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La estructura contemporánea

Cuando Lenin escribió, en la primavera de 1916, su libro sobre el

Imperialismo, el capital norteamericano abarcaba menos de la quinta

Parte del total de las inversiones privadas directas, de origen extranjero

en América Latina. En 1970, abarca cerca de las tres cuartas partes.

La OEA describe así el proceso: «Las empresas latinoamericanas van

Teniendo un predominio sobre las industrias y tecnologías ya establecidas

y de menor sofisticación, mientras la inversión privada norte-americana.

Crecimiento industrial latinoamericano y capitalizarlo en su beneficio

No implica, desde luego, un desinterés por todas las otras formas

Tradicionales de explotación. Es verdad que el ferrocarril de la United

Fruit Co., en Guatemala, ya no era rentable, y que la Electric Bond

And Share y la International Telephone and Telegraph Corporation

Realizaron espléndidos negocios cuando fueron nacionalizadas en

Brasil, con indemnizaciones de oro puro a cambio de sus instalaciones

Oxidadas y sus maquinarias de museo.

La actual estructura de la industria en Argentina, Brasil y México –los

Tres grandes polos de desarrollo en América Latina– exhibe ya las

Deformaciones características de un desarrollo reflejo. En los demás

Países, más débiles, la satelización de la industria se ha operado, salvo

Alguna excepción, sin mayores dificultades.

El crecimiento fabril de América Latina había sido alumbrado,

Nuestro siglo, desde fuera. No fue generado por una política planificada

Hacia el desarrollo nacional, ni coronó la maduración de las fuerzas


Productivas, ni resultó del estallido de los conflictos internos, ya «superados»,
entre los terratenientes y un artesanado nacional que había muerto a poco de
nacer. La industria latinoamericana nació del vientre mismo del sistema
agroexportador, para dar respuesta al agudo desequilibrio

Provocado por la caída del comercio exterior. En efecto, las dos guerras

Mundiales y, sobre todo, la honda depresión que el capitalismo sufrió

a partir de la explosión del viernes negro de octubre de 1929, provocaron una


violenta reducción de las exportaciones de la región y, en

Consecuencia, hicieron caer, también de golpe, la capacidad de importar.

Los precios internos de los artículos industriales extranjeros,

Súbitamente escasos, subieron verticalmente. No surgió, entonces,

una clase industrial libre de la dependencia tradicional: el gran impulso


manufacturero provino del capital acumulado en manos de los

Terratenientes y los importadores. Fueron los grandes ganaderos

Quienes impusieron el control de cambios en la Argentina; el presi-

Dente de la Sociedad Rural, convertido en ministro de Agricultura,

Declaraba en 1933: «El aislamiento en que nos ha colocado un

Mundo dislocado nos obliga a fabricar en el país lo que ya no podemos

Adquirir en los países que no nos compran»

La nueva industria se atrincheró de entrada tras las barreras aduaneras que los
gobiernos levantaron para protegerla, y creció gracias alas medidas que el Estado
adoptó para restringir y controlar las importaciones, fijar tasas especiales de
cambio, evitar impuestos, comprar o

Financiar los excedentes de producción, tender caminos para hacer

Posible el transporte de las materias primas