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SAN AGUSTÍN Y LA MUERTE

Miguel Ángel Orcasitas, OSA

EL sentido de la vida y de la muerte constituye una de las


grandes cuestiones que, de modo más o menos explícito,
todo ser humano consciente aborda a lo largo de su vida.
No todos afrontan esta situación de la misma manera. Los
más quieren apartar la idea, mirando hacia otro lado. Con
frecuencia se presenta la muerte como resultado de algún
fallo evitable, y no como consecuencia inexorable de la
propia finitud humana. Esa parece la tendencia de la
sociedad. Pero, antes o después, se impone de modo
ineludible. Hay un momento a partir del cual la perspectiva
de la muerte comienza a tomar forma en la propia
conciencia. Quizás al sentir cercano su paso en la pérdida
de un ser querido, o al ver la propia vida amenazada por
enfermedad o riesgo grave.
La visión que se tenga sobre la muerte ilumina y da
sentido a la vida. Dice Juan Pablo II: "El mundo de hoy
tiene más necesidad que nunca de redescubrir el sentido
de la vida y de la muerte en la perspectiva de la vida
eterna. Fuera de ella, la cultura moderna, nacida para
exaltar al hombre y su dignidad, se transforma
paradójicamente en cultura de muerte" (Angelus,
3.11.2002). En esa clave de cultura de muerte debe
entenderse, por ejemplo, la progresiva aceptación legal de
la eutanasia, como administración de la muerte en nombre
de la libertad y la piedad, huyendo de cualquier idea de
sufrimiento y cerrándose a toda perspectiva trascendente.
La muerte es un instante. Pero, al mismo tiempo, morirse
es un proceso, que virtualmente alcanza a toda la vida, ya
que "al comenzar a vivir comenzamos a morir" (La
ciudad de Dios, 4,4,7). Una afirmación que san Agustín
explícita en la misma obra: "Desde el instante en que
comenzamos a existir en este cuerpo mortal, nunca
dejamos de tender hacia la muerte. (...) Porque el
tiempo vivido es un pellizco dado a ¡a vida, y
diariamente disminuye lo que resta; de tal forma, que
esta vida no es más que una carrera hacia la muerte.
No permite a nadie detenerse o caminar más despacio,
sino que todos siquen el mismo compás y se mueven
con igual presteza' (Id. 13,10).
Culminar ese proceso con dignidad, serenidad y entereza
es un don, capaz de sembrar conformidad y
sentido de plenitud alrededor, particularmente en el seno
de la familia. La muerte puede constituir un acto de
ejemplaridad, que verifica la profundidad de las propias
convicciones y valora el mundo de los afectos. Pero no
siempre las circunstancias lo permiten, porque a veces en
el proceso hay pérdida de conciencia o situaciones de
sufrimiento tan graves que impiden esa deseable
serenidad.
El modo de afrontar la muerte, la gran incógnita de nuestra
existencia, depende mucho de la filosofía y creencias que
se tienen sobre la vida y sus grandes misterios. Mientras
que para un agnóstico significa el final sin retorno de la
existencia, la antesala de la nada, para el creyente será un
tránsito a otro modo de vida, descrito de modo diverso
según los diferentes credos. Una existencia vivida desde la
perspectiva de una realidad futura estará necesariamente
marcada por unos objetivos e iluminada por una esperanza
que no compartirá quien tenga una visión de la vida
exclusivamente cerrada en la realidad presente, sin
proyección alguna al más allá.
Creyentes curtidos en el dolor de una larga enfermedad
han sabido madurar para la muerte con una extraordinaria
profundidad y ejemplaridad. Es el caso del sacerdote y
poeta José Luis Martín Descalzo, que nos dejó estos
hermosos versos:
Y entonces vio la luz. La luz que entraba por todas las
ventanas de su vida. Vio que el dolor precipitó la huida y
entendió que la muerte ya no estaba. Morir sólo es morir.
Morir se acaba. Morir es una hoguera fugitiva. Es cruzar
una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba.
Acabar de llorar y hacer preguntas; ver al Amor sin
enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura; tener la paz, la luz, la
casa juntas y hallar, dejando los dolores lejos, la Noche-luz
tras tanta noche oscura.
Cuando la fe en la vida eterna llega a estos extremos,
alienta en la vida una esperanza capaz de resistir cualquier
contrariedad, incluso la persecución y la muerte violenta.
La fe en otra vida y la apertura a la trascendencia están
presentes en la mayor parte de los planteamientos
religiosos de cualquier credo. Poéticamente lo expresa así
Rabindranath Tagore: "Lo cierto es que la muerte no es la
verdad última. Nos parece negra del mismo modo que el
cielo nos parece azul; pero la muerte no ennegrece la
existencia, del mismo modo que el azul celeste no macula
las alas de las aves".
PARA EL DIÁLOGO
-•¿Cómo trata la sociedad en que vivo la realidad de la
muerte?
¿De qué modo puede iluminar la fe la experiencia de la
muerte?
>»¿Es compatible la visión cristiana de la vida y de la
muerte con la eutanasia y el aborto?
LA MUERTE EN LA EXPERIENCIA DE SAN AGUSTÍN
EL itinerario ideológico de san Agustín siguió el paso de su
evolución espiritual. A
cambió su concepción de la vida y de
la muerte. Abrazar la fe en Cristo por el bautismo significó
un cambio sustancial en el modo de afrontar la
muerte. Agustín era hombre de profundos afectos y en sus
Confesiones nos ha desvelado, con gran riqueza de
matices, sus
muerte de dos personas muy queridas. Antes de su
conversión la
dolor. Al poco de su conversión murió su madre Mónica,
que había mostrado una excepcional solicitud por su hijo y
por quien sentía Agustín una profundísima y entrañable
devoción filial. Su
estuvo ya iluminada por la fe y
tan diversas, narradas de modo muy
diferente apreciación que tuvo de la
conversión. La fe marcó una
predisposición anímica e intelectual
frente a la muerte.
