You are on page 1of 10

La corriente Libertadora del Norte

La Corriente Libertadora del Norte se llama así a la campaña independentista liderada por el criollo
venezolano Simón Bolívar entre 1810 y 1826.

Se inició luchando por la libertad del Virreinato de Nueva Granada (Colombia, Venezuela y Ecuador) y
terminó al conseguir la independencia del Perú y Bolivia.

PARTICIPACIÓN EN EL PERÚ:

En julio de 1822, Bolívar se entrevistó con don José de San Martín en Guayaquil. El resultado fue el retiro de
San Martín del Perú para que su campaña libertadora sea culminada por Bolívar.

Este llegó a Lima en setiembre de 1822 y fue nombrado Dictador del Perú en febrero de 1822. Así, al mando
del Ejército Unido Libertador derrotó a los españoles en la batalla de Junín y su lugarteniente Antonio José
de Sucre los venció en la decisiva batalla de Ayacucho.

APORTES EN EL PERÚ

Simón Bolívar fundó el diario El Peruano y la Universidad de la Libertad de Trujillo. Estableció la bandera en
tres franjas verticales y en el centro el escudo de armas. Además, elaboró la Constitución de 1822 (Vitalicia).

DATO

Bolívar intentó unir a la Gran Colombia, el Perú y Bolivia para convertirlos en la Confederación de los Andes,
pero no pudo vencer la oposición de los nacionalistas.

Corriente libertadoras del sur


El 5 de abril de 1818, San Martín venció a las fuerzas realistas en la batalla de Maipú. Liberó y consiguió
definitivamente la independencia de Chile. Esto debilitó enormemente al virreinato del Perú privándolo de
sus mejores tropas. El objetivo era conseguir la libertad del Perú.

TOMAS ALEXANDER COCHRANE

En 1819, el marino escocés Lord Cochrane fue designado comandante de la flota naval. Su intervención
sembró el optimismo entre los peruanos al realizar dos expediciones en el Callao.

Cochrane penetró el puerto del Callao con 14 botes a remo y capturó a la fragata Esmeralda, el buque
insignia español y el más poderoso en el Pacífico poniendo así fin al dominio marítimo español en la región.

EL PLAN DEL GENERAL SAN MARTÍN

Corriente Libertadora del Sur se denomina así al proceso de independencia de Argentina, Chile y Perú. Fue
liderada por el general José de San Martín.
El primer país en proclamar su independendia fue Argentina, en 1816. Luego ejecutó planes para liberar el
Perú y para ello preparó el ejército de los Andes en Mendoza. El problema más grave fue el dinero.

Argentina financió la expansión hacia Chile y se negó a hacerlo con la del Perú. Solo envió 300 mil pesos en
efectivo y 200 mil en materiales de guerra. El apoyo económico de los chilenos tampoco fue significativo.

LA BATALLA DE CHACABUCO

Don José de San Martín atravesó la Cordillera de los Andes el 12 de enero de 1817 y derrotó a los realistas
en la batalla de Chacabuco con la intención de salvar la monarquía en el virreinato. Y en una segunda
expedición, el general argentino fue derrotado en la batalla Cancha Rayada en 1818.

EL DATO

La estrategia de ingresar por el mar y atacar fue el mayor triunfo del general José de San Martín.

Los símbolos

LA BANDERA
Es el máximo símbolo de la Patria. Identifica al Perú y lo distingue del resto de los demás países. Refleja en
sus colores y pliegues nuestra alma colectiva, por eso se le debe respeto y veneración. La Constitución
señala que los símbolos de la Patria son: la bandera, de tres franjas verticales con los colores rojo, blanco y
rojo, además del Escudo y el Himno nacional.
El 25 de febrero de 1825, un decreto de Bolívar determinó las características de nuestra bandera, que se
mantienen hasta la actualidad. Es la misma que acompaña a nuestros ejércitos en los campos de batalla, con
su color rojo que se ha hecho más intenso con la sangre de miles de héroes que dieron su vida
defendiéndola, para que el Perú sea cada vez más desarrollado y libre.

