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P.

JOSÉ MARÍA
LEGARRETA BILBAO
Clérigo de San Viator
14.05.1937 - 13.11.2016

VIATORES
COMUNIDAD VIATORIANA

Ángel González, c.s.v.
Un sincero agradecimiento
a todos los colaboradores de estas páginas
que muestran su aprecio por Josemari Legarreta.
Índice
Pág.
Familia e infancia ........................................... 5

Vocación y estudios ..................................... 13

En el camino de la vida ................................ 23
Josemari, profesor ................................. 24
Josemari, formador................................ 24
Josemari, superior provincial ................. 27
Josemari, maestro de novicios .............. 32
Josemari, misionero en Perú ................. 40

Hacia el final................................................. 47

Despedida .................................................... 57

Datos cronológicos ....................................... 61

3
Familia e infancia

La familia Legarreta Bilbao procedía de las entra-
ñas mismas de Bizkaia, tierra hermosa y adorable. La
Ama, María Bilbao Zarate († 9-12-1988), procedía de
Lezama, como la Amama Irene Zarate Ereño; y el Aitite
Joaquín Bilbao Basagoiti había nacido en Amorebieta.
Josemari guardaba con orgullo su origen familiar y se
había interesado por el árbol genealógico, hurgando en
los apellidos primigenios, algunos de los cuales encierran
referencias geográficas. En uno de los recorridos en el

Josemari con sus Padres.

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ejercicio del ministerio sacerdotal que le acompañé, una
vez pasados los campos deportivos del Athletic club,
pidió girar a la derecha y adentrarse para detenernos un
tiempo en observar el caserío de sus antepasados mater-
nos y revivir en silencio recuerdos y añoranzas.

El Aita, de nombre Fermín Legarreta Legarreta
(† 17-1-1989), había nacido en Galdakao. La Amama
Remigia Legarreta Atela era natural de Meñaca Larrauri
y el Aitite, Lorenzo Legarreta Uriarte, de Frúniz, loca-
lidades distanciadas por escasos cinco kilómetros. Por
línea paterna Josemari se emparentaba con el obispo
Juan María Uriarte, natural también de Frúniz, nacido el
7 de junio de 1933. Este fue obispo auxiliar de la dióce-
sis de Bilbao, luego sucesivamente obispo de Zamora y
San Sebastián hasta su jubilación. Tuvo la delicadeza de
asistir en la parroquia San Pedro de Basauri al funeral en
el primer banco de la iglesia, como miembro del pueblo
de Dios, junto a la Familia. Hacía escasas fechas que él
y Josemari habían quedado para juntarse un rato; no
hubo lugar, ya será un día, al margen del tiempo, en el
más allá.

Afortunadamente han llegado a mis manos unas
palabras que Nerea, hija de Fernando -hermano de
Josemari- dirigió a sus aitites, con ocasión de sus 50
años de matrimonio. Reproduzco algunas de sus frases
que nos describen el modo de ser de los progenitores y
el afecto de los suyos:
“Hoy (fecha) hace 50 años que se casaron
dos de las personas más importantes de nuestras
vidas, nuestros pilares fundamentales, esas per-
sonas que han estado ahí arrimando el hombro,

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apoyándonos, consolándonos… Quería daros las
gracias por todo aunque sabéis lo que siento por
vosotros, porque sin vosotros no sería la persona
que soy. Vuestro apoyo, comprensión, ayuda, cari-
ño, amor, preocupación me han propiciado crecer
como persona y darme cuenta de que nada es tan
importante en la vida como las personas que nos
rodean y nos quieren… Sois todo un ejemplo a
seguir, la mejor herencia que podéis dejarnos. Os
quiero”.

El fallecimiento de los padres de Josemari ape-
nas se distanció entre sí cinco semanas, después de una
larga existencia. María moría a los 86 años y su partida
era esperada por los hijos, dado su estado de salud.
Fermín se fue sorpresivamente, a los 83 años; Josemari
pudo regresar desde Japón donde se hallaba y estar en la
despedida; así lo manifestará en noviembre de 2015 con
ocasión de la muerte del hermano Pedromari: “Como
en el caso de mis padres y de mi hermana Mirentxu,
he sentido cierto contento de presidir la misa funeral
y dar el último adiós. Es para mí motivo de admiración
y agradecimiento”. Hacía muchos años, que el primer
hijo del matrimonio Legarreta Bilbao, de nombre José
Ramón, también había fallecido al poco tiempo de nacer.
En todas estas muertes, ¡qué coincidencia! el corazón
jugó una mala pasada. El recordatorio de los padres,
en común, recoge los nombres de los demás hijos:
Josefina, Pedromari (†), Begoña, Miren (†), Josemari
(†), Fernando y Maricarmen. Aprovecharon para mani-
festar a Dios Padre su agradecimiento por:
- “el regalo de un Aita y de un Ama tan buenos,
- por la fuerza y entrega de Aita en el trabajo,

7
- por el amor y silencio eficaz de Ama en su
constante quehacer,
- por la valentía, sinceridad y sentido de justica
de Aita,
- por la bondad, sencillez y mil favores callados
de Ama,
- por el rezar fiel y realista de Aita,
- por la oración constante y vital de Ama,
- por el mensaje de unidad que nos dejan, y
- por el consuelo y el ánimo que nos infunde su
recuerdo.
Eskerrik asko, Jauna, biotz biotzetik.
Eskerrik asko, Jauna, orain eta beti.”

Josemari vino al mundo, ¡digamos!, fuero de su
pueblo. Llegado el día, los padres tuvieron que acelerar
el paso yendo andando desde Basauri hasta San Nicolás
de Bilbao y poder desplazarse a Getxo (Bizkaia) para
que la madre diera a luz en paz a su sexto hijo, nacido
el 14 de mayo de 1937, en un chalet acomodado como
paritorio. De camino un militar les salió al paso y, vista la
situación, les acercó sin más indagaciones a la improvi-
sada clínica. La explicación hay que buscarla en aquellos
tiempos oscuros y fratricidas de la guerra civil (1936-39).
Años más adelante escribirá Josemari a un condiscípulo
de Basauri: “Nos acunaron las mismas músicas apresura-
das, sirenas, aviación, carreras, refugio,… los obuses que
venían desde el monte Artxanda”. La llamada batalla de
Bilbao tuvo lugar en junio de 1937. La ofensiva franquista
se había iniciado el 31 de marzo; pero se encontró con
una fuerte resistencia de los republicanos de dentro de
la ciudad. La operación prevista para tres semanas se
prolongó hasta el 19 de junio. Hay que saber que el mal

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tiempo y el acopio de tropas de unos y otros no propi-
ciaban la ofensiva final hasta romper el llamado Cinturón
de Hierro. La ciudad quedó intacta, incluyendo las impor-
tantes industrias a lo largo del Nervión y sólo los puentes
fueron volados por las tropas republicanas en su retirada,
para dificultar el acceso de los invasores.

En la calle basauritarra Uribarri, número 43, tuvo
la familia su hogar y su huerta, antes de trasladarse a las
nuevas viviendas de la calle Madrid, número 5, del mismo
lugar. Casualmente, la revista Juventud Viatoriana, curso
1970-71, recoge en el apartado Siluetas, una breve entre-
vista a doña María que reproducimos:

P. “¿Cuántos hermanos han sido?
R. Ocho. Josemari era el sexto.

¿Cuál ha sido la mayor alegría que le ha dado?
La primera misa me dio una gran alegría.

¿Alguna trastada de Josemari?
Siendo pequeño, con sus amigos, no dejaban
pasar a las chicas la calle. ¡Buena paliza se llevó!
Y cuando tenía tres o cuatro años, le compramos
un juguete; pero ni que decir tiene que lo rompió
enseguida.

Y … ¿su marcha al juniorado?
A mí me apenó mucho. Pero él me dijo. Ama, si
Dios me llevara, también tendrías que aguantarlo.

Una anécdota de él.
Hacía de monaguillo. Todas las noches se pre-

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paraba su ropa en la silla. No tenía pereza por las
mañanas, como su padre, aunque su madre sí ha
sido más perezosa.
También, él era siempre el recadista.
En cierta ocasión se quejó de que siempre iba él a
los recados y se puso a llorar. Ya calmado se acer-
có a su hermana Begoña para preguntarle que si
se notaba que había llorado.

Una última pregunta, doña María.
¿Qué consejo daría ahora a Josemari?
No necesita; que siga como es; él ya sabe.”

Con ocasión de la muerte del primogénito, la
madre se prestó a ser ama de cría de un niño de
nombre Pedromari, de una familia de Usánsolo (Bizkaia),
cuya madre, de nombre Josefina, había fallecido como
consecuencia del parto, coincidiendo las fechas. Ambas
familias mantuvieron largamente la amistad de suerte
que a la primera hija del matrimonio Legarreta Bilbao, le
pusieron de nombre Josefina.

Josemari avanzó sus estudios elementales o
primarios en el colegio San José, que había abierto sus
puertas bajo el patrocinio de la Basconia en 1935, y había
sido confiado a los Clérigos de San Viator. Más tarde él
mismo nos confesará que gracias a ser hijo de obrero
de la fábrica fue aceptado en dicho centro escolar. Y
compartía sus estudios con las obligaciones familiares,
siendo una de las principales “acercar cada mediodía la
comida a su Aitacho, almorzando a su lado”.

El salario del padre, bien ganado y trabajado, era
esperado en casa como agua de mayo. Había muchas
bocas que alimentar. Fermín trabajaba en la fábrica de

10
8 de la mañana a 7 de la tarde; luego iba a pelar postes
y hacer de guarda. No había sábados, ni domingos ni
festivos. Ni había lugar a priorizar la vida familiar ni la
educación de los hijos ni otras ocupaciones de ocio o
de otra índole. El cuidado de los hijos estaba asegurado
por la madre, siempre atenta y entregada, y la educación
era deber de los colegios en quienes se confiaba plena-
mente. Si bien el padre, gustoso, compartía un rato, a
mediodía, con su hijo Josemari, portador de la comida.
Pero ¡qué le pudo pasar en cierta ocasión al fiel hijo para
lidiar la siguiente faena! El padre puso dentro del puchero
como siempre la paga semanal para entregarla en casa
y el atrevido Josemari, de vuelta al hogar, echó mano al
dinero y se compró algún antojo. La hermana Begoña no
recuerda qué pasó en la familia en aquel atardecer; sólo,
que la Amatxu tuvo tiempo para preparar la salida pacífi-
ca al desaguisado.