Más tarde, siendo ya obispo,
como pastor ante la muerte, gracias a donde afronta
específicamente el
que por la del cuerpo. La muerte del
corporal. En relación con ésta, ilumina desde su solicitud
pastoral aspectos que eran motivo de preocupación para
sus fieles, o para algunos que le piden opinión. Se
pronuncia, por ejemplo, sobre la utilidad de las exequias y
homenajes fúnebres, sobre la intercesión en favor de los
muertos, o la posibilidad de comunicación y cercanía de
los
Gracias al gran número de referencias, es posible saber
con bastante exactitud cómo afrontaba e ineluctable en su
apostolado cotidiano.
E L primer hecho que queremos presentar es la muerte de
un amigo de Agustín en plena adolescencia. El relato que
nos ha dejado en sus Confesion es es de una
extraordinaria belleza y emoción:
"En aquellos años, apenas senté cátedra en mí ciudad
natal, conquisté un amigo que ¡lego a ser íntimo,
porque compartía los mismos estudios, era de mi
misma edad y ambos estábamos en la flor de ¡a
juventud,, [...] esta amistad era muy dulce y estaba
cocinada al fuego de las mismas aficiones y de
idénticos estudios. Yo le había desviado de la
verdadera fe que, al ser adolescente aún, no tenía en él
carta de naturaleza ni arraigo. Había logrado
arrastrarlo hacia las fábulas supersticiosas y nefastas
que eran la causa de ¡as lágrimas de mi madre. La
mente de este joven erraba ya conmigo y mi alma no
podía vivir sin él.
Pero he aquí que Tú [...] te lo ¡levaste de esta vida
cuando apenas hacía un año que yo disfrutaba de su
amistad. Este amigo mío era para mí más dulce que
todos ios placeres de aquella época de
mi vida" (Confesiones 4,7).
Narra luego Agustín cómo su amigo enfermó gravemente.
Estando inconsciente fue bautizado en la fe de la Iglesia.
Pocos días después, en ausencia de Agustín, le repitió la
fiebre y murió.
"¡Qué angustia ensombreció mí corazón!Todo cuanto
veía era muerte. Mi ciudad natal se me convirtió en un
suplicio, la casa de mis padres era una desolación
pasmosa. Todo ¡o que con él había compartido se
convirtió en un tormento insufrible. Mis ojos le
buscaban con ansia por todas partes, pero estas
ansias quedaban insatisfechas. Llegué a odiarlo todo,
porque todo estaba vacío de él. Ya no podían decirme:
'Mira, ahí estár, como cuando volvía tras una ausencia.
Yo mismo me había convertido en un gran problema.
Me dirigía a mi alma para preguntarle por qué estaba
triste y alterada hasta ese punto, pero mi alma no tenía
respuestas que darme [...] Sólo el llanto me resultaba
dulce. Sólo él había tomado posesión del vacío que mi
amigo había dejado en los goces de mi corazón.
Ahora, Señor, ya ha pasado todo aquello. El tiempo ha
ido mitigando mis heridas [...] yo no tenía la mínima
esperanza de que mi amigo volviera a la vida, ni
tampoco lo pretendían mis lágrimas. Me limitaba
simplemente a llorar [...] Yo era desdichado. Y
desdichado es todo ser humano prisionero de su
afición a las realidades perecederas. Cuando las
pierde, queda destrozado. [...] Esa era mi situación en
aquella época: ¡¡oraba mis amarguras, y mi descanso
era la amargura. [...] Creo que cuanto mayor era el
amor que profesaba a mi amigo, tanto mayores eran mi
odio y mi temor a la muerte. La odiaba y la temía como
enemiga brutal que me lo había arrebatado. [...] Aquí
está mi corazón, Dios mío, aquí está toda su intimidad.
[...] Ai haber muerto
aquel a quien yo había amado como si nunca fuera a
morir, me parecía raro que
ei resto de los mortales siquiera viviendo» Y mi
extrañeza era aún mayor ante el hecho de sequir
viviendo yo mismo, que era como un doble de su
persona. ¡Qué expresión más feliz la de aquel que dijo
de su amiqo que era la mitad de su alma' (Horacio,
Odas, 1,3- 8). Siempre tuve la impresión de que mi
alma y la suya eran un alma sola en dos cuerpos. Por
eso ¡a vida me resultaba terrible. Por un lado, no me
sentía con qanas de vivir una vida a medias. Por otro,
le tenía mucho miedo a la muerte, quizá para que no
muriera en su totalidad aquel a quien yo había amado
tanto.
[...] Todo me era repulsivo, hasta la luz misma. Todo lo
que no era él sne resultaba tedioso y abrumador. Todo
menos los lamentos y ¡as láqrimas. Sólo en ellas
encontraba un pequeño alivio [...] Mi alma era para mí
un paraje miserable donde no resultaba posible estar,
pero de donde tampoco podía evadirme. ¿A dónde iba
a ir yo huyendo de mí?
[...] El tiempo no se toma vacaciones, ni los días pasan
sobre nuestros sentidos sin hacer nada. [...]
Paulatinamente se iba colmando mi vacío con mis
antiquos placeres. Mi dolor se iba replegando ante la
vuelta de éstos. [...] ¿Por qué razones aquel dolor
había penetrado en lo más íntimo de mi persona sino
por haber derramado mi alma en la arena, amando a un
mortal como si no lo fuera?" (Confesiones 4, 7-13).
Antes de cualquier otra * consideración a la vista de esta
larga y hermosa cita agustiniana, vale la pena destacar la
sensibilidad de Agustín describiendo sus emociones.