El ESCUDO
Es el símbolo de la soberanía del Estado peruano. Tiene gran fuerza expresiva y belleza, además es emblema
representativo de nuestro país. Al igual que la bandera, se estableció definitivamente el 25 de febrero de
1825, en ley promulgada por Simón Bolívar. El Escudo nacional está dividido en tres partes: en el costado
superior izquierdo figura la vicuña sobre un fondo azul celeste.

En el lado superior derecho y con fondo blanco está el árbol de la quina; y debajo de las dos anteriores y con
fondo rojo, una cornucopia derramando monedas. Con estas tres figuras se representan las riquezas que
posee el Perú en los tres reinos naturales: animal, vegetal y mineral.

EL HIMNONACIONAL
Emblema y símbolo sonoro de la Patria, es una composición poética y musical que perenniza la gesta
libertaria del Perú (1821). Don José de San Martín convocó a concurso para establecer la letra de lo que sería
el Himno Nacional o Marcha Nacional del Perú.

Entre seis canciones presentadas, fue escogida la de don José de la Torre Ugarte (letra) y don José Bernardo
Alcedo (música). La Ley del 15 de abril de 1822 la reconoció como Himno Nacional del Perú, y consta de seis
estrofas.
Algunos historiadores han afirmado que la letra de nuestro himno ha sufrido cambios, y que lo que se
entona en la actualidad difiere mucho de la letra original escrita por De la Torre Ugarte.

Sin embargo, es indiscutible que este símbolo patrio es una joya histórica, por lo tanto debe conservar la
integridad y el carácter que le imprimieron sus autores y el propio pueblo peruano, recogiendo el mensaje
de los fundadores de la República.

Nuestro Himno Nacional está considerado, junto con la “Marsellesa” (himno francés) uno de los himnos
nacionales más hermosos del mundo.

Letra del Himno Nacional


Letra: José de La Torre Ugarte
Música: José Bernardo Alcedo
Restauración y Armonización de la Música: Claudio Rebagliatti.

ESTROFAS
Largo tiempo el peruano oprimido
la ominosa cadena arrastró;
condenado a una cruel servidumbre
largo tiempo el silencio gimió.
Mas apenas el grito sagrado
Libertad en sus costas se oyó,
la indolencia de esclavo sacude,
la humillada cerviz levantó

Ya el estruendo de broncas cadenas


que escuchamos tres siglos de horror,
de los libres al grito sagrado
que oyó atónito el mundo, cesó.

Por doquier San Martín inflamado,


libertad, libertad, pronunció,
y meciendo su base los Andes
la anunciaron, también, a una voz.

Con su influjo los pueblos despiertan


y cual rayo corrió la opinión;
desde el istmo a las tierras del fuego
desde el fuego a la helada región.

Todos juran romper el enlace


que natura a ambos negó,
y quebrar ese cetro que España,
reclinaba orgullosa en los dos.

Lima cumple ese voto solemne,


y severa, su enojo mostró,
al tirano impotente lazando,
que intentaba alargar su opresión.
A su esfuerzo saltaron los grillos
y los surcos que en si reparó,
le atizaron el odio y venganza
que heredara de su inca y señor.

Compatriotas, no más ver la esclava


si humillada tres siglos gimió,
para siempre jurémosla libre
manteniendo su propio esplendor.

Nuestros brazos, hasta hoy desarmados


están siempre cebando el cañón,
que algún día las playas de Iberia,
sentirán de su estruendo el terror.

En su cima los Andes sostengan,


la bandera o pendón Bicolor,
que los siglos anuncie el esfuerzo
que ser libres, por siempre nos dio.

A su sombra vivamos tranquilos,


y al nacer por sus cumbres el sol,
renovemos el gran juramento
que rendimos al Dios de Jacob.

