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El goce

Segunda parte del primer capítulo.


El Goce.

¶ 1: El problema del goce en general como problema de las acciones humanas.

Se ha dicho que es, o por el placer o por la satisfacción de alguna necesidad o por la razón o
por algún bien, por lo que actuamos generalmente. Nosotros, en cambio, explicaremos por
qué otros postulan que la acción es determinada por algo que opera en sentido contrario a
una satisfacción o necesidad que tenga como fin el placer, y que incluso, si es que hay
algún bien, es muy distinto a lo que se ha creído. Es para esto que el goce, que aquí vamos
a trabajar, se hace indispensable. Él nos permite, por una parte, entender uno de los
elementos más importantes de la postura teórica de Jaques Lacan, y por otra, dilucidar los
postulados de Slavoj Žižek y Ernesto Laclau sobre distintos análisis y propuestas políticas
que lo presuponen de una u otra manera. Sin embargo, el goce nace del psicoanálisis —
disciplina que en su técnica opera sobre lo particular— mientras que los usos políticos
operan sobre lo social; problema interdisciplinar que no abordaremos aún, ya que ahora nos
interesa entender este concepto desde su cuna, es decir, desde la teoría del psicoanalista
francés ya mencionado.

¶ 2: El goce en la obra de Jaques Lacan.

Comenzaremos con entregar las coordenadas teóricas dentro de la obra de Jaques Lacan y
sus referencias básicas respecto al goce. Su obra se difunde por medio de sus escritos y
seminarios dirigidos tanto a psicoanalistas como a intelectuales. Sus seminarios anuales son
la vía más conocida y accesible a su obra, por lo que podemos ubicarnos según el año en
que se realizó cada uno. El goce [jouissance], fue traído al mundo en el seminario La ética
del psicoanálisis (Lacan, 2009) dictado entre los años 1959 y 1960. Estas clases fueron
dictadas luego de haberse hecho el año anterior El deseo y su interpretación (1958-1959).
Esto es relevante porque se marca un quiebre en su investigación sobre el deseo, que ahora,
adquiere un reverso, una otra cara de la moneda, que es el goce. Con respecto a los
primeros años de su seminario —hasta finales de los años cincuenta—, se puede decir que
es errática la referencia al goce y que si aparece, no lo hace con este nombre. Ya que su
investigación está centrada en el deseo y en las categorías de lo imaginario y lo simbólico.

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El goce

Si bien, ya estaba presente la categoría de lo real —tan importante al concepto de goce—


no va a ser sino desde el seminario once, titulado Los cuatro conceptos fundamentales del
psicoanálisis (Seminario 11, 2008), que se dedique regularmente a esta categoría.

¶ 3: El deseo

El deseo, primero, lo entendió Lacan como deseo del Otro. En una dialéctica del deseo que
aspira a su reconocimiento. Esta propuesta tiene una evidente influencia hegeliana. Pues, no
lo olvidemos, que Lacan asistió al seminario dictado por Alexandre Kojève entre 1933 y
1939 sobre la fenomenología del espíritu de Hegel (Roudinesco, 2012). En un segundo
momento, el deseo es entendido como deseo más allá de una necesidad que se hace
reconocer en el significante, en el Otro como lugar del código y de la ley. Esto quiere decir
que pasa necesariamente por la mediación del orden simbólico que lo constituye como tal.
Por último, no va a ser sino hasta la década de los sesenta, que al deseo se lo coloque en la
dimensión del goce como su otro polo (Braunstein, 2006).

¶ 4: La referencia a Freud

En el seminario de La ética del psicoanálisis se comentan La ética a Nicómaco, de


Aristóteles, La Cosa o Das Ding, de Martín Heidegger y a La filosofía en el tocador del
Marqués de Sade. Obras filosóficas de las que se entabla un comentario desde el
psicoanálisis. Por lo que se refiere al mismo psicoanálisis, está la referencia a Melanie
Klein y a otros autores de las teorías objetales. Sin embargo, la influencia más importante
es la de Sigmund Freud y a los textos el Proyecto de psicología («Entwurf einer
Psychologie») y Más allá del principio del placer («Jenseits des Lustprinzips»). En ellos se
explora la dimensión de la repetición y la pulsión de muerte. Lacan parte de estas obras
para referir al concepto de goce y enmarcarlo dentro de una ética particular.

¶ 5: Explicación general respecto al goce.

