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XXIII Jornadas de Investigación de la Facultad de Ciencias Humanas

“Investigar en Ciencias Sociales y Humanas en el contexto actual”

5 y 6 de octubre de 2017

La construcción del archivo “Olga Orozco”: dimensiones y complejidades

Sonia Bertón

Universidad Nacional de La Pampa

Ponencia

soniaberton@gmail.com

Cuando Jacques Derrida desarrolló, en su ya clásico trabajo de 1995, la noción de

“archivo” recuperó la dimensión filosófica de este concepto y construyó una metáfora

que le serviría para definir al psicoanálisis freudiano como “una teoría del archivo”. Sin

embargo, es posible ampliar esta figura metafórica al campo de la crítica literaria y

pensarlo también, a menudo, como una “teoría del archivo”.

El archivo, según Derrida, tiene dos comienzos: uno vinculado con la naturaleza

y la historia, es decir, el principio físico que fija la residencia, y el otro relacionado con

la ley y la autoridad. Los arcontes, en consecuencia, cumplen dos funciones

fundamentales relacionadas con estos principios. Por un lado, son los guardianes de esta

residencia y tienen la obligación de asegurar la preservación física del depósito o soporte.

Por otro lado, pero simultáneamente, se arrogan el derecho y la competencia

hermenéuticos, conservan el poder de interpretar el archivo, de organizar y sistematizarlo,

de “consignar”; es decir, “coordinar un solo corpus en un sistema o una sincronía en la

que todos los elementos articulan la unidad de una configuración ideal” (12). Dicho de
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otro modo, en tanto el archivo es instituyente y conservador, guarda y pone en reserva

con fuerza de ley, “de una ley que es la casa (oikos)”, de la casa como lugar, domicilio,

familia, linaje o institución (15). La verdadera democratización, entonces, se mide en

relación con la participación y la posibilidad de acceder al archivo, a su constitución y a

su interpretación (12).

En tal sentido, la crítica literaria funciona como “arconte” cada vez que, en un

procedimiento “archivístico” recoge las huellas y trazas que han quedado impresas en el

“bloc mágico” de la cultura y las consigna y organiza en recorridos que constituyen, en

sí mismos, nuevos relatos.

El fondo documental y bibliográfico de Olga Orozco se encuentra a resguardo en

la localidad de Toay por voluntad de la escritora, quien los donó a condición de que fueran

conservados en el edificio que fue su casa de la infancia. Pero estos materiales, en su gran

mayoría, aún no han sido sistematizados de manera de posibilitar el acceso a la lectura y

la investigación. Mediante un proyecto de investigación conformado por docentes,

estudiantes y graduados de la Facultad de Ciencias Humanas, por personal de la

Biblioteca Central de la Universidad Nacional de La Pampa y miembros de la Secretaría

de Cultura del Gobierno de la Provincia de La Pampa nos hemos propuesto llevar adelante

el trabajo de relevamiento y sistematización de estos documentos con el fin de

visibilizarlos y ponerlos en valor, no solo para la comunidad académica en particular sino

para la sociedad en general. Sin embargo, conscientes de que la tarea implica, en algún

punto, la enorme responsabilidad de construir un archivo y, por lo mismo, constituirnos

en primeros “arcontes” de este acervo bibliográfico y cultural, es preciso prever, con el

mayor rigor posible, todas las dimensiones y complejidades que el trabajo conlleva. Me

propongo, en esta ponencia, analizarlas y describirlas con el fin de establecer un estado

de la cuestión que nos permita proyectar la tarea y anticipar decisiones.


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La casa y la ley, el resguardo y la consignación son las dos facetas que ponen de

manifiesto la tensión que existe, en el caso específico del archivo de Olga Orozco, entre

las intenciones de preservación física del material y la visibilización y puesta en uso que

corresponde a una verdadera intencionalidad democratizadora del acervo cultural y, en

última instancia, del conocimiento científico. Podría afirmarse, en este sentido, que los

esfuerzos, personales e institucionales, en favor de subsanar esta situación no han

redundado en logros acordes con ellos por la complejidad y responsabilidad que requiere

la construcción de un archivo que asegure sus principios básicos de cuidado y

consignación al mismo tiempo que el acceso a los materiales. Sin lugar a dudas, esta tarea

debe sustentarse en sólidos soportes económicos, políticos, científicos y simbólicos

sistematizados y gestionados desde un proyecto que aúne perspectivas y conocimientos

de índoles diversas. Estas distintas miradas deberían ser garantes de que el material,

puesto en circulación, no solo cumpla la función de visibilizarse y hacerse accesible en la

contemporaneidad sino, además, que como un auténtico “aval del porvenir” se instituya

en un archivo capaz de ser leído en otro momento o por otros “arcontes”.

