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Educación y filosofía

Bitácora para educadores, filósofos y demás seres inquietos.

Pedagogía, de Immanuel Kant

EMMANUEL KANT
Nació en 1724 en Königsberg (desde mediados del siglo XX, Kaliningrado, Rusia). ), Filósofo
alemán. Kant señala “por la educación el hombre llega a ser hombre”.Kant nos habla -del idealismo
empírico- así que la famosa distinción entre el idealismo empírico y el idealismo trascendental -y
correspondientemente, entre el realismo empírico y el idealismo trascendental- también presupone
el dualismo sujeto/objeto. Entiendo por idealismo trascendental de todos los fenómenos la doctrina
según la cual los contemplamos en su semejanza como simples representaciones ¡del sujeto! y no
como cosas en sí mismas. A este idealismo se opone un realismo trascendental (definido respecto de
la sensibilidad) que mira el tiempo y el espacio como algo dado en sí mismo, independientemente
de nuestra [subjetiva] sensibilidad. Es precisamente este realismo trascendental [Descartes, por
ejemplo] aquel que podría jugar el papel de idealista empírico, mientras que el realista empírico
puede a su vez ser idealista trascendental.

Immanuel Kant tiene fama de haber sido un excelente profesor, volcado con su
docencia. Como parte precisamente de sus obligaciones estaba la de impartir
algunos cursos sobre la materia Pedagogía que fueron rescatados por apuntes de
algún alumno y que hoy conocemos como un opúsculo llamado precisamente así,
Pedagogía, que tiene cierta fama en el área de la Teoría de la Educación. Se trata
de unas pocas páginas que se leen en apenas unas horas, densas, casi
telegráficas en algunos momentos, a las que la edición española de la editorial
Akal que recoge la traducción de Luzuriaga, añade unos apéndices extraídos de
otros lugares de la edición crítica de la Obra Completa del filósofo. De hecho, yo
me voy a referir a esta versión: Immanuel Kant, Pedagogía, Akal, Madrid, 2003
(3ªedición).

Kant parte de la afirmación de que sólo el hombre puede ser educado. Si un


hombre no fuera educado, hipotéticamente, tan solo desarrollaría su animalidad,
señala, es decir, su parte instintiva. Así, el filósofo establece una separación
tajante entre el hombre y el animal aunque no niega en ningún momento la
animalidad existente en el hombre ni lo físico, que ha de ser objeto de crianza y
cuidados y sometido a cierta disciplina. Básicamente, lo que establece esta línea
divisoria es la razón, por lo que el texto de Kant sostiene un racionalismo que
ensalza la cualidad por la que el hombre debe hacerse capaz (gracias a la
educación) de asir las riendas de su voluntad, de razonar lo que hace, lo cual es
sinónimo, dice, de actuar moralmente.

Éste es el mayor logro de la educación que pasa por momentos anteriores que
son presupuestos por él pero que han de ser superados, que son preparatorios.
Por ejemplo, la instrucción. Es decir, el niño debe aprender leyes, “civilidad”,
comportamiento en sociedad, buenas maneras, pero sólo como paso previo al
desarrollo de su razón, la cual le hará capaz de desear la ley (la máxima) por sí
misma, independientemente de los premios o castigos asociados a ella o de la
costumbre o las normas y convenciones sociales. Tanto es así que incluso a la
religión se llega por la moralidad y no al revés. Es más importante una razón que
establezca el amor y deseo de actuar acorde con una máxima moral (aunque
dentro de su típico formalismo Kant apenas indica contenidos materiales morales)
que el ser llevado a ello por la fe en un Dios. El movimiento en la religión es, como
digo, contrario, en la línea de la religión natural ilustrada, que hace de Dios una
especie de recurso para la razón y la moral, lo cual como es bien sabido, fue de
hecho un tópico de la razón práctica kantiana.

