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Cambiando el mundo con la ciencia

conductual: entrevista con Anthony


Biglan
Por Fabián Maero
Habitualmente, el papel de la psicología suele asociarse a la clínica o a de procesos
individuales o a lo sumo grupales; el psicólogo es a quien se llama cuando existe algún tipo
de sufrimiento psicológico o problema organizacional, pero rara vez se lo vincula con un
impacto directo sobre las comunidades ni con prácticas culturales, cambio climático o la
sociedad en general.

Anthony Biglan es una perfecta refutación de esa creencia.

Es un psicólogo e investigador que hace un par de años publicó un libro que


instantáneamente se ha convertido en un clásico: The Nurture Effect: How the Science of
Human Behavior Can Improve Our Lives and Our World. El subtítulo del libro (“Cómo la
ciencia de la conducta humana puede mejorar nuestras vidas y el mundo”) podría muy bien
funcionar como el resumen del trabajo que ha estado llevando a cabo durante el último
medio siglo.

Anthony ha trabajado intensamente en el desarrollo de aplicaciones de ciencia conductual


en prevención e intervenciones comunitarias. Trabajando desde un marco teórico
conductual, su carrera es un muestrario de lo que el conductismo (para decirlo más
propiamente, la ciencia conductual), ha ofrecido a la comunidad, abarcando escritos e
intervenciones en áreas como programas de parenting, prevención de tabaquismo,
intervenciones para conductas sexuales de riesgo, soporte de conductas positivas en
escuelas, intervenciones sobre bullying, conflictos familiares, desarrollo de conductas
prosociales en barrios y comunidades, sustentabilidad, regulación del capitalismo, cambio
de prácticas culturales, y un largo etcétera. Actualmente está liderando una investigación
sobre estrategias comunitarias multidimensionales para prevenir consumo de alcohol en
menores, y participando en otra en la cual investigan apoyo de pares y prosocialidad para
reducir abuso de sustancias en alumnos de secundaria. Un espíritu amplio y activo.

Lo escuchamos personalmente por primera vez en Sevilla este año, en un panel en el


congreso mundial de la ACBS. Anthony despliega un estilo enérgico y poco ortodoxo
frente a su audiencia. Habitualmente el disertante habla y los asistentes escuchan; Biglan en
cambio pasó la mayor parte del tiempo preguntando y escuchando lo que los asistentes
tenían para decir respecto a los problemas y desafíos vinculados con ciencia conductual,
prevención y comunidad en sus respectivos países. Esta entrevista surgió de ese panel, allí
invitamos a Tony a llevarla a cabo, como una forma de poner nuestro grano de arena —
haciendo lo que menos mal nos sale— para construir una psicología más conectada con los
desafíos actuales.

(Fabián Maero) Hola Tony, gracias por acceder a esta entrevista, es un honor poder
hablar contigo. Para empezar, quisiéramos saber un poco más sobre tu contexto. ¿En
dónde has crecido?

(Anthony Biglan) Nací en Brooklyn, Nueva York, el 6 de junio de 1944, el día en que los
Aliados invadieron Normandía. Siempre pensé que era especial por eso. Cuando mi padre
abandonó el FBI al final de la segunda guerra mundial nos volvimos al pueblo de mi madre,
Scranton en Pennsylvania. Viví ahí hasta el segundo año de la escuela secundaria, cuando
nos mudamos con mi madre y dos hermanas a Rochester, Nueva York, en donde mi madre
pudo conseguir un mejor trabajo como enfermera.

Sabemos que comenzaste tu carrera siendo psicólogo social, ¿qué te llevó a elegir ese
campo, y por qué trabajar en el área de prevención?

Me inscribí en el programa de graduado de psicología social en parte porque no pensé que


podría ser aceptado en el programa de psicología clínica. Además, me gustaba psicología
social porque lidiaba con temas sociales importantes. Sin embargo, mi estudio de grado en
psicología social fue una decepción. La psicología social se había enfocado mucho en
investigación que no lidiaba con los problemas importantes de ese momento. Mi doctorado
era en psicología organizacional. Estudié la organización de los departamentos de las
universidades, y en el proceso desarrollé un análisis de las características de las áreas
académicas que aún se usa ampliamente. Lo pueden encontrar si buscan en google “modelo
Biglan”.

Derek Reed, en una reseña de tu libro The Nurture Effect en el journal The Behavior
Analyst, escribió “En muchos sentidos The Nurture Effect es una réplica a Más allá de
la libertad y la dignidad, de Skinner, y Coercion and its Fallout, reseñando las vías
por las cuales el conductismo humanista puede resolver los problemas actuales a
través de un abordaje nutriente basado en consecuencias positivas” Pero en el libro,
has escrito “Inicialmente, me opuse fervientemente al conductismo”. ¿A qué se debió
esa oposición, y qué te hizo cambiar de idea?