En este orden de cosas, uno de los primeros interrogantes a resolver constituye el

modo en que se llevará a cabo este proceso de preservación y difusión. La digitalización

−esto es, el proceso de transformación de una información analógica a una digital por

algún medio que pueden ser escáneres o cámaras fotográficas, por ejemplo− con la cual

creemos estar familiarizados ya, conlleva, en sí misma, una complejidad que requiere de

ciertas precisiones técnicas y decisiones de gestión que, en mi opinión, implican un

desafío de primer orden. Margarita Vázquez de Parga, organiza este proceso en cinco

pasos: Planificación del proyecto, Preparación e indexación de la documentación,

Digitalización, Trabajo post digitalización y Gestión del proyecto.


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En relación con el primer momento, dos son los puntos fundamentales en torno de

los cuales es necesario debatir y gestionar en esta instancia de avance del proyecto. El

primero, en orden de menor complejidad, en mi opinión, corresponde a los recursos

técnicos, humanos y económicos disponibles para llevar adelante la digitalización de los

documentos. En este sentido, aun cuando parece un problema menor, existen ciertas

prerrogativas concernientes a la conservación que implican, por ejemplo, la necesidad de

instrumentos para procesar la información con determinadas características técnicas, un

costo no menor y, fundamentalmente, personal idóneo que lleve adelante la tarea. En tanto

cada documento, por razones de preservación, debería someterse la menor cantidad de

veces posible a este proceso, es necesario tomar los recaudos para que, una vez

digitalizado cumpla con todas las normas indispensables a fin de asegurarnos una exitosa

visibilización, circulación y acceso de los materiales. Esto es, las imágenes deben ser

tomadas y archivadas respetando normas de estandarización que aseguren formatos de

gran calidad para los documentos maestros y otros más pequeños que faciliten la

incorporación y la descarga de la web de una manera rápida pero sin perder legibilidad

en la impresión.

El segundo aspecto a tener en cuenta en esta instancia refiere a la selección de los

documentos a digitalizar. En este punto nos acercamos a una de las problemáticas más

relevantes y de mayor responsabilidad, en mi opinión, para la gestión del proyecto. En

tanto la bibliografía específica recomienda hacer una selección minuciosa del material a

los efectos de optimizar los recursos requeridos, desde la perspectiva de la crítica literaria

y, en tanto “arcontes del porvenir”, sabemos que este recorte implica la construcción de

una lectura que es sesgada, no solo para nosotros sino, más aún y precisamente, para los

que vendrán. Me pregunto con preocupación entonces si no es posible pensar la operación

de selección como un gesto de “omnipotencia” por el que quedaría instalada nuestra


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lectura –situada en unas circunstancias particulares de apenas un puñadito de personas

con miradas también particulares− como la única posible. Indudablemente, este es un

punto desafiante que deberá ser evaluado con rigurosidad. Considero que el volumen

relativamente pequeño de documentos existentes entre los materiales de Olga Orozco –

exceptuando lo que podríamos encontrar en el interior de los libros que aún no han sido

revisados− puede ser una razón de peso a la hora de tomar estas decisiones.

En este mismo orden de cosas, el proceso de preparación e indexación de los

documentos también implica una enorme responsabilidad a futuro. Por un lado, junto con

la calidad de las copias guardadas hay que tener en cuenta, además, si es necesario prever,

en la construcción del archivo digital, funciones que permitan al usuario restaurar las

copias –en los casos que por el estado de conservación del documento se requiera− a fin

de facilitar la lectura. Esto supone, claro está, insumos y experticias especiales.

Por el otro lado, en lo relativo a la incorporación de metadatos, Vázquez de Parga

describe una tensión entre las perspectivas de los organismos internacionales que

recomiendan la extracción de un alto número de metadatos y la realidad objetiva que

implica un costo elevado, en tiempo y dinero, durante este proceso de extracción. En

términos de nuestro proyecto, y apelando nuevamente al volumen de documentos a

digitalizar, es posible que no se presente este problema como una dificultad insalvable.

Sin embargo, sí es un punto para poner especial atención en tanto de esto depende,

definitivamente, no solo la preservación de las imágenes a largo plazo sino también las

posibilidades de recuperarlas en forma precisa y completa y de usarlas de acuerdo con

normas legales de acceso. En este sentido, sin duda podremos valernos de la experiencia

de la construcción de archivos con características similares al de nuestro proyecto −por

ejemplo, para la elaboración de la ficha para la extracción de los metadatos− pero también
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deberá ser una tarea ardua de indagación y análisis de la particularidad de los documentos

con los que nos encontramos en la biblioteca Olga Orozco.