Estamos ante un maestro de la introspección, capaz de
penetrar con palabra certera en su misma intimidad, para
permitirnos contemplar su estado de ánimo, asomándonos
al volcán de sus sentimientos.
Sus juicios son ya cristianos y críticos cuando nos habla de
lo que experimentó en aquel momento. Censura el tipo de
amistad que le unía al amigo, porque Dios estaba ausente
y no hay amistad verdadera sin Dios. Narra su lucha
interior con extraordinaria fuerza, subrayando mucho los
lazos que le unían con este compañero de juventud, a
pesar de estar destinado a la muerte, como él. Nos explica
las consecuencias que tuvo en su vida esta muerte, al
punto de perder todo interés por lo que no fuera él.
Este episodio de la muerte del amigo da pie a Agustín para
reflexionar sobre la vida y la muerte, desde la visión
precristiana que tenía antes de la conversión, en
contrapunto con una visión cristiana de la vida y la muerte.
Es consciente de haber puesto su esperanza en personas
llamadas a morir y no en Dios.
El desgarro con que Agustín vivió esta dura experiencia de
muerte corresponde bastante fielmente al modo de vivir
hoy muchas personas la tragedia de la muerte. Es una
muerte sin esperanza, sin luz, sin horizonte. No hay
espacio para más consuelo que el haber dejado de sufrir.
Siendo la muerte el fin de la aventura humana, es
comprensible que quiera ocultarse su existencia y se tenga
miedo a afrontarla.
M UY distinta es la muerte de quienes creen en la
resurrección de Cristo, como su santa madre Ménica. En el
relato que nos ofrece en las Confesiones, la muerte de
Mónica es un canto agradecido a la plenitud de la vida. No
hay amargura ni angustia, sino sólo la tristeza natural que
brota de la separación de su madre, compensada por la
fuerza de la fe. Mónica actúa, una vez más, como directora
ILA PIADOSA MUERTE DE SU MADRE MÓNICA

de escena y da una muestra impecable de fe cristiana.


Después llega el turno de los sentimientos, a los que
Agustín quiere resistir, por considerar las lágrimas
impropias de su virilidad y de su fe en la resurrección de
Cristo. Sin embargo, también los sentimientos reclaman su
espacio y, finalmente, Agustín se libera de la tristeza
dando rienda suelta al llanto.
Inicia el relato sobre la muerte de su madre describiendo
un momento sublime de gozo espiritual, conocido como
éxtasis de Ostia, que Agustín experimentó junto a su
madre mientras contemplaban y hablaban de la vida
eterna. En ese contexto de total despego de las cosas
terrenas y de encendido amor a Dios, Agustín introduce
una confidencia de su madre Mónica como punto de
arranque del rápido proceso de su enfermedad y muerte:
"Hijo, por lo que a mí respecta, nada en esta vida tiene
ya atractivo para mí. No sé qué haqo aquí ni por qué
estoy aquí, agotadas ya mis expectativas en este
mundo. Una sola razón y deseo me retenían un poco
en esta vida, y era verte cristiano católico antes de
morir Dios me lo ha dado con creces, puesto que, tras
decir adiós a la felicidad terrena, te veo siervo suyo.
¿Qué hago aquí?
No recuerdo muy bien la respuesta que le di. Apenas
pasados cinco días, no mochos más, cayó con fiebre.
Y estando enferma, cierto día, sufrió un
desvanecimiento [...] Acudimos corriendo, pero pronto
recuperó el sentido. Viéndonos presentes a mi
hermano y a mí, nos dijo como quien pregunta algo:
¿Dónde estaba?' A continuación, viéndonos abatidos
por la tristeza, nos dijo: 'Sepultaréis aquí a vuestra
madre' Yo permanecía mudo mientras contenía mis
lágrimas, en tanto que mi hermano decía no sé qué
palabras alusivas a su deseo de que la muerte no le
sorprendiese en tierra extranjera, sino en su patria.
Ella, al escuchar esta sugerencia, reflejó en su rostro
una gran ansiedad, y le lanzó una mirada
reprochándole este modo de pensar. Fijando los ojos
en mí, dijo: 'Mira qué cosas dice éste? Y luego,
dirigiéndose a ¡os dos, exclamo: "Depositad este
cuerpo mío en cualquier sitio, sin que os dé pena. Sólo
os pido que dondequiera que estéis, os acordéis de mí
ante el altar del Señor'. Y
habiéndonos comunicado esta resolución como pudor Es difícil apostillar estas palabras de Agustín sin
guardó silencio. Y poco a poco, al agravarse el malr empañarlas. Todos los que han profundizado en el
creció también su fatiga. conocimiento de san Agustín destacan la gran vinculación
afectiva que tuvo con su madre. El carácter de esta mujer
[...] Finalmente, el día noveno de su enfermedad, a los
excepcional y el haberlo engendrado tantas veces con sus
cincuenta y seis años de edad y treinta y tres de la
lágrimas, hace comprensible este amor apasionado y
mía, aquella alma fiel y piadosa quedó liberada de su
reconocido de Agustín. Acaba de convertirse a la fe en
cuerpo.
