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LA TOMA DE DECISIONES EN
SITUACIONES DE CRISIS.

Carlos PISSOLITO.

Introducción
“Si estudias estas líneas tendrás oro, si trazas este círculo en el suelo convocarás terribles
tempestades, rayos, truenos e incluso terremotos”.
Mefisto, Doctor Faustus

La palabra crisis proviene del griego y deriva de un concepto médico establecido por Hipócrates
y que significa un cambio en la condición que sufre un paciente. También, la palabra era usada en las
tragedias griegas para mostrar la importancia de un evento en la trama, ya sea que afectara al pasado o
al futuro de la misma. Con el tiempo, la noción de crisis se transformó en un concepto aplicado a
varias ciencias, especialmente, en los siglos XVII y XVIII; pero no fue hasta tiempos recientes que las
fuerzas armadas lo incorporaron para identificar situaciones específicas con diferentes niveles de
tensión en las cuales el uso de esas fuerzas era posible. En el marco de la doctrina militar argentina, las
crisis se diferencian de los conflictos, porque las primeras son menos propensas a emplear la violencia;
3

además, se las considera a ellas como la antesala del conflicto, por lo que las crisis que no pueden
afectar el empleo del poder militar no son tenidas en cuenta.
La tendencia, tal como parece ser el caso en la mayoría de las doctrinas de las fuerzas armadas,
ha sido considerar a los fenómenos de crisis como algo accesorio; sin darles a ellas la importancia que
permitiera diferenciarlas de las acciones propias de los conflictos; de tal modo de que un comandante
militar que enfrente una crisis no tiene a su alcance otros elementos doctrinarios que no sean que los
previstos en el marco de un conflicto. A estas limitaciones hay que agregarle el hecho de que los
métodos para la solución de problemas operativos en uso en muchas fuerzas armadas son de nivel
táctico y que carecen de una metodología diferenciada para enfrentar situaciones estratégicas. Al
margen del hecho de que muchas crisis -aparentemente- no cualifican como problemas de nivel
estratégico; ya que no abarcan grandes medios del poder militar o tienen una duración muy breve; hay
que considerar que, en no pocas ocasiones, sus implicancias y sus consecuencias las colocan más cerca
de la estrategia, por no decir de la política, que de la táctica.
Este trabajo es un intento por crear un procedimiento para la toma de decisiones que pueda ser
utilizado durante una crisis. Su importancia se deriva del hecho de que en la actualidad es mucho más
probable que un comandante militar deba enfrentar una crisis antes que un conflicto y que, a la par, es
necesario diferenciar a los métodos de toma de decisiones de nivel estratégico de los del nivel táctico.
Esta necesidad, sin embargo, ha oscilado entre los deseos de emplear siempre el tradicional y bien
conocido método de resolución de problemas tácticos para todas las situaciones posibles y la confianza
en la capacidad de improvisación y de creatividad de los comandantes sobre el terreno.
Ambas posturas, la doctrinaria y la oportunista, por llamarlas de algún modo, como todas las
posturas extremas, tienen sus ventajas y sus desventajas. Los oportunistas confían en las necesarias
cualidades de flexibilidad de un comandante para resolver una crisis. Pero, simultáneamente, lo alejan
a dicho comandante del uso de principios que pudieran ayudarlo a entender el funcionamiento de las
crisis. La concepción doctrinarista, por otro lado, presenta la ventaja de que sigue principios teóricos
considerados inmutables y que pueden guiar la toma de decisiones de un comandante. Sus desventajas
yacen en que la realidad concreta no se maneja solo por principios inmutables; sino, también, por una
compleja red de circunstancias particulares que regulan su aplicación práctica.
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Desarrollo

LA CRISIS

Sus orígenes y su evolución:

Como ya hemos dicho la noción de crisis ha sufrido un largo proceso que, por un lado, ha
expandido el concepto; pero, por el otro, ha dificultado su definición precisa. Edgar Morin, uno de los
filósofos franceses contemporáneos y pionero en el estudio de las crisis sostiene que: "El concepto de
crisis es uno molar, que de hecho constituye una constelación de nociones que están
interrelacionadas,"1 Para continuar con la analogía médica del comienzo, nos preguntamos si cuando se
presenta una, sus síntomas son visibles y pueden ser diagnosticados. En relación a esta idea, René
Thom agrega dos puntos interesantes; el primero es que las manifestaciones morfológicas de una crisis
pueden no ser siempre notorias y que pueden o muy bien, no manifestarse. Por lo que explica que en
ese caso esas crisis sin síntomas son particularmente peligrosas y que, también, pueden dar lugar a un
evento catastrófico sin aviso alguno.2
James A. Robinson ha sostenido que: "No hay teoría de crisis."3 Sin embargo, es Alex Mintz4
quien sugiera que la mejor explicación de las crisis surge de una amalgama de teorías, incluyendo la
del actor racional, la cibernética, la cognitiva y entre otras..." Aún más, creemos que su explicación
morfológica se puede encontrar en la teoría de los irreversible phenomena establecida por los nuevos
avances en termodinámica. En el marco de estas teorías, desarrolladas entre otros por Ilya Prigigine, 5
que sostienen que la inestabilidad es algo característico en los sistemas físico-químicos en los cuales

1
Morin, Edgar. Para una crisiología. Buenos Aires: Megápolis , 1979.
2
Thom, René. Crisis y catástrofe. Buenos Aires: Megápolis, 1979.
3
James Robinsom. “An Appraisal of concepts and Theories” in Hermann, International Crises, p. 27 qtd in
Dougherty, and Pfaltzgraff Jr, Robert. Contending Theories of International Relations. 5th ed. New York: Longman,
2001, p. 585.
4
Alex Mintz. “Foreign Policy Decision-Making: Bridging the Gap Between the Cognitive Psychology and National
Actors Models”, p. 5 qtd in Dougherty, and Pfaltzgraff Jr, Robert. Op. Cit., p. 599.
5
Ilya Prigogine es un científico rusos, nacionalizado belga, quien ganara el Premio Nobel de Química en 1977. Sus
estudios se centran en la dinámica y en la termodinámica y cómo son fuerzas complementarias de la naturaleza. Luego,
otros investigadores aplicaron sus ideas a campos tan variados como la Economía y la meteorología, entre otras ciencias.
5

