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Habitar el cuerpo

Recuperación y transformación desde la psicología


somática

Christine Cadwell
Todo está en el cuerpo
“Quien lo siente, sabe más”. Bob Marley

¿Qué es la psicología somática? Soma significa, simplemente, cuerpo.. Psique hace


referencia ala mente. La psicología somática es, pues, el estudio de la conexión
mente-cuerpo. Recurre a la filosofía, la medicina y otras ciencias en un intento de
unificar al ser humano en un todo orgánico con el propósito de curarlo y
transformarlo. En cierto sentido, se puede decir que la psicología somática intenta
unificar el campo teórico de la naturaleza humana. Este libro ofrece a grandes rasgos
una visión de la psicología somática, basada en las siguientes premisas:

Cualquier proceso que: se: produce:, sea físico, emocional, cognitivo o


espiritual, ejerce un efecto en el conjunto de nuestro ser:
Nuestra experiencia de un suceso debe llegar a través del sistema sensorial que se
extiende por nuestro cuerpo (a través de una activa red de nervios) para que nuestra
mente la registre: Nuestro cuerpo debe estar en cieno estado de alerta incluso
cuando piensa. y la única manera en que la mente se hace real es a través de los actos
del cuerpo que la encarnan. Nuestra respuesta a los acontecimientos modifica la
estructura física del cuerpo igual que las emociones y los pensamientos: la cólera se
refleja en la mandíbula, la tristeza en el pecho. Incluso el pensamiento puede
asociarse a una expresión característica en el rostro o a un ligero gesto de la mano.
Nuestro cuerpo/mente es una cinta sin fin, un continuo, más que dos sistemas
separados y (en condiciones ideales) colaboradores. El funcionamiento sano es una
experiencia física, además de emocional y cognitiva, y un trastorno en cualquier
parte del continuo mente/cuerpo afecta a todo el organismo.

Como seres humanos, somos sistemas de energía.


Captamos y gastamos energía para vivir y esa energía determina nuestra identidad y
nuestra conducta. La energía puede verse como el equivalente de la personalidad.
Desde una perspectiva somática, vemos cómo se absorbe energía del entorno, sea de
la comida o de la conversación, cómo se procesa y cómo se expresa. Los sucesos
estimulan en nosotros el flujo de energía, energía que es interpretada, entonces, en
función de su impacto sobre la forma y el destino de nuestra estructura física. Si te
critican, encoges la zona pectoral. y cuando eso ocurre, aumenta la tendencia a
tornarme las palabras de la gente como criticas. Después, la energía es liberada al
entorno en forma de comportamiento, hablando en un tono ala defensiva, pasivo o
distante. Con frecuencia solemos tener demasiada o muy poca energía en el cuerpo,
debido al uso permanente que hacemos de la contracción o del colapso como
estrategia de defensa.

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Nuestra energía es una función vital tan básica que no puede ser mala.
Gran parte de nuestro sufrimiento se debe a que constantemente se nos castiga por
nuestra energía. Wilhelm Reich consideraba que la sociedad moderna es una gran
fuerza represora que estruja y pervierte nuestras energías más fundamentales y que
esta represión es la base de toda enfermedad. Esta opinión contrasta con el concepto
de la libido de Sigmund Freud, que la consideraba una forma de energía primitiva,
sin civilizar, que existe en nuestro interior y que debe ser frenada y controlada para
que la sociedad funcione como tal. Sin embargo, según nuestra premisa, considerar
que nuestra energía está fuera de control y que puede resultar peligrosa se halla en el
origen de una profecía que provoca su propio cumplimiento: Toda energía que
rechacemos o temamos se hará distorsionada y se verá herida al no ser expresada o
sentida de forma normal.

