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¿Qué es

ser emprendedor?
Guillermo Ramírez

En nuestro casillero de correo, ésta es la pregunta que recibimos casi a


diario. Parece que muchos profesores de administración en su primer día
de clase les ponen a los alumnos esa tarea de investigación y todos
piensan que la respuesta debe estar en Internet, especialmente en un
sitio que se llama así. Es decir, nosotros.

Y qué desilusión... No tenemos la respuesta.

Ni siquiera nosotros mismos nos atrevemos a considerarnos


emprendedores. Nuestra idea del emprendedor es tan distinta de las
que se encuentran en los libros tradicionales que hemos decidido (por
fin) aclararla en un documento y en este curso "Hacer e-mpresa".

Empecemos por aclarar nuestro concepto...

El "verdadero" emprendedor
Podríamos empezar por un test de entrada como en todos los cursos en
los que el profesor lo primero que hace es evaluar los conocimientos de
los alumnos y ver de qué manera debe nivelar el contenido del curso.

La pregunta obligada del test sería “¿Es usted emprendedor?” y se


subdividiría en varias preguntas de selección múltiple que indagarían
desde la tradición familiar hasta sus más íntimos defectos de carácter.

Usted puede encontrar docenas de cuestionarios de este tipo en


Internet, así que no vamos a caer aquí en la tentación de reproducir
ninguno de ellos porque además no queremos que desde el principio
nuestros queridos lectores lleguen a la amarga conclusión de que
realmente no “sirven” para ser emprendedores.

Por eso no tenemos test de entrada. Para no “rajar” a nadie. Porque


sobre todo, estamos convencidos de que muchos de nuestros lectores
ya hace rato que crearon una empresa y no sacamos nada con decirle lo
que debería haber hecho en ese momento.
La otra mitad de los lectores debe estar planeando crear una empresa y
nos daría lástima perderlos desde el principio si no "pasan" la prueba de
ingreso. (De todas maneras, en nuestro curso tenemos un test para
emprendedores)

La pregunta de si el emprendedor “nace o se hace” es trivial y genera


polémicas inútiles. Nosotros pensamos que el emprendedor
generalmente es accidental. Aunque todos cuando somos empleados
cargamos encima el noble deseo de algún día independizarnos y tener la
libertad de manejar nuestro propio negocio, normalmente lo que ocurre
es que nos “independizan” más pronto de lo que pensamos y
terminamos creando nuestros negocios “a las malas”.

Sin embargo, esto no impide que se tome usted un momento de respiro


para tener en cuenta algunas de las consideraciones de este artículo.
Muchas de ellas serán absolutamente en contravía con lo que va a
encontrar en todos los demás “best-sellers” de administración que
buscan crear el empresario ideal y desarrollar la excelencia en la gestión
administrativa. Esas son dos cosas que no va a encontrar usted aquí: ni
un best-seller, ni una serie de dogmas irrefutables. (Bueno, lo de best-
seller... ¡Algún día!)

Es más, no sabemos si lo que va a encontrar, realmente le sea de


utilidad práctica para aplicar en su empresa inmediatamente. Nuestra
intención es simplemente contarle algunas ideas que tenemos sobre el
oficio de ser empresario.

Fíjese que no lo llamamos ni arte ni ciencia. Hacer empresa es una


ocupación artesanal en donde se requiere mezclar la pasión irreflexiva
con la sabiduría cotidiana.

¡Ah, sí! Acerca del título del curso. “Hacer e-mpresa” No se trata de
un manual técnico para crear un negocio basado en las nuevas
tecnologías. Si vamos a ser sinceros, el título tiene mucho que ver con
el mercadeo. Alguien nos dijo que todo lo que se le pone el prefijo e- se
vende como pan caliente en estos días.

Así que perdónenos amigo lector si aquí no encuentra la fórmula mágica


para crear un negocio web o convertir su “business” en un “e-business”.
La verdad es que el guioncito después de la “e” tiene más que ver con la
pequeña vacilación y el tartamudeo que tenemos todos antes de
lanzarnos a crear una e... e-mpresa.

Mito #1
“Ponerle el prefijo “e-” a cualquier
cosa en la empresa la convierte en
una empresa del siglo XXI”

Encontraremos en el ambiente empresarial decenas de términos con la


consabida “e-”. Todos en ingles, naturalmente, porque así suenan mejor
en los cocteles y en los seminarios para ejecutivos, pero al final nos
daremos cuenta muy pronto que no trae nada de novedoso y que toda
la revolución “e-” lo único que ha hecho es generar un nuevo filón de
negocios para consultores y gurús (¿Se dice gurúes?) del ambiente
empresarial.

La lista es larga: e-business, e-commerce, e-


logistics, e-marketing, e-learning, e-procurement, e-
controlling, e-advertising, e-financing, e-shopping,
e-customers, e-contractors, e-suppliers, e-
collaboration, e-trading, e-bartering, e-commuting,
e-ventures, e-money, e-corporations, e-support, e-
government, e-taxes, e-banking, e-stocks, e-mails,
e-books, e-documents, e-billing, e-marketplaces, e-
prospecting, e-consulting, e-distribution, e-sales, e-
tcétera...

A pesar de que tratemos de involucrar la tecnología y la electrónica en


todas las actividades de las empresas, siempre habrá personas a lado y
lado de los computadores y crear empresas será siempre una labor más
humana que técnica. Si las transacciones electrónicas quieren
automatizar los procesos mecánicos de la empresa, al final nunca
reemplazarán la esencia de todo negocio que es la confianza entre
dos humanos: uno que vende y otro que compra.

