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Un mundo de desigualdades

Un mundo de desigualdades

¿Qué desarrollo económico


estamos promoviendo?

Edgard Porto

PENSAMIENTO DEL PRESENTE • 23


1.ª edición: diciembre de 2009

Cubierta y maquetación: JesMart

© Edgard Porto, 2009


© Erasmus Ediciones, 2009
Muralla dels Vallets, 36 (edificio «Muralla»), local 2
08720 Vilafranca del Penedés (Barcelona)
Tel. 93 892 65 92
publicaciones@erasmusediciones.com
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ISBN: 978-84-92806-07-2

Depósito legal: B-44583-2009


Impreso en Service Point FMI, S.A.

Impreso en la UE – Printed in the EU

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ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, de graba-
ción o electrográfico, sin el consentimiento previo del editor.
Sumario

Capítulo 1. La búsqueda de una óptica para comprender


mejor el desarrollo regional ................................................................ 13

Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron a


la comprensión de la cuestión regional................................................ 19
2.1 Movimientos inconstantes de la visión regional ............................ 19
2.2 La ciencia ajusta el foco.................................................................. 21
2.3 Los tiempos recientes de la ciencia................................................ 26
2.4 El argumento sobre el pensamiento de los
economistas clásicos, Marx, neoclásicos y Keynes ............................ 29
2.5 El pensamiento geográfico: visión tradicional y crítica .................. 35
2.6 Los sociólogos clásicos presentan un recorte
territorial genérico.............................................................................. 42
2.7 Una mirada transversal sobre el período de la
posguerra .......................................................................................... 45
2.8 ¿Existe una nueva era? .................................................................. 49

Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores .................................... 53


3.1 Producción y espacio en la visión marxista .................................... 53
3.1.1 Ideas centrales que le atribuyen importancia al
espacio .............................................................................................. 53
3.1.2 El orden de los factores .............................................................. 54
3.1.3 Partes articuladas ........................................................................ 57
3.1.4 Circulación del capital ................................................................ 57
3.1.5 Rotación y tiempo de rotación del capital .................................. 58
3.1.6 Reproducción simple y ampliada del capital .............................. 59
3.1.7 Circulación simple: relaciones verticales de la
economía ............................................................................................ 61
3.1.8 Circulación total y rotación del capital ........................................ 64
3.1.9 Reproducción simple .................................................................. 65

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Un mundo de desigualdades

3.1.10 Reproducción social .................................................................. 67


3.2 Dos importantes teorías de localización ........................................ 68
3.2.1 Por qué pensar con Christaller y Perroux.................................... 68
3.2.2 Las localidades centrales de Christaller ...................................... 71
3.2.3 Los polos de crecimiento de Perroux.......................................... 77
3.3. La visión de Georges Benko.......................................................... 80
3.3.1 Método de identificación de las ideas centrales
del autor ............................................................................................ 80
3.3.2 Teorías explicativas del desarrollo socioeconómico.................... 82
3.3.3 Características de la mundialización de los flujos
capitalistas .......................................................................................... 85
3.3.4 La gestión espacial ...................................................................... 90
3.3.5 La organización espacial de la producción industrial .................. 92
3.4. La sociedad y el espacio por Castells .......................................... 100
3.4.1 En busca de las ideas centrales del autor .................................. 100
3.4.2 Génesis de un nuevo mundo ...................................................... 101
3.4.3 Globalización e integración territorial ........................................ 106

Capítulo 4. Convergencias y divergencias entre los


autores seleccionados .......................................................................... 115
4.1 Esfuerzo de síntesis ........................................................................ 115
4.2 La visión convergente de Benko y Castells .................................... 116
4.3 El contrapunto marxiano ................................................................ 119
4.4 Modelos de Christaller y polos de Perroux.................................... 122

Capítulo 5. Construcción de un planteamiento teórico


de desarrollo regional .......................................................................... 125
5.1 Elección de un camino.................................................................... 125
5.2 Proceso de desarrollo capitalista actual: producción,
integración social y concentración de riqueza .................................. 126
5.2.1 Dos procesos: producción flexible y los flujos
financieros mundiales ........................................................................ 126
5.2.2 Producción flexible ...................................................................... 127
5.2.3 Flujos financieros mundiales........................................................ 140
5.3 Dinámica del desarrollo regionalizado: límites y
posibilidades ...................................................................................... 146
5.3.1 Las actividades socioeconómicas y el espacio ............................ 146
5.3.2 Diferentes formas de concebir regiones .................................... 154
5.3.3 Límites y posibilidades de la gestión regional ............................ 161

Capítulo 6. Límites y posibilidades de la interferencia en


las tendencias del desarrollo regional.................................................. 167

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Sumario

6.1 La realidad en la que el planteamiento teórico se


materializa .......................................................................................... 167
6.2 Límites y posibilidades derivadas del proceso de
mundialización de los flujos de capitales, mercancías
y personas .......................................................................................... 177
6.3 Límites y posibilidades creados por las
particularidades regionales ................................................................ 181
6.4 Límites y posibilidades establecidos en función de
la utilización de métodos de investigación incompletos .................. 187

Referencias bibliográficas .................................................................... 193

9
Quiero transmitir mis agradecimientos al amigo y eminente colega Edmilson
Carvalho, constante compañero en las investigaciones sobre los problemas
sociales; a todos los amigos que de alguna forma contribuyeron al desarro-
llo de los trabajos, discutiendo temas importantes y polémicos; a mis hijos
Guido, Gustavo y Babi, y a Simone Porto que, juntos, prestaron el apoyo fa-
miliar indispensable creando un clima ameno, necesario para un raciocinio
provechoso; y al profesor Jaume Font, de la Universidad de Barcelona, que
nos apoyó en la realización de estas reflexiones.

11
Capítulo 1
La búsqueda de una óptica para comprender
mejor el desarrollo regional

Las alteraciones ocurridas en los últimos 40 años en el ámbito internacional,


especialmente con la mundialización de los flujos económicos, han traído re-
sistencias importantes para la discusión regional. Se ha estudiado y discuti-
do mucho si ese proceso trae consigo un movimiento de concentración de
riqueza en determinados territorios. Hay métodos distintos de análisis, te-
niendo lógicamente como resultado conclusiones desiguales sobre nuevos
fenómenos, llevando a la apertura de una gama de posibilidades de interfe-
rencia en la realidad.
A partir de este período, las relaciones sociales y económicas mundiales
comenzaron a ocurrir más fuertemente entre lugares y territorios, a diferen-
cia de como venían ocurriendo antes, cuando las economías nacionales, pro-
tegidas por la fuerte presencia de los gobiernos locales, creaban condicio-
nes especiales en cada Estado-nación y, dentro de ellos, ocurrían ciertos
controles de la extensión de la producción y de la circulación de las mercan-
cías, personas y capitales. Era el tiempo en que la densidad, la uniformidad
de la producción y de la circulación delimitaban territorios y caracterizaban
regiones económicas de formato más definido. Los valores creados por lu-
gares llevaban a una relación más directa de las demandas de la producción
local con sus cercanías territoriales, aunque el mayor mercado de consumo
estuviera localizado a grandes distancias (Porto & Carvalho, 1995).
Hoy ocurren relaciones intensas entre diferentes sitios del planeta, las
cuales son potenciadas por la evolución de la microelectrónica y de los me-
dios de transportes y comunicaciones, entre otros factores. Son relaciones
diferentes en intensidad, porte y carácter, pero cuya asociación espacial
conforma caminos más densos y más estructurados de la economía mun-
dial. Existen muchos casos en los que el uso y la ocupación territorial no
guardan relaciones tan directas con la producción local, pero, en gran me-
dida, con la producción de sitios distintos, a mayor o a menor distancia,
manteniendo una articulación económica que se transforma en competitivi-
dad internacional.

13
Un mundo de desigualdades

Bajo dichas circunstancias, existe una discusión en curso sobre el carácter


de la realidad actual, que oscila entre aquellos autores que comprenden los
cambios más recientes como el ápice de la sociedad industrial, con la hege-
monía del capital financiero en la escala global (entre otros, Jameson, 1997;
Mészàros, 2002), y aquellos otros autores que admiten que existe una transi-
ción hacia una era posindustrial, que también ofrece una versión en el medio
artístico, representado por los autores posmodernos, los cuales también
pueden ser considerados como una corriente, y aquellos que intentan agre-
gar una visión conjunta de las ciencias y defienden una sociedad donde to-
do depende de la manera de ver las cosas, lo que supone la indefinición
constante de los movimientos socioeconómicos y su falta de territorialidad.
Además de eso, pero teniendo también tales desencuentros como con-
secuencia, hay controversias en relación a las tendencias del desarrollo re-
gional en varios países o bloques económicos, entre aquellos que defien-
den la tendencia a la convergencia y otros que atestan un proceso de
divergencia regional.1 Por otra parte, hay políticas implantadas, principal-
mente por la Unión Europea, para intentar desarrollar regiones y resolver
graves problemas de desequilibrios regionales, cuyos resultados también
son el centro de amplias divergencias sobre sus efectos.
Más importante que entrar en discusión sobre dichos aspectos, es definir
los contornos teóricos que posibilitan exponer el problema principal, los
cuales son permitir la identificación de las causas de dichas diferenciaciones
regionales y discutir los límites y las posibilidades de reversión. También es
importante impulsar el debate sobre los nuevos formatos metodológicos ca-
paces de fornecer subsidios para las acciones, apropiadas para los diferen-
tes casos, y esperar por los diferentes resultados. En fin, lo importante es
poder contribuir con el proceso de análisis regional, presentando un nuevo
planteamiento crítico para los estudios de la geografía, de la economía y de
la Sociología, entre otras áreas de las ciencias sociales.
De esta forma, el objetivo de este trabajo es ayudar en la reflexión sobre
los límites y las perspectivas reales de la inducción al desarrollo regional en
los tiempos actuales, en una fase en la que hay una tendencia cada vez ma-
yor de mundialización de los flujos socioeconómicos, reglamentado por la
hegemonía del modo de producción capitalista, también prácticamente en
una escala mundial.
Se deja a un lado la fenomenología y se vuelve al análisis y la compren-
sión de fundamentos, como soporte para la construcción de un enfoque

1 Sobre ese tema, consultar los trabajos de Barro & Sala-i-Martin (1991 y 1992); Begg
(1992); Chatterij (1993); Mas et al. (1993); Raymond & García (1994); Armstrong (1995 y 2002);
Cuadrado-Roura (1996 y 1997); De La Fuente (1996); Fujita & Hu (1999); REY (2001); TERRASI
(2002), entre otros autores.

14
Capítulo 1. La búsqueda de una óptica para
comprender mejor el desarrollo regional

particular presentado en este libro. De cada autor seleccionado, las interpre-


taciones son realizadas haciendo recorridos cuidadosos por los pasajes que
puedan contener interpretaciones importantes de cada uno de ellos sobre el
desarrollo regional. Es como si nos estuviéramos inmiscuyendo en sus sub-
mundos, en sus almacenes de fundamentos de donde son ajustadas ideas
que dan soporte a sus reflexiones.
Los análisis se dirigen a las causas que pueden estar presentes en la ba-
se de apoyo del sistema capitalista que operan en sus rasgos generales a es-
cala mundial, aunque puedan aparecer con un ropaje distinto, travestidas de
matices superficiales, en cada región del planeta.
Dichas perspectivas deben verse como posibilidades de identificar las
tendencias al desarrollo de una determinada región y la construcción de las
acciones necesarias para crear un ambiente capaz de interferir en su proceso.
Es importante reconocer las bases teóricas capaces de identificar en qué me-
dida, y con qué características, las acciones regionales se presentan con la ca-
pacidad de impulsar su desarrollo socioeconómico, en los aspectos más ge-
nerales y articulados.
El desarrollo económico se comprende aquí como un proceso de produc-
ción y distribución de la riqueza, acompañado de la presencia de inversiones
en la infraestructura social, capaz de crear un ambiente adecuado entre las ac-
tividades económicas, sociales y el ambiente natural, dentro de un determina-
do territorio. Esto presupone la identificación de un objetivo específico, el cual
consiste en comprender las características actuales del modo de producción
capitalista, incorporando así el importante análisis del papel del Estado. Como
consecuencia, serán consideradas como importantes las relaciones entre las
demandas sociales y las posibilidades de distribución de la riqueza económica;
y entre las diferentes actividades humanas y el medio ambiente natural. Y to-
do esto se hace posible trabajando con modelos teóricos de distintos ambien-
tes regionales, teniendo en cuenta el grado de desarrollo de las regiones.
Finalmente se debe decir que el ambiente regional es el espacio que re-
fleja las relaciones socioeconómicas, que resulta de la circulación de flujos
de capitales, de mercancías y de personas, producidos internamente o que
circulan en un territorio. La territorialidad de esas relaciones puede definirse
también por las condiciones político-institucionales o por la adición de éstas
con las actividades sociales, económicas e incluso configuradas con el auxi-
lio de elementos naturales. De este punto nace un objetivo más específico,
como el despliegue del objeto específico anterior, el cual se refiere a discu-
tir las conceptuaciones de la región, intentando identificar los límites para su
encuadre y sus definiciones en un mundo globalizado en gran parte de sus
flujos socioeconómicos.
De esto resulta que los análisis a ser desarrollados no tienen una base te-
rritorial definida, no tienen el objetivo de reconocer un sitio, un país o blo-

15
Un mundo de desigualdades

que de países, pero tratan de encontrar líneas comunes de regionalizaciones


distintas en todo el planeta, aunque se tenga que trabajar con experiencias
ubicadas territorialmente, apenas utilizándolas como sustratos distintos para
identificar la lógica general, rechazada en diferentes regiones y países.
Inicialmente se presenta una estructura teórica capaz de servir como ba-
se para el análisis de las relaciones entre las actividades socioeconómicas y
el espacio, y que es sustentada por procedimientos reconocidos por la co-
munidad científica internacional. Esta estructura es formulada a partir de la
identificación de los presupuestos teóricos de las distintas corrientes del
pensamiento socioeconómico, que son reconocidas por los especialistas en
el asunto.
Para esto, en el capítulo 2 se hace inicialmente una lectura de la evolu-
ción del pensamiento científico desde el siglo XIX hasta finales del siglo XX,
en las áreas de la geografía, la sociología y la economía, con algunas incur-
siones en la filosofía, para subsidiar la elección de los pensadores para un
análisis más detallado.
Se muestra cómo el desarrollo de cada área de la ciencia tuvo un inicio
casi común, desde el punto de vista filosófico, con las ideas de los naturalis-
tas de los siglos XVII y XVIII, subdividiéndose posteriormente en vertientes
diferentes en los siglos XVIII, XIX e inicios del XX, y como eso repercutió en
los pensadores modernos.2
Se abre una discusión sobre el desarrollo diferente de las tres áreas de las
ciencias sociales en tiempos y en velocidades distintas, todas afectando de
una forma u otra la visión del desarrollo regional. Dentro de cada área cien-
tífica, se dan variadas tendencias, lo que da origen a escuelas y pensadores
que han servido como referencia teórica para la explicación de los reflejos
socioeconómicos sobre el territorio, engendrando críticas distintas sobre
procesos de desarrollos regionales. El resultado final de este primer momen-
to trae esta prueba que son los pensadores que fueron elegidos como mues-
tras de teorías capaces de servir como referencia para la construcción de la
perspectiva a ser utilizada en la investigación.
Como resultado, fueron seleccionados para investigación particular los
autores que representan una asociación de tiempo, o ciclo de desarrollo y
de corrientes de pensamiento científico diferenciado por área de conoci-
miento y por influencia sobre las políticas reales.
Con esta selección se analiza detalladamente en el capítulo 3, el pensa-
miento de cada autor seleccionado, intentando identificar los aspectos más

2 Este tema es enfocado en los siguientes autores, entre otros: Araújo (1988); Giddens
(1994); Hunt (1985); Napoleoni (1985); Sanchez (2000 & 2001), conteniendo también muchas
referencias en distintas páginas de Internet, entre ellas sociologicus (2001), accesada en octu-
bre de 2003.

16
Capítulo 1. La búsqueda de una óptica para
comprender mejor el desarrollo regional

importantes de sus ideas, capaces de explicar los reflejos territoriales de los


movimientos socioeconómicos, evidentemente considerándose la inserción
de dichos pensamientos e ideas en cada tiempo o ciclo de desarrollo socioe-
conómico mundial o de la región en la que el autor realizó sus investigacio-
nes. Se busca entender en cada autor, dentro de lo posible, la forma me-
diante la cual su visión teórica enfoca la relación entre los movimientos
socioeconómicos y el territorio, la medida mediante la que sus estudios en-
tienden el proceso de producción, de concentración y distribución de la ri-
queza producida, en contrapunto con las demandas sociales, y, finalmente,
la forma de definir en cada caso el concepto de región.
A medida que los análisis se desarrollan, se hace una crítica sobre los po-
sibles errores o factores que deben investigarse o actualizarse mejor, para
posibilitar la retirada de aquellos elementos o pasajes que puedan ayudar a
la construcción de una perspectiva teórica explicativa de los fenómenos de
la economía social regionalizada en los días actuales.
Después de los análisis individuales, en el capítulo 4 se desarrolla una dis-
cusión acerca de las visiones convergentes y divergentes entre los autores,
de tal manera que ofrezca una base para la definición a ser expuesta sobre
la construcción de un enfoque teórico de desarrollo regional.
En el capítulo 5, se expone el método de elección de una base de pensa-
miento contenida entre los autores mencionados y se presenta cómo, a par-
tir de ahí, son añadidos otros elementos e ideas de las visiones de los otros
autores, para fijar las bases de la estructura de un enfoque teórico para reco-
nocer los recortes regionales de los flujos socioeconómicos. Se trata de una
cuestión particular sobre: la visión del proceso de mundialización de los flu-
jos socioeconómicos; la relación entre las actividades humanas y el territorio,
contemplando los diferentes resultados impulsados por diferentes autores
en distintas territorialidades; las posibilidades de integración y de exclusión
de agrupamientos sociales; y las posibilidades de convergencia o divergen-
cia regionales, en diferentes ambientes.
Para finalizar, en el capítulo 6, se demuestra la capacidad que el plantea-
miento teórico construido tiene para hacer lecturas críticas de trabajos de
investigación realizados para distintas realidades, con distintos niveles de
desarrollo y con la utilización de variados caminos metodológicos (para par-
te de Estados Unidos –Rey, 2001; parte de Europa– Terrasi, 2002 y Armstrong,
2002; y para China, Fujita & Hu, 2001).
De esta manera, se intenta reconocer cuáles son los límites y las posibili-
dades reales de inducción al desarrollo regional, considerando aquellas que
pueden ser derivadas de la estructura de la situación actual de la sociedad
capitalista, las que se agudizan o se retraen en función de ambientes regio-
nales particulares, y aquellos que pueden venir a ser reprimidos o muy valo-
rizados por métodos de investigación inadecuados.

17
Un mundo de desigualdades

En función de las restricciones metodológicas es necesario que dichas con-


clusiones sean incluidas dentro de algunas limitaciones impuestas por las con-
diciones de las investigaciones, aunque estas conclusiones contribuyan de for-
ma importante a que se avance metodológicamente en los análisis de los
procesos regionales y también para la valoración de la capacidad de las políti-
cas que tienen una visión regional para impulsar el desarrollo.

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Capítulo 2
Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

2.1 Movimientos inconstantes de la visión regional

El proceso de conocimiento no presenta una evolución lineal, por lo que la


«realidad» para algunas áreas de la ciencia, más que en otras, no constituye
una sucesión de eventos capaces de permitir la construcción de un cuerpo
de ideas sólidas con un formato apreciable en cualquier tiempo. No puede
ser considerado como una edificación que mantiene sus líneas y su compo-
sición a medida que se añaden nuevos descubrimientos o ideas. No es una
edificación que puede ser vista y comprendida en toda su plenitud, inde-
pendientemente del tiempo y desde el punto de vista del observador.
Las más resistentes de las rocas se disipan con el tiempo, porque están
sometidas a fuerzas naturales en constantes movimientos, aunque sea con
tiempos diferentes para las distintas conformaciones de la materia. Los pai-
sajes más serenos y bucólicos no solo cambian la mirada social, sino también
van volviendo a dibujar continuamente su composición física y genética, tal
como sus facciones en el tiempo. El formato físico y algunas mutaciones ge-
néticas pueden tener repercusiones eminentemente localizadas, pero son
consecuencias de fenómenos que, la mayoría de las veces, alcanzan la esca-
la global, incluso en una amplitud aún más grande.
No existen fronteras en las relaciones entre los elementos que constitu-
yen el medio ambiente natural y, por lo tanto, no podemos afirmar ni expli-
car el formato que cada uno de esos elementos asume en cada tiempo, a
partir del análisis territorialmente localizado (Martín-Vide, 1998). Las rela-
ciones entre estos elementos naturales constituyen una parte del conoci-
miento científico que tiene una lógica propia, pues su motivación está re-
pleta de oportunidades para descubrimientos capaces de permitir la
comprensión de la esencia de sus movimientos variados e interacciones. La
comprensión de esos fenómenos naturales puede estar expresada en leyes
que tienden a perpetuarse en un tiempo más largo, compatible con el tiem-
po histórico de dichos procesos y con las evoluciones tecnológicas de los

19
Un mundo de desigualdades

descubrimientos. Se puede decir que las áreas mencionadas de conoci-


miento científico son constantemente presionadas para descubrir, com-
prender y seguir de cerca una evolución que ocurre en un tiempo relativa-
mente más largo que el de las generaciones sociales.
El más sólido de los hombres o la más fuerte y coherente de las socieda-
des se encuentra siempre en proceso de transformación, en diferentes tiem-
pos para cada caso. También podemos afirmar que hay límites en las relacio-
nes sociales, analizándose científicamente desde el punto de vista del tiempo
social y económico. Dichos límites tienen escalas diferentes de acuerdo a ca-
da tiempo, a cada espacio geográfico y a cada formación socioeconómica.
La motivación para la comprensión de esos tres cortes es que va a determi-
nar el ciclo temporal más adecuado para caracterizar el movimiento social.
Quiere decir que todo está en movimiento inconstante, en procedimien-
tos de transformación.
Trasladando el pensamiento a través de la historia y de forma esquemá-
tica, apenas para ayudar en la comprensión de la idea, podemos recordar
que desde la civilización egipcia, pasando por la antigua Grecia y llegando
hasta el Imperio Romano, la riqueza fue formada apoyada en el trabajo for-
zado o con estímulos que variaban desde creencias, símbolos y valores in-
materiales hasta los pagos con valores materiales, que ocuparon espacios
geográficos y tiempos distintos en el planeta. En todas estas civilizaciones
se encuentran indicios importantes de que hubo ciclos que se caracteriza-
ron por prácticas: el principio; la formación de sus estructuras de poder y
castas sociales; una hegemonía territorial que expresaba el ápice civilizado;
y llegando incluso a deteriorar las relaciones sociales y el dominio territorial.
De la misma manera, hay indicios de que la degradación de todas esas civi-
lizaciones ocurrió por la unión de factores que le añadieron problemas so-
ciales, económicos y ambientales, conjugados de forma diferente en cada
caso. Los espacios y los tiempos fueron distintos, así como el uso de las tec-
nologías y la relación con el territorio. El pasaje del conocimiento de una ci-
vilización a otra fue hecha de forma discontinua, asistemática y no científica,
aunque hayan ocurrido casos importantes como la utilización de conceptos
de artes y arquitectura griega para el Imperio Romano. Ocurrieron avances
con el reaprovechamiento de lenguajes artísticos entre estas dos últimas ci-
vilizaciones y el inicio de la fase moderna de la sociedad, con el Renacimiento
en los siglos XV y XVI, donde prácticamente se recuperaron conocimientos
de dos mil años antes, olvidados durante gran parte de la Edad Media.
El hecho es que las vidas de esas civilizaciones fueron finitas. Quién sabe
si la desaparición de algunas de ellas puede haber sido ocasionado por la fi-
nitud de recursos territoriales oriundos de procesos globales de transforma-
ción de elementos naturales, como puede haber ocurrido en el norte de
África o en regiones de Asia.

20
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

Con el fin de la Edad Media (siglo XIV), se inicia una nueva fase donde
hay una evolución del proceso de conocimiento social, aunque con formas
diferentes de las organizaciones sociales y económicas en cada territorio. Sin
embargo, a medida que el tiempo pasa y la ciencia evoluciona y amplía sus
conocimientos que ahora son realizados de forma sistemática y continua, el
proceso de desenvolvimiento va adquiriendo un estatuto teórico. Se inclu-
yen las articulaciones de las actividades humanas y sus territorios, lo que
permite pasar las experiencias de forma organizada, aunque no sea lineal, a
las generaciones subsecuentes, que van apropiándose de los territorios y de
los elementos naturales que acaban por alcanzar relaciones que se ensan-
chan, se adensan y adquieren valor a escala mundial.

2.2 La ciencia ajusta el foco

En la era moderna, el método científico se consolida y adquiere un estatuto


teórico en el área de las ciencias naturales en el siglo XVI, siendo Galileo
considerado como el mayor representante de ese proceso inicial. La posibi-
lidad de dominar determinados fenómenos naturales, significaba obtener
aliados para el expresivo avance en el proceso del desarrollo humano, lo
que se materializaba en la repetición de fenómenos naturales en condicio-
nes especiales, midiendo sus resultados. Era el inicio del descubrimiento de
las «leyes» de la naturaleza y su utilización conveniente, en una fase en que
la riqueza era producida por la agricultura (Araujo, 1998). El comportamien-
to lógico de los fenómenos naturales permite avances sucesivos y acumula-
tivos, debiéndose a la fase de la estabilidad relativa de los procedimientos
de algunos fenómenos, principalmente aquellos con tiempo y amplitud me-
nor de transformación. Hasta los días de hoy, los avances de los descubri-
mientos en el campo de las ciencias naturales han ido obteniendo éxitos
graduales, creciendo la complejidad y expandiéndose hacia las áreas de las
ciencias biológicas, la astronomía, la biogenética, etc. Evidentemente que
dichos avances están en correspondencia directa con las necesidades huma-
nas1 de cada período, y además de eso, los mencionados descubrimientos
posibilitaron los avances sociales a pasos rápidos, o hasta a grandes saltos,
en determinados ciclos. El foco de la ciencia tiene una relación directa con
los comportamientos sociales y económicos y todo eso ocurre en determina-
dos territorios, forzado por la necesidad del uso de determinados recursos
naturales y de factores económicos.

1 Se reconoce que el proceso de desarrollo siempre ocurrió de forma desigual socialmen-


te, sin embargo la discusión en este momento no absorbe dicho planteamiento.

21
Un mundo de desigualdades

La localización de las aglomeraciones humanas, que representaba la ex-


tensión del desarrollo social en la fase agrícola, ocurría en territorios que
presentaban potencialidades importantes en recursos naturales. Es verdad
que había intercambio territorial de mercancías, sin embargo la vida relativa-
mente atomizada aún imperaba, lo cual era favorecido por las dificultades
de la circulación de mercancías y de personas, y esto exigía una relación más
directa entre el desenvolvimiento de una determinada comunidad o agrupa-
miento humano con los recursos naturales territorialmente cercanos. Esto
significa que se puede decir que había una relación directa e inseparable en-
tre los comportamientos sociales y económicos con el territorio inmediato,
había «fronteras en el sentido que los geógrafos atribuyen al término», co-
mo comenta Giddens (1991:23).
A medida que los avances científicos y tecnológicos ocurrían, los com-
portamientos sociales y económicos adquirían más autonomía territorial,
frente a la dependencia anterior de los recursos naturales. Entre el siglo XVI
e inicios del XX, las colonias abastecían a los países más desarrollados con
materias primas y productos agrícolas, definiendo la clareza del papel que
desempeñaban en la ocupación territorial a escala mundial. En la actualidad,
esta división tiende a retraerse, aumentando el cambio de materias primas y
productos agrícolas, industriales, flujos de servicios, etc., entre varias partes
del planeta. Esto redujo drásticamente las dependencias de los grupos so-
ciales y económicos respecto a sus territorios inmediatos y, de cierta forma,
respecto a los recursos naturales, tal como ocurría anteriormente.
Se da inicio a una fase en la que hay una tendencia a la separación entre
el tiempo y el espacio, un «desprendimiento», con la tendencia creciente a
la desintegración territorial en un sentido, y una integración territorial en
otro sentido.
Dicha división de función guarda una nueva territorialidad, una nueva rela-
ción entre los flujos socioeconómicos y el espacio. Esto ha sido logrado de
acuerdo a los avances en la logística de los transportes y en los sistemas infor-
matizados de comunicación, que han reducido el tiempo de circulación de las
mercancías y han permitido una nueva territorialidad de desarrollo social.
Ya a principios de la era moderna de la sociedad, como denominan varios
autores, en los siglos XV y XVI, los avances de las ciencias naturales y los pro-
gresos de las técnicas, materiales y aparatos de navegación enfrentaron la
resistencia de la amenazadora cultura religiosa sobre el mundo desconocido
y trajeron nuevos elementos productores de riqueza e impulsores de la eco-
nomía de varios países europeos. Los descubrimientos de los nuevos conti-
nentes creaban una nueva territorialidad: las colonias productoras y suminis-
tradoras de nuevas riquezas de los territorios ocupados por los grandes
reinados, que controlaban el mundo a partir del continente europeo. Esto
amplió y repartió el espacio en papeles y funciones tan definidas como dis-

22
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

tantes, sin embargo articuladas por un modo de transporte «moderno» y re-


lativamente «rápido» para la época, que creaba flujos intercontinentales e
inauguraba una nueva era en el desarrollo mundial.
Esto ya permitía disociar el desarrollo social y económico de una comu-
nidad de su territorialidad inmediata, y crear una nueva geografía de pro-
ducción y circulación de mercancías, con una clara división espacial de fun-
ciones, independientemente de la distancia entre las fases de los procesos
productivos y de la mercantilización. Sin duda, eso ocurrió de acuerdo a
los avances tecnológicos que posibilitaron la interconexión continental,
siendo resultado de una demanda de un grupo social localizado en el con-
tinente europeo, que alteró el ambiente en distintos sitios del planeta, es-
pecialmente a partir de la explotación de los recursos naturales. Una vez
más esos factores están articulados y alcanzando cada vez más una escala
geográfica mundial.
La Revolución Industrial2 en el siglo XVIII, altera el proceso de produc-
ción, desvía la única atención dirigida al surgimiento de valores en el sector
agrícola para el sector industrial y reconstruye nuevamente las relaciones so-
cioeconómicas, que se rebaten en nuevos territorios.
Estas transformaciones ocurren con mayor énfasis en las cercanías de las
ciudades, reformulando sus funciones y estructura interna, y reconstruyendo
las relaciones humanas con los recursos naturales (explotación mineral, cali-
dad del aire, producción de deyección, etc.), que empiezan a afectar al am-
biente natural con más importancia.
Como se trata de un proceso que empezó en el continente europeo y se
difundió en sus primeras fases hacia el norte de América, se puede afirmar
que prácticamente la lógica territorial anterior fue apenas afectada en la
tendencia a la supremacía de la producción y circulación en la red urbana
sobre el medio rural. Las ciudades comenzaron a dilatarse, exigiendo vías
de interconexión y equipamientos importantes de apoyo, que crearon una
territorialidad nueva de desarrollo, otra geografía de producción y de con-
centración de personas en un determinado lugar. El problema consiste en
que el desarrollo industrial aumentó la dinámica de la sociedad, relativa-
mente al período en que la producción agrícola le daba soporte a la econo-
mía. Esta dinámica tendrá una tendencia histórica dirigida a la concentración
territorial de inversiones, infraestructura y población en las cercanías de los
grandes centros urbanos, aunque inicialmente las fábricas se hubieran insta-
lado en territorios que ofrecían materia prima, energía y facilidad de trans-
portes. Esto ocurrió con más velocidad en las áreas localizadas en los países

2 El término Revolución Industrial es discutido por algunos autores, de acuerdo a su impre-


cisión (Gomes, 1997:43). Lo utilizamos con esa excepción por considerar que la generalidad
aquí tratada no compromete la comprensión de las ideas.

23
Un mundo de desigualdades

europeos que avanzaban en el proceso de industrialización, como Inglaterra


y Francia, ya resaltando una tendencia futura a desequilibrios regionales de
desarrollo en el continente, lo que ha traído resultados prácticos hasta los
días de hoy, como comenta Gomes (1997), citando:

La localización de la actividad económica en Europa aún es pre-


dominantemente determinada por modelos históricos que emer-
gieron en el tiempo del liberalismo económico y –lo más importan-
te– en tiempos en los cuales la cercanía a los almacenes de carbón
y a los ríos navegables era virtualmente indispensable para una ac-
tividad más avanzada [United Nations (1955, p. 408)].

Una vez más la necesidad de logros en el proceso de desarrollo de un


agrupamiento social, con una base territorial definida, produjo tecnologías
en máquinas, equipamientos, transportes «modernos» (sistema ferroviario y
avances en los sistemas marítimos), servicios administrativos, etc., todo eso
ya refrendado y explicado por los avances en las ciencias sociales que empe-
zaron a desarrollar y a dar soporte al proceso productivo recién desenvuelto.
También los recursos naturales funcionaban articuladamente con los logros
tecnológicos de apoyo al proceso productivo y se reflejaban en las diferen-
tes territorialidades del desarrollo de la sociedad, teniendo como ejemplo el
desenvolvimiento de las máquinas a vapor, la base para la nueva producción
industrial y operadas a base de carbón, cuya localización de las minas ingle-
sas, por ejemplo, fueron importantes para el desarrollo industrial de deter-
minados territorios en aquel país, ya en el siglo XIX. Es importante resaltar
que otros factores variados contribuyeron al proceso de desarrollo en Europa
en ese período, por ejemplo el papel de las inversiones públicas y de la prác-
tica del desenvolvimiento tecnológico de la agricultura.
Ese ciclo de la producción industrial asumió la mayor importancia en la
producción de valores de la economía moderna –incorporando posterior-
mente otras actividades no industriales– y fue desenvolviéndose, transfor-
mándose, avanzando en procedimientos tecnológicos, alterando el territo-
rio de la producción y de la circulación, al utilizar recursos naturales de
diversos órdenes y valoración y creando diferentes sociedades en el curso
de los últimos dos siglos, reflejadas en territorios muy distintos. Y en una
sociedad desigual.
La industrialización europea se descentralizó, estando aún en la segunda
mitad del siglo XIX, para Bélgica, Alemania e Italia y emergió en EE UU, au-
mentando las diferencias regionales importantes con otros países latinoame-
ricanos y asiáticos. Dicho movimiento de formación de la nueva sociedad,
basado en la industrialización, era seguido y observado por el desarrollo de
teorías sociales que lo apoyaban o criticaban, que los justificaban y poten-

24
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

cializaban, observadas por otras que negaban, defendiendo los modelos an-
teriores, u ofrecían nuevos modelos de sociedad, todo esto al mismo tiempo
y prácticamente en los países europeos más importantes. Fueron ideas agru-
padas por escuelas y pensadores en las áreas de la filosofía, geografía, so-
ciología y la economía, esas dos últimas alcanzaron un carácter particular-
mente científico al final del siglo XIX.
En el siglo XX, existen dos momentos determinantes en la evolución ge-
neral de la sociedad mundial, que permiten reconocer las articulaciones en-
tre los logros de las ciencias, incluso la social, y la ocupación del territorio,
como resultado de las relaciones socioeconómicas.
La primera ocurrió a finales de la Segunda Guerra Mundial, a mediados
del siglo XX, donde se completa la división territorial del planeta, entre los
países estructurados en los modos de producción capitalista y socialista. De
esta forma se estimularon ideológicamente las posiciones de las líneas teóri-
cas de las ciencias sociales, en cuanto a un mejor modelo de desarrollo so-
cial y económico, retomando las teorías desarrolladas en el siglo XIX, gene-
rando nuevas explicaciones y métodos de contrastes de resultados positivos
y negativos, basados en los diferentes principios adoptados por las líneas de
pensamiento. Desde el punto de vista tecnológico, la denominada «Guerra
Fría» aceleró, de ambos lados, importantes procesos de descubrimientos,
creación y desarrollo de materiales, equipamientos y procesos capaces de
posibilitar avances en los medios de producción y de circulación, reflejándo-
se directamente en el tiempo de rotación de los procesos de acumulación,
pero todavía frenaban las economías nacionales, con fuertes barreras co-
merciales y financieras.
El segundo momento ocurrió de acuerdo al período de la acumulación
capitalista, por un lado –frente a las transformaciones sociales y económicas
de los países del este europeo, especialmente de la Unión Soviética– y, por
otro lado, por los resultados obtenidos con los avances de las ciencias y de
la tecnología, agregados a los movimientos políticos y culturales, que forza-
ron la apertura de las fronteras nacionales y alcanzaron la mundialización de
los flujos socioeconómicos. Dichos movimientos articulados llevaron a una
hegemonía mundial de la economía capitalista, de libre mercado, con algu-
nas variaciones relativas a la presencia del Estado en las definiciones de las
políticas regionales, aunque todas sometidas a procesos de acuerdos para la
formación de bloques económicos.
Todos estos son factores que alteraron las asociaciones entre los movi-
mientos de la sociedad humana, sus territorios de realización y la explotación
de los recursos naturales, produciendo nuevas ideas a finales del siglo XX.
Algunas en defensa de una visión que representa un corte capaz de romper
los estatutos teóricos de las ciencias sociales montadas a partir del siglo XIX y
en el transcurso del siglo XX. En este período, muchas alteraciones fueron

25
Un mundo de desigualdades

procesadas y otras tantas aún están en curso, siendo ellas delimitadas por
pensadores y escuelas que podemos dividir en antes y después de la mundia-
lización de los flujos socioeconómicos, que algunos autores consideran como
momento decisivo el inicio de la década de 1970 (Harvey, 1996).

2.3 Los tiempos recientes de la ciencia

Algunas líneas de pensamiento traen más contribución para el análisis, o


sea, para servir como referencia teórica para explicar las relaciones entre las
actividades humanas y sus espacios. Para la selección de aquellas más signi-
ficativas, las que ofrezcan los enfoques más estructurados –incluso porque
es imposible abarcar un gran universo, que puede tener como resultado las
repeticiones o fijación en detalles desnecesarios–, es importante que se re-
conozcan y analicen, en primer lugar, las escuelas o pensadores que tratan la
cuestión y, entre ellos, identificar la consistencia de sus métodos, tomando
el cuidado de reconocer los desvíos ideológicos de cada caso, hasta donde
eso sea posible.
Según Araújo (1988), «la ideología no es otra cosa sino el conjunto de
normas, valores, símbolos, ideas y prácticas que buscan justificar las relacio-
nes económicas y sociales existentes en el interior de la sociedad». Esto sig-
nifica que los pensamientos, las posturas y los procedimientos defendidos
por las escuelas y los autores en cada tiempo, traen en sí componentes ex-
traídos de métodos científicos basados en observaciones de la realidad y va-
lores con más capacidad de propagación que representan intereses de agru-
pamientos sociales. Aún según este mismo autor (1988), se puede diferenciar
la ideología de la utopía,3 aunque ambas tengan el mismo estatuto teórico,
siendo la primera un recurso de un grupo dominante, mientras que la segun-
da constituye un arma para aquellos que tratan de transformar los compor-
tamientos sociales, por ejemplo.
En varios pasajes es difícil discernir entre lo que es realmente ciencia y lo
que constituye armadura ideológica. Estos límites pueden no ser identifica-
bles en varias escuelas, porque eso representaría la aplicación del juicio de
valor, lo que, por sí solo, ya constituiría una postura ideologizada. Pero aún la
propia ciencia puede ser utilizada como instrumento de dominación de agru-
pamientos ideológicos y volverse una forma de ideología. Por esta razón, los
análisis deben ser siempre presentados de forma que sea posible reconocer
el ambiente y las condiciones en que ellas fueron producidas, sus ideas prin-
cipales y la lógica de su inserción socioeconómica, cultural y política.

3 Este término también es utilizado como una propuesta no factible, idealizada sin base en
los hechos reales o en teorías consistentes.

26
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

Es necesario tomar atención y cuidado para que los análisis no reduz-


can la realidad a una visión lineal de una mirada única, es por eso que me-
todológicamente el análisis debe garantizar una lógica que busque reco-
nocer la adherencia existente entre las bases teóricas de las escuelas y los
pensadores a su propio período de tiempo o ciclo de desarrollo y a su ca-
pacidad de responder a las cuestiones de la realidad actual. O sea, es ne-
cesario tener el cuidado de evaluar cuánto aún hoy es válida la aplicación
de los presupuestos teóricos de todos esos intelectuales, admitiéndose
que la transposición del cuerpo de una idea construida hace décadas para
los días actuales deba ser realizada reconociendo las transformaciones del
ambiente social y económico. Eso es lo que podrá realzar la contempora-
neidad de dichas ideas, identificar su capacidad para incluso explicar los
sucesos actuales y reconocer sus contribuciones para formular las tenden-
cias del desarrollo regional.
Las ciencias sociales comenzaron a definir sus estatutos teóricos mucho
después de aquellos establecidos por las ciencias naturales, trayendo im-
portantes diferencias en sus características, entre las cuales estaba presen-
te una fuerte connotación ideológica, que puede interferir en los procesos
de desenvolvimiento de las investigaciones. Para dar más complejidad a es-
tas diferencias, el tiempo y la dinámica de los procesos-objeto de cada una
de las dos áreas de la ciencia son bastante diferentes, donde los rasgos de
la sociedad asumen dimensiones dispares en cada territorio y se alteran en
ciclos cada vez más reducidos de tiempo. Así, las ciencias sociales avanza-
ron con más turbulencia en sus presupuestos teóricos y crearon escuelas va-
riadas del pensamiento, a veces en un mismo período y tiempo y en un mis-
mo territorio. Por más paradójico que parezca, dichas escuelas, pensadores
o teorías cruzan el tiempo y son rescatadas en momentos significativos pa-
ra explicar determinados fenómenos.
Cuando la geografía ya había delimitado su personalidad, al servir como
ciencia que registraba el ambiente de los nuevos territorios conquistados
por los países europeos, con un gran énfasis en los recursos naturales, las
teorías sociales empezaron a construir estatutos teóricos especializados en
las áreas de la economía y la sociología, a partir de la fase de la industriali-
zación, en el siglo XVII.
Inicialmente se puede resaltar el papel de los pensadores clásicos, ya sean
aquellos inclinados a estudiar el área de la economía (Ricardo y Adam Smidt,
por ejemplo) o de la sociología (Sain-Simon y Comte/Durkheim, por ejem-
plo). Posteriormente la Escuela Neoclásica se convierte en un factor referen-
cial de la formación de las teorías económicas, y surgen nuevas corrientes en
las teorías sociológicas, donde Weber y Durkheim adquieren notoriedad.
En este mismo período, se resalta la presencia de Marx, cuya filosofía, es-
tableció un marco importante para el pensamiento económico, en la políti-

27
Un mundo de desigualdades

ca, en la filosofía, etc., con reflejos en varios grupos de pensadores en el


transcurso del siglo XX hasta los días actuales.
Son básicamente esas escuelas y pensadores que formaron las bases de
las ciencias que, de cierta manera, guardan contemporaneidad con los ciclos
más recientes de la sociedad mundial y aún pueden servir de soporte para
las discusiones teóricas hoy realizadas en el área del desarrollo regional.
Todavía en la fase considerada como preindustrial, ocurrieron importantes
contribuciones, pero fueron determinadas prácticamente sobre el momento
de la producción únicamente agrícola y mercantil. Sin embargo, esas escuelas
caracterizadas por los fisiócratas y mercantilistas,4 pueden contribuir relativa-
mente poco al reconocimiento de los patrones actuales de producción y con-
sumo que se extiende desde la producción industrial hasta los días de hoy.
Por su turno, algunas escuelas y pensadores de la fase industrial de la
producción aún son la base para estudios e investigaciones, por haber ini-
ciado y establecido determinados estatutos teóricos, cuyos seguidores tu-
vieron el papel de avanzar en el proceso, incorporando nuevas ideas y con-
ceptos, o rehaciendo teorías que se adaptan a los avances sociales, económicos
y tecnológicos de las varias generaciones que han sucedido en los últimos
dos siglos.
Existe, sin embargo, una discusión en curso sobre el carácter de la realidad
actual, que oscila entre aquellos que comprenden los cambios más recientes
como el ápice del capitalismo industrial (Jameson, 1997), aquellos que admi-
ten que existe una transición a la era posindustrial –con una inclinación artísti-
ca que asimilan los autores posmodernos, los cuales también pueden ser con-
siderados como una corriente–, y aquellos que intentan agregar una visión
conjunta de las ciencias y defienden una sociedad donde todo depende del
punto de vista, lo que significa la indefinición constante de los movimientos
socioeconómicos y su desintegración territorial (Deleuze & Gattari).
Esto supone que el entendimiento de los problemas y de las relaciones
entre las actividades socioeconómicas y sus territorios deben ser mejor com-
prendidas si consideramos las razones y los estatutos teóricos de los princi-
pales pensadores y escuelas que representan las líneas más importantes del
área de las ciencias sociales de los siglos XIX y XX. Ahí está la riqueza del
pensamiento sobre los movimientos de la sociedad en el mundo, con todas
sus fases cíclicas y con todos sus matices, importando apenas saber los crite-
rios de selección de aquellos que pueden servir como representativos de ca-
da momento y de cada línea de pensamiento.

4 Según Araújo (1988:22-23), los fisiócratas tenían «una visión naturalista (fisis = naturale-
za), determinada en la riqueza de la agricultura, donde solo la tierra tenía capacidad de multi-
plicar la riqueza»; y los mercantilistas se preocupaban por las políticas nacionales, sus balanzas
comerciales y defendían una excesiva «reglamentación e intervención gubernamental».

28
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

2.4 El argumento sobre el pensamiento de los economistas clásicos,


Marx, neoclásicos y Keynes

Desde el inicio del proceso de transformación industrial hasta mediados del


siglo XX, existe una comprensión entre los científicos de que un conjunto de
escuelas y autores fueron capaces de explicar el proceso industrial, como ba-
se de motivación para las transformaciones sociales,5 Pero también se reco-
noció que existían contradicciones importantes entre las líneas del pensa-
miento social y el económico, algunas de esas contradicciones de carácter
ideológico y otras de carácter metodológico. Entre las escuelas y pensado-
res, considerados casi una unanimidad entre las referencias bibliográficas del
período, y para permanecer entre aquellos más importantes y convertir en
factible el estudio realizado, se puede resaltar la Escuela Clásica, el pensa-
miento de Marx, la era Neoclásica y Keynes y algunos seguidores de esas di-
versas líneas que avanzaron en algunos aspectos al transcurrir el siglo XX.
Vistos desde un ángulo de interés para la sociedad, con sus recortes re-
gionales, podemos considerar que los clásicos, el pensamiento marxiano y
los marxistas6 que desenvolvieron sus ideas a lo largo del siglo XX, son aque-
llos pensadores que incorporan los factores relacionados a los movimientos
sociales y económicos, con sus recortes regionales, aunque este último as-
pecto no haya sido intencionalmente objeto de interés inmediato. Son estos
pensadores que pueden permitirnos hacer interpretaciones sobre el papel
del espacio en el proceso del desenvolvimiento socioeconómico, el objetivo
mayor de nuestro análisis, dado que ellos estudiaron las «relaciones de pro-
ducción [...] entre las personas, en el proceso productivo» (Araújo, 1988:77),
lo que envuelve la relación con el ambiente, originando una cierta territoria-
lidad de los movimientos de los distintos grupos sociales.
Los clásicos se convirtieron en los pensadores iniciales de la era industrial
y, como tales, mostraban la preocupación por los balances de pagos de los
países y por la necesidad de más libertad de economía, frente a la excesiva
reglamentación e intervención gubernamental del ambiente de convivencia
de los fisiócratas y mercantilistas, ambos modos de pensar de la era de la
agricultura (Araújo, 1988:22). Frente a una nueva realidad económica, los
clásicos dirigieron sus atenciones al crecimiento socioeconómico y a la distri-
bución de ingresos monetarios entre las clases sociales.

5 Esa constatación ocurrió a partir del análisis del número de citaciones de los pensadores
y escuelas en la literatura referente a la historia del pensamiento social y de las referencias bi-
bliográficas de trabajos que plantean temas inclinados al desenvolvimiento regional y econó-
mico en los últimos 20 años.
6 Conceptos adoptados por Giddens (1994), desde 1971 y también incorporados por
Araújo (1988), donde el término marxiano se reporta a los pensamientos de Marx y marxista al
pensamiento de aquellos que no siempre son fieles al pensamiento de Marx, aunque lo tengan
como fundamento de sus ideas principales.

29
Un mundo de desigualdades

Adam Smith reconocía la división del trabajo humano como un factor de


riqueza de las naciones que eran incentivadas por el proceso de acumula-
ción, donde los diferentes grupos sociales podrían vivir en armonía, impulsa-
da por la competencia del mercado y donde le correspondería al Estado la
protección social (Hunt, 1985; Napoleoni, 1985).
Por su parte, Ricardo, que dio argumentos tanto a Marx como a los neo-
clásicos, presentó la teoría del valor, mostrando la composición de los costos
de una mercancía, donde el trabajo humano aparece, en último análisis, co-
mo el factor principal, en forma de trabajo humano directamente, y en la
producción de las máquinas, indirectamente.
De esos dos importantes representantes de la Escuela Clásica ya pode-
mos sacar algunas ilaciones que demuestran que sus ideas tenían una clara
repercusión en el recorte regional del desarrollo socioeconómico. Ambos
trataron el tema de las clases sociales y la división del trabajo, lo que signifi-
ca también una división del trabajo regional.
La teoría de las ventajas absolutas (Smith), entendía que si cada país pro-
dujera la mercancía para la cual estaba más preparado, podría cambiar sus
excedentes con otros países y el libre comercio sería mejor para todos. Por
su parte, la teoría de las Ventajas Comparativas (Ricardo) avanzó y entendió
que si un determinado país se especializa en la producción para la cual po-
see una ventaja relativa, o sea, alcanza una productividad diferenciada de
otros, ganará más especializándose en esta producción y tendrá mejores
condiciones para adquirir productos de otros países. Independientemente
de considerar que dichas teorías tenían problemas operacionales, principal-
mente la necesidad de que las economías fueran estáticas en su proceso
evolutivo –lo que se constató en periodos posteriores–, debemos reconocer
que tanto una como otra teoría se ocupan de las relaciones entre los movi-
mientos socioeconómicos, de tal forma que el recorte regional ocupa un lu-
gar destacado, aunque sea implícitamente.
Los pensadores clásicos fueron fuertemente influenciados por los movi-
mientos sociales y políticos de una era en la que había un paso de un modo
de producción a otro, donde eran distintos los intereses de las clases repre-
sentantes de la era agrícola y de la nueva era industrial, además de que algu-
nos intereses diferenciados entre los trabajadores agrícolas y los operarios
industriales estaban en plena efervescencia. Eso significa que estaba en jue-
go no solo el crecimiento de la sociedad, sino también la preocupación por
la distribución de la riqueza, aunque también estuviera resaltada la necesi-
dad de desreglamentación del Estado, para abrir las fronteras de las relacio-
nes comerciales y del modo de producción.
Exactamente por representar un momento transitorio de la nueva eco-
nomía y de la nueva organización social y política en el continente europeo,
inicialmente, los clásicos fueron rápidamente superados en gran parte de

30
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

sus teorías por otros pensadores que profundizaron sus esquemas y pudie-
ron dejar elementos más importantes para ser utilizados en la explicación a
los sucesivos ciclos del desenvolvimiento socioeconómico en el transcurso
del siglo XX, hasta nuestros días. De esta forma, no fue considerado elegir
para un estudio más detallado a ningún autor clásico, aunque partes de sus
teorías estén presentes y más desarrolladas por varios autores considerados
enseguida.
Karl Marx profundiza sistemáticamente y de forma original en temas ya
planteados por otras escuelas, significativamente por Adam Smith y Ricardo,
sobre la llegada de un nuevo modo de producción, donde empieza a haber
propietarios de los medios de producción, capitalistas (Araújo, 1988). En
otras palabras, él muestra como el capitalista compra una mercancía (fuerza
de trabajo y medios de producción) y multiplica su inversión inicial a través
de la plusvalía, o sea, por la «explotación» de la «fuerza de trabajo», produ-
ciendo clases sociales. Tal definición muestra una profunda diferencia del
feudalismo, cuando no existían los propietarios de la fuerza de trabajo ni los
propietarios de los medios de producción, por lo tanto existía el intercambio
de mercancías, por medio del dinero. Es importante resaltar también una al-
teración significativa respecto a la visión de la distribución de la riqueza pro-
ducida, en comparación a los clásicos, cuando se muestra que el valor atri-
buido a un bien es originado de su costo en trabajo ejercido por una clase
social dominada y que este trabajo es una mercancía controlada por una cla-
se social dominante, que se apropia de la ganancia. Además de exponer con
claridad la Ley del Valor, poco desarrollada por Smith y Ricardo, Marx desci-
fra todas las relaciones dentro del sistema capitalista, de una forma que se
queda expuesto el papel de las clases diferenciadas, las relaciones entre
esas clases, los procesos y momentos de la producción y de la circulación,
sobresale la atención al tiempo de rotación que da la velocidad de la acumu-
lación de capital y que mueve a la sociedad, permitiendo así mostrar clara-
mente cómo los movimientos socioeconómicos de la era industrial pueden
ser vistos bajo el recorte regional.
El método de exposición, con una visión dialéctica de las cuestiones eco-
nómicas y sociales, se mostró original por relacionar todos los aspectos que
envuelven a la sociedad industrial, y se mostró dinámico por presentar la ló-
gica de las relaciones sociales con las ponderaciones de los actores, de las
actividades y de los sistemas de articulaciones, capaces de mostrar tenden-
cias que sobrepasan el ciclo inicial del desarrollo industrial.
En síntesis, el planteamiento del pensamiento de Marx permite visualizar
la estructura social moviéndose y transformándose con el tiempo, a partir de
una lógica relativamente estable, enfrentando los factores variables que de-
terminan una inestabilidad aparente al sistema. Tales características resultan
de una visión articulada de la sociedad, explicada por la convergencia de

31
Un mundo de desigualdades

tres vertientes del conocimiento: la filosofía alemana (Hegel); el socialismo


francés y la economía política inglesa (Ricardo). La conjunción de esas preo-
cupaciones sociales y políticas redundaron la construcción de un pensamien-
to que identifica los aspectos más importantes de la estructura social, lo que
hace posible reconocer de una forma más completa sus recortes regionales,
aunque no sea ésta la preocupación marxista.
Los pensadores neoclásicos y la escuela keynesiana, incorporando tam-
bién a los seguidores contemporáneos de las dos escuelas, con sus vertien-
tes liberal y conservadora (Hunt, 1985), aunque presenten diferencias signifi-
cativas en el interior de sus ideas, como veremos más adelante, buscan restringir
sus estudios al campo de la economía y de la política, enfatizando las rela-
ciones «entre personas y cosas» (Araújo, 1988: 77), en el equilibrio del siste-
ma económico, de la concurrencia empresarial, del empleo, etc. Tales preo-
cupaciones no alcanzan las relaciones entre personas o grupos sociales,
sobre los excedentes y sus regresos (distribución) al sistema, en una palabra,
no se preocupan por las diferencias sociales, lo que significa que no se tra-
baja con un conjunto de elementos y variables capaces de reconocer el con-
junto de las cuestiones sociales y económicas que posibilitan su extrapola-
ción para comprender los recortes regionales.
Específicamente los neoclásicos, que inauguraron la economía como cien-
cia a fines del siglo XIX, se inclinaron al estudio de la microeconomía de las
empresas, dejando de preocuparse por el crecimiento de la economía, en
toda su plenitud, capaz de explicar la visión de la sociedad y de sus recortes
regionales (Hunt, 1985; Napoleoni, 1985).
Finalmente, podemos considerar que los pensadores neoclásicos se preo-
cuparon más por la «eficiencia operacional que por la esencia de los fenóme-
nos», constituyéndose un planteamiento muy diferente del marxismo, que dis-
tingue filosóficamente el «fenómeno de la esencia, la apariencia de la realidad».
Esto conlleva que algunos autores denominen este desplazamiento del pensa-
miento neoclásico como «revolución marginalista» (Araújo, 1985:56).
Este rasgo común de los neoclásicos no impide que ocurran diferencias
de énfasis y métodos entre sus diferentes y principales pensadores.
Es importante resaltar que la mayoría de los investigadores de las cien-
cias económicas apunta algunos autores que dieron sustentación al pensa-
miento neoclásico en la segunda mitad del siglo XIX, identificando Jevons,
Menger y Walras,7 como los precursores, aunque Marshall no haya sido in-
cluido por haber presentado sus teorías posteriormente, a pesar de discutir-
las mucho tiempo antes de las publicaciones de los autores citados.

