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Inicio una relacion sexual con mi hija

Tengo 53 años. En el relato no usare datos reales sobre personas ni lugares.

Llevo casado 18 años, tengo dos hijas, una de ellas de 16 años. Es guapa. Mucho.
Y no es amor de padre. Desde antes de la adolescencia ya era una niña muy
atractiva. Estudiosa, disciplinada en sus tareas, respetuosa, educada… Melena
larga, rubia.

Mi esposa es también atractiva. Con 45 años no los aparenta, no es una modelo


ni un bombón espectacular, pero sabe vestirse y destacar aquello en que los
hombres nos fijamos. No tiene grandes pechos, pero un escote adecuado hace
maravillas como todos sabemos, y unos zapatos de tacón estilizan sus piernas y
le hacen una figura tremendamente esbelta. Que nadie se equivoque. Somos
felices, tenemos una vida sexual activa, dentro del matrimonio.

Podría parecer una vida familiar normal, pero eso cambio hace unos meses. Yo
estaba con mi mujer en nuestro dormitorio, somos muy clásicos a la hora de
mantener sexo, yo mordía los pechos de mi mujer, comía sus labios… entonces vi
un movimiento hacia la puerta, y pude ver a mi hija, mirándonos… No la mire
directamente… seguí acariciando a mi esposa, no supe como reaccionar… pero mi
erección aumento, se hizo mas dura… Ella lo noto, reaccionando de inmediato con
gemidos y apretándome mas fuerte… sentí sus pezones se endurecieron aun
mas… Recorrí el cuerpo de mi esposa con mi lengua… hasta su coño,
empapado….introduje mi lengua, acaricie su clítoris con ella… grito…. Volví a
montarla y la penetre hasta el orgasmo de ella, llenadla de mi semen… Supuse
que mi hija había contemplado toda la escena…

Al día siguiente, todo normal. Ni siquiera nos cruzamos miradas. Como estábamos
en vacaciones mi mujer se fue a trabajar, mi hija menor al campamento urbano.
Yo fui a mi despacho, pero salí mucho antes de lo normal. Había decidido apartar
de mi mente la imagen de mi hija contemplando como me follaba a su madre…
No había nada malo en aquello. Era normal. Que me excitara en aquel momento
supuse que entraba en la lógica, no pasaba nada. Fin.

Tenemos una casa con jardín y piscina dentro de una urbanización. Al llegar deje
el coche en el exterior, porque contaba con volver a salir. Mi hija estaba en la
cocina. Nos saludamos. No pude evitarme que estaba muy guapa con una
camiseta larga que ocultaba sus bragas, pero dejaba adivinar sus pezones, algo
en lo que no había caído hasta ese momento. Me dio un beso al verme, como era
normal. Ni una palabra sobre lo sucedido… nada. Ni un gesto. Bien. Mejor. Suponía
que mi hija tenia o tendría en breve relaciones, salia con chicos como cualquier
otra mujer de su edad, y no podía ignorar que, como dicen los chavales hoy día,
“esta muy buena”… así que lo lógico era que la naturaleza siguiera su curso.
Sonia, mi hija, me dijo que se iba a su cuarto a cambiarse para tomar el sol en la
piscina. Yo tome un café. Me dirigí a mi habitación, al pasar por delante de la de
Sonia vi la puerta medio abierta… no se porque lo hice, pero pare y mire… Sonia
no estaba cambiándose… observe que estaba sobre la cama… no podía verla bien,
pero lo presentí… Excitado, salí al jardín, di la vuelta hasta la ventana de su
habitación, que sabia estaba abierta… mire con cuidado… ahora tenia su cama
frente a mi… Estaba completamente desnuda...su mano estaba en su sexo...sus
gemidos apagados llegaban hasta mi… Mi polla estaba a reventar… !vaya
espectáculo!… Se chupo un dedo… se toco un pezón…observe que se introducía
un dedo en su coño… No podía dejar de mirarla, aquello estaba mal, mal de
verdad, pero no podía apartar la mirada… saque mi polla y me masturbe
mirándola...de repente ella gimió mas alto, casi un grito… estaba llegando al
orgasmo… y yo también… casi fue simultaneo… Yo no entendía aquello…

Me aparte rápidamente… volví a mi dormitorio y me metí en la ducha… necesitaba


aclararme… Escuche a Sonia diciendo que estaba en la piscina… le dije que de
acuerdo… Termine la ducha, me seque… salí al pasillo, solo con la toalla, fui al
salón, desde allí se ve la piscina… Sonia estaba nadando en ella… Volví al pasillo…
no lo pensé… entre en su habitación y tome una de sus bragas, un tanga… negro…
me tire en su cama y me masturbe con la braga...sabia el riesgo… deseaba ese
riesgo...mi leche empapo por completo aquel tanga… yo estaba exhausto, dos
pajas en poco tiempo no era algo habitual… y creia que podía existir una tercera…
¿que hacer ahora con el tanga?. Como todos los hombres, tengo fantasías, pero
aquella… nunca… me dirigí al cajón de su cómoda… y la deje allí empapada en mi
leche.

Volví al dormitorio, me vestí y salí… Me despedí de Sonia con un beso y con la


polla nuevamente dura. Tenia que parar aquello.

Volví tarde, a tiempo para cenar. Mi mujer, estaba como siempre encantadora.
Sonia estaba alegre y dicharachera...¿vio el tanga?¿Si lo vio o cuando lo viera que
pasaría?¿Podía aun retirarlo del cajón de la cómoda?… Esa era la mejor opción…
tendría que hacerlo así, entrar cuando ella no me viera y sacar aquella braguita
antes de que aquello se fuera de madre…

Después de cenar y ver algo de la programación de televisión, nos fuimos a casa…


Enseguida me di cuenta de que mi esposa tenia ganas de caña… supuse que le
gusto mi dureza del día anterior… Mientras se desnudaba le dije que tenia que ir
a la cocina, salí, pase delante de la habitación de mi hija… estaba allí, no podía
entrar…!mierda!… como lo descubra tendré una buena liada… Al volver a la
habitación no cerré la puerta… lo hice de forma deliberada...por si….por si las
moscas.

Me acerque a mi mujer que estaba en el baño mirándose al espejo por detrás… la


bese en el cuello...ella se extraño, no suelo actuar así… la tome de la mano y la
lleve a los pies de la cama...tome las tiras de su salto de cama y lo deje caer al
suelo...no llevaba nada debajo… quedo desnuda...solo una pequeña luz de una
lamparita estaba encendida… era preciosa… sus pechos se mantenían aun
firmes...le dije que haríamos algo diferente… tome un pañuelo y le vende los
ojos...ella no se resistio….!vaya!. Recorrí su cuerpo con mi lengua...todo su
cuerpo… no deje nada sin tocar… su coño estaba mojado como pocas veces en
años lo había notado… Me quite el pijama… y la hice arrodillarse… ella entendió…
metió mi polla en su boca...Gemí. La chupaba de maravilla, como una
profesional….su lengua era una autentica maravilla… Entonces la vi… Sonia estaba
en la puerta… nos miraba...estaba vez ella vio que la miraba...Aquello era
excitante… Sonia no estaba desnuda...pero su mano estaba en su coño. Hice que
mi mujer se levantara… la puse a cuatro patas en la cama… Le empece a lamer la
espalda hasta su culo… hice algo que jamas había realizado: lentamente con un
dedo jugué con su ano y empece a metérselo… No protesto… me estaba dejando
hacer...gire la cabeza… Sonia seguía allí. Y ya no se ocultaba, miraba
directamente. Le hice una señal de silencio… Su madre no debía verla ni sentirla.
Lubrique con mi saliba el ano de mi esposa… Ella dijo algo similar a un “no”… puse
mi polla en su ano y empece a empujar despacio...Nunca le había dado por el
culo. Ella repitió “no” pero no se movía… Con cuidado, lentamente, empece a
entrar en su trasero. Gimió… “duele”… “si quieres paro”… movió negativamente la
cabeza entre gemidos de dolor y placer… seguí metiéndosela. Estaba
apretado...aquello no me permitiría aguantar mucho… Comencé a meter y
sacar...no podía creerme aquel placer...ella ya no se quejaba de dolor...gritaba,
pero de placer. Mire a la puerta… Sonia seguía allí… Explote… me corrí como un
loco, como nunca antes… se la saque...gire a mi mujer y la bese...mi mano toco
un coño absolutamente empapado, aquello era un rio… Le hice una comida como
nunca antes… y tuvo varios orgasmos hasta que me pidió parar… No se cuando
Sonia dejo de mirar… Yo estaba feliz, nunca antes había disfrutado tanto de mi
esposa. Pero ya no podía evitar hablar con mi hija… Fue excitante, pero aquello
tenia que terminar, y ya.

Al día siguiente mi mujer se marcho. Yo no. Llame a la oficina y dije que tenia
cosas que hacer, algo que uno puede permitirse cuando es el jefe. Sonia estaba
en su habitación. Me dirigí a ella, tenia que hablar con ella de esto y acabarlo, y
retirar aquella braga. Su puerta estaba entreabierta… Llame. No contesto… entre
“hija tenemos que...” Sonia estaba en la cama...tenia puesto el tanga negro lleno
de mi lefada… “dios”… su mano lo tocaba por encima… me acerque a la cama...ella
se estaba masturbando… sus pechos eran… eran una maravilla… inhiestos como
misiles… unos pezones oscuros… duros… sus labios… Me miraba...y yo a
ella...”ven” me dijo…. Me senté a su lado… “no esta bien.. no podemos”….
“quitámela”...se refería al tanga. Temblando...agarre su tanga y se lo baje…. Su
coño brillaba con la humedad… me tomo una mano y la puso allí…. Comencé a
masturbarla… y luego la bese… toque sus pechos con mis labios… ella no gemía,
me abrazaba y gritaba de placer… “follame”… No pude mas… Me desnude… “en tu
cama”… La tome en brazos, besándola, la lleve a mi habitación… La puse en la
cama y la acaricie con la lengua entre sus gemidos… comiéndole el coño conseguí
un orgasmo...subí a sus tetas, mordisquee sus pezones… “tocame el culo” me
pidió… Se lo agarre, gimió, casi con desesperación… No pude mas… la tome… allí
mismo la penetre, y lo hice con violencia. De golpe. Le metí la polla entera de una
sola estocada. Grito, me abrazo y busco mis labios. Sentí como se corría… yo le
di mas rápido buscando que se corriera mas y mas. Ni siquiera pensé en que no
estábamos usando preservativo cuando me corrí y la inunde con la lefada mas
grande que he tenido en años. Me tumbe a su lado… ella me abrazo...”no pasa
nada”.. !ella me tranquilizaba a mi! “nadie lo sabrá, sera nuestro secreto”… Yo
estaba callado… aquello no estaba bien, nada bien… Ella se incorporo y me miro
“lo vas a pasar muy bien” me dijo… comenzó a besarme… su lengua recorrió mi
cuerpo buscando claramente mi polla…. No podía creer que ya estuviera dura… Se
la metió en la boca despacio… Joder… que mamada. “cometela entera” le dije… Y
lo hizo… pero no dejo que me corriera… Volvió hacia mis labios recorriendo el
cuerpo en sentido inverso. “soy tuya, de tu propiedad haz lo que desees”… Me
volvía loco… “Quieres que haga lo que desee contigo”…en respuesta me beso… Le
pedí que se pusiera de rodillas…. Me puse delante… ella entendió...`pero esta vez
agarre su cabeza y la obligue a comerme la polla de forma violenta… algo que
siempre había que deseado… No se opuso...le di fuerte, la polla hasta su
garganta… no se oponía...Cuando llego mi corrida la obligue a mantener la polla
dentro y tragarse mi semen… algo que todo hombre ha deseado alguna vez
hacer… “traga”… ella trago… tuvo alguna arcada, pero se lo trago todo… Me miro
y yo la mire… la deseaba… pero ya había tenido suficiente por ahora… “vamos a
la piscina” le dije… ella entendió.… por primera vez nos bañamos desnudos… nos
besamos cientos de veces… la toque… tres horas después estábamos follando
nuevamente.

