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Manuel Mujeriego

LA ARQUITECTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA: BRUNELLESCHI,


ALBERTI, BRAMANTE Y PALLADIO.

La arquitectura del Quattrocento.Se lleva a cabo una renovación del lenguaje constructivo mediante
la purificación meticulosa y austera del repertorio decorativo del medievo italiano –lo que suponía
de manera casi inconsciente un acercamiento a lo clásico- y la relación matemática de las
proporciones constructivas que constituía un nuevo orden vitrubiano a principios del siglo XV.La
primera generación de arquitectos, esencialmente experimental, está representada por el florentino
Filippo Brunelleschi, el primero de los genios multiformes del Renacimiento y a quien debemos el
descubrimiento de la perspectiva geométrica (la caja de Brunelleschi). Su obra más representativa,
la cúpula de Sta. María dei Fiore (catedral de Florencia, entre 1420-36), es considerada como el
punto de partida de la arquitectura renacentista y está inspirada en el Panteón de Roma. Otras obras
destacables son: El Hospital de los Inocentes (1419), las iglesias de San Lorenzo (1421) y el Santo
Espíritu (1436), inspiradas en la tradición tardorromana, y la capilla de los Pazzi (1429), ejemplo de
planta centralizada cubierto por cúpula en el que emplea la proporción clásica al modo
griego.Sucesor de los principios brunellesquianos es Michelozzo di Bartolomeo al que debemos
entre otras obras la biblioteca del Convento de San Marcos y el Palacio Médici-Riccardi, ejemplo
del palacio renacentista florentino.Una segunda generación estaría encabezada por León Baptista
Alberti, quien representa la vertiente teórica de la arquitectura renacentista. En su tratado De re
aedificatoria, Alberti no sólo retomó el espíritu de Vitrubio sino que propuso una nueva arquitectura
basada en su relación con el hombre y la naturaleza mediante un criterio racional, apoyado en los
modelos romanos pero individualizados por el nuevo ideal humanista. Plasmó sus teorías en
algunos edificios como el templo Malatestiano en Rímini (1450), donde se aplica por vez primera la
fachada en arco de triunfo sobre un edificio religioso, las iglesias de San Sebastián (1460) y San
Andrés en Mantua (1470), ejemplo de iglesia de una sola nave en cruz latina, o el Palacio Rucellai
en Florencia (1455-56), en el que retoma la fórmula clásica de la superposición de órdenes.Durante
la segunda mitad del siglo, el estilo se extiende por la Toscana gracias a las aportaciones de
arquitectos como Bernando Rosellino, quien llevó a cabo la urbanización de Pienza para el papa Pio
II Picolomini, o Guiliano da Maiano, constructor de la catedral de Faenza. A fines del siglo otros
arquitectos, caso de Francesco di Giorgio y Giuliano da Sangallo, plasmarán en sus tratados o
fábricas una arquitectura de tendencia monumental que preludia el clasicismo: iglesia de la
Madonna del Calcinaio en Cortona (1484) y la iglesia de Sta. Mª in Carcere en Prato (1484),
respectivamente.La arquitectura del Cinquecento.Sistematiza los modelos arquitectónicos del siglo
anterior, generalizándose la identificación de los valores humanos con el arte. Encontramos dos
momentos diferenciados:a) La arquitectura clasicista.Supone la renuncia definitiva al ornamento
arquitectónico y la exaltación de lo constructivo como valor plástico en sí mismo. El arquitecto que
da el salto cualitativo hacia la depuración del estilo es Donato Bramante: “el primero en sacar la luz
excelente y hermosa de la arquitectura que había permanecido oculta desde la Antigüedad”, diría de
él Palladio. Aunque formado en Milán bajo el patronazgo de los Sforza, desarrollará gran parte de
su actividad en la Roma de Julio II, convirtiéndola en nueva capital del Renacimiento. Entre sus
obras romanas más significativas se encuentran el claustro de Sta. Mª della Pace (1500), el templete
de San Pietro in Montorio (1502) –construido bajo patronazgo de los Reyes Católicos, aúna los
ejemplos conmemorativos clásicos, siguiendo el modelo tholos, con el cristianismo humanista libre
de los prejuicios de la Antigüedad-, el patio del Belvedere en los palacios vaticanos (1505) y el
proyecto para la nueva basílica de San Pedro (1506), donde culmina el tipo de planta centrada con
cúpula, símbolos al tiempo de una nueva religiosidad y, del equilibrio y perfección clásicos. El
proyecto bramantino, modificado por sus sucesores, tendría continuidad en las obras de la iglesia de
la Consolación de Todi (1508), atribuida a Cola di Caprarola, y la iglesia de la Madonna in Biagio
