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Introducción

Nicolás Maquiavelo, secretario de la cancillería florentina durante el Siglo XVI,

en general ha sido abordado desde las ciencias humanas apuntando a sus Discursos

sobre la Primera Década de Tito Livio (1512-1516) o a su más célebre tratado El

príncipe (1513). En el presente trabajo hemos querido destacar su producción literaria,

ya que a ella se avocó Nicolás luego de haber sido separado de su cargo en la

cancillería y condenado al exilio lo cual significó la muerte civil para un personaje que

había elegido la vida activa dentro de la sociedad a la que pertenecía.

Veremos cómo en este exilio Maquiavelo no resigna su responsabilidad republicana y

su rol activo como productor de ‘materias útiles’ para sus conciudadanos.

En su Dedicatoria a Lorenzo de Médicis, en El príncipe, el autor nos revela:

No he encontrado entre lo poco que poseo nada que me sea más caro o que tanto estime
como el conocimiento de las acciones de los hombres, adquirido gracias a una larga
experiencia de las cosas modernas y a un incesante estudio de las antiguas. Acciones
que luego de examinar y meditar durante mucho tiempo y con gran seriedad, he
encerrado en un corto volumen, que os dirijo. (El príncipe, Pág. 2)

De aquí extraemos la idea de que el principio unificador de la obra maquiavélica es el

estudio de las leyes que regulan la conducta de los hombres. Y aún en sus textos

literarios es este principio el que subyace.

Hemos elegido como corpus de análisis a La Mandrágora, una de las dos únicas

comedias escritas por el autor que fue puesta en escena en el año 1518. Se ha elegido

como eje de análisis la lectura política que se puede hacer de esta obra lo cual viene a

demostrar que es imposible comprender estas ficciones sin atender al gran

compromiso político de uno de los más brillantes pensadores del Renacimiento. Esta
lectura política está relacionada con la decadencia de la virtud clásica y la denuncia

implícita de que una nueva virtud se ha instaurado. Es por este último motivo que

hemos considerado necesario complementar la lectura de la obra de teatro con la

lectura de algunos pasajes de El príncipe.

Nuestra tarea como lectores de La Mandrágora será la que se basa en la

metáfora de los silenos que eran en la antigüedad unas cajitas decoradas por fuera con

frívolas figuras, tales como arpías, sátiros, pajarillos embridados, liebres con cuernos y

cerdos coronados de rosas; hechas por gusto para incitar a la risa. Pero dentro

de aquellos silenos que tan poco valían por fuera se guardaban las drogas más finas,

tales como bálsamo, ámbar y piedras preciosas1. Esta comedia deberá leerse bajo la

metodología de leer más allá de la risa y más allá de lo superficial ya que en su interior

oculta una profunda reflexión y crítica hacia la decadencia del humanismo de su

tiempo y nos aleja cada vez más de ese primer humanismo tan virtuoso y luminoso.

En relación al análisis conceptual acerca del pensamiento maquiaveliano nos

hemos basado en la investigación realizada por Mauricio Viroli que nos permitirá

dibujar un panorama que será el marco teórico para poder entender el trasfondo de La

Mandrágora. Para empezar a plantear esta cuestión es necesario explicitar que existe

un debate en torno a dos formas opuestas de entender a Maquiavelo: por un lado

como subversor e inescrupuloso corruptor de la más noble arte política y por otro lado

como restaurador de las ideas clásicas republicanas. En este punto es necesario aclarar

que si bien El príncipe ha sido interpretado como un tratado que define a la política

como el arte de gobernar repúblicas esto es falso ya que como lo ha dejado claro Viroli,

Maquiavelo nunca usa la palabra ‘política’ ni se plantea en ella una nueva forma de

1
Glosa realizada del ‘Prólogo’ de Gargantúa de Francois Rabelais quien dedica parte de este prólogo a
plantear la problemática de la interpretación por parte del lector.
interpretar la política. El príncipe es una obra que aborda el Arte de Estado tema que ya

había sido tratado por Giulano de Médici, Francesco Guicciardini y Ludovico Alamanni

por dar algunos ejemplos. El arte de Estado tiene que ver con estrategias que deben

poner en práctica los gobernantes y que contradicen a veces el principio racional de

justicia encarnado en la idea republicana de política. Según Viroli, entendemos que

Maquiavelo escribió El príncipe para convencer a Lorenzo de Médici de que conocía el

arte de Estado aún más a fondo que los rétores humanistas que estaban en ese

momento aconsejándolo. Al no obtener el respaldo esperado, tiempo después escribe

la comedia que nos ocupa. Deja Nicolás en el prólogo constancia de su descontento

con su situación al indicar como parte de la Captatio Benevolentiae la escritura de esta

comedia le ha permitido transformar ingeniosamente su triste tiempo en uno más

suave ya que se le ha prohibido mostrar sus virtudes en otros ámbitos.