El goce se refiere a lo perdido del cuerpo cuando es sometido a los requerimientos de la


cultura y del lenguaje. Trata sobre las consecuencias en el psiquismo cuando se pierde parte
de esta sustancia. Su pérdida no deja de tener consecuencias durante toda la existencia.

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El goce

Como una primera aproximación, se puede entender al goce como lo que Freud llamó
pulsión. La pulsión es domesticada por la educación y la cultura, sin embargo, siempre deja
un resto inasequible a su domeñamiento. El niño, que antes de nacer ya tiene un lugar en el
imaginario de los padres, ingresa al universo simbólico que lo antecede. Es siempre el hijo
de un padre y/o una madre, hermano o hermana, hombre o mujer. El Otro1 le da el lenguaje,
le da una lengua con la que se identifica. El Otro es el campo del lenguaje2. Así, el niño,
cuando aprende a hablar y se adentra en las exigencias de la cultura, va renunciando al goce
que trae su cuerpo, es decir, renuncia a la satisfacción no restringida de la que es capaz su
cuerpo, y las intercambia por las posposiciones que le exige el medio, es obligado a
demandar en el lenguaje por su deseo. Antes del lenguaje, en una instancia más bien mítica,
su cuerpo es una reserva ilimitada de esta sustancia de goce. El niño —o infans cuando se
refiere al ser antes del lenguaje— intercambia este goce de su cuerpo por imágenes y
representaciones, las trueca finalmente por las palabras de amor de ese Otro. Cuando
aprende a ir al baño, por ejemplo, intercambia un cierto goce de su cuerpo por las palabras
de afecto y felicitación que le dan los padres, que implican con ellas una prohibición. Se
trata de una doble conciliación, por una parte, el conflicto con el Otro, respecto al goce
perdido del infans, y por otra, el goce del Otro que goza con el cuerpo de él. Porque no hay
conciliación desde la díada es que se hace necesaria una tercera instancia, por eso se
necesita de la Ley del Otro, es decir, la Ley a la que también está sometido este Otro, la ley
del lenguaje, la ley del deseo. La Ley, se puede decir, es la imposición de las limitaciones y
pérdidas del goce. Por eso existe siempre una incompatibilidad entre la Ley y el goce. Ya
que, una vez adquirido el lenguaje, con la renuncia de goce que esto significa, ocurre que
algo de él aún puede ser alcanzado, pero no directamente, sino que ahora es siempre por
medio de un rodeo que pasa por el narcisismo, es decir, por el campo de imágenes y
palabras. El goce se transforma en goce lenguajero y se lo busca fuera del cuerpo. Se
somete a los imperativos y aspiraciones del Ideal del yo que funciona como espejismo de su
deseo. El Ideal del yo, es la instancia que se queda con lo perdido del goce. Se lo ama como
el personaje mítico al que se aspira, y se tiende a él porque se imagina que él guarda eso

1
Por el momento, recordemos el Otro tal y como lo vimos en el apartado anterior. Como la madre
en cuanto es quien cuida y de quién se pregunta por su deseo.
2
Segunda acepción.

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El goce

perdido. Braunstein, siguiendo a Lacan, propone distinguir dos goces, el primero antes del
lenguaje como goce del ser y el segundo como goce luego del ingreso al lenguaje, goce
fálico.

El goce al pasar al goce fálico, tiende a buscar el primer objeto de amor, que es también, la
primera simbolización. Busca afuera lo que perdió de su cuerpo. Sin embargo, no pierde
nunca su referencialidad, ya que ahora es la función de esta primera simbolización la que
opera como brújula de lo que es o no objeto de deseo, pero es siempre un objeto perdido,
objeto del incesto. Estructuralmente perdido, aunque tendencialmente presente, se lo puede
pensar como una alteración en el espacio que determina a la materia a mostrarse como
alterada, remarcada de un cierto brillo fálico3. Asimismo, la Cosa [das Ding], es lo que
Lacan refiere para hablar de la sublimación, que se resume en la fórmula de elevar un
objeto a la dignidad de la Cosa (La ética del psicoanálisis, 2009). Se refiere a lo que puede
adquirir algo de la sustancia del goce que fue perdida. Sin embargo, siempre como algo
imposible, ya que la palabra mata a la Cosa (La ética del psicoanálisis, 2009), es decir, que
lo que fue perdido ya no es posible recuperarlo, pero tampoco es posible no aspirar a algo
de lo perdido, al menos a algo de su goce. La Cosa queda así como un absoluto punto de
partida, como la función del deseo. De él quedan sólo objetos fantasmáticos que causan el
deseo y que se marcarán, posteriormente, con la decepción respecto a la Cosa. Lo que se
concibe como el objet petit a, como plus de goce, es la medida del goce faltante, como
manifestación de la falta del goce del ser. El goce como a es residual, compensatorio. La
renuncia total del goce es imposible. Lo que fue rechazado siempre insistirá. Ese es el
fundamento de la compulsión a la repetición. Lo perdido funda una memoria inconciente
que se manifiesta en el discurso como cadena paralela de la enunciación que logra decirse
por medio de los lapsus, actos fallidos, síntomas o chistes.

