagerada, pero la raíz de su mal está en el plano cognoscitivo: cree que su identidad y su valor residen en esos elementos mencionados y no se da cuenta de que su dignidad como persona es mucho más profunda y valiosa que esas cualidades periféricas y accidentales. Con todo el valor que poseen estos elementos mencionados, de ninguna manera despreciable, nunca se comparan con el valor de la persona como tal.

.

El remedio radical del síntoma neurótico consiste en percibir el propio ser, el núcleo de identidad personal (con conocimiento holístico, no conceptual) y des identificarse con respecto a los demás elementos que no pertenecen al plano del ser sino al plano del tener. De lo contrario, el sujeto permanecerá condenado a defender sus tablitas de salvación, con el consiguiente sabor de frustración, peligro, ansiedad e infelicidad pues como ya se mencionó, la neurosis es el arte de hacerse infeliz.

Por lo que respecta a nuestro tema de la libertad y sus limitaciones, ahora podemos obtener la siguiente conclusión: la defensa de la propia dignidad humana es una necesidad en todo individuo, y por tanto, allí no hay libertad. El error del neurótico consiste en identificar su dignidad con algo ajeno a ella. Su libertad-de ha quedado limitada debido al obstáculo que hemos detectado: un autoconcepto equivocado. De cualquier manera, el neurótico conserva su libertad-para, y debido a esto es posible el alivio y la recuperación de una conducta amable y valiosa.

IV. ASPECTOS DEONTOLÓGICOS DEL UNIVERSITARIO.

IV.1. Introducción

Los años de actividad intelectual y de convivencia humana transcurridos durante los estudios de una carrera, el modo de ser del ambiente y de la vida entera de una Institución de Educación Superior, dejan un pozo que se manifiesta en rasgos difíciles de describir, que configuran en conjunto lo que se ha dado en llamar estilo, talante o espíritu universitario, algo no bien definible, pero fácilmente apreciable, que permite descubrir a quien ha cursado estudios superiores. Son rasgos de carácter intelectual y cultural en amplio sentido, que contribuyen a configurar la propia personalidad y que deben reflejarse en la conducta, poseen trascendencia ética.

Parece obvio, efectivamente, que la incorporación del espíritu universitario dependerá de muchas circunstancias personales y, en especial, del grado de inserción, comunicabilidad, sensibilidad y apertura con que se participe personalmente en la vida de la Universidad. Y también será dependiente, por otra parte, de cómo se entienda en la corporación Académica la función propia de la Universidad.

Por lo que se refiere a este último punto, hay general coincidencia en considerar que la Universidad debe ocuparse de la enseñanza superior y de la investigación científica. Y que en el aspecto docente se ha de tender a una transmisión dinámica de saberes, que despierte la participación activa y creadora del estudiante, de modo que al terminar la carrera haya adquirido un bagaje suficiente de los conocimientos básicos y específicos correspondientes a su especialidad, imprescindible para el ejercicio de su futura actividad profesional, así como hábitos de estudio, de trabajo intelectual, capacidad para el manejo de las fuentes, y cierta familiaridad con la adecuada metodología.

La Universidad no se limita únicamente a proporcionar conocimientos técnicos para el desempeño de la futura profesión. Parece por tanto más adecuado trate de proporcionar a la sociedad hombres que no sólo estén profesionalmente bien preparados, sino que sean a la vez personas cultivadas, con criterio, de mente abierta, capaces de hacer un recto uso de su profesión en servicio de los hombres y de participar libre y responsablemente en las diversas actividades de la convivencia social. Cuando se valoran estos objetivos y la Universidad no se desentiende de su misión educativa en el ámbito humano y espiritual, encuentra medios para estimular el desarrollo de la personalidad, despertar el interés hacia muy diversos temas de importancia para el hombre, avivar la iniciativa cultural y crear un ambiente apropiado para que surja con natural espontaneidad en cada uno el espíritu universitario. Desde el punto de vista ético, no cabe duda de que la Universidad, como institución educativa debe contribuir cuanto sea posible a que el estudiante llegue a ser un hombre de criterio, consciente de sus responsabilidades.

IV.2. Rasgos del universitario

  • a) Cultivo del espíritu, interés por los valores culturales

El universitario posee una amplia capacidad de interés libre de utilitarismos, una gran "curiosidad" intelectual, que es de suyo prácticamente universal, sólo limitada por la imposibilidad humana de satisfacerla, que obliga a seleccionar determinadas áreas para cultivarlas más a fondo. Con todo, este hábito intelectual le lleva a la adquisición de cierto grado de conocimiento de muchos aspectos del saber humano, a contemplar con gozo las diversas manifestaciones de la creación artística, a interesarse por la historia del hombre, por su modo de pensar, por su significación, por su futuro. Considera todas estas cuestiones como valores culturales muy estimables que le gustaría poder alcanzar, que merecen su atención.

  • b) Hábito de estudio

Los años universitarios generan el hábito de querer conocer a fondo los temas acerca de los que se ha de formar opinión. La metodología propia de la Universidad se basa en estudiar los datos de un problema, reflexionar sobre sus distintos aspectos, analizar con ponderación los pros y los contras de las posibles soluciones. La respuesta a una cuestión nueva no se debe improvisar, sino que ha de ser antes estudiada y para eso se precisa disponer de la información imprescindible.

Por poco que se haya tenido acceso a la bibliografía científica, se ha adquirido el convencimiento de que sobre cualquier materia se ha pensado y escrito mucho, por lo que antes de pretender descubrir o aportar algo original es más honrado y provechoso acudir con sencillez y estudiosidad a las abundantes publicaciones existentes, porque en otros casos se corre el riesgo de descubrir lo que ya se sabía, cuando no de caer en el error o el disparate.

  • c) Rigor crítico

La actitud crítica, la capacidad de discernimiento, el hábito de análisis, es otra cualidad indudable del universitario, quizá una de las más destacadas. Le lleva a discriminar entre la verdad y el error con apariencia de verdad; entre la afirmación bien fundamentada y la gratuita o no avalada suficientemente. Descubre con agudeza el sofisma, el engaño. Esta actitud habitual le defiende entre el "slogan", le protege frente al deslumbramiento, le permite rechazar con firmeza aquello que entiende equivocado, no aceptar algo como verdad por el mero hecho de que se le repita con machacona insistencia; hace que no ceda ante el argumento de una autoridad que no merece su confianza y que no dé por buena una solución ni una conducta por el simple hecho de que está avalada por la simple aceptación mayoritaria. Somete todo a reflexión, a estudio, sopesa los razonamientos, gusta conocer los argumentos a favor y en contra; antes de aceptar una proposición, necesita saber bien de qué se trata y adquirir un convencimiento suficiente.

Por este motivo, el auténtico universitario es difícilmente manipulable, se resiste a cualquier intento de manejo, de instrumentalización; no se deja influir -y menos arrastrar- porque sea mayor o menor el número de quienes han adoptado una determinada postura; no es apto para ser llevado y traído en rebaño de un lado para otro. De aquí que se le tache en ocasiones de "rebelde".

  • d) Humildad intelectual

Ciertamente, el hábito de rigor crítico, de análisis personal de las cuestiones que se acaba de referir, puede llevar al universitario a una desviación fácil: a la valoración desmesurada del propio criterio, a no admitir nada que él no puede comprender, a menospreciar campos del saber lejanos al suyo; en breve, a la autosuficiencia intelectual o aun, si se quiere, a la soberbia intelectual.

Mas esta desviación no suele darse cuando hay finura de espíritu, cuando se tiene verdadera perspicacia. Porque el propio rigor científico conduce a hacer patentes las limitaciones personales, y aun la entera insuficiencia humana.

  • e) Criterio

Como resultado de la reflexión sobre las cosas y de profundizar en las cuestiones, se adquiere el criterio, como algo que se sedimenta con los años. Un criterio en cuya formación han intervenido múltiples elementos, pero que se ha hecho ya personal, está integrado en uno mismo. El criterio queda muy directamente incluido en la personalidad; es un elemento por el que se manifiesta el ser personal de cada uno. El "hombre de criterio" nunca es parte de masa, no es conformista, no se somete pasivamente, jamás será juguete de otros a modo de un "robot" programado. Cualquiera que sea el ambiente que le circunde, no se deja arrastrar por él, no navega en él a la deriva, ni en él naufraga, sino que adopta su rumbo personal. Si es preciso, va contra la corriente, e incluso crea a su alrededor un ámbito de influencia más o menos extenso, al que irradia su propio modo de entender las cosas.

Ser hombre de criterio -de recto criterio- es poseer un enfoque y una respuesta acertada ante las situaciones y problemas de mayor trascendencia, es ser capaz de encuadrar los hechos y las argumentaciones en unas coordenadas justas, es tener de las cosas una visión serena, ponderada, real.

  • f) Actitud consecuente

Las cualidades hasta ahora referidas hacen que el universitario no adopte de ordinario postura sin cierta maduración del tema, que no sea fácil de convencer sin suficientes argumentos, que no se entregue a un razonamiento superficial ni admita a la ligera la autoridad de otro. No obstante, una vez que un hombre cultivado ha adquirido suficiente convicción sobre algún punto, éste queda arraigado fuertemente en la mente, porque la luz que se ha encendido en su

inteligencia ya no

declina y

la adhesión

descubierta es muy firme y estable.

que se ha prestado a esa verdad

Esto explica que cuando se está bien convencido intelectualmente de algo, no sea posible admitir el error sobre aquello; no se puede ceder ni por un equivocado deseo de complacer, ni por miedo a ser tachado de intransigente. Mucho menos comprensible sería mantener personalmente una postura en contra de lo que se sabe es verdadero. La solidez en las convicciones conduce así a ser lealmente consecuente con ellas, no sólo en la esfera de la adhesión intelectual, sino también a la hora de orientar la propia conducta.

g) Amor a la libertad

No se puede ser consecuente con las propias ideas, si no se tienen ideas sobre las cosas. Pero quien es de verdad universitario ha ido adquiriendo criterio sobre muchas cuestiones, más firme en unas, menos seguro en otras. Y, sobre todo, no cambia de manera de pensar ante la lisonja, la simple amistad, ni la presión o amenaza exterior, no se deja comprar por ventajas ni halagos. Solamente cambia porque los datos y las razones que reciba, con la garantía que le merecen, le llevan a comprender que estaba equivocado, adquiriendo de este modo una nueva y más firme convicción.

Esto hace sin duda que el talante universitario confiera a quien lo posee una mayor independencia, ser mucho más celoso de la libertad y lo es tanto de la libertad propia, como de la ajena. Se es tanto más libre cuanto con más claridad se descubre la verdad encerrada en los términos de una elección, cuanto más y mejor se conoce; y también, cuanto más se descubre lo engañoso de un atractivo falaz.

Por otra parte, uno se deja llevar por otros tanto más fácilmente cuanto menos hábito crítico posee, cuanto menos acostumbrado está a reflexionar y decidir por sí mismo, cuanto más desarmado se halla para darse cuenta de la falsedad de una razones, de la incongruencia de un planteamiento.

h) Respeto a los demás

El gran valor que se da al modo personal de entender las cuestiones, a la necesidad de adquirir personalmente convicciones, y el rechazo de cualquier acción que pretenda imponerse por la violencia, también impide la pretensión de forzar a los demás a que piensen como uno mismo. Se exige respeto para sí y se guarda también un delicado respeto a los demás.

El respeto a quien piensa de otro modo, el respeto a la libertad de los demás, no debe interpretarse como signo de debilidad de convicciones, como postura escéptica o relativista. Responde simplemente a la elevada consideración que se tiene de la libertad del hombre y al convencimiento de que la verdad jamás puede ser impuesta a la mente desde fuera, sino que para ser aceptada ha de ser antes

contemplada, comprendida o al menos se han de dar motivos merecedores de suficiente confianza.

i) Sentido de la dignidad de la persona y de la convivencia social

El universitario que ha adquirido los hábitos intelectuales que se vienen considerando, se encuentra en excelentes condiciones para profundizar en el carácter personal del hombre y para actuar en consecuencia. De este modo se convierte en poderoso y tenaz defensor de la dignidad humana ante las fuertes tendencias que amenazan anegar al hombre, dejándolo sometido a impulsos ciegos que le superan por todas partes y le despersonalizan. Ante los riesgos de masificación, de colectivización, de que el hombre se vea reducido a la condición de número, sujeto pasivo e irresponsable, simple juguete del ambiente, de las circunstancias, de una pretendida fuerza ciega de la historia, resulta más que nunca necesario ahondar en el valor de la persona humana; valorar bien el hecho real de que el hombre es un ser inteligente y libre, responsable de sus actuaciones, con necesidades espirituales y materiales, con derechos y obligaciones; un ser que es sujeto de la historia, capaz de influir para bien o para mal en esa historia, de contribuir a que la sociedad sea mejor o menos buena, de hacer que las relaciones entre los hombres sean más o menos justas y gratas.

Pero, además, el hombre vive en sociedad, en unión de muchas otras personas como él, con las que establece múltiples interrelaciones. Y esto ocurre porque así corresponde a la naturaleza humana, para que todos puedan satisfacer sus necesidades materiales y aún más las del espíritu, ayudándose mutuamente, complementándose unos y otros conforme a sus diversas aptitudes y funciones. Cualquier miembro de la sociedad es, en cuanto persona, igualmente respetable; tiene la misma dignidad esencial, sin que esto signifique que todos posean las mismas cualidades o que todos merezcan la misma consideración por su conducta.

Una mente cultivada, como cabe esperar sea la del universitario, ha de ser en principio más capaz de liberarse de la tendencia egoísta que sólo busca el bien particular; está en condiciones de apreciar mejor el superior valor del bien común, de apetecer ese bien más amplio y elevado, que de algún modo es a la vez bien para él mismo. El universitario, que ha adquirido los hábitos intelectuales, debe también ser más generoso y magnánimo; y más perspicaz para calibrar el alcance y la gravedad de los deberes para con el bien común, los que exige la justicia en los ámbitos individual y social. La nobleza, la lealtad, el espíritu de sacrificio, y tantas otras virtudes humanas, habrían de brillar más en él, precisamente por su mayor capacidad para estimar los más altos valores que encierran.

Es razonable, por esto, que el verdadero universitario cuide tantos aspectos que hacen más grata, amable y beneficiosa la convivencia social: el respeto a los demás, a sus derechos, a sus opiniones, a su libertad; el trato lleno de consideración, de delicadeza, de atención; el saber escuchar y esforzarse en comprender; el estar abierto a gustos distintos de los propios, a temas que a otros

interesan; toda una amplia gama de cualidades que se suelen atribuir al hombre educado y correcto. Y no actúa así solamente por cuanto esto permite una coexistencia más cómoda, sino por el personal convencimiento de la dignidad de quienes le rodean, por la íntima consideración que éstos le merecen, porque los demás no le son indiferentes, sino que le importan, por humana fraternidad.

