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PRESIDENCIALISMO VERSUS

PARLAMENTARISMO: DOS ENFOQUES


CONTRAPUESTOS
Por DIETER NOHLEN

Lo que la realidad de la región presenta es, en suma, una cierta flexibilidad y


capacidad de adaptación del sistema presidencial, en medio de inmensos desafíos
económicos, sociales y políticos que están relacionados con el agotamiento de la
estrategia de desarrollo cerrada, sustitutiva y estatista y con la implementación de la
estrategia neoliberal de apertura, privatizaciones y desregulaciones. En este dificilísimo
contexto socioeconómico y de reestructuración de la relación Estado-sociedad
no sólo no se produjo el derrumbe de la democracia por los déficits del presidencialismo,
sino que más bien se manifiesta a nivel político-institucional lo que debiera
ser un fundamento empírico central del pensamiento institucional para América
Latina: La reafirmación de la democracia presidencialista (véase Nohlen/Fernández,
1998). Vale añadir que esta observación empírica acerca de la permanencia y, en
ciertos casos, estabilidad de la democracia no implica emitir ningún juicio sobre el
desarrollo de la democracia y su permanencia y consolidación en el futuro, asociada
a variables externas a la forma del sistema político.

En Chile, el supuesto de poder alcanzar un acuerdo sobre la reforma


institucional de tal orden equivale a desvalorizar el propio proyecto parlamentarista,
dado que con este mismo consenso se hubiera resuelto fácilmente el conflicto entre
presidente y mayoría parlamentaria en el esquema presidencialista, origen —según
el análisis de Arturo Valenzuela y Juan Linz— del derrumbe de la democracia
chilena.

En ningún caso histórico la alternativa del parlamentarismo es tan


convincente como aparece en la argumentación teórica. Pruebas en este sentido
brindan los escasos resultados de introducir reformas en dirección parlamentaria
hasta el presente. Del cuestionamiento coyuntural del presidencialismo en la ciencia política no ha surgido
hasta ahora ninguna reforma estructural de tipo parlamentaria
en América Latina, quedando por verse si para bien o para mal de la consolidación
democrática.

ESQUEMAS RÍGIDOS Y CONTEXTOS HISTÓRICOS

En la misma alternativa presidencialismo versus parlamentarismo,


el supuesto dualismo es cuestionable, como lo señala Giovanni Sartori mediante su
tesis neither-nor en su contribución al libro de Linz y Valenzuela (Sartori, 1994a:
106-118), es decir ni presidencialismo ni parlamentarismo, sino una forma de semipresidencialismo.
Más cuestionables

La bondad y la validez
de la combinación, su éxito en el caso histórico concreto, depende mucho del subtipo,
o mejor dicho, de la adaptación del tipo básico a circunstancias contingentes y
necesidades funcionales, como p.ej. la estructura de la sociedad, patrones de comportamiento
político, el formato y la dinámica del sistema de partidos políticos, etc.
Compartimos, en términos generales, la convicción de que en
América Latina, en función de una mayor gobemabilidad, vale promover formas y
comportamientos de concertación, de compromiso, la convicción de que conviene
reducir los abismos ideológicos y evitar las lógicas del todo o nada o del avanzar sin
transar. Sin embargo, me opongo a minusvalorar o incluso desprestigiar la forma de
tomar decisiones por mayoría, o el gobierno por mayoría unicolor.

Otros investigadores analizan la relación entre las formas de gobierno y la


estructura del sistema de partidos. Se trata de una relación sumamente importante,
dado que efectivamente el funcionamiento del sistema político, incluso su clasificación
en el universo de las formas de gobierno puede depender del formato del sistema
de partidos políticos y de la interacción de sus integrantes.

Esto es especialmente cierto respecto al presidencialismo latinoamericano, el


cual aparece muy esquematizado como la alternativa a superar en la confrontación
con el parlamentarismo, también tratado como si en la realidad existiera un solo tipo
de parlamentarismo. Permítanme no entrar en este tema, pero sí apuntar que la
estabilidad política en Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial,
posterior a las respectivas democratizaciones de sus sistemas políticos, tiene algo
que ver con la adaptación del parlamentarismo a las circunstancias de cada caso
nacional, creándose así diferentes variantes del sistema parlamentario.

En América Latina, el presidencialismo varía enormemente tanto en las constituciones


como en las prácticas políticas. Desde el punto de vista constitucional, cabe
distinguir básicamente entre el presidencialismo reforzado, el presidencialismo puro,
el presidencialismo atenuado y el presidencialismo parlamentarizado.

En la práctica, valdría la pena diferenciar aún más, tomando como criterios las
costumbres y los estilos políticos (por ejemplo: en Uruguay, los constirucionalistas
locales insisten en que la Constitución sería parlamentarista; pero nadie se opone a
caracterizar la práctica política como presidencialista), la mayor o menor jerarquización
del sistema, la organización del ejecutivo (es decir, la relación presidente-gabinete
—siempre que éste exista —y la relación presidente-parlamento mediada por
el sistema de partidos políticos— influida por la distancia ideológica entre ellos —y
la composición política del parlamento —afectada por el sistema electoral—, etc.

NEGRETTO

Las reformas constitucionales en América Latina presentan varias


paradojas y contradicciones. Desde el punto de vista de su contenido,
muchos cambios buscan fortalecer la ciudadanía y promover el ejercicio compartido y
consensual del poder. Tal es el caso de la expansión de
los derechos individuales y colectivos, la adopción de reglas electorales
pluralistas, y el intento de atenuar los poderes de gobierno de los presidentes.
Al mismo tiempo, sin embargo, existen cambios que buscan
centralizar el poder, como es el aumento de los poderes legislativos de
los presidentes y las normas que facilitan la reelección presidencial. Por
último, hay reformas orientadas a disminuir el poder de las dirigencias
partidarias, como la personalización del voto, cuyo efecto sobre la
calidad de la representación democrática es incierto.

Desde el punto de vista del constitucionalismo, resulta beneficioso


adaptar las constituciones teniendo en cuenta la experiencia pasada y el
surgimiento de nuevos contextos políticos y sociales. Esto incrementa
la probabilidad de éxito de las nuevas democracias y la estabilidad de
sus instituciones. Sin embargo, la amplitud y la frecuencia de los cambios
constitucionales en América Latina, en muchos casos al servicio
de intereses políticos de corto plazo, pueden disminuir la autoridad
de las constituciones y reforzar la cultura de débil apego a la ley que
caracteriza a muchas sociedades en la región.

Se pueden distinguir tres eventos que


han inducido a la creación y reforma de constituciones: cambios a nivel
del régimen político, crisis políticas, y cambios en las preferencias o
distribución de poder entre los principales actores políticos.