El goce viene a ser entonces la satisfacción de la pulsión de muerte 4. Es decir, que es una
fuerza constante que no puede ser satisfecha y que conlleva una dimensión histórica de las

3
La analogía entre el goce, en cuanto real, y la física cuántica se la debemos a Žižek que la explica
en su documental…
4
Aquí seguimos a N. Braunstein que se aleja de lo comentado por J. A. Miller y D. Ravinovich que
hacen del goce la satisfacción de una pulsión en general.

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El goce

vicisitudes del cuerpo. En ella se registra —y entra en el plano de lo psíquico humano— la


dimensión de la destrucción dentro de la historia. Esta dimensión, se relaciona con la
cadena significante que hace que en ella se cree ex nihilo, como lo propio de la creación
desde el significante que responde a la función del goce. La voluntad de destrucción que
nace de la pulsión de muerte, que puede, desde el significante, cuestionarlo todo.

¶ 6: El goce y el significante

El sujeto, al ingresar en el orden del discurso, sustituye a la cosa por representaciones o


significantes. Le impone otra ley que la de la pretensión del goce pura y llanamente. Los
significantes responden a la ley del lenguaje que es la de la metáfora y la metonimia. De
esta manera se simboliza el goce perdido. Goce que es, ya lo dijimos, siempre
inconmensurable con el significante. Lo esencial es, cómo el goce es trasvasijado hacía el
significante, es de esto, precisamente, de lo que trata la teoría sexual de Freud enunciada en
Tres ensayos de teoría sexual de 1905. Por eso hay funciones del objeto a que se recortan
según vengan de lo oral, lo anal, lo uretral, lo muscular, lo visual etc. que en su renuncia
aparece la posibilidad de investir un objeto fuera del cuerpo, que, sin embargo, guarda de
ese goce respectivo. Así es que, para Braunstein, la palabra funciona como diafragma del
goce. A esta renuncia del goce es a lo que Lacan va a llamar la castración, es decir, que la
castración implica una renuncia del goce del cuerpo como goce del Otro. En el capítulo
anterior dijimos que la castración es la de la madre. Precisemos, en ese como en este caso
es una castración respecto al goce. A la madre se la castra del falo, es decir de un cuerpo,
infans, que es puro goce y del que goza, y a ese cuerpo no le queda sino que ser absorbido
por los rodeos del lenguaje para volver a alcanzar algo de ese goce del Otro y que es
también, como veremos más adelante, motivo de angustia.

¶ 7: castración de las zonas erógenas, la Cosa, el Falo

Las zonas erógenas parciales que quedan luego de la castración, alcanzan su significación
definitiva cuando incluyen la función imaginaria del – 𝜑, es decir, que los objetos del deseo
se marcan con la imposibilidad respecto a la Cosa (Φ). Se designará entonces, como “Φ” al
Falo (con maytúscula), que es el significante del goce que está prohibido para el hablante,
es decir, la Cosa. Debe entonces desplazarse por los significantes fuera del cuerpo. Es por

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El goce

esto que el objet petite a lleva sobreentendida la función de la castración. Lacan entiende
entonces que todo discurso va a ser siempre el del semblante, cuya función es representar y
enmascarar la verdad de la que deriva. El mito último de esta falta es el de la Cosa que en
definitiva es la falta de la falta, es la pulsión de muerte como tendencia a cero de la carga
energética. La Cosa, como representación de la completud del goce es un contenido
fundamental. Es lo fundamental en la fantasía5. La Cosa es irrepresentable, un vacío que
intenta llenarse por espectros imaginarios que son los objetos del fantasma. Por la falta de
este goce se le pregunta al Otro como garante del saber, más este no tiene tampoco los
significantes para dar cuenta de esto. No puede colmar el vacío abierto por el significante
en el ingreso del goce al lenguaje. Es por la falta de la Cosa en el mundo por lo que se
multiplican los objetos en el mundo. Los hablantes entran en el mercado del goce respecto
al Otro.