7 Willian S. Jevons publicó «Theory of political economy» en 1871, Carl Menger publicó
«Grundsatze der Volkswirstschaftslehre» en 1871, y Leon Walras, publicó «Éléments d´econo-
mie politique purê» en 1874.

32
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

De una manera general, los neoclásicos se preocuparon básicamente por


el equilibrio del sistema económico, aunque algunos, como Walras, por ejem-
plo, enfoca sus atenciones en el equilibrio general, mientras que Marshall, al
inclinarse hacia los aspectos más «prácticos e inmediatos», estudia el equili-
brio parcial del sistema (Ibíd). Una cuestión central que está subyacente al ra-
ciocinio de los pensadores neoclásicos es la implementación de costos para
la producción como resultado del refuerzo directo o indirecto al consumo. En
otras palabras, al producir una mercancía, la remuneración de los factores de
producción (capital, trabajo y recursos naturales), estará produciendo capaci-
dad de compra. Eso supone que no hay posibilidad de desequilibrio en el sis-
tema, como, por ejemplo, una superproducción que puede producir graves
crisis. Tales formas de pensar llevan a resultados políticos importantes, como
el liberalismo, la no intervención estatal en la economía, por correr el riesgo
de desequilibrar el sistema. Apartando pequeños problemas localizados, el
sistema económico, en su conjunto, estará siempre controlado por el merca-
do, basado en la «competencia perfecta» hábilmente montada por los segui-
dores de Marshall, basada en: productos homogéneos, cuya competencia
ocurre por los precios; grandes empresas capaces de no tener poder sobre el
mercado; inexistencia de restricciones sobre precios, salarios, etc.; y conoci-
miento igualitario de todos los concurrentes sobre todas las condiciones y
precios practicados, conforme anuncia Araújo (1998).
Después de que la realidad social y económica demostró graves proble-
mas en esa forma de pensar, o sea, el modelo teórico no encontró sustenta-
ción práctica con el avance del sistema capitalista en varias regiones del mun-
do a principios del siglo XX, surgieron autores que ya hablaban de la competencia
imperfecta, de la competencia monopolista, de acuerdo a la posibilidad de
que las empresas fabricaran productos diferenciados, singulares (monopolio),
aunque tuvieran sustitutos próximos, lo que mantendría la competencia.8
La línea del pensamiento neoclásico, resumiendo, tiene un foco reducido
en el comportamiento de determinados flujos económico-financieros, capa-
ces de ser cuantificados a través de métodos y modelos matemáticos, dejan-
do de darle importancia a un conjunto de movimientos que constituyen las
causas principales para comprender la utilización del territorio como sopor-

8 Araújo (1988) cita algunos autores que ya demostraron algunas nuevas preocupaciones,
entre las décadas de 1920 y 1930: Piero Saffa, de la Universidad Cambridge, en un artículo del
Economy Journal (volume XXXVI, n. 144 de diciembre de 1921), con el título «The Alaws of
Returns under Competitive Conditions»; Edward Chamberlin, de la Universidad de Harvard,
publica «The theory of monopolistic competition», en 1933; Joan Robinson, de la Universidad
de Cambridge, publica «The economics of imperfect competition», en 1933; Heinrich von
Stackelberg publica «Marktform und Gleichgewicht» (Estructura de Mercado y Equilibrio), en
1934. El mismo autor comenta que Joan Robinson, en una publicación lanzada en 1953,» ya se
convertiría suficientemente en keynesiana y rechazaba cualquier posición de equilibrio auto-
mático en la economía».

33
Un mundo de desigualdades

te para las actividades socioeconómicas y permitir dar subsidios para políti-


cas regionales.
Por esta razón, los pensadores neoclásicos traen poca contribución para
la comprensión o para la formulación de una base teórica para entender la
organización espacial de los movimientos socioeconómicos, razón por la
cual ellos no deben ser presentados entre aquellos que pueden ser tomados
como pensadores-referencia en los análisis con recorte regional.
La visión de Keynes respondió a la inclemente crisis capitalista de la déca-
da de 1920 y 1930, donde había una creciente ola de desempleo y donde se
mostraban frágiles las explicaciones neoclásicas de que el sistema como úni-
co no podía admitir «desempleo involuntario» y que el sistema era casi que
autoajustable (Araújo, 1988). La realidad se presentaba diferente del cuadro
teorizado por los pensadores neoclásicos de finales del siglo XIX y principios
del siglo XX y existía la necesidad de ajustes en la línea teórica para encontrar
las posibles salidas hacia la fase crítica, tanto para los problemas de las em-
presas, como para la falta de oferta de plazas para los trabajadores.
Es esta la razón que lleva a Keynes a preocuparse fundamentalmente por
el problema del empleo en una sociedad industrial, entendiendo la econo-
mía como algo conjunto, lo que lo lleva al nivel de producción, donde en-
cuentra la respuesta a lo que él denomina «demanda efectiva» (Hunt, 1985;
Napoleoni,1985).
Demanda efectiva consiste en la capacidad que deberá ser producida en
consumo efectivamente realizado, añadido a las expectativas de inversiones
para aumentar la producción. De otra forma, la idea de Keynes es opuesta a
la de los neoclásicos, aunque ambas escuelas no planteaban los problemas
de la distribución de la riqueza entre las distintas clases sociales. El objetivo
continúa siendo el mismo que aquel trabajado por los neoclásicos, con un
raciocinio invertido, conforme demuestra, a título de ejemplo, Araújo (1985):
«Para los neoclásicos, en especial, para Pigou, a quien Keynes ataca de
modo especial, el desempleo está causado por salarios excesivamente altos.
Para eliminar el desempleo sería necesario bajar los salarios. Para Keynes, la
política adoptada debía ser otra. El desempleo está provocado por la defi-
ciencia de la demanda. La baja tasa de salarios podría agravar la situación,
porque llevaría a un desánimo del consumo».
De esa forma Keynes no reconoce el sistema capitalista como estable, tal
como los neoclásicos, ni autor regulable, como creían los clásicos. Como
consecuencia, existiría una instancia necesaria para regular el sistema, a tra-
vés de políticas monetarias y políticas fiscales. La otra novedad de la visión
de Keynes es la presencia del Estado en la regulación de los procesos eco-
nómicos, lo que era prácticamente marginado por los neoclásicos y por las
economías nacionales de finales del siglo XIX y en las primeras tres décadas
del siglo XX.

34
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

Así, las ideas keynesianas presentaron algunos hechos nuevos, pero so-
bre temas que poco contribuyen al reconocimiento de los reflejos de los
movimientos socioeconómicos sobre el territorio, especialmente en relación
a los pensamientos de la Escuela Clásica y, principalmente, de Marx.
De esta forma, y prácticamente por las mismas motivaciones que deja-
mos de considerar un representante del pensamiento neoclásico entre aque-
llos que podrían suministrar subsidio para entender el recorte regional de las
actividades socioeconómicas en los días de hoy, también podemos proceder
con las ideas de la escuela keynesiana.

2.5 El pensamiento geográfico: visión tradicional y crítica

Hasta prácticamente la Segunda Guerra Mundial, el pensamiento geográ-


fico tuvo un transcurso peculiar y casi inmune a las causas principales del
desarrollo de la sociedad, entre ellas el proceso de industrialización, que
impulsó fuertes transformaciones socioeconómicas en los últimos siglos.
Ello no significa que no haya sido una ciencia que prestó importantes con-
tribuciones al desenvolvimiento de algunas áreas del conocimiento y de al-
gunos países, especialmente en el aspecto físico ambiental. Este período
puede ser considerado como aquel que caracterizó la geografía tradicio-
nal, aunque presente variadas transformaciones en el transcurso del tiem-
po, siempre atado a las exigencias o intereses nacionales o de grupos de
naciones.
El movimiento más reciente de renovación del pensamiento geográfico
fue unánime al criticar la geografía tradicional por su alejamiento de las otras
áreas de la ciencia, aunque dentro de ese mismo movimiento hubiese dos lí-
neas de pensamiento bastante diferenciadas, identificado en Moraes (1982),
como las vertientes crítica y pragmática que se aproximaron de los temas de
las otras áreas de la ciencia e incorporaron una visión social y económica im-
portante en el área de la geografía.
Mientras otras áreas de las ciencias sociales intentaban moldear sus esta-
tutos teóricos propios e independientes de la visión de las leyes de las cien-
cias naturales, incluyendo la sociedad a partir de un conjunto de elementos
capaces de exponer la esencia de sus movimientos, especialmente en Marx,
la geografía permaneció presa durante el siglo XIX y casi la mitad del siglo
XX a la visión físico-naturalista. Eran motivaciones demandadas por las nece-
sidades de catalogar la vida biológica y animal, y registrar el ambiente físico
para ayudar en la localización y en la consolidación de los avances en el pro-
ceso de apertura de nuevas colonias europeas a escala mundial, para facili-
tar las relaciones comerciales con base en los productos industrializados que
se mostraban en constantes avances entre las naciones.

35
Un mundo de desigualdades

Según algunos autores, la estandarización del conocimiento que se lla-


maba geografía, ocurrió a fines del siglo XVIII, donde comenzaron a unifor-
mizar la comprensión del tema, a través de relatos de viajes, descripciones
de lugares, etc., período denominado por Werneck Sodré como «prehisto-
ria de la geografía». Aun siguiendo los pasos del tema, se considera que la
«sistematización del conocimiento geográfico» solo ocurriría a finales del si-
glo XIX.
En este período la industrialización ya se había consolidado en varios paí-
ses de Europa y Estados Unidos y las distintas áreas de la ciencia empezaron
a tomar sus propios caminos, cada una expandiendo sus técnicas para darle
soporte al proceso de desenvolvimiento en curso. Así ocurrió con la econo-
mía, cuya visión de los pensadores neoclásicos, dirigida a solucionar los pro-
blemas de la producción material, desenvolvió técnicas basadas en modelos
matemáticos e hizo que la economía asumiese «aires de verdadera ciencia»
(Araújo, 1985:80).
Así como otras vertientes de la ciencia, la geografía encontró soporte en
la filosofía, dirigida a superar la religiosidad que comandaba el feudalismo,
cuyo paso al modo de producción capitalista envolvía un entendimiento ra-
cional de la realidad. Los filósofos como Kant y Hegel enfatizaron la cues-
tión del espacio de forma diferenciada, sin embargo reafirmaron la necesi-
dad de reconocer los estudios de la geografía como una pieza importante,
por considerar que el medio influenciaba el desarrollo social. Por otro lado,
los pensadores políticos del Iluminismo –Rousseau, por ejemplo– «discutie-
ron la relación entre la gestión del Estado, las formas de representación y la
extensión del territorio de una sociedad» (Araújo, 1985:38). Pero aún así,
las economías políticas de Adam Smith y Malthus también se tomaban co-
mo referencia en el territorio para explicar la productividad; las teorías del
evolucionismo de Darwin y Lamark resaltaban el papel del medio ambiente
en la evolución de las especies y refuerzan el papel del estudio geográfico
como un aspecto importante. Lo que demuestra que la sistematización de
la geografía fue reforzada por pensadores que intentaban reconocer el pro-
ceso de las relaciones sociales con el medio ambiente, presentando una vi-
sión abarcadora de los problemas, lo que, necesariamente, incurría en com-
prender relaciones de clases sociales, y esto no convivía lógicamente con el
capitalismo, que carecía de desenvolvimiento de aspectos innovadores en
la operación de sistemas aislados.
Este conjunto de conocimientos especiales, necesarios para el progreso
de partes de las acciones que componen el desenvolvimiento en la sociedad
industrial, exigía respuestas inmediatas para problemas localizados. Tales
respuestas carecían de una profundización de técnicas adecuadas, debida-
mente justificadas social y políticamente. Había necesidad de una construc-
ción teórica capaz de difundir la idea, servir directamente a los propósitos

36
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

de una nueva sociedad y responder a problemas específicos de cada nacio-


nalidad, de cada región. Eso llevó a una división de trabajo científico y una
segmentación de la forma de discutir la sociedad, ocurriendo una dispersión
en varias ciencias, con la especialización de ópticas aisladas sobre los aspec-
tos de la realidad, especialmente aquellas que podían contribuir con el me-
jor desarrollo del capitalismo, con un fundamento industrial.
Fue en ese ambiente del siglo XIX que la geografía fijó las normas inicia-
les de la denominada corriente tradicional, desdoblada en líneas de trabajos
formalmente diferenciadas por grupos y por naciones. Pero también fue una
realidad que dirigió el foco de la geografía a una visión sobresaliente territo-
rial, lo que no le imposibilitó comprender las relaciones entre las actividades
socioeconómicas y el ambiente natural.
La geografía en Alemania respondió a la necesidad de la constitución de
un Estado para acelerar el proceso de organización espacial y la unificación
nacional en una «Confederación Germánica», unida por la necesidad de una
mejor articulación territorial, para facilitar el proceso de producción y co-
mercialización de la emergente sociedad industrial, en gran desarrollo en
Inglaterra, pero que ya se propagaba para Alemania y Francia.
De ello nace el esfuerzo por una geografía basada en conocimientos físi-
cos de la Tierra, encontrado en los dos mayores representantes alemanes:
en Humboldt la concepción de que cabría a la geografía «reconocer la uni-
dad de la inmensa variedad de los fenómenos, descubrir por el libre ejerci-
cio del pensamiento y combinando las observaciones, la constancia de los
fenómenos en medio de sus variaciones aparentes»; y en Ritter una visión
más regionalizada, más de sistemas naturales, tomando al hombre como su-
jeto de la naturaleza, invocando la visión religiosa de un equilibrio entre las
acciones humanas y la voluntad divina. También el alemán, Ratzel, como afir-
ma Moraes (1983:55), se introduce como «representante típico del intelec-
tual comprometido en el proyecto estatal; su obra propone una legitimación
del expansionismo bismarckiano» de anexión de nuevas colonias, relacio-
nando la organización humana con el territorio. Se comprende esa relación
con bases naturales y casuales y no socioeconómicas, con todas sus diferen-
ciaciones de agrupamientos sociales y de movimientos ideológicos internos.
Era una forma de servir y, al mismo tiempo, huir del análisis de cuestiones
que pudieran venir a comprometer los reales objetivos estatales. Sus segui-
dores defendieron algunas tesis largamente difundidas, mostrando la rela-
ción entre clima y desarrollo, topografía y religión, entre la dominación mili-
tar y la geografía y así sucesivamente (Moraes, 1983:47, 48).
En Francia en la segunda mitad del siglo XIX, Vidal de La Blache funda la
Escuela Francesa de Geografía, contestando a los fundamentos de la visión
alemana de Ratzel, pasando a defender una ciencia menos inclinada a aten-
der las cuestiones políticas y más neutras; a valorizar la presencia humana en

37
Un mundo de desigualdades

el análisis geográfico, aunque sin romper la predominancia naturalista, y


también expone el determinismo de la naturaleza en la relación con el ser
humano. Esto llevó a La Blache a romper la producción de la geografía bási-
camente inclinada a relatos de viajes, ampliando la concepción geográfica
hacia el planteamiento de, según Moraes (1983:72), «población, de agrupa-
mientos, nunca de sociedad [...], discute la relación hombre-naturaleza, no
exponiendo las relaciones entre los hombres», razón por la cual ella no rom-
pe la visión optimista que domina la geografía tradicional.
Los seguidores de La Blache, definieron conceptos de región, que dieron
como resultado la geografía regional, tomándola como una «unidad de análi-
sis geográfico» que carecía de un examen minucioso desde varios puntos de
vistas: relieve, clima, población, ocupación histórica, estructura agraria, indus-
trial, etc.; estructura urbana, jerarquía de la red de ciudades, etc.; todo eso
presentado en cartas geográficas descriptivas. Es como si hubiera una tentati-
va de dar un corte horizontal en las actividades humanas y representarlas de
forma estática en cada recorte geográfico, dejando de comprender las rela-
ciones entre las actividades socioeconómicas y el ambiente natural.
De aquí nacieron las especializaciones diversas de la geografía tradicio-
nal, pero la geografía económica fue la que avanzó en mayor escala en las
relaciones socioeconómicas, superando las bases únicamente descriptivas,
dirigiéndose a la aplicación de un raciocinio más lógico y articulado, aproxi-
mándose a la economía, a la utilización de modelos capaces de representar
las relaciones entre los distintos segmentos de la economía con la infraes-
tructura y otros elementos espaciales.
Otra corriente del pensamiento tradicional de la geografía aparece en
Hettner y Hartshorne –principalmente en la divulgación de los trabajos de
ese último–, los principales representantes que fundamentan sus análisis ya
no más en el positivismo de las corrientes anteriores, sino en el «neokantis-
mo de Rickert y windelband» (Moraes, 1983:84).
Hartshorne, en la década de 1930, presenta un concepto geográfico im-
portante para una visión territorial, la cual se refiere a que la «región», defi-
nida por los seguidores de La Blache, tomada por la geología como las rea-
lidades objetivas, sería llamada conjunto de territorialidades («áreas») definidas
por el observador, a partir de datos escogidos y de las relaciones e «inte-
graciones». Tal consideración incorpora una mayor complejidad en el pro-
ceso de desarrollo regional, dado que los análisis tendrían singularidades
en cada «área», vistas a partir de la «integración» de un «conjunto de fenó-
menos agrupados» para posibilitar el conocimiento de cada localidad. Además
de eso, el mismo autor presenta otra forma de análisis, enfocado en deter-
minado fenómeno, pero generalista en lugares distintos, posibilitando co-
nocer el comportamiento de un sector, de la economía, por ejemplo, en va-
rios territorios.

38
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

Sin embargo, a mediados del siglo XX, el mundo presentaba grandes


complejidades desde el punto de vista social, económico y político, alcan-
zando distintas etapas de países capitalistas y socialistas, esta última, princi-
palmente en algunos países del este europeo. El mundo estaba dividido en
tres partes bastante diferenciadas en términos sociales, económicos y políti-
cos, además de mostrar una gran diferencia también en la utilización de los
recursos naturales, en la participación social y política de agrupamientos di-
ferentes de personas y mostrar una ocupación territorial que variaba no solo
entre países, sino también en regiones distintas dentro de cada país.
Tal realidad ya no podía ser explicada por un área de la ciencia, ni siquie-
ra de la Geografía. Los conflictos ideológicos siempre anunciaban avances
en todos los lados, con críticas a las visiones contrarias que se preparaban y
se desenvolvían aceleradamente, cada vez exigiendo más la conjunción de
«puntos de vistas» de las distintas áreas de la ciencia, algunas veces con di-
fícil división de responsabilidades. El ambiente mundial cada vez más inte-
grado y dividido, al mismo tiempo, exigía una visión científica también am-
plia y articulada, a veces para justificar determinadas ideologías, otras tantas
para explicar claramente fenómenos complejos.
De ese ambiente surge un movimiento de renovación de la geografía,
que algunos autores definen en dos corrientes, ambas sustentadas por visio-
nes diferenciadas de la realidad: geografía pragmática y geografía crítica.9
A pesar de que las dos corrientes critican la Geografía Tradicional y bus-
can la innovación metodológica, hay una diferenciación importante entre
ambas, especialmente en lo que respecta a la utilización de nuevos instru-
mentos y a la perspectiva de realización, de aplicabilidad.
La geografía pragmática critica la visión descriptiva de la formación de
una dada territorialidad, por ejemplo, y defiende la necesidad de hacer
prospecciones sobre el futuro. En esa línea, la crítica a la geografía tradi-
cional pasa a ser superficial, dado que se sustituye la visión positivista an-
terior por una visión neopositivista, o sea, se destituye la simple observa-
ción directa de la realidad, por datos levantados y articulados por un sucesivo
linaje de indicadores, medias, métodos cuantitativos, etc. En realidad, per-
manece en el procedimiento de las cuantificaciones, se avanza en los ins-
trumentos y métodos más modernos, sirviendo como soporte para la defi-
nición de políticas de desarrollo. Se desdobla en propuestas por la vía de
la cuantificación y de la sistematización en formas de modelos teóricos.
Estos modelos que pueden ser aplicados en cualquier territorio, son ajus-
tados por factores y variables que posibilitan definir los patrones y tenden-
cias de desarrollo.

9 Véase, sobre eso, Moraes (1983:93-127).

39
Un mundo de desigualdades

Dentro de sus mayores representantes, están Christaller y Lörsh,10 que


crearon modelos para definir los patrones de jerarquización de la red de ciu-
dades, el poder de atracción de las metrópolis, etc., y Estal y Buchanam que
definieron un modelo para explicar la mejor localización industrial, conside-
rando una serie de factores intervinientes (Moraes,1983:104-105).
En fin, los dos caminos seguidos por la geografía pragmática terminan
siendo complementarios, el primero puede servir como instrumento y diag-
nóstico para el segundo que, a su vez, produce la base para políticas de in-
tervención práctica, partiendo del equilibrio de un sistema dado y buscando
ajustar sus flujos en la dirección deseada.
La geografía crítica cuestiona tanto la geografía tradicional como la geo-
grafía pragmática. En el primer caso de acuerdo al carácter superficial del
análisis de los problemas, intentado describir las relaciones entre el ser hu-
mano y la naturaleza, sin reconocer las relaciones entre los seres humanos.
En el segundo caso, el cuestionamiento es hecho sobre el carácter utilitario
del uso de modelos y métodos cuantitativos, que sirven como soporte para
que el Estado pueda trazar las directrices del desarrollo, sin cuestionar las
diferencias sociales y la explotación económica.
Por su lado, la geografía crítica –que contiene varias corrientes internas–
trata de comprender las relaciones entre grupos sociales con sus diferencias
de dominación. Se trata del análisis que procura entender la esencia de los
problemas socioeconómicos en toda su entereza, buscando exponer los as-
pectos variados de sus desigualdades sociales y territoriales.
Según Moraes (1983:117), la geografía crítica tiene sus raíces en la geo-
grafía regional francesa, en su ala más progresista de la década de 1930/40
–Jean Dresch– teniendo como primeros autores que manifiestan tal inten-
ción: P. George, Y. Lacoste, B. Kayser y R. Guglielmo, al lanzar el libro Geografía
activa, aunque dichas ideas merecieran superaciones de contradicciones in-
ternas entre la teoría izquierdista y la práctica conservadora.
A partir de los años 1950, 1960 y 1970, los críticos, representantes de la
«Nueva Geografía», publicaban una apertura del análisis puramente geográ-
fico e incorporaban informaciones con otras áreas del pensamiento, princi-
palmente de los sociólogos, como M. Castels (Cuestión urbana), los filóso-
fos, como H. Lefebvre (La producción del espacio), y los urbanistas como J.
Lojikne, sufriendo los reflejos de un mosaico variado de visiones del mundo,
tales como la filosofía marxista, existencialistas, eclécticos, etc., y, dentro de

10 Los dos autores desenvolvieron sus teorías en las décadas de 1930 y 1940, en Alemania,
utilizando la práctica de modelos de localización territorial, también utilizados por Von Thünem
–a principios del siglo XIX–, que concibió una teoría explicando la localización de la producción
agrícola, y Weber que trabajó con el tema de la concentración industrial a principios del siglo XX.

40
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

eso, incurriendo en algunas interpretaciones de las más variadas. Dentro de


la línea de los geógrafos, pueden ser destacados los análisis de David Harvey
(Justicia social y la ciudad) al asociar los procesos sociales al espacio, dentro
de un análisis marxista, a partir del análisis de la valorización del espacio ur-
bano; y M. Santos, uno de los precursores del movimiento «Por una Geografía
Nueva: de la crítica de la Geografía a una Geografía Crítica», encabezando
la lista de los intelectuales brasileños.11
Más recientemente, aunque con variados reciclajes del pensamiento, di-
versos intelectuales, a ejemplo de D. Harvey, explicando la «Condición
Posmoderna...» (1996), Lipietz y Benko, que comentan sobre «las Regiones
Ganadoras – Distritos y redes: los nuevos paradigmas de la geografía econó-
mica» (1996) y M. Castells que defiende una actual comprensión de la «Era
de la Información», mostrando una sociedad organizada en redes articula-
das (1999), van a demonstrar la tendencia a una aproximación entre varias
áreas de las ciencias sociales para explicar la realidad. En este ambiente, la
Geografía comparte un lugar importante para la comprensión de las relacio-
nes entre los movimientos socioeconómicos y el recorte regional, con análi-
sis profundos y que incorporan las relaciones sociales entre los grupos hu-
manos, con distintas ópticas entre sus intelectuales.
De esta forma, se puede considerar que los autores de la geografía tradi-
cional muy poco pueden contribuir metodológicamente a la investigación
deseada en este trabajo, aunque algunos instrumentos podrán ser utiliza-
dos. En realidad, las ideas de los geógrafos de la fase más reciente, tanto de
la corriente pragmática como de la crítica, no solo profundizaron en los aná-
lisis sobre el tema, sino también utilizaron por una parte los recursos e ins-
trumentos de cuantificación de los fenómenos y los indicadores representa-
tivos de movimientos, lo que refuerza la adherencia de sus métodos al tema
de este estudio.
Esto significa que la elección de sus representantes se posibilita princi-
palmente de acuerdo a la identificación del estudio de cada una de las dos
corrientes más recientes, que enfocaron directamente sus trabajos en la bús-
queda por comprender los reflejos socioeconómicos sobre el territorio. Tales
autores básicamente tuvieron influencia de la filosofía marxista, aquella que
permite enfocar la cuestión con más adherencia al recorte regional, diferen-
te de aquellos que toman como base el análisis existencialista, por ejemplo.
Desde este punto de vista, Christaller, que deja sus ideas de forma aparente
en sus modelos de centralidad, representando la geografía pragmática, y

11 Véase Vesentini, José Willian, «La geografía crítica en Brasil: una interpretación depo-
nente», http://www.geocritica.hpg.ig.com.br/geocritica04-6.htm (accesado el 30 de octubre
de 2003)

41
Un mundo de desigualdades

Benko-Lipietz (geógrafo y economista, respectivamente), también por re-


presentar pensadores que analizan la fase más reciente de la socio econo-
mía mundial y que organizaron trabajos de varios autores sobre el tema re-
gional, merecen un análisis especial y detallado.

2.6 Los sociólogos clásicos presentan un recorte territorial genérico

Independientemente de las discusiones entre autores que defienden que la


sociología como ciencia, nació con Marx o un poco después con Weber y
Durkheim, el hecho es que esos tres pensadores aún sirven de referencias
para definir las corrientes del pensamiento moderno en el área social (Giddens,
1994). Pero la presencia de ellos está incluida de una forma diferente en el
proceso histórico de antes y después del siglo XIX.
Marx sufrió influencias de la filosofía alemana y de la política francesa,
pasando a construir filosóficamente sus ideas de una nueva sociedad, estu-
diando profundamente el capitalismo que se consolidaba en Europa. Como
ya hemos visto anteriormente, sus pensamientos incluían las relaciones so-
cioeconómicas en todos sus aspectos, además de que ellas empezaron a
servir de base para políticas reales y para formulaciones teóricas de innume-
rables pensadores del siglo XX, que explican la realidad en varias áreas del
conocimiento, principalmente en las áreas de más relación directa con el te-
ma de interés de nuestro análisis, las cuales son: la economía, la sociología y
la geografía. Eso se clasificó en el área de las ciencias sociales como «socio-
logía marxista» (Giddens, 1994:11; Menezes, 2002).
Weber y Durkheim son considerados, según varios autores, entre ellos
los mencionados anteriormente, como los mayores representantes del pen-
samiento sociológico (respecto a la ciencia) «positivista» o «burgués», aun-
que dichos pensamientos ya hayan sido gradualmente bosquejados por Saint-
Simon y ampliados y difundidos por Auguste Comte, algunas décadas antes.
La base naturalista-evolucionista de Darwin tuvo una importante influencia
sobre las ciencias sociales a fines del siglo XVIII y en el siglo XIX, lo que dio
como resultado una transposición de la lógica de las ciencias naturales hacia
las cuestiones sociales, caracterizando las ideas centrales de Saint-Simon,
Auguste Comte y, posteriormente, Weber, Durkheim y toda una secuencia
de sociólogos seguidores de la visión positivista.
Sin embargo, esta visión encontró en Saint-Simon un planteamiento cla-
ramente dirigido a mostrar la evolución social del feudalismo para la indus-
trialización, utilizando para ello la visión evolucionista y natural de la socie-
dad humana, sirviendo para defender un nuevo orden de valores morales,
de la organización social, de la representación política y control del Estado
por los representantes de los sectores industrial, agrícola y comercial, en

42
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

sustitución del «clero, la nobleza y el orden judicial» de la fase anterior y feu-


dal (Sánchez, 2000).12 Se trataba de un cuerpo de ideas dirigidas al conven-
cimiento de la necesidad de una reestructuración social y política, siendo re-
sultado de una evolución del proceso de desenvolvimiento, ahora de carácter
industrial y que exigía una formulación científica de los problemas a ser re-
sueltos por «un sistema de demostraciones positivas» (Ibíd).
Por su parte, Comte se preocupó por definir la ciencia positiva, que bus-
caría transformar el espíritu filosófico, a partir del paso de la visión de lo
irreal para lo real; de lo inútil para lo útil; de la inseguridad para la seguri-
dad; de lo vago para lo preciso; y de lo negativo para lo positivo –proposi-
tivo y transformador–, contradiciendo la visión anterior y teológica de la era
del feudalismo (Sánchez).13 Comte explica el método científico, preocupán-
dose por los fenómenos sociales, también exponiendo una ley de evolución
histórica, de las fases de la humanidad como un proceso natural, pautado
en el equilibrio y el progreso «igual que en la mecánica animal» (Ibíd).
La base del pensamiento de Durkheim trae influencias directas de Comte
y formula el estudio académico de la sociología positivista, de acuerdo con
Menezes (2002),14 constituida por tres metas articuladas: «establecer la so-
ciología como disciplina científica; proporcionar la base de la unidad y unifi-
cación de las ciencias sociales; y construir las bases empíricas, racionales y
sistemáticas de la religión civil de la sociedad moderna», con bases prácti-
cas. En este sentido, el autor defiende la división del trabajo social, como
una estructura con funciones diferenciadas, aunque coherente y estable or-
gánicamente. Dentro de ese enfoque, una de las preocupaciones se refiere
a las posibilidades de desarrollar las potencialidades individuales y rechazar
la consideración de que las relaciones económicas, las clases sociales, defen-
didas por Marx, son formuladoras de la estructura del poder en la sociedad,
«pudiendo haber gran variedad en la organización política de las sociedades
de estructura semejante en todos los otros aspectos» (Giddens, 1984). En
oposición al mismo autor, Durkheim sustenta que la reorganización de la
economía no resuelve la crisis de la sociedad moderna, cuya solución debe
estar más en el campo de la moral.
Weber, por su parte, amplía la discusión, incluyendo temas de la economía,
del derecho, de la historia y de la política. Él reconoce que es posible hacer
ciencia social, aunque no se apliquen normas de las ciencias naturales, ya que
las sociedades humanas están abiertas, sin delimitación, y sus resultados siem-

12 Basado en textos-resumen «recogidos» por G. Gurvitch. Paris: PUF, a partir de La Physiologie


Sociale de Henri de Saint-Simon
13 Basado en Hubert, René, Comte: Selección de textos. Buenos Aires: Editora Sudamericana
y en Comte, Auguste, Discurso sobre el espíritu positivo. Madrid: Aguilar.
14 Citando Edward A. Tiryakian.

43
Un mundo de desigualdades

pre serán inconclusos. Para Weber, el estudio de la sociología consiste en iden-


tificar el comportamiento de las personas y sus justificaciones.
El aspecto de la política fue un punto importante en el pensamiento de
Weber, donde él trabaja con el sentido del «poder político», contraponién-
dose al «poder económico» de Marx, enfocando el carácter nacionalista y
de primacía del Estado Alemán, como dice Giddens (1994:261). Así pensan-
do, Weber entendía que el problema era la falta de calificación de la burgue-
sía, representantes del poder, y la inmadurez de la administración por parte
de los trabajadores. De esta forma, la solución debería estar siempre en el
fortalecimiento del poder político, lo que traería una armonización entre la
burguesía y la clase trabajadora. Como consecuencia de ese pensamiento,
Weber considera que la autoridad y el poder político influencian la econo-
mía y que la religión posee una fuerte capacidad para impulsar las activida-
des económicas.
Lo que se puede concluir es que los pensadores positivistas del siglo XIX
y de principios del siglo XX, trataron los fenómenos socioeconómicos a par-
tir de la descripción de las relaciones entre los individuos y la sociedad; com-
prendieron agrupamientos sociales distintos; analizaron la moral religiosa
como base para la comprensión de alteraciones sociales importantes; reco-
nocieron los poderes políticos y económicos; además de estudiar procesos
de organización administrativos y sus relaciones con el poder político, que
sería capaz de conducir naturalmente la sociedad a una armonía plena entre
las clases sociales.
Sin embargo, tal comportamiento es objeto de análisis social, pautado
principalmente en la postura de dar cohesión científica a la sociedad indus-
trial moderna, de formular políticas de entendimiento y justificativa de las
acciones del poder político de la «burguesía», conforme sus afirmaciones;
no tuvieron preocupación por estudiar críticamente la esencia de tales movi-
mientos, los procesos internos que constituyen y moldean las apariencias de
los fenómenos sociales descritos. Así, tales pensadores no ofrecen instru-
mentos capaces de ayudar a entender las explicaciones de las diferencias
entre las clases sociales, las luchas sociales, las diferencias territoriales que
son meros reflejos espaciales de las diferenciaciones de agrupamientos so-
ciales y son el mayor objetivo de esta investigación.
Sin embargo, fueron los intelectuales los que formularon un modo de
pensar en la sociedad, el de resolver las cuestiones prácticas para los ajustes
sociales, para justificar ideológicamente las diferencias sociales, lo que tuvo
como resultado la formación de una escuela o varias corrientes positivistas
que perduran hasta hoy y se han difundido en varias áreas de las ciencias hu-
manas, económicas, etc.
Por su parte, independientemente de las divisiones entre los pensa-
mientos de Marx y los positivistas de la sociología, este autor se preocupó

44
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

por estudiar críticamente la sociedad capitalista, con la perspectiva de al-


terar su estructura y, por ese motivo, fue forzado a presentar de forma jus-
tificada y explícita todo el funcionamiento de la sociedad capitalista, ense-
ñando los procedimientos que pueden explicar las diferencias sociales y
territoriales que se presentan empíricamente desde el siglo XIX hasta nues-
tros días.
De esta misma forma, las ideas marxianas fueron expandidas y se instala-
ron en varias corrientes del pensamiento económico, social y geográfico,
creando lo que se llama marxismo, neomarxismo, etc.
Por todo esto, dichas corrientes (marxiana y marxistas) serán aquellas
que serán seleccionadas para servir como referencia sobre los análisis de la
pertinencia de sus métodos y de sus formulaciones sobre los reflejos terri-
toriales de los movimientos socioeconómicos, el mayor objetivo de esta in-
vestigación.

2.7 Una mirada transversal sobre el período de la posguerra

Relacionar las ideas defendidas por escuelas y pensadores con los ciclos de
desarrollo de la sociedad significa reconocer, o partir de la presuposición de
que habría adherencia de las ideas con su tiempo, el tiempo del ciclo consi-
derado. De eso podría ser deducido: los ciclos no alteraron las ideas o las
ideas alteraron los ciclos, en el caso de que dichas ideas fueran aquellas uti-
lizadas preponderantemente por las políticas de desenvolvimiento. Eso pue-
de traer resultados importantes para nuestras conclusiones, a partir del mo-
mento que se pueda deducir que una determinada política, basada en una
determinada línea de pensamiento, fue crucial para inducir algunos movi-
mientos importantes de la realidad socioeconómica, como comentaremos
en los capítulos siguientes.
De esta forma, es posible también utilizar un punto de vista de carácter
transversal al tiempo, donde se hace el intento de sustraer los límites entre
las distintas áreas de la ciencia y entre las amarras que asocian una línea de
pensamiento a un determinado ciclo de desenvolvimiento de la sociedad.
Todo eso dentro de lo posible, intentando identificar las ideas centrales de
un conjunto de líneas de pensamiento, asociadas a una lógica general de
desarrollo que está subyacente en los ciclos de desenvolvimiento de los úl-
timos tiempos.
En este caso, podemos considerar similares las determinadas formas de
analizar la realidad, independientemente de que sean formuladores o se-
guidores de un pensamiento, o que tengan participación en un determina-
do tiempo o ciclo de desarrollo socioeconómico. De esta manera, podemos
considerar dos bloques de pensadores con preocupaciones diferenciadas

45
Un mundo de desigualdades

de contrastes de la realidad: en el primer bloque se encuentran aquellos


que comprenden las relaciones socioeconómicas en su conjunto y que com-
prenden que las alteraciones en sus componentes principales alteran en
mayor o menor grado el conjunto, la estructura –por eso es que pueden ser
denominados «estructuralistas»–, que aún pueden ser subdivididos en «es-
táticos y dinámicos», además de otras subdivisiones (Viet, 1967); en el se-
gundo bloque están aquellos a los que no les interesa el conjunto de facto-
res que interfieren en la realidad socioeconómica, pero sí les interesa el
funcionamiento de una parte de ella, por el interés de dar respuestas a las
cuestiones concretas de causas y efectos directos, en una acción concreta y
directamente enfocada en el objetivo elegido, lo que los denomina «funcio-
nalistas» (Giddens, 1977).
No tenemos el objetivo de clasificar cada una de esas corrientes, ya
que eso no trae resultados prácticos para este análisis. Lo que contribuye
efectivamente para reconocer los rasgos regionales del desarrollo socioe-
conómico es identificar los métodos reconocidamente aceptados por la
realidad, aquella que se presenta en el «mundo real» y no aquella que se
quiere que acontezca. Guardadas las dificultades de reconocimiento del
«mundo real», se eligen sus representaciones que pueden ser medidas y
reconocidas por algún medio científico, tal como indicadores socioeconó-
micos, etc. Evidentemente que, inicialmente, dirigimos nuestra atención a
las corrientes que se interesan por el desarrollo espacial de las actividades
económicas.
En la época de la posguerra, hasta la década de 1970, período caracteri-
zado por la producción fordista, había una serie de teorías de desarrollo que
provocaban rechazos territoriales importantes, éstas son comúnmente clasi-
ficadas como estructuralistas. Eso quiere decir que tales pensadores com-
prenden las regiones de una forma interconectada, donde cualquier acción
trae repercusiones sobre otras partes, cuyas causas explican las desigualda-
des regionales, tanto por la vía de las interconexiones de la economía a es-
cala mundial, como a escalas regionales.
Entre las teorías más conocidas, divulgadas e incluso aplicadas en deter-
minados lugares, se identifican aquellas que intentan explicar las desigual-
dades entre regiones del mundo, otras que enseñan la tendencia a la polari-
zación de determinadas actividades, otras que muestran las fases distintas
del desarrollo integrado interregional.
Existen posiciones bastantes distintas entre dichos pensadores y sus teo-
rías, algunos situándose en un nivel positivista y otros asimilados por la vi-
sión marxista, para abordar las partes más importantes.
Méndez (1997: 341-345) y Benko (1996: 53-57) plantean las corrientes
más importantes, entre las cuales figuran:

46
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

• La teoría del crecimiento acumulativo, formulada por Myrdal,15 donde se


defiende la tesis de que las libres fuerzas del mercado concentran las ac-
tividades económicas y sociales en algunos territorios, aumentando las
desigualdades regionales. Eso ocurre de acuerdo al «proceso causador
circular», donde un crecimiento económico territorial dado adquiere fuer-
za y se retroalimenta: la atracción de personas calificadas aumenta la de-
manda por productos que, a la vez, atraen nuevas inversiones privadas y
aumentan la recaudación pública, que se vuelve capaz de ampliar sus in-
versiones en elementos importantes de infraestructura socioeconómica.
Dicha fuerza se expande hacia una periferia inmediata más accesible, que
refuerza todo el sistema.
• La teoría de la polarización de Perroux, donde el autor defiende la idea
de que el crecimiento industrial en la sociedad capitalista es desigual
por sector de actividad y, por consecuencia, territorialmente. Al analizar
los países subdesarrollados, Perroux considera que en esos países son
pocas las oportunidades de desarrollar cadenas industriales completas,
razón por la cual las aglomeraciones industriales, formadas a partir de
una actividad propulsora, crean complementariedades que convierten el
complejo más rentable.
• La teoría de la dependencia, desarrollada por innumerables pensado-
res,16 que defendían la idea de que había un espacio central y uno perifé-
rico. En el primero existían inversiones con gran densidad, con cadenas
completas, en un ambiente de bienestar social y constituido por sistemas
de dominación sobre los espacios periféricos. Dichos espacios articulados
llevaban a un intercambio desigual, donde los países y regiones centrales
tendían cada vez más a concentrar la riqueza. Las respuestas cabrían a la
presencia del Estado en la diminución de tales diferencias.
• Cerca de ese pensamiento, existían dos teorías que identificaban un
desarrollo semejante, sin embargo con algunos matices distintos. La
primera consistía en las «etapas de desarrollo» defendida por Rostow,17
donde él afirmaba la tesis de que estructuralmente el proceso de des-
arrollo no era desigual, sino que apenas consistía en un desarrollo en
tiempos diferentes. O sea, a medida que las economías de los países
más importantes se desarrollaran, pasando la fase «preindustrial (pri-
maria), industrial (secundaria), posindustrial (terciaria o cuaternaria)»,

15 Méndez, citando Myrdal.


16 Méndez resalta la participación inicial de Raúl Prebisch y Celso Furtado, intelectuales
sudamericanos y Benko llama la atención para el papel de Fröbel, Heinrichs y Keynes, que a fi-
nes de 1970, a consecuencia de la teoría de dependencia, defendían la «Nueva División
Internacional del Trabajo.
17 Benko citando Rostow.

47
Un mundo de desigualdades

habría una tendencia a la transferencia de unidades o de parte de las


actividades de esos países para aquellos más atrasados, con un ciclo in-
completo, Benko (1996:54).18 La segunda es la teoría de la nueva divi-
sión Internacional del Trabajo, que identificaba «tres funciones sincróni-
cas de la actividad productiva en el seno de un mismo ramo: concepción,
fabricación calificada y fabricación y montaje no calificados. En este es-
quema, los países y regiones tenían papeles diferentes, donde los más
ricos transferían las actividades menos calificadas y más atentas a las
demandas de sus mercados internos para los países más pobres (Benko,
1996: 55).

Agrupados bajo este prisma, las teorías guardan importantes diferencias


conceptuales internas. La forma del pensamiento estructuralista trae una
convergencia en la comprensión de que el modo de producción capitalista
articula todo el espacio, dividiéndolo en segmentos con papeles diferencia-
dos para las actividades sociales y económicas. Pero para algunos, esos pa-
peles diferenciados también vienen acompañados de diferencias de porte,
de calidad de producción y de ambiente de vida y, para otros, eso sería una
cuestión a ser equilibrada con el tiempo. Pero aún, están ahí incrustadas las
diferencias respecto al papel del Estado en contraponerse a las desigualda-
des entre los países o las regiones.
Desde otro punto de vista, encontramos diferentes áreas de la ciencia y
en tiempos distintos que utilizaron metodologías (funcionalistas) inclinadas a
las explicaciones de fenómenos regionales o de un país, separados de otros
países o de otras regiones. Tales estudios e investigaciones se concentraron
en las áreas de la simple estadística y modelos matemáticos que no solo ais-
laban un determinado territorio, sino también analizaban un aspecto de ese
territorio, separado de tantos otros que presentarían la capacidad de expli-
car de forma convincente un conjunto de factores que conforman la realidad
social en toda su entereza. En dichas líneas se sitúan los estudios sobre los
recursos naturales, estudios sobre la población, la presentación formal de la
distribución geográfica de las actividades, los flujos de intercambio comer-
cial separado de sus causas y sus efectos dinámicos, etc. Por otro lado, tam-
bién podemos incorporar los estudios de localización de actividades econó-
micas en una región, en total, utilizando modelos matemáticos estáticos
para explicar una determinada realidad. Se partió para la explicación de los
fenómenos dinámicos, con la utilización de una mirada estática, rígida, ade-
más de partir de la consideración de que la realidad es homogénea, cuando
los lugares son diferenciados en todos sus aspectos.

18 Citando el esquema Clark-Rostow-Vernon.

48
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

Por lo tanto, tal como en los esquemas estructuralistas, dentro de esa


visión que trabaja con los efectos aparentes de los movimientos sociales,
se pueden identificar diferencias importantes entre las corrientes, donde
algunas muestran mayor capacidad para explicar la realidad en sus trazos
más importantes y otras apenas la describen, la presentan como las ven fí-
sicamente. Por lo tanto, en los dos grupos existen pensadores que plan-
tean la cuestión del recorte regional, aunque tenga soporte teórico dife-
renciado.
De esta forma, los análisis agrupados por las corrientes estructuralista y
funcionalista no responden a las demandas de aquellos que buscan enten-
der los efectos regionales de las cuestiones socioeconómicas.
De esta manera, en vez de tomar una visión u otra para profundización,
entendemos como más prudente para nuestra investigación, identificar los
autores que puedan completar el cuadro, independientemente de su adhe-
sión a esos dos planteamientos, ya sea con una visión más completa de los
problemas o con una contribución más particular de un aspecto.

2.8 ¿Existe una nueva era?

A partir de las décadas de 1970 y 1980, con la creciente dominación de la


producción flexible, teniendo más énfasis en las actividades y las empresas
más grandes y con más capacidad de estructurar los flujos a escala mun-
dial, algunas corrientes del pensamiento pasaron a diferenciarse de los
formatos anteriores. Aparecen nuevas corrientes que defienden la tesis de
que las relaciones son tan intensas bajo los más distintos aspectos, que no
hay una lógica general –a escala global o regional–, capaz de permitir la
identificación de factores prevalecientes en las relaciones sociales, econó-
micas o políticas.
Dentro de los que continúan trabajando con el concepto de las transfor-
maciones continuas de modelos anteriores, como es el caso del paso del for-
dismo para la producción flexible, siguen dividiendo visiones distintas sobre
el proceso, yendo desde aquellos que entienden el momento como una
evolución o sofisticación del capitalismo industrial (Mézàros, Chesnais, Giddens,
entre otros),19 hasta aquellos que entienden que se trata de una nueva so-
ciedad basada en nuevos parámetros de producción y de generación de va-
lor, con algunos pequeños matices de diferenciación. En este último caso es-
tán los que consideran la información y el conocimiento como base para la
generación de valores de la nueva sociedad (sociedad informacional de

19 Giddens dijo: «Nosotros no nos trasladamos para más allá de la modernidad, sin embar-
go estamos viviendo precisamente a través de una fase de su radicalización» (Giddens, 1991:57).

49
Un mundo de desigualdades

Castells), los que entienden que en los servicios están las nuevas oportuni-
dades de construcción de la riqueza (sociedad posindustrial20 defendida por
varios autores, entre ellos Benko, que hace una revisión bibliográfica impor-
tante), o incluso, aquellos que entienden que se trata de una mezcla de va-
rios factores, cuya base está difundida en varias formas de producción y va-
lores (sociedad posmoderna, muy presente en el área cultural, con un fuerte
llamamiento en el área de la arquitectura).
Dentro de ese grupo de pensadores y visiones, es interesante tener en
cuenta las ideas de los autores más importantes que tratan de reconocer los
nuevos factores que condicionan la sociedad actual, ya sea informacional o
posindustrial, cuyas figuras más importantes están en Castells y Benko.
Entendemos con esto, que aquellos que comprenden una continuidad del
capitalismo industrial, con transformaciones y sofisticación, ya están de cier-
ta forma representados por otros autores anteriormente citados.
Por otro lado, el concepto de posmodernidad, como dice Giddens (1991:53),
está «superando la modernidad [y] parece invocar aquello mismo que es
(ahora) declarado imposible: dar alguna coherencia a la historia y situar nues-
tro lugar en ella. Además de eso, si Nietzsche ha sido el primer autor que
desvinculó la posmodernidad de la modernidad, un fenómeno que se supo-
ne que está ocurriendo ahora, ¿cómo es posible que él haya visto eso hace
casi un siglo atrás?».
Por estas razones, dejamos de considerar la discusión y el concepto de
posmodernidad como un punto de vista capaz de explicar los movimientos
socioeconómicos y sus rebatimientos regionales. Pero también dejamos de
considerar autores de esta corriente de pensamiento, por ella representar
conceptos más agregados a las áreas del arte y la cultura, sin que ningún in-
telectual, representante de esta línea de pensamiento, haya presentado
elementos importantes para la comprensión regional de las cuestiones so-
cioeconómicos y también por el hecho de que sus suposiciones no ofrecen
sustratos teóricos suficientes para que se pueda intentar deducir sus efec-
tos prácticos.
Dejamos de considerar también para esta investigación el agrupamiento
de ideas que defiende la ilógica o la inexistencia de una línea de conducta
en las relaciones socioeconómicas, a ejemplo de lo que publican Deleuze &
Guattari (2002), por considerar que dichas interpretaciones no dan posibili-
dades para reconocer y diferenciar los reflejos regionales de los del desen-
volvimiento socioeconómico. Esto no es preocupación de esa corriente y, tal
como entendemos las ideas de la posmodernidad, deja pocas pistas sobre
los efectos prácticos respecto al espacio.

20 Concepto desarrollado por Daniel Bell en The Comming of Post-Industrial Society (London:
Heinemann, 1974)» (GIDDENS,1991:51).

50
Capítulo 2. Escuelas e intelectuales que contribuyeron
a la comprensión de la cuestión regional

Ante todo esto, veremos en el próximo capítulo, como cada uno de los
autores seleccionados plantea el tema, cómo ellos pueden ser criticados,
desde el punto de vista de la coherencia de sus ideas con la realidad actual
y cómo esas ideas pueden servir para componer un enfoque teórico que
explique los límites y las posibilidades de la inducción al desenvolvimiento
regional.

51
Capítulo 3
Reflexiones sobre cinco pensadores

3.1 Producción y espacio en la visión marxista

3.1.1 Ideas centrales que atribuyen importancia al espacio

Marx no trató la categoría espacio, tal como la analizamos en este trabajo,


en el ámbito de las relaciones entre la economía y el espacio. No era el ob-
jetivo de sus pretensiones. Sin embargo, en el espacio ocurren factores que
participan en la reproducción del capital según la interpretación de Marx,
especialmente en la circulación del capital, en la parte referente a la circula-
ción económica y física de mercancías y de personas. Es ésta la parte que
Marx no pone explícita en sus escritos, pero queda implícito en el transcur-
so de sus análisis, principalmente en el Libro II.
De esta forma, podemos decir que no se tiene la perspectiva aquí de re-
sumir lo que no existe ni, tampoco, de crear especulaciones sobre lo que po-
siblemente Marx debería haber dicho o lo que faltó por ser considerado. Lo
que se quiere efectivamente es deducir, asumiendo todas las responsabili-
dades, las contradicciones espaciales de la teoría marxiana, a partir de sus
entrañas, de su nexo, de su esencia: las relaciones entre el carácter de la
economía capitalista, sus diversos ciclos; su intensidad; sus formatos diferen-
ciados en el tiempo y el territorio que pasan a tener valoración diferenciada,
tal como las mercancías.
La importancia de eso reside en el hecho de que este trabajo es resultado
de una valoración sobre la economía en su línea regional, lo que exige un re-
conocimiento sobre el tratamiento diferenciado de la forma en la cual las di-
versas corrientes del pensamiento económico plantean el paso de los flujos de
la economía para el espacio. Es a partir del reconocimiento del nexo de ese
movimiento, de sus entrelazamientos y de sus determinaciones, en grados dis-
tintos de flujos, que el planeamiento regional o territorial adquiere validación.

53
Un mundo de desigualdades

Aquí debemos tratar única y exclusivamente la teoría marxiana. Aún sien-


do a un nivel de profundización que todavía debemos considerar esquemá-
tico y superficial, dada la complejidad del intento. Esto nos lleva a presentar,
en este trabajo, apenas una síntesis, un casi esquema de los aspectos más
importantes de la teoría marxiana, especialmente aquellos que, de antema-
no, se sabe que contienen relaciones más fuertes con el recorte regional y,
por eso mismo, tiene una importancia específica mayor para el entendimien-
to de la cuestión principal en discusión.
Sin duda, el esfuerzo necesario en este análisis es reconocer, en su es-
tructura básica, especialmente en aquella que trae contradicciones espacia-
les, la forma en que la teoría marxista se sustenta en el tiempo. Esta es su va-
lidez mientras es parte de un referencial teórico para los estudios regionales
y urbanos.