tienen lugar los denominados "cambios de fase", tal como le ocurre al agua cuando se acerca a su
punto de hervor, que pone en evidencia su inestabilidad, primero, a nivel microscópico con pequeñas
burbujas que suben a la superficie del líquido; para luego alcanzar un punto crítico, el que a su vez, da
lugar a otros fenómenos macroscópicos mucho más visible y turbulentos. Durante este proceso la
noción de punto crítico es muy importante, porque es la que determina el cambio de fase que
transfigura a todo un sistema dado; en el momento que se cruza una barrera y que determina el estado
final de ese sistema. En el caso del agua, el cambio de fase del estado líquido al gaseoso se materializa
cuando se atraviesa el punto crítico del hervor, generalmente a unos 100º C.
Numerosos han sido los científicos que han incursionado en el sendero abierto por Prigogine para
darle forma a los principios que gobiernan la formación de las estructuras, ya sea en el mundo de los
seres vivos, como en el de las cosas inanimadas. El descubrimiento más destacable es que en cualquier
fenómeno irreversible, en los que se va del caos al orden o viceversa, hay factores que parecen dirigir
el proceso y a los que se denomina parámetros. De alguna forma en estos procesos las situaciones
críticas se forman en torno a un punto crítico preciso que determina a partir de cuando todo el sistema
en cuestión se ve perturbado. Otro aspecto interesante es el rol vital que juega la información en el
desarrollo de estos procesos, un aspecto que por su importancia trataremos en detalle, más adelante.
Más allá de los progresos hechos por la termodinámica concordamos con René Thom que: "... es
en el discreto, fluctuante carácter de sus manifestaciones externas que la definición de una crisis no
puede encontrarse solo en el nivel morfológico."6 Thom agrega que las crisis deben ser definidas por
su carácter subjetivo.

Su carácter subjetivo

Los descubrimientos científicos a los que venimos haciendo referencia muestran que las crisis
ocurren solo en los organismos complejos, en los cuales un orden interior las pueda percibir; por el
contrario, los sistemas simples pueden sufrir fallas pero no crisis. Tampoco un evento catastrófico
puede ser una crisis; ya que es siempre necesario que el sujeto que sufre una crisis tenga tiempo para
percibirla. Esto es particularmente evidente en las patologías médicas agudas, las que para
transformarse en una crisis es necesario que se materialice una amenaza para la integridad o la
6
Ibídem.
6

supervivencia del individuo, quien -al mismo tiempo- tiene que tomar conciencia de este hecho.
Igualmente, se puede, incluso, afirmar que la percepción aunque sea errada de una amenaza puede
desatar un crisis en el individuo que la percibe como tal. En pocas palabras: toda crisis tiene un notorio
componente subjetivo y que solo puede ser percibido por un ser dotado de cierto nivel de inteligencia y
voluntad.

Su carácter orgánico

Hemos afirmado que las crisis son propias de los organismos complejos, con un cierto nivel de
conciencia que les permita anoticiarse de que están sufriendo un desorden interior que puede amenazar
su integridad. Pero, antes de explorar esta idea, debemos analizar la noción de orden, como el estado
previo o posterior a una crisis. Hoy sabemos que todo orden implica una cierta complejidad. Para
comenzar, definimos al orden como una relación de una multitud de cosas diversas relacionadas con
respecto a un principio ordenador. Ello que implica que en toda relación ordenada habrá presentes
principios que servirán como criterios ordenadores. Por ejemplo, en una lista de nombres, este
principio puede ser el alfabético.
Mariano Artigas, un filósofo dedicado a la epistemología realista, afirma que en todo orden
conviven los siguientes elementos: un sistema de componentes que se comporta como un todo; una
estructura interna, una forma o patrón que configura a esa estructura y una acción organizadora
que gobierna a todo el resto.7
Ya hemos dicho que un sistema está organizado cuando esta ordenado en relación a algo. Por
ello, si asimilamos esta idea al concepto de información arribaremos a algunas conclusiones
interesantes. Una de ellas es que los conceptos de orden, organización e información no siempre tienen
una relación simétrica; ya que a un mayor orden, no necesariamente se corresponde con una mejor
organización ni con una mayor información. Por ejemplo, un copo de nieve aparece a la visita como
algo muy organizado, mientras que una cadena de ADN puede verse como algo muy desordenado;
pero sabemos que la cantidad de información contenida en el segundo de ellos es mucho mayor que en
el primero. De ello se puede deducir que la información y la organización están directamente

7
Artigas, Mariano. El Hombre a la Luz de la Ciencia. Madrid: Libros MC, 1992, p. 80.
7

relacionados, de tal manera que cuanto mayor es una organización, mayor es su necesidad de
información.
En el marco de estas relaciones, las crisis se alzan a partir de los disturbios en un sistema que es
incapaz de regular la operación de su organización y que termina paralizado; ya sea por el ineficiente
funcionamiento de su estructura o por la incapacidad de sus acciones organizadores. Una vez que una
crisis se inicia, su estructura va tomando las formas de la parálisis y de la rigidez asociadas a dos
amenazas: por un lado, la de la desintegración de su organización compleja y el retorno a formas más
sencillas de organización; y por otro lado, a una morbidez cadavérica que bloquea al sistema para
regularse a sí mismo desde su propio interior. Para enfrentarse a estos peligros las organizaciones
cuentan con mecanismos automáticos. Entre ellos, encontramos el denominado feedback en sus dos
formas básicas: la negativa, que trata de revertir todo proceso que conduzca a un punto crítico, tratando
de volver al sistema a su status previo a la crisis; y uno positivo que impulsa a las perturbaciones a
expandirse, de tal modo que predominen y produzcan un cambio de fase.