Cristo y, desde su bautismo, vive retirado en comunidad,
A la par que le cerraba los ojos, una tristeza inmensa dedicado a la oración y la contemplación, junto a su madre
se agolpaba en mi corazón e iba resolviéndose en Mónica, su hijo Adeodato y algunos amigos, siguiendo el
lágrimas. Simultáneamente, mis ojos, ante la orden género de vida apostólico que describen los Hechos de los
tajante de mi espíritu, reabsorbían su fuente hasta Apóstoles. Su experiencia es tan gratificante que están
secarla. Era una lucha que me hacía mucho mal. tocando el cielo. Ahora desean sólo volver a la tierra que
les vio nacer. Pero la enfermedad y muerte de Mónica les
[...] Pensábamos que no era conveniente celebrar
detiene en Italia. Aquí sorprende a Mónica la muerte, a la
aquel funeral entre lamentos, láqrimas y gemidos,
que se prepara piadosamente, dando las últimas
porque con tales extremos se deplora de ordinario
disposiciones sobre su cadáver. Su proceso de purificación
cierta especie de miseria de los que mueren, alqo así
interior le ha llevado a la última renuncia: el lugar de
como su extinción total. Pero ella no se moría
sepultura, que había sido cuidadosamente preparado por
miserablemente ni moría totalmente. Estábamos
Mónica junto al marido, en su tierra natal.
plenamente seguros de ello por el testimonio de sus
costumbres y por su fe no fingida, que son la mayor A Mónica le tocó morir fuera de su casa y de su patria.
garantía de seguridad. Muriendo, sin embargo, para Cristo, muere en casa.
Mónica vive su muerte desde el horizonte de una
[...] Pero, Dios mío, que nos has creado, ¿qué era este
dimensión transcendente.
respeto y honor que yo le había guardado en
comparación de la esclavitud a que ella se había Agustín ha grabado cuidadosamente todas las escenas y
sometido por mí? Por eso, al verme abandonado de se intuye que escribe sobre su madre con lágrimas en los
aquel gran consuelo que su persona me ojos. Pero cuando redacta las Confesiones no quiso ni
proporcionaba, sentía el alma herida y mi vida casi quiere que los sentimientos humanos, fruto de la
despedazada. Esta vida que había lleqado a ser una naturaleza, opaquen la grandeza y fuerza de su testimonio
sola con la suya. cristiano. Mónica ha alcanzado la meta y pide sólo ser
recordada ante el altar del Señor. Agustín se atiene a este
[...] Tras levantar el cadáver, lo acompañamos, y lueqo
deseo.
volvimos sin llorar. Ni siquiera en aquellas oraciones
que te dirigimos cuando se ofrecía por ella el sacrificio En medio de este emotivo relato hay una extraordinaria
de nuestro rescate, con el cadáver al pie de la tumba y afirmación de fe y esperanza. En estas líneas brilla la
antes de su inhumación, según costumbre de allí, ni esperanza que brota de la fe en la resurrección de
siquiera en estas oraciones, repito, lloré, sino que toda Jesucristo. ¡Qué lejos del desesperado dolor que le turbó
la jornada me invadió una profunda tristeza interior. en la pérdida del amigo! Agustín es cristiano y la fe en
Cristo sostiene su esperanza y mitiga la pena por la
[...] Y lueqo volví poco a poco a mis pensamientos de
ausencia y por el obligado abandono del cuerpo de su

antes, centrados en tu sierva y en su actitud piadosa madre a las puertas de Roma, donde nunca ha de volver.
frente a ti, a la vez que santamente blanda y
"£/ Evangelio -dice Dolores Aleixandre- enseña a aprender
moriqerada con nosotros, y de la cual me había visto
a renunciar, relativizar, despedirse, no agarrarse
privado de repente. Entonces sentí ganas de llorar en
desesperadamente al tiempo, a las cosas. Pero también a
tu presencia sobre ella y por ella, sobre mí y por mí. Y
abrirse a la vida, estrenar experiencia, no perderse la
di rienda suelta a mis lágrimas reprimidas para que
realidad que llama a la puerta."
corriesen a placer, poniéndolas como un lecho a
disposición del corazón. Éste halló descanso en las
lágrimas. Porque allí estabas tú para escuchar, no un
PARA EL DIÁLOGO
hombre cualquiera que habría interpretado
desconsideradamente mi llanto. ■> Influjo de las amistades y respetos humanos en las
propias opiniones.
Ahora, Señor, te confieso todo esto en estas páqinas.
Que las lea el que quiera y que las interprete como -» Desasosiego de Agustín ante la muerte antes de la
quiera. Y si estima pecado el que yo haya llorado conversión: espejo de una muerte sin esperanza.
durante una hora escasa a mi madre de cuerpo
presente, mientras ella me había llorado durante tantos -*¿Qué elementos de ejemplaridad se encuentran en la
muerte de santa Mónica, tanto en la madre como en el

años para que yo viviese ante tus ojos, que no se ría. hijo?
Al contrario, si tiene una gran caridad, que llore
( ACTITUD PASTORAL DE W
también él por mis pecados en presencia tuya, Padre
AGUSTÍN ANTE L.A MUERTE
de todos los hermanos de tu Cristo" (Confesiones, 9,
10,26 - 13,33).
E L misterio de la muerte adquiere nuevas dimensiones en hay forma de evadirse del último día" (Sermón 229 H,
el ministerio pastoral de Agustín. Su visión de la muerte 2).
está directamente inspirada en la Biblia, que habla de dos
"No hay modo de escapar de la muerte. Puesto que no
clases de muerte: la física y la espiritual. Todos los
es posible librarse [...] no queda más remedio que
hombres han de pasar por la muerte del cuerpo. Es su
refugiarse en aquel que ha muerto por nosotros y
destino, cuya fecha sólo Dios conoce. Muerte espiritual es
resucitando nos ha abierto la esperanza [...]
el alejamiento de Dios, que es Vida y fuente de vida.
refuqiémonos en aquel que nos ha prometido la vida
Acaba en ruptura y conduce al alma a una especie de
eterna" (Id.).
muerte, al privarse del principio vivificador, que es Dios.
Agustín presta más atención a la muerte del alma, en la Además de la muerte corporal, hay otra clase de muerte,
que está implicada la responsabilidad de cada hombre, que afecta al alma, a pesar de su condición espiritual e
que a la muerte física, que es un trámite biológico por el inmortal. "Muere el alma cuando es abandonada por
que todos pasaremos. Dios, y muere el cuerpo cuando es abandonado por el
alma" (La ciudad de Dios 13, 2).
