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Planeta y Energía

Hoy por hoy el mundo se enfrenta a un acusado paradigma frente a la

eminente preocupación por el futuro del planeta y la ineludible necesidad de

responder a la seguridad en el sostenimiento energético global a mediano y largo

plazo. En esta carrera se han instaurado políticas dirigidas exclusivamente al

impulso de soluciones concretas que incluyan la implementación de invenciones

en tecnologías de generación de energía con suficiencia, las cuales favorezcan el

desarrollo de energías renovables, tales como la undimotriz o también llamada

energía de las olas del mar, lo que garantice, por un lado, la estabilidad eléctrica

del sector beneficiario y, por otro, el equilibrio en los costos de adquisición y

mantenimiento, a la vez que se entra a competir por la amigabilidad con el

planeta.

Al hablar de energías renovables, se piensa principalmente en la energía

hidroeléctrica, solar, eólica, y hasta geotérmica, pero muy poco se conoce acerca

de la producida por las olas del mar, a pesar de que se su real implementación se

remonta al trascurso de la década de los 70`s y que en los últimos años se han

estado desarrollando sistemas de aprovechamiento de esta fuente inagotable,

también denominada, alusivamente, energía olamotriz, con muchísimas patentes

aceptadas a nivel mundial, lo que a la actualidad significa la posibilidad de

generar electricidad de forma limpia, segura y autosustentable.

Hablando de tipos de energías, cabe aquí mencionar algo considerablemente

significativo al respecto y es el hecho de que cada vez más a nivel mundial entran

en vigor tratados y políticas ecológicas que buscan minimizar la huella ambiental

causada por los gases de efecto invernadero difícilmente prescindibles por su

naturaleza para el diario vivir de la humanidad, por no decir que imposible, y


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aunque a día de hoy distintas y novedosas propuestas inventivas que apuestan por

una tierra más sana, existen, lo cierto es que hace falta de mucho para que cobren

fuerza ante la arcaica y cada vez más detonante y arraigada marcha de la mano de

los dichosos gases de invernadero; ¿Y si para empezar cambiáramos las

descomunales cientos de toneladas de gases a causa de la quema de combustibles

fósiles generadas a diario en el hecho de transportarse, por miles de vehículos

eléctricos con cero emisiones contaminantes, con incentivos que van desde la

exclusión del pago de peajes, sólo 20% de impuestos, hasta innumerables puntos

de recargas eléctricas gratis, como lo hace Noruega? Ah, pero no es tan fácil,

sucede que en el resto del mundo son demasiado costosos, mucho más que los

convencionales, sucede que requieren de mucho tiempo conectados a una toma de

corriente eléctrica que las multinacionales de su tipo nos facturan carísima, y que

al final de mes resultará mucho más costoso haber recargado sus enormes baterías,

que haberlo tanqueado si fuera un automotor a combustible, justo con eso que

entre las energías no renovables está acabando con el planeta al filo del

calentamiento global.

La igualmente nombrada energía mareomotriz, por sí sola no va a abaratar

los costos de los vehículos eléctricos, pero si a niveles estatales se tomara más

consciencia del aporte en contra de la inexorable huella ambiental en que incurre

cada país actualmente, se dispusiera de más presupuesto en tecnologías como

estas, prestando mejor servicio de abastecimiento eléctrico y al haber mayor

disponibilidad energética a nivel país, se empezaría a pensar en cooperadores

abaratamientos en los costos de la prestación, y a la larga posibilidades de

incentivos de gratuidad energética para recargas a automotores eléctricos para que

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la gente por lo menos, si no por conciencia al planeta, se sienta motivada a preferir

comprar este tipo de medio de transporte, ya por conciencia con su bolsillo, cada

vez que aumente la implementación de centrales olamotrices, al tiempo que la

invasión de la innovadora plaza automotriz empezaría a significar un sustancial

auge económico para dicho país.

Si bien la energía eléctrica se puede obtener de distintas formas, es de sentido

común imaginar que producirla y mantenerla de algunas maneras, será más

costoso que de otras, tanto para el bolsillo, como para el planeta mismo. Por su

parte la energía olamotriz se abre paso firme entre el camino de energías

sostenibles y apuesta por un indicio de equilibrio en el paradigma ambiente-

energía, donde su viabilidad está confinada a estudios geológicos y

oceanográficos de las zonas costeras donde se instalan las estructuras de la central,

lo cual determina la factibilidad del proyecto debido a características de oleaje e

impacto medioambiental inmediato.

