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Filosofía del Derecho

Filosofía del Derecho


Serie CLA D E MA gedisa
O editorial
Tom Campbell
T om C am p b ell
La justicia
l.os teóricos coinciden en t|ue la justicia es un valor político tunda
mental, pero están en profundo desacuerdo sobre la manera perti­
nente de analizar y justificarla filosóficamente.
La justicia
Tom Campbell ofrece en esta obra una definición de gran enverga­
dura de la esencia de la justicia y de sus campos de aplicación, así como
Los principales
claras exposiciones y críticas de las más famosas controversias éntre­
los principales teóricos del derecho de la era contemporánea.
debates contemporáneos
Después de responder desde diversos enfoques conceptuales a las
preguntas: ¿Qué es la justicia? y ¿Qué significa “ justo” ?, el autor expo­
ne en ocho comentarios mu\ detallados las posiciones y los trabajos
de Roben Sozick, Ronald Dworkin, John Rawls, Richard Posner,
Wbjciech Sadurski, Karl Marx yjürgen I labermas.
l-.n su conclusión, el autor examina el papel de la justicia en los
ámbitos del derecho, de la economía y la democracia y evalúa hasta
qué punto, en la actualidad, las concepciones políticas de la justicia
están quedando eclipsadas por el discurso de los derechos humanos.

"i na bm-na introducción crítica (...) siempre sucinta ylúcida, siempre ecuánime en
su opinión (...) No cabe duda de epte este libro se convertirá en texto de referencia
obligatoria sobre ¡as teorías contemporáneas de la justicia.
David Miller, Journal of Social Poiig

"Como texto introductorio. I .a justicia es un logro admirable (...) No se encon­


trará en ninguna parte introducciones tan accesibles y tiaras a tantos eu/oc/ues
diferentes. ”
Stephen (i. 1licks, Rcrieir of ¡ mu- fíooks

Tom Cam pbell es profesor de Teoría del De­


recho de la Diversidad Nacional de Australia.

7 m c -i o
C ía • De • M a/Derecho LA JU S T IC IA
Colección dirigida por
Ernesto Garzón Valdés y Jorge F. Malem Seña

En la actualidad, la filosofía del derecho ya no es un discurso hermético y reservado a los especialistas de


cada una de sus páretelas. Además, las modernas herramientas de análisis no sólo abren nuevos accesos
Los p rin c ip a le s debates contem poráneos
metodológicos a los juristas mismos, sino que inciden también en cuestiones que afectan las responsabili­
dades acerca de nuestra civilización, como son las transgresiones de los derechos humanos o la despropor­
ción entre el crecimiento de la riqueza y su necesaria distribución. La colección pretende contribuir al de­
bate que se está desarrollando en la Filosofía del derecho en el ámbito de la lengua castellana con la
publicación de obras y recopilaciones de ensayos de autores internacionales cuyos planteamientos merecen
una mayor difusión en nuestra área cultural. La intención es ofrecer un panorama lo más amplio posible y
dar preferencia a propuestas abiertas a la discusión teórica más que presentar soluciones definitivas.

P a b l o N avarro La relevancia del derecho


y M a r ía C r ist in a R ed o n d o
(compiladores) y política
Ensayos de filosofía jurídica, moral Tom Campbell
J o se p h R a z lui ética en el ámbito público
T homas N agel La última palabra
A n d rki M a r m o r Interpretación y teoría de! derecho
Traducción de Silvina Álvarez
D a n ie l M en d o n c a Las claves del derecho
J o r g e M a l e m S eña Globalización, comercio
internacional y corrupción
N o r ber t H o er ster En defensa del positivismo jurídico
L u c ía n K ern La justicia: ¿discurso o mercado?
y H ans P e t e r M ü l le r
(compiladores)
M ic h a e l S a n d e l El liberalismo y ¡os límites
de la justicia
D e n n is F. T h o m pso n La ética política y el ejercicio
de cargos públicos
J . G . R id d a l l Teoría del derecho
R ic c a r d o G u a stin i Distinguiendo
Estudios de teoría y metateoría del derecho

D avid G a u t iiie r La moral por acuerdo


B ria n B a r r y Teorías de la justicia
Título original inglés: Justice
©Tom D. Campbell 1988, 2001
Publicado originalmente por Palgrave

Traducción: Silvina Álvarez

Ilustración de cubierta: Juan Santana

Primera edición, septiembre del 2002, Barcelona

Para Molly, que no escucha pacientemente

Derechos reservados para todas las ediciones en castellano

© Editorial Gedisa, S.A.


Paseo Bonanova, 9 Io-1“
08022 Barcelona (España)
Tel. 93 253 09 04
Fax 93 253 09 05
Correo electrónico: gedisa@gedisa.com
http://www.gedisa.com

ISBN: 84-7432-948-5
Depósito legal: B. 33864-2002

Impreso por: Limpergraf


Mogoda, 29-31 - Barbera del Vallés

Impreso en España
Printed in Spain

Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impre­


sión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier
otro idioma.
índice

Prefacio y agradecimientos ................................................ 11


1. ¿Q ué es la justicia? ......................................................... 13
Las raíces de la justicia..................................................... 15
Justicia e id eo lo g ía........................................................... 18
Un análisis basado en los m éritos.................................. 21
Priorizar la ju sticia........................................................... 24
Más allá de la distribución.............................................. 27
2. ¿Qué es j u s t o ? ................................................................. 33
Igualdad y m érito............................................................. 34
La esencia de la justicia fo r m a l...................................... 39
El conocimiento de la ju stic ia ........................................ 45
La crítica comunitarista a la justicia lib e r a l................. 51
3. La justicia como título: Nozick y la propiedad 57
Los derechos y la justicia formal ................................. 59
La justicia como derechos hum anos............................. 62
La posesión y la titularidad.......................................... 65
La justicia de N o z ic k ..................................................... 69
La historia conjetural y el Estado m ínim o................. 73
La visión restrictiva de N o z ic k .................................... 76
4. La justicia como derechos: Dworkin y las minorías 79
Los derechos de D w o rkin ............................................ 80
La política de D w o rk in ........................................................................ 90
La justicia y las m in orías..................................................................... 92
5. La justicia como contrato: Rawls y el bienestar .......................... 101
La justicia como equidad...................................................................... 106
La justicia raw lsiana.............................................................................. 109
Problemas para R a w ls .......................................................................... 117
La justicia y el bienestar ...................................................................... 123
6. La justicia como eficiencia: Posner y la justicia p e n a l................. 131
Justicia y u tilid a d .................................................................................. 132
La «economía» de la justicia de P o sn e r ............................................ 140
El análisis económico del derecho penal .......................................... 150
7. La justicia como mérito: Sadurski y la remuneración ............... 155 Prefacio y agradecimientos
Los atractivos del m érito...................................................................... 157
Los problemas del m é r ito ................................................................... 165
La remuneración ju s t a .......................................................................... 171
8. La justicia como crítica: M arx y la e x p lo tació n ............................ 181
La justicia formal y la crítica a los derechos .................................... 183
Justicia material, explotación y m érito.............................................. 190
La justicia so cialista.............................................................................. 199
El material reunido en este libro se ha ido gestando a lo largo de muchos años de en­
9. La justicia como empoderamiento: señanza e investigación, principalmente en la Universidad de Glasgow, en los depar­
Young y la acción afirm ativa ........................................................... 201 tamentos de Política, Filosofía moral y Filosofía del derecho, y más recientemente en
Una reconstrucción feminista de la ju sticia ...................................... 204 la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Australia. Mis deudas con los
Opresión y dom inación....................... 209 colegas y estudiantes de estas instituciones son demasiadas como para mencionarlas.
La acción afirmativa y el mito del mérito ........................................ 216 Aunque la preferencia del autor por un análisis de la justicia basado en el mérito
10. La justicia como democracia: resultará evidente para quien lea el libro, éste examina una amplia variedad de teorías
Haberm as y la promesa de la política ............................................ 221 contemporáneas, incluidas aquellas que son profundamente críticas con la idea mis­
ma de justicia. Reciben una considerable atención las aplicaciones prácticas de estas
La teoría de la interacción so c ial......................................................... 224
teorías en áreas específicas de interés político y legal, así como las conexiones ideo­
Los presupuestos de la acción com unicativa.................................... 228
lógicas con otras teorías. Uno de los intereses temáticos del libro es demostrar cómo
Justicia habermasiana............................................................................ 233
el análisis tradicional de la justicia puede ser reconfigurado para abordar problemas
Comentarios c r ític o s............................................................................ 238
sociales y políticos actuales.
Las consecuencias constitucionales ................................................... 241
El objetivo de la segunda edición es clarificar y ampliar el texto original y prestar
El círculo co m p le to .............................................................................. 245
una atención más detallada al libertarianismo, al comunitarismo y al feminismo. Hay
11. ¿L a justicia eclipsada?.......................................................................... 247 ahora dos capítulos introductorios y un nuevo capítulo final. El análisis de Bruce
La justicia en el derecho ...................................................................... 248 Ackerman en torno a la neutralidad ha sido incluido en otros capítulos. Los nuevos
La justicia en la eco n om ía................................................................... 251 capítulos tratan el trabajo de Robcrt Nozick, cuya contribución ha demostrado ser
Justicia y dem ocracia............................................................................ 254 notablemente duradera, Iris Marión Young, una feminista que se toma la justicia en
serio, y Jürgen Habermas, cuyo trabajo reciente ha tenido un gran impacto en las teo­
G uía para lecturas u lte rio re s................................................................... 259
rías políticas del derecho y la justicia.
B ib lio g rafía................................................................................................... 261 Camberra, diciem bre 1999
Indice temático y de autores .................................................................... 269 Tom Campbell
1

¿Qué es la justicia?

Justicia es uno de esos términos morales y políticos centrales que reivindican


su importancia universal y ocupan un lugar central en todas las teorías socia­
les y políticas. En efecto, para muchos teóricos es el concepto principal que
estructura la vida pública, a pesar de que se ve cada vez más eclipsado por la
atención global concedida a los derechos humanos, fenómeno que se discute
en el capítulo final de este trabajo. Esta popularidad casi universal genera una
diversidad de análisis y de aplicaciones de la justicia que pueden confundir y
desalentar a quienes busquen precisión y claridad en su enfoque de los temas
políticos. El desacuerdo abunda acerca de qué significa llamar justa o injusta
a una situación, qué tipo de acciones son justas o injustas y cómo deberíamos
proceder al tratar estas controvertidas cuestiones. Este libro intenta propor­
cionar un mapa útil de tan controvertido terreno, explorando y examinando
aquellas reivindicaciones de valor universal que evoca el lenguaje de la justi­
cia, y sugiriendo cómo podríamos llegar a nuestras propias concepciones so­
bre la justicia y sobre qué tipo de situaciones son justas o injustas.
En este capítulo me ocupo de la cuestión eminentemente conceptual refe­
rida a qué es lo distintivo del discurso sobre la justicia. En primer lugar, seña­
lo la variedad de contextos sociales y políticos en los que figura la justicia y
presto atención a las ideologías que se asocian con distintos enfoques de la
justicia. Luego presento un análisis preliminar de la justicia en términos de
mérito, que combina la noción de igualdad con la idea de recibir lo merecido,
y desvincula este análisis del presupuesto común de que la justicia es por de­
finición y necesariamente el principal valor social y político. Por último, inda-

13
go en qué medida todas las cuestiones de justicia son cuestiones de distribu­ l.as raíces de la justicia
ción, para concluir que la justicia puede estar provechosamente ligada a la dis­
tribución en un sentido amplio que va más allá de la adjudicación de beneficios I a amplia variedad de las ideas asociadas a la noción de justicia, así como su
y cargas económicos y políticos, e incluye también principios no comparati­ complejidad interna y su larga historia, hacen que muchas percepciones dife-
vos, retributivos y de rectificación. icntes de la justicia parezcan -al menos inicialmente- igualmente plausi­
En el capítulo 2 profundizo en estas cuestiones en relación con la pregun­ bles. Esto queda bien ilustrado por las creencias comunes de que la justicia
ta más sustantiva: ¿qué es justo? Allí plantearé temas generales con respecto a es principalmente una virtud negativa, conservadora, mínima, puramente pú­
cómo debemos proceder -si es que podemos proceder de alguna manera- blica, pero -dentro de su esfera- primordial, creencias todas iluminadoras a
para llegar a respuestas correctas a tales preguntas, y contrastaré la tradición m i manera pero que pueden ser muy engañosas y discutibles.

liberal, que relaciona la justicia con derechos individuales universales y con Quienes sostienen que es esencialmente una virtud negativa afirman que la
los límites que ellos fijan al poder estatal, con la recientemente formulada res­ justicia tiene que ver en gran medida con la forma en que las personas no de­
puesta comunitarista al liberalismo que sitúa el discurso sobre la justicia más berían tratarse las unas a las otras. Hay alguna base para la creencia en que es
en relación con el transcurso de la vida social y política de las comunidades d sentido de injusticia o agravio el que está en el núcleo de nuestras ideas so­
reales. bre la justicia y el que explica su poderosa fuerza emotiva. La justicia es nor­
El capítulo 3 relaciona el análisis de la justicia con la idea de los derechos malmente el lenguaje de la reclamación y a veces de la venganza. Gran parte
en general y de los derechos humanos en particular. Esto abre el camino para ile lo que se dice sobre la justicia está enraizado en el resentimiento de la pri­
examinar la teoría libertaria de los derechos de Robert Nozick, como la pri­ vación y la conciencia de haber hecho algo malo. Es por esto que a menudo la
mera de un conjunto de influyentes e importantes teorías de la justicia que justicia es analizada como una virtud negativa cuyas demandas pueden ser sa­
utilizo para ilustrar la variedad de enfoques conceptuales y sustantivos de la tisfechas simplemente no haciendo más que abstenerse de hacer daño a otras
justicia que existen, junto con sus aplicaciones a áreas específicas de interés personas. De acuerdo con un teórico contemporáneo, «la gramática de la jus­
político y social. Estas teorías representan sólo una muestra de lo que puede ticia está íntimamente conectada con la invocación de la justicia cuando obje­
ser abarcado en un libro sobre la justicia, aunque constituyen los principales tamos algo malo» y por tanto está conectada con los sentimientos de indigna­
análisis acreditados que se ofrecen en la teoría política contemporánea. ción y aborrecimiento (Wolgast, 1987, p. xii). Según esta visión, la justicia, en
Los argumentos sobre la justicia y la injusticia ocupan un lugar central en la medida en que es una virtud positiva o que prescribe acciones, tiene que ver
los debates políticos actuales relativos al derecho, las políticas sociales y la con corregir errores a través del castigo, asegurando compensaciones para las
organización económica. Las desigualdades en los ingresos y las oportunida­ víctimas o, en otro sentido, respondiendo adecuadamente a la perpetración de
des de empleo, las disparidades en la posesión de propiedades, las privacio­ injusticias. Esto explica por qué a través de los siglos las teorías de la justicia
nes que se derivan del desempleo, la discapacidad, la enfermedad o la edad tienden a reflejar las injusticias percibidas en cada época, sea que estén rela­
avanzada, los daños no compensados provocados por accidente o que son el cionadas con la propiedad, el género, la raza o el poder.
resultado de conductas criminales de otras personas y los sufrimientos de Asociado a la visión negativa de la justicia como relacionada esencialmen­
las víctimas de la opresión por su clase, raza, género y rango, todas estas situa­ te con la injusticia está el presupuesto de que la justicia es un valor puramente
ciones, y muchas más, son rutinariamente denunciadas no simplemente como conservador. La idea de injusticia está estrechamente relacionada con reaccio­
malas, sino como injustas. En última instancia toda teoría de la justicia debe­ nes de decepción frente a expectativas insatisfechas. De modo que la justicia,
ría formular los criterios que deberíamos utilizar para identificar qué tipo de al menos en sus expresiones negativas, puede tener fuertes implicaciones con­
situaciones son correctamente descritas como justas o injustas, respondiendo servadoras en tanto intenta mantener el estatus quo en la sociedad en contra
de este modo a la pregunta «¿qué es justo?». Nuestra primera y preliminar de intrusiones destructivas y turbulentas. Así, a menudo se entiende que la
tarea es averiguar de qué trata el lenguaje de la justicia. Esto implica identifi­ justicia requiere mantenerse dentro de las reglas fijadas por las relaciones so­
car los valores y presupuestos que están presentes de manera característica en ciales establecidas, tratando a las personas conforme con las expectativas que
el discurso sobre la justicia en general y que nos permiten distinguir el dis­ han sido legitimadas por la costumbre, las convenciones y las leyes, y corri­
curso sobre la justicia del discurso sobre otros valores sociales y políticos, ta­ giendo cualquier desviación de las normas sociales aceptadas.
les como la eficiencia, la autonomía, la igualdad, la dignidad, la humanidad y Sin embargo, la mayoría de los enfoques desarrollados sobre qué es la in­
el amor. justicia conllevan una visión más sustancial de la misma, con un elemento po­
sitivo que requiere acciones que van más allá de la corrección de los errores

14 15
cometidos e incluye la promoción de un ideal de las relaciones humanas justas licia en el derecho es el mismo tipo de noción que la justicia en la sociedad en
como parte de una sociedad armónica y saludable. Los programas políticos re­ su conjunto; en cualquier caso, resulta claro que la justicia tiene aplicaciones
formistas, que resaltan nuevos agravios o extienden las expectativas tradicio­ significativas en todas estas áreas. Existen nociones sociales así como nocio­
nales a otros grupos sociales, generalmente apelan a un sentido comunitario de nes políticas de la justicia. En efecto, la crítica que señala la limitación del dis­
la justicia y la injusticia. Las leyes y reglas sociales establecidas no son inmu­ curso de la justicia a la esfera «pública» es un tema frecuente en las teorías fe­
nes a ser criticadas por injustas. Hay nociones reformistas así como conserva­ ministas y socialistas.
doras de la justicia y hay nociones positivas (o activas) así como negativas Otro presupuesto común es que la justicia es perentoria, o, en la jerga téc­
(o pasivas) de la justicia, y todas ellas comprometen a quienes las utilizan a efec­ nico-filosófica, deontológica, o «correcta en sí misma» con independencia de
tuar admirables acuerdos sociales. sus consecuencias. En efecto, la justicia es vista a menudo como una norma de-
Otras asociaciones conceptuales de la justicia están basadas en el hecho de óntica o imperativa con una fuerza particular que no permite retrasos, desvia­
que la justicia es un ingrediente normal del lenguaje de la legitimidad. Los re­ ciones o compromisos. La justicia, se afirma a veces, debe hacerse y hacerse
gímenes políticos utilizan su papel de promotores de la causa de la justicia completamente antes de que pueda fomentarse cualquier otro objetivo o va­
como fundamento central para justificar su derecho a gobernar, mientras que lor. Este presupuesto sobre la primacía y el carácter imperioso de la justicia a
la perpetración y protección de injusticias por parte de los gobiernos es una veces va de la mano de la visión según la cual es posible decir con precisión cuá­
justificación común para la desobediencia civil y la revolución política. En les son los requisitos de la justicia de un modo que no es factible con otras vir­
este contexto, la justicia, como algo distinto de la benevolencia o la utilidad, a tudes más expansivas c intangibles. El carácter perentorio de la justicia se con­
menudo representa los requisitos mínimos para la vindicación del poder po­ juga fácilmente con la noción de justicia como virtud negativa y mínima, de
lítico. Esto se corresponde con la importancia que se le concede en la jerar­ acuerdo con la cual ésta se mantiene siempre que no se dañe a otras personas
quía de valores. N o obstante, la justicia se usa también para expresar ideales de modo concreto. Enfoques más positivos y abiertos de la justicia prefieren
perfeccionistas acerca de las mejores formas de relaciones humanas en la más la visión según la cual es simplemente una virtud entre otras, y una virtud que
utópica de las sociedades, aquella que no se puede esperar que ningún Estado podría tener que ceder el paso a lo que, en ocasiones, son valores más impor­
real alcance. Los conceptos de igualdad total de oportunidades y recompen­ tantes y apremiantes, tales como la libertad o la lealtad, especialmente fuera de
sas equitativas para los esfuerzos socialmente beneficiosos son ejemplos de las esferas del derecho y la política. Sin embargo, incluso estos análisis más di­
los ideales de justicia anhelados. Estados que superan ampliamente el umbral fusos de la justicia no eliminan su forma deóntica.
de la legitimidad podrían sin embargo ser insatisfactorios en términos de jus­ Muchas otras perspectivas sobre la justicia revelan presupuestos que están
ticia y, a su vez, el concepto de justicia se puede aplicar más allá de su identi­ en tensión o en franco conflicto entre sí. La justicia puede ser vista como una
ficación con el umbral de la legitimidad política. Hay nociones maximalistas cuestión individual o de grupo. Puede ligarse al derecho o disociarse de toda
así como nociones minimalistas de la justicia, como queda bien ejemplificado relación coercitiva. Puede ser vista como la expresión o como la antítesis del
por la máxima socialista «de cada uno de acuerdo con sus capacidades, a cada amor y la preocupación por alguien. Puede asociarse con la toma de decisio­
uno de acuerdo con sus necesidades» (ver capítulo 8). nes conforme a principios generales o conforme a cuidadosas consideracio­
Otra cuestión importante es la relativa al presupuesto según el cual la jus­ nes de los «méritos» de cada caso en particular. Este calidoscopio de diversas
ticia es principalmente una virtud pública o política, en el sentido de que tie­ imágenes presenta un panorama confuso y a veces incoherente de la justicia.
ne que ver con la conducta y objetivos de los Estados, los funcionarios y los En este capítulo examino este desconcertante panorama con la intención de
organismos públicos, antes que con las cuestiones puramente económicas o hacer más inteligible y útil el discurso de la justicia para los fines del análisis
domésticas que constituyen la esfera privada. De allí la asociación de la justi­ y la toma de decisiones en la política contemporánea. Con este fin, señalo en
cia con el derecho y las políticas públicas. En efecto, la justicia es considerada primer lugar las afinidades ideológicas de diferentes teorías de la justicia y
normalmente como la virtud legal que está generalmente fuera de lugar en las luego me inclino por un análisis relativamente neutral del concepto de justi­
relaciones personales. Y sin embargo, la relevancia de la justicia no está rele­ cia en términos de igualdad y mérito, pero rechazo el extendido punto de
gada a cuestiones estrictamente políticas. Las familias, los grupos de amigos y vista según el cual la justicia es siempre el principal valor social y político.
las asociaciones voluntarias, así como los tribunales y los gobiernos, pueden Finalmente, examino la afirmación de que la justicia tiene un objetivo prin­
ser justos o injustos, aunque esto puede no ser central en la persecución de sus cipalmente distributivo.
objetivos. Es más, habría que investigar si la justicia en los pequeños grupos
tiene alguna relación con la justicia en el Estado, así como si la noción de jus-

16 17
Justicia e ideología los otros. Para el libertarianismo, la justicia es una estructura normativa den­
tro de la cual los individuos pueden perseguir sus propios objetivos sin vul­
Detrás de las diferentes perspectivas sobre la justicia que se trazaron más arri­ nerar los derechos de los demás. Es limitada, precisa y rigurosa. La justicia li­
ba, y más allá de ellas, se ubican ideologías políticas y sociales rivales, dife­ bertaria tiene más que ver con la libertad que con la igualdad, ya que pese a
rentes visiones del mundo que combinan compromisos sobre valores básicos tener un presupuesto fuerte de igualdad formal por el cual las personas son
con un conjunto de presupuestos respecto de la naturaleza humana y de la so­ iguales con respecto a su igual posesión de derechos idénticos, no sugiere que
ciedad. Las ideologías, tales como el liberalismo, el socialismo y el feminismo, el ejercicio de estos iguales derechos resulte o deba resultar en algo así como
tienen un efecto muy importante sobre lo que se piensa respecto de qué es la una igualdad real de posiciones sociales y económicas; de hecho se presupo­
justicia y por qué es o no importante. La justicia adopta distintos ropajes en ne lo contrario.
diferentes ideologías políticas y estas ideologías adaptan la noción de justicia La ideología del liberalismo del bienestar, del que John Rawls puede ser
de manera que se adecúe con mayor facilidad a su aspecto preferido. tomado como un representante moderado (ver capítulo 5), también concede
La justicia podría verse también como ideológica en un sentido más espe­ un lugar central a los derechos individuales, pero está más preocupado por la
cífico y despectivo, popularizado por Marx, conforme al cual ofrece una falsa justicia como una cuestión de distribución general de cargas y beneficios en
visión de una situación ideal de igualdad y equidad que en realidad enmascara una sociedad en la que tanto los resultados como el procedimiento son varia­
y perpetúa relaciones de poder opresivas. Forma parte de la teoría marxista de bles importantes. Aquí «bienestar» se refiere a la totalidad de la felicidad y el
la explotación la idea de que la clase con poder económico en un tipo particu­ bienestar de todas las personas y particularmente a la necesidad de aliviar los
lar de sociedad es mantenida en el poder en parte por la «falsa conciencia» de sufrimientos de las personas pobres y desaventajadas. Para esta ideología, la
aquellas clases que aceptan equivocadamente los ideales de la clase dominante justicia se centra en la distribución de bienestar pero está bastante abierta con
como si representaran los intereses de todas las clases. De este modo, la justi­ respecto a la forma en que debería llevarse a cabo la distribución o al conjun­
cia en un sistema capitalista es la ideología de la clase dominante en el sentido to de cargas y beneficios sociales y económicos a los que se aplica. Es indivi­
de que representa los intereses de los capitalistas y pretende legitimar falsa­ dualista en cuanto a su compromiso con el valor de cada persona en particu­
mente las relaciones sociales y económicas existentes como si fueran institucio­ lar pero holista en el modo en que intenta alcanzar la justicia a través de la
nes objetivamente a favor de los intereses de todas las clases. Una asociación gestión de la sociedad con vistas a que produzca una distribución general
similar entre las ideas de justicia y el fenómeno de la dominación masculina se equitativa de bienes y males dentro de un sistema de iguales derechos básicos.
encuentra en muchas teorías de la justicia feministas. A este respecto, el liberalismo del bienestar tiene algunas afinidades con la
Aunque no hay duda de que todos los conceptos morales y políticos for­ teoría moral del utilitarismo, de acuerdo con el cual el criterio moral último es
man parte de la cultura y la retórica que sostienen las relaciones de poder la utilidad máxima, de modo que las decisiones morales se reducen a calcular
existentes, he señalado ya que el lenguaje de la justicia se usa con frecuencia qué es lo que produce la mayor felicidad del mayor número, que en la prácti­
para criticar las relaciones de poder existentes, haciendo inverosímil argu­ ca significa priorizar el alivio del sufrimiento. La igualdad en la distribución
mentar que la justicia esconde siempre la legitimación del estatus quo, aunque debe verse en el contexto de maximizar la realización de los deseos de todas las
no hay duda de que a veces lo hace. Sin embargo, todas las teorías vigentes de personas, contexto en el que la igualdad en la distribución resulta ser un modo
la justicia son ideológicas en el sentido débil de que están inmersas en una vi­ de producir cuantitativamente el mejor resultado. Si las distribuciones son
sión particular del mundo. De este modo, es ilustrativo comparar las ideolo­ consideradas justas en la medida en que son efectivas en lo que respecta la re­
gías libertaria, liberal del bienestar y comunitarista de la justicia, incluso si re­ ducción del sufrimiento, el liberalismo del bienestar se transforma en lo que se
sulta que dichas ideologías no son todas igualmente autointeresadas. podría llamar socialismo liberal. Sin embargo, como veremos, Rawls está inte­
La justicia libertaria pone el énfasis en los derechos individuales como resado en distanciarse de una filosofía puramente utilitarista.
base irreducible para la organización social; la justicia se refiere al hecho de Se debería notar que el utilitarismo, como teoría moral que hace hincapié
que cada individuo debe obtener aquello para lo que tiene un título en virtud en el significado de las consecuencias de las acciones humanas y las organiza­
del ejercicio de dichos derechos. Esta es la perspectiva adoptada por Robert ciones, puede sostener ideologías con muy diferentes propósitos en las que
Nozick (ver capítulo 3). no se ve que el énfasis en la igualdad tenga consecuencias igualitaristas, más
En sustancia, tales derechos se agrupan en torno a la idea de autonomía e allá de la afirmación de que cada individuo cuenta por uno en el cálculo de
independencia del individuo y la premisa de que todos los individuos pueden utilidad. El énfasis, en cambio, se ubica en la libertad individual en contextos
elegir hacer lo que quieran en la medida en que no vulneren los derechos de en los que existen oportunidades protegidas para un intercambio sin trabas