Familia Legarreta Bilbao. Padres e hijos.

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Vocación y estudios

Josemari inicia pronto su relación con los Clérigos
de San Viator. La familia vivía no lejos del colegio y próxi-
ma a las tapias de la casa de los Hermanos. No obstante,
las solicitudes de ingreso al colegio resultaban compli-
cadas a la hora de ser atendidas, dada la demanda. ÉL
siempre vio como gran favor el hecho de que el padre
fuera obrero de la Basconia y ello le propiciara a él y a
sus hermanos varones entrar en el colegio San José.

Entre los papeles que guardaba, encontramos
un díptico con el encabezamiento “Colegio Seráfico de
Aránzazu – Oñate (Guipúzcoa), dirigido por los Padres
Franciscanos”. Se trataba de una presentación impresa,
destinada a los aspirantes a entrar en la Orden francisca-
na. Hace explícitas varias notas interesantes, como:
• la finalidad que persiguen: una educación religiosa
y literaria;
• una enseñanza que implica asignaturas de religión
y urbanidad, lenguas (latín, griego, vascuence,
francés), retórica y poética, historias (Sagrada, de
España y Universal), solfeo, canto gregoriano y
piano, etc.;
• las condiciones de admisión: ser hijo legítimo,
de edad entre 11 y 14 años, tener aptitud para el

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estudio, dar muestras de vocación franciscana,
tener instrucción religiosa, saber leer y escribir y
nociones de castellano y matemáticas, disponer de
certificado de buena conducta y de buena salud, la
fe de bautismo y confirmación y traer un detallado
equipo de prendas personales empezando por el
colchón de lana de 1,80 metros de largo por 0,80 de
ancho, y que los padres o tutores se hagan cargo
de los libros y medicinas así como de contribuir
al sostenimiento del colegio seráfico. ¡Ah!, y no
debían olvidar la tarjeta y baja del racionamiento.

Protegida por ese díptico, hay una carta del 2 de
julio de 1949, firmada por Fray Alejandro Ezcurdia, rec-
tor de dicho colegio seráfico, escrito que dirige al direc-
tor del colegio San José de Basauri, al † H. Raimundo
Sagarribay csv. En ella acusa recibo del 24 pasado y le
pide que le comunique los datos del niño que le presen-
taba y de sus padres así como una muestra de escritura
y aritmética, y caso de ser admitido, le enumera los útiles
que debiera traer. Queda a la espera de nuevas.

Esta carta la guardó el H. Raimundo y tuvo a bien
entregársela a Josemari 40 años después, el 2 de marzo
de 1989. Pues ¡bien!, las nuevas no llegarían a Arantzazu.
Por lo visto el director del colegio San José ya se había
fijado en el vocacionable y éste le dijo que sí, que iba
para fraile; luego le dijo que no; que a Aránzazu, no; que
él pensaba que era para Eskoriatza. Ya su madre se
había enterado y aclarado la situación con el director. Los
dos caminos estaban claros y el elegido por el interesado
también.

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Muchos años después Josemari expresa por
escrito el origen de su vocación religiosa. Es entonces
Superior provincial y acaba de vivir el fallecimiento de sus
padres. Hace una sencilla autorreflexión en el contexto
de la prioridad de la Provincia, el cultivo de las vocacio-
nes consagradas. La revista Vida Viatoriana publica su
aportación en el número 279, de fecha 5 de febrero de
1989.

La tesis que mantiene es que en los padres está el
origen de la vocación. Personaliza y recuerda cómo “ellos
(los propios) nunca me insinuaron nada; mi Aita cedió tras
mucha lucha interior (en otra ocasión apuntará que no
pudo resistirse a los lloros abundantes del hijo); mi Ama
mostró un gran respeto y no hizo mayores manifestacio-
nes. Nunca me dieron un empujón, ni para dentro ni para
fuera, ni siquiera insinuaciones. No me expresaron que
yo les hiciera felices o lo contrario. Así nunca me vi con
limitaciones por su parte”.

No hay duda que aquí hay que traer a colación el
contexto social y familiar de aquel entonces, así como el
modo de ser o carácter de las personas y su idiosincra-
sia. Pasados los años, la madre confesará la gran alegría
que le provocó la ordenación sacerdotal de su hijo. Este
se sintió libre y apostó por la libertad, nota remarcable
en su existencia. Agradece emocionado la actitud de los
padres. Afirma: “Mi vocación -semilla de Dios- nació y
creció en tierra creada y cuidada por mis padres. En mi
casa se rezaba, sobre todo Ama; rezos de suplemento:
rosario, mes de María, del Sagrado Corazón de Jesús,
novena a la Virgen de Begoña, visitas al santuario, San
Felicísimo, San Blas y su cordón; San Antonio. Nunca

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se despachó a un pobre sin darle limosna; un día comió
uno en la mesa, con todos; eso que nosotros éramos
pobres. Mi Aita ha sido un tremendo trabajador y mi ama,
con mucho sacrificio y silencio aunque con la sonrisa en
los labios, llevaba la casa y salía a las huertas cercanas a
sacar unas pesetillas más”.

Josemari no se olvida de sus hermanos/as, pri-
mos/as, sobrinos/as y otros parientes. Siempre estuvo
muy unido a ellos, y particularmente lo manifestó a su
vuelta de Perú. Se sintió querido y protegido. Ocupaba el
puesto sexto entre los hermanos. La vida misma, desde
la adolescencia, le había alejado de la convivencia con
ellos. Dicen que todos los hermanos salieron cantarines;
sólo la ama les prohibía cantar en tiempo de Cuaresma.

Concluye su aportación con la convicción de que
la vocación nace y crece donde nacemos y crecemos. Es
fundamental el humus de valores vividos en familia. Ante
dudas y vacilaciones se responde mejor con primeras
raíces sanas y fuertes.

Volviendo al calendario, estamos a principios del
curso 1950-51. En concreto un 7 de septiembre de 1950
llegan a Eskoriatza, al convento San Viator, 5 alumnos
procedentes del colegio de Basauri: Germán Derteano,
Josemari Legarreta, Txomin Lezama, Avelino Martín
y José Sagarduy. Entonces sí que era operativo y com-
probado el pensamiento de nuestro Fundador: “Como un
profesor (religioso) sea piadoso exacto, ejemplar, amante
de su vocación y demuestre estar contento con ella, no es
posible que en una clase numerosa, deje Dios de mani-
festar su llamada en favor de alguno, de manera que no

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haya lugar a duda”. E históricamente hay que reconocer
el acertado cultivo vocacional del colegio basauritarra.

La crónica del momento, -comienzo del nuevo
curso escolar-, (Cf. Vida Viatoriana nº 22, 1950) relata que
“los juniores de años anteriores ya habían vuelto el 23 de
agosto curtidos, fortificados en unas semanas de campa-
mento, anhelantes del amparo de la casa de formación.
En los primeros días de septiembre, aparecen grupos de
caras desconocidas, unos alegres, otros tristes y llorosos,
todos extrañados; son los nuevos. Hay 70 juniores; son
muchos y piden nuevos locales. Estos no llegarán hasta el
curso siguiente, en Sopuerta (Bizkaia), que será una obra
nueva, amplia y acondicionada”.

La cita anterior recoge una nota a pie de página que
transcribo literalmente: “Es de notar la preparación esme-

Vocaciones de Basauri. Josemari, el primero por la izquierda.
Eskoriatza, 1951.

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rada de los juniores que han llegado de nuestros colegios
(5 de San José de Vitoria, 5 de San José de Basauri, 1 de
Elgóibar y 1 de Mondragón). Merecen distinción los 5 de
Dos Caminos, modelos de conducta y acaparadores de
los primeros puestos de la clase. Claramente se ve que
han sido seleccionados y dirigidos con cariño por exper-
tas manos. ¡La más sincera y entusiasta felicitación para
el colegio de Basauri!”.

Josemari comienza el 9 de octubre de 1950 a
escribir su diario personal; ha dejado una extensa colec-
ción; la última página es del 11 de noviembre de 2016,
dos días antes de su fallecimiento.

Un compañero de clase y noviciado, remarcaba
dos décadas después cómo Josemari se hizo en segui-
da, como dando de entrada un zarpazo, con el primer
puesto de la clase. Expresivamente, afirma que chutaba
con las dos piernas, es decir, que estaba tan dotado para
estudios de ciencias como de letras. Destacaba por su
inteligencia que la hacía rendir, apoyado en el estudio
duro y responsabilidad personal. Causaba admiración
por su forma exterior de rezar, con un recogimiento casi
“crispado”; y esto, venía de atrás, del hogar familiar.

Con estos atributos, el director del juniorado
no tardó en nombrarle admonitor general. De corazón
grande y generoso, era afable con sus compañeros y
los profesores le elogiaban. Hay que sobreentender que
le fueron llevaderos esos primeros años de estudios y
formación. ¿Tuvo crisis o problemas mayores? Los que
le conocieron no lo recuerdan y más bien se inclinan
a responder que no. ¡Ah! Hay quien apunta que con †

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Juan Manuel Pereda csv. no todo fue sobre ruedas;
pero que el percance fue superado por uno y otro, y que
entre ambos nació una profunda amistad; amistad más
sentida que manifestada como mandaban los cánones
de entonces.

La gran casa de Eskoriatza, en expresión del cro-
nista suplente, “parece una universidad en pequeño; se
estudian lenguas clásicas y modernas, se ahonda en las
ciencias naturales, son asimiladas las matemáticas y se
presagian buenos literatos y artistas, músicos y pinto-
res. Uno de los platos fuertes, iniciado el curso escolar,
son los ejercicios espirituales, terminados en el día de El
Pilar, e impartidos por un padre de Loyola. Llega el 21
de octubre, festividad de San Viator. En este día destaca
el adorno de la casa. La imagen de San Viator en el cen-
tro del claustro, a nivel del tejado, parecía tocar el cielo
mientras bendecía a los que pisamos la tierra. La festivi-

Profesión religiosa de Josemari con los suyos.
Eskoriatza, 15 de agosto de 1955.