La convivencia social no es simplemente fruto de un orden procurado extrínsecamente, ni es algo aceptado como mera e ineludible forma de supervivencia, bajo una normativa ordenadora que intenta proteger la independencia y la paz, sino que ha de ser querida, ha de lograrse como resultado de una integración participativa de voluntades, que se manifiesta también en el interés de unos por otros, en la relación cordial, en el ánimo de colaboración, en la disposición para el trabajo en equipo, en el afán por complementarse unos con otros en busca de logros comunes más elevados.

Es importante conseguir que la Universidad constituya un modelo de convivencia social, que marque esa impronta en cuantos pasan por ella. El ambiente de las relaciones personales en las aulas, en los laboratorios, en los pasillos, cafeterías o bibliotecas, en el trabajo y en el esparcimiento, en las actividades deportivas o en cualesquiera otras, debe ser escuela viviente para el ejercicio de las virtudes de la convivencia, de modo que éstas sigan más tarde vigorosas y actuales, una vez que se esté definitivamente inserto en la sociedad.

j) Mentalidad de servicio

Una consecuencia de poseer un sentido suficientemente elevado de la dignidad de la persona humana es encontrar satisfacción en ayudar a los demás, sentir la alegría de servirles, descubrir esta nueva dimensión de la actividad humana que puede definirse como "mentalidad de servicio".

Esta mentalidad de servicio constituye un deber ético, erigido por la solidaridad y fraternidad humanas, que ha de poseer el universitario como un elemento de su espíritu, que incluye diversas manifestaciones:

  • a) En primer término, esmerarse en realizar el propio trabajo profesional, la función

que cada uno desempeña dentro de la sociedad, de la manera más acabada que se pueda, lo mejor que sea posible. Supone el fiel cumplimiento de los deberes profesionales, el continuo afán por perfeccionar los propios conocimientos, el superarse en el ejercicio de la profesión, como medio primario de ofrecer a la sociedad, a los demás, un buen servicio.

  • b) Otro servicio, muy propio del universitario, y más si se dedica profesionalmente

al cultivo de una Ciencia, es hacer a los demás partícipes de su saber personal, de sus hallazgos científicos, o aun de los interrogantes que se plantea ante determinadas cuestiones. Y así procura publicar los resultados de su labor de investigación, para que pasen a ser del dominio de todos, y se da con sencilla

generosidad a los alumnos, discípulos o colaboradores, en una entrega intelectual abierta de efectos multiplicadores.

c) Se ha de mencionar también el servicio a la sociedad que se deriva de la posesión de sensibilidad social, del vivo sentido de la responsabilidad ante los asuntos de interés común, de la conciencia clara de que al universitario le atañen mayores deberes sociales justamente por tener mayores conocimientos y cultura, por haber podido adquirir más hondo sentido de la justicia.

d) El universitario ha de ser también sensible para prestar ayuda espiritual y material a los demás, para hacerles llegar los beneficios de la cultura, para que descubran en mayor grado su propia dignidad y sepan actuar en consecuencia. En todos los ambientes en los que convive, en el profesional, familiar y social, hay junto a él personas que necesitan de su generosidad, de su entrega a una siembra de verdad, de justicia, de amor y de paz.

e) Por otra parte, cuando en el ambiente se perciben corrientes embrutecedoras, o se lesionan derechos esenciales de las personas, la responsabilidad social impide el silencio, la pasividad o la indiferencia, reclama del universitario las actuaciones oportunas. No se puede dudar de que un universitario pueda hacer mucho para despertar a otros de su letargo de pasividad y que debe estimular la iniciativa en servicio de tantas empresas generosas en bien de los hombres. De igual modo, esa misma responsabilidad debe incitar al interés por las cuestiones públicas y a la participación en la recta configuración de la sociedad.

A nadie escapa que la mentalidad de servicio requiere vencer en tantas ocasiones la comodidad y aceptar "complicarse la vida" en bien de muchos. Pero es una virtud muy propia del verdadero talante universitario. El servicio así entendido no rebaja, no esclaviza, sino que por el contrario, enseñorea y ennoblece, por lo mismo que es libremente querido y generosamente practicado.

IV.3. RESPONSABILIDADES DEL UNIVERSITARIO ANTE LA SOCIEDAD

Todas estas características éticas que contribuyen a configurar el talante universitario deben estar presentes, con naturalidad, en la vida de cualquier profesional procedentes de una Universidad, a modo de hábitos intelectuales que informan las más diversas manifestaciones de su quehacer diario: en los diferentes aspectos de su dedicación profesional, en su comportamiento como ciudadano, en todas sus relaciones en la sociedad y en su propia vida personal y familiar. La formación adquirida supone haber asimilado una consideración elevada de la dignidad de la persona y una profunda estimación de los valores más nobles del hombre. Todo esto representa a su vez más consciente responsabilidad ante uno mismo y ante los demás, que emana de la mayor claridad de convicciones, del conocimiento más pleno de la realidad.

El universitario ya inserto en la sociedad debe asumir en ella esa responsabilidad mayor:

1) siendo consecuente con la verdad;

2) cumpliendo con ejemplaridad los deberes que le competen como profesional y como hombre;

3) contribuyendo cuanto le sea posible, con generosidad y alteza de miras, en favor de la justicia, respeto, comprensión y concordia entre los hombres.

Este modo de comportarse no sólo le viene exigido por la más alta educación que ha tenido oportunidad de recibir, sino también como algo que la sociedad tiene derecho a esperar del universitario, ya que esos niveles educativos, con el especial cultivo de la inteligencia que conllevan, son soportados en cierto modo por toda la sociedad para que aunque sólo sean seguidos por una parte de ella, reviertan en estimación de los valores del espíritu y logros científicos y culturales que a todos interesan.

V. ÉTICA PROFESIONAL

V.1. La Profesión

La palabra "profesión" se deriva del latín, con la preposición pro, delante de, en presencia de, en público, y con el verbo fateor, que significa manifestar, declarar, proclamar. De estos vocablos surgen los sustantivos professor, profesor, y professio profesión, que remiten a la persona que se dedica a cultivar un arte o que realiza el acto de saberse expresar ante los demás. Con base en ello, puede decirse que la profesión es beneficiosa para quien la ejerce, pero, al mismo tiempo, también está dirigida a otros, que igualmente se verán beneficiados. En este sentido, la profesión tiene como finalidad el bien común o el interés público. Es más, nadie es profesional, en primera instancia, para sí mismo, pues toda profesión tiene una dimensión social, de servicio a la comunidad, que se anticipa a la dimensión individual de la profesión, la cual es el beneficio particular que se obtiene de ella.

En tiempos del Imperio Romano a las personas que realizaban hazañas a favor de la patria, el pueblo les tributaba gloria imperecedera para su nombre. Estos hombres por otros medios tenían asegurada su subsistencia y no aceptaban dinero como pago a su labor, solamente recibían los "honores" concedidos por su comunidad. La fuerza que los movía era el cumplimiento de sus deberes, tanto en relación con los demás como consigo mismos, en aras de contribuir a la prosperidad comunitaria.

En nuestro tiempo, la remuneración o estipendio que se le da al profesional como sueldo periódico recibe el nombre de honorarios. A la luz de estos elementos, el ejercicio de la profesión significa el actuar principalmente con vistas al bien común y en segundo término como medio para el beneficio personal. El individuo es interdependiente de su sociedad y por eso la realización de todas sus capacidades sólo es posible en una sociedad capaz de propiciarlas. Resulta absurdo buscar el propio beneficio, sin importar el beneficio comunitario, porque lo que pase en cualquier colectividad siempre afectará para bien o para mal a todos sus integrantes.

Al término "profesión" debe asociársele la idea de "servicio", pues, al hablar de las profesiones, existe una conexión entre la práctica profesional y la vocación que se tenga hacia ella.

V.2. La Vocación

La palabra "vocación" procede del verbo latino "voco", que significa llamar o convocar. La vocación es el llamado que sentimos en nosotros mismos para profesar un espíritu de servicio en aras del bien universal. En alemán el término "Beruf" tiene el doble significado de "profesión" y "vocación", lo cual remite a una concepción religiosa del trabajo en donde Dios le hace un llamado al hombre para que lo cumpla a través del desarrollo de su profesión. La profesión se basa en el

servicio altruista a la sociedad, para que los demás vivan mejor, el mundo progrese y, consecuentemente, nosotros también progresemos. El que no vive para servir no ha encontrado su llamado para vivir. Por eso en toda profesión existe un cumplimiento de deberes, dados por designio divino (sentido religioso), y como manifestación del amor al prójimo y servicio a los demás (sentido ético). El predominio de los intereses egoístas, el afán de lucro y la ciega obtención de las utilidades propias de una categoría social, significan la manera de desvirtuar y degenerar la profesión.

El reino de los valores éticos y espirituales se vuelve plenamente efectivo cuando el hombre hace que sean parte de su naturaleza y parte esencial de su trabajo, aportando con ello, un inmenso grano de arena a un mundo que crece en humanidad; así como el trabajo, sin valores éticos y espirituales, provoca que el hombre se convierta en una máquina insolidaria e irresponsable.

La vocación no es, pues, un asunto de estómago, ni de riquezas, ni siquiera de pan, sino de corazón, de ilusión, de ideales. No se trata del cumplimiento estricto de la obligación, sino del entusiasmo que trasciende la reglamentación del deber. Quien siente la vocación por la música, tendrá, para comer, que en- señar historia, hacer zapatos o barrer las calles, pero nada de ello le ocasiona el gozo que le proporciona la música. Una cosa es el estómago y la tranquilidad, y otra la cabeza y el corazón. La profesión de educador si no da mucha riqueza, sí asegura el pan sin muchos quebraderos de cabeza. Asegurar el pan es el primer problema y el más necesario, pero no es el principal, ni el de mayor dignidad.

V.3. Responsabilidades Éticas

Las diversas profesiones surgen históricamente a raíz de la progresiva división del trabajo. Por lo común se distingue la profesión –que se adquiere a través de una larga preparación universitaria– de los oficios o trabajos manuales, en donde lo que predomina es el carácter empírico. Lo importante es establecer que, para alcanzar un óptimo desarrollo laboral y humano, tanto las profesiones como los oficios requieren que las personas que los ejerzan sean excelentes, creativas e innovadoras.

Resulta injustificado hablar de trabajos serviles, pues todo trabajo tiene una dignidad inalienable. Por eso en el trabajo concurren dos dimensiones: A) la sub- jetiva, o sea, el ser humano o el sujeto que trabaja; y B) la objetiva, o sea, la obra o el objeto producido por el trabajo. Estas dos dimensiones son inseparables e igualmente importantes. Lo que un niño hace para darlo como obsequio tiene valor sobre todo porque el niño lo hizo (dimensión subjetiva) y menos por el regalo mismo (dimensión objetiva).

Por eso la raíz más profunda del

trabajo

humano

es

la que procede

de

su

intimidad, su creatividad

y

su

libertad, para luego proyectarse en la obra que

construye, pues nada hay en el hombre que se parezca tanto a sí mismo como

aquello que hace. Antes de realizar un trabajo existe por parte del profesional esfuerzo, dedicación, amor, diligencia, responsabilidad, preparación académica, que luego se traducirán en una obra digna de su creador.

De esta manera, en todo trabajo, independientemente del valor económico que le corresponde, el hombre se dignifica y ennoblece a sí mismo, y hace que el mundo progrese y sea más humano. Por tanto, el trabajo es un instrumento mediador que le permite al ser humano humanizar y dotar de dignidad los seres que crea en el mundo. Un aspecto esencial de la naturaleza humana es el de su trascendencia individual y, por consiguiente, el de su trabajo. El ser humano después de la muerte puede trascender a través de las cosas buenas que haya hecho, que, en el caso del trabajo, corresponde a su contribución a luchar, desde su puesto, por una mejor humanidad. El valor de una profesión se mide por el grado de servicio que hagamos al bienestar general.

Debemos considerar que todo trabajo es digno, merece profundo respeto y tiene que ser justamente retribuido. Desde el trabajo de limpiar las cloacas hasta el de Presidente de la República, son puestos útiles e importantes al contribuir al desarrollo de la colectividad. Desde un punto de vista particular y subjetivo, sustentado en estereotipos sociales, los diversos trabajos tienen un determinado estatus y se los aprecia diferente en relación con otras ocupaciones en donde suele predominar el trabajo corporal; pero desde un punto de vista universal, que es el de la especie humana en su conjunto, no hay jerarquías en los trabajos:

todos son necesarios e interdependientes. En suma, a través del trabajo cada individuo, de acuerdo con su vocación y aptitudes, se transforma a sí mismo y a la realidad existente, proyectándole sus valores humanos. Debe atenderse que el verdadero sustento de una profesión es la condición de persona. En el momento en que separamos nuestra humanidad de la profesión es cuando se termina privilegiando únicamente lo económico y lo material, y engendrándose una alienación en la que el trabajo se vuelve una mercancía, vendible al mejor postor. En toda actividad que deshumanice y haga perder los valores inherentes a la condición de persona, sólo por obtener dinero, tenemos la obligación, como miembros de la especie humana, de denunciar y rechazar.

Con base en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada en París, el 10 de diciembre de 1948, en el seno de la Organización de las Naciones Unidas, pueden considerarse los siguientes artículos que, en torno a la dignidad del trabajo, siempre debemos velar por su cumplimiento:

Artículo 23. 1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.

3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Artículo 24. Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas

pagadas.[27]

Todas las profesiones implican una ética, puesto que siempre se relacionan de una forma u otra con los seres humanos: unas de manera indirecta, que son las actividades que tienen que ver con objetos –como la construcción de puentes y edificios, la reparación de automóviles, de equipos de cómputo, etc.–, aunque en última instancia siempre están referidas al hombre. Así, por ejemplo, si un ingeniero diseña una carretera y se percata de que sus condiciones se prestan para que ocurra un gran número de accidentes, faltaría a su ética profesional si autoriza ese proyecto, aun cuando estuvieran de por medio intereses políticos y económicos.

Otras profesiones se relacionan de manera directa con los seres humanos, como son los casos de educadores, periodistas, psicólogos, médicos, abogados, etc. Para estos últimos son más evidentes las implicaciones éticas de su profesión, puesto que deben dar un trato hacia los demás de persona y no de objeto. La ética de cada profesión depende de los deberes o la "deontología" que cada profesional aplique a los casos concretos que se le puedan presentar en el ámbito personal o social. La deontología es el estudio o la ciencia de lo debido (del griego: to déon, lo necesario, lo conveniente, lo debido, lo obligatorio; y de lógos, estudio o conocimiento). La deontología es un conjunto de comportamientos exigibles a los profesionales, aun cuando muchas veces no estén codificados en una reglamentación jurídica. En este sentido, la deontología es una ética profesional de las obligaciones prácticas, basadas en la acción libre de la persona, en su carácter moral, carentes de un control por parte de la legislación pública. El fuero interno es el único tribunal que sanciona las acciones que son impropias dentro del marco ético de la profesión. La deontología es el cumplimiento de los deberes que a cada cual se le presentan según la posición que ocupe en la vida, y que están dados por el grado de compromiso y conciencia moral que se tenga con respecto a la profesión. La indagación y el acatamiento de los principios deontológicos significan dirigirse por el camino de la perfección personal, profesional y colectiva.