3.1.2 El orden de los factores

El propio Marx (1984:23) define el orden de su exposición del modo de pro-


ducción capitalista en el Libro III: «en el primer libro, investigamos los fenó-
menos del proceso inmediato de producción capitalista considerado apenas
como proceso inmediato de producción, cuando hicimos la abstracción de
todos los efectos inducidos por circunstancias extrañas a él. Pero el proceso
inmediato de producción no abarca toda la vida del capital. Lo completa el
proceso de circulación que constituye el objeto de estudio del segundo li-
bro. Ahí, principalmente en la tercera parte, donde estudiamos el proceso
de circulación como agente mediador del proceso social de producción, se
evidenció que el proceso de producción capitalista, observado en su totali-
dad, es una unidad constituida por un proceso de producción y un proceso
de circulación. Lo que nos cabe en este tercer libro no es desenvolver consi-
deraciones generales sobre esa unidad, sino descubrir y describir las formas
concretas oriundas del proceso de movimiento del capital, considerando
ese proceso como un conjunto».
Dentro de una visión crítica, Marx expone el «movimiento real» del modo
de producción capitalista, planteando la complejidad del tema en tres mo-
mentos distintos pero debidamente articulados.
En el Libro I el planteamiento fundamental trata sobre la producción del
capital, donde él diseca el comportamiento del capital, presentando en pri-
mera instancia los movimientos aparentes, hasta llegar enseguida a su esen-
cia. El movimiento aparente es aquel caracterizado por las acciones indivi-

54
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

duales, donde cada capitalista tiene la libertad de utilizar su dinero para ad-
quirir máquinas, materias primas y fuerza de trabajo para producir una nue-
va mercancía, venderla en el mercado por un precio más elevado que sus
gastos y obtener ganancia. Todos los capitalistas, así, actúan igualmente. La
mercancía producida por el capitalista es comprada por un trabajador por
un equivalente en dinero. Aparentemente se intercambian valores iguales.
Analizando las acciones individuales, no se pregunta cómo el capitalista con-
siguió dinero para comprar los medios de su producción. Evidentemente
que, como las compras y ventas son realizadas por personas aisladas, todo
parece procesarse en un tono de igualdad. La propiedad parece ser fruto
del propio esfuerzo del capitalista individual. Sin embargo, la pregunta se
responde cuando se pasa a la exposición de la producción y reproducción
del capital, en la esfera de su totalidad. Aquí el movimiento expuesto por
Marx pasa a la esfera de la esencia del modo de producción, caracterizado
por la identificación del momento y de la forma en la que un determinado
valor es producido. Eso ocurre por la compra de la fuerza de trabajo por el
capitalista, donde la «plusvalía» se expresa. O sea, parte del valor producido
por el trabajador es absorbido por el capitalista en la producción de una
mercancía dada, es por eso que el valor de venta de esa mercancía es supe-
rior a los costos empleados por el capitalistas en la compra de los medios de
producción. Como el proceso es ininterrumpido, él se renueva constante-
mente, estando un determinado ciclo conectado al que le antecedió y al que
le sucederá. Así, el capitalista no carga con sus propios fondos para pagar al
trabajador, al contrario, ese fondo está constituido por recursos del propio
trabajador, derivado de más trabajo que es expropiado y reconvertido. Pero
las dos formas, la apariencia y la esencia, no son antagónicas o constituyen
mundos opuestos del sueño y la realidad. Son formas que constituyen, en
conjunto, el mundo del capital (Teixeira, 1995:43). Éstas ocurren en puntos y
bajo ópticas diferentes de las instancias del movimiento capitalista. Solo de-
pende de la óptica del observador. Se puede ver el movimiento de forma
desconectada y discontinua en su apariencia o dialécticamente conectado y
continuamente reproducible como es su esencia.
En el Libro II, Marx analiza fundamentalmente la circulación del capital, o
sea, el movimiento de los capitales que él describe en sus variadas formas,
desde el dinero que compra mercancías para producir una nueva mercancía
hasta su vuelta al bolsillo del capitalista como dinero ampliado después de
realizada la mercancía. Ésta es considerada la circulación simple del capital y
muy útil para que se comprenda que ese movimiento está compuesto por
tres ciclos: el del dinero, el de la mercancía y el del producto. Conjuntamente

55
Un mundo de desigualdades

son considerados ciclos del capital industrial, pero sin significar una oposi-
ción al capital comercial. Se puede ver que, una vez más, Marx inicia el aná-
lisis de los movimientos más simples e individuales para entender mejor el
comportamiento de un momento singular y para exponer el hecho de que
los tres ciclos del capital industrial tienen en común «la valorización del valor
como objetivo determinante» (Teixeira, 1995:219). En su proceso total de
circulación, los tres ciclos ocurren conjunta y simultáneamente de forma in-
cesante, constituyendo los momentos de la producción y de la circulación de
capitales; la separación en los tres momentos o formas citadas se les da ape-
nas a los imperativos de análisis.
Un factor importante en la teoría marxista presentada en el Libro II es el
tiempo de rotación. Éste tiene como resultado una diferenciación de la can-
tidad acumulada en un determinado período. Quiere decir que si compara-
mos dos ciclos iguales de dos capitalistas que aplican igual cantidad de di-
nero y trabajan en un mismo período, sus capacidades de crear valores en
un determinado tiempo de producción dependen de la velocidad de rota-
ción del capital de cada uno, del número de ciclos completados. En esas cir-
cunstancias, si la velocidad de rotación de un capital es superior a otro, ese
capitalista habrá obtenido mayor valor acumulado. De esta manera, para los
capitales del mismo porte e igual tasa de plusvalía y tasa de ganancia, acu-
mula más, en un tiempo determinado, aquel que rote su capital en un tiem-
po menor, siendo bueno destacar que en esto consiste uno de los secretos
del atraso de unas y el avance de otras regiones y ciudades.
Marx expone inicialmente el proceso de reproducción simple, mostrando
que el capital social se divide en dos departamentos, siendo uno el respon-
sable por la producción de medios de producción y el otro productor de
bienes de consumo. Como solo existen dos clases fundamentales en el ám-
bito directo de la producción capitalista, la de los capitalistas, que tiene el
monopolio de los medios de producción y del dinero, y la de los trabajado-
res, que solo dispone de la fuerza de trabajo, Marx deduce que el capitalis-
ta produce para vender al propio capitalista. La producción del departamen-
to de bienes de producción es consumida por el departamento de bienes de
consumo que, a la misma vez, vuelve a adquirir nuevas máquinas y equipa-
mientos del primer departamento. Eso ocurre porque hay transferencias de
plusvalía entre los departamentos, lo que explica una parte de la capacidad
del sistema en encontrar medios de anticipos para realizar nuevas inversio-
nes y reproducirse cada vez más.
En el Libro III Marx considera el proceso de la producción capitalista co-
mo un conjunto, no necesariamente respecto a la unidad de la producción

56
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

(Libro I) y circulación (Libro II), sino analizando las distintas formas concretas
oriundas del movimiento del modo de reproducción capitalista. Es lo que,
de forma pertinente observa Ruy Fausto, al hacer notar que «...la totalidad
es de otro nivel: no se pasa del capital individual al capital social, sino de una
socialización parcial (hay, por tanto, falta de totalidad de los dos grandes
sectores de producción hacia los ramos)» (Teixeira, 1996:46).

3.1.3 Partes articuladas

Tras ese primer panorama general en el que fueron presentadas, de forma


esquemática, las ideas expuestas por Marx en sus tres libros que componen
El Capital y donde, en conjunto, está el contenido de su teoría sobre el mo-
do de producción capitalista, debemos plantear ahora, de una forma un po-
co menos esquemática, los pasajes principales que deberán darnos el sopor-
te para entender las relaciones entre la teoría y el espacio. Partimos de la
suposición de que el momento más importante de este pasaje se encuentra
en la circulación planteada en el Libro II. Eso no significa que no exista esa
relación en el momento de la producción. Existe y lo veremos más adelante.
Sin embargo, el análisis realizado para explicar la circulación permite reco-
nocer el capital en todas sus formas y en todos sus ciclos. Y todavía más, los
esquemas de reproducción simple (y su esquema de circulación simple) y la
reproducción ampliada están entre las más importantes partes estudiadas
para nuestro análisis en todo El Capital, razón por la que nos hemos deteni-
do a analizar prioritariamente sus temas, en los aspectos que encontremos
relaciones espaciales.

3.1.4 Circulación del capital

En el esquema de circulación simple, el proceso puede ser indicado de la si-


guiente forma:
Un determinado valor en dinero (D) es invertido por un capitalista en la
compra de determinados materiales (MP) y en una determinada cantidad de
trabajadores (MF) para producir (P) una mercancía (M’), a ser vendida en el
mercado y obtener una ganancia (D’).
Por lo tanto, el proceso sigue el curso: D-M...P...M’-D’, donde M = MP + MF
Según Marx, el paso de la forma D a MF es el momento en el que el ca-
pital dinero se transforma en capital productivo. Es el momento en el que se

57
Un mundo de desigualdades

produce la plusvalía, donde parte del dinero gastado en la mano de obra


(trabajadores) es transferido para la obtención de beneficios del capitalista.
El paso de D a MP es utilizado solamente para darle cuerpo a la masa de tra-
bajo (Teixeira, 1995:211). Eso presupone clases sociales distintas, de un lado
los trabajadores que venden su fuerza de trabajo y adquieren mercancías y,
por otro lado, los capitalistas que compran fuerza de trabajo y que también
producen y adquieren mercancías. Ellos solo se encuentran, por lo tanto, en
la compra de algunas mercancías. Cada capital tiene su ciclo (D-D’; M-M’; P-
P’), sin embargo por no traer ninguna diferencia para nuestro análisis, no en-
traremos de forma específica en cada uno de ellos, estando restringido al ci-
clo del capital dinero (D-D’), que es el más representativo del proceso de
estimación del valor.
En un proceso total de circulación, el conjunto de las partes aisladas del
capital, en los tres ciclos y en cada momento de la producción capitalista es-
tán articulados y se procesan simultáneamente en sus diferentes fases. Esta
dinámica pone la producción en una marcha constante y permanente, aun-
que intercalada por las crisis.

3.1.5 Rotación y tiempo de rotación del capital

Rotación es el tiempo que el capital industrial (conjunto de los tres capitales:


dinero, mercancía y productivo) lleva para completar el ciclo. O sea, es el
tiempo en el que el dinero aplicado, pasa por M, por P, por M’ y vuelve con
un nuevo valor D’. Eso también se aplica a los otros dos ciclos, pero vamos a
concentrarnos en el ciclo del capital dinero por ser suficiente para el caso de
la rotación. En otras palabras, es el tiempo en el que el capital dinero ade-
lantado va para volver en forma de un capital dinero ampliado.
Lo que Marx afirma es que cuanto menor es el tiempo de rotación, mayor
será su valor de producción en un período dado de trabajo. Explicando me-
jor, para que sea posible una producción dada, es necesario utilizar materias
primas, máquinas, equipamientos, materiales auxiliares (agua, energía, etc.),
trabajadores, entre otros. Eso debe ser dividido en dos plazos distintos de
capital: el capital que transfiere todo su valor para la producción en cada ci-
clo y el capital que transfiere apenas parte de su valor adelantado al produc-
to en cada ciclo. Como capital fijo, existen los componentes del capital pro-
ductivo, como las máquinas, los equipamientos, las edificaciones, etc., cuyo
capital adelantado es transferido apenas en plazos para el producto en cada
ciclo, y eso ocurre paulatinamente al transcurrir un largo tiempo de duración

58
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

de vida útil de esos elementos. Como capital circulante, se encuentran los


elementos del capital productivo, como los gastos por salarios, energía eléc-
trica, consumo de agua, combustibles, etc., y que son transferidos para el
valor del producto al final de cada ciclo. Quiere decir que el capital fijo tiene
un tiempo de rotación mayor que el capital circulante. Eso significa que el
capital circulante tiene una capacidad de recuperación muchas veces mayor
que el capital fijo. Con esta exposición, se puede deducir que las inversiones
con más anticipación de capital fijo tendrán un tiempo mayor de recupera-
ción y ampliación.
Sin embargo, la rotación está sometida también a otros factores, los cua-
les son el tiempo de producción y el tiempo de circulación en el mercado,
que son los dos momentos de la rotación: producción y circulación. El tiem-
po de rotación es igual al tiempo de producción más el tiempo de circula-
ción. El tiempo de producción es aquel en el que algunos procesos naturales
exigen tiempos mayores de madurez, por ejemplo el de las reacciones de
productos químicos, pero que pueden ser abreviados con las nuevas tecno-
logías. El tiempo de circulación del mercado es aquel donde la mercancía
producida hace un recorrido para ser comercializada y regresa en forma de
dinero ampliado. Junto con eso, se debe añadir el tiempo del paso de D a
MP, donde el capitalista adquiere la materia prima que también genera un
consumo de tiempo de circulación hacia los locales de producción.
Podemos decir que el tiempo de circulación desempeña un papel impor-
tante en el proceso de valorización del capital, sin querer decir que la circu-
lación cree valor, «sin embargo limita la cantidad de plusvalía realizada en un
determinado tiempo» (Teixeira, 1995:228).

3.1.6 Reproducción simple y ampliada del capital

En la reproducción, una vez más, Marx abre un análisis que incluye inicial-
mente una modulación del esquema, entendiendo que ese módulo no expli-
ca todo el movimiento, pero contiene una lógica sin la cual sería difícil expli-
car el conjunto de las relaciones. Tal como Marx partió de la circulación
simple hasta que llegó al proceso total de circulación del capital, él también
reconoció los procedimientos de la reproducción simple hasta llegar a la re-
producción ampliada del capital. Tal comportamiento metodológico permi-
te que se puedan reconocer los procedimientos y las relaciones de una mo-
dulación del proceso, tras lo que se avanza y así se forman los lazos con la
totalidad del movimiento. Permite que se entienda la relación entre las mo-

59
Un mundo de desigualdades

dulaciones, tanto en el sentido de lo que antecede a cada uno, como de lo


que lo sucede, visualizando el proceso de reproducción por unidad de pro-
ducción, en una relación horizontal. Y eso posibilita también la comprensión
de las relaciones verticales, o sea, de las articulaciones entre unidades de
producción divididas por funciones diferenciadas para componer todo el
cuadro de producción.
De esta forma, en la reproducción simple, aquella que se caracteriza por
el hecho de que el capitalista consume y no aplica toda la plusvalía que re-
cauda, Marx parte de la suposición de una economía cerrada, sin articula-
ción con otras economías y, así, reconoce dos departamentos diferentes y
articulados, que funcionan como una «unidad», donde uno produce los me-
dios de producción y el otro produce medios de consumo. Son departamen-
tos independientes y complementarios en la producción, que es la razón por
la cual ellos intercambian mercancías entre sí; en conclusión, de valores idén-
ticos. Hay una riqueza muy importante de análisis de los cambios y las trans-
ferencias de plusvalía de un departamento para otro y que explica la repro-
ducción del capital fijo, pero que no es interesante directamente para este
análisis y, por eso mismo, no lo plantearemos aquí. Nos interesa, especial-
mente, reconocer que el valor de la producción de cada uno de los departa-
mentos es la suma (producto valor) del capital constante, del capital variable
y de la plusvalía, siendo que uno vende y produce para el otro, por lo tanto
están articulados, y ambos agregan valor a partir del trabajo. Y todavía más,
los trabajadores y los capitalistas adquieren los bienes de consumo del de-
partamento II, mientras que los capitalistas del departamento II adquieren
bienes de los bienes de producción del departamento I, incluyendo a los ca-
pitalistas de ese mismo departamento. De esta manera se admite que los
capitalistas producen para comprar y para vender (relaciones entre departa-
mentos) y así reproducen su capital, mientras que los trabajadores solamen-
te compran con parte de la masa de salario.
Sin embargo, este intercambio parece tener una suma cero, ya que los
valores deberían ser equivalentes y, por lo tanto se anularían. Pero en la re-
producción ampliada, Marx explica un nuevo fenómeno que ocurre y que
permite que la reproducción ocurra de forma continua y acumulativa. No
obstante, dos suposiciones determinan el paso de la reproducción simple
para la reproducción ampliada: en primer lugar porque el valor del producto
del departamento I (bienes de producción y base para la expansión capita-
lista) es superior al capital constante de los dos departamentos y, en segun-
do lugar que, no obstante, una parte de la plusvalía de los dos departamen-
tos es reinvertida en la propia producción. Eso explica, por ejemplo, que el

60
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

departamento I pueda contratar más número de trabajadores, lo que au-


menta el mercado consumidor para el departamento II. Por su parte, el de-
partamento II amplía su producción, aumentando la demanda de máquinas,
equipamientos, etc.; estimulando la adquisición de mercancías producidas
por el departamento I. Igual que en la reproducción simple, Marx explica de-
talladamente las relaciones entre los intercambios departamentales, dando
muestra de cómo hay transferencias de plusvalía entre uno y otro y cómo to-
do el sistema actúa para crear el capital-dinero complementar para oxigenar
las relaciones y la acumulación constante.

3.1.7 Circulación simple: relaciones verticales de la economía

Partiremos del esquema de circulación: D-M...P...M’-D’


Desde este punto de vista, el capital dinero (D), por sí solo, no trae posi-
bilidad de extensión, aunque en otros pasajes él pueda guardar esta rela-
ción, de acuerdo a lo que veremos más adelante.
No obstante, cuando el capital dinero asume la forma de M, que está
compuesta por medios de producción y por fuerza de trabajo, se pueden
deducir las primeras relaciones espaciales del esquema de circulación del
capital. Es el momento en el que la forma dinero adquiere medios de pro-
ducción y la fuerza de trabajo. Esta transformación, por sí misma, ya signifi-
ca que la forma física, además del valor, se transforma. Una única forma
puede que no contenga asociación geográfica, sin embargo si ella se des-
dobla en otras dos, eso será necesario que ocurra. Pero ocurrirá en un espa-
cio bidimensional, sabiéndose apenas que ellas (las formas de capital) no
ocupan un único punto del territorio. Serán puntos distintos, a más o menos
grados de aproximación. Si se transforma dinero en materia prima y en fuer-
za de trabajo, ya se está efectivamente referenciando territorialmente ese
movimiento, se está trabajando con la seguridad de que una referencia físi-
ca-territorial ha tenido repercusión y desdobló un punto en dos otros pun-
tos distintos.

D-MP. Para que el capital-dinero adquiera materias primas, es necesario que


su dueño se desplace hasta el lugar de la compra y que el dinero se traslade
hasta el lugar de la venta. Una mercancía determinada para ser producida
carece de materia prima que, en resumen, se trata de una materia diferen-
ciada de otra forma de mercancía, no solo por el valor sino también respec-
to al estado natural o artificial de la constitución física, química o biológica.

61
Un mundo de desigualdades

Por lo tanto, son materias que están a disposición en los diferentes puntos
geográficos del sitio de la compra. Independientemente de la distancia, es-
to produce una circulación física, a través de los medios de transporte o de
comunicación, y la adquisición de esas materias primas requiere la articula-
ción entre compradores y vendedores, y mecanismos necesarios a su efec-
tuación. De ambos lados existen las oficinas y sus equipamientos, necesaria-
mente localizadas en espacios distintos, independientes de la distancia. Allí
están incluidos los conceptos de espacio y tiempo. Podemos darnos cuenta
que hay una división espacial clara: los espacios de las materias primas; los
espacios distintos de los equipamientos de apoyo de los compradores y los
vendedores; y el espacio de la circulación física de la transacción.

D-MF. Del mismo modo, cuando la otra parte del capital-dinero compra un
volumen tal de fuerza de trabajo, va a exigir que los trabajadores se despla-
cen para el lugar de la compra, utilizando los medios físicos de transporte
(automóviles o a pie), que tendrán soporte físico de carreteras o vías para
ese desplazamiento. Tal como en el caso de la adquisición de materia prima,
habrá necesidad de equipamientos para la transacción. Por lo tanto, hay es-
pacialidades distintas y hay transporte de trabajadores. Bajo esta observa-
ción, no importa discutir aquí (incluso porque en la circulación simple no te-
nemos parámetros de reconocimiento) las diferencias de la organización
espacial entre fuerza de trabajo y materia prima. Lo que importa es tener co-
nocimiento de que ambos (MF y MP) son formas diferentes de desdobla-
miento de capital y, como tal, con relaciones espaciales también distintas.
Hasta este momento aún no comentaremos sobre las clases sociales sino del
capitalista que actúa comprando en el mercado de mercancía y en el merca-
do de trabajo, para vender posteriormente con el valor más alto que el valor
invertido. Esto significa que no se puede aún deducir la espacialidad entre
las clases sociales, pero veremos más adelante como eso ocurre.

...P... Cuando el capital entra en la fase de la producción, sale de la circula-


ción económica, visto por el ángulo del esquema de la circulación simple.
Aquí no se puede deducir ningún momento de la circulación física, por
ejemplo, dado que en un determinado ciclo del capital dinero, el momen-
to de producción es un punto apenas de transformación. La producción,
que es vista en la circulación simple, es donde se agrega el valor, donde las
mercancías compradas son enriquecidas por la plusvalía. En este caso, la
organización espacial también consiste en un punto territorial, un sitio di-
ferente del capital.

62
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

M’-D’. A partir de ese momento de valorización, las mercancías se trans-


forman en mercancía capital y están listas para ser vendidas y transforma-
das nuevamente en capital dinero, cerrando un ciclo completo. El ciclo del
capital-dinero.
Éste, podemos decir que es el momento de la comercialización. Bajo es-
ta condición, el conjunto de mercancías comprado en D-M fue transforma-
do en una mercancía no solo de un valor superior, sino también de caracte-
rísticas distintas de las dos anteriores (MF y MP). Dejando de importar la
cantidad de valor que fue adicionado y teniendo más preocupación por el
carácter diferenciado de la nueva mercancía, podemos decir que ahora te-
nemos un movimiento de circulación de capital que contiene dos aspectos
susceptibles de organización espacial. El primero es el hecho de que la ven-
ta requiere la transferencia de la mercancía (M’) para el lugar del comprador
y del dinero para el lugar del vendedor. La segunda es el hecho de que pa-
ra el procesamiento de esa venta es necesaria una base fija para el vende-
dor y para el comprador, donde estarían incluidos equipamientos de apoyo
a ambos. De esto resulta que, para los dos casos, habrá una necesidad físi-
ca de vías de circulación (carreteras, vías acuáticas, ferrovías, puertos, etc.)
y de edificaciones y equipamientos de apoyo (almacenes, casas comercia-
les, oficinas de representación comercial, redes de servicios de energía eléc-
trica, telefonía, agua, etc.). Es evidente que algunos de esos elementos físi-
cos son comunes a esta etapa (M’-D’) y la etapa inicial del ciclo (D-M), pero
sus distintas funciones también harán predominar el uso más intensivo de
algunos de ellos para viabilizar los procesos de comercialización de la pro-
ducción. De esta forma, la organización espacial en las dos etapas (M-D y
M’D’) es flagrantemente distinta. En el primer momento hay un procedi-
miento de compra y en el segundo momento, un procedimiento de venta.
Es evidente que si nos juntamos de forma disciplinada al esquema de la cir-
culación simple, debemos comprender que quien crea los equipamientos
comerciales es este último momento del ciclo del dinero, cuando regresa a
su forma inicial, ya valorizado. Eso supone que ahí ya ocurre una división te-
rritorial simple del trabajo, o sea, los espacios se articulan en dos dimensio-
nes, sin caracterizar intensidad o valoración entre ellos. Se muestra, tam-
bién, que hay una diferenciación clara entre los espacios que se constituyen
debido a las determinaciones de la circulación del modo de producción ca-
pitalista, prefiriendo otros tantos territorios que no las contienen o que es-
tán sometidos a otros modos de producción.

63
Un mundo de desigualdades

3.1.8 Circulación total y rotación de capital

Los tres ciclos de capital ocurren al mismo tiempo. Una unidad determinada
de producción está pasando por los tres ciclos simultánea y continuadamen-
te. Esto quiere decir que los pasajes de las compras de materia prima y fuer-
za de trabajo, de la producción y de la venta de mercancía están ocurriendo
al mismo tiempo y de una forma continua. De esta manera, las relaciones del
capital con el espacio son intensificadas, llevando a que las demandas por
elementos de apoyo a la circulación física de las mercancías y de las perso-
nas sean utilizadas continuadamente. O sea, el capitalista está siempre utili-
zando vías y equipamientos para sus compras y sus ventas.
Lo que ocurre es que las compras efectuadas por el capitalista para pro-
ducir mercancías tienen capacidades diferenciadas de regreso a la forma di-
nero al final de un ciclo. Así, las inversiones realizadas en el capital fijo (fábri-
cas, máquinas, oficinas, urbanización, vías, etc.) ocurren de una única vez y
tienen un regreso realizado en forma de plazos por cada ciclo. Por otro lado,
las inversiones realizadas en el capital circulante (fuerza de trabajo, materia
prima, materiales de oficina, energía, agua, combustibles, etc.) tienen su re-
greso inmediato al final de cada ciclo. Esto significa que, aunque se identifi-
quen relaciones espaciales en el proceso de circulación, hay una diferencia-
ción entre aquellos que se constituyen como capital fijo y el capital circulante.
El primero requiere una intensidad cada vez más alta de circulación (el se-
gundo) para recomponer las inversiones iniciales, siendo ellos, por lo tanto,
los mayores interesados en el proceso de rotación de los ciclos, en cada pe-
ríodo de trabajo. Lo que significa que los elementos del capital fijo están en-
lazados con la circulación de la economía y deben tener una valoración dife-
renciada de acuerdo a la densidad de su utilización. Como ambos están
articulados, el crecimiento de uno induce al aumento del crecimiento del
otro, pero el proceso tiende a estar condicionado al empleo cada vez mayor
del capital fijo. No obstante, esto crea un gran problema: ¿cómo viabilizar
las inversiones de gran escala en capital fijo para producir bienes de produc-
ción, una vez que ellos exigen largos periodos de trabajo para amortización?
El propio Marx considera que eso solo puede ocurrir a medida que el capi-
talismo avance en su concentración y cree las condiciones para el desenvol-
vimiento de un sistema de crédito para adelantar el capital «ajeno» (Teixeira,
1995:227). Aquí se supone la presencia del Estado para adelantar los ele-
mentos espaciales del capital fijo, a ejemplo de grandes carreteras, ferrovías
y vías acuáticas, de sistema de almacenaje, de implantación de grandes re-
des de abastecimiento de agua, de energía eléctrica y saneamiento, puer-

64
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

tos, etc. Y aún más, también se explica la necesidad de avances tecnológicos


capaces de disminuir los tiempos de transportes y los avances en los forma-
tos de los procesos productivos, incluyendo los administrativos, de almace-
nes, etc. Con esto, se disminuye el tiempo de circulación y se permite que
cada ciclo del dinero se procese en un menor período de trabajo.
En fin, durante el tiempo en el que las mercancías están en procedimien-
tos de circulación, están impedidas para asumir un nuevo y avanzado forma-
to, que es la razón por la que les es exigido un tiempo menor a cada vez en
ese procedimiento. Dentro de la circulación económica, hay una parte de la
cual las mercancías (dentro de ellas la fuerza de trabajo y las personas) care-
cen de consumo de tiempo en la circulación física, utilizando exactamente
los elementos espaciales que tratamos anteriormente. Significa que esos
elementos espaciales son estructurados para disminuir el tiempo de rotación
de la circulación económica y para alzar el valor a un cierto tiempo de traba-
jo. Podemos afirmar que ahí ya está anunciada la importancia del tratamien-
to adecuado de los elementos espaciales de circulación, un pasaje importan-
te en el análisis del papel del planeamiento territorial.

3.1.9 Reproducción simple

Cuando pasamos a considerar las relaciones verticales de la economía, o


sea, las articulaciones entre las unidades de producción, nuevas espacialida-
des aparecen y otras ya consideradas se articulan mejor.
Si Marx define una división de trabajo por departamento, eso también ya
define una división espacial del trabajo. Las unidades que producen bienes
de producción tienen características económicas distintas de las unidades
que producen bienes de consumo y ambas también deben utilizar espacios
distintos. Pero esa diferenciación espacial no está solamente restringida a
las unidades de los dos departamentos, sino también al conjunto de unida-
des dentro de cada departamento. Quiere decir que cada unidad, indepen-
dientemente del departamento, va a demandar medios de producción dife-
rente, fuerza de trabajo distinta, local de producción propio y local de captación
de mano de obra (los barrios residenciales, conjuntos de viviendas, chabo-
las, etc.). Y aún más, cada cual va a exigir que su capital fijo tenga una mayor
intensidad de utilización para permitir la rotación de sus ciclos con más in-
tensidad. Eso también conlleva a repercusiones espaciales diferentes. En re-
alidad, eso lleva a que las unidades busquen unificar el uso de determinados
elementos del capital fijo espacial, para reducir el peso de la ausencia del re-

65
Un mundo de desigualdades

greso inmediato del capital en ese sector. Siendo la instancia de la produc-


ción quien crea valor en la sociedad, todas las inversiones en ella realizadas
son resultados de esa valoración. Por lo tanto, aun los valores adelantados
por el Estado (que utiliza parte de la masa de salarios de los trabajadores)
como inversiones en capital fijo (carreteras, ferrovías, puertos, urbanismo,
escuelas, hospitales, etc.), fueron valores oriundos de la producción y para
esta deben regresar, tras una circulación completa en un determinado ciclo.
Le interesa a esta producción que esos costos sean rebajados y eso ocurre
con la intensificación del uso de esos elementos, que es la razón por la que
ellos son ejecutados de manera que sean utilizados colectivamente, o por lo
menos, por una gran mayoría de los flujos de la circulación física (mercancías
y personas). De esto resulta un efecto importante de organización espacial,
la aglomeración de los elementos que componen el capital mercantil y el ca-
pital productivo. Como consecuencia, existe una organización espacial del
capital-dinero de forma diferenciada. Aquí se quedan explícitos los fenóme-
nos de la urbanización y sus vías de articulación, las diferenciaciones entre
las partes de la ciudad, con sus barrios pobres y ricos, con la oferta diferen-
ciada por cada área de elementos de infraestructura, etc.
Entonces, Marx entiende que la producción de un departamento es con-
sumida por otra, con intercambios y transferencias de plusvalía como antici-
pación para oxigenar el proceso. Unos producen bienes de producción para
vender a los que producen bienes de consumo que, a la misma vez, consu-
men bienes de producción para realizar su producción. Siendo así, el capita-
lista produce para vender al capitalista. Para producir, el modo de producción
capitalista crea las condiciones para que estén disponibles los medios de pro-
ducción y la fuerza de trabajo, y que tanto el capital circulante como el capi-
tal fijo, sean adecuados. Es de suponer que el capital fijo de organización es-
pacial, tal como comentamos anteriormente, es producido para promover el
proceso de reproducción capitalista de la manera más intensa. Esto significa
que la estructura espacial de la red de ciudades (Porto y all, 1997; y Corrêa,
1989), la densidad espacial de la población, los barrios diferentes de las ciu-
dades, los sectores comerciales, los centros industriales, las carreteras, ferro-
vías, escuelas, hospitales, etc., están articulados y forman un diseño que per-
mite la mejor integración posible entre los elementos del capital fijo y circulante,
elevando el desempeño del conjunto del capital (Porto y Carvalho, 2001).
Esta trama está constituida por los elementos que permiten una mayor flui-
dez de los procesos de compras, de producción y de ventas de mercancías.
Ahí están incluidos los procesos de sociabilización, de intercambio de relacio-
nes sociales, las diferencias culturales y todo tipo de ritos religiosos.

66
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

3.1.10 Reproducción social

Esta etapa de la reproducción no añade elementos nuevos a la organización


espacial sino que explica el comportamiento de los elementos ya analiza-
dos anteriormente. Explica el hecho de que el movimiento de reproducción
es creciente y dinámico, que es la razón por la que tiende a tomar espacio
diferentemente en el tiempo. La parte de la plusvalía acumulada por el
Departamento I es reinvertida en la producción de nuevos medios de pro-
ducción y eso ocurre, necesariamente, con progresos técnicos que avanzan
y pueden encontrar espacios diferenciados y más adecuados a su realiza-
ción. El capital no mantiene el mismo patrón de organización espacial por-
que hay progresos constantes en la utilización de materias primas, las cua-
les pueden estar relacionadas a territorios diferentes de ciclos anteriores de
acumulación. Es lo que ocurre con una ciudad y sus vías de conexión que
entran en decadencia por haber servido como apoyo a una determinada
cultura agrícola que perdió su función, como materia prima de una determi-
nada producción, por haber sido sustituida por material artificial. O puede
servir de ejemplo: una unidad de producción, de medios de producción,
que sufrió avances tecnológicos y pasó a utilizar máquinas que no están ya
relacionadas a la oferta de determinado combustible o materiales solamen-
te existentes en un territorio determinado. Su relación espacial pasa a ser
diferente y cada vez más amplia. Pero esos avances también ocurren en las
áreas administrativas y financieras, en la de transportes y comunicación, tal
como ocurrieron ejemplos significativos en las últimas décadas del siglo XX.
Son los avances de la microelectrónica, los que han posibilitado acortar las
distancias y el tiempo de circulación de los capitales y representan una po-
sibilidad de reorganización espacial de innumerables unidades de produc-
ción y de todo su aparato en capital fijo, capital circulante, mercados, etc.
Como ejemplos notables se exponen las tecnologías de comunicación vía
satélite, los nuevos y portentosos aviones de una capacidad cada vez mayor
de personas y cargas, de la misma forma están los navíos superpetroleros,
etc. Esto creó nuevas condiciones para que existieran alteraciones de los
patrones administrativos, donde hoy una red de unidades ya puede ser in-
terconectada on line por ordenadores, posibilitando que el control pueda
ser centralizado, repercutiendo en la extinción espacial de la anticipación
en el capital fijo.
Del otro lado, y para finalizar, el hecho de que las tasas de renta y de cre-
cimiento de todos los capitalistas no sean las mismas, estando entrelazadas
en el régimen de competencia, crea las condiciones para que haya un proce-

67
Un mundo de desigualdades

so de búsqueda constante e incesante de nuevos formatos de producción y


de organización espacial individual, habiendo, con eso, también un constan-
te e ininterrumpido movimiento de reorganización del espacio. Esto puede
ser visto en la dinámica espacial de las actividades económicas dentro de ca-
da ciudad, entre las ciudades, dentro y entre cada región.
Esto es, sin duda un mote importante que la teoría marxista ofrece a los
expertos en las cuestiones regionales y urbanas.

3.2 Dos importantes teorías de localización

3.2.1 Por qué pensar con Christaller y Perroux

Desde principios del siglo XIX, las explicaciones sobre la localización de uni-
dades de producción se han convertido en objetivo de estudios, teniendo a
Thünem como su precursor, defendiendo, en resumen, la idea de que las
menores distancias entre dichas unidades de producción agrícola y el merca-
do consumidor (ciudad) darían como resultado una mayor rentabilidad local
(Mello y Silva, 1976:1).1 En sus análisis, el autor establecía como parámetro
una región aislada, la existencia de una ciudad-mercado, una fertilidad del
suelo igual en todos los puntos, los mismos costos de producción para un
mismo tipo de cultivo, los costos de transportes (una sola opción) proporcio-
nales a la distancia (figura 1).
En ese ambiente, el autor defiende la idea de que los productores más
apartados de la ciudad-centro serían obligados a inclinarse a la producción
de costos más bajos, más resistentes, ser más extensivos y utilizar los medios
de transportes apenas una vez por año, compensado así la competitividad
encontrada por otros que estén situados más cercanos a los centros de con-
sumo (Méndez, 1997: 261).
Más adelante algunos autores añaden otros aspectos a esta teoría, tales
como la productividad, el precio de mercado, los costos de producción y los
propios costos de transportes, relativamente a la distancia con los mercados
consumidores.
A principios del siglo XX, Mello y Silva (1976: 5-14), consideran como una
referencia importante, el trabajo de Alfred Weber2 sobre la localización de las

1 Citación sobre el trabajo: Thünem (1826), Der isolierte Staat in Beziehung auf Landwirtschaft
und Nationalökonomie. Pt. 1, Hamburg.
2 Refiriéndose a: Weber, A. (1909), Über den Standort der Industrien. Tübingen.

68
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

Figura 1. Compensación del uso de la tierra con los costos de transporte


en el modelo de von Thünen’s
Fuente: http://csiss.ncgia.ucsb.edu/classics/content/9
(accesado el 10 de mayo de 2004)

industrias, en el cual el autor presenta una localización adecuada como aque-


lla en la que los costos de transportes (materia prima que va hasta la fábrica y
el producto final hasta el centro consumidor) son disminuidos en las mercan-
cías producidas o demandadas por el proceso productivo de una determina-
da unidad industrial. Desde este punto de vista teórico, los otros costos de
producción asumirían un papel secundario en la localización industrial.
Weber, tal como Türner, simplifica la realidad para desarrollar sus ideas, o
sea: supone una situación en la que las materias primas y el mercado de con-
sumo tienen una distribución irregular; los costos de producción son seme-
jantes; las empresas buscan una localización óptima; el sistema de transpor-
tes es uniforme y tiene un costo proporcional a la distancia; y la competencia
es perfecta (Méndez, 1997: 265).
Frente a eso, Weber hace las reducciones de sus ideas a esquemas geo-
gráficos, expresando la mejor localización de una unidad industrial, con la
compensación de las distancias de acuerdo a la utilización de la materia pri-
ma y el mercado consumidor.

69
Un mundo de desigualdades

Enseguida aparecen resaltadas: la teoría de las localidades centrales de


Christaller3 y la teoría de los polos de crecimiento de Perroux, las cuales me-
recen una mejor atención en esta investigación.
Se trata de teorías que predominaron durante algunas décadas (1940-
1970) como bases importantes para permitir las intervenciones en las políti-
cas de desarrollo regional, dando como resultado su utilización en variados
estudios por diversos países.
Se comprende, como ya hemos comentado, que la realidad de ese perío-
do presentaba características sociales, económicas y regionales bastante di-
ferenciadas de la realidad actual. Esto no quiere decir que la realidad se ha al-
terado en todos sus aspectos y en todos los lugares, con una intensidad capaz
de no dejar oportunidades para cualquier aprovechamiento de cualquiera de
las concepciones teóricas desarrolladas en las fases anteriores del desarrollo
socioeconómico. Sus distintas fases constituyen cortes esquemáticos en el
tiempo (de carácter práctico o metodológico), donde hay una hegemónica
preponderancia de algunos factores, que se muestran como estructurales de
la realidad, cuyos límites temporales de las transformaciones no se pueden
contrastar con rigor. Por otro lado, tales alteraciones y tales preponderancias
de factores pueden ocurrir con más intensidad en determinados espacios,
con repercusiones regionales diferenciadas. De esa forma, podrá haber una
superposición de realidades, algunas con procesos avanzados de transforma-
ción y otras en situación atrasada y representativa de las épocas pasadas, pe-
ro no inmunes al proceso dominante. Lo que quiere decir que solamente los
análisis sobre dichas teorías y su refutación en la realidad actual podrán eva-
luar sus grados de pertinencia sobre la realidad actual.
Por otro lado, lo que más importa analizar no es solamente la capacidad
de utilización actual de las teorías, sino la lógica entre sus fundamentos y la
realidad en la que ella operaba. Tal lógica auxilia en los avances metodológi-
cos para construir bases científicas más sólidas.
El ambiente en el cual las dos teorías fueron construidas, representaba el
momento que dividía el mundo entre los países capitalistas y socialistas, los
cuales disputaban importantes espacios y territorios, dando como resultado
una nueva etapa de desarrollo del capitalismo que acababa de pasar por
una crisis profunda, con su ápice en el crack de la Bolsa de Nueva York en
1929, y se desarrollaba plenamente, hasta el alcance de la década de 1970,
que inició una nueva crisis.

3 Christaller (1933) y Lösch (1940) fueron los primeros teóricos de la economía urbana, tra-
tada espacialmente, y pertenecieron a la denominada Escuela de Iena (Benko, 1996)

70
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

En la década de 1930, la Segunda Gran Guerra Mundial, trajo repercusio-


nes políticas importantes y económicas, principalmente respecto a la hegemo-
nía de los Estados Unidos y las corrientes del pensamiento liberal que les da-
ban un soporte teórico (Mello y Silva, 1976; Benko, 1996; Méndez, 1997).
En ese nuevo ambiente, la teoría de Christaller fue satisfactoriamente dis-
cutida y aplicada, volviéndose una referencia importante para una parte de la
comunidad académica que discutía el desarrollo regional. Por eso, este pen-
sador fue considerado un representante de la denominada Geografía Tradicional
y de un ciclo importante del desenvolvimiento económico mundial.
La teoría de Perroux fue utilizada ampliamente en varios ambientes re-
gionales, entre ellos, los países sudamericanos, pero también fue blanco de
críticas importantes sobre su carácter polarizador del espacio, de inductor
del crecimiento espacial desequilibrado. Los resultados de sus acciones pue-
den ser identificados en varios puntos del territorio hasta hoy, constituyendo
fuertes elementos para diseñar la regionalización de varios países (Perroux,
1977; Benko, 1996; Méndez, 1997).

3.2.2 Las localidades centrales de Christaller

Christaller buscó encontrar respuestas para la localización de las actividades


urbanas «que pudiera corresponder a la teoría de la localización de la
Producción Agrícola de Thünen y a la teoría de Localización de las Industrias
de Weber» (SYLVIO, 1976). Para el autor, existían ciudades que centralizaban
actividades de bienes y servicios, las cuales servían a una región, y eso expli-
caba la distribución de la red urbana en tamaños y distancias entre los cen-
tros. Es necesario tener en cuenta que no todas las ciudades tenían ese pa-
pel de dar soporte a una región, por el hecho de que algunas de ellas vivían
exclusivamente de una actividad agrícola, o de una actividad de extracción
mineral o incluso de una actividad industrial.
Entonces, si la cuestión reside en el hecho de que hay servicios y bienes
que se localizan en determinados centros urbanos y que tienen alcance re-
gional, es indispensable identificar la relación entre su demanda y su pro-
ducción y, relacionado a eso, cuál es el esfuerzo del desplazamiento territo-
rial de los consumidores o de los usuarios para adquirir el bien (Benko, 1996;
Sylvio, 1976).
Evidentemente que para cada caso hay valores diferenciados, tanto para
asegurar una escala de producción adecuada, como para reconocer el alcan-
ce territorial de la atención a cada producto o servicio. Esto, en síntesis, da-

71
Un mundo de desigualdades

ría como resultado una mejor ubicación de los bienes y servicios en el terri-
torio y reflejaría un lugar «ideal», desde el punto de vista de la rentabilidad
espacial, para la concentración de esas actividades. También de esto resulta-
ría una jerarquía de esos «lugares centrales», dado que determinadas activi-
dades urbanas demandarían escala de producción y dimensiones territoria-
les distintas, lo que las llevarían a ocurrir con una incidencia diferente de
otras actividades y daría más poder de concentración a algunas ciudades so-
bre otras. Por esto, el diseño sería representado por una especie de pirámi-
des interconectadas, donde determinadas ciudades asumirían un papel des-
tacado en la producción de los bienes y servicios y en la capacidad de atender
a las demandas de ciudades más lejanas.
Según Sylvio (1976), también presentado por Méndez (1997: 270), hay
tres factores importantes señalados por Christaller: «el principio básico del
mercado, i.e., aquel que dice respecto a la distribución espacial de bienes
centrales por un número mínimo de localidades centrales»; «el principio del
tráfico o de la circulación», que significa transportar mercancías a más dis-
tancia con menor costo, lo que incide en los problemas de tráfico y transpor-
tes; y «el principio de la administración», que está atada a la creación de una
estructura capaz de dirigir el proceso de distribución de las mercancías y los
servicios, «de acuerdo a los principios del mercado».
De alguna manera, todos los principios de la teoría de Christaller encuen-
tran restricciones en límites políticos-administrativos regionales o naciona-
les. El primer principio es porque las políticas tributarias o de incentivos im-
plantadas regionalmente de formas diferentes pueden interferir en la circulación
de las mercancías y de los servicios, tanto entre naciones como entre regio-
nes. El segundo principio, en particular, asocia la localización de las ciudades
centrales con la red viaria, sus portes y sus jerarquías y también pueden es-
tar sometidas a políticas de inversiones en infraestructura de circulación o
políticas de transportes diferenciadas por regiones o naciones.
Christaller identifica una red de «lugares centrales», en formatos hexago-
nales, «con mallas cada vez más amplias» e incluyéndonos dentro represen-
tados por ciudades de jerarquías de primero y segundo grados, por ejemplo
(Croquis 2). Los hexágonos representados por mercados tienden a ajustarse
según las distintas jerarquías y en tamaños calculados por fórmulas matemá-
ticas, basadas en cálculo de población de cada sector o hexágono. Christaller
admitió alteraciones en esos formatos, ocasionadas por redes viarias o polí-
ticas administrativas regionales (Méndez, 1997: 273).
Benko (1996) critica el rigor de esta distribución de las actividades en el
espacio y resalta el hecho de que las empresas enfrenten una fuerte compe-

72
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

tencia dentro de una misma ciudad, «incluso si es posible, en la misma ca-


lle». De esa forma, la lógica de esa repartición espacial está dada por la con-
centración de empresas y actividades, que construyen un mercado y crean
«efectos de aglomeración» lo cual es positivo para las personas, que de es-
ta manera, pueden desplazarse para una determinada ciudad y hacer diver-
sas compras con un solo costo de transporte. Otra crítica de Benko se refie-
re al hecho de que tal teoría no considera lo imponderable, o sea, el ambiente
cultural, de cooperación para los negocios, de estabilidad política para las
estrategias de desenvolvimiento, etc. que pueden crear las condiciones pa-
ra que esta ciudad se vuelva un centro importante (causa y no efecto). «A
partir de ahí, la jerarquía espacial pasa a ser el resultado y no la causa: todas
las ciudades podrían ser igualmente prósperas si actuaran de la misma for-
ma» (Benko, 1996: 53).
Realmente la teoría de Christaller hace una fuerte reducción de las rela-
ciones socioeconómicas a modelos matemáticos rigurosos, imaginando que
la realidad pueda ser comprendida por dichos esquemas. Las críticas de
Benko y de otros tantos expertos, aportan contribuciones importantes, prin-
cipalmente respecto a la inserción de otras variables en el proceso de forma-
ción de la red de ciudades y de sus jerarquizaciones. Entendemos como jus-
ta la necesidad de incorporar los efectos de la aglomeración de las actividades
y de otros predicados, como los resultados de determinadas políticas loca-
les de desarrollo, pero consideramos también que otras tantas cuestiones
deban ser incorporadas, algunas con más capacidad de injerencia en el pro-
ceso de formación de la red de ciudades.
Sin la intención de crear polémica con las críticas de Benko, tenemos
que resaltar el hecho de que la teoría de Christaller explica algunos de los

Figura 2. Esquema de la teoría de los lugares centrales de Christaller.


Fuente: http://mama.indstate.edu/users/gejdg/ccentral.pdf (accesado el 26 de
abril de 2004).
Fuente: http://www.regiosurf.net/geographie/humgeo2/christaller.htm (accesado el
26 de abril de 2004).

73
Un mundo de desigualdades

efectos de un proceso más amplio, dentro de su tiempo y de sus experien-


cias,4 sin mostrar capacidad para definir los mejores caminos de impulso al
desarrollo de la red de ciudades, lo que Benko parece exigir al resaltar el
papel de un ambiente estable y creativo como causador de un proceso de
desenvolvimiento.
Sin tener la pretensión de discutir en este momento las causas o solucio-
nes para el proceso de desarrollo, lo que deberá ser bastante realzado cuan-
do expongamos las ideas de Castells, debemos restringirnos a los efectos
reales de ese proceso, manifestado en la red mundial de ciudades en los dí-
as actuales. De esa forma, podremos distinguir los aspectos de la teoría de
Christaller que aún tiene la capacidad de explicar algunos fenómenos urba-
nos y territoriales de nuestro tiempo, el cual ofrece los flujos sociales y eco-
nómicos mundializados.
Si consideramos las investigaciones llevadas a cabo por importantes ex-
pertos de las cuestiones de las redes de ciudades, tales como Sassen (1998
& 2003), Castells (1999) y el propio Benko (1996), para no ampliar demasia-
do el cuadro, podemos observar que hay una constatación común, o sea:
hay una jerarquía en la red de ciudades mundiales que concentran servicios
con características y porte de apoyo a los flujos socioeconómico en una es-
cala mundial. No son ciudades o redes reprimidas por límites político-institu-
cionales nacionales o regionales, sino son ciudades interconectadas por vías
de comunicación y de intercambios de mercancías, capitales y personas, que
estructuran y lideran todas las otras ciudades mundiales. Dichas ciudades se
encuentran en el hemisferio norte y en el hemisferio sur, en América, Europa
y Asia, con mayor incidencia en los países más ricos y desarrollados social y
económicamente, aunque permanezcan desproporcionalmente concentra-
dos en el «norte del globo», cuyas ciudades absorben la mitad del mercado
de capitales del mundo (Sassen, 2003: 4-5).
Evidentemente que la teoría de Christaller no explica tal fenómeno, in-
cluso porque fue construida por procesos que se formaron hace décadas,
pero se concretizaron efectivamente en los últimos treinta años. Eran váli-
das las críticas a la teoría de Christaller, construidas dentro de su época, y
que identificaban su incapacidad de mostrar la realidad de la red de ciuda-
des en toda su plenitud. La reducción que su modelo hace de la realidad,

4 El propio Benko (1996:51) reconoce que la Escuela de Iena estaba envuelta en un am-
biente («amplia llanura norte-europea, de Francia hasta el oeste de Santa Rusia...»), cuyas ca-
racterísticas se adecuaban a la teoría de Christaller y de Lösch, principales exponentes de las
cuestiones locales de la época.

74
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

parece inadecuada para explicar la dinámica de la realidad actual, no obs-


tante, muestra algunas señales de que hay una lógica en la jerarquía de la
red de ciudades que expresa sus funciones regionales, ahora a una escala
mundial. Como afirma Corrêa (1982: 173) dichas localidades expresan la es-
tructura espacial del modo de producción capitalista, cuyo «consumo dife-
renciado de bienes y servicios» entre las clases sociales estaría distribuido
por las distintas clasificaciones jerárquicas de las «localidades centrales», no
solo en la adquisición de diferentes productos, sino también de acuerdo a
su cantidad y calidad.
Parece certera la crítica de Benko respecto al hecho de que el resultado
de la aglomeración de actividades, estando también incorporada la compe-
tencia entre los sectores de la economía, hace alcanzar algunas característi-
cas de la red constante del modelo de Christaller, tratadas contemporánea-
mente y de forma ampliada por Sassen (1998 & 2003), Benko (1996) y Castells
(1999). En otras palabras, sí existe, una jerarquía urbana resultante del recor-
te regional de las actividades socioeconómicas, donde algunas ciudades
concentran una mayor capacidad de absorber flujos de personas, capitales y
de mercancías y servicios. Pero su formato no puede ser identificado por
modelos matemático rigurosos, inflexibles y, por lo tanto, incompletos. Eso
no quiere decir que en algunas situaciones particulares, tales modelos aún
no encuentren alguna capacidad, aunque sea pequeña, de identificar algu-
nos fenómenos reales.
Si analizamos la teoría de Christaller incluida en una fase de la economía
fordista, con patrones más rígidos de producción, donde los resultados de
una dada unidad traían una gran repercusión sobre su entorno territorial,
donde el porte de los capitales era moderado por políticas nacionales o re-
gionales, montadas por fuertes aparatos políticos administrativos de los go-
biernos nacionales, podemos llegar a la conclusión de que aún así esa teoría
dejaba de considerar aspectos muy importantes para desvendar la realidad
de la distribución de la red de ciudades. Aquella época, con menos intensi-
dad que hoy, los ciclos de la economía (con repercusiones diferentes por re-
giones) pasaban sucesivamente, renovando sus demandas para la red de
ciudades, lo que hacía ampliar la infraestructura y el porte de algunas ciuda-
des y reducía otras tantas, llegando incluso a hacer desaparecer algunos
centros urbanos, mientras creaban otros. Es evidente que esos ciclos y sus
alteraciones estaban más aparentes y presentaban más rotación en los paí-
ses con economías más inestables, especialmente los países pobres de América
del Sur, de África y de Asia. De forma diferente, los países y las ciudades eu-
ropeas y norteamericanas recorrían un camino más estable, aunque también

75
Un mundo de desigualdades

estuvieran subordinadas a algunos de esos efectos. Tal proceso de transfor-


mación temporal, a la misma vez, siempre preservaba una lógica en la distri-
bución espacial de las ciudades, pero con resultados aparentes y formales
diferentes en cada región. Y eso puede ser constatado por el simple hecho
de que las alteraciones cíclicas reorganizaban los papeles, las funciones y el
porte de las ciudades, pero aún así continuaban montando una red de ciu-
dades con jerarquías definidas (Porto et al., 1997: 10).
Añadido a eso, cada alteración cíclica está también acompañada por nue-
vas políticas de desarrollo regional, planeadas con una mayor presencia es-
tatal o deliberadamente no planeadas para dejar los mecanismos de merca-
do actuar libremente y crear sus propias regiones. En tales circunstancias, los
resultados de la política podrían siempre esconder favorecimientos, en for-
mas de planos de desenvolvimientos explícitos, o formulados implícitamen-
te bajo la tutela de políticas específicas o subsidios localizados.
De esa forma, los costos de los transportes pueden venir a ser subsidia-
dos, por ejemplo, en algunos sectores o para algunas situaciones, lo que po-
drá desplazar los criterios de localización de las empresas y, por consecuen-
cia, la estructura de la red de ciudades, produciendo una mayor complejidad
en las relaciones entre las ciudades jerárquicamente definidas y articuladas.
Tales condiciones llevan a la conclusión de que los reflejos de las activida-
des socioeconómicas sobre la red de ciudades, aun en el tiempo en que
Christaller y Lösch desenvolvieron sus teorías, no pueden ser reducidos a un
modelo único, con una lógica matemática que busque explicitar procesos
complejos. Eso no quiere decir que tal modelo deje de explicar algunas si-
tuaciones o fenómenos localizados, aún posibles de ser identificados en re-
giones especiales del mundo, o para explicar parte del problema, sirviendo
como uno de los instrumentos de conferencia.
Si en su ambiente podemos identificar límites en la teoría de Christaller,
eso tiende a agudizarse en la realidad actual, donde algunos factores han al-
terado sustancialmente el proceso productivo, las relaciones entre lugares y
el papel del Estado en la inducción al desarrollo.
Podemos decir, en principio, lo que será expuesto con más detalles en las
siguientes páginas, es que el proceso se ha vuelto todavía más complejo, asu-
miendo ahora una escala mundial en la interacción entre los flujos de mercan-
cías, personas y capitales. Esto supone que los límites identificados en la teo-
ría de Christaller para explicar el comportamiento local de las empresas en
actividades usualmente situadas en las áreas urbanas, se volvieron aún más
agudos en la realidad actual. Como plantea la propia Sassen (2003: 6-7), aún
hay una jerarquía de ciudades, las ciudades son los lugares más prominentes

76
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

de la dinámica socioeconómica actual, especialmente las ciudades globales o


aquellas con funciones de ciudad global. Pero dichas ciudades se articulan de
formas variadas, y en redes, con las economías nacionales y con diversas eco-
nomías mundiales, pero continúan manteniendo el sentido de la centralidad,
ahora con alto grado de articulación en redes.