El resto… es cosa vuestra. No se cuanto durara esta situación. Escribirlo me ha


ayudado a desahogarme. No se si esta bien, mal o regular. No me importa. Solo
necesitaba contarlo. Se que os pareceré un cerdo… pero intente impedir que esto
pasara… Quiero a mi mujer, pero Sonia… no podríais entenderlo. Me hace
sentir…puedo hacer lo que desee… No se que pasara cuando empiece a estar con
un chico de su edad… pero mientras… estoy yo.

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Un maldito, horrible y jodido viernes.

No, perdón… Ya era sábado. Cosas del no dormir.

La idea de un whisky ahora me tenía consumida. Era una necesidad apremiante echarme algo
ardiente a la garganta, quemarme la lengua con el líquido, perder la cabeza por unos momentos
bajo los efectos del alcohol. Emborracharme, dormir. Porque sabía que si no bebía pasaría la
noche recordando las imágenes que me habían regalado entre ambos, Víctor y Verónica. Y
masturbándome, eso también.

Mis bragas…

Las últimas bragas que me había comprado mi madre. Una de las primeras que ya parecían de
mujer, con algo de encaje y sin animalitos dibujados en la tela. Algodón blanco, normales y
sencillas; pero no aniñadas, como hasta ahora las había usado. Estaba muy orgullosa de esas
braguitas, y me encantaba que mi hermano las hubiera escogido.
¿Pero, cuándo? No recordaba haber echado en falta nunca ropa interior. ¿Por qué ahora? ¿Lo
había hecho en otras ocasiones, o había sido consecuencia su hurto y luego uso más que
obsceno por verme masturbar esa misma mañana en su cama? La cabeza me daba vueltas, y
el coño me ardía con rabia. No entendía lo que sentía, las emociones se entremezclaban en mi
cuerpo sin poder digerirlas, y no iba a decir que fuera solo en mi cerebro o en mi entrepierna
donde sentía puntadas. Mi pecho, por nombrar uno, también era un lugar que sentía muy vivo
ahora.

Una copa, de lo que fuera… Necesitaba una copa.

Al dirigirme al mueble bar en el salón pasé por delante de la horrible espejo que mi madre tenía
en el pasillo, y no pude remediar el impulso de observarme. Sin el pantalón de franela ni la
braga, con la camiseta de manga corta roja que me llegaba al inicio de las caderas, muy
estrechas. Casi una niña, todavía. Con pelo en el coño, pero sin la imagen voluptuosa de mis
compañeras reflejada ahora en el espejo. Una talla infantil… Mi madre me consolaba con la
frase de ya te llegará la hora. Pero esa hora no llegaba, y me parecía eterno el tiempo.

Abrí el mueble bar, y no encontré whisky. No podía creerlo… En su lugar, varias botellas de
ginebra llenaban un pequeño espacio, compartido con varias de vino, ron y vermut. Ginebra…
¿Cómo coño se bebía la ginebra?

Y me di cuenta de que me daba igual, que mientras más me quemara la boca, tanto mejor. Así
que con un vaso de un estante lleno hasta la mitad me senté en el sofá y me decidí a tener mi
primera relación directa con el alcohol. Quise hacerlo como en las películas que había visto en
la tele, de un tirón, pero el fuerte olor me impidió acercarme tan rápido el cristal a la boca. Así
que entró despacio y a poquitos en ella, sorbiendo lentamente, disgustada por el sabor. Sabía
que las muecas de mi rostro tenían que ser de chiste, pero estaba dispuesta a hacer
desaparecer mis penurias con aquel líquido que me inflamaba la lengua, y me la dejaba áspera
y seca. Y sin darme casi cuenta había vaciado el vaso.

Ahora me ardía, además del coño, la boca. Necesitaba alivio, y pronto.

Me llevé la mano a la entrepierna, mientras con la otra libre me volvía a servir otro tanganazo
de ginebra. Mis labios menores estaban mojados por completo, y los mayores calientes, y como
sentía, abultados. Dejé la botella a un lado, y aunque sabía que si volvía a llenarme el vaso
sería ya para dormir la mona, no la alejé demasiado. Estaba deseosa de perder el sentido, para
no seguir sintiendo la desesperación tan agobiante que tenía preso mi cuerpo, y mi cerebro.
Desconectar, una opción tan válida como cualquier otra. Pero antes… quería correrme.

En la tele no había nada interesante a esa hora… y por interesante me refería a pornográfico,
claro. Mensajes de esos para que llames y te descargues escenas en el móvil, pero los había
visto tantas veces que ya no me ponía nada observar dos caras conocidas diciéndose siempre
las mismas guarradas. Tal vez un día tuviera que pagar el precio del mensaje para tener una
cosa así en el móvil… para emergencias.

Y me di cuenta que podía reenviarme el correo de mi hermano, con su video, al mío y luego
borrar todas las huellas. No sabía si era buena idea hacerlo, pero siempre me quedaba después
la opción de borrarlo, y tal vez mañana ya no estuviera donde lo había encontrado. No podía
perder la ocasión, y me fui directa al dormitorio de Víctor, y me senté con la botella de ginebra
y el vaso casi vacío en su silla de escritorio. Mi cepillo también seguía en su mesa. ¡Qué
descuido, joder! Podía escuchar la voz de la tipa en la tele incitando a la gente a bajarse los
videos más calientes para el móvil, pero no le hacía caso. El ordenador volvió a arrancar
mientras me terminaba el alcohol del vaso, y directamente pensaba en llevarme el cuello de la
botella a la boca. Miraba el reborde de cristal y me imaginaba pasando la lengua en círculos.
Mientras abría el correo me levanté, aparté la silla e incliné la cabeza sobre la botella,
colocándola en el estante inferior del teclado para acceder con más comodidad. Al mismo
tiempo separé las piernas y me llevé el mango del cepillo entre mis pliegues, mojándolo…
preparándolo para penetrarme con él mientras mamaba la botella y me torturaba el clítoris con
la yema de los dedos. Me excitó verme así, inclinada, como si dos tíos me tuvieran ocupada. La
verga de mi hermano en la boca, la de cualquier otro a punto de perforarme el coño.

El cepillo entró con facilidad de lo mojada que estaba. Era estrecho y pequeño, y en principio,
aunque no sabía lo que se sentía tampoco con una verga de verdad ensartada, lo que sí me
alivió fue poder presionar la musculatura y sentir que se cerraba sobre algo que no fuera un
vacío horrible. Esa sensación me hizo sentirme plena, aun por el tamaño. Lo sujeté con la
vagina, fuertemente, mientras con la mano lo introducía y lo liberaba, haciendo tope cada vez
contra el fondo. Puse en marcha el video nuevamente, casi de forma automática; quería
escuchar otra vez los gemidos de mi hermano. Mis labios rodearon la botella y me la metí lo
más que pude en la boca, y la recorrí como una guarra imaginando que no era frío cristal lo que
chupaba. Mis dedos, tras darle al botón de inicio en el ratón, habían vuelto a mi clítoris y me
empecé a tocar con obscena dedicación. Quería correrme, me sentía borracha, estaba loca por
acabar desmadejada envuelta en las sábanas de mi cama hasta el mediodía de la mañana
siguiente.

Mi lengua jugando con la botella… era lo que más gusto me daba; imaginarla una polla.

Fui incrementando el movimiento de mis manos mientras sentía que mi excitación aumentaba.
Tuve la necesidad de apartar la que sujetaba el cepillo y hacerlo desde atrás para no
estorbarme, y lo que hice fue simplemente fijarlo al fondo y presionar duro, no dejándolo
escapar. Mis dedos se equivocaban constantemente en mi coño, por lo mojada que estaba y
por la borrachera que llevaba, además que intentaba abarcar demasiadas cosas a la vez,
intentando también mirar el video de la mamada a mi hermano y no podía con todo, tenía que
reconocerlo. Sabía que estaba siendo la cagada más grande para masturbarme, pero no podía
remediarlo, necesitaba mis agujeros ocupados…

Y, en eso… mientras gemía contra la botella solo por el placer de escucharme gemir, vi
posicionarse los pantalones vaqueros de mi hermano a mi lado.

- Bea… tenemos que hablar.

Sentí caerse el cepillo al suelo antes que vergüenza… Eso llegó inmediatamente después.

- Víctor… ¡Joder, no me digas nada!

Mi hermano se arrodilló y recogió el cepillo de entre mis piernas. No puedo saber si lo hizo para
mirarme el culo y el coño abierto de cerca, ya que en cuando noté su presencia había cerrado
los ojos inmediatamente tras apartar la boca de la botella. Quería ponerme tiesa, pero la cabeza
me daba vueltas y no podía dejar de imaginarme que, al menos, en esa postura, si Víctor quería,
podía hacerme suya sin el más leve inconveniente.

La mano de mi hermano dejó al lado del ratón el cepillo, y cerró el vídeo de su mamada a
continuación. Lo oí suspirar y reclinarse a mi lado, apoyando las manos también en la mesa,
como yo lo hacía ahora. Entreabrí los ojos para mirarlo a la cara. Estaba encendido, no sé si de
vergüenza también o tal vez excitado.
- ¿Por qué has venido hoy tan pronto? Nuca llegas hasta la mañana…- Hablaba la rabia
borracha que me estrangulaba por dentro, al haber sido descubierta en tan deslucida escena.

- Joder, Bea… Subí a por condones. Los colegas están esperando abajo. Tenemos a
varias tías en el coche. Nos íbamos a un motel a follar.- Las últimas palabras sonaron amargas
en sus labios, con un enorme pesar.- Y esto no debería estar contándotelo, ¡mierda! Eres menor,
Bea…

Tragué saliva. Peor no podían ir las cosas.

- Pero no tonta… Además, no te olvides que soy tu hermana. No me llames menor, ese
es el mejor de mis defectos ahora…

Otro suspiro. Víctor miraba a la mesa, como si en ella buscara respuestas. Yo me envalentoné
y lo miré bien a la cara, cuando él no me miraba. El alcohol es lo que tiene, ayuda a hacer cierto
tipo de cosas. Supongo que mis palabras no salían ni mucho menos de mi boca como yo quería
articularlas, pero Víctor no se quejaba… Pensé en acercar mi rostro al suyo, a ver qué pasaba…
pero no lo hice.

- ¿Por qué mis bragas?

La espalda se le puso tiesa. Entonces entendió que no era la primera vez que veía el video, y
al mirarme él a mí nos vimos como me parece que no nos habíamos imaginado nunca… como
dos cómplices de un oscuro secreto. Ahora no era yo solo la que sentía vergüenza, sin duda…

- Me pusiste malo esta mañana, aunque sé que no es excusa.

Hablaba ahora de frente, y aunque yo apestaba a alcohol pude percibir que también él había
bebido algo. No sabría decir si estaba borracho, pero por supuesto que muy lúcido no estaba.

Echó mano a su pantalón vaquero y sacó mis bragas de su bolsillo. Me las enseñó brevemente,
y casi creí que se las llevaría bajo la nariz para olerlas por la cara que ponía. Pero no, las encerró
en su puño y volvió a mirar hacia la mesa.

- No debí cogerlas… eres mi hermana.- Sus palabras eran losas sobre mi cabeza.

- No debí masturbarme en tu cama… eres mi hermano.- Contesté entonces, abatida.

Apretaba mis bragas con fuerza, los nudillos blancos haciendo juego con la tela. Su cara, roja.

- ¿Desde cuándo, Bea? No me había dado cuenta.

- No hace mucho, no te creas. Cosas de la vida- solté, como resignada al surgir de los
acontecimientos.- Me harté de mirar pollas en el instituto que ni puto caso me hacían. Al menos,
la tuya, la tengo cerca.

- ¿Ninguna polla?- rió por lo bajo.-Quiero decir, ¿ningún chico?

Entonces reí yo.