Existen también una serie de normas cifradas en un código de ética, que están supervisadas por un colegio profesional respectivo. Muchos de esos principios pueden resumirse en los siguientes: guardar fidelidad a la institución o al patrono que suministra el trabajo; dirigirse a los colegas con respeto y consideración,

evitando la competencia desleal; actualizarse con los conocimientos propios de su disciplina; guardar el secreto profesional; no sacar provecho de la superioridad del puesto para manipular o chantajear a otros; etc.

V.4. CÓDIGO DE ÉTICA PROFESIONAL

a) INTRODUCCIÓN

El Prototipo de Código de Ética Profesional tiene como propósito servir de apoyo a los Colegios de Profesionistas en la elaboración del Código de ética de su rama profesional, y en el caso de que ya se cuente con éste, incorporar algunos elementos innovadores o adicionales para su enriquecimiento o actualización.

Este prototipo es resultado de las actividades realizadas en el marco del Programa de Vinculación de la DGP con los Colegios de Profesionistas y en su elaboración participaron 19 Colegios.

Cabe señalar que en el contenido del documento, se encuentran los elementos básicos para la estructuración del Código de Ética, que deberá ser enriquecido con los conceptos y elementos inherentes a cada profesión, de tal manera el presente modelo no deberá ser tomado textualmente, sino que requerirá ser adaptado a las necesidades propias de cada organización.

Su estructura está compuesta por los siguientes capítulos:

disposiciones generales

de los deberes del profesionista;

de los deberes para con sus colega;

de los deberes para con sus clientes;

de los deberes para con su profesión; y

de los deberes para con la sociedad.

b) MARCO CONCEPTUAL

El Código de ética Profesional tiene como función sensibilizar al profesionista para que el ejercicio profesional se desenvuelva en un ámbito de honestidad, legitimidad y moralidad, en beneficio de la sociedad. Sin perjuicio de las normas jurídicas plasmadas en las leyes que regulan el ejercicio de las profesiones y el cumplimiento de las obligaciones surgidas de los contratos de prestación de servicios profesionales, es deseable que un sentido ético prevalezca en el ánimo de quienes tienen el privilegio de poseer los conocimientos y habilidades propios de una profesión. Para alcanzar este objetivo,

se debe contribuir solidariamente el reencuentro de nuestra identificación con los valores que propicien una vida digna, justa e igualitaria, pero también se debe estar convencido del compromiso que se contrae al recibir la investidura que acredita para el ejercicio profesional.

Puede y debe ser propósito esencial de los Colegios de Profesionistas tener una presencia gremial en el ejercicio de las profesiones, capaz de contribuir a que se realicen como una expresión fructífera de los más altos valores morales y sociales. Los profesionistas agrupados en Colegios y desde la ascendiente social y moral que éstos tienen en los ámbitos de cada una de las profesiones, deben propiciar que su ejercicio se desenvuelva en planos morales elevados y con plena observancia de las normas legales aplicables.

En el hombre, la tendencia al gobierno de los instintos proviene del espíritu y de la razón, que son las facultades humanas que permiten la percepción del entorno natural en el que se habita y facilita la vinculación intelectual con él.

De esta manera, el don del raciocinio permite al hombre sujetar sus impulsos instintivos a través de la observancia de ciertas normas de carácter social, cultural y legal. La observancia de normas implica que el hombre regule su conducta mediante el respeto a lo que considera deseable y conveniente que sea al deber ser.

Este deber ser, que preside la vida de los hombres civilizados se ramifica en diversos códigos de conducta pertenecientes a diferentes sistemas de normas legales o jurídicas y normas éticas o morales, dependiendo del sistema normativo al que se pertenezcan.

Las normas legales o jurídicas se caracterizan y se distinguen de las de otros sistemas, principalmente por que el Estado puede imponer su cumplimiento y castigar su inobservancia.

La norma jurídica protege valores que responden a necesidades sociales que importan a la colectividad. Por ello, la formación de la norma jurídica y la decisión de acatarla no dependen ni pueden depender de la voluntad individual. La norma jurídica es expresión de la voluntad colectiva a través del Estado, para definir las reglas obligatorias de conducta que garanticen la protección de los valores sociales considerados por la norma. De ese interés de la colectividad en atender necesidades del todo social deriva la protestad del Estado para imponer el cumplimiento de la norma jurídica y las atribuciones para castigar su inobservancia.

No es este el caso de las normas éticas que deben regir en otros ámbitos de la actividad humana.

A diferencia de las normas legales, en el caso de las normas éticas no se da la facultad punitiva del Estado para sancionar su incumplimiento la observancia de la

ética depende exclusivamente de la voluntad de quién se ha impuesto por sí mismo, por autoconvencimiento, el deber de cumplirla. La voluntad es del todo autónoma y no hay quien pueda imponer su cumplimiento.

La voluntad de adherirse a un código ético de conducta se determina por el valor que se atribuye y se reconoce a la razón de ser la norma, que no es otra que el bien cultural y social que resguarda. Así, la opinión o valoración respecto a este bien es indispensable para formar la voluntad de aceptar o rechazar la norma ética y comprometerse a cumplirla.

La fuente de la norma ética es entonces, la propia conciencia del individuo o del grupo que a ella se adhiere, formada por los valores heredados de la tradición y asimilados en la vida, que inspiran actitudes de comportamiento congruentes con la dignidad, con lo que es virtuoso trascendente y honorable.

I. DSPOSICIONES GENERALES

Artículo 1°.- El presente Código orientará la conducta del profesionista en sus relaciones con la ciudadanía, las instituciones, sus socios, clientes, superiores, subordinados, sus colegas y consigo mismo, el cual será aplicable en cualquier actividad profesional

II. LOS DEBERES DEL PROFESIONISTA

Artículo 2°.- El profesionista debe poner todos sus conocimientos científicos y recursos técnicos en el desempeño de su profesión.

Artículo 3°.- El profesionista debe conducirse con justicia, honradez, honestidad, diligencia, lealtad, respeto, formalidad, discreción, honorabilidad, responsabilidad, sinceridad, probidad, dignidad, buena fe y en estricta observancia a las normas legales y éticas de su profesión.

Artículo 4°.- El profesionista solamente se responsabilizará de los asuntos cuando tenga capacidad para atenderlos e indicará los alcances de su trabajo y limitaciones inherentes. Aceptará únicamente los cargos para los cuales cuente con los nombramientos necesarios y suficientes y realizando en éstos todas sus actividades con responsabilidad, efectividad y calidad.

Artículo

5°.-

El

profesionista

debe

mantener

estrictamente

la

confidencialidad de la información de uso restringido que le sea confiada en

el ejercicio de su profesión, salvo los informes que le sean requeridos conforme a la ley.

Artículo 6°.- El profesionista debe responder individualmente por sus actos, que con motivo del ejercicio profesional dañen o perjudiquen a terceros o al patrimonio cultural.

Artículo 7°.- El profesionista no debe asociarse profesionalmente con persona alguna que no tenga cédula para el ejercicio profesional, ni dejar que ésta u otras utilicen su nombre o cédula profesional para atender asuntos inherentes a la profesión.

Artículo 8°.- El profesionista debe respetar en todo momento los derechos humanos de su cliente, colegas y sociedad en general.

Artículo 9°.- El profesionista debe prestar sus servicios al margen de cualquier tendencia xenofóbica, racial, elitista, sexista, religiosa o política.

Artículo 10° - El profesionista debe ofrecer sus servicios profesionales de acuerdo a su capacidad científica y técnica. Esta circunstancia debe observarse en la publicidad que haga el profesionista de sus servicios en cualquier medio informativo y promocional.

Artículo 11°.- El profesionista debe observar puntualidad y oportunidad en todos los asuntos relativos al ejercicio profesional.

Artículo 12°.- El profesionista al emitir una opinión o juicio profesional en cualquier situación y ante cualquier autoridad o persona, debe ser imparcial, ajustarse a la realidad y comprobar los hechos con evidencias.

Artículo 13°.- El profesionista deberá evaluar todo trabajo profesional realizando desde una perspectiva objetiva y crítica.

III. DE LOS DEBERES PÁRA CON SUS COLEGAS

Artículo 14°.- El profesionista debe dar crédito a sus colegas, asesores y subordinados por la intervención de éstos en los asuntos, investigaciones y trabajos elaborados en conjunto.

Artículo 15°.- El profesionista debe repartir de manera justa y equitativa los frutos del trabajo realizando en colaboración con sus colegas, asesores y subordinados, apoyando en la medida del posible su desarrollo profesional.

Artículo 16°.- El profesionista debe respetar la opinión de sus colegas y cuando haya oposición de ideas deberán consultar fuentes de información fidedignas y actuales y buscar asesoría con expertos reconocidos en la materia de que se trate.

Artículo 17°.- El profesionista debe mantener una relación de respeto y colaboración con sus colegas, asesores, subordinados y otros profesionistas, consecuentemente evitará lesionar el buen nombre y el prestigio de éstos ante autoridades, clientes, profesionistas y cualquier otra persona.

Artículo 18°.- El profesionista debe abstenerse de intervenir en los asuntos donde otro profesionista esté prestando sus servicios, salvo que el cliente y el otro profesionista le autoricen para tal efecto, evitando con ello la competencia desleal.

Artículo 19.- El profesionista debe intervenir en favor de sus colegas en el caso de injusticia.

Artículo 20°.- El profesionista debe apoyar a sus colegas en situaciones manifiestas cuando su conocimiento profesional sea limitado.

IV. DE LOS DEBERES CON SUS CLIENTES

Artículo 21°.- El profesionista debe limitarse a mantener una relación profesional con sus clientes.

Artículo 22°.- El profesionista debe ser honesto, leal y conducirse con verdad ante su cliente en todo momento, salvaguardar los intereses del mismo, y deberá además comunicarle los riesgos cuando existan, en atención a su servicio.

Artículo 23°.- Con respecto al principio de la voluntad de las partes, el profesionista debe cobrar sus honorarios en razón a la proporcionalidad, importancia, tiempo y grado de especialización requerido para los resultados que el caso particular requiera.

De igual manera, el profesionista deberá reconsiderar el monto de sus honorarios de acuerdo a la limitación económica de su cliente.

Artículo 24°.- El profesionista debe renunciar al cobro de sus honorarios, y en su caso devolverlos, si los trabajos que realizó no fueron elaborados en concordancia con lo requerido en el caso particular de que se trate o el profesionista haya incurrido en negligencia, incumplimiento o error profesional.

Artículo 25°.- El profesionista al reconocer su mal servicio ante su cliente, debe advertir las consecuencias.

Artículo 26°.- El profesionista debe realizar los ajustes necesarios por su servicio ineficiente, sin cobro adicional.

Artículo 27°.- El profesionista debe anteponer sus servicios profesionales sobre cualquier otra actividad personal.

V. DE LOS DEBERES PARA CON SU PROFESIÓN

Artículo 28°.- El profesionista debe mantenerse actualizado de los avances científicos y tecnológicos de su materia a lo largo de su vida para brindar un servicio de calidad total.

Artículo 29°.- El profesionista debe transmitir sus conocimientos y experiencia a estudiantes y egresados de su profesión, con objetividad y en el más alto apego a la verdad del campo de conocimiento actualizado del que se trate.

Artículo 30°.- El profesionista debe dignificar su profesión mediante el buen desempeño del ejercicio profesional y el reconocimiento que haga a los maestros que le transmitieron los conocimientos y experiencia.

Artículo 31°.- El profesionista debe contribuir al desarrollo de su profesión mediante la investigación profesional, realizada con apego a normas metodológicas científicas y la docencia.

Artículo 32°.- En las investigaciones realizadas, debe expresar las conclusiones en su exacta magnitud y en estricto apego a las normas metodológicas acordes con el tipo de estudio.

Artículo 33°.- El profesionista debe profesión en todo lugar y momento.

poner

en alto el prestigio de su

VI. DE LOS DEBERES PARA CON LA SOCIEDAD

Artículo 34°.- El profesionista debe prestar el servicio social profesional por convicción solidaria y conciencia social.

Artículo 35°.- El profesionista debe dar servicio a los indigentes o a cualquier persona económicamente desprotegida cuando así se lo soliciten.

Artículo 36°.- El profesionista debe ser respetuoso de las tradiciones, costumbres y cultura de los diversos grupos que conforman a la nación mexicana.

Artículo 37°.- El profesionista debe poner a disposición del gobierno sus servicios profesionales cuando ocurran circunstancias de emergencia.

Artículo 38°.- El profesionista debe servir como auxiliar de las instituciones de investigación científica, proporcionando a éstas los documentos o informes que se requieran.

Artículo 39°.- El profesionista debe participar activamente en su entorno social difundiendo la cultura y valores nacionales.

Artículo 40°.- El profesionista debe buscar el equilibrio entre los distintos aspectos del desarrollo humano y la conservación de los recursos naturales y el medio ambiente, atendiendo a los derechos de las generaciones futuras.

Artículo 41°.- El profesionista debe procurar su desempeño y desarrollo profesional en las localidades donde más puede contribuir con sus conocimientos al desarrollo nacional.

T R A N S I T O R I O

El presente Código de ética entrará en vigor el día ______ de
El presente Código de ética entrará en vigor el día
______
de
Artículo 37°.- El profesionista debe poner a disposición del gobierno sus servicios profesionales cuando ocurran circunstancias

de

______
______

En caso de duda o conflicto en la interpretación o cumplimiento del presente Código de Ética, éstas se resolverán de conformidad con lo que disponga la Junta de Honor y Justicia del propio Colegio

J U R A M E N T O

J U R A M E N T O P rotesto por mi honor, poner todos

Protesto por mi honor, poner todos mis conocimientos y experiencia al

servicio de quien me lo solicite, en beneficio de la sociedad y la nación entera cuando las circunstancias así me lo exijan.

Defenderé con la verdad y fortaleza los derechos de las personas e instituciones para enaltecer con mis actos la profesión a la cual pertenezco.

De faltar a la conciencia ética y a un comportamiento coherente con ella como profesionista, que se haga de mi conocimiento y que la comunidad científica y la sociedad, me lo reclamen

ANEXO I: EL ACCIDENTE

  • 1 — ¿Bueno?

  • 2 — Hola má. Oye, hablo para pedirte un permiso

  • 3 — ¿Permiso para qué?

  • 4 — Pues mira, estábamos acá cenando en las hamburguesas cuando nos llamó Yoyis para invitarnos a una fiesta en su casa.

  • 5 — ¿Vas con Javier y Miguel?

  • 6 — Sí, má. Mira, la fiesta es para festejar su cumpleaños. No llegaría muy tarde a casa.

  • 7 — ¿Pero te trae Javier, verdad?

  • 8 — Sí, má.

  • 9 — Bueno, hijo, ándale, ve a tu fiesta. Nada más cuídate mucho, eh.

    • 10 — Sí, má, no te preocupes. ¡Gracias!

  • 8 de septiembre - 21:25 hrs.

