¿DE QUÉ VA LA FILOSOFÍA? ¿DE QUÉ VA LA FILOSOFÍA? LA VUELTA AL COLE. PRINCIPIO DE CURSO.

Paco y Jonathan se encuentran camino del instituto el primer día de clase. PACO. ¡Hola! ¿Cómo te ha ido el verano? YONATAN: ¡Hola Paco! Muy bien, he hecho un montón de cosas, me he divertido, he descansado, he salido por ahí con los colegas…. Lo malo es ahora volver a la rutina, a lo impuesto… Venía pensado si las cosas no podrían ser de otra forma…. PACO ¿Y cómo quieres que sean? A mí también me gusta estar de vacaciones pero… cuando se terminan, se terminan. No queda otra. YONATAN: Si, claro, no se puede vivir sin dar ni golpe. Además…(pensativo) está bien volver al insti. Yo tengo ganas de encontrarme con la gente y hasta de empezar un nuevo curso. PACO (Sin entender) ¿Entonces? YONATAN Es que me parece que toda nuestra vida está planificada por los demás, como si tuviera que ir por unos carriles que nos han marcado: primero, la ESO; después, bachillerato; luego, trabajar o seguir estudiando y… PACO: Pero bueno, eso es lo normal ¿no? Además, puedes elegir: hacer bachillerato, un módulo, ir a la universidad…. YONATAN: Yo a eso no le llamaría elegir: eso no es más que jugar siempre a unas reglas que nos han marcado… (pensativo) y no sé si me gustan esas reglas o si podría haber otras. PACO: ¡Ufffff! No sé, chico. Yo creo que le das demasiadas vueltas a las cosas… El mundo es como es y no va a cambiar, eso está claro. Hay que aceptarlo… Además, eso no significa que no puedas elegir dentro de lo que te dan. YONATAN: Puede que tengas razón. Sí. Pero… tú mismo reconoces que hay que elegir ¿no?, que no basta con seguir la corriente, y, además, algunas cosas sí que pueden cambiar ¿no? PACO. Puede ser…. YONATAN. Me gustaría aprender a tomar decisiones por mí mismo, a no conformarme y seguir la corriente. Creo que el instituto debería enseñar eso, mucho más que tantas matemáticas o historia, o…

PACO ¡Eres un radical! ¿Cómo va a enseñar el instituto esas cosas? Eso se va aprendiendo con la experiencia de la vida, con los años. En el instituto se aprenden muchas cosas, pero no van a enseñarte cómo tienes que vivir. YONATAN ¿Y si nos estuvieran enseñando a encajar como piececitas dentro de una máquina? O te enseñan a ser un número o te enseñan a ser una persona, no hay otra…. PACO ¡Qué radical eres! Así no me extraña que te metas en líos…. Llegan al Instituto………. PREGUNTAS • • • • • ¿Con quien estás más de acuerdo, con el radical Yonatan o con el moderado Paco? ¿Son tan distintas sus posiciones? ¿En qué se parecen y en qué se distinguen? ¿Podemos decidir cómo va a ser nuestra vida? ¿Vale la pena intentar que la sociedad cambie? ¿Vale la pena preguntarse por qué las cosas son como son? ¿Pueden los demás educarnos para ser libres?

Quince años después Paco y Yonatán se han convertido en adultos Cada uno tiene su trabajo, su familia, su hipoteca…… De ve en cuando recuerdan sus años de instituto, cuando tenían tiempo para hablar y ante ellos se abría un horizonte lleno de posibilidades. Ahora ya no se hacen tantas preguntas y muchas veces consideran que su vida tiene un orden preestablecido, que nada puede cambiar y que de nada sirve darle vueltas a las cosas. Algunos días están tan cansados al llegar a casa que sólo pueden sentarse para ver que ponen en la televisión. Pero de vez en cuando vuelven a sentir la necesidad de plantearse lo que están haciendo con su vida y de pararse a reflexionar. Cuando tienen tiempo de hacer esto, se sienten cada vez más dueños de sí mismos y más felices. • • ¿Quién es más libre, el adulto o el joven? Con quien estarías más de acuerdo, ¿con quien dice que no sirve de nada pararse a pensar cómo son las cosas porque el mundo no va a cambiar o con quien afirma que el pensamiento crítico es una condición necesaria de la felicidad y la libertad? TEORÍA

El diálogo “La vuelta al cole” intenta recrear una conversación entre dos alumnos de instituto en la que se plantean problemas filosóficos, como el de la libertad para elegir, los objetivos que debe proponerse la educación, o la relación del individuo con el grupo. El texto pretende mostrar que los problemas filosóficos no son el monopolio de una clase de personas, los filósofos, que serían los únicos capaces de enfrentarse con ellos; de un modo parecido a como los matemáticos son los únicos