El rol de la información

Si vemos que complejidad, crisis y nivel de información marchan paralelos, comprenderemos el


rol vital que juega la información en toda crisis. Estudios sobre los fenómenos irreversibles muestran
que los organismos complejos están destinados a perecer (principio de la entropía), a menos que sean
capaces de auto-organizarse y defenderse. Es imperioso que el organismo funcione en forma
organizada y que pueda asimilar toda la información disponible. Parte de esta información le será
provista por su propia estructura interna y otra provendrá del exterior en forma de estímulos, tanto
positivos como negativos, del ambiente.
Pese al hecho que no es simple definir lo que es información, la misma varía de un autor a otro,
pero generalmente se admite que cualquier información posee dos elementos: uno físico conformados
por un emisor y un receptor y una estructura virtual que hace posible el intercambio de información y
un mensaje, el que es capaz de producir un cambio en las percepciones. Sin excepción se demanda, que
tanto el emisor como el receptor tengan un sistema común de interpretación que haga posible la
comprensión del mensaje.
8

Las crisis se producen por cierta incapacidad en los procesos de información, ya sean éstos,
internos o externos al producirse anomalías en la estructura interna o en la relación del organismo con
su entorno. En ocasiones, se produce una sobrecarga en el sistema que es incapaz de sobreponerse al
problema en la forma en que lo hacía cuando estaba ordenado. Otra causa de crisis son las situaciones
de indecisión en las cuales el organismo es incapaz de optar por alguna acción concreta y queda
paralizado por la indecisión. En ambos casos la velocidad para el procesamiento de la información es
vital a los efectos de que el organismo pueda adaptarse y manejar o evitar la crisis.
Aún ante la existencia de varias formas posible para obtener, procesar y distribuir información,
parece ser común el hecho de que un código de interpretación favorece que todo se haga en forma más
veloz. Dichos códigos deben ser compartidos por cada una de las partes de la estructura interna y
deben estar internalizados de tal forma que ellas puedan actuar coordinadamente, aún sin un control
centralizado.

Las crisis en las organizaciones humanas

Al margen de que las crisis afectan a todas las organizaciones humanas, desde grupos sociales
extendidos hasta familias; el objeto del presente trabajo es enfocarse en una organización humana en
particular: el Estado y sus fuerzas militares. De hecho, la mayoría de los teóricos realistas, neorealistas
y realistas neoclásicos sostienen que el sistema internacional es uno de tipo anárquico y que por sobre
los Estados soberanos no hay ninguna autoridad pre-existente.8 Sin embargo, sin que ello implique
negar la validez de la afirmación anterior, es hoy una realidad la existencia de otros actores que
interactúan en la arena internacional. Nos referimos, concretamente, por un lado a los organismo
internacionales; y por el otro, a los denominados actores no-estatales. Creemos en el Estado como la
forma preeminente, por lo menos por ahora; pero, también, reconocemos la existencia de los
organismos internacionales y ciertos actores no-estatales, sobre las cuales se conforman las estructuras
del sistema y que como tales ejecutan las acciones organizativas según ciertos patrones.
Siguiendo las características de orden establecidas por Mariano Artigas en los organismos
complejos, podemos decir que ellas se aplican -en forma análoga- a los agentes mencionados, de la
siguiente manera:
8
Dougherty, and Pfaltzgraff Jr, Robert. Op. cit., p. 140.
9

1. Un sistema: muchos autores han usado la teoría general de sistemas para proveer de una
base de análisis para las relaciones internacionales; uno de ellos, Morton A. Kaplan, ha
sugerido que un sistema puede ser definido como: "... un set de variables relacionadas,
en contradicción con su ambiente, en el cual la descripción de sus regulaciones en el
comportamiento se caracteriza por las relaciones internas de sus variables entre sí y por
las relaciones externas de cada una de las variables individuales con la combinación de
las variables externas."9 Un sistema puede ser tanto nacional o internacional; ya que
ambos son sistemas políticos con una estructura y con funciones determinadas.
También, un sistema puede ser descripto a través de sus estados sucesivos. Puede estar
pobremente organizado, estar en estado estable o inestable. Los sistema más pequeños o
subsistemas pueden existir dentro de sistemas más grandes. Vemos, entonces, que cada
sistema tiene sus fronteras que lo distinguen de un ambiente determinado.10
2. Una estructura: El concepto de estructura se entiende como el marco dentro del cual los
actores se relacionan unos con otros. La distribución de poder dentro de un sistema
particular y las relaciones entre ellos es lo que determina la estructura. La polaridad de la
estructura se refiere a la cantidad de agentes que actúan dentro del sistema, por ejemplo,
los sistemas con dos agentes son denominados bipolares y con varios como multi-
polares. Por lo general, en el marco de las relaciones internacionales, se acepta que los
primeros son más estables que los segundos.11
3. Una forma: Se entiende por forma al patrón que da forma y significado a los medios
contenidos en la estructura para el logro de un objetivo específico. George Modelski
especificó que en los sistemas internacionales existen formas de acción y de interacción
entre las diferentes colectividades y entre los individuos que actúan en su nombre. 12 Aún
más, algunos estudiosos han intentado determinar las formas en un modo preciso a los
efectos de entender mejor a las diferentes sistemas de relaciones internacionales. 13

9
Morton A. Kaplan, “System and Process in International Politics”. New York: Wiley, 1962, p. 4 qtd in Dougherty,
and Pfaltzgraff Jr, Robert. Op. cit., p. 118.
10
Dougherty, and Pfaltzgraff Jr, Robert. Op. cit., p.108.
11
Dougherty, and Pfaltzgraff Jr, Robert. Op. cit. ,p. 121.
12
George Modelski “Agraria and Industria: Two Models of the International System”. Princenton, NJ: Princenton
University Press, 1961, pp. 121-122 qtd in Dougherty, and Pfaltzgraff Jr, Robert. Op. cit.,p. 121.
13
Ibidem, p. 118.
10

4. Una acción organizativa: Los actores son considerados capaces de emplear los
recursos necesarios y de tomar las decisiones adecuadas en forma independiente a las de
otros actores. Específicamente, Margaret y Charles Herman llaman a este fenómeno
como: "unidades legítimas de decisión". Bien pueden ser éstas un dictador, como Stalin
o un grupo como el Consejo de Seguridad de la ONU o una multitud de actores
autónomos como podrían ser varios carteles de la droga. 14
Sin entrar en contradicción con las explicaciones sobre el carácter orgánico de las crisis, tenemos
que realizar algunas aclaraciones en relación a las organizaciones humanas. Más allá de cualquier
generalización que pudiéramos hacer sobre las crisis en organizaciones humanas, tenemos que
reconocer su inherente complejidad y, lo que es más importante, que sus acciones organizativas están a
cargo, ya sea de un individuo o de un grupo de ellos, entes dotados de inteligencia y voluntad. A lo que
puede agregarse, que habrá siempre circunstancias aleatorias o , si se prefiere, probabilidades que
podrán tener una influencia determinante en los procesos de crisis.