18 19
entre individuos, como el mecanismo principal para lograr la mayor felicidad del liberalismo como del comunitarismo. Estas divisiones ideológicas son im­
del mayor número. Podemos ver cómo funciona este utilitarismo en las teorías portantes para entender c interpretar las teorías de la justicia, pero no son el
económicas de la justicia, como la teoría de Richard Posner (ver capítulo 6), objetivo principal de este libro. El objetivo es, en cambio, ofrecer una expo­
y en varías formas de ideología política que a veces se citan como «racionalismo sición analítica así como algunas críticas filosóficas a las principales teorías ri­
económico». De esta manera, el utilitarismo aparece como una alternativa al vales que tienen mayor relevancia en el mundo contemporáneo.
esquema de los derechos de Nozick que brinda la justificación para las pos­ N o se niega que debajo de las divergencias políticas a menudo subyacen
turas libertarias sobre el papel limitado del Estado. las ideas yuxtapuestas de la justicia como negativa o positiva, conservadora o
Tanto el libertarianimso como el liberalismo del bienestar de Rawls se ba­ reformista, minimalista o maximalista. Y se reconoce que el análisis concep­
san en presupuestos fuertes sobre la independencia y la autonomía individual tual de nociones políticas claves, tales como la de justicia, no puede aislarse
como el sustrato de la justicia. En este aspecto, dichas ideologías deben con­ del desacuerdo ideológico. N o obstante, se puede ganar mucho en claridad y
trastarse con otro conjunto de ideologías que ponen el énfasis en la prioridad entendimiento en una discusión filosófica que inicialmente deja de lado el
de la sociedad, la comunidad o el Estado por encima de la concepción de los desacuerdo ideológico evidente e intenta trabajar sobre los conceptos, distin­
individuos como unidades que se pueden separar de su contexto cultural. La ciones y presupuestos implicados en diferentes teorías de la justicia. Cuando,
etiqueta de «comunitarista» es un modo acertado y bastante extendido de llegado el momento, asumimos finalmente una postura en temas ideológicos,
identificar posiciones que intentan alejarse del duro individualismo de los podemos aspirar a realizar elecciones que sean lúcidas e informadas. Encaradas
derechos individuales y consideran que todos los valores están inmersos en de este modo, las discusiones filosóficas de conceptos tales como el de justi­
una particular cultura social o comunitaria, en el entendimiento de que todas cia pueden revelar que los marcos conceptuales a menudo pueden separarse
las culturas, incluso las individualistas, construyen un conjunto de valores de sus orígenes ideológicos y ser expuestos de una manera nueva dentro de
y expectativas dentro de las cuales tiene lugar toda interacción humana. La marcos ideológicos distintos. Esto muestra la variedad de elecciones de la que
«justicia», según esta visión comunitarista, se refiere al adecuado funciona­ disponemos mientras luchamos con la cuestión profundamente personal de
miento de un particular tipo de sociedad de acuerdo con sus propios valores articular nuestro proprio punto de vista moral y político.
y su propia visión del mundo.
Com o enfoque, el comunitarismo se distingue por su rechazo de las for­
mas más extremas de individualismo, de acuerdo con el cual las sociedades Un análisis basado en los méritos
son simples organizaciones para promover los intereses de los individuos cu­
yos valores y significado se establecen con independencia de la sociedad de la Todo análisis de la justicia debe ser capaz de dar cuenta de la inmensa varie­
que forman parte. El comunitarismo se vuelve más ideológico en un sentido dad y complejidad de sus significados, aplicaciones y conexiones ideológicas,
político estricto cuando adopta o bien la forma de un compromiso conserva­ e intentar mostrar la unidad que subyace a sus diferentes manifestaciones po­
dor tradicional de preservar las relaciones sociales existentes, o bien la forma líticas sin minimizar el alcance del importante desacuerdo entre ellas. A falta
de un movimiento activo comprometido con la creación de un ideal de co­ de la creencia ingenua en que existe un significado «verdadero» o «correcto»
munidad genuina. Las focmas más militantes de comunitarismo ideológico de «la justicia», debemos proceder a dilucidar el despliegue real que realiza el
pueden adquirir distintos matices, que incluyen visiones sobre la utopía so­ lenguaje de la justicia en toda su variedad hasta el punto en el que se tienen
cialista en la que la justicia viene dada por el hecho de que hay una igualdad que hacer elecciones estipulativas para llegar a un conjunto de distinciones
sustantiva real que se alcanza procurando que las personas tengan lo que ne­ conceptuales claras y coherentes, que pongan de relieve la naturaleza de las
cesitan para ser miembros plenos e iguales de su sociedad, o un ideal feminis­ cuestiones políticas que están en juego. En este sentido, no habría un análisis
ta en el que la opresión de género es eliminada y dominan valores cooperati­ correcto de la justicia sino distintos análisis más o menos útiles.
vos y de cuidado. En estas circunstancias puede resultar tentador caer en la técnica de reali­
Éstos y otros enfoques ideológicos opuestos de la justicia están todos re­ zar un análisis excesivamente vago y amplio que capte todos los distintos usos
flejados en las teorías que específicamente se discuten en este libro. Así, N o ­ de la palabra justicia tal como el término se usa en realidad, y luego pasar rá­
zick y, según algunas interpretaciones, también Dworkin son autores fácilmen­ pidamente a distinguir las diversas concepciones de la justicia que encierran
te identificables como libertarios. Rawls es un liberal del bienestar, aunque con las distintas visiones rivales de la moral que coexisten dentro del concepto
reformulaciones. Posner es un utilitarista económico. Marx es un tipo de co­ amplio que funciona como una sombrilla que atrapa todo. El concepto, por
munitarista. Young puede ser vista como una feminista con elementos tanto tanto, proporciona el «significado» de la justicia, mientras que las concepcio­

20 21
nes enuncian los criterios de evaluación propuestos para determinar si ciertos tiende a ser el destino de todos los términos políticos con connotaciones emo­
tipos de situaciones son justas o injustas. De este modo, el concepto de justicia tivas esencialmente favorables, es un resultado frecuente y desafortunado de
puede ser analizado como un conjunto de principios para valorar las institucio­ la aplicación de la distinción concepto/concepciones.
nes sociales y políticas, mientras que las concepciones de justicia representan ( ion el fin de clarificar la naturaleza de los desacuerdos políticos, resulta
diferentes visiones sobre el adecuado contenido de estos principios. ii!i) desarrollar un conjunto de conceptos que sean tan distintivos y precisos
Rawls, por ejemplo, ve la justicia como un conjunto de principios para como sea posible. Por tanto, es importante que al analizar el concepto de jus­
«asignar derechos y deberes en las instituciones básicas de la sociedad» y defi­ ticia no se amplíe en exceso el campo de estudio hasta el punto de que se lle­
nir «la distribución adecuada de las cargas y beneficios de la cooperación so­ gue a no poder distinguir la justicia de la suma de valores sociales y políticos.
cial» (1971, p. 4). En este contexto, el concepto de justicia significa «un equili­ Esto se puede hacer sin ignorar el discurso de la justicia en toda su extensión,
brio adecuado entre las demandas que compiten entre sí», mientras que una tal como se aplica en diferentes esferas, dado que en cada esfera distinguimos
concepción de la justicia es «un conjunto de principios relacionados para iden­ los usos en sentido amplio o impreciso de aquellos que intentan usar el tér­
tificar las consideraciones relevantes que determinan este equilibrio» (p. 10). mino «justicia» con connotaciones particulares. En este punto lo mejor es se­
Alternativamente, dado que el punto de partida de Rawls no toma en guir a Aristóteles en el Libro V de su Ética a Nicómaco donde, después de dis­
cuenta todos los usos a los que ha sido dedicado el lenguaje de la justicia, po­ tinguir entre justicia como «virtud completa» y justicia como «una parte de la
dríamos adoptar la perspectiva más tradicional de acuerdo con la cual el con­ virtud» se concentra en esta última.
cepto de justicia se define como «dar a cada uno [o una] lo que merece», con Además, la distinción concepto/concepciones puede llevar a malentendidos
las distintas concepciones de la justicia indicando que va a contar como lo que si está basada en el presupuesto de que hay una línea clara de demarcación en­
merece una persona de acuerdo con diferentes visiones morales. Así, Miller tre un concepto de justicia moralmente neutral, aunque altamente general, por
(1976) sostiene que «el estado de cosas justo es aquel en el que cada individuo un lado, y concepciones específicas que encierran interpretaciones morales sus­
tiene exactamente aquellas cargas y beneficios que merece» (p. 20) y sigue di­ tantivas del concepto general, por otro. Esta estrategia no ofrece la posibilidad
ciendo que «las cuestiones importantes sobre la justicia surgen cuando trata­ de que el concepto de justicia represente por sí mismo un punto de vista moral
mos de establecer qué significa realmente el “ mérito” de una persona» (p. 24). distintivo que impone limitaciones sobre lo que razonablemente puede ser con­
De acuerdo con cualquiera de estas dos perspectivas, se puede asumir que siderado como una concepción de la justicia. En este sentido, se debería consi­
el análisis del concepto de justicia nos dice de qué se trata en la justicia de ma­ derar seriamente la posibilidad, por ejemplo, de que la justicia sea un concepto
nera aislada y filosóficamente considerada, mientras que los análisis de las di­ inherentemente legal o liberal o masculino. De la otra parte, existe el peligro
ferentes concepciones de la justicia establecen qué es la justicia en términos de llegar a un análisis restrictivo del concepto de justicia que excluya visiones
concretos, entrando así en el discutible campo del conflictivo e ideológico de­ políticas o filosóficas rivales sobre la base de consideraciones arbitrarias.
bate político. De esta formá', utilizar la distinción concepto/concepciones es La eliminación de la excesiva generalidad con vistas al logro de un concepto
una estrategia común y, en alguna medida, esclarecedora e inevitable, pero tie­ de valor relativamente neutral que entienda la justicia como una virtud políti­
ne ciertos inconvenientes que, como veremos, se ven exacerbados por creen­ ca parcial, podría lograrse prestando una especial atención a los usos del len­
cias bastante comunes acerca de la primacía de la justicia como valor político. guaje de la justicia que nos permiten seleccionar aquellas instancias en las que
En particular, existe el peligro de que el concepto de justicia se vuelva de­ el término «justicia» es usado en un sentido que claramente pretende distin­
masiado amplio y su distintivo ámbito moral quede en la sombra. Esto suce­ guirla de otros valores. Debemos notar, sin embargo, que los usos lingüísticos
de cuando la distinción concepto/concepciones se separa del uso efectivo del a los que apelamos para establecer un concepto muy específico de justicia po­
lenguaje de la justicia, tal como aparece en los debates de los que los análisis dría ser tendencioso o anticuado, y reflejar la experiencia y los prejuicios del
convencionales toman su material e ímpetu iniciales. Esto es particularmente filósofo y su comunidad antes que la alegada neutralidad del discurso corrien­
así en el nivel del «concepto» que a menudo no logra captar el contenido dis­ te característico. Algunos análisis del concepto de justicia que disponen de un
tintivo de la conciencia de la justicia en contraste con otros ideales, tales como significado específico podrían a veces no ser otra cosa que artilugios para sus­
el de humanidad o el relacionado con el logro de la felicidad. En efecto, cual­ traer del ámbito de la evaluación crítica un cierto conjunto de valores.
quier análisis que se propusiera captar la gama completa de usos en los que Por estas razones adopto en este libro dos niveles de análisis de las teorías
aparece el lenguaje de la justicia se revelaría inmanejablemente abierto en de la justicia. En el primer nivel, presento a los teóricos que en el ámbito de la
cuanto a sus propósitos, al contener el compendio completo de conceptos po­ filosofía de habla inglesa actual son reconocidos generalmente como teóricos
líticos fundamentales. Esta característica de estar sobredimensionado, que de la justicia importantes y originales; sus teorías son presentadas en sus pro­

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pios términos y de acuerdo con sus propios presupuestos sobre el significado mente el principal valor social, aunque sólo sea en cuestiones de distribución.
y alcance de la justicia. Ninguno ha sido excluido sobre la base de que su teo­ ( luando se unen a la premisa ahora más o menos generalizada de que la justicia
ría no sea realmente sobre la justicia sino sobre algo distinto a lo que errónea­ e>> el valor fundamental de las instituciones sociales sólidas, las concepciones
mente se llama justicia, a pesar de que tan brutal tratamiento podría tener en tle la justicia compiten por la supremacía ideológica en un modo que distor­
algunos casos una justificación filosófica. En un segundo nivel, sin embargo, siona más que clarifica las características distintivas de las consideraciones de
las teorías presentadas son sometidas a la crítica desde el punto de vista de un justicia relevantes. Si la justicia se define como el valor político prioritario,
análisis particular y controvertido de la justicia como un valor específico an­ entonces cualquier cosa que se adopte como una prioridad política es auto­
tes que como un valor de amplio alcance social y político. máticamente consagrada con el título de justicia. Por otra parte, si asumimos
El análisis específico que he adoptado en el segundo nivel es una combi­ la visión según la cual la importancia moral de la justicia en relación con otros
nación de lo que llamo elementos igualitaristas y de mérito. Por «igualitaris- valores es externa a su análisis, y debe ser considerada como una cuestión de
tas» entiendo que encierran un compromiso respecto de una idea sustantiva valoración moral independiente -d e modo que la justicia no recibe axiomá­
de la igualdad que se aproxima a lo que normalmente se conoce como iguali­ ticamente ningún privilegio especial en la competencia por la supremacía po­
tarismo, conforme al cual cada persona debe disfrutar esencialmente de las lítica-, entonces podemos adoptar una perspectiva más desapasionada con
mismas o equivalentes circunstancias, pero en este caso es un presupuesto que respecto a la cuestión relativa a de qué trata la justicia. Desde esta posición
podría ser invalidado por consideraciones de mérito. Llamo a este presupues­ ideológicamente menos apremiante es posible decir que la idea de la justicia
to «igualdad antecedente» para indicar que es el punto de partida respecto del igualitarista y basada en el mérito capta de modo más acertado el sentido del
cual deben justificarse los rumbos de cada uno. Por análisis de la justicia con­ lenguaje de la justicia en sus usos más característicos, haciendo hincapié tan­
forme a «los méritos» entiendo un análisis que tiene en cuenta consideracio­ to en la igualdad como en el mérito, y sin comprometernos con la idea de que
nes de valor individual como factor necesario y fundamental en la determina­ el valor social prioritario es o bien la igualdad sustantiva o bien el tratamiento
ción de qué es justo. conforme con el mérito.
Se sigue de esto que hay una conexión necesaria entre justicia y mérito, Sin embargo, negar la primacía política de la justicia va en contra del con­
primero en el sentido amplio que de la justicia en todos sus aspectos tiene que senso de la mayoría de los teóricos contemporáneos de la justicia en la tradi­
ver con tratar a las personas como seres de igual valor en el sentido de que sus ción liberal. Com o valor fundamental de la organización social y política con­
experiencias y acciones como criaturas sensibles y responsables tienen la mis­ temporánea, la justicia es generalmente considerada en segundo lugar sólo con
ma importancia intrínseca, y segundo en el sentido más restringido de que tal respecto a la prosperidad económica. Así es que adquieren importancia los ar­
tratamiento permite y requiere relacionarse con la gente de manera diferente gumentos acerca de la justicia como un concepto «esencialmente controverti­
según sus méritos, es decir, según lo que merecen en virtud de su conducta. do» que muchas posiciones ideológicas diferentes desean proclamar como
Utilizando la distinción coricepto/concepción, un análisis de los méritos (o proprio e interpretar a su manera. La popularidad de la justicia como un con­
tal vez el análisis igualitarista y de méritos) significa que el concepto de justicia cepto político se refleja en la visión de Rawls de que «la justicia es la primera
presupone la igualdad antecedente como el punto de referencia inicial y re­ virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pen­
quiere que las salidas desde este punto reflejen los méritos de las personas im­ samiento» (1971, p. 3). En otras palabras, cualesquiera sean los valores morales
plicadas, mientras que las distintas concepciones de la justicia tienen que ver que una sociedad quiera realizar, antes debe haber alcanzado la justicia. Aun­
con lo que cuenta como mérito. Esto desemboca en la afirmación general que esta postura ha sido muy criticada recientemente por algunos teóricos, es­
de que un estado de cosas es justo si y solo si es un estado de cosas que re­ pecialmente por Sandel (1982), quien promovió la etiqueta «comunitarista», es
fleja acertadamente la igual valía y el desigual mérito de las personas sensibles generalmente aceptado que, al menos en cuestiones distributivas, «la justicia
y responsables. es una virtud muy importante, tal vez la virtud más importante desplegada por
una sociedad» (Sadurski, 1985, p. 12). Pocos asumen la postura -que se discu­
te en este libro y que ha pasado a ser más ampliamente aceptada desde la pu­
Priorizar la justicia blicación de la primera edición en 1988- de que la justicia no sólo es un aspec­
to distributivo entre otros, sino que es un factor que no necesariamente reviste
El análisis aparentemente tradicionalista de la justicia en términos de igualdad una importancia moral suprema en política. Una vez abandonado el dogma de
y mérito se vuelve inesperadamente abierto en sus consecuencias cuando se lo que la justicia está constituida por los principios más importantes y decisivos
desvincula de la idea, bastante corriente, según la cual la justicia es necesaria­ de la organización social y política, entonces se podrá estar de acuerdo con un

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concepto dinámico de la justicia que encuentre su lugar junto a otros ideales Más allá de la distribución
superpuestos y en competencia tales como los de libertad, utilidad y humani­
dad. En general, sin embargo, tenemos que aceptar que para la gran mayoría Menos controvertido y más extendido que el análisis de la justicia basada en
de los teóricos la justicia representa el concepto central y dominante de la fi­ los méritos es el argumento según el cual el papel distintivo de la justicia como
losofía política normativa que ocupa el debate actual. valor político, está en que ésta tiene que ver con la evaluación de cómo se dis-
La prioridad de la justicia se ha convertido en una premisa filosófica tan ex­ iribuycn las cargas y beneficios entre los individuos y los grupos sociales.
tendida que muchos teóricos tienen la impresión de que se trata de una verdad Si retrocedemos por un momento al argumento general de que la justicia
analítica, pero esto es claramente erróneo. Si la «justicia» se define como el pa­ consiste en asegurar que cada persona reciba aquello que merece, se podrían
trón general que determina qué es correcto socialmentc, entonces lógicamen­ identificar varias subdivisiones de la justicia. De este modo, la distinción en­
te ningún otro valor puede ser anterior a la justicia dado que todos los valores tre corregir un mal a través del castigo o la compensación, por un lado, y ase­
relevantes quedarían subsumidos bajo su espectro de influencia. Pero si la jus­ gurar una distribución equitativa de las cargas y beneficios entre grupos so­
ticia es algo menos que la suma o el equilibrio adecuado de todos los valores ciales, razas, clases o géneros, por el otro, es el núcleo de la distinción general
sociales, su prioridad no puede presuponerse sin más, ni siquiera en cuestio­ entre una justicia correctiva o paliativa, por un lado, y una justicia social o
nes distributivas. Los juicios acerca de la prioridad de un valor son opiniones distributiva, por otro. Mientras que corregir males puede ser visto simple­
morales sustantivas y la prioridad de la justicia como un valor particular, una mente como una parte de la tarea de asegurar distribuciones equitativas, es
vez que lo hemos visto a la luz del día, puede ser objeto de grandes dudas. común ver estos dos tipos de justicia como dispares y discontinuos, el prime­
Es posible definir arbitrariamente la justicia como el valor social fundamen­ ro relacionado principalmente con el derecho y el segundo con la política so­
tal y luego pasar a llenar su contenido con todo aquello que se piensa que es de cial, en particular con los impuestos y el bienestar. Es parte del objetivo de
la mayor importancia en la distribución social, y tal vez también en el conjunto este capítulo introductorio indicar que, en el análisis de la justicia basada en
de cargas y beneficios. Pero esta perspectiva dogmática tiene el efecto de socavar los méritos, puede haber una importante conexión conceptual entre justicia
nuestros esfuerzos de clarificación conceptual al eliminar los límites impuestos correctiva y justicia distributiva.
por la lógica informal del lenguaje de la justicia en el debate político real, trans­ El análisis ilustrativo del concepto de justicia que se ha mencionado pre­
formando de este modo en algo peligrosamente engañoso cualquier apelación supone que la justicia, en todos sus aspectos, tiene que ver con estados de co­
ulterior a nuestras «intuiciones» sobre lo que pensamos que es «justo» o «injus­ sas en los que están implicadas personas, o al menos seres sensibles. La justi­
to», dado que tales intuiciones están enraizadas en nuestros conceptos operati­ cia no se plantea en nuestro trato con cosas inanimadas, y posiblemente
vos antes que en nuestros conceptos normativos estipulativos. Si, en cambio, tampoco en nuestro trato con animales. Así Raphacl afirma que «la justicia y
mantenemos una postura abierta sobre de la primacía de la justicia, será posible la injusticia, la imparcialidad y la parcialidad, se presentan sólo en nuestro tra­
asumir una perspectiva más-ecuánime y filosófica respecto del análisis concep­ to con seres humanos» (1970, p. 177). Qué es exactamente lo que tienen las
tual de la justicia, ya que, al realizar este análisis, no estaremos comprometién­ personas que las hace sujetos aptos para la justicia no está claro. Podría ser su
donos al mismo tiempo con ninguna prioridad política particular. Es posible, por capacidad para sentir placer y dolor; podría ser el hecho de que posean razón
ejemplo, asumir la posicjpn moral y política según la cual las consideraciones hu­ y/o su capacidad para realizar elecciones y actuar conforme con ellas. Es par­
manitarias, es decir, la preocupación por el sufrimiento de los seres humanos, te de una teoría de la justicia identificar las características de los seres huma­
debería automáticamente preceder a la justicia, es decir, al requisito de que el nos que están lógicamente presupuestas por estas limitaciones conceptuales
tratamiento dado a una persona esté de acuerdo con sus méritos. en la aplicación de la justicia, y dejar claro por qué la justicia se aplica sólo a
El análisis de la justicia como un valor no prioritartio, igualitarista y de nuestro trato con personas.
mérito que se ha esbozado hasta aquí se propone proporcionar un punto Un punto de partida útil en esta cuestión es el influyente análisis de la jus­
de vista manejable para relacionar y criticar las teorías de la justicia. Este aná­ ticia que proporciona el filósofo de la Ilustración escocesa David Hume
lisis, sin embargo, no se presenta ni como la conclusión filosófica de este libro (1739). Para Hume la justicia es un dispositivo convencional para preservar el
ni como su principal principio organizativo. Mi objetivo, más bien, es identi­ orden social a través de la resolución de las disputas entre individuos que tie­
ficar las cuestiones generalmente comprendidas dentro del discurso de la jus­ nen pretensiones incompatibles sobre recursos relativamente abundantes,
ticia y examinar las principales teorías rivales de la justicia ilustradas con re­ aunque no obstante escasos. Esto significa, en el caso de Hume, que la justi­
ferencia a los desacuerdos políticos que tienen lugar en la práctica. cia tiene que ver principalmente con un sistema de propiedad, pero su visión
puede ser entendida de manera más general como la tesis según la cual la jus­

