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Lección 4

Serie: Jesús y la oración


Mateo 6:9 – “…santificado sea tu nombre”

Definiciones
Santificado sea tu nombre: quiere decir ponerlo por encima de todo. El "nombre" en la Biblia señala la
verdadera esencia de una persona. Santificar el nombre de Dios significa hacer justicia a su realidad,
reconocerlo, alabarlo, hacerlo respetar y honrar, y vivir conforme a sus mandamientos.

Apuntes

Santificar el nombre de Dios implica cuatro aspectos:


a) Creer: La primera manera de santificarlo es creer en lo que dice (Números 20:12) En vez de tener una
confianza pacífica en el poder de Dios para responder a una simple palabra, Moisés fue amargo e
impulsivo. Dios no es santificado cuando nuestro espíritu no confía y no tiene paz en su palabra. Juan
dijo “el que no cree a Dios, ha hecho a Dios mentiroso” (1 Juan 5:10). Cuando haces a alguien
mentiroso, estás profanando su nombre. Eso es lo contrario a tratarle como santo. La falta de
confianza en Dios es el opuesto exacto a santificar su nombre.

b) Temer a Dios: Lo santificamos cuando no tememos lo que otros hombres temen, sino tememos a Dios.
(Isaías 8:12-13) Significa, de forma muy práctica, que cuando Dios pide que tomes partido en una
situación hostil y le defiendas a Él, temas más no agradar a Dios que no agradar a los hombres.

c) Obedecer: Santificamos el nombre de Dios cuando seguimos sus mandamientos. Profanamos el


nombre de Dios cuando rompemos sus mandamientos. (Levítico 22:31-32) Así que cuando oramos,
“Padre, santificado sea tu nombre” queremos decir “Padre, haz que tus mandamientos sean
obedecidos.”

d) Glorificarle: Santificado sea tu nombre es una petición, no una declaración. (Levítico 10:3) No estamos
diciendo “Señor, ¡tu nombre es santificado!” sino que estamos pidiendo, “Señor, ¡haz que tu nombre
sea santificado!” Santificamos el nombre de Dios cuando en todo lo que hacemos le honramos
(trabajo, estudios, conversaciones, proyectos, actuar, pensar, tratar a los demás, etc.)

Reflexiones

1. Dios es santo y él merece ser santificado en todo lo que hagamos, digamos, pensemos.
2. Cuando santificamos el nombre de Dios podemos hacerlo directa e indirectamente. Directamente
cuando hacemos cosas hacia él (creer, temer, obedecer, glorificar). Indirectamente cuando yo me
aparto del pecado, llegando así yo a ser santo (apartado). De esta manera dignificamos el nombre de
quien nos creó (a quien pertenecemos: DIOS).
3. La santidad es primordial en nuestras vidas. Pues Hebreos 12:14 dice: “sin santidad nadie verá al
Señor”, debe ser una práctica constante en nuestra vida cristiana el apartarnos del pecado.
4. Todo aquel que es hijo de Dios está llamado a santidad. Esto solo podemos obtenerlo a través de
Jesucristo (1Juan1:7). Por eso, debe aceptarlo en su vida como Señor para que él lo aparte del
pecado.