3.2.3 Los polos de crecimiento de Perroux

A diferencia de otros autores que trabajaron con modelos de crecimiento y


que consideraron un determinado espacio homogéneo para exponer sus
ideas, Perroux (1977: 145-146) defiende la idea de que el crecimiento ocurre
de forma irregular entre sectores de la economía y en algunos territorios
más que en otros. Así, «el crecimiento no aparece simultáneamente en to-
das las partes», pero sí en polos (industriales) y con intensidades diferencia-
das, que se expanden e interfieren de forma variable por toda la economía.
Perroux resalta que tal esquema se aplica a los «países de lento creci-
miento y aparentemente, a los estados modernos», comprendiendo enton-
ces que, en tal ambiente y tipo de política, los polos representarían la opor-
tunidad de que esos países desenvolvieran algunos puntos de sus territorios,
de acuerdo a las posibilidades de articular, por ejemplo, la disponibilidad de
materiales o materia prima, con la oferta de energía, con el interés político
de invertir en elementos de infraestructura de transportes de interconexio-
nes entre los distintos polos y la creación de equipamientos o redes de co-
municación.
El hecho de que dichas economías no presenten densidades de produc-
ción y estén compuestas por cadenas productivas incompletas y desarticula-
das no restaría otra alternativa sino la de aprovechar las oportunidades de la
producción en algunos polos, que estén completos en sus fases productivas,
aun cuando eso represente la posibilidad de apenas ofrecer algunos produc-
tos al mercado. Por su parte, dichas producciones traen importantes reper-
cusiones sobre su región que, a la misma vez, podrán traer reflejos para la
atracción de nuevas inversiones.
Bajo estas circunstancias, las ideas de Perroux ofrecen un sentido de re-
gionalización que se expresa con gran énfasis respecto a un polo de creci-
miento, mostrando que la organización espacial de la economía ocurrirá de
forma diferenciada en cada nación, de acuerdo a su grado de desarrollo
económico. En otras palabras, en países desarrollados el proceso de regio-
nalización ocurre de una forma más homogénea y más articulada (eso no fue

77
Un mundo de desigualdades

tratado de forma explícita por el autor, siendo una deducción lógica nues-
tra), y con más tendencia a una polarización regional, de forma incompleta,
económicamente, en los países pobres. En otras palabras, se trata de una di-
ferencia de densidad económica entre esos dos tipos de países, que puede
ser resumida por la densidad distinta de producción (cadenas completas),
consumo e inversiones, lo que da como resultado una utilización más o me-
nos puntual del territorio.
La explicación de eso estaría en el hecho de que el desempeño general
de la economía no respondería solamente por las tasas de los ingresos tota-
les de las empresas, como resultado de sus estrategias individuales y sus
progresos individuales. Parte del margen de ganancia de una dada empresa,
también estaría vinculada a la producción de otras empresas, ya sea como
función de complementariedad de productos y producción, o como aten-
ción a una demanda generada por los valores creados por otras empresas
(Perroux, 1997: 149). En tales circunstancias, y como resultado, los rendi-
mientos serían el resultado también de decisiones colectivas de grupos de
empresas, que trazan sus estrategias de inversiones de formas entrelazadas.
Siguiendo esta argumentación, el autor resalta que las nuevas empresas
creadas elevan el producto general de la economía, con la suma de su pro-
ducción y con el incremento que ella promueve en un grupo de empresas,
las cuales traen algún tipo de entrelazamiento con su proceso productivo o
con su mercado consumidor. En este caso, el crecimiento de la riqueza líqui-
da sería mucho más elevado que en el caso de que esas nuevas empresas se
desenvolvieran de forma competitiva con otras.
Contradiciendo la visión de Schumpeter, que «concentra unilateralmente
la atención en la función de los empresarios», «despreciando el papel de los
poderes públicos y sus iniciativas» (comprendiendo la realidad como un siste-
ma en «equilibrio estacionario estable», una «competencia perfecta o casi
perfecta»), pero concordando con un papel importante en la innovación en el
proceso de desenvolvimiento defendido por aquel autor, Perroux compren-
de que las innovaciones traen reflejos en todo el sistema, pero «no hay se-
cuencia en un sentido único, constante y necesario para estas conexiones».
Lo que quiere decir que las innovaciones traen evidentemente «incremento
de las desigualdades», rehacen el ambiente, con sus inestabilidades, pero
también promueven alteraciones en las instituciones y las políticas, además
de estimular imitaciones creativas. En todo eso, las acciones resultantes del
comportamiento de los agentes privados y públicos, refrigeran y reciclan las
interacciones entre las empresas o agrupamientos de ellas, en forma de «mo-
nopolio, oligopolios y sus combinaciones» (Perroux, 1997: 152).

78
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

Es interesante resaltar la diferenciación de los dos últimos pensadores so-


bre la interpretación de la realidad. Aunque haya cuestiones comunes, como
la importancia de la innovación sobre el ambiente económico, sobre las fa-
ses distintas o secuenciales (existen divergencias sobre este asunto), por
otro lado hay un aspecto divergente importante que se sitúa en la compren-
sión del papel del Estado, de las instituciones públicas y sociales en el pro-
ceso de desenvolvimiento. A pesar de que Perroux trata fuertemente los as-
pectos económicos, él critica la visión schumpeteriana5 por considerar apenas
el papel de los empresarios privados en el proceso de desenvolvimiento y
no resaltar también la iniciativa de los poderes públicos. Entonces es posible
deducir que su concepto de «complejo de industria» lleva incluido un papel
importante del Estado en el recorte regional.
Las articulaciones entre las empresas motrices y las movidas, o sea, entre
aquellas que al aumentar sus ventas también aumentan las ventas de un con-
junto de otras empresas, las movidas, «dentro de un ambiente no competiti-
vo», son potencializadas por la proximidad física, por los contactos humanos
directos y por las políticas públicas. Eso es lo que mueve la idea del comple-
jo industrial. En tal ambiente industrial-urbano, hay demandas diversificadas
y colectivas por infraestructura y equipamientos que se encadenan con la
renta de la tierra y la oferta calificada de mano de obra, formando «tradicio-
nes y eventualmente participan del espíritu colectivo» (Perroux, 1977: 154).
Por consiguiente, el autor proyecta que, a medida que dos o más de esos
polos son interconectados por la infraestructura de comunicaciones y trans-
portes, sus efectos sobre el conjunto de la economía regional o incluso na-
cional tienden a intensificarse y generar poderes de irradiación de creci-
miento para otros territorios. De esta forma, se comprende que los espacios
nacionales son heterogéneos, formados por las concentraciones de «firmas,
industrias, polos», de un lado y, de otro lado, por el territorio organizado po-
líticamente por los Estados Nacionales y sus extensiones totales. Se trata de
un conflicto de intereses territoriales.
Existe, por lo tanto, desde el punto de vista de Perroux, un crecimiento
territorialmente desigual, siendo el resultado de los procesos productivos
distintos en sus características y en su porte, generando una fuente espacial
por concentración de manchas de producción, de personas, mercancías, ca-
pitales y políticas socio-culturales capaces de crear un clima favorable a los

5 Estamos considerando aquí las observaciones de Perroux a Schumpeter, respecto a sus


comprensiones sobre la realidad económica y social. No es el objetivo de este trabajo analizar
las ideas de Schumpeter, aunque sepamos que ellas traen importantes contribuciones al tema.

79
Un mundo de desigualdades

negocios, todo eso de forma articulada por flujos y elementos de infraes-


tructura (Méndez, 1997: 343).
Tal concepción, apoyada por innumerables otros estudiosos, fue amplia-
mente difundida en varios países pobres, donde fueron proyectados innúme-
ros polos de crecimiento – según Méndez, fueron 12 polos solamente en España.
Está constatado hasta hoy el hecho de que el crecimiento económico es
desigual y que esa distinción también está expuesta espacialmente. Las ex-
plicaciones marxianas demuestran tal repercusión y los autores y expertos
por investigaciones más recientes comprueban este hecho, como veremos
los casos de Benko y de Castells más adelante. Ante esto, se identifican re-
giones de un gran grado de desarrollo, con un significativo porte de concen-
tración de inversiones, de población y de elementos de infraestructura. Eso,
así dicho, aún confirma algunas de las ideas de Perroux.
No obstante, su pensamiento encuentra dificultad para ser asimilado por
la realidad actual, en el momento en el que él comprende las relaciones de
complementariedad entre las empresas como un factor cuya proximidad físi-
ca sería indispensable para crear tales condiciones.
Aún dejando de discutir los resultados sociales de su esquema, tendre-
mos que comprender que la denominada producción flexible de los últimos
años, asociada a los avances en los medios de comunicaciones y transpor-
tes, altera varios de los factores que por ventura hayan exigido tal proximi-
dad, aunque se mantengan las relaciones de empresas motrices y movidas,
tal como identificó el autor. Por otro lado, tampoco se puede descartar la
existencia de situaciones en las que tal polarización pueda ocurrir, incluso
con configuraciones diferentes, pero produciendo las mismas concentracio-
nes regionales, tal como defienden aquellos que publican el desenvolvi-
miento endógeno, los bienes productivos locales o incluso los investigado-
res que identifican situaciones cercanas a los polos de desarrollo de Perroux,
al analizar algunas regiones del mundo, especialmente sus áreas menos de-
senvueltas.

3.3 La visión de Georges Benko

3.3.1 Método de identificación de las ideas centrales del autor

Los intensos estudios realizados por Georges Benko, en el área de la Geografía


Económica, están presentados en varias publicaciones, en los cuales hay una
tendencia a comprender y articular el pensamiento de varios autores que

80
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

plantean la cuestión de las relaciones entre las actividades socioeconómico,


con su recorte regional, a escala mundial. Esto refuerza la importancia de la
elección del autor ya que es uno de los intelectuales que representan una
corriente del pensamiento de la Geografía, pero también del área de la eco-
nomía, de la sociología y del urbanismo.
Sin embargo, como nuestro objetivo no es resumir todos los aspectos del
pensamiento del autor ni comprender todo el complejo estudio realizado
por él, hemos optado por la identificación de algunos de sus trabajos que
obtuvieron más repercusión en el medio académico, y que también se mos-
traron capaces de presentar de forma clara la línea de raciocinio que explica
el modo de ver la relación entre el espacio y el capital.
Como el propio autor pone explícito en sus publicaciones, la compren-
sión sobre el desarrollo socioeconómico en las dos o tres últimas décadas
aún se encuentra en debate y exigiendo definiciones más claras del entendi-
miento por parte de las distintas corrientes y áreas de la ciencia. Esto conlle-
va a la definición de que existe un reconocimiento de la existencia de abis-
mos importantes que deben ser descubiertos para explicar algunos aspectos,
principalmente en lo que respecta a sus reflejos regionales.
La identificación del pensamiento del autor que más le interesa a nues-
tro análisis está presente en dos de sus importantes libros, siendo el prime-
ro organizado por Benko & Lipietz y el segundo de su propia autoría: Las
Regiones Ganadoras – Distritos y Redes: los nuevos paradigmas de la geo-
grafía económica; y Economía Espacio y Globalización, en el florecimiento
del siglo XXI.
Como el autor intenta explicar el espacio de los flujos socioeconómicos
a partir de sus resultados prácticos y menos en función de la comprensión
de la unión de las actividades económicas y sociales (tal como fue posible
identificar en Marx, cuando este analiza la circulación del capital), las ideas
centrales de Benko quedan explícitas si analizamos los variados pasajes de
sus interpretaciones de la realidad mundial. Aún considerándose que se
trata, en algunos casos, de revisiones bibliográficas, entendemos que las
líneas teóricas o las ideas consideradas como el efecto de la construcción
de una línea de raciocinio del autor, constituyen aquellas que se mostraron
con gran fuerza para explicar la realidad. Eso nos permitió considerar tales lí-
neas e ideas como importantes en el ambiente intelectual de Benko, quitan-
do aquellas refutadas explícitamente por él. De esta manera, recortamos sus
ideas en temas de fuerte interés para la explicación del recorte regional de
los fenómenos socioeconómicos. Eso ocurre a partir de su comprensión del
proceso histórico del capitalismo mundial, las teorías que explican sus fases

81
Un mundo de desigualdades

y sus características y el momento actual. Este último momento se desdobla


en la visión sobre la acumulación flexible, globalización, regionalización, ur-
banización y desigualdades territoriales.

3.3.2 Teorías explicativas del desarrollo socioeconómico

El autor reconoce que la crisis del fordismo trajo de regreso algunas teorí-
as explicativas del desenvolvimiento, especialmente las teorías de los ci-
clos de desenvolvimiento, «olvidadas desde la primera mitad del siglo XX»
(Benko, 1996).
La teoría de los ciclos largos de desarrollo, inicialmente desenvuelta por
«Kondratieff», en 1922, tuvo seguidores importantes, tal como Schumpeter
y, según Benko, sirve como una de las interpretaciones para la crisis del for-
dismo en la década de 1970.
«Basado en un análisis de los movimientos de los precios del comercio al
por mayor en varios países industrializados» (Benko; 1996:25), los ciclos de
Kondratieff abarcaban periodos de crecimiento y de retracción económica
de cerca de 50 años, para los cuales Schumpeter6 analizó sus motivaciones y
explicó sus causas a través del proceso de innovación. Significa que a los
empresarios se les exigen nuevos procedimientos de producción, de articu-
lación entre empresas y entre tales procedimientos y espacios geográficos,
de manera que eso propicia la elevación de los rendimientos para monopo-
lios creados por esos empresarios, lo que, a la misma vez, produce un nuevo
ambiente socioeconómico que induce a la práctica creciente de nuevos pro-
ductos y técnicas, que se amplían a un conjunto mayor de consumidores y
de empresas. Tal procedimiento trae un renovación de un ciclo que tiende a
agotarse, a entrar en crisis y ofrece una nueva fuerza de erguimiento para
que la economía encuentre nuevos caminos de entrada a la nueva fase de
ascensión y crecimiento, hasta que tales innovaciones se agoten por la capa-
cidad de esparcimiento para gran parte de las empresas, lo que rebaja las
tasas de rendimientos.
Tal teoría asocia «desenvolvimiento y ciclo» y contradice las concepcio-
nes clásicas, neoclásicas y la visión Keynesiana de que «no sería oportuno
para los poderes públicos frenar la desclasificación de los sectores, de los
productos, de las regiones [subrayado nuestro] asociados a los conjuntos de

6 Joseph Schumpeter, Business Cycle, 1939.

82
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

innovaciones que permitieron la amplia expansión, pues eso sería trabar la


destrucción creadora, condición de un nuevo ciclo» (Benko, 1996: 26).
Es importante resaltar que hay dos menciones importantes en las inter-
pretaciones de Benko sobre la cuestión regional, son ocasiones en las que él
expone el proceso de desenvolvimiento en las últimas décadas.
La primera es el hecho de que la innovación pasa también por el recorte
regional, dado que en cada ciclo las condiciones se alteran y, en un mayor o
menor grado, podrá haber una reorganización espacial de actividades o uni-
dades de producción. Quiere decir que no existe la seguridad de que una
dada regionalización permanezca inalterada en un nuevo ciclo, ni tampoco
que no se creen nuevas regiones a partir del advenimiento de innovaciones
en el proceso de producción.
La segunda se refiere a la definición del papel del estado en la promo-
ción del desenvolvimiento de las regiones, donde el autor reconoce que hay
una fuerza motriz, de innovación de los procesos económicos, que define las
bases y las características del nuevo ciclo, aunque sea de Estado el papel de
incentivar los procesos regionales.
No obstante, otra teoría reconocida por Benko, citando Boyer (1986b) y
Lipietz (1986),7 como importante para explicar la crisis del fordismo en la dé-
cada de 1970, es aquella que defiende la fuerza de procedimientos de regu-
lación. Ella se refiere a la «formación de sueldo y a las modalidades de com-
petencia entre las empresas; a los mecanismos de creación de la moneda y
del crédito» o sea «modos de regulación» que incorporan instituciones y
empresas. Tales instituciones se articulan en un formato de redes o subordi-
nadas a las normas que constituyen un mecanismo capaz de contornar pro-
blemas generados por el proceso de acumulación, direccionándolo en un
nuevo rumbo, una nueva fase próspera. El resultado de esa visión sitúa dos
ciclos-tiempos: la fase llamada competitiva (siglo XVIII y a mediados del siglo
XX) y la fase monopolista (la segunda guerra hasta la década de 1970). Esta
última fue denominada fordismo, donde se reconoce que el proceso de acu-
mulación se basó «en una producción industrial estandarizada, apoyada en
un consumo de masa (...) con la ayuda de una fuerte intervención del Estado,
con el objetivo de regular la demanda, de acuerdo al crecimiento de la pro-
ducción» (Benko, 1986:28).

7 Boyer, R. La Flexibilité du travail en Europa, París, La Découvert; Lipietz, A. Venid the cri-
sis: the exhaustion of a regime of acumulación: la regulación scholl perspective on some French
empirical work, Review of Radical Political Economics, 18, 13-32.

83
Un mundo de desigualdades

Desde el punto de vista de los resultados espaciales, de una forma gene-


ral, las dos vertientes reconocen el mismo problema sintetizado anterior-
mente. Ambas identifican los saltos cuantitativos y cualitativos en el proceso
de acumulación capitalista, siendo la segunda visión menos enfocada y deja
de reducir las motivaciones apenas al proceso de innovación.
Específicamente las dos teorías presentan diferencias sobre el resultado
espacial y, fundamentalmente, en la definición de políticas de desenvolvi-
miento. Mientras que la primera visión enfatiza el papel del proceso técnico
de producción y sugiere la importancia del proceso de innovación en el au-
mento de las tasas de rendimiento, la segunda visión asegura un papel más
fuerte en las relaciones institucionales a la regulación de procedimientos, y
reconoce el papel importante del Estado. Esa diferenciación trae importan-
cia para el reconocimiento de la organización espacial de las actividades so-
cioeconómicas, principalmente para la identificación de las tendencias a la
regionalización y para las definiciones de las políticas territoriales.
La defensa del papel institucional y de la fuerte presencia del Estado en
el proceso de desenvolvimiento pone en claro el reconocimiento de que el
capitalista es controlable y que hay grandes posibilidades de interferencia
estatal sobre las desigualdades regionales. Desde el punto de vista de ese
análisis, Benko asume aparentemente las dos teorías ya que son visiones
complementares. Sin embargo, vistas desde otro ángulo, cuando la segunda
visión amplía el foco de las determinaciones presentadas por la primera vi-
sión, sin definir con más claridad la preponderancia de un aspecto sobre
otros, se abre una cuestión para diversas interpretaciones, lo que tiende a
que las dos visiones se aparten hasta el punto de volverse antagónicas, de
cierta manera. Esto puede ser comprendido, por ejemplo, cuando una visión
confiere la más alta importancia al proceso de concertación institucional,
con la presencia estatal, mientras que la otra visión comprende que la bús-
queda del aumento de la tasa de rendimiento es el objetivo mayor, a escala
mundial, utilizando las concertaciones político-institucionales.
Las repercusiones de esa controversia, a escala ampliada, podrán permi-
tir resultados y visiones distintas. Por un lado, quien asegura la mayor deter-
minación al «mercado», muestra poca preocupación por los reflejos regiona-
les de los flujos socioeconómicos. Por otro lado, aquellos que creen en las
articulaciones entre empresas y entre institucionales y reconocen el papel
preponderante del Estado en la conformación de un determinado ciclo de
acumulación capitalista, presentan una gran preocupación por el tema re-
gional, ya que comprenden que hay espacio significativo para una interven-
ción en el sentido de la distribución regional de la riqueza de una forma más

84
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

equilibrada. Tal postura justifica la creación de las más diferentes políticas


regionales en varios países, además de dar más importancia a los poderes
de instituciones regionales y de menor inserción en el mercado mundial. No
obstante, solo podemos identificar la visión del autor sobre cuánto él se
acerca por un lado o por el otro, a partir de los análisis que serán paulatina-
mente efectuados sobre otras exposiciones a seguir.

3.3.3 Características de la mundialización de los flujos capitalistas

Para Benko (1996:42) la mundialización es «el espacio de acumulación flexi-


ble que se caracteriza por una extrema movilidad del capital, lo que tiende a
una existencia de carácter nómada, y por la integración flexible de una plu-
ralidad irreductible de estrategias de explotación y de modos de domina-
ción que ponen a competir a los asalariados, en el seno, digamos así, de una
inmensa jornada de trabajo a escala planetaria». Para completar esa com-
prensión, se exponen las críticas que el autor hace sobre otras concepcio-
nes, a ejemplo de F. Jameson, y así queda más clara la polémica. Después de
afirmar que su visión «se disocia de las concepciones que ven la mundializa-
ción como una estructura finalizada de extensión y fortalecimiento del mer-
cado mundial, que impondría desde fuera sus coacciones o incluso su impe-
rativo sobre los agentes económicos», Benko (1996:43) afirma que «la era
del capital transnacional y de la producción global está trabajada por proce-
sos mucho más complejos que la simple unificación (¿homogeneización?)
tendencial del mundo por la cultura mercantil». Siguiendo los cuestiona-
mientos, el autor destaca la complejidad del tema, al considerar que es ne-
cesario tener en cuenta otras cuestiones como las relaciones entre el proce-
so mundial, nacional y local, lo que conlleva al recorte regional. Para él, la
escala mundial del capital no es una simple suma de capitales entre naciones
ni una dominación mundial sobre los capitales locales/nacionales. Es real-
mente, la expansión a escala mundial de todos los circuitos del capital, la ex-
portación de las relaciones capitalistas para una»multitud de centros y redes
de acumulación transnacionales». Por un lado, lo que ocurre en un determi-
nado lugar tiene relación con otros lugares, respecto a la exportación de
procesos de dominación capitalista. Por otro lado, determinados lugares o
naciones también tienen la supremacía sobre los procesos productivos de
otras partes, de otras naciones o regiones.
Tal postura intenta articular los procesos económicos regionalizados (aquí
considerados límites territoriales políticos administrativos), en los que segura-

85
Un mundo de desigualdades

mente ocurren políticas de desenvolvimiento social, económico y ambiental


de forma relativamente independiente. Aparece un rasgo importante del au-
tor, respecto a su visión repartida y segmentada entre el proceso de produc-
ción capitalista y la administración regional. Para él, esas dos secciones deben
ser consideradas, sin presentar superioridad de uno sobre otro. Desde su pun-
to de vista, no existe una hegemonía de procesos productivos a escala mun-
dial sobre naciones o localidades, ya que hay resistencias regionales capaces
de confrontar y ofrecer resistencias político-culturales a esos impulsos.
Esto expone un aspecto más de la visión del autor sobre el paso de la
cuestión regional, que es la posibilidad de que en cualquier momento, una
dada localidad, región o una nación se desenvuelva, desde que ajuste los
problemas institucionales, ya sea desde el punto de vista de las relaciones
entre empresas o de las relaciones sociopolíticas. Por deducción, aunque el
autor no lo haya afirmado, es posible comprender que, en el caso de que
esos factores sean resueltos, podrá haber un ajuste del proceso de desen-
volvimiento mundial entre las distintas regiones.
Sin embargo, al exponer las características de la mundialización, el autor
muestra un panorama que, a pesar de enfatizar la presencia de los estados
y naciones, y de la determinación de algunos lugares sobre otros, reconoce
la tendencia a las desigualdades entre dichos lugares, de acuerdo a la cre-
ciente movilidad del capital, a un «ritmo sin precedentes». En refuerzo a su
visión a partir de grandes regiones compuestas por un conjunto de nacio-
nes, Benko (1996:44) identifica la tendencia a la fragmentación del proceso
productivo a escala mundial («concepción, investigación-desarrollo, fabrica-
ción, distribución y comercialización») y, al mismo tiempo, un proceso de in-
tegración y control que ha favorecido la tendencia creciente de la subordi-
nación de los «países menos desarrollados al desenvolvimiento desigual de
la economía del mundo». Por otro lado, se reconoce también la creciente
«globalización de las condiciones de validación social de los trabajos priva-
dos en la esfera de la acumulación (...) visible en la eclosión geográfica de la
producción y del trabajo, proceso del cual la mundialización de las firmas
(subrayado nuestro) no es sino el aspecto más notable».
Con esta afirmación, de cierta forma se muestra contradictoria la identifi-
cación de la fuerza innovadora de los estados y naciones con la tendencia a
la superioridad real de unos sobre otros, en una escala creciente. Y además,
eso también ocurriría entre el recorte regional y la visión de las característi-
cas del proceso productivo a escala mundial.
¿Tales contradicciones no exigirían el reconocimiento de que existe
supremacía de los flujos económicos sobre las condiciones específicas de

86
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

cada lugar, ya sea nación o región definidas por criterios políticos institu-
cionales?
La segunda característica de la mundialización identificada por Benko
(1996:46-47) consiste en el reconocimiento de la creciente competencia en-
tre «los espacios nacionales o bloques interregionales y las empresas trans-
nacionales» lo que recubriría las «realidades transnacionales de la división
del trabajo» y también la competencia sobre el comando de varios de los
pasos del proceso productivo.
La tercera característica se refiere a la mundialización de los mercados y del
comercio internacional que «atraviesan los diferentes mercados nacionales y
lo rebasan al mismo tiempo, operando en redes de escala transnacional».
En la tercera característica, el autor reconoce «una cierta contradicción
entre la reproducción de las relaciones sociales en el ámbito «doméstico»
(...) y la reproducción, o incluso el fortalecimiento de las respectivas posicio-
nes de la economía transaccional». Pero también el autor reconoce que el
Estado y la nación no son debilitados ni impotentes, aunque la falta de coin-
cidencia entre los intereses externos e internos disminuya la eficacia de las
políticas domésticas. Al reconocer que las fuerzas de los organismos interna-
cionales tienden a aumentar, disminuyendo las fuerzas nacionales, Benko
aún cree que el Estado-nacional tiene un papel importante en la «gestión de
la fuerza de trabajo», haciéndose responsable por la «validación del conjun-
to de la confrontación de los capitales privados». Reconoce también que en
el panorama creciente de las desigualdades entre lugares, no se pueden de-
finir polos norte-sur, este-oeste y centro-periferia, con relación a países ricos
y pobres, pero pasa a existir la riqueza y la pobreza conviviendo dentro de
cada una de esas clasificaciones espaciales. Confirmando una vez más el pa-
pel de las instituciones mundiales, que son elementos de dominación de los
países pobres, el autor evoca el «derecho de injerencia humanitaria» delan-
te de una «cultura utilitarista y competitiva».
Al aprovechar las ideas de F. Jameson sobre el PosModernismo, Benko
resalta un aspecto aún muy importante, que es la colonización cultural que
alcanza «los últimos rincones, no mercantilizados hasta entonces, de la vida
y del sueño». Aún según el autor, lo cual también puede ser contemplado en
las ideas de Harvey (1989), el marketing planetario ha creado superposicio-
nes de imágenes, homogeneización de costumbres y la degradación del
sentido de profundidad histórica.
Sin tener que hacer esfuerzo, es perceptible en las ideas del autor el re-
conocimiento de que existen fuerzas, a escala mundial, capaces de crear
sentimientos culturales confusos en los más lejanos lugares del planeta y de

87
Un mundo de desigualdades

comprimir el espacio-tiempo de las realizaciones de las actividades socioe-


conómicas. Tales características son reconocidas hoy por vastas áreas del co-
nocimiento académico.
En primer lugar, si hay una fuerza de tanta capacidad, es evidente que
ella también presente condiciones para diseñar regiones, sobrepujando lími-
tes político-administrativos. Esto, claramente, daría como resultado una com-
prensión sobre los límites de la capacidad decisiva de los gobiernos locales
y, necesariamente, de la capacidad de esos gobiernos para ajustar el creci-
miento de sus subespacios territoriales.
En segundo lugar, esa fuerza importante podría ser oriunda tanto del pro-
ceso eminentemente económico, tal como ha sido sugerido por los autores
de la línea marxista o neo-marxista, como por procedimientos de concerta-
ción entre empresas que compiten, entre ambientes político-institucionales
distintos que concilian intereses contradictorios, incluso desde el punto de
vista de los trabajadores, creando un nuevo ambiente, una nueva «atmósfe-
ra», tal como Benko resalta como justificativa de la teoría de la reglamenta-
ción. ¿Hasta qué punto la respuesta se mueve para un lado o para el otro?
O tal vez, desde este punto de vista, esta respuesta esté fluctuando entre
los dos lados (bajo la determinación de uno sobre otro, dependiendo del
tiempo y del espacio), solo podremos aclarar esto si profundizamos en el
análisis sobre otros cortes y otras ópticas, seguidamente.
El autor trabaja con el concepto de Flexibilidad de la Producción, donde
los elementos principales son: «la organización del proceso de trabajo, la je-
rarquía de las calificaciones, la movilidad de los trabajadores (externa e in-
terna), la formación del salario y la utilización de la renta salarial».
En sentido general, las empresas empezaron a tener la capacidad de ac-
tuar sobre sus empleados, adecuándolos cuantitativa y cualitativamente a
las necesidades de unir sus productos al mercado externo; o sobre sus tare-
as, lo que supone políticas de capacitación para las readaptaciones de las ta-
reas y «dominar diversos segmentos de un mismo proceso productivo».
A la misma vez, las empresas también tienen la oportunidad de utilizar
máquinas, equipamientos y utensilios capaces de adaptarse a las innovacio-
nes tecnológicas a escala avanzada y en un tiempo acelerado, para atender
un mercado fluctuante e incierto, aunque las tasas de rendimientos deban
ser crecientes. Haciendo referencia a Piore & Sabel (1981),8 el autor vislum-

8 Refiriéndose, probablemente (la citación presenta fechas diferentes a las Referencias


Bibliográficas) a: Piore, M.; Sabel, C., 1983, Italian small businee development: lessons for US
industrial policy, in Zysman J., Tyson L., eds., American Industry in International Competition:
Government Policies and Corporate Strategies, Ithaca, Cornell University Press, 391-421.

88
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

bra una complementariedad entre empresas, que ocupan puntos estratégi-


cos, lo que podemos traducir para regiones distintas. Eso supone refutacio-
nes espaciales importantes, especialmente sobre las relaciones entre unida-
des de producción y regiones, dado que eso se trata de una etapa vertical
de la producción en unidades menores y descentralizadas espacialmente.
Tal fenómeno alcanza no solo las relaciones entre las aglomeraciones de uni-
dades productivas con la red de ciudades, por ejemplo, como se demuestra
la existencia de la tendencia al espesamiento de las líneas de transportes y
comunicaciones entre unidades espacialmente dispersas y complementaria-
mente articuladas en intercambios mercantiles y de servicios.
Otro sentido de flexibilidad identificada por el autor comenta respecto
«a la gran libertad de gestión social y fiscal de las empresas y a la racionali-
zación de las intervenciones del Estado», lo que quiere decir que hay una
tendencia a la desreglamentación de las relaciones laborales, lo cual facilita
los despidos y las contrataciones temporarias. Tal característica envuelve un
proceso de «movilidad de los trabajadores entre empresas, profesiones y
regiones», lo que también adensa vías de transportes y comunicaciones,
además de favorecer las transformaciones regionales en menores espacios
de tiempo y disminuir la garantía de sustentación de los negocios de una
dada región.
Finalizando las características más importantes expuestas por el autor, se
destaca la flexibilidad de las transacciones entre empresas, donde la «desin-
tegración vertical y horizontal» posibilita una alteración rápida de las estra-
tegias de producción. Es posible ofrecer nuevos productos con pequeñas al-
teraciones de proceso, creando combinaciones muy variadas entre unidades
productivas localizadas en lugares más adecuados y con una capacidad de
adecuarse a las nuevas características de producción exigidas. También es-
tas características de producción flexible convierten las regiones de delimi-
tación difícil en una óptica única o criterio.
Hay una especie de variados flujos, a veces en dirección a una región, en
otros momentos habiendo una inclinación al refuerzo o concentración de flu-
jos en regiones antes consideradas como marginales. Sin embargo, si consi-
deramos que algunos flujos ocurren sobre redes de infraestructura de trans-
portes y de comunicaciones y que tales líneas tienen un tiempo largo de
viabilidad constructiva y de escala de realización, debemos considerar que
tales aspectos restringen la flexibilidad de los intercambios excesivos y la
movilidad de las líneas de producción. Eso conlleva a que haya siempre una
tendencia a concentraciones de unidades de producción flexibles que parti-
cipan de una forma alternada en las combinaciones entre empresas o entre

89
Un mundo de desigualdades

partes del proceso de producción de empresas, todas ellas interconectadas


por centros importantes de circulación.

3.3.4 La gestión espacial

Con la flexibilidad de la producción fue distribuida una parte del proceso


productivo (antes dirigida por administraciones pesadas, congestionadas y
concentradas en una única esfera institucional) hacia varias empresas con
administraciones ligeras y descentralizadas. Esta característica viene exi-
giendo acciones complementarias de articulaciones y de ajustes en todas las
fases del proceso.
El proceso productivo, en esas circunstancias, exige no solo la solución de
problemas conectados a una simple circulación física de los subproductos en-
tre las unidades de producción, sino también una variada gama de otros pro-
cesos que permiten rebajar los costos generales y algunos costos, en particu-
lar. Sin agotar la variedad de problemas, se puede resaltar la observación de
Benko sobre la necesidad de ajustar los medios de circulación, desde la esca-
la internacional al nivel nacional, con todas sus especificidades y trabas. Pero
aún, es necesario ajustar otras cuestiones, como la convivencia internacional
entre los países de ambientes empresariales distintos, con políticas guberna-
mentales que pueden diferenciarse en las más distintas áreas y subespacios,
incluyendo: las acciones sobre la infraestructura socioeconómica urbana, la
estabilidad política, los acuerdos con los trabajadores, etc.
Para resolver parte de esos problemas, que pasan varios niveles de insti-
tuciones públicas y privadas, sin que ninguna de ellas tenga la capacidad de
coordinar las acciones en la proporción necesaria, Benko identifica las redes,
políticas y formatos distintos de gobernanza,9 como instrumentos importan-
tes en la fase actual del proceso de desenvolvimiento a escala mundial.
«Su campo se vuelve claro: se trata de todas las formas de regulación
que no son ni mercantiles ni estatales». Quiere decir que tales articulacio-
nes de cooperación no pueden ser confundidas organizacionalmente con
las relaciones únicamente de mercado o políticas-administrativas.
«Parafraseando la definición de Gramsci (Estado = sociedad civil + socie-

9 El autor destaca el término más adecuado que gouvernance, que en inglés significa «for-
mas de conducta de una organización humana, en un sentido más amplio que gouvernment
(de una estructura político territorial)». Según Benko, es más adecuado retomar un término en
desuso como «gobernanza (especie de jurisdicción en Flandes)», que «reanimar el viejo go-
bierno».

90
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

dad política), la gobernanza es la sociedad civil menos el mercado..., pero,


cabe añadir a eso, la sociedad política local, los notables, las municipalida-
des» (Benko, 1996: 62).
Aún según el autor, hay variedades de formatos de gobernanza, que por
ejemplo, engloban geográficamente un distrito industrial, o un conjunto de
unidades localizadas geográficamente de una forma dispersa, pero existien-
do una gestión, basada en la cooperación, cuya «topología de la red» va a
depender de las formas técnicas y sociales del ambiente. Para resolver los
problemas creados por la dispersión geográfica, tal nivel de organización
presupone excelentes redes de transportes y de comunicaciones, compen-
sando, así, las ventajas de la aglomeración. Los ejemplos citados son varia-
dos en los sectores productivos a escala geográfica, poniendo como ejem-
plo el distrito aeronáutico de Tolosa que es jerarquizado alrededor de
Aérospatiale, inclinado a la producción de aviones, pero participa en una red
de distritos europeos, y el distrito Arco de Snecma, en las cercanías de París,
engloba las relaciones con otros distritos regionales, además de estar co-
nectado al distrito industrial de General Electric en la Nueva Inglaterra, for-
mando una especie de «distrito de redes».
Así, el autor reconoce que hay una tendencia de superación espacial an-
terior, de forma concentrada, para progresar en dirección a una reorganiza-
ción espacial articulada por una red de cooperación, cuyas unidades pueden
estar localizadas en el formato de aglomeración en ciudades, distritos o re-
giones o en países, regiones, ciudades o distritos geográficamente disper-
sos. No obstante, la dispersión es aparente y reforma el concepto tradicional
de aglomeración con proximidad geográfica, pasando a considerar el con-
cepto de aglomeración por articulación, por flujos socioeconómicos, por
complementariedad, etc. Tal condición posibilita una nueva comprensión del
recorte regional de las actividades socioeconómicas e implica en la ruptura
de las visiones regionalizadas donde hegemónicamente, las relaciones inter-
nas eran más densas. Permite comprender que el concepto de aglomeración
pasó de la unidad geográfica regional para la totalidad del planeta y que las
conceptuaciones geográficas locales y globales interactúan en variados ca-
sos, así como los conceptos de ciudades, regiones y países, pasan a ser con-
siderados como región-ciudad, ciudad-región, región-país o país-región.
Evidentemente que no se pueden olvidar las afirmaciones de Benko so-
bre la interacción de dichos flujos con las trabas de los límites entre países,
pudiendo crear problemas en la atmósfera de la red de cooperación, e inter-
firiendo en la posible libertad espacial adquirida por las unidades de pro-
ducción a escala mundial.

91
Un mundo de desigualdades

El autor (1996:64) enfatiza, con esto, «el regreso del político». Si el proce-
so de desarrollo a escala mundial se hace «como gobernanza, tanto o más
que como mercado, basta para refutar las pretensiones neoliberales, para
resaltar la presión sobre el adelantamiento de las relaciones mercantiles, con
el desenvolvimiento de las fuerzas productivas...». La cuestión expuesta por
él es: ¿sobre qué base territorial ocurre la elección del modelo de desenvol-
vimiento? ¿Será en el nivel de los límites de un país o cabría a los bloques
sociales regionales, como en el caso de EE UU?
Este último aspecto nos trae importantes discusiones sobre algunas ex-
plicaciones acerca de los recortes regionales de las actividades socioeconó-
micos a escala mundial.
Aquí se expone, una vez más, un divisor importante en el pensamiento
actual: existen aquellos que dan crédito a los procesos políticos (entendido
aquí como gobernanza) una preponderancia sobre los procesos económi-
cos, en la formulación del modelo de desenvolvimiento, como parece ser el
caso de Benko; y los que consideran que las articulaciones políticas son los
instrumentos creados por el capital para impulsar la reproducción de la so-
ciedad en bases capitalistas.
Debemos ir más adelante para comprender mejor lo que piensa Benko
sobre los resultados espaciales de sus ideas.

3.3.5 La organización espacial de la producción industrial

El autor muestra una preocupación especial con la localización de la indus-


tria moderna, de alta tecnología, aquella que trae las características más im-
portantes de los avances tecnológicos de los últimos treinta años y que aún
tiene un papel significativo en la participación de las definiciones de las po-
líticas regionales de los gobiernos.
Las teorías actuales, consideradas por el autor como «pos weberianas»,
pueden ser reconocidas como tres vertientes: la primera trata los «factores
de la localización endógena, específicos de la industria de alta tecnología»;
la segunda identifica la responsabilidad en el ciclo de vida del producto (idea
atribuida a R. Vernon);10 y la tercera estudia el «medio innovador (Aydalot)»,
denominado también «complejo territorial de innovación (Stöhr)».

10 Vernon R. 1966 International investiment and international trade in the product cycle,
Quart. J. Econ., 80, 190-207.

92
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

Aunque el autor critique tales pensamientos, encontrándolos «necesarios


pero insuficientes» (Benko, 1996:133) para explicar el problema, entende-
mos que es importante considerarlo para el efecto de la exposición y la críti-
ca. Es importante que todas las ópticas de estudios sean consideradas en los
análisis, no solo para exponer las distintas visiones académicas de importan-
cia, sino también por considerar que cada una de ellas puede contribuir de
alguna forma al explicar los fenómenos desde algún punto de vista.
Volvamos a los análisis.
En la primera vertiente se pueden identificar algunos factores explicati-
vos para la localización de las industrias de alta tecnología:

• La capacidad de atraer y conservar a los trabajadores en un ambiente


adecuado, tanto para los ejecutivos como para los empleados. En el pri-
mer caso, hay requisitos respecto a la calidad de vida familiar, en el se-
gundo caso existe la presencia de oferta de empleo para varias catego-
rías y la organización sindical.
• La oferta de universidades y centros de estudios capaces de apoyar la in-
vestigación e innovación, ofreciendo mano de obra calificada para la pro-
ducción.
• La calidad físico-ambiental y cultural crea condiciones importantes para
la atracción de personal calificado;
• La accesibilidad para personas y mercancías se vuelve de gran impor-
tancia.
• La calidad de los servicios modernos y el clima político amistoso crean
mejores condiciones para la producción, ya sea como apoyo directo o in-
directo, público o privado.
• La aglomeración de las unidades de producción se hace notable, princi-
palmente en las proximidades a los grandes centros urbanos, dado que
propicia la formación de redes de articulaciones, en la disponibilidad de
la mano de obra, en la reducción de los costos de infraestructura, todo
reduciendo los costos de producción general.

La observación más importante del autor sobre tales ideas reside en el


hecho de que no todos los tipos de industrias tienen los mismos predicados,
no permitiendo expandir dichas condiciones a todos los sectores y porte
empresariales.
Tales observaciones son bastante pertinentes y merecen un análisis, aun-
que sea pasajero, por el momento. Tales criterios de localización se mues-
tran de cierta forma explicativos sobre la atracción de las unidades producti-

93
Un mundo de desigualdades

vas, sin embargo ellos jamás pueden ser considerados completos en la justi-
ficación para tal. Podemos hasta admitir que ellos participen de alguna for-
ma en la atracción de las empresas, pero, sus participaciones deben ser pon-
deradas para cada caso. En determinadas situaciones, la oferta de accesibilidad
puede venir a ser el factor preponderante y la oferta de mano de obra pue-
de desempeñar un papel secundario o inexpresivo, mientras que en otras si-
tuaciones de países o de sector de actividad, la aglomeración conformada
por una serie de empresas articuladas respecto al suministro de materiales,
pasa a tener la primacía por la atracción de otras unidades industriales.
Una cuestión trasparece y requiere una consideración. Hay una lógica de
supervivencia económica que se basa en el aumento de las tasas de rendi-
miento, cuyos resultados regionales son los más diversos posibles. Aunque
sea posible identificar algunas tendencias de organización espacial de las
unidades de producción industrial, parece ser muy difícil (o los argumentos
anteriores no fueron suficientes) identificar una lógica propia a partir del re-
corte regional, pero sí de algunas características generales de algunas regio-
nes que contribuyen para la atracción de industrias.
La segunda vertiente, de las teorías parciales, según el autor, se apoya en
la creencia de que la producción recorre «un ciclo dividido en tres partes: fa-
se del desenvolvimiento (o innovación), fase de madurez (o de crecimiento)
y fase de estandarización». O sea, en la fase de desenvolvimiento hay una
fuerte demanda de personal calificado para crear, innovar, lo que normal-
mente ocurre en sitios próximos a la sede social. A la misma vez, esas sedes
están localizadas en lugares de más aglomeraciones en I&D, en las grandes
aglomeraciones industriales. En la fase siguiente, con las ventas tendiendo a
aumentar, hay una tendencia al perfeccionamiento del producto, exigiendo
personal menos calificado, probablemente a mayor escala, cuya estandariza-
ción va a posibilitar el alcance de la mercancía a escala global. Alcanzando
esa fase, la tecnología puede ser transferida para otras unidades, localizadas
en territorios distintos, lo que proporcionará una reorganización espacial de
la producción concluyendo el fin del ciclo de la mercancía.
Benko, analizando la situación presentada, comenta que tal proceso mues-
tra una diferenciación importante entre las empresas tradicionales, de gran
porte y las empresas más recientes y de alta tecnología, caracterizadas por
el porte pequeño, que presenta una pequeña fase también de estandariza-
ción y, por eso, hay poca diferencia entre el número y la calificación de la
mano de obra. Tal hecho se reflejará en la diminución del ciclo de vida del
producto, en la sustitución constante del producto, al contrario de perfec-
cionar el producto existente, lo que lo hace más dependiente de las relacio-

94
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

nes de input con las otras pequeñas empresas y proveedores locales. La ex-
plicación más lógica para ese argumento, es la de que los rendimientos, en
un dado tiempo fijo de producción, son mantenidos porque los ciclos son re-
ducidos. En otras palabras, la rotación del capital sería mayor en el caso de
esas empresas de pequeño porte y de alta tecnología.
Tal comportamiento trae resultados regionales diferentes: en el primer
caso hay una tendencia de esparcimiento de unidades tradicionales de pro-
ducción a partir de la fase de estandarización, para países o regiones perifé-
ricas; y en el segundo caso hay un mayor apego al local, a la red de produc-
ción de pequeñas unidades regionales en todas las fases de vida de los más
variados productos.
Benko cree que ese esquema debe ser revisado, porque hay una tenden-
cia de descentralización de las actividades de I&D, citando Planque,11 lo que
impulsaría un refuerzo a los centros locales. Siguiendo la argumentación y ci-
tando Pottier,12 realmente la relación entre I&D fortalece los grandes cen-
tros y centraliza, sin embargo los avances en las comunicaciones permiten la
descentralización de los procesos de innovación para otros centros meno-
res. Las grandes innovaciones de productos nuevos permanecen en los gran-
des centros, sin embargo las necesidades de mejoramientos y de acomoda-
ción a las exigencias del mercado, a escala internacional, exigen pequeñas
innovaciones que tienden a localizarse en los centros menores.
Una vez más el autor resalta los problemas en ese esquema, destacando
las diferencias en la organización de la producción, en los avances tecnológi-
cos y en los movimientos de los mercados entre los más variados sectores
económicos, «como demostró Michael Storper».13
Hay una coherencia importante en las críticas de Benko a ese esquema, a
las cuales agregaríamos algunos otros aspectos. En primer lugar, encontrar
reflejos espaciales del proceso productivo, por la necesidad de la innovación
y por la identificación de que tales procesos presentan ciclos de vida, pare-
ce ser una tarea que exige otros elementos capaces de componer la ecua-
ción. Las dos piezas del argumento son los ciclos de creación de los nuevos
productos (I&D) y su relación con el centro y la periferia, los países desarro-
llados y los no desarrollados, los grandes centros urbanos y los centros me-

11 Planque, B., 1983, Inovation et développement regional, París, Económica, 184 p.


12 Pottier C., 1985, La localisation des activités de point em France, Paris, Université de
Paris I, Dossiers Centre E.E.E.
13 Storper M., 1985, Oligolpoly end the product cycle: essentialism in economic geo-
graphy, Economic Geography, 61, 260-282.

95
Un mundo de desigualdades

nores, y así en adelante. Incluso si no consideramos las críticas de Benko ha-


cia ese esquema, buscando estar convencidos de que eso podría ser consi-
derado un esquema general, dentro de las diferenciaciones entre sectores y
espacios, sería difícil aceptar el hecho de que la organización espacial es de-
terminante, inflexible e inmutable.
¿Pensando de esta forma, las reglas ya estarían definidas entre mayores y
menores, centro y periferia? Si fuera así, ¿quiénes serían perpetuados entre
los mayores y quiénes constituirían la centralidad?
Esa totalidad no parece ser una visión adecuada para una realidad que se
mueve cada día con más velocidad y que no encuentra modelos o esquemas
lógicos semejantes en cualquier tiempo ni en cualquier parte del mundo.
¿Tendría el capital apego territorial? ¿O sería necesaria una explicación
más plausible para demostrar las relaciones indisociables entre economía y
espacio? ¿Habría una determinación de uno sobre otro?
Seguimos en los análisis sobre la tercera vertiente de las teorías parciales,
consideradas por Benko. Las innovaciones ocurren de acuerdo a la creación
de un ambiente, de una atmósfera, creada a partir de las prácticas y de los
aprendizajes alcanzados por el conjunto de agentes locales y que crean pro-
cesos innovadores («medio innovador», atribuido por el autor a C. Perrin,)14
y generan externalidades. Siguiendo las consideraciones del autor, ha surgi-
do recientemente una serie de áreas de innovación o «incubadoras» en re-
giones centrales, tradicionalmente industrializadas, que Walter Stöhr15 expli-
có como «complejos territoriales de innovación». En este caso, el proceso es
garantizado por el «nacimiento de empresas nuevas a partir de las empresas
existentes». Las críticas del autor sobre el esquema son objetivas y claras:
ellas no dan respuestas suficientes al problema de la localización y «presen-
tan negligencias en el proceso global de la evolución del sistema producti-
vo» (Benko, 1996: 140-141).
Al incorporar las observaciones del autor, es necesario resaltar en este
esquema, la supremacía de las organizaciones locales sobre el poder del
proceso global de producción, de las relaciones entre las empresas, dentro
de ellas y de las innovaciones emprendidas por los conglomerados de insti-
tuciones a escala mundial.

14 Perrin J. C., 1989, Milieux innovateurs: éléments de teorie et de typologie, Ain-em-


Province, Note de recherche, nº 104, Centre d´Economie Régionale.
15 Störh W. B., 1986ª, Regional innovation complexes, Papers of the Regional Science
Association, 59, 29-44, 1986b, Territorial innovation complexes, in Aydalop P., ed., Milieux in-
novateurs en Europe, Paris, Gremi, 29-54.

96
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

De lo que se entiende que, el recorte espacial del desarrollo nace de la


capacidad local para crear un lugar, para generar externalidades.
¿Pero qué le permitiría a un local, construir una atmósfera capaz de en-
frentar otros lugares?
Es evidente que tales condiciones no estarían latentes en todos los luga-
res, dado que la realidad mundial demuestra diferencias regionales impor-
tantes, aunque, como comentamos anteriormente, hay casos de creación de
nuevas regiones de innovaciones, concomitantes a la ocurrencia de los com-
plejos territoriales instalándose en áreas ya desarrolladas. Aunque haya gran
número de autores que defienden este esquema de una forma enfática, to-
davía no han sido presentados los presupuestos teóricos y el esparcimiento
de casos prácticos (fuera de algunas realidades en regiones particulares de
la Tercera Italia, del Valle de Silício – EE UU, etc.).
Además de eso, se podría preguntar: ¿sobre qué trata el modelo espacial
advenido de este esquema? ¿Sería una sucesión de polos de desenvolvi-
miento espacial articulado, independiente de países o regiones? Siendo así,
estaríamos recomenzando el proceso de creación con vista a nuevas carac-
terísticas productivas y, ¿todas las regiones tendrían capacidad de concurrir
con sus propuestas innovadoras? En fin, una vez más, hay una tendencia a
que estén en el recorte regional y a partir de sus pequeñas células, la capa-
cidad de superar todas las dificultades de la sociedad mundial. Siendo así,
¿cómo se explicarían los procesos socioeconómicos ausentes de territoriali-
dades, tales como los procedimientos financieros y administrativos que re-
corren el planeta en tiempo real?
Benko entiende que esas tres vertientes de las teorías parciales traen nue-
vos elementos para la discusión, ayudan en algunas explicaciones, pero toda-
vía existe la necesidad de que sea presentada una teoría global capaz de uni-
ficar la organización industrial y la localización, lo cual parece razonable.
El autor comprende que el aumento de los niveles de producción, vía
ampliación del mercado, genera una profunda división del proceso, llevan-
do incluso a una «desintegración» de la producción, ya sea entre estable-
cimientos o entre empresas. Eso quiere decir que se trata de un mecanis-
mo que reparte la producción, tanto interna (técnica), como externa (social),
generando una profusión (cuantitativa y cualitativa) de los pequeños nego-
cios. Al enumerar causas importantes de ese proceso, el autor resalta «la
inestabilidad del mercado, los costos altos de las investigaciones, el enco-
gimiento del ciclo de vida de los productos (...) y la inmovilidad del capital
fijo llevan a los detentadores de capitales a entrar en un sistema de mutua-
lidad de los riesgos».

97
Un mundo de desigualdades

Tal característica de producción repartida refuerza la necesidad de una


gestión acentuada de las transacciones entre unidades productivas. Aunque
esa gestión exija una articulación importante entre las empresas, entre los
compradores y los suministradores, refuerce las estrategias mutuas, impulse
las transferencias de tecnologías, etc., no deja de convivir con la «domina-
ción jerárquica» de las empresas y de los capitales (Benko, 1996:143).
Citando Piore & Sabel,16 Benko reconoce que esa «desintegración verti-
cal permite obtener ganancias crecientes por la inclinación a las economías
externas...», consecuentemente por la posibilidad de disminución de los
costos de producción.
De una forma espacial, ese proceso reorganiza las unidades productivas,
haciéndolas buscar las localidades que les ofrecen más oportunidades de re-
ducción de sus costos de producción, de variadas formas, aunque haya una
tendencia a que el formato de aglomeración, para esos casos, tienda a pre-
valecer. «La aglomeración geográfica de las industrias y la división social del
trabajo se fortifican mutuamente en el espacio y en el tiempo, por la reduc-
ción de los costos transaccionales», impulsado, evidentemente por la alta
necesidad de articulación entre las unidades que componen una dada red
de producción. Como consecuencia, se crea un mercado de trabajo prome-
tedor en estas aglomeraciones, principalmente compatible con los niveles
de urbanización. Esto origina facilidades de contratación de la mano de obra
por las empresas, dada la oferta concentrada geográficamente, compatibili-
zando esa política de «alistamiento flexible» (contratación y despido en un
corto período de tiempo) con las demandas del mercado. Tal procedimiento
encuentra dificultades en regiones de poca densidad de aglomeración.
Existen movimientos de transferencias de empresas, según el autor, de
una región para otras nuevas regiones, en búsqueda de nuevas condiciones
de producción, pero con menos frecuencia también dichas unidades pueden
inclinarse hacia regiones tradicionalmente ocupadas por aglomeraciones in-
dustriales. También se reconoce que las relaciones de producción formadas
históricamente crean dificultades para transformaciones y adaptaciones a las
nuevas condiciones de flexibilidades. Las áreas ya consolidadas normalmen-
te están constituidas por ambientes relativamente densos de habitantes,
con redes de infraestructuras sobrecargadas, costos altos de vida y degrada-
ción del ambiente físico-natural, lo que puede traer incomodidades y ayudar
a que las nuevas aglomeraciones se dirijan en dirección a las áreas de menor

16 Piore, M., Sabel, C., 1984, The second Industrial Divide: possibilities for prosperity, New
York, Basic Books (Trad. Française Les Chemins de la prospérité, París, Hachette, 1989).