En este mismo orden de cosas, la imposibilidad de sacar los documentos del

ámbito del museo supone un obstáculo en relación con el desplazamiento del personal de

la biblioteca de la Universidad, quienes serán los responsables de llevar adelante la tarea

de guardado e indexación de las imágenes, pero más aún de los elementos que serán

necesarios para su captura, esto es escáneres, computadoras, elementos de iluminación,

etc. Esta situación particular exige una organización minuciosa del proceso de trabajo que

facilite la recuperación de la mayor cantidad de metadatos con la mínima manipulación

de los documentos.

En relación con lo anterior, la elección de los instrumentos que utilizaremos para

capturar las imágenes ya ha sido un tema de búsquedas, análisis, indagaciones que aún

nos ocupa con más complejidades de las que presuponíamos ya que implica tener en

cuenta una serie de variables que, en ciertos casos, escapan a nuestra formación

profesional. Algunas apuntan a cuestiones relacionadas directamente con el tratamiento

y la conservación de los documentos al momento de hacer las capturas; por ejemplo, no

cualquier escáner es apto para la digitalización de este tipo de documentos. Otras

variables tienen que ver con los formatos y tamaños adecuados de las imágenes tomadas,

el software necesario y conveniente para procesarlas, los parámetros de digitalización

estandarizados y aceptables, entre otros. Es decir, se trata de gestionar en una serie de

decisiones para las cuales se necesita un cierto nivel de experticia, una solvencia

económica y, sobre todo, no perder de vista el proyecto como contribución sostenida en

el tiempo y a futuro.

A contrapelo de esta tarea de digitalización, se nos impone, con premura, la de la

organización física de los materiales de modos adecuados para su preservación.


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Actualmente se encuentran encarpetados y resguardados en folios, sin un orden específico

sino tal como fueron sacados de las cajas en las que los familiares de Orozco los hicieron

viajar hasta Toay. Más aún, en algunos casos, presuponemos que los materiales pudieron

haber sido extraídos de los libros en los que constituirían anotaciones, comentarios,

apuntes, claramente con otro valor interpretativo y simbólico. Somos conscientes de que

ya se ha producido, entonces, un primera “mediación hermenéutica” por parte del

personal que con excelentes propósitos ha intentado preservar los documentos. Es posible

que no esté a nuestro alcance remediar esta situación, no al menos sin el riesgo de solo

estar configurando una nueva lectura, ahora desde nuestro punto de vista. Pero sí

podemos, y es indispensable, evitar que las condiciones inadecuadas de guardado,

contribuyan y aceleren el deterioro de los documentos.

Respecto de los momentos de postdigitalización y, sobre todo, los relativos a la

gestión de la información obtenida, cabe destacar que el proyecto se enmarca en la

relación establecida a tales efectos entre tres instituciones de muy distinta índole –la

Universidad, la Secretaría de Cultura de la provincia y la Municipalidad de Toay. Esto

constituye, por un lado, una expresión de la necesidad de sumar esfuerzos en un trabajo

para el que ya ha quedado demostrado que no alcanza con las voluntades individuales

pero que tiene relevancia y suscita el interés genuino de diversos sectores del campo

social y cultural.

Por otro lado, las diferentes lógicas de funcionamiento y gestión implican, a su

vez, perspectivas y modos de encarar el problema que, si bien complejizan el desarrollo

del proyecto, también pueden ser oportunidades de enriquecimiento. En este sentido, una

de las problemáticas a tener en cuenta es la de los derechos de propiedad, en la que se

incluye otro agente que es la albacea Ana Becciú, y la gestión no solo de los documentos
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digitalizados sino también de las investigaciones y conocimientos que se desarrollen en

función de este archivo.

Quisiera terminar volviendo al principio: la casa, la ley, el resguardo y la

consignación constituyen además, y al menos en lo que a mí respecta, el enorme desafío

de contribuir en la construcción colectiva de un proyecto con una enorme relevancia

social y cultural.

Y para terminar una vez más, una vez más por lo que fue el comienzo de todo:

Ellos nos llaman hoy desde su amante sombra,


reclinados en las altas ventanas
como en un despertar que solo aguarda la señal convenida
para restituir cada mirada a su propio destino;
y a través de las ramas soñolientas el primer huésped de la memoria nos saluda:
el pájaro del amanecer que entreabre con su canto las lentísimas puertas
como un arco del aire por el que penetramos a un clima diferente.
Olga Orozco, La casa