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Piriápolis, la ciudad Art Decó del Río de la Plata.

"Nunca podría definirla con claridad, aunque la presencia del Art Decó es muy
importante, la definiría más como una mezcla arquitectónica muy interesante.
En Europa, ya no vemos estas cosas. El cemento y el vidrio han cambiado la
cara de muchos lugares y el encanto se ha ido con ellos"
Por Carlos Rodríguez Ruiz

Así se refería a Piriápolis nuestro amigo Josep Antonio Bardú, un catalán que
viaja por el mundo retratando “rincones de urbanidad”, como le gusta llamarlos.
A simple vista, descubrimos a todo un romántico. Apegado a los clásicos, su
vieja Leica en el estuche de cuero gastado tiene su lugar entre el moderno
equipamiento que trae. Es como sacar las fotos con la máquina del tiempo. “Es
vieja ya, pero es muy buena, lleva años conmigo y como que me inspira para
sacar otro tipo de fotos... es como vivir un documental”, dice riendo.
Piriápolis lo sorprendió desde el primer día. Recuerdo que era una mañana
soleada, con mucha gente en la rambla y en la playa, y a decir verdad,
saborear algo de la gastronomía local mirando al puerto, invitaba a hacer
mediodía y quedarse al reparo del calor después del viaje desde Punta del
Este. Y conocimos el Café del Mar.
A intervalos entre comentarios y algunos bocados, la conversación surgía sola,
y de pregunta en pregunta, fuimos descubriendo juntos la visión de Don
Francisco Piria y la simbología oculta, aunque al descubierto para quien sabe
mirar. Y él sabe mirar.
José Antonio conoce de Mística y de Alquimia, más bien diría que le apasiona.
Sin decirle nada, venía descubriendo reminiscencias de la vieja Europa en los
detalles herméticos de la arquitectura vernácula. Le conté sobre los canales
subterráneos que forman un verdadero tejido arterial bajo la superficie y de los
detalles silenciosos de la Fuente de Venus. No podía parar de descubrir más y
más mensajes y símbolos en los muros, los números, el agua, la energía
susurrante de las calles arboladas y la silenciosa fuerza de los cerros que
abrazan la ciudad.
Todo para él tenía explicación. El porqué de la ubicación de esto y la
orientación de lo otro, recordando rincones de otras tierras pero para él muy
familiares, mostrando con la satisfacción de un niño todo cuanto acuciaba su
curiosidad natural.
La visita al Cerro de San Antonio fue uno de los momentos que más disfrutó en
la tarde. Con la naturalidad de quien se sabe conocedor de las costumbres del
lugar, asumía con desenfadada facilidad los rituales de los visitantes: hizo cola
para visitar el pequeño Templo, se tomó un buen tiempo para guardar en sus
retinas el paisaje que Piriápolis ponía a sus pies desde la cima del cerro,

y con la visión de aquel hombre que primero construyó el destino. el paseo por el Argentino Hotel con sus generosas medidas y el conocimiento refinado con el que fue concebido entonces. deteniéndonos en la medida de lo posible para sacar “algunas panorámicas excelentes que tenéis aquí”. Allá todo se lo ha llevado la construcción y para disfrutar del aire libre y el silencio te debes hacer unos cuantos kilómetros. lo conectó con el mundo y después hizo la ciudad. Le agradó muchísimo la arquitectura de todo el lugar. Esto que tenéis aquí es difícil de encontrar sobre la costa Europea”. Su paso por nuestra zona fue tan breve como enriquecedor. planificó el futuro. . La caminata por la costanera. seguramente con su inseparable Leica a cuestas. si bien también en su patria es un hecho común. “Aquí las historias te salen al paso y te siguen a donde vayas”. como decía. sin terminar y jamás consagrada. entre ellas la antigua iglesia. Quedó particularmente impresionado con la obra de Piria. Le llamaron poderosamente la atención algunos comentarios sobre la zafralidad recogidos al azar. tomó cuenta de que la belleza del lugar merecía más de una visita y por más tiempo. Con esa premisa y la certeza de que volverá “cuando haya menos personas y se vea mejor la ciudad”. encontró a nuestro amigo regodeándose en las antiguas fotos que custodia el pasillo principal. observó certeramente ayudando a la explicación que muchas veces no solemos dar.subiendo y bajando varias veces entre las rocas hasta encontrar la toma perfecta. que. estará por aquí muy pronto. si bien comentaba que “en España no encuentras un lugar como éste en la costa que no tenga cemento. y acá tenéis todo más cuidado. sobre todo para quienes tuvimos la suerte de conocerlo y reaprender un poco de nuestra historia a través de la mirada ávida de un viajero empedernido. emprendimos el viaje de regreso hacia la costanera. Luego de un buen café. desde la calle que rodea el cerro.