98
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

densidad poblacional», donde los ejecutivos o empleados más calificados


encuentren «viviendas cómodas, vida familiar privada y abundancia de re-
cursos de recreación» (Benko, 1996:147). Para los capitalistas, el clima más
adecuado es el políticamente estable (convergencias políticas y flexibilida-
des en las relaciones laborales), y socialmente saludable para la producción
(frágiles estructuras sindicales, por ejemplo).
Pero el propio autor reconoce que las transferencias espaciales conlle-
van a costos elevados y ellas se aplican con más incidencias en los nuevos
sectores, los nuevos productos («semiconductores, comunicaciones, etc.»).
Con el pasar del tiempo esos nuevos centros crean aglomeraciones que,
gradualmente impulsan las ausencias de economías que los llevan a expor-
tar las inversiones para otras localidades, especialmente en el momento cí-
clico de la estandarización de la producción. Tal fenómeno, según el autor,
posibilita la transferencia de la producción hacia la periferia, originando la
desconcentración geográfica.
En fin, de una forma espacial, las empresas de alta tecnología se aglome-
ran en nuevas localidades, pero cuando aumentan sus producciones, alcan-
zan una irradiación considerable de la producción, atraen inversiones que
descalifican el ambiente y, por sus necesidades de ampliación, crean las con-
diciones para reproducir sus procesos productivos hacia varias regiones, es-
pecialmente las periféricas.
La «historia económica del capitalismo» mantiene sus principios de dife-
rentes maneras: los nuevos procesos se reproducen en nuevos espacios que,
a medida que son descartados, abren camino a otros tantos espacios para ser
ocupados por novísimas actividades. Y además, se resiente la falta de expli-
caciones teóricas capaces de aclarar el crecimiento regional desigual, incluso
entre «espacios que poseen triunfos similares» (BENKO, 1996:150).
Dichas explicaciones son muy interesantes para las actividades económi-
cas y su recorte espacial, cosechando y articulando un conjunto de ideas
construidas por varias escuelas de pensamiento regional, dando una valiosa
contribución al tema. No obstante, algunos análisis efectuados han sido con-
substanciados en hechos reales, pero observando movimientos superficiales.
Diferente a Marx, los autores fueron llevados a considerar como una ver-
dad absoluta el hecho de que las regiones ganadoras tendrían algo de muy
importante, guardarían todas las informaciones capaces de explicar los se-
cretos del recorte regional del desenvolvimiento de la sociedad capitalista.
A medida que tales regiones entran en declive, también a su paso caducan
las teorías. Es evidente que se hace muy difícil alcanzar la verdad de los he-
chos, principalmente porque estos constituyen un objetivo móvil, principal-

99
Un mundo de desigualdades

mente cuando se aprecian los fenómenos, a cambio de las esencias. Benko


alcanzó resultados sorprendentes, aunque su análisis no haya partido de la
identificación de la esencia de los procesos económicos para comprender
sus resultados espaciales. Es posible encontrar en Marx las explicaciones, las
esencias del proceso productivo de carácter capitalista, y llegar a la misma
conclusión de Benko, analizando los fenómenos que ocurren en varias regio-
nes del planeta. La conclusión de ambos es que la búsqueda por la ganancia
diseña y rediseña las regiones, componiéndolas de posibilidades desiguales
en un dado momento. Se altera el momento, las condiciones de realización
de la producción y el diseño espacial se esfuman. La diferencia fundamental
parece estar en la preocupación por encontrar una definición que posibilite
reglas para conducir el proceso de una forma que organice mejor el desen-
volvimiento entre las regiones. ¿Esto es posible?
Tendremos la oportunidad de profundizar esa discusión en los capítulos
siguientes, con el auxilio de otras corrientes de pensamiento.

3.4 La sociedad y el espacio por Castells

3.4.1 En busca de las ideas centrales del autor

La obra de Castells es reconocidamente extensa en la exposición y el tiem-


po. Desde su primera obra ampliamente conocida –La Cuestión Urbana (1972)–
hasta su trilogía denominada La Era de la Información: economía, sociedad y
cultura (1999), el autor acompañó el paso de lo que él denomina la Era de la
Industrialización hacia la Era de la Información. Sus ideas progresaron gra-
dualmente en la identificación de ese proceso de transformación, junto a los
hechos más relevantes y aparentes que fueron manifestándose paso a paso
en las tres últimas décadas.
Tomaremos apenas su trilogía más reciente para el análisis de sus ideas
sobre los recortes regionales del desenvolvimiento socioeconómico, dado
que sintetiza todo su pensamiento sobre las características de la «nueva so-
ciedad» y trae tendencias que también son importantes para el objetivo de
nuestro análisis.
Tenemos consciencia de que las obras anteriores del autor, como por
ejemplo, La ciudad informacional, tecnologías de la información, reestructu-
ración económica y el proceso urbano-regional –publicada en 1989–, pre-
senta consideraciones importantísimas para reconocer determinadas visio-
nes del autor sobre el tema de nuestro interés.

100
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

No obstante, no tenemos la intención de analizar toda la obra del autor,


porque eso sería un trabajo de grandeza incalculable si lo extendiéramos a
todos los otros autores seleccionados, y también lo importante es identificar
los rasgos fundamentales que diseñan su visión de un determinado proble-
ma, sin tener la perspectiva de agotar la cuestión.
Es importante resaltar que aun dentro del trabajo elegido del autor para
el análisis, ha sido dado un mayor énfasis a determinados pasajes en cada
uno de los tres volúmenes, especialmente cuando se analizan las diferentes
características entre la nueva y la antigua realidad.
«La comunicación simbólica entre los seres humanos y la relación entre
estos y la naturaleza, basadas en la producción (y su complemento, el consu-
mo), la experiencia y el poder, se cristalizan a lo largo de la historia en terri-
torios específicos, y así producen culturas e identidades colectivas» (Castells,
1999a: 33).
La visión básica del autor sobre las condiciones de reproducción de la so-
ciedad puede ser expuesta en lo dicho anteriormente y por las siguientes
conceptuaciones complementarias:

• Producción es una actividad humana que consiste en la apropiación de


una determinada materia con la finalidad de transformarla, consumiendo
una parte y vendiendo el excedente para obtener nuevas y crecientes
posibilidades de reproducir su riqueza.
• Experiencia es la posibilidad de aprovechar los resultados de la interac-
ción entre las condiciones biológicas y culturales de cada ser y el ambien-
te social y natural en que vive.
• Poder es la condición alcanzada por cada individuo, obtenida por su ca-
pacidad de producción y sus experiencias, que permite sobreponer sus
intereses a los de otros.

3.4.2 Génesis de un nuevo mundo

Castells anuncia un nuevo mundo que se inicia a fines de los años 1960 y
1970, atribuyendo la confluencia de tres movimientos «independientes»,
siendo uno de orden tecnológico (tecnología de la información), el otro de
carácter económico (crisis y relaciones estatales) y el último de orden socio-
cultural (derechos humanos, ambientalismo, etc.). Según el autor, los avan-
ces en la tecnología de la información posibilitaron la reestructuración eco-
nómica basada en «redes como modo dinámico y auto-expandible de

101
Un mundo de desigualdades

organización de las actividades humanas». En el rastro de la crisis del estatis-


mo (bloque soviético) y del modo de producción capitalista, las empresas y
los gobiernos tomaron medidas capaces de flexibilizar la producción, que in-
corporan la reducción de los costos con mano de obra y actividades guber-
namentales dirigidas al bienestar social. Como contrapartida, atribuye más
poder de control organizacional al patronato. Tal asociación permitió una ex-
pansión de las actividades socioeconómicas a escala global, organizadas por
formato de redes de articulación que, por definición, «nos tienen a nosotros
y no al centro» (Castells, 1999a:20;1996c: 407, 412).17
Siguiendo su raciocinio, en el capitalismo informacional18 –que tiene «ob-
jetivos más firmes, pero con medios incomparablemente más flexibles que
cualquiera de sus predecesores»– la productividad es impulsada por la inno-
vación y la competitividad está dirigida a la globalización «a fin de generar
riqueza y apropiársela de forma selectiva» (1999c: 414). La productividad y la
competitividad son las características principales del capitalismo informacio-
nal. La primera se origina del proceso de innovación y la segunda de la flexi-
bilidad. Por eso, «empresas, regiones, países, unidades económicas (...) pre-
paran sus relaciones de producción para maximizar la innovación y la
flexibilidad» (Castells, 1999a: 33-36; 1999c:417).
¿Pero qué es productividad y competitividad en el capitalismo informa-
cional que, según el autor, «es más capitalista que cualquier otra economía
de la historia» y que el lema es el aumento constante de las ganancias y la
apropiación privada continua? (Castells, 1999c: 418-420).
Para entender mejor eso, sus estudios destacan dos aspectos importantes
que caracterizan el capitalismo informacional: las formas de apropiación de

17 Sobre eso, conviene resaltar las referencias al pie de la página (1999a: 25 e 41), cuando
el autor defiende la idea de que «la tecnología no determina la sociedad: la incorpora. Pero la
sociedad tampoco determina la innovación: la utiliza». Eso refuerza la interpretación de que
Castells comprende una cierta autonomía entre los factores que condicionan o moldean los
movimientos socioeconómicos, diferente a Marx, por ejemplo, que reconoce en el modo de
producción y sus mecanismos de reproducción, la fuerza motriz que condiciona la mayor parte
de los movimientos socio-culturales y la utilización de los recursos naturales. Véase también
1999a: 26,31, cuando el autor comenta la importancia del Estado en el estímulo o falta de es-
tímulo de los avances tecnológicos, de acuerdo a su capacidad para «organizar las fuerzas so-
ciales dominantes en un espacio y en una época». En esa misma ocasión el autor afirma que
eso también ocurre hoy en un momento de reestructuración global, dentro de una sociedad
que es «capitalista y también informacional».
18 Según el autor, el modo de producción capitalista continúa, sin embargo se alteró el
modo de desenvolvimiento, que inicialmente era agrario, pasando para el industrial y hoy al-
canzando el informacionalismo, que por él fue definido como un proceso de elevación de la
productividad a partir de la reproducción del conocimiento o «la acción de conocimientos so-
bre los propios conocimientos como principal fuente de la productividad» (1999a: 32-35).

102
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

ganancia y las características de los capitalistas. Las respuestas se encuentran


en tres niveles: «detentadores del derecho a la propiedad, la clase adminis-
trativa y mercados financieros globales», siendo que el último es aquel que es
específico para la realidad actual y, por lo tanto, merece mejor atención.
Para el autor, el mercado financiero ausente de territorialidad, al estar ar-
ticulado con todos los sectores productivos y con todos los agrupamientos
socioeconómicos, con mayor o menor intensidad, ha pasado a ser el «centro
nervioso del capitalismo informacional», una especie de mecanismo de arti-
culación de pérdidas y ganancias, como si fuera un ambiente que compensa
las ventajas y desventajas de inversiones en la producción o en las bolsas de
valores, convirtiéndose en «la madre de todas las acumulaciones» (Castells,
1999c: 419). Este ambiente, que se propaga por todo el planeta, compues-
to por flujos que circulan a tiempo integral y con gran velocidad, «no sigue
una lógica de mercado» sino que está sujeto a una combinación de manio-
bras que tienen el poder y la sensibilidad de redefinir la realidad y buscar los
medios para encontrar, en general, un «equilibrio dinámico» en el sistema
de rendimientos. Tal situación conduce a la alteración de las relaciones de
las clases sociales,19 que se presentan en tres interpretaciones distintas.
La primera es la tendencia al aumento de las desigualdades sociales y la
polarización, una vez que el trabajo puede ser dividido entre la mano de
obra «altamente productiva», y una gran parte desechable; la desestructura-
ción de las organizaciones de los trabajadores; y la cada vez menor partici-
pación del Estado en el abastecimiento de la asistencia social.
La segunda es la tendencia creciente a la exclusión social, caracterizada
por la parte desechable de la mano de obra, tanto del proceso productivo
como del consumo, en gran parte relacionada con el mercado informal y con
el crimen organizado, a escala también global.
La tercera comprensión de las relaciones de clases, «esta vez en la tradi-
ción marxista», debe ser considerada con la división entre la lógica de los
flujos globales, donde la mano de obra productiva y calificada opera en una
especie de producción colectiva, generando «productores», que articulan el
empleo de la mano de obra desechable, «genérica», que se encuentra en un
limbo entre el empleo temporario y el desempleo, «llevando a la disolución
progresiva de los remanentes de la solidaridad de clase existente en la so-
ciedad industrial» (Castells, 1999c: 421-422).

19 El autor resalta el planteamiento vigente de la teoría de la estratificación social que es-


tablece la desigualdad social basada en la renta y en la condición social (1996c: 420).

103
Un mundo de desigualdades

Aún, según el autor, la receta de esos productores alimenta el mercado


financiero, lo que los convierte en «propietarios colectivos de capital colec-
tivo», pero sus trabajos individualizados no crean contradicciones de clases
entre ellos. Se sabe que los propios productores son explotados, juntamen-
te con la gran masa de trabajadores desechables, lo que ha provocado «el
desaparecimiento gradual de la estructura de clases en la sociedad indus-
trial» (Castells, 1999c: 423).
Dos afirmaciones merecen relevancia, para conocer claramente las ideas
del autor que pueden auxiliar en los análisis de las relaciones entre las activi-
dades socioeconómicas y el recorte regional. En primer lugar habla respecto
al hecho de que el autor entiende que el proceso actual ha sido producido
por movimientos independientes que se articularon, no siendo oriundo de
un movimiento ordenado.
Aparentemente eso no trae mayores consecuencias, pero si analizamos
más profundamente podemos identificar una comprobación del autor que
tiene diferencias con la corriente marxista: el autor supone que es una ca-
sualidad la coincidencia de los hechos independientes, formando una nueva
realidad, diferente a la anterior, incluso en su estructura socioeconómica; y
los que se inclinan a la teoría marxista, creen que las transformaciones al co-
mando del modo de producción capitalista ahora alcanzando una etapa que
envuelve hegemónicamente el planeta, como nunca se había visto antes,
produciendo la capacidad de utilizar los medios técnicos de las comunica-
ciones y de la electrónica para fluir informaciones on line a todos los caminos
que le son necesarios para ampliar ganancias y alterar relaciones sociocultu-
rales, haciéndolas uniforme si fuera necesario.
En el primer caso, si realmente ocurrió esta confluencia casual en el tiem-
po y espacio de factores distintos para crear una nueva realidad, hay posibi-
lidades de que tal casualidad pueda ser deshecha por otras tantas casualida-
des advenidas por convergencias de movimientos independientes. Aún
siguiendo tal raciocinio, como plasma el autor, algunos movimientos sociales
de identidad cultural podrán venir no solo a resistirse, sino incluso tener la
capacidad de revertir las consecuencias del proceso de globalización, tal co-
mo presenta Castells.
En la inclinación marxista, por ejemplo, se parte del principio de que tal
realidad es resultado de las transformaciones de procesos económicos capi-
talistas anteriores que avanzaron y se volvieron cada vez más hegemónicos
en las definiciones de la vida social a escala mundial, lo que supone que tal
situación tiende a agudizarse, generando radicalidades en las diferencias en-
tre los dominios de la pobreza y la riqueza.

104
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

Lo que se puede aclarar de eso es que, de una forma todavía esquemáti-


ca, hay formatos diferentes de ver la realidad, ya que dichas corrientes par-
tieron de principios diferentes, pero llegaron a una misma constatación so-
bre el diagnóstico de la realidad actual. Pero también podemos decir que,
como resultado final, las corrientes presentan argumentos radicalmente opues-
tos y utilizan lógicas y métodos diferentes, ambas sobre una base más o me-
nos científica, y llegan a soluciones divergentes. Así como proyectan am-
bientes diferenciados para el futuro.
Castells espera reacciones de agrupamientos socioculturales organiza-
dos, incluso territorialmente con visiones especiales del mundo y que bus-
quen la defensa de las acciones prácticas que se coadunen con sus ideas
de vida.
La visión marxiana espera la reacción de los trabajadores, organizados
por la producción, articulados internacionalmente, buscando alterar la es-
tructura de la sociedad y del modo de producción capitalista. Vamos a
considerar que tales conclusiones son cruciales para comprender las dife-
rencias entre los dos autores, pero no traen, en sí, grandes contribuciones
para el entendimiento del recorte regional del desenvolvimiento de la so-
ciedad.
Volvamos a un análisis más exacto de las ideas de Castells, para que po-
damos confrontar más adelante las corrientes divergentes.
Para él, la nueva sociedad de la «información» o sea, la «producción de
la riqueza, el ejercicio del poder y la creación de códigos culturales pasa-
ron a depender de la capacidad tecnológica de las sociedades y de los in-
dividuos», resaltando el hecho de que dentro de eso, la «tecnología de la
información es el elemento principal» (Castells, 1999c: 412). Dentro de esa
sociedad, el capital fue fortalecido, «cara a cara con el trabajo»; se desma-
yaron y se fragmentaron los movimientos de los trabajadores; los estados
funcionaron con la capacidad de abrir mercados nacionales; se elevó la
competencia global, con la «progresiva diferenciación de los escenarios
geográficos y la cultural para la acumulación y la gestión del capital»; hu-
bo una formación de redes interempresas e intraempresas, las relaciones
de trabajo se flexibilizaron, etc. (Castells, 1999a: 22). Como resultado de
eso, ocurrieron algunos nuevos arreglos espaciales de inversiones: la re-
gión del Pacífico asiático recibió grandes inversiones y se adensó econó-
micamente; algunas regiones de América del Norte se diferenciaron; y, en
el tercer mundo, algunos puntos del territorio fueron reforzados y otros
fueron descartados económicamente. Como el propio autor resalta, se
acentuó el desenvolvimiento desigual no solo entre los hemisferios Norte

105
Un mundo de desigualdades

y Sur, pero también «entre los segmentos y territorios dinámicos de la so-


ciedad en todos los lugares». Por su parte, «las personas tienden a reagru-
parse respecto a identidades primarias: religiosas, étnicas, territoriales, na-
cionales». Ellas no se organizan por lo que hacen, sino por lo que creen
(Castells, 1996a: 22-23).
De un lado esa creencia es el factor de esperanza y, por otro lado, la rea-
lidad de la vida de los trabajadores y de las desigualdades regionales, iden-
tificadas por el autor, exponen los rigores del capital.

3.4.3 Globalización e integración territorial

El autor defiende que las instituciones «supranacionales aún desempeñan


un papel importante en la organización de la competencia económica»,
aunque «las principales actividades económicas estratégicas estén inte-
gradas de forma global (...) por intermedio de redes de intercambio de ca-
pital, commodities e información, operadas de una forma electrónica»
(Castells, 1999c: 393).
Se enfatiza mucho el papel del grupo de los siete países más ricos –G7
(hoy G8) y el Fondo Monetario Internacional– FMI, como instituciones armo-
nizadoras «de los parámetros macroeconómicos globales», lo que caracteri-
za el proceso de globalización del capital y de su circulación.
Se reconoce también que los mercados financieros y los monetarios
constituyen las piezas fundamentales de los flujos globalizados en un tiem-
po real y con una enorme capacidad de superar los obstáculos de los go-
biernos regionales. Aún tratando ese tema, el autor entiende como «erró-
neo» el concepto de que los movimientos del mercado financiero son
especulativos. En su opinión, se trata de un flujo de capital en busca de
mejores oportunidades, de más rendimientos a escala mundial, lo cual no
significa que los bancos dominen el capital industrial, sino que hay una «in-
terconexión de los movimientos de capital entre diferentes sectores de la
economía en red...» (Castells, 1999c: 394).
Un segundo aspecto que define el proceso de globalización, según el au-
tor, es la «tecnología de la información», no en el sentido de la evolución
tecnológica regionalizada y aislada como se pensaba en la década de 1980,
sino que ahora todas las empresas de «alta tecnología dependen de las re-
des globales de intercambio tecnológico y económico», aunque eso no sig-
nifica que no existan oligopolios, principalmente en sectores específicos y
especializados, y que tampoco existan diferencias regionales en los avances

106
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

y en las densidades de presencia de empresas e I&D de alta tecnología (1999c:


395-396). Castells y Hall20 identifican una tendencia a la concentración de
centros de innovación y de producción de tecnologías de la información en
las metrópolis antiguas, de la fase industrial, tales como las regiones de:
Paris-Sud, en Francia; Corredor M4 de Londres, Inglaterra; Tokio-Yokohama,
en Japón; Pequín y Shangai, en China; São Paulo y Campinas, en Brasil;
Buenos Aires, en Argentina, entre otros lugares (Castells, 1999a: 74). Sin du-
da, tal constatación representa una tendencia territorial y expone la idea de
que en esos lugares están presentes las condiciones especiales para la atrac-
ción de tales inversiones y para la inserción de esos territorios en la sociedad
de la información de las últimas décadas. Si ocurre esa concentración, se su-
pone que otros lugares sean excluidos, aunque se admita que pueda haber
una jerarquía de los centros urbanos por atraer tales inversiones.
En muestra de que el equilibrio de la balanza comercial entre la Unión
Europea y Japón y los Estados Unidos ocurrió en la década de 1990, aun te-
niendo elevados costos de mano de obra, del bajo espíritu emprendedor,
del poder de conservación de las empresas y del bajo nivel de innovación
tecnológica de la Unión Europea y EE UU, el autor explica el hecho de que
las empresas europeas invierten en otras regiones del mundo, así como las
empresas americanas y japonesas invierten en Europa, que posee un gran
mercado consumidor. La conclusión es que no hay un mercado global único
como característica de la globalización, sino que existe una red de produc-
ción y de inversiones a escala global.
Por otro lado, el autor reconoce una ausencia de territorialidad de flujos
financieros, un cambio en los flujos de inversiones a escala global, auxiliada
por las redes de informaciones y tecnologías, y una territorialidad conforma-
da por mercados regionales con una gestión específica, con una mano de
obra regional y no mundial, lo que constituye limitaciones de un reconoci-
miento de comportamientos globalizados, bajo este aspecto.
Eso representa una visión de las regiones, por Castells, donde él mues-
tra que dentro de los cambios de flujos de capitales y de informaciones a
escala global, hay un papel regional importante, que debe ser tratado de
forma específica. En otras palabras, el comportamiento de esos flujos glo-
balizados trae resultados espaciales diferenciados y localizados. Por ejem-
plo, el autor proyecta una tendencia a una desigualdad creciente en EE UU,

20 Refiriéndose a Castells, M.; Hall, P. (1994) Technopoles of the World: The Markings of
21st Century Industrial Complexes, London: Routledge.

107
Un mundo de desigualdades

de acuerdo al traslado de las inversiones que producen empleo hacia otras


regiones del mundo, «donde los costos sociales son más bajos» (castells,
1999c: 398), lo que reduce la capacidad de los países europeos de mante-
ner el «Estado del bienestar social», tal como ocurrió en la década de 1990
en Alemania, Francia, España, «en menor grado», y en Italia. Evidentemente
que tales circunstancias deben traer reorganizaciones espaciales importan-
tes. Necesitamos profundizar la discusión para saber cuáles son los procedi-
mientos que definen tales formatos regionales distintos, cuáles son sus ca-
racterísticas y sus perspectivas.
Castells parece sugerir un papel importante en las relaciones políticas,
cuando, cita a Alain Touraine21 y comenta sobre el papel de las ideologías
que enaltecen el proceso de globalización como una «fuerza natural capaz
de reducir sociedades a economías, economías a mercados y mercados a
flujos financieros». Un poco más adelante, la crítica se dirige a los ideólogos
neoliberales que deforman la realidad más que los «propios capitalistas, una
vez que muchas empresas tienen una visión amplia y suficiente del mundo
para entender su responsabilidad social y la necesidad de preservar la esta-
bilidad social». Pero tales conflictos también se expresan por la defensa del
corporativismo, aunque haya una gran esfera de conflictos que ocurren en-
tre la visión nacionalista europea del Estado del bienestar contra su desman-
telamiento y en la defensa de la identidad cultural contra «los dictámenes de
los eurócratas».22 En resumen, el autor considera que el debate de la «Era
de la Información» ocurre entre el «poder de los flujos y el poder de la iden-
tidad» (1999c: 400-401).
Identidad, conceptualmente, sería el «proceso de construcción de signifi-
cado en base a un atributo cultural, o incluso un conjunto de atributos cultu-
rales interrelacionados, los cuales prevalecen sobre otras fuentes de signifi-
cado» (Castells, 1999b: 22). Pero la identidad se presenta en formas y orígenes
diferenciados, que pueden ser: identidad legitimadora, inducida por las ins-
tituciones dominantes; identidad de resistencia, creada por la audiencia en
posición contraria a la lógica de la dominación; y la identidad del proyecto,
cuando los actores utilizan un elemento cultural para alterar su posición so-
cial, lo que altera la estructura.
Así, el poder de la identidad, según Castells, en última instancia, es el po-
der del ciudadano, de grupos de ciudadanos relacionados con una región,

21 Touraine, Alain (1996), «La globalización como ideología», El País, 16 de septiembre.


22 Refiriéndose a los dirigentes de la Comunidad Europea.

108
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

con una ciudad, con una nación o bloque de naciones, como es el caso de
EE UU. En este último caso, el autor entiende que no podrá haber una iden-
tidad económica, porque los flujos son globalizados y, solo será posible for-
mar una identidad europea en la «era de la información», en el caso de que
sea construido un «programa de valores sociales y objetivos institucionales
que agrade a la mayoría de los ciudadanos sin excluir a nadie, al principio».
Aún siguiendo el raciocinio en relación a Europa, el autor considera que los
valores, en la práctica, están constituidos por la defensa del Estado del bien-
estar social, la solidaridad social, la democracia, el refuerzo a las vitalidades
de las culturas, de la lengua, etc. En un sentido general de pensamiento de
una comunidad, una identidad, no está representada por «una proclamación
de utopía de sueños, sino por una lucha por imponer modos alternativos de
desenvolvimiento económico, sociabilidad y gobierno» (1999c: 409).
Castells entiende que los movimientos sociales de la «Era de la Información»
se desenvuelven fuera de las instituciones de la sociedad, diferentemente
de la fase industrial cuando, por ejemplo, los trabajadores se organizaban
para reaccionar contra el capital, ambos subordinados a valores y lógicas de
la industrialización, «productividad y progreso material». Ahora, los movi-
mientos parecen desenvolverse de dentro hacia fuera, utilizan los valores
de la nueva era, pero vienen bajo sus principios, sus ópticas, tal como el
fundamentalismo religioso que «pone la tecnología al servicio de la Ley de
Dios», sin posibilidades de negociación. «La fuerza de los movimientos so-
ciales con bases en las identidades, es su autonomía cara a cara, las institu-
ciones del Estado, la lógica del capital y la seducción de la tecnología. Es di-
fícil atraerlos...».
Al desarrollar tales ideas, se identifican los problemas fundamentales en
esos procesos, entre ellos la tendencia de tales movimientos a fragmentar-
se, pasando a no constituir la sociedad, donde las elites formarán circuitos
cerrados, protegidos por su falta de apariencia material, articulados por re-
des de comunicación, mientras las personas segregadas, subyugadas y con
su «consciencia fragmentada» estarían conviviendo en un ambiente de «in-
sana violencia diaria» (Castells, 1999c: 428-429).
Si consideramos las especulaciones que el autor se permite al final de sus
exposiciones, destacando los debidos peligros que tal comportamiento car-
ga, podemos identificar algunos rasgos más de sus raciocinios, intuyendo
que tales ejercicios fueron inspirados por la realidad que la «Era de la
Información» les presentó en las dos o tres últimas décadas.
De forma bastante esquemática, ya que los análisis anteriores ya explica-
ron varios de esos movimientos en una construcción paulatina, podemos re-

109
Un mundo de desigualdades

sumir los siguientes puntos, que caracterizarán la sociedad en un futuro plau-


sible, en el caso de que la realidad de la nueva era se exceda en el tiempo:
los Estados nacionales no desaparecen, sino estarán actuando en red; habrá
relación de multilateralismo; el control de las instituciones internacionales se-
rá examinado y algunos países pueden ser admitidos en el grupo restringido;
los «gobiernos locales y regionales» serán la única salida para las redes glo-
bales, de acuerdo a su flexibilidad; habrá posibilidad de avances significati-
vos del terrorismo global, con capacidad de destruir ciudades y redes de in-
fraestructura vulnerable, por estar interconectadas a la grandeza de las redes
mundiales; las personas comunes estarán cada vez más apartadas de las gran-
des instituciones, habiendo una tendencia al crecimiento de las desigualda-
des –conteniendo personas de alta calificación y personas descalificadas– en
Europa y Estados Unidos, como también en África. La salida está en la políti-
ca cultural en el campo de los medios comunicativos, basada en la «lucha
contra símbolos, aunque se enlace a cuestiones y valores nacidos de la expe-
riencia de vida de las personas» (Castells, 1999c: 429-436).
Podemos deducir, bajo total responsabilidad nuestra, algunas cuestiones
que se relacionan directamente sobre el tema en análisis.
Si analizamos, comparativamente, tales conceptuaciones con las ideas de
Benko y las ideas marxianas –que parece ser un contrapunto importante pa-
ra la comprensión de los principios de la reproducción de la sociedad y de su
estratificación social–, podemos llegar a la conclusión de que todos concuer-
dan, en líneas generales, con la importancia del primer y último ítem. O sea,
el detentador del capital reproduce su dominación a través de un poder ad-
quirido. Cada uno de los autores explica con más o menos detalles y con
métodos diferenciados, los procedimientos a utilizar. Marx detalla los proce-
dimientos en su esencia, utilizando los recursos de la filosofía (lo que incor-
pora todas las ciencias), dado que Castells y Benko utilizan métodos muy
próximos, trabajando con la identificación de los fenómenos para llegar a
puntos comunes.
Pero las conexiones ocurren apenas en el aspecto cualitativo de los he-
chos y diverge bastante en la ponderación, en el peso y en la determinación
entre los aspectos considerados. Mientras Castells y Benko dan autonomía a
los dos factores, Marx considera los procesos conectados a la producción
(infraestructura) como que detienen el poder por sí solo, para controlar la
sociedad, utilizando los gobiernos, familia, iglesias, etc. (superestructura),
como elementos de la dominación.
En ese aspecto reside una seria discordancia entre las ideas de los auto-
res, que se profundiza cuando Castells incorpora un nuevo factor, la «expe-

110
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

riencia». Además de atribuirle cierta autonomía, junto a la «producción» y el


«poder», aparentemente dividiendo las mismas responsabilidades en el pa-
pel de reproducir la sociedad, él reconoce que el poder es el resultado de
los factores «producción» y «experiencia». Cuando eso ocurre, los autores
reconocen que los factores responsables por la reproducción de la socie-
dad están divididos entre la búsqueda incesante de la ganancia en el proce-
so productivo y los movimientos socioculturales que interactúan en deter-
minados tiempos y espacios de formas diferenciadas. La cultura y los
movimientos sociales, vistos desde ese ángulo, adquieren una fuerza capaz
de resistir el deleite y la animosidad presente en la búsqueda incesante de
los rendimientos.
En suma, eso trae repercusiones importantes y diferenciadas para el en-
tendimiento de los recortes regionales del desenvolvimiento. En los autores
Castells y Benko, las identidades culturales serán siempre fuerzas capaces
de crear regiones, ya que se presentan con una capacidad de contener de-
terminados ímpetus de la ganancia económica. Con eso, las diferencias de
clases pueden reducirse, así como las desigualdades regionales, desde que
haya aglutinación de intereses de identidad cultural.
Marx cree que la ganancia económica forma culturas, refuerza o deshace
ciertas religiosidades, diseñando y rehaciendo regiones, para construir am-
bientes favorables a un desempeño mejor de la sociedad capitalista. Hay, en
este pensamiento, una tendencia a ocurrir distanciamientos de los rendi-
mientos entre las clases sociales de una forma creciente, así como podrán
ocurrir desigualdades en el uso y la ocupación de los territorios, lo que no
quiere decir que eso constituya un formato regional definido. La regionaliza-
ción es una definición geográfica regular, definida por la identidad de com-
portamientos sociales, por lo tanto efímera.
De una o de otra forma, las posibilidades de definir y enfrentar los pro-
blemas regionales con políticas tendrán un resultado diferenciado. En el
primer caso (en Castells y Benko) las posibilidades son mayores, porque de-
penden de la presencia de los gobiernos o de entidades sociales que pue-
dan reforzar los lazos de identidad de grupos territoriales o no. En el segun-
do caso (en Marx), las regiones pueden ser identificadas a partir de los
factores que contribuyen con la ganancia general del sistema y tienen la ca-
pacidad de ser reforzados a partir de inversiones en elementos estructura-
les, que posean la capacidad de elevar la producción y la circulación de
mercancías, personas y capitales. El diseño regional, en este caso, es conse-
cuencia de la trama de relaciones económicas, con sus interacciones socia-
les y con el ambiente natural.

111
Un mundo de desigualdades

Algunos comportamientos culturales pueden alcanzar la escala global, tal


como el ambientalismo, el feminismo, las acciones políticamente correctas,
etc. Otras no tanto, como algunas sectas religiosas, por ejemplo el islamis-
mo, que aun expandiéndose por muchos países, se concentra en determina-
dos territorios como forma de preservación y reproducción y otras más loca-
lizadas o incluso presentando versiones específicas en determinados lugares.
Por más que los medios comunicativos tengan un alcance global e intenten
uniformizar los comportamientos, hay siempre una adecuación territorial de
cuestiones culturales que adquieren una identidad propia, ya sea en ciuda-
des, regiones o incluso en países. Por muy grande que sea la presión por la
unanimidad, para que haya una tecnología capaz de posibilitar la creación
de redes mundiales de pensamientos culturales o religiosos, habrá siempre
diferenciaciones entre las características de cada movimiento, donde algu-
nos necesariamente van a exigir agrupamientos espaciales como una forma
de reproducir adeptos. Como el propio Castells proyecta, tal perspectiva
podrá incluso, fragmentar dichos pensamientos en territorios aislados, así
como otros movimientos pueden tener redes mundiales conectadas on line
y con «fieles» actuando uniformemente en territorios diferentes del planeta.
Eso constituirá siempre una territorialidad.
¿Pero cuál es la motivación para la localización de las personas en el
mundo?
De una manera general, Castells pone en puntos distintos, los flujos que
no presentan apego territorial y comportamientos culturales diversificados
por regiones.
¿Será que las identidades regionales tendrán capacidad (incluso en Europa,
con una cultura históricamente consolidada) de oponerse a las imposiciones
de los flujos económicos, manteniéndose en coherencia con los mercados
concentrados y competitivos?
El autor confirma la tendencia a la descentralización de las unidades de
producción de Europa para otras regiones (por motivos descritos anterior-
mente), llevando consigo una generosa oferta de empleo y un sistema de
salarios correspondiente. Esto, agregado a la atracción de la mano de obra
de países periféricos hacia el Viejo Continente y que tiene la tendencia a re-
producirse con más intensidad que los europeos, podrá convertirse en un
continente multiétnico, lo cual podrá crear problemas para la creación de la
identidad cultural o para un ambiente político capaz de resistir la mundiali-
zación de los flexos. Delante de los hechos, no es posible dejar de reflexio-
nar sobre una dicotomía entre los hechos reales planteados por el autor res-
pecto a la mundialización creciente de los flujos económicos y su tendencia

112
Capítulo 3. Reflexiones sobre cinco pensadores

a creer en la resistencia político-cultural (identidad), donde se queda de una


forma aparente, la tendencia a la fragilidad en la región europea, donde
históricamente ella siempre ha sido relativamente fuerte. Por su parte, en el
caso de que las tendencias identificadas por el autor vengan a ocurrir, nece-
sariamente prevalecerá una reorganización espacial disgregadora cultural-
mente o una renovación cultural agregada en Europa y en nuevas regiones
del mundo.

113
Capítulo 4
Convergencias y divergencias entre los
autores seleccionados

4.1 Esfuerzo de síntesis

Si empezamos con una visión aún esquemática y general, apenas para reco-
nocer los grandes rasgos de los pensadores seleccionados, podemos llegar
a algunas conclusiones que organizan mejor los análisis, al identificar grupos
de pensadores que ocupan posiciones distintas y complementarias o incom-
pletas e indistintas, de acuerdo a lo que podemos ver en la tabla.

Tema/
Marx Christaller Perroux Benko Castells
Pensador
Proceso valor en la ganancia ganancia ganancia ganancia
productivo plusvalía
Integración marginalización – – permisible permisible
social
sociedad (globalización – – conocimiento/ informacional/
actual inexorable) globalización globalización

Presencia subordinación – fuerte fuerte fuerte


estatal
Concentración fuerte jerarquizada fuerte relativa relativa
de riqueza
Desarrollo Como lugares polos global y local identidad
Regional resultado del centrales industriales cultural
proceso urbanos

De inmediato es posible identificar que de los pensadores escogidos,


tres forman un grupo que expone todos los aspectos identificados como
prioritarios para el análisis en esta investigación (Marx, Benko y Castells).
Eso quiere decir que es posible efectuar un procedimiento de valoración
completa de sus ideas, tanto referente a temas específicos como a la lógica

115
Un mundo de desigualdades

general de raciocinio sobre la realidad socioeconómica. Bajo esas condicio-


nes, se hace posible trabajar con ideas enlazadas e identificar cuáles son los
puntos reales de convergencias, divergencias y complementariedades. Es
evidente que en este aprendizaje haremos, aún de una forma general, de-
ducciones sobre la lectura marxiana de la situación actual, solo para fijar las
posiciones diferentes de los pensadores. En la fase siguiente, más seleccio-
nada y purificada, donde serán necesarios los argumentos más profundos,
tomaremos prestadas las interpretaciones de dos marxistas actuales, Chesnais
y Mézários, a fin de auxiliar la lectura de la realidad actual, bajo el punto de
vista de las ideas marxianas.

4.2 La visión convergente de Benko y Castells

Es posible también identificar, en el plano general, una aproximación impor-


tante entre las ideas de Benko y de Castells, lo que nos hace considerarlos
como parte de un solo agrupamiento, aquel divergente estructuralmente
sobre las ideas marxianas. Es verdad que existen algunas pequeñas diver-
gencias entre el pensamiento de los dos filósofos que, por no tener grandes
resultados para este ejercicio de análisis, merecen apenas algunas conside-
raciones.
Desde el punto de vista del proceso productivo, ambos tratan de enten-
der la realidad a través de fenómenos que se manifiestan en varios tiempos
y en varios territorios, presentando la realidad como el resultado de la bús-
queda de ganancias de las empresas, dentro de un sistema lógico de repar-
tición entre actividades y sus espacios. Es relevante, para ambos, la tenden-
cia a identificar avances en el papel de nuevas actividades, aquellas oriundas
de la separación de algunos sectores de apoyo de las unidades de produc-
ción industrial, agrícola, mineral, etc., de aquellas creadas de acuerdo a las
nuevas tecnologías y medios de comunicación, además de aquellas activida-
des demandadas por los flujos financieros a escala mundial. En los dos pen-
sadores no ha sido identificada una postura de investigación sobre el núcleo
del proceso productivo, tal como ocurre con Marx, que explica todos los
momentos de la producción y de la circulación. A pesar de eso, algunas de-
ducciones de Benko y Castells, principalmente sobre la repartición del pro-
ceso productivo, la denominada «producción flexible», se acercan a conclu-
siones que pueden advenir de concepciones marxianas. La producción flexible
es un ejemplo claro de eso, donde Castells y Benko diagnostican tal cues-
tión en la sociedad actual, aunque sus explicaciones lógicas están mejor de-

116
Capítulo 4. Convergencias y divergencias entre los
autores seleccionados

finidas a partir de la excedencia de los análisis del núcleo de la reproducción


social en la visión marxiana. En Marx, sus explicaciones ya traen en su inte-
rior una asociación de categorías de valores, donde procesos, etapas e insti-
tuciones, adquieren pesos y funciones diferenciadas. Sin embargo, las con-
vergencias entre Marx y Castells/Benko no se sostienen cuando es necesario
profundizar los análisis e intentar reconocer los reflejos regionales de dichos
procesos, como veremos más adelante.
Desde el punto de vista de la integración social, también ambos (Benko y
Castells) entienden que en el capitalismo hay posibilidades de que haya una
reacción de grupos sociales (eso está más claro según Castells) para reaccio-
nar y alterar los procedimientos socioeconómicos delante de sus posiciones
reactivas, sin que eso represente una postura revolucionaria en busca del
cambio del modo de producción capitalista. A pesar de eso, Castells anun-
cia una tendencia hacia la exclusión social y hacia una sociedad de extractos
diferenciados.
Por otro lado, los dos autores apuestan en las organizaciones sociales y
en las instituciones públicas como operadoras que poseen un carácter de in-
dependencia de los procesos productivos y, por eso mismo, tienen la capa-
cidad de contraponerse a las tendencias hacia desigualdades sociales y re-
gionales de la sociedad capitalista.
Desde el punto de vista del entendimiento de la sociedad actual, en sus
aspectos recientes y más estructurados, Benko y Castells defienden la idea
de que la sociedad basada preponderantemente en la producción industrial
se transformó en la dirección de una «sociedad posindustrial», donde Castells
enfoca la idea de la «sociedad informacional». Tal discusión, llevada en ese
nivel de generalidad, no contribuye mucho a las cuestiones regionales.
De una manera general, los dos autores consideran que existen variadas
formas de reconocer la realidad actual y no una única, que se establece a
partir de la identificación de la globalización homogénea y de la determina-
ción del mismo comportamiento del capital en todas las partes y regiones.
Eso está más presente por Castells, quien explica las relaciones sociales y la
interacción humana con el ambiente natural a partir de tres elementos: la
producción, el poder y la experiencia, sin ponderar la importancia en cada
caso, lo que se supone que puede ocurrir de una forma diferente en cada
región. Delante de eso y considerando el hecho de que dichos autores po-
nen casi en un mismo orden de fuerza transformadora los procesos produc-
tivos y los movimiento sociales, ambos son llevados a considerar que en la
realidad actual, los reflejos regionales son imprevisibles de cierta forma, ya
que tanto las tecnologías ofrecen dinámica a la producción, como los gru-

117
Un mundo de desigualdades

pos sociales y sus interacciones con los estados organizados tienen la capa-
cidad de alterar la configuración espacial de forma no determinante para
uno de los lados.
Tal factor, lleva a que los dos autores tengan una visión del papel del
Estado de una forma muy cercana, si se compara a la visión marxista, por
ejemplo. Para ambos, hay un poder desarrollado por los grupos sociales que
pueden presentar capacidades distintas al alterar el comportamiento de la
producción, de donde se puede sacar una conclusión más común de los dos
pensadores: el capitalismo es controlable y, por lo tanto, limitado en sus más
distintas manifestaciones, desde que las interacciones de grupos sociales se
antepongan, aunque no tengan la capacidad de alterar su carácter. Exactamente
en este punto es que el Estado asume un papel también de representación
regional o nacional de los anhelos colectivos de forma que disuelva conflic-
tos, sin tener que asumir una postura parcial, para cualquiera de los lados.
Como consecuencia de eso, los autores no trabajan con la perspectiva de
que habrá siempre una tendencia a la concentración de renta, aunque am-
bos muestren, en sus trayectorias: hemisferio, continentes, países y regiones
donde hay una diferenciación de renta creciente. Castells, incluso, hace una
alerta sobre el hecho de que hay una tendencia a que eso venga a reprodu-
cirse de forma diferente. Si antes las divisiones ocurrían entre el hemisferio
norte y sur, ahora tal diferenciación tiende a suceder entre territorios de ca-
da uno de esos espacios. De la misma forma, Benko defiende la idea de que
existe una ascendente desigualdad «interlugares».
Esta proximidad de pensamientos entre los dos autores (no olvidando
que ellos muestran diferencias de comportamiento intelectual en algunos
aspectos) los hacen también pensar parecido respecto al desenvolvimiento
regional.
Ellos identifican los procesos de desenvolvimiento regionalizado que no
traen solamente el formato establecido por los mecanismos globales de re-
producción del capitalismo, sino también son inducidos por mecanismos de
reacción o de incorporación creativa e innovadora de agentes regionaliza-
dos debidamente organizados y estimulados, más o menos, por los gobier-
nos locales. Con tal perspectiva, el proceso de desenvolvimiento regional
puede ser creado por una manifestación local, global o de ambos al mismo
tiempo, sin que parezca que los dos autores hayan tenido la preocupación
de definir la preponderancia de un planteamiento escalar sobre otro o de un
local, región o territorio sobre otros.
Así, con tal percepción, no existe, al principio, la posibilidad de definir
tendencias de organización espacial general de la economía mundial, dado

118
Capítulo 4. Convergencias y divergencias entre los
autores seleccionados

que ella no puede ser construida por una o varias fuerzas socioeconómicas
mundiales sino por una asociación entre dichas fuerzas y aquellas constitui-
das temporalmente de forma «independiente» en cada región, territorio o
en cada segmento de comportamiento social. Por otro lado, las posibilida-
des regionales, ahora tratándose de un territorio dado, podrán asumir un
papel importante en sus autodeterminaciones, en sus características y su
porte de desenvolvimiento, siendo imposible y desnecesario que se definan
las tendencias. Por el contrario, se construyen las tendencias localmente, y
es evidente que en articulación con los movimientos que ocurren en escalas
diferenciadas.
En fin, en ese campo los autores dan una generosa capacidad de desen-
volvimiento a partir de las regiones, desde que ellas desenvuelvan sus po-
tencialidades de manera que se articulen con otras regiones de forma com-
petente. Pero aún los autores utilizan argumentos diferentes y vislumbran
situaciones distintas, pero en lo fundamental ambos retiran casi totalmente
las amarras del desenvolvimiento a partir de una región dada, de las deter-
minaciones del movimiento a escala mundial de carácter capitalista.

4.3 El contrapunto marxiano

La visión marxiana tiene una connotación bastante diferenciada de las ideas


de Benko y de Castells. La gran mayoría de las ideas diverge completamen-
te, aunque el diagnóstico de la realidad posea algunos pocos rasgos con-
vergentes.
Evidentemente que en MARX no se puede encontrar respuesta para cues-
tiones que se anuncian con énfasis en las últimas décadas del siglo XX y prin-
cipios del siglo XXI, especialmente matices que están asociados a los avan-
ces tecnológicos recientes y sus consecuencias sobre el proceso de
mundialización de los flujos socioeconómicos. Tales respuestas pueden ser
encontradas en algunos marxistas recientes y otros que desenvolvieron sus
trabajos durante el siglo XX, cada cual con sus focos de investigaciones.
Utilizaremos aquí, para realizar una lectura de la realidad actual, la fase de la
mundialización del capital, deducciones propias, expandidas del pensamien-
to marxiano, con el auxilio de dos autores importantes, que han presentado
sus visiones en innumerables publicaciones recientes, Mézáros y Chesnais.
Marx expone todo el proceso de desenvolvimiento del modo de produc-
ción capitalista de forma científicamente palpable, desde el punto de vista
de la esencia de los fenómenos, sobre una base filosófica explícita. Los aná-

119
Un mundo de desigualdades

lisis se presentan de una forma que muestran todos los pasos, los momen-
tos, las articulaciones, el movimiento y el peso en la participación que las
mercancías, personas y, principalmente, el capital se presentan en la repro-
ducción de la sociedad. La profundidad, la complejidad y la entereza con
que el autor presenta y explica la realidad, a pesar de eso ocurrir hace cerca
de un siglo y medio atrás, nos deja una base importantísima para explicar la
realidad actual.
El aspecto principal en la teoría marxiana es el hecho de que el ímpetu
de la reproducción del capital, en la sociedad capitalista, es el factor princi-
pal, el motor de las relaciones sociales. En este sentido, el ambiente capita-
lista es total, ilimitado «irreformable e incontrolable», como resalta Mézáros
(2000:11). Hay un control importantísimo del capital al trabajo y, necesaria-
mente, a las otras actividades sociales y sus representaciones con un recor-
te regional. Tal comportamiento ocurre en todos los espacios en que el mo-
do de producción capitalista opera y eso le da un carácter de amplitud
globalizante. O sea, en las ideas de Marx ya estaba contenido ese carácter
de amplitud constante, que puede asumir aparentes fisionomías para las lo-
calidades distintas, pero, en el fondo, la base de la inducción de los com-
portamientos es la misma. Eso no quiere decir que todas las otras activida-
des humanas tengan una subordinación formalmente directa y, como tal,
inflexible. Todas ellas, según Marx, participan directamente del proceso,
presentan algunas libertades para movimientos y alteraciones de carácter
no estructuralmente inclinado a retirar el objetivo mayor del proceso, que
es la de conceder a la sociedad la intención de inclinarse a la reproducción
del capital y, de esta forma, hacer que otras relaciones sociales se subordi-
nen a sus preceptos.
En Benko y Castells, explícitamente en este último, hay una significativa
contradicción con las comprensiones marxianas sobre las bases de produc-
ción capitalistas. El pasaje más importante y que tendrá repercusiones sig-
nificativas en nuestras investigaciones, en la fijación de un planteamiento
teórico sobre el proceso de desenvolvimiento regional, está exactamente
en el momento en el que los dos autores retiran esa hegemonía del capital
sobre el comportamiento globalizado y consideran que eso es apenas un
aspecto de la realidad, donde también se agregarían otros, tales como el
poder que las organizaciones pasan a obtener en experiencias adquiridas
en el transcurso del proceso. O sea, es como si gradualmente, organizacio-
nes sociales distintas adquirieran sabiduría para contraponer la lógica de la
organización por el valor obtenido en las transacciones comerciales, o ad-
quirieran el control de la reproducción del capital en niveles capaces de ob-

120
Capítulo 4. Convergencias y divergencias entre los
autores seleccionados

tener una valorización más alta en las creencias o en las necesidades mate-
riales de un determinado grupo. Evidentemente que Castells reconoce que
tales grupos no alterarían el carácter de la sociedad capitalista, pero obten-
drían experiencias capaces de negociar mejores condiciones o incluso con-
seguir algunas victorias importantes. Entonces, si el propio Castells recono-
ce eso, quiere decir que el problema consiste en saber en qué medida eso
permite el control social, en la sociedad capitalista, sin retirarle su conteni-
do principal. ¿Sería un reconocimiento de la dominación y una tentativa de
negociar mejores condiciones, a través de un Estado o de otra organiza-
ción? ¿Hasta cuándo y cuánto eso podría ocurrir, si, como dice Mézáros,
quien «sostiene el pilar del capital no es el Estado, sino el trabajo, en su
continua dependencia estructural del capital»? (2002: 16). Volveremos a ese
aspecto más adelante.
En Marx, si comprendemos sus bases conceptuales del capitalismo, es
fácil entender sus ideas sobre la integración social y la concentración de ri-
queza. Evidentemente que en las condiciones presentadas por el autor, los
niveles de integración social estarían establecidos dentro del propio proce-
so de producción en todos sus momentos: producción y circulación. Como
para reproducir el capital es necesario obtener una escala cada vez mayor y
aumentar continuamente las ganancias (no necesariamente de una unidad
de producción), es evidente que tal proceso además de ser ilimitado e in-
controlable, también tiende a poseer la capacidad de contrastar más bene-
ficios con alguien. Si el valor estuviera contenido en la plusvalía y si eso es-
tuviera representado por la presencia de diferentes segmentos sociales,
evidentemente que en las sociedades capitalistas no podría haber un pro-
ceso diferente sino una tendencia a concentrar riqueza y control social en
las manos de personas o agrupamientos de ellas. Solo que sería de forma
creciente y tendiente a una marginación de parte de la sociedad. Como
consecuencia, dichos procedimientos resultarían en una sociedad con ten-
dencias a una desintegración social, ya sea en segmentos o en agrupamien-
tos de personas.
En las visiones de Benko y Castells, las tendencias serían diferentes o, por
lo menos, serían enfriadas. Pero, ¿hasta dónde o hasta cuándo? ¿Cuánto ese
enfriamiento alteraría los reflejos territoriales de esos movimientos socioe-
conómicos? ¿Y qué libertad tendría para definir políticas regionalizadas con
la intención de organizar el proceso de desenvolvimiento? Acumularemos
también esas preguntas para que sean respondidas más adelante.
Las ideas marxianas no tuvieron la intención de explicar la realidad de un
país o de una región (aunque hayan utilizado la realidad de algunas nacio-

121
Un mundo de desigualdades

nes), pero fueron dedicadas a plantear la lógica formada por el modo de


producción capitalista. Entonces, esas ideas ya habían nacido con una inten-
ción globalizante, dentro evidentemente de la realidad, del carácter y de las
condiciones del siglo XIX.
Aún como síntesis de la visión marxiana, con vista a una breve compara-
ción con las ideas de Benko y Castells, podríamos reconocer sus percepcio-
nes respecto a las cuestiones regionales.
En los capítulos anteriores analizamos más detalladamente el hecho de
que Marx no trató directamente las cuestiones regionales, aunque poda-
mos, con todos los cuidados posibles, extraer de sus pensamientos, algunas
consideraciones importantes. La búsqueda por reproducir la riqueza es la
fuerza motriz de la sociedad capitalista, dejando subordinadas otras activi-
dades sociales, así como el recorte regional.
Eso tiene como resultado la comprensión de que, en la visión marxiana,
el espacio es móvil y subordinado en todas sus características. Sus diseños
no poseen lógicas propias sino que son resultados de la necesidad de re-
producción de la riqueza concentrada en agrupamientos sociales en deter-
minados territorios. Eso no quiere decir que las políticas regionales sean
inocuas, o que las instituciones locales o nacionales desarmen sus esque-
mas de refuerzo regional. Tales políticas y tales instituciones pueden poten-
cializar las tendencias regionales y reforzar el desenvolvimiento, en el caso
de que las acciones sean adecuadas a cada realidad, como analizaremos
con más detalles a continuación.