Estamos organizados en tomo a un círculo energético de sentimientos y


expresiones.
El sentimiento suele equipararse con la sensación y con el flujo pulsante de energía
del cuerpo. Se produce dentro de éste y consiste en los dalos puros a partir de los
cuales aprendemos a etiquetar nuestras emociones y nuestro estado de ánimo.
Nuestra capacidad para mantenemos receptivos a las sensaciones ya las energías de
forma incondicional es el componente principal de un funcionamiento sano. Muchos
terapeutas somáticos trabajan en recuperarla sensación y la pulsación energética
haciendo que sus pacientes practiquen el seguimiento y la confirmación de lo que les
dice la percepción sensorial (Gendlin, 1978; . Hanna, 1987). En cierto sentido, es lo
mismo, en el ámbito corporal, que las asociaciones libres de Freud.
La expresión es otro componente principal de un comportamiento sano. La única
manera de expresarnos con nuestro cuerpo es con palabras o con gestos. Pero
siempre buscamos una expresión que comunique de forma precisa nuestra
experiencia interior. Ahora bien, si nos mostramos reservados en nuestras
expresiones, nos llaman rígidos, estirados o introvenidos y, si nos expresamos en
exceso, se nos tilda de histéricos, teatrales y descontrolados.

A nuestro cuerpo le encanta moverse y debe hacerlo.


El movimiento es nuestra manera de definir la vida: cuando el corazón late, los
pulmones se llenan y se vacian y el cerebro emite sus ondas, estamos vivos; con la
ausencia de movimiento nos quedamos inanimados o muertos. Todos los
movimientos del cuerpo pueden contemplarse como fenómenos vibratorios o
pulsadores en un continuo que va de aproximado o lento (el avance físico a través del
espacio), e intermedio (los fluidos que circulan por el cuerpo, los gestos, las
vacilaciones emocionales), a precisos y rápidos (intercambio de iones, impulsos
eléctricos). la expansión y la contracción del proceso pulsador es vida en su máxima
expresión: inspirar y espirar, contraer y relajar el estómago en la digestión, hincharse
y contraerse el corazón para bombear la sangre. Este proceso tiene su eco
macrocósmico en la naturaleza pulsadora del universo. y microcósmico, en la
vibración temblorosa del huevo fecundado. En su forma más sencilla, el diagnóstico

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somático es una valoración de dónde experimenta esta persona el movimiento
pulsador de la vida en su cuerpo, y dónde no.

Cuando se frena el movimiento, se obstruye el flujo energía/vida y


enfermamos. y si se lo acelera, también se distorsiona este flujo, dando
los mismos resultados: enfermedad.
Y dicha enfermedad se manifiesta en todo nuestro ser: en nuestro cuerpo físico,
como tensión y bloqueo, o en forma de hiperactividad; en nuestras emociones, con el
retraimiento de sentimientos y expresiones, o con estallidos de sentimientos
inadecuados; en nuestros procesos cognitivos, con opiniones fijas o pensamientos
obsesivos desbocados, y en nuestra vida espiritual, con una sensación de falta de
sentido y de conexión. El sufrimiento se origina cuando intentamos sujetar y frenar o
acelerar y lanzamos a patrones de «ponemos entre la espada y la pared» en lugar de
experimentar el movimiento que baiIa con lo que está sucediendo.

El. cuerpo es un símbolo para toda experiencia.


Esto queda ilustrado en nuestro modo de utilizar el lenguaje. Decir de alguien que es
molesto como un grano en el culo puede reflejar realmente lo tensos que nos
sentirnos en su presencia. Tener una úlcera revela ciertas cosas acerca del flujo de
energía abdominal de la persona que la padece. Soñar que nos faltan las piernas es
una indicación clara de nuestra obligación de estar de pie y de permanecer pegado a
tierra. Al confiar en nuestros síntomas somáticos, escuchamos nuestras palabras,
imágenes y sueños acerca del cuerpo para valorar cómo percibimos y organizamos
nuestra experiencia. Sabemos que el cuerpo nos habla constantemente en el idioma
de las sensaciones y que tal discurso, aunque no esté dictado en palabras, es una
fuente rica y vital de información e intuición.