- Ninguno.
Pude ver que mi hermano me miraba el trasero de soslayo. No sé si lo hizo para hacerme sentir
mejor o es que realmente mi culo en pompa le llamaba. Lo cierto es que volvieron las ganas de
tirármelo, teniéndolo tan cerca como ahora lo tenía. Yo le correspondí echando un vistazo a su
bragueta, que aunque me la medio ocultaba su muslo me decía que algo hinchada debía estar.
Víctor se dio cuenta del interés que me despertaba y casi que lo vi recolocarse para que pudiera
observarla mejor, o al menos eso imaginé.

- Joder, Bea. Esto está mal…

Y se apartó de mí y se sentó en su cama, con la cabeza entre las manos. Se le veía empalmado,
si… Ahora podía ver su pantalón vaquero hinchado. Me estremecí al observar que aun sujetaba
mis bragas, y las tenía contra la cara. Me enderecé, no sin cierta dificultad, y quedé parada
frente a la mesa, deseando quitarme la camiseta y ofrecerme desnuda a Víctor en su cama.
Pero algo me decía que no debía ser yo la que diera el primer paso, que se espantaría. De ese
modo, excitada y borracha, con la imagen de su polla en la cabeza y mis ojos fijos en mis bragas,
cogí la botella de ginebra y se la enseñé.

- Me emborraché para mamártela, Víctor- me escuché decir, antes de pegar la boca al


cuello de la botella y echarme un trago. No supe hacerlo, y el líquido rebosó por mis labios y me
empapó la camiseta. Al menos conseguí no toser al tragar la ginebra que abrasó mi lengua. Un
enorme trago que volvió a calentarme el cuerpo.

- Hablo demasiado…

- Te he escuchado con tu grupo. Y la del video estaba también borracha. Así es más fácil,
¿no? ¿Te gusto más bebida? Así al menos tengo una excusa para lanzarme…

Apartó las manos y me miró de frente, pero pronto desvió la mirada hacia mi entrepierna. Se
me calentó la cara al verlo observarme con cara de lelo, se me mojó por entero el coño y temí
que fuera hasta a chorrear de lo contenta que me había puesto al ver su reacción. Me sentí por
un instante poderosa, dueña de mi misma y de la polla de mi hermano. Me acerqué ahora
despacio, mientras me miraba. Se irguió sin dejar de clavarme los ojos, y lo mejor de todo es
que no intentó huir. Se dejó seducir, y eso que yo no sabía hacerlo.

Lo estaba consiguiendo…

Llegué a su lado. Me metí entre sus piernas y esperé. Su cara quedaba a la altura de mi ombligo,
y allí apoyó la frente. No sabía si tenía los ojos abiertos o cerrados, si me miraba o intentaba no
hacerlo. Me daba igual… había ganado.

Sus manos se aposentaron en mis nalgas y me atrajeron hacia su cuerpo. Mis rodillas se
incrustaron contra su entrepierna, y lo sentí duro y tieso. Su polla… la mía. Sentía las yemas de
los dedos de mi hermano quemarme el culo, clavarse fuerte, temblar al hacerlo. Gimió cuando
no pudo acercarme más a su cuerpo. Mis rodillas disfrutaron del primer contacto con su miembro
endurecido, ése que de momento me deseaba, esa polla cálida que siempre me había sido
esquiva y ahora se apretaba contra mis piernas. Y mordió la tela que cubría mi abdomen. Tiró
con los dientes y separó la cabeza. Fue incorporándose con la camiseta prendida de la boca,
arrastrándola hacia arriba en su avance. Cuando me quise dar cuenta, entre mis jadeos y los
suyos, mis pechos estaban al descubierto y sus manos los estaban apresando. Temblé de gusto
al sentir sus dedos apretar los pequeños pezones, sus labios y la lengua jugar con la piel que
había entre ellos. Al no saber qué hacer con las manos las dejé en su cabeza, aferrando sus
cabellos. Parece que le complació el gesto.
- Esto es un error, y lo sabes…- murmuró contra mi piel.

- Ya nos arrepentiremos mañana- contesté, demasiado excitada como para no aprovechar


la ocasión que se me había brindado en bandeja.

Víctor levantó los brazos y me sacó la camiseta por la cabeza. La arrojó a un lado de la cama
mientras me sujetaba por la nuca y acercaba sus labios a los míos. Mi boca se entreabrió por
la proximidad y su calor, y aunque no quería hacerlo los ojos se cerraron para disfrutarlo. Y sentí
su lengua apresar la mía sin reservas, hambriento de lo que podía encontrar en ella. Sus labios
se estamparon y me devoraron, y sus manos me estrujaron contra su cuerpo, impidiendo una
posible huída. Ni ganas que tenía de moverme. Sabía que tenía excitado a mi hermano, por
algún extraño motivo que no podía entender, ya que no era ni por asomo su imagen de chica
deseada. Pero allí estaba, besándome y tocándome el culo, elevándome contra su pelvis y
separándome las piernas al hacerlo, montándome sobre sus caderas cubiertas del vaquero para
llevarme contra la pared a mi espalda y sujetarme mientras se abría la bragueta y lo sentía
aferrar su verga. Mis sentidos enloquecieron al saberla al descubierto entre mis piernas, casi
rozando la vulva que tantas veces había sufrido su ausencia.

- Por favor… Víctor. Quiero verla…

- Luego, nena. Estoy loco por follarte.

Y me di cuenta de que me daba igual no ver la polla de mi hermano antes de que me penetrara,
ya me encargaría de que se corriera en mi boca. Así quería que aquello acabara, con su
miembro caliente derramándose contra mi paladar y la lengua, degustar el sabor de su leche,
tragarme todo lo que pudiera.

La sentí entrar de una sola vez. En un momento estaba por completo ocupada, con mis labios
rodeando su polla dura como una roca. Fue una embestida fuerte, que tropezó con el fondo de
la vagina produciéndome un leve dolor al chocar en ese punto al final, pero apenas si le di
importancia porque era tan excitante saberme recorrida por ese trozo de carne compacto contra
la pared del cuarto de Víctor que no me importaba nada más. Ese primer empujón le resultó
tremendamente fácil a mi hermano, que no se esperaba encontrarme tan mojada y dispuesta.
Su rostro expresó que la sensación de embestirme de ese modo le había encantado, y me llené
de júbilo al saber que era del agrado de su verga.

Víctor apenas si esperó a empezar a clavarme con su miembro. Estaba cachondo y se le notaba
con cada movimiento, cada gemido y cada mordida de sus dientes sobre la piel que le quedaba
al alcance. Me miraba a los labios, mientras yo los mordía retorcida de gusto, y su polla entraba
y salía con un ritmo frenético a la vez que sus manos me aplastaban el culo contra sus caderas.
Estaba a punto de correrme solo con el roce y el chocar de su pubis contra mi clítoris hinchado,
y él parecía saberlo porque se restregaba dejando su polla lo más profundamente metida en
mis entrañas. Se frotaba para mí, para que lo sintiera y lo disfrutara como una perra.

- Córrete, Bea. Quiero escucharte otra vez gemir mi nombre.

Como negarle algo al perverso Víctor…

Y con su polla metida hasta el fondo me sentí mojada como nunca, jadeando de gusto sin poder
ocultar el rostro porque la cabeza de él me lo impedía. Quería verme, y me miraba fijamente
mientras el orgasmo recorría mi coño y subía por la columna, acompañado de los espasmos
propios del placer que solo una polla bien utilizada sabría arrancarle a mi alma… La polla de
Víctor…

Jadeé su nombre y lo vi sonreír, complacido. Escuchaba sus gemidos confundirse con los míos
y lo sentí volver a la carga contra mi coño caliente e hinchado, y aun con espasmos.

- Joder, Bea. Me corro.

Me miró a los ojos y comprendió que allí no podía. Ni siquiera se había puesto un puto
preservativo.

- En la boca la quieres, ¿verdad?

- Déjame probarla, Víctor.

Un par de golpes más contra la pared y me llevó otra vez en volandas hasta la cama. Allí me
sentó y se abrió por completo el pantalón, bajándolo hasta las rodillas, dejándome observar la
imponente verga que se le levantaba entre las piernas. Sus huevos colgaban junto al final de su
tronco pegados mucho a él, y no podía precisar si eran grandes o pequeños ya que eran los
únicos que había visto. Para mí, eran perfectos. Pero su polla vista de cerca… eso sí que me
dejó sin aliento. Montada hacia la derecha, brillante por mi corrida, tiesa como nunca imaginé…
Larga y gruesa, me importaba un carajo si más o menos que otras. Esa polla magnífica me
acababa de follar a base de bien, y ahora iba a degustarla.

- Yo lo hago, Bea, déjame a mí. Solo chupa,- dijo, casi ronco. Me miraba a la boca, nunca
había dejado de mirarla. Presentí que mis labios tenían que gustarle mucho.- Y no voy a
apartarla… quiero terminar en ti…

Me ardió todo el cuerpo. Era eso precisamente lo que quería, y era lo que estaba prometiendo
darme.

Pensé que me follaría la boca como se lo había visto hacer con Verónica. Pero no era esa su
intención, al parecer, ya que su ritmo era mucho más pausado. Me tomó por la barbilla y esperó
a que separara los labios. Me invitó a sujetarla yo, y así lo hice. La tomé por la base y respiré
ansiosa sobre su capullo, justo antes de que me sujetara por la parte de atrás de la cabeza,
aferrando mis cabellos y de un movimiento constante de la cadera me la metiera hasta sentirla
chocar contra el paladar. Se quedó un buen trozo fuera, pero él no insistió en hacerla entrar
más; parecía satisfecho. Esperó allí a que me acostumbrara al tamaño, y a que mi lengua tomara
contacto con ella. Así lo hice… probando mi sabor en la piel caliente de mi hermano. La textura
me sorprendió, ya que era mucho más suave de lo que pude haber imaginado nunca, y
contrastaba tremendamente con lo dura que la sentía. Tragué varias veces para acomodarla y
la ensalivé todo lo que pude, escuchando a cambio el deleite en la boca de Víctor, que jadeaba
sin dejar de mirarme a los ojos. Yo intenté no apartar tampoco la vista y me centré en jugar con
ese trozo de carne mientras sus caderas no se apartaban de la presión que ejercía contra mi
cabeza.

- Sí, nena… chupa la punta.

Obedecí, gimiendo yo ahora. Deslicé la cabeza hacia atrás y aferré el capullo con los labios, y
allí dediqué mis atenciones durante el tiempo más bien escaso que me permitió mi hermano.
En el momento en que algo de líquido se escapó por la uretra volvió a sujetarme de los pelos y
la introdujo otra vez fuertemente, haciendo su cabeza hacia atrás y gimiéndole al techo. Bombeó
de forma constante e incansable, sabía que conteniéndose por lo que había visto antes. Me
imaginé que pensó que vomitaría todo el alcohol que había bebido y no estaba seguro de que
resistiera una mamada a fondo como primera experiencia. Me quedé con las ganas de saber si
la abría conseguido tragar entera.

Estaba dedicada a disfrutar como una guarra de ese trozo de carne como si fuera la última vez,
y así lo hice. Chupé y lamí todo lo que pude y me dejó mi hermano, aferré sus huevos y el tronco
con mis manos y lo miré mientras me follaba la boca con total entrega. Me sentía enormemente
caliente, convencida de que podía hacer correr a Víctor por los sonidos que salían de su
garganta.

- Sí, Bea, sí… me corro, joder… Me corro, guarra…

Se me desbocó el corazón mientras Víctor se volvía más salvaje, menos dueño de sí mismo.
En un par de ocasiones la polla entró mucho más de lo que pensé que aguantaría, pero controlé
las arcadas y seguí chupando, tratando de no cerrar demasiado la boca para no rozar con mis
dientes su enorme falo… aunque la tarea, me di cuenta, la tenía perdida hacía tiempo.

