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Sobrecarga Visual, un perturbador silencioso en la ciudad de

Chiclayo

Desde siempre la vista ha sido considerado uno de los sentidos más importantes del ser
humano, por medio de ella podemos contemplar la vida externa, podemos diferenciar y
apreciar la naturaleza, disfrutar de los colores y la gracia que estos aportan a la vida, en
conclusión nuestros ojos son la conexión entre nuestro mundo interior y el exterior y
gracias a ellos podemos internalizar lo percibido dándole un significado y por lo tanto
obtener aportes positivos y negativos de aquello que miramos.
Y es que ¿a quién no le gusta observar, apreciar y visualizar algo hermoso y de buena
apariencia?, ¿Qué ser humano no se goza y disfruta cuando algo atractivo se le presenta
a la vista?, a todas las personas atraen las cosas que externamente se ven bien, un
hermoso paisaje, la luna en su plenitud y esplendor, el mar y los colores que las
mariposas y las flores ofrecen, el vaivén de las olas del mar en una caminata por la playa
u observar durante una salida el cielo inundado de aves que adornan el cielo con su
vuelo. A todos nos gusta vivir en un lugar agradable a la vista es por esto que hacemos
todo lo posible mantener casa donde vivimos en un estado óptimo y limpia.
Sin embargo todo lo antes mencionado se encuentra muy distante de la realidad, y
aunque nos gustaría tener y observar lo que se ha descrito anteriormente, a medida que
avanza el tiempo, la tecnología y la “inteligencia” del hombre para utilizar éstas, las
esperanzas de vivir y gozar una ciudad visualmente hermosa se escapa de nuestras
manos.
Un claro ejemplo de esto es lo que en la actualidad se está viendo en Chiclayo, una
ciudad donde se puede apreciar el excesivo uso que las personas hacen de las
propagandas, y como infectan y sobrecargan nuestras paredes con este material que le
quita la estética y la belleza a la ciudad, u observar como los jóvenes y adolescentes
generalmente pintan y manchan los muros de colegios y de centros de salud con frases
insultantes para personajes de la política o de algún grupo con el que no simpatizan
excusándose muchas veces con la equívoca idea que son libres y pueden expresarse de
la manera que quieran y cómo quieran.
Observar como el cielo de Chiclayo está lleno de cables es preocupante, la mala
distribución y el amontonamiento de éstos por absolutamente toda la ciudad nos
imposibilitan disfrutar del cielo; por otro lado ir por la carretera y observar la gran cantidad

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de desperdicios, materia orgánica y desechos sólidos dispersos por nuestra ciudad
provoca molestia y es causa de desagrado para las personas que acuden a parques
playas y mercados. Abusar de los carteles con comerciales para marcas reconocidas o
para hacer famoso un partido político, pegados en cada esquina uno sobre otro, algunos
ya desgastados y decolorados provocan que la ciudad de Chiclayo, nuestra ciudad, pierda
parte de sus encantos, reemplazar áreas verdes por estructuras de metal o de piedra le
quitan la oportunidad a nuestros ojos de observar lo poco de naturaleza que nos queda
aquí. Las montones de material de construcción, las calles ahuecadas por construcciones
que duran meses y meses, deprivan a Chiclayo de mostrar y brindar a las personas un
ambiente ordenado y tranquilo para una adecuada estadía aquí.
La contaminación visual es considerada como un desequilibrio en el paisaje sea natural o
artificial, es una falta de respeto a la naturaleza que afecta a la condición y calidad de vida
de los seres humanos, es decir vamos a considerar contaminación visual a todo aquello
que distorsione a la observación de un paisaje natural o urbano.
Hablar de contaminación visual es por lo tanto referirse a todos y cada uno de los
problemas antes expuestos, que no son nada más que síntomas de cómo las personas
estamos siendo educadas y la manera en cómo nos estamos acostumbrando a vivir a
pesar de la incomodidad y las consecuencias que estas nos causa.
No encontramos actualmente dentro de la ciudad de Chiclayo un lugar que no esté
infectado de material visual mal utilizado o un parque que esté libre de envolturas, basura
o botellas, o más aún una esquina o paredes que no estén rayadas con graffitis.
El problema de contaminación visual es un problema de gran preocupación ya que traerá
problemas a la salud física y al psiquis de la persona, impidiendo que las personas
realicen sus actividades de una manera acertada y tranquila.
La ciudad de la Amistad, Chiclayo, está creciendo y aumentando no solo en población
sino también en cuanto a la tecnología, pero lamentablemente a medida que van
aumentando la población y tecnología va disminuyendo la sensibilidad y la consciencia en
los pobladores, provocando que abusemos de nuestros recursos y de esta manera dañar
y provocar desequilibrios visuales en las estructuras de la ciudad.