¶ 8: representación de la Cosa y el objeto a, el Topo.

La representación de lo anteriormente dicho, lo ve Braunstein como un neumático. En el


centro vemos que existe un vacío central, pero dentro de la cámara de aire, lo que es
propiamente el neumático, existe otro vacío. Entonces, ocurre en los rodeos que se dan
dentro del neumático donde se presenta el objeto a, pero a su vez, en su curso, se va
trazando el vació central que es inaccesible, de espacios incomunicables al vacío central. El
medio, el vació del Falo Φ, que es la Cosa, es el silencio de la pulsión que no puede ser
satisfecha. Es el lugar de una suerte de atracción enigmática separada por la cámara del otro
vacío que es la función que tiene el lenguaje como castración simbólica de la Cosa. Este
vació interior es lo que se va a representar como el Falo simbólico, ya antes representado
por Φ. (Braunstein, 2006).

¶ 9: recapitulación.

En pocas palabras, la ley tiene un efecto no temible, no angustiante, que es la castración


simbólica. Esta instala la separación entre el goce y el deseo. Lo prohibido queda como
fundamento del deseo porque el goce tiene que pasar por la palabra. Esto quiere decir que,
el vaciamiento del goce del cuerpo con la educación de las pulsiones culmina en la

5
Y que a Žižek le permite concebir lo que ocurre con el antagonismo en teoría política.

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El goce

resignificación de lo que se quita del cuerpo por el complejo de castración. La relación al


falo, significante de la falta para todos los hablantes y que además divide el campo de la
sexuación en dos mitades no complementarias, hace al sujeto tender siempre a él como
subrogante del Falo. El Falo, como significante, tiene en su haber a la imposibilidad del
goce de la Cosa o goce del ser como significado. Asimismo, todo lo que haga esta siempre
sometido a la prohibición del incesto que es la renuncia al primer objeto de amor, absoluto,
que es el deseo de la madre.. El Falo es el significante de esa prohibición absoluta que es el
punto cero del lenguaje, es decir la Cosa.

¶ 10: definiciones

Precisemos lo dicho hasta ahora. El Falo (Φ) es, como centro, el tronco del significante que
señala el lugar y la imposibilidad de la Cosa. Tiene la función de soportar la Ley y designa
por su lugar la falta en el Otro, la castración de la madre o su incompletud que la hace
deseante de algo que no se completa en la relación con su hijo. De ahí que se desee sólo en
función de la castración que pone su marca en todos los objetos que se deseen. Queda
siempre la pulsión insatisfecha rodeando el vacío de Φ, que es el significante del deseo de
la Madre que siempre queda desplazado por el significante del nombre del padre que
impone la ley del lenguaje a los significantes de la Cosa. Se permite entonces el goce fálico,
dentro del lenguaje, pero fuera del cuerpo. Distinto al goce del Otro que sí es dentro del
cuerpo, pero fuera del lenguaje. El Falo funciona entonces como organizador de los demás
significantes sin estar él mismo en la cadena, queda como impronunciable. Todo en el
mundo del significante queda marcado por la sombra de su falta que es no ser el Falo o la
Cosa. Se crea a partir de la estructura señalada la significación fálica dada por la metáfora
paterna. Marca los objetos del deseo como metáforas, o representantes en lo imaginario de
la Cosa.

¶ 11: Al Otro le falta el goce

Respecto al Otro, no se trata de que sólo goce, ya que a él también le falta el goce. La
plenitud no es más que un fantasma neurótico. El malestar en la cultura es una cuestión de
estructura. El goce, por otra parte, no puede ser encontrado como Cosa, ya que nos
ponemos una serie de obstáculos para acceder a él, nos defendemos ya que su sola
aparición pone en peligro a todo el sistema psíquico que intenta mantener con una carga

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El goce

constante al aparato. Es para defendernos del goce por lo que deseamos. El placer también
actúa como defensa, como otra de las barreras que se colocan en contra del goce. Que
mantiene la ley homeostática. El concepto de fantasma da cuenta de esto, de cómo el deseo
se desconoce a sí mismo en la formación imaginaria que aspira al goce. Puede aparecer en
la imaginación como punto mítico de felicidad colmada o en la acción perversa. En uno y
en otro caso se trata siempre de otra cosa. El fantasma propone al objeto a como
instrumento del goce cuando es al revés, el objeto a, es en rigor, efecto del Falo y de su
castración. Los objetos del mundo toman la función de pantallas ofrecidas al fantasma
como promesas de gratificación imaginaria. En esto ve Braunstein el efecto que tiene la
publicidad que ofrecen mercancías que intentar ocupar el lugar de objeto a, o al menos
representarlo. Incluso va más lejos y dice que la misma realidad opera como una barrera
contra el goce6.