Las organizaciones militares y las crisis

La mayoría de las fuerzas armadas del mundo están entrenadas en forma similar y equipadas para
enfrentar las situaciones límite que plantean los conflictos armados. Por esa razón, desde Napoleón, el
estilo occidental de hacer la guerra, luego sistematizado y teorizado por Carl von Clausewitz se ha
impuesto como el modelo a seguir. El mismo se basa en algunas cuestiones básicas; a saber, una clara
distinción entre el Estado que declara la guerra, las fuerzas armadas que las libran y el pueblo que
debe permanecer al margen de todo. También, impuso la idea de la necesidad de imponerle la propia
voluntad al enemigo mediante su destrucción física, preferentemente, mediante una batalla que tenía
que ser decisiva. Sin embargo, hoy en día, los conflictos modernos; a partir de la introducción de las
armas atómicas y de otros factores que van más allá de la destrucción física, incursionando en lo

14
Margaret Hermann and Charles Hermann, “Who Makes Foreign Policy Decisions and How: An Empirical
Inquiry”, International Studies Quarterly, 33 (Dec. 1989, 361-387 qtd in Dougherty, and Pfaltzgraff Jr, Robert.
Op.cit.,p.558.
11

psicológico y aún en lo moral, se han diversificado. Han mutado a formas nuevas, pero que en realidad
no son más que una reedición de viejas prácticas pre-existentes a la existencia del Estado moderno. 15
En esa línea de razonamiento, lo más probable es que los escenarios de los próximos conflictos no
solo requieran que los miliares libraren conflictos armados abiertos contra otra fuerza enemiga similar
a ellas y de origen, también, estatal. Es más, lo más probable, es que tengan que empeñarse en lo que
otros autores hemos denominado como "operaciones diferentes a la guerra"16; entre las que se
encuentran las operaciones de paz, las de ayuda y asistencia humanitaria, las de mitigación ante
desastres naturales y emergencias; así como operaciones de seguridad interior contra actores no-
estatales como el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado.
Como lo sostiene el reconocido experto inglés en temas militares, Michael Howard: “Es muy
posible que la guerra en un sentido de conflicto mayor organizado entre dos sociedades altamente
desarrolladas no vuelva ocurrir más..."" Sin embargo, la violencia continuará irrumpiendo en el seno
de las sociedades en desarrollo como en el de las subdesarrolladas, creando situaciones de conflictos
armados localizados, muchas veces en forma indistinguible de las formas tradicionales de hacer la
guerra."17
Históricamente, podemos afirmar que hay una gran similitud entre las situaciones que enfrentaron
Roma y el Imperio Británico durante sus respectivas eras, la Antonina y la Victoriana, con las actuales.
Al igual que en aquellos tiempos, en lugar de concentrarse, tanto los romanos como los británicos en
forzar al enemigo a librar una batalla decisiva; despliega estrategias destinadas a proteger a sus
respectivas sociedades contra una variedad de amenazas que va desde las rebeliones internas hasta las
invasiones externas formales. Para ello, estos imperios establecieron, primero, un sistema defensivo de
sus fronteras, mientras que, a la vez, mantuvieron fuerzas expedicionarias potentes en reserva y que les
permitieran actuar ofensivamente en el lugar de su elección. Tampoco, desdeñaron otros instrumentos
útiles a las relaciones internacionales, como la diplomacia en todas sus variantes, el uso de espías o
cualquier otro medio que les permitiera solucionar los conflictos que enfrentaban bajo un formato no
militar. Precisamente, por entendieron el alto costo interno que una solución militar les acarreaba.

15
Al respecto ver: "La Transformación de la Guerra" de Martin van Creveld. Trad. Carlos Pissolito, Buenos Aires
2007.
16
Al respecto ver: "Las FFAA en Otras Operaciones Diferentes a la Guerra." Carlos Pissolito, Ed. Dunken 2014.
17
Howard Michael. "Lessons of History". Ed. Yale University Press, 1992, p. 176.
12

En el pasado, los planes operacionales eran de carácter fijos, mayormente inmutables y estaban
destinados a enfrentar a una sola situación dada; para lo cual los estados mayores y las fuerzas se
preparaban durante años. Por el contrario, en la actualidad sabemos que todo plan debe contener la
mayor cantidad posibles de variantes para poder enfrentar un gran número de alternativas. Ya que las
fuerzas propias, muchas veces deberán desplegar en terrenos poco conocido e interactuar con múltiples
actores, la mayoría de ellos de carácter no-estatal, sean estos buenos como ciertas ONGs o
decididamente malos, como el narcotráfico. Es más, en la mayoría de las veces, dichos actores se
encontrarán ya presentes y desde mucho tiempo atrás en esos lugares de despliegue. Por lo que será
muy difícil disponer de una preparación de una organización completa para enfrentarlos o simplemente
lidiar con ellos. Tampoco habrá bases o apoyos adecuados desplegados y en algunos lugares, ni
siquiera una infraestructura civil local disponible a la cual poder, eventualmente, recurrir.
A la luz de estos cambios, las operaciones militares ya no admiten ser consideradas como un grupo
de fenómenos en equilibrio, donde un riguroso planeamiento puede anticipar cualquier contingencia
posible. En nuestros días, un comandante militar debe admitir que muchas veces se verá rodeado por
realidades muy distintas a las de un conflicto armado abierto. En el cual, y más allá de sus lógicas
dificultades, no tendrá a su frente a un enemigo claramente definido y respecto del cual, tampoco,
dispondrá de claras reglas de empeñamiento. Por ello solo una persona educada y entrenada en ciertos
hábitos operacionales basados en un concepción realista de la realidad podrá tener éxito frente a esta
compleja gama de situaciones y podrá reconocer las diferencias entre lo que puede y debe ser
planificado de lo que debe ser dejado a su juicio profesional y al de sus subordinados.

LOS PROCESOS DE TOMA DE DECISIONES

El problema de los métodos

Cuando se trata de resolver las cuestiones que plantea la resolución de problemas operativos es
necesario hacer algunas precisiones previas. Para empezar, hay que seleccionar al método intelectual
que sea más apropiado para su resolución. Para ello, empezamos diciendo, desde el punto de vista
metodológico, que disponemos de los conocidos mecanismos, los del análisis y los de la síntesis.
13