Víctor gimió y se empotró contra la lengua. Supongo que lo hizo para evitarme otra arcada, y
allí lo sentí descargar un buen chorro de esperma, líquido espeso y de sabor metálico que me
cubrió la boca por entera. Caliente, suave y grumoso. Deliciosa la leche de Víctor mezclándose
con mi saliva.

Conseguí tragarla, dejando solo resbalar un par de gotas por mi barbilla, ya que los labios, en
cuanto la polla de mi hermano desalojó mi boca, se quedaron adormilados por el roce de su piel
y la mandíbula dolorida por el esfuerzo. Los dedos de Víctor recogieron las gotas y me las
entregaron en la lengua, y yo los chupé, agradecida.

Jadeábamos todavía los dos mientras mi hermano volvía a vestirse y se echaba al bolsillo unos
cuantos condones. El muy cabrón tenía intención de irse al coche a follar con las tías en el
motel, con sus amigos. También vi que cogía mis bragas y se las guardaba en el segundo cajón
de su mesilla de noche.

- Quiero las bragas, Víctor… Son mías…

Mi hermano, que ya salía por la puerta del dormitorio habiéndome solo picado un ojo a modo
de despedida, con la cara colorada y la frente perlada de sudor, se volvió y me sonrió de forma
encantadora.

- No, Bea, no te equivoques. Esas son mías. Pero si quieres… mañana me corro en una
iguales, para ti.

Comienzo contándoles quien soy. Mi nombre es Ludmila. Tengo 25 años. Soy delgada, mido
1,58 cm, tez blanca, pelo color negro, un poco mas largo que mis hombros. Ojos color azul. Me
dicen que tengo muy buena cola y pechos normales. Bueno en realidad son pequeños pero lo
poco que tengo están muy firmes y redonditos, parecen dos pelotas de tenis.

Todo comenzó cuando mi hermano, Martín, terminó el secundario y decidió que no estudiaría
en la Universidad y quería hacerse mochilero por un año con un amigo de él. Esta decisión
enfureció a nuestro padre y tuvieron una pelea muy fuerte, que terminó con mi hermano yéndose
de la casa de mis padres.
Ese día tocaron el timbre de mi departamento y era mi hermano. Me pidió quedarse un par de
semanas hasta que su amigo terminase de juntar algo de dinero para empezar la vida de
mochilero. La verdad que disfrutaba mucho la vida de vivir sola. Solo unos meses que vivía sola,
y me molestaba la idea de compartir mi departamento, pero no podía dejar a mi hermano sin
techo. Puse mi mejor cara y le dí la bienvenida, esperando que solo sea cosa de unos días y
vuelva a la casa de mis padres.

Mi vida cambió bastante, una de las cosas que mas disfrutaba de vivir sola era no estar vestida,
solía andar en ropa interior y las mayorías de las veces solo con una tanga. Por culpa de mi
hermano empecé a usar un camisón de seda blanco que me llegaba por la mitad de mis muslos,
con una tanga debajo, corpiño trato de evitarlo siempre, a menos que sea necesario.

Los primeros días fueron tranquilos, tratamos de convivir lo mejor posible. Al cuarto día de que
mi hermano llegó junté toda la ropa sucia y la llevé al lavarropa que tengo, mientras separaba
las prendas, me dí cuenta que una de mis tangas estaba pegoteada, al principio no me dí cuenta
pero luego de olerla me dí cuenta que mi hermano se había pajeado y se limpió con mi tanga.
Por dentro pensaba, porque el tonto no usó papel higiénico, en vez de enchastrar mi tanga.
Mientras seguí separando las prendas vi que todas mis tangas estaba sucias con el semen de
mi hermano, y lo peor de todo era que el cesto de la ropa que estaba en el baño estaba lleno
de prendas, pero solo usó mis tangas. Analizando mejor la situación entendí que no las usaba
para limpiarse, si no que eyaculaba sobre mis tangas. En ese momento solo pensaba que pajero
es mi hermano, aunque me resultaba extraño que eyaculase sobre las tangas de su hermana.

No le dije nada y seguí como siempre con él aunque empecé a prestar atención. Noté que
Martín, me miraba mucho, en realidad siempre lo hizo, pero no pensaba que me miraba de esa
forma. Por ejemplo después de cenar mirábamos la televisión en un sillón, cuando me levantaba
a buscar algo podía ver por el reflejo de la TV que me miraba el culo, o como aprovechaba para
abrazarme cada vez que podía o apoyar su cabeza en mis muslos mientras mirábamos una
película, antes creía que era algo normal pero sumada a otras situaciones entendí que mi
hermano estaba caliente conmigo. Al principio me hizo sentir incomoda. No sabía como
reaccionar, recuerdo que esa noche lo saludé distantemente y me fui a mi cuarto. No dormí en
toda la noche. Cada vez que pensaba, recordaba situaciones en las que mi hermano me trataba,
miraba o me tocaba de una formal sexual mas que de hermanos que se quieren. Esa misma
noche, escuche a Martín yendo al baño, estuvo un buen rato y salió sin tocar el botón de
descarga del inodoro. Cuando salió, esperé unos cuantos minutos y fui al baño, busque en el
cesto de ropa sucia y agarré una de las tangas y estaba limpia, la segunda que saqué estaba
llena del semen de mi hermano. No sé como explicarlo pero me produjo mucho morbo ver su
leche fresca sobre mi tanga en ese momento, hasta el olor me parecía delicioso. Mi cabeza
estaba muy confundida, pero por algún motivo estaba muy excitada con la situación. Me senté
en el inodoro, pase los dedos del medio y el índice de mi mano derecha y saque la lechita de
Martín y me penetre con mis dedos llenos de semen en mi conchita, en mi mano izquierda
sostenía mi tanga sucia y me la acerqué a mi boca y lamí los restos de semen que mi hermano
había dejado, el olor me enloquecía, nunca me gustó el olor a semen, ni siquiera el semen
mismo pero creo que el morbo era mas fuerte, me penetraba muy fuerte con mis dedos, sin
parar, me metí la tanga en mi boca para atenuar mis gemidos. Finalmente tuve uno de mis
mejores orgasmos, mejor dicho uno de los pocos que había tenido en mi vida. Me limpié y me
recosté. Al rato tuve que masturbarme de nuevo pensando en mi hermano, pero esta vez en la
cama. Pensé mucho sobre que me estaba pasando, y no lo entendía. Si bien mi hermano es un
chico muy lindo, es delgado, ojos azules, pelo castaño oscuro, es alto, a las chicas les resulta
muy atractivo, pero no es mi tipo de hombre, a mi me gustan con aspecto mas masculino, o sea,
mas toscos, todo lo contrario de Martín. La única explicación que encontré que me daba morbo
que sea mi hermano.
A la mañana siguiente mientras desayunamos con Martín, le pregunté si le molestaba si solo
usaba ropa interior, le dije que solo usaba camisón por el, pero si no le incomodaba prefería
estar así por comodidad. Se puso bordó de la vergüenza pero me dijo que era mi casa y que
haga lo que quiera, que a el no le molestaba. Le contesté gracias, me cambié y me fui a trabajar.
Ese día tuve que masturbarme dos veces en el trabajo pensando en Martín, no veía la hora de
llegar a casa y estar con él. Eran cerca de las 16.00 hs cuando volví a casa, mi hermano estaba
en mi cuarto escuchando música. Le dije si me dejaba sola que quería ponerme comoda y salió
en seguida. Me desvestí toda y busqué mi ropa interior mas pequeña, me la puse. Pobre Martín
pensaba por dentro, me quedaba muy apretada, no tanto el corpiño, pero la tanga, la tenía bien
adentro de mis nalgas y la parte de adelante parecía que mis labios vaginales estaban por
explotar, y parte de ellos se asomaba fuera de la tanguita. Cuando salí de mi cuarto mi hermano
no pudo disimularlo. Me miró de arriba abajo y no podía sacarme la vista de encima, realmente
lo superaba la situación. Su vista se centraba en mi concha, en culo y tetas, solo eso veía de
mí y yo lo disfrutaba mucho, me daba mucho morbo lo que pasaba. Martín vivía con erecciones
constantes, no veía la hora de ver su pija. En esos días las pajas se habían multiplicado, no solo
mis tangas estaban con semen, si no corpiños, o las calzas del gimnasio, cada vez que metía
la mano en el cesto todo estaba pegajoso. Pronto empezó a tomar confianza y se metía a mi
cuarto a la mitad de la madrugada, y me destapaba y se pajeaba a mi lado viendo mi cuerpo
completamente desnudo. Deseaba tanto que tomase el coraje y metiese su pija dentro mio, pero
los días pasaban y no pasaba mas que de una paja.

Una de las noches, Martín se puso a mi lado a pajearse como hacía todas la noches. Miré de
reojo y lo ví pajeandose con todo y mirando fijo mi conchita. No pude contenerme mas y me
acomodé, Martín quedó paralizado, con la poca luz que entraba por la ventaba lo vi con una
cara de espanto como si hubiese visto la peor de sus pesadillas. Ni siquiera pudo hablar. No
perdí el tiempo y sin salir de la cama me acomodé de costado y agarré su pija con mi mano
derecha, del susto estaba perdiendo su erección, me la puse en la boca y empecé a mamarle
su pija como nunca lo había hecho nunca, me metí su pene hasta mi garganta, lo mas profundo
que pude y lo metía y sacaba una y otra vez, cada tanto me daba arcadas, no suelo dar sexo
oral, pero la situación lo ameritaba, tiene una pija delgada pero de unos buenos 17, 18 cm. Solo
pasaron unos minutos hasta que me acabó en mi boca, largo un chorro muy espeso y abundante
dentro de mi boca que me hizo atragantar comencé a toser mientras él caí de rodillas al piso,
aún gritando de placer. Cuando pude recuperarme le extendí mi mano y lo hice subirse a la
cama, le saqué el boxer que tenía en sus tobillos y le saqué su remera, lo recosté en la cama
boca arriba y me subí sobre el, sentándome sobre su cuerpo desnudo y comencé a besarle su
pecho, cuello y finalmente su boca, nos besamos con la lengua muy apasionadamente. Sin
parar de besarlo, tomé su pija que ya estaba a full nuevamente y me la metí en mi conchita
depilada que estaba muy mojada, gritó de placer apenas su cabeza me penetró y me la metí
toda hasta el fondo, temblaba del placer al sentir la pija de mi hermano dentro mío, era
demasiado morbo estaba completamente excitada como nunca en mi vida, empecé a saltar
sobre el, una y otra vez, su pija entraba y salía una y otra vez tuve dos orgasmos en esa
posición, Martín no paraba de eyacular dentro mío, si bien eyaculaba muy rápido, se reponía
enseguida y ya tenía su pija dura dentro mió. Me descargó varias veces en mi vagina, amaba
el olor a sexo que había, no se que pasó por mi cabeza pero me puse en cuatro sobre la cama,
y le dije que me haga la cola, por la cara de mi hermano me dí cuenta que le gustó la idea y en
segundos ya estaba tratando de meter su cabeza a través de mi ano. Costó mucho, fue mi
primer anal, y fue brutalmente doloroso, jamás pensé que entregaría mi cola, nunca fue una
opción para mí, pero el morbo que me producía mi hermano, me llevó a pedírselo. Tuvo que
luchar bastante pero logro metérmela adentro de mi cola, mi hermano tampoco tenía experiencia
en sexo anal y me lo hizo sentir, me daba con todo, como si fuese una mina que tenía sexo anal
todos los días, pero no era mi caso, le estaba entregando mi culito bien estrechito y el me lo
estaba reventando, gritaba mas de dolor que de placer, no quiero ni pensar que dirán mis
vecinos de mí, grité como nunca, me ardía tanto por dentro, pero sus manos fuertes apretando
mis caderas hundiendo mi cola contra su cuerpo me calentaba mucho, sentir sus huevos estallar
contra mis nalgas era muy excitante. Fueron pocos minutos, pero fueron intensos, sentí que
empezó a gemir mas fuerte y finalmente estalló dentro mío, me dejé caer sobre el colchón
bocabajo y mi hermano cayo sobre mí, sin sacar la pija de mi culito bien roto para ese entonces.
No nos hablábamos, la verdad era que no sabía que decir y creo que el tampoco. Por dentro
pensaba lo trola que había sido, estaba ahí con la cola llena de la leche de mi hermano, algo
me decía que estaba tan mal lo que habíamos hecho pero por el otro lado jamás había sentido
tanto placer.

