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¿Qué son las emociones?

Autores varios

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos
estímulos del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo importante.
Psicológicamente, las emociones alteran la atención, hacen subir de rango ciertas conductas guía de
respuestas del individuo y activan redes asociativas relevantes en la memoria. Los sentimientos son
el resultado de las emociones, son más duraderos en el tiempo y pueden ser verbalizados (palabras).
Fisiológicamente, las emociones organizan rápidamente las respuestas de distintos sistemas
biológicos, incluidas las expresiones faciales, los músculos, la voz, la actividad del SNA y la del
sistema endocrino, pudiendo tener como fin el establecer un medio interno óptimo para el
comportamiento más efectivo.2 Los diversos estados emocionales son causados por la liberación de
neurotransmisores (o neuro-mediador) u hormonas, que luego convierten estas emociones en
sentimientos y finalmente en el lenguaje. Conductualmente, las emociones sirven para establecer
nuestra posición con respecto a nuestro entorno, y nos impulsan hacia ciertas personas, objetos,
acciones, ideas y nos alejan de otros.

Las emociones actúan también como depósito de influencias innatas y aprendidas. Poseen ciertas
características invariables y otras que muestran cierta variación entre individuos, grupos y culturas
(Levenson, 19943).

En psicología se define como aquel sentimiento o percepción de los elementos y relaciones de la


realidad o la imaginación, que se expresa físicamente mediante alguna función fisiológica, e incluye
reacciones de conducta como la agresividad o el llanto. Las emociones tienen una función adaptativa
de nuestro organismo a lo que nos rodea. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma
de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras.

Etimológicamente, el término emoción viene del latín emotĭo, que significa "movimiento o impulso",
"aquello que te mueve hacia". Con el paso de la edad, se generan diversos cambios de las emociones,
y estos impactan sobre la concepción del sí mismo y el entorno. En ese sentido, durante el desarrollo
emocional, la cultura y la sociedad tienen gran influencia en las emociones, ya que regulan su
expresión. En un estudio, y partiendo de las aportaciones de autores ateriores, Ekman y colaboradores
(1983) propusieron patrones para seis emociones diferentes que serían universales y biológicamente
básicas:

 sorpresa (surprise)
 asco (disgust)
 tristeza (sadness)
 ira (anger)
 miedo (fear)
 alegría / felicidad (happiness).

Esta lista de emociones básicas se convirtió en la propuesta con mayor aceptación, recibiendo el
nombre de Las Seis Grandes Emociones (The Big Six) (Prinz, 2004). Se consideraron básicas en dos
formas: 1. psicológica y 2. biológicamente, debido a que no contienen otras emociones con prelación,
y que son innatas.
El miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada
por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción
primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los
animales, lo que incluye al ser humano. La máxima expresión del miedo es el terror. Además, el
miedo está relacionado con la ansiedad.

Existe miedo real cuando su dimensión está en correspondencia con la dimensión de la amenaza.
Existe miedo neurótico cuando la intensidad del ataque de miedo no tiene ninguna relación con el
peligro. Ambos, miedo real y miedo neurótico, fueron términos definidos por Sigmund Freud en su
teoría del miedo. En la actualidad existen dos conceptos diferentes sobre el miedo, que corresponden
a las dos grandes teorías psicológicas que tenemos: el conductismo y la psicología profunda. Según
el concepto conductista el miedo es algo aprendido. El modelo de la psicología profunda es
completamente distinto. En este caso, el miedo existente corresponde a un conflicto básico
inconsciente y no resuelto, al que hace referencia.

DESDE EL PUNTO DE VISTA BIOLÓGICO, el miedo es un esquema adaptativo, y constituye un


mecanismo de supervivencia y de defensa, surgido para permitir al individuo responder ante
situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para el individuo
y para su especie.

DESDE EL PUNTO DE VISTA NEUROLÓGICO es una forma común de organización del cerebro
primario de los seres vivos, y esencialmente consiste en la activación de la amígdala, situada en el
lóbulo temporal.

DESDE EL PUNTO DE VISTA PSICOLÓGICO, es un estado afectivo, emocional, necesario para


la correcta adaptación del organismo al medio, que provoca angustia y ansiedad en la persona, ya que
la persona puede sentir miedo sin que parezca existir un motivo claro.

DESDE EL PUNTO DE VISTA SOCIAL Y CULTURAL, el miedo puede formar parte del carácter
de la persona o de la organización social. Se puede por tanto aprender a temer objetos o contextos, y
también se puede aprender a no temerlos, se relaciona de manera compleja con otros sentimientos
(miedo al miedo, miedo al amor, miedo a la muerte, miedo al ridículo) y guarda estrecha relación con
los distintos elementos de la cultura.

DESDE EL PUNTO DE VISTA EVOLUTIVO el miedo es un complemento y una extensión de la


función del dolor. El miedo nos alerta de peligros que no nos han ocasionado algún dolor, sino más
bien una amenaza a la salud o a la supervivencia. Del mismo modo en que el dolor aparece cuando
algo nocivo ataca nuestro cuerpo el miedo aparece en medio de una situación en la que se corre
peligro.

Para algunos, el miedo en el ser humano no guarda ninguna relación fisiológica (como reacción de
alerta), sino que es un producto de la conciencia, que expande nuestro nivel de conocimiento.
¿Qué es el miedo?

Psi. Rubén Camacho

La emoción de miedo es la más primitiva de todas, encontrándose asociada a la principal


característica o finalidad de cualquier ser vivo, es decir, la supervivencia. Dicha emoción ha recibido
mucha atención por parte de los psicólogos y el propio Sigmund Freud llegó a considerarla como el
problema central de la neurosis.