La independencia del Perú

La Independencia del Perú fue un proceso político ocurrido durante los


primeros años del siglo XIX en el antiguo Virreinato del Perú o de Lima.
Comenzó aproximadamente sobre el año 1810 con las primeras revueltas
organizadas por logias masónicas que buscaban iniciar la revolución liberal
en el Perú, movimientos que fueron sofocados rápidamente; y finalizó el 28 de
julio de 1821 con la declaración de la independencia del Perú por parte del
general José de San Martin en Lima, si bien la guerra no terminó hasta 1824
con la batalla de Ayacucho. Estabilidad del virreinato del Perú
A pesar de los problemas en España con la ocupación napoleónica la
situación del Perú era bastante estable, los movimientos de juntas que se
sucedieron en muchas ciudades americanas para ocupar el vacío de poder
dejado por los reyes españoles Carlos IV y Fernando VII no tuvieron reflejo en
Lima, es más, desde la capital peruana se enviaron tropas para someter a
las juntas revolucionarias de La Paz y de Quito.
Las élites peruanas, a pesar de que las reformas borbónicas no les
favorecieron, continuaban lucrándose con el sistema español por lo que no
tuvieron ningún interés en levantarse contra él. El virreinato aceptó las
órdenes del Consejo de Regencia de instaurar la libertad de prensa y de
reemplazar los cabildos tradicionales por organismos elegidos y la elección de
representantes de Hispanoamérica ante las Cortes de España. El virrey José
Fernando de Abascal era contrario a estas órdenes pero obedeció sin
rechistar.
Los indígenas en el virreinato
Los indígenas apenas participaron en los conflictos de la independencia
porque los criollos y las élites les tenían miedo por su capacidad destructiva,
visto lo visto con las numerosas rebeliones indígenas que tuvieron lugar
durante el siglo XVIII, por lo que evitaron inmiscuirles en los mismos. Dichas
protestas nativas fueron de carácter económico más que independentista, al
contrario de lo que tratan de hacernos creer muchos historiadores, que las
muestran como los prolegómenos de una independencia que el pueblo
peruano ni sentía ni pedía. Para que esta se ejecutase tuvieron que llegar del
exterior ejércitos extranjeros como las tropas chilenas de San Martín desde el
sur y las colombianas de Simón Bolívar desde el norte a darles, sin haberlo
pedido, esa independencia.
De hecho, en la historiografía peruana, hay un intento de “peruanizar” la
independencia remarcando fuertemente el peso de elementos peruanos y
rebajando los extranjeros. En 1823 las fuerzas patriotas estaban formadas
por 3.000 colombianos, 1.000 argentinos y 1.000 peruanos. Es el indicio de la
naturaleza puramente política, sin mayor significación social, de las guerras
de la Independencia, y del abismo que existía entre los criollos y las masas de
la sociedad colonial. Las masas populares, y con razón, no acudieron al
llamado para la liberación, hecho por y para las capas altas de la sociedad
colonial.
Los primeros peruanos que realmente lucharon por la revolución política, y
derivado de ella la independencia, fueron los conspiradores masónicos que
intentaron desestabilizar el virreinato mediante algunos intentos de rebelión
como el movimiento de Huarochirí en 1782 y la conspiración del
Cuzco de José Gabriel Aguilar y Manuel Ubalde en 1805. Ambos
movimientos originados en las reuniones conspiratorias masónicas que
fueron fácilmente reducidos y aniquilados por las tropas virreinales.
Revueltas masónicas de desestabilización
No fue hasta el año 1811 en que estos mismos masones trataron de levantar
en armas diversas zonas del Alto Perú ante la cercanía de las tropas
argentinas del revolucionario Juan José Castelli, como sucedió en Tacna en
1811 (encabezada por Francisco de Zela) y en 1813 (comandada por los
hermanos Enrique y Juan Francisco Paillardelli y Manuel Calderón de la
Barca) pero esta vez buscando unirse a las tropas del general Manuel
Belgrano. También en Huánuco en 1812 (Juan José Crespo y Castillo) y en