Conceptos tan conocidos como mal manejados; por lo que sea hace necesaria su explicación. O al
menos, fijar nuestro punto de vista al respecto.
En primer lugar debemos decir que ambas palabras derivan del griego, mientras que análisis y
significa "resolución" y síntesis, "composición." El análisis parte de aquello que es más cercano y
obvio, aunque oscuro y asciende desde lo que está menos relacionado con nuestros sentidos, pero es
más accesible por nuestra inteligencia. Por su parte, la síntesis procede en forma simétricamente
inversa.
Tanto el análisis como la síntesis pueden seguir las siguientes formas: 1ro La Holística, que es
ascender o descender de todo hacia sus partes constitutivas; 2do La Etiológica: que es el ascenso o el
descenso de los efectos a las causas y 3. La Teleológica, la que implica esas acciones de los medios a
los fines y viceversa.
Vamos a algunas distinciones fundamentales. Mientras, por ejemplo, el análisis teleológico parte
de un fin como un motivo o el impulso para un proyecto determinado, procede a buscar los medios
necesarios para alcanzar ese fin; por su parte el análisis etiológico lo hace desde algo denominado
cercano y fáctico conocido como el efecto hacia algo más recóndito que lo ha precedido en tiempo y en
naturaleza y que se conoce como la causa.
Pese a las similitudes que presenta la explicación precedente no debemos confundirnos con las
consecuencias intelectuales que implica seguir una forma u otra de síntesis o de análisis. Es
especialmente importante para nuestro trabajo que profundicemos en las cuestiones que diferencian al
procedimiento teleológico (fines y medios) de uno etiológico (efectos y causas). Una de las más
importantes y fundamentales consiste en reconocer que un efecto y un fin no son conceptos
asimilables. Esto es así porque un fin no es una causa ni tampoco un efecto. Como tal un fin debe ser
entendido como la causa final en el logro de un proyecto determinado. En consonancia, mientras que el
análisis etiológico se refiere a una causa como a un simple agente, algo que precede a un efecto
determinado. Por el contrario, una causa final no es un agente, sino una representación de algo que aún
no existe; pero que es la guía y la inspiración para obtener determinados efectos en un futuro, más o
menos cercano. Otra diferencia importante se deriva del hecho de considerar que la causa final, lo que
en realidad busca, no es algo distinto como sería el caso un simple efecto buscando una causa; sino la
realización de algo que es igual a ella misma. Por ejemplo, un proyecto se realiza cuando los medios
14

logran obtener lo que uncialmente fue considerado como su causa final. Lo que da pie a la afirmación
que en el campo teleológico, lo que es primero en la intención es lo postrero en la ejecución.
Entre los fines y la realización de un proyecto o la solución de un problema determinado están
los medios. Su adecuada selección es propiedad del análisis teleológico, el que adquiere la
denominación específica de deliberación. Mediante ella una serie de medios son estudiados en función
de sus capacidades y limitaciones para obtener un fin determinado. Comienza con la contemplación de
ese fin; continúa con el estudio de los medios que están disponibles y concluye con la selección de los
más aptos para obtener ese fin

El problema de las ciencias

Habiendo descripto los métodos que pueden ser usados en la resolución de problemas
operativos, debemos circunscribirnos, ahora, a las crisis que pudieran llegar a demandar el uso del
poder militar, para determinar que ciencia se relaciona con este tema. Es importante porque existen
diferentes categorías de ciencias, las que demandan, en función de su objeto de estudio, diferentes
metodologías. En función de ello, empezamos por señalar que la Estrategia es la ciencia propia que
debe englobar a las metodologías destinadas a la solución de problemas operativos producidos por la
ocurrencia de crisis con probabilidad de empleo de medios militares.
Sin embargo, desde una concepción realista es complicado atribuirle a la ciencia estratégica un
simple método para su funcionamiento. Ya que ella enfrenta dos demandas intelectuales bien distintas;
por un lado, debe adquirir conocimientos doctrinarios; y por el otro, debe encontrar soluciones para
problemas operativos concretos, como pueden ser los que presenta una crisis.
Llegado a este punto es necesario apelar a la epistemología para que ella nos aclare algo
relacionado con el objeto y los métodos empleados por las ciencias.18 Hay que empezar por reconocer
que existen varios tipos de ciencia y que cada una de ellas exige un método particular, descartando -a
priori- que pueda existir un único método que pudiera servirlas a todas por igual. La primera y básica
distinción que tenemos que hacer, es entre ciencias teóricas y ciencias prácticas. En forma simple,
podemos intentar los siguientes aspectos básicos: su objeto, su finalidad, el método empleado

18
Tomamos la definición de ciencia contenida en su Filosofía del saber de L. Palacios, en su página 196.
15

(analítico o sintético) y el rol jugado por la voluntad. Ello nos lleva a dos grandes divisiones de las
ciencias; a saber:

1. Las ciencias teóricas: objeto teórico, finalidad especulativa, método analítico y casi
nula influencia de la voluntad. Un ejemplo de este tipo de ciencias es la Astronomía.
2. Las ciencias prácticas: Objeto operable, finalidad práctica, método sintético y gran
preponderancia de la voluntad que luego de deliberar sobre el mejor medio para lograr
el fin propuesto, decide y acciona. El mejor ejemplo de este tipo de ciencias es la
Política.

Ya hemos dicho que la Estrategia como ciencia presenta una dualidad a la hora de ser
clasificada como ciencia. Ya que para acumular conocimientos la Estrategia, se ubica en el campo de
las ciencias teóricas y se sirve de las formas propias del método histórico, con el objetivo de extraer
enseñanzas de los eventos pasados para elaborar su doctrina. Pero, para resolver los problemas
operacionales y ya que los mismos están indisolublemente asociados a la capacidad de resolución de
un comandante militar, se la debe catalogar como una ciencia práctica; pues estos hábitos deben estar
internalizados en la voluntad de ese comandante. Dada la importancia de esta aspecto le dedicaremos,
más adelante, una mayor atención.
Conviene, ahora, hacer una pequeña discreción relacionada con el rol del planeamiento, en
cualquiera de sus versiones, y la falsa creencia de que el mismo se trata una metodología única que
permite resolver todo tipo de problema operativo, incluidos los particulares que presentan una
situación de crisis.
No es extraño que en el marco de determinadas subculturas militares la resolución de crisis
esté asociada al simple uso de un método de planeamiento. Sin siquiera importar que no se trate de uno
diseñado específicamente para enfrentar crisis. Sin duda alguna que tal actitud constituye un exceso
metodológico, ya que se emplea un método que es de nivel táctico y diseñado para resolver los
problemas operativos propios de un conflicto armado para resolver situaciones que son o, al menos
pueden serlo potencialmente, de nivel estratégico y en los que el conflicto, no solo que no es su
exclusivo desenlace; sino que, además, en muchos casos es lo que, precisamente, debe ser evitado.
16