4.4 Modelo de Christaller y polos de Peroux

Esos autores exponen apenas parte de los problemas y lo hacen a partir de


esquemas con rebatimientos localizados territorialmente y sobre temas es-
pecíficos, lo que por sí solo sería suficiente para explicar una pequeña parte
de la realidad. Sus consideraciones son diferenciadas entre sí, pero no lo su-
ficiente para que en este primer momento de análisis comparativo, no poda-
mos tampoco encuadrarlos en un mismo grupo, aquel que puede contribuir
de una forma complementar con cualquiera de los dos agrupamientos antes
considerados.
Podemos afirmar, en un análisis general, que las ideas defendidas por
Christaller sobre el comportamiento de las actividades socioeconómicas
dentro de una red de ciudades, no dejan de presentar un aspecto del refle-
jo espacial del proceso social, lo que puede también explicarse desde el

122
Capítulo 4. Convergencias y divergencias entre los
autores seleccionados

punto de vista marxiano. Sin embargo, de la forma esquemática en la que


se presenta, fortaleciendo la realidad e intentando encontrar una lógica te-
rritorial y difundirla como forma de modelo para otras realidades, no en-
cuentra consistencia en las ideas marxianas. Pero eso no quiere decir que la
aplicación de tal modelo en determinadas realidades y ocasiones no sirva
de instrumento parcial para mostrar uno de los más variados formatos de
diseños que la realidad presenta, como reflejos de los movimientos socioe-
conómicos.
Eso quiere decir que, guardadas las debidas y raras excepciones, dichas
contribuciones pueden ser utilizadas también para mostrar la realidad co-
mentada por Castells y Benko, especialmente cuando ellos plantean la hete-
rogeneidad del proceso de «globalización», con sus distintos formatos re-
gionales y fases de desenvolvimiento. Evidentemente que tal esquema
desarrollado por Christaller se hace más difícil cada día de ser utilizado, de
acuerdo al desmantelamiento de las antiguas articulaciones regionales estu-
diadas por él, impulsadas por los flujos crecientes a escala global.
Por otro lado, la visión de Perroux encuentra algún refugio en la visión de
una sociedad concentradora, tanto en los términos de control de unidades
de producción, como en sus reflejos regionales (los Polos Industriales, por
ejemplo). También Castells y Benko, a pesar de que reconocen la incapaci-
dad de esa visión para explicar la realidad, aún en los países subdesarrolla-
dos, para ellos existe la posibilidad de que hayan situaciones raras en las
que tal óptica puede todavía ser confirmada. Aunque la idea de los Polos
Industriales de Desenvolvimiento haya sido extensamente utilizada en varios
continentes, hace décadas atrás, con la ampliación de los flujos socioeconó-
micos a escala global, dichas experiencias se disiparon. Existe actualmente,
una tendencia al proceso de reconcentración de las industrias intensivas en
tecnología para los centros industriales más importantes del mundo y la des-
centralización de las unidades intensivas en la mano de obra para los países
pobres, disolviendo el modelo propuesto.
Reconociendo el agrupamiento de las ideas de los autores selecciona-
dos y enfatizando sus divergencias, convergencias y complementarieda-
des, se hace posible exponer algunos rasgos importantes para la construc-
ción de un planteamiento teórico sobre el desarrollo regional, principalmente
en lo que se refiere a los límites y las posibilidades de su inducción o incre-
mento, especialmente a partir de las políticas desarrolladas por institucio-
nes públicas.
No debemos dejar de considerar que ese esfuerzo tendrá como resulta-
do un planteamiento parcial, no explicará el proceso en todos sus ramos,

123
Un mundo de desigualdades

aunque trate sus aspectos estructurales, de una forma articulada, que permi-
ta una comprensión del recorte regional del desenvolvimiento de la socie-
dad a escala mundial.

124
Capítulo 5
Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

5.1 Elección de un camino

Como ya destacamos en los capítulos anteriores, está claro, entre los autores
seleccionados, que Marx desenvolvió científicamente un método capaz de ex-
plicar los pasos del proceso de producción en una sociedad capitalista, de una
forma que en ningún otro proceso suele pasar. Castells, e incluso el propio
Benko, intentaron analizar la realidad con una trascendencia mayor que los
otros dos comentados (Christaller y Perroux), pero lo hicieron a partir de aná-
lisis de fenómenos que ocurren en varias partes del mundo. El resultado de las
investigaciones de estos dos autores, a pesar de aportar importantes contri-
buciones, fue ajustado por las experiencias de un conjunto de realidades que
presentaban situaciones distintas en sus características históricas y en sus con-
diciones socioeconómicas actuales. En dichas circunstancias, los dos autores,
principalmente Castells, presentan los hechos de una manera clara y lógica,
pero utilizando métodos científicos que incorporan una serie de interpretacio-
nes cualitativas de fenómenos. Ese análisis, que contiene un extenso material
empírico, puede conducir a una reflexión basada en reflejos de movimientos
aparentes, atrayendo inseguridad en la utilización de sus resultados.
Por su parte, en los análisis marxianos, hay un método que al mismo tiem-
po utiliza un amplio material empírico, pero que sirve para explicar un méto-
do científico deductivo de la esencia de los fenómenos, que se vale de cate-
gorías de análisis que permiten reconocer el peso y las articulaciones de las
partes relacionadas.
Dos críticas de Castells y Benko sobre la teoría marxiana deben ser con-
sideradas: el carácter estructuralista y tendiente a una visión homogénea de
la realidad admitiéndola como multifacética, lo que requiere visiones tam-
bién desde varios puntos de vistas. Eso supone que hay que tener cuidado
con algunos pasajes y algunas circunstancias de tiempo y espacio, que se
puedan volver relativos.

125
Un mundo de desigualdades

Se debe reconocer que la teoría marxiana, por sí sola, no presenta condi-


ciones para explicar algunos fenómenos actuales, especialmente respecto a
los reflejos de los avances tecnológicos que han creado nuevas e importantes
características en el proceso de mundialización. Por otro lado, además de tra-
tar los movimientos de la sociedad capitalista con profundidad y bajo un fuer-
te método científico, se trata de una teoría que, con complementaciones y
actualizaciones, es capaz de explicar importantes deducciones a que llegaron
Castells y Benko sobre la realidad actual. Evidentemente que dichas deduc-
ciones se hicieron basadas en distintas categorías de análisis, lo que, como
consecuencia, tuvo como resultado justificaciones diferenciadas para un mis-
mo fenómeno identificado. De esta manera, se optó por utilizar las ideas
marxianas como base para la explicación de los momentos de producción y
circulación en la sociedad capitalista, con ajustes para actualizar su compren-
sión, y analizándolas a cada momento con las de otros autores, especialmen-
te utilizando los análisis empíricos de Castells y Benko. Cualquier camino me-
todológico puede incurrir en desviaciones. Pero para que se expongan sus
coherencias es necesario que todas sus fases y procedimientos de análisis se-
an explicados. Es exactamente ese comportamiento el que adoptamos para
la construcción de una exposición teórica capaz de dar soporte a la lectura
de los resultados regionales de las actividades socioeconómicas actuales.

5.2 Proceso de desarrollo capitalista actual: producción, integración


social y concentración de la riqueza

5.2.1 Dos procesos: producción flexible y los flujos financieros mundiales

Para que se haga posible entender los resultados espaciales de las activida-
des socioeconómicas, es indispensable, antes de hacer cualquier análisis,
entender claramente los procesos que ocurren en la realidad mundial y has-
ta qué punto eso difiere del ciclo anterior o, lo que parece ser unánime afir-
mar, la fase de la producción fordista o de la sociedad industrial.
Marx, Christaller y Peroux obviamente que no podían anticipar todos los
sucesos actuales, tratándose de sus estudios, el primero a fines del siglo XIX
y los dos últimos a mediados del XX. Por su parte, Benko, aún escribiendo a
fines del siglo XX, levanta la necesidad de que «la noción de globalización
debe, no obstante, ser enfrentada con prudencia» de acuerdo a los factores
históricos que pasaron por ciclos de avances y retrocesos desde el siglo XVI y,
entre otras cosas, porque aún hay inseguridad sobre las relaciones entre las

126
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

empresas mundiales y las regionales y sobre «las interacciones entre la lógica


económica y las instituciones políticas, tanto a nivel local como global» (Benko,
1996: 86). A diferencia de Castells, que explica la realidad e indica las salidas
para los problemas, los dilemas apuntados por Benko abren la discusión so-
bre la realidad actual e inducen a que nuevas contribuciones puedan ser in-
corporadas a la investigación. Eso abarca desde la identificación de las posi-
bilidades de análisis histórico, ocasión en la que muchos intentan destituir los
sucesos pasados, retirando de ellos la capacidad de mostrar comportamien-
tos que pueden ser, con mucho cuidado, sobrepasados en el futuro, hasta el
alcance de las dudas respecto a las relaciones de dominación entre la lógica
económica y las instituciones políticas en una escala local.
Esta contribución, por lo tanto, puede ser entendida como introducida
en las consideraciones de Benko, respecto a la necesidad de prudencia y, al
mismo tiempo, una postura más afirmativa de contribución a un entendi-
miento más alto de la realidad.
Es necesario decir de inicio, que consideramos los dos siguientes proce-
sos importantes y estructurales para la comprensión de la realidad actual, los
cuales son indispensables para la discusión del desarrollo regional: la rees-
tructuración de la producción y la creación de flujos financieros libres de fron-
teras, casi ausentes de territorios, siendo que ambos ocurren a escala mun-
dial, articuladamente, pero traen resultados espaciales diferentes. Los dos
movimientos son identificados por Benko y Castells y previsibles por Marx,
de manera general. Pero mientras que los dos primeros tuvieron como resul-
tado la identificación, el último tiene las bases para una explicación, razón
por la que intentaremos construir teóricamente las propias justificaciones pa-
ra ambos procesos presentados anteriormente, naturalmente sobre aquellos
aspectos que ayudan a entender la cuestión del desenvolvimiento regional.

5.2.2 Producción flexible1

Cuando estudiamos sobre Marx, encontramos algunos pasajes que nos ayu-
dan a entender mejor la situación y que es importante recordar para iniciar
la construcción del planteamiento teórico.

1 Mézáros (2002:622) resalta la estructura de comando del capital, dividiéndolo en: deter-
minaciones verticales, que puede ser entendido aquí, de forma esquemática, como las reparti-
ciones verticales del proceso de producción, y las determinaciones horizontales, aquellas en-
tendidas como una homogeneización de los procesos de trabajos que tienden a ocurrir en
distintos países.

127
Un mundo de desigualdades

En el esquema de «circulación simple», entendemos que el capital-dine-


ro, por sí mismo no trae posibilidad de organización espacial, pero cuando
compra fuerza de trabajo y materia prima, ocurre una relación con un terri-
torio. O sea, ya hay necesidad de traslado de personas y de materia prima,
que pueden estar en puntos geográficos diferentes y, por lo tanto, utilizan
vías de acceso, medios de transportes, etc. La fase de producción, propia-
mente dicho, es el momento de la generación de valor y no hay relación ge-
ográfica, sino puntual, interna, dentro de una unidad de producción, de una
edificación. La nueva mercancía, al entrar en la fase de circulación deman-
dará vías de tránsito para entregarlas al comerciante-vendedor y después al
comprador final. En este momento también hay una relación geográfica
que a partir de aquí se hace cada vez más compleja, ya que contiene un nú-
mero más alto de compradores y vendedores, localizados en puntos geo-
gráficos muy distintos en distancia, en medios de acceso, en equipamientos
de comercialización, almacenamiento, oficinas de apoyo, redes de infraes-
tructuras, etc. Teniendo en consideración que miles de mercancías y perso-
nas están pasando, al mismo tiempo, por los dos momentos, ocurre una in-
tensificación importante del uso del espacio, dando como resultado un
diseño territorial lógico, desde el punto de vista del capital.
En la llamada «reproducción simple», los resultados en la organización
espacial, ocurren de una forma parecida a las relaciones verticales de la eco-
nomía, o sea, en los intercambios entre las unidades que producen bienes
de producción y las que producen bienes de consumo.
En todos los casos, aunque las características de producción exijan vías,
redes de infraestructura, equipamientos de apoyo, etc., diferentes, habrá
siempre una condensación de algunos de esos elementos, al ser utilizados
en varios momentos de la producción, por varios procesos productivos, en
tiempos distintos, aunque en un alto grado de utilización desigual. Eso va a
favorecer la utilización de algunos medios de circulación más que otros, lo
que dará como resultado espacios con usos y ocupaciones distintos. De ahí
provienen concentraciones de personas e infraestructuras en ciudades dis-
tintas (en tamaño y vías de circulación y equipamientos de apoyo) a los siste-
mas de transporte y comunicaciones que son más importantes por presentar
más cargamento. El espacio e incluso, la territorialidad de la red de ciudades
forman la «expresión de la sociedad» (Castells, 1999a: 435-436).
Tres aspectos más, son muy importantes para su análisis.
El primero está relacionado con el hecho de que, mediante Marx, la ex-
plicación de la agregación del valor ocurre en el momento de la producción,
como ya hemos dicho, pero es consecuencia de la «plusvalía», ya debida-

128
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

mente explicada anteriormente, lo que supone una sociedad dividida en


partes, en agrupamientos de personas con condiciones estructurales dife-
renciadas de compra y venta, de inserción en el proceso de acumulación y
de reproducción de la sociedad, como consecuencia. Desde tal visión, los
resultados espaciales, descritos antes, serán condicionados a ocurrir bajo los
efectos de esa diferenciación de agrupamientos sociales, componiendo una
geografía regional y urbana con áreas de oportunidades y medios de sobre-
vivencia distintos. Se explica así, una parte de las grandes diferenciaciones
de inversiones productivas, de porte y de calidad de vida entre países, re-
giones, ciudades y hasta partes de una misma ciudad. Siendo así, el desen-
volvimiento regional sería desigual de acuerdo a la estructura de la socie-
dad, pero aún tendremos que analizar otros condicionantes.
El segundo aspecto hace referencia a la rotación del capital. Su explica-
ción consiste en el hecho de que el tiempo transcurrido por el total de los
momentos de la producción y de la circulación se refleja en el valor de la
producción en un dado período de trabajo. Ese movimiento rotativo será di-
ferente en el momento de la producción y de la circulación, aunque el tiem-
po de ambos constituya un aspecto de la rotación del capital. El capital fijo
(máquinas, materia-prima, equipamientos, materiales auxiliares, etc.) posee
siempre más tiempo de rotación que el capital circulante (edificaciones, sala-
rios, consumo de energía, agua, combustibles, etc.), significando que las in-
versiones que tienen más porte en capital fijo, tienen sus retornos más len-
tos, lo que puede ser un dato importante para los análisis del comportamiento
de las empresas en nuestros días. A la misma vez, el tiempo de la circulación
envuelve el total de la suma de los movimientos de adquisición de los me-
dios de producción y el tiempo de distribución y almacenaje de las mercan-
cías, hasta que ella vuelva en forma de capital-dinero. En ese momento no
es creado el valor, pero su tiempo de rotación puede ser importante en la
valorización del producto.
El tercer aspecto se refiere al hecho de que, en estos momentos, el Estado
aparece con una importante contribución, que es la de adelantar el capital
invertido en elementos de orden espacial del capital fijo público (no siem-
pre), a ejemplo de las vías de circulación, las redes de infraestructura, etc.,
cuya calidad y presteza, favorecen el aumento de la velocidad de la circula-
ción general, tanto de las mercancías, como de las personas. En resumen, tal
costo es el reflejo del proceso de producción que regresa en forma de valor
para ser redistribuido en el proceso productivo, siempre en la dirección de
los sectores que demostraron más capacidad de rotación o, en otras pala-
bras, un menor tiempo en el regreso de los rendimientos. Tal financiamiento,

129
Un mundo de desigualdades

oriundo del sistema productivo, es lo que limitará y definirá las prioridades


de las inversiones en las regiones y ciudades. Si consideramos las observa-
ciones anteriores sobre las diferencias de oportunidades entre espacios re-
gionales, podremos deducir sobre qué espacios públicos serán priorizados y
calificados. Aquí se concentra una cuestión que debe ser respondida y que
fue presentada como un dilema para Benko y que parece una salida para
Castells: el papel del Estado en la capacitación de las regiones más atrasa-
das económica y socialmente. Veremos tal cuestión más adelante.
Tales factores llevan a las empresas a que tengan siempre que identificar
nuevas tecnologías capaces de reducir los costos de producción (inversiones
en capital fijo y circulante), que envuelven procedimientos en varios momen-
tos de la producción y de la circulación, además de la reducción del tiempo
de rotación del capital.
Pero, ¿hasta qué punto tales comportamientos que apuntan a la eleva-
ción de los rendimientos del capital, del control social y de la concentración
de la riqueza por algunos agrupamientos sociales, deshicieron el esquema
marxiano de explicación del proceso de producción? ¿Este esquema fue
deshecho o fue alterado en sus formatos aparentes y superficiales?
La realidad actual puede ser identificada como un nuevo momento del ci-
clo de desenvolvimiento donde las empresas han alcanzado niveles relativa-
mente muy reducidos de costos de producción, trabajando con nuevos pro-
cesos y procedimientos, que han alcanzado gran eficiencia. Eso trae como
consecuencia, reflejos importantes para la sociedad mundial (algunos gru-
pos con más intensidad que otros) y con reflejos significativos en la organiza-
ción espacial de sus resultados.
En la producción fordista, prácticamente toda la operación del momen-
to de la producción era realizada en una unidad de producción, la cual con-
centraba las más variadas partes del proceso, abarcando el capital fijo y el
capital circulante. En ese proceso, algunas irregularidades económicas fue-
ron identificadas.
En primer lugar, el exceso de inversiones en capital fijo, cuyos costos de
inversiones iniciales son inversamente proporcionales al retorno en un dado
tiempo, antes generaban una disminución en la rotación del capital y por
tanto, reducían sus tasas de ganancias. La exigencia para el aumento de la
tasa de inversiones en capital fijo ocurría de acuerdo a la concentración de
actividades en una única unidad, lo que exigía inversiones en equipamien-
tos, máquinas, gran volumen de construcción, etc. Eso, por su parte, deman-
daba más tiempo para las actividades de proyecto y de construcción, hasta
alcanzar el momento de la operación. El exceso de control sobre variadas

130
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

actividades de producción, como el sistema de transportes y logística, los


sistemas financieros, la contabilidad, la seguridad, los servicios de manteni-
miento, las prácticas administrativas, etc., exigían inversiones grandiosas y
complejas.
En el interior de esta unidad ocurría todo el conflicto entre los intereses
empresariales y los de los trabajadores, de donde estos últimos asumían ver-
daderamente su papel de fuerza de trabajo, que recibe parte del valor crea-
do en forma de salario. En tales circunstancias, los conflictos se exponían
con más intensidad, las organizaciones laborales se desenvolvían con más
capacidad de reivindicaciones y los resultados obtenidos en las negociacio-
nes forzaban negativamente las tasas de ganancia de las empresas. Como
consecuencia, crecía la falta de estímulo al trabajo y la incorporación a la ru-
tina retiraba la productividad y, consecuentemente, disminuía la tasa de ga-
nancias.
Como el momento de la producción adicionaba valor pero no se organi-
zaba de una forma espacial, había una alta concentración de actividades en
un menor número de unidades de gran porte. En esas condiciones, relativas
a las de hoy, las transacciones repercutían con menos intensidad en los am-
bientes públicos y abiertos, ya que los caminos eran más definidos entre los
puntos de grandes unidades de producción y de comercialización. Como
eso también ocurría en las industrias de bienes de capital y de bienes de
consumo, tal procedimiento era similar al general. Lo que quiere decir que
las tasas generales de ganancias del capital eran operadas en un ambiente
constituido por un menor número de empresas y con una alta presencia de
inversiones privadas. Como consecuencia, los espacios públicos de circula-
ción eran constituidos por concentraciones de unidades de comercializa-
ción, de servicios de apoyo, etc. En tal circunstancia, había reflejos más sig-
nificativos de las unidades de producción sobre las áreas urbanas de sus
proximidades, las cuales se especializaban más para así responder a las de-
mandas por servicios y comercio de apoyo a la producción. Si una unidad de
producción concentraba varias formas de actividades y personas, demanda-
ría una cierta cantidad de actividades de apoyo en una región cercana y ac-
cesible, relativamente. Tal apoyo se procesaba en centros comerciales, etc.,
en ofertas de mercancías, pero concentrado en un determinado espacio,
más accesible para las unidades de producción industrial.
Al actuar sobre tal proceso de producción, la regionalización era más de-
finida, más explícita formalmente, más rígida geográficamente. De la misma
forma, y como consecuencia, el proceso de planeamiento y de intervención
en la organización para el desenvolvimiento regional era efectuado con un

131
Un mundo de desigualdades

tiempo más largo, aquel compatible a la rotación general del capital. Era po-
sible realizar proyectos regionales con un horizonte amplio y concentrando
las atenciones en las respuestas a las demandas de un determinado espacio
regional, lógicamente que analizando sus lazos de intercambios comerciales
con otros países u otras regiones. Pero eso ocurría como consecuencia de
una división espacial del trabajo, donde las relaciones espaciales en el me-
dio, eran más definidas en determinados sectores y de acuerdo a los límites
de las fronteras políticas y administrativas, nacionales o internacionales.
Los gobiernos nacionales eran relativamente más fuertes, porque los lí-
mites políticos e institucionales les permitían administrar ambientes econó-
micos y sociales con más control, operando con menos rotación del capital
–más estabilidad–, con menos cantidad de flujos entre unidades de produc-
ción –menos espacialidad y menores costos públicos relativos–2 y teniendo
la responsabilidad de tratar con límites regionales o nacionales más defini-
dos en términos de intercambios comerciales. Aunque desde los grandes
descubrimientos de los siglos XV y XVI, haya ocurrido transacciones comer-
ciales entre continentes, había un control gubernamental significativo de los
flujos en las fronteras, cuyos movimientos de apertura comenzaron a ocurrir
gradualmente y con más velocidad a partir de la Segunda Guerra Mundial.
En el ambiente interno de las naciones, el sector público obtenía más capa-
cidad para inducir la localización de unidades de producción, utilizando sub-
sidios, incentivos fiscales y algunas inversiones en infraestructura de comuni-
cación, transportes y energía, además de aquellas necesarias a la calificación
de las áreas urbanas de apoyo.
La actual «producción flexible», que superó la fase fordista, es el resulta-
do de una reestructuración del proceso de producción, en todos sus mo-
mentos, en la búsqueda por aumentar la valorización general del capital. Eso
ocurrió, fundamentalmente, en la época de la producción, en las relaciones

2 Aunque no sea el objetivo de este trabajo investigar tales aspectos a profundidad, que-
da levantada la pregunta sobre el aumento de los costos públicos en elementos de circulación
general. Veremos a continuación, que es común creer que hubo una reducción en las recetas
gubernamentales, pero no se considera, lo que también merece estudios complementares,
que puede haber habido una baja general de las actividades económicas y sociales que repre-
sentan una alta contribución con tales recetas, ya que ellas pueden haber crecido relativamen-
te, frente al volumen de producción económica general realizada. Sí así fuera, se elevó la orga-
nización espacial de las actividades económicas, demandando más intensidad de circulación
pública de las mercancías y las personas, mientras que se retrocedieron las capacidades del
sector público para ofrecer tales condiciones. En tal situación, los elementos de circulación
más importantes tienen prioridad, mientras que aquellos de menor importancia en volumen de
carga de flujos comerciales se quedan marginados cada vez más. Eso puede concretizar las
tendencias de creación de guetos, de extractos sociales cada vez más diferenciados, identifi-
cadas por Castells y claramente justificadas por Marx.

132
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

entre el capital y el trabajo; en el aumento de la rotación del capital y en el


papel de la institución (estatal o privada) capaz de anticipar los costos de in-
versiones en el capital fijo e incluso en el capital circulante.
Una alteración significativa para todo el nuevo proceso de producción
fue la repartición del momento de la producción en varios procesos, separa-
dos por sus fases, por subproductos, que se complementan para formar un
nuevo subproducto o una mercancía. El esquema del momento de la pro-
ducción tiene las mismas características de antes, no obstante, ahora, esos
momentos que antes podían realizarse en una única unidad de producción,
de una empresa, pasan a realizarse en varias unidades, en varias empresas,
cercanas o lejanas, a miles de quilómetros unas de las otras. Esto produjo el
sentimiento de la mundialización del capital, como comenta Mézáros (2000:13):
«el sistema del capital se movió inexorablemente en dirección a la «globali-
zación» desde su inicio». ¿Y por qué eso sucedió? No hubo un beneplácito
de un conjunto de empresarios, ni siquiera el esquema de reproducción ca-
pitalista fue repartido con vista a crear nuevas oportunidades de trabajos o
de inversiones para miles de personas. Lo que sí hubo fue una creativa e im-
portante repartición de las inversiones en el costo fijo, e incluso, en los cos-
tos de circulación, aquellos que tienen menos rotación en un dado tiempo y,
por lo tanto, atrasan el proceso de reproducción social. Tal repartición por
unidad de producción de menor porte, y responsable por la producción de
una parte del proceso, también disminuye la relación entre inversiones en
estos capitales y la ganancia obtenida. ¿Cómo esto ocurre? Evidentemente
que la aglomeración de inversiones en capital fijo en una única unidad de
gran porte, obtendría un costo relativamente menor que el de la repartición
en varias unidades. Pero eso solo ocurriría en el caso de que el proceso pro-
ductivo no se alterara, continuara ocurriendo exactamente igual a aquel
practicado en el régimen fordista. Lo que sucedió fue que hubo una incor-
poración de nuevos instrumentos de control administrativo y nuevas tecno-
logías de transportes y de comunicaciones, reforzadas por los avances en la
microelectrónica, que posibilitaron que los costos de esas nuevas unidades
se volvieran relativamente más bajos. La administración y el control estraté-
gico de una serie de unidades de producción fueron centralizados, mientras
que las propias unidades tuvieron la posibilidad de descentralizarse. Eso se
permitió por varias razones: primero porque los avances tecnológicos permi-
tieron la operación de la producción con máquinas y equipamientos moder-
nos, intensivos en capital, excluyente en mano de obra, por lo que los costos
iniciales podían ser comparativamente menores que los costos sociales cre-
cientes en la mano de obra; en segundo lugar, sin un orden en la jerarquía,

133
Un mundo de desigualdades

vinieron los avances en la informática que crearon nuevos canales para el


control de las máquinas y equipamientos y permitieron la circulación de in-
formaciones por las nuevas vías de comunicación (que algunos denominan
infovías); y en tercer lugar, los medios de transportes aéreos, terrestres y ma-
rítimo/fluvial se interconectaron en sistemas intermodales, capaces de ajus-
tar, en sincronía, el tiempo de transporte de las mercancías a grandes distan-
cias y, con eso, disminuir los costos por unidad/producto, principalmente
para las cargas de menor valor agregado.
Pero eso también está sujeto a otras razones.
La repartición del proceso de producción, al descentralizar los procesos,
también repartió las actividades de apoyo, que se transformaron en servicios
y se trasladaron para fuera de las propias unidades parciales y descentraliza-
das de producción. Fueron las intermediaciones de los servicios que se vol-
vieron rutinarias dentro de los ambientes industriales e incluso dentro de
otros ambientes con tratos modernos de producción (agroindustriales, por
ejemplo). Se repartieron, por tanto, los procesos industriales que producían
valor, así como también los servicios de apoyo hacia donde eran transferidos
algunos de los valores generados en la producción. Como resultado espacial
(veremos más adelante) esa repartición tuvo una organización espacial dife-
renciada. También esta descentralización consistió en la reducción de los
costos en el capital fijo y el capital circulante.
En el primer caso, las unidades pasaron a asumir apenas los valores nece-
sarios para efectuar sus tareas, cada vez más realizadas por máquinas y con-
troladas electrónicamente a distancia. En el segundo caso, las actividades
que consisten en grandes proporciones de utilización de la mano de obra
fueron separadas e intermediadas.
Lo que Marx denominaba «capitalistas y trabajadores» (el primero como
controlador del capital y el segundo como miembro de la fuerza de trabajo
y participante en la producción de valor al producto-mercancía, a través del
recurso de la plusvalía) pasó a repartirse en más segmentos.
Los denominados capitalistas aún tienen el control de las unidades de
producción, de generación de valor, evidentemente obedeciendo a una gran
jerarquía, aunque cada vez un menor número de ellos sea responsable por el
control del proceso a escala mundial. Esa jerarquía no constituye una nove-
dad, ya que esa categoría todavía mantiene el control del proceso.
Sin embargo, en la clase de los trabajadores hubo una repartición im-
portante. Debemos buscar una ayuda de Castells, que denomina esta re-
partición entre la mano de obra «altamente productiva» y una gran parte
desechable. La primera, él denomina como «productores», que articula el

134
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

empleo de la segunda categoría, y la segunda es considerada la mano de


obra «genérica», «que se encuentra en un limbo entre el empleo tempora-
rio y el desempleo» (Castells, 1999c: 421-422).
La diferencia entre esas clases de trabajadores, que puede ser cuestiona-
da, subdividida, aunque eso no afecte nuestro raciocinio, reside en que una
parte de ella fue aprovechada en la repartición entre los promotores y los
controladores menores de los procesos secundarios de producción. Son
aquellos que se trasladaron de las unidades de producción y que controlan
pequeñas unidades de producción o también aquellos que fueron traslada-
dos para los servicios intermediarios.
Bajo tales condiciones, una dada clase de trabajadores se transformó en
empleadores, pero no capitalistas. En esas circunstancias, la responsabilidad
fue repartida, para también reducir los costos generales con el capital fijo y
circulante. Sin embargo, esas unidades controladas por lo que Castells de-
nomina como «productores», constituyen aquellas unidades que imprimen
al proceso de producción, un valor que es transferido para las unidades que
les dan financiamiento, prácticamente como si fuera una nueva forma de pa-
go de salario empresarial. Teixeira (1995: 25, 33) destaca el hecho de que las
grandes corporaciones «están transformando una parte creciente de sus tra-
bajadores en pequeños empresarios», en socios, colaboradores, etc.
Aún buscando apoyo en Castells, que resalta un dilema: ¿hay una repar-
tición en pequeñas empresas o hay una dependencia de los grandes conglo-
merados de empresas? Unos autores defienden la tesis de la repartición co-
mo una forma de aumentar la productividad, y otros defienden que tales
unidades de pequeño porte son dependientes financiera y tecnológicamen-
te de las grandes empresas. Evidentemente que, delante de las considera-
ciones atrás realizadas, las ideas aquí desarrolladas confluyen para las dos
opciones, o sea, la repartición aumenta la productividad general, pero hay
una articulación en forma de dependencia de la red de empresas.
En esas condiciones de repartición de la producción y de los procesos
contenidos en cada unidad de producción, aparece un resultado espacial
importante. Ese conjunto de pequeñas unidades, que relativamente tiene
como resultados pequeños valores relativos en la tasa de ganancia, pero
que trae mejores resultados en un determinado tiempo, de acuerdo a la ele-
vación de su rotación, se localizan bajo los más variados criterios de organi-
zación espacial. Lo importante es que estas unidades sean libres y estén au-
torizadas (subordinadas a mecanismos generales de mercado) para buscar
sus propios criterios. En determinadas situaciones ellas deben ocurrir dentro
de aglomeraciones y en otros casos de una forma dispersa en algún local del

135
Un mundo de desigualdades

planeta. El sentido más alto es ser competitivo, tanto al producir, como al


encontrar compradores. Ellas se multiplican y sirven a muchas otras unida-
des, así como sus materiales o materias primas pueden ser suministradas por
otras tantas unidades, localizadas en varias partes del planeta.
Eso no quiere decir que la organización espacial ha dejado de tener un ne-
xo, una lógica geográfica. La producción flexible permitió que algunas unida-
des se desplazaran para nuevos territorios, pero, en general, algunas áreas
históricas en concentración de las unidades de producción fordista aún
son líderes en la producción industrial y en los intercambios comerciales a
escala mundial. Si analizamos las tendencias de crecimiento del PIB indus-
trial mundial entre 1988 y 2000, podemos afirmar que hay una tendencia a
la descentralización de las unidades industriales hacia países de Asia, que
podrá ser el área industrial más fuerte del planeta, África, Medio Oriente y
América Latina. En contrapartida, desde el punto de vista de la producción
industrial, Europa y América del Norte están tendiendo a reducir sus parti-
cipaciones relativas mundiales, a pesar de ser aún los países líderes en esa
producción (tabla 5.1).

Tabla 5.1. Participación de la producción industrial mundial por región:


proyecciones para el año 2000 (%)

Países y continentes Año


1988 2000
América del Norte 23,4 18,0
África y Oriente Medio 1,7 2,7
América Latina 3,0 4,6
Europa Occidental 27,3 24,6
Europa Oriental 17,6 15,2
Otros países asiáticos y oceánicos 4,9 8,0
Región de Asia desarrollada 22,1 26,2

Fuente: Castells (1999a: 127), citando cálculos del CEPII a partir del modelo Industrie 2000 y
de las bases de datos CHELEM y PIM.

El espacio trae un argumento histórico importante, aunque eso no pue-


da ser considerado determinante. Hay una tendencia a que la lógica de la
mayoría de las unidades de producción, en general y en todos los segmen-
tos, contenga en sus mecanismos de localización, una proximidad a otras
unidades. Evidentemente que las atracciones o necesidades de cada una

136
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

de ellas son diferenciadas de acuerdo a sus características de producción y


circulación: porte, relaciones con los suministradores de materiales, con los
compradores de sus productos y con los elementos de infraestructura y am-
biente socioeconómico de sus proximidades. En cada caso, las exigencias
locales dan un peso mayor o menor a cada uno de esos factores, lo que ha-
ce, que a principios, no se pueda previamente determinar el liderazgo en
uno de ellos. Algunos de esos factores son encontrados en espacios en los
que varios aspectos socioeconómicos los han utilizado en tiempos diferen-
tes. Pero tal movimiento es dinámico y se reforma, se moderniza continua-
damente, tanto en los factores que estructuran el espacio, como en sus re-
sultados territoriales.
Eso quiere decir, por ejemplo, que los excedentes de la fase inicial de la in-
dustrialización en Europa y en los Estados Unidos, crearon las condiciones de
instalación de capital físico y circulante, además de que trazaron los requisitos
necesarios para una mano de obra calificada, desenvolvieron centros de inves-
tigaciones en tecnologías, montaron una red de infraestructura de transporte
y de comunicaciones y desarrollaron una red de ciudades que da soporte a sus
actividades socioeconómicas, todo eso haciendo que algunos espacios se vol-
vieran competitivos, frente a los demás lugares del planeta.
No obstante, con la reproducción gradual y creciente del valor (dándole
énfasis a los constantes avances tecnológicos, que reducen los costos y alte-
ran otros comportamientos de la producción y el consumo), y con el creci-
miento de la población y la exacerbación inherente de los conflictos internos
del capitalismo (sociales y ambientales) ocurre un desgaste espacial, que da
como resultado una utilización rotativa de los territorios. En determinadas
ocasiones ocurre una reestructuración dentro de una misma región espacial,
en otras situaciones hay una descentralización de determinadas unidades o
un conjunto de ellas o puede haber un inutilización general de determinados
espacios y territorios en beneficio de otros, como también hay una expan-
sión gradual de los espacios ocupados por las actividades socioeconómicas
en una escala mundial.
Lo que se puede decir es que la historia muestra, como afirmó Benko,
que hace siglos, principalmente los más recientes a la experiencia capitalis-
ta, que ocurren situaciones que parecen avanzar en una dirección y en otros
tiempos hay movimientos que parecen retroceder en otras direcciones. Más
recientemente, tanto en la fase fordista como en la actual fase de la produc-
ción flexible, encontramos situaciones en las que los movimientos ocurren
de forma diferenciada en varias partes del planeta (a ejemplo del crecimien-
to del PIB industrial en Asia, África, Medio Oriente y América Latina) y tam-

137
Un mundo de desigualdades

bién movimientos que pasan a ser comunes en todo el mundo, como es el


caso de los flujos financieros, reconocidamente mundializados por todos los
expertos en el asunto, a pesar de los matices regionales.
Lo que parece ser relativamente estable es la lógica del sistema capita-
lista, ahora hegemónicamente actuando sobre todas las partes del plane-
ta.3 Y bajo esta égida, los resultados espaciales son una expresión visible y
consecuente de su desenvolvimiento en momentos y lugares distintos. El
espacio, por sí mismo, no contiene categorías de valores capaces de encon-
trar una lógica de sustentación de sus formatos o procedimientos. Sin em-
bargo, participa en el proceso, auxilia en la reducción de los costos de pro-
ducción, puede aumentar la rotación del capital y, en fin, es parte de la
reproducción social.
Como afirma Mézáros (2000: 11; 2002:105), hay fracturas en el capita-
lismo que no pueden ser previamente ajustadas y controladas, pues son
inherentes a él. La «triple fractura» a que él se refiere es a la incapacidad
de controlar la producción, de contener la crisis en el desequilibrio entre la
producción y el consumo y a las dificultades de ajustes entre la producción
y su circulación.
Eso quiere decir que las unidades o un conjunto de unidades de produc-
ción carecen de una visión espacial, en un determinado tiempo y caracterís-
ticas de producción, para obtener competitividad. Pero hay una incapacidad
estructural en el capitalismo para organizarse adecuadamente y hacer fun-
cionar el conjunto de los elementos constituyentes de su sistema, de forma
equilibrada, incluso su recorte regional. El problema es que su lógica está
formada por tales fracturas, aquellas que le permiten hacer y rehacer movi-
mientos, diseñar y rediseñar sus espacios y, a partir de eso, dar sustentación
a su búsqueda constante por la adición de valor, por su papel en la repro-
ducción de la sociedad.
Pero la aparente impresión de la defensa de un sistema anárquico se ago-
ta, cuando identificamos que en la repartición del proceso de producción
actual hay mecanismos no formales que han sido desenvueltos para permitir
las articulaciones, con las más variadas formas de gestión. La aparente liber-
tad de los movimientos de las unidades productivas en la búsqueda de sus
mejores localizaciones, no genera una dispersión que se pueda imaginar

3 Mézáros (2002:16) hace una diferenciación entre el capital y el capitalismo, donde consi-
dera que el capital ya está imperando desde los tiempos del mercantilismo, y el capitalismo es
apenas una forma de utilización del mecanismo del capital. El autor también considera que las
experiencias de la Unión Soviética pueden ser consideradas como un «sistema de capital pos-
capitalista».

138
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

que es aparente. La repartición de la producción vino acompañada, y tam-


bién por eso es que sucedió, por mecanismos de control y gestión del pro-
ceso de sincronía, no suficientemente capaz de ajustar totalmente el proce-
so, pero capaz de intentar organizar de la mejor manera posible cada momento
de la producción.
Los avances en la tecnología, que repercutieron en los medios de comu-
nicación y en los sistemas de logísticas en transporte, motivaron la moderni-
zación de procedimientos administrativos que permitieron integrar de una
forma instantánea, las unidades aparentemente dispersa territorialmente.
Tal integración ocurre tanto en el centro de las administraciones de proce-
sos, de flujos financieros, de ordenamiento sobre los procedimientos pro-
ductivos, de actualización on line de sistemas de informaciones, etc., como
en lo que se refiere a la diminución de los costos de circulación de capitales,
mercancías y personas. En ambos casos, la reducción de los costos obteni-
dos por el capital fijo y parte del capital circulante, de acuerdo a la localiza-
ción de cada unidad de producción, compensan los costos de traslado de la
mercancía. En sentido general, como ya vimos, el aumento de la rotación
ayuda a elevar la tasa de ganancia. Y en el formato de una ciudad, de aglo-
meración de actividades, esto asume su papel más relevante.
Tal situación ha traído otras condiciones a la realidad socioeconómica
mundial. En primer lugar, eso exigió la construcción de un ambiente social
que incorporara la necesidad de articulación entre las instituciones (inter e
intra) y las personas. Una gran parte de las actividades se comenzó a desen-
volver, tanto en términos de métodos, como en sistemas o software, para
ser empleados en ese proceso de control y administración. Para dar res-
puesta a eso, se crearon nuevas empresa con nuevas funciones, y algunas de
ellas adquirieron la capacidad de generar valor y otras se transformaron en
simples suministradoras de apoyo al proceso de producción, en su mayoría
trasladada del interior de las unidades de producción fordista.
Si consideramos los datos presentados por Castells (1999a: 233-237), los
servicios conectados a la producción y aquellos vinculados a la distribución
fueron los que aumentaron la oferta de empleo. En el primer caso (produc-
ción), los empleos continuaron creciendo desde la década de 1920, alcanzan-
do una tasa de crecimiento entre 1970 y 1990 en el Reino Unido del 5 al 12%;
en los Estados Unidos del 8,2 al 14% y en Francia del 5 al 10%. En el segun-
do caso (servicios) representaron el doble de los empleos de los servicios co-
nectados a la producción y, además de Alemania, ellos crecieron en Japón,
Canadá y en Francia. Fueron esos dos tipos de servicios los que participaron
más directamente en el proceso de reestructuración productiva.

139
Un mundo de desigualdades

Por otro lado, los servicios sociales crecieron más en la década de 1960,
siendo que entre los años 1970 y 1990 hubo poco crecimiento en los Estados
Unidos, Canadá y Francia; obteniendo una tasa alta en Alemania, Japón y
Gran Bretaña. Los servicios personales mantuvieron una estabilidad en el
período, aunque eso depende del tipo de servicios y de los países conside-
rados. Se supone que estos dos últimos tipos de servicios sufrieron, de cier-
ta manera, un menor impacto de la flexibilidad en la producción.
Así, en ese nuevo ambiente, hay nuevas y antiguas actividades, sin em-
bargo ahora todas ellas agregadas a un nuevo cuerpo de intenciones: crear
las condiciones para administrar una red de unidades de producción distri-
buidas en varias partes del planeta, pero que constituyen varios sistemas in-
tegrados de producción.
Ese grupo presenta una importancia significativa en la economía mun-
dial, porque es calificado para el trabajo complejo, bien remunerado, creati-
vo y ágil para acompañar la elevada rotación del sistema. Él pasa a ser la in-
teligencia del sistema, pero no el controlador del capital. Por eso, a ese
grupo le corresponden los ajustes necesarios, direccionar inversiones para
los lugares y posiciones con más ganancias y no para los lugares o regiones
que ellos desean. Sus determinaciones son aquellas definidas por la busca
del aumento del valor, donde algunos condicionantes sociales y los predica-
dos regionales participan, pero no lo definen.
Como tal, su herramienta más importante es el conocimiento, la informa-
ción, bajo variados aspectos y de variadas formas, sobre los sucesos en dis-
tintos puntos del planeta.
La dinámica de los hechos produce la sensación (apenas una sensación)
de que el capitalismo ha alterado su estructura, que la sociedad local adqui-
rió una autodeterminación, o que las diferencias culturales tienden a una
convergencia, en forma de agregación de variadas formas con un solo com-
portamiento, el «posmoderno».

5.2.3 Flujos financieros mundiales

Las actividades productivas, aun con todas sus reestructuraciones no fueron


capaces de ofrecer las tasas de rentabilidad que el circuito financiero pre-
sentaba. Esa incapacidad se debe al hecho de que tales actividades no pro-
ducían más «valor y plusvalía», en una escala mundial, de acuerdo a la reduc-
ción de las tasas de salarios y a la de las altas tasas de empleos, viniendo a
crear una descompensación entre la producción y el consumo.

140
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

Eso trae como resultado una decadencia enorme en la tasa del PIB mun-
dial, que disminuyó de 5% en 1970 a un poco más del 2% en 1999. En los
Estados Unidos, la tasa disminuyó del 4% en 1960 al 2% en 2000. En Japón,
la decadencia fue aún más fuerte, pasando del 10% en 1962, a –2% en 2000.
Aliado a esto, hay una persistente decadencia en la productividad del traba-
jo, donde solamente en los Estados Unidos las tasas disminuyeron del «3% a
inicios de 1960 y de un poco más de 1% en 2000». Todo eso agravado, y
también como consecuencia, del aumento de la capacidad ociosa de la in-
dustria instalada (Carvalho, 2003: 43-44).
Mézáros (2002: 342) acentúa que estamos siendo testigos de «un desem-
pleo que crece crónicamente en todos los campos de la actividad, aun cuan-
do es disfrazado como «prácticas laborables flexibles»..., y «una reducción
significativa del patrón de vida...». Según este autor,4 en 1993 había 336 mi-
llones de personas desempleadas en el mundo, mientras que el número de
personas empleadas alcanzaba solamente 307,6 millones, lo que quiere de-
cir que el número de desempleados es más alto que los que consiguen una
plaza en algún tipo de trabajo.
Además, el comercio mundial obtuvo un crecimiento de 5%, entre 1984 y
1994, mientras que la tasa de crecimiento de la producción tuvo alrededor de
una tasa de 2% al año (Chesnais, 1998: 18). ¿Cómo se explica este fenómeno?,
¿Quién estaría transfiriendo esos flujos para la circulación en el comercio?
En este aspecto hay una convergencia importante en el pensamiento de al-
gunos autores contemporáneos, entre ellos Castells, Chesnais, Sassen, Mézáros
y Benko, sobre el carácter expansivo de las transacciones financieras a escala
mundial y sus relaciones con el proceso productivo, con su base espacial, aun-
que su organización espacial se desenvuelva con determinadas autonomías.
Para que eso pudiese ocurrir, fue necesario un proceso importante de
aprovechamiento de la ruptura de las fronteras, también aprovechadas por
los procesos productivos flexibles recientes. A la misma vez, eso fue también
incrementado por los mismos avances tecnológicos que permitieron la re-
partición de la producción, presentada anteriormente, aunque en este caso,
los recursos de las comunicaciones online, se desarrollaron más para permi-
tir las transferencias de valores para cualquier parte del planeta con seguri-
dad. Fueron tomadas decisiones políticas importantes para que el circuito fi-
nanciero alcanzara la escala mundial, estas van desde el Tratado de Maastricht,
Consenso de Washington, el Tratado de Marrakech, la Organización Mundial

4 Citando: Sem Sukomal, Working class of india: History of the emergence and movement
1830-1990, with na overwiew up to 1995, Calcuta, K.P. Bagchi & Co, 1997, p. 554. p. 10

141
Un mundo de desigualdades

del Comercio (OMC), etc. (Chesnais, 2001: 11). Gobiernos como los de
Magareth Thatcher y Ronald Reagan dieron los primeros pasos para que hu-
biera una desreglamentación financiera en sus países y alcanzaran inmedia-
tamente otras regiones del mundo.
Este mercado financiero se extendió a partir de los principales países y
pasó a ser controlado por las instituciones bancarias, las compañías de segu-
ro, los fondos importantes de planes de jubilación y de pensión y las socie-
dades financieras, que concentran las inversiones dispersamente localizadas
en varios países del mundo (Chesnais, 1999: 8).
Sus reacciones son exóticas, relativas a aquellas desarrolladas por el sec-
tor productivo, son sensibles y reaccionan a los movimientos más variados
posibles, aquellos que pueden presentar señales tenues de lo que podrá
ocurrir en el futuro, aunque eso no presente grandes garantías. Pero tam-
bién sensibilizan al sector productivo y le generan reacciones importantes en
un dado tiempo. Por sí solo, tales movimientos se vuelven independientes
dentro de sus formatos, en días diferentes, dentro de noticias creadas vir-
tualmente, en los movimientos especulativos dirigidos, etc., aunque, en ge-
neral y en el sentido estructural, tales reacciones estén ancladas en el sector
productivo, pero con la libertad de moverse hacia varias direcciones, en va-
rios países o regiones.
Sus movimientos están relacionados con las empresas o conglomerados
de empresas que generan valor, tanto en lo que respecta a los reflejos de las
ganancias individuales de esas unidades de producción, como también en el
sentido contrario, donde el circuito financiero controla el ritmo de las inver-
siones en tales unidades de producción, en porte, características, orden es-
pacial y repartición de la receta. En un sentido más general, es una nueva
forma de acumulación, «predominantemente financiera», donde hay una va-
lorización del propio valor, donde el dinero se reproduce por sí solo, sin nin-
guna intermediación directa del sector productivo. «Los inversionistas insti-
tucionales se convirtieron, por medio de los mercados financieros, los
propietarios de los grupos...», creando una nueva y un relativamente menor
extracto de controladores de las actividades sociales, teniendo repercusión
en prácticamente todas las partes y todos los países del mundo (Chesnais,
2001: 8-9). Hay, crecientemente, movimientos de articulación de bolsas de
valores, con el objetivo de concentrar las intermediaciones, cada vez más. A
fines de los años ochenta e inicios de los noventa, algunas bolsas de valores
de países pobres como São Paulo, Buenos Aires, Ciudad de México, Taipéi,
Moscú y otras se articularon con el mercado, antes conectado solamente en
el Hemisferio Norte. En la mayoría de los países, las actividades financieras

142
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

ya habían sido concentradas en una o dos bolsas de valores y, más reciente-


mente, ese movimiento está tendiendo a agregar los movimientos de bolsas
de valores que concentran los movimientos a escala mundial. Pero en ese
proceso hay una división de funciones de cada centro, jerarquías, coopera-
ción, alianzas y fusiones, que tienden a redundarse en una concentración
más alta del dinamismo y del control establecido con los movimientos finan-
cieros mundiales (Sassen, 2003: 5, 17-18).
Es como si en el proceso de producción, dejara de suceder el momento
de la producción y la circulación, niveles donde ocurre la plusvalía, donde
se produce el empleo, donde ocurren las inversiones en el capital fijo y cir-
culante y donde el proceso siente la necesidad de inversiones en la infraes-
tructura de las vías, de los equipamientos sociales. En dichas circunstancias,
desaparece una parte de las causas de la formación de la red de ciudades,
donde el proceso histórico consolida los comportamientos sociales y cultu-
rales, donde estos comportamientos se rebaten en el territorio en forma de
distintos ambientes construidos, guardando el registro de ocurrencias hu-
manas en varios pasajes del tiempo, en sus más diferentes formas de vivir.
En el ambiente financiero, hay una formación de nuevos servicios de apo-
yo, especialmente sofisticados, y los más importantes están localizados en
los grandes centros. Existe una exigencia de que ese ambiente sea constitui-
do por personas con una calificación capaz de saber reaccionar a los movi-
mientos de carácter mundial o crear situaciones que puedan alterar el dina-
mismo en los centros más densos en circulación financiera. Eso produce
centralidad, jerarquía y red de articulación, tal como también ocurre con las
redes del sector productivo, sin embargo con un formato estricto y califica-
do. Por tanto, excluyente de mano de obra y extremamente prudente en sus
reflejos espaciales, aunque no deje de reforzar determinadas localidades,
como veremos más adelante.
Si comparamos la concentración de las actividades del sector productivo
con aquellas realizadas por el sector financiero, podemos concluir que sus
afinidades espaciales son muy elevadas. En todos los aspectos, las concen-
traciones de las transacciones comerciales se encuentran, donde «los datos
actuales indican el crecimiento del comercio y de la inversión tanto en la lla-
mada tríada5 (EE UU, Japón y Europa) como en los tres bloques» (Castells,

5 Expresión utilizada para caracterizar la concentración de las actividades económicas y la


interdependencia de los flujos entre América del Norte, Europa Occidental y Japón, que
Castells (1999a: 125), atribuye a Ohmae, Kenichi (1985) Triad Power: The Coming Shape of
Global Competition, Nueva York: Free Press.

143
Un mundo de desigualdades

1999: 117),6 a pesar de haber una tendencia a la descentralización del creci-


miento de las tasas del PIB hacia otras regiones del mundo. La tríada repre-
senta la concentración de la riqueza del poder y de la tecnología, como afir-
ma este mismo autor, y su conjunto expresa un tercio de todas las transacciones
comerciales, considerando las importaciones y las exportaciones (figura 3).

Figura 3. El peso de los tres polos de la tríada en los


intercambios mundiales (cambios intra e interregionales
en el porcentaje del comercio mundial, exportaciones
e importaciones).
Fuente: Chesnais (1998: 15).

Pero tal libertad de movimiento del sector financiero, a diferencia de lo


que se puede deducir aparentemente, utilizó fuertemente el papel del Estado.
Aunque tal sector haya tenido una participación más amplia en la desregla-
mentación financiera, realizada por los estados nacionales, como conse-
cuencia, eso trajo como resultado una pérdida relativa de la función estatal
en la inducción del proceso de desenvolvimiento económico. Con la dismi-
nución relativa de las actividades económicas en el mundo, los gobiernos
locales también sintieron las transformaciones en sus papeles, como ya
planteamos anteriormente. El Estado no tiene relación directa con el sector

6 Citando Stallings, Bárbara (1993) The International Context of Development, Madison,


WIS: University of Wisconsin, Serie de trabajos Sobre el Nuevo Contexto Internacional de
Desenvolvimiento, nº 1, p. 21.

144
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

financiero, ni en una escala local ni mundial, ya que no hay una institución


planetaria (aunque haya regional, tal como los bloques económicos) que
controle el proceso. Incluso, Mézáros (2000: 13-14) destaca el hecho de que
tales flujos financieros operan libremente, sin la necesidad de instituciones
que tengan una forma de gobierno con un carácter globalizante, aunque
haya instituciones que ayuden a impulsar el proceso, tales como los bancos
y los fondos internacionales.
Pero el sector financiero tampoco tiene una relación directa con el día a
día de las personas o grupos de personas, en sus actividades de comerciali-
zación de mercancías o en la producción de ellas. Ni siquiera ese sector tie-
ne representación, de una forma institucional, en las relaciones políticas es-
paciales de desarrollo, porque se trata de un sector que vive como fuera de
la realidad, creando una especie de virtualidad, de escuchar hablar, sin tener
comunidad con cualquiera de sus representantes.
En realidad, ese papel de interlocución con los grupos sociales (los pro-
ductores y los genéricos, en la visión de Castells) está bajo responsabilidad
de empresas conectadas a las líneas de producción, a los productores agrí-
colas, a los comerciantes, los más variados prestadores de servicios, etc., en
conjunto con los gobiernos (Chesnais, 2001: 20). Todos ellos representan la
realidad capitalista, pero realmente, ejercen poco control sobre los libres flu-
jos financieros internacionales, por lo menos en sus corrientes más fuertes.
Además de eso, los gobiernos tienen la importante tarea de la regulación de
fusiones de empresas, de organizar las privatizaciones, de acompañar las re-
laciones institucionales que le dan soporte al mundo real de la producción,
pero que están articuladas con el mundo virtual de los flujos financieros.
Pero los gobiernos perdieron fuerza sustantiva (en períodos de crisis, eso
puede retroceder) aunque las tentativas de los gobiernos regionales, de los
bloques tengan la perspectiva de restaurar un poco de control, tanto en la
repartición de la producción, como en la internacionalización de los flujos fi-
nancieros. Este conjunto de factores, realizados de forma articulada, consti-
tuyen una limitación para la inducción al proceso de desenvolvimiento regio-
nal. Un capitalismo que no presenta sus instituciones claramente, que tiene
la característica de volverse incontrolable, universal y en una parte ausente
de territorialidad, no acepta intervenciones que le retiren la libertad de re-
producirse a escala ilimitada en valor y en espacio. Pero también el capitalis-
mo en su fase actual, nunca dispensará el papel del Estado para disolver los
conflictos localizados o viabilizar las acciones e inversiones capaces de po-
tencializar sus fuerzas, aquellas que le dan el combustible para que se reali-
ce plenamente.

145
Un mundo de desigualdades

En estos límites se encuentra una zona que permite que vaguen las más
variadas ideologías y que intentaremos reducir su campo de acción, a conti-
nuación, en lo que respecta al campo teórico de las discusiones sobre el
desenvolvimiento regional.