La virtud y el vicio

Para comenzar el análisis citaremos el Discurso acerca de la lengua vulgar en

donde Nicolás nos orienta hacia el tipo de lectura que debe hacerse de las comedias:

“[…] hay muchas cosas que no se pueden expresar correctamente por escrito sin conocer a
fondo las reglas y las características de la lengua más estimada, como lo es la florentina. De
este tipo son las comedias, pues aún si el fin de una comedia es el de proponer un espejo de
la vida privada. No obstante su modo de hacerlo requiere cierta urbanidad, con términos que
provoquen risa para que los hombres, dirigiéndose a esa diversión, aprovechen luego el útil
ejemplo que está por debajo. Y por eso las personas cómicas difícilmente pueden ser
personas serias, porque no puede existir seriedad en un siervo fraudulento, en un viejo
burlado, en un joven loco de amor, en una puta lisonjera, en un parásito goloso; pero bien
resulta de esta composición de hombres, efectos graves y útiles para nuestra vida.” (Burucúa
et al, 2003. Pág 348)

Habiendo leído esta cita postulamos que en La Mandrágora se crea un microcosmos

en el cual los personajes se acercan a una tipología humana, así Messer Nicias,
Lucrecia, Calímaco, Fray Timoteo, Ligurio, se convierten en seres sobre los que el autor

descarga su aparato conceptual.

El gran tema que explora esta comedia es la dicotomía del vicio y la virtud. Ya

desde el prólogo se nos indica que los personajes son un amante mezquino, un doctor

poco astuto, un fraile mal vivido y un zángano, benjamín de la malicia.

Por un lado podemos observar a Fray Timoteo y a Ligurio a quienes los mueve la

promesa del beneficio económico y por otro lado tenemos a Calímaco quien es capaz

de cualquier engaño con tal de obtener el beneficio sexual anhelado. Messer Nicias y

Sóstrata por otro lado, se encuentran guiados por la necesidad de obtener un heredero

que será el que perpetuará la fortuna de la familia y acceden incluso a permitir una

muerte si eso les garantiza que su necesidad se verá satisfecha.

La única que queda libre de vicio en este prólogo es Lucrecia quien es presentada como

una joven sagaz pero engañada. A lo largo de toda la obra excepto al final, Lucrecia será

el estandarte de la virtud es por eso que nos avocaremos a ella.

Desde el comienzo de la obra Lucrecia es descripta primero por Camilo Calfucci como

la más bella de todas las italianas. Estos elogios harán regresar a Calímaco a Italia quien

al verla será preso del furor amoroso. Reproduciremos un diálogo entre Calímaco y Siro

para mostrar cómo es valorada esta mujer:

SIRO. ¿Qué esperanzas conserváis?


CALLIMACO. ¡Ay de mí! ¡Ninguna! En primer lugar me es hostil la naturaleza de ella, que es
honestísima y en todo ajena a las cosas del amor; el tener el marido riquísimo,
que en todo se deja gobernar por ella, y, si bien no es joven, no es del todo viejo como
parece; no tener parientes o vecinos con quien ella se relacione en alguna reunión y en
alguna fiesta o en algún otro placer con los que suelen entretenerse los jóvenes. A su casa no
va ningún trabajador; no tiene sirvienta ni criado que no le tema: de manera que no
posibilidad de ninguna corrupción. (La Mandrágora, Pág. 12)

Vemos que aquí Lucrecia es presentada como la que gobierna, la que es temida, la que

es honrada. Alcanza aquí su virtud el punto más álgido, comienza aquí la conspiración
que torcerá y transformará esa virtud. Esta condición de Lucrecia la hará participe de

una serie de condiciones que Maquiavelo destina al príncipe.

Por otro lado, es necesario destacar que el nombre de Lucrecia alude sin duda

alguna a la Lucrecia de Tito Livio. Aquella Lucrecia, fundadora de la virtud romana es el

último refugio de la moral. Es evidente el paralelismo entre la escena descripta por

Calímaco en el Acto I y la escena en la cual se describe a Sexto Tarquino escuchando a

Collatino elevar la virtud y belleza de su mujer por sobre la virtud de cualquier otra.

Otra alusión importante es la que se establece con el relato trágico que hace

Shakespeare de la violación de Lucrecia, en la cual ella defiende su virtud con un

dramático discurso dirigido a Tarquino. Nada de esto es lo que sucede en La

Mandrágora.