La Sra. Margarita no se imaginaba que esa noche iba a recibir una de las peores noticias de su vida: su hijo Lalo había muerto en un accidente automovilístico. Lalo tenía apenas 18 años, acababa de terminar la prepa, y tenía poco tiempo trabajando en una farmacia como mensajero. Lalo quería estudiar una licenciatura pero por cuestiones académicas no pudo comenzar ese semestre, de manera que tomó el puesto de mensajero para ganar unos pesos. Esa noche había quedado de cenar con unos amigos de la prepa, y le había hablado a su mamá para pedirle permiso. Siempre había sido un joven responsable. Ahora le decían a Margarita que el cuerpo de su hijo estaba tirado en medio de una avenida.

La noticia dejó a Margarita totalmente paralizada. Nada pudo haberla preparado para un dolor tan grande. ¿Cómo era posible que hacía apenas unas horas le hubiera dicho a su hijo que se cuidara, y ahora ya nunca más pudiera hablarle? ¿Que había sido un accidente? ¿Tenía que presentarse a reconocer el cuerpo?

Los hermanitos de Lalo, Laura y José, de 12 y 9 años respectivamente, no sabían qué le pasaba a su mamá, pero intuían que era algo malo. Su mamá no se atrevía a verlos. ¿Cómo iba a decirles que su hermano mayor había muerto? Margarita vivía sola desde hacía un par de años. Tenía 45 años y hacía 2 se había separado de su esposo, quien murió poco tiempo después. Ella era la encargada de una tienda de zapatos en el centro de la ciudad, y con eso apenas le alcanzaba para mantener a su familia. Al colgar el teléfono llamó inmediatamente a su compadre Roberto. Él era perito en la delegación Azcapotzalco y se ocupaba de tomar fotos a las víctimas de deceso en la delegación. El compadre, impactado por la noticia, aceptó ir a tomar fotos —aunque no era su jurisdicción— ; eran las 9:30 pm.

  • 8 de septiembre 20:15 hrs.

Lalo se dirigía con Javier y Miguel a una fiesta a la que los habían invitado. Javier y

Miguel eran hermanos. Acababan de cenar y estaban contentos por la invitación, que había salido de pronto. Javier iba manejando un auto compacto que les había prestado su papá.

Todos los nombres y apodos han sido cambiados para proteger las intimidades de los personajes.

Los tres jóvenes decidieron que la mejor ruta era ir por el Eje Central. Javier circulaba por el carril de extrema izquierda, cuando en el retrovisor vio que una camioneta se dirigía a gran velocidad en el mismo carril. Como Javier no se quitó, la camioneta con vidrios polarizados tuvo que frenar de golpe. A Javier no sólo le echaron las altas, sino que el conductor de la camioneta los insultó con el claxon. Javier siguió su camino un poco asustado, dejando la Suburban atrás. Unas cuadras después la camioneta comenzó a pegarse mucho a la defensa del pequeño auto donde iban los tres amigos. Asustado, Javier intentó cambiar de carril y bajar la velocidad, pero la camioneta le dio un golpe directo, no muy fuerte, pero que sí asustó a los muchachos. Javier aceleró y trató de orillarse, pero la camioneta era más rápida y se preparaba para otra embestida.

La volcadura se provocó cuando el auto de Javier, tras dar un volantazo, fue golpeado de lado por la camioneta. El conductor de ésta, asustado, intentó frenar. Su camioneta se patinó hasta golpear un coche que estaba estacionado en la lateral. Dentro del auto no había nadie, pero el dueño estaba parado en la banqueta y vio todo. Después de la colisión, de la camioneta se bajaron dos jóvenes —de la edad de Lalo, aproximadamente— en estado de ebriedad. El golpe que le habían propinado al auto

estacionado era menor, pero el dueño parecía muy alarmado.

  • 1 — ¿Qué les pasa? ¿Por qué hacen eso?

  • 2 — ¡Sólo fue un rasguño! Mejor ni se queje— contestaron los jóvenes.

  • 3 — ¿Pero ya vieron lo que hicieron? — y señaló hacia unos metros atrás. El coche de Javier se había incrustado en una pared. Había vidrios por todas partes. En el pavimento, yacía el cuerpo de un muchacho. Era Lalo.

  • 4 — ¡Te dije que nada más un golpecito! — le dijo el otro.

Espantados, los dos jóvenes escaparon a toda prisa. Un vecino llamó a la ambulancia, y a la policía. Al llegar las patrullas, tomaron la declaración del dueño del coche chocado y de otros testigos del siniestro. Todos estaban horrorizados e indignados. Javier estaba bañado en su propia sangre y tuvo que ser llevado al hospital enseguida. Miguel tampoco daba señales de vida. La patrulla tardó un buen rato en llegar. El dueño del coche que estaba estacionado y al que le chocó la camioneta, llamó a su seguro. Estaba precisamente hablando con el ajustador, cuando vio aparecerse a uno de los jóvenes que conducía la camioneta. Vio que éste se apalabraba con un policía. Algo le dio, pues le permitieron acercarse a la camioneta, sacar unos papeles y nuevamente huir. En cuanto lo reconoció, le dijo al ajustador y alertó al policía. —Mejor ni se meta, señor —le dijo el oficial—, ¿para qué quiere tener problemas si lo de su golpe lo paga el seguro? — Así nosotros ya no podemos hacer nada señor, cuando la policía se mete, nosotros no podemos llegar a ningún lado —le dijo el ajustador.

10 de septiembre

En la casa de Margarita se estaba rezando el novenario por la muerte de Lalo, cuando a la mitad de éste tuvo que salir. Tenía cita en el Ministerio Público para darle seguimiento al caso de Lalo. Al llegar a la delegación el agente del Ministerio Público, sacó un fólder con una hoja que describía la muerte de Lalo como accidente. En el expediente no había fotos, ni estaba el informe del peritaje. Sólo había una hoja. Margarita preguntó dónde estaba la información que faltaba y por qué el informe tan escueto que había ahí

decía que había sido un accidente. Apenas ayer el expediente contaba con las declaraciones escritas de los testigos, además de las fotografías del perito de la delegación. El agente se molestó por sus observaciones, pero aseguró que esa era toda la información que existía. Más aún: le dijo que el informe estaba terminado, y que se declaraba el asunto como un accidente vial. Margarita se indignó de lo que estaba escuchando, y le reclamó al agente la poca sensibilidad y actitud de prepotencia que tenía. ¿Cómo era posible que el asesinato de su hijo lo despachara como un mero accidente? El agente sonrió y le dijo: Hágale cómo quiera. Más tarde averiguaría que los jóvenes sobornaron también al agente del Ministerio Público y a otros burócratas de la misma agencia.

La búsqueda

Margarita sabía que no había sido sólo un accidente. La noche en que fue a reconocer el cuerpo, tuvo la oportunidad de platicar con uno de los vecinos quien le relató lo que vio. Ella sabía de los dos jóvenes alcoholizados que bajaron de la camioneta y que huyeron. Ella sabía que había sido un asesinato y no un accidente. Margarita sabía que si habían extorsionado al agente del Ministerio Público, éste no iba a contestar nada. Así que salió directamente a las instalaciones de una radiodifusora importante con el fin de exponer su caso, y denunciar los hechos que vivía. En la estación de radio se interesaron por su caso, y le dijeron que lo único que podían hacer era exponerlo en público. Ellos empezarían sus propias investigaciones y tardarían unas semanas en darle su respuesta. Margarita hizo su denuncia, sin saber ya por qué medio buscar justicia. Se dirigió entonces a la Comisión de Derechos Humanos, la cual también prestó atención. Los abogados tomaron nota de lo que había pasado, pero le dijeron que su caso tardaría un poco pues había que hacer investigaciones y entrevistar a muchas personas, entre ellos al agente del Ministerio Público. Desesperada, Margarita no sabía qué hacer. Ya todo lo que estaba en sus manos lo había hecho. Entonces fue a visitar a la mamá de Javier y Miguel para ver cómo estaban. Javier estaba en estado de coma. Su hermano menor había sufrido serios golpes en la cabeza y los doctores no se atrevían a hacer un diagnóstico de cómo quedaría de sus facultades mentales. La mamá estaba desolada. No sabían tampoco si podrían procurar todos los gastos médicos necesarios. Margarita intentó hablar con los padres acerca de la desaparición del expediente, y de lo que había hecho ella para buscar justicia. A los padres de los jóvenes no les interesó nada, prefirieron dejar las cosas como estaban para no meterse en problemas. —¿Para qué pelear si a mis niños no les devuelven la salud? —Para que no les pase a otros —dijo Margarita. —De nada sirve. Prefiero usar el dinero para pagar doctores que para sobornar a un juez —fue la respuesta del padre. Después de esta entrevista, Margarita se dirigió con tristeza a su casa. Escuchando el radio se enteró de que había una instancia del gobierno local encargada de la investigación a servidores corruptos. Decidió ir al siguiente día muy en la mañana. Estando ahí, tuvo la oportunidad de exponer su caso al director y éste se mostró indignado. Hizo algunas llamadas, concretamente al agente encargado del Ministerio Público donde se

levantó la investigación. Le dijo en voz de mando que recibiera a la Sra. Margarita y le ayudara en lo que pudiera. Posteriormente Margarita se regresó a la agencia del ministerio público, pero al entrevistarse con el “servidor público” encargado, éste le dijo que no importaba a quién le denunciara lo sucedido, que mejor se olvidara del caso o que le iría muy mal. Margarita le habló al director y le contó lo que había pasado. El director le dijo que le hablara en dos horas, cosa que hizo. En ese momento el director le habló al delegado al que le correspondía esa agencia y le explicó la situación, exigiéndole que actuara. El agente del ministerio público que había desaparecido la información del expediente fue despedido y encarcelado. El juez que cerró prematuramente el caso de Lalo fue sancionado y suspendido. Las fotografías que tomó el compadre de Margarita fueron aceptadas como evidencia para la investigación. Los vecinos y el dueño del coche aceptaron volver a hacer las declaraciones. El caso sigue abierto.

ANEXO 2: “UN ASUNTO ENTRE COLEGAS”

Cuando tenía 17 años tenía la firme intención llegar a ser un médico renombrada, conocida por mi calidad, pero por sobre todas las cosas por mi integridad moral. Tenía ilusiones como cualquier adolescente que se entusiasma y no mide sus propias fuerzas, pero además tenía la mente muy clara y como en casa me habían enseñado a vivir enérgicamente los valores, creí que tenía la vida resuelta. Hoy he conseguido lo que en aquellos días me propuse, aunque confieso que no ha sido gratis, mis responsabilidades a veces me impiden darme cuenta de lo feliz que soy y lo más duro: estoy sintiendo que me he traicionado a mí misma.

El origen de mis valores

Soy hija única y eso no es fácil, mi madre ha trabajado siempre y me ha dado todo lo que ha podido. De mi padre prefiero no hablar, pues es como si no lo tuviera. Los primeros doce años de mi vida mi mamá y yo vivimos en casa de mis abuelitos. Ahí vivíamos mi abuelito, mi abuelita, mi tía Andrea, mi mamá y yo.

Mi abuelita estaba al pendiente de la comida y de que la ropa estuviera limpia, además de la casa. Era como mi mamá durante todo el día. Mi abuelito ya no trabajaba por su edad y porque su estado físico ya no se lo permitía. Él era una persona muy noble y comprensiva, platicábamos por horas, yo le decía lo que sentía y él me escuchaba pacientemente. Era mi mejor aliado; yo podía platicarle mis secretos, mis tristezas y todo lo que me molestaba de la vida (aunque fueran cosas pequeñas). Él simplemente se reía haciéndome sentir que era mi cómplice. Yo lo admiraba y lo quería como se debe querer a un papá, bueno eso digo yo, quizá porque no tuve uno de verdad.

Mi tía Andrea era la directora de la primaria en la que la mayoría de mis primos y yo, estudiamos. Ella era quien me ayudaba con mis tareas por las tardes y la que me exigía ser muy responsable en el colegio. Aunque me exigiera tanto, yo sentía su cariño.

El abuelo murió en febrero de 1981 cuando yo todavía no cumplía los diez.

Mi primera edad adulta

En la navidad de 1983, después de la cena en la que estuvieron casi todos mis tíos y mis primos, mi mamá anunció que tenía una buena noticia: “Ya pagué el enganche de mi casa y me la entregan en la primera semana de febrero. Así que están todos ustedes invitados”. Entre risas, felicitaciones y abrazos, lamenté mucho enterarme de esa noticia. Ahora viviría casi sola. Mi mamá tenía muchas deudas y ahora esto. Seguramente casi no estaría en casa.

Ella estaba acostumbrada a trabajar desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde. Yo salía de la secundaria y me iba a casa de mi abuelita a comer. Cerca de las cuatro yo tenía que irme a mi casa, para hacer el aseo, lavar la ropa que se juntaba, preparar algo de cenar y esperar a mamá. Después de ayudarle a limpiar la cocina comenzaba a hacer mi tarea. A veces terminaba muy noche, o muy de mañana, pero siempre hacía la tarea. Mi tía Andrea me enseñó que las tareas bien hechas son importantísimas para adquirir hábito de estudio y fuerza de voluntad.

Extrañaba mucho mi vida en la otra casa, sobre todo al abuelo, pero sabía que todo eso era imposible de volver a vivir. Mi mamá y yo no teníamos mucha comunicación, posiblemente

porque ella trabajaba mucho y llegaba agotada, tal vez me seguía viendo como a una niña y por eso no me platicaba sus cosas, pero siento que pudimos ser mejores amigas. Total, yo la quería mucho y sabía cuánto se sacrificaba por mí, sólo faltaba disfrutar más de nuestra compañía.

La elección de universidad

Durante el verano del 87, cuando terminé el penúltimo año de la prepa comencé a investigar en las distintas universidades los costos y los planes de estudio. Yo sabía desde niña que lo mío era ser doctor, ahora sólo faltaba saber de cuál universidad. Busqué en tres o cuatro y la verdad es que me percaté de que mi madre no podía pagar una escuela particular. Qué lástima. Yo recorría cada una de las universidades por todos sus rincones y preguntaba todo sobre ellas; me ilusionaba la pequeña esperanza de que mi mamá me dijera que de alguna forma ella me la pagaría.

Al cabo de dos semanas me dirigí a la Universidad Autónoma, la que pertenece al Estado y no cobran más que una cuota anual de recuperación. Me dieron ficha para presentar examen de admisión y me dijeron que tenía que pagar doscientos pesos el día de la entrega de documentos. Le platiqué a mamá todo este asunto. Ella me explicó que aunque pudiera intentar pagarme una universidad privada y yo consiguiera beca por mis buenas calificaciones, era un alto riesgo: “Mira Susy, yo qué más quisiera, y de verdad que

puedo intentarlo, pero nadie sabe

Dios no lo quiera que te falte yo un día o que pierdas la

... beca, y entonces sí que te quedas sin estudios. Mejor vamos a inscribirte a la autónoma,

¿sí?”

¿Qué podía yo responderle a mi mamá?, ella hacia lo que podía. Sería injusto pedirle más de lo que podía dar, o mejor dicho, pedirle más de lo que me había dado sería una manera ingrata de corresponder a todos sus sacrificios. “Pues ni hablar, Mamá”.