5.3 Dinámica del desarrollo regionalizado: límites y posibilidades

5.3.1 Las actividades socioeconómicas y el espacio

Dos cuestiones se consideran primordiales para reconocer los reflejos espa-


ciales del desarrollo socioeconómico: la identificación de los enlaces entre
el proceso de producción y el territorio, tratando de entender sus caracte-
rísticas principales y las adherencias estructurales; y la identificación de las
alteraciones que fueron alcanzadas por la fase de la mundialización del ca-
pital, y que han incorporado nuevos e importantes reflejos al desenvolvi-
miento regional.
En el proceso de producción, algunos aspectos merecen ser destacados.
El primero se refiere al hecho de que los elementos de orden espacial es-
tarán condicionados, inicialmente, a las decisiones sobre las inversiones en
7capital fijo, a pesar de que los elementos del capital circulante están direc-
tamente vinculados, pudiendo este último ser un atractivo para las inversio-
nes en capital fijo. Pero la organización espacial está diseñada, inicialmente,
por los elementos del capital fijo (construcción de fábricas, oficinas, vías, re-
des de infraestructura, equipamientos de urbanización, etc.). Como este ca-
pital exige más tiempo de amortización de las inversiones iniciales, relativo
al capital circulante, sus elementos tienden a ser cada vez más utilizados y
condensados en flujos sociales y económicos.
Pero hay otra manera de disminuir sus costos, acelerando la rotación de
la economía y repartiendo todavía más la responsabilidad de la absorción
de tales inversiones, entre el sector público y una parte de los trabajadores,
como comentamos anteriormente. La parte del capital que obtiene más ga-
nancia en menos tiempo, es aquella en la que el capitalista apuesta la ma-
yor parte de sus excedentes. Es aquella que representa un menor costo en
capital fijo y capital circulante, relativo a las ganancias en un menor tiempo.
Eso quiere decir que la espacialidad obtenida tiende a ser dinámica e incli-
nada a encontrar siempre un camino económico de esfuerzo adecuado.
Si añadimos a eso el hecho de que el proceso de concentración de la ri-
queza tiende a jerarquizar sus flujos de capitales, mercancías y personas, po-

146
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

demos entender que hay una tendencia a que gran parte de los elementos
del capital fijo, pueda degradarse, desde que no sirva para remunerar el ca-
pital general. Pero también significa que una parte de esa espacialidad se
califique, relativamente a otros elementos que sean presentados con una te-
rritorialidad diferenciada. De eso se obtiene la formación de un «chasis» que
se vuelve cada vez más estricto en su estructura y que está conceptuado en
nuestras investigaciones, junto al colega Edmilson Carvalho, de la siguiente
forma:

...la distribución de la economía en el espacio se hace por áreas


en las cuales las concentraciones ocurren, junto a ellas, en un alto
número, donde la economía es, a un grado menor o mayor, disper-
sa y raramente hecha. Vale decir, que en las áreas de concentración
de la economía está más centralizado el capital y más concentrado
el producto social. Comprendemos que hay un «chasis» que fun-
ciona como el mecanismo espacial de la actividad económica y so-
cial, esto es, de la producción y la circulación (y de todas las demás
actividades que se concentran alrededor de estas) en su unidad. Él
une el centro de todas las actividades productivas esenciales al de
los mercados y al de las fuentes de materias primas por la vía de la
estructura «ósea» de la circulación. Desde el punto de vista de los
agregados, el chasis articula las ciudades con su región y la región
de que se trata con otras regiones... el chasis no es una estructura
estática, al contrario, es una estructura subordinada a una perma-
nente transformación, de conformidad con los movimientos de la
propia acumulación general de capitales, con sus presupuestos de
producción y circulación... el chasis de una determinada región co-
necta regiones de un determinado territorio entre sí, el conjunto
de regiones de un mismo territorio con las regiones de otros terri-
torios y conecta incluso regiones y ciudades entre sí. (Porto&
Carvalho, 2006: 2).

En el momento en el cual se produce una repartición de la producción en


pequeñas unidades, con la perspectiva de descentralizar hacia pequeños
«productores» la responsabilidad por las inversiones en el capital fijo y por la
contratación de la mano de obra en grupos menores, con una productividad
más controlable, eso tiene reflejos de una forma espacial, produciendo opor-
tunidades de reaprovechamiento de elementos puntuales del «chasis» exis-
tente, incluyendo las pequeñas construcciones degradadas por el proceso

147
Un mundo de desigualdades

de vaciamiento espacial, referido anteriormente. Tal procedimiento explica


las constantes alteraciones en el uso y la ocupación del suelo en varias áreas
urbanas (más visible en países pobres y en algunas regiones de países ricos),
donde antiguas áreas residenciales o incluso, los antiguos centros históricos,
pueden ser objeto de inversiones puntuales, a veces formando alguna aglo-
meración que disminuye los costos con los elementos de la infraestructura,
de la logística de transportes o de acuerdo a las estrategias comerciales de
algunos sectores que se benefician por el factor aglomeración.
Por otro lado, los avances en la «tríada información-computación-comu-
nicación»7 permite que dichas unidades se descentralicen, pero no pierdan
la posibilidad real de articulación territorial, aun cuando estas unidades es-
tén localizadas en continentes distintos. Tales localizaciones, inicialmente,
no guardan criterios lógicos para una explicación en una escala apenas local,
sino en la lógica general de reproducción social. Hay una lógica general, que
tiene la tendencia a situarse en un espacio móvil en tamaño y en amplitud
territorial, siempre en una escala que rompe las fronteras nacionales. Eso
puede generar puntos de producción o un grupo de unidades de produc-
ción, relativamente aislados, que actúan de forma convergente, enfocados
en los procesos productivos, tal como si funcionaran dentro de una sola uni-
dad, como funcionaban en la producción fordista. Con una diferencia: ahora
existe una aguda competencia empresarial, dado que en función de la des-
centralización, el ambiente ofrece las oportunidades para que un número al-
to de empresas participen en el proceso y, con eso, también existe una ten-
dencia a la agregación de un número alto de territorialidad en el proceso,
aunque las oportunidades de cada una de ellas, no sean precisamente mejo-
res que antes. Entonces, hay una aparente sensación de oportunidad para
todas las regiones, para todas las territorialidades, cuyos resultados empíri-
cos se muestran irrelevantes. Hay casos ya ampliamente festejados de la
Tercera Italia y del Valle de Silício, cuya posibilidad de extrapolación ha sido
cuestionada por innumerables autores, incluyendo a Benko y Castells, para
restringir a aquellos aquí más referenciados.
El capitalismo en este nivel rompió el carácter de la región fordista, rígi-
da y con una alta dosis de formalidad territorial. El espacio se volvió flexible
a escala mundial, porque tales unidades descentralizadas de producción for-
man una constelación de oportunidades de comercialización, pero ahora es-
tán sometidas a un ambiente absolutamente inclinado a la reducción de to-

7 Expresión utilizada por Campolina Diniz (2003: 6).

148
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

dos los tipos de costos, incluyendo aquellos que se inclinan a la localización


de la producción. Teóricamente los factores de localización son más sensi-
bles a los costos en el capital fijo, de acuerdo a la competencia a escala mun-
dial y a la dinámica de la producción mundial. En esta situación, esas inver-
siones alteraron sus estrategias, volviéndose más efímeras en la utilización
espacial y eso puede ser comprobado, tanto por los proyectos de arquitec-
tura con formato de galpones desmontables, como por la organización in-
terna del piso de las fábricas, ambos flexibles, hasta tal punto de reformular-
se en un plazo cada vez más corto o mudar para una dirección más adecuada.
Tal proceso, con menos apego espacial, con menos comprometimiento en el
capital fijo por las grandes empresas o grupos de empresas mundiales, con
la descentralización de los costos de las unidades más descentralizadas (te-
rritorialmente dispersas y económicamente articuladas) y con los costos de
inversiones en el capital fijo repartidos, exigirá enlaces territoriales más flo-
jos de tales unidades de producción. Pero eso no significa que las relaciones
regionales y empresariales desaparezcan, que las articulaciones de las cade-
nas productivas no vayan a ocurrir, que las articulaciones que ganan en cos-
tos de aglomeración no puedan ser desarrolladas y servir como promotoras
de un desenvolvimiento de una dada región. Eso ciertamente continuará
siendo una realidad, hasta que toda y cualquier materia pueda circular por el
espacio, por la vía del tele-transporte. No obstante, esos enlaces no serán
tal como ocurrían en el período fordista, en la época que las economías re-
gionales se consolidaban exactamente en función de sus cohesiones territo-
riales, de las articulaciones horizontales y verticales de las cadenas producti-
vas y de las articulaciones cara a cara, que parecen aún hoy tener un papel
fundamental en las relaciones humanas (Campolina Diniz, 2003: 6). El pro-
blema es que si eso era prácticamente lo que imprimía vigor en las relacio-
nes regionales, hoy eso es apenas un factor de desarrollo, sin fuerza para
contraponerse a los rigores de los movimientos mundializados, de las com-
petencias de otras varias regiones (más ricas) del mundo, cuyos predicados
se formaron hace décadas o siglos, en sucesivos repiques de inversiones ca-
lificadas en infraestructura física y social o en unidades de producción mo-
dernas y calificadas. Es también verdad que esa competencia regional está
presente, tal como ocurría entre las economías de los países y sus subregio-
nes, en el período fordista, impulsada por los gobiernos locales y nacionales.
Pero ahora eso pasó a tener un nuevo carácter. El proceso a que nos referi-
mos anteriormente de una repartición de la producción, acompañada por
una exigencia de articulación entre tales unidades y entre sus producciones
para componer una nueva mercancía, demanda una fuerte capacidad para

149
Un mundo de desigualdades

sincronizar tiempo de circulación (rotación) y características de inversiones


en capital fijo y circulante, capaces de obtener menores costos de produc-
ción y altas tasas de ganancias en menor tiempo. Tal proceso se reflejará so-
bre los espacios de manera que exija gobernanza en el proceso de produc-
ción interregional e intrarregional.
Ocurre que las relaciones entre regiones son viejas conocidas, aunque las
características de la realidad actual han exigido cambios importantes, tanto
desde el punto de vista de la tecnología de la producción o del argumento
político de las articulaciones, con la menor presencia del sector público y la
gran necesidad de intervenciones privadas. El gran problema, y lo que hoy
aparece con más necesidad de complementariedad para la producción mun-
dial, es la recomposición de las articulaciones entre la producción y el consu-
mo, o sea, entre los momentos de la producción y de la circulación en todos
los espacios mundiales. Lo que realmente repercute en las articulaciones in-
terregionales. Es lo que Mézáros reconoce como la triple fractura (produc-
ción y su control, producción y consumo y producción y circulación) y que los
mecanismos de administración y de dirección, utilizando todos los avances
de la información-computación-telecomunicaciones.
Esas fracturas del capitalismo producen una espacialidad inestable, la
cual busca disolver sus trabas como el vaciamiento espacial, que le presenta
rugosidades importantes para reducir sus tasas de ganancia. Tales conflictos
someten las más variadas regionalizaciones a problemas de adecuación cons-
tante y a reorganizaciones espaciales graduales.
Por más que parezca una paradoja, el vaciamiento del «chasis» de la eco-
nomía mundial vino acompañado de su expansión a escala mundial, de ma-
nera que algunas unidades de producción tienden a descentralizarse fuera
de la tríada (América del Norte, Europa Occidental y Asia), mientras que
otras tienden a reconcentrarse alrededor de algunas ciudades mundiales. Se
trata de un movimiento de expansión y retracción territorial, de descentrali-
zación regional y de concentración económica, que pulsa cada vez con más
velocidad y viene trayendo significativas alteraciones en la territorialidad del
desarrollo mundial. Una de esas alteraciones es, sin duda, la tendencia a una
alta heterogeneidad espacial de desarrollo, expresada por el traslado de al-
gunas unidades repartidas de producción en dirección de nuevas regiones,
aquellas con menos densidad de producción, tales como Asia hasta la déca-
da del 50 y del 60, África y algunas regiones de América Latina. Tales despla-
zamientos, añadidos a la crisis de producción que se expande desde princi-
pios de la década de 1970 en todo el mundo occidental, vienen generando
desempleos en vastas regiones de Europa y Estados Unidos y creando nue-

150
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

vas oportunidades de trabajo en algunas partes del territorio de esas regio-


nes, antes consideradas como subdesarrolladas.
Como resultado, la espacialidad es retesada, ahora no solamente entre los
hemisferios norte y sur, pero también dentro de cada hemisferio y dentro de
cada región o incluso dentro de cada ciudad, como veremos más adelante.
Dentro de ese cuadro general hay situaciones diferenciadas en función
del comportamiento de los sectores de la producción y como consecuencia
de su repique histórico sobre algunas espacialidades. Castells (1999a: 413)
recomienda evaluar la situación a partir de cada proceso productivo indus-
trial, dividiendo estas espacialidades en demandas por locales de las empre-
sas tradicionales y de las empresas de alta tecnología. Evidentemente que
se puede efectuar una infinidad de cortes para mostrar los comportamientos
diferenciados de las empresas en el territorio.
Si consideramos la clasificación sugerida por el autor, auxiliado por los
estudios de Sassen para las actividades de comercio y de servicios moder-
nos en las ciudades mundiales, podemos constatar que las empresas de alta
tecnología son aquellas que trabajan con índices relativamente elevados de
inversiones en capital fijo (máquinas para los sectores industriales y agroin-
dustriales) y capital circulante (conocimiento/calificación de la mano de obra
para el sector comercial y servicios).
Son exactamente tales perfiles de empresas, y no las tradicionales, las
que comandan los nuevos movimientos de la economía mundial, que se or-
ganizan en el espacio a partir de la repartición en los niveles de producción
y que carecen de la creación de un ambiente inclinado a la innovación de
procesos de administración y de la creación de nuevas mercancías (Castells,
199a: 412-419). Pero dichas empresas también traen la característica de con-
tar con una mano de obra calificada y, necesariamente concentrada en algu-
nas localidades, representando la jerarquía de la segmentación de su pro-
ducción. En resumen, es también este conjunto de empresas que tienden a
ocurrir en las proximidades de las grandes y medias ciudades, lugares con
importantes ofertas de infraestructura para responder a las demandas de su
mano de obra calificada.
A pesar de Castells (1999a: 417) hacer la defensa a la no jerarquía resul-
tante de ese proceso de organización espacial de las empresas de alta tecno-
logía, sus propias explicaciones sobre la descentralización o expansión de
medios de innovación de las empresas tienen como resultado las nuevas je-
rarquías, ahora ocurriendo de una forma acelerada y dinámica, que se renue-
va cada un tiempo y en lugares distintos, vagando libremente en el interior
de América del Norte, Europa y Asia. Lo que es necesario comprender es el

151
Un mundo de desigualdades

hecho de que los avances tecnológicos reducen el tiempo de la rotación del


capital y el tiempo útil de las mercancías (Mézáros, 2002). En tales circunstan-
cias, las innovaciones serán siempre efímeras y su ambiente tiende a inutilizar
territorios en función de los intercambios de informaciones on line, lo que
tiende a sustituir la creación en grupos presenciales. Aunque sepamos que
esas relaciones personales tendrán siempre una adición local a ser considera-
da, esta no nace de un proceso localizado, atomizado, sino de un ambiente
general que está siempre a disposición para innovaciones, pero que posee
por lo menos un criterio riguroso para su selección: productividad y ganancia.
Los ambientes locales poseen capacidades específicas para potencializar su
inserción en el proceso de innovación, pero no con la capacidad de superar
la red de información que circula por los canales de la web, de competir con
la capacidad producida en encuentros (la mayoría de las veces on line) espe-
cializados de investigadores de varios puntos del planeta, que discuten cada
vez más las experiencias capaces de unificar los mercados y la producción.
Tales procedimientos superan las cuestiones entre distintos y longincuos ca-
sos particulares y diferentes, del hemisferio norte o sur, del oriente o del oc-
cidente, de los países ricos y de los países pobres. Todo para conformar un
ambiente mundial con los mismos propósitos. Hay una gran diversidad de
oportunidades de movimientos socioeconómicos, así como hay una infinidad
de regiones y regionalizaciones, pero es necesario reconocer e identificar
aquellas que presentan más oportunidades de estructurar el proceso.
Los flujos financieros, a escala mundial, también tienen sus organizaciones
espaciales, las cuales traen una importante repercusión en algunas áreas. Por
su carácter, ese circuito, a pesar de estar, como ya hemos dicho, sujeto a la
producción, tiende a ser aparentemente considerado como ausente de terri-
torialidad. En realidad, esa sensación se deriva del hecho de que, por sí mis-
mo, es un circuito que realiza sus maniobras apenas en el momento de la cir-
culación. Es el capital-dinero que se reproduce, circulando. El valor obtenido
en ese camino está, en gran parte, en su administración, en el conocimiento
y las manipulaciones «adecuadas» de movimientos mundiales que se asien-
tan en el orden espacial de la producción, se apegan a su estructura, pero
tienen libres movimientos de circulación en tiempo real. Mientras la primera
(producción) es relativamente rígida en sus movimientos y en sus organiza-
ciones espaciales, el circuito financiero vaga fluentemente entre todas las re-
giones del planeta, atento al desempeño de las unidades de producción, de
las empresas, de los sucesos políticos, sociales, etc. Por una parte copiado
por panoramas futuros que se mueven a cada momento, pero basado en he-
chos sólidos de estructuras económicas de regiones y países distintos, el cir-

152
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

cuito financiero opera con una administración basada prácticamente en in-


formaciones operadas por medios de comunicaciones informatizados. A me-
dida que ese flujo fue consolidando su carácter mundial, fue también vacian-
do su estructura y, como consecuencia, concentrando instituciones y empresas
pertenecientes directamente al circuito, aunque tenían la tendencia a des-
centralizar a los inversionistas. Con eso, trató de afirmarse en ambientes ca-
lificados en su base fundamental, que eran los centros de control y de admi-
nistración del capitalismo a escala global. En tal ambiente, son encontradas
todas las condiciones para centralizar las acciones, como: la presencia de la
mano de obra calificada e informada dentro de todos los mercados; los me-
dios de innovación más significativos de procesos y sistemas de control y ad-
ministración; los centros de convergencia de los liderazgos y de la localiza-
ción de las sedes de las grandes empresas mundiales; las sedes de las redes
de comunicaciones (noticiarios, tv, sites, etc.) que tienen la capacidad de
irradiación de sus movimientos para todas las demás áreas del planeta. No
hay mejor espacialidad para tal conducta que las grandes ciudades del mun-
do. Como este circuito está directamente conectado al orden espacial de la
producción, esas ciudades también coinciden con aquellas que les dan so-
porte a las actividades productivas y a la vida social de las personas con más
capacidad de ingresos y de administración de todo los sistemas. Sassen
(2003: 4) relaciona los servicios de apoyo a ese circuito como aquellos que
producen productos parcialmente desmaterializados, que están «despro-
porcionalmente concentrados en el Norte global» y que tienen aún la ten-
dencia a la articulación con vista a compatibilizar todavía más sus negocia-
ciones y control mundial. Aunque tal concentración también se verifique en
otras regiones, en el Hemisferio Norte hay una concentración significativa
de tales instituciones, donde los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea
representan dos tercios de la capitalización de los valores, 60% del almace-
namiento de la inversión extranjera interna y 76% del almacenamiento ex-
terno, del 60% de las ventas mundiales y del 80% de las compras en las fu-
siones y adquisiciones (Sassen, 2003: 7).
Dadas sus características, tales instituciones son muy sensibles espacial-
mente. Ellas constituyen ambientes cerrados, vacios, pero altamente sofisti-
cados en tecnologías de comunicaciones informatizadas. En las que, a pesar
de que sus espacialidades están inclinadas a las grandes ciudades mundiales
así como ocurre con otros servicios conectados a la producción, esas institu-
ciones no guardan apego a las localizaciones internas en las ciudades, aun-
que ellas tiendan a instalarse en las cercanías de los centros financieros, pue-
den funcionar en cualquier región de la ciudad.

153
Un mundo de desigualdades

Al buscar ayuda una vez más de Sassen (2003: 7), debemos comprender
que «así como la globalización no induce a la dispersión, es evidente tam-
bién que la combinación de la concentración y la expansión de la red forman
un sistema jerárquico fuerte», tanto de ciudades como de regiones.

5.3.2 Diferentes formas de concebir regiones

El proceso de producción se presenta con características cuyos reflejos es-


paciales pueden ser entendidos de tres formas diferentes, aunque todas es-
tén articuladas, a veces una parte y otras veces en su conjunto.
En el primer caso, las unidades de producción repartidas y descentraliza-
das, se localizan en puntos del territorio, creando, muchas veces, más rela-
ciones con otras unidades distantes que con sus alrededores inmediatos. En
ese caso, se trata de una localización estratégica de alcance mundial. Es el
caso de las empresas de alta tecnología, que se encuentran espacialmente
dispersas, porque están articuladas económicamente y utilizan avanzados
medios de producción y de circulación y pocas relaciones locales con la ma-
no de obra y otras actividades comerciales, por la simple demanda creada
por el valor del salario. Con tales características, estas unidades y algunas
otras denominadas «sistemistas»,8 cuando sea el caso, pueden ser caracteri-
zadas con un enclave regional de producción, un punto en la región, que se
benefician de algunos factores locales, tal como la oferta de mano de obra,
con costos reducidos, en comparación al ambiente de los países o regiones
más desarrolladas.
En otras ocasiones, tal comportamiento ocurre en un conjunto de empre-
sas, las cuales contribuyen al espesamiento de un ambiente ya consolidado
o en formación y que en su conjunto, constituyen cadenas productivas que
disminuyen sus costos por medio de la oferta de la infraestructura social y
económica (incluyendo la red de ciudades o una sola ciudad. En este caso, el
ambiente pasa a ser un elemento que contribuye a la disminución general
de los costos de capital circulante y al surgimiento de nuevas oportunidades
de inversiones, aunque éstas tengan límites. Dichos límites son definidos por
las relaciones económicas interregionales, como discutimos anteriormente.
El formato regional de la fase fordista de la producción era diseñado por
la agregación de un conjunto de unidades de producción, cuyas articulacio-

8 Como ejemplo: empresas que participan en el sistema productivo del sector automovilis-
ta, suministrando subprodutos, cuyas características exigen proximidad a la unidad montadora
y son comandadas por ella.

154
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

nes locales eran preponderantemente superiores a aquellas exigidas por


otras regiones. Con esas características, había una alta demanda sobre los
elementos regionales para responder a las inversiones en capital fijo y circu-
lante. Como consecuencia, el aspecto general era de una gran homogenei-
dad regional, tenía límites más definidos, disponía de subespacios represen-
tados por manchas de agregación de empresas por presentar intereses y
afinidades locales. Como la baja rotación del capital, los procesos regionali-
zados se consolidaban y permitían la construcción de referencias claras y
muy bien definidas en el tiempo. La cultura local era absorbida y también
aportaba elementos para construir ambientes de más productividad.
Pero el formato regional de la fase de la producción flexible está forma-
do por un conjunto de subespacios y puntos en el territorio, como veremos
a continuación, que se articulan, la mayoría de las veces, con más intensidad
con otros subespacios de otras regiones que de forma interna (figura 4).

Figura. 4. Esquema de regionalización en el fordismo y en la producción flexible

La regionalización actual es menos palpable, más heterogénea, aunque


haya lazos realzados por algunos elementos de la articulación territorial. Es
necesario resaltar que estas características están siempre más presentes a
medida que aumente la presencia de las empresas de alta tecnología, supe-
riores en valor de producción a las empresas tradicionales. Con esto, se han
reducido las demandas de elementos locales, ya sean vinculadas al momen-
to de la producción, de acuerdo al carácter de la producción con una gran
intensidad de capital y poca demanda de mano de obra, o incluso en el mo-
mento de la construcción civil. Con eso, los reflejos regionales de las activi-
dades económicas tienen menos intensidad, tanto en los resultados de los
valores del salario sobre las actividades del comercio y de los servicios loca-
les, como en la demanda sobre los servicios de mantenimiento de máquinas,

155
Un mundo de desigualdades

equipamientos, etc. Los servicios conectados a la producción y los servicios


conectados a la distribución también pasaron a localizarse dispersamente,
aunque se encontraban a una distancia adecuada de las unidades de pro-
ducción, pero cada uno buscando los menores costos de localización. El por-
te relativamente pequeño de sus instalaciones físicas y sus características ac-
tuales de gestión y control administrativo, facilitados por los avances de los
medios de comunicación, se insiere en las mallas urbanas casi de forma invi-
sible, sin la construcción de una subespacio, tal como ocurría antes.
Como resultado de esto, los nuevos formatos regionales son más difíciles
de identificar, porque son más amplios en la descentralización de las unidades
y están más vacíos en la circulación de capitales, mercancías y personas. Las
actividades urbanas también se han descentralizado y han formado los sub-
centros que se articulan entre sí y cada uno de ellos forma otras tramas de ar-
ticulación con otras subáreas de otras ciudades, con más intensidad que con
las áreas de la propia región. La cultura local, con más o menos intensidad, de-
pendiendo de cada región, tiende a reducir su presencia dentro de la forma-
ción de los ambientes de negocios de porte mundial. Esto no quiere decir que
en algunas regiones, algunos rasgos culturales no puedan adecuarse a los pro-
cesos productivos y transformarse en una vertiente del desenvolvimiento. A
pesar de no ser un rasgo característico y sobresaliente del desarrollo mundial,
tales condiciones ocurren, especialmente cuando hay una concertación capaz
de aliar la capacidad de producción a la gestión que asegure la asociación en-
tre los flujos locales y los flujos macrorregionales.
Los flujos financieros, como ya hemos descrito anteriormente, se des-
arrollan con menos incursión espacial. Su carácter de inutilización territorial
deja apenas algunos puntos en el territorio, articulados por la telemática y
no por las vías materiales de circulación. Es como si fueran dos movimientos
que poseen lógicas distintas, cada uno por sí mismo, pero que contienen si-
nergias, constituyendo un conjunto articulado, tal como una pareja bailando
a un solo ritmo, en movimientos con lógicas uniformes, aunque cada uno ha-
ga sus propias evoluciones (figura 5).
Evidentemente que sus localizaciones terminan por elegir una localidad
de una ciudad, de una importante región del planeta. Sin embargo, el porte
de las instalaciones y el peso de la mano de obra, representan poco (relati-
vamente) para una dada infraestructura urbano/metropolitana, donde tales
actividades ocurren.
Se estima que la red global financiera opere en unas 30 o 40 metrópolis,
donde cerca de 25 de esas ciudades tengan concentradas, en 1999, 80% de
las transacciones mundiales. Solamente Londres, Nueva York y Tokio son los

156
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

responsables de alrededor de «un tercio de las acciones totales mundiales


baj la administración institucional en 1999» (Sassen, 2003: 17).

Figura 5. Libertad controlada del sector financiero o los mundos diferentes y articu-
lados entre los flujos financieros y los procesos productivos.
Fuente: propia, utilizando (a la izquierda) pinturas de Escher, con el título de
Liberation, extraída de: http://www.postershop.com/Escher-MC/Escher-MC-
Liberation-7400016.html, accesado el 07 de julio de 2004; (a la derecha) diseño de
Escher, con el título Three worlds, extraído de: http://www.art.com/asp/display_ar-
tist-asp/_/CRID— 33/M.C._Escher.htm?RFID=044932&FT=Y&TKID=42871,
accesado el 07 de julio de 2004.

Pero los servicios demandados por el sector productivo fueron reconcen-


trados en una red de ciudades, con gran relevancia en esas metrópolis, que
se convirtieron en los centros nodales de los flujos de actividades más im-
portantes del mundo, aquellos que forman los centros de las actividades
modernas y de alta tecnología, intensivas en la mano de obra. Se agregan
también las inversiones de las actividades del sector financiero mundial, las

157
Un mundo de desigualdades

cuales han traído importantes contribuciones a sus niveles de desenvolvi-


miento, aun cuando las que se efectúen en las industrias tradicionales hayan
sido trasladadas para otras regiones.
Por todo esto, los centros metropolitanos, al formar parte de esa red
mundial de negocios, con un peso significativo sobre sus otras actividades y
con una gran supremacía de las relaciones externas sobre los flujos internos,
pasan a distanciarse de sus propias regiones o convertir sus relaciones en se-
cundarias. Pero ese movimiento no es del conjunto de la ciudad sino de un
conjunto de partes articuladas de una ciudad. Las partes que concentran las
empresas e instituciones de alta tecnología y que operan a escala suprarre-
gional o mundial, y que no necesariamente constituyen subespacios urba-
nos, sino un conjunto de puntos en el territorio urbano. De menor porte, ese
proceso también ocurre en otras ciudades, creando un formato jerárquico
en la red urbana a escala mundial (Sassen, 2003: 11).
Al analizar la organización espacial bajo un ángulo más agudo, más radi-
cal, intentando identificar el chasis de la economía mundial, podemos com-
prender que no se trata simplemente de una red de ciudades, sino de una
red de chasis de ciudades, de metrópolis o de regiones, que se articulan con
una gran intensidad de flujos y donde están concentrados las más grandes
inversiones en infraestructura y en mano de obra calificada. Es el espacio de
comando de la economía mundial.
Es otra manera de componer un orden espacial, un orden regional, una
red de ciudades. Es una manera transversal de comprender el espacio sínte-
sis de la economía, muy diferente de la utilización de límites o fronteras po-
lítico-institucionales.
Eso fue radicalizado por la repartición de la producción, aliada a un au-
mento brutal de los flujos financieros.
Como tal, se trata de una situación que crea las articulaciones en forma-
tos distintos y de una forma incontrolable, no en formato bidimensional de
una red, sino en un formato en el que aparecen claramente puntos y regio-
nes (planos) que son diferenciados por el porte y la capacidad de articula-
ción en el panorama mundial. Como tal, sus recortes, con vista a reconocer
sus papeles, sus perfiles y sus contornos, deben ser realizados de maneras
diversas. Apenas una visión no deja las impresiones necesarias y suficientes
para su reconocimiento. Así, no es suficiente una metodología que presente
un corte regional a partir de delimitaciones político-administrativos, por
ejemplo. Con esto, tal visión engloba varias formas de articulación y escon-
de los más diferentes formatos que los movimientos socioeconómicos tien-
dan a exponer.

158
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

Pero la esencia de esos movimientos socioeconómicos que impulsaron


esas formas diferenciadas de organización espacial real y concomitante, ya sea
en una visión mundial, regional o urbano-metropolitana, alteraron también los
caminos, las vías de interconexión entre tales puntos de producción, entre re-
giones formadas por un conjunto de chasis integrados espacialmente. Una
parte de las transacciones realizadas por las empresas de alta tecnología fue
absorbida por las infovías, por los medios informatizados de comunicaciones,
por la telemática, etc., en fin, desviándose de las vías de transportes terrestres,
aéreos o marítimos/fluviales. Se definieron rutas de transportes con gran capa-
cidad de carga, apoyadas por equipamientos (terminales de transportes, al-
macenaje, etc.) que alcanzaron un porte diferenciado de las vías regionales, ya
que por ellas pasaron a circular gran parte de las mercancías y de las personas.
Tales rutas se ampliaron territorialmente, pero también fueron vaciadas en tér-
minos de calificación y de concentración de cargas. Así, esos caminos se so-
bresalieron entre los demás y se trasladaron, tal como ocurrió con las metró-
polis, en sus relaciones con las regiones donde ellas traspasan.
Eso se debe al hecho de que por esas vías y con esos equipamientos cir-
cula un alto volumen de cargas y personas que participan del circuito mun-
dial, con mucho más valor que las cargas y personas que las utilizan regional-
mente. Además de eso, tales sistemas de transportes se conectaron, formando
redes intermodales, con grandes capacidades de rebajamientos de los cos-
tos por unidad/producto, principalmente para las mercancías de más bajo
valor agregado, trasladándose a grandes distancias. Junto al sistema de
transporte, se agruparon otros sistemas de control sincronizado del tiempo
de desplazamiento, ajustado al tiempo de la producción de unidades locali-
zadas en espacios diferenciados. Son esas concentraciones y la calificación
de rutas que crean los mecanismos de rebajamiento de los costos y del tiem-
po de circulación, acelerando la rotación del capital general y permitiendo la
descentralización de la producción a escala global.
Este movimiento de aumento de la amplitud de la red a escala mundial y
del vaciamiento para los caminos más importantes, hizo que las vías y los
equipamientos de ámbito regional tendieran a reducir sus escalas de proce-
dimientos y de atención espacial, vaciando también sus operaciones, cuan-
do no estuvieran entrando en proceso de deterioración. Por otro lado, eso
no ocurrió sin un proceso acelerado de oposiciones políticas por la sobrevi-
vencia, en la búsqueda incesante por aumentar sus competitividades. Un
ejemplo de eso es lo que nos muestra la profesora Castejón (2000), cuando
habla sobre las disputas por el control de cargas en los puertos del
Mediterráneo:

159
Un mundo de desigualdades

«Hoy existe una efervescencia competitiva en el Mediterráneo para esta-


blecer hubs concentradores de tráfico hacia Europa. Los tres puertos espa-
ñoles del Arco Mediterráneo que tienen expectativas de consolidar su fun-
ción como centros de distribución del sur de Europa son Barcelona, Valencia
y Algeciras.»
Como equipamiento que opera con servicios y con un alto o un menor
grado de tecnificación, los puertos ganan en la escala de realización y en los
procedimientos de operación, un diferencial en los costos da circulación de
las mercancías. Quiere decir que hay un determinado punto donde un puer-
to reduce sus costos operacionales y pasa a atraer más flujo económico, au-
mentando su hinterland de actuación. Con el proceso de mundialización de
los flujos, la competencia es más estimulante, produciendo jerarquías más
definidas en la red portuaria a escala planetaria.
Esa trama y esa lógica también crean jerarquías, tal como planteamos an-
teriormente con las ciudades y las regiones. Esos caminos se articulan a las
ciudades y las regiones, diseñando una red organizada, interconectada, pe-
ro expresando una jerarquización general como resultado de todos los mo-
vimientos de producción y de circulación mundial. Estas líneas de circulación
producen oportunidades de inversiones, ya que permiten la accesibilidad,
un mecanismo importante para las regiones o lugares que se localizan en sus
inmediaciones.
También esas vías de circulación producen un orden espacial, jerárquica-
mente definida, pero con gran dinamismo, y que contribuye a la convergen-
cia de flujos de algunas localidades y por consiguiente, retira la accesibilidad
de otros tantos lugares, ayudando a disminuir sus grados de competitivida-
des. Eso ocurre entre los lugares económicamente más concentrados del
mundo, como las relaciones entre los Estados Unidos, Europa Occidental y
Asia, que exigen medios de circulación tanto entre los tres polos como den-
tro de cada polo. Eso también ocurre en menor grado en otras partes del
mundo, lo que genera el sentido de la jerarquización de las líneas o caminos
de más cargamento.
Obedeciendo a ese mismo mecanismo, pero con rasgos locales y urba-
nos, tales procedimientos también ocurren con las vías, las avenidas y las vías
de tráfico intermodal dentro de cada ciudad o dentro de cada región. Estos
procedimientos han sido expandidos regionalmente o dentro de las metró-
polis y también tienden a ser vaciados, calificados y concentrados en flujos,
para permitir la articulación de las partes urbanas o regionales donde están
localizadas las empresa o unidades de producción de alta tecnología, que ca-
recen de fluidez en sus complementaciones productivas locales o mundiales,

160
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

dependiendo de la jerarquía de la ciudad o de la metrópoli. De una forma


necesaria, tendrán prioridad de flujo las relaciones externas, aquellas de más
capacidad para inserir estas ciudades o estas metrópolis en el circuito mun-
dial o macro regional de producción.

5.3.3 Límites y posibilidades de la gestión regional

Con tal complejidad de organización espacial cruzada y jerarquizada, la ges-


tión del territorio empezó a encontrar dificultades importantes. ¿Cómo es
posible hacer un recorte regional, reconociendo que las partes de ese terri-
torio se articulan con gran intensidad con otros territorios? ¿Cómo delimitar
un territorio y trazar las políticas de desarrollo y de gestión, si los mayores
flujos socioeconómicos que circulan en él están asociados a sus articulacio-
nes con otras regiones del mundo? ¿Cómo hacer todo eso, si se reconoce
heterogeneidad espacial de producción, donde cada subespacio se articula
con otros subespacios de otras regiones? En fin, ¿Cuáles son los límites y las
posibilidades al administrar un espacio regional?
Evidentemente que no tendremos la posibilidad de responder a todas
esas preguntas, en toda su amplitud, pero es posible efectuar algunas consi-
deraciones teóricas, para ofrecerles soporte a las cuestiones acerca de la
discusión regional.
En primer lugar, lo que se puede concluir de los análisis teóricos des-
arrollados hasta aquí, es que la sociedad capitalista crea condiciones dife-
renciadas en sus distintas espacialidades, lo que da como resultado terri-
torios con niveles de desarrollo distintos. Como consecuencia, inicialmente,
es imposible que se pueda partir de la constatación de que una política re-
gional sea capaz de equilibrar el desarrollo de todos sus subespacios. Es
imposible que cualquier plan de gestión muestre la capacidad real de con-
trol de los flujos que no tienen principio ni fin en sus propios territorios o
en su región.
Por un lado, una definición del límite regional no podrá mostrar los dis-
tintos recortes de relaciones interregionales. Por ejemplo, el plan de una
metrópoli que concentra parte de los flujos financieros y una gran parte de
servicios conectados a la producción y al control administrativos de una in-
finidad de unidades de producción, repartida en varias regiones, no podrá
retener sus límites de abarcadura metodológica dentro de los rigores de
una delimitación político-administrativa de un país, municipio, distrito, etc.
Necesariamente deberá ser una gestión que contenga las relaciones de flu-

161
Un mundo de desigualdades

jos socioeconómicos en la escala que ellos ocurran verdaderamente y no en


el espacio donde algún punto de vista quiera que ocurra. Ese control es ino-
cuo, porque la espacialidad es dinámica y resultante de procesos que pre-
sentan una lógica de desarrollo, pero no se someten a predefiniciones de
sus resultados espaciales.
Por otro lado, tales flujos ocurren en una forma de convergencia de pro-
cesos diversos, algunos estructurales y/o secundarios, cuyas estrategias indi-
viduales de sus controladores específicos, puede que no se sitúen en el mis-
mo territorio, en la misma región. Lo que se quiere decir con eso es que por
una dada región circulan flujos diferentes que utilizan los mismos compo-
nentes del capital fijo y circulante, pero con portes, intensidades y con carac-
terísticas diferenciadas. Para agravar la situación, todos esos flujos son admi-
nistrados con estrategias particulares y diferenciadas, utilizando tipos de
inversiones que, en su conjunto, pueden no ser convergentes para un deter-
minado recorte regional, produciendo resultados espaciales contradictorios.
Además de eso, cada uno de ellos guarda una espacialidad interna regional
diferenciada, con mayor o menor grado, dependiendo de cada situación.
Dependiendo de cada región, los intereses de cada segmento son diferen-
ciados, a veces convergentes o complementares y muchas veces divergen-
tes en las prioridades de inversiones, por ejemplo, en elementos inclinados
a la circulación de mercancías o personas.
Eso quiere decir que la gestión enfrenta por lo menos tres formatos espa-
ciales: puntos (con homogeneidad de producción); planos (concentraciones
de unidades de producción); y los caminos que articulan esas representacio-
nes espaciales y permiten la circulación de la producción y las personas. Es
como montar una ópera, a partir de fragmentos de garabatos por un gran
autor del siglo XIX, que expresan apenas algunos actos. ¿Cómo darle lógica
a una historia que existe, pero insiste en solo presentar sus fragmentos, sus
apariencias? (véase imagen de página siguiente).
Esas organizaciones espaciales poseen planteamientos y abarcaduras te-
rritoriales diferentes, pero no pueden ser analizadas o administradas de for-
ma aislada. Por el contrario, la gestión espacial, debe comprender la esencia
de los procesos envueltos, definir prioridades de inversiones, para que eso
pueda realmente tener objetividad y alcanzar sus finalidades. No obstante,
al enfrentar las diferentes visiones de desarrollo, los conflictos se realzan.
¿Hasta cuánto es posible disolver las contradicciones y en qué medida es
posible llegar a las convergencias?
Aquí, un conjunto más de problemas fue incorporado recientemente a la
política de desarrollo regional.

162
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

Figura 6. Conjunto de las organizaciones espaciales: producción flexible, flujos


financieros y los centros de articulación.
Fuente: Propia, utilizando diseño de Escher, con el título de Magic Mirror, extraido
de: http://www.postershop.com/Escher-MC/Escher-MC-Magic-Mirror-
7400020.html, accesado el 07 de julio de 2004

El primero de ellos comenta respecto a la velocidad de rotación de la eco-


nomía y por consiguiente, la reducción de la vida útil de las mercancías. La re-
ducción del tiempo de producción y de circulación y la amplitud de los flujos
a escala mundial produjeron más complejidad en la gestión regional, desde
el punto de vista de la convergencia de intereses. Debemos aceptar que, aun
dentro del ambiente capitalista, es posible encontrar niveles de convergencia
entre varios procesos de producción regional, desde que ellos sean identifi-
cados a la luz de los intereses de los procesos más importantes y estructura-
les, aun cuando tales procesos creen divergencias con otros de menor capa-
cidad de desarrollo de una región. Eso quiere decir que es posible actuar en
la gestión de los elementos que componen el chasis e intentar crear algunos
enlaces con elementos y sus espacios que componen los flujos periféricos e
inferiores. Ocurre, que con la dinámica de la producción y su expansión a es-
cala mundial, los intereses y las políticas empezaron a tropezarse con altera-
ciones mucho más constantes que antes. Una concertación de ese tipo, te-
niendo como objetivo encontrar una convergencia regional, enfrenta cada
día las alteraciones de las estrategias de producción, que ciertamente ten-

163
Un mundo de desigualdades

drán repercusiones espaciales, algunas con la capacidad de alterar el equili-


brio de las negociaciones. La vida útil de las mercancías, por su parte, tam-
bién altera los procedimientos de producción y de consumo, que tienen co-
mo resultado constantes modificaciones en el comportamiento empresarial,
consecuentemente en la utilización y en la valorización del espacio.
El segundo problema importante puede ser identificado en la alteración
de la presencia y en el papel del Estado, acompañado por el proceso de
privatización de varios servicios. Comentamos ampliamente el papel del
Estado de regular el comportamiento de algunos procesos, principalmente
en el área financiera, lo que permitió su esparcimiento y uniformización de
sus comportamientos a escala mundial. Evidentemente que ese papel del
Estado se expande o retrae dependiendo de las fases cíclicas y sus crisis.
Pero, de modo general, en los momentos de desarrollo, del ciclo económi-
co, es que el Estado participa con más intensidad apenas en la reglamenta-
ción de procedimientos que dan seguridad a las inversiones internaciona-
les. Contradictoriamente, la gestión regional entra en crisis. Pero el Estado
también regula las concesiones públicas y aún dispone de algunos instru-
mentos de políticas fiscales y financieras, además de su capacidad de inver-
siones. Sin embargo, en este caso, la presencia estatal se presenta con me-
nos capacidad de interferencia en el proceso de desenvolvimiento regional,
a medida que las crisis son superadas. Evidentemente que aún pertenece al
Estado una parte importante en la definición de políticas regionales (eso
también sufre variaciones por región en el mundo y por ciclo de desenvolvi-
miento), aunque obtenga siempre los éxitos más altos al actuar sobre el
chasis de la economía. En este caso, algunas de sus funciones fueron eleva-
das y calificadas para garantizar el desarrollo a partir de las fuerzas del mer-
cado (Chesnais: 2001:11). Pero, por otro lado, una importante considera-
ción sobre estos hechos puede hacerse utilizando un argumento importante
de Mézáros (2000: 13-14): la configuración vital del «capital social total» o
«capital global» es, hoy en día, completamente desprovista de su propia
formación estatal». En la etapa actual, del capitalismo, con sus flujos mun-
dializados, hay una dificultad muy grande de intervención de los estados
nacionales en la formulación de sus políticas regionales, a pesar del gran es-
fuerzo de las acciones de la Unión Europea. Aunque en las fases cíclicas, en
sus momentos críticos, las acciones estatales se presentan con más fuerza
de actuación sobre el chasis de la economía regional.
Por otro lado, las privatizaciones desviaron hacia las empresas concesio-
narias de los servicios, la capacidad de definir las políticas de inversiones en
infraestructura, por ejemplo, lo que creó problemas significativos para la

164
Capítulo 5. Construcción de un planteamiento
teórico de desarrollo regional

concertación de las políticas regionales. Las estrategias que antes eran pú-
blicas, se transformaron en una gestión compartida con el sector privado en
todos sus aspectos.
Tal concertación o gobernanza, como denomina Benko, abarca un gran
esfuerzo de convergencia de estrategias distintas y a veces divergentes tam-
bién en la distribución territorial de las inversiones.
De esa manera, los problemas de articulación y las tentativas por solucio-
nar algunas divergencias, desde el punto de vista de los intereses de los pro-
cesos de producción, pueden ser desenvueltos con éxito e incluso tener re-
sultados importantes en la consecución de políticas regionales. Son tipos de
gobernanzas que identifican los puntos convergentes en el chasis de la eco-
nomía a escala macrorregional y actúan en el sentido de potenciar sus resul-
tados en determinadas regiones o locales. Pero esa gobernanza, por su com-
plejidad, requiere habilidades y procesos de innovación para que sus resultados
sean promisores. Tales circunstancias exigen una gestión calificada para com-
prender la realidad, identificar objetivos comunes y crear las políticas capa-
ces de conducir el proceso de una forma que refuerce el chasis de la econo-
mía. ¿Cómo garantizar esa eficiencia de personal en todas las instancias y
escalas de gestión regional?
Con estas condiciones, es posible identificar y potencializar los procesos
estructurales que se encuadren en un ambiente político favorable, social y
económicamente. Eso es posible y deseable por los flujos capitalistas, pero
es muy diferente a los comportamientos que tienen la pretensión de contra-
poner los procesos y comportamientos de las sociedades capitalista, a partir
de un único recorte regional, de carácter formal.
Para responder a la elevada rotación de la producción, a la velocidad del
consumo y del descarte de las mercancías y a las elevadas mutaciones de las
políticas estratégicas de las empresas, con rebatimientos regionales, el tiem-
po del planeamiento y la ejecución tienden a fundirse, a volverse práctica-
mente lo mismo. Eso significa que los métodos también se disuelven a gran
velocidad, transformándose continuamente. Esto requiere calificación de las
personas para convivir con esa dinámica y presentar la capacidad de innovar
cada día. ¿Cómo las regiones pobres pueden desenvolver las habilidades y
las competencias de sus gestores para actuar sobre ese ambiente?
La velocidad de las transformaciones puede ser un sinónimo de exclusión
social y concentración de poder.

165
Capítulo 6
Límites y posibilidades de interferencia en
las tendencias del desarrollo regional

6.1 La realidad en la que el planteamiento teórico se materializa

Los análisis de carácter teórico carecen de ejemplos en la realidad para su


mejor comprensión y para permitir la identificación de límites y posibilidades
de las políticas de desarrollo regional para alterar las tendencias.
Definidos los rasgos más importantes de un planteamiento teórico regio-
nal, ahora es necesario entender como este puede ser capaz de evaluar la
realidad, incluso para que algunos de sus pasajes puedan entenderse mejor.
Debemos analizar, en sus aspectos más importantes, algunos trabajos empí-
ricos seleccionados de acuerdo a su diversidad regional y distinción entre ni-
veles de desenvolvimiento de países, retratando una parte importante de la
realidad de los Estados Unidos, Europa y Asia (el caso de China).

Desigualdades y convergencias en los Estados Unidos

Los Estados Unidos constituyen el centro más importante del capitalismo a


escala mundial. Así, algunos procesos resultantes de la producción flexible y
de la mundialización de los flujos financieros tienden a asumir un carácter
más amplio y más sensible a las alteraciones, ya que se trata de un ambien-
te que contiene todas las fases y partes del proceso de desenvolvimiento.
Las cadenas productivas completas, el alto grado de articulación de las uni-
dades de producción repartidas en todas las partes del mundo, los mecanis-
mos de innovación y creación de nuevas líneas de producción o de servicios
de apoyo, movimientos de flujos intensos con otros países y sus efectos so-
bre el empleo y los rebatimientos territoriales, todo eso ocurriendo en un
mismo espacio y al mismo tiempo, lo que tiende a acentuarse, tanto en su
conjunto como en algunos detalles, dentro de los Estados Unidos.

167
Un mundo de desigualdades

Por sus características sociales y económicas y también por ser el centro


de la ideología del libre mercado, del denominado neoliberalismo, los Estados
Unidos no han sido un buen ejemplo de estudios inclinados a las cuestio-
nes regionales, principalmente con la intención de reducir los desequili-
brios entre sus distintas regiones o entre sus casi cincuenta reparticiones
estaduales.
No obstante, dos vertientes de análisis, con metodologías de identifica-
ción de las cuestiones regionales diferenciadas, pueden ser consideradas
para reconocer los recortes regionales de los flujos socioeconómicos.
El primero comenta respecto a aquellos que tratan de utilizar indicadores
sociales y económicos para medir el grado de diferenciación en la distribu-
ción de la riqueza, medida por los valores en renta monetaria y tomando las
medias agregadas por un gran territorio.
El segundo intenta identificar el resultado de los procesos socioeconómi-
cos directamente sobre el territorio. En este caso, las tentativas son para en-
contrar métodos de reconocimiento de la riqueza (renta per cápita, renta fa-
miliar, etc.) y acertar en las dimensiones espaciales capaces de expresar con
rigor el grado de homogeneidad de los subespacios donde podrán ocurrir
las comparaciones.
La distinción básica entre los dos métodos generales, es que en el primer
caso los indicadores pueden generar una territorialidad, pero sus autores no
tienen ese objetivo, mientras que en el segundo caso los autores parten de
una región para expresar los indicadores de desigualdades o tendencias a
convergencias o divergencias espaciales.
En el primer grupo se encuentran los indicadores que anuncian una ten-
dencia a las desigualdades importantes en la sociedad de los Estados Unidos
y que identifica cuatro motivos principales: el proceso de desindustrializa-
ción de la economía, que genera desempleo y subempleo, cuyos puestos
de trabajo no son asimilados por los sectores de servicios y de comercio, en
parte creados por el proceso de repartición de la producción flexible; la in-
dividualización e integración de las empresas, que reducen los costos de
producción, a partir de la transferencia de funciones para nuevos procesos
administrativos, permitidos por los avances en la comunicación y en la infor-
matización y que se pautan por el trabajo calificado en conocimiento e in-
novación, y demandante de menor número de personas; la incorporación
de la mujer al mercado de trabajo, con salarios de menor porte que los de
los hombres; y el hecho de que las responsabilidades sociales fueron más
repartidas, poniendo gran parte de las responsabilidades de los costos de
mantenimiento de la familia en la mujer (Castells, 1999c: 161-162).

168
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

«...la remuneración media total para los directores ejecutivos (CEOs) de


empresas norteamericanas relevantes sedeadas en los Estados Unidos au-
mentó de US$ 1.269.000 por año, en 1973, para US$ 3.180.000, en 1989 y
US$ 4.367.000, en 1995». La diferencia a favor de los ejecutivos en la relación
salario total pagado al CEO/salarios total pagados al trabajador común saltó
de un coeficiente de 44,8 en 1973 a 172,5 en 1995» (Castells, 1999c: 157).
Pero todavía: entre 1983 y 1992, una pequeña parte de 1% de las fami-
lias más ricas del país obtuvieron un crecimiento en sus patrimonios del
28,3%, mientras que los 40% de las familias más pobres vieron sus valores
patrimoniales experimentar una baja de casi 50% y la media de la renta por
debajo de la línea de la pobreza aumentó del 11,1 al 14,5% en 1994 (Castells,
1999c: 159).
Tales sucesos repercuten en el aumento de las tasas de desempleos, su-
bempleos, población carcelaria (correspondiendo al 2,8% de los adultos o
5,4 millones de personas bajo supervisión correccional en enero de 1996)
formando una población que va para los guetos, para las calles y se margina,
en compañía de los enfermos mentales. Otra parte se retira de sus casas y
vive desabrigada o abrigadas por una obra de instituciones o el amparo fa-
miliar (Castells, 199c: 173, 192).
En el segundo grupo, se sitúan los investigadores que tratan de encon-
trar las señales de convergencia o divergencia al analizar los resultados espa-
ciales, dentro de los cuales tomamos el ejemplo de Rey (2001a & 2001b).
Utilizando indicadores de renta per cápita y con divisiones espaciales
diferenciadas, el autor encontró, para los Estados Unidos, una tendencia
histórica de convergencia regional. Hay, dentro de esa convergencia, algu-
nas variaciones de intensidad y de relación espacial. O sea, dependiendo
de la división espacial utilizada, hay comportamientos diferenciados del
grado de la convergencia, así como hay un comportamiento diferenciado
entre las regiones, oscilando entre convergencias y divergencias, en un
momento interregionalmente, en otro momento intrarregionalmente.
Tomando la partición de los 48 estados americanos, el estudio apunta
una tendencia histórica de convergencia entre los años 1930 y 2000, habien-
do al principio del período una baja más significativa, mientras que a partir
de los años 1970 se desacelera la tendencia a la baja en las divergencias, lle-
gando a elevar la convergencia a fines de los años 1980 y después estabili-
zándose. Tomando los estados agrupados por cuatro regiones (Northeast.
Midwest, South y West), el estudio muestra también una tendencia al creci-
miento de la convergencia en el mismo período, tanto entre las regiones co-
mo dentro de las propias regiones.

169
Un mundo de desigualdades

Al asumir una regionalización menos heterogénea y utilizada por la División


Censitaria americana (Northeast; Midlle Atlantic; East North Central; West
North Central; South Atlantic; East South Central; West South Central; Moutain
y Pacific) el estudio muestra que la tendencia de convergencia se invierte,
ahora con las tasas de desequilibrios interregionales aumentando y las tasas
de desequilibrios intrarregionales disminuyendo. Evidentemente que eso
tiende a ocurrir aún más, como cuando el autor utilizó una partición aún más
homogénea de Bureau of Economic Analysis – BEA (Rey, 2001a: 10-15).
Si analizamos el desempeño de las tres particiones utilizadas por el autor,
podemos verificar que hay realmente una tendencia histórica de convergen-
cia regional en el período, aunque tal comportamiento se ha ido modifican-
do en las últimas décadas, además de que el grado de convergencia regio-
nal está directamente asociado a la repartición espacial (véase figura 7).

Figura 7. Comportamiento de la curva de convergencia en diferentes particiones


(1930-2000). Fuente: Rey, 2001a: 15).