capaces de abordar problemas aritméticos o de geometría. Los problemas filosóficos aparecen en nuestra vida siempre que nos ponemos a pensar sobre los fundamentos de las cosas que hacemos o afirmamos, cuando, por ejemplo, nos preguntamos ¿por qué hago esto y no lo otro? o ¿por qué creo en esto y no en lo otro?, e intentamos llegar hasta el final con nuestras preguntas. La filosofía tiene, pues, su origen en el intento de decidir y pensar por uno mismo, sin limitarse a actuar como actúa todo el mundo, o a pensar igual que los demás. Sin embargo, no siempre que nos paramos a pensar o a tomar decisiones estamos haciendo filosofía. En el diálogo entre Jonathan y Paco, por ejemplo, parece claro que los dos quieren ser dueños de su vida y no limitarse a seguir las órdenes que otros han pensado para ellos; sin embargo, sólo Jonathan está proponiendo problemas filosóficos. En efecto, hacemos filosofía cuando planteamos las preguntas de un modo radical, cuando no nos limitamos a decidir si vamos a ir a la universidad después de acabar bachillerato o haremos un módulo de formación profesional (y desde luego, esa decisión es muy importante); sino que, yendo más allá, nos preguntamos qué significa estudiar y qué significa trabajar. Es verdad que, habitualmente, no nos hacemos esas preguntas tan generales, que, por ejemplo, damos por supuesto que es bueno y necesario tener formación, y que nos conviene elegir un trabajo bueno y que nos guste, y, aceptando esto como verdadero, elegimos nuestros estudios y nuestro trabajo. Pero la filosofía aparece, precisamente, en las raras ocasiones en que nos cuestionamos esas ideas que todos admitimos como válidas, y nos ponemos a examinar si realmente son tan sólidas y verdaderas como parece. Este examen tiene su origen en un deseo de verdad, que es el que nos lleva a intentar librarnos de ideas falsas, y en una confianza en la razón, como instrumento que nos permite descartar las creencias erróneas y nos libra de tener que seguir las opiniones de los otros. Sócrates, a quien se considera uno de los padres de la filosofía, es conocido por su afán por cuestionar las ideas aceptadas por todos, y por su búsqueda de un saber general acerca de la vida, que nos permita distinguir lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, y que habrá de ser diferente a los demás saberes que se refieren a cosas o problemas particulares. Es decir que, según Sócrates, junto a aquellos conocimientos que nos permiten, por ejemplo, ganar en la guerra, aumentar nuestras riquezas o producir objetos de cualquier tipo, existiría un saber que nos diría, sencillamente, como tenemos que vivir y, a partir de ahí, nos ayudaría a decidir hasta qué punto tenemos que ocuparnos de perseguir metas como la acumulación de riquezas, la victoria en la guerra o la producción de objetos. Este saber fundamental sería el que cada uno tendría que buscar utilizando el pensamiento crítico, si es que quería llegar a ser un hombre libre.

De un modo más preciso, podríamos decir que los problemas filosóficos se presentan cuando intentamos someter a crítica las ideas recibidas y aceptadas por el grupo, y decidimos no seguir más dichas ideas; a no ser que, tras haberlas examinado, nos resulten convincentes. La filosofía, pues, tiene su origen en el esfuerzo por decidir sobre nuestra propia vida, por librarnos de obedecer ciegamente las órdenes, las costumbres o las convenciones del grupo, descubriendo, por nosotros mismos, nuestro propio camino. Este deseo de libertad ha sido visto, desde siempre, como un peligro por muchas personas; los filósofos, en cambio, lo han valorado desde la época de los

griegos. Immanuel Kant, por ejemplo, uno de los pensadores más importantes de la época moderna, afirmaba que la capacidad de dirigirse uno a sí mismo, gobernando su vida y tomando sus decisiones, estaba presente en todos los seres humanos capaces de razonar; y proponía como la principal tarea de cualquier sociedad moderna, el conseguir que esta libertad de cada uno se hiciera real y efectiva. En uno de sus artículos más célebres, titulado “Respuesta a la pregunta: ¿Qué es Ilustración?”, Kant indicaba que la pereza y la cobardía hacían que muchos hombres prefirieran dejarse llevar por otros antes de decidir por sí mismos, señalando, así, la dificultad que siempre ha habido para pensar de un modo autónomo. También explicaba que la sociedad podía obstaculizar o favorecer el ejercicio del pensamiento libre, y que la libertad real no se conseguiría, simplemente, derrocando los gobiernos por la fuerza, pues con ello solamente aparecerían nuevas formas de tiranía, por lo que se hacía necesario cambiar la manera de pensar de la gente a través de la educación. El diálogo entre nuestros dos amigos también intenta dejar claro que la filosofía no es una especulación en el vacío, sin utilidad alguna, o un simple juego de ideas. Hacemos filosofía para saber como hemos de vivir, por lo tanto, para resolver cuestiones fundamentales, aquellas que más nos interesan, aquellas en las que, para decirlo de un modo dramático, nos jugamos la vida. Esta era ya la opinión de Platón, el primer filósofo cuyos escritos han llegado hasta nosotros y que en La República afirma a través de Sócrates: “Recordad que no es una cuestión contingente lo que estamos discutiendo, sino el modo en que deberíamos vivir” (República 352 D). Y veinticinco siglos más tarde el filósofo francés André Comte-Sponville, siguiendo al griego Epicuro, define a la filosofía como “una actividad que, mediante discursos y razonamientos tiende a procurarnos la vida feliz”. En su obra La felicidad, desesperadamente, en donde expone su idea de la filosofía, Comte-Sponville empieza diciendo que la pregunta “¿Cómo vivir?” es el núcleo y el punto de partida de toda la filosofía. Para este autor, nos enfrentamos a esta pregunta cuando decidimos buscar una felicidad que sea el resultado de la lucidez y de la consciencia, cuando, por así decirlo, pretendemos despertar de las ilusiones, de los engaños, de las distracciones y apostamos por la verdad, incluso aunque esta sea dolorosa o incómoda.

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