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EL POSITIVISMO Y EDUCACION

or HJALMAR HERNANDEZ
El positivismo es una disciplina teórica cuyo objetivo es estudiar el conocimiento científico y sus
procedimientos. “El positivismo es una corriente o escuela filosófica que afirma que el único conocimiento
auténtico es el conocimiento científico, y que tal conocimiento solamente puede surgir de la afirmación de las
teorías a través del método científico.” (VARIOS, 2013)
De las afirmaciones anteriores se dice que en el positivismo se busca la respuesta o explicaciones a los
fenómenos a través del método científico. Por ende la razón es considerada como la única fuente de
conocimiento y explicación de la realidad.
El problema de este punto de vista es que forja a un individuo inflexible y con un comportamiento hasta cierto
punto sesgado y cerrado a toda opinión que no venga de un supuesto “conocimiento científico”. Esto es debido
a que el aprendizaje se da mayormente de una relación vertical desde el maestro al alumno.
Hay dos tesis predominantes en el positivismo:
 No admite como válido científicamente otros conocimientos, sino los que proceden de la experiencia,
rechazando toda noción a priori y todo concepto total y absoluto.
 El hecho es la única realidad científica, y la experiencia y la inducción, los métodos exclusivos de la ciencia.
Para comenzar el conocimiento viene del método científico a través de la inducción como método central para
aprender. Hay una predominancia del programa de estudios (la ciencia a experimentar) y el método (la forma
de enseñar, que se supone debe ser apegada al plan de estudios) para de esta forma lograr que el alumno
aprenda para la vida en función de su adaptación.
Se podrían enumerar varios aportes del positivismo a la educación:
- Ha contribuido históricamente a la construcción del conocimiento científico, hay que recordar que este punto
de vista vino a sustituir a la escolástica.
- Ha sistematizado el conocimiento científico sobre la sociedad al describir sus problemas en función de la
adaptabilidad del individuo.
- Ha provisto de bases epistemológicas a las ciencias.

Aunque hay que listar las cuestiones negativas del positivismo:


- Crea seres mecanizados, útiles en función de sus conocimientos prácticos y saberes instrumentales.
- No se le daba importancia a la capacidad del niño y el nivel de desarrollo del mismo.
¿Dónde podemos encontrar ejemplos o rasgos de positivismos en las practicas pedagógicas actuales?
 Primero que nada desde que el ministerio de educación pide al maestro regirse al programa y olvidando los
otros factores exógenos que rodean al alumno, ahí se percibe un rasgo positivista en nuestra época.
 Valores y normas que se deben transmitir de generación en generación. (ejemplo: la forma de celebrar las
fiestas cívicas)
 Se da una práctica pedagógica positivista cuando un docente olvida los problemas que el alumno pueda tener
cuando enfrenta el proceso de enseñanza aprendizaje (ejemplo: un alumno con hambre le cuesta mas
aprender)
 Trabajo en el aula como si fuera una receta a seguir. No permitiendo que el alumno agregue alguna forma
innovadora de hacer las cosas.

Se pueden seguir citando ejemplos negativos o positivos (por ejemplo hay mucho de esta visión en áreas como
fisiología y ciencias sociales) pero se debe recordar que el positivismo ayudo a desarrollar nuevos paradigmas
educativos que actualmente están en voga.
Por Emilio López-Barajas Zayas, Catedrático de Universidad.

La pedagogía de calidad sabe que la persona, -nosotros, los hijos y los alumnos-,
deseamos entender la verdad de las cosas, ser amados y amar.

La educación, por ello, que pretende ser ayuda en la aventura de conocer lo verdadero
se ha de peguntar inicialmente: ¿Qué contenido merece la pena aprender, y que
"herramienta" metodológica puede ser aconsejable en dicho propósito?

Algunos consideran que el "pedigrí" del conocimiento, la única senda segura, es


el conocimiento científico experimental, y por tanto, el contenido a enseñar y
aprender debería ser solo el obtenido por dicho procedimiento. El supuesto hipotético
del positivismo podría ser: solo lo que se somete a control, contraste y réplica puede
ser verdadero. Y, el prototipo genuino, por consiguiente, sería el laboratorio.