A la vista de estas premisas, empezaremos a observarla adicción con un nuevo


enfoque. Adicción procede de un término latino que significa «hábitos dedicados».
Así pues, desde la perspectiva somática, una adicción puede ser cualquier cosa que
nuestro cuerpo haga habitualmente. I. C. Schneirla (1959) decía que los animales, en
cualquier nivel de la escala evolutiva, tienen mecanismos innatos de aproximación y
retirada. Estos mecanismos primarios son la raíz de toda conducta motivacional.
Según él, la adicción se vincula con nuestra motivación para aproximamos a ella.
Consideraba que una sustancia adictiva es cualquier cosa que, una vez administrada,
produjera locomoción progresiva, es decir, movimiento hacia algo. Parece que estas
sustancias provocan la locomoción progresiva al activar el circuito de la dopamina en
el haz central del cerebro anterior, la zona relacionada con la recompensa, que
provoca comportamientos de aproximación. En el caso de la comida. el animal se
aproximará a ella. En el caso de la estimulación cerebral administrada centralmente,
el animal se limitará a moverse hacia delante ya aproximarse. aparentemente. a los
objetos más destacados del entorno.

Y añade que. en la adicción. nuestro cerebro está programado para impulsamos a ir


en pos de lo que nos recompensará. En este sentido. la adicción es una conducta de

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movimiento programado de aproximación. La belleza de esta teoría reside en que. en
este momento, es la única que abarca los efectos, sumamente variables, de muy
diversas sustancias adictivas. y de conductas como la ludopatía ola adicción al sexo.
Por lo tanto, moveremos con apremio nuestro cuerpo hacia cualquier cosa que
nosotros mismos hayamos condicionado a asociar con la recompensa. Tengo el
convencimiento de que la adicción es también. al mismo tiempo. una conducta
motivacional de retirada. Cuando nos acercamos a la recompensa, también rehuimos
el dolor.

Alcohólicos Anónimos. una asociación que se fundó antes de la Segunda Guerra


Mundial. fue la primera en establecer un método que enfocara la adicción como un
proceso simultáneo de acercamiento y retirada. Con la aparición de Alcohólicos
Anónimos, que marcó el camino de la recuperación a muchos miles de adictos.
empezó a difuminarse la visión. generalizada por entonces. de que el alcoholismoo
era una debilidad de carácter. En 1962. la Asociación Médica Americana declaró el
alcoholismo una enfermedad y estableció que debía tratarse como tal. Esto fue un
hecho trascendental en la evolución del campo de las adicciones. ya que permitió que
el tratamiento centrara más sus objetivos y por lo tanto fuera más eficaz. Así pues.
en casi todos los centros de tratamiento, se estableció el programa de doce pasos. con
lo que el índice de recuperaciones empezó a aumentar de forma espectacular.

Parte de este programa de los doce pasos se basa en compartir la recuperación con
otras personas. y en mi opinión. muchos de los libros y artículos de carácter
divulgativo que se han publicado sobre dependencias y recuperaciones han surgido,
en parte, del paso doce, en el que los adictos en fase de recuperación empiezan a
escribir ya compartir los frutos del viaje de la recuperación. Otra razón por la que
este campo de la literatura ha llegado a tener tanta influencia es porque los escritos,
al parecer, explicaban muchos aspectos de grandes áreas de la teoría psicológica. y
así. de repente, nos encontramos acudiendo a adictos en recuperación para explicar
disfunciones en el sistema familiar. Investigando el campo de las adicciones para
estudiar en profundidad el fenómeno del niño Interior. Aprendiendo de los adictos
los diferentes roles familiares que les hablan asignado en la niñez y que los hablan
moldeado como adultos con disfunciones.

Pero sobre todo, lo que sucedió en esta época crucial, que comenzó hacia 1980, es
que empezamos a damos cuenta de que hay muchos tipos de adicciones, aparte de
las provocadas por las sustancias químicas (la adicción al sexo, al tabaco, al dinero, al
trabajo, a la comida o al juego), y más gente adicta de la que se creía -al ampliar la
definición de adicción, se ve claramente que la mayoría entramos en ella-, ya que la
adicción se enraíza en una estructura familiar con disfunciones más amplias, que
tiene reglas perceptibles que impiden que sus miembros vean cubiertas sus
necesidades.