Para aclarar, aun más la cuestión, es necesario precisar aquello, que por su propia naturaleza,
puede ser planificado de lo que no puede serlo. Por lo general, lo primero, se encuentra relacionado
con los eventos naturales; mientras que lo segundo, lo está con una voluntad libre o de otros factores
vinculados con el azar.
Estrictamente hablando, solo debería ser planificado aquello que es de naturaleza necesaria y
cuyo prognosis es bien conocida, por ejemplo, el cálculo de consumo de combustible de una columna
de vehículos; y no debería serlo aquello de naturaleza contingente, como sería el caso de un detallado
plan para enfrentar crisis consideradas en forma genérica. Por otro lado, tampoco ninguna técnica de
planeamiento es posible determinar objetivos; ya que todos los métodos de planeamiento táctico están
diseñadas para funcionar a partir de un objetivo impuesto por un nivel superior de conducción.19
En conclusión, la estrategia se vale de un método analítico-descriptivo como el histórico, basado
en verdades lógicas y empíricas, para elaborar su doctrina de empleo. Y para la resolución de
problemas operativos usa ese mismo método para la formación profesional de sus comandantes; pero,
a su vez, se ve en la necesidad de que ellos adquieran ciertos hábitos que les permitan conformar un
juicio profesional que les posibilite resolver situaciones únicas e irrepetibles, no contenidas
explícitamente en la doctrina, pero que pueden ser iluminados por ella.
Otro aspecto importante a tener en cuenta respecto de la Estrategia es que la misma se encuentra
subordinada a la ciencia práctica de la Política. Ello se fundamenta en que si bien la primera de ellas
tiene por objeto el mejor uso de los recursos militares para proteger los supremos intereses nacionales;
la segunda es la responsable de fijar esos intereses y especificar los objetivos a lograr; así como las
limitaciones impuestas a para su logro.20

El problema con las crisis

19
Según Karl Popper no hay un método científico que permita seleccionar entre dos objetivos. Por esta razón, es
imposible planificar sin tener un objetivo impuesto. Al respecto ver: Popper, Karl. “Utopia and violence”. The Hibbert
Journal 1947/48, p. 46).
20
La estrategia militar se subordina a la Política desde el punto de vista clásico establecido por Aristóteles hace
siglos. Para el filósofo griego, en el capítulo VII de su obra "Política" establece que si las fuerzas militares de la ciudad no
se encuentran sólidamente unidas al gobierno de la misma se constituyen en una amenaza para el orden. Por ello la ley que
rige en la ciudad debe establecer un balance armónico entre los soldados y sus mandantes políticos.
17

Sin duda alguna, la Estrategia es la ciencia que tiene a su cargo la resolución de los problemas
operacionales y la generación de doctrina relacionada con las crisis en las cuales los medios militares
puedan ser llegar a ser empleados. A la par de que las organizaciones militares han sido diseñadas,
originariamente, para participar en conflictos armados abiertos. No es menos cierto, que en numerosas
circunstancias los Estados apelan a ella para enfrentar o mitigar crisis. Por ello, se impone realizar una
comparación entre los conceptos de conflicto y crisis.
El primer factor que surge es el del tiempo, mientras que un conflicto las situaciones, por lo
general, se desarrollan en lapsos mayores que los de las crisis. Ya sea, en los tiempos previos a la
ocurrencia de cada uno de ellos, también, en la duración de su desarrollo. Este aspecto fortalece
nuestra tesis original respecto de que solo un comandante formado en los hábitos necesarios será capaz
de enfrentar, tanto la preparación para una crisis como su desarrollo; ya que las posibilidades de un
riguroso planeamiento serán más bajas en una crisis que en un conflicto, dado el menor tiempo
disponible para hacerlo.
Otro problema surge cuando se considera el empleo de medios militares. Mientras en un
conflicto se descarta que se desplegarán grandes medios por lapsos más o menos prolongados y, lo que
es más importante, con reglas de empeñamiento que les permitan un alto grado de libertad para el uso
de la fuerza. Por el contrario, en una crisis se buscará, en la mayoría de los casos, reducir al mínimo el
empleo de los medios militares. Los que, por lo general, serán usados en forma disuasoria. Y en caso
de ser efectivamente empleados, dispondrán de reglas de empeñamiento mucho más restrictivas en lo
relacionado al uso de la fuerza.
El no tener en cuenta estas diferencias ha llevado a que tradicionalmente las fuerzas militares se
preparen, exclusivamente, para el supuesto de su empleo bajo el formato de los conflictos abiertos.
Bajo el falso paradigma del que puede lo más (el conflicto) puede lo menos (las crisis). Por otro lado,
esta tendencia se ha visto reforzada por el uso exclusivo de métodos de planeamiento diseñados para
enfrentar con una acumulación de previsiones todas las alternativas. Se ha sumado a ello un paradigma
complementario del anterior, aquel que sostiene que quien se prepara para lo peor está mejor preparado
para enfrentar al resto de las alternativas. En la práctica, la combinación de ambos paradigmas
conducido a una estrategia destinada a lograr una superioridad total basada en una constante
acumulación de medios, con los que puedan enfrentarse no solo todas la variables más probables, aún
todas las posibles y también, las más peligrosas entre ellas.
18

Por otro lado, no es menos cierto que la creciente ocurrencia de crisis viene generando un cambio
de paradigmas en el diseño y en la educación de las fuerzas militares. Algunas de ellas lo han
comprendido y buscan adaptarse a los nuevos escenarios.

LOS HÁBITOS OPERACIONALES

El conocimiento de la realidad y logro de un fin

Los grandes pensadores clásicos siempre argumentaron que el ser está antes que la verdad y que
la verdad está antes que el bien; lo que puede ser traducido en términos militares, diciendo que los
problemas operacionales están antes que su conocimiento y que éste viene antes que la toma concreta
de una decisión. Como lo sostiene el filósofo Josef Pieper: "Solo aquellos que conocen cómo son las
cosas pueden considerarse calificados para actuar correctamente."21 Agregamos que el término
"conocimiento" no tiene para nosotros un connotación relacionada con las ciencias duras; sino a la
simple conformidad de nuestro conocimiento con una realidad externa.
En la misma dirección del párrafo anterior, decimos, en relación a la ciencia estratégica, que un
objetivo de ese nivel puede ser obtenido de múltiples formas y empleando múltiples procedimientos.
Más específicamente, durante las crisis, adquiere un valor muy especial el conocer rápidamente sus
características concretas, dado su carácter casi único. Ya hemos dicho que ante ello, la apelación a
principios de valor universal es relativo; mientras que en el otro extremo, el confiar solo en las dotes
resolutivas de un comandante es insuficiente. Ergo, se impone, no una metodología, sino una
pedagogía que aúne las ventajas de ambas posturas extremas, a la par de que reúna sus respectivas
ventajas.
En función de lo anterior, las decisiones del comandante constituirán siempre el núcleo de la
solución de los problemas operativos que plantean las crisis. Pero, la solución de los mismos deberán
estar encuadradas en el marco virtuoso de los hábitos operativos, sin los cuales, ello no sería nada más
que una expresión más del extremo oportunista. Pues, como sostiene el refrán solo puede improvisar
quien está bien preparado.