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dad de Todos los Santos, proclamación del dogma de
la Asunción de la Santísima Virgen María, mostró mayor
exterioridad…Pasaron las fiestas de San Estanislao,
Santa Cecilia, etc. etc.

Así era la vida de la casa de formación. Esta no
dejaba de ser un internado, que sólo abre las puertas
exteriores a sus moradores en período estival. Durante
todo el curso permanecen en el centro y sólo irán de
vacaciones a sus familias una vez por año, en verano. Se
priorizan los estudios como hacer principal de la jornada,
combinado con los rezos grupales de obligado cumpli-
miento y ratos de formación y limpieza. Tampoco faltan
tiempos de recreo y esparcimiento, si bien estos son más
espaciosos los fines de semana. El cronista cierra sus
líneas con este resumen idealizado: “Eskoriatza parece
un oasis donde se ora y labora. Hermanos observantes,
estudiosos Escolásticos, Novicios fervorosos, Juniores
obedientes”.

Josemari partió del colegio San José de Basauri
con estudios elementales o primarios. El curso 1949-50
había superado la clase cuarta y en el acta se recoge su
puntuación de 90 puntos sobre 100 y ocupa el puesto
segundo de su clase. (Leo que el siguiente con 89,50
puntos se llama Domingo Lezama). Por aquellos años,
el juniorado cubría los estudios que podríamos llamar
enseñanza básica y media; era preciso hacer adapta-
ciones curriculares dada la diversa situación con que
llegaban los juniores estudiantes y la abundante y a
veces contradictoria legislación reinante. Los dos años
de escolasticado, además de continuar con la formación
religiosa y congregacional, propia del año de noviciado,

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dan pie a rematar estudios pendientes y a acometer el
magisterio, entonces, siempre por libre. Un profesor del
escolasticado de entonces -cursos 1955-57-, testimonia
que “Josemari, además de inteligente, ya se mostraba
el Viator comprometido y perfeccionista que fue toda
la vida; recuerdo en especial el empeño de mejorar su
redacción, tarea que luego le sirvió toda la vida como
vehículo de acción apostólica a distancia en sus cartas,
artículos, crónicas y demás”.

En concreto Josemari supera en junio de 1954,
con notable, la prueba de grado elemental de bachillera-
to en el instituto nacional de enseñanza media de Bilbao.
En julio de 1957, aprueba el grado superior de bachillera-
to, esta vez en el instituto nacional de enseñanza media
Ramiro Maeztu de Vitoria. Una certificación firmada por el
secretario de la escuela de magisterio Fray Francisco de
Vitoria deja constancia de que superó las pruebas finales
de magisterio en junio de 1958. Los cursos de 1964-68
los dedica a estudios teológicos en el entonces seminario
diocesano de Vitoria, obteniendo el grado de bachiller
en teología en julio de 1968, con la nota 8,8. Un curso
después obtiene en la universidad de Deusto (Bilbao), el
grado de licenciatura en teología con la calificación bene
probatus (7 sobre 10). Y finalmente encontramos tam-
bién en su archivo un diploma de reflexoterapia podal,
emitido por la Fundación Montjoia de Barcelona, fechado
en marzo de 1997, actividad a la que tan prolija y gus-
tosamente se dedicó, obtenido en el curso del segundo
noviciado 1996-97.

21
En el camino de la vida

Josemari se alista al mundo laboral de la ense-
ñanza a sus 20 años de edad. Y va estar en activo hasta
cumplir los 65, fecha de la obligada jubilación. Entonces,
tendrá la oportunidad de cumplir su sueño de irse a
Misiones, al Perú viatoriano en concreto. Unos 25 años
los pasa directamente en el aula escolar, como profesor.
10 cursos prioriza su misión de educador en las casas
de formación y maestro de novicios. Durante 6 años ejer-
ce como Consejero provincial y general, luego 8 como
Superior provincial. Más de una vez, tendrá que simulta-
near diversos cometidos como es el trabajo y el estudio
para completar su currículum formativo, o el quehacer
escolar y la pastoral parroquial, el cumplimiento religioso
y el compromiso social, etc.

En la homilía de su funeral en Vitoria-Gasteiz, el
presidente de la eucaristía -el Superior provincial en ejer-
cicio, Jesús Ángel Arroyo- expresaba lo siguiente: “La
lista de servicios que Josemari ha prestado a lo largo de
su vida a la Congregación, a la Iglesia y a la Sociedad, es
larga: desde que empezó siendo formador en el juniorado
(como llamábamos a nuestro seminario); como superior
provincial durante 8 años, de los cuales 3, presidente de
CONFER (Confederación española de religiosos), que no
deja de ser un reconocimiento a su valía; como conse-

23
jero general en Roma, como maestro de novicios unos
años en Eskoriatza, como profesor y cura en San José de
Basauri antes de jubilarse. Y cuando se jubila no se retira
a descansar, sino que hace la maleta y se va a Perú, a
seguir anunciando el Evangelio con palabras y con gestos
de escucha y cariño y masajes en los pies”.

Josemari, profesor.- Se estrena en el aula esco-
lar nada más superar el escolasticado, a la vez que cierra
por libre el expediente de magisterio; era en Sopuerta,
curso 1957-58. El curso siguiente es destinado al hogar
San Francisco de Paula de Zaragoza; y regresa a
Sopuerta para los cursos 1959-61 y a continuación a
Eskoriatza, cursos 1961-64. A veces, la obediencia es
muy versátil y movida. De 1964-68 lo encontramos en
Vitoria realizando los estudios de teología con miras a la
ordenación sacerdotal. Esta tiene lugar en la catedral de
Sevilla, con ocasión de la celebración del VII Congreso
eucarístico nacional (junio 1968). En la ciudad alavesa
apoyó singularmente al grupo scout San Viator, en fase
de consolidación. Este movimiento se había iniciado en
octubre de 1965 en los locales de las gratuitas de Arana.
Por allí colaboraban José Ángel Murguía y Julio Batalla.
Recuerda Josemari cómo alumnos del colegio le solici-
taron su ayuda y él no vaciló desde el primer momento, y
recién ordenado, les acompañó en el primer campamen-
to scout San Viator en Isaba. Después de ocupar cargos
de animación y de ejercer responsabilidades comunita-
rias, volverá a pisar diversas aulas colegiales: Basauri,
Valladolid, Vitoria, Huesca, Mondragón, Madrid, Ntra.
Sra. de Fátima, etc.

Josemari, formador.- Pasó en diversos perío-
dos por las casas de formación: Sopuerta, Eskoriatza,

24
Valladolid. Ejercía como padre espiritual, maestro de
novicios, a la par que profesor..., siempre como edu-
cador-formador. Buen profesor de ciencias o letras,
también era director de canto, organizador de deportes,
preparador de veladas o teatro, etc.; y es que los días de
entonces, sin radio, sin televisión ni internet, tenían más

Ordenación sacerdotal de Josemari y Victorino Rodríguez.
Sevilla, 19 de junio de 1968.

25
horas que los de ahora. A continuación, van algunos tes-
timonios de formandos o alumnos que con ocasión de su
muerte, recuerdan a Josemari en alguna de sus facetas.

Curso 1971-72. Valladolid. Un junior de entonces
nos ha dejado sus sentimientos y vivencias ante la con-
ferencia de mediodía, seguida del examen de conciencia.
Era tiempo para la formación grupal y momento personal
de pulsar el día y preguntarse uno mismo por lo bueno y
malo de la propia conducta. Delante tiene al padre espi-
ritual, charlista exigente, cuya silueta y pasos le delatan
previamente a través de los cristales del pasillo como
nervioso e impaciente, antes de entrar en el aula. La
charla resulta contundente y luego es fácil la llegada de
buenos propósitos e intenciones en los formandos; estos
se ven liberados por el toque alegre del timbre que marca
la hora esperada de la comida.

Otro junior de la misma época, muestra un aspec-
to más paternal y pedagógico, aunque también exigente,
de Josemari como educador. Transcribo literalmente
algunas frases del escrito: “En seguida me tendió su
mano grande y fuerte. ¡Cuántas veces su apoyo sereno,
su caminar recto, su limpia mano, me habrían de sacar
de algún caminillo oscuro! Como profesor era exigente
y apretaba. Un día se enfadó con nosotros; en aquel
momento pensé que se hundía el mundo, pero ¡no!;
aquella tarde el cura jugaría con nosotros sin más y ¡vaya
partidazo! Me gustaba como animador espiritual, con su
estilo, su sonrisa, su exigencia. Y es que terminó agarrán-
dome por su forma de ser, por su mirada con dulzura, por
su cariño y me fue connatural obedecer a su máxima de
‘aprende de un viejo lobo’. Ya creo que aprendí…”.

26
Juan Francisco Serrano era junior en el curso
1959-60, en Sopuerta; estudiaba junto a sus compañe-
ros 4º de bachillerato, siendo los mayores con 14, 15, 16
años. Josemari aunque no era profesor de ellos, solía
acompañarles al paseo. Recuerda gratamente la siguien-
te anécdota: “Un día había nevado y subimos al Mello. Al
llegar a un prado con bastante nieve empezó la guerra.
Como es de suponer, en cuanto él tiró la primera bola
de nieve a uno de nosotros, la respuesta fue acribillarle a
bolazos. Josemari aguantó bien la refriega y más de uno
de nosotros tuvo que soportar un revolcón en la nieve.
Jugaba con ventaja, la de tener una sotana que le cubría
entero, la boina bien calada y… 22 años. Al final, todos
alegres de vuelta al seminario. Lo que más nos atraía de
él era su alegría y la cercanía con que nos trataba”.

