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Efectos Cerebro

Escrito por Willy Fumone | Sábado, 29 de Agosto de 2009 13:33

Sabías como afecta la marihuana a tu cerebro?. El cannabis es una sustancia psicoactiva tomada del cáñamo (Cannabis
sativa) y a sus flores o cogollo se les llama Marihuana. En dosis normales, el cannabis hace que te sientas “colocado”
(relajado, contento y un poco ebrio). Algunos de sus efectos secundarios son problemas de coordinación, hambre y daños
en el funcionamiento de la memoria.
Que son el THC y la Anandamida?
Los efectos del Cannabis surgen porque el THC trastorna la función del neurotransmisor anandamida, encontrado en
diferentes pates del cerebro.
El THC es la principal sustancia psicoactiva encontrada en las plantas de la especie Cannabis Sativa
La anandamida (AEA) es un neurotransmisor que imita los efectos de los compuestos psicoactivos presentes en el cannabis,
y es almacenado en el extremo del axón.

Cuando una señal eléctrica llega ahí, las vescículas se fusionan con la pared de la neurona.
Esto libera la anadamida en el espacio (sinapsis) entre dos neuronas.

La anandamida se mueve ahora a través de la sinapsis hacia la neurona contigua.


Las dendritas de esta neurona contienen receptores a los cuales se puede adherir la anandamida.

Cuando esta se adhiere a uno de estos receptores el mensaje se transmite más allá.

Una vez el mensaje es transmitido, la anandamida se separa de su receptor y fluye de vuelta a su neurona original.

Las proteínas de reabsorsión la ayudan a entrar, donde es reciclada.


El THC ingrediente activo del Cannabis, altera estas condiciones normales.

El THC se comporta como la anandamida, imita al neurotransmisor adhiríendose a los receptores que están diseñados de
hecho para la anandamida y toma posesión del trabajo como de ésta.

Cuando el THC se adhiere al receptor, es transmitido.

Una vez que el mensaje es transmitido, el THC se desprende del receptor y es destruido por el cuerpo.

Consecuencias del consumo de Marihuana


Efectos deseados
El Cannabis induce a un sentimiento placentero y relajado, a una sensación de bienestar.
Esto se consigue al estimularse indirectamente el centro de refuerzo del cerebro.
El centro de refuerzo es estimulado por el neurotransmisor dopamina.

El cannabis aumenta la liberación de dopamina en forma indirecta y el THC no puede provocar que la neurona de la
dopamina libere más dopamina por sí solo.
Una tercera sustancia ejerce también su papel: el neurotransmisor GABA.

El GABA normalmente impide la emisión en exceso de dopamina.


Como se puede ver, la dopamina no es liberada.

Pero el THC interfiere ahora con la liberación del GABA.


Esto permte que sea activada más dopamina.
Las altas cantidades de dopamina estmulan el centro de refuerzo del cerebro.

EL CANNABIS CREA DEPENDENCIA


Ya hemos visto que el THC estimula la liberación de dopamina.
El efecto que la dopamina tiene en el centro de refuerzo de tu cerebro puede hacerte
dependiente del Cannabis.
Quieres experiementar ese sentimiento placentero una y otra vez.
A pesar que se libera menor cantidad de dopamina que en sustancias altamente adictivas,
como speed y cocaína, 5 de 10 consumidores de la marihuana siguen volvíendose
dependientes a la droga.

AFECTA LA MEMORIA A CORTO PLAZO


El cerebro contiene aun más receptores a los que la anandamida y el THC se pueden adherir.
Estan situados en punto especificos del cerebro, lo cual puede explicar algunos de los efectos tipicos de la marihuana.

Muchos de estos receptores se encuentran en el hipocampo, el hipotálamo, el cerebelo y los ganglios basales.

El hipocampo es vital para la memoria a corto plazo.Cuando el THC se adhiere a los receptores cannabinoides, esto
interfiere en el funcionamiento de la memoria.Encuentrasmñasdíficil almacenar acontecimientos recientes en tu memoria.

PROVOCA HAMBRE
El Hipotálamo es conocido como el centro del apetito en el cerebro.
Al adherirse al receptor cannabinoide el THC provoca ataques de hambre.