21
Pieper, Joseph. Prudencia y templanza. Trans. Carlos Melches. Madrid: Rialp, 1969, p. 51.
19

Los hábitos operacionales

Los hábitos operacionales son una serie de disposiciones internas que predisponen a una persona
a actuar en consonancia con la verdad, lo bueno y lo bello. Mediante el ajuste de la inteligencia propia
con la realidad y con el concepto de bien, entendido este último como la recta intención de una persona
por actuar bien. Como tales, estos hábitos modifican la inteligencia y la voluntad de la persona que los
adquiere. Con la inteligencia como su capacidad de entendimiento y con la voluntad como la de
decidir.
Como sabemos hay dos grandes grupos de ciencias: las teóricas y las prácticas. En función de
ello, también se puede hablar de una inteligencia teórica y de otra práctica. Concretamente, los hábitos
operativos se identifican plenamente con la segunda de ellas, dado que al ser su materia prima las
decisiones que una persona toma, su sede no puede ser otra que la volitad de la persona que debe tomar
dichas decisiones. Si bien esta persona se basará para hacerlo en su experiencia y en su conocimiento
de las circunstancias concretas que rodean a su decisión, se tratará siempre de una apuesta al futuro.
Vale decir de algo que aún no existe y que no puede ser conocido. Todo ello, no lleva a concluir que
hay en los hábitos operativos una preponderancia de la voluntad que luego de deliberar sobre el mejor
medio para lograr el fin propuesto, decide y acciona.

Los hábitos operacionales en las crisis

Ya hemos sostenido que los sistemas de decisión para los problemas operativos que plantean las
crisis deben partir desde una concepción realista de la Estrategia, entendida como una ciencia práctica,
caracterizada como la responsable de entender en el empleo de medio militares en el doble marco de
los cognoscitivo (doctrina) y de lo práctico (solución de problemas operativos). Dicha concepción nos
ha llevado a postular, no ya una simple metodología, sino una pedagogía destinada a formar en los
comandantes un set ed. hábitos operativos. Vemos cuáles son.
En primer lugar debemos dejar claro que el objetivo de una concepción realista de la Estrategia es
algo complejo, que en la práctica, es muy probable que quede confinado a unos pocos expertos; vale
decir a aquellos que dominen estos hábitos desde una doble perspectiva: la del conocimiento teórico y
20

la de voluntad. Ya que ellos tendrán la tarea de aplicar los principios universales deducidos por la
doctrina a las circunstancias que rodean al hecho concreto.
Consecuentemente, no es posible establecer una receta al respecto. Lo único posible es una
descripción de los hábitos operacionales necesarios. Estos se componen de tres acciones básicas; a
saber:
1. Evaluar: mediante ella se buscan los medios adecuados para obtener el objetivo propuesto.
2. Resolver: esta acción es la responsable de especificar al medio más idóneo para alcanzar el
objetivo. Como tal, es el núcleo de todo el proceso y el que le da su naturaleza práctica al
hábito.
3. Comandar: es la actividad que asegura que se ejecuten las acciones necesarias que
permitan el empleo del medio seleccionado para obtener el objetivo propuesto.

Hay que remarcar que es la segunda de las acciones, vale decir la de resolver, la que caracteriza
al hábito en cuestión. Ya que la primera de las acciones, la de evaluar, bien puede ser asimilada a
cualquier proceso especulativo de carácter analítico; mientras que la tercera, la de comandar, se la
puede asociar a la organización necesaria para la ejecución de una acción resuelta. Esto es así porque
es la voluntad del comandante la que interviene para poner fin al proceso de evolución. Cabe destacar,
en ese sentido, que las acciones destinadas a la evaluación no tienen una duración determinada, solo
aquella que sea compatible con su propia naturaleza y con el tiempo disponible para realizarla. Por el
contrario, la resolución se caracteriza, siempre, por su realización inmediata, casi fulminante. Ya que
es ella la que debe poner fin a las deliberaciones propias de la evaluación, decidir e iniciar con las
acciones concretas propias del comando. También se asocia a ello una necesidad psicológica de quien
toma las decisiones, cual es que con la decisión el sujeto le pone fin a la denominada "angustia de la
decisión."
Esto último se fundamenta en la distinta naturaleza de los criterios de verdad que cada una de las
acciones emplea. Mientras que la evaluación se guía por una certeza de tipo teórico, la resolución lo
hace por una de tipo moral.22 Lo que implica que la primera pueda alcanzar niveles de certezas

22
El concepto de certeza es uno complejo. Sin embargo, sabemos que se predica en forma análoga; ya que admite
varias acepciones. Como las de certeza teórica y certeza práctica. La primera pertenece al conocimiento especulativo propio
de las ciencias teóricas y la segunda al conocimiento práctico propia de las ciencias prácticas.
21

altamente razonables; ya que se basa en hechos más o menos conocidos y que como tales pertenecen a
situaciones pasadas o presentes. Por el contrario, la segunda es básicamente una apuesta al futuro,
basada solo en la recta intención de quien toma la decisión. En otras palabras la certeza moral es una
que tiene su verificación en un futuro.
Cuando nos referimos a los hábitos operativos, no podemos obviar hacer referencia a su
naturaleza pedagógica. Ya que como tal, conforma un punto medio virtuoso entre dos extremos
viciosos. En este caso, la temeridad, conformada por el exceso y la pusilanimidad por el defecto de sus
acciones que le son propias..
Todos los hábitos, como tales se basan en la recta razón. La que según Santiago Ramírez, es:
"Precisamente la causa de la recta razón, su función es clara y directa. Y no trabaja en una forma
esporádica o temporaria, sino en forma habitual y ex oficio"23 Otro gran autor realista, Josef Pieper, la
define como el conocimiento dirigente (cognitio dirigens) que adquiere la forma de conformarse en la
medida de toda acción concreta.24 Ambos autores concuerdan en que todo hábito tiene sus raíces en
una concepción que asume que la verdad y el bien son dos conceptos interrelacionados, en el sentido
de lo bueno es formalmente bueno y materialmente verdadero; y que lo mismo se le aplica a lo
verdadero respecto de lo bueno.