Son muchos los textos en los que Agustín afirma que la
muerte se introdujo en la tierra a causa del pecado de El alma vive de Dios cuando vive bien. El cuerpo vive del
nuestros primeros padres. El destino del hombre era alma, aunque ésta no viva para Dios. La vida de los impíos
sereno, feliz e inmortal, pero su actitud desobediente en el cuerpo no es vida del alma, sino del cuerpo; y esa
cambió la suerte de la humanidad. A partir de ese vida se la puede dar el alma, aunque esté muerta, o sea,
momento, el hombre -todos los hombres- quedó sometido en pecado. En la condenación eterna hay como una
a la dura ley de la mortalidad. segunda muerte, pues tiene lugar después de la muerte
del cuerpo. "Por eso se puede decir que la primera
Se trata de una interpretación literal de la Biblia, que
muerte del cuerpo es buena para los buenos y mala
Agustín sigue con gran rigor y convicción. La muerte física
para los malos; pero la segunda [la del alma], como no
es consecuencia del pecado del hombre, como atestiguan,
es propia de ningún bueno, no puede ser buena para
por ejemplo, el relato del Génesis, el libro de la Sabiduría
nadie" (Id.).
(1, 13-14), el Eclesiástico (41, 4), o san Pablo en las cartas
a los Romanos (5, 12-17) y en la primera a los Corintios El obispo Agustín se muestra más preocupado por la
(15, 21- 22. 56). Agustín acepta esta explicación de la muerte del alma, fruto del pecado personal, que por la
muerte física y así lo enseña repetidamente al pueblo. muerte del cuerpo, efecto del pecado original. Las
consecuencias de la primera son mucho más graves y
Además de la vinculación con el pecado, encontramos
duraderas que la pérdida de vida temporal. "No hay
también en Agustín una explicación de la muerte como
muerte más radical ni peor que aquella en que no
consecuencia de estar revestidos de materia que, por su
muere la muerte" (La ciudad de Dios, 6,12).
propia naturaleza, está llamada a desaparecer o
transformarse: Ta muerte es la pena de la carne, y en El pecado es, por tanto, el árbol maldito de donde surgen
ella se halla inherente la misma mortalidad" tanto la muerte espiritual como la corporal. Estos temas
(Comentarios a los Salmos 50,10). son recurrentes en su predicación y escritos, fruto de su
solicitud pastoral. Sólo la resurrección de Cristo, símbolo y
La muerte física, considerada en sí misma, es decir, la
victoria sobre el pecado, resuelve el enigma de la muerte,
separación del alma del cuerpo, a pesar de ser algo
abriendo a cada cristiano un horizonte de inmortalidad.
natural, es traumática. Si se soporta con piedad y con fe,
"Participando de nuestra pena, sin tener culpa,
aunque no elimina el significado de la pena, acrecienta el
deshizo la culpa y la pena" (Sermón 231,2).
mérito y se convierte en provecho para renacer. "Con
relación a los que han muerto, no es absurdo decir que Considerando la desproporción existente entre la muerte
es mala -la muerte- para los malos y buena para los espiritual y la temporal, es comprensible que
buenos" (La ciudad de Dios, 13,8).
Agustín elogie la actitud de los mártires, por ser capaces
En la partida que todo hombre entabla con la muerte, de afrontar la muerte física para no morir espiritualmente.
estamos de antemano condenados a perder: En el caso de los mártires, "la pena del pecado -la
muerte física- se ha trocado [...] en instrumento de
"Nadie quiere morir; y, aunque nadie quiere morir, se
justicia. Pues si entonces se dijo al hombre: Si pecas,
le impele a ello. Hace cuanto puede comiendo,
morirás, ahora se dice al mártir: 'Muere para no pecar'.
bebiendo, durmiendo, procurándose medios de vida,
Si entonces se le dijo al hombre: Si traspasas el
navegando, caminando, corriendo, tomando
mandamiento, morirás, ahora se le dice: 'Si rehüsas la
precauciones: quiere vivir. Con frecuencia sobrevive a
muerte, traspasas el mandamiento' [...] por la inefable
muchos peligros; pero detenga, si puede, su edad; no
misericordia de Dios, la pena de los vicios se
llegue a la vejez. Pasa un día de peligro y se dice el
transformo en arma de virtud, e incluso el suplicio del
hombre: "He evitado la muerte' ¿Cómo es que has
pecador se convierte en recompensa del justo. Se
evitado la muerte? Porque ha pasado el día de peligro.
adquirió la muerte pecando; ahora se completa la
Se te ha dado yo día más; has vivido un día más, y, si
justicia muriendo" (La ciudad de Dios, 13, 4).