Desde esa noche dormimos juntos y cogemos todos los días, siempre experimentando cosas
nuevas.

Era un día de verano como cualquier otro, a principios de un mes de agosto.


Quedaba poco para la hora de comer y, junto con mis padres y mis dos hermanas,
pasaba un rato de tranquilidad en la piscina de la casa de verano. En un momento
dado mi hermana pequeña, Anna, nos dijo que ya había tomado suficiente sol por
aquel día y que iba a casa a ducharse y vestirse. Vi como se envolvía con una
toalla y salía del recinto de la piscina. Empujado por un súbito deseo, salí de un
salto de la piscina, me sequé rápidamente y mascullando que yo también me iba
a vestir me dirigí hacia la casa. Subí las escaleras tras mi hermana, la alcancé
cuando se disponía a entrar en la ducha y, cogiéndola por la cintura mientras
aprovechaba para tocarle el culo por encima del bikini mojado, le pregunté sí podía
venir un momento a mi habitación.

Mi hermana me sonrió y dejó que la llevara de la mano hasta la habitación


donde, tras cerrar la puerta y arrojar al suelo nuestras toallas, le di un beso en
los labios, le quité la parte superior de su bikini negro y empecé a chuparle los
pechos, aún húmedos y frescos por el agua de la piscina. Tras un rato de lamer
sus bonitas tetas y mordisquear sus pezones, cosa que me pasaría horas enteras
haciendo, la llevé hasta mi cama, hice que se sentara en ella y me quité el
bañador. Puse mi ya rígida polla a pocos centímetros de su cara y mi hermana,
sin dudarlo un segundo, la cogió con la mano y se la metió en la boca. La saboreó
con gusto, chupándola dentro de su boca o sacándola para pasar suavemente la
lengua por ella, hasta que sin poder aguantar más me aparté de ella, le quité la
parte de abajo del bikini y tras pasar un par de veces mi lengua por su precioso
coño me dirigí hacia mi escritorio donde cogí un preservativo de un cajón. Volví
hacia donde estaba mi hermana, que se estaba tumbando en la cama mientras
me miraba con una sonrisa en la cara, y le di el condón para que me lo pusiera.
Cuando lo hubo hecho, me senté en mi cama con la espalda apoyada contra el
cabezal mientras ella se colocaba de pie con una pierna a cada lado de mi cuerpo.
Cogiéndola por la cintura la fui sentando poco a poco hasta que mi polla tocó sus
labios vaginales; entonces la empujé hacia abajo de golpe y penetré en su interior.
Colocando sus brazos alrededor de mi cuello, y con los míos acariciando sus tetas,
Anna me empezó a cabalgar. Los dos empezamos a gemir de placer, cada vez
más fuerte, y sus gemidos aumentaron cuando empecé a chupar sus pechos
mientras me la follaba sin parar. Realmente me encanta hacer el amor cuando
acabamos de volver de la piscina, con nuestros cuerpos aún húmedos y frescos,
acariciar su piel mojada es tremendamente agradable. Llevábamos unos pocos
minutos en esa posición cuando de repente la puerta de mi habitación se abrió y
mi otra hermana, Mariona, entró en ella, vestida con su bikini azul y blanco y con
una toalla envolviéndole el cuerpo desde poco por debajo de sus pechos..

- ¡Ya sabía yo que estaríais aquí, si es que sois unos cochinos! – dijo
sonriendo y acercándose a nosotros tras cerrar la puerta a sus espaldas.

La miré mientras se acercaba, pero sin hacerle demasiado caso, de modo que ella
dejó caer la toalla al suelo y en bikini se acercó todo lo posible a la cama y alargó
una mano para manosear los pechos de Anna. Absolutamente excitado, aparté
una de mis manos del cuerpo de Anna para poder acariciar el culo de Mariona,
toqueteando su cuerpo por encima del bikini aún húmedo. Mientras le toqueteaba
el culo y el coño se quitó el sostén, lo que me hizo cambiar de objetivo y mi mano
pasó a toquetear sus no muy grandes pero bien formados pechos. Mientras le
tocaba y pellizcaba los pechos, a la vez que continuaba haciendo cabalgar a Anna
encima de mí, entrando y saliendo de ella, Mariona introdujo los dedos por la
goma del bikini y con unos movimientos calculados y sensuales se lo fue bajando
poco a poco, permitiéndome contemplar una fabulosa vista de su precioso coño.
Excitado al máximo por llevar ya bastante tiempo follándome a Anna, puse la
mano tras el culo de Mariona, y mientras aprovechaba para manosearlo sin
ninguna ropa entre medio, la fui empujando para aproximarla más a mí y empecé
a chupar su coño. No aguanté mucho más, y mientras saboreaba el coño de mi
hermana Mariona me corrí dentro de Anna, a la vez que ella estallaba de placer
en su propio orgasmo. Tras unos momentos de descanso Anna se levantó de
encima de mí y, sin darme tiempo a respirar, Mariona se subió a la cama, quitó el
preservativo de mi arrugada polla y sin ningún reparo a pesar de estar aún
recubierta de semen, se la introdujo en la boca. Tan bien jugueteaba con la lengua
que pronto volvió a estar bien dura, y yo con ganas de más. Así que mientras
Mariona me la seguía chupando me tumbé en la cama, hice que Anna se tumbara
a mi lado y empezamos a besarnos y a acariciarnos. En un momento dado, agarré
una de las manos de Anna e introduje uno de sus dedos en el coño de Mariona, lo
que le debió gustar ya que me miró sonriendo y continuó chupando con más ganas
aún.

Cuando me sentí preparado me incorporé, pedí a Anna que se tumbara para poder
contemplar bien su cuerpo mientras me follaba a su hermana, y coloqué a Mariona
a cuatro patas a su lado. Yo me situé de rodillas detrás del precioso culito de mi
hermana Mariona, lo toqueteé y chupé un rato, lo acaricié con mi polla hasta llegar
a la entrada de su vagina y, tras juguetear un poco con sus labios vaginales, se
la metí por el coño. Empecé a moverme hacia delante y atrás, metiendo y sacando
mi polla de ella, hasta que de repente Mariona se agachó un poco más y,
acercando su boca al coño de Anna, tumbada enfrente de ella, empezó a lamerlo,
cada vez con más ganas al aumentar su excitación cuanto más tiempo me la
seguía follando. No había pasado mucho rato cuando noté que su cuerpo se y
empezó a gemir mientras mantenía la lengua dentro del coño de su hermana, lo
que fue demasiado para mí y, aunque ya había eyaculado hacía poco, ver como
mi hermana le chupaba el coño a nuestra hermana menor,, a la vez que la
penetraba mientras podía acariciar su culo, fue demasiado para mí y no tardé en
correrme por segunda vez. Sin condón que lo impidiera, mi semen inundó el
interior de Mariona. Permanecí todavía un par de minutos dentro de ella, con mi
polla cada vez más arrugada sumergida en el líquido con el que había inundado
la vagina de mi hermana. Un par de gotas de semen cayeron hacia la cama cuando
finalmente le extraje la polla, mientras seguía acariciando ese culo que tanto me
gusta, disfrutando de la contemplación de una hermana chupando el coño a la
otra, hasta que finalmente Anna se estremeció con su segundo orgasmo y
finalmente nos separamos unos de otros. Nos tumbamos a descansar unos
instantes, sonriéndonos y comentando lo que acabábamos de hacer, tal como nos
gustaba hacer siempre después de nuestras sesiones, y finalmente mis dos
hermanas recogieron sus respectivos trajes de baño y toallas y se dirigieron al
cuarto de baño antes de que nuestros padres volvieran de la piscina para comer.

2.

Esta escena sucedió este verano, y fue una de nuestras mejores sesiones
de sexo que recuerdo, pero ha habido muchas más a lo largo de estos últimos
años. Sé que la mayoría de vosotros pensará que son fantasías e invenciones,
creo que yo pensaría lo mismo si un día leyera una historia como ésta. Pero si
alguien ha tenido la ocasión de practicar y disfrutar de este tipo de sexo, espero
que me crea y disfrute con la lectura. Habrá quien se escandalice o piense que es
antinatural hacer algo así, que nuestra relación como hermanos se deteriorará
debido a esta situación. Pero yo creo que en realidad, el haber compartido
nuestros cuerpos ha hecho que nos tengamos un cariño muy especial entre
nosotros, es cierto que hemos pensado bastante sobre si lo que estábamos
haciendo podría algún día perjudicar nuestra relación, pero hemos decidido que
lo único que puede hacer es conseguir que estemos siempre mucho más unidos
gracias al secreto que compartimos y con el que gozamos juntos.

Me presentaré, me llamo Pep y tengo 27 años. Tengo dos hermanas


menores, Anna, la pequeña, de 23 años cumplidos hace poco, y Mariona, que
tiene 24 aunque cumplirá los 25 dentro de pocos días. Anna ya se ha presentado
al escribir su relato: es guapa, de metro sesenta y cinco, aproximadamente, tiene
el pelo oscuro y liso a la altura de los hombros, ojos oscuros, unos pechos
preciosos grandes, bien puestos y con pezones pequeños, un culo pequeño y
redondo y piel muy suave. Su coño es pequeño y cerrado, sin que le sobresalga
de los labios vaginales, y con un poco de pelo castaño oscuro muy fino en la parte
superior, exactamente como a mí me encantan. Sinceramente, he tenido mucha
suerte con mis dos hermanas: Anna tiene lo que para mí son los pechos ideales
en una chica, Mariona el tipo de culo que a mí me vuelve loco, y las dos tienen los
coños más bonitos que he visto nunca. Pero continúo, Mariona es casi dos años
mayor que Anna, es unos tres centímetros más alta y tiene los mismos ojos que
su hermana y el pelo castaño claro, ligeramente ondulado, y lo lleva un poco más
largo, ya que le llega más debajo de los hombros, hasta un poco por encima de
sus pechos. Tiene los pechos más pequeños que su hermana, redondos y con unos
pezones casi iguales a ella. Pero a cambio tiene un culo más hermoso: con las
caderas más anchas, es más grande que el de Anna, y aunque para ella es un
poco demasiado grande, es un culito con el que había soñado muchas veces,
especialmente cuando Mariona iba en bikini y se le apreciaba claramente…
Para hacer el amor, son bastante diferentes. A Anna me la follé cuando
todavía era una niña, y conozco perfectamente todos sus gustos, sus necesidades,
lo que le excita o lo que le gusta hacer. Sé que disfrutó mucho en nuestras
sesiones de sexo de niños, así como también desde que Mariona se unió a nuestras
sesiones, pero creo que está más cómoda cuando sólo lo hacemos ella y yo, por
lo que de vez en cuando aprovecho momentos en que Mariona no está para tener
un poco de sexo a solas y recordar nuestros primeros tiempos. Como digo le
encanta tener sexo conmigo, pero ella casi nunca me propone nuevas posturas o
probar nuevos sitios donde hacerlo, no me cuenta fantasías que quiera hacer
realidad, y muy pocas veces es ella quien me ha buscado a mi para tener un rato
de sexo. Casi siempre soy yo el que se lo he de proponer a ella, y el que tiene que
llevar la iniciativa en todo momento. Ella siempre acepta con gusto lo que le pido,
y disfruta enormemente, pero no le gusta llevar la voz cantante sino que siempre
me dice que disfruta más dejándose llevar. Mariona, en cambio, es mucho más
desinhibida, activa, muchas veces es ella quien me viene a buscar pidiéndome
que le haga el amor, la que toma la iniciativa escogiendo posturas o lugares, y le
gusta que nos contemos fantasías que luego intentamos llevar a cabo. En general
es mucho más activa, y no le gusta estar tanto rato en una misma posición como
a su hermana; Anna disfruta teniendo sexo de forma tranquila, despacio, sin
cambiar de posición en todo el rato; Mariona también puede disfrutar de una
sesión así, pero normalmente quiere más marcha, cambiar de posiciones con más
frecuencia, se mueve más mientras me la follo,… En realidad me gusta que sean
así, follar con una es muy distinto a hacerlo con la otra, y cuando están las dos
juntas hacen una pareja muy variada e interesante.