Conclusiones
“Todas la leyes y normas morales se pueden resumir a una sola: la verdad”.
Goethe, Doctor Faustus

Nuestra intención con estas breves conclusiones no es solo la de formular una síntesis, también,
la de ayudar a aquellos que se propongan poner lo que aquí se dice en práctica.

La relación existente entre el conocimiento y los hábitos operativos

23
Ramírez, Santiago. La Prudencia. Madrid: La Palabra, 1978, p. 112.
24
El descubrimiento de la Realidad. Trans. Carlos Melches. Madrid: La Palabra, 1974, p. 80.
22

Las personas para conocer la realidad que las rodea deben conectarse con ella. Mucho más,
aquellos que desean operar en ella. Ya que el conocimiento debe preceder al obrar y el primero
consiste en la adecuación de nuestra inteligencia respecto a una realidad, que por su propia definición
es extrametal. En ese sentido, hemos advertido la existencia de dos criterios de verdad, la teórica y la
práctica. Hemos argumentado que la primera tiene su origen en el claro orden de la razón; mientras que
la segunda lo tiene en los oscuros meandros de nuestra voluntad. Por otra parte, es siempre la voluntad
de la persona la que determina la intensidad y la dirección de nuestro conocimiento conocimento
teórico. De allí su importancia.
Como consecuencia de lo anterior, la persona, primero, conoce configurándose a sí mismo con
una realidad extramental; y segundo, cuando esa persona opera lo hace para alcanzar un bien; pero solo
después que se ha configurado que se ha configurado con esa realidad.

Los problemas de las crisis

Estamos convencidos sobre la naturaleza casi animal de las crisis, la que se manifiesta en su
comportamiento irracional y azaroso. En relación a esto, podemos decir que ello le viene dado a las
crisis desde dos direcciones: primero, la existencia, al menos, de dos voluntades opuestas en oposición
que operan una contra la otra y la segunda, su relación con eventos fortuitos vinculados con el azar.
Estas características dificultan su conocimiento y, obviamente, su manejo. Ya que dicho conocimiento
no podrá nunca ser alcanzado por un atajo metodológico. Y el planeamiento que se derive de ello, solo
será útil en la medida que se centre en la prevención de crisis cíclicas.
En consecuencia, las respuestas a los problemas operativos que plantean las crisis no puede
quedar reducido a ningún esquema a priori; porque su conocimiento está subordinado a la recta
intención (voluntad) del sujeto cognoscente. Lo que implica que nadie que pretenda operar sobre la
realidad de una crisis, podrá hacerlo si previamente no ha conocido a esa misma realidad. Sin embargo,
este proceso demanda una cierta ascesis del conocer, una que no permita interferencias en la obtención
de ese conocimiento. Como, por ejemplo, sería el caso de un comandante influido por factores
internos, como un excesivo temor. Esta independencia o ascesis es solo posible cuando el sujeto tiene
sobreimpresa como una segunda naturaleza los hábitos operativos; en otras palabras, cuando los ha
adquirido. Ello se logra mediante la repetición de las acciones propias que conforman al hábito.
23

Específicamente para un comandante militar mediante su ejercitación en la resolución de problemas


operativos que plantean las crisis, en el marco de una concepción realista de la Estrategia.

Una propuesta específica

Quien quiera intentar la implementación de los hábitos operacionales que aquí han sido
planteados, deberá adentrarse en la misteriosas modificaciones que sufren las personas durante un
proceso educativo. Lo que nos lleva, inmediatamente, al problema de los modelos educativos. En este
sentido, no habrá mejor solución que un programa educativo que tenga por finalidad la incorporación
de los hábitos operativos. Específicamente, en el nivel intelectual esa educación se deberá definir en
dos planos paralelos del aprendizaje. Por el primero y más inmediato se buscará que el sujeto adquiera
los conocimientos teóricos necesarios derivados de la doctrina. Para ello se apelará al estudio concreto
de ella y de la Historia militar y de las crisis, en particular. Lo segundo, estará orientado a la
adquisición de los hábitos operativos mediante la ejercitaciones de los comandante en la resolución de
problemas concretos. Para ello se podrán usar diversos tipos de ejercidos basados en situaciones
simuladas. Los que podrán ir desde un simple tema táctico a un complejo ejercicio con tropas en el
terreno a partidos contrapuestos.
Pero más allá de todas estas distinciones, la educación se basará más en los términos de cómo
pensar en lugar de qué pensar. De privilegiar el desarrollo de criterios propios antes que en la
asimilación de recetas metodológicas y, principalmente, a dotar al sujeto de un fondo cultural basado
en un conocimiento de otras ciencias, como la Filosofía y la Historia. Ya que al educarlo de esa forma
le permitirá colocar a los problemas concretos en una perspectiva más amplia, proveyéndolo de un
mejor entendimiento de la cultura humana, incrementando, así, las posibilidades intelectuales
necesarias para la resolución de un problema operativo planteado por una crisis.
El historiado griego Polibio escribió: "hay dos fuentes de la experiencia de cuales nos podemos
beneficiar, la primera son las lecciones que nos dejan nuestras propias desgracias y la otra es la que nos
dejan las que les pasan a los otros hombres."25 Nosotros, en consonancia con el viejo aforismo militar
que sostiene que la experiencia propia cuesta cara y llega tarde, decimos que es siempre mejor

25
qtd. in Bagnall, Nigel. The Punic Wars 264-146 BC. London, UK: Osprey, 2002, p. 7.
24

aprender de las desgracias ajenas. De allí el valor que se deduce del estudio de la historia como
magistrae vita. Y como tal es una verdadera fuente de experiencia indirecta para todo comandante.
Finalmente, afirmamos que el centro de gravedad deberá colocarse en el desarrollo de hábitos
operativos, dado que ellos solo pueden ser aprendidos mediante la repetición de los actos que son
propios a la resolución de las crisis. Para ello es necesaria la creación de situaciones educativas que
obliguen a los educandos a resolver problemas similares a los que se encontrarán en la realidad. Es
más, en dichas situaciones se deberá incorporar la incertidumbre y la fricción que son propias de ellas.