Uno de los principales factores que llevan al quiebre de la voluntad de Lucrecia es

el personaje de Fray Timoteo que es el portavoz de la religión imperante. A través de él

circulan por el texto los conceptos del bien y del pecado. Sin él, los planes de Calímaco

y Ligurio habrían de fallar. Ane Paolucci caracteriza a Fray Timoteo indicándonos que:

“La iglesia se ha vuelto manejable para él sólo en tanto negocio y sus monjes están
entrenados para mantener la exhibición de las mercancías tan limpias y atractivas como sea
posible: todo debe estar perfecto; las estatuas atendidas; las velas votivas, encendidas; y así
sucesivamente. Él es, a su manera, un exitoso ejecutivo; y, cuando llega el momento crítico,
sabe dónde se encuentra la principal ventaja de su negocio.” (Lucrecia de Livio…, Pág. 12)

Esta caracterización de Fray Timoteo encuentra su asidero la frialdad de cálculo que


lleva a cabo el fraile al darse cuenta después de la primer visita de Ligurio y Nicias que
hay muchos engaños circulando “no sé quién de los dos ha engañado al compañero […]
y es cierto que yo he sido engañado pero este engaño me es útil” y añade incluso “sea
como sea, no me arrepiento de ello […] Madonna Lucrecia es prudente y buena, más
yo, con la bondad, la haré caer en la trampa.” (La Mandrágora, Pág. 41)
Producto de esta reflexión vemos la eficacia y la solidez discursiva con la cual el

religioso convence a Lucrecia de acceder voluntariamente a ser presa del engaño de

Calímaco:

“Muchas son las cuestiones que de lejos parecen terribles, insoportables, extrañas, y que,
cuando tú te acercas a ellas, resultan humanas, soportables, familiares, y sin embargo se dice
que son mayores los temores que los males: y ésta es una de ellas […]En cuanto al acto, que
sea pecado, es un cuento, porque la voluntad es la que peca, no el cuerpo; y la razón del
pecado es disgustar al marido y vos le complacéis; sentir placer, y vos sentís desagrado.
Además de esto, el fin ha de ser considerado en todas las cosas, vuestro fin es el de llenar
una silla en el paraíso y complacer a vuestro marido.” (La Mandrágora, Pág. 43)

Los argumentos utilizados resultan aceptables, coherentes porque están

fundamentadas en la doctrina. Hay también aquí una resonancia con las palabras de

consuelo proferidas a Collatino y a Lucrecia luego de la violación. Este discurso es la

prueba cabal de que la doctrina cristiana y sus funcionarios presentan una moral

ambivalente.

En el Capítulo II del Libro II de sus Discursos, Nicolás medita acerca de la razón por

la cual los pueblos antiguos fueran más amantes de la libertad que los pueblos

actuales. Concluye Maquiavelo que esta diferencia se fundamenta en la religión. Y

acusa el nefasto rol político que cumple la religión cristina al estar formando hombres

débiles de carácter:

"La fortaleza de alma que nuestra religión exige es para sufrir pacientemente los infortunios,
no para acometer grandes acciones. Esta nueva manera de vivir parece que ha hecho más
débiles a los pueblos y más fácil de convertirlos en presa de los malvados.” (Discursos sobre
la Primera Década de Tito Livio, Pág. 160)

Y así de esta manera, la doctrina religiosa vulnera la virtud de Lucrecia para hacerla

presa de los malvados. Tal como asevera Paolucci, Maquiavelo nos advierte que una

mala interpretación de la doctrina religiosa puede llevar a la corrupción, porque a fin

de cuentas es uno solo el fin que justifica los denominados ‘medios’ maquiavélicos, y

ese fin es el arte de gobernar para construir un orden social allí donde hubo desorden.
Observamos en la obra que no es este el fin que persigue ninguno de los personajes de

la obra.

A pesar de ser Lucrecia el personaje sobre el cual se nuclean los demás, ella

aparece en sólo cuatro escenas de toda la obra. A saber la Escena X y XI del Acto III, y la

Escena V y VI del Acto IV. No habrá espectadores para la caída final de la virtud que

Lucrecia encarna porque el autor ha decidido no mostrarnos los hechos sino

exponerlos a través del lenguaje. Es a través de la mediación de Calímaco por quien

conocemos el final de la conspiración:

“Después de algún suspiro dijo: Dado que tu astucia, la estupidez de mi marido, la simpleza
de mi madre, y la maldad de mi confesor me han llevado a hacer aquello que jamás habría
hecho por mí misma, quiero juzgar que esto viene de una disposición celeste, que así lo ha
querido, y no soy capaz de rechazar lo que el Cielo quiere que yo acepte. Por ello, yo te tomo
por señor, protector y guía: tú, mi padre; tú, mi defensor, y quiero que seas todo mi bien; y
aquello que mi marido ha querido para una noche deseo que sea para siempre. Él te hará,
por lo tanto, su compadre e irás esta mañana a la iglesia y de allí vendrás a comer con
nosotros; y el ir y el quedarte dependerá de ti, y podremos estar juntos en todo momento y
sin sospechas.” (La Mandrágora, Pág. 65)

