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29-S, ¿por el crecimiento?

JM Rivadeneyra – Miembro de Deshazkundea

La Confederación Europea de Sindicatos nos llama a la movilización para el próximo


día 29 bajo el lema 'No al a austeridad - Prioridad para el trabajo y el crecimiento!'
(No to austerity – Priority for jobs and growth!). Razones para movilizarse, las hay
de sobra, seguramente en este pais más que en muchos otros de Europa. Pero la lucha
de los trabajadores europeos, ¿ha de ser contra la austeridad y en favor del
crecimiento?

La lógica de los sindicatos convocantes para el 29-S es la siguiente: para hacer frente
a la crisis, los gobiernos aplican políticas de austeridad y golpean a los trabajadores
con reducciones de salarios y reformas laborales que aumentarán el desempleo y
reducen su capacidad adquisitiva, con lo que retrasarán la recuperación económica al
reducir el consumo público y privado, y, con ello, la actividad económica. Para ellos,
el camino a seguir para salir de la crisis es exactamente el contrario al adoptado por
los gobiernos europeos: hay que estimular el consumo público y privado, que ha de
ser el motor que nos devuelva a la senda del crecimiento.

Pero están equivocados. Tanto como el ministro ruso que recientemente recomendaba
a sus ciudadanos fumar y beber alcohol para ayudar a las arcas estatales. Éste no tiene
reparo en dañar la salud de la gente si es en favor de la economía estatal, y aquellos
no ven problema en sacrificar el planeta entero en el altar de la economía.
Aclarémoslo: estos sindicatos comulgan con la ortodoxia económica dominante para
la que el crecimiento económico es una necesidad, ignorando que el crecimiento
infinito es imposible, por la sencilla razón de que los recursos del planeta son finitos.
Crecer exige aumentar el consumo de recursos naturales, ignorando que sobrepasado
el limite de regeneración de esos recursos, estos acabarán por agotarse. No hay más
petróleo, agua potable o tierras cultivables que las que tiene el planeta; si las
consumimos o destruimos con nuestra actividad económica, desaparecerán, como ya
está ocurriendo. Para ocultar esta evidencia los empeñados en mantener vivo el mito
del crecimiento infinito han inventado el eufemismo 'crecimiento sostenible'. Perola
realidad es terca: el crecimiento económico siempre conlleva un aumento en el
consumo de recursos naturales. Simplemente, el crecimiento sostenible no existe. El
único camino que garantiza el futuro del planeta, y por tanto de los que vivimos en él,
es el que pueda ajustar el consumo de recursos a la capacidad del planeta. Ése es el
decrecimiento económico. Seguir pidiendo el aumento del consumo ligado al
crecimiento económico es lo mismo que pedir a la gente que se emborrache y fume
por su pais. Es exprimir el planeta y que los que vengan detrás que arreen con lo que
les quede.

¿Estamos acaso proponiendo un descenso del nivel de vida de la población como


salida a la crisis? Todo lo contrario. Quienes se hacen esa pregunta confunden nivel
de consumo con nivel de vida, siendo ambos conceptos muy distintos. Hay sesudos
estudios que corroboran lo que cada vez más gente percibe: satisfechas una serie de
necesidades materiales, un mayor consumo no nos hace más felices, sino al contrario,
nos hace esclavos. Nuestro tiempo se reparte entre el trabajo y el consumo, sin
espacio para vivir. Hemos transformado el ocio en tiempo para el consumo, y ya no
hay tiempo para las actividades que nos hacen ser seres humanos. Trabajamos para
consumir, y no para vivir. Es la economía, y no nosotros, la que necesita de ese
sobreconsumo al que se nos arrastra. Lo que los partidarios del decrecimiento
reclamamos es una revolución cultural y económica: consumir menos para vivir
mejor. Más aún: consumamos menos para poder vivir nosotros, y para dar esa
oportunidad a nuestros descendientes. El decrecimiento no es sólo una necesidad
ecológica, una premisa para la supervivencia del planeta, es una necesidad de los
trabajadores. Necesitamos el decrecimiento para liberar tiempos que nos posibiliten
desarrollarnos como personas y ser más libres. Los adelantos científicos y técnicos
del último siglo posibilitan una espectacular reducción de la jornada laboral, pero ésta
se ha quedado estancada en las 40 horas semanales teóricas (en realidad, muchas más
a menudo). Esos adelantos técnicos únicamente se han aplicado al aumento de la
producción, hasta llevarla mucho más allá de los límites de lo necesario. Los
resultados están a la vista: nos estamos cargando el planeta, la gente no es más feliz
aunque consuma más, y periódicamente nos encontramos con las crisis de
sobreproducción del capitalismo, como la actual.

Cuando los sindicatos europeos reclaman el crecimiento económico, se sitúan en el


siglo XIX. La reivindicación de los trabajadores europeos no puede ser a estas alturas

el aumento de su capacidad de consumo, sino la reducción de su jornada laboral. La


economía del crecimiento, y la llamada al aumento del consumo de la población
ligada a ella, es el camino equivocado. El decrecimiento económico es la vía para la
salvación del planeta y la liberación de los trabajadores, y el primer paso es una
reducción importante de la jornada laboral que traiga el pleno empleo y unos ingresos
dignos para todos. Intentar sostener el mito del crecimiento infinito no es deseable ni
posible: sí a la austeridad, prioridad al ser humano y al planeta!