Entonces me apunté para el examen de admisión y me hice a la idea.

Toda una novedad

En agosto de 1988 ingresé a la H. Facultad de Medicina, ¡sí que me sentía adulta!, con tantas cosas que estudiar, con las labores de la casa, yendo de un lado para otro con libros y fotocopias. Los primeros días sentí que el cerebro me explotaba de leer y leer, la carga fue incrementando; sin embargo, sentía que aprendía sobre la salud humana, sobre cómo curar enfermedades y muchísimas cosas más. Todo esto me hacía sentir satisfecha.

Casi no veía a mi abuelita ni a mi mamá, yo entraba muy temprano y llegaba muy cansada a casa. Mi mamá tuvo que comenzar a cargar con todas las tareas de la casa. Ahí fue cuando se dio cuenta de todo lo que yo hice sola por más de cinco años. Los fines de semana tratábamos de pasar un rato juntas, pero yo comenzaba a salir con Joaquín; y mi tiempo se disminuía considerablemente. A Joaquín lo conocí desde la preparatoria, pero nunca fuimos novios.

Aunque sentía estar muy enamorada de él, yo me dedicaba 100% a mis estudios, no me podía dar el lujo de perder una clase o de hacer el ridículo frente a alguno de mis maestros. Diario había cosas nuevas que aprender, exámenes por preparar y también necesitaba descansar.

Los libros de medicina son sumamente caros y para mi mamá era imposible comprarlos, bueno algunas veces sí se podía, sin embargo, ahí fue cuando mi tío Víctor me ayudó. Él también estudió medicina y me prestaba sus libros, incluso me llegó a regalar algunos, y hasta me compraba alguno que no tenía.

Yo sentía mucho compromiso con la gente que me apoyaba en mis estudios; era justo que no fallara en mis obligaciones.

Otra persona importante en mi vida

Por otra parte, conocí a Fausto, un compañero de la universidad. Cuando teníamos que hacer trabajos en equipo para alguna clase, Fausto y yo tratábamos de formar equipo, ya que me di cuenta de que era muy responsable y eso me agradaba bastante. No se distinguía por tener muchos amigos ni por ser muy amable, sin embargo era muy destacado en su desempeño como estudiante.

El padre de Fausto era dueño de unos laboratorios y creo que tenía mucho dinero, pues vivían en una casa muy bonita en una zona muy exclusiva de la ciudad. Independientemente de mi noviazgo con Joaquín, yo llevaba una excelente relación de amistad con mis compañeros de clase, y entre ellos Fausto. A veces comíamos juntos o cenábamos, ya que las horas de estudio eran una eternidad y en algún momento teníamos que comer.

Años más tarde, cuando salí del servicio y pensé bien la especialidad que escogería, el padre de Fausto falleció y él heredó los laboratorios y todo lo que el señor poseía. Entonces Fausto decidió construir un pequeño hospital y reunir a un grupo de especialistas. Me propuso unirme a él y hasta asociarme. Yo no tenía dinero para figurar como socia, pero por supuesto que era atractiva la idea, hoy en día más vale tener un consultorio propio, ya que la consulta privada es lo que deja lana.

Por estas mismas fechas, Joaquín me propuso matrimonio y acepté, ya que la vida para mí había sido muy apurada y nunca me procuré más cariño que el de mi familia, pero en mi familia ya todos eran muy mayores y una tiene que hacer sus propios planes, así que fechamos nuestro compromiso.

El sábado 24 de septiembre de 1996 fue nuestra boda. Nunca me imaginé estar tan contenta. Joaquín ha sido un gran hombre durante todos estos años y me siento muy orgullosa de ser su esposa. Sabía que seríamos una gran pareja.

Mi marido tenía una plaza en el sector público, su sueldo no era gran cosa, por ratos daba consulta en la clínica de Fausto —en mi consultorio— para ganar más dinero. Yo ganaba mejor que Joaquín porque terminé mi especialidad en Ginecología y Obstetricia, por las mañanas yo daba consulta y operaba en un hospital privado —de ahí obtenía la mayor parte de mis percepciones—, y por las tardes consultaba en la clínica de Fausto.

En lo que respecta al aspecto económico no nos podíamos quejar. Lo único en lo que no estábamos muy de acuerdo era en eso del consultorio de Fausto. Joaquín nunca congenió con Fausto porque pensaba que por ser un joven adinerado sentía que podía decidir cualquier cosa sin pensar en las consecuencias. En una sola palabra lo definía con la palabra “utilitario”. Y por el otro lado, Fausto prefería “no lidiar” con Joaquín porque siempre lo consideró un mediocre (aunque no me lo decía desde hacia mucho tiempo). Mi esposo quería rentar otro consultorio para evitarse la pena de convivir con Fausto.

Yo estaba tranquila en términos generales. Sé que Fausto no era ninguna “monedita de oro”, pero a mí me trataba con respeto y sentíamos gran estimación el uno por el otro. Sin embargo, de tanto que Joaquín hablaba de la mala administración de esa clínica y del maltrato a varios empleados, comencé a percatarme de que Fausto era muy déspota con los empleados y eso no me causaba ningún agrado. Si yo no había tenido conflictos con él era porque yo era la más destacada entre su cuerpo de especialistas.

Pero un buen día, sin que yo estuviera presente, Fausto le reclamó a Joaquín por su manera de vestir y por su irregularidad en el uso del inmueble. Lo acusaba de “no conservar la calidad de su hospital”. No puedo decir que Joaquín se distinga por su belleza, pero sí puedo defender su pulcritud y su buen trato a los pacientes. Esto fue suficiente para que Joaquín decidiera no volver a pisar ese hospital, su indignación desvanecía su capacidad de diálogo cuando yo quería arreglar ese tema. Lo entendía pero yo pensaba que nuestra estabilidad dependía de ese consultorio.

Hasta este momento siguen las discusiones en casa. Joaquín siente que yo no lo apoyo, a pesar de que él es un médico muy honorable, dice que me he puesto de parte de Fausto y que él sí que es un aprovechado de las circunstancias.

Soy médico, soy mujer y no me olvido de mi condición humana

Para mayo de 2000 Joaquín y yo nos enteramos de que esperábamos nuestro primer hijo. Esta noticia sorprendentemente cambió nuestra manera de tratarnos, éramos mucho más cariñosos uno con el otro. Él en especial me cuidaba más que de costumbre y me llamaba tres o cuatro veces al día, para saludarme o sólo para saber que estaba bien.

Se puede decir que mi embarazo fue muy saludable, no sentí grandes incomodidades ni mayores complicaciones. Incluso, como ginecóloga puedo decir que fue un muy buen embarazo. Me sentía tan fuerte y tan sana que no dejé de trabajar casi como lo hago normalmente.

Según mis cálculos nuestro hijo llegaría para la tercera semana de febrero aproximadamente, entonces yo pensaba trabajar hasta enero. Mi mamá, Joaquín y tías mías me rogaban que dejara de trabajar, o que por lo menos sólo diera consultas, pero que ya no me exigiera tanto en las cirugías. Les agradecí su preocupación pero de verdad que me sentía muy entera para continuar trabajando. De algo estaba muy convencida: Mientras yo gozara de buena salud y mi hijo no estuviera en riesgo, yo seguiría cumpliéndole a mis pacientes. Ellos me necesitaban porque mi trabajo estaba en permanente contacto con la vida.

Una de mis pacientes tenía programado su parto para la segunda semana de enero y necesariamente recurríamos a una cesárea por su edad. Para esas fechas yo también estaría cerca del nacimiento de mi hijo, por lo que yo no estaba completamente segura de poder realizar esa operación personalmente, pero sí estaría asistiéndola ya que ella contaba conmigo porque sentía una profunda confianza en mi calidad. Recuerdo perfectamente que desde su primera cita ella me dijo: “Doctora, estoy muy nerviosa porque durante muchos años no he podido tener hijos, y ahora que sé que estoy esperando al primero sólo puedo dejarme en sus manos y hacer todo lo que usted me diga. Este es el momento más importante de mi vida”. Valoré profundamente sus palabras.

¿Acaso estoy en un error pensando que mi trabajo es importante para mis clientes? ¿Debería hacer a un lado mi rol de médico porque estoy embarazada?

Mi ética se pone a prueba

La mañana del ocho de enero teníamos todo listo para la cesárea de mi paciente. Le pedí al Dr. Gonzaga que participara como cirujano en esta ocasión y yo lo asistiría. Pero no me sentí del todo bien al llegar al hospital, me faltaba aire y tuve náuseas. De cualquier modo me preparé para entrar y revisar que todo marchara correctamente. Me sentía fatigada pero no creí que pudiera empeorar mi estado físico.

La noche anterior habíamos tenido una discusión seria Joaquín y yo respecto al lugar donde me intervendrían para el parto. No teníamos mucho dinero porque estábamos pagando renta, las mensualidades del auto, un seguro de gastos médicos mayores y todo lo que habitualmente se gasta al mes. Él quería atenderme con amigos del hospital donde él trabajaba —del sector público—, yo prefería que fuera en una clínica particular, y por facilidad pensaba en que fuera en la de Fausto. Como no llegamos a ningún acuerdo nos fuimos a dormir muy molestos.

Durante la preparación de mi paciente me vinieron unos fuertes dolores y respiraba con mucha dificultad. Cinco minutos después de entrar al quirófano se me nubló la vista y no supe más. Me desmayé. Cuando desperté estaba acostada en la cama de un hospital, conectada al suero y con un ventilador —para ayudarme a respirar.

Joaquín, que estaba tomándome la mano derecha, me decía que todo estaba bien, que no me preocupara. Yo necesitaba saber sobre mi bebé. Dormí más de 18 horas y cuando volví a despertar le pregunté a una de las enfermeras por mi historial clínico, —siempre que entra uno a urgencias se debe investigar si uno es alérgico a algún medicamento y se asienta en el expediente. Ahí se describía mi proceso:

Presentaba infección de vías respiratorias alta (faringitis). Ellos debían saber perfectamente que yo soy alérgica a la penicilina y me preocupaba mucho saber quién me estaba monitoreando. Pero nadie apareció en el rato que angustiosamente estuve despierta.

En un lapso de pocas horas no supe nada. Alguien mandó a suministrarme cefalosporinas y me causó una reacción cruzada. Dado que estaba trabajando, les pareció fácil administrarme antibiótico por vía intravenosa, junto con un anti-inflamatorio y un mucolítico (para bajar la inflamación).

Debo mencionar que el error de quien me haya medicado de esta manera me provocó un choque anafiláctico, sé que suena muy raro este término médico y por eso mejor explico las implicaciones. Probabilidades: 93% de mortalidad, falla orgánica múltiple (daño en riñones, corazón, hígado, cerebro o pulmones), paro cardiorrespiratorio. Síntomas esperados: edema, bronco-espasmo y urticaria. Necesitaba un tratamiento urgente para sacarme de esa situación ya que no sólo corría riesgos mi vida, sino también la de mi hijo. No podían hacer nada por mi bebé hasta que estabilizaran mis condiciones generales.

Joaquín no dejó de decirme que en cuanto me estabilizara me trasladaría al hospital donde él trabajaba. Yo le dije que no, que estaba decidida a permanecer en aquella clínica —la de Fausto. Pero Joaquín ya había hablado con un abogado para demandar la negligencia de quien resultara responsable.

Fausto corrió a un pasante, acusándolo de haber cometido el error. En el momento en el que yo ingresé a urgencias no había doctor de guardia. Joaquín discutió airadamente con Fausto amenzándolo de meterlo a la cárcel, pues tenía el historial médico y pruebas que demostraban la mala administración del hospital.

Fausto

devolvió

la

amenaza

a

Joaquín,

él

lo

demandaría

por

haber

robado

documentos confidenciales de su hospital, por abuso de confianza y por calumnias.

En este momento en el que estoy por dar a luz, no sé que hice mal. Estoy muy angustiada porque no sé en qué situación legal quedará mi marido. Espero que mi hijo nazca bien y que no haya consecuencias de lo sucedido.

Quiero pedirle a Joaquín que retire la demanda en contra del hospital porque sé que Fausto, por su posición económica, puede perjudicarnos. Pero, ¿qué le responderé a mi esposo cuando me vuelva a decir que no lo he apoyado? ¿Qué puedo hacer si siempre quise ser responsable?

Me doy cuenta de que todo esto es la consecuencia directa de la mala ética que Fausto tiene. Ha sido un hipócrita y ha abusado de muchos empleados. De todo me he dado cuenta, pero me siento una traidora porque sólo en este momento —cuando yo soy la perjudicada— estoy juzgando a Fausto.

¿Qué debo hacer en este momento? ¿Cuál sería la mejor decisión?

ANEXO 3: “HURACÁN

“No estoy en la cárcel por asesinato. Estoy en la cárcel porque soy un negro en Estados Unidos de América, donde quienes ostentan poder sólo permitirían a un negro ser un bufón o ser un criminal.”

Rubin Carter, entrevista en 1975.

Corría el año de 1966 cuando la carrera del púgil Rubin “Huracán” Carter subía como la espuma. Al menos dentro del cuadrilátero, pues su condición de negro en Estados Unidos le seguía haciendo sufrir problemas de racismo. En ese mismo año hubo un triple asesinato en un bar cercano en donde el “Huracán” había estado esa misma noche. Era el principal sospechoso de las autoridades. Algunas investigaciones apuntaban a su culpabilidad. Era un ex-convicto. Era negro. Catorce años, y tras conocer la biografía del boxeador, un muchachillo decide estudiar su caso. Tal es su interés y tan poderosas las evidencias que encuentra, que sus esfuerzos abren de nuevo la investigación.

Antecedentes

Mi nombre es Lesra Martin y estudié derecho en la Universidad de Toronto. Soy litigante en Vancouver y me sorprendo cuando las personas me dicen que no hay nada que hacer frente a la corrupción; que los derechos humanos son letra muerta, y que tanto el sistema judicial como la sociedad son agentes pasivos frente a ésta. Nací en Brooklyn y viví en un barrio violento y peligroso. Tuve una infancia rodeada de alcoholismo —por parte de ambos padres—, crímenes, violencia y sobre todo racismo.

¿Había olvidado decir que soy negro? La historia que ahora cuento comenzó hace más de veinte años. En 1980 yo tenía quince años y apenas a esa edad estaba comenzando a leer. Iba en una escuela pública y aunque era analfabeta era el 3er mejor alumno de mi clase. Eso fue lo que llamó la atención de Terry, Sam y Lisa, quienes llegaron a mi escuela gracias a un programa de ayuda a gente de escasos recursos. Me sacaron del arrabal donde vivía, me educaron y ahora son mis protectores y amigos. El primer libro que me regalaron y leí era uno en cuya portada aparecía un joven negro tras las rejas. El libro se llamaba: El decimosexto round. Del contendiente No.1 al 45472. Era la biografía de un boxeador: Rubin “Huracán” Carter.