Carlos Luis Galerón también guarda grato y
edificante recuerdo de Josemari, en clave comunitaria.
Escribe así: “Yo le conocí desde muy joven. Pero cuando
más de cerca le traté fue estando en el colegio San José
de Basauri. Yo hacía mis primeras armas como profesor
y él pasaba su verano preparando su tesina de teología
(1968-69). Recuerdo que era un joven sacerdote que esta-
ba acabando sus estudios. Me daba ‘miedo’ sólo verle
con un gran taco de folios (temas…) que, me dijo, tenía
que saber casi de memoria… Era un modelo de religioso
para mí, como para la mayoría de los jóvenes. Además,
su temperamento agradable, su simpatía y su jovialidad,
lo convertían en un hermano mayor para nosotros”.

Josemari, superior provincial (1981-1989).-
Josemari había formado parte del Consejo provincial
de 1973 a 1978 siendo Superior provincial José Luis
Ezcurra, y del Consejo general de 1978 a 1981 siendo

27
Superior general Thomas G. Langenfeld. Precisamente
desde Roma, es llamado a España que le postulaba
como futuro Superior provincial. Unos meses antes, todo
el Consejo general había cursado una visita pastoral a
la Provincia. Quedaron admirados de la vitalidad con
que se encontraron así como de la preparación de per-
sonas-religiosos para la animación y liderazgo. Afirman:
“Apreciamos en la Provincia, cuadros de personas pre-
paradas y la fuerza de una juventud que es gracia para
la Congregación y para la Iglesia… Durante los últimos
años, la Provincia ha hecho un esfuerzo extraordinario en
el campo de la formación”.

Fecha: Vitoria, 22 de marzo de 1981. A la prime-
ra votación de los 27 Capitulares presentes, ya tenía la
Provincia superior elegido para cuatro años: José María
Legarreta Bilbao, de casi 44 años de edad, 25 de vida
religiosa y 12 de sacerdocio. Un basauritarra, Jose
Antonio Lezama va a ocupar el puesto vacante dejado

Josemari saluda a Juan Pablo II. Castel Gandolfo, 25 julio de 1984.

28
en Roma. Este, con ocasión de las bodas de plata de
vida religiosa de Josemari (1980) le había elaborado
un discurso. En el texto le recuerda tiempos pasados y
constata cómo la ordenación sacerdotal le había hecho
más flexible, más acogedor, alegre, optimista y… pro-
fundamente espiritual. Incluso en la postdata se atreve
a preguntarle por sus defectos: “¿Y tus defectos?...Te
suben ahora hasta el súmmum del podio del provincia-
lato y yo te diría ‘cave ne cadas’ (¡cuidado con caerte!);
parece que es la voluntad de Dios y del pueblo y todos
-estos dos centenares de religiosos- estamos contigo en
el pensar, en el orar, en el obrar. ¡Enhorabuena!”

En la toma de posesión del nuevo Superior pro-
vincial -11 de abril de 1981 en la capilla del colegio San
Viator de Madrid-, empleó la fórmula de rigor pero con
libertad y quiso agregar en su profesión de fe las impli-
caciones, las vivencias y sentimientos que le acompa-
ñaban en esos momentos. No era tanto un juramento
antimodernista cuanto una manifestación de la creencia
y esperanza del interesado; se lo dice Michel Sudres,
antiguo Superior general, quien le felicita por la elección
y le añade: “Es el tiempo de la fe y de la esperanza en
el amor”. Josemari tiene recuerdos para renombrados
antepasados de la Congregación y agradecimientos
para los que cesan en sus responsabilidades y para los
presentes todos; no olvida a quienes se hallan lejos de
estas tierras en campo de misión o ya han traspasado la
frontera de esta vida.

Extracto de la profesión de fe. “Creo en Dios que
es Padre, Señor de la historia, que quiere contar conmi-
go, sintiéndome pobre, quien está empeñado en nuestra
aventura… Creo en Jesús, mi hermano, mi camino, mi

29
verdad, mi vida. Jesús, amigo de los pobres y de los
niños, modelo de servicio… Creo en el Espíritu Santo,
señor y dador de vida, quien tiene que poner en mí el
‘ánima’ para animar, para poder ser vivero y trasmisor de
la fe y de esperanza… Creo en la Iglesia, soy hijo de la
Iglesia. Mi Congregación es Iglesia. Dios la suscitó como
instrumento de gracia hace 150 años… Siento el miedo
de la responsabilidad ante el cometido de ser el garan-
te, el sostenedor, el promotor de fidelidades. Y creo en
María, la Madre de Jesús, mi Madre. Ella ha estado siem-
pre presente en mí como modelo, como estímulo, como
cobijo. Bajo su protección pongo estos cuatro años de
servicio; que ella me ayude para que mi actuar sea siem-
pre según la Palabra que pronuncie mi Padre Dios”.

El nuevo Consejo provincial se pone de inmediato
manos a la obra. Se reúne varios días para la reflexión
y planificación. Se ve joven y capaz de formar equipo
y de empatizar con las comunidades cuyos proyectos
se propone potenciar como primer objetivo. Encuentra
pronto una dificultad estratégica; sólo el Superior y el
Administrador disponen de dedicación exclusiva; a los
cinco miembros del Consejo les falta tiempo en común y
más liberación para los intereses generales. Cuando en
octubre de 1983, el Superior general y su Consejo visitan
la Provincia, dejan constancia de la buena marcha de
la Comunidad española: “Nos parece constatar que las
relaciones de los miembros del Consejo provincial son
muy buenas…Debemos subrayar la alta estima que todos
y cada uno de los Consejeros muestran por la persona
y el buen hacer del Superior provincial, sentimiento que
comparten muchos Hermanos de la Provincia”.

30
Algunos asuntos adquieren carta de ciudadanía
y pasan a ser prioritarios en el quehacer provincial: la
formación religiosa, el cultivo de la identidad viatoriana,
el noviciado durante los dos años, tiempos fuertes de
formación como las tres semanas de Burriana (Castellón)
para religiosos de votos temporales, el mes y medio en
Guerendiaín (Navarra) para religiosos de edad media, el
mes de preparación para la profesión perpetua, la sema-
na de retiro anual con un día dedicado a la Provincia,
la asamblea del 14 de agosto para comprometer la
prioridad para el siguiente curso, los encuentros regio-
nales sobre un tema de interés, etc. De puertas a fuera,
la sociedad española vive la aplicación de la polémica
LODE (ley orgánica 8/1985 del 3 de julio, reguladora del
derecho a la educación). La misión de la Provincia priori-
zaba su quehacer en los colegios, y los nuestros junto a
otros muchos educadores de diversas Congregaciones y
algunos de seglares o particulares defendíamos a ultran-
za la libertad de enseñanza. Fueron tiempos convulsos
que propiciaron solidaridad y unión entre las instituciones
de iniciativa social, dedicadas a la educación de niños y
jóvenes. Varios Viatores se mantuvieron en primera línea
en medio de estas batallas. A su vez, mirando hacia den-
tro, se habían superado pasadas tensiones en las comu-
nidades entre mentalidades y generaciones diferentes;
se había conseguido más unión y confraternización. La
Provincia goza de una época dorada.

Josemari es elegido en mayo de 1983 vicepre-
sidente de la CONFER masculina y tres años después,
presidente. Ha de compartir la animación de los Viatores,
y con el nuevo equipo, la atención a los problemas
generales de los religiosos españoles (29.162 en España

31
y 19.206 fuera). Llega la fecha de la renovación como
Superior provincial y efectivamente un 24 de marzo de
1985 es reelegido por un Capítulo ampliado por vez
primera, para un mandato de otros cuatro años. Son
muchas las programaciones, reuniones y actividades que
ha de acometer el nuevo Consejo. Recopilamos algunas
destacables.

Josemari, siendo presidente de la CONFER.
Madrid, noviembre de 1987

32
Como hecho significativo, durante el primer año
se procedió a modernizar la contabilidad provincial y
comenzar a asumir las nuevas obligaciones laborales y
fiscales, siendo Basilio Álvarez el Administrador provin-
cial a la vez que Asistente. El Capítulo general de 1984
había aprobado los Reglamentos generales; ahora toca
a las Provincias elaborar sus Reglamentos particulares.
Había juventud y novicios; se iban sumando asociados
a la comunidad. Surgen situaciones nuevas, como el
servicio militar para los religiosos y la objeción de con-
ciencia. Se reanudan las peregrinaciones a Tierra Santa.
Las economías provinciales y su gestión se complican
por la legislación imperante y la Administración provincial
ha de montar toda una oficina contable, competente. En
1982 se inaugura la Residencia San Viator de Valladolid
para religiosos enfermos. El 15 de agosto de 1987 Chile
que dependía de España como Provincia madre, quedó
constituida oficialmente como Región con las compe-
tencias que le otorgaban los Reglamentos generales.
Va tomando cuerpo un despertar mayor por la figura del
Fundador. Se fragua la expresión “colegio en pastoral” a
la par que se expresa por vez primera la propuesta edu-
cativa viatoriana.

Josemari, maestro de novicios.- Josemari había
dejado el provincialato en abril de 1989. Seguirá todavía
unos meses como presidente de la CONFER, hasta el
16 de octubre. Después de un breve descanso, asume
en agosto de ese año la responsabilidad durante tres
cursos, de maestro de novicios y encargado de los jóve-
nes religiosos de la Provincia. Traslada su residencia de
Casaquemada, Madrid capital, a Eskoriatza, pueblo. Aquí
conviven novicios y religiosos en su mayoría recién pro-

33
fesos. Curso 1989-90. Con su ayudante, debe atender a
dos grupos de novicios: 5 novicios de segundo año y 4
novicios de primer año. Es el superior de la comunidad
donde hay 3 estudiantes de magisterio.

La llamada casona de Eskoriatza, además de casa
de formación, ha adoptado el carácter de casa de aco-
gida. Está abierta a grupos diferentes de la parroquia del
pueblo, especialmente a los grupos de catequesis desde
la infancia a la post-confirmación, así como a los alum-
nos de los colegios viatorianos cercanos. En ella solían
celebrarse algunas reuniones provinciales viatorianas,
sobre todo de índole vocacional. A decir de un morador
de entonces, las mañanas eran tranquilas pero las tardes
sistemáticamente bulliciosas.