Mis hermanas también tienen sexo entre ellas, aunque muy pocas veces lo
han hecho sin estar yo presente, ya que a Anna no suele apetecerle. A Mariona si
le encanta: disfruta del cuerpo de su hermana casi tanto como yo. Durante
nuestras relaciones entre los tres, aprovecha cualquier oportunidad para tocar o
chupar el cuerpo de Anna, especialmente mientras yo la estoy penetrando. Anna
no tiene reparos en que Mariona lo haga con ella, y llega fácilmente al orgasmo
cuando le chupa el coño, y aunque no le desagrada hacerlo, se la ve ligeramente
incómoda cuando es ella la que tiene que darle sexo oral a su hermana.

Físicamente, si tuviera que escoger sólo a una, creo que me quedaría con
Mariona, aunque sería una elección muy difícil puesto que ambas son muy guapas
y con unos cuerpos preciosos. Pero Mariona tiene algo que no sé definir pero que
me vuelve loco cuando la tengo desnuda en mis brazos. Cuando la veo vestida,
no puedo dejar de fijarme en cómo se marca su precioso culo con la ropa que
lleva, e invariablemente entonces me entran unas ganas enormes de desnudarla
y dejar que me lleve hasta el éxtasis con las ganas de sexo que siempre tiene. No
es que a Anna la desee menos, también adoro tener su cuerpo de piel suave en
mis manos y disfruto enormemente con nuestras más tranquilas sesiones de sexo,
pero no siento ese impulso de sexo salvaje que noto cuando tengo a Mariona.
Pero Anna es muy especial para mí: disfruté de su cuerpo cuando todavía era una
niña, y he tenido la suerte de poder tenerlo cuando año tras año se iba
convirtiendo en una mujer. A ella la inicié en el sexo cuando sólo sentía poco más
que una infantil curiosidad por él (Mariona ya sabía lo que era tener ganas de sexo
cuando le hice el amor por primera vez), maduró sexualmente conmigo, por lo
que conozco perfectamente todos sus gustos, deseos y necesidades, sé en todo
momento lo que le puede gustar, lo que desea en cada preciso instante y sé cómo
dárselo, mientras que Mariona no es tan restrictiva, conozco sus preferencias y
mayores deseos pero cuando tiene ganas de sexo no le importa mucho como lo
hagamos, siempre que no sea aburrido ni repetitivo. Además, aunque no lo hace
con frecuencia, Mariona alguna vez ha dejado que me corriera dentro de su boca,
mostrándome como se lo tragaba todo. No le gusta demasiado, pero no le da asco
hacerlo y algunas veces como digo me ha recompensado de esta forma si le he
dado buenos orgasmos, puesto que sabe lo mucho que me excita poder correrme
en su boca. A Anna, en cambio, le da mucho reparo hacer esto. La primera noche
que me la follé, lo hice sin avisarle aunque se la saqué enseguida y trató de no
tragarse nada. Años más tarde, tras mucho pedírselo, me dejó que lo hiciera de
nuevo pero volvió a darle asco y no se lo volví a pedir de nuevo. De todas formas
ya hace muchas otras cosas que me dan placer, y a mí me importa mucho que
mis hermanas disfruten cuando les doy sexo. Y además, ya está Mariona que me
lo permite de vez en cuando.

Perdonad si me he enrollado demasiado, pero quería intentar explicar cuál


es mi relación exacta con mis hermanas antes de empezar a narrar mi historia.
Anna ya os ha contado la primera vez que hicimos el amor, yo quiero explicaros
como conseguí hacerlo también Mariona. Cuando conseguí follarme a Anna, yo
tenía 16 años, Anna acababa de cumplir 12 y Mariona aún le quedaban unas pocas
semanas para los 14. Yo ya llevaba unos años masturbándome y pensando en
chicas, y lógicamente ardía en deseos de poder contemplar un cuerpo femenino
desnudo, por lo que consecuentemente me fijaba en los de mis dos bonitas
hermanas siempre que iban en bañador, pijama, etc. Alguna vez había irrumpido
en su habitación cuando se estaban cambiando con alguna excusa tonta, y había
podido ver fugaces visiones de algunas partes de ellas, pero eso tan solo me
dejaba con ganas de más. Había pasado largas horas de noche mi cama
elaborando planes para esconderme en su habitación, incluso una vez entré
mientras dormían y conseguí bajarle un poco los pantalones a Anna, pero se medio
despertó de golpe y tuve que volver a mi habitación a toda prisa, empalmado y
excitado. Hasta que una noche me quedé en casa solo con Anna, y ella pasó por
delante de mí con su pijama corto. En un impulso irrefrenable le bajé el pantalón
para poder contemplar su culito, mientras reía para simular que lo había hecho
sólo como broma, sin ningún tipo de deseo oculto. Pero me excité tanto al verla
taparse apresuradamente que, sin pensarlo ni un momento, sin haberlo planeado
previamente, le pedí si quería que nos desnudáramos juntos.

El resultado ya lo conocéis, y desde aquella noche pude disfrutar de


exactamente lo que llevaba tanto tiempo soñando. Al principio sólo pensaba en el
cuerpo de Anna, en probar nuevas formas de disfrutar del sexo con ella, pero poco
a poco empecé a desear también el cuerpo de Mariona, más maduro y formado
que el de su hermana pequeña. Pero a Anna la convencí de desnudarse conmigo
aprovechando su curiosidad e inocencia infantiles, mientras que Mariona era
mayor y bastante más madura y no sabía cómo proponérselo, así que no lo intenté
seriamente y me limité a disfrutar de mi especial relación con Anna, que poco a
poco iba cambiando para convertirse en mujer.
A los 19 años, tres años después de empezar a tener sexo con Anna, ella
tenía ya 15 y seguíamos disfrutando juntos como antes. Pero Mariona cumplió 17
años y con un cuerpo ya perfectamente formado y precioso volví a tener un
renovado apetito por poder contemplarla desnuda. Empecé a pensar en planes
para poder follarme a Mariona tal y como lo hacía ya con Anna, fantaseando
también con la posibilidad de poder, más adelante, hacerlo con las dos al mismo
tiempo. Pero el problema volvía a ser el mismo, no sabía cómo abordar a Mariona
para que aceptara mis planes. Al principio no le dije nada a Anna de mis deseos,
porque no sabía si le parecería bien compartir cama con su hermana o reaccionaría
con celos, pero un día que estábamos tumbados desnudos en su cama, charlando
como hacíamos siempre que podíamos después de un buen rato de sexo, le
comenté que la próxima vez podíamos convencer a Mariona para que se uniese a
nosotros y participara de nuestro secreto. Aunque lo dije con un tono de broma
para poder decir que no iba en serio si Anna reaccionaba de forma celosa. Pero
ella ya no era tan inocente como aquella noche tres años atrás, y en seguida se
dio cuenta de cuales eran mis verdaderos deseos.

- Vale, si quieres… ¿Te gustaría follarte también a Mariona? – me preguntó


de golpe

- Bueno, yo…

- No me digas que no – dijo con una pícara sonrisa – he visto como le miras
siempre el culo, y cuando estamos en la piscina no le quitas un ojo de encima.
¿Creías que no me daba cuenta?

- Pues no sé, supongo que sí, me gustaría hacerlo también con ella. ¿A ti no
te importa?

- ¿Por qué me tendría que importar? No soy tu novia, y así no tendremos


que escondernos más de ella para hacerlo, ¿no?

- Pues sí, la verdad es que me encantaría estar con las dos, pero no sé de
qué manera se lo podría pedir…

Continuamos charlando sobre el tema un buen rato, pensando en la manera


de abordar a Mariona y contarle nuestro secreto, pero sin que se nos acudiera
cómo. Anna propuso que ella podría decirle algo, pero no sabíamos cómo hacerlo
para saber si Mariona estaba o no de acuerdo en jugar con nosotros sin tener que
explicarle demasiado, ya que si no aceptaba tener sexo conmigo no quería que
entonces supiera que Anna y yo sí lo hacíamos. Estuve pensándolo durante unos
días, hasta que finalmente un plan se fue formando en mi cabeza. Se lo comenté
a Anna y lo encontró perfecto. Era el tiempo en que internet empezaba a crecer
de forma doméstica, y desde hacía pocas semanas podíamos conectarnos con el
ordenador desde casa (vía módem, por supuesto), así que pensé en aprovechar
la oportunidad de charlar con Mariona sin que ella supiera que era yo.
Finalmente un día le envié un e-mail haciéndome pasar por una chica de 17 años
llamada Sara, que había encontrado la dirección de Mariona en un correo conjunto
y que cómo estaba aburrida y justo empezaba a aprender a usar internet, había
pensado en escribirle algo para hacer mi primera amiga virtual. Escribí un par de
detalles más sobre mi ficticia vida y le envié el correo a Mariona, esperando que
a ella le interesase la posibilidad de charlar con alguien. Estuvimos esperando
nerviosos durante un par de días, pero al final recibí un mail de Mariona a la
supuesta Sara, saludándola, contándole un par de cosas como que ella también
tenía 17 años, etc, y diciéndole que yo era la primera persona que le escribía a
esa dirección de correo y que le parecería perfecto tener una amiga virtual y poder
seguir charlando y conociéndonos. Excitadísimo porque mi plan empezaba a
funcionar, le volví a escribir contándole más cosas, y recibiendo sus respuestas a
todos mis mensajes en los días siguientes. Charlamos de varias cosas
intrascendentes, hasta que al final empezamos a tocar el tema de los chicos y del
sexo (ahí fue cuando me enteré de que todavía era virgen). En ese punto le dije
que sobre ese tema tenía un secreto que no había contado nunca a nadie, pero
que debido a la confianza que ya nos teníamos y que gracias al anonimato de que
no sabíamos realmente quien era la una y a otra, me gustaría contárselo para
saber qué opinaba otra persona sobre ello. Y le dije que hacía años que practicaba
el sexo con mi hermano mayor, con la emoción de pensar que por fin iba a saber
que pensaba Mariona de tener una relación como esa.

Su mail de respuesta se hizo rogar dos o tres días, pero al fin me respondió
exactamente como yo deseaba que hiciera. No se mostró escandalizada ni mucho
menos, sino que con curiosidad me preguntó muchas cosas sobre qué hacíamos
exactamente, como empezamos, etc. En un extenso mail le conté la historia de
mi primera relación con Anna, le expliqué muchas otras que habíamos tenido, lo
que sentíamos al hacerlo, etc. Ella seguía mostrando sorpresa y curiosidad pero
no noté nada de repulsa por ese acto, de modo que fui directo y le pregunté si
ella no tenía ningún hermano o primo mayor y si no había sentido nunca ese
deseo. Me dijo que sí que tenía un hermano dos años mayor que ella, y que años
atrás se había preguntado algunas veces cómo sería su cuerpo, pero que no había
pasado de ahí. Yo fui al grano, y le pregunté si le gustaría hacerlo con su hermano
si éste se lo proponía, tal como había hecho el mío conmigo. Su respuesta fue un
poco vaga, no me decía que se negaría a desnudarse juntos, pero no estaba muy
segura con lo de follar, y que tampoco sabía sí su hermano querría se habría fijado
alguna vez con ella. Yo le contesté que, por experiencia, sabía que podía estar
completamente segura que su hermano la habría mirado con atención siempre
que la hubiera visto en pijama o bañador, pero que podía hacer una prueba sí
quería. Basta con que un día pasara por delante de su hermano llevando algo
que mostrara parte de su cuerpo y se fijara en si él la miraba o no. Esa misma
noche, mientras estábamos sentados en el sofá viendo la televisión, Mariona
aprovechó una pausa por publicidad para ir a su habitación y volver con un pijama
corto puesto. Se sentó justo a mi lado y estiró las piernas desnudas sobre la mesa
del café. Me pasé toda la velada mirándole “disimuladamente” sus bonitas piernas,
y mirando a Anna con una sonrisa de “lo conseguimos”. Al día siguiente tenía un
nuevo mail de Mariona: decía que efectivamente, su hermano la había estado
mirando todo el rato y que había pasado toda la noche fantaseando con la idea de
tener sexo con él. Entonces, le solté la “bomba”: le dije que en realidad yo era su
hermano, que todas las historias que le habíamos contado de sexo eran
auténticas, y que las habíamos escrito sólo para saber si estaba de acuerdo en
unirse a nosotros.