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ticia tiene que ver con la distribución de cargas y beneficios, y en particular agregativas en el concepto de justicia. La línea argumental de Rawls, sin em­
con la distribución de recursos escasos. De este modo, la injusticia pude ser bargo, no tiene consecuencias tan funestas para el contraste entre utilidad y justi­
vista como un tipo de situación en la que una persona o grupo de personas re­ cia dado que la esencia del utilitarismo está en la reivindicación de que la utilidad
cibe erróneamente menos o más que otras personas o grupos. Esto hace de la es el único criterio moral, tanto de agregación como de distribución, y cualquier
justicia esencialmente una cuestión de comparaciones desfavorables en dispu­ visión que limite el papel de la utilidad no es, en este sentido, utilitarista. N o
ta, relacionadas con la adjudicación en una sociedad o en un grupo de objetos obstante, parecería mejor afirmar que incrementar el quantum de la utilidad sin
y experiencias deseables y no deseables. hacer referencia a su distribución no es contrario a la justicia, antes que decir
Si aceptamos esta visión, podemos entonces proceder a distinguir diferen­ que maximizar la utilidad es parte del ideal de justicia.
tes tipos de justicia de acuerdo con la naturaleza de las cosas valiosas y no va­ Una disputa más radical sobre justicia y distribución es la relacionada con
liosas cuya distribución está en cuestión, sea que se trate de cosas de natura­ la afirmación de que es fundamentalmente erróneo vincular la justicia con cual­
leza económica (justicia económica), política (justicia política), educativa quier tipo de propósito distributivo. Así, Hayek (1976, pp. 62-100) niega que
(justicia educativa) o punitiva (justicia penal), y luego considerar la naturale­ la distribución de cargas y beneficios sea la consecuencia de un proceso dis­
za de los factores de «justiciabilidad» (es decir capacidad de «hacer justicia») tributivo, y sostiene que ninguna noción de justicia social o distributiva tiene,
en cada esfera de interés distributivo. por tanto, sentido alguno. Ninguna persona o grupo, afirma, ha hecho una
Esta definición de la justicia en base a la distribución puede considerarse in­ distribución general de riqueza o alguna otra cosa deseable o no deseable. Re­
debidamente restrictiva en su exclusión de todos los factores agregativos y sulta por lo tanto equivocado hablar de una distribución injusta, ya que solo
cuantitativos. Sin duda, se argumenta, que interesa cuánto hay para distribuir las acciones de las personas pueden ser injustas. Esto, a su vez, significa que
y cómo se realiza la distribución. En efecto, para Hume, la importancia de la no tiene sentido hablar de redistribución, dado que nunca hubo en primer lu­
justicia está en la utilidad social de tener un sistema fijo de normas sobre la pro­ gar una distribución que pudiera servir de fundamento para una distribución
piedad. Tal vez por esta razón, Rawls, que adopta una visión de la justicia fun­ revisada. Este autor continúa argumentando que el intento de imponer mo­
damentalmente distributiva, sostiene que la justicia implica la maximización delos es inherentemente destructivo de la libertad. De este modo, en una so­
de los beneficios siempre que aquellos que están peor se beneficien en alguna ciedad donde existe un libre mercado de mercancías, de tal modo que el re­
medida. Otros asumen una postura similar, bien en una versión más débil, para sultado global de la actividad económica no es el producto de una elección
sostener que maximizar los beneficios no es injusto en sí mismo, o bien en una consciente sino la consecuencia involuntaria de innumerables elecciones dis­
versión más fuerte en la que la justicia requiere definitivamente de la maximi­ cretas de los individuos, no puede tener ningún sentido la idea de justicia re­
zación de beneficios siempre que ciertas consideraciones distributivas se ten­ distributiva y el intento de imponer una distribución destruye la libertad del
gan también en cuenta. individuo dentro de la sociedad.
El paso dado para incorporar la agregación en el terreno de la justicia puede El enfoque de Hayek no llega a realizar la importante distinción entre los
ser visto como un ejemplo de la tendencia a ampliar el concepto de justicia estados de cosas ocasionados de manera consciente y deliberada y aquellos
de modo que pueda abarcar todos los objetivos socialmcnte deseables. El pro­ que pueden ser intencionalmcnte alterados, cualquiera sea su origen. Existe
pio Rawls, como veremos, es un tanto arrogante con respecto al significado ca­ un sentido de «distribución» no controvertido y neutral en cuanto a la elec­
racterístico de la justicia, y no debe sorprender por tanto que la aspiración mo­ ción que se refiere simplemente a la cantidad de cualquier variable dada que
ral prima facie de maximización de bienes y minimización de males deba ser pertenece a distintas entidades individuales o personas. Y allí donde existe al­
incorporada en su esquema global de justicia. Es de lamentar que este enfoque guna posibilidad de que una distribución que afecta al bienestar humano sea
excesivamente inclusivo debilite un contraste que es uno de los puntos fijos de cambiada por la acción humana, entonces habría motivos para evaluar tal es­
la mayoría de los análisis sobre la justicia, esto es la diferencia cualitativa entre tado de cosas en términos de justicia e injusticia, o, en efecto, en términos de
consideraciones de justicia y el principio de utilidad (es decir, el principio de que equilibrar una libertad respecto de otra de modo que pueda intentarse una ac­
es siempre correcto maximizar los bienes y minimizar los males). Una de las ob­ ción reparadora adecuada. El hecho de que la distribución original sea o no el
jeciones más frecuentes al utilitarismo es que conduce a distribuciones que son resultado intencional de la acción humana no importa en realidad, a menos
sustantivamente injustas toda vez que permite sacrificar los intereses de algu­ que deseemos ir más allá y plantear la cuestión -distinta- de quién es respon­
nos individuos para promover el bienestar de otros, si estos últimos ganan más sable, si es que alguien lo es, de que tal distribución haya ocurrido. A Hayek,
de lo que pierden los primeros. Este punto fijo de contraste entre justicia y uti­ por supuesto, no le pasa desapercibida esta distinción. Su postura es más bien
lidad se ve enormemente debilitado cuando se introducen consideraciones que en una sociedad liberal nadie tiene el deber de promover ninguna distri­

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bución particular, aunque solo sea porque esto no se puede hacer sin interfe­ que se superpone con algunas especificaciones generales de situaciones modé­
rir constantemente con la libertad individual en una medida que destruiría el licas, particularmente aquellas que recurren a los méritos relativos de los pro­
libre mercado. Ésta es una posición ideológica que confiere prioridad a cier­ pietarios de bienes. Distribuir conforme al mérito y el demérito es un ejercicio
tas formas de libertad antes que a la justicia, y no invalida por sí misma la idea inherentemente retrospectivo. Las definiciones distributivas de la justicia re­
de justicia distributiva en situaciones que pueden ser revertidas a través de la quieren solo que los modelos existentes puedan ser alterados en la dirección
intervención política. Es más, a veces puede ser perfectamente atinado hablar que establece modelos más favorables y no necesitan establecer ninguna exi­
de situaciones justas o injustas incluso cuando nadie tiene el poder para cam­ gencia respecto de que estos modelos sean ahistóricos en sus variables.
biarlas. Los juicios de valor, en cada una de las instancias en las que se usan, N o obstante, puede ser verdad que el paradigma distributivo excluye im­
no tienen que ir siempre dirigidos a la acción. También pueden ser utilizados portantes aspectos de la justicia. Así, como veremos en el capítulo 9, Iris Ma­
para evaluar si ciertas situaciones inalterables son deseables. Claro que es po­ rión Young considera que un excesivo énfasis en los aspectos distributivos ocul­
sible sostener la postura pesimista según la cual en un mundo imperfecto la ta la importancia de la opresión de clase, raza y género como ejemplos de
justicia es una norma ideal que sólo es capaz de una aplicación muy limitada. injusticia. Incluso si adherimos a la visión según la cual la justicia en todas sus
N o obstante, la idea de que la justicia tiene que ver esencialmente con el manifestaciones tiene que ver con cuestiones de distribución, aún así puede ser
mantenimiento de un modelo particular de distribución de bienes deseados útil distinguir aquello que llamamos «justicia distributiva» de otros tipos de jus­
y males no deseados, parece demasiado restrictivo en la medida en que ignora ticia, aunque estos otros tipos tengan una conexión esencial con cuestiones dis­
aquellas teorías que ven la justicia en relación con el hecho de actuar de acuer­ tributivas. De este modo, en una distinción que se remonta al Libro V de la Eti­
do con los propios derechos y títulos. Así, como analizo en el capítulo 3, No- ca a Nicómaco de Aristóteles, podemos contrastar la «justicia distributiva» con
zick (1974, parte II) sostiene que las posesiones o «propiedades» de una per­ la «justicia correctiva». La justicia distributiva, en este sentido estricto, se refie­
sona son justas si son el resultado de acciones legítimas, es decir, acciones que re a la distribución de beneficios entre grupos sociales mientras que la justicia
están de acuerdo con las normas de propiedad, transferencia y rectificación de correctiva, en un sentido amplio, tiene que ver con castigos, compensaciones
transferencias ilegítimas, cualquiera sea el modelo distributivo que resulte. Sin por daños e intercambios injustos (a veces llamada justicia conmutativa). Re­
mencionar el término «justicia distributiva», Nozick es partidario de lo que cientemente esta distinción ha sido desarrollada en el sentido de distinguir en­
llama un enfoque «histórico» antes que un enfoque «finalista» de la justicia, en tre la «justicia social» que tiene que ver con «la distribución de cargas y benefi­
el que ésta es una cuestión de cómo la gente llegó a poseer sus propiedades an­ cios en toda una sociedad» y la «justicia legal» que implica el «castigo de las
tes que una cuestión relativa a la medición de dichas propiedades con respec­ acciones incorrectas y la compensación de los daños a través de la creación y
to a algunas características de los poseedores -com o sus necesidades o sus mé­ aplicación de un conjunto de normas públicas» (Miller, 1976, p. 22).
ritos morales-, lo cual nos permitiría pensar en un modelo particular que En el capítulo 2 sostengo que esta distinción es enormemente engañosa
reflejara el estado final del proceso distributivo en el que las propiedades se em­ como referencia general a la vinculación entre el derecho y la justicia, cuanto
parejen con las características corrientes de los individuos involucrados. menos porque el derecho es un instrumento clave en la determinación de la
Resulta relativamente fácil restar importancia -p o r ser excesivamente dog­ distribución general de beneficios y cargas en una sociedad. A pesar de esto,
mática- a la intoleranciatrespecto de la posibilidad de posturas finalistas de la a menudo es útil prestar atención especial a esas cuestiones distributivas que
justicia que Nozick, como Hayek, rechazan por lo que parecen ser funda­ se presentan en situaciones en las que un individuo ha agraviado o ha dañado
mentalmente razones ideológicas, tales como la hostilidad hacia el Estado de a otro, y estas cuestiones tienden a ser temas de los que se ocupan áreas espe­
bienestar. Ciertamente es posible para las sociedades esforzarse por obtener cíficas del derecho. La característica general de estas situaciones es que se si­
distribuciones modélicas, incluso si fracasan ampliamente y a veces resultan gue algún procedimiento correctivo, a veces por un demérito específico de un
coercitivas en la persecución de los objetivos escogidos. Es menos fácil des­ individuo que ha cometido un delito (como sucede en el área del derecho pe­
cartar las teorías históricas o de los títulos como posibles teorías de la justicia nal), o por un daño específico causado por culpa de otra persona caso para el
sobre la base de que no se relacionan con la distribución como un objetivo pre­ cual se prevé una compensación o reparación (derecho civil o de daños), o por
concebido. Por el contrario, no existe aquí ninguna dificultad formal, dado que alguna injusticia u otra incorrección surgida en el proceso de algún intercam­
las distribuciones, consideradas simplemente como modelos, pueden ser ca­ bio u otro tipo de acuerdo voluntario llevado a cabo en la sociedad (derecho
racterizadas por variables que incorporen referencias a eventos pasados, como de los contratos). Todas estas situaciones presuponen una interacción especí­
cuando las características distributivas relevantes son hechos históricos tales fica entre individuos y la exigencia de que algo así como el status quo existen­
como la realización de una promesa o recibir un regalo. En efecto, este enfo­ te con anterioridad a dicha interacción sea restablecido. Esta es una forma

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limitada de ver realizada la justicia tanto entre individuos como respecto de
los individuos, y tal vez por esta razón «parece adecuado llamar a esta forma
de justicia, justicia individual, no social» (Honoré, 1970, p. 65) incluso si am­
bas implican un cierto grado de redistribución de cargas y beneficios.
Se debe resaltar que la tesis de que existe una estrecha relación entre justicia
y distribución de cargas y beneficios -de modo que la característica distintiva
de la justicia se refiere al menos de manera fundamental a su relevancia en cues­
tiones distributivas-, es discutida por quienes concentran su atención en
temas de poder social, económico y político, particularmente cuando el po­
der es visto como una forma de relación opresiva. Así, Marx y Young están 2
más interesados en lograr la libertad respecto de la dominación económica,
social y política que en la distribución de bienes o posiciones sociales. Estos
autores buscarían desviar la atención de la distribución de cargas y benefi­ ¿Qué es justo?
cios económicos, para pasar a ocuparse de las relaciones de opresión social,
económica y política, y sostendrían que la justicia (o más bien la injusticia) es
una cuestión de opresión antes que de distribución. Desde luego que esto
sólo podría querer decir que las distribuciones más importantes son las dis­
tribuciones de poder, pero esto es por sí mismo un importante correctivo a la
visión de quienes trabajan con la limitada perspectiva del consumidor respec­
to del tipo de distribuciones de las que se ocupa la justicia.
Debe notarse que todas estas cuestiones conceptuales sobre la justicia y liste capítulo nos acerca a aquellas cuestiones filosóficas fundamentales sobre
sus subdivisiones podrían ser consideradas sin adoptar la visión según la cual la justicia que tienen que ver con nuestro conocimiento de la justicia y la in­
la justicia es siempre el valor social primordial, o es siquiera siempre un valor. justicia sustantivas. Se centra menos en el concepto de justicia y más en cues­
Debemos dejar lugar en nuestras discusiones sobre la justicia a las posiciones tiones acerca de los criterios adecuados para determinar si algo es o no justo
que plantean serias dudas sobre la justicia como un ideal. Alejados de la pos­ o injusto, una cuestión sustantiva que es abordada directamente en la mayo­
tura de los cínicos escépticos como Trasímaco en La República de Platón y de ría de las teorías de la justicia.
las más optimistas críticas de Marx -en el sentido de que la justicia es un va­ Comienzo por definir mejor las ideas de igualdad y mérito, los dos con­
lor burgués del que no necesitará una verdadera sociedad comunista-, están ceptos centrales de la perspectiva de la justicia basada en los méritos. Este
quienes ven la justicia como expresión de normas que son demasiado mascu­ análisis se aplica luego a la distinción corriente aunque problemática entre
linas, demasiado individualistas, demasiado formales o demasiado frías c im­ tíos categorías distintivas de la justicia, legal y social, que permite profundizar
personales. Veremos qu§ a menudo se puede hacer frente a tales críticas revi­ en la idea de igualdad, particularmente en la máxima según la cual debemos
sando radicalmente nuestra herencia conceptual o quitando protagonismo a tratar igual a los iguales. Señalo luego algunas cuestiones epistemológicas ge­
la justicia, sin tener que aceptar o rechazar las críticas sin más. nerales sobre cómo podríamos proceder para adquirir el «conocimiento» re­
Con todas estas reservas, sigue siendo iluminador decir que la justicia tie­ lativo a la justicia sustantiva. En este contexto epistemológico, la igualdad
ne que ver con la distribución de cargas y beneficios entre las personas, defi­ aparece bajo la forma de imparcialidad, es decir, consideración equitativativa
nidas tales cargas y beneficios, aproximadamente, de modo que comprendan de todas las demandas distributivas, que es un método frecuentemente esco­
cualquier cosa o experiencia deseable o no deseable. Podemos ahora dar un gido para determinar qué es justo. Finalmente, hago algunas consideraciones
paso más y preguntarnos si cualquier consideración distributiva moralmente más sobre los enfoques comunitaristas de la justicia, principalmente con
relevante tiene que ser considerada como un elemento de la justicia o si, en respecto a la epistemología del comunitarismo que desafía nuestra capacidad
cambio, sólo algunos tipos de consideraciones morales son factores de «justi- para salir de nuestro contexto cultural y hacer afirmaciones universales o cos­
ciabilidad», o factores para hacer justicia. Esto nos lleva a la cuestión de cómo mopolitas sobre lo que es justo e injusto. Para el comunitarismo, la imparcia­
deberíamos proceder en la determinación no tanto de qué es la justicia, sino lidad, por ejemplo, puede funcionar exitosamente como un modo de deter­
de qué es justo e injusto. minar qué es justo sólo dentro de una tradición particular y es problemática

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como modo de evaluar los valores de otras culturas y grupos. Esta discusión legales para asegurar que la gente reciba aquello que merece es para algunos
prepara el terreno para entender las críticas comunitaristas a las teorías libe­ teóricos un paradigma de lo que es la justicia, debe considerarse un error dar una
rales de la justicia que se abordan más adelante en este libro (ver, por ejemplo, interpretación restrictiva de la palabra «mérito» en este contexto.
las críticas a Rawls presentadas en el capítulo 5) y desafía la posibilidad mis­ Una dificultad más grave con este punto de partida es que, si nos centra­
ma de dar algo más que una respuesta personal o subjetiva a la pregunta «¿qué mos en el significado específico de la justicia, la fórmula «a cada uno o una lo
es justo?». que merece* resulta demasiado amplia. Dado que es posible entender casi
cualquier cosa como lo que una persona «merece», la fórmula permite que el
concepto de justicia se adapte a distribuciones discriminatorias realizadas de
Igualdad y mérito* acuerdo con la clase social, la raza, el sexo o muchas otras propiedades cuyo
uso distributivo es en general la antítesis de la justicia. Muchos podrían argu­
En un primer, y permisivo, nivel de análisis, que en el capítulo 1 se identifica mentar que estos criterios no forman parte realmente de ninguna teoría con­
en relación con un enfoque ecléctico y amplio respecto de la idea de justicia, cebible de la justicia. Esta objeción no reflejaría más que una forma errónea
tal vez la especificación más prometedora del concepto de justicia más allá de ile entender la naturaleza del análisis del concepto de justicia que, se debería
la idea de distribución de cargas y beneficios sea que la justicia es la encarna­ recordar, pretende indicar el alcance general de las controversias sobre qué es
ción del antiguo principio, analizado en el Libro I de La República de Platón lusto, antes que establecer cómo estas controversias deben ser resueltas en
y cuya formulación clásica la dio Justiniano en Las Instituía, según el cual «la términos de concepciones particulares de la justicia. Si se dice que es injusto
justicia es el propósito fijo y constante de dar a cada hombre lo suyo». asignar bienes de acuerdo con la raza, la clase o el nacimiento, entonces pue­
Para algunos teóricos esta fórmula tiene la ventaja de ser flexible en el sen­ de entenderse que esto presupone la tesis de que la justicia (por oposición,
tido de que deja enteramente abierta la cuestión de qué es lo que corresponde por ejemplo, a la libertad o a la eficiencia) tiene que ver con la determinación
a cada persona, y también tiene la ventaja de captar la idea de que la justicia es de lo que las personas merecen. Una teoría del concepto de la justicia se pro­
una exigencia antes que un extra opcional. En igualdad de condiciones la gen­ pone distinguir lo justo de lo no justo, y no asumir una visión sobre qué es lo
te debe recibir aquello que se le debe como una cuestión de derechos, no de justo como algo distinto de lo injusto.
gracia ni de favor. Y dado que buena parte de la regulación social puede ser Sin embargo, esta respuesta ignora la posibilidad de que la justicia tenga que
vista como dirigida a asegurar que la gente reciba lo que merece a través de la ver con una variedad de criterios distributivos moralmentc relevantes. Más
especificación de las obligaciones mutuas de los miembros de una sociedad, aún, parece altamente probable que esto sea así, dado que hay criterios moral-
esto explicaría las connotaciones legales de la justicia. Así, la fórmula «a cada mente importantes, como el de maximizar la felicidad, que tienen implicacio­
uno o una según sus méritos» parece expresar tanto la fuerza como el aspec­ nes distributivas pero que claramente no son criterios de justicia. Razones de
to legal del discurso de la justicia. necesidad económica podrían aconsejar que los salarios extraordinariamen­
Sin embargo, hemos señalado ya que ni la prioridad moral ni el monopolio te altos se pagasen solo a pocas personas con capacitaciones especiales, o que se
legal de la justicia se pueden dar por sentados, de modo que la extensión y na­ diesen sobornos a aquellos que tienen el poder de infligir un daño social grave
turaleza de la fuerza imperativa del «mérito» no deberían exagerarse. Hay en a través del control de recursos naturales vitales. La cuestión de si es correcto
la vida muchas injusticia menores cuya rectificación podría ser en gran medi­ o no distribuir los bienes en base a tales razones es en gran medida una cues­
da un extra opcional. Desde luego que no está dicho que la justicia requiera por tión de utilidad antes que de justicia y es, en consecuencia, una cuestión dife­
definición de expresión y protección legales. La justicia funciona como un cri­ rente a la que plantean temas tales como cuál es la remuneración justa por un
terio para juzgar las distribuciones dentro de las familias, los establecimientos trabajo o en qué medida el castigo es justo. Para abordar estas dificultades se
educativos y las unidades económicas, de modos que por lo general están fue­ debe dar un significado más preciso a la idea de «mérito».
ra del ámbito del derecho. De este modo, a pesar de que el uso de mecanismos Estas reflexiones generan algunas sugerencias para limitar el número de
posibles criterios a aplicar para obtener una distribución justa. Miller (1976,
* E! título de este apartado es «Equality and dcscrt». La palabra inglesa desen o deserts que p. 20), por ejemplo, incluye solo aquellos criterios que se refieren a «caracte­
utiliza aquí el autor hace referencia al hecho de merecer algo como consecuencia de un deter­ rísticas y circunstancias personales». Sobre esta base este autor procede a
minado comportamiento: recibir lo merecido. He preferido traducir desen por mérito -antes identificar tres «interpretaciones [independientes] de la justicia que se podrían
que por merecimiento que resulta un vocablo menos adecuado en castellano- para referirme a
la acción y efecto de merecer -el mismo criterio se sigue en el capítulo 7 y a lo largo de todo el
resumir en los tres siguientes principios: a cada uno de acuerdo con sus dere­
libro. (N. de la T.) chos; a cada uno de acuerdo con sus méritos; a cada uno de acuerdo con sus

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necesidades» (p. 27). Esto parece resaltar que la justicia tiene que ver con el Evidentemente, la idea que tiene Honoré de lo que yo llamo igualdad an­
trato que se da a los individuos. Sin embargo, a menos que se puedan conectar tecedente va más allá de la justicia puramente formal para afirmar que en al­
teóricamente estos tres tipos de consideraciones de un modo iluminador, pa­ gunos aspectos los seres humanos son iguales y que, por lo tanto, deberían re­
rece una lista bastante arbitraria de características y circunstancias personales cibir un tratamiento igual hasta tanto se den razones relevantes para tratarlos
relevantes, especialmente teniendo en cuenta que el criterio de necesidad ocu­ de manera diferente. Sin embargo, parecería que la justicia en su totalidad no
pa un lugar central en otros conceptos morales, tales como los de beneficen­ puede identificarse con una simple idea de igualdad literal según la cual, des­
cia o humanidad. pués de haber tomado en cuenta todos los aspectos, los seres humanos son
Otra sugerencia más limitada, pero más coherente y sólo aplicada a la ubicados en la misma situación en lo que respecta a las cosas deseables y no
«justicia social», es la que hace Honoré (1970), quien establece dos enuncia­ deseables de la vida. Tales interpretaciones igualitaristas de la igualdad con­
dos sobre la justicia. Primero, «todos los hombres considerados meramente trastan generalmente con la justicia, probablemente porque la justicia tiene
como hombres y dejando aparte su conducta o elecciones pueden reclamar que ver en parte con la tarea de distinguir entre las distintas personas y gru­
una parte igual en todas aquellas cosas, que aquí se llaman ventajas, que gene­ pos y justificar su tratamiento diferenciado. El igualitarismo es como máximo
ralmente se desean y que de hecho conducen al bienestar». El segundo enun­ una posible visión sustantiva de la justicia y, por tanto, no puede ser conside-
ciado es que «hay un número limitado de principios para el discernimiento y i.ido esencial para el concepto mismo de justicia. Sin embargo, constituye una
que la pretensión de los hombres a una parte igual en todas las ventajas pue­ lectura plausible y atractiva de la idea de igualdad antecedente considerar que
de ser modificada, restringida o limitada equitativamente a través de sólo dos partir de distribuciones igualitarias requiere una justificación. En efecto, mu­
factores centrales. Éstos son la decisión del reclamante o del ciudadano, por chas propuestas de reforma social planteadas en nombre de la justicia recla­
un lado, y su conducta, por otro» (p. 63). man un movimiento hacia condiciones materiales más igualitarias de los seres
El segundo enunciado de Honoré tiene la ventaja de explicar por qué la jus­ humanos sobre la base de que las diferencias en las condiciones materiales de
ticia se diferencia no sólo de la utilidad sino también de las distribuciones que !a vida humana son enormemente grandes. Esto puede deberse a que las dife­
son el resultado de la buena o mala suerte. Más aún, la especial relevancia que rencias entre individuos, diferencias tales como sus diferentes méritos, rara
para la justicia tienen la conducta y la elección se podría explicar por su papel vez son tan considerables como las diferencias de cargas y beneficios que tie­
en la valoración del mérito, que hace prevalecer el principio de mérito de Mil- nen lugar normalmente en las sociedades reales. En este caso se podría decir
ler sobre sus principios alternativos de derechos y necesidades. Esto podría que el análisis de la justicia de Honoré expresa el punto de vista moral espe­
querer decir que todas las formas de justicia tienen que ver con la idea de re­ cífico, por el que aboga Bruce Ackerman en su influyente libro So áa l Justice
compensar a las personas en términos de su responsabilidad personal como it¡ the Liberal State (1980), según el cual las situaciones desiguales de la vida
agentes morales. deben justificarse, de modo que toda teoría de la justicia debe intentar expli­
Sin embargo, la aplicación de estos criterios se sigue del primer enunciado car o justificar el presupuesto básico de la igualdad de las personas así como
de Honoré que deja claro que cualquier distinción que se haga entre indivi­ demostrar que existen razones legítimas para el trato diferencial.
duos debe presuponer una posición de igualdad inicial o, como lo llamaré en El presupuesto de la igualdad antecedente tiene que justificarse a través de
adelante, de igualdad «antecedente». Según una lectura de la relación entre jus­ la identificación de algunas características que posean todas las personas, de
ticia e igualdad, se entiende que la igualdad no significa más que el requisito de modo que pueda decirse de forma verosímil que es este hecho el que les con-
que cada persona reciba aquello que merece, lo que a su vez se interpreta dicien­ licre una relevancia o importancia intrínsecas. De este modo, cuando J. S. Mili
do que no es otra cosa que el principio formal de que casos similares deben atribuyó a Bentham el imperativo «cada uno cuenta por uno, nadie cuenta por
ser tratados de manera similar. Esto recibe a veces el nombre de justicia for­ más de uno» (Mili, 1863, p. 58), esto estaba basado en la creencia de que el
mal, dado que conlleva la aplicación de cualquier criterio de distribución que placer de una persona es tan importante como el de cualquier otra. Su placer
se utilice de una manera consecuente, con independencia del contenido o mé­ es tan importante como el mío y mis deseos tienen un valor moral igual a los
ritos sustantivos del criterio en cuestión. La justificación del criterio, como de cualquier otra persona. En este caso, el principio de igual valor está funda­
algo distinto de su acertada implementación, es vista, por tanto, como una do en la igualdad de los seres humanos como centros de placer o de satisfac­
cuestión de justicia sustantiva o material a ser determinada por el ejercicio ul­ ción de deseos.
terior del sentido moral. Una justicia formal de este tipo pone pocos límites a La idea de que la igual consideración, en el sentido de reconocimiento de
la desigualdad en los resultados que puedan surgir de la aplicación de cuales­ igual valor, está incorporada al concepto de justicia es antigua y atractiva. En
quiera principios consecuentemente aplicados. tanto principio, esta idea parece llevar consigo importantes implicaciones