el Cuzco de nuevo en 1814, rebelión que se extendió hasta La Paz y Arequipa.
Allí el Cabildo y la Real Audiencia del Cuzco se enfrentaron por la aplicación
de las órdenes o no de las Cortes de Cádiz y crear una diputación provincial
gubernativa independiente del virreinato, algo a lo que se opuso la Real
Audiencia ordenando la detención de los hermanos Angulo, que fueron los
que impulsaron y exigieron estas medidas políticas. Pero lograron escapar y
uniéndose al cacique Mateo Pumacahua se levantaron contra el virreinato de
Abascal. La rebelión duró hasta el 25 de marzo de 1815 en que los realistas
ocuparon el Cuzco y ejecutaron a la mayoría de cabecillas.
Como vemos hubo varias rebeliones organizadas para lanzar la revolución
liberal en el Perú pero todas fracasaron. Ahora vamos a entrar en la fase
militar de la independencia del Perú en el que se producen las intervenciones
externas con ejércitos regulares, formados en su mayoría por soldados
extranjeros, para imponerla.
Llegada de San Martín al Perú
En 1818 San Martín, tras la batalla de Maipú, conquista y ocupa Chile y
comienza el ataque al Perú desde su flanco sur. Contrata al mercenario y
corsario inglés Thomas Cochrane que ataca desde el mar en enero de 1819 y
bombardea las ciudades peruanas más importantes, tratando de interrumpir
el comercio en el Pacífico y difundir propaganda liberal por sus costas para
extender la rebelión. Al final de la guerra este corsario inglés al no ser
pagado, ni él ni sus hombres, por los servicios prestados, se enteró de que en
la población de Ancón estaba amarrado el yate Sacramento, propiedad de
San Martín, y que contenía gran cantidad de plata procedente de las arcas
públicas peruanas. Una vez allí sin ningún problema cargó el tesoro en su
barco en cobro de sus servicios y se marchó.
San Martín llegó a Perú a través de la bahía de Paracas el 8 de septiembre de
1820 con 4000 soldados y estableció su cuartel general en Pisco.
Precisamente unos días después el virrey Joaquín de la Pezuela proclamó la
restauración de la Constitución de Cádiz de 1812 intentando negociar con los
rebeldes. San Martín aceptó y se celebró la Conferencia de Miraflores en el
que el argentino trató de pactar con el virrey la independencia del Perú y el
establecimiento de una monarquía constitucional, pero éste solo aceptó
poner en vigor la constitución liberal y elegir y enviar diputados peruanos a
España. No hubo acuerdo y cada uno marchó por su lado, Pezuela a Lima a
defenderla y San Martín hacia el norte a lanzar la guerra.
A lo largo del año 1820 y 1821 se fueron sucediendo las batallas y las
rebeliones seguidas de la declaración de independencia de distintas ciudades
que fueron dejando el norte del Perú en manos secesionistas y la Sierra y el
Alto Perú en manos realistas. El puerto de El Callao de Lima fue bloqueado
nuevamente y provocó el desabastecimiento de la ciudad. El virrey Pezuela
fue derrocado y sustituido por el teniente general José de La Serna mediante
el motín de Aznapuquio, acusándole de estar preparando la capitulación de
los ejércitos realistas al mantenerlo dentro de Lima encerrado y sin salir a
combatir al resto del virreinato. Actitud que estaba provocando que se
perdiese gran parte del virreinato.
San Martín intentó negociar también con La Serna en la Conferencia de
Punchauca en mayo de 1821 pero tampoco llegaron a un acuerdo. Las tropas
rebeldes se acercaron peligrosamente a Lima provocando la salida de la
misma del virrey La Serna que tan solo dejó un destacamento de hombres en
la Fortaleza de San Felipe para salvaguardar la presencia realista.
San Martín en Lima declara la independencia
San Martín, a petición de los limeños, entró en la ciudad para evitar el saqueo
de las montoneras indígenas que se encontraban apostadas a las puertas de
la ciudad dispuestas a entrar y arrasar con todo. Con el ejército regular esas
cosas no pasarían. San Martín accedió pero a cambio de convocar un Cabildo