No esperé respuesta. Por la noche, esperé a que Mariona se fuera un rato


al ordenador, y cuando estuve seguro de que ya habría leído el correo, entré en
la habitación y tras cerrar la puerta le dije hola. Ella se giró y me miró sin decir
nada más que otro hola.

- ¿Bueno, quieres hacerlo, entonces?

- ¿De verdad que Anna y tú hacéis el amor?

- Sí, todo es verdad. ¿Te gustaría verlo?

- Sí, vale – dijo tras una pausa.

Estaba tan emocionado por haberlo finalmente conseguido que me acerqué


a ella y le di un beso en los labios, que eran cálidos y tenía entreabiertos. No me
respondió, pero tampoco hizo nada por apartarse, y se me quedó mirando con
cara aún de sorpresa. La dejé sola y no dijimos nada más del tema en lo que
quedaba de noche, pero al día siguiente nuestros padres trabajaban mientras
nosotros teníamos ya vacaciones de verano al ser finales de junio, de modo que
quedamos en que tan pronto me despertara por la mañana me presentaría en su
habitación.

3.

Esa noche me costó mucho dormir, debido a la excitación de que por fin
podría contemplar y tocar el tan soñado cuerpo de Mariona, de modo que por la
mañana siguiente me levanté un poco más tarde de lo que quería. Cuando entré
en el cuarto de mis hermanas, ellas ya estaban despiertas, y se encontraban
sentadas con las piernas cruzadas en la cama de Mariona charlando. Les dije hola
y me senté entre las dos, pero enfrente de ellas para poder verlas bien.

- ¿De qué hablabais?

- Nada, le contaba cosas a Mariona – dijo Anna

- Es que todavía me parece increíble lo que hacéis – dijo Mariona,


mirándome - ¿No os parece raro?

- No, que va, al contrario. Nos encanta, lo pasamos bien, y tenemos un


secreto que nos une para siempre. Te lo recomiendo – le dije con una sonrisa -
Bueno Mariona, entonces, ¿te apuntas?
- Vale – dijo algo tímidamente

Sin esperar más, alargué una mano y empecé a acariciar la pierna de


Mariona, mientras con la otra mano hacía lo mismo con Anna. Anna llevaba un
pijama corto de color blanco y Mariona, por suerte, llevaba su pijama que más me
gustaba: una camisa de dormir muy corta (cuando estaba de pie le caía a tan solo
un dedo por debajo de las braguitas), a rayas blancas y azul cielo, y con unas
mangas muy cortas). Me excitaba mucho cada vez que a veía por casa con él, y
se lo dije. Me contestó con una sonrisa, pero sus ojos estaban fijos en mi mano
que se encontraba ya sobre su muslo. Empecé a tocar los pechos de Anna por
sobre su pijama, y al poco coloqué mi otra mano encima de los de Mariona,
mientras que le pedía que hiciera lo mismo que Anna, que ya me estaba
toqueteando la polla por encima del pantalón corto de mi pijama. Mariona hizo lo
que le pedí y de forma bastante tímida empezó a tocarme, pero veía que se
encontraba un poco incómoda, por lo que le pregunté si para empezar prefería
mirar como yo me follaba a Anna. Aceptó con bastante alivio, así que siguiendo
mis indicaciones se sentó a los pies de la cama con las piernas cruzadas mientras
Anna y yo nos poníamos cómodos en el centro de la misma. Le quité el pijama a
Anna, le di un buen beso en los labios, y empecé a chuparle las tetas, para, al
cabo de poco, tumbarla boca arriba y darle una buena sesión de lamida de coño.
Sentía la polla a punto de estallar, de modo que dejé que Anna me quitara el
pijama y me tumbé boca arriba delante de Mariona, que me miró la polla desnuda
con unos ojos como platos. Anna se tumbó a un lado y me la empezó a chupar.
Mariona no se perdía detalle de nuestra escena, lo que me excitaba
profundamente. Al cabo de poco rato me incorporé, rescaté un condón de mi
pijama abandonado, y se lo di a Mariona por si quería ponérmelo.

Mariona me cogió la polla tímidamente y tras un par de intentos me colocó el


condón, y cuando estuve preparado me tumbé en la cama de nuevo delante de
ella. La dije a Anna que se colocara de forma que Mariona pudiera ver bien la
penetración, por lo que se sentó encima mío dándome la espalda, inclinada hacia
atrás y colocando sus pies sobre mis piernas, por lo que quedó totalmente abierta
de piernas delante de Mariona, ofreciéndole una maravillosa vista de su coño. Ya
listos, Anna me cogió la polla con una mano, lentamente se lo introdujo en su
interior y empezamos a movernos.

- ¡Sí, Anna, fóllame bien que Mariona nos está mirando! ¡Así, así, muévete
así, oh que gusto! – Anna no decía nada, tan sólo gemía - ¿Qué tal, Mariona? ¿Te
gusta mirar? ¡Prepárate que luego te follaré a ti!

Mariona nos miraba atentamente, con los ojos fijos en mi polla que entraba y salía
del coño de Anna. No pasamos demasiado rato cabalgando, puesto que mi
excitación por estar follándome a Anna delante de Mariona era tan fuerte que en
pocos minutos tuve un fuerte orgasmo y me corrí dentro de Anna. Tras descansar
un rato dentro de ella, me saqué el condón, lo tiré a la papelera con un pañuelo
de papel y me acerqué a Mariona.

- Bueno qué, ¿te ha gustado? Ahora de toca a ti, ¿estás lista?


- Sí – dijo, nerviosa pero con un tono de voz que denotaba también bastante
excitación

De modo que la acerqué a mí mientras que Anna ocupaba su lugar sentada al pie
de la cama. Acaricié a Mariona por encima de su camisón de dormir y la besé en
la cara y los labios, e iba a desnudarla cuando recordé todas las fantasías que
había tenido cada vez que la veía con ese camisón que me gustaba tanto. Así que
en lugar de quitarle la ropa, metí las manos por debajo y suavemente le quité las
braguitas. Luego, me tumbé boca abajo y la senté a ella encima. Mi polla se
encontraba debajo de su camisón, tocando esas partes de ella que iba a penetrar
en breve sin haberlas visto nunca, cosa que me excitaba mucho. Rápidamente,
sin darle tiempo a que pudiera echarse atrás, ya que todavía se la veía un poco
incómoda con la situación, dirigí la polla con la mano hacia su abertura y
sujetándola por la cintura empecé a empujar hacia arriba. Sabía que Mariona
llevaba unos meses tomando anticonceptivos por prescripción médica a causa de
unos problemas que tenía con la menstruación, de modo que no tenía que
preocuparme por usar condón, como en mis antiguos tiempos con Anna. Cuando
empezó a gemir de dolor, en lugar de detenerme di un par de empujones todavía
más fuertes, y con el tercero noté que algo me dejaba paso y me encontré por fin
en el interior de mi hermana. Me quedé quieto unos segundos, mientras a ella se
le pasaban los últimos pinchazos de dolor, y entonces empecé a moverme
lentamente, subiendo y bajando, entrando y sacando mi polla del interior del coño
de Mariona. Mientras, mis manos no paraban quitas, acariciándole las piernas
desnudas, y tocándole los pechos y el culo a través del camisón. Mariona pronto
empezó a gemir, y entonces yo aumenté la fuerza de mis embestidas.

- ¡Oh sí, Mariona, por fin te estoy follando, no sabes cuánto he deseado este
momento! ¡Dime que te gusta, que te encanta que tu hermano te esté haciendo
el amor!

- ¡Sí, me gusta, me gusta cómo me follas, continúa, continúa!

Sujetándola por la espalda, hice que se inclinara hasta que nuestras caras se
acercaron. Le recorrí toda la cara con la lengua, y cuando mis labios se posaron
en los suyos la encontré mucho más dispuesta de lo que había estado Anna la
primera vez que me la había follado. Así, me besó con gusto, entrelazando
nuestras lenguas y besándome todo el rostro, hasta que en un momento en que
nuestros labios seguían juntos, empezó a estremecerse y a gemir en el primer
orgasmo que yo le daba. Como yo había eyaculado en Anna hacía poco todavía
no estaba listo, de modo que seguí moviéndome dentro de ella durante un rato
más, hasta que decidí cambiar un poco. La puse a cuatro patas, con la cara
apoyada sobre la cama, y apartando un poco su camisón, pero sin mirar lo que
había debajo, volví a penetrarla, mientras mis manos sujetaban y tocaban por
encima de la ropa ese culo tan deseado. No pudiendo esperar más, le subí un poco
el camisón para dejar a la vista su bonito culo, que besé con pasión mientras la
seguía penetrando. Tras unos pocos minutos en esa posición la hice tumbar de
lado, y tras echar una ojeada a Anna, que seguía sentada desnuda a los pies de
la cama, con una sonrisita en la cara y una mano toqueteándose el coño mientras
nos miraba, me estiré panza arriba a su lado, cogí su mano y la acerqué a mi
polla. Empezó a hacerme una paja sin tener que pedirle nada, y contemplar a
Mariona en camisón de dormir haciéndome una paja mientras que Anna, desnuda
nos observaba, fue una imagen que no olvidaré nunca.

Con una mano iba acariciando el rostro y el bonito pelo rizado de Mariona,
y al cabo de unos instantes le pedí que me la chupara. Sin hacérselo rogar dos
veces, se inclinó hacia mí y se metió la polla en la boca. Sinceramente hay que
reconocer que lo hacía mucho mejor que Anna en su primera vez. Su timidez
inicial parecía haber desaparecido con su primer orgasmo, y ahora se mostraba
suelta y con ganas. Me hizo una fantástica mamada si tener que pedirle nada,
chupando con la boca y lamiendo sólo con su lengua de forma intermitentemente,
mientras yo pasaba una mano bajo su camisón, tocando su culo, y su coño por
primera vez sin la barrera de la ropa. Cuando le metí un dedo en el coño, Mariona
aumentó el ritmo de su mamada, y como creí estar cerca de la eyaculación le pedí
que se tumbara boca abajo y rápidamente me tumbé encima y la penetré de
nuevo. Con unas pocas embestidas sentí llegar el placer, por lo que acerqué mi
cara a la suya y mientras que la besaba, mi semen explotó en su interior. Ella
tuvo un segundo orgasmo en ese momento, y sus gemidos acompañaron a los
míos, de modo que permanecí dentro de ella, con mi polla sumergida en mi propio
semen que inundaba la vagina de Mariona, hasta que también se hubo relajado.

- Bueno Mariona, ¿qué te ha parecido? – le pregunté

- Ha sido genial – contestó entre jadeos, sonriendo

- Y a ti, Anna, ¿qué te ha parecido?

- Muy excitante, porno en directo, lo has hecho muy bien, Mariona

- A mí también me ha gustado mucho, pero Mariona – dije – creo que ha


llegado el momento de que te vea desnuda. Me muero de ganas de ver el cuerpo
que he penetrado, y no sé si te habrás dado nunca cuenta, pero estoy loco por tu
culito, nunca puedo dejar de mirarlo.

