Hermenéutica del intelectualismo moral socrático

Álvaro Moreno Vallori
14 de Marzo de 2010

El intelectualismo moral que propugnó Sócrates defiende que el ejercicio del bien depende exclusivamente del conocimiento del mismo. Esto es, para hacer el bien, hay que conocer lo que es el bien, pero, además, conocer el bien implica ineludiblemente su puesta en práctica. En este sentido, es patente un dualismo en lo referente al conocimiento del bien, que se concibe como condición necesaria y al mismo tiempo suficiente para la ejecución del mismo. Ahora bien, a simple vista, podría estimarse que esto no es posible en modo alguno, puesto que existen, en efecto, individuos que conocen el bien, y sin embargo, eluden su cumplimiento. Resulta evidente, pues, que no se puede tomar el intelectualismo moral de una manera tan literal, sino que resulta necesario un estudio pormenorizado de éste. En primer lugar, es patente en la filosofía socrática una concepción universal y absoluta del bien. Así, el bien se dispone como una realidad objetiva la cual estamos posibilitados a conocer a través de la razón. En consecuencia, cuando Sócrates habla de obrar bien o mal, se ha de entender obrar en consecuencia o no al bien universal del cual nos habla. Se estima pertinente acompañar los razonamientos a partir de ahora con una formalización de las proposiciones mencionadas, con objeto de esclarecer las inferencias que efectuemos, así como de dotar de mayor contundencia a la argumentación. Así, nos serviremos de las lógicas modales deóntica, doxástica y epistémica, puesto que analizaremos situaciones que contemplan norma (moral), creencia y conocimiento. Con todo, el criterio de símbolos tanto de operadores como de símbolos será el siguiente:

O = Es obligatorio B = Creee K = Sabe ∃ = Existe ¬ = N egaci´n o a = Individuo a s = El individuo a es moralmente socr´tico (cumple el intelectualismo moral) a b∞ = Bien socr´tico (un bien unico, universal y absoluto) a ´ ba = Bien subjetivo del individuo a h = El individuo a hace el bien socr´tico a

Veamos entonces las causas que pueden explicar el hecho de que un individuo actúe contrario al bien socrático. Distinguiremos dos posturas principales a tomar por el individuo, a saber, (i) creer que no existe un bien único, sino que el bien es algo subjetivo, o bien (ii) creer en el bien absoluto y universal de Sócrates (de Sócrates en el sentido de único). Formalizadas, las posturas posibles quedan:

(i) (ii)

¬Ba (∃b∞ ) ∧ ¬h Ba (∃b∞ ) ∧ ¬h

Centrémonos en el caso (i). Si se sabe algo, por el axioma de la introspección positiva de la lógica epistémica, entonces se sabe que se sabe algo, es decir, Ka (p) =⇒ Ka (Ka (p)). Por otra parte, podemos conectar la lógica epistémica con la doxástica teniendo en cuenta que si se sabe que se sabe algo, es evidente que entonces se cree en ese algo, es decir, Ka (Ka (p)) =⇒ Ba . Como consecuencia inmediata, por la propiedad transitiva se tiene que Ka (p) =⇒ Ba (p), y por el contrarrecíproco tenemos ¬Ba (p) =⇒ ¬Ka (p). Por lo tanto, si el individuo no cree en la existencia del bien socrático, entonces no sabe que existe el bien socrático, por lo que es perfectamente plausible que el individuo realice el mal por no conocer dicho bien. (Nótese que es irrelevante que el bien socrático, esto es, un bien universal, exista o no, puesto que estamos analizando la validez del intelectualismo moral, y no la de la creencia en la existencia de un bien absoluto.) Ka (∃b∞ ) =⇒ Ka (Ka (∃b∞ )) Ka (Ka (∃b∞ )) =⇒ Ba (∃b∞ ) Ka (∃b∞ ) =⇒ Ba (∃b∞ ) ≡

=⇒ (Ka (∃b∞ ) =⇒ Ba (∃b∞ )) ¬Ba (∃b∞ ) =⇒ ¬Ka (∃b∞ ) ∴ s

Con esto, hemos probado que en el caso (i), el individuo es compatible con el intelectualismo moral. Y no sólo es compatible, sino que es perfectamente razonable el intelectualismo moral en este caso, puesto que si existe un bien universal, y una persona cree, sin embargo, que no hay tal bien universal, y actúa acorde a un bien subjetivo propio, entonces, llevará a cabo acciones catalogadas como malas con respecto al bien universal, porque siempre habrá aspectos que difieran entre ambos bienes, pero, el mal que hace ese individuo, lo hace justamente por tener la creencia falaz de la inexistencia de un bien absoluto y de la existencia de un bien propio, es decir, está errado en su conocimiento sobre el bien. A continuación, para examinar el caso (ii), caso en el que el individuo sí que cree en la existencia del bien socrático, resulta propicio subdividirlo ateniéndonos a las dos posibles causas que aparentemente pueden conducir a una actitud moralmente incorrecta, que son, o bien (1) el desconocimiento de ese bien, o bien (2) la negación de la obligación moral de cumplir dicho bien aun creyendo en su existencia. Formalizado:

(Ba (∃b∞ ) ∧ ¬h) =⇒

          

¬Ka b∞

(1)

o bien ¬Ba (O(h)) ≡ (2)

Consideremos (1). Si se obra mal pero se desconoce el bien, entonces es inmediato que la situación es compatible con el intelectualismo socrático. Es decir: ¬h ∧ ¬Ka b∞ ∴ s

En este caso ocurre algo análogo al caso (i), ya que es una evidencia el hecho de que si alguien cree que existe un bien absoluto, pero no conoce sus matices, es probable, si no obligado, que yerre en su hacer. Pero tal error es claro que radicará en causas epistémicas y no morales, por lo que nuevamente el intelectualismo moral nos brinda una explicación de lo más acertada, si bien este caso en particular es el más sencillo e intuitivo. Por último, consideremos (2). Un individuo que cree en un bien absoluto y universal, pero piensa que no hay por qué cumplirlo. ¿Realmente es eso posible? Profundicemos en esto. Supongamos que un estudiante considera que es moralmente bueno explicarle la lección a una compañera que no la entiende, pero en vez de eso decide leer un libro, “a sabiendas de que está mal no ayudar a su compañera”. ¿No podemos acaso alegar que lo que ocurre en realidad, es que el estudiante cree (”en el fondo”, incluso aunque no sea consciente de ello) en una moral propia y subjetiva, según la cual la satisfacción ociosa de leer un libro es algo más positivo que la satisfacción humana de haber estudiado, por lo que según su moral es mejor leer el libro, pero está al mismo tiempo tan influenciado por la sociedad que él mismo cree que existe una moral universal (por esto no sería consciente de que cree en otra moral) cuando se lo cuestiona? ¿No es cierto que al dejar de ayudar a su compañera, se está posicionando en la postura de que es mejor para él leer un libro que ayudar a su compañera, pensando que es mejor, en esa situación, satisfacer sus ganas de leer, que “ser lo que se considera bueno”, y por lo tanto está defendiendo una moral propia? Es evidente que todo esto está sujeto a innumerables sutilezas, no obstante, se puede proponer que todo aquel que realice una acción que el mismo califique como mala, y diga que es consciente de que la está haciendo mal, en realidad, en un acto de incoherencia, crea que está bien (y por eso la hace), teniendo así una moral diferente a la que dice tener, y por otro lado se encuentre, como hemos dicho, tan influenciado por la moral aparentemente objetiva que ve en su entorno, que esto le haya inducido de forma superficial el pensamiento de que esta moral es la cierta. De forma superficial porque, a la hora de hablar sobre ello, en seguida dice que cree en esa moral, y que es consciente de que hace cosas mal, como si fuera mejor decir que uno hace el mal pero es consciente de la moral “correcta”, que decir que uno cree que eso que hace está bien y que no hay tal moral “correcta”. En contraposición a esta actitud, superficial como hemos mencionado, que se da al analizar lo que hace de una forma verbal, se tiene el verdadero pensamiento, inconsciente, que se rige por su propia moral. Como se ve, al final el individuo actuaría según esa moral subjetiva, limitando la otra tan sólo a “quedar bien”, incluso ante sí mismo (hasta aquí llegaría el alcance de la influencia social), cosa que parece más coherente que actuar en contra de la moral de uno mismo (que sería el caso si uno de verdad aceptara la moral universal).

En resumen, no se pretende mucho rigor en la argumentación de este último punto (ii)(2), puesto que está sujeto a un elevado grado de subjetividad. Lo que se intenta hacer ver es que no es, ni mucho menos, algo incoherente, pensar que es imposible que una persona obre mal a sabiendas, ya que como hemos visto, se puede considerar que toda persona que obre en contra de la supuesta “moral universal” en realidad no hace sino seguir su propia moral, reduciéndose la cuestión al caso (i). Como conclusión, hemos visto que los casos (i) y (ii)(1) son coherentes con el pensamiento socrático, y que el caso (ii)(2), más sutil, puede aun así encontrar perfectamente una explicación, si bien no de una forma tan rigurosa, y por tanto sujeta a objeciones, desde el marco del intelectualismo moral. Por tanto, parece necesario estudiar cautelosamente la postura de este autor, teniendo muy en cuenta los matices que pueden surgir desde el punto de vista de la hermenéutica, de la interpretación y el sentido con el que Sócrates quería transmitir su postura, sobre todo teniendo en cuenta los relativamente pocos escritos que tenemos sobre él, y que además no son siquiera suyos propios.

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