PROBLEMAS DE COORDINACIÓN Y EQUILIBRIO


El THC afecta también a tu coordinación y al equilibrio.
Estas funciones están normalmente reguladas por el cerebro.

Los ganglios basales están relacionados con el mvimiento involuntario de los músculos.
Estos son los movimientos que haces sin tener que pensar en ello.

Aquí también puede crear la Marihuana problemas con la coordinación física.

CONCLUSIÓN
* El Cannabis tiene diferente efectos en tu cerebro.Estos son generados por su principio activo THC.
* El THC imita al neurotransmisor anandamida, y también incrementa la liberación de dopamina indirectamente. Esto te da
un sentimiento placentero.
* El riesgo de adicción al Cannabis es menor que de otras drogas como la cocaína o el Speed.
* El THC se adhiere también a otros puntos de tu cerebro y esto puede afectar negativamente a tu memoria a corto plazo
y a tu coordinación.
* No ha sido probado que las Marihuana destruya las células del cerebro

CANNABIS: DROGA BLANDA El consumo de marihuana y hachis tiene muy pocos tóxicos
JOSE LUIS DE LA SERNA
UN análisis rápido, un tanto a vuela pluma, sobre las consecuencias que para el
organismo tiene el consumir frecuentemente alguno de los productos derivados
del cannabis puede inducir al sesgo. Existen varios textos en los que se
destaca que el uso de hachís o marihuana a veces llega a ser peligroso. Sí,
además, se revisa la literatura científica que se ha publicado sobre el tema en
el transcurso de los últimos años, la impresión de todo aquel que realice este
tipo de consulta es que el cannabis no es una droga inocua. Sin embargo, si
para el análisis se dispone de suficiente tiempo; se consultan entonces los
libros de máximo prestigio; se es crítico con el resultado de algunas de las
investigaciones publicadas y se pregunta a los que más saben de adicción en el
mundo, se puede concluir -sin riesgo a equivocarse- que el cannabis es poco
peligroso para la salud física o psíquica de aquellos que lo fuman. En base a
lo que científicamente se sabe del producto, tiene poco sentido el que los
derivados de la «cannabis sativa» estén catalogados de ilegales mientras, por
otra parte, en todo el mundo se pueden adquirir libre y legalmente productos
mucho más peligrosos para la salud de los humanos como lo son el alcohol o el
tabaco. La «cannabis sativa» es una planta dura, que crece bien y rápido a poco
que las condiciones ambientales le sean favorables. A sus hojas, desecadas se
las llama marihuana y se pueden fumar como si fueran cigarrillos. A la resina
concentrada se la conoce como hachís, y tiene las mismas propiedades que las
hojas. La diferencia en el consumo de una u otra droga radica en que el hachís
es más inestable que la marihuana, por lo que aquél pierde parte de su potencia
con el tiempo.
El uso del «canuto» se conoce en Europa desde hace más de un milenio. Llegó a
España procedente de Africa, junto a los conquistadores musulmanes, y desde
aquí se extendió al resto del Continente, pero su consumo no se generalizó de
una forma excesiva.
Pasaron muchos siglos antes de que se supiera más sobre este tipo de droga e
hizo su reentrada en Europa cuando muchos de los soldados de Napoleón
regresaron de la campaña de Africa fumando marihuana.
En el siglo pasado, su consumo empezó a generalizarse poco a poco y en el día
de hoy, un tercio de la población admite haber fumado cannabis al menos una vez
en la vida y se sabe, además, que entre 200 y 250 millones de personas la usan
con cierta regularidad en todo el mundo.
La droga, aplicando el término de droga a una sustancia capaz de modificar
transitoriamente la psiquis de quien la consume, se compone fundamentalmente de
un producto químico conocido como tetrahidrocannabinol (THC).
Se trata de una sustancia que desde los pulmones -o desde el aparato digestivo,
ya que a veces se puede consumir en forma de infusión-, llega al cerebro y una
vez allí modifica el comportamiento de algunos neurotransmisores.