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sustantivas, ya que descarta la negación total de una persona o grupo de per­ vez no sea un concepto moralmentc neutral sino que represente un tipo de
sonas: a todas se les debe dar un peso igual, dado que todas tienen igual va­ enfoque moral sustantivo. El análisis según los méritos deja abierta una vasta
lor. En realidad estas consideraciones no adquieren relevancia a menos que variedad de cuestiones dentro de sus parámetros morales, dado que aún que­
se hagan ciertas precisiones acerca de qué tipo de factores se deben tener en da por decidir qué rasgos de los seres humanos son fundamentales para su
cuenta para conferir igual valor, sea quien sea la persona a la que se aplique. condición de agentes responsables, qué cuenta como mérito o demérito, y
Es común, por lo tanto, incluir en la idea de igual valor una noción sustan­ qué consecuencias tienen las diferencias individuales en la dimensión del mé­
tiva sobre qué factores se deben tener en cuenta a la hora de determinar el rito para el trato de los unos con los otros. También deja abierta la cuestión de
sentido de la idea de igual valor. Para el utilitarismo tal noción consiste en si la justicia, así construida, tiene siempre una importancia decisiva, o incluso
la capacidad para experimentar placer y dolor. Para otros, como Immanuel central, en la determinación de qué es lo moralmente correcto. Los seres hu­
Kant, es la capacidad para pensar, escoger y ser responsable de las propias manos no son sólo agentes morales responsables, también son, por ejemplo,
acciones. El principio de igual valor pasa a ser, así, el principio según el cual seres sensibles con importantes experiencias de placer y dolor, algo que está
la gente debería gozar de igual consideración como personas, tal como se las en la base de los reclamos igualitaristas y que no quedaría bien formulado en
define en cada caso. el lenguaje característico de la justicia. Cualquier teoría que quiera dar cuen­
Alguna idea de este tipo sobre el igual valor de todos los humanos está ta de qué trata la justicia debe notar que la humanidad corriente, o incluso la
probablemente presupuesta en el concepto de justicia, pero como principio beneficencia generosa, estaría a veces en conflicto con las exigencias de la jus­
tal idea no conlleva en sí misma las características distintivas de la justicia. El ticia, y sería a veces más importante que ésta, como sugiere mi análisis del
principio de igual valor puede ser fundamental para el punto de vista moral en igual valor.
su totalidad. Ciertamente es un presupuesto del utilitarismo clásico así como
de la teoría de la autonomía kantiana. Es posible, así, que lo que distinga a la
justicia como consideración moral sea que propone razones que justifican un
trato que desemboca en la desigualdad. Una vez más, sin embargo, esto no es
La esencia de la justicia formal
una característica únicamente de la justicia ya que cualquier consideración A pesar de que el análisis de la justicia social de Honoré puede servir para re­
moral podría justificar un trato desigual. Una teoría de la justicia debe, por saltar, a través de las ¡deas de mérito y responsabilidad individual, algunas ca­
tanto, ser capaz de identificar y conectar las razones para un trato diferencial racterísticas esenciales de la justicia social que indican su afinidad con la jus­
que tienen que ver específicamente con la justicia. Parece dudoso que esto ticia legal, hemos señalado que el propio Honoré mantiene la distinción entre
pueda hacerse sin adoptar algo así como la tesis del mérito según la cual la jus­ lo que llama justicia «social» y justicia «individual», lo que indica que man­
ticia tiene que ver con el .desigual mérito de los seres humanos y con cómo tiene la postura general según la cual cada una tiene sus características distin­
esto debería reflejarse en la manera en que nos tratamos los unos a los otros. tivas. En efecto, la mayor parte de las modernas teorías de la justicia tienen
Podría ser también que la determinación de qué es lo que cuenta como igual poco que decir sobre la justicia en el derecho a pesar del hecho de que la jus­
valor para los propósitos de la justicia implique alguna referencia a esas pro­ ticia parecería ser la virtud legal. En general se piensa que la distribución de
piedades de los seres humanos que hacen razonable que los alabemos y los las cargas y beneficios de la cooperación social es un tipo de cuestión, y la
culpemos. En otras palabras, la justicia presupone que las personas tienen un atribución de responsabilidades y castigos otro muy distinto, de allí la tajan­
igual valor como agentes responsables. Esto señala una conexión estrecha en­ te distinción entre la justicia social o distributiva por un lado y la justicia in­
tre las ideas de igual valor y desigual mérito. Sin embargo, existe el peligro de dividual o legal por otro.
que esto no funcione bien respecto de la igualdad de experiencias, en particu­ En la medida en que tienen alguna contribución que hacer en aras de la in­
lar respecto de la idea de que la felicidad de todos importa por igual. Por lo tegración de las así llamadas justicia social y justicia legal, los teóricos con­
tanto, resulta más seguro asumir que el igual valor está basado en una serie de temporáneos de la justicia tienden a plantear la distinción entre justicia for­
factores que incluyen sensibilidad o autoconciencia, capacidad para sentir mal y material, igualando la primera con el derecho y la segunda con la moral
placer y dolor y características que permiten a los seres humanos hacer elec­ o la política. El derecho, se dice, tiene que ver con la correcta y precisa apli­
ciones ponderadas, particularmente elecciones morales. cación de las reglas, es decir, en la terminología de Perelman (1963, p. 11), con
La perspectiva del mérito según la cual la justicia tiene que ver con el igual la justicia «abstracta» por oposición a la justicia «concreta», que tiene que ver
valor y el desigual mérito de los seres humanos difícilmente pueda ser un aná­ con el contenido de tales reglas. A esta misma distinción básica se le han dado
lisis moralmente neutral del concepto de justicia, pero entonces la justicia tal distintas denominaciones en la literatura sobre la justicia. Sidgwick (1901,

3H J9
p. 273) contrapone la justicia «de las costumbres», que defiende las conven­ sus propósitos y, por tanto, el cumplimiento sistemático de las reglas tiene
ciones establecidas, con la justicia «ideal», que tiene que ver con «un sistema una especial importancia instrumental. En otros casos, como el de las normas
ideal de reglas de distribución que deben existir, pero que tal vez no hayan que prohíben el homicidio, que no tienen un efecto «umbral» similar, el valor
existido nunca». Usaré aquí los términos justicia «form al» para referirme ile la norma se realiza cada vez que se la observa, de modo que su importan­
al trato de acuerdo con las reglas autoritativas existentes y justicia «material» cia en cada caso no depende directamente de que la adhesión a la norma haya
(o a veces «sustantiva») para aquellos criterios de justicia pertinentes para va­ sido consecuente y general en otros casos. Sin embargo, en ambos tipos de re­
lorar las propias reglas. glas, la importancia moral de la justicia formal deriva del contenido de las
La justicia formal a menudo parece tener una conexión casi arbitraria con reglas en cuestión y de los objetivos para los que han sido creadas.
la justicia material, y generalmente es considerada como una cuestión secun­ Estos ejemplos sugieren que la aplicación consecuente de las reglas no es
daria a ser mencionada brevemente antes de proceder a tratar las cuestiones una cuestión de justicia, formal o de otro tipo, a menos que las reglas sean re­
morales sustantivas que son equiparadas, aproximadamente, con la esfera de glas de justicia. Es verdad que no hablamos de justicia formal en relación con
la justicia social. Esta separación, a su vez, coincide claramente con la tajan­ ¡a aplicación de todo tipo de reglas. La mala administración de las reglas de un
te línea trazada por el positivismo jurídico entre lo que el derecho es y lo que juego generalmente no se describe como injusta (aunque aquí se podría apli­
debería ser. Se entiende así que la teoría del derecho se ocupa de la identifica­ car el concepto de equidad que guarda relación con la idea de justicia), y en
ción de las reglas que deben ser tenidas en cuenta como leyes válidas, y se en­ verdad no es «injusto», aunque podría ser ineficiente, el no ser consecuente en
tiende que la idea de «justicia natural» se refiere sólo a ciertas cuestiones téc­ el uso de las reglas del lenguaje o de la programación de ordenadores. Por lo
nicas de procedimiento que no tienen ninguna conexión significativa con la tanto, podríamos definir la justicia formal de manera más restrictiva como la
justicia del contenido de las reglas (ver Hart, 1961, pp. 202ss.). Depende en­ aplicación consecuente de las reglas de justicia. Esto podría tener la ventaja de
tonces de la filosofía moral y política ocuparse de la justicia del contenido de establecer una conexión clara entre los aspectos formales y materiales de la
las reglas y de si éstas deberían estar fundadas en el mérito, la necesidad o al­ justicia.
gún otro criterio. Sin embargo, reducir la justicia formal a la material de esta manera no
Esta división del trabajo deja sin explicar los estrechos lazos históricos y con­ toma en cuenta todas las consideraciones hechas sobre la justicia formal. La
ceptuales entre el derecho y la justicia. Si la justicia legal es puramente formal idea de justicia se asocia a menudo con la aplicación de cualquier regla que
y, por tanto, no es más que una adecuada implemcntación de las reglas jurídi­ tenga relación con la adjudicación de cargas y beneficios, sin importar que tal
cas, entonces parecería que no existe una conexión más estrecha entre el dere­ adjudicación surja o no de consideraciones de justicia en sentido sustantivo.
cho y la justicia de la que existe entre la justicia y la administración burocrática Así, en el caso de una regla arbitraria que estableciera que a las personas peli­
regida por las reglas. Un sentido puramente formal de la justicia parecería tener rrojas se les pague en el trabajo un día extra cada semana, se percibirá como
un valor moral insuficiente para explicar la asociación entre derecho y justicia formalmente injusto el hecho de que algunos pelirrojos no reciban el inmere­
y la fuerza del sentimiento al que dan lugar las injusticias legales. Un análisis cido y discriminatorio beneficio mientras que otras personas pelirrojas sí lo
más detallado de las ideas ligadas a la justicia formal, particularmente su rela­ reciban. La idea es que la aplicación inconsecuente de reglas de adjudicación
ción con la conformidad de los principios a lo que se conoce como el «Estado de cargas o beneficios no es un mero obrar técnicamente ineficiente o una in­
de derecho», revela una conexión conceptual más profunda entre los aspectos consecuencia lógica, sino un verdadero tipo de injusticia que es bien distinto
formales y materiales del discurso de la justicia y ayuda así a superar la tajante del tipo de carga o beneficio en cuestión, así como de las razones por las que
distinción que a menudo se traza entre justicia legal y social. en su momento se adoptaron dichas reglas. De lo que se trata, se sostiene, es
Explorar estas cuestiones nos lleva a una consideración más detallada de la simplemente de la justicia de tratar de igual manera casos iguales.
idea de justicia formal y de su importancia. Si la justicia formal se define sim­ Se podría producir, en efecto, una reacción instintiva de resentimiento
plemente como la adecuada implemcntación de reglas preexistentes, entonces muy arraigada, que surge ante un trato «desigual» en este sentido puramente
su importancia parece derivarse de la importancia de las reglas en sí. Si la re­ formal. Este instinto se manifiesta a una edad muy temprana entre hermanos
gla está justificada, entonces se sigue que su aplicación está justificada, y esto que son tratados de manera diferente por sus padres. En el mundo adulto re­
es así -al menos prima facie- en cada uno de los casos en los que se aplica la sulta evidente cuando se realizan comparaciones sobre el monto de los sala­
regla. En el caso de algunas reglas (tales como las normas de tránsito, u otros rios, casos en los que la demanda de mayor remuneración se basa principal­
complejos conjuntos de normas relacionadas con la conducta cooperativa al­ mente en lo que pagan otras empresas por un trabajo similar. En general
tamente interactiva), requerirían una conformidad casi completa para lograr parecería que es visto como injusto el conferir un beneficio o una carga a uno

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o más miembros de un grupo sin hacerlo respecto de todos los demás miem­ públicas, hacia el futuro, comprensibles, no contradictorias, de posible cum­
bros del grupo, y que esto se aplica incluso cuando la regla en cuestión es vis­ plimiento, relativamente estables y consecuentemente aplicadas (ver pp. 3 y ss.).
ta como materialmente injustificada e incluso injusta. Fuller sostiene además que la no realización de algunos de estos aspectos no
Podría ser, sin embargo, que cualesquiera sean las reacciones emocionales so lo tiene como consecuencia un mal sistema jurídico sino que produce algo
hacía la aplicación imperfecta de las reglas, no haya una injusticia real en la que realmente no puede ser llamado un sistema jurídico, debido a que tal sis­
aplicación incompleta de reglas injustificadas, ya que todos esos juicios, si es tema no podría gobernar efectivamente la conducta humana. Si, por ejemplo,
que se pueden sostener, dependen de la premisa de que la regla en cuestión sea las reglas en cuestión son totalmente desconocidas por los ciudadanos de un
defendible. En verdad a veces resulta difícil ver la justicia de aplicar una regla estado, entonces no pueden ser usadas para controlar sus conductas. Por otro
injusta meramente porque ha sido aplicada a otras personas. Si hemos puesto lado, la plena realización de todas estas condiciones es una aspiración o un
en prisión a un hombre moralmente inocente difícilmente pueda verse como ideal que ningún sistema jurídico real podría realizar completamente.
injusto no poner en prisión a todos los hombres inocentes. Las demandas de Lo que distingue la tesis de Fuller es que, aunque concede que la moral del
este tipo de justicia puramente formal pueden ser efectivas cuando se persi­ contenido del derecho es algo que plantea temas que son «externos» al dere­
guen beneficios en contra de autoridades que han favorecido a otros grupos cho, insiste en que hay una moral «interna» contenida en la idea de derecho
convencionalmentc vistos como similares, pero esto es por la fuerza ad homi- tal como él lo ha definido. Fuller llega a esta posición después de hacer notar
ncm de tales argumentos, dado que las autoridades en cuestión están com­ que para cada caso de «ineficacia» legal existe una forma correlativa de ultra­
prometidas con la justificación de las reglas que ya han aplicado y esto puede je moral. Las leyes retroactivas, por ejemplo, no solo no logran cambiar las
ser utilizado para obtener de ellas ciertas concesiones. conductas, sino que son percibidas como enormemente injustas. Las leyes
Saber si una mera «injusticia» formal constituye o no un agravio genuino, confusas son «brutalmente absurdas», las leyes contradictorias son «repug­
independientemente del contenido de las reglas, es una cuestión de aguda in­ nantes» y las leyes que ordenan lo imposible son tan brutales como inútiles.
tuición moral. En verdad no parece una consideración lo suficientemente sus­ Los ciudadanos del legislador ineficaz de Fuller, Kitig Rex, no sólo están en
tantiva para explicar la importancia del derecho para alcanzar la justicia. Los una situación de ingobernabilidad, sino que también están indignados, ya que
ingredientes que faltan en el concepto de mera justicia formal podrían estar li­ lian tenido que sufrir tanto el desorden del reino como la injusticia de ser pe­
gados al ideal del imperio de la ley según el cual se sostiene que el poder po­ nalizados de acuerdo con decisiones impredecibles y con reglas que no podí­
lítico debe ser canalizado a través de un sistema de reglas generales, que son an obedecer.
imparcialmentc aplicadas por una autoridad independiente de acuerdo con En general, Fuller no ha logrado convencer a su audiencia de que existe
procedimientos generales que garantizan cuestiones como la legítima defensa una conexión lógicamente necesaria entre eficacia y moral en el derecho. En
para aquellas personas que serán objeto de beneficios o sufrimientos como abstracto, la moralidad de los medios debe ser juzgada con referencia a la mo­
consecuencia de la aplicacíóñ de dichas reglas. ralidad de los fines en cuestión y el derecho no parecería ser una excepción a
Desafortunadamente para nuestros propósitos el concepto de imperio de esta regla. El hecho de que los regímenes malos y corruptos utilicen reglas
la ley es un saco lleno de requisitos muy variados, no todos los cuales parecen claras, consecuentes y hacia el futuro no parece en sí mismo añadir nada a su
tener una relación directa con las cuestiones de justicia. El uso arbitrario del moralidad, nada más de lo que la eficacia de un robo añade a la calidad moral
poder político podría, por supuesto, producir injusticias, como cuando se in­ de dicha empresa.
fligen daños inmerecidos a ciertos individuos por orden de quienes detentan N o obstante, parecería que hay al menos una conexión contingente entre
el poder, pero injusticias aún mayores pueden ser perpetradas a través de la el modelo de derecho de Fuller y aspectos de valor moral que están dentro del
aplicación efectiva de reglas injustas. ámbito del derecho o del imperio de la ley. Por ejemplo, cuando un cierto con­
Existen, sin embargo, algunos elementos del ideal del imperio de la ley que junto de reglas satisfacen los criterios de Fuller, en principio es posible para los
son relativamente independientes del contenido de las reglas y que parecen ciudadanos cambiar su conducta de manera de evitar las consecuencias gravo­
tener una conexión con la justicia. Estos elementos se encuentran en los así sas de la desobediencia. Esto podría servir de poco si tal comportamiento los
llamados «principios de legalidad», que Fullcr identifica en relación con sus lleva a tener una conducta que consideran altamente inmoral o indeseable, pero
ocho modos de «errar al legislar», una actividad que describe como «sujetar el hecho de que los ciudadanos tengan la posibilidad de escoger y obrar te­
la conducta humana al gobierno de las reglas» (Fuller, 1969, p. 46). De acuer­ niendo en cuenta las reglas y sus consecuencias es en algún sentido un recono-
do con principios muy consolidados del imperio de la ley, Fuller sostiene que cimeinto de su condición de agentes responsables. N o cabe duda de que Fuller
una actividad legislativa satisfactoria requiere que las reglas sean generales, exagera este particular, pero de hecho tiene alguna importancia:

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Em barcarse en la em presa de som eter la conducta humana al gobierno de las nor­ no se ve que tome partido en relación con las cuestiones que son objeto de
mas im plica necesariamente un com prom iso con la visión según la cual el hombre disputa civil, pero que no obstante se interesará cuidadosamente por las cues-
es, o puede ser, un agente responsable, capaz de entendimiento, de seguir reglas y
liones que están en juego. Así como tener normas generales puede ser visto
responder por sus faltas.
como un intento por trascender los prejuicios o el sesgo individual, existe
Cada vez que se actúa fuera de la moralidad interna del derecho se atenta con­
tra la dignidad del hombre como agente responsable; juzgar sus acciones con leyes también la idea de que los jueces deberían buscar la imparcialidad cuando tra­
retroactivas que no han sido publicadas u ordenarle que haga lo imposible es trans­ tan con aquellas cuestiones que no quedan precisamente determinadas por la
mitirle la indiferencia que sentimos respecto de su poder de autodeterminación aplicación de las reglas.
(1969, p. 162). Aunque el ideal de juez imparcial no es de ningún modo un requisito ana­
lítico de un sistema jurídico, tal ideal, junto con las reglas de la justicia natural
Otras características comunes, pero de ningún modo necesarias, de los siste­ ligadas a él, está tan íntimamente relacionado con la ¡dea moderna sobre cuál
mas jurídicos modernos están orientadas de manera similar hacia la responsa­ es el modo adecuado de administración de justicia que encarna el tipo de jus­
bilidad. Algunos modelos de lo que se.da en llamar «debido proceso» o «justi­ ticia que se espera del derecho. Una vez que se ha notado esto es posible
cia natural» encajan claramente en esta categoría. Así, los requisitos de debida entonces articular el elemento común entre esta realzada idea de justicia for­
notificación de los cargos, la oportunidad de ser oído y de interrogar a los tes­ mal, por un lado, y la justicia material o sustantiva, por el otro, dado que am­
tigos, así como que las pruebas sean debidamente consideradas en un juicio pú­ bas tienen que ver con aspectos diferentes del trato de las personas como agen­
blico, pueden verse, al menos en parte, como extensiones elementales del he­ tes responsables.
cho de tratar a las personas como seres responsables: «lo que hace del derecho Según lo dicho, la justicia en la que está interesado el derecho es de un tipo
un método adecuado de control social no es que sea más eficaz que otros mé­ similar a la justicia de la distribución -que no constituye el objetivo principal
todos más controladores o coercitivos, sino que encierra el apropiado respeto de los tribunales de justicia-, dado que tanto la justicia «legal» como la «so ­
por el ciudadano como agente racional» (Duíf, 1986, p. 97). Dichos procedi­ cial» tienen que ver con el trato de las personas como agentes responsables.
mientos no sólo promueven la precisión en la aplicación de las normas, sino Los enfoques más abstractos sobre la justicia formal, de acuerdo con los cua­
que implican también el compromiso de defender para el individuo vulnera­ les la justicia no es más que una cuestión de coherencia lógica, especialmente
ble la corrección en los procedimientos: «las reglas de procedimiento no ga­ cuando va unida a una teoría de la justicia material que descarta consideracio­
rantizan que las decisiones vayan a ser justas. Más bien constituyen condicio­ nes de mérito, son más proclives a terminar defendiendo una fuerte e inexpli­
nes necesarias, o prácticamente necesarias, para que el proceso de toma de cable separación entre nuestras ¡deas de justicia legal y social.
decisiones sea un proceso con el que se pueda esperar que un hombre se iden­
tifique» (Lucas, 1980, p. 97j. Más aún, la posibilidad de la defensa en estos tér­
minos es claramente una cuestión que está fundamentalmente comprometida El conocimiento de la justicia
con el tipo de justicia que se espera de nuestros tribunales.
Estas consideraciones están relacionadas con la idea de que la imparciali­ Hasta aquí hemos estado examinando distintos análisis de la justicia de un
dad es un aspecto de la justicia que se aplica de manera relativamente inde­ modo pragmático, poniéndonos al corriente del discurso de la justicia, bus­
pendiente del contenido de las reglas. Este ideal se puede presentar bajo una cando algo de claridad y precisión, y atentos al tipo de cuestiones prácticas
multitud de formas, muchas de las cuales las hemos ya analizado como parte que creemos que una teoría de la justicia debe afrontar. He indicado mi pre­
de la justicia formal. Por ejemplo, la noción de que sólo deberían tenerse en ferencia por un análisis basado en los méritos que combine el presupuesto de
cuenta en la aplicación de las normas aquellos factores explícitamente conte­ la igualdad antecedente con el alejamiento de dicha igualdad justificado sobre
nidos en normas públicamente expresadas, forma parte de lo que significa la base de diferentes méritos. Esta preferencia, se ha dicho, encaja bien con el
juzgar con imparcialidad, junto a los otros ingredientes de la «justicia natu­ verdadero sentido de la justicia y ayuda a clarificar e iluminar las característi­
ral» que ya se han mencionado. Pero hay aspectos adicionales en la idea de cas distintivas de la justicia como un valor político.
imparcialidad judicial que van más allá de la aplicación precisa y públicamen­ Establecer cómo tenemos que proceder para decidir sobre cuestiones sus­
te justificada de las normas, y que se relacionan más con el uso de una impor­ tantivas, tales como qué es lo que la justicia exige realmente, es más proble­
tante cuota de discreción judicial en áreas en las que las reglas se agotan o re­ mático porque implica adoptar una visión sobre cómo pueden y deben resol­
quieren una interpretación extensiva. En esta situación se da preferencia al verse las cuestiones de evaluación en general. Esto nos lleva a temas relativos
juez que no tiene ninguna conexión personal con las partes en el juicio, y que a la objetividad de los juicios morales y la legitimidad de los sistemas políti-