Allí donde se puso a prueba a la honestidad de esta mujer que se nos mostraba

inaccesible nos encontramos con que frente a la situación adversa, Lucrecia observa,

evalúa los beneficios, mide las posibilidades y se transforma. La mujer inaccesible se

convierte en flexible, envuelta en el vicio de otros ha accedido a manipular los hilos de

su vida desde esa ley. Esta conducta es claramente la que Nicolás le aconseja al

príncipe:

“[…]hay tanta diferencia entre cómo se vive y cómo se debería vivir, que aquel que deja lo
que se hace por lo que debería hacerse marcha a su ruina en vez de beneficiarse., pues un
hombre que en todas partes quiera hacer profesión de bueno es inevitable que se pierda
entre tantos que no lo son. Por lo cual es necesario que todo príncipe que quiera mantenerse
aprenda a no ser bueno, y a practicarlo o no de acuerdo con la necesidad […] hallaremos que,
a veces, lo que parece virtud es causa de ruina, y lo que parece vicio sólo acaba por traer el
bienestar y la seguridad.” (El Príncipe, Capítulo XV. Pág. 28)
Entonces el personaje de Lucrecia que es la heroína de esta historia, opta entonces por

poner en uso una inteligencia práctica a favor del bien común y acepta vivir el adulterio

porque le traerá beneficios a ella, a Nicias ya que ella finalmente quedará embarazada 2

y él criará a ese hijo como suyo. Ligurio y a Fray Timoteo también serán beneficiados

con el rédito económico producto de su participación en la conspiración.

Concluimos entonces que incluso cuando Lucrecia es la engañada, ella toma

decisiones racionalmente, planifica y gobierna por sobre el resto. La virtud clásica de la

honestidad se ha transformado y ha instaurado una nueva que parte de la adaptación

de la moral según la necesidad que exija el contexto o las circunstancias.

Si bien es necesario continuar con una investigación más exhaustiva sobre este

tema, no deja de llamar la atención el hecho de que dentro de la producción literaria

del autor los personajes femeninos por un lado sean el motor narrativo de la acción

dramática y al mismo tiempo sean personajes tan silentes y tan poco visibles.

En la Fábula de Belfagor, Archidiablo, la mujer sobre la cual se construye la obra se

llama Honesta y jamás se le da la palabra. El relato que hace Belfagor de ella nos habla

de una mujer que también es temida por sus súbditos como Lucrecia. Haciendo caso

omiso de su nombre que hace resonar a un valor moral como la honestidad, Honesta

nos retrotrae a la imagen de la aristocracia vigente. Los rasgos de este personaje

responden a la manipulación, al egoísmo y a la soberbia. En Clizia, la otra comedia

escrita por Nicolás, cuya acción dramática gira nuevamente en torno a una mujer que

jamás aparecerá en escena. En el prólogo el autor nos dirá que ella no aparecerá por

pudor, porque Sofronia, la restauradora de la moral familiar, no lo permite.

2
Tendremos noticias acerca del embarazo de Lucrecia en la lectura de Clizia, en donde se referirá al
milagro que ha obrado Fray Timoteo que a raiz de su rezo a traido la fertilidad a una mujer.
Consideramos que más allá de la posible lectura de la misoginia que caracteriza a todo

el periodo renacentista, hay alrededor de estos personajes un complejo montaje

simbólico. Hemos comprobado que este tipo de operaciones ya han sido realizadas por

ejemplo por Boccaccio en el Decamerón, obra en la cual el rol femenino viene a

justificar la generación, la temática y el orden de todo el artefacto narrativo.

A modo de conclusión, queremos resaltar que a diferencia de otras comedias en

las que después de la tensión dramática de la acción de los personajes se vuelve a

construir un equilibrio, en La Mandrágora por el contrario al finalizar se nos muestra el

quiebre del único personaje que representa los valores clásicos que en la antigüedad se

preciaban y que se supone deberían primar y perdurar en este Renacimiento. Al leer la

obra asistimos a la exposición de una realidad descarnada que nos da a entender que

la antigua virtud romana ya no está en vigor y que incluso el latín culto tan resguardado

para fines elevados no es usado sino más que para mofas y artificios llevadas a cabo

por personajes como Calímaco y Ligurio.

Al finalizar la obra todos han engañado, incluso nosotros como lectores hemos sido

engañados porque las expectativas elevadas se han visto canalizadas por otro camino.