Desde luego habría que decir además que el conocimiento científico experimental tiene
un lugar propio necesario, importante, para explicarnos una parte sustancial de nuestra
vida. El recorrido experimental, en estos pasados siglos, ha sido muy fructífero para la
vida humana. Baste recordar los avances que la medicina ha realizado en el pasado.

Pero, así mismo, habría que decirles a quienes defienden esta posición de forma
exclusiva, este monismo metodológico, que de ser así, no se podría llevar a dicho lugar
experimental en una bandeja, en una caja o en una urna, ni la belleza, ni la libertad, la
igualdad, ni la fraternidad, ni la bondad, ni el amor, por solo citar algunas
categorías esenciales para la comprensión y la felicidad humana.

La única advertencia crítica que formulamos se refiere al positivismo, por la reducción


del contenido educativo que propone, y que supondría explicar solo lo que pudiese
se contrastado de forma empírica o experimental.

La creencia social en determinados sectores sociales acerca de la bondad única del


quehacer científico experimental, como si de una "varita mágica única" se trataría se
origina en la cultura que se deriva de la Ilustración moderna. Fue Auguste Comte (1798-
1857), quien al pretender una formalización histórica, trató de hacerlo a través de una
teoría de la ciencia positiva de forma exclusiva. Ignorando a la ciencia metafísica, y
enfrentándose a la filosofía postkantiana y a la dialéctica del idealismo. Comte
padeció el prejuicio moderno de estar contra todo prejuicio, es decir contra toda la
tradición, y contra una parte muy importante de sus compañeros de la modernidad. Su
propuesta de la ley de los tres estados y sus correspondientes fases, mitológico-
teológica, metafísica y positiva, no deja de ser un esbozo hipotético algo ingenuo y
arbitrario, ya que en la tradición clásica y moderna, hay numerosos autores que realizan
su vocación personal ya sea a través de la fantasía, otros mediante la reflexión propia
de la filosofía primera, y, también aquellos que actúan en el entorno de la ciencia
positiva, pero que son conscientes que hay otras "herramientas" intelectuales, además
de la experimentación. El positivismo gnoseológico que estuvo representado por
Richard Avernarius (1843-1896), Ernst Laas (1837-1885), Herman von Helmoholtz
(1821-1894), y Ernst Haeckel (1834-1919), entre otros autores, influyó paradójicamente
y de forma negativa en su horizonte futuro.

La exigencia del contraste, es decir solo la experimentación, y un solo método, un


monismo metodológico, ha supuesto una reducción antropológica, lo que ha hecho que
el positivismo sea objeto de numerosas críticas a través del siglo pasado, y también en
la hora presente. La cultura del positivismo cientificista ha llevado a posiciones
naturalistas, y también al escepticismo y el nihilismo, por la sencilla razón que
maximizar la varianza sistemática primaria, es decir, encontrar los valores óptimos de la
variable experimental exige previamente el conocimiento del estado de la cuestión; el
controlar la varianza del error tampoco es tarea sencilla, ya que influye decisivamente el
sesgo de las "muestras" utilizadas y el grado de fiabilidad y validez de los
instrumentos de medida o recogida de datos, que deben ser fiables en alto grado; y,
sobre todo, que el control experimental de la varianza sistemática secundaria, finalidad
principal de la experimentación, es decir, aquella que proviene de las "variables
extrañas", variables que no han sido "invitadas" al laboratorio o campo experimental,
pero que interfieren frecuentemente las conclusiones. Por no hablar de la interacción
que estas "variables experimentales" tienen cuando son referidos sus resultados al
sistema que le sea propio, y a éste a su vez con el universo donde vivimos.

En suma, respecto del conocimiento debemos saber que el positivismo, es


decir, el monismo metodológico, es arbitrario, porque reduce la realidad a su
propia técnica.

El culto a la razón positiva, que Comte propuso, pudo resultar atractivo en su día para
algunos, dada la condición humana de creerse frecuentemente que el hombre es la
medida experimental de todas las cosas, pero hoy, después de años, hemos visto el
desencanto social reinante, ya que el reino de la ciencia positiva moderna, prometió
más de lo que podría ofrecer. Desde luego no nos han conducido per se precisamente a
un paraíso, el desencanto del conocimiento del postmodernismo es una prueba de ello.
Claro que del posmodernismo hablaremos en otro momento.
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