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Como eje fundamental de la familia, la mujer ha cumplido diferentes roles a lo largo de la

historia, determinados hasta hace poco por el hombre o la familia de esta en caso fuese
soltera o viuda.
En la Europa medieval la mujer casada era considerada propiedad del hombre y conservar
su bienestar era la prueba de su honra, actitud que era transmitida por la propia madre a
sus hijos y seguiría a la siguiente generación. Un ejemplo de esa mercantilización de la
mujer son los casos de violación, donde la afectada era puesta en segundo plano y la
ofensa era contra el marido, o la familia en caso fuera viuda o soltera. El marido tenía la
potestad de cobrar venganza y si consideraba que la esposa había consentido o provocado
dicha afrenta podía matar a ambos adúltero (1). Es esa la visión que se tenía de la familia:
un hombre unido con una mujer que se volvía su propiedad y cuya existencia estaba
condicionada a la de él. Con la conquista y el virreinato, toda esta tradición se implanta en
la sociedad peruana y continua, no de manera tan radical, hasta finales del siglo xviii y
algunos años del xix.
En la colonia e inicios de la república se educaba a la mujer para tener ciertas capacidades
domesticas (sea cocinar, hilar, bordar y cocer) con la única y exclusiva finalidad de llegar a
tener un buen marido y a su vez ellas repetían tal proceso educativo en sus respectivas
familias. La crianza de los niños y el cuidado del hogar era su responsabilidad, aunque
muchas veces las decisiones las tomaba el padre y la madre era la ejecutora. La separación
era inconcebible, el hombre tenía entonces la potestad de controlar la vida de la pareja (si
bien no lo hacían todos era algo común y socialmente aceptable), de tomar sus decisiones
(sobre ella y sobre los hijos), todo esto se hacía con el permiso de la familia de la mujer y
de ella misma. Aquella que no pudiese conseguir marido (ni se dedicase a la vida religiosa)
era mal vista por la sociedad e incluso sus propias familias. Toda esa educación machista
era impartida por las propias mujeres y por la iglesia católica.
Sin embargo, no todo fue asi, hubo mujeres que sin dedicarse a la vida religiosa ni a una
familia tuvieron importancia cultural, por ejemplo, y fueron iniciadoras de la liberación
social que posteriormente sucedería. (2)
Haciendo un saldo generacional enorme, hasta mediados del siglo xx, se pueden apreciar
aun numerosos vestigios de esta conducta social que impero en las familias de los siglos
pasados. Por ejemplo, la existencia de familias monoparentales, algo impensable salvo en
caso de viudez, y que es socialmente aceptable. La mujer cuenta ahora con
independencia, su labor en la familia es y siempre será importante, ahora no solo como la
formadora de los valores de los hijos y la supervisora de su educación (hágase bien o mal,
es su deber al igual que del padre), sino también como soporte económico para lograr
satisfacer las necesidades básicas de los niños a fin de que alcancen el éxito. El rol de la
mujer de la familia es determinante y hoy más que nunca. (3)
1. Luz Prieto Álvarez. El papel de las mujeres en las familias. Los conflictos sociales

. Santiago Cueto y María Balarin: La calidad de la participación de los padres de familia y el rendimiento estudiantil en las escuelas publicas peruanas. Sara Beatriz Guardia: Historia de las Mujeres en América Latina. Capitulo IV: Familia e identidad 3.2.

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