hago cuentas, tienes uno menos. Si habías de vivir,
por ejemplo, treinta años, una vez transcurrido este La mayor atención a la muerte espiritual no significa que
día, se resta de Sa cantidad de guien ha de vivir y se Agustín se muestre insensible ante la realidad de la muerte
suma a la de quien ha de morir. Y, con todo, se dice física. Era demasiado humano para situarse al margen los
que le vienen los años al hombre; pero yo digo que se sentimientos. Por eso afirma: "es preferible que el
le van; yo me fijo en la cantidad que le queda, no en la corazón humano tenga necesidad de recibir consuelo,
que ya se fue [...] A medida que vas viviendo, va más bien que, por imposibilidad, se convierta en
menguando el caudal de donde vives, y con el pasar inhumano". Y para demostrar que la expresión de estos
de la vida mengua tanto que deja de existir, pues no sentimientos no es contraria al Evangelio, cita el ejemplo
de María y del Señor, llorando por Lázaro muerto. '¿Por
qué te maravillas del dolor de Haría si lloraba el mismo hermanos, buscáis quien os consuele; mas también yo
Señor?" (Sermón 173, 2). "Es inevitable entristecerse - necesito consuelo; pero ninqün hombre podrá
avisará más adelante- pero cuando te encuentres consolarme, sino sólo quien hizo al hombre, porque
afligido, que te consuele la esperanza" (Id. 3). Clave de quien hace rehace y quien creó recrea. A causa de
ese consuelo es la fe en la resurrección: "Tenga, pues, fin nuestra debilidad no podemos o o sentir tristeza, pero
la tristeza donde es tan grande la consolación; se debe consolarnos la esperanza" (Sermón 396,1). En
enjugue el llanto del alma, la fe aleje el dolor" (Id.). este bellísimo y breve sermón, Agustín habla con profunda
emoción, porque está recordando a un querido amigo,
Jesús nos ha revelado nuestro destino final, que pasa por
hermano en el episcopado. Si comienza anunciando que
el misterio de su resurrección. La resurrección de Cristo
también él necesita consuelo, concluye confesando su
nos libra del temor "La resurrección es la prueba de la
emoción, que apenas le permite hablar y le fuerza a ser
muerte, y la muerte de Cristo significa el fin del temor.
breve: "Quizá pudiera exhortaros con muchas palabras
Nosotros no debemos ya tener miedo de morir: Cristo
a la prudencia fiel si no fuera que el dolor humano
ha muerto por nosotros. Nosotros podemos morir
apenas me permite hablar. Por tanto, puesto que Dios
ahora con la esperanza de la vida eterna: Cristo ha
me concedió asistir momentáneamente al moribundo,
resucitado para que también nosotros resucitemos"
puesto que me concedió conducir su funeral,
(Sermón 375/B, 1).
conducción exigida pore! amor, pero que no añade
En la semana de Pascua predicará: "La resurrección de nada a su felicidad, y me concedió también el ver a
nuestro Señor Jesucristo marca la nueva vida de vuestra santidad y poder diriqiros la palabra para
cuantos creen en Cristo, y este misterio de su muerte y consolaros en Sa medida en que puedo consolar,
resurrección lo debéis conocer en profundidad y suplid con vuestro pensamiento lo que el dolor me
reproducirlo en la propia vida" (Sermón 231, 2). impide decir, y así nuestro ánimo, al recordar a tan
qran varón, aunque experimenta la tristeza humana, no
Invita, por consiguiente, a sus fieles a fijar la mirada en la es presa de la desesperación de quien no cree" (Id. 2).
resurrección: "Te ha enseñado las cosas a que debes
aspirar si deseas ser bienaventurado, dando por Entre estos dos párrafos autobiográficos, Agustín hace una
descontado que aquí abajo no puedes serlo. En la vida lectura pastoral de la temprana edad del finado y da un
presente, de hecho, no podrás conseguir la felicidad. precioso consejo a los fieles y familiares de este obispo
Tu buscas, ciertamente, una cosa buena, pero esta difunto.
tierra no es el lugar donde puedas encontrar lo que
Afirma, en primer lugar, que siempre quisiéramos tener a
buscas. ¿Qué buscas? La vida feliz.
los seres queridos más tiempo a nuestro lado; pero lo
Desgraciadamente, no es de aquí abajo" (Sermón
verdaderamente importante es cómo vivamos: "Todos
231,5).
queremos que los buenos vivan más tiempo con nosotros
La muerte ha muerto en Cristo por su resurrección y morirá y no queremos que los compañeros nos abandonen en
también en nosotros: "¿Dónde está la muerte? Si la esta vida tan áspera; mas, yendo delante quienes han
buscas en Cristo, ya no existe; existió. vivido santamente, nos exhortan con su ejemplo para que,
ya vivamos aquí por largo tiempo, ya salgamos pronto,
pero murió allí. ¡Oh vida, muerte de la muerte! Tened
vivamos de tal manera que lleguemos hasta donde están
buen ánimo, que morirá también en nosotros. Lo que
ellos" (Id A).
fue por delante en ia cabeza se repetirá en los
miembros; también en nosotros morirá la muerte'7 Hace luego una reflexión sobre el tiempo vivido por el
(Sermón 233.5). obispo, valorando la calidad e intensidad de su vida,
aunque cronológicamente haya podido ser breve: "Ni
En fin, un consejo de Agustín sobre esta doble dimensión debemos pensar que vuestro obispo, mi hermano,
de muerte de alma y cuerpo: "La muerte es la
salió de aquí pronto y vivió poco. En verdad no se vive
separación del alma del cuerpo. Esta separación del poco allí donde, por mucho que se diga, nunca se
alma es la que temen ¡os hombres; pero la muerte acaba. Pues aquí hasta lo que es mucho, una vez
verdadera, la cual no temen los hombres, es la concluido, se tiene por nada. Pero no vivió él poco
separación del alma de Dios. Con frecuencia, al temer tiempo aquí, si consideramos sus obras en lugar de
los hombres la muerte del cuerpo, caen en la muerte contar sus años. \ Cuántos no consiguieron en
dei alma. Y ésta es la verdadera muerte" (Comentarios a muchos años ni la mitad de lo que él logró en tan
los Salmos 48,2,2). pocos!" (Id.).