En agosto de 1990 profesan 4 novicios y de los
otros 4 de primer año, 2 se retiran. Se incorpora 1, Juan
Carlos Aguinako Díaz, si bien en febrero también había
ingresado el chileno Marcelo A. Lamas Morales. Se pro-
duce cambio en el ayudante del maestro: Manu Rubio es
sustituido por Ángel María Ipiña a quien agradezco par-
ticularmente las siguientes ideas y aportaciones.

La actividad en Eskoriatza que desarrolla Josemari
es prolija y diversa. Las obras faraónicas del tejado le
traen a mal andar durante meses; se retrasan y el invierno
se echa encima. En septiembre de 1990 asumió como
compromiso personal ser coadjutor de la parroquia del
pueblo; ello implica la atención pastoral a las anteiglesias
próximas: Salinas de Léniz. Marín, Zarimutz y Mázmela.
Tenía que correr para estar puntual a la hora. Se ade-
lantó a los tiempos proponiendo una especie de unidad

34
pastoral celebrativa, cuyo enfoque permanece a día de
hoy. Al pueblo fiel le costó entender su dinámica; pero
él persistió bajo su máxima de que “valía más juntarse
para celebrar la fe, que justificarse con la asistencia a
misa”. Una obra que aún perdura es su creación del coro
parroquial compuesto exclusivamente de mujeres, para
animar las celebraciones litúrgicas. Impulsó las cenas de
solidaridad, oraciones por la paz, los inter-noviciados de
Congregaciones próximas con sus jornadas de forma-
ción a través del Instituto teológico de Vida religiosa de
Euskal Herria, etc.

Este extenso programa de actividades, su volunta-
rismo, su sentido perfeccionista y de exigencia personal
terminaron por minarle la salud, más que física, mental.
Entró en una depresión que le va a acompañar doloro-
samente un tiempo. Hubo de dejar la responsabilidad
del noviciado y cambió de residencia yendo a vivir a la
comunidad de Basauri, no lejos de sus hermanos/as,
trabajando en el colegio como profesor y pastoralista y
recomponiendo su salud.

Aprovechará el curso 1996-97 para realizar el
segundo noviciado, residiendo en San Viator de Madrid.
Esta experiencia le marcó muy positivamente en su espi-
ritualidad y desprendimiento personal. Tomó la iniciativa
el día de Navidad de 1996, de entregar su anillo de oro
de la profesión perpetua al Superior provincial como
“signo de mi deseo de vivir más pobre, con menos signos
de poder y con más cercanía a los pobres, y por ellos, a
Jesús pobre, débil y entregado. ¡Ojalá sea capaz de más
renuncias!”

35
Terminado el periodo de formación, ya el 30 de
agosto vuelve a Sestao, en busca de “un trabajo parro-
quial con gente necesitada preferentemente”. El nombra-
miento, dirigido al Superior provincial, tarda en llegar y
está fechado el 11 de noviembre, y firmado por el can-
ciller del obispado: “Me es grato comunicarle que el Sr.
Obispo de la diócesis, D. Ricardo Blázquez, ha tenido a
bien nombrar al P. José María Legarreta Bilbao, miem-
bro del equipo presbiteral que atiende a las parroquias de
Sestao. Y le agradece su disponibilidad al aceptar esta
encomienda”. En la Navidad del año 2000, en su habitual
comunicación anual a los amigos y familiares, afirma tex-
tualmente: “Los curas del pueblo son perlas de amistad
y de entrega sacerdotal. Me he metido más en los años
de postcomunión y también con el grupo de madres. He
frenado un poco mi dedicación a la reflexoterapia. La pas-
toral parroquial es amplia (misas, funerales, visitas, etc.)”.

Josemari terminó por superar su proceso depresi-
vo después de meses. En su origen, además del exceso
de activismo y su propia personalidad, no hay que olvi-
darse de la importancia que daba al acompañamiento
vocacional, tarea a la que también se dedicó un tiempo
casi en exclusividad. En sus tiempos de Superior provin-
cial había tratado sobre todo con personas adultas, que
podían responsabilizarse de sus actos; pero otro tema
era la pedagogía con jóvenes, en descubrimiento del
camino de sus vidas, que ante las llamadas crisis perso-
nales reaccionaban, a veces, si no infantilmente sí como
adolescentes inconsistentes. Como responsable nom-
brado asumía interiormente los problemas de los demás
y particularmente le hacía sufrir mucho los abandonos de
la vocación religiosa, si así eran realmente.

36
Su predecesor en el cargo de Superior provincial,
José Luis Ezcurra aporta unos detalles interesantes
de la riqueza personal de Josemari: “Para mí ha sido
el mejor pastoralista de cuantos CSV. he conocido en la
Provincia. Estuvo dotado de un espíritu de discernimiento
notable; un ejemplo. Un religioso fue acusado, en ins-
tancias superiores de sospechas como que tenía alguna
relación inadecuada… Desde entonces se notaba frialdad
por parte de los superiores, en toda comunicación con el
hermano… Sólo José Mari desestimó, desde el primer
momento, aquella acusación, convencido, además, de
que el trato con la joven no fue deshonesto sino interesa-
do por sacarla de la situación en la que estaba cayendo:
prostitución por falta de familia, trabajo y apoyo alguno”.
Este don del Espíritu también le sirvió personalmente
en los últimos tiempos de su estancia en Perú. En la
hojeta del colegio San Viator de Huesca, fechada el 15
de noviembre de 2016, Rafael Gállego publicaba unas
líneas de reconocimiento: “Padre Legarreta, he sentido
admiración por ti, has sido el Viator más emblemático de
la historia viatoriana de España, en tu vida has construi-
do mucho amor y cariño a las personas, tenías una fina
espiritualidad, siento hondamente que tengo que coger tu
testigo…”

Un testimonio de un antiguo novicio de Josemari
y, también antiguo religioso, que ha llegado a este escri-
torio confirma los comentarios valorativos emitidos y nos
manifiesta, desde la propia vivencia, el modo de actuar
del maestro. Extraigo algunas frases de su extenso escri-
to para concluir este apartado.

”Sí tengo clara una imagen de J. María Legarreta.
Me viene siempre a la mente su risa y cómo se sonrojaba

37
cuando reía. Una sonrisa franca. Era una persona que
irradiaba autoridad, la verdad es que imponía respeto.
Uno podía pensar que con el cargo, con la responsabi-
lidad, habría una distancia de él hacia nosotros bastante
grande, o puede que de nosotros hacia él. Pero no fue
así. Parecía disfrutar de nuestra joven y alocada algarabía.
Se le veía feliz de estar entre nosotros”.

“Pero lo que me llamó la atención durante el año
que conviví con él en Eskoriatza, es que cuando reía
transmitía alegría y a la vez una naturalidad, una frescura
y una felicidad que pocas veces se ve. Parece que dis-
frutaba de cada momento enormemente. Por supuesto,
entonces, no tuve ocasión de conocer su lado serio y
de firmeza que más tarde me hizo darme cuenta que
vivía las distintas situaciones con mucha intensidad. No

Recuerdo de la profesión perpetua de Josemari y compañeros.
Vitoria, 30 de julio de 1961.

38
se andaba con medias tintas. Sé que le resultaba difícil
aceptar mi posible marcha vocacional y que la situación
era complicada para él; pero nunca tuvo ni un gesto, ni
una palabra que pudiera incomodarme. La verdad es que
no sé cómo agradecer que él y otros compañeros fueran
tan comprensivos y no me juzgaran en esos momentos
tan complicados”.

“Era hombre de ideas políticas tradicionales, por
qué no decirlo. Y su afinidad con el PNV la manifestaba
claramente. Nosotros -al menos yo-, que no entendíamos
de política local ni nacional, pero que disfrutábamos de la
polémica, no dudábamos en crear un poco de controver-
sia y él se tomaba las cosas muy en serio. Él defendía su
filiación y sus ideas con argumentos y firmeza”.

“Cuando me informaron que al jubilarse decidió
ir a Perú para ayudar allí, no me sorprendió sino que me
confirmó su entereza como ser humano y su compro-
miso con su fe y con la gente. A veces me preguntan
por mi pasado, por las personas con las que estuve en
la Congregación, por el sentido de haber pertenecido a
este grupo humano y religioso, y él es una de las perso-
nas que nombro con frecuencia. Para mí es un ejemplo
de entrega, que muchas veces cito para cuestionar a
mucha gente en su sensación de derrota y futilidad de las
Congregaciones religiosas y de la propia fe. Es un ejem-
plo que me hace confiar en el ser humano, que me hace
sentir que hay posibilidades de construir algo mejor. Fue
una persona cuya entereza e integridad, cuyas ganas de
vivir con intensidad todo, me llamaron siempre la aten-
ción. D.E.P.”

39
Josemari, misionero en Perú.- Josemari escri-
be el 6 de septiembre de 2001 al Superior provincial de
entonces, Goio Eskibel, y le dice que lleva un tiempo
pensando y rezando la carta que le hace llegar. Que todo
empieza por un escrito del obispado de Bilbao, donde
invita a los sacerdotes que al llegar a los 65 años, puedan
replantearse la inserción de los años siguientes. Y cita el
ejemplo de Avelino Martín que al jubilarse de la ense-
ñanza ha ido a Perú. “Con todo esto -dice- ando tocado.
En la asamblea de Valladolid -celebrada del 28 de julio
al 4 de agosto de 2001, bajo el título ‘En el camino de la
refundación’- lo sentí y lo viví. Y se pregunta: ¿Podría ir yo
a una de las Fundaciones y ser útil allí en la última etapa
de mi vida? No es la vez primera que siento llamada por
las Fundaciones; en muchas de mis visitas pastorales me

Consejo de la Fundación. Santa Eulalia (Perú), 11 octubre de 2003.
Fila superior: Andrés Thibault. Esteban Malo (sup.). Josemari.
Fila inferior: Clemente Larose. Géber Rodríguez.