Desde este punto de vista. la adicción no es necesariamente cuestión de bebedores y


consumidores de drogas sino, simplemente, un movimiento muy humano, un hábito
arraigado de alejamiento de nosotros mismos. Al mismo tiempo, es un intento
automático de alcanzar algo que no somos nosotros. En algunos casos puede llegar a
convertirse en una amenaza para la vida. aunque la mayoría de las veces, lo único

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que hace es difuminar el color vibrante de la existencia, poniendo sordina a su canto
y convirtiendo nuestra danza extática en un torpe arrastrar de pies. La adicción nos
acecha, a casi todos, no como un monstruo depravado sino como un fracaso de la
creatividad, como un temor a “conseguir nuestra felicidad”, en palabras de Joseph
Campbell.

Como psicoterapeuta somática, para mí es muy interesante y sorprendente a la vez


observar que, entre la cuantiosa literatura sobre el tema, existe una clara escasez de
información sobre el papel que cumple el cuerpo en la adicción o en la recuperación.
Hay pocos libros o artículos que hablen de ello y apenas unos cuantos de los autores
versados en la materia hacen algo más que mencionarlo de pasada. Aparte de
conocer los procesos fisiológicos y los resultados de la adicción, pocos autores parecen
conocer o dar importancia al hecho de que la adicción se alberga y desarrolla en un
cuerpo y que la recuperación debe producirse en él. Pero esta sencilla verdad se deja
de lado, en mi opinión, por dos razones fundamentales. La primera es que la
sociedad, en general, no está familiarizada con esta idea y tiende a considerar el
cuerpo una herramienta utilitaria. La segunda, es que la adicción es un acto de
envenenamiento de un cuerpo al que se ha llegado a odiar porque es en él donde se
experimenta dolor (en especial, el dolor de la no satisfacción de necesidades), y los
seres humanos tenemos tendencia a evitar escribir sobre temas que detestamos.

El comentario jocoso más difundido sobre la recuperación de la adicciones es que en


una reunión de Alcohólicos Anónimos hay más cigarrillos, café y bollos que en
ninguna otra parte. Lo cierto es que muchos miembros de AA se esfuerzan tanto
para abstenerse de beber o utilizar drogas, que esas otras adicciones “menores” les
parecen relativamente inocuas. Pero sumirse en estas adicciones que afirman la
muerte, lo único que sirve es para anestesiar los mensajes dolorosos del cuerpo con la
misma eficacia que lo hace la bebida, ya que cuando una persona no escucha lo que
le dice su cuerpo, tampoco le ayuda a entrar en la ecuación de la recuperación. y esto
mismo le sucede a la mayoría de los autores de los libros.

Pero dentro de esta falta de conciencia, hay algunos islotes de conciencia. Charles
Whitfield ( 1987) reconoce que tenemos una necesidad básica de cosas como el
contacto físico, y que interferir en ello puede causar adicción. Anne Wilson-Schaef
(1988) menciona que la enfermedad física es una característica de la codependencia.
Marion Woodman habla, en su libro Addiction to Perfection (1982), del cuerpo como
un recipiente sagrado, instando a prestar atención a los mensajes que nos envía
(sensaciones, visiones imaaginarias de los sueños), como un paso para contribuir a su
recuperación. y John Bradshaw (1990), por su parte, recomienda actividades que nos
hagan sentir bien físicamente, y que sean nutritivas para el cuerpo como método
para recuperar al niño que cada uno llevamos dentro.

Sin embargo, aunque estos autores intuyen la participación del cuerpo en algunos
aspectos de la recuperación, ninguno ha planteado una teoría sistemática del papel
que éste cumple en la etiología, el desarrollo y el curso de la adicción. Y sin una
teoría así como punto de partida, cualquier mención del cuerpo en la recuperación

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será un apunte sobre la marcha y las adicciones con las que todos tratamos, mucho
más difíciles de afrontar.