Finalmente, hace una hermosísima recomendación a sus


feligreses y deudos, pidiéndoles que sean memoria viva
ACTITUD PASTORAL EN LA MUERTE DE UN JOVEN
del obispo, para que continúe viviendo en ellos. Para eso
OBISPO

juega retóricamente con el doble significado de la palabra


latina memoria, como monumento funerario y como
Entre los años 412-419, Agustín presidió el funeral de un recuerdo psicológico personal. "Todo lo que hizo entre
obispo y nos dejó en sus palabras una expresión cálida de vosotros exhortándoos, dirigiéndoos la palabra,
su conmoción humana y de su fe. El obispo fallecido era proponiéndose a sí misino como ejemplo de alabanza
joven y parece que formaba parte del círculo de amigos de y adoración a Dios, conservadlo en vuestra memoria, y
san Agustín. Comienza diciendo a sus fieles: "Vosotros, vosotros seréis su más hermosa memoria. Para éi no
significa grandeza ninguna el ser colocado en un refrigerio, y la suerte del pobre, que quedó sin sepultura,
panteón de mármol, sino el perdurar en vuestros pero fue llevado por los ángeles al seno de Abraham (cf.
corazones. Viva sepultado en sepulcros vivos. Su Comentarios a los Salmos 48, 115).
sepultura es vuestro recuerdo. Vive junto a Dios,
¿Es útil, se pregunta, enterrar al lado del sepulcro de un
siendo él feliz; viva en vosotros, para ser felices
mártir? Sí, porque pueden interceder por nosotros: 4 son
vosotros" (Id.).
nuestros abogados, no nuestros clientes" (Sermón
LA PIEDAD CON LOS DIFUNTOS 285, 5). La pérdida del cuerpo, sin embargo, no es un
obstáculo para la resurrección.
En todas las culturas existen celebraciones fúnebres para
honrar y acompañar a las personas que fallecen y a la Por otra parte, sólo se benefician de los sufragios de los
familia del difunto. Donde concurren convicciones vivos aquellos difuntos que hicieron méritos en vida para
religiosas, estas manifestaciones van acompañadas de aprovecharlos. Todos compareceremos ante el tribunal de
ceremonias litúrgicas. El cristianismo trata también con Cristo. "Esta sentencia del Apóstol advierte que hay
respeto y veneración a los muertos, porque proclama la fe que hacer antes de la muerte aquello que pueda ser
en la inmortalidad del alma y en la resurrección de la provechoso después" (La piedad..., 2). Se dará a cada
carne. uno según sus obras, dice el apóstol. "Hay difuntos a
quienes no les sirve de nada todo esto, sea porque se
Como obispo y pastor, Agustín se preocupó por las
aplican por aquellos cuyos méritos son tan malos que
celebraciones fúnebres de uso más frecuente en su época.
no son dignos de ser ayudados, o sea también porque
En ocasiones para cristianizar las costumbres o corregir
se aplican por quienes tienen unos méritos tan buenos
abusos, como la celebración de banquetes en los
que ya no necesitan de tales sufragios. Así pues,
cementerios. Otras veces, en respuesta a preguntas que le
según la forma de vida que cada uno ha llevado por
planteaban otros pastores.
medio del cuerpo sucede que cuando muere el cuerpo,
En una visión cristiana, la muerte está iluminada por la fe le aprovechan o no los sufragios que se ofrecen
en la resurrección, lo que significa valorar la dimensión piadosamente por él." Serán merecedores de una ayuda
corpórea. Pero debatían algunos sobre el cuidado que "en proporción a lo que hicieron por los demás" (Id.).
convenía dar al cadáver, en orden a preservarlo para la Es notable esta concepción teológica de Agustín afirmando
resurrección y para ayudar al difunto a mejorar su situación implícitamente el purgatorio muchos siglos antes de su
tras la barrera de la muerte. Movidos por este celo, definición por el concilio de Trento.
algunos se empeñaban en enterrar a sus muertos cerca de
La muerte ilumina toda la vida y le da una importante
la sepultura de un mártir, esperando de esa cercanía un
proyección social, como en esta comparación entre
influjo benéfico para los seres queridos. Los sepulcros de
epicúreos y cristianos: "Los epicúreos, pensando que no
los mártires fueron desde los primeros siglos de la Iglesia
han de vivir tras la muerte y como careciendo de
lugares de veneración y culto, pues se celebraba la
cualquier otra cosa, a no ser de lo que deleita a la
eucaristía sobre sus tumbas. De ahí deriva el uso aún
carne, dicen: Tomamos y bebamos, que mañana
vigente de poner reliquias de santos en los altares.
moriremos', Pero ¡os cristianos, que han de vivir
San Paulino de Ñola planteó a Agustín la utilidad de esta después de la muerte, más aún, que han de vivir
práctica, contestándole Agustín con un breve tratado felices, no deben decir: "comamos y bebamos, pues
titulado La piedad con los difuntos. mañana moriremos". Mantened esto último: 'mañana
moriremos', pero anteponed: ayunemos y oremos,
En este contexto de devoción por los muertos, producía pues mañana moriremos'. Añado todavía alqo [...] que
conmoción a los cristianos la insidia de algún perseguidor con tu ayuno se satisfaga el hambre del pobre o que,
de la Iglesia, que se esforzaba por borrar toda huella de si no puedes ayunar, alimentes a aquel cuya saciedad
los cuerpos. Fue el caso de los mártires de Lyón, dados en te procure el perdón de tus pecados. Digan pues los
pasto a las fieras y quemados y esparcidas las cenizas de cristianos: ayunemos, oremos y demos, 'pues mañana
los restos no devorados. moriremos'rr (Sermón 150,7).