Efectos psicológicos

Al contrario que la cocaína o las anfetaminas, sustancias muy estudiadas y de


las que se conoce cómo llegan a alterar la dopamina y la noradrenalina en las
sinápsis del encéfalo, la bioquímica íntima de los efectos del THC es menos
conocida.
Lo que sí se sospecha, en cualquier caso, es que afecta a los neurotransmisores
y que modula la respuesta sináptica de los núcleos del centro del cerebro.
Lo que está perfectamente definido son los efectos psicológicos que el cannabis
produce.
Cuando la droga llega al sistema límbico se altera en cierto modo la
conciencia. En un porcentaje muy alto de casos, el individuo que ha consumido
cannabis reconoce que su uso le produce relax, cierta sensación de paz, que su
sensibilidad se eleva, además de que la música le suena mucho mejor y diferente
y de que aumenta su predisposición a la amigabilidad y a la risa.
Otra de los efectos que el cannabis produce es una disminución de las
inhibiciones y un aumento de las sensaciones placenteras relacionadas con el
sexo. No obstante, a veces, su consumo llega a producir un «mal viaje».
Las malas experiencias del fumador de marihuana o hachís suelen estar
relacionadas con el consumo de una dosis elevada del producto. Los que las han
sufrido se han quejado de incoordinación motora, agitación extrema náuseas y
vómitos y -sobre todo- de la angustia que les produjo el no saber qué es lo que
estaba pasando.
Los que ya tienen experiencia saben que el «mal viaje» suele ser llevadero y
que sus pésimos efectos acabarán pasando en unas pocas horas. Los efectos
físicos agudos del cannabis son muy bien conocidos. El consumo produce
taquicardia, discreta elevación de la presión sanguínea, aumento en general del
apetito, trastorno de la percepción real del tiempo y disminución de los
reflejos, algo que se debera tener siempre en cuenta.
Por eso, conducir automóviles o manejar maquinaria peligrosa es un riesgo
severo si se ha fumado este tipo de droga. Un riesgo no mayor, sin embargo, que
el que conlleva ponerse ante un volante con una copa de más entre pecho y
espalda.
No existe en el mercado o fuera de él una droga o un fármaco al que se le pueda
considerar como seguro.
Por tanto, el cannabis no puede recibir tal tratamiento. Pero, por otra parte,
de entre todas las drogas, el cannabis es uno de las más inocentes. La dosis
letal es tan elevada que se calcula que hay que usar una dosis 40.000 veces
mayor que la efectiva para que exista auténtico peligro mortal.
Cualquier otro producto, los barbitúricos por poner un ejemplo, tienen las
dosis efectivas relativamente cercanas a las que son letales.
Los efectos físicos del uso crónico del cannabis tampoco pueden ser
considerados como peligrosos. Un trabajo publicado en el pasado demostró en un
grupo de fumadores habituales de marihuana del estado de Oregón, en EEUU -que
además no fumaba otra cosa- que no necesitaba más atención médica que la que le
hacía falta a un número similar de personas que no fumaba ni droga ni tabaco.
El daño pulmonar producido por cannabis es otro de los mitos que han pesado de
forma poco científica sobre la planta. Las peores secuelas pulmonares
producidas al fumar marihuana han sido consecuencia del producto con el que la
DEA (la agencia estadounidense encargada de luchar contra la droga) fumigó hace
años miles de hectáreas de plantaciones mexicanas de cannabis con la intención
de hacerlas desaparecer.
Los traficantes mexicanos se dieron cuenta muy pronto, recolectaron la planta
antes de que ésta sucumbiera y la pusieron con rapidez en el mercado.
El resultado fue que miles de personas que fumaron la droga en estas
condiciones resultaron intoxicadas con paraquat -el producto usado por los
agentes federales- y tuvieron que ser atendidas de lesiones pulmonares muy
severas.
El cannabis no produce cambios en la bioquímica sanguínea ni altera las
hormonas. La acusación -publicada en el Lancet en 1971- de que en contadas
ocasiones el cannabis produzca lesiones cerebrales irreversibles ha sido
rebatida con rigor.
Los críticos aducen que el estudio en el que se sugería la neurotoxicidad del
«porro» se hizo en personas politoxicómanas, algunas de las cuales tenían
antecedentes de traumatismos craneales, además de que el método utilizado para
hacer el diagnóstico de la situación cerebral fue una neumoencefalografía. Un
procedimiento desterrado hace mucho tiempo por obsoleto y poco útil en la
práctica médica.
Por otra parte, no hay casos demostrados de que la marihuana o el hachís creen
algún tipo de dependencia física. El «mono» de cannabis no está descrito en la
literatura.