Lo que puede hacer un enfoque somático es desaprender la curación y la


transformación. Cuando dedicamos la mayor parte de la atención a nuestro concepto
del yo, a saber quiénes somos, nos perdemos el acto vital y nutritivo de experimentar
directamente el mundo sin filtros perceptivos y sistemas de creencias. Nuestra feli-
cidad se basa en la capacidad de experimentar la vida directamente y hasta el último
trago. A la vista de esto. la importancia de saber quiénes somos, quizá sea algo en
gran medida sobrevalorado. Saber quiénes somos nos proporciona toda clase de
historias o de ideas que contar. Soy una mujer, madre, profesora y psicoterapeuta.
Pero, aunque todo esto es cierto, ¿dichos conceptos me describen de verdad? ¿Me
orientan a mi misma ya los demás. como una brújula? Las ideas pueden ser o no
precisas; desde luego. toman forma a partir de lo que nos han dicho de nosotros
mismos, así como de nuestras necesidades de ser aprobados y recibir atención. Saber
quiénes somos nos proporciona una visión que puede dictar cómo vemos el mundo y
cómo actuamos en él. Nos da una caja en la que vivir.

Pero es el acto de situarnos. de decir “¡Aquí estoy, en el aquí y ahora!”lo que ilumina
y embellece nuestra vida. Cuando sabemos dónde estamos. somos capaces de
movernos en cualquier dirección que nos lleve la vida. Localizarme en el espacio me
sitúa en el entorno como si me guiara una brújula. Es un placer sentarse a mirar por
la ventana y observarnos sólo a nosotros mismos y decir: “iOh, estaba a un millón de
kilómetros!” Ahí tenemos. entonces, una oportunidad de volver a casa. Pero ¿dónde
está esa casa' La única casa que vamos a tener durante toda nuestra vida, las
veinticuatro horas del día, es nuestro cuerpo. Estar a un millón de kilómetros con
nuestros pensamientos puede ser una diversión agradable, pero también puede hacer
que se nos escape un hermoso atardecer, o la luz de los ojos de nuestros hijos.

El único momento en que estamos presentes y contamos en las cosas es ahora.


Cuando nuestros pensamientos viajan al futuro o al pasado, planificamos,
recordamos o comparamos. Pero el único momento en que podemos actuar es ahora.
Estar en el momento presente otorga una experiencia directa que nos pone en
contacto con nuestra vigencia, con la afinada percepción del mundo y de estar en él.
Estar en el aquí y ahora nos despierta al conocimiento de un cuerpo que vibra, que
tiene pulsaciones, en el que vivimos y en el que nos movemos.

La mayoría de las culturas tradicionales utiliza leyendas, mitos e historias para


definirse y ubicarse. Una forma arquetípica de este tipo de relatos es la del viaje del
héroe, o heroína. En una primera parte, este personaje afronta una crisis en su propia
tierra, algo que amenaza al reino. El héroe debe emprender un viaje para encontrar
la solución a este peligro, y en el curso de este viaje, es transformado por su misión y
vuelve al hogar con nuevos conocimientos y habilidades que emplea para salvar el
reino.

Si nos fijamos en el paisaje interior de este viaje, reconoceremos la búsqueda de


nuestro yo más profundo. de nuestra esencia. A menudo. el héroe o heroína realizan
el viaje sin un mapa. Nosotros, al igual que el héroe, también deseamos saber dónde

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estamos en relación con el mundo que nos rodea y cómo podemos relacionamos con
los demás de manera satisfactoria en este mundo. Llegados a este punto, surgen
varias preguntas: ¿Cuáles son las fuentes de nutrición a las que podemos recurrir
durante el trayecto? ¿Dónde está y cuál es el camino que nos llevará hasta allí? ¿Qué
medio de transpone usamos?

En los siguientes capítulos repasaremos nuestros recursos innatos para iniciar el viaje
que nos hará ubicamos; hablaremos de cómo aprendemos a abandonar dichos
recursos, y también de cómo recuperarlos. Revelaremos cómo trazar un mapa de
carreteras para la empresa que vamos a iniciar, y echaremos una mirada al camino
que conduce a casa, equipándonos primero con un mapa y una brújula para volver a
localizar nuestro lugar primero de experiencia directa y de actividad vital.