Agustín afronta ambos temas. Por una parte, es útil Esto es lo determinante para el momento de la muerte. El
enterrar junto a los sepulcros de los mártires, a condición resto, es decir "...todo lo tocante a las honras fúnebres,
que se encomiende el difunto al santo, para que interceda a la calidad de la sepultura o a la solemnidad del
por él ante el Señor. La fe que expresa el acto de entierro, constituye más un consuelo de los vivos que
enterrarlo es ya una súplica, un acto de piedad que un alivio de los difuntos" (La piedad..., 4). No obstante,
beneficia a quien la realiza. Cuando una madre acude al
los cuerpos de los difuntos han de ser tratados con respeto
sepulcro de su hijo para orar "lo que ayuda al alma del y veneración. "No es que los cadáveres sientan, sino
difunto no es el luqar del cuerpo muerto, sino el afecto que este modo de honrarlos fortalece nuestra fe en la
materno revivido por el recuerdo del luqar. Porque
resurrección". (Id. 5). Por otra parte, como no sabemos si
tanto el encomendado como aquel a quien se
los difuntos necesitan o no nuestros sufragios, es útil que
encomienda no están a la vez infructuosamente en la
los hagamos. Podrán servir a los muertos y serán siempre
memoria del que reza" (La piedad...7).
consuelo para los vivos.
Pero Agustín afirma que no importa donde quede el LA MUERTE DE SAN AGUSTÍN
cuerpo. "A muchos cuerpos de cristianos no se les dio
tierra, es verdad. Pero a nadie han logrado expulsar de Como persona humana Agustín expresó en su juventud
los espacios del cielo y de la tierra, llenos como están temor a la muerte. Lo confesó en los Soliloquios, al poco
de la presencia de Aquel que conoce de dónde hará de su conversión, cuando reflexionando sobre sus deseos
surgir, por la resurrección, lo que Él mismo creó" (La más íntimos descubrió que el conocimiento de Dios y de sí
piedad..., 4). Comentando en otra obra la parábola del rico mismo, en que cifraba el culmen de la felicidad, no
Epulón y el pobre Lázaro, ironiza sobre la pompa funeral aquietaba todas sus preocupaciones. "Podría decir, en los
del rico, que no le sirvió para poder recibir un mínimo de límites de mi estado actual de conciencia, que no
deseo nada más, pero prudentemente respondo que Agustín se había preparado conscientemente para la
no lo sé. Lo digo así porgue tengo alguna experiencia. muerte, siendo ésta el broche perfecto de una vida
En algún momento he pensado que nada podría ejemplar.
turbarme, pero improvisamente he recordado algo que
En él se cumplió, sin duda, lo que había anunciado en sus
me turbaba más violentamente de cuanto había
escritos: "En e! paraíso «descansaremos y veremos,
imaqinado [...] Actualmente me parece que puedo ser
veremos y amaremos, amaremos y alabaremos. Ele
turbado por tres cosas: el temor a perder las personas
aquí lo que habrá al fin sin fin" (La ciudad de Dios 22,
que amo, el temor al dolor; el temor de la muerte"
30, 5).
(Soliloquios 1, 9,16).
PARA EL DIÁLOGO
La muerte de Mónica se produjo en proximidad a esta
experiencia religiosa y filosófica narrada en los Soliloquios. ■» Las buenas obras como plenitud de vida ante la
Su madre estaba, sin duda, en el reducido círculo de perspectiva de la muerte
personas que amaba y temía perder. Pero, sometido a la
■•¿De qué modo e! ejemplo de los santos es un
prueba, Agustín vivió la muerte de su madre, como hemos
estímulo para la vida cristiana?
visto, con entereza cristiana y con fe. Agustín confesaba
entonces sentir turbación ante la idea de su propia muerte. «•¿Qué resulta más destacable en los pensamientos
Tardaría, afortunadamente, muchos años en llegar, pero, de Agustín sobre la muerte?
como epílogo de nuestra reflexión, es justo que nos
preguntemos sobre el modo como afrontó Agustín su
propia, temida, muerte. Podemos asomarnos a este
supremo momento de intimidad a través del testimonio de
su fiel
discípulo, amigo y hermano en consagración al Señor y en
el episcopado, san Posidio.
Posidio vivió con él cuarenta años y nos ha dejado escrita
una biografía del admirado maestro. El contexto histórico
de la muerte de Agustín fue la invasión de los bárbaros.
Recuerda Posidio el impacto que producía en Agustín el
cerco de los vándalos. Conversando en la mesa, confesó a
sus íntimos que pedía a Dios que librara la ciudad del
cerco enemigo, o, si era otra su voluntad, fortaleciese a
sus siervos para hacer su voluntad, o le arrebatara de este
mundo para llevarle consigo, (cf. Posidio, Vida de san
Agustín, 29). Una cosa tenía clara Agustín: no huiría de
África para salvar su vida, sino que permanecería en su
puesto para atender a sus ovejas. Después de discurrir
Posidio largamente sobre este tema, transcribiendo incluso
una carta de Agustín al obispo Honorato sobre la
obligación o no de permanecer en la propia sede, en caso
de persecución, presenta la enfermedad y muerte de
Agustín de este modo:
"Aquel santo tuvo una larga vida, concedida por divina
dispensación para prosperidad y dicha de la Iglesia;
pues vivió setenta y seis años, siendo sacerdote y
obispo durante casi cuarenta" (Posidio, Vida..., 31).
Agustín solía recordar en sus conversaciones "que
después del bautismo, aun los más calificados
cristianos y sacerdotes deben hacer digna y
conveniente penitencia antes de partir de este mondo»
Así lo hizo él en su ultima enfermedad de que murió".
Mandó copiar los siete salmos penitenciales y los tuvo
expuestos frente a sí en la pared día y noche
para leerlos y meditarlos. "El santo enfermo los miraba y
leía, llorando copiosamente" {Id.).
Cuenta Posidio que desde unos diez días antes de morir
no quiso aceptar visitas, excepto en la hora que acudían
los médicos o le llevaban la comida. "Se cumplió su
deseo y todo el tiempo lo dedicaba a la plegaria [...] Y
al fin, conservando íntegros ios miembros corporales,
sin perder ni ¡a vista y el oído, asistido de nosotros,
que le veíamos y orábamos con él, se durmió con sus
padres, disfrutando aún de buena vejez" (Id.).