En la esquizofrenia

En lo que se refiere a los trastornos psicológicos, el consumo de THC ha estado


en ocasiones demonizado con acusaciones que no han podido ser probadas
posteriormente.
Uno de los pecados de los que el cannabis no es en absoluto culpable es el de
elevar el riesgo de padecer esquizofrenia. Un estudio realizado en la
Universidad de Bekerley en California, demostró que no había relación alguna
entre esquizofrenia y cannabis, a pesar de que por lo menos el 25% de los
40.000 estudiantes de una de las más prestigiosas universidades del planeta se
reconocían fumadores más que ocasionales del producto.
El hecho lo confirma el que entre las casi 700.000 urgencias registradas en
algunos hospitales de California a lo largo de 1968, sólo nueve lo fueron como
consecuencia del abuso de hachís. Ninguna de las personas ingresadas necesitó
más de ocho días de estancia hospitalaria.
Pero seguramente la más grave de las acusaciones que se han lanzado contra el
cannabis es la de que es un producto puente hacia otras drogas mucho más
peligrosas. Algo que, de nuevo, nadie ha podido probar con seriedad.
Decir que la mayoría de los que en la actualidad están consumiendo con
regularidad heroína o cocaína antes han sido usuarios del cannabis sin ser
mentira no tiene demasiado sentido científico.

Otras drogas

Lo mismo se podría decir de aquellos que tienen el hábito de fumar o beber, ya


que muchos de los heroinómanos o cocainómanos han sido adictos primero al
alcohol o al tabaco.
Por otra parte, un extenso trabajo del Karolinska Institute de Estocolmo, en el
que se siguió durante años a 23.482 consumidores habituales de marihuana o
hachís, acabó concluyendo que el consumo de cannabis no es un factor de riesgo
que induzca a acabar enganchado a otras drogas más duras.
En otro orden de cosas, el cannabis tiene indicaciones médicas. Hasta la
llegada de los modernos antiheméticos -que disminuyen los vómitos de forma muy
eficaz- sirvió como remedio a muchos enfermos con cáncer, ya que el fumar
marihuana aliviaba los efectos secundarios de la quimioterapia.
Además, los preparados de THC pueden ser eficaces en el tratamiento del
glaucoma (una afección del ojo que puede llegar a producir ceguera).
La posibilidad de que la marihuana, y más concretamente, el delta-9
tetrahidrocannabinol -que es el componente activo de la planta- pueda ser
utilizada en Medicina, ha sido incluso objeto de debate en el Gobierno
estadounidense. El pasado diciembre, la doctora Joycelyn Enders, Surgeon
General de los EEUU y, por tanto, una de las máximas autoridades sanitarias del
gobierno de Clinton, se atrevió a sugerir que el tema de la legislación de las
drogas -y más concretamente la de los derivados del cannabis- es algo que sin
duda alguna debería debatirse al máximo nivel. Ella y otras voces autorizadas
están plenamente de acuerdo en que el cannabis, además de ser inocuo puede
tener propiedades terapéuticas.
El hecho de que muy recientemente se haya identificado un neuroreceptor
específico para el THC, acoplado a una proteína G, abre las posibilidades de
investigar mucho más seriamente a este producto. Desde hace algunos meses está
abierto un debate en California en un intento de hacer accesible la marihuana a
los enfermos de sida puesto que la «hierba» mejora las molestias de los
enfermos que se encuentran en estadios terminales. El cannabis, por tanto, aún
siendo droga, tiene muy pocos efectos perniciosos para la salud. En virtud de
los hechos científicos, muchos pueden estar de acuerdo con una frase lapidaria
del libro «Living with Drugs» («Vivir con drogas») de uno de los más respetados
expertos en adicción del mundo, el británico Michael Gossop: «Puede ser una
acto de grave irresponsabilidad social forzar a los consumidores de cannabis a
adquirir el producto a los mismos «camellos», que venden además heroína o
cocaína».