¶ 12: El fantasma.

Es por la imposibilidad de tener un acceso a lo real de la Cosa, por lo que emerge el


fantasma. El fantasma es la llegada al goce mediante un saber, lo que quiere decir, que se
accede a él por la articulación significante. Nos apropiamos de una porción de lo real por
medio de los significantes. Conseguimos una articulación que logra una cierta estabilidad
por su relación al goce. El fantasma es siempre un fantasma del saber-gozar que emparenta
a los discursos del amo, de la ciencia y de la perversión, pero que no abordaremos en esta
investigación. El fantasma, continuamos, trata de colmar el vacío que hay en el fondo del
Otro, de que él está también castrado, que no sabe sobre el goce. Es su falta, finalmente, lo
que intenta colmar el fantasma. Su no saber, da el pie al fantasma del saber-gozar.

¶ 13: Barreras contra el goce

Como mencionamos recién, contra el goce es que se erigen distintas barreras, (1) la Ley,
como Ley del deseo y ya no del goce, deseamos y el deseo aspira a su destrucción, pero no
en su satisfacción, sino en su transformación en goce. El deseo nos lleva así, a la Ley del
orden simbólico por donde modularemos los recovecos del goce perdido; (2) el conjunto
fantasmático de las funciones imaginarias, incluidos el saber y la realidad que precipitan

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Apéndice sobre el goce y la economía política.

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El goce

también al deseo en su relación al goce; (3) El placer es una defensa contra el goce,
mientras haya placer se mantiene la homeostasis del cuerpo en un nivel que no rompe las
barreras de exceso que implica el goce y; (4) la sexualidad actúa como barrera contra el
goce en la ilusión de que exista un tipo de goce complementario entre los sexos o dentro del
mismo sexo, cuando en realidad, el goce siempre es en el cuerpo o desde el propio cuerpo y
por tanto, autoerótico. De lo que se sigue que esté fuera de una limitación social estricta. Es
lo que dice Lacan con su fórmula de que no hay relación sexual. Mostraremos el siguiente
esquema de Lacan para ordenar lo dicho hasta aquí:

Cada circulo de este nudo borromeo es una de las categorías lacanianas. El círculo de arriba
es lo imaginario (I), el de la izquierda es lo real (R) y el de la derecha es lo simbólico (S).
Entre lo imaginario y lo real está el goce del Otro, entre lo real y lo simbólico está el goce
fálico y entre lo imaginario y lo simbólico está el sentido. En medio de las tres categorias se
encuentra el objeto a que es materia del próximo apartado. Hemos trbajado el goce del Otro
y el goce fálico, y del sentido sólo diremos que se refiere al conocimiento en general, como
apropiación de lo que vemos por medio de lo simbólico. Aquí está el consenso, los objetos
de la realidad, el acuerdo garantizado por la palabra. Para Braunstein, aquí está también la
ideología. Su característica fundamental es que aquí el goce queda excluido. Es por el
rechazo de lo real por lo que se establece este campo. Pensado de esta manera, no se puede
concebir claramente un afuera y un adentro. El afuera se concibe como un rechazo de algo
del orden de lo real, y lo real, en tanto goce fálico, no ocupa un consorcio en lo imaginario.
Así con cada aspecto que es parcial, pero inseparable de los otros, se concibe a la existencia
humana.

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El goce

¶ 14:Conclusión

Para finalizar, el nombre-del-padre y el lenguaje no son una barreras contra el goce. El


nombre-del-padre hace posible al goce mediante una traducción de él al lenguaje. Logra la
ubicación del significante del falo que permite al goce subjetivarse. Esta es la diferencia
entre el padre real y la función del padre que representa al falo para el sujeto. El nombre-
del-padre es la metáfora del Falo que no tiene representación ni nombre. La función del
nombre del padre es conjugar Ley y deseo, es su misión no dejarnos atrapados en el deseo
de la madre. Es por esto que la castracipon en Lacan es la salvación de quedar atrapados y
no la amenaza constante de acceder al objeto del incesto como lo enunciaba Freud. El
Lenguaje, respecto al goce, es el que lo presenta y representa, sin él el mundo no podría ser
teñido por el goce y no podría ser transformado en algo significativo. Pasemos a ver
específicamente al objeto a.

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