La solución de energía en cuestión, podría suponer a gran escala un avance en

pro de la protección ambiental, traducido esto en la implementación de más

centrales a nivel mundial, a cambio de otras menos viables y con riesgos menos

predecibles, como la eólica de la cual no se puede prever mucho acerca de los

vientos, a diferencia de la marea que se logra advertir satelitalmente mar adentro

unas 24 horas antes para evitar deficiencias de energía, inyectando mayor o menor

cantidad de potencia eléctrica a las redes de energía y o almacenando el resto

dependiendo de la fuerza con que vayan a arribar las olas, y aún más de lleno

como la energía a reacción atómica, de la cual no se han podido evitar los

aparatosos accidentes nucleares tales como los de Chernóbil o Fukushima. Es

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realmente abrumador que se estime no deja de existir riesgo biológico por

radiaciones de cesio-137 en el ambiente aún tras 31 años después de la primera,

después de haber causado muertes a más de 9000 mil personas debido a cánceres

de tiroides y leucemia, accidente que pudo haber evitado similares como el de

Fukushima en 2011, no siendo ya el mundo ignorante de las incontenibles

proporciones de algo semejante cuando, según estudios posteriores consideran que

toda la población europea recibió al menos bajas cantidades de radioactividad,

desde 1886, según estudios de la BBC (2000). Pero aún más impotentemente

paradójico, que no obstante países como Japón, que se encuentran en áreas

activamente sísmicas, obtenga el 30% de su energía a base de la aterradora cifra

de 54 reactores nucleares repartidos a lo largo de su territorio, y digo aterradora

porque que no dejan de representar un inminente riesgo de entrar en

desestabilización del núcleo que desate una reacción en cadena a causa de

cualquier movimiento telúrico o tsunami como el ocurrido en 2011, mientras es

una isla rodeada por mar dispuesto con su infinita energía undimotriz, a generar

electricidad sin riesgos de provocar una catástrofe de magnitud incluso mundial

con sólo una de esas centrales atómicas terminar siniestradas.

No es un secreto para nadie que todo tiene un costo, pero también un riesgo, y

en esto no podía existir la excepción, si bien es cierto que el aprovechamiento de

la energía en mención supone de significativos costos para su puesta en servicio,

sin embargo, tales costos son resarcidos a la larga con la productividad misma de

la central undimotriz. Es mencionable que los costos de mantenimiento quizás son

lo más tenido en cuenta por las autoridades en el tema de algunos países, pues

tienen que ver con la desinstalación de algunas estructuras mecánicas que no se

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pueden reparar en el mar, para ser manipuladas en tierra firme, lo que involucra

disponibilidad prácticamente que exclusiva de embarcaciones para ello, cuando no

buques alquilados, además del cese temporal de actividades por parte de esos

elementos en la central de energía, todavía más significativo sería, si se tiene en

cuenta el valor dependiendo la infraestructura erigida en la implementación del

tipo de sistema que entre los más usados en la actualidad va desde los llamados

flotadores, los dispositivos móviles articulados, hasta los depósitos, cuya finalidad

reside en aprovechar el movimiento de las olas ejercido sobre bollas, pistones o

dentro de grandes tubos de agua comprimida que al ser movidos de arriba abajo, e

incluso a los lados, ponen en marcha poderosas turbinas generadoras de enormes

voltajes. Actualmente entre la fila que engrosan los países que cuentan con este

tipo de producción energética, es clave destacar a Canadá, Chile, China, Reino

Unido, Estados Unidos, España, Francia, Portugal, Rusia y Suiza, así como lo

afirman Chaineuxa y Charlier (2008). En cuanto a esto, para el caso específico de

Colombia, Quintero, J. y Quintero, L. (2015) sostienen lo siguiente:

El creciente número de proyectos desarrollados en todo el mundo,

así como los avances científicos y tecnológicos, dejan al

descubierto las buenas expectativas para el desarrollo e

implementación de sistemas de producción de energía limpia en

países de Latinoamérica, en un marco de sostenibilidad energética.

Este es el caso de Colombia, en donde se ha logrado establecer que

el aprovechamiento del potencial energético es posible en la costa

pacífica colombiana, debido a que las mareas son superiores a los 3

m. Un estudio realizado por Polo et al. (2008) en el cual se

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consideraron 45 posibles bahías en el litoral Pacífico, permitió

estimar un potencial energético energético de 120 MW, de los

cuales se resaltó a bahía Málaga con 3,5 MW y la ensenada de

Tribugá con 0,5 MW como las zonas con mayor potencial

energético y posibilidades de satisfacer las necesidades de las

comunidades cercanas. Punta Catripe (8 MW), bocana Bazán (6

MW) y boca Naya (13MW) fueron otros sitios que presentaron un

importante y prometedor potencial energético.

No significa entonces, a estas alturas, lanzar flores al decir que la energía

undimotriz puede salvar la tierra de descomunales problemas. Los múltiples

estudios realizados en diferentes partes del mundo y sus resultados permiten

sugerir que el potencial energético de la energía mareomotriz podría cumplir con

las expectativas en la búsqueda de un mecanismo de obtención sustentable y

limpio de electricidad alternativa que no atente con el planeta, y que por su parte

compense las necesidades de la demanda energética de las naciones en las cuales

los proyectos en ejercicio y en fase de afianzamiento, han venido concediendo la

implementación esta clase de energía en el marco de las administraciones

gubernamentales, considerando así la energía undimotriz como una prometedora y

formidablemente factible fuente generadora de energía eléctrica para las ciudades

y el mundo sobre puesta con creces a muchas otras opciones.

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Bibliografía

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Quintero, J. y Quintero, L. (2015). Energía mareomotriz: potencial energético y


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