Abierto en el que la aristocracia y la Alta Sociedad limeña apoyasen la
independencia del Perú, algo a lo que accedieron sin dudarlo. En juego
estaban sus propiedades y privilegios. El acta de independencia fue
redactada y proclamada el 28 de julio de 1821.
Pero aquí no terminó todo. En el Alto Perú y en la Sierra peruana el virrey de
La Serna seguía en armas con sus ejércitos llevándose la capital del virreinato
al Cuzco. San Martín asumió el protectorado el 3 de agosto y lo ejerció
durante un año hasta el 20 de septiembre de 1822 en el que creó las primeras
instituciones peruanas, su bandera, su himno y dio paso a la creación de una
primera Constitución instalando el primer Congreso Constituyente del Perú.
Pocas semanas antes, el 16 de julio de 1822, San Martín se había
entrevistado en Guayaquil con Simón Bolívar. El contenido de la entrevista no
ha trascendido pero sí sus consecuencias: Guayaquil pasa a formar parte de
la Gran Colombia, San Martín tiene que retirarse dejando paso a Bolívar
como único cabecilla del movimiento independentista y el sistema de
gobierno a implantar en el Perú sería la república liberal. San Martín dejó el
Perú el 22 de septiembre de 1822.
Primer golpe de estado en el Perú
Salido San Martín de la política peruana los primeros pasos del gobierno
peruano fueron problemáticos. José de la Riva Agüero dio un golpe de estado
conocido como el Motín de Balconcillo contra la Junta Gobernativa siendo
nombrado presidente. Poco después debido a la toma de Lima por parte del
ejército realista de Canterac es destituido y el Congreso nombra a Torre
Tagle como nuevo presidente, pero Agüero no se rinde, huye a Trujillo y allí
forma un nuevo gobierno por lo que Perú, en ese momento, tenía dos
presidentes y muchas posibilidades de terminar en una guerra civil que nadie
deseaba.
Llegada de Bolívar a Lima
El congreso peruano en vista de las últimas derrotas contra los ejércitos
realistas y los problemas políticos surgidos decidió solicitar la ayuda de Simón
Bolívar, llegando éste a Lima el 1 de septiembre de 1823. Le fue otorgada la
suprema autoridad militar compartiendo el gobierno con Agüero y unificando
el poder tras la captura de Torre Tagle por sus propios hombres. En febrero de
1824 le fue entregado todo el poder ante la rebelión que se produjo en la
Fortaleza del Callao entre los soldados chilenos y argentinos que reclamaban
sus pagas.
A Bolívar le benefició mucho la restauración absolutista ocurrida en España al
producir una gran fractura en los ejércitos realistas. El general Pedro Antonio
Olañeta, absolutista, se enfrentó al ejército del virrey La Serna. Bolívar
aprovechó esta división para atacar al general José de Canterac el 6 de
agosto de 1824 en la batalla de Junín al que derrotó.

En las semanas siguientes, desde el Alto Perú, llegó el ejército de Antonio José
de Sucre con el que el 9 de diciembre de 1824 se produce la batalla de
Ayacucho en el que el ejército independentista formado por 5500 hombres y
un cañón derrotó al virrey La Serna con sus 9300 soldados y 11
cañones. Realmente sorprendente que con estos números fueran los más
inferiores los que vencieron. Se habla de una “traición de Ayacucho” en la
que oficiales liberales obligados a luchar por el absolutismo llegaron a un
acuerdo previo a la batalla con los independentistas liberales. Desde luego
que las cláusulas de la capitulación de Ayacucho son bastante favorables
para los derrotados, algo que da que pensar.
Pero la guerra no terminó con la batalla de Ayacucho, como así se podría
pensar. En el Alto Perú el general Pedro Antonio de Olañeta aún resistía junto
a sus hombres y no fue hasta el combate de Tumusla en el que el propio
Olañeta murió baleado (¿asesinado?) por sus propios hombres. Igualmente,
aún permanecía en pie un destacamento español en Chiloé y en la fortaleza
del Real Felipe de Lima.
No fue hasta el 4 de diciembre de 1836 que España reconoció la
independencia del Perú