40
sentía como ‘traidor’ a lo que veía; antes había invitado
a otros…” La oración-plegaria del comienzo de la asam-
blea resultará premonitoria: “Ven, Espíritu de Dios, sobre
mí; me abro a tu presencia, cambiarás mi corazón”.

El Superior provincial le responde el 18 de sep-
tiembre diciéndole que el asunto ha pasado por el
Consejo, que no aprecian matiz alguno de huida y que
su ofrecimiento ocupa lugar preferente ante eventuales
necesidades. Tres días después Josemari añade que
“no señala lugar alguno de preferencia para su inserción,
que no quiere condicionar”. Pasa un año más -el 5º- en
Sestao, donde ha asumido “dos parroquias de más de
culto y feligresía. La alegría mayor la he vivido en la reali-
zación de mi vocación viatoriana: la catequesis y la cele-
bración”. En mayo cumple los 65 años de edad.

En un correo del 5 de septiembre de 2002,
Josemari anuncia su ida, de paso, a Madrid para el 6 o
7 de octubre y tiene previsto tomar el avión a mediados,
destino Lima, una vez que haya regresado de Canadá
el Superior de la Fundación. El día 16 ya toma tierra en
“este -dice- humilde y sonriente Perú”. La revista Vida
Viatoriana (Cf. nº 387, año 2002) recoge con fecha 28 de
octubre, desde Yungay (Perú), la primera crónica firmada
por Josemari Legarretaetxebarria, csv. Luego llegarán
otras muchas mes a mes. En el número anterior de la
referida revista había respondido, en carta abierta, a la
pregunta ¿por qué se iba a Perú?, texto donde añadía
que había dejado perplejas y llorosas a sus hermanas y
cuñadas y con interrogantes a los hombres de la casa.

Josemari va a pasar doce largos años en Perú,
viviendo a principio en Yungay, luego -la mayor parte-

41
en Tamshiyacu y finalmente en Cutervo: es decir, en la
Sierra al sur, en la Selva y otra vez en la Sierra, al norte.
Vive en una comunidad viatoriana, formada por religio-
sos de varios países. Desarrolla una amplia actividad,
ya sea en el ámbito colegial, en la pastoral parroquial,
en la medicina alternativa de la reflexoterapia, en el
compromiso social, etc. Siempre desde el corazón y su
fidelidad al compromiso evangélico al ritmo del carisma
querbesiano. Continúa con las cartas periódicas que
enviaba a los familiares, a numerosos amigos y amigas,
escritos a modo de crónicas con matices personales que
dejan constancia de su recorrido peruano y del antes y
del después; en total serán 192 misivas, y la última -18
octubre 2016- lleva por título “Corazón abierto”. Pronto
descubre la realidad del país que le acoge y la realidad
de la pobreza de tanta gente. En su crónica del 9 de abril
de 2003 afirma: “Me cuentan que un hermano nuestro, en
Chile, pedía tener un corazón de piedra para no sufrir por
tantas cosas… Yo ya tuve tal miedo al venir aquí que no
podría con tantas penas y pobrezas…Tampoco quiero ser
un pasota y quiero pagar precio por querer a la gente”.
La crónica del mes siguiente, 24 de mayo, ante la inmo-
ralidad institucional, el terrorismo de Sendero Luminoso
y latrocinios que narra, exclama: “¡Me duele Perú! porque
cada día quiero más a este pueblo, pero ¡qué montañas
tiene que escalar...! La despedida: grito, oración, corazón
y abrazo por la Paz”.

En Tamshiyacu, a orillas del majestuoso río
Amazonas en plena selva, teniendo como centro la ciu-
dad de Iquitos, a una hora de lancha motora, Josemari
va a pasar aquí la mayor parte de su estancia peruana.
Tuvo oportunidad de llevar a cabo uno de sus proyectos,
surgido en los últimos años, con ocasión de la supera-

42
ción de la crisis de stress y de la oportunidad que le dio el
año de segundo noviciado: su dedicación a la reflexote-
rapia, como medicina alternativa. Para ello, y con ayudas
recibidas desde sus tierras de origen, levantó un edificio
con despachos y salas acomodadas para la consulta y
prácticas.

Ha dejado todo un nutrido dossier sobre la reflexo-
terapia. Manejamos algunas notas personales. Su
encuentro con esta disciplina se debe a Begoña y a
mosén Sebastián. Begoña Gandiaga, religiosa Vedruna
de Zumaia (Gipuzkoa), que le avivó el interés y mosén
Sebastián Fábregas, el profesor que le impartió el curso
en la Fundación Montjoia de Barcelona, 1996-97. Deja
constancia de la gratificación que le produce llevar a la
práctica lo aprendido y se confiesa satisfecho y feliz. Hay
listados de seguidores o pacientes y de los frecuentes
cursillos promovidos en los años siguientes, entre 1997
a 2002, por el País Vasco, particularmente por Bilbao y
poblaciones adyacentes. Se sirve de una publicación per-
sonal, de 83 páginas, fechada en Madrid 1997, así como
de numerosas fotocopias a color plastificadas. Confiesa
explícitamente que él no diagnosticará enfermedades, no
dirá que se supriman los tratamientos médicos, no supli-
rá al paciente en sus decisiones.

Tiene fe en su quehacer sanador, dedicación gra-
tuita que, en Perú, es reconocida y aceptada por la gente.
No quiere entrar en disputa con la postura mayoritaria
de los médicos que ven en esto una futilidad. Afirma
textualmente: “Recuerdo a mi madre; pocas veces vino
el médico a casa; ella sabía mil remedios caseros y nos
curaba. O preguntar ahora a Aitor de Sopuerta (Bizkaia),

43
ya crecido, cuando tenía dos años y sus amígdalas le
tenían postrado frecuentemente en cama; su respuesta
es que ‘el cura le curó por los pies para siempre...’ Si a
través del masaje se llega a sanaciones que el médico no
se explica o no se esperaban, habrá que ser sinceros y
confesar que se está recibiendo reflexoterapia”.

En la carta que firma el 20 de enero de 2012,
anuncia a familiares, amigos y amigas que el próximo
año va a estar en Cutervo, departamento de Cajamarca,
en la sierra: “La ciudad de Cutervo está a unos 2.600
metros sobre el nivel del mar; (mil metros más alto que
el Gorbea). Tiene unos 20.000 habitantes y es centro
comercial de muchas poblaciones de alrededor. Hay una
época de lluvias, de noviembre a marzo. Luego es clima
sano, de altura, con un vientillo de afeitar el bigote… En
Cutervo, desde hace cuatro años, dirigimos el Colegio
Fe y Alegría 69. ‘Fe y Alegría’ es una red educativa muy
extendida en América del Sur y El Caribe, impulsada por
los jesuitas”. Aquí vivirá Josemari hasta el regreso defi-
nitivo “al pueblo de su infancia”, Basauri. La misión es
colegial prioritariamente pero abierto a la colaboración
parroquial y social.

Al momento de decir adiós, recopila de esta mane-
ra en su carta del 28 de enero de 2015. “En Cutervo he
vivido tres años intensos de vocación viatoriana: el mundo
juvenil y escolar, y la pastoral parroquial. Sigo siendo un
convencido de que el campo escolar-educativo es clave
en la formación de personas, en la oportunidad de llegar a
las familias, en preparación de ciudadanos y cristianos…
Y me voy despidiendo. Me acompaña y resuena la letra
y música de la canción ‘Amigo’ de Roberto Carlos que
me han cantado: ‘Tú eres mi hermano del alma, realmen-

44
te el amigo’. ‘Recuerdo que juntos pasamos muy duros
momentos, y tú no cambiaste por fuertes que fueran los
vientos...’ Ahora no quiero pensar en que esta despedida
será, normalmente, para siempre… En esta etapa de mi
vida, desde los 65 años, he vivido en Perú doce años y
tres meses, tiempo de mucho regalo en vivencias huma-
nas y religiosas”.

Sabemos también que no todo fue de color de
rosas. Habla de duros momentos. Y los tuvo también
en tierra peruana. Páginas atrás hemos destacado el
don de discernimiento del que estaba revestido por el
Espíritu, y cómo le ayudó particularmente a superar una
situación embarazosa y antifraterna. Otro asunto que
le dolió mucho a él y a toda la Comunidad viatoriana,
fue la marcha de Yungay a finales del 2003, al tener
que dejar Pueblo Libre, en la provincia de Huaylas. Se
habían producido chispazos entre la JARC -Juventud
Agraria Rural Católica, atendida al principio por la
Hermanas Franciscanas Misioneras de María, y luego
por los Clérigos de San Viator-, y la JUFRA -Juventud
Franciscana, atendida por los PP. Capuchinos-. Estos
estaban al frente de la parroquia de San Juan. El obis-
po del lugar termina dando la razón a los Capuchinos y
ordena que los Clérigos de San Viator dejen el territorio
y que no animen ya a la JARC así como abandonar otras
actividades y presencias. Josemari vivió muy tensamen-
te esta situación y cierra su crónica del momento con
estas palabras. “Yo soy el último Viator llegado a esta
tierra hace un año y dos meses. Se me rompe mucha
cuerda interna; creo que hemos estado con los pobres;
ese ha sido nuestro evangelio predicado y vivido. Eso me
sedimenta gozo y paz y experimento que son compatibles
con la pena y las lágrimas”.

45
Un tercer capítulo de dolor hubo de vivirlo en
Tamshiyacu. En esta ocasión, de un modo más perso-
nal y sigiloso. Por hechos que no ha lugar, el entonces
obispo -franciscano- que estaba al frente del vicariato de
San José del Amazonas tuvo que dejar su condición y
misión. Josemari desde la parroquia de la Natividad de
María, colaboraba en primera fila. Sufrió las vicisitudes
del vicariato y se empeñó junto a otros colaboradores
directos en restaurar el tejido eclesial y pastoral. Tanto
guardó estos males dentro de sí que no los comunicó;
al menos, no hay rastro entre los abundantes papeles
legados. La experiencia de Yungay hubo de revivirla años
más tarde cuando la Comunidad deja Tamshiyacu y es él
quien apaga la última vela.

Josemari en Cutervo (Perú) 2012-2014.