Como la mayoría de las personas en ese momento, estaba convencido de que BF Skinner
era una amenaza a la libertad humana. Su argumento de que la conducta humana está
determinada parecía implicar que las personas no tienen ninguna autonomía. Como un
ferviente libertario civil (yo era parte del consejo de la Unión de Libertades Civiles de
Washington) me opuse fuertemente a cualquier cosa que pareciera amenazar la libertad
humanas.

Sin embargo Bob Kohlenberg me hizo leer algo del trabajo de Skinner. Mi tesis doctoral
sobre las características de las áreas académicas me había enseñado que las llamadas
ciencias duras, tales como física, química, y biología, como también los campos aplicados
vinculados como ingeniería, se agrupaban en un extremo de la dimensión que inicialmente
llamé la dimensión Duro-Blando. Sin embargo, luego de leer La estructura de las
revoluciones científicas, de Thomas Kuhn, me di cuenta de que la dimensión podía ser
razonablemente llamada paradigmática-no paradigmática. La psicología estaba del lado no-
paradigmático de la dimensión.

UNA VEZ QUE ADOPTÉ EL MARCO DE TRABAJO BÁSICO SKINNERIANO


HACIA 1971, ME VI POSIBILITADO DE PARTICIPAR EN UNA REVOLUCIÓN
EN LA APLICACIÓN
DE MÉTODOS CIENTÍFICOS SOBRE TODAS

LAS FACETAS DEL COMPORTAMIENTO HUMANO.

Esto me preparó para reconocer que lo que Skinner proponía era un paradigma para la
psicología. Esto es, estaba sosteniendo que todos los aspectos de la conducta humana
podían ser entendidos en términos de selección por consecuencias.

Ya que lo mencionamos, quisiera decir que, por mucho, The Nurture Effect es uno de
los libros más fascinantes que he leído en los últimos años. Como Reed elegantemente
escribió: “ofrece una cornucopia de lo que la ciencia conductual ha hecho; pero sobre
todo, bosqueja qué más puede hacer la ciencia conductual por los problemas sociales
emergentes”. ¿Qué te inspiró a escribir ese libro, y por qué ahora?

Siempre he estado interesado en la perspectiva más amplia —cómo cualquier línea dada de
investigación encaja con el corpus más amplio de investigación en la conducta humana. Y
dado que Skinner me convenció de que una ciencia completa de la conducta humana
debería permitir la predicción e influencia de cualquier conducta, mi investigación y
práctica ha cubierto un gran rango de tópicos, incluyendo intervenciones familiares,
intervenciones escolares, e intervenciones comunitarias. Y las intervenciones han
involucrado tanto tratamiento como prevención.

Una vez que adopté el marco de trabajo básico Skinneriano hacia 1971, me vi posibilitado
de participar en una revolución en la aplicación de métodos científicos sobre todas las
facetas del comportamiento humano. The Nurture Effect fue escrito originalmente como un
relato de mis experiencias presenciando el desarrollo de esa ciencia.

Creo que muchos científicos conductuales, dado que se concentran en un conjunto reducido
de temáticas, no siempre perciben cuántos progresos hemos hecho. En mi libro, trato de
explicar ese progreso de una manera accesible

El público suele considerar que los campos STEM (ciencia, tecnología, ingeniería, y
matemáticas), como las disciplinas más importantes o relevantes para el desarrollo y
crecimiento de una sociedad. Pero hace un par de años leí un artículo tuyo con un
título intrigante: “La ciencia de la conducta quizá resulte ser nuestra ciencia más
importante”, ¿podrías explicar por qué pensás eso?

Bueno, consideremos los problemas que más amenazan nuestro bienestar: control de armas
nucleares; reducciones en guerras, crímenes, “trastornos mentales”, fracaso académico,
abuso de drogas, y evitar más cambio climático. Todos esos son problemas de la conducta
humana. Para resolverlos necesitamos la ciencia de la conducta humana. Consideremos
también que varios de los problemas más significativos son resultado de las ciencias físicas
—cambio climático, guerras que pueden acabar con la vida de millones, armas nucleares.
Es la ciencia conductual lo que se necesita para controlar la conducta de las personas que
pueden hacer mal uso de los resultados de otras ciencias. Esto, de paso, es básicamente lo
que Skinner escribió en Ciencia y Conducta Humana, que escribió cuando la posibilidad de
aniquilación nuclear estaba volviéndose cada vez más clara.