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eos de toma de decisiones, cuestiones estas cuyo objeto y aplicación son más de seguir siquiera hablando de justicia. N o obstante, en su «deconstrucción» de
amplios y van más allá de la justicia. Sin embargo toda teoría de la justicia las grandes teorías, el pensamiento postmoderno es típicamente hostil con las
debe desarrollar o utilizar una teoría metaética que indique si podemos saber, relaciones de poder existentes, mostrándose al mismo tiempo distante e iró­
y cómo, qué es justo, y una filosofía política normativa que indique cómo, a nico y sin embargo comprometido con los intereses de la gente vulnerable.
la luz de dicha teoría metaética, deben resolverse los desacuerdos sobre qué es I ii este sentido, Drucilla Cornell et al. señala la ambivalencia de la postura
justo. Las cuestiones de filosofía moral deben ser abordadas por toda teoría que mantiene el pensamiento deconstructivista: «la deconstrucción se ha aso­
de la justicia que intente proporcionar una orientación sobre qué es justo. Las ciado con el desprecio hacia la idea misma de justicia... incluso sus críticos re­
cuestiones de filosofía política deben ser abordadas por toda teoría de la jus­ conocen que la deconstrucción está, en alguna medida, del lado de los margi­
ticia que use la justicia como la medida de la corrección o aceptabilidad de las nados» (1992, p. ix).
leyes y del modo en que éstas son aplicadas. Con frecuencia, las opiniones respecto a qué es sustantivamente justo o
Las teorías que asumen una teoría metaética escéptica tienen problemas es­ injusto han sido vistas en ciertas tradiciones filosóficas como cuestiones esen­
pecíficos, en el sentido de que no habría criterios objetivos de verdad y false­ cialmente inciertas debido a que no existe un modo de establecer objetivamen­
dad o de corrección moral que constriñan nuestra elección de criterios de jus­ te aquello que en última instancia son cuestiones de preferencia individual,
ticia sustantiva, ni los habría para intentar legitimar una preferencia por un l ili tanto valor moral fundamental, y según la visión no cognoscitivista de la
modo particular de resolver las controversias suscitadas en la evaluación de los filosofía moral para la cual los juicios morales son expresiones de sentimien­
requisitos sociales necesarios, tales como el derecho. De este modo, si se su­ tos antes que afirmaciones sobre hechos o razones, la justicia se relaciona con
giere que, en ausencia de criterios morales objetivos que puedan ser usados nuestras actitudes prácticas, nuestros deseos y compromisos y no con nues­
para determinar qué es justo, las controversias sobre la justicia deben resol­ tro conocimiento o creencias cognitivas.
verse por representantes elegidos en asambleas legislativas o por los tribunales Incluso si no adoptamos la posición del escepticismo radical, su perspec­
que aplican cartas de derechos, entonces, para aceptar estos procesos de toma tiva puede ser de ayuda para precisar nuestro enfoque crítico respecto de las
de decisión política, se deben dar razones que en sí mismas no presupongan teorías de la justicia, particularmente en el caso de las teorías que intentan
juicios morales controvertidos. Ésta es una proeza intelectual difícil de lograr proporcionar teorías omnicomprcnsivas o que aspiran a la neutralidad políti­
y las teorías de la justicia que asumen el escepticismo moral son proclives a la ca. Y si seguimos las posiciones escépticas, al menos las más moderadas, de­
inconsistencia interna de afirmar y negar que existan verdades morales. La ma­ bemos pensar qué es aquello que, si es que existe, ocupa un lugar funcional en
yor parte de las teorías de la justicia, por tanto, intentan desarrollar o utilizar el discurso para establecer un modelo de relaciones sociales y políticas acep­
alguna teoría del conocimiento o epistemología que pueda servir para defen­ tables y duraderas. Esto podría tomar la forma de la promoción de una forma
der los juicios de valor necesarios para defender sus sugerencias sobre cómo de gobierno más democrática, o del consentimiento respecto de algún tipo
debemos proceder, en tanto individuos y ciudadanos, al decidir qué es justo. tolerable de status quo, o, tal vez, del rechazo nihilista de estas cuestiones por
Tal empresa va en contra de la visión de gran parte de la filosofía postmo­ carecer de importancia y de sentido.
derna que desconfía de las grandes teorías y de las ambiciosas pretensiones de Las objeciones a las creencias de sentido común sobre la justicia y otros va­
verdad. De hecho, cuando'se presenta «la justicia» como una construcción fun­ lores fundamentales a menudo se expresan en términos relativistas. Los juicios
damental de nuestro universo moral, esto despierta un gran y legítimo es­ de valor, incluidos aquellos sobre la justicia, se consideran todos relativos a la
cepticismo moral al pensar que se trata en realidad de una retórica que puede persona o al grupo cuyos valores representan. Hay al menos tres modos radi­
ser examinada y deconstruida y que no deberíamos engañarnos por las apa­ calmente diferentes de interpretar esta afirmación. La primera es la tesis bas­
riencias. Es por ello que he planteado ya las dudas que suscita la idea de que tante débil e incontrovertida de que lo bueno y lo malo cambian con las cir­
la justicia es siempre el bien social fundamental o el valor político supremo. cunstancias, de manera que podría estar bien robar cuando estás muriendo de
Otras corrientes filosóficas cuestionan el hecho de que exista una sustancia hambre, pero no en otras circunstancias. La segunda es la tesis más atrevida
real detrás de la retórica del lenguaje de la justicia, y hay quien sostiene que el según la cual es justo para una persona o grupo actuar de un modo determina­
discurso de la justicia puede ser utilizado tanto para propósitos opresivos y do pero es igualmente justo para otra persona o grupo, con respecto a una si­
no igualitaristas como para conseguir la liberación y la igualdad. Más aún, es tuación esencialmente igual, actuar de otro modo incompatible con el primero.
una visión típicamente postmoderna la que sostiene que no existe una con­ En otras palabras, hablar de relativismo significa que la justicia y la injusticia
cepción de la justicia que se pueda defender como superior a todas las demás, varían de acuerdo con la persona cuya conducta se este evaluando. Es justo que
lo que lleva a un escepticismo importante, así como a sostener la inutilidad un cristiano actúe en un cierto modo, pero es igualmente justo que un musul­

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mán actúe en un modo manifiestamente distinto de modo que la justicia varía Las cuestiones relativas a la objetividad moral y al relativismo, en general,
de persona a persona como varía de situación a situación. Según esta primera no pueden ser abordadas directamente en este libro, pero deberíamos tener
visión de relativismo circunstancial, sería justo para una tribu nómada aban­ presente los específicos desafíos epistemológicos relacionados particular­
donar a las personas ancianas y enfermas, pero no es justo que esto suceda en mente con la cuestión de qué es justo. Éstos tienen que ver con los aspectos
una sociedad agraria afincada en un lugar. Según la segunda forma de relativis­ de la justicia que se relacionan con su pretendido (1) estatus fundacional, (2)
mo, es tan justo que una sociedad con una tradición determinada practique la .intiutilitarismo, y (3) no contextualismo o universalidad. Finalmente presto
circuncisión femenina a las niñas o el matrimonio entre niños, como lo es que atención al doble papel que juegan criterios tales como la imparcialidad y la
otra sociedad con una tradición diferente lo prohíba. Ambas posturas son igualdad en la epistemología y en el contenido de la pregunta: ¿qué es justo?
compatibles con epistemologías objetivistas o cognoscitivistas que sostengan En primer lugar, debido a que a menudo se sostiene que la justicia tiene
que podemos conocer qué es justo e injusto. Tales posturas son relativistas sólo que ver con la identificación de valores básicos o fundamentales, ésta es par­
porque afirman que el contenido de la justicia varía según las personas y las ticularmente proclive a ser asociada con epistemologías de la autocvidencia,
culturas de que se trate. Decir esto es decir mucho más que la simple afirma­ que afirman que existen ciertas pretendidas verdades irrefutables, tales como
ción de que hay diferentes creencias acerca de qué es justo en diferentes socie­ el derecho a la vida o el deber (correlativo) de no matar. Una vez obtenido
dades; es afirmar que estas creencias, incluso si entran en conflicto unas con nuestro consentimiento respecto de las percepciones morales autoevidentes,
otras, podrían ser todas correctas. En esto se diferencian del tercer sentido de entonces tales teorías proceden a deducir de estas sencillas y abstractas pro­
«relativismo» de acuerdo con el cual las así llamadas «verdades» morales son posiciones conclusiones prácticas que o confirman o desafían nuestras visio­
relativas a las creencias y los sentimientos de las personas, una posición mejor nes morales cotidianas respecto de qué es justo e injusto. Este enfoque tiene
descrita como «subjetivismo». la ventaja epistemológica de que no requiere establecer la forma de alcanzar la
El relativismo objetivo del segundo tipo resulta incomprensible para quie­ verdad moral en general sino sólo con respecto a las pocas y simples verdades
nes sostienen la visión de que los juicios sobre lo correcto y lo incorrecto mo­ de la justicia. Los problemas de tales epistemologías surgen en el proceso de
ralmente son universalizables en el sentido de que lo correcto para una per­ especificación de las consecuencias que tienen las verdades autoevidentes, un
sona en una situación debe, de acuerdo con la lógica del discurso moral, ser proceso que tiende a poner de relieve la sospecha de que el acuerdo en el ni­
correcto para todas las personas en la misma situación. Quienes defienden la vel de los derechos abstractos generales encubre el desacuerdo moral que está
doctrina de la universalizabilidad tienden a no aceptar que las meras diferen­ detrás de la fachada del lenguaje común. La crítica más común a las episte­
cias de personalidad o de cultura sean relevantes en la determinación de qué mologías morales de la autocvidencia es que tales verdades innegables, tal
es moralmente correcto o incorrecto. Com o señala Marta Nussbaum en su como pueden ser acordadas, tienen las características de las fórmulas verbales
defensa de los valores cosmopolitas, si la circuncisión femenina de las niñas vacías, o de las tautologías capaces de consiguir el acuerdo respecto de la pro­
y el matrimonio entre niñosson incorrectos para un niño en una sociedad en­ posición de que no debemos asesinar sobre la base de una definición no ex­
tonces son incorrectos para todos los niños en todas las sociedades (N uss­ presada del asesinato como homicidio moralmente injustificado.
baum, 1999). En la práctica, por su puesto, una universalidad tan tajante res­ El segundo punto sobre los específicos desafíos epistemológicos que pre­
pecto de lo correcto y 1©incorrecto moralmente no es exigida por la doctrina senta la justicia es que ésta es usada rutinariamente como fundamento para la
de la universalizabilidad, ya que podríamos encontrar muchas diferencias crítica al utilitarismo, lo cual hace difícil para las teorías de la justicia trazar las
moralmente relevantes entre las distintas situaciones en las que los individuos epistemologías asociadas a esta importante tradición dentro de la filosofía mo­
se encuentran, diferencias que afectan a sus derechos y obligaciones. La po­ ral y política. El utilitarismo reduce las cuestiones morales a cuestiones sobre
breza, el peligro y la capacidad para cambiar las cosas son tres variables ilus­ cómo maximizar la felicidad humana (o la satisfacción de preferencias) y mi­
trativas que pueden afectar debidamente los juicios de justicia incluso en la nimizar el dolor humano (o la frustración de preferencias), y sostiene que és­
versión más estricta de la universalizabilidad. Incluso en el caso de la circun­ tos son objetivos no controvertidos. Esto significa que la mayor parte de las
cisión femenina de niñas, es posible concebir que tal práctica esté justificada cuestiones morales conllevan la necesidad de responder a cuestiones empíri­
sobre la base de las condiciones de salud de ciertas niñas. N o obstante, existe cas sobre las consecuencias de adoptar una u otra regla o de tomar una u otra
la tendencia por parte de quienes adhieren a la doctrina de la universalizabili­ decisión. Dado que no parece que las cuestiones empíricas, tales como deter­
dad a afirmar que en ciertas cuestiones morales básicas, la universalizabilidad minar las causas del pacer o el dolor, tengan los mismos problemas epistemo­
implica universalidad: es siempre incorrecto para cualquier persona matar, lógicos que las cuestiones que requieren de la evaluación, las teorías utilitaristas
robar, mentir o discriminar en razón de la raza. de la justicia tienen la ventaja de minimizar los problemas epistemológicos,

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pero en general parecen menos aptas para explicar nuestras intuiciones sobre finante notar que la idea de igualdad es resaltada en muchas teorías como el
la justicia de prácticas tales como hacer sufrir a las minorías en beneficio de las presupuesto sobre cuya base deben resolverse todos los desacuerdos sobre la
mayorías o castigar a personas inocentes que se cree que son culpables con el justicia (y otras cuestiones). De este modo, la igual participación en el debate
fin de desalentar a potenciales criminales. En efecto, parecería que las consi­ sobre qué es la justicia, junto al igual poder de toma de decisiones a través de
deraciones de justicia tienen mayor fuerza y relevancia precisamente en situa­ procedimientos de votación electoralmente iguales, es presentada a menudo
ciones en las que el razonamiento utilitarista produce resultados moralmcnte como el mejor modo de obtener la respuesta correcta al contenido sustantivo
inaceptables. de la justa igualdad y diferencia. Por supuesto que la imparcialidad institucio­
El tercer punto general sobre las particulares epistemologías de la justicia, nalizada o la igual contribución en el proceso de toma de decisiones pueden ser
es la dificultad de trazar aquellas epistemologías morales que subrayan la vistos como alternativas a la epistemología moral que sustituyen el pragmatis­
contextualidad de la evaluación moral y sostienen que lo correcto moralmen- mo político por la verdad moral, pero, como veremos, muchas teorías que ape­
tc debe discernirse dentro de las específicas particularidades de las relaciones lan a la imparcialidad y la igualdad procedimental presentan estos conceptos
humanas cotidianas, que no pueden ser reducidas a las simples fórmulas de las como medios epistemológicamente fiables para responder a nuestra pregunta:
reglas morales, de modo que tenemos que confiar en los juicios contcxtuali- ¿qué es justo?
zados de la persona habitualmentc virtuosa que intenta hacer lo correcto en
situaciones complejas y con innumerables matices. Esta visión no conjuga
bien con la pretensión de que existen verdades morales universales. Una de
las consecuencias de tales teorías es que deberíamos sustraer de la esfera pú­
La crítica comunitarista a la justicia liberal
blica -tanto como podam os- la toma de decisiones morales, ya que en tal es­ C)ue podamos o no tener conocimiento de qué es justo es una cuestión filo­
fera debe existir, aunque sólo sea por razones de eficiencia, una importante sófica que rebasa las divisiones ideológicas. Así, las epistemologías utilitaris­
dependencia respecto de la aplicación de las normas acordadas. En conse­ tas, que se concentran en los pasos empíricos hacia el conocimiento de aque­
cuencia, tales teorías epistemológicamente atractivas sobre la verdad moral llo que causa placer y dolor, pueden estar presentes también en sistemas de
contcxtualizada resultarían inapropiadas para aquellos aspectos de la justicia pensamiento libertarios, liberales asociados al Estado de bienestar o socialistas.
que se relacionan con el funcionamiento de las instituciones públicas. Sin embargo, los enfoques liberales y libertarios que se centran en los dere­
Finalmente, con respecto a la epistemología de la justicia, es interesante chos individuales tienden a apelar a percepciones autoevidentes sobre lo correc­
notar que algunos criterios generales que son normalmente utilizados para to y lo incorrecto para derivar de ellas imperativos morales tales como «no
analizar la justicia y formular respuestas a la pregunta sobre qué es justo, fi­ mates» o «di la verdad». En varios de los capítulos que siguen examino dis­
guran también en las epistemologías de la justicia. Por ejemplo, el ideal de im­ tintas variantes en torno a este enfoque de la epistemología moral; este capí­
parcialidad judicial, que hemos señalado como un aspecto del imperio de la tulo, en cambio, concluye con la crítica epistemológica presentada por comu-
ley, se presenta también como una técnica para determinar qué debe contar nitaristas que, entre otras cuestiones, plantean dudas sobre nuestra capacidad
cómo materialmente justo. La opinión de la juez imparcial y bien informada para trascender los valores sociales heredados a través de la intuición moral,
es, de un modo u otro, un presupuesto básico de las decisiones que se dicen el razonamiento especializado o el diálogo imparcial.
decisiones materialmente justas, incluidas las decisiones sobre el adecuado «Comunitarismo» es un término recientemente acuñado que resulta útil
contenido de las reglas distributivas. Com o veremos, las variaciones que exis­ para abarcar una gama de visiones que son contrarias a los presupuestos del in­
ten sobre el tema de la imparcialidad abundan en investigaciones epistemoló­ dividualismo liberal sin estar conectadas de manera estrecha con una alterna­
gicas acerca de cuáles son las condiciones aceptables de los juicios de justicia tiva política específica. La mayor parte de la crítica comunitarista al liberalismo
material, investigaciones que sugieren que habría otras afinidades fundamen­ es una cuestión de claro rechazo de su individualismo moral que, se argumen­
tales entre los fundamentos de la justicia formal y material. ta, pone demasiado énfasis en la libertad personal y no confiere suficiente im­
Esta importante y profunda conexión entre la justicia formal y material portancia a la responsabilidad social. El liberalismo, discurre esta crítica
puede verse al analizar la idea de la imparcialidad judicial que va más allá de las moral, se centra demasiado en la autonomía y la independencia y no suficien­
interpretaciones formales del principio según el cual los casos semejantes deben temente en la reciprocidad, la lealtad y la solidaridad. De manera equivocada,
ser tratados de manera semejante, hasta la afirmación de contenido sustantivo el liberalismo analiza los fines sociales valiosos en términos de la suma de los
de que este principio en sí descansa en la creencia de que, en algún sentido de bienes escogidos por los individuos y no logra tomar en cuenta adecuadamente
«igualdad», todos los seres humanos son «iguales». Nuevamente, resulta fas- los bienes públicos que son una parte compartida de la vida comunitaria que

ÍO
no puede ser desagregada en parcelas individuales. Éstas son respuestas que pensadores y pensadoras «sólo pueden ser entendidos adecuadamente cuan­
podrían ser comunes a aspectos de teorías antiindividualistas tan diversas do se les ubica en el contexto de las tradiciones» (Maclntyre, 1988, p. 8), pero
como el marxismo, el feminismo y teorías sociales tradicionalistas, organicis- b.i reconocido que cuando las tradiciones se quiebran hay un período de cri­
tas y jerárquicas. sis epistemológica en el que éstas podrían importar elementos previamente
Por debajo de este desacuerdo moral existe una cuestión ontológica im­ ajenos para formar un nuevo sistema cultural, y «las distintas pretensiones de
portante sobre el vacío que implicaría la idea de individuo una vez que se la verdad de las tradiciones de investigación rivales dependen para su vindica-
ha abstraído del contenido social que da a esa vida individual una realidad i ion de la adecuación y del poder explicativo de las historias que los recursos
concreta, una realidad que está constituida por el tejido de relaciones sociales de cada una de esas tradiciones en conflicto permitan escribir a sus seguido-
en cuyo interior cada individuo encuentra su identidad y significado. Así, u s > (1988, p. 403). Sin embargo, esto es más una concesión a la realidad del
Sandcl (1982) sostiene que las personas están constituidas en parte por los cambio cultural que una aceptación de la visión cosmopolita o universalista
propósitos, creencias y actitudes que tienen como miembros de una comuni­ según la cual la crítica externa de otros sistemas sociales es inteligible y justi­
dad que les proporciona las relaciones ,a través de las cuales llegan a tener una ficable.
identidad individual y una existencia*significativa. N o existe tal cosa como un Una forma moderada de epistemología comunitarista se encuentra en la
«yo desarraigado» -unencumbered self- en el que la identidad individual sea idea de Michael Walzer de que hay «esferas de justicia». Este autor señala que
separable de la identidad social. Este punto de la crítica es central y aparece a menudo se presupone que debemos responder con una contestación omni-
desarrollado en su crítica a Rawls y en la valoración general que se hace de las i omprensiva, que reúna un conjunto de principios sustantivos a los que se
teorías liberales que se discuten en este libro. pueda apelar para determinar qué es justo en todas y cada una de las circuns­
Hay también un lado epistemológico del comunitarismo que es directa­ tancias posibles. Hemos señalado ya que esto se podría cuestionar con res­
mente relevante para el tema de este capítulo. La postura comunitarista es que pecto a las variaciones culturales que socavan muchas pretensiones de univer­
cada comunidad tiene su propio concepto y sus propias concepciones de la salidad de los principios de justicia. Es también saludable enfrentarse con la
justicia y que no podemos ubicarnos fuera de estas construcciones culturales pretensión más radical según la cual, incluso dentro de la misma cultura, hay
y llegar a una teoría de la justicia trans-societal que se ubique por encima de concepciones dispares de la justicia que se aplican en diferentes áreas de la
las sociedades y juzgue las creencias y actitudes de comunidades culturales vida social, económica y política. Este enfoque sugiere que deberíamos ser ca­
específicas. Las ideas y criterios de justicia están inmersos en grupos y colec­ paces de identificar principios más limitados pero con más fuerza, que no de­
tividades culturalmente específicas con una vida comunal y orgánica que les ben deducirse ni de las intuiciones de verdades autoevidentes ni del cálculo de
es propia dentro de la cual cobra sentido su específico discurso sobre la justi­ utilidad, sino que están inmersos en las convenciones sociales sobre lo razo­
cia. Para el comunitarismo la pregunta no es «¿qué es justo?» sino «¿de quién nable arraigadas en áreas específicas de la práctica social.
es la justicia de la que estamos hablando?». La idea de que hay diferentes esferas de justicia que deben mantener su ca­
Este comunitarismo epistemológico queda expresado con fuerza en Mac- rácter distintivo es expuesta de manera convincente por Walzer (1983), cuyo
Intyre (1981), quien afirma que los criterios impersonales y abstractos no tie­ trabajo ejemplifica algunos de los temas «comunitaristas» que se tratan a lo
nen ningún significado fuera de los confines de las prácticas sociales, es decir, largo del libro al criticar las teorías liberales de la justicia. La tesis de Walzer
es que la justicia tiene que ver con la distribución de bienes y que se aplican
cualquier form a coherente y com pleja de actividad humana cooperativa estableci­
distintas consideraciones de acuerdo con el tipo de bienes en cuestión, de ma­
da socialmente, a través de la cual se realizan los bienes internos a esa form a de ac­
nera que es incorrecto buscar un criterio (o conjunto de criterios) que abar­
tividad al tiem po que se intentan alcanzar aquellos niveles de excelencia que son
adecuados a esa form a de actividad - y parcialmente definitivos para ella-, con el
quen la distribución de objetos tan dispares como la seguridad social, el dine­
resultado de que los poderes humanos para alcanzar la excelencia - y las concep­ ro, los cargos, el trabajo, el ocio, la educación, el amor, la religión y el poder
ciones humanas de los fines y los bienes im plicados- son sistemáticam ente am ­ político. Walzer sostiene que la tendencia a erigir un solo conjunto de princi­
pliados (p. 175). pios de justicia abarcadores y unitarios, refuerza la práctica -política y mo-
ralmentc desafortunada- de acumular las desigualdades que podrían resultar
Las prácticas se funden en diferentes tradiciones culturales que confieren sig­ legítimas en relación con la distribución de especies particulares de bienes. Al
nificado c importancia a las prácticas que contribuyen a su realidad social. Es­ insistir en el presupuesto según el cual las buenas razones para que existan de­
tos antecedentes culturales proporcionan la base necesaria para que exista un sigualdades en una esfera son también buenas razones para las desigualdades
discurso moral válido. Más recientemente Maclntyre ha reafirmado que los en todas las esferas, las distribuciones resultantes de riqueza, poder político

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y oportunidades educativas, por ejemplo, tienden a concentrarse en torno a Así, la crítica de Walzer al mérito como el criterio general de justicia es que
los mismos individuos y grupos. Esto produce el fenómenos de la «domina­ a veces hay otras razones moralmente aceptables para distribuir bienes tales
ción» en el que algunas personas están sometidas a la voluntad de otras en to­ como los cargos políticos o el amor sexual (1983, pp. 23-5). Esta posición ig­
dos los aspectos significativos de la vida. Tal dominación es un mal que se nora la posibilidad de que estas otras razones se relacionen con una justifica­
puede eliminar haciendo que las diferentes esferas sean autónomas, de mane­ ción moral de las asignaciones en cuestión que no tenga nada que ver con la
ra que en cada sociedad habrá una variedad de desigualdades características justicia en su sentido distintivo. De este modo, podríamos seleccionar correc­
de diferentes esferas, un estado de cosas que Walzer describe como igualdad tamente a las personas que vayan a ocupar cargos políticos en base a razones
«compleja». que no tengan que ver con hacer justicia a las distintas candidatas o candida­
N o obstante los atractivos de esta tesis, forma parte del segundo nivel (cri­ tos a los cargos. En general, los esfuerzos de Walzer por construir fronteras
tico) de análisis adoptado aquí, que una teoría de la justicia debería ser capaz entre las distintas esferas parecen estar motivados más por su deseo de tener
de identificar características comunes que expliquen cómo podemos hablar de tina base conceptual para oponerse a la «dominación», que por un interés en
justicia e injusticia en esferas tan distintas como la fiscal, la de la responsabi­ l.t justicia como tal. La injusticia es un mal en particular que necesita de una
lidad de daños y la de la igualdad de oportunidades en la educación. En efec­ explicación, independientemente del problema distinto de la tiranía que re­
to, puede verse como lina carencia importante de gran parte de la filosofía sulta de la acumulación de injusticias.
contemporánea sobre la justicia el hecho de que ésta haya contribuido tan La contribución de Walzer ¡lustra las dificultades que pueden surgir al
poco a nuestra comprensión de las relaciones de la justicia con las tres princi­ combinar un concepto generalizado de justicia con el presupuesto inicial so­
pales esferas en las que se presentan las cuestiones de justicia más frecuentes: bre la primacía de la justicia. Demuestra también los problemas que surgen al
el derecho, el bienestar y la remuneración por el trabajo. En particular, aun­ distinguir entre distintos enfoques de justicia sobre una base coherente. D is­
que muchos análisis sobre la justicia social al menos intentan reunir algunas tintas teorías apuntan a temas muy diferentes. Algunas se concentran en el
consideraciones relativas a la justicia en las esferas del bienestar y del empleo, análisis general de la idea de justicia y su papel en el debate político y en la
a menudo no saben explicar cómo la justicia en estas áreas se relaciona con la toma de decisiones, otras se ocupan más de los criterios específicos de justi­
justicia en la aplicación del derecho, alentando así la conceptual y política­ cia, es decir, la naturaleza de los criterios que son usados para determinar la
mente desafortunada idea de que la justicia legal y la justicia social son fenó­ justicia o injusticia de los acuerdos y elecciones sociales. Otras teorías están
menos muy distintos. interesadas principalmente en la cuestión epistemológica sobre cómo pode­
Las indudables revelaciones de Walzer pueden adaptarse, admitiendo que mos tomar decisiones racionales acerca de cuáles son los criterios de justicia a
la especificidad respecto de que cuenta como justo puede perfectamente va­ adoptar y cómo aplicarlos en la práctica.
riar de una esfera a otra -de.-modo que, por ejemplo, una distribución justa de A pesar de estos diversos énfasis, y de otras dificultades a las que me he re-
los cargos políticos no necesita realizarse en los mismos términos que una lerido, considero que, idealmente, toda teoría de la justicia debería intentar
distribución justa de las facilidades educativas-, mientras queda por determi­ establecer un esbozo del concepto de justicia en su totalidad, clarificar el sig­
nar si hay o no presupuestos comunes detrás de los criterios específicos de nificado y aplicación de ciertos criterios preferentes o concepciones de la jus­
justicia que se utilizan erf cada caso, y qué grado de superposición existe en­ ticia y dar alguna indicación sobre cómo debemos proceder al evaluar la acep­
tre las características de la justicia en cada esfera. Walzer exagera su propues­ tabilidad e importancia de tales criterios. En el contexto de un enfoque
ta con su inverosímil argumento de que hay «significados sociales» caracte­ teórico en particular, cada uno de los siguientes capítulos plantea cuestiones
rísticos, relacionados con cada tipo de bien social, que contienen sus propias sobre el análisis conceptual de la justicia, toma en cuenta los criterios norma­
consideraciones distributivas autónomas de modo que, por ejemplo, la «ne­ tivos de justicia empleados y examina las metodologías escogidas para resol­
cesidad» es relevante para suministrar asistencia sanitaria pero no para la dis­ ver las disputas acerca de qué es justo e injusto. La intención es ayudar a los
tribución de autoridad política. Este argumento, que es convincente en algu­ lectores a entender los rasgos centrales de cada enfoque teórico sobre la justi­
nos contextos pero que generalizado resulta dudoso, depende en gran medida cia y lograr apreciar su relevancia práctica. Este esquema de presentación está
del presupuesto inicial que aquí hemos cuestionado, básicamente que cuales­ diseñado para propiciar las comparaciones entre teorías, incluso allí donde
quiera sean las razones fundamentales para la distribución en una esfera tales ellas difieren radicalmente en sus propuestas. Al mismo tiempo se ofrecerán
razones son consideraciones de «justicia», de modo que todas aquellas que algunas críticas generales a cada una de las teorías, teniendo en cuenta su plau-
son decisivamente buenas razones para los acuerdos sociales específicos están sibilidad conceptual, su contenido moral sustantivo y sus fundamentos epis­
engañosamente destinadas a ser requisitos de justicia. temológicos.