46
Hacia el final

Josemari había dejado Perú el 9 de febrero de
2015. Daba ya por concluida la búsqueda de nuevas
geografías y se asentaba definitivamente en Basauri
(Bizkaia), su pueblo predilecto, el pueblo de su infancia
como gustaba citarlo. Aquí se unió gozosamente a la
comunidad religiosa local y desde ella proyectaba su
programa de vida y misión. Además tenía oportunidad
de estar cerca y compartir con sus numerosos familiares.
No en vano iba a cumplir los 78 años de edad. Ofreció su
servicio sacerdotal a la Unidad pastoral basauritarra de
San Fausto y al hospital de Basurto (Bilbao) donde ejerció
voluntariamente como capellán, entregado y querido.

Detrás de la puerta de su habitación tenía fijado
a la altura de los ojos, su Plan de vida personal. Para el
curso 2016-2017 así lo presentaba:
• Objetivo principal. Vivir una vida comunitaria rica
en comunicación y cuidar mi vida espiritual.
• Estilo de vida. Procuraré mantener un estilo de vida
pobre, sencillo y alegre.
• Vida comunitaria. Es reflejo de la Trinidad en mí:
- compartir la situación personal y familiar;
participar y aportar;
- participar en las tareas comunitarias y ofrecerme
para servicios;

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- avisar de las salidas y trasparencia de vida y
relaciones.
• Vida de oración. Dedicarle tiempo pues lo tengo:
- fidelidad a los encuentros y esfuerzo personal por
la creatividad y el enriquecimiento;
- tiempo de concentración antes de las oraciones;
- al menos media hora de oración personal al día;
- rezar el oficio de maitines y el santo rosario;
- servirse de los textos de la liturgia diaria.
• Vida de misión. Sed presencia sanadora de Dios:
- me ofreceré en el colegio para lo que pueda
ayudar;
- seguiré en el hospital de Basurto una mañana y
una tarde;
- atención a familiares enfermos y ancianos;
- oferta a la parroquia, al menos la eucaristía
dominical;
- escribiré la biografía de N. csv. y quizás la de
algún otro;
- seguiré con la Carta mensual y con la Geografía
viatoriana;
- alguna presencia más frecuente en la comunidad
de Sopuerta;
- participar en lo diocesano y en lo parroquial.
• Formación. Seguiré preocupado por mi formación
permanente:
- tener siempre un libro de lectura;
- estar al día con las revistas Vida Nueva y Sal
Terrae;
- escoger artículos actuales en Religión digital y en
Fe adulta;
- prensa diaria, seguir especialmente el movimiento
internacional;

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- asistencia a conferencias; seguir el taller de
jubilación: Una etapa para la plenitud o cómo
envejecer saludablemente.

Josemari es encontrado muerto en la mañana del
domingo, día 13 de noviembre. Su rostro refleja sereni-
dad. La víspera había acudido como todos los meses a
la jornada del taller de jubilación. Ya al atardecer regresa
a casa y dice sentirse cansado; participa en la oración
vespertina y se sienta a la mesa para compartir la cena
fraternal. Casualmente, juega la selección española y,
como amante del buen deporte, pasa a continuación a la
sala donde está la televisión comunitaria. En un momento
dado le dice al superior que le acompañe a Urgencias,
que no se siente bien, que así no va a poder dormir. Pasa
un rato y de nuevo repite el ruego. Ya en alguna otra oca-
sión se había dado el mismo episodio. Pide ir a pie pero
con la excusa de que está lloviznando, es trasladado en
coche. Es atendido por los facultativos de guardia que
le realizan varias pruebas como un electrocardiograma
pues el mal parece proceder del corazón. Los médicos
no observan nada grave y le remiten a casa. Ya aquí, se
detiene unos minutos a ver el partido de fútbol pero ¡cosa
rara!, se levanta y se retira silenciosamente a su habita-
ción para acostarse. Serían sobre las 11 de la noche. Ya
no sabemos más; la noche impuso su velo de silencio y
despedida.

Josemari había comentado en comunidad que el
domingo, día 13, era el primer aniversario de la muerte
de su hermano Pedromari, y que iba ir a Galdakao a
presidir la Eucaristía de las 12. Como no aparecía en las
primeras horas del día, el superior se extrañó mucho,
pues aunque le fuera obligado descansar más tiempo,

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se levantaba incluso para dar tal aviso. Ya sobre las 10
horas y algún minuto, el superior golpeó la puerta de la
habitación y al no obtener respuesta entró; le llamó por
su nombre y al ver que no reaccionaba, dio la luz y se
encontró a Josemari ya cadáver, acostado en la cama
como dormido, con el semblante tranquilo pero frío, sin
signos de vida. El corazón había sido el gran protagonista
de la noche.

La noticia se hace llegar a todas las comunida-
des cuyos miembros la acogen con sorpresa y estu-
por. Parecido sucede a los miembros de su familia.
Precisamente su hermana Begoña le estaba esperando
en el taxi para acercarle de Basauri a la parroquia de
Galdakao antes de la hora de la misa. Cuesta aceptar
este tipo de golpes de la vida. Y en esta ocasión a él, a
Josemari, que exhibía vitalidad y alegría, que se consa-
graba a acompañar a los demás ante el dolor y la sole-
dad, que tenía horizontes y ganas inmensas de vivir.

Sus restos mortales fueron velados en el tanato-
rio Andra Mari de Galdakao. Ante el cadáver, la última
oración la hacen los Hermanos de comunidad, y sus dos
Hermanas presentes se despiden con un canto en eus-
kera. En la esquela más próxima a la casa apareció una
nota añadida a bolígrafo: “Gracias, Pater, de todo cora-
zón”. El funeral de cuerpo presente se celebró el martes
en la capilla del colegio San Viator de Vitoria-Gasteiz,
siendo enterrado en el panteón de la Congregación El
Salvador del mismo lugar. Otro funeral tuvo lugar el
miércoles, en la parroquia San Pedro de Basauri, siendo
muy concurrido y participado; no faltó un nutrido grupo
de compañeros del colegio San José que le recordaban

50
con mucha simpatía, así como amigos de Eskoriatza y
Sestao.

Como superior de la comunidad, me vi motivado a
escribir unas palabras de despedida, para leerlas al final
de su misa funeral. Quedan recogidas a continuación.

¡AGUR, JOSEMARI!

José María Legarreta Bilbao se nos ha ido; y sin
despedida ni previo aviso, se ha ido para siempre. Nos
ha sorprendido a todos. Ha sido al despuntar el alba del
día primero de la semana, en estas fechas finales del año
litúrgico. Había cumplido en mayo pasado los 79 años
de edad; ha vivido 61 años en la vida religiosa y 48 de
sacerdocio.

Sabemos que la última palabra sobre cada exis-
tencia humana, la tiene nuestro Padre Dios, el “Padre
de las misericordias y el Dios de todo consuelo”, como
nos dice San Pablo (2 Cor 1,3). El pasado día 13, era
domingo. San Agustín nos recuerda (De la Ciudad de
Dios XXII, 30,5 col. 804) que el final “no es la noche sino
el día del domingo del Señor, significándonos con ello
el descanso eterno, no sólo del alma sino también del
cuerpo. Entonces, descansaremos y veremos, veremos
y amaremos, amaremos y alabaremos” a nuestro Buen
Padre. Y sí, creemos que al final del camino, ya no hay
más camino sino la casa del Padre; al final de la noche,
ya no hay más noche sino la aurora resplandeciente; al
final del duro bregar ante la muerte, ya no hay más muer-
te sino Vida para siempre, Vida eterna.

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Sobre la mesa de trabajo, Josemari tenía nume-
rosos recordatorios de familiares, amigos y religiosos
difuntos. Destacaba el último añadido recientemente: el
de Aimar, hijo de Irune -y Raúl-, la sobrina menor e hija
del hermano difunto Pedromari. Aimar, como un verda-
dero ángel se había ido, de muerte súbita, el 8 de sep-
tiembre de 2016, a los cuatro meses y medio. Más cer-
quita, sobre la mesilla de noche, dos recortes de papel.
Uno lo reconocí en seguida pues me había encargado
no ha mucho, ir a la parroquia de San Vicente mártir de
Abando (Bilbao), donde está enterrado el poeta Antonio
de Trueba (Galdames 1819-Bilbao 1889) y traerle unos
versos del llamado “Antón el de los Cantares”, grabados
sobre la placa recordatorio, destinados al público en
general. Llevan por título el “Último canto”:
“Dicen que el cisne cuando muere canta,
y hoy tanto de mortal mi dolor tiene,
que acaso es la del cisne mi garganta.
La voluntad de Dios es justa y santa.
¡Hágase en mí, Señor, lo que ella ordene!”

El otro recorte recogía una oración que por lo visto
la rezaba al acostarse. Es de San Nicolás de Flüe (1417-
1487) -el Hermano Klaus- y dice así la oración:
“Mi Señor y mi Dios, quítame todo. Todo lo que me
distancia de ti. Mi Señor y mi Dios, dame todo lo que me
acerca a ti. Mi Señor y mi Dios, sepárame de mí y entré-
game por completo a ti”.

Su súplica ha sido escuchada y ya Josemari
reposa en el seno de Dios, acogido en sus maternales
entrañas, junto a los Familiares que le han precedido y
Viatores que se le han adelantado en la partida definitiva.
A Dios también nosotros le alabamos y le damos las gra-

52
cias por la vida que en Josemari nos ha regalado; regalo
en primer lugar para los suyos, -su familia de sangre a
quien tanto amaba-, y también para nosotros, compa-
ñeros en el camino Viator; y regalo generoso para tanta
gente que ha acompañado y querido a lo largo de sus
más de seis décadas de apostolado.

Sabemos que desde la ciudad de Cutervo (Perú)
regresa a Basauri en febrero de 2015, -al pueblo de su
infancia-, donde va a ejercer el ministerio sacerdotal y
la pastoral sanitaria en el hospital de Basurto en Bilbao.
Sacaba tiempo también para compartir y prestar gusto-
samente ayuda a sus hermanos/as y parientes, atendien-
do sus necesidades sobre todo médicas y de compañía.
Él, nunca reclamó cuidados especiales para sí; más bien
optó por servir a los demás y llevar una vida personal
austera y sencilla, como entendía que le pedían sus com-
promisos religiosos y el Evangelio mismo.