Varios autores que trabajan con la metodología de la convergencia reco-


nocen que hay problemas significativos con ella pues utiliza recursos de la
econometría, y necesitan resolverse, tales como el aspecto de la movilidad o
la migración popular o la riqueza y la existencia de ambientes y comporta-

170
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

mientos socioeconómicos regionales distintos que deben ser considerados.


Esos aspectos pueden interferir en la dinámica del proceso de desarrollo e
interferir en los indicadores utilizados.
También constituye una constatación del estudio, el hecho de que las ta-
sas de desigualdades estén directamente asociadas a la dependencia espa-
cial. O sea, mientras más grande sea la homogeneidad en la partición espa-
cial, más grande será la desigualdad interregional, aunque todas tengan la
misma tendencia a la baja en los Estados Unidos en el mismo período de
1930-2000 y aunque presenten un comportamiento diferente en los últimos
30 años (Rey, 2001a: 14-15).
Pero el propio autor reconoce que aún hay dudas sobre el rigor metodo-
lógico en evaluar la realidad y que nuevos trabajos de investigación deben
ser realizados con vista al perfeccionamiento para reconocer las relaciones
entre estructura espacial y las convergencias regionales (Rey, 2001b: 21).

La búsqueda por la convergencia regional en Europa

La configuración político-ideológica de la Unión Europea es diferenciada de


otros países, principalmente de los Estados Unidos. En Europa hay una ten-
dencia a la adopción de «políticas sociales democráticas». Bajo tales circuns-
tancias, los estudios regionales financiados por las universidades europeas
tienden a concentrar sus esfuerzos en las investigaciones capaces de descu-
brir las mejores políticas para reducir las desigualdades regionales.
Terrasi (2002) y Armstrong (2002) además de que producen sus propios
resultados en las investigaciones, desenvuelven algunos análisis sobre otras
investigaciones, realizadas por un conjunto grande de investigadores. De
una manera general hay un consenso de que, tal como en los Estados Unidos,
hubo una tendencia a la convergencia regional en Europa alrededor de los
70, una regresión para la divergencia regional alrededor de los 80 y una re-
tomada de la convergencia alrededor de los 90, con los niveles más bajos
que antes.
Las explicaciones más comunes son aquellas que consideran que dos fac-
tores contribuyeron a la interferencia en el proceso: el primero fue la crisis
del petróleo en la década de 1970 y la política de integración de naciones
con niveles de desarrollo diferenciado. Este último aspecto llevó a la consi-
deración de que las tasas de convergencia en Europa fueron más bajas que
en los Estados Unidos en las últimas décadas, porque en América no había
necesidad de integración regional de países (Armstrong, 2002: 252).

171
Un mundo de desigualdades

Sin embargo, dentro de ese período, considerando las condiciones dis-


tintas de integración temporal en Europa y las distintas corrientes metodoló-
gicas de investigación,1 otras mediciones muestran detalles importantes,
conforme nos indican Terrasi y Armstrong: dos estudios presentan semejan-
zas. Ambos (Suarez-Villle y Cuadrado-Roura, 1993) afirman que las conver-
gencias pararon en los años 70 e iniciaron divergencia en la década de 1980
(Terrasi, 2002: 187).
Armstrong (1995a, 1995b)2 modernizó los estudios de Barro y Sala, lle-
gando a la conclusión de que los procesos de convergencia estaban operan-
do desde 1950, pero con niveles de convergencia de menor velocidad que
los detectados por Barro y Sala, o sea, con tasas por debajo de 2% al año.
Las tasas fueron diferentes en cada período y de acuerdo a los países.
Convergencia más baja en los años 70 y 80 (Terrasi, 2002: 188).
Never y Gouyette (1995) identificaron una fuerte estabilidad en los pro-
cesos de convergencia entre los periodos de 1980-1985 y 1985-1989: mien-
tras que todas las regiones encontraron convergencia en el primer período,
las regiones más pobres no consiguieron la convergencia en la segunda par-
te (TERRASI, 2002: 189). Eso esconde recortes espaciales importantes, don-
de hay una diferencia entre las regiones del Norte y las regiones del Sur, pe-
ro estancadas.
Los estudios de Fingleton, Lewney y Pinelli (1996)3 para la Comunidad Europea,
utilizando el período entre 1975-1987 y 1987-93, constataron que las regiones
periféricas, más pobres, obtuvieron una convergencia en el primer período, pe-
ro eso fue insignificante en el segundo período (Terrasi, 2002: 190).
Cheshire y Carbonaro,4 al criticar la negligencia sobre factores espacia-
les, trabajaron con más desagregación espacial y consideraron regiones ur-

1 Terrasi (2002: 186), identifica dos ondas metodológicas: la tradicional, que usa herra-
mientas típicas de análisis regional y son compatibles con los resultados de los planteamientos
oficiales (Molle, Van Holst and Smit - 1980 y Suarez-Villle and Cuadrado-Roura - 1993); y la
comprensiva, de Barro and Sala-i-Martim, que ignoraron los resultados de los análisis de los
autores tradicionales, pero que complementaron sus estudios iniciales.
2 Citando: Armstrong H. W. (1995) Convergence among Regions of the European Union,
1950-1995, Ppapers in Regional Science, 74, N.2: 143-152 e Suarez-Villle and Cuadrado-Roura
(1995), An Appraisal of the Evidence from Cross-sectional Analysis of the Regional Growth
Process within the European Union. In: Armstrong H. W. and R. W. Vickerman, Covergence and
Divergence Among European Regions, Pion Limited
3 Citando: Fingleton B., R. Lewney and D. Pinelli (1996), Regional Growth and Convergence,
The Single Market Review, subseries VI: volumen 1.
4 Citando: Cheshire P.C. and S. Magrini (1999), Endogenous Processses in European Regional
Growth: Impications for Convergence and Policy, paper presented at the symposium on:
Endogenous Growth Policy and Regional Development: A Comparative Aproach on the Role
of Governments and Intituitions held at the Tinbergen Institute, Amsterdam, 18-20 February.

172
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

banas y regiones-ciudad, más de 200 mil habitantes, lo que reveló un proce-


so de divergencia entre 1989 y 1993 y no detectó ni convergencia ni diver-
gencia en 118 regiones entre 1979-1990. (Terrasi, 2002: 190-191 & Armstrong,
2002: 244-245).
Magrini realizó estudios para 122 FURs y 169 NUTSII, entre 1979-90, y
encontró una tasa de divergencia lenta (Armstrong, 2002: 245). Estos dos
autores tomaron regiones más desagregadas y más homogéneas, desde el
punto de vista de las características socioeconómicas.
Terrasi (2002: 193-194) utiliza una serie homogénea y una regionalización
más concentrada en algunos factores, lo que exigió la retirada de algunos
países, llegó a la conclusión de que entre 1975 y 1997 hubo una tendencia al
equilibrio regional en Europa, lo que fue interrumpido con la entrada de tres
países menos desarrollados, lo cual inició un proceso de convergencia. Pero
la desigualdad dentro de los países creció en el período en conjunto, con un
caso más crítico en Italia. O sea, los países convergen y las regiones dentro
de los países divergen. Tales factores llevan a la autora a concluir que, en ge-
neral, hubo una convergencia en la fase del desarrollo entre 1975 y 1997,
pero el proceso ha sido discontinuo, en función de la inestabilidad causada
por la entrada de nuevos miembros. Eso perjudicó las regiones más pobres,
frente a los criterios de la política regional europea. «Esa política tenía que
ser diferenciada para cada grupo» (Terrasi, 2002: 206-207).
De una manera general, los autores que utilizan los métodos neoclásicos
tienden a encontrar más condiciones para la convergencia regional en Europa,
mientras que aquellos que utilizan métodos combinados (neoclásico con
ajustes posfordistas o modelos denominados neutros) tienden a encontrar
más variaciones entre convergencia y divergencia regional en Europa.5

Divergencias regionales en China: de la costa a las provincias del interior

Las reformas en China se iniciaron en la década de 1970, cuando la econo-


mía china era basada en la agricultura, en gran parte situada en las provin-
cias del interior del país. Con las «Políticas de puertas abiertas» de China a
fines de la década de 1970, hubo una fuerte inducción al crecimiento en el
área de la costa china. «Debemos hacer uso de las ventajas comparativas, re-
forzar los puntos fuertes y evitar los puntos débiles, de manera que debe-
mos permitir el desequilibrio» Deng Xiaoping, 1980.

5 Sobre eso, consultar la tabla 11.A.1 – Anexos, en Armstrong (2002: 265-272).

173
Un mundo de desigualdades

De 1978 a 1884 los planes gubernamentales privilegiaron la zona de la


costa, donde las tasas de crecimiento industrial se aceleraron a gran escala.
A partir de 1979 fueron creadas cuatro zonas económicas especiales y 14
ciudades se abrieron al capital externo, eso ocurrió junto a políticas de estí-
mulos a la exportación, políticas fiscales y financieras (las industria de la cos-
ta disfrutan de una tasa de apenas 15% de los costos de transacciones, mien-
tras que en el interior esa tasa sube a 30%), políticas de transferencia de
valores de la agricultura hacia el sector industrial, además de la delegación
de autonomía administrativa para los gobiernos locales (Masahisa & Hu,
2001: 19-22).
Entonces, fue una política que ofrecía ventajas para atraer nuevas inver-
siones industriales, impulsó la competitividad de las empresas chinas, al mis-
mo tiempo, controló el comercio y los flujos financieros, sin embargo, asegu-
ró el control territorial, lo que se puede interpretar como una política regional
explícita, aunque fuera con resultados aparentemente desequilibrados.
Con esto, han sido constituidos varios núcleos económicos a lo largo de
la costa china desde la década de 1980, lo que ha generado un proceso de
divergencia interregional importante.
Algunos indicadores que comprueban tal afirmación (Masahisa & Hu,
2001: 3-15):

• En la última década, el GDP6 del área de la costa obtuvo un crecimiento


anual de orden de 12%, mientras que el interior también obtuvo una tasa
alta, pero inferior, de orden de 9%;
• En 1984 el índice del GDP per cápita era de 1,76, pasando a 2,24 en
1994;
• La desigualdad entre la costa y el interior es de 2.500 Yuan per cápita, 10
veces más que en 1984;
• Las industrias más importantes se encuentran en la región de la costa, así
como los servicios de asistencia a la producción, la industria de conoci-
miento, los servicios financieros y de apoyo al comercio, las instituciones
administrativas y de comercio exterior, los servicios de almacenamiento,
empaquetamiento y otras de soporte al comercio internacional;
• Los indicadores revelan que el sector industrial es el más alto responsa-
ble por la convergencia entre las provincias de la costa y la divergencia
entre las provincias de la costa y del interior de China;

6 GDP corresponde al Producto Interno Bruto (PIB) en los países de lengua portuguesa.

174
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

• El riesgo metodológico de la movilidad es bajo, ya que la migración del


trabajo es fuertemente restringida por el Gobierno, aunque haya crecido
en 1990, alcanzando apenas 3,2%.

El caso chino es muy claro y demuestra que las políticas gubernamenta-


les fueron importantes, sin embargo ellas apuntaron en dirección a las re-
giones y los sectores económicos que se mostraban con más potencialidad
para el desarrollo en Asia. La geografía, en este caso, fue considerada un
factor significativo para definir el desarrollo regionalizado, controlada por
un Gobierno que trabaja con una mezcla de inversiones estatales realizadas
directamente y la atracción de inversiones privadas, cuyos flujos y localiza-
ción son efectivamente controlados. Aunque reflejen una gran desigualdad
regional.

Algunas comprobaciones acerca de las tres realidades regionales, y su


papel en el chequeo del planteamiento teórico y en la identificación
de los límites y las posibilidades de las políticas regionales

Tanto la construcción de un planteamiento teórico, como los estudios em-


píricos que intentan explicar una dada realidad, deben ser comprendidos
como una tentativa de reconocimiento de los rasgos más importantes pa-
ra alcanzar los objetivos de un dado trabajo de investigación. En cual-
quier circunstancia, una investigación podrá dejar de contemplar los ma-
tices del proceso y no responder tanto a las determinadas demandas de
interesados en el asunto, como a las realidades específicas de algunas re-
giones.
No obstante, se entiende que la identificación de esos rasgos estructura-
les posibilita la comprensión de los procesos más importantes del desarrollo
regional, cuyos reflejos tienen resultados significativos para la definición
de las políticas que serán adoptadas y para la obtención de los resultados
esperados.
Por ser general y de carácter teórico, los análisis desarrollados en este ca-
pítulo carecerán de un trabajo de adaptación para la lectura de cada reali-
dad regional.
Es importante señalar que un planteamiento teórico necesariamente está
formado por un conjunto de elementos articulados y de carácter general y,
por tanto, en cada realidad exigirá una ponderación particularizada para ex-
plicar sus procesos particulares de desarrollo.

175
Un mundo de desigualdades

La riqueza del planteamiento teórico será tanto mejor como sea su capa-
cidad para explicar un conjunto más representativo de la realidad y eso solo
sucederá en el caso de que las interpretaciones de cada realidad específica
corroboren con su línea conductora y gradualmente incorporen más riqueza
a su contenido.
Hemos visto que la realidad de la economía de los Estados Unidos es
bastante diferenciada de Europa y mucho más lejana de las características
de la sociedad de China. No obstante, existen algunos rasgos comunes en-
tre todas ellas, así como hay diferencias de organizaciones espaciales de la
economía de cada región. Pero las diferencias entre tales regiones y países
pueden estar subordinadas al proceso de desarrollo mundial actual, con sus
rebatimientos diferenciados en cada rincón del mundo y articulado con los
aspectos históricos localizados.
De esa manera, tales diferencias también pueden estar asociadas a las re-
laciones entre los flujos económicos con el ambiente social y natural, lo que
puede mostrar matices diferentes para su inserción en los movimientos ge-
nerales y mundializados.
Pero las particularidades de los estudios realizados también pueden ser
diagnosticadas por los métodos de contrastes empleados por los autores y,
relativamente, estimados en función de los objetivos de cada trabajo de in-
vestigación.
A causa de eso, los análisis que están a continuación deben observar ese
conjunto de factores, como una forma de abarcar el máximo de problemas
que la realidad del desenvolvimiento regional presenta.
Pero también, tendremos que admitir que existen exigencias respecto a
las mediciones o diagnósticos tomados a partir de territorios definidos por
criterios político-administrativos, tales como los límites de los Estados Unidos,
de Europa unificada o de China, en contraposición a las manchas de la so-
cioeconomía dentro de cada una de esas territorialidades. En varios momen-
tos, que se reconozca y potencialice tales desenvolvimientos se convierte en
un objetivo político, del cual no se puede desviar, aunque debamos saber
que no se puede esperar una homogeneidad dentro de dichas territorialida-
des, desde el punto de vista teórico. Pero debemos también reconocer, y los
datos lo comprueban, que aún tomando tales criterios de delimitación, hay
territorios menos heterogéneos que otros, como ocurre entre los Estados
Unidos/Europa y China.
Lo que tendremos, finalmente, también como objetivo es reconocer la
forma en la que tales criterios de delimitación pueden traducirse en limitacio-
nes y posibilidades para el reconocimiento de las realidades específicas.

176
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

6.2 Límites y posibilidades derivadas del proceso de mundialización de


los flujos de capitales, mercancías y personas

No podemos dejar de recordar, inicialmente, una característica importante


de la economía actual: la distribución espacial de las actividades socioeco-
nómicas no es aleatoria, como parece suceder. Los datos presentados en el
transcurso de este análisis muestran que hay una tendencia a la descentrali-
zación mundial de las empresas que buscan reducción en los costos de la
mano de obra, en los ambientes políticos administrativos más permisivos a
determinados tipos de producción, y en locales con elementos de infraes-
tructura. Por otro lado, ha ocurrido una tendencia a la centralización de las
actividades de servicios o de unidades de producción con altas inversiones
en tecnología en el sentido de los centros metropolitanos más desarrolla-
dos. Permeando todo ese movimiento, pero anclado sobre determinadas
«plazas», el circuito financiero se desplaza con más velocidad y con una con-
siderable libertad alrededor del mundo, aunque sea monitorizado por un
número reducido de bolsas de valores.
Como resultado de todo ese proceso, hemos visto que hay una tenden-
cia a una reorganización espacial de la economía mundial, pero también que
los elementos más estructurales para el proceso de desarrollo regional son
aquellos identificados como parte del chasis de la economía, en sus escalas
territoriales articuladas.
Podemos decir que los análisis desenvueltos por el conjunto de los estu-
dios muestran que es necesario conocer las estrategias mundiales de las
grandes empresas o de los altos flujos de capitales, para que se puedan
comprender algunas posibilidades que las regiones, a gran escala, presen-
tan para atraer inversiones. Al reconocer tales posibilidades y efectuar la lec-
tura particularizada de su región en ese proceso, se pueden identificar las
estrategias más importantes y adecuadas para cada caso. Eso es una posibi-
lidad clara para reconocer el desenvolvimiento regional. Pero dentro de ta-
les posibilidades, surgen limitaciones, como el hecho de que la acelerada ro-
tación del capital mundial, requiere una nueva y constante renovación de
políticas y estrategias regionales.
De esto surge la necesidad de que cada región cree sus estrategias basa-
das en sus realidades específicas, lo que requiere métodos y procedimientos
ajustados exclusivamente para cada caso, sin demostrar la importancia de
los «modelos» utilizados en otras realidades. Y además, eso exige cada vez
más la presencia de un personal calificado y estratega capaz de reconocer
las condiciones especiales y los locales, siempre que en tal situación, las in-

177
Un mundo de desigualdades

formaciones y el reconocimiento ocurran a escala mundial y macrorregional.


Esa necesidad, que es común en cualquier región del planeta, por un lado,
crea posibilidades para las regiones de los países ricos, en función de la pre-
sencia de personas e informaciones calificadas. Pero, por otro lado, constituye
un motivo de limitación para la mayoría de las regiones de los países pobres,
por la inexistencia de conocimientos e informaciones a escala mundial o ma-
crorregional adecuadas para construir estrategias y las políticas de desarrollo.
Esto tiende a generar desigualdades de oportunidades entre regiones y paí-
ses del mundo. La situación se agudiza con la velocidad de las transformacio-
nes, que exigen más dinamismo en la oferta de informaciones, en la produc-
ción de nuevos conocimientos y en la adopción de decisiones.
Las tendencias al crecimiento de los flujos comerciales y a las inversiones
en la región que Castells (1999a: 117-119) denomina «triángulo de riqueza,
poder y tecnología» (Estados Unidos, Europa y Japón), junto al movimiento
de desigualdades que ocurren en todas las partes del mundo, incluyendo el
interior de esas tres regiones, es el resultado de la visión estratégica de la
ubicación mundial de las empresas y, al mismo tiempo, una visión certera y
local de su implantación. Aunque se suele afirmar que una determinada em-
presa se transfirió de Europa o de América del Norte para América del Sur o
para Asia, en realidad esta migró para un punto específico de esas regiones,
en una especie de estrategia de águila que tiene un vuelo de grandes altitu-
des, comprende los movimientos de un gran territorio, pero presenta agu-
deza visual para determinar un local exacto para su acción
De esta forma, la visión estratégica es transversal entre las actividades y
el espacio, a nivel global, macrorregional y local, sin dualidades, sin reparti-
ciones formales, aunque en cada caso el peso pueda estar en una o más ac-
tividades y en una de las espacialidades.
En China, el Gobierno aprovechó la disposición mundial de inversiones
en el sentido de Asia y dirigió sus acciones a atraer capitales para su zona
litoral, local de más accesibilidad del país y una de las más importantes de
la región. Hay casos que pueden servir de ejemplos en la política brasileña
de atracción de la industria automovilista que también refuerza tal disposi-
ción. La fábrica de la Ford, al cambiar su estrategia de producción del
Mercosur para el continente americano y para otros países del mundo,
también alteró su localización del Sur para la región Nordeste, una de las
más pobres de Brasil.
En tales circunstancias, la atención estratégica de los gobiernos locales
en las macroestrategias de las empresas mundiales, hay oportunidades de
acción regionalizada y eso no deja de ser una posibilidad. Pero también aquí

178
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

se inicia una limitación, que es la de irradiar esas posibilidades para el inte-


rior de la región, de ampliar la atracción de nuevas inversiones en la escala
deseada y de repartir los efectos de la producción para el conjunto de otras
actividades y para una parte de la población.
La capacidad local de atracción de inversiones es tan grande como es su
capacidad de irradiación regional. Como la elección de la localización de la
unidad de producción es oriunda de una estrategia cada vez más global y tal
estrategia incorpora articulaciones de un gran conjunto de unidades de pro-
ducción, la mayoría de las veces localizadas en varias regiones del planeta, la
capacidad de un local podrá agotarse en una única unidad o expandirse
apenas para la atracción de las unidades «sistemistas locales»7 de más inver-
sión. Así, se trata de un punto de articulación con algunas ramificaciones re-
gionales, cada vez con menor intensidad. Las inversiones agroindustriales en
algunos países pobres, como es el caso del Centro Oeste de Brasil, están ar-
ticuladas a estrategias mundiales o macrorregionales y no necesariamente
se completan como cadenas productivas regionales. Sus articulaciones con
los suministradores de subprodutos, servicios, etc., pueden estar localizados
a cientos de kilómetros de distancia.
Siguiendo tal secuencia, encontramos algunas otras limitaciones para la
inducción al desarrollo regional. Tal secuencia de unidades de producción
crea un espacio no palpable, no necesariamente con continuidad regional,
pero formando un espacio articulado por puntos de diferentes regiones de
varios países. En el caso de las inversiones agroindustriales del Centro Oeste
de Brasil, se percibe que se trata de una mancha regional discontinua, inter-
caladas por vacíos, y que las actividades productivas que se localizan allí, a
veces no son intercomplementarias sino que están articuladas con la produc-
ción de territorios lejanos.
Sin duda que siempre existirá una territorialidad formada por una aglo-
meración de actividades socioeconómicas y así siempre habrá oportunida-
des de encontrar algunas posibilidades de inducción al desarrollo regional.
El problema es que esa contigüidad territorial está tendiendo, cada día
más, a repartirse espacialmente, en respuesta a la repartición de la produc-
ción, pero haciendo que los flujos de mercancías y de personas ocurran de
forma muy concentrada en algunos sectores de la producción y en elemen-
tos de infraestructura. En tal situación, tales elementos de soporte infraes-

7 Unidades que componen un sistema de producción, controladas en todas sus fases por
una unidad más importante, pero constituidas por inversiones particularizadas, y que, en fun-
ción de sus características, presentan las mejores condiciones de localización en las proximida-
des de una unidad montadora.

179
Un mundo de desigualdades

tructural tienden a volverse especializados, lo que puede dificultar su oferta


para la diversificación de la producción y para la atracción de nuevas inver-
siones. Para algunos sectores y para algunas regiones, se trata de una espe-
cie de heterogeneidad macrorregional y una homogeneidad local.
Por otro lado, el proceso ya revelado de reconcentración de inversiones
en determinadas metrópolis, principalmente en los servicios y el comercio
capaz de dar apoyo al control de los flujos de capitales que circulan por el
mundo, crean en esas áreas los centros más calificados, atrayendo activida-
des que antes se desarrollaban en varias ciudades secundarias y terciarias en
varios países. Si incluso dentro de esas metrópolis hay un proceso de desin-
tegración, de diferenciación socioeconómica espacial, lo que ocurre en las
otras metrópolis, principalmente en los países pobres, constituye un grave
problema social. Más que eso, es una limitación importante para su solución,
una vez que se trata de un comportamiento universalizado de la sociedad
capitalista, aunque en algunas localidades eso se presente con más relevan-
cia, principalmente en los países en que el proceso de desarrollo fue atrasa-
do e implantado de manera incompleta.
En un estudio que realizamos, juntamente con Edmilson Carvalho, toman-
do como base más de una decena de investigaciones sobre las metrópolis ibe-
roamericanas, se puede concluir que existe un rasgo común en esas áreas:

Son desagregadas socialmente, concentradas económicamente y frag-


mentadas espacialmente. Es la metrópoli de la cultura global, articulada,
«moderna e innovadora» de los guetos ricos y la cultura de la pobreza, ais-
lada, que induce a la transgresión. Es la metrópoli repartida, de los veci-
nos a distancia, que se comunican virtualmente entre sus fortalezas y los
vecinos que pelean por pequeños espacios en la búsqueda por la sobrevi-
vencia (...) la metrópoli está constituida por movimientos que impulsan: el
proceso periférico de las secciones poblacionales de baja renta; vacia-
miento de los centros comerciales antiguos, la mayoría de las veces con
gran valor histórico-cultural; una nueva morfología urbana, basada en el
policentrismo segregado. Ese conjunto de factores lleva a que una metró-
poli de ese tipo tenga que ser reconocida como una región-ciudad o una
ciudad-región, con crecimiento en la dirección de la periferia y, al mismo
tiempo, verticalmente alrededor de las islas de riqueza y de la moderni-
dad (Porto&Carvalho, 2001).

Con tal tendencia a la repartición territorial, aunque con una creciente ar-
ticulación espacial jerarquizada; con un proceso creciente de desigualdades

180
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

regionales; y con una ausencia de territorialidad o poca territorialidad de los


flujos financieros, expresados en pocas ciudades mundiales, que controlan
el circuito más importante del capital a escala mundial; es impracticable afir-
mar que son grandes las posibilidades de inducción al desenvolvimiento de
una única región, definida en patrones formales. Utilizando una expresión
de Castells (1999b: 421), la «ciudad-estado» es una realidad de la era de la
globalización, donde parece haber una cierta autonomía de instituciones re-
presentativas de esta territorialidad o de una parte importante, con capaci-
dad de definir políticas de atracción de inversiones estratégicas, aunque eso
no garantice efectivamente una posibilidad de irradiación de sus resultados
para toda la metrópoli. Eso también constituye una importante limitación de
inducción al desenvolvimiento regional.
No hay instrumentos capaces de controlar el proceso a partir de mecanis-
mos locales o de gobiernos nacionales. Los propios gobiernos alteraron su
función y eligieron relativamente sus recursos y sus posibilidades de impulso
al desarrollo económico. Por otro lado, la sociedad capitalista alcanzó un es-
tatus mundial donde los controles políticos asumen un papel ideológico im-
portante en la difusión de discursos y de ideas que equilibran los flujos de
capitales, de mercancías y de personas. En uno de sus cuestionamientos,
Mézáros (2000: 13-14) pregunta el motivo por el cual la sociedad capitalista
en su alcance mundial es «completamente desprovista de su propia forma-
ción estatal».
¿Podríamos también cuestionar si esa posible formación sería capaz de
controlar los flujos de capitales y reducir las desigualdades regionales en el
mundo?
La respuesta parece encontrar una pregunta-respuesta, lo que deja po-
cas dudas: si las instituciones locales, con toda su representatividad, no tie-
nen tales prerrogativas, ¿por qué habría una institución global?
Tendremos que analizar algunos aspectos más para definir otros pro-
blemas.

6.3 Límites y posibilidades creados por las particularidades regionales

Estudios realizados en regiones distintas del planeta, estimaron resultados


distintos de desenvolvimiento regional, siendo posible comprender que el
Estado tuvo una participación diferente en cada realidad.
En ese sentido, es posible diferenciar los países en dos grupos: en el pri-
mero los Estados Unidos, donde las políticas estatales parecen seguir en di-

181
Un mundo de desigualdades

rección a una convergencia, o sea, con la presencia estatal funcionando prác-


ticamente en dirección a los incentivos localizados; y en el segundo grupo:
Europa y China donde el Estado define las políticas importantes de desen-
volvimiento regional, siendo en China donde los resultados aparecen con
más vigor y concentración.
Al entender por el camino histórico del desarrollo, debemos también re-
conocer que el proceso de expansión del capitalismo iniciado en Europa, se
expandió hacia los Estados Unidos y formó el «chasis» más importante de la
sociedad mundial, concentrada en sus cadenas productivas y en capital fijo y
variable, lo que fue paulatinamente siendo modernizado y ampliado duran-
te los siglos XIX y XX. Esos «países centrales, que pasaron por la acumula-
ción primitiva, por la revolución industrial y por las revoluciones políticas, in-
auguraron y consolidaron el modo de producción capitalista entre los siglos
XVII y XIX» (Porto & Carvalho, 2001: 9-10). En tales circunstancias, la mayor
parte de esos países montaron una red de infraestructura de logística de
transportes y comunicaciones y participaron directamente en la creación y
en la innovación tecnológica que permitió potenciar el proceso de mundiali-
zación de los flujos de capitales. Consecuentemente eso trajo repercusiones
inmediatas sobre sus territorios y, sobre todo, sobre sus metrópolis, donde
se concentran hoy los servicios más especializados y de apoyo al control de
los flujos mundiales (Sassen, 2002).
Por otro lado, los países pobres, atrasados en su inserción en el capitalis-
mo industrial, pasaron directamente de las economías coloniales a las eco-
nomías capitalistas exportadoras, con la presencia de algunas cadenas in-
dustriales incompletas y calcadas en una sociedad con una mano de obra
descalificada y con un panorama de desigualdad socioespacial significativo,
altamente dependientes y periféricos de los flujos de los países centrales y
desarrollados. Dentro de estos, algunos conjuntos de países, como los afri-
canos, ni siquiera consiguieron desarrollarse y se encuentran en profundas
crisis con problemas sociales gritones y crecientes.
Entre 1950 y 1992 el PIB per cápita en los Estados Unidos pasó de 9.573
(dólares, 1990) a 21.558; Japón pasó de 1.873 a 19.425; en media, Europa
Occidental pasó de 4.760 a 15.912; en media, los países latinoamericanos
pasaron de 3.478 para apenas 5.949; los países asiáticos crecieron su media
de 762 a apenas 3.881; y, en media, los países africanos crecieron de 893 a
apenas 1.331, en el mismo período (Castells, 1999c: 101-103).8

8 Citando Maddison, Angus (1995), Monitoring the World Economy, 1820-1992, París:
OECD Development Centre Studies.

182
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

Se puede comprobar ,por los números, que ha crecido la tendencia a la


polarización y la diferenciación entre las regiones o el conjunto de países,
agudizando el conjunto de los países africanos, manteniendo la pobreza re-
lativa de América Latina y, en general, ofreciendo pocas posibilidades a los
países asiáticos, estos, sin embargo con grandes diferencias internas de ta-
sas de desenvolvimiento, con más destaque para Taiwán y Corea del Sur
(que alcanzaron un PIB per cápita equivalente al de Portugal), Tailandia y
China que se aproximaron de la media de los países latinoamericanos.
Si consideramos tales aspectos, podemos concluir que hay una organiza-
ción espacial que persiste y se solidifica con tendencia a la radicalización.
Pero si llevamos en cuenta las convergencia de las políticas estatales en las
experiencias de los Estados Unidos y entre China y países de Europa Occidental,
nao podremos construir elementos capaces de afirmar que ese aspecto fue
decisivo en la construcción del desarrollo de esas localidades de forma dife-
renciada, tanto en el crecimiento del PIB per cápita, como en las desigualda-
des regionales internas de esos países.
Lo que podemos y debemos considerar en este momento, es que las
desigualdades dentro de cada uno de esos bloques de países constituyen
un rasgo común en la realidad actual, aunque las participaciones de políticas
estatales sean diferenciadas. Tanto los estudios de convergencia sobre los
Estados Unidos como sobre Europa aún están en un proceso de aproxima-
ción a una metodología para dar las respuestas más afirmativas. Hay contra-
dicciones importantes dentro de las metodologías de convergencias, así co-
mo hay divergencias entre los resultados de algunas de esas metodologías
aplicadas a las dos regiones y los datos de desigualdad de rentas no toma-
dos de forma espacial.
Evidentemente que no se puede afirmar que los esfuerzos de las políticas
europeas para el desarrollo regional, no hayan surtido efecto o que sin ellas
la situación podría volverse más compleja. Tal aspecto ha sido fruto de varios
estudios, aunque ellos aún exijan gran esfuerzo para evaluar, con rigor, sus
resultados.
Pero lo que podemos deducir, a partir de los estudios empíricos conside-
rados en esta investigación, es que en todas las regiones (Estados Unidos,
Europa y China), el proceso de mundialización de capitales constituye un
rasgo común en la inducción del proceso de diferenciación regional. Sus re-
sultados son aparentes en los análisis entre las regiones y dentro de ellas.
Hemos dicho que el proceso de mundialización de capitales es prepon-
derante, ya que es este el que define los caminos generales para que los es-
tados u otras instituciones puedan definir el desarrollo de las regiones. Eso

183
Un mundo de desigualdades

es más aparente en el caso de China, en función de que esas regiones pre-


sentan territorialidades con baja densidad de flujos, cuyas alteraciones más
recientes quedan más expuestas y más aparentes. La alta estabilidad de los
países como los Estados Unidos y Europa ayuda a esconder algunos de esos
reflejos, aunque sean captados por otros indicadores socioeconómicos, co-
mo presentamos a lo largo de nuestros análisis.
El caso de China es un ejemplo importante que expresa el papel del
Estado en el proceso de desarrollo regional. El Estado-fuerte chino fue ca-
paz de detectar las tendencias y las posibilidades del desarrollo de la región
costera y aplicar sus políticas de inducción, con la perspectiva de atraer in-
versiones que exigían exactamente eso. Tales políticas fueron exactamente
en el sentido de romper las barreras de los caminos que anunciaban y solici-
taban un desbloqueo estatal. Son las políticas de desreglamentación o de
una nueva reglamentación capaz de permitir un libre comercio y una libre
circulación entre las áreas de la costa de China y otras regiones del mundo.
Tales políticas son comúnmente utilizadas en otras regiones, como los Estados
Unidos y Europa.
De eso se puede concluir que la presencia del Estado, en un plan más ge-
neral, potencializa el proceso de desarrollo regional definido a partir de la
búsqueda de la localización de las unidades de producción, teniendo en vis-
ta una evaluación general del valor, con resultados regionales que no pue-
den ser medidos o predefinidos por modelos generales, aunque ya se tenga
conocimiento de algunas condiciones en las que eso ocurra. Las políticas es-
tatales tienden a reducirse a una danza entre desreglamentación y nuevas
reglamentaciones, cuyo tiempo y constitución ha sido definido en cada si-
tuación y en cada región o localidad.
Desde ese punto de vista, podemos decir una vez más, que eso consti-
tuye una limitación importante para la fijación de políticas que expresan un
deseo de organización regional. De otra manera, podemos decir que tales
políticas podrían, dentro del contexto real, ayudar al desarrollo regional e
intentar reducir, dentro de lo posible, algunas tendencias generales de
desigualdades regionales. Cada caso permite vislumbrar una mayor o me-
nor capacidad de reducción de las tendencias, aunque no permita en nin-
guna situación el discurso de la organización regional. Por lo menos esto
es lo que el planteamiento teórico y los datos empíricos nos presentan por
el momento.
Además de eso, es el papel del Estado en conjunto con las instituciones
locales, buscar la posibilidad de potencializar grupos de sectores, cadenas
productivas instaladas, algunos caminos de articulación que deben se mejo-

184
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

rados (logística de transportes, comunicación, redes de servicios, etc.), y


otros medios capaces de rebajar los costos de circulación e impulsar enten-
dimientos políticos-administrativos regionales, capaces de encontrar con-
vergencias de intereses entre los sectores dominantes de la producción re-
gional o aquellos cuyos flujos pasen tal región, como es el caso de las
actividades comerciales y de servicios. Eso, no obstante, podrá ocurrir de
una forma concentrada y no expandida para todos los sectores y para todos
los subespacios regionales.
Se trata de una acción sobre la estructura de la economía regional o ur-
bana.
Sus resultados, por consiguiente, también podrán tener alguna capaci-
dad de irradiación, pero dentro de las redes de articulación que vinculan ta-
les inversiones con otras que componen el cuadro de complementariedad
del circuito comercial en el que tales flujos están conectados, independien-
tes de las regiones del mundo donde los mercados y las unidades de pro-
ducción estén localizados.
Pero otro aspecto merece un análisis: la capacidad de la identidad cultu-
ral de un grupo socio territorial reaccionar a dichos procesos y tener más
éxito que las políticas estatales.
La regionalización cultural es verdadera y muchas veces fuerte al punto
de resistir a las reparticiones territoriales, con la base de las delimitaciones
político-administrativas. Hay varios ejemplos en España y en la antigua Unión
Soviética, solamente para poner estos dos ejemplos. Hablando sobre el ca-
so de la Unión Soviética, Castells (1999b: 59), demuestra la gran diversidad
cultural y las distintas etnias, e identifica la imposibilidad de que cualquier
Estado tenga la capacidad de agregarlos.
Por otro lado, como ya comentamos en varios pasajes de esta investiga-
ción, el mundo actual, articulado en todas sus partes territoriales por flujos
de capitales, exige integración regional, aprovechando los elementos de la
articulación territorial de infraestructura de la red de agua, de energía eléc-
trica, de transportes, etc. (Castells, 1999: 59).
La regionalización de la cultura no siempre está vinculada territorialmen-
te a la espacialidad de la economía y de sus redes de articulación. Difícilmente
eso sucede, aunque algunos grupos culturales tiendan a tener más capaci-
dad de inserirse a los flujos socioeconómicos que otros y, así, puede definir
una región particular, en la base económica.
Lo que quiere decir que, si al Estado le es difícil desarrollar acciones ca-
paces de atraer culturas diferentes, en los moldes atrás referidos, aunque
sea ese uno de sus papeles, es todavía más difícil ajustar los territorios cultu-

185
Un mundo de desigualdades

rales a los espacios demandados por el capitalismo mundial, para impulsar la


competitividad regional. Pero tenemos datos empíricos abundantes para re-
conocer que los flujos de capitales, hegemónicamente infiltrados en todos
los rincones del planeta, tendrán fuerza suficiente para formar la agregación
espacial de los flujos más importantes y estructurales, definiendo los contor-
nos regionales más significativos.
Cataluña, en España, considerada por Castells (1999b: 60-80) como una
identidad sin Estado, en realidad está subordinada a los mismos efectos
identificados por el autor para varias otras regiones del mundo: creciente
diferenciación entre extractos de renta, diferenciación territorial de cali-
dad de vida, etc. Son todas las características inherentes al capitalismo (sin
preocuparse por su calificación) y con tendencias a agudizarse, según las
inclinaciones proyectadas por el propio autor. Hay casos como el de la
Unión Soviética donde un Estado abarcaba grandes diferencias de identi-
dad cultural, pero también hay casos, en los que un Estado no logra una
identidad, tal como los casos conectados a la fe religiosa, ya sea católica,
musulmana, judía, etc.
De esa forma, las identidades culturales pueden o no ocurrir en los terri-
torios contiguos; pueden o no estar asociadas a un Estado, lo que, como
consecuencia, no tiene la capacidad de definir una regionalización, por sí
misma. Lo que normalmente ocurre es una agregación espacial entre grupos
socioculturales con los flujos socioeconómicos, formando una espacialidad
de flujos socioculturales y económicos. En estas circunstancias, no todas las
partes o grupos de una identidad cultural participan con las mismas caracte-
rísticas y con el mismo valor en la reproducción de la sociedad capitalista, en
el ámbito regional.
En fin, para el caso de esta investigación, las identidades culturales pre-
sentan su valor cuando están asociadas a una regionalización socioeconómi-
ca, con todas sus diferenciaciones y presentando una capacidad peculiar de
inserción en el proceso de desarrollo regional. En este caso, eso puede cons-
tituir una posibilidad para encontrar convergencias de intereses localizados
y sectorizados (como los movimientos nacionalistas unificadores), lo que no
garantizará una homogeneidad capaz de asegurar oportunidades intrarre-
gionales ecuánimes. Eso constituye posibilidades limitadas e inéditas, pu-
diendo asegurar estabilidad por un tiempo determinado, pero estas serán
siempre amenazadas por la dinámica social interna y los movimientos so-
cioeconómicos externos, lo que no permite excesos en formatos de mode-
los de desarrollo para otras realidades.

186
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

6.4 Límites y posibilidades establecidos en función de la utilización de


métodos de investigación incompletos

En varios estudios empíricos analizados, han sido utilizadas las demarcacio-


nes territoriales calcadas por límites institucionales en un formato cerrado
de planes regionales. Es cierto que, en síntesis, los grupos sociales conviven
con las actividades rutinarias en cercanía, en contactos personales insustitui-
bles, dentro de un territorio fijado por las posibilidades de circulación y vi-
vencia diaria, a pesar de las relaciones por las infovías y otras maneras que
los avances tecnológicos permiten. Frente a eso, habrá siempre una escala
territorial necesaria para que se comprendan los avances en los medios de
subsistencia social y en la calidad de vida. Es importante también que se mi-
dan los avances en estas regiones, para que sea posible identificar el com-
portamiento de los elementos disponibles y los vacíos que el proceso de al-
teración social exige a cada período. Y además, puede ser importante utilizar
el recorte de la Geografía Política para asegurar determinados análisis esta-
dísticos calcados en series históricas oficiales, que pueden estar articulados
a las políticas institucionales necesarias. Es importante comprender todo
eso, pero también es necesario resaltar que ese planteamiento regional es li-
mitante para la inducción al desarrollo regional.
Las características apuntadas en el planteamiento teórico sobre la fase
actual del desarrollo socioeconómico dan pocas posibilidades para que los
métodos que utilizan un recorte territorial, mencionado anteriormente, ten-
gan éxito en el contraste del desarrollo. La repartición de las unidades de
producción, los caminos más densos en los intercambios de mercancías y de
personas y la velocidad de rotación del capital, repercuten en el espacio con
resultados enteramente dinámicos. Las alteraciones regionales se procesan
también con gran velocidad y los puntos que se articulan entre regiones dis-
tintas pueden moverse con facilidad, en función del pequeño porte de las
iniciativas empresariales. Este proceso forma objetivos móviles espacialmen-
te, aunque el carácter de las articulaciones continúa procesándose. El hecho
de que las unidades de producción hayan disminuido la intensidad de las re-
laciones con la propia región, denota una afición territorial pequeña y una
continua disposición para cambios en los diseños regionales.
En ese proceso, las mutaciones y las migraciones de la mano de obra son
crecientes. Las mutaciones significan las constantes entradas y salidas de
personas del mercado de trabajo y, por consiguiente, de locales de vivienda
o de ubicación regional. Las migraciones constituyen los flujos de personas
que operan en un circuito fluido en varias regiones, dependiendo de las

187
Un mundo de desigualdades

ofertas de empleo y de renta, como es el caso de los «bóias-frias» (jornale-


ros) en Brasil, de los emigrantes latinos, del Norte de África y del este euro-
peo en dirección a Europa.
También es limitante para medir el grado de desarrollo y para trazar las
tendencias al desenvolvimiento, las tasas crecientes de desempleo, de acti-
vidades ilícitas o de los subempleados que ya ocurren en varias partes del
mundo, haciendo gran énfasis en los países más pobres, como mostramos
con los datos de los Estados Unidos.
Como consecuencia, las tendencias de un dado negocio o proyecto de
una región, estaría directamente vinculado con sus complementos o socie-
dades en varias otras regiones, algunas significando articulaciones pasaje-
ras. El formato jerárquico de las redes de articulación exige recortes espa-
ciales diferentes para que se reconozca una regionalización flexible. Eso
puede ser comprobado, por ejemplo, en los dos recortes presentados en el
caso de los Estados Unidos. Los dos muestran realidades distintas, porque
han sido recortados con visiones definidas por ópticas o lógicas también
distintas.
Por un lado fue posible demostrar inseguridades sobre las desigualda-
des de corte territorial, utilizando las tradicionales regiones planas, sin per-
cance y sin ponderación de los elementos más significativos espacialmente.
Pero por otro lado, los indicadores sociales, sin recorte espacial, mostraron
una tendencia clara a las desigualdades, lo que debería estar asociado al te-
rritorio, pero que el resultado de las investigaciones territoriales no demos-
tró dar valor.
Lo mismo ocurrió con la utilización de los indicadores agregados, donde
el recorte territorial dejó de considerar las diferencias importantes internas.
Las medias, en ese caso, deforman la realidad y esconden las desigualdades
y las oportunidades. Más que eso, tal método deja de considerar que las ar-
ticulaciones entre las unidades de medio y gran porte están asociadas a las
estrategias internacionales de los precios y características de producción,
mientras que las unidades de pequeño porte, absolutamente disociadas de
las primeras, operan en un circuito diminuto y de asesoramiento local, aun-
que todas ellas estén asociadas a la lógica capitalista. Las unidades de me-
nor porte normalmente tienden a desaparecer o ser sustituidas por nuevas,
mientras que las grandes unidades, en porte y en articulación internacional,
tienden a desplazarse en búsqueda de nuevas oportunidades de inserción
en la red de negocios en otras regiones.
En todas las regiones eso ocurre, pero es más aparente en las regiones
con menos densidad económica y con más disparidades sociales. En esos

188
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

casos, las mediciones y los análisis pueden ser desarrollados con más dili-
gencia, lo que significa mejores posibilidades de inducción de los resulta-
dos, dentro de las limitaciones antes defendidas. Pero, por otro lado, tam-
bién en esos ambientes de países y regiones pobres es donde las posibilidades
de levantamientos estadísticos y estudios regionales se procesan con menor
firmeza y con menor estabilidad temporal. Eso significa restricciones y limi-
taciones al desenvolvimiento.
Además del recorte territorial de las metodologías inclinadas al recono-
cimiento de las escalas del desarrollo regional, se utilizan indicadores que,
en su mayoría, ya traen asociado su carácter incluyente. O sea, al trabajar
con la renta per cápita o con los indicadores de desenvolvimiento, las meto-
dologías intentan encontrar medias que esconden las diferencias y sotierran
los distintos procesos que llevan a tal diferenciación. Independientemente
de eso ser agregado a una dada territorialidad, el propio indicador, por sí
solo, no da resultados plenos para una acción y una identificación de las
causas y los resultados. Los datos del PIB, que pueden ser cuestionados en
varios de sus aspectos de formulación, pero que no es el motivo de esta in-
vestigación, demuestran la capacidad de producir riqueza general, pero no
representa la distribución por grupos de personas o en subespacios regio-
nales. Unido a otros indicadores, como los servicios sociales, por ejemplo,
ese indicador no presenta más que un número, cuyos resultados pueden te-
ner más o menos capacidad de transferencia espacial de valores, sin que
eso represente los resultados locales.
Las posibilidades de inducción al desenvolvimiento regional requieren,
antes que más nada, métodos para que se reconozcan los flujos reales y los
territorios en los que ellos circulan o fijan su producción de valor. Desde el
punto de vista territorial, dadas las características de la realidad socioeconó-
mica actual, más que reconocer la realidad a partir de la fijación de los terri-
torios o las regiones delimitadas por criterios institucionales, es imprescindi-
ble que se reconozca el espacio de los flujos, los puntos en el espacio que
contienen las aglomeraciones de la producción, los caminos utilizados por
los flujos, en fin, la estructura, y a partir de ahí, entender las medidas que se
pueden adoptar para potencializar el desenvolvimiento en una dada territo-
rialidad delimitada institucionalmente.
A diferencia de antes, las delimitaciones rígidas de una territorialidad en
una región constituyen apenas un dato más del problema y no lo más im-
portante. Será necesario reconocer que, en el caso que se quiera estimular
una tendencia o una oportunidad, algunas acciones estarán más adecuadas
si son efectuadas fuera del territorio, especialmente sobre los caminos re-

189
Un mundo de desigualdades

corridos por los flujos. Eso pasa a constituir una limitación, por el hecho de
que tales flujos y sus caminos son mutables a gran velocidad y, por tanto,
exigirá un acompañamiento constante sobre la lógica del proceso y sus mo-
dificaciones.
Exactamente por eso es que estas limitaciones crean posibilidades para
los estrategas, los constructores de políticas, los formuladores de directrices
y de acciones prácticas. Aquí estaría contenida la idea presentada en el plan-
teamiento teórico de que la formulación de políticas basadas en el conoci-
miento de los factores que están más directamente envueltos con los flujos
que deben ser potencializados, cada día estará más cerca de la acción, unien-
do casi como una comunicación on line los pasos del planeamiento con la
gestión del planeamiento. De la misma forma que los análisis y los datos que
ofrecen subsidios serán acompañados en tiempo real para ser potencializa-
dos. Eso no es más que el comportamiento actual de aquellos que acompa-
ñan el mercado financiero. Podrá ocurrir en el futuro una aproximación de
los procedimientos de las inversiones en el sector financiero y del sector pro-
ductivo, por lo menos relativamente a los días actuales. Para que eso ocurra,
es necesario que se disminuyan, aún más y para los grandes grupos contro-
ladores del proceso, los costos de inversiones con capital fijo y circulante y
que sea reducido el tiempo de retorno de dichas inversiones. De esta mane-
ra, el proceso de producción será cada vez menos aliado a determinadas es-
pacialidades, aunque de ellas nunca se despegue, a no ser que la tecnología
encuentre medios de transferir materia por la vía del teletransporte.
Al ocurrir eso, será una radicalización importante de la concentración de
capitales y del control de todos los medios de reproducción de la sociedad
capitalista mundial, lo que podrá impulsar aún más la inducción centralizada
del proceso de desenvolvimiento regional en todo el mundo. De esta forma,
los criterios para la localización de las inversiones podrán ser absolutamente
diferenciados, probablemente teniendo en cuenta los aspectos relativos a la
seguridad y la relación con los elementos restante de la naturaleza.
En tales circunstancias, el proceso histórico puede perder su dimensión y
dejar de servir como referencia para las evaluaciones del desempeño y los
comportamientos futuros. De esa forma, los métodos de convergencia, por
ejemplo, pueden dejar de servir para medir el desempeño histórico de una
territorialidad, incluso porque dejará de tener una importancia menor el va-
lor de las relaciones socioeconómicas de una parte del territorio y pasará a
ser importante el crecimiento de los flujos, en su conjunto.
Hoy ya no es posible efectuar lecturas de la realidad regional, a partir de
apenas un recorte metodológico y eso tiende a agudizarse con el tiempo. El

190
Capítulo 6. Límites y posibilidades de interferencia
en las tendencias del desarrollo regional

análisis regional exige ópticas variadas y una lectura transversal de reconoci-


miento. Son dos lógicas diferentes que carecen de planes distintos para ser
presentados, en las cuales pueden utilizarse métodos de cuantificación de
econometría, pero cuyos resultados serán mucho más cualitativos, por el di-
namismo de la realidad y por las exigencias de respuestas inmediatas. Eso
no quiere decir que no haya más espacio para los análisis a medio y largo
plazo, pero eso debe ocurrir también en formatos cada vez más cualitativos
y estratégicos, que utilizan tecnologías aún no perceptibles y que son impre-
visibles cuando se trata de las formulaciones de la directrices.
Como tal, las mediciones de los resultados de las políticas de la Unión
Europea, por ejemplo, deben exigir cada vez más otros cortes y una visión
articulada de sus resultados. Los puntos de vista sobre los resultados de
cada recorte espacial deben convergir para un punto que puede ser dedu-
cido tanto como límites al desenvolvimiento, como nuevas posibilidades
de desarrollo. Las inseguridades creadas por la velocidad del proceso y
por las necesidades de una acción inmediata crean un juego que acierta
más a quien actúa en las probabilidades y es aquí que los estudios deben
tener más atención con sus exploraciones. Son los estudios cualitativa-
mente desarrollados, cada día más, por un menor número de personas o
grupos calificados a escala mundial.
En las condiciones actuales, con las dinámicas de las articulaciones, con
las ausencias de territorialidad del capital en varias actividades, con las efí-
meras organizaciones espaciales de unidades de producción, en fin, con la
sociedad reproduciéndose a gran velocidad y el espacio rediseñándose con
abultadas combinaciones de resultados, las limitaciones y las posibilidades
de inducción al desenvolvimiento regional pueden ser siempre crecientes,
pero pueden estar dirigiéndose para campos diferentes.
En el mismo instante que tienden a crecer los límites establecidos por la
reducción del tiempo de rotación y de decisión, se elevan a las posibilidades
de acción en nuevos espacios. En otras palabras, las respuestas rápidas limi-
tan el número de capacitados y exactamente por eso, se amplían las oportu-
nidades de acción sobre la creación de nuevos espacios de flujos y de terri-
torios conquistados. Eso no debe dejar de llevar la crisis de competitividades,
que puede significar nuevas limitaciones al desenvolvimiento regional.
Cuando los métodos de establecimiento de las estrategias de desarrollo
se vuelven incapaces de resolver los problemas, pasan a transformarse en li-
mitación que, a la misma vez, pueden ampliar las posibilidades de atraer
nuevos recursos humanos con nuevas calificaciones y con conocimientos pa-
ra la elucidación de los problemas.

191
Un mundo de desigualdades

Cuando la finitud de los recursos naturales está ampliamente reconocida


como una limitación al desarrollo (tal como las reservas de petróleo o la sa-
turación del aire y las devastaciones de las forestas y las transformaciones
de las aguas de los ríos en productos no utilizables) crecerán siempre las
posibilidades de ocurrir los desastres ecológicos, que crean las barreras pa-
ra el proceso de desarrollo de determinadas regiones, incluso de todo el
planeta.
Por otro lado, las posibilidades de producción pueden frenar la capaci-
dad del mercado consumidor, lo que por sí mismo, es una significativa limi-
tación para el proceso de desarrollo regional y resulta en tasas cada vez me-
nores de crecimiento de la riqueza. Las posibilidades de expansión de las
ventas de una empresa y de una región están unidas a la ampliación del mer-
cado, lo que conlleva a reducir los límites de los suministradores, cuyas uni-
dades pueden estar instaladas en otras regiones, o en la creación de nuevos
productos capaces de competir con mercancías similares y obsoletas.
En fin, los límites y las posibilidades dentro del proceso de desarrollo de
la sociedad capitalista crean las restricciones y generan las posibilidades, pe-
ro la lógica no ocurre en un mismo plan, bajo un único punto de vista, den-
tro de un solo ambiente. Ocurre dentro de un cuerpo único de la sociedad
que, por lo tanto, no puede ser fragmentada para efecto de análisis, sino a
través de recortes que permitan entender las articulaciones entre los proce-
sos más estructurales de la realidad, su soporte, y que sean capaces de ha-
cer posible la comprensión de un conjunto.
Pero tal conjunto es móvil y constituido de movimientos internos, de pro-
cesos secundarios, terciarios, cuaternarios, etc., todos guardando caracterís-
ticas diferenciadas, como si tuvieran capacidad de funcionamiento propio.
Pero su conjunto trae una lógica que se encuentra difundida en todas sus
partes, en todos sus procesos, como si fuera un combustible, una energía
que permite la pulsación continuada y que es lo que da vida al conjunto de
las actividades humanas.
Lo que parece vital para la vida, se construye con procesos que se basan
en la creación de las posibilidades de desarrollo de unos grupos sociales, a
partir de las limitaciones encontradas por otros grupos en otros territorios.
¿Es esta la vida que construimos?

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