En general la pedagogía kantiana no se entiende sin su sistema filosófico. Es


necesario tener en mente, como señala Fernández Enguita en el prólogo de la
edición que manejamos, su división entre fenómeno y noúmeno que pone éste
último la base de la libertad humana y la moralidad, así como presupone a Dios y
el alma. Es en los supuestos de la razón práctica y la antropología kantiana, con
una fuerte y muy evidente influencia de Rousseau, como Kant elabora su
pedagogía.

Mitiga el uso del castigo, incluso ironiza con las ciencias (Rousseau), refleja su
ideal de progreso y de “especie” y bien común (vid. Ensayos sobre filosofía de la
historia), concede importancia a los años tempranos y he detectado, recogido a
través de Rousseau seguramente, la influencia del pensamiento estoico en
algunos momentos, sobre todo en la idea de formar un carácter como paso previo
a inculcar el bien. Es decir, no se trata de educar mecánicamente para que el
hombre sea bueno, sino de crear una personalidad estable y equilibrada (diríamos
hoy) en la línea descrita por un Séneca, por ejemplo (aunque él no lo nombra,
pero es una permanente influencia en Rousseau). Leyendo Emilio, y como es bien
conocido Kant se enfrascó en su lectura hasta el punto de llegar tarde a una cita,
se aprecia esta línea estoica de la forja de un carácter, la constitución de un
sujeto, su creación y constante puesta a punto en los avatares de la existencia,
para ejercitarse y hacerse fuerte en la lucha, en la resistencia que requiere
muchas veces el permanecer fiel a las máximas, al proyecto vital que uno ha
escogido o a la mera supervivencia incluso. Me ha parecido que de un modo sutil,
Kant tiene esto en mente y lo recoge en su tratadito en algunas frases y lugares
muy rousseaunianos.

Así, Kant es un pedagogo racionalista y formalista, como era de suponer. Se le


tacha, oficialmente, de idealista. Todo esto quiere decir que elude la materialidad
en la ética, como hemos indicado, y constantemente está operando con un
hombre ideal, adelgazado, reducido a sus componentes racionales, a su
capacidad de actuar según máximas, que es lo que hay que perseguir y que por
tanto constituye, obsesivamente para él, el fin de la educación, sin concretar ya
más cosas. El formalismo moral del imperativo categórico late aquí como ideal
pedagógico que hace hombre al hombre y que lo eleva sobre su propia
animalidad. Es lo que para Kant más merece la pena en

nosotros, lo que nos humaniza, lo que sin negar nuestro componente animal, nos
distingue del mundo del hábito (vs Bourdieu) y el instinto. Esto puede incurrir en
una negación de la materialidad, a pesar de todo, que como muchas filosofías
posteriores han señalado, continúa operante en la inteligencia y la razón, sin que
la superación o elevación que implican las mismas constituya una negación
absoluta de lo anterior. Baste acudir a Zubiri, por ejemplo, para cuestionar esta
hybris kantiana.

Kant tiene un ideal del hombre como alguien totalmente capaz de una voluntad
casi omnipotente para autorregirse, en un plano moral por lo menos, pero también,
progresiva y colectivamente, política e históricamente. Su tratadito sobre
pedagogía indicaría muy someramente el camino en tamaño micro que ha de
seguir el individuo para este proyecto ilustrado colectivo, que sería la educación.
Tal vez en el fondo la pedagogía kantiana sea como si el paso por la educación
fuera el necesario sacrificio que ha de hacerse a la materialidad que nos
constituye pero para rápidamente olvidarnos de ella e ir más allá de la misma...

15. ALGUNAS FRASES • “Tan sólo por la educación puede el hombre llegar a
ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él.” • “No se
puede aprender filosofía, tan sólo se puede aprender a filosofar.” • “La belleza
artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación
de una cosa.” • “La felicidad no brota de la razón sino de la imaginación.” • “La
paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, es la debilidad del fuerte.”

16. PARA FINALIZAR… • Kant sintetiza su pensamiento, y en general «el


campo de la filosofía en sentido cosmopolita», en tres preguntas: • ¿Qué debo
hacer?, • ¿Qué puedo saber?, • ¿Qué me está permitido esperar?, • que bien
pueden resumirse en una sola: ¿Qué es el hombre?