en Montepulciano (1519), obra de Antonio Sangallo el Viejo.Influidos por la obra de Bramante,
otros autores desarrollarán el clasicismo en Roma y en el resto de Italia: Rafael, Antonio de
Sangallo “el Jóven” o Baltasar Peruzzi le sucederán al frente de las obras de la basílica pontificia. El
primero inaugura con su Villa Madama las residencias campestres del cinquecento, mientras a los
segundos debemos dos de los palacios más emblemáticos del Renacimiento, en ambos casos, por la
originalidad de sus soluciones, preludio del Manierismo: el palacio Farnesio (1546) y el palacio
Massimo alla Colonne (1535), respectivamente. A través de la figura de Jacopo Sansovino,
colaborador con aquellos en la construcción de la iglesia de S. Giovanni dei Fiorentini en Roma, el
clasicismo se plasmará en Venecia: biblioteca de San Marcos (1537) adulterado por el nuevo
lenguaje manierista.b) La arquitectura manierista.Es fruto de la sustitución de la serenidad clásica
por efectos de digresión: tensión, emoción, sorpresa… mediante la transgresión de los elementos
clásicos a través de unos lenguajes arbitrarios e individuales propuestos por los propios artistas. Así,
los valores estructurales se modifican por otros estrictamente decorativos, lo que hace necesario su
expresión a través de tratados arquitectónicos como el de Sebastiano Serlio. Los tratados
contribuyeron además a difundir las nuevas ideas por toda Europa, traduciendose o dando lugar a
nuevos tratados autóctonos como el de Alonso de Vandelvira en España. El lenguaje clásico,
adulterado “a la maniera” del propio creador, según Vasari, se convirtió en el vocabulario habitual
del Renacimiento europeo y posibilitó la evolución posterior hacia el Barroco.Miguel Ángel
Buonarotti es el primero de los artistas/arquitectos del manierismo. Al intentar sintetizar en sus
obras la totalidad de las artes a partir del pensamiento neoplatónico y mediante el dinamismo de las
formas, la expresión decorativa de los elementos y el nuevo sentido creador de la naturaleza,
plantea una nueva realidad teatral, fruto de su propia individualidad estética. En Florencia realiza el
diseño para la fachada de la iglesia de San Lorenzo (1520), la Sacristía Nueva de la misma (1520) y
la Biblioteca Laurenziana (1521-26), verdadero ejemplo de la expresividad manierista; en Roma,
finaliza el palacio Farnesio, rediseña la plaza del Capitolio y continúa la construcción de la basílica
de San Pedro. En la iglesia vaticana retoma el modelo centralizado de Bramante pero sintetizando
las formas del nuevo estilo y la aplicación libre de los elementos constructivos y del lenguaje
clásico del Panteón (primacía de la cúpula), del Coliseo (gusto por la ordenación en fachada) o de
las termas de Caracalla (enormes bóvedas de cubrición).Giacomo Barozzi, “il Vignola”, discípulo
del anterior, es el encargado de adaptar el espíritu de aquél a las nuevas circunstancias de la
Contrarreforma. Quedará plasmado en su tratado Régola delle cinque ordini (1562), que se
convertirá en la ejecutoria a seguir para lograr ”las proporciones más maravilosas y agadables a la
vista”, al tiempo que en la orientación definitiva sobre la moderna arquitectura para buena parte de
los países europeos. Vignola proyectó el nuevo modelo de iglesia inspirado por las ideas pastorales
contrarreformistas y el espíritu de las nuevas órdenes religiosas: la iglesia del Gesú en Roma
(1567), rematada por su discípulo Giacomo della Porta. Asimismo es el creador de interesantes
obras civiles donde juega con las disarmonías entre naturaleza y construcción para enfatizar esta
última como en la villa Caprarola en Viterbo (1559).Junto a Vignola, aparecen en este momento
otros tratadistas como Sebastiano Serlio (Todas las obras de arquitectura y perspectiva, 1537) y
Andrea Palladio (Diez Libros de Arquitectura, 1570), que ejercieron una gran influencia en tanto
que transformaban los principios doctrinales heredados de la recuperación de los textos de Vitrubio
y de la observación arqueológica en normas concretas para la construcción. Es especialmente
importante la labor constructiva de este último, quien desarrolló una arquitectura monumentalista de
enorme influencia en el barroco inglés conocida como Neopalladianismo. Entre sus construcciones
religiosas destacan las iglesias venecianas de San Giorgio Maggiore (1565) y el Redentor (1576);
entre las civiles, la Basílica de Vicenza. Especial significación tienen sus numerosas villas de recreo
en torno a su ciudad natal, Vicenza, entre las que destaca la villa Capra (La Rotonda), de enorme
influencia en la arquitectura neoclásica.