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LOS VECINOS PIDEN QUE EL CAÑÓN DEL NAVÍO RAYO SE EXPONGA COMO

MONUMENTO

El Seprona lo halló en 2005 y desde entonces acumula polvo tras ser retirado de un
domicilio privado

11 de noviembre de 2013

Huelva Información/CARLOS LÓPEZ

Permanece sepultado entre los escombros que se acumulan en las dependencias del
cuartel de la Guardia Civil de Mazagón. Pero no se trata de una baratija inútil o carente
de valor, sino un cañón de 18 libras del siglo XVIII que, desde su hallazgo en 2005 por
un equipo del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona),
acumula polvo, mugre y suciedad tras haber sido retirado de un domicilio privado en la
calle Diego de Almagro del núcleo costero.

Desde entonces, el vecino José Antonio Mayo lleva tiempo liderando una campaña para
instar a los ayuntamientos de Palos de la Frontera (Partido Popular) o Moguer (PSOE) a
que realicen "las gestiones oportunas con la Comandancia de la Guardia Civil, con la
Delegación de Cultura y con los técnicos competentes a fin de recuperar y catalogar esta
pieza histórica".

En efecto, el verdadero valor del cañón no reside en su antigüedad o su singular
construcción, sino que se presume que pertenecer a la dotación artillera que montaba El
Rayo El Monarca, dos de los navíos históricos que pertenecían a la Armada Española y
que perecieron en la batalla de Trafalgar en 1805.

Fue un temporal de levante el que los llevó a naufragar en Arenas Gordas y playa de
Castilla, donde encallaron, formando parte de los pecios hundidos en algún punto
indeterminado de nuestras costas atlánticas.

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Sin embargo, en 2003 la Universidad de Huelva (UHU), capitaneada por el arqueólogo
y profesor Claudio Lozano y un equipo multidisciplinar formado por historiadores,
arqueólogos, buzos e informáticos, acreditó que El Rayo se encontraba hundido en
nuestras costas, a unos seis metros de profundidad y a tan sólo trescientos metros del
litoral.

Mayo cree firmemente que el cañón podría ser uno de los 100 cañones que montaba el
barco (80 de serie más los 20 que se le añadieron para dotarlo de mayor potencia de
fuego).

La pieza fue encontrada por el Seprona, quien procedió a confeccionar un acta y puso el
cañón a disposición de la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía en
Huelva, en aplicación de las Leyes de Protección del Patrimonio Histórico, si bien el
interés de las administraciones ha sido nulo, según denuncian los vecinos.

Sobre el papel, la pieza militar no tendría mayor interés histórico, pues es muy común
encontrar cañones de este tipo en dragados o excavaciones, motivo por el cual fue poco
menos que olvidado en las dependencias de la Benemérita, sin que nadie se plantee
costear su restauración y catalogación para que pueda ser mostrado como un
monumento que vuelva a apuntar a las aguas del Atlántico, esas por las que un día
navegó.

Pero más allá de su valor comercial, Mayo insiste en que la reliquia tiene una
singularidad que pudiera hacerla única: ser uno de los cañones históricos que
participaron en la batalla de Trafalgar.

En este sentido, explica que en sus primeras pesquisas descartó su pertenencia al navío
español, debido a "la falta un muñón de los que se asientan en la cuñera, algo que no era
inaudito que se perdiera en un terreno arenoso como el de nuestra costa".

No obstante, continúa, "tras consultar varios archivos históricos sobre la batalla de
Trafalgar y el navío El Rayo, acepté esta posibilidad, dado que las crónicas de la época
certifican que el barco fue derrotado por sus coetáneos ingleses tras la cruenta batalla en
las costas de Cádiz.

En efecto, el navío no fue hundido en el enfrentamiento en aguas gaditanas, si no que
los militares anglosajones lo capturaron y lo trataron de de llevar a Gibraltar para ser
restaurado y tomado como botín, aunque nunca llegó a puerto. La persistencia de las
adversas condiciones meteorológicas provocó que el barco terminase embarrancando en
los bajíos de la torre Carbonera.

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