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3

La justicia como título:*


Nozick y la propiedad

La violación de derechos es a menudo citada como un ejemplo común de in­


justicia. N o es sorprendente, por lo tanto, que se hagan intentos por analizar
la justicia puramente en términos de derechos. La justicia es, entonces, una
cuestión de respetar los derechos y proporcionar soluciones contra su vulne­
ración o violación. De acuerdo con la lógica del concepto de justicia articula­
da en el capítulo 2, se entiende que «a cada uno o una lo que se merece» sig­
nifica «a cada uno o una según sus derechos», y las diferentes concepciones de
la justicia darían un contenido diverso a los derechos en cuestión.
Esta poderosa tesis adoptada por Robert Nozick, cuya teoría de la justicia
es el tema principal de este capítulo, parece captar algunos de los aspectos más
importantes del discurso de la justicia identificados en los capítulos anterio­
res. Esta teoría se ajusta al principal significado que normalmente se atribuye
a la justicia, ya que afirmar algo como un derecho es afirmar que puede ser
exigido plenamente y que no es meramente un extra opcional o un fin mera­
mente deseable. Los derechos, como la justicia, son -en los términos de N o ­
zick- cuestiones de títulos. Ellos no dependen de la gracia o el favor de otras
personas. Los derechos generan obligaciones por parte de los demás, obliga­
ciones que en algún sentido se deben al titular de los derechos y que pueden
ser exigidas por éste.

* En este capítulo se utiliza la palabra «título» como el equivalente castellano del término
inglés entitlemcnt, que se refiere al hecho de estar en posesión de capacidades -o derechos. (N.
de la T.)

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Ver la justicia como una cuestión de derechos pone de relieve también el én­ para la rectificación de las injusticias cometidas por individuos pero no pare­
fasis en los intereses de los individuos, que es un aspecto del discurso de la jus­ ce tener el mismo impacto allí donde se trata de cuestiones más generales de
ticia. Aunque también se podrían adscribir derechos a los grupos, los derechos justicia colectiva o «social». Las desigualdades económicas injustificadas, la
que tienen en cuenta los teóricos de la justicia son principalmente aquellos que ausencia de oportunidades educativas y la discriminación en el empleo son
protegen a los individuos contra los intereses -menores si se los considera ais­ todas injusticias sociales graves pero no son objetivos que puedan efectiva­
ladamente pero mayores cuando se acumulan- de una gran cantidad de otras mente conseguirse siempre y directamente por medio de títulos legalmcnte
personas. En palabras de Ronald Dworkin, teórico de los derechos cuyo tra­ cxigibles. Para abarcar estos temas de mayor extensión tenemos que recurrir
bajo se discute en el próximo capítulo, los derechos son «triunfos», en el sen­ a alguna idea de derechos «morales» antecedentes cuya naturaleza y conteni­
tido de que no pueden ser dejados de lado por orden de las mayorías o de po­ do es altamente controvertido y a veces oscuro.
líticas que apunten al bien general de la sociedad. Los derechos que tiene en Los derechos morales son vistos, en general, como criterios o valores que
mente este autor son aquellos derechos individuales, tales como la libertad de determinan el contenido adecuado de las normas que afectan al bienestar y los
expresión y la igualdad ante la ley, que gozan de especial protección constitu­ intereses de los individuos. Si esto no significa nada más que decir que tales
cional en muchas jurisdicciones; pero la misma lógica, aunque tal vez de una derechos son los derechos que debemos tener, entonces el concepto es lo su­
forma más débil, podría aplicarse a los derechos en general. En consecuencia, ficientemente claro, pero los valores que encierra dicho concepto van obvia­
«la justicia como títulos» o «la justicia como derechos» se corresponde bien mente más allá de la sola justicia, ya que toda la gama de valores sociales y po­
con el dejo generalmente antiutilitarista de la justicia. líticos son relevantes para la determinación de los derechos «positivos» (es
La idea de que los individuos tienen derechos encierra también la creencia decir, los derechos que están contenidos en leyes y convenciones sociales
de que la posesión de derechos intensifica la dignidad del titular de los mis­ reales). Sin embargo, si se argumenta que hay derechos «naturales» prelcga-
mos (ver Feinberg, 1970, pp. 243-57), y así ejemplifica la idea del respeto a las les y presocialcs que tienen todos los hombres y mujeres con independencia
personas que a menudo se dice que está en la esencia de lo que significa tratar de las normas autoritativas de su sociedad, entonces puede ser que las propie­
a la gente justamente. A menudo se piensa que este argumento se basa en un dades distintivas de estos derechos nos ayuden a identificar qué es justo c in­
análisis restrictivo de los derechos que relega el término a un tipo de dere­ justo. Desafortunadamente la naturaleza y realidad de esas entidades miste­
chos, principalmente los derechos que confieren al titular la oportunidad de riosas que son los derechos morales son difíciles de establecer, una dificultad
controlar la acción de otras personas, si él o ella optan por hacerlo. Sin em­ con la que tropieza la teoría de los títulos de Nozick.
bargo, un análisis más amplio de los derechos como intereses protegidos por Más aún, el énfasis que la tradición de los derechos deposita en la libertad
normas, que hace de tales poderes opcionales un aspecto contingente de los del individuo puede verse como un verdadero estorbo para el logro del tipo
derechos (es decir, un aspecto que caracteriza a algunos derechos pero no a de igualdad y de sociedad orientada al bienestar que algunas personas ven
otros), también nos permite ver en el lenguaje de los derechos un compromi­ como un objetivo fundamental de la justicia. Puede ser que muchos derechos
so con el igual valor de cada individuo y la consecuente prioridad de ciertos den a los individuos poderes poco razonables de veto respecto de importan­
intereses individuales respecto de consideraciones sobre el bien general. tes objetivos sociales cuya justificación constituye su contribución a la justi­
La idea de la justicia tom o derechos se corresponde también con los víncu­ cia. Con su énfasis en la capacidad de elección individual y en la libertad del
los jurídicos de la justicia, y ofrece una explicación fácil de por qué los tribu­ individuo la teoría de la justicia como derechos a menudo se transforma en
nales legales son vistos como tribunales de justicia. Los derechos tienen que ver una teoría ideológicamente partidista en la que la libertad se ve despropor­
con la aplicación de reglas sociales u otros criterios autoritativos, tal como es­ cionadamente favorecida respecto de la igualdad.
tán expresados en las leyes. De manera similar, la teoría de la justicia como
derechos puede explicar la conexión entre justicia, soluciones y castigos, y acla­
ra por qué las demandas de justicia tan a menudo conllevan el reclamo de que Los derechos y la justicia formal
se establezcan leyes cuya aplicación pueda ser vigilada por los tribunales de
justicia antes que dejada a la discreción de los organismos burocráticos. Dadas las dificultades que se presentan al afrontar la tesis de la justicia como
Por otra parte, se puede argumentar que los derechos tienen un alcance derechos morales, es común retroceder hacia un objetivo más limitado y ar­
más reducido que la justicia. Los derechos parecen más propicios para áreas gumentar que los derechos están particularmente relacionados con el análisis
limitadas donde los intereses individuales están protegidos por reglas fijas ca­ de la justicia form al, que puede definir cómo tratar a las personas de acuerdo
paces de ser objeto de sentencias en los tribunales. Esto puede ser importante con sus derechos positivos existentes, socialmente reconocidos (ver capítu­

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lo 2). Las cuestiones de justicia material son entonces tratadas separadamen­ Si, además, incluimos en la teoría de la voluntad la afirmación de que los
te acudiendo a otros recursos distintos de la apelación a los derechos. Esto seres humanos tienen, o deberían tener, derechos en virtud de sus capacidades
tiene la ventaja de demostrar la peculiaridad del lenguaje de los derechos. La como agentes racionales, entonces tenemos los inicios de una concepción
apelación a los derechos es vista como una apelación a las normas o con­ prelegal de los derechos morales con algún contenido sustancial. Tal posición,
venciones establecidas que resuelven el caso en cuestión sin necesidad de con­ que se retrotrae lejos en el tiempo al menos hasta Kant, es expuesta por la te­
siderar todos los otros factores moralmente relevantes. Si los derechos son tí­ sis de Gewirth de que las personas tienen derechos como parte de las condi­
tulos convencionales que bloquean cualquier debate ulterior en relación con ciones necesarias para la acción humana (ver Gewirth, 1978, capítulo 2). Esta
los temas de que se trate, esto nos permite, por ejemplo, establecer una clara visión, cuando se combina con ciertos lugares comunes sobre la naturaleza de
distinción entre «lo correcto» y «los derechos», y podemos entonces proceder la acción y sus requisitos empíricos, tiene connotaciones importantes para el
a identificar la justicia con los últimos. contenido de los derechos y por tanto, bajo el enfoque general que estamos
Esta respuesta debilita sustancialmente la pretendida conexión entre dere­ considerando, para la naturaleza de la justicia tanto material como formal.
chos y justicia ya que excluye ahora de la justicia cuestiones materiales sobre Más aún, tal visión tiene la ventaja de reunir los dos tipos de justicia -fo r­
el contenido de las normas que confieren derechos. Ésta se transforma en una mal y material- de un modo clarificador, dado que ambas implican respeto
tesis particularmente débil si se toman en cuenta los argumentos señalados por los individuos como personas autónomas con capacidad para elegir.
más arriba sobre la nula importancia moral de la así llamada pura justicia for­ La teoría de la voluntad, y la idea vinculada a ésta de los derechos como pre­
mal, ya que, como hemos visto, la justicia formal, así concebida, no pone nin­ condición de la agencia humana, son, sin embargo, análisis demasiado restric­
guna limitación real a los posibles contenidos de las normas y, abstraída de tal tivos de los derechos, ya que los derechos también se predican normalmente de
contenido, resulta de cuestionable importancia moral. sujetos que, como los niños pequeños y las personas mentalmente discapacita­
Sin embargo, dado que en la terminología legal, común y técnica, no todas das, carecen de capacidad para la elección racional y la acción autónoma (ver
las reglas o normas encierran derechos, podría ser que esas reglas que sí con­ MacCormick, 1977, pp. 189-207). Más aún, cuando se la ubica dentro de la te­
fieren derechos estén limitadas con respecto a su contenido, y que este límite sis de la justicia como derechos, la teoría voluntarista no puede dar cuenta de la
sea un indicador para saber de qué trata la justicia. En otras palabras, si, siguien­ justicia formal de reglas que ni crean ni protegen poderes u opciones. Normal­
do el análisis más denso de la justicia formal y el imperio de la ley descrito en mente se asume que la justicia formal surge en relación con la aplicación de cual­
el capítulo anterior, el enfoque de los derechos se extiende para incluir la idea quier regla relacionada con el bienestar o los intereses de las personas, tanto si
del igual valor de las personas como parte de la justificación necesaria para ase­ las reglas confieren poderes u opciones como si no lo hacen. Esto da lugar a la
gurar que una sociedad sea gobernada por un sistema de reglas, entonces la te­ teoría más general de los derechos de acuerdo con la cual un derecho es un in­
sis de la justicia como derechos adquiere bastante más sustancia, aunque aún terés normativamente protegido (ver Campbell, 1983, pp. 92-102).
sigue sin servir de gran ayuda respecto del contenido de las reglas en cuestión. Debido a que la teoría del interés es más abierta en su concepción de los
Podríamos decir, sin embargo, que los derechos, y por tanto la justicia, impli­ derechos, se adecúa mejor que la teoría de la voluntad a la hora de ofrecer un
can el compromiso de reconocer el igual valor de las personas. análisis de los derechos que haga creíble sostener que la justicia formal nor­
La idea del igual valor puede desarrollarse a la luz de las teorías de los de­ malmente surge con la aplicación de todas las reglas sociales, o al menos de la
rechos que buscan establecer qué es lo que hace de las personas potenciales mayoría de ellas, dado que tales reglas normalmente tienen alguna relación
portadores o sujetos de derechos. Así, si los derechos se definen, de acuerdo con los intereses humanos. Su punto débil radica en que es demasiado amplia
con la teoría de la voluntad, como poderes normativos de control sobre la con­ para distinguir las reglas que confieren derechos de aquellas que no lo hacen,
ducta de otras personas, poderes que el portador o portadora de derechos po­ ya que casi cualquier regla puede ser concebida como protectora de una mul­
dría discrccionalmente ejercer o no (ver Hart, 1973, pp. 171-201), entonces tiplicidad de intereses. Sin embargo, la teoría del interés tiene la ventaja de
podría interpretarse que la tesis de los derechos dice que los individuos debe­ conservar una mayor neutralidad ideológica, ya que no presupone que el he­
rían tener tales poderes, y que la justicia se realiza cuando éstos son estableci­ cho de proteger la capacidad de elección individual tenga un mayor peso en la
dos y defendidos por el derecho o las convenciones sociales. Los poderes dis­ configuración de un derecho que, por ejemplo, aliviar un sufrimiento.
crecionales presentes en el hecho de reclamar y renunciar a un derecho podrían Parecería, por tanto, que a pesar de que las teorías de los derechos podrían
estar justificados como expresiones de la autonomía individual o como dispo­ ayudarnos en alguna medida a llenar la noción vacía que consagra el igual va­
sitivos para proteger intereses individuales, y la justicia formal es vista enton­ lor de los individuos, las más verosímiles de estas teorías disponibles son de­
ces como aquello que hace efectivo estos poderes moralmente deseables. masiado generales para proporcionar un análisis que nos lleve más allá del

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mero esbozo de un criterio para tener un sistema de justicia formal, en espe­ rar tales derechos humanos básicos, y/o proporcionar soluciones en caso de
cial un sistema que ayude a proteger y promover los intereses humanos. Si de­ que se infrinjan o violen. Esto tiene la ventaja de hacer que la justicia sea sólo
seamos avanzar hacia una teoría que pueda dar cuenta de la justicia material de una consideración entre otras de las muchas que nos pueden llevar a estable­
un modo más sustancial es necesario tener señales más específicas sobre la na­ cer titularidades positivas y, dada la especial relevancia de los derechos huma­
turaleza y el contenido de los así llamados derechos «morales» que, se afirma, nos, esto explica en gran medida la importancia que muchos adjudican al lo­
proporcionan criterios para evaluar la justicia del contenido de las normas. gro de la justicia.
En general, la tesis de la justicia como derechos humanos genera perspec­
tivas más agudas respecto de los atractivos y las dificultades de ver la justicia
La justicia como derechos humanos como algo relacionado con derechos de cualquier clase. Resulta particular­
mente prometedor su análisis del conflicto entre justicia y utilidad dado que
Con el propósito de extender la hipótesis de «la justicia como derechos» de la los derechos humanos no pueden ser sacrificados en favor de la felicidad ge­
justicia formal a la material, podríamos recurrir a la distinción entre la idea ge­ neral, ya que son definidos como derechos de importancia primordial. Un
neral de derechos morales y la subcategoría de aquellos derechos morales que punto débil del enfoque de los derechos humanos reside en que se aparta de
están considerados derechos «naturales» o «humanos». La identificación de la una interpretación positiva de los derechos conforme con la cual los derechos
naturaleza distintiva de tales derechos es una tarea difícil y controvertida. En se definen en términos de las reglas sociales o legales existentes. La justicia
efecto, la falta de acuerdo acerca de qué es lo que constituye un derecho hu­ como derechos humanos es, por lo tanto, incapaz de dar cuenta adecuada­
mano engendra la duda sobre el concepto mismo de derechos humanos. La ma­ mente del característico dejo legal de la justicia. Por supuesto que existe una
yoría de los intentos de analizar los derechos humanos comienzan con la po­ larga historia de intentos de traducir los derechos humanos en fórmulas lega­
sición general de que los derechos humanos son una subcategoría de los les, pero en general estos intentos son más aptos para la retórica política que
derechos morales, los cuales son universales (en el sentido de que se aplican para las formulaciones y las decisiones legales. El lenguaje de los derechos hu­
a todas las personas en todo lugar y en todos los tiempos), inalienables (en el manos expresa ideales y aspiraciones que necesitan ser plasmadas en titulari­
sentido de que ni puede uno deshacerse de ellos ni pueden ser quitados) y de dades específicas para que los derechos que dicen encerrar tengan alguna
una importancia prioritaria (en el sentido de que tienen prioridad respecto conexión con la justicia formal y el imperio de la ley, que requieren de la co­
de cualquier otra consideración). rrecta aplicación de las normas preexistentes.
El problema con el que se encuentran estos criterios al intentar identificar Puede pensarse que la crítica de que los derechos humanos —concebidos
algo más que unos pocos derechos «negativos» -es decir, derechos a no ser según los lincamientos del análisis tradicional- no son justiciables va contra la
tratada o tratado en ciertos m odos- es también grande. Tal vez sólo el dere­ experiencia de aquellas jurisdicciones que tienen convenciones operativas o
cho a no ser torturado sca^completamente universal c inalienable, e incluso cartas de derechos a las que se puede apelar, a través de los tribunales, contra
esto podría ser puesto en duda. Por esta razón a menudo los criterios quedan cualquier acción u omisión que sea seriamente perjudicial para los individuos,
diluidos en varios sentidos, particularmente si se piensa que es deseable in­ incluso si ésta es conforme la legislación ordinaria del país. ¿N o ilustra acaso
cluir los derechos «sociales y «económicos» -tales como el derechos a la edu­ la experiencia de la Corte Europea de Derechos Humanos o de la Corte Su­
cación o a la asistencia sanitaria- dentro de la lista de derechos humanos. E s­ prema de los Estados Unidos de América la viabilidad de conferir la fuerza de
tos derechos son «positivos» en el sentido de que expresan el derecho a ser derecho positivo a la idea de los derechos humanos?
tratados en cierto modo, exigen acciones positivas por parte de otras personas Ciertamente, la noción de derechos con un especial estatus constitucio­
y generalmente dependen de la existencia de recursos escasos cuya disponibi­ nal, en el sentido de que son derechos que no pueden ser revocados ni si­
lidad no puede ser garantizada en todo lugar y en todos los tiempos. A menos quiera por las que podrían ser acciones legítimas de los gobiernos, se ha
que se los formule de un modo intolerablemente vago, no puede afirmarse de transformado en una realidad que muchos observadores políticos reciben
manera verosímil que tales derechos sean completamente universales y ente­ con beneplácito como una forma de proporcionar algún control sobre los
ramente independientes de circunstancias económicas particulares, si bien se errores y excesos cometidos incluso por gobiernos democráticos en materias
puede decir lo mismo de los derechos civiles y políticos que no pueden ser que pueden ser vistas fácilmente en términos de justicia. Así, si los derechos
asegurados realmente sin la presencia de importantes recursos. humanos se definen como derechos fundamentales, es decir, derechos con es­
Sin embargo, si es posible llegar a una definición aceptable de los derechos pecial protección constitucional, entonces la idea de derechos humanos pare­
humanos, la justicia material puede entonces definirse en términos de asegu­ ce tener aplicación legal. Sin embargo, esto sólo se consigue a través de un

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análisis evidentemente positivista de los derechos humanos, conforme al cual terial. Solucionar las cuestiones controvertidas apelando a derechos morales,
éstos son equiparados con normas establecidas por decisión humana, en este humanos o de otro tipo, puede ser una forma de no hacer otra cosa que opo­
caso a través de la promulgación de las cláusulas constitucionales apropiadas. ner a un conjunto de prejuicios otro conjunto de prejuicios.
Así, los derechos humanos pasan a ser normas constitucionalmente inaltera­ Visto el callejón epistemológico sin salida al que nos lleva a menudo el dis­
bles, aplicadas a menudo por tribunales especializados, y no simplemente un curso de los derechos, puede ser que tengamos que abandonar la idea de los
tipo de norma moral a la que se puede apelar para justificar la existencia de derechos morales excepto en el sentido de «manifiesto» que se refiere a los de­
dichas convenciones de derechos humanos y de tribunales especiales de je­ rechos que creemos que tienen que existir en una sociedad moralmente ade­
rarquía superior. Hay que demostrar, por tanto, que quienes aplican los de­ cuada. Esto podría implicar abandonar la noción de derechos humanos por ser
rechos humanos al tomar sus decisiones están aplicando nociones preexis­ una noción que no nos sirve de ayuda, excepto en la medida en que se refiere a
tentes y específicas de derechos humanos prelegales. Podría ser que se tratase la idea de otorgar un especial estatus constitucional a algunos derechos como
sencillamente de la creación de un nuevo sistema de normas y precedentes de instrumento para la protección de importantes intereses humanos. Que tales
una naturaleza más bien indeterminada, que permita el ejercicio extensivo derechos tengan una conexión particularmente estrecha con el concepto de
de poderes discrecionales por parte de un grupo de abogados de élite que justicia podría ser, entonces, una cuestión para ulteriores análisis.
sólo están constreñidos por consideraciones políticas y por una tradición Esta es la clase de desafíos a los que responden, de muchas maneras dife­
muy poco específica que encierra el discurso sobre los derechos humanos tal rentes, las teorías de los derechos. Gcwirth (1978), por ejemplo, como hemos
como aparece concebido en cortas y ambiguas listas de derechos humanos. visto, desarrolla una fundamentación kantiana para los derechos en términos
La existencia y aplicación de cartas de derechos, y de sus equivalentes cons­ de autonomía, mientras que Finnis (1980) sigue la tradición de la ley natural de
titucionales, no prueban por sí mismas la realidad de los derechos humanos Aristóteles y Tomás de Aquino. En el próximo capítulo me ocuparé de otro
considerados bajo la forma moral sobre la cual se alega que están basados ejemplo, al analizar una contribución particulamente importante a la teoría
(ver Campbell et al., 1986, capítulos 1 y 2). de los derechos como fundamento para la justicia, realizada por Ronald Dwor-
Quienes quieran presentar una visión de la justicia en términos de derechos kin, quien, en Los derechos en serio, presenta un esfuerzo continuo por salvar
humanos tendrán que proporcionar una explicación coherente de estos dere­ la brecha entre la noción de derechos morales y la noción de derechos positi­
chos y del modo en que determinamos qué son. Más aún, tienen que indicar vos de una manera que, de lograr su propósito, proporcionaría un fundamen­
que la violación de estos derechos es considerada con acierto una cuestión de to para presentar una forma atractiva de la tesis de «la justicia como dere­
injusticia, ya que podría haber algunas acciones, como la tortura -un sufri­ chos». Este capítulo se ocupa del enfoque menos jurídico de Nozick, que se
miento que nunca deberíamos infligirnos los unos a los otros- que se podrían basa en la tradición de los derechos morales autoevidentes derivados de la fi­
considerar malas no por su injusticia sino por alguna otra razón moral, como losofía de John Locke, recogida y aplicada en la Declaración de Independen­
puede ser su falta de humanidad. Es posible que las teorías generales de los de­ cia que llevó a la fundación de los Estados Unidos.
rechos puedan ser aquí de alguna ayuda, aunque, visto con detenimiento, tales
teorías provocan precisamente el tipo de desacuerdo moral que estamos in­
tentando resolver. En particular, los conflictos más comunes entre libertad (tal La posesión y la titularidad
como aparece ejemplificada en la teoría voluntarista de los derechos) e iguali­
tarismo (que tiene más afinidad con la teoría del interés) tendrían que resol­ Discutir la contribución de Roben Nozick antes de la de John Rawls es alte­
verse para que fuera posible identificar tanto la forma como el contenido de los rar un poco el orden cronológico, ya que la obra de Nozick, Anarquía, esta­
derechos a los que se va a conferir especial protección constitucional. En este do y utopía (1974), fue publicada tres años después del libro de Rawls, Una
nivel del debate, el enfoque de los derechos a menudo parece tener poco que teoría de la justicia (1971). De hecho, el libro de Nozick puede ser visto como
ofrecer más allá de la apelación a la evidencia dogmática o a las intuiciones una enérgica respuesta a las tesis sustanciales de Rawls del que se ocupa ex­
morales incuestionables. Sin embargo, no existen normas razonablemente es­ plícitamente. N o obstante, el influyente pero en algún sentido idiosincrásico
pecíficas que confieran derechos sobre los que personas informadas y desapa­ libro de Nozick tiene la ventaja de presentar conclusiones simples, extraídas
sionadas sean capaces de llegar a un acuerdo -incluso dentro de la misma cul­ con una limitada metodología individualista que hace de él una accesible aun­
tura-, de modo que resulta dudoso que la idea de que hay derechos morales que provocadora introducción a mi selección de teorías específicas de la jus­
(sin mencionar la especial subcategoría de los derechos morales llamada dere­ ticia, y en muchos sentidos allana el camino para la más sólida teoría elabora­
chos humanos) pueda ser de ayuda para fijar nuestros criterios de justicia ma­ da por Rawls.