Pero volvamos a nuestro real e imperfecto emprendedor con su idea fija


de crear una empresa y partamos de la base de que todo negocio hoy
en día tiene la inevitable “e-” por todas partes y que esto es lo menos
importante de todo.

Empecemos por el principio. Todo negocio parte de la unión de tres


personas: el que tiene la idea, el que tiene el dinero y el que tiene... que
trabajar.

Vamos a llamarlos así: el innovador, el inversionista y el


integrador.
Normalmente el innovador tiene ideas pero no dinero, el inversionista
tiene el dinero pero no las ideas y generalmente ninguno de los dos
tiene la capacidad o la necesidad de organizar una empresa que
funcione como debe ser. Aquí es donde entra el integrador, que tiene
que preocuparse por volver realidad la idea del innovador y conservar
los recursos del inversionista.

Muchos estarán en desacuerdo y dirán que el innovador también debería


ser el que organice la operación de su negocio. No necesariamente. Si
algo debe tener en claro un buen empresario es que no las sabe todas.

La mayoría de los fundadores de empresas que después se ven


envueltos en el diario transcurrir de su organización descubren que muy
pronto el entusiasmo de la novedad se ve opacado por el aburrido día a
día de los negocios. El sobregiro, el pago de nómina, los despachos, los
cobros, los cuadres de caja, el presupuesto, los intereses, etc. etc. no
son precisamente los mejores alicientes para alguien cuyo espíritu
siempre está listo para volar otra vez.

Muchos de ellos ven restringida y aprisionada su creatividad por la


rutina de un negocio que ya está para que ande por su propio rumbo y
se sienten frustrados de no tener el tiempo ni los ánimos para continuar
con la innovación.

Mito #2
“El emprendedor debe terminar lo que
comenzó”

El verdadero emprendedor es aquel que germina ideas y las pone a


crecer para después salir a sembrar de nuevo con su creatividad y su
ingenio. Y las mejores ideas son aquellas que después vuelan solas sin
que su inventor tenga que conducirlas toda la vida.

Si el emprendedor normalmente se acaba de escapar de la empresa que


lo tenía aprisionado para independizarse en su propio negocio, lo más
importante es que no termine atrapado en la prisión que él se inventó
para sí mismo.

Por eso, antes de pensar en un negocio hay que establecer cuáles son
las principales características de un buen negocio.

Un buen negocio
En cualquier grupo de estudiantes de administración o de asistentes a
cualquier conferencia o seminario, cuando se hace la pregunta de qué es
un buen negocio, la primera respuesta es que sea rentable. Pero al
poner sobre el tapete qué es rentabilidad, surgen tantas definiciones
como personas haya en la audiencia. Todos tienen una fórmula lista
para presentar a los demás: la rentabilidad de los activos, la de la
inversión, la del patrimonio, la de los productos, la del activo fijo...

Luego surgen otros términos que debería tener un buen negocio:


liquidez, solidez, respaldo, retorno de la inversión, rotación de
inventario, de cartera, de activos...

Mito #3
“Un buen negocio es un negocio
rentable”

Cualquier definición que se limite a dar un veredicto basado en los


informes contables de un negocio, no sólo es limitada y miope sino muy
poco imaginativa. Si voy a fundar una empresa para que las cifras de
una hoja de cálculo sean las máximas jueces de mi obra, prefiero no
empezar.

¡Claro que los números deben ser los adecuados! Eso se da por
descontado. Es obvio que no se crea una empresa para perder dinero.
Pero lo que no es obvio es que el verdadero emprendedor generalmente
tiene muchas otras cosas en mente.

El tema de los números debe ser la preocupación del inversionista. El


emprendedor, ante todo, tiene que buscar que su negocio cumpla estas
tres características para que sea un buen negocio:

1. Debe ser entretenido.

Esto es esencial. Si a usted no le gusta lo que va a hacer, va a


fracasar aunque sea un negocio extremadamente rentable. Si no
resiste embarrarse los zapatos o aplicar una vacuna, no se
dedique a la ganadería. Si no siente un placer supremo dejando
caer los granos de cereal por sus dedos, no siembre. Si el
estruendo de las máquinas no le acelera el pulso, no abra una
fábrica. Si no tiene la voluntad de servicio suficiente para atender
un comprador insistente, no ponga un almacén. Busque algo que a
usted le gusta hacer y vuélvalo un negocio rentable.
2. Debe ser saludable.

Nadie dice que uno tiene que matarse por su negocio. Ni tampoco
que sus empleados lo deban hacer. Las empresas que exigen
“sangre, sudor y lágrimas” a todos sus participantes terminan
desangradas y deshidratadas. Los negocios no se hicieron para
sacrificar a los dueños, ni a sus familias, ni a sus empleados. Si
esto es lo que está ocurriendo en su empresa, algo está
funcionando muy mal. Recuerde que su empresa es el lugar de
vida de mucha gente. Ojalá que sea de buena vida.
3. Debe ser enriquecedor.

En todos los sentidos. Económicamente, espiritualmente,


socialmente. Su negocio debe ser capaz de generar la riqueza
suficiente para que todos los involucrados participen de ella. Pero
no solamente hablamos de dinero, sino también de
enriquecimiento personal. Cada una de las personas que pase por
su empresa debe salir con más de lo que entró. De lo contrario, su
empresa... le quedó mal hecha.

Pero entonces, ¿Qué es una empresa bien hecha?