Rubin “Huracán” Carter

Rubin “Huracán” Carter: campeón mundial de peso medio. Leer su biografía fue muy impactante para mí, pues me identifiqué con muchas de las cosas que el Huracán había padecido de chico. Rubin tuvo una infancia difícil. Cuando tenía 11 años un hombre blanco adinerado y viejo se acercó al grupo de amigos de Rubin intentando seducir a uno de ellos —en ese tiempo era muy común que personas adineradas buscaran cometer ese tipo de crímenes, pues los niños negros eran presa fácil. ¿Quién le iba a hacer caso a un niño negro denunciando un abuso sexual de parte de un miembro distinguido de la comunidad? (blanco obviamente). Rubin defendió a su amigo lanzando una botella de vidrio que le pegó en la cabeza al acosador. Ambos forcejearon, pero Rubin huyó tras clavarle una navaja en el brazo. Una semana después lo arrestaron; el policía que lo interrogó —se llamaba Della Pesca—,aprovechó para amenazarlo y humillarlo por ser negro. Llevaron a Rubin a una corte para menores y le dictaron sentencia de permanecer en un reformatorio varonil hasta los 21 años.

Este caso fue basado en la película The Hurricane, Universal Pictures, Special Edition

2000

En ese violento reformatorio aprendió a sobrevivir, entre peleas y abusos sexuales. Rubin se escapó dos años antes de cumplir su sentencia. Se enroló en el ejército y se hizo paracaidista. Superó problemas personales como su tartamudez (por la que lo discriminaban aún más) y se hizo boxeador profesional. Cuando volvió a su pueblo natal era ya campeón de peso Welter europeo. En cuanto pisó de nuevo su territorio Della Pesca, ahora convertido en Sargento, lo encarceló para que cumpliera su condena. Rubin salió de la cárcel el 21 de septiembre de 1961, tras entrenar mucho para convertirse en boxeador profesional, y al salir juró nunca más volver a pisar una prisión. Contrajo matrimonio con una joven de su vecindario, con quien tuvo un hijo, y al siguiente año fue nombrado púgil del año. Aún cuando era una figura pública reconocida, sufría por ser de raza negra. Uno de los ejemplos más escandalosos sucedió el 24 de diciembre de 1964, día en que le propinó una paliza al entonces campeón mundial de peso medio (Joey Giardello); sin embargo, el cinturón se lo dieron a Giardello después de una deliberación de 35 minutos. El motivo: un

negro no podía ganarle a un blanco. En 1966 ocurrió el suceso trágico que llevó a Rubin a la cárcel: Estaba bebiendo en un bar para relajarse, donde uno de sus fans –John Artis (también negro) – lo reconoce y más tarde se ofrece llevarlo a su casa (aproximadamente a las 2:30 de la madrugada). Ya encaminados, una patrulla los detiene y sin interrogarlos, son forzados a acompañar a los policías. Después se enterarían que se había cometido un asesinato a sangre fría en otro bar, y se reconoció a dos negros en un auto blanco como los agresores. Rubin y Artis eran sospechosos. Sin decirles la razón por la cual los llevaban detenidos, Rubin y Artis fueron conducidos al bar donde estaban los testigos, quienes aseguraron que ellos no eran los negros que habían visto. Posteriormente los llevaron al Hospital St. Joseph para que una de las víctimas los reconociera, y aunque estaba mal herido aseguró que ni Rubin ni Artis habían sido los agresores 3 . En ese lugar estaba el sargento Della Pesca, quien parecía inducir al herido para que los reconociera. Rubin “Huracán” Carter se dio cuenta que aquel sargento que lo había discriminado y humillado, quería involucrarlos en el asesinato a como diera lugar. Ese mismo año juzgaron a Rubin Carter y a John Artis, en un juicio lleno de mentiras y prejuicios raciales, condenándolos a tres cadenas perpetuas. Cabe hacer mención que el jurado estaba conformado solamente por hombres blancos.

El encuentro

Al leer su vida y las injusticias que cometieron con el Huracán, vinieron muchos recuerdos de mi vida y automáticamente me identifiqué con él, pues yo fui y sigo siendo víctima del racismo. Me dolieron enormemente los prejuicios raciales en contra de los negros y las injusticias que se cometen cuando alguien no aplica la justicia de igual manera para todos. ¿La policía no está para defendernos a todos?, era frustrante que ellos mismos fueran los agresores. Me di cuenta que lo que yo había vivido en mi vida era sólo una muestra de los alcances del odio hacia una raza minoritaria. Aunque son derechos universales la vida, la libertad y la seguridad de la persona, hay quienes pasan sobre ellos impunemente.

3 Esta víctima murió poco después a causa del atentado contra su persona.

Inspirado por su vida e indignado por la injusticia que le habían cometido le escribí al Huracán. Rubin me contestó, y entablamos una amistad por correspondencia que duró meses. Después tuvimos un primer encuentro en la cárcel. Esa plática marcó mi vida, y me impulsó más a encontrar la justicia para ese hombre. No me enteré hasta después cuántas dificultades tienen los reclusos para recibir visitas familiares, dificultades que rayan en la humillación. Por ejemplo, desnudan a todos los presos que reciben visitas y los “revisan” minuciosamente para que no guarden nada. Sobra decir que los métodos de “buena conducta” que la autoridad administraba no eran sino golpizas, aislamiento, privación de los alimentos, y cosas innombrables. Me pregunto si hay alguna justificación para que se les trate así. ¿Es justicia no tratar a los reclusos como personas? Los delincuentes cometieron un delito, pero ¿cuál es la medida para que la sociedad pase de la justicia a la venganza? Muchas personas piensan que es más fácil encerrarlos y olvidarse de ellos, no importando las condiciones en que vivan, pues si son injustas o deshumanizadas, “se lo ganaron a pulso”.

La investigación

Yo era sólo un muchacho, pero les pedí a Terry, Sam y Lisa que me ayudaran. Ellos no tenían prejuicios raciales. Dedicamos todo nuestro tiempo y esfuerzos para sacar al Huracán de la cárcel, comenzando por las investigaciones. Visitamos también a los abogados de Rubin, quienes nos recibieron desanimados: llevaban ya una década con el caso del Huracán. Descubrimos que había personas influyentes e importantes a quienes íbamos a exponer, el tipo de persona que por un prejuicio no se tientan el corazón para destruir la vida de un hombre inocente encarcelándolo. En la investigación encontramos todo tipo de declaraciones falsas e incongruentes con las que se culpaba al Huracán 4 . En la cárcel el Huracán volvía a recibir amenazas. En esta ocasión fue el director del reclusorio quien le aclaró que, en caso de que alguien quisiera hacerle daño, él no podría protegerlo.

Yo mismo fui amenazado por el sargento Della Pesca, quien ahora había ido en ascenso en puestos públicos. Como ven, las presiones de las autoridades en turno porque no se supiera la verdad eran muy grandes 5 . Dilema

Reunimos pruebas de corrupción policial y ministerial, de los prejuicios raciales de los tribunales que juzgaron el caso de Rubin “Huracán” Carter 6 , coerción de declaraciones, y retención y falsificación de pruebas.

  • 4 Aquí mencionamos sólo algunas:

A la hora en la que se llamó para denunciar los asesinatos, Rubin y Artis estaban aún en el otro bar; sin embargo los policías declararon que había sido antes. Uno de los testigos que estaba en el bar, declaró esa noche que no reconocía a Rubin ni Artis como los asesinos. Sin embargo, como tenía problemas con la autoridad, mintió en el juicio a cambio de su propia libertad.

Patty Valentine —otra testigo—, dijo que el auto en que se alejaban los asesinos era un Dodge Monaco; sin embargo el modelo que conducía Artis era un Dodge Polaro.

  • 5 Durante nuestras investigaciones sufrimos un “accidente”. Al ir por la autopista inexplicablemente se salió una llanta y tuvimos un choque fuerte; la intención era matarnos, estoy seguro.

  • 6 Todos los jurados eran personas de raza blanca.

Hubo entonces que hacer una elección difícil, pues si se presentaban las pruebas al Tribunal Estatal podrían pasar años antes de la resolución; en cambio, si se presentaban al Tribunal Federal, el juez tendría la oportunidad de rechazar esas pruebas (por saltar al Tribunal Estatal) y entonces se perderían para siempre. Todo dependía de si el juez se daba la oportunidad de revisar las pruebas y de su aceptación. Teníamos miedo, pues ya en los dos juicios anteriores se había chantajeado a jueces, fiscales y abogados. Todos tenemos derecho a un justo proceso, pero ¿cómo podríamos confiar en las autoridades estatales si había de por medio la idea generalizada de la inferioridad de la raza negra?, ¿podríamos confiar nuevamente en las instituciones judiciales, si no estatales, federales, ante el caso de un negro? No lo sabíamos… Pero sí sabíamos que de haber justicia, el esfuerzo de civiles comunes y corrientes en busca de la verdad daría fruto. Comprobaríamos que si la ley busca la verdad sin prejuicios, se puede ejercer la justicia; y sobre todo, que denunciando la corrupción se puede realizar el ideal de una sociedad justa. Cualquier persona que deje pasar una injusticia, se hace cómplice, pues el silencio o la apatía frente a hechos injustos dañan a la sociedad enormemente. Una sociedad callada y apática frente a la injusticia es una sociedad corrupta.

Conclusión

En noviembre de 1985 se le da la oportunidad a Carter de presentar las pruebas. El juez,

tras revisar las pruebas, le concedió a Carter la libertad inmediatamente. Se reconocieron los elementos de racismo durante el proceso penal. Se reconoció la corrupción de la fuerza policial con la que se coercionaron declaraciones y se manipularon pruebas. Carter fue puesto en libertad.

ANEXO 4: “MANDELA”

Aún en la hostilidad de la época y entre los obstáculos, Mandela obtuvo intacto el deseo que lo convirtió en líder. Sin traicionar sus orígenes, sin defraudar a su gente y sin perder sus principios luchó hasta acabar con la violencia y la marginación racial. Como guerrero Xhosa, como caballero inglés, alcanzó la libertad para Sudáfrica.

Rolihlahla y Nelson

Rolihlahla Mandela nació en Qunu, Sudáfrica el 18 de Junio de 1918 dentro de la tribu de los Xhosas. Desde chico su padre lo fascinaba narrándole las historias de su pueblo luchando contra la opresión del hombre blanco. Fue criado en medio de una tradición que sobre todo guardaba respeto a los ancestros.

Había dos tribus principales en Qunu: los Xhosas y los Mfengu. Éstos últimos se distinguían por ser los más cultos de la comunidad. Había dos sujetos: George y Ben Mbekela, dentro de la tribu de los Mfengum que eran íntimos amigos de los padres de Rolihlahla. Habían recibido educación y profesaban la religión cristiana. Y por azares del destino lograron convertir a la mamá de Rolihlahla, quien más tarde hizo bautizar a su hijo en la Iglesia Metodista. También consiguieron que Rolihlahla estudiara en otro lugar, situación que nunca se había presentado dentro de la tribu de los Xhosas.

Desde los 7 años fue a la escuela primaria; ahí la maestra le dio a cada uno de los chicos un nombre inglés. A Rolihlahla lo nombró Nelson. Ahí recibió una enseñanza británica con una negación absoluta de los valores africanos.

Los caballeros ingleses fueron su modelo. Su sueño era convertirse en un “perfecto caballero inglés negro”.

Su padre murió y Nelson se convirtió en el protegido del jefe supremo de los Thembu, quien lo prepararía para el futuro liderazgo. Concluidos sus estudios en la escuela primaria, fue mandado a la escuela Secundaria Bautista de Healtdown. Influenciado por los casos que llevaba la gente al jefe Thembu, decidió convertirse en abogado.

Carácter y conocimiento.

Ingresó a la facultad para negros de Fort Hare, donde fue elegido miembro del Consejo Representativo Estudiantil y más tarde logró ser suspendido por organizar un boicot de protesta junto con Oliver Tambo. Entonces viajó a Johannesburgo en donde terminó su licenciatura por correspondencia.

En 1942 ingresó al Consejo Nacional Africano (CNA). En aquel tiempo se armó un grupo de jóvenes bajo el mando de Antón Lembede. El grupo comenzó con apenas 60 miembros, entre ellos Nelson y Oliver Tambo. El objetivo del grupo era convertir el CNA en un movimiento de masas que abarcara a millones de campesinos, obreros y profesionales negros sudafricanos. A diferencia de la vieja guardia del congreso, los jóvenes adoptaron un nacionalismo africano radical bajo el principio de autodeterminación.

Dos años después fundaron la liga juvenil del CNA, Mandela fue elegido Secretario de esta liga tres años más tarde.

En 1948 ganó las elecciones el Partido Nacional. En 1949 el CNA hizo suyo el programa de acción impulsado por la Liga Juvenil de Mandela y sus compañeros, que abogaba por el uso del boicot, las huelgas, la desobediencia civil y la no cooperación. Al año siguiente, Mandela fue elegido miembro del Comité Nacional Ejecutivo. Al mismo tiempo, fue coautor de los documentos del programa del CNA, en donde se buscaba lograr la plena ciudadanía, la representación parlamentaria directa para todos los sudafricanos, la redistribución de la tierra, la educación gratuita y obligatoria para todos los chicos y la educación masiva para adultos.

El CNA inició la “Campaña de Desafío a las Leyes Injustas” en 1952. Como Mandela fue el encargado máximo de alistamiento de voluntarios en el ámbito nacional y como recorrió todo el país en pos de ese objetivo, fue generando una bola de nieve que logró captar la atención de toda la población negra. Esto fue concebido como una campaña de desobediencia civil de masas, por lo que fue acusado y llevado a juicio. Aunque la Corte encontró que Mandela y sus compañeros aconsejaran a sus seguidores actuar pacíficamente y evitar toda manifestación violenta, fue encontrado culpable de contravenir la “Ley de represión al Comunismo” y se le sentenció con prisión preventiva en suspenso. También se le prohibió que concurriera a las reuniones políticas y fue confinado a permanecer en Johannesburgo por seis meses.

Durante este semestre de restricciones, Mandela se recibió de abogado. Abrió el primer estudio de abogados dirigido por negros en Sudáfrica junto con su amigo Oliver Tambo.

En reconocimiento por su participación en el “Desafío” fue elegido presidente de la Liga Juvenil y de la región Transvaal del CNA.

Por la ley de segregación racial las autoridades exigieron que trasladaran su estudio varios kilómetros afuera de la ciudad, en donde los clientes estuvieran imposibilitados de llegar durante horas de trabajo. Mandela y su socio decidieron desafiar la ley. No sólo el gobierno quería impedir que ejercieran su profesión, la Sociedad de Abogados de Transvaal le pidió a la Suprema Corte de Justicia que le quitaran el título de abogado basándose en la Ley de Represión al Comunismo. El pedido fue rechazado por el juez, quien expresó que Mandela fue motivado por el deseo de mover a los ciudadanos negros y no había hecho nada malo para dañar la dignidad de su profesión.

Debido a que estaba prohibido reunirse, el CNA le encargó a Mandela que preparara un plan de organización para los líderes del movimiento pudieran mantener contacto dinámico con sus miembros. El objetivo era prepararse contra la contingencia de la proscripción, es decir, contra las políticas segregadoras y excluyentes, creando poderosas locales filiales subversivas en la que se pudiera delegar el poder. Este plan fue denominado Plan M.