En cuanto a los desencadenantes de la emoción de miedo, al igual que con el resto de emociones,
resultan muy difíciles de acotar, ya que cualquier estímulo puede dar lugar al miedo en alguna
persona. El prestigioso biólogo Mayr propuso la existencia de tres tipos de miedos distintos en
función del estímulo desencadenante:

 Miedo no comunicativo, producido como consecuencia de seres no vivos.


 Miedo ínterespecífico, que surge en relación a otros animales.
 Miedo intraespecífico, que se produce como consecuencia de otros individuos de la misma
especie.

El denominador común en todas las situaciones que producen miedo es su capacidad para poner en
funcionamiento en la persona el sistema de conducta aversiva, que proporciona la activación
necesaria para evitar la situación o escapar de ella. En este sentido, diversos estudios llevados a cabo
por prestigiosos psicólogos obtuvieron que existe una especial preprogramación para experimentar
miedo ante determinadas situaciones, tales como depredadores, semejantes hostiles o desastres
naturales. La activación rápida y automática de las respuestas de evitación se encuentra programada
en la dotación genética de prácticamente todos los mamíferos, incluido el ser humano. De este modo,
cuanto antes se active el sistema de evitación o escape, más probable será que ese individuo consiga
el éxito, entendiendo dicho éxito en términos de incremento en la probabilidad de lograr la adaptación
y la supervivencia.

En general, se produce la emoción de miedo cuando existe un estímulo, evento o situación que, tras
la valoración realizada por el individuo, resulta significativamente relacionada con la amenaza física,
psíquica o social del organismo. El proceso de valoración asociado a la emoción de miedo tiene
connotaciones de pérdida, de ocurrencia futura y de relativa inmediatez. Por ejemplo, la mayor parte
de los seres humanos tienen miedo a la muerte, si bien sólo sienten miedo auténtico cuando perciben
que la muerte está próxima. La inmediatez denota peligro, y el peligro desencadena la emoción de
miedo.

Las funciones del miedo se encuentran relacionadas con la adaptación. Es decir, una persona que
siente miedo toma conciencia de la dificultad de la situación y de lo que puede perder, y como
consecuencia de esos análisis, actúa escapando o enfrentándose a dicha situación. Es por esta razón
que la emoción de miedo adquiere connotaciones de potencial motivadora de conductas relacionadas
con la supervivencia, actuando como una especie de sensor que avisa del riesgo vital

Por otra parte, existe una asociación entre el tipo de situación que produce la emoción de miedo y el
patrón psicofisiológico que se activa. Así, cuando la emoción de miedo se produce por la ocurrencia
de un estímulo que permite la conducta de escape, como podría ser la presencia de un depredador, la
respuesta psicofisiológica se caracteriza por un incremento en la frecuencia cardíaca así como por
una facilitación de los reflejos de defensa. Sin embargo, cuando el estímulo que produce la emoción
de miedo es por ejemplo un cadáver con signos de violencia, la respuesta psicofisiológica se
caracteriza por una inmovilización corporal y una disminución de la frecuencia cardíaca.
En términos generales, las manifestaciones conductuales asociadas a la emoción de miedo tienen que
ver con la evitación o con el afrontamiento de la situación o evento que amenaza la integridad de un
individuo, si bien dicha amenaza no tiene por qué ser real, simplemente llega con que el individuo
perciba la situación como amenazante. A la hora de afrontar o evitar los estímulos desencadenantes
del miedo, los individuos pueden hacerlo de una manera activa o pasiva.

Un aspecto muy importante y que ha generado cierto debate en el ámbito de la psicología, tiene que
ver con la relación entre miedo y ansiedad, ya que determinados factores relacionados con el miedo
se solapan con factores propios de la ansiedad y viceversa. Sobre esta relación entre miedo y ansiedad
han surgido diferentes perspectivas a lo largo de la historia. De hecho, Freud habló de la ansiedad
como un componente relacionado con la expectativa de un trauma, ya que observó que la ansiedad se
encontraba relacionada con la expectativa y las personas estaban más ansiosas cuando esperaban que
ocurriera algo. Otra perspectiva clásica fue la de Sullivan, que estableció una distinción entre miedo
y ansiedad, manteniendo que por una parte el miedo era una reacción de auto protección a una
situación nueva o aversiva, mientras que la ansiedad tenía un mayor componente cultural y
relacionado con la educación de cada persona. En este sentido, para Sullivan, el miedo se trataba de
una respuesta incondicionada a estímulos potencialmente destructivos o nocivos, mientras que la
ansiedad constituía una respuesta condicionada de miedo que aparecía fundamentalmente ante
situaciones nuevas. Otras visiones más modernas y actuales son la de Eysenck, que consideró
la ansiedad como un caso concreto de miedo aprendido, o la postura mantenida por Gray, que sostuvo
que la ansiedad puede ser entendida, bien como un estado de miedo elicitado por ciertos estímulos
condicionados asociados al castigo, bien como la anticipación de la frustración producida por otros
estímulos.

Por último, decir que el miedo constituye una emoción básica muy compleja, tanto a la hora de
delimitarla como de entenderla. Dado su carácter universal, unido al hecho de que todos los seres
humanos en algún momento de sus vidas han sentido miedo, lo cierto es que muchas personas,
procedentes de diferentes ámbitos, se han interesado por dicha emoción. Entre ellas Pablo Neruda,
que escribió los siguientes versos acerca del miedo:

Tengo miedo de todo el mundo,


del agua fría, de la muerte.
Soy como todos los mortales,
inaplazable.
Por eso en estos cortos días
no voy a tomarlos en cuenta,
voy a abrirme y voy a encerrarme
con mi más pérfido enemigo.