Mariona se sonrojó un poco e iba a quitarse el camisón cuando la detuve,


ya que deseaba hacerlo yo. Así que lo sujeté por la parte de abajo se lo fui
subiendo poco a poco, desvelándome un coño precioso y bien formado con un
poco de pelo suave, como el de su hermana, y unos pechos algo pequeños pero
redondos y bien formados, con unos pezones pequeños y rosados tan apetecibles
como los de su hermana Anna que tanto me gustaba chupar. Hice que se levantara
para poder mirarla bien, y al final se dio la vuelta, pudiendo contemplar, por fin,
su culito, tan bonito en la realidad como era en mis sueños. Fue a lavarse y al
volver se sentó de nuevo en la cama y pasamos un rato los tres juntos, con
nuestras pieles desnudas en contacto, charlando y toqueteándonos con los dedos.
Hablamos sobre todo de Mariona, de qué le había parecido,… Pasado un buen rato
le ofrecí un poco de sexo oral, que aceptó con gusto ya que todavía no se lo había
hecho. Se tumbó boca arriba y pasé unos buenos minutos saboreando con la
lengua su delicado coño, mientras ella se estremecía y gemía. Con la práctica
conseguida con las innumerables veces que le había chupado el coño a Anna,
continué lamiendo e introduciendo un par de dedos hasta que por fin Mariona
empezó a estremecerse y, con mi cara enterrada entre sus piernas, tuvo un fuerte
orgasmo.

Tras un breve descanso, pensé que ya estaba preparada para nuestro primer trío,
por lo que les pedí que se pusieran ambas de cuatro patas, una al lado de la otra,
me coloqué detrás de ellas y empecé a besar sus culos y coños. Finalmente,
contemplando el bonito espectáculo que era tener a sus culos desnudos uno al
lado del otro dispuestos para mí, agarré a Anna por la cintura y la penetré. Empujé
unas cuantas veces, y entonces salí de ella y entré en el coño de Mariona, de
donde me metí y salí unas cuantas veces hasta volver a repetir con Anna otra vez.
Continué de esta forma, follándome a las dos intermitentemente a la vez que les
acariciaba los culos mientras ellas casi gritaban de placer, hasta que al cabo de
un rato, las empujé por la espalda para obligarlas a inclinar sus cabezas hasta
tocar la cama, quedando una a pocos centímetros de la otra y de forma que sus
culos quedaban más pronunciados y podía ver mejor sus coños abiertos hacia mí.
Continué como antes, follándome ahora a Mariona, ahora a Anna, hasta que al
cabo de unos largos minutos se me ocurrió hacerles juntar todavía más sus
cabezas hasta que casi se tocaron. No aguanté mucho rato estar follándome a mis
dos hermanas, contemplando sus preciosos culos, mientras sus caritas excitadas
por el momento estaban tan cerca que casi se rozaban, así que cuando noté que
el orgasmo me rondaba salí de ellas, las hice tumbar boca arriba una al lado de
otra y tras pajearme durante unos segundos estallé de placer, apuntando mi
chorro de semen hacia sus vientres y pechos, y acabando en la cara de Mariona,
que todavía no lo había probado. No pareció gustarle mucho esto último, pero
cerró los ojos y no intentó levantarse. Exhausto, me hice un hueco entre mis
hermanas mojadas con mi semen, mientras Mariona se apartaba toda la cantidad
de líquido blancuzco de la cara como podía con la mano, que se limpiaba en la
pierna.

- Perdona por esto último, Mariona, pero no he podido aguantar la tentación.

- No te quejes, hermanita – le dijo Anna riendo – A mí la primera vez se me


corrió dentro de la boca…

- Es verdad – corroboré yo – esto todavía tengo que hacértelo a ti, Mariona

- Creo que paso – dijo – pero todo lo demás ha estado muy bien. No me
extraña que os guste tanto follar como decís, a partir de ahora vas a tener que
hacérmelo cada día…

- Con mucho gusto – contesté – todavía hay muchas cosas que me gustaría
hacerte. Bueno, a las dos – corregí ante la mirada fruncida que Anna me dirigió.

Nos dirigimos juntos al baño, y nos metimos los tres juntos en la bañera.
Nos llenamos las manos de jabón y estuvimos frotándonos y limpiándonos unos a
otros hasta que todo el sudor y semen desapareció de nuestros cuerpos. Abrimos
el agua y, juntos bajo su chorro, empezamos a tocarnos para hacernos
desaparecer el jabón y por el placer que me producía tocar sus suaves pieles
chorreantes de agua. Tan excitante era la escena que, aunque ya me había corrido
tres veces en poco rato, volví a sentir el deseo dentro de mí. Sin decir nada, agarré
a Anna por la cintura, la acerqué a mí todo lo que pude, y bajo el chorro de caliente
agua la penetré de nuevo. Empecé a empujar arriba y abajo, entrando y saliendo
de nuevo de su mojado coñito, mientras mis manos, que no podían estar quietas,
no dejaban de toquetear su culo y sus pechos húmedos, con sus pezones otra vez
duros. Mientras, Mariona se encontraba detrás de ella, acariciándole la espalda y
alargando sus manos hasta tocarle los pechos, lo que me excitaba todavía más.
Noté su orgasmo al cabo de un rato, pero a mí todavía me faltaba bastante para
llegar a él, de modo que cuando dejó de estremecerse salí de ella, le di un beso y
agarré a Mariona para el siguiente asalto.

- Tu turno – le dije mientras que le hacía dar la vuelta para que quedara de
espaldas a mí, con su tan deseado y ahora mojado culo justo enfrente de mí, que
no pude dejar de tocar.

- Vaya, pues va a ser verdad que te encanta mi culo – me dijo Mariona con
una sonrisa

- Me encanta, es realmente precioso

- Oye, ¿y el mío qué? – protestó Anna, haciendo morritos.

- El tuyo también, pero es que ya sabes que el de Mariona me encanta desde


hace mucho. Pero tranquila, no te enfades, que a cambio ya te he dicho muchas
veces que tienes unas tetas preciosas, si es que cuando me pongo a chuparlas
nunca puedo parar…

- Bueno, si es así, entonces puedes mirarle el culo a Mariona todas las veces
que quieras. Y por cierto, tu polla también es preciosa. ¿Verdad, Mariona?

- Pues sí, la verdad es que me ha gustado mucho sentirla moverse dentro


de mí…

- Vaya, pues gracias a las dos, os aseguro que la tendréis muchas más veces,
y siempre que queráis. Pero no nos despistemos, que hay trabajo que hacer…

Y diciendo esto agarré a Mariona por la cintura, la acerqué de espaldas a


mí, y la penetré desde atrás. Volvía a moverme, entrando y saliendo de ella,
notando sus suaves y mojadas nalgas apretarse contra mi vientre. Hundí la cara
en su rizada y ahora mojada melena, sintiendo su olor y calidez y escuchando de
cerca los gemidos de placer que emitía, mientras que mis manos acariciaban sus
pechos y pellizcaban sus duros pezones, y bajaban por su vientre hasta llegar a
su coño, donde pude comprobar de forma táctil como mi polla se hundía en ella.
Con una idea repentina, indiqué a Anna que se pusiera enfrente de ella y estiré
los brazos hasta poder rodear su culo y hacer que se abrazara lo máximo posible
a Mariona, de modo que quedamos los tres entrelazados, con Mariona siendo
abrazada por Anna, sus pechos y sus coños en contacto, sus caras casi tocándose,
y yo abrazado a ella por detrás mientras la penetraba. Empecé a besar a Mariona
en la nuca, detrás de la oreja, en la mejilla, y a Anna en los labios por detrás de
la cabeza de Mariona, mientras seguía notando el contacto del culo de Mariona
contra mi vientre y el calor de su vagina en mi polla. Por suerte, tras tres
eyaculaciones estaba agotado, por lo que pude aguantar mucho rato es esa
fabulosa posición. Mariona explotó en un nuevo orgasmo, abrazada a Anna con
fuerza mientras se estremecía de placer, y yo continué entrando y saliendo para
prolongarle todo lo posible sus momentos de placer. Al final, con la polla ya
dolorida de tanto esfuerzo y sintiendo que en breve expulsaría una nueva oleada
de líquido, salí de Mariona y les indiqué que se pusieran de rodillas a mis pies. Lo
hicieron y, juntando sus cabezas, les acerqué la polla. La manosearon un rato las
dos a la vez, hasta que a final Mariona se la metió en la boca. La chupó un poco
y luego se la pasó a Anna, que la lamió unos segundos hasta devolvérsela a
Mariona. Sus dos lenguas recorrían mi miembro, encontrándose en la punta y
jugueteando un poco antes de volver a introducírsela en la boca de alguna de las
dos. Aguanté bastante rato más, aunque no tanto como me hubiera gustado vista
la situación de mis dos hermanas chupándomela al mismo tiempo. Cuando sentí
que no podía aguantar más, la saqué de la boca de Anna, que es quien la tenía
en ese momento, y dejé que sus dos manos me siguieran masturbando hasta que
con una oleada de intenso placer expulsé un chorro de caliente semen en dirección
a sus caras. Anna cerró los ojos y la boca y aguantó el chorro de semen sin
moverse, pero Mariona siguió con la vista como el caliente líquido mojaba su
rostro y después, abriendo la boca, colocó la punta de la polla sobre sus labios
para que lo que quedaba de líquido dentro de mi acabase dentro de su boca.
Cuando acabé sonrió, sacó la lengua para que viera todo el semen que contenía,
y se lo tragó.

- Jo Mariona, al final resultará que eres toda una guarrilla – dije con una
sonrisa.

- Qué va, sólo me lo he pasado muy bien y quería hacer lo que antes me
has dicho que te gustaría. Pero no te acostumbres, no me ha gustado mucho y no
pienso hacértelo muy a menudo. Sólo cuando te lo merezcas – añadió con una
sonrisa.

Intenté alargar todo lo posible la visión de mis dos hermanas pequeñas


arrodilladas a mis pies con las caras inundadas por mi semen, pero al final dejé
que se levantaran para limpiarse una vez más. Anna me echó de la bañera, porque
dijo que estaba tan salido que si no volvería a metérsela a alguna de las dos y no
acabaríamos nunca, aunque no me importó hacerlo porque mientras me secaba
con la toalla pude disfrutar de la visión de mis dos hermanas desnudas en la
bañera, duchándose juntas. Se pasaron jabón, se lo quitaron con la ducha, y al
salir me encontraron a mí que, caballerosamente, les envolví a la vez con una
toalla seca y las froté hasta que se secaron por completo. Ya limpios, volvimos a
la habitación a rescatar nuestros pijamas, nos vestimos y cada uno continuó en
día con lo que tenía que hacer.

Y esta es la historia de la primera vez que me follé a Mariona y pude


disfrutar de los cuerpos desnudos de mis dos hermanas al mismo tiempo. Sé que
puede costar de creer, pero os aseguro que todo lo contado es absolutamente
cierto. Mis hermanas han leído la historia para ayudarme a recordar detalles, y
me ha gustado mucho escribir y recordar ese día. Espero que vosotros también
hayáis disfrutado leyéndola. Mariona dice que a ella también le gustaría escribir
algún relato desde su punto de vista, por lo que muy pronto tendréis alguno más
disponible. Y me despediré diciendo lo mismo que contó Anna en su historia: que
nos encantaría que la gente que haya leído este relato nos escribiese
a marionaianna@yahoo.es para contarnos que le ha parecido la historia, explicar
experiencias suyas, etc, y nos encantaría conocer a gente que también sepa de lo
que es disfrutar del sexo en compañía de sus hermanos. Sobre todo, a mí me
gustaría que me escribiese alguna chica a la que le haya gustado mi relato, ya
que por ahora tan sólo Anna está recibiendo mensajes de chicos. Y escribidle
también a Mariona, por supuesto, pero esto ya os lo pedirá ella cuando escriba su
relato.

¡Hasta pronto!

Ver Perfiles de CHICAS que les ha gustado este relato