Mandela tuvo un papel fundamental en la difusión de la “Carta de la Libertad”. Participó activamente en la resistencia a la expulsión de los negros del área occidental y en la

introducción de la educación Bantú. También se opuso a la segregación de universidades mixtas.

Durante la década de los cincuentas Mandela fue víctima de varias formas de represión, hasta ser encarcelado. A finales de la década fue uno de los acusados en el “juicio por traición”, lo que significó un gran costo en su carrera política. Él ejerció su propia defensa y fue absuelto de todos los cargos.

No hay prisión para su espíritu

En 1961 al quedar liberado, pasó a la clandestinidad junto con el CNA. Nelson Mandela se convirtió e el líder indiscutible de esta nueva época de lucha. Recorrió el país para organizar una huelga de tres días y consiguió la simpatía de la mayoría negra.

Fue forzado a vivir separado de su esposa y sus hijas, trasladándose de un lugar a otro para evadir a detección policial. Se disfrazó de obrero, de chofer,…a tal grado que lo llegaron a llamar el “Pimpinela Negra”. Fue por entonces que, con sus otros compañeros, formó el brazo armado del CNA “la lanza de la nación”, y él mismo se convirtió en su comandante y jefe. A pesar de ser un grupo armado, el propósito de este movimiento no era bélico, pero necesitaban fortalecerse para resistir a la opresión.

En enero de 1962, Mandela abandonó Sudáfrica ilegalmente para participar en el “Congreso de Movimientos de Liberación Panafricanos” en Etiopía. Luego viajó a Argelia en donde fue entrenado militarmente para la lucha guerrillera. Finalmente viajó a Londres, para encontrarse con los líderes de la oposición en el exilio.

En julio, volvió a Sudáfrica y fue detenido bajo el cargo de abandono a su país e incitación a huelga general. Nuevamente condujo su propia defensa. Recusó al juez aduciendo que el juicio era conducido por blancos, y por lo tanto no tenía imparcialidad. “Detesto el racismo. Lo veo como un acto de barbarie, ya sea que provenga de un hombre blanco o de un hombre negro” fueron sus más emotivas y consistentes palabras. Fue sentenciado a 5 años de prisión.

“Yo he luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. Abracé el ideal de una sociedad libre y democrática en donde todas las personas viven juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el cual espero vivir para ver. Pero si tuviera que ser de otra forma, es un ideal por el cual estoy preparado para morir”

Mandela fue sentenciado a cadena perpetua en el año de 1964 y enviado a prisión de máxima seguridad en Roben Island. El racismo del Apharteid 7 seguía existiendo en prisión.

7 El apharteid consistió en proponer el desarrollo separando las diferentes razas, bajo la dirección de la raza blanca, considerada superior. Para mantener su control, los blancos crearon leyes raciales que tocaban todos los aspectos de la vida social. Así mismo, se llevó a cabo la clasificación racial de los ciudadanos sudafricanos a parir de tres criterios: apariencia, aceptación social y descendencia. Una persona no podía ser considerada “blanca” si sus padres no lo eran.

No había guardias negros ni prisioneros blancos. Permaneció 20 años encarcelado hasta 1984. Durante estas dos décadas lo trasladaron de cárceles.

Le ofrecieron dejarlo en libertad a cambio del repliegue de os negros de su “homeland” enTranskei.

En el año de 1985 nuevamente rechazó el ofrecimiento del Presidente Pieter Willem Botha, de ser liberado a cambio de renunciar a la oposición. Su respuesta fue muy clara e inteligente: “Los prisioneros no pueden hacer contratos, sólo los hombres libres pueden negociar”.

La presión internacional contra el apartado del Apharteid era muy grande. Botha no tuvo más remedio que comenzar a desmantelar el aparato segregacionista y renunció en 1989- Al renuncia, el CNA declaró al fin la lucha armada. El nuevo presidente, Frederik W. De Klerk pateó el tablero y en febrero de 1990 levantó la prohibición que pesaba sobre el CNA y puso en libertad a Mandela, luego de 28 años de prisión.

En 1991 Mandela fue electo presidente del CNA.

La negociación fue larga y complicada. El partido Nacional de De Klerk no quería

transferir el control del país a la mayoría negra e intentó por todos los medios instituir un poder de veto de la minoría blanca sobre las decisiones negras. El CNA con Mandela a la cabeza, organizó huelgas generales para persuadir a los nacionalistas blancos de cambiar su posición sobre esta última cuestión. Finalmente se alcanzó un acuerdo el 13 de noviembre de 1993 en el que se acordaba instituir en Sudáfrica un régimen democrático no racial ni sexista, basado en el principio enarbolado por los luchadores negros, de “una persona, un voto”.

El final del camino: la recompensa

Mandela y De Klerk compartieron en 1993 el “premio Nóbel de la Paz” por sus esfuerzos

para establecer la democracia y la armonía social en Sudáfrica.

Las primeras elecciones libres de la historia de Sudáfrica se celebraron del 26 al 29 de abril de 1994. El CNA obtuvo una clara victoria y Nelson Rolihlahla Mandea fue elegido como el primer presidente negro del país el 10 de mayo de 1994. Su vicepresidente fue De Klerk.

La institucionalización de la discriminación raciales Sudáfrica incluyó: represión policíaca, prohibición de matrimonios interraciales e incluso las relaciones sexuales; la exigencia que todos cargaran con su certificado de identidad racial, la prohibición de que cualquier negro participara en la vida pública de Sudáfrica; se estableció la delimitación de zonas territoriales según los grupos raciales reconocidos. Con esta medida se expulsó a los negros que residían en zonas “blancas” y se crearon 10 homelands (o áreas de reserva) para los negros. Los “homelands” eran regiones independientes alas que era asignado cada africano según su clasificación oficial. Dentro de este territorio los ciudadanos negros tenían derechos políticos, incluida la posibilidad de votar. Pero fuera de su respectiva homeland” los derechos se anulaban, e incluso necesitaban pasaporte para ir a Sudáfrica. Por ello los negros no contaban con representación en el Parlamento Sudafricano, mismo que controlaba los “homelands”.

En Junio de ese año, Sudáfrica volvió a ingresar al Commonwealth 8 . Torturas y largos años de prisión habían pasado pero en el corazón de Mandela no había cedido el deseo de ser un “perfecto caballero negro inglés”.

Nelson Mandela de pequeño había escuchado las leyendas de los Xhosas luchando contra la oposición del hombre blanco. Por a tradición de su tribu, sabía que no debía defraudar a sus antepasados, y no los defraudó.

ANEXO 5: “LA MUJER EN EL CAMPO PROFESIONAL”

8 Es la denominación por la que es más conocida la Commonwealth of Nations que, entre 1931 y 1946 se llamó British Commonwealth of Nations, asociación de diversas entidades políticas que, de forma voluntaria, ofrecen una simbólica o real fidelidad a la corona británica.

Todavía existe un importante desequilibrio entre mujer y profesión. Es un hecho que ya no es monopolio del hombre ganar el sustento. Las circunstancias económicas del momento no permiten que sea el hombre el único proveedor de la familia; sin embargo, sigue habiendo desequilibrio para la mujer entre trabajo y familia y profesión son factores complejos.

CONOCIMIENTOS PREVIOS SOBRE EL TEMA

INSTRUCCIONES: Contesta las siguientes preguntas.

  • 1. ¿Existe discriminación de la mujer profesionista en las empresas mexicanas?

  • 2. ¿Qué debe cambiar para tener igualdad de oportunidades?

POSICIÓN EN ESTE TÓPICO INSTRUCCIONES: Subraya o No, según tu opinión con respecto al tema.

  • 1. La mujer profesionista tiene todo el derecho de trabajar y realizarse

No

  • 2. La mujer profesionista debe considerar que la familia es más importante que el

trabajo

No

  • 3. Ser una mujer profesionista y no trabajar es un costo muy elevado

No

  • 4. Las condiciones laborales para la mujer en México son todavía injustas

No

  • 5. Considero poco ético que una empresa despida a una mujer porque contrae matrimonio.

No

EJERCICIO 1

INSTRUCCIONES: Realiza las siguientes actividades.

  • a. Lee la lectura número 1, acerca de las mujeres: amor o empleo.

  • b. Identifica las palabras desconocidas y búscalas en el diccionario.

  • c. Subraya con un color rojo las ideas principales.

  • d. Realiza un organizador gráfico con su síntesis.

LECTURA NO. 1 MUJERES: AMOR O EMPLEO

“¿Desde luego usted sabe que si contrae matrimonio tendrá que dejar la empresa?”, pregunta el encargado de reclutar nuevos talentos para una compañía regiomontana de vanguardia. “Desde luego que no, zoquete Tyranosaurio Rex”, piensa para sus adentros la veintiañera que acaba de derrotar a todos sus competidores varones en las exigentes pruebas de elección de la compañía. El Tyranosaurio es nada menos que el director de Recursos Humanos y acaba de adelantar en forma discreta y suave, que lo que sabe, o debería saber, constituye una flagrante violación a los derechos constitucionales, civiles y

laborales de la joven; de hecho, porque lo sabe se ha cuidado de que semejante disposición decimonónica no aparezca por escrito en el contrato. Se trata de un sobreentendido.

Cuando la divisa de “vivir en un Estado de Derecho” se ha convertido en una exigencia que se discute en todos los hogares de México y que se reclama al gobierno por ciudadanos de todos los niveles, grandes empresas de Monterrey y de otras partes del país hacen a un lado las letras y el espíritu del Artículo Cuarto constitucional que establece la igualdad del hombre y de la mujer mexicanos ante ley. ¿Cómo reclamar políticamente por el frágil estado de la empresa, el departamento de Recursos Humanos sólo trata como verdaderos hermanos a los varones y disminuye los derechos de las jóvenes?

Hasta hace unos 10 años ésa era la política de empleo hacia las mujeres en los bancos más importantes del país, grandes empleadores de personal femenino. Paulatinamente se ha ido abandonando ante la entrada masiva de las mujeres al mercado laboral y ante su creciente y valiosa participación en la educación superior. Sin embargo, en la pujante capital de Nuevo León ésa continúa siendo la estrategia hacia las mujeres por parte de empresas de gran peso e influencias nacionales. Se trata de empresas a la vanguardia de la vanguardia, con los ojos bien puestos en el siglo XXI, convencidas las más de ellas de que su mayor recurso es la “inversión en el capital humano”.

Empresas que destinan grandes sumas para la capacitación de sus ejecutivos, para la caza de talentos, y que están seriamente comprometidas con una cultura de de excelencia empresarial. Pero mientras sigan discriminando a las mujeres, sus miras estarán en el siglo próximo pero sus pies estarán anclados en el XIX.

¿Por qué exigir que las mujeres dejen la empresa en cuanto se decidan a contraer matrimonio? Por la misma razón por la que Venustiano Carranza se inclinó por el voto universal en contra del voto selectivo, restringido a quienes supieran leer y escribir -en la Constitución de 1917-, pero excluyó de ese universo el voto femenino. A principios de siglo, “voto universal” significaba solamente el voto de los hombres, y las mujeres flotaban en algún éter aparte.

En 1997, se cumplen apenas 50 años de que las mujeres empezaron a votar en México a escala Municipal y 44 de acceder a la ciudadanía plena. Carranza ignoró a las mujeres por inercia y por costumbre.

Inercia y costumbre describen conductas repetitivas, automatizadas y hasta inconscientes, orientadas hacia el pasado, cuando lo que describe lo que los teóricos llaman la “modernidad” es el ritmo incesante del cambio. Si lo sólido, lo acostumbrado, lo inercial era que la mujer casada se quedara en casa, ¡esa es una decisión que debemos dejar a las mujer y no a las empresas!

Para las empresas, el matrimonio de sus empleados varones significa estabilidad y responsabilidad hacia el trabajo. Por ello, en los avisos económicos, las empresas especifican que necesitas “profesionistas, no mayores de 25 años, casados, etc.”. Para estas mismas empresas, el matrimonio de sus empleadas significa maternidad próxima o probable, por ello exigirán “Mujer profesionista o secretaria ejecutiva, con excelente

presentación, no mayor de 25 años, soltera…” La empresa ve a la mujer acompañada de permisos de maternidad, de ausencias por enfermedad de los hijos, de incapacidad de tres meses por parto. En suma, en el caso de la mujer, la empresa sólo ve el vaso medio vacío. ¡Que error!

En la actualidad, en México trabajan tres de cada cinco mujeres en edad de hacerlo. Para la gran mayoría de ellas, el trabajo es una necesidad, no una opción. Una opción económica de primera necesidad y una opción vital para el desarrollo personal.

En un mundo así, la protección de la maternidad de las mujeres debe asumirse como una responsabilidad de la sociedad en conjunto. Argumentar que la erosión de los valores familiares y la desorientación en la juventud se debe a que las mujeres trabajan es querer refugiarse en un pasado que no volverá.

Lo que procede, en cambio, es proporcionar las mejores condiciones para que la mujer trabajadora (y ello debe incluir en el futuro derechos de paternidad), ya sea en su condición de obrera, de empleada de confianza o de ejecutiva, pueda cumplir con sus responsabilidades de madre y de trabajadora.

Precisamente por su condición de mujer y por el privilegio de la maternidad que acompaña a esta condición, las mujeres aportan una riqueza inusual a la empresa.

El trabajo nos humaniza y estimula a ser mejores. Pule nuestros talentos y nos hace conocer nuestras fallas; nos exige y nos hace creer, y con ello aumenta la confianza y el sentido de autovaloración. Una madre que se sabe valiosa por ser creativa y productiva, transmitirá un sentido más positivo del mundo a sus hijos e hijas. El siglo XXI será, sin duda, el siglo de la mujer. La empresa que quiera destacar, tendrá que hacerlo junto con ellas.

EJERCICIO 2

INSTRUCCIONES: Subraya sí o no, según corresponda a tu opinión.

  • 1. Las responsabilidades se identifican tanto con las acciones (hacer) como por las omisiones (dejar de hacer).

No

  • 2. Una de las condiciones que tipifican el nivel de responsabilidad es el conocimiento de las implicaciones y consecuencias de la acción.

No

  • 3. Cuando alguien actúa bajo amenaza o bajo presión, deja de ser responsable.

No

  • 4. Ser responsable es ser capaz de justificar las acciones propias, de dar razón de lo que se hizo y por qué se hizo.

No

Síntesis de mi aportación:

LECTURA NO. 2 LA MUJER HOY

México y las mujeres que hoy en día tienen entre 20 y 30 años se están enfrentando a dos grandes temas: el número de hijos a tener y el desarrollo profesional dentro del matrimonio. El tiempo y los números así lo están demostrando.

Esto no es sorpresa para nadie; con sólo echar un vistazo alrededor, platicar con los padres o, más aún con los abuelos, podemos comprobar que cada vez nacen menos niños. Las casas en donde habitan 10 o hasta 15 hijos prácticamente ya no existen. Actualmente se considera como una familia grande la que es integrada por tres hijos, e incluso hay muchos que planean sólo el primero.