Si pudieras elegir cualquiera de las intervenciones conductuales descriptas en tu libro


para decir “este es el motivo por el cual este trabajo es relevante, esto es lo que
podemos hacer” a las personas a cargo de las políticas, ¿cuál elegirías?

Todas las intervenciones que reducen la coerción.

¿Cuál dirías que es el malentendido más frecuente que las personas tienen sobre la
ciencia conductual en general y tu trabajo en particular?

Los ataques más estridentes hacia el conductismo están mayormente apagados. Creo que lo
más notable que las personas que no son científicos conductuales pasan por alto es la
importancia de las consecuencias. Es fácil ver cómo los antecedentes afectan la conducta,
pero tuvimos que esperar hasta la segunda mitad del siglo XX para poder mostrar que la
conducta humana es función de sus consecuencias.

En The Nurture Effect defendés la necesidad de reformar el capitalismo, de crear


“una forma de capitalismo que sea más protectora y nutricia, una en la cual las
personas puedan ser más prosociales y productivas y en la cual se dé un valor más
grande al bienestar de cada miembro de la sociedad”. ¿Creés que el capitalismo es
aún una opción viable hoy? Y si ese es el caso, ¿qué crees que es necesario para lograr
esas metas?

¡Me alegra que preguntaras eso! Estoy escribiendo un libro sobre evolucionar hacia una
forma más protectora y prosocial de capitalismo. El capitalismo es un sistema que crea
consecuencias para la innovación y eficiencia. Entrega eso que promete. En mi libro
bosquejo un marco de salud pública para regular el capitalismo en términos de las
consecuencias de una práctica comercial dada. Si creás un producto que daña a las personas
(cigarrillos, por ejemplo), necesitamos organizar contingencias de modo que esa práctica no
sólo no genere ganancias, sino que tenga costos a través de multas o cargos criminales.

¿Te preocupan las posibles consecuencias no deseadas del uso de ciencia conductual?

¡Absolutamente! Cualquier ciencia puede ser usada para el bien de los demás o para
propósitos egoístas o dañinos. Debemos aplicar los principios de la ciencia conductual a
este problema, de manera que las contingencias favorezcan actuar en interés de las otras
personas y en última instancia del planeta entero.

Leyendo tus artículos, es obvio que no temés pensar en grande. Usás títulos tales como
“Quizá podemos prevenir el terrorismo”, “Cómo evolucionan las prácticas culturales
orientadas al futuro y cómo podemos acelerar su evolución”, “Evolucionando una
sociedad más protectora para prevenir experiencias infantiles adversas”, y así. ¿Qué
pensás que nosotros —las personas trabajando en el campo de la psicología y la
ciencia conductual— necesitamos hacer para tener un impacto más grande en la
sociedad en general? ¿Qué cambios o nuevas direcciones?

Estoy refiriéndome a eso en mi nuevo libro. Si leés mi artículo con Dennis Embry,
bosquejamos un marco de trabajo de salud pública que identifica las mayores amenazas al
bienestar y esboza lo que la ciencia conductual tiene para ofrecer al respecto. Creo que la
ciencia conductual necesita una gran coalición que abarque las varias organizaciones de
ciencia conductual, y que aprendamos a hablar con una sola voz sobre lo que la ciencia
conductual tiene para ofrecer.
LOS CIENTÍFICOS CONDUCTUALES NECESITAN DAR UN PASO ADELANTE
Y COMENZAR A TOMAR PARTE EN EL LIDERAZGO DE LAS SOCIEDADES
DE MANERA QUE PODAMOS EVOLUCIONAR HACIA SOCIEDADES MÁS
PROTECTOR

Para tomar un ejemplo, ¿quién escribe las leyes? Creo que las profesiones dominantes
en las legislaturas son las de abogacía y comercio. ¿Qué tan informados están sobre
salud pública? ¿Qué tan comprometidos están a incrementar la prevalencia en la
población general de personas viviendo vidas saludables y productivas en relaciones
prosociales con otros?

Los científicos conductuales (en todas sus variantes), necesitan dar un paso adelante y
comenzar a tomar parte en el liderazgo de las sociedades de manera que podamos
evolucionar hacia sociedades más protectoras. Por ejemplo, las escuelas de leyes deberían
requerir cursos en ciencia conductual.

¿Qué te gustaría ver en el campo dentro de cinco años?

La comunidad de ciencia conductual hablando con una misma voz sobre cómo podemos
evolucionar familias, escuelas, vecindarios, lugares de trabajo, y comunidades, más
protectoras y cuidadoras.

¿Querrías agregar algo más?

¡Me encantaron las preguntas!

Te queremos agradecer por tu tiempo.

¡Gracias a ustedes!