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No es necesario evocar momentos para encontrar ejemplos sobre esta temática, ni
imaginar cómo sería la teoría aplicada a nuestra realidad, nos basta con recorrer las
arterias principales de la ciudad para darnos cuenta como la irresponsabilidad y el poco
tino de ciertas autoridades en su afán por realizar proyectos en corto tiempo generan
ambientes incómodos y poco agradables tanto para pobladores como turistas ,
ocasionando, sin lugar a duda, descontento en los mismos pues dificulta el desarrollo
cotidiano de sus actividades, viéndose reflejado en sus actitudes, lo cual se sustenta en la
premisa que considera al comportamiento humano como una serie de procesos internos
que se ven moldeados por el entorno, entonces debemos tener claro que esta
problemática tiene trascendencia más allá de lo que nuestros ojos pueden ver.

Esto ocurre cada cierto tiempo pero existe un causante que ha ido tomando fuerza con los
años que aparece continuamente de manera poco ordenada y con tendencia a
mantenerse, nos referimos a la publicidad de eventos específicamente relacionados con
locales y/o agrupaciones musicales. Carteles, afiches llenos de colores y anuncios
llamativos, exagerados en su mayoría, son la predilección de los encargados en
promocionar este tipo de acontecimientos, situándolos en lugares poco recomendamos
como exteriores de centros educativos, avenidas principales, locales inhabitados muchas
veces sin permiso, tal es la recurrencia y magnitud de dichos estímulos que han pasado a
ser como el pan de cada día, acoplándose a nuestra retina social como un componente
más con el que se debe convivir, pero cuidado, debemos analizarlo desde una
perspectiva ambiental y darnos cuenta que perjudica a nuestra salud emocional.

Ya que mencionamos situaciones inadecuadas que la sociedad ha incluido en nuestro


entorno no podemos dejar de hablar de un antiguo pero vigente emporio Chiclayano como
es el Mercado Modelo, el aspecto con el que se inauguró dista al actual igual o más que la
cantidad de años que han transcurrido desde ese entonces. La informalidad ha acaparado
casi en su totalidad las calles aledañas, impidiendo el libre tránsito tanto de vehículos
como de peatones haciendo de una visita que va a generar divisas para los vendedores
se convierta en algo desagradable para los compradores. La intersección de las avenidas
Balta y Arica es un conglomerado de ambulantes que en conjunto cruzan el umbral de
nuestra visión; triciclos coloridos, residuos sólidos, paquetes y demás materiales
contribuyen al desorden que puede desencadenar en manifestaciones de estrés no sólo

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en los peatones sino también en los mismas personas que se ganan la vida ofreciendo
sus productos. A su vez va a fomentar que la calidad en la atención sea ínfima, el trato
entre trabajadores va a verse afectado en gran parte pues las relaciones interpersonales
no podrán realizarse de manera empática ni asertiva, tengamos en cuenta que un
ambiente laboral favorable propicia un buen desempeño en las tareas encomendadas.
Entrando a lo que es la zona interna del mercado, encontramos casi la misma situación
con la diferencia que esta vez no se trata de triciclos ni productos extendidos sobre el
suelo sino de los denominados puestos que en gran parte se muestran mal ubicados, sin
guardar la distancia necesaria entre ellos para un libre tránsito, al parecer es una norma
de convivencia el mantener una imagen poco saludable en la mayoría de ellos.

Si existe una época donde los Chiclayanos parecemos olvidar que pertenecemos a la
ciudad de la Amistad es durante la campaña electoral, hay más partidos políticos que
ideologías políticas lo cual aumenta el ritmo de competencia entre ellos, siendo una parte
vital en sus ánimos por llegar a la gente la publicidad abrumadora, aquella que es
bombardeada sin el mínimo cuidado. Fachadas con pinturas alusivas a los candidatos
abundan por cuanto distrito visitemos, lemas y promesas escritas a gran magnitud
perduran más en las construcciones que en el accionar de ellos mismos. Lo perjudicial de
todo esto es que finalizadas las fechas de campaña no existe partido político, ni siquiera
el ganador, que se preocupe por devolver a las calles el aspecto que tenía antes que las
publicidades las modifiquen, así es que vemos como continúan símbolos, nombres de
representantes que algunos ya están fuera de este ámbito.

Es algo real, el boom comercial llegó hace algunos años a nuestra ciudad, con ello el
trabajo y una buena variedad de productos y servicios para todos los gustos, pero tanta
novedad trae consigo algo que es inevitable, formas de atraer al público consumidor. Una
manera rápida de llegar es mediante anuncios en los principales puntos de la ciudad,
como en las avenidas Sáenz Peña, Bolognesi, Balta y Luis Gonzáles. Una gama de
estilos y estrategias son plasmadas en gigantografías que tienen como finalidad dar a
conocer que tienen los precios más bajos, o que en sus establecimientos se vive mejor
pagando menos. Aunque en menor medida que lo informal, la disputa entre las grandes
marcas también irrumpe con lo soportable, visualmente hablando.