Según datos del INEGI, en 1976 la Tasa Global de Fecundidad fue de 5.7 hijos por mujer; 10 años después, dicha tasa se redujo a 3.8 por mujer.

Viendo estos números, yo me pregunto, ¿qué estará sucediendo en el año 2005? ¿Seguiremos viendo los parques llenos de niños o de ancianos?

A muchos les tranquiliza saber lo que dicen los expertos:

“Con sólo tener un crecimiento del 2.1 sería suficiente para equilibrar la balanza de los jubilados y la de natalidad”. Por lo que a mí me concierne, esta cifra está a tiro de piedra, y por lo que veo, en el año 2000 la podríamos alcanzar fácilmente.

Dos son los motivos por los que las parejas actuales han decidido tener menos hijos. El primero es la imposibilidad para soportar los costos que supone tener dos o más hijos; el segundo, es el costo emocional, de atenderlos. Antes no había que dedicarse a ellos con tanta preocupación como hasta ahora.

Parece ser que una crisis en la vocación por la maternidad anda rondando entre los matrimonios jóvenes, debido, por un lado, al miedo económico y sus consecuencias, y, por el otro, a no poder dar a los hijos la educación que se quería, a no poder guiarlos por el mundo que se nos viene encima y a no poder dedicarles el tiempo que ellos se merecen.

Además, la mujer que trabaja se enfrenta también a la cuestión de tiempo efectivo dedicado a los hijos.

Antiguamente, la mayoría de las mujeres tenía que escoger entre su profesión o dedicarse de tiempo completo al cuidado de los hijos y de la casa. Hoy en día, conozco muy pocas mujeres que quieran hacer esto último; ahora lo normal es hacer un poco de cada cosa.

Un comentario típico de un ama de casa que a la vez es profesionista es el siguiente:

“Quiero trabajar medio tiempo y la otra parte del día la podré dedicar a mis hijos”. Trabajar y tener hijos no es fácil, la maternidad es especialmente difícil para las mujeres que desempeñan su profesión fuera del hogar. Por un lado, deben atender las exigencias del trabajo mostrando gran interés para no ser rechazadas, y por el otro ejercer como madres con todo lo que esto conlleva.

“Salí de la casa muy temprano, cuando regrese a comer, mi hija estaba en la siesta, tuve que regresar al trabajo en la tarde y cuando regresé a casa ya estaba dormida. Al día siguiente me preguntó: “¿Dónde estuviste todo el día? Te estuve esperando”, cuenta una mujer.

Esta situación es muy común y provoca cierta culpabilidad al pensar que, pese a todos los intentos, no se atiende a los hijos como uno quisiera. Lamentablemente, esta mezcla de autoexigencia y culpa suelen provocar estrés, frustración, cansancio y mal humor, y los que cargan con todo esto son los hijos y la pareja.

Así que, es recomendable tomar las cosas con calma y organizarse de tal manera que la mujer no sólo cargue con el peso y las presiones de la casa y de los hijos, sino también el hombre. Los médicos, las reuniones del colegio, las clases de karate y de música son responsabilidad de ambos, no sólo de la madre.

Aunque la responsabilidad es de ambos, curiosamente, el sentido de culpabilidad por entregar o dedicar más tiempo al trabajo o a la profesión que a los hijos, lo tienen las madres y no los padres. Por tradición, la cultura social o educativa, el hombre no se implica del mismo modo y su trabajo no se ve afectado por el hecho de convertirse en padre.

No hay que olvidar que, en lo que se refiere al tiempo para los hijos, más vale la calidad que la cantidad. No por pasar muchas horas con ellos se les atiende mejor. Lo que pide un bebe es muy diferente a lo que pide un joven o un adulto. Un niño pide atención afectiva, así que en la medida en que los padres, y en especial la madre, estén tranquilos y de buen humor, de esta manera el tiempo dedicado a los hijos será efectivo y no desperdiciado.

EJERCICIO 3

INSTRUCCIONES:

  • a. Lee la lectura no. 2, la mujer hoy.

  • b. Realiza un cuadro, en el que identifiques los enunciados que correspondan a un hecho, inferencia y comentario.

  • c. Anotas tus opiniones, con respecto a la lectura y presenta un caso real con respecto al tema.

  • d. Consideras justo que la mujer de hoy, se quede en el hogar cuidando a sus hijos y que no se desarrolle profesionalmente y por qué.

LECTURA NO. 3 EL COMPROMISO DE COMBATIR LA CORRUPCIÓN

A don Antonio López de Santa Anna sus contemporáneos lo apodaban “El quince uñas”; él prefería, en cambio, que lo llamarán Su Alteza Serenísima. Al dictador no le alcanzaban ni las manos, ni los dedos, ni las uñas, ni las horas del día, ni el tamaño del tesoro nacional para saciar su veracidad. A don Antonio de deba por llevarse, descaradamente o por medio de subterfugios, por las buenas o por las malas, para sí o sus cortesanos, para sus parientes y sus amigos, y con mucho esmero también para sus galanas, lo que no era suyo, lo que le gustaba, lo que quería regalar.

Don Antonio, no escondía su concupiscencia, ni se avergonzaba de su afición por los bienes públicos y los haberes ajenos. Todo lo contrario: se ufanaba de ello, lo hacía con desfachatez y buen humor, con audacia y picardía. El pueblo tampoco se lo reprochaba, más bien lo festinaba; hacía de ello burlonamente una leyenda, un regocijante tema de tertulia. Hasta sus victimas aceptaban con resignación el atraco e incluso se avenían a compartir su patrimonio con el opresor. Don Antonio era un tirano que jugueteaba todo el tiempo con su pueblo. Robaba y dejaba robar, siempre y cuando, claro está a él le tocara una tajada. Le encantaban las multitudes, los bailes y las francachelas; lo mismo se aposentaba en los refulgentes y perfumados salones de la elegante sociedad que en los sombríos y hediondos burdeles donde sin pudor, sin pedantería, populacheramente, el Presidente se entregaba al desenfreno. Entre sus mayores aficiones estaban el azar, las peleas de gallos, los naipes. Era un apostador compulsivo y habituado a ganar, y sólo muy contadas veces, por algún motivo avieso, honraba sus deudas de juego. Tal vez la gente no lo quería; de hecho sus amigos y beneficiados, aún más que sus rivales, conspiraban incesantemente contra él. No obstante, el pueblo lo festejaba, y más que tolerarlo, compartía con él sus inclinaciones libertinas, su desenfado para timar y sorprender al prójimo, su sensualidad vulgar y grotesca, su ansia por sacar ventaja de los puestos públicos, el púlpito y los rangos militares: su cinismo para burlar y engañar.

En aquel México recién emancipado del tutelaje colonial, todo era provisional e incierto. La sociedad no sabía muy bien qué hacer con su independencia., con sus gobiernos y sus tesoros; la de México era una gente desorganizada y dispendiosa, ebria y trasnochada por los jalones y sobresaltos de constantes guerras civiles, asonadas y levantamientos de de jefecillos militares, de próceres y caudillos instantáneos. La caída de la producción y el comercio, la pérdida de la opulencia colonial y el asedio a la integridad por el ensoberbecido y vecino del norte dejaron sin rumbo y sin fe en sí mismo a los mexicanos. El santanismo era un pueblo sin entusiasmo por su nación, con muchas ganas de edificar su futuro. Aquel México –tan parecido al del salinismo y el zedillismo, tan similar el México perdido, derrumbado y quejumbroso que tenemos ahora- se desorientó de manera que echo por la borda oportunidades excepcionales de construir una nación fuerte y desperdició un tiempo precioso. La sociedad sobre la cual gobernaba Santa Ana no supo –o no pudo- encontrar otro motivo de vinculación con el Estado ni otra relación con sus gobernantes y con sus líderes que no fuera la corrupción, el relajo, el chisme, el rumor la conjura, la sedición. Los mexicanos de aquel entonces, como en cierta medida nos ocurre a los de ahora, se dejaron llevar por la desilusión, por el desengaño y la resignación.

En esos años extraviados y pintorescos que van desde la caída de Iturbide hasta el última día de don Antonio –jocosamente relatados por Leopoldo Zamora Plaws en su historia

novelada de la dictadura de Santa Anna-, México sucumbió a las extravagancias de su caudillo y a la crueldad de los caciques; estuvo a punto del desmoronamiento y dejó que los estadounidenses, súbitamente transformados en imperio, pararán sobre él, le arrebataran parte de su espacio físico geopolítico vital y lo redujeran, de ahí en adelante, a la triste condición de “patio trasero”.

Don Antonio López de Santa Anna era sin lugar a duda un gran corruptor; sin embargo, la sociedad mexicana, asentada en la fangosa mezcla de dos culturas con densidad muy distinta, que juntas no llegaban a cuajar, tenía en su ser y en su entraña todos los antecedentes culturales patrimoniales de la Colonia, todos los hábitos, los valores y los estímulos y hasta las instituciones formales e informales con los cuales nutrir el hambre santanista de corrupción.

La corrupción tiene en México un continuo histórico, un hilo conductor que viene de muy atrás, de los vestigios combinados de nuestra civilización india, mestiza y criolla. Se manifiesta de múltiples maneras, unas ominosas y otras benignas; está en los actos más ruines de nuestros gobernantes y en los gestos más solidarios de la sociedad; el abuso del poder para fines de lucro, el tráfico de influencias, la “transa”, se manifiesta en la ambición y soberbia de las autoridades, lo mismos que en la camaradería de los compadres y la solidaridad de los parientes; forma parte de las grandes decisiones públicas y también de las infinitas transacciones privadas.

En todo el mundo hay algo de corrupción, poca en sociedades resguardadas por instituciones políticas resguardadas por instituciones políticas democráticas y responsables, donde están en vigor estrictos regímenes jurídicos de observancia generales, y mucha en órdenes prejurídicos y antidemocráticos como el nuestro.

En la muy rica y diversa experiencia política internacional, el autoritarismo y la concentración desmedida del poder no han sido, por definición y en todos los casos, sinónimo de impunidad y corrupción. En otras culturas con otros antecedentes y otras motivaciones, el autoritarismo dictatorial ha sido generalmente causa de la cancelación de libertades civiles, de violaciones graves, criminales y sistemáticas a los derechos humanos, pero no necesariamente de corrupción gubernamental, entendida ésta en su acepción más general como el hecho de anteponer al ejercicio de las funciones públicas las relaciones personales, los intereses individuales, familiares, de clan o de grupo.

En el caso de México, sí existe una relación muy estrecha entre el autoritarismo y la corrupción, entre la falta de democracia y la deshonestidad gubernamental. En efecto, el régimen presidencialista posrevolucionario configuró sus mecanismos de poder y autoridad de tal manera que la corrupción pasó a ser, quizá, la más valiosa y perversa herramienta de la gobernalidad. Por ello la experiencia política mexicana arroja una curiosa y muy reveladora relación de proporción inversa entre represión y corrupción.

La corrupción -manifiesta en sobornos directos e indirectos, en la cooptación, en los programas de inversión y dádivas públicas, en el ofrecimiento de canonjías, concesiones, plazas, cargos y privilegios- sustituyó con gran eficacia a la represión como mecanismo de control político y como arma para neutralizar a grupos sociales y a muchos detractores y

adversarios del régimen. Se reprime no a quien ofende, contraviene o conjura contra el gobernante, sino a quien no se deja gobernar, a quien no tiene precio.

Esa fluidez política de la corrupción es lo que hace ya cerca de veinte años, y por cierto con muy mala leche, Alan Riding llamó en sus Vecinos distantes, el “aceite y pegamento”del sistema político mexicano. Gracias al uso, a la diseminación y al fomento indiscriminado, audaz, imaginativo y muy hábil de la corrupción el régimen pudo incumplir en mayor o menor medida prácticamente todas sus ofertas revolucionarias, y al mismo tiempo logró eludir las consecuencias políticas de ese incumplimiento. El régimen logró, en efecto, con el uso selectivo y ejemplar de la fuerza, reprimir relativamente poco; y con el abuso indiscriminado y absolutamente discrecional del tesoro público, corromper mucho y conservar el poder, disgregar a sus oponentes, diluir la inconformidad y contener las demandas sociales. Debido precisamente a su inmenso valor político y a su muy extensa base de sustentación cultural y social, la corrupción adquirió en México un carácter sistémico; es decir, se encarnó, por propio derecho y su propia lógica, en su estructura institucional del Estado, en su andamiaje jurídico y en la esencia misma de las funciones públicas.

Del valor político de la corrupción y de su papel como generador del poder corporativo y reproductor del poder político, se desprende la trascendencia que tiene la jerarquía que deberá tener la reforma política del país. Cambiar de régimen significa, necesaria e ineludiblemente, erradicar al menos esas dimensiones político-corporativas de la corrupción mexicana. Sin ello, cualquier cambio, hasta el más aparentemente espectacular, será cosmético. Democratizar al país supone, por tanto, dar al traste con la impunidad que se hermana con la corrupción.

EJERCICIO 4 INSTRUCCIONES: Realiza las siguientes actividades

  • a. Subraya todas las palabras que no conozcan qué significan y buscalas en el diccionario.

  • b. ¿Qué entiendes por corrupción?

  • c. ¿Cuál crees que sea la principal causa de la corrupción y por qué?

  • d. ¿Cómo crees que podemos abatir o disminuir la corrupción en México?

  • e. Realiza una síntesis de todo lo que entendiste de la lectura

EJERCICIO 5

INSTRUCCIONES: Contesta las siguientes preguntas, según sea el caso y subraya sí o no, de acuerdo a lo que consideres apropiado.

  • 1. ¿Cuáles son los tres ámbitos en donde se presenta un mayor índice de corrupción?

(

)

Gobierno

(

)

El sistema de impartición de justicia

(

)

Los ciudadanos

(

)

Los medios de comunicación

(

)

Las grandes empresas

(

)

Las cárceles

(

)

Los sindicatos

(

)

Las instituciones religiosa

  • 2. La corrupción es inevitable y nunca se va a terminar

No

  • 3. La corrupción es parte de nuestra cultura o es idiosincrasia

No

  • 4. Se presenta porque existe impunidad o falta de sanciones

No

  • 5. La corrupción comienza y termina en el gobierno.

No

EJERCICIO 6

INSTRUCCIONES: Califica, encerrando en un círculo, el grado de las siguientes acciones según tu criterio de aprobación o desaprobación.

a.

Copiar en un examen

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

b.

Conservar el cambio de un encargo ($)

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

c.

Pasarte un semáforo en rojo

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

d.

Conseguir un empleo por influencias

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

e.

Tomar dinero de un amigo o un familiar

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

f.

Disimular inocencia para obtener algo ajeno

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

g.

Llenar documentos con datos falsos

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

h.

Inventar tu currículum vitae

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

i.

Mentir sin dañar a alguien

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

j.

Dar mordida en algún trámite o infracción

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

k.

No respetar las filas (tortillas, carros, trámites)

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

l.

Mentir para conseguir un cargo mayor en un empleo

 

Aprobación

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Desaprobación

96

BIBLIOGRAFÍA

97