Gracias, Josemari, por habernos dado testimonio
fehaciente de fe, como el patriarca Abrahán, siempre
en camino, siempre en búsqueda, no faltándote duras
pruebas como las muertes -no ha mucho tiempo-, dolo-
rosas y humanamente incomprensibles de algunos de los
tuyos. A ellas, hoy se suma la tuya en primera persona.
Gracias, por habernos dado ejemplo personal de vida
evangélica, pobre y sencilla, atenta a la voluntad divina.

Gracias, Josemari, por tu delicadeza y servicio en
la vida comunitaria, siempre disponible, alegre y exigente
a la vez, presto a la cercanía y comprensión fraternas.
Por tu incondicional adhesión a la familia religiosa que
te acogió y por tu interés contagioso hacia la historia de
la Congregación y de la Comunidad viatorianas, como lo

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demuestran tus periódicas colaboraciones para acercar-
nos la actualidad de la “geografía viatoriana” o noticias
positivas de las Provincias y Fundaciones (Cf. La revista
Vida Viatoriana).

Gracias, Josemari, por tu compromiso con el
carisma viatoriano en favor de los excluidos y desfavo-
recidos de la sociedad. Has sabido mostrarnos con tu
conducta la esencia del Reino de Dios en favor de los
hombres. Has sido referente, para más de un Viator,

Josemari, siendo Superior provincial.
Marzo de 1985.

54
del religioso catequista, del compañero fraterno, del
apóstol cercano a los necesitados, modelos que nuestro
Fundador, Luis Querbes, buscaba para llevar adelante
su proyecto.

Gracias finalmente, Josemari, por la última lec-
ción. Nos enseñaste a vivir y nos has enseñado a morir.
Has dejado materialmente vacía la maleta de viaje, has
dejado la casa recogida y en orden, has sabido cerrar las
ventanas de tus ojos al alba del día del Señor y abando-
nar tu cuerpo terreno para que nosotros lo devolvamos
a la tierra, a la espera de la resurrección universal. Hoy
te despedimos con una oración y nos quedamos con un
recuerdo; la oración es de agradecimiento a Dios por tu
vida y ejemplo; y nos queda el recuerdo de una persona
que se dejó querer y que quiso apasionadamente a los
demás.

Mil gracias, de todo corazón, Josemari.
Eskerrik asko, bihotz bihotzez!

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Despedida

Guardamos unas preciosas palabras de auto-
biografía, escritas de su puño en el año 2010, cuando
la comunidad le pidió, allá en Perú, algunos elementos
biográficos. Bien pueden servir de síntesis al final de este
escrito.

“Yo nací el 14 de mayo de 1937, en Euskadi…
Por ser hijo de obrero de la Basconia, fui admitido
en el colegio San José de Basauri que los Clérigos
de San Viator dirigían desde 1935. Era de fami-
lia pobre; un sueldo para siete hijos… Entrar en
el colegio de los Viatores fue un premio para los
tres hermanos. Allí conocí y amé la vida de los
Hermanos; estos me invitaron al juniorado. Mi aita
se oponía; pero no resistió las lágrimas”.

“Ya, Viator, fui profesor-educador, especial-
mente en las casas de formación. Me ordené de
sacerdote. Ocupé distintos cargos de animación
provincial y de animación de la vida religiosa en
la Cónfer de Madrid. Párroco en Euskadi, en un
pueblo de obreros, los cinco años antes de venir
a Perú”.

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“Llegué a la edad de la jubilación de la ense-
ñanza. Podía seguir con cargo y trabajo parroquial,
pero quise ofrecer mis últimos años de vida a África
o a América. Durante mi periodo como superior
había visitado los lugares de las Fundaciones y
había animado a varios hermanos a ir a trabajar a
esos lugares. Ofrecí mi disponibilidad y deseo a
los superiores. Y estos me regalaron poder venir a
Perú”.

“Siempre me había atraído la forma de tra-
bajo de los Viatores de Perú. Los sentía cercanos
a los pobres, cumpliendo recomendaciones de
varios Capítulos generales… Me dolía que hubiera
dejado el terreno de la enseñanza-educación… Por
otro lado, está muy arraigado el ministerio de la
catequesis y el trabajo con jóvenes aquí, en Perú;
un día, me despediré agradecido y feliz”.

En el último repaso de papeles me encuentro el
guión de la homilía del domingo XXXII del tiempo ordina-
rio -6 de noviembre de 2016- que Josemari había segui-
do en tal fecha, justo una semana antes de su partida; el
anterior miércoles, día 2, había sido la conmemoración de
todos los fieles difuntos. Sus palabras fueron “un canto a
la vida para siempre, a la resurrección universal, en honor
de todos los santos difuntos”. Cita textos bíblicos que
fundamentan la fe en la resurrección y el testimonio de
varios creyentes. “La muerte no es un accidente sobre-
venido de una manera fortuita; forma parte integrante del
proceso de la creación” (Teilhar de Chardin 1881-1955).
Y copia las palabras esperanzadoras del asesinado
periodista guatemalteco José Calderón Salazar (1911-
1994), con las que cerró la predicación:

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“!Que estoy amenazado de muerte…!
Hay en la advertencia un error conceptual.
Ni yo ni nadie estamos amenazados de muerte.
Estamos amenazados de vida,
amenazados de esperanza, de amor, de resurrección.
Porque además, Él es el Camino, la Verdad, la Vida.
Es la Vida aunque esté crucificado
en la cumbre del basurero del mundo”.

En la última página que escribió en su diario horas
antes de morir, guardaba un recorte de periódico con
el poema de Blas de Otero (Bilbao 1916-Majadahonda
1979), titulado “Campanita de Resurrección”. Trascribo
los cuatro últimos versos:
¡Aprende la lección de la campana
Mi triste y silencioso corazón.
Y voltea en mi pecho esta mañana,
Azul y alegre, de Resurrección!

El servicio religioso del hospital de Basurto quedó
muy afectado nada más enterarse del fallecimiento
de Josemari. Nos hizo llegar sus sinceras condolen-
cias inmediatamente. Agradecían vivamente el servicio
generoso prestado, la delicadeza, atención y cariño que
Josemari ponía con cada enfermo que atendía. Y lamen-
taba el vacío que ahora se generaba. Y por supuesto,
nos acompañarán en la misa funeral. Nos transmitieron
particularmente una oración, habitual en las despedidas
definitivas, con el ruego de que la empleáramos en el
último adiós a Josemari. ¡Qué mejor texto para cerrar
estas líneas!

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¡Me bastas tú, Señor de la Vida!

Señor de la Vida,
no sé cómo será la nueva tierra;
yo vivo en ese empeño.
No sé cómo serán los cielos nuevos,
y con esa esperanza me desvivo.

Pero una cosa sé, y eso me basta…
que creo en ti, Señor y Padre nuestro,
mi roca, mi vida, mi esperanza.

Me basta tu Palabra, Arquitecto del mundo.
Me basta tu Promesa, Inventor de la vida,
Ingeniero de todos nuestros sueños.
Me bastas tú, Señor y Padre nuestro,
para vivir despierto en la tarea de renovar la tierra.

Me bastas tú, Señor y Padre nuestro,
para cerrar los ojos cuando llegue el día
y despertar gozosamente sorprendido en el cielo.
Será la gran sorpresa de un amor
sorprendente y desmedido,
como el que Tú me tienes,
Señor de la Vida y Padre nuestro.

AMÉN

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Datos cronológicos

Nacimiento 14 de mayo de 1937.
Getxo (Bizkaia).
Ingreso en el juniorado 7 de septiembre de 1950.
Ezkoriatza (Gipuzkoa).
Cursos 1951-54 Juniorado de Sopuerta.
(Bizkaia).
Ingreso en el noviciado 14 de agosto de 1954.
Eskoriatza.
Primera profesión religiosa 15 de agosto de 1955.
Cursos 1955-1957 Escolasticado en Eskoriatza.
Curso 1957-1958 Profesor en el juniorado de
Sopuerta.
Título de Maestro Vitoria, junio 1858.
Curso 1958-1959 Profesor en el hogar de
Zaragoza.
Cursos 1959-1961 Profesor en el juniorado de
Sopuerta.
Profesión perpetua Vitoria, 30 de julio 1961.
Cursos 1961-1964 Profesor en juniorado y
escolasticado de Eskoriatza.
Cursos 1964-1968 Estudios en el seminario de
Vitoria-Gasteiz.
Ordenación sacerdotal Sevilla, 19 de junio 1968
Curso 1968-1969 Profesor y Pastoral en el
colegio de Basauri (Bizkaia).
Licenciado en Teología.
Universidad de Deusto, 1969.

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Cursos 1969-1973 Padre espiritual en el
juniorado de Valladolid.
Cursos 1973-1975 Colegio de Vitoria.
Consejero provincial.
Curso 1975-1976 Colegio de Huesca.
Consejero provincial.
Curso 1976-1977 Colegio de Mondragón.
Consejero provincial.
Curso 1977-1978 Madrid, Nª. Sª. de Fátima.
Consejero provincial.
Cursos 1978-1981 Consejero general. Roma.
Cursos 1981-1989 Superior provincial. Madrid.
Presidente: CONFER 86-89.
Cursos 1989-1992 Maestro de novicios.
Eskoriatza.
Cursos 1992-1996 Profesor y pastoral en el
colegio de Basauri.
Curso 1996-1997 Segundo noviciado.
San Viator de Madrid.
Diploma de Reflexoterapia.
Barcelona.
Cursos 1997-2002 Pastoral parroquial y social.
Sestao (Bizkaia).
Años 2002-2015 Perú: Yungay, Tamshiyacu,
Cutervo.
Años 2015-2016 Comunidad de Basauri.
Jubilado.
Fallecimiento 13 de noviembre de 2016.
Basauri.
Descansa Cementerio El Salvador.
Vitoria-Gasteiz.

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