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La teoría de la justicia como título expuesta por Nozick en Anarquía, Es­ listado que podría haber surgido sin violar estos derechos es un Estado que
tado y utopía es más conocida por sus conclusiones radicales que por su inu­ csic confinado a defenderlos, tal Estado mínimo o «vigilante» es lo máximo
sual metodología. Es principalmente su rampante ¡aissez-faire, el libertaria- que se puede justificar. Esto significa que cualquier intento del Estado de re­
nismo del Estado mínimo, el que marca el libro como un clásico de los años distribuir beneficios es una forma de robo y es por lo tanto ilegítimo. Todos
setenta, muy en sintonía con la política de la nueva derecha de Margaret That- los demás servicios que queden fuera del objetivo del Estado mínimo pueden
cher y Ronald Reagan, tan incomprensible para quienes consideraban el Es­ ser proporcionados por las asociaciones voluntarias y las relaciones comer­
tado de bienestar como un aspecto progresista y permanente del mundo mo­ ciales, como lo son los planes de seguros. El suministro de bienestar sobre la
derno. Sin embargo, tiene tanto interés el método como las conclusiones de base de la necesidad es una cuestión que debe dejarse a la caridad realizada
un libro que revive el proyecto ilustrado de deducir consecuencias políticas libremente. Finalmente, limitar el poder del Estado a la protección de dere­
de derechos autoevidentes, utilizando el instrumento del siglo xvm, la «his­ chos básicos abre el camino para múltiples formas utópicas de vida, organi­
toria conjetural», con el que se reconstruye una historia posible para explicar zadas con el libre consentimiento de diferentes asociaciones de individuos
y alabar una determinada filosofía política, en este caso una forma de semia- que tengan las mismas o complementarias concepciones de la vida buena. La
narquía libertaria. justicia consiste en no violar los derechos, en cumplir los acuerdos volunta­
Nozick utiliza además, como hemos señalado ya en el capítulo 1, la críti­ rios y en rectificar las violaciones a los derechos que puedan ocurrir. Todo
ca de Hayek a todos los intentos de distribuir cargas y beneficios de acuerdo esto es una cuestión de títulos, que no depende de ningún cálculo de las ven­
con un patrón fijo, sobre la base de que tales programas implican inaceptables tajas o inconvenientes que puedan surgir de respetar y aplicar los derechos,
intrusiones en la autonomía individual y están condenados a fracasar debido ni de la perspectiva de nivelar de alguna manera la distribución de cargas y
a la falta de información fiable sobre las sociedades y sus economías. Por esta beneficios.
y otras razones, Anarquía, Estado y utopía puede ser visto como una réplica al La teoría de la justicia de Nozick está construida sobre la base de su teoría
liberalismo del Estado de bienestar que propone Rawls, a pesar de que tienen de los derechos. Su teoría de los derechos descansa sobre la inamovible con­
en común un enfoque individualista fundamental que hace que ambos sean vicción de que hay algunas cosas que no debemos hacer a otras personas, sin
objetivos de la crítica comunitarista que vimos en el capítulo 2. El rampante in­ importar cuán beneficiosas puedan ser las consecuencias para nosotros mis­
dividualismo de Nozick, en particuar, es la antítesis del comunitarismo. mos, para otros o incluso para las mismas personas objeto de nuestra acción.
En términos filosóficos, Nozick y Rawls comparten una deuda considera­ Nozick ilustra esto en relación con «la distribución forzosa de las partes del
ble con la Ilustración, particularmente con Immanuel Kant y su insistencia en cuerpo» (Nozick, 1974, p. 206). A nadie, afirma, se le puede pedir que done a
que los seres humanos, como agentes racionales, deben ser tratados como fi­ otra persona ni siquiera un órgano no vital, incluso si la vida de otra persona
nes en sí mismos y nunca iberamente como medios para asegurar beneficios a depende de tal donación. Esto, cree Nozick, demuestra que poseemos nues­
alguna otra persona. Ambos confieren también un papel central a la idea de tro proprio cuerpo en el sentido fuerte de que tenemos un derecho absoluto
que el consentimiento es un concepto fundamental de la filosofía política, a a controlar lo que le sucede, y nadie está autorizado para interferir con nues­
pesar de que juega papeles muy distintos en sus teorías respectivas. Sin em­ tro cuerpo sin nuestro consentimiento (presuponiendo que no hemos viola­
bargo, a diferencia de Ráwls, Nozick no intenta defender el arbitrario punto do ningún derecho equivalente de la otra persona).
de partida en el que comienza su historia conjetural. De hecho, puede decirse Este derecho sobre el proprio cuerpo ilustra las características principales
que ha renunciado a encontrarlo por tratarse de una empresa necesariamente de la teoría del título, ya que (1) tal derecho no depende de su reconocimien­
incompleta o simplemente equivocada (ver Nozick, 1989, p. 292). N o obstan­ to por parte de ninguna institución o cultura humana -es un derecho natural
te, como expresión poderosa aunque excesivamente simplificada de una teo­ o moral- (2) es un derecho que no depende de los méritos, las necesidades o
ría política de la justicia que refleja la ortodoxia ideológica corriente en la la utilidad del titular -es un derecho absoluto- (3) no puede ser desplazado
mayoría de las democracias occidentales, particularmente en los Estados Uni­ por ninguna consideración relativa al bienestar o beneficio general que se
dos, merece ser estudiada con detenimiento. pueda seguir para otras personas -es un derecho inviolable- (4) es correlativo
La cuestión esencial de la postura de Nozick es que, con anterioridad o in­ del deber de otros individuos de no interferir con aquello a lo que la persona
dependientemente de la existencia de los sistemas sociales y políticos, los in­ tiene derecho -en este sentido es un derecho negativo (los derechos positivos
dividuos tienen derecho a la propiedad, la vida y la libertad. Estos derechos surgen sólo por acuerdo voluntario)- (5) el titular del derecho puede renun­
«naturales» son títulos que deben permanecer inalterables, sin que se les apli­ ciar a él consintiendo que otros hagan lo que de otra manera sería una viola­
que ningún tipo de coerción que pueda violarlos. Dado que la única forma de ción de ese derecho -los derechos son alienables-, y (6) tal derecho es «una

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restricción complementaria» que limita la conducta de otras personas más vos correlativos a los intereses protegidos para asegurar que las personas ten­
que un fin a perseguir por el titular del derecho o por esas otras personas. gan los medios para vivir vidas con sentido, y se puede sostener con facilidad
Estas características se aplican también a otros derechos que se derivan de que requiere de una gama más amplia de derechos dirigidos a la reducción del
la idea o del derecho relativo a la propiedad del proprio cuerpo. En primer lu­ sufrimiento y a asegurar que todas las personas tengan vidas con sentido.
gar, se interpreta que abarca el derecho a la vida y, de manera más controverti­ Además, parece excesivamente dogmático conferir tal monopolio moral a la
da, el derecho a la libertad en el sentido de movimiento corporal. Luego se en­ condición de «tener sentido». Todo aquí parece depender de las intuiciones
tiende que una persona está autorizada para hacer lo que quiera con su cuerpo morales de las que partamos. Nozick generaliza temerariamente con ejemplos
y su vida (presuponiendo que no viole el cuerpo, vida o libertad de otra per­ que generan repulsión ante la violación injustificada de la integridad corporal
sona) incluida la posibilidad de adquirir la propiedad de cosas -n o de perso­ y del ejercicio libre de la creatividad significativa. Otros ejemplos llevarían a
nas- a través del ejercicio de las capacidades corporales. Este último paso está una repulsión igual ante la posibilidad de infligir dolor injustificadamente
fuertemente inspirado en la afirmación de Lockc de que las personas tienen un a personas inocentes.
derecho a aquello a lo que «unen su trabajo», un proceso por el cual la propie­
dad del cuerpo se extiende a la propiedad de cosas materiales de las que las per­
sonas se apropian (a menos que otro individuo se haya apropiado de ellas an­ La justicia de Nozick
tes). Este título no significa que la persona esté actuando de una manera
moralmente correcta al realizar una acción que no viola los derechos de otra El análisis de la justicia que se desprende de establecer un núcleo selecciona­
persona, sino que significa que nadie más podría interferir legítimamente en do de derechos naturales es claro. Todo depende de los títulos constituidos
aquello que esté haciendo sin antes haber obtenido su consentimiento. por los derechos naturales tal como los concibe Nozick. La justicia trata de
Al mantener una lista corta de derechos básicos en la que los derechos in­ la propiedad o «tenencias», como el autor prefiere llamar a las posesiones. La
cluidos están íntimamente conectados unos con otros, y al considerarlos como justicia se puede descomponer entonces en la adquisición de bienes, su trans­
derechos puramente negativos, Nozick es capaz de sostener que sus derechos ferencia y la rectificación de injusticias pasadas. La justicia en la adquisición
básicos no pueden ser anulados ni siquiera unos por otros ya que no hay ningu­ de bienes se refiere a cómo la gente llega a poseer aquello que previamente no
na situación en la que abstenerse de violar uno de tales derechos básicos impli­ posee. En pocas palabras, N ozick sostiene que cualquier cosa previamente
que violar otro de tales derechos, como podría ser el caso si respetar los derechos no poseída de la que una persona se apropie y sobre la que trabaje, se trans­
implicase realizar acciones para proteger y alentar los intereses de los demás. forma en su propiedad siempre que la apropiación no deje a otras personas en
El modo en que Nozick quiere obtener nuestra conformidad con su teo­ peores condiciones. La justicia en la transferencia se refiere a los intercambios
ría consiste en parte en presentar vivos ejemplos de las «restricciones com­ voluntarios. La justicia en la rectificación se refiere a dar marcha atrás en las
plementarias» que aceptamós como primordiales para la vida cotidiana. N o adquisiciones y transferencias injustas.
aceptamos que sea correcto matar a una persona para salvar a diez, o esclavi­ Tanto la idea de adquirir una propiedad a través de la «unión» del trabajo
zar a una persona para complacer a otras tantas. Nozick busca entonces rela­ con los objetos materiales como la salvedad de dejar suficiente para los demás
cionar estas intuiciones morales con el postulado general de que las libertades proceden de Locke. En el análisis de Locke existe el presupuesto de fondo de
basadas en la propiedad que él identifica como derechos básicos están liga­ que Dios dio el mundo material a los seres humanos para su beneficio y el ar­
das a la idea de una existencia que tenga sentido. Los seres humanos, afirma, gumento de que unir trabajo es (al menos a veces) una forma de incrementar
son activos, criaturas creativas capaces de fijarse objetivos y seguir planes de el valor de los objetos en cuestión. Nozick no se basa en ninguno de estos fac­
acción. Esto es lo que les hace capaces de llevar vidas con sentido y lo que tores -am bos con reminiscencias utilitaristas y teológicas- ni hace explícito
apoya la afirmación de que tienen un derecho a la propiedad de sí mismos y cómo quiere explicar la analogía con la «unión» de Locke de un modo inteli­
de la vida, la libertad y otras posesiones que pueden ser adquiridas a través del gible. Podríamos tener aquí el comienzo de un argumento desde los méritos,
ejercicio de estos derechos, sin violar los mismos derechos de los demás. sobre la base de que quienes trabajan productivamente pueden reclamar con
Este modelo de creatividad significativa es una visión familiar e interesan­ mayor fuerza que otras personas aquello en lo que han trabajado, pero esto
te del significado de la existencia humana, pero no es una visión que sea lo su­ nos llevaría sólo a recompensar a quienes trabajan, por ejemplo en la tierra, en
ficientemente específica para justificar las particulares afirmaciones que hace la medida en que incrementen su valor y tal vez hasta tanto su trabajo benefi­
el autor con respecto al contenido y la naturaleza de los derechos básicos. En cie a otra gente. Esto no tiene, sin embargo, las consecuencias libertarias del
particular, es compatible con derechos básicos que impliquen deberes positi­ derecho de propiedad absoluto que desea Nozick. Si el propósito de tener

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propiedad privada es beneficiar a la humanidad al hacer que la tierra sea pro­ sentido más fuerte del que él permite, es decir, que dichas transferencias se ha­
ductiva, entonces la cuestión de quién posee, y de qué derechos tienen los gan con el adecuado conocimiento sobre la naturaleza de los bienes y las con­
propietarios o propietarias sobre su propiedad, debe estar subordinada a un secuencias que ellas acarrean en una situación en la que existan alternativas
objetivo más general, algo que contradice el análisis de Nozick. genuinas (ver Paul, 1982; y Cohén, 1978). Sin embargo, esto destruiría la pu­
Podría parecer también que Nozick ha colocado un caballo de Troya en su reza y simplicidad de la teoría.
teoría al aceptar asimismo una versión debilitada de la salvedad lockcana (que Finalmente, la justicia de la rectificación implica revertir los errores ocu­
consiste en haber dejado lo «suficiente y tan bueno» para otras personas) ya rridos como resultado de adquisiciones realizadas sin la unión del trabajo o a
que esta salvedad debe justificarse a través de alguna referencia a las conse­ través de transferencias involuntarias. Nuevamente, este es un enfoque que
cuencias globales de permitir una u otra adquisición de propiedad, como no resulta inmediatamente atractivo e intuitivamente convincente y que respon­
dejar que otros mueran de hambre o permitir que tengan vidas valiosas. Esto de a cuestiones importantes que generalmente se entiende que son una parte
introduce un propósito de fondo que consiste en tener un sistema de propie­ esencial de la justicia. Normalmente se piensa que la justicia rectificativa in­
dad que incluya reglas de adquisición, un propósito que luego puede ser usa­ cluye el castigo así como la transferencia de dinero y bienes que han sido in­
do para determinar si la regla de adquisición de Nozick es o no la regla co­ correctamente adquiridos, de ahí la estrecha conexión entre justicia y derecho
rrecta. ¿Por qué no limitar, por ejemplo, la adquisición a aquella cantidad de y la vinculación de la justicia con lo que uno merece. La justicia en la rectifi­
tierra o bienes con los que una persona o una familia sean capaces de trabajar cación que propone Nozick es atractiva en relación con ejemplos simples de
juntos, o que sea suficiente para que tengan ciertas comodidades, y no más? devolución de cosas robadas o restitución de tierras que han sido tomadas
La justicia en la transferencia se refiere a los intercambios voluntarios de por la fuerza o a través del fraude. Podrían presentarse grandes dificultades
bienes justamente adquiridos. La voluntariedad es un ingrediente esencial de para llevar esto a la práctica cuando los bienes han sido destruidos o dañados,
todas las transferencias justas. De hecho, todo aquello que se sigue de una o cuando se ha producido un daño contra la vida humana y la libertad en vez
transferencia consensuada de bienes justamente adquiridos es justo. En un de contra posesiones materiales; sin embargo, se podría sustituir la transfe­
ejemplo ahora famoso, Nozick fundamenta su posición señalando la «justi­ rencia de bienes por el castigo retributivo para llenar este eventual vacío.
cia» implícita en el modo en que la superestrella del deporte, Wilt Chambcr- N o cabe duda de que la cuestión se simplifica dado el limitado número de
lain, se transformó en enormemente rico a través del entusiasmo más que vo­ modos en que la propiedad puede ser injustamente adquirida y transferida,
luntario con el que sus hinchas compraban entradas para verlo jugar. El pero por otro lado existen enormes complejidades que surgen cuando inten­
talento de Chamberlain es suyo, su juego es su proprio trabajo y las transfe­ tamos poner tal enfoque en práctica de manera sistemática. En el mundo real
rencias son consensuadas, de manera que los resultados desiguales son justos raramente puede haber algo que no haya sido adquirido sin algún grado de
ya que «todo aquello que suya de una situación justa a través de acciones jus­ injusticia y parece ridículo, por imposible, retroceder al principio y establecer
tas es en sí mismo justo» (197Í, p. 151). El atractivo intuitivo de esta posición quiénes son los propietarios originales que tienen derechos sobre los bienes
se ve disminuido cuando Nozick reconoce que un acto voluntario incluye y dejar a un lado todas las transferencias involuntarias. Si existe algún criterio
aquellos actos que una persona se ve forzada a realizar por circunstancias de amplio para tener un sistema de propiedad y reglas de adquisición, éste segu­
la naturaleza, más que aqutllos que hace por la coerción injustificada ejercida ramente impediría la inestabilidad y la inseguridad que surgirían de los es­
por otros seres humanos (1974, p. 262). Esto significa que incluye como «vo­ fuerzos por revertir el pasado de un modo tan masivo. Sin embargo, tal vez
luntarias» muchas elecciones que la gente no quiere realizar pero que debe éste sea un problema con el que se encontrará cualquier teoría de la justicia
hacer para sobrevivir. Pero entonces no es el consentimiento libre y volunta­ que introduzca el elemento rectificativo.
rio lo que importa, sino el hecho de que la «coerción» infligida por otras per­ Las consecuencias que tienen los tres aspectos de la justicia de Nozick
sonas este o no justificada y esto depende, según la visión de Nozick, de que para la idea de justicia como un todo son muy importantes. La justicia como
implique o no una amenaza de violar un derecho preexistente. Por lo tanto, la título parece incompatible con la común presunción de que la justicia tiene
voluntariedad juega un papel subordinado a su derecho básico de propiedad que ver con la distribución, no en un sentido histórico relacionado con el
en el sentido de posesión corporal y al derecho implícito a todo aquello en lo modo en que se lleva a cabo una particular distribución de bienes sino res­
que se trabaje con el cuerpo. pecto de qué modelo de distribución es el mejor. ¿Deberían los bienes dis­
Si el principio de voluntariedad liberal ya no es el fundamento esencial de tribuirse literalmente por partes iguales (a cada persona la misma cantidad)?
la filosofía política, entonces parece adecuado que al menos modifiquemos la ¿O deberían distribuirse en proporción al mérito de las personas en cuestión,
postura de Nozick para exigir que las transferencias sean voluntarias en un o a la necesidad, o conforme a alguna otra característica, como sus capacida­

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des o la medida en que otras personas nos admiran o nos quieren? Es un pre­ como el objetivo moral primordial de una sociedad. Hayck, como hemos vis­
supuesto central de la teoría de Nozick que la realización de todos estos mo­ to, argumenta enérgicamente en este sentido (ver p. 29). N o puede decirse, sin
delos implica una violación de derechos ya que inevitablemente implica quitar embargo, que Nozick haya triunfado en demostrar la injusticia de todos los in­
bienes a algunas personas y redistribuirlos entre otras, y esto necesariamente tentos de ir hacia un modelo que, a través de los impuestos progresivos y otros
conlleva injusticias o, lo que es lo mismo, significa quitar aquellas cosas que instrumentos, pueda reflejar una distribución conforme con el mérito o algún
han sido justamente adquiridas. La justicia no tiene que ver con establecer un otro criterio escogido. Como mucho podemos aceptar que establecer modelos
modelo, sino que trata sobre cómo se llega a establecer o no cualquier mode­ no es el único objetivo de la justicia y que cualquier movimiento en esta direc­
lo. El hecho de que Wilt Chamberlain tenga tantos más bienes que otra gente, ción debe ser sopesado con los déficits de libertad que pueden surgir en su im-
tanto más de lo que merece o necesita, es irrelevante para evaluar la justicia de plementación, y con la necesidad de demostrar las razones que permitirían ta­
lo que posee. les déficits. Sin embargo, en un mundo en el que algunas personas tienen
Nozick está describiendo aquí el familiar hecho de que en todas las socie­ cantidades de riqueza que van más allá de lo que pueden usar para mejorar sig­
dades humanas alguna gente, por la fuerza o con trabajo, capacidad, astucia, nificativamente su bienestar y muchos más sufren a causa de estar privadas de
suerte o autocontrol, termina teniendo más que otra, y la extendida creencia los bienes necesarios para la vida, esto no es demasiado difícil de lograr.
de que no hay nada intrínsecamente malo en ello. Más aún, cualquier esfuer­ Además, en las sociedades reales es claro que la capacidad de algunas per­
zo por rectificar tal situación y establecer un modelo equivalente o parecido sonas para generar más tenencias o posesiones que otras depende de manera
a algún acreditado conjunto de criterios, implica una privación de libertad crucial de la sociedad en la que viven, de las actividades de aquellos que les
y es un elemento de coerción que arrastra consigo aquello que la gente ha ad­ han precedido, de la clase social, la familia, el género y la raza en la que han
quirido con su libertad o que ha recibido a través de acciones voluntarias de nacido y de la buena o mala suerte en cuanto a la salud, el lugar y el tiempo.
otras personas. N o sólo parece natural que exista cierta cuota de desigualdad Estos puntos esencialmente comunitarios socavan la fuerza intuitiva de los
sino que el esfuerzo por contrarrestar dicha desigualdad tal como surge natu­ ejemplos de Nozick que deriva de nuestro rechazo a la rcasignación obliga­
ralmente resulta opresivo. De esto se sigue, para Nozick, que rodas las teo­ toria de las partes del cuerpo o al trabajo forzoso de los esclavos. Para apre­
rías “ finalistas”, teorías que buscan alcanzar un resultado distributivo especí­ ciar la respuesta de Nozick a tales objeciones es necesario echar un vistazo al
fico, son violaciones inaceptables de la justicia natural. De un solo golpe papel que tiene la historia conjetural en toda su teoría y a la importancia que
Nozick parece haber socavado algunos de los principios básicos del Estado concede a mostrar qué tipo de Estado surgiría de acuerdo con sus principios
de bienestar, en el que los impuestos progresivos fijados con el fin de reme­ libertarios de la justicia.
diar las grandes desigualdades y proporcionar servicios básicos a quienes los
necesitan se dan por descontados como parte de la justicia social. La fuerza de
su posición proviene de las típicas objeciones que se hacen al modelo del bie­ La historia conjetural y el Estado mínimo
nestar, tales como la injusta penalización de los ahorros y el apoyo estatal a
quienes voluntariamente eligen ser holgazanes. El instrumento por el cual las teorías sociales del siglo XVlll intentaban llenar
Por supuesto, no todoS*los modelos tienen estos defectos. En particular, un los grandes vacíos en su conocimiento del desarrollo de las sociedades huma­
modelo que esté basado en el mérito puede considerar el ahorro como algo me­ nas, a través de la construcción de una historia de lo que podría haber pasado
ritorio y ver la holgazanería voluntaria como una actitud no meritoria. El mé­ o de lo que es probable que haya pasado a la luz de su conocimiento de la na­
rito en general puede considerarse histórico más que finalista dado que depen­ turaleza humana y de los trabajos generales de las sociedades humanas, es lla­
de de las conductas pasadas, a pesar de que usualmente es más amplio en cuanto mado «historia conjetural». Su propósito principal era dar una explicación de
a su alcance de lo que Nozick reconoce. Además, es al menos concebible que las etapas históricas con las que estaban familiarizados. Así, hubo innumera­
los miembros de una sociedad puedan adoptar voluntariamente un sistema por bles intentos de esbozar el modo en que pueden haberse desarrollado los sis­
el cual se realice cierto modelo a través de instrumentos tales como los impues­ temas modernos de propiedad y las formas de gobierno vinculadas a ellos,
tos progresivos. Existen dificultades claramente prácticas en lograr estos dos desde los tiempos en los que los seres humanos vivían de la caza en pequeños
objetivos dados los problemas de valorar los méritos, conseguir el consenso en grupos, pasando por las etapas del pastoreo, la agricultura y las civilizaciones
torno al mejor modelo de distribución y alcanzar sus deseados resultados. Es­ mercantiles urbanas.
tas dificultades pueden ser lo suficientemente importantes para justificar la hos­ Tales relatos con frecuencia tenían un aspecto justificatorio en el sentido de
tilidad de Nozick hacia la justicia finalista, particularmente si es considerada que eran diseñados para mostrar la propiedad conforme a los acuerdos existen­

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tes, como una respuesta razonable tanto a las anteriores condiciones sociales agencia protectora única para un territorio. El autor afirma que tales individuos
como a las aún vigentes. Nozick utiliza la historia conjetural de esta manera bá­ podrían ser forzados con razón a unirse porque, como independientes, esta­
sicamente justificatoria para argumentar que, dados los derechos naturales a la ñan continuamente favoreciendo sus propios intereses cuando éstos entren en
propiedad del cuerpo, la vida y la libertad, sólo un Estado mínimo podría haber conflicto con los intereses de otros. Cuando falta la imparcialidad de los tribu­
surgido sin violar los principios de justicia en la adquisición y transferencia. nales que deciden sobre los casos en los que están implicadas otras partes, los
Comenzando con la noción del estado de naturaleza de la Ilustración, una operadores independientes son sistemáticamente injustos y por lo tanto es una
situación anterior al Estado y tal vez anterior a cualquier relación social es­ cuestión de justicia rectificativa que se les pueda pedir que se sometan al go­
tructurada, Nozick no avanza hacia la tradicional y fantasiosa ¡dea de un con­ bierno de los tribunales surgidos como resultado de un proceso voluntario.
trato social que funda la sociedad y/o el Estado, sino que intenta mostrar cómo Un argumento similar justifica el uso de la fuerza contra aquellas personas
podría surgir un estado mínimo justamente sin ningún acuerdo unánime a gran que se resistan a cumplir las decisiones de los tribunales, y las operaciones de
escala entre todas aquellas personas que sean ciudadanas potenciales. Mien­ las agencias de protección dominantes que trabajen conforme al consenti­
tras que teóricos como Hobbes hicieron más fácil la justificación de un Esta­ miento otorgado por dichos tribunales. Quienes no se adhieran voluntaria­
do fuerte al dibujar un panorama desolador del estado de naturaleza como mente podrían ser vistos como sistemáticamente parciales respecto de sus
peligroso, violento y condenado a condiciones de pobreza, Nozick nos ofre­ propios intereses y por lo tanto inclinados a la injusticia. Así, tenemos una si­
ce una descripción lo suficientemente agradable del estado de naturaleza como tuación en la que hay un Estado, aunque sea un Estado mínimo, constreñido
condición para la paz y la elemental propiedad, sólo porque la gente tiene la a la aplicación de un limitado espectro de derechos naturales. Además, este
ventaja de conocer los derechos naturales que los llevan a respetar la propie­ Estado no es el resultado de un fantasioso contrato social. Tampoco es el re­
dad de las demás personas y a alentar las transferencias voluntarias. sultado de un acto injusto por parte de quienes tienen ahora el derecho de usar
Las dificultades que podrían surgir de la conducta no cooperativa e injus­ la fuerza. Puede conjeturarse que este Estado mínimo, y nada más que éste, es
ta de algunos miembros de la sociedad pueden ser rectificadas por acuerdos el resultado de pasos moralmente permitidos, donde la permisibilidad moral
locales voluntarios entre los individuos y los grupos para proteger sus justa­ está determinada por la teoría de la justicia como título de Nozick.
mente adquiridas propiedades, vida y libertad. Así, podemos entrever agen­ Si esta historia imaginaria puede ser admitida como una posibilidad contra-
cias de protección mutua en las que un número significativo de individuos fáctica, entonces contamos con el apoyo de poderosas razones en contra de los
aúna sus fuerzas para proteger sus derechos naturales. Sería razonable para Estados de bienestar que intentan imponer a los sujetos alguna forma de mo­
tales agencias desarrollar un sistema de división del trabajo y que algunas de delo finalista del Estado. Embarcarse en una redistribución tal sería ejercer un
ellas se prestasen para proporcionar la protección necesaria y los procedi­ poder que no podría haber sido adquirido justamente. Aquellas personas cuya
mientos de rectificación (Nozick, 1974, pp. 11-16). libertad y propiedad se ven afectadas podrían entonces interponer una deman­
Se puede prever, por lo tanlo, que puedan surgir problemas entre agencias da contra el Estado en el plano de la justicia rectificativa. En cuanto Nozick, él
de protección que entren en competencia en áreas geográficamente super­ acepta que el Estado mínimo tiene el deber de proporcionar servicios de pro­
puestas. Algunas agencias prosperarán por ser más exitosas que otras en la ta­ tección a quienes están en su territorio sin importar que puedan o no afrontar
rea de proporcionar buena^protección a menor coste. Nozick acepta que algu­ el pago de estos servicios. Esta política aparentemente redistributiva está justi­
nos de estos conflictos pueden llevar a la lucha contra una posible agencia ficada, sin embargo, por el hecho de que las personas han sido (con razón) obli­
dominante que haya surgido como resultado de un superior uso de la fuerza gadas a unirse al Estado, y así al menos se las puede compensar por no estarles
contra otras agencias protectoras, probablemente exitosas, que compitan por permitido dejar el Estado. Además, Nozick parece aceptar que los mismos ser­
el mismo negocio. Sin embargo, el autor piensa que esto sería visto como an­ vicios de protección serían usados para proteger a cualquier persona con inde­
tieconómico, y probablemente también como injusto, y así tales conflictos se­ pendencia del nivel de contribución que realizase a las arcas de las agencias de
rán dirimidos creando tribunales que decidan sobre las pretensiones en con­ protección, una interesante concesión en la dirección del igualitarismo.
flicto y desarrollen normas que puedan ser aplicadas por ellos, de manera que Todo esto parece un inteligente pero no muy convincente mito que podría
tengamos un cierto número de agencias privadas y un sistema judicial común. tener éxito en proporcionar una justificación del Estado mínimo a través de
En la visión de Nozick, este sistema no es un Estado en sentido estricto ya su método, a pesar de que hay que decir que existen razones más directamen­
que nadie es forzado a unirse a él y cualquiera podría continuar aplicando sus te consecuencialistas para vindicar un sistema de normas obligatorias -y una
propios derechos como un operador independiente. Los Estados surgen sólo agencia de aplicación ligada él- para la protección de los intereses básicos, ra­
cuando a los individuos independientes se les pide que se integren bajo una zones de eficiencia, equidad y flexibilidad, tal como aparecen señaladas en

74 7f
Hart (1961, capítulo 5), que dan cuenta de algunos de los beneficios que sur­ teoría de la adquisición justa, la teoría de Nozick es más una teoría de la li­
gen de los sistemas de derecho que se configuran a medida que las sociedades bertad que de la justicia. Más aún, su visión de la libertad es en sí misma bas­
se transforman en sistemas complejos y cambiantes. tante limitada dado que ignora las consecuencias, incluso para la creatividad
Para Nozick, sin embargo, es su proprio enfoque el que importa porque es más significativa, de las disparidades iniciales de riqueza y talento.
crucial para su siguiente afirmación de que sólo un Estado mínimo puede es­ La teoría de la justicia como título de Nozick demuestra la dificultad de
tar justificado. La eficiencia y la equidad en sí mismas podrían dar lugar a todo encontrar una fundamentación para afirmar, en un sentido fuerte, que existen
tipo de funciones a cargo del Estado, incluido el deber de velar por el bienes­ derechos básicos, una dificultad que, como veremos, se multiplica en la medi­
tar general de los miembros de una sociedad. Nozick bloquea estas posibili­ da en que se suma un espectro más amplio de derechos a aquellos pocos que
dades argumentando que ninguna cantidad de buenas consecuencias puede in­ reconoce Nozick, algo que la mayor parte de quienes adhieren a la tradición
validar el tipo de derechos negativos inviolables que proporcionan el único de los derechos humanos desearía hacer.
fundamento moral para los acuerdos sociales y políticos. Esto preserva la co­
herencia de su teoría, tal vez al precio de sembrar la duda sobre su afirmación
de que no hay otros derechos ni otros valores que deban ser tenidos en cuen­
ta en una teoría idónea de la justicia.

La visión restrictiva de Nozick


Es posible sostener que la importancia de la versión de Nozick sobre la jus­
ticia como título reside en sus conclusiones libertarias antes que en los ar­
gumentos que se exponen para defender esta ideología. Es verdad que se ha
sostenido frecuentemente que sus argumentos son incompletos y poco con­
vincentes. N o obstante, muchos de los puntos que analiza se presentan con
fuerza y requieren una respuesta cuidadosa y unos argumentos bien pensa­
dos. Podría ser perfectamente que alguna versión de la teoría del título, que
hace de los derechos una cuestión central y los define de una manera estricta
y enérgica como algo más qye meras aspiraciones, fuera una parte necesaria
de cualquier teoría viable de lá justicia. Tampoco las amenazas a la libertad
que él y Hayek ven en el Estado redistributivo pueden ser rechazadas sin más.
La teoría de Nozick requiere desde luego de una concepción más amplia
del mérito que tome en cuenta las variaciones en la capacidad para sacar ven­
taja de las oportunidades con vistas a adquirir e intercambiar bienes. Requie­
re también de una base más firme para su selección, bastante arbitraria, de la
autoposesión como elemento omnipresente y exclusivo de la teoría de la jus­
ticia, y debería dar lugar a otras intuiciones morales tales como aquellas sobre
las desigualdades que resultan de su esquema. Cuando estos factores que com­
plican su teoría son tomados en cuenta, resulta que se produce un enfrenta­
miento entre los aspectos relativos al mérito y los relativos a la libertad, am­
bos presentes en la teoría. D e hecho, una ventaja de su enfoque es el modo en
que puede ser usado para iluminar esta divergencia que puede ser conceptua-
lizada como un enfrentamiento dentro de la justicia, o entre justicia y liber­
tad, o entre libertad e igualdad, que necesita ser sistemáticamente reconocida.
Aún así, es difícil no concluir que, a pesar del dejo a mérito que hay en su

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4

La justicia como derechos:


Dworkin y las minorías

La teoría de la justicia como título de Nozick es sólo uno de los muchos in­
tentos recientes por fundamentar la justicia en base a los derechos. John
Rawls y Ronald Dworkin nos proporcionan teorías alternativas y más sólidas
que otorgan un papel central al concepto de derechos dentro de la teoría de la
justicia. Así como el libro de Nozick viene cronológicamente algo después
de! principal trabajo de Rawls, pero es lógicamente anterior en sus menos de­
sarrollados fundamentos filosóficos, de la misma manera tiene sentido tratar
antes la teoría de la justicia de Dworkin, que tiene una orientación más jurí­
dica, y abordar a continuación la más extensa teoría política desarrollada con
tanta sofisticación por Rawls.
La teoría de Dworkin recuerda el compromiso de Nozick con los dere­
chos fundamentales que llega a anular toda otra consideración. Según la fa­
mosa frase de Dworkin, los derechos son triunfos. Allí donde se aplique un
derecho básico nada se puede interponer en su camino. Sin embargo, Dwor­
kin se diferencia de Nozick tanto en su concepción del contenido de los de­
rechos como en la de sus consecuencias. Dworkin pone un énfasis decisivo en
la igualdad antes que en la libertad y su principio moral básico es el de «igual
consideración y respeto». Además, Dworkin ubica la articulación de los de­
rechos más en la historia real que en una hipotética. En particular, la historia
del derecho, al menos en ciertas jurisdicciones, es vista como la manifestación
que da forma concreta a los principios básicos de justicia.
Más aún, Dworkin se propone alabar el reconocimiento institucional de la
idea de derechos fundamentales como derechos anteriores a cualquier otra

79
fuente de gobierno legítimo, a través de la adopción de instrumentos consti­ Dworkin divide las teorías políticas, incluidas las teorías de la justicia, en tres
tucionales tales como las cartas de derechos y el control judicial de constitucio- grupos. El primero está formado por las teorías teleológicas que en última ins­
nalidad, que es un factor tan importante en el sistema político de los Estados tancia están basadas en objetivos (estados de cosas que se podrían alcanzar
Unidos. o preservar a través de actos políticos). El utilitarismo es una de tales teo­
Dworkin puede ser considerado un teórico del derecho más que un teóri­ rías. Las otras dos teorías son deontológicas en el sentido de que descansan en
co político ya que gran parte de su trabajo lo lleva a cabo a través del método convicciones acera de la corrección o incorrección de los actos en sí mismos, in­
propio de la interpretación de textos legales, pero su posición general consis­ dependientemente de sus consecuencias ulteriores. De estas teorías deontoló­
te en una filosofía social y política que en última instancia subordina el dere­ gicas, las primeras están basadas en derechos y las segundas en deberes. En este
cho al escrutinio moral. Aunque según su teoría los tribunales constituciona­ contexto, Dworkin dice que una persona tiene «un derecho a un determinado
les deberían jugar un papel fundamental en el desarrollo de las percepciones acto político, en el marco de una teoría política, si el no facilitar dicho acto, cuan­
morales que llevan a mejorar la interpretación de los derechos fundamentales, do ella lo demanda, no estuviera justificado dentro de esa teoría incluso cuando
Dworkin invita a toda la ciudadanía a que adopte esta forma de razonamien­ los objetivos de la teoría resultasen, en su conjunto, perjudicados por el acto»
to como un método que puede en principio ser separado del específico siste­ (1978, p. 169), mientras que una persona tiene «un deber de actuar de un modo
ma constitucional que él recomienda determinado, en el marco de una teoría política, si dentro de esa teoría está jus­
tificada una decisión política que obligue a realizar tal acto sin importar que con
esa decisión no se satisfaga ningún objetivo del sistema» (1978, p. 170).
Los derechos de Dworkin Aunque Dworkin sostiene que todas las teorías encierran objetivos, dere­
chos y deberes, sostiene que se diferencian en cuanto a qué tipo de normas con­
El hecho de que por lo general Dworkin no haya sido visto principalmente sideran fundamentales desde el punto de vista de la justificación última. Así,
como un teórico de la justicia es un indicador de la medida en que las con­ los objetivos pueden estar justificados porque promueven derechos y deberes,
sideraciones de la así llamada justicia social han llegado a separarse de los mientras que los derechos o deberes pueden estar justificados, a la manera del
contextos legales aunque, como dejan claro sus escritos recientes, él está tan utilitarismo de reglas, sobre la base de que, a largo plazo, promueven ciertos
interesado por cuestiones de justicia social en sentido amplio como por la na­ objetivos. De manera similar, los derechos pueden estar justificados sobre la
turaleza específica de la justicia legal. Aunque Dworkin escribe principalmen­ base de sus deberes correlativos, o los deberes pueden estar justificados en tér­
te sobre derechos, su análisis de los derechos lo lleva a cabo decididamente minos de sus derechos correlativos. De modo alternativo, objetivos, derechos
partiendo del presupuesto de que la justicia consiste en determinar qué de­ o deberes pueden estar justificados con referencia a otros objetivos, dere­
rechos tienen las personas y garantizar que sean tratadas de acuerdo con estos chos o deberes más básicos o, por otro lado, pueden sostenerse por sí mismos
derechos. N o sólo sostiene qtíé «se comete una injusticia cuando los jueces sin necesitar de una justificación ulterior.
incurren en errores sobre los derechos legales» (Dworkin, 1978, p. 130), sino Al final, sin embargo, las justificaciones deben basarse en uno u otro tipo
que insiste también en que «la institución de los derechos descansa sobre la con­ de consideraciones. Cada teoría política no sólo tendrá su conjunto específi­
vicción de que la violacióitde un derecho relativamente importante... es una co de objetivos, derechos y deberes sino que «dará un primer puesto a sólo
injusticia grave» (1978, p. 199). Esto es así porque, en su visión, los derechos uno de estos conceptos; tomará algún objetivo predominante, o algún con­
tienen que ver con la dignidad y la igualdad de las personas, factores que con­ junto de derechos fundamentales, o algún conjunto de deberes trascen­
forman, para Dworkin, la fundamentación misma de la justicia. Así, en el es­ dentes, en tanto fundamentales, y mostrará que otros objetivos, derechos
quema dworkiniano, la justicia y los derechos van juntos de manera que, por y deberes ocupan un lugar subordinado y derivado» (1978, p. 171). De este
ejemplo, la cuestión relativa a si una práctica como la discriminación positiva modo, todas las teorías, excepto las teorías «intuicionistas», que presentan
es o no injusta es analizada como una cuestión acerca de si la práctica viola o una pluralidad de razones últimas, están o basadas en objetivos (como el uti­
no los derechos de aquellas personas afectadas por ella (ver 1978, pp. 22, 198 litarismo), o basadas en deberes (como la teoría del imperativo categórico de
y 231). Por lo tanto Dworkin está fuertemente comprometido con una teoría Kant) o basadas en derechos (como la teoría de la revolución de Tom Paine).
de la justicia como derechos, aunque podría aceptar que ésta es simplemente Dworkin admite que los tres tipos de teorías pueden tener un concepto de
una de las interpretaciones posibles de un concepto con una historia larga y justicia en la medida en que los tres enfoques generan derechos positivos,
variada (ver Dworkin, 1986, pp. 73-6), a pesar de que se trata de un concepto pero ve las teorías basadas en derechos como las más aptas para la formula­
que se ajusta a los más importantes paradigmas de nuestro tiempo. ción de una concepción de la justicia.

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El objetivo de la teoría de los derechos de Dworkin no apunta a los dere­ dónales concretos son normalmente formulados en reglas lo que, para Dwor­
chos positivos corrientes. El autor interpreta estos derechos positivos según kin, significa que pueden ser aplicados de una manera que responde a la fór­
los lincamientos de la teoría de la voluntad, en relación con acciones a las que mula «todo o nada». Estas reglas constituyen los derechos jurídicos paradig­
el o la titular podrían o no «recurrir» según quisieran, y presupone que en cir­ máticos o derechos positivos que forman el núcleo de la normal aplicación de
cunstancias normales la justicia requiere la aplicación de estos derechos. Sin las normas jurídicas y que, de acuerdo con el Estado de derecho, los jueces de­
embargo, su interés está sobre todo en los derechos «básicos» que funcionan berían aplicar en los fallos judiciales ordinarios. Sin embargo, Dworkin no si­
como la justificación última de los derechos positivos corrientes y establecen gue el camino más frecuente que consiste en contrastar tales derechos positivos
también límites estrictos sobre la plausibilidad de cualquier objetivo que pu­ con los derechos morales y luego limitar la actuación de los jueces a la aplica­
diera plantearse. Dworkin reconoce que no todos los objetivos están justifica­ ción de los derechos positivos, dejando que el poder legislativo se empape de
dos en términos de derechos, pero insiste en que no debe perseguirse ningún los derechos morales para la formulación de las normas jurídicas. Sostiene, en
objetivo que viole un derecho básico. Los derechos básicos son aquellos de­ cambio, que el derecho en sí contiene «principios» además de reglas. Estos prin­
rechos morales y políticos que generan títulos: «si alguien tiene un derecho a cipios se distinguen no por su mayor generalidad o vaguedad, sino por el he­
algo, entonces está mal que el Estado se lo niegue a pesar de que hacerlo po­ cho de que, en el razonamiento jurídico, tienen un cierto «peso» más que un
dría contribuir al interés general» (1978, p. 269). efecto «todo o nada», es decir, proporcionan razones para una decisión parti­
Como sucede con todos los derechos, los derechos básicos actúan como lími­ cular de distinta fuerza, pero no determinan de manera definitiva el caso en cues­
tes a la conducta, incluida la conducta que persigue un objetivo. Ésta es la razón tión. El papel de los principios en el razonamiento jurídico es principalmente
por la que son considerados como «triunfos», porque tienen una preferencia au­ el de decidir los casos «difíciles» -es decir, poco claros- en los que no hay re­
tomática sobre otras consideraciones o las excluyen. Este poder de veto es, sin glas relevantes que no sean ambiguas, o en los que las reglas producen resulta­
embargo, una cuestión de grado en el sentido de que, aunque todos los derechos dos que son inaceptables en términos de ciertos principios jurídicos básicos ta­
deben tener alguna fuerza «excluyente», dado que no pueden dejarse de lado por les como el principio de que «ningún hombre debería sacar provecho de sus
cada una de las consideraciones moralmente relevantes (ver Raz, 1975, pp. 35-48), propias acciones incorrectas» (1978, p. 24). Estos principios encierran o con­
algunos derechos tienen una fuerza excluyente o un poder para triunfar mayor llevan derechos que en la jerarquía de normas jurídicas que fija Dworkin tie­
que otros. En un extremo de la escala de importancia están los «derechos absolu­ nen un rango más importante que los derechos positivos comunes.
tos», que nunca ceden ante otros derechos u objetivos esenciales, mientras que en El trabajo más influyente y controvertido de Dworkin es su intento de de­
el otro extremo están los derechos con tan poco «peso» que rara vez se imponen mostrar que la existencia de principios dentro del derecho socava la visión del
ante otro derecho u objetivo. N o obstante, los derechos deben tener alguna fuer­ positivismo jurídico, como la de Hart (1961), de que el derecho es un sistema
za que funcione como «umbral» y que les posibilite tener mayor peso que otras de normas que se complementa con la discreción judicial y que esto es necesa­
consideraciones, de otra mañera no podrían funcionar como derechos. rio para interpretar las ambigüedades de las normas o para llenar los vacíos allí
Con este esquema Dworkin puede distinguir entre «derechos básicos, que donde no existe una norma relevante no controvertida conforme a la cual de­
son derechos que proporcionan una justificación para las decisiones políticas cidir el caso particular. Su tesis es que si aceptamos los principios legales
tomadas por las sociedades en abstracto», y lo que llama «derechos institu­ entonces los jueces tienen un fundamento suficiente para llegar a decisiones
cionales, que proporcionan una justificación para una decisión tomada por jurídicas correctas en cada caso, no importa cuan «difíciles» puedan ser. Ade­
alguna institución política particular y específica». Los derechos básicos son más, dado que estos principios se identifican con los principios morales bási­
derechos abstractos que constituyen «los grandes derechos de la retórica po­ cos utilizados para justificar derechos concretos, de esto se sigue que la validez
lítica», mientras que los derechos institucionales son «concretos» en el senti­ jurídica no es sólo una cuestión de promulgación positiva sino que conlleva
do de que «están definidos con mayor precisión de manera que expresen más una dimensión moral. Esta dimensión moral, que representa los requisitos bá­
claramente qué peso tienen frente a otros fines políticos en ocasiones particu­ sicos de la justicia, está expresada en los principios jurídicos que permiten a los
lares» (1978, p. 93). Los derechos abstractos proporcionan justificaciones para jueces decidir sobre los casos difíciles sin recurrir al poder discrecional.
derechos concretos pero no ofrecen soluciones inmediatas, mientras que los de­ Dworkin mantiene la idea de que los jueces determinan qué es el derecho,
rechos concretos son claros respecto de qué es lo institucionalmente exigible y no sólo lo complementan con sus propios juicios personales. Al determinar
a una persona en circunstancias particulares. qué principios hay en el derecho y qué peso hay que otorgarles en casos par­
Constituye una característica distintiva del análisis de los derechos de Dwor­ ticulares, los jueces se acercan o se deberían acercar a la moral de su sociedad.
kin que éstos no siempre aparecen expresados en reglas. Los derechos institu- Sin embargo, esta moral social no equivale a la moda moral del momento, tal

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como se podría expresar en una encuesta de opinión, sino que se debe buscar que algunos de estos derechos habrán sido promulgados por los parlamentos
en los derechos abstractos impregnados o presupuestos en la legislación y en con la intención de implementar ciertas directrices políticas,* los jueces no ra­
la cultura política de esa sociedad a lo largo de su desarrollo histórico. El juez zonarían a la luz de los objetivos de estas directrices sino que deberían res­
o la juez está capacitada para determinar cuáles son estos principios porque tringir su atención a los derechos concretos, y si es necesario, a los derechos
ellos se descubren mediante la construcción de «un esquema de principios políticos o morales básicos que tengan peso en esa esfera particular.
abstractos y concretos que proporcionan una justificación coherente de to­ Así, los criterios de justicia existen tanto en la aplicación de las normas
dos los precedentes del derecho común y, en la medida en que deben ser jus­ a>mo en la legislación, pero en el ámbito de la aplicación de las leyes la justicia
tificados por principios, también de los preceptos constitucionales y estatuta­ es la única consideración, la decisión justa es la que da efecto a los derechos de
rios» (1978, pp. 116 y ss.). Éste es un estilo de razonamiento familiar para los la persona acusada o de la demandante. En la legislación, por otra parte, las
abogados y abogadas que buscan determinar el derecho teniendo en cuenta decisiones son tomadas de acuerdo con una combinación de fines y derechos
decisiones jurídicas previas a la luz de leyes positivas relevantes que procuran básicos abstractos. Sólo allí donde están en juego estos últimos aparece la jus­
interpretar como un todo coherente. De acuerdo con Dworkin, tal método ticia. Así, la justicia puede proporcionar un veto a la legislación basada en fi­
jurídico se amplía, allí donde es necesario, al recurrir frecuentemente a la teo­ nes que infrinja derechos básicos. Además, la justicia es el único fundamento
ría política existente que puede proporcionar una justificación más coherente para la legislación diseñada para proteger o conseguir derechos abstractos. En
del derecho vigente. De este modo, los jueces pueden reconocer el papel ge­ estos últimos casos, sostiene Dworkin, los derechos deben distribuirse por
neral del derecho en esa sociedad y los criterios corrientes de la moral comu­ igual, un requisito que no se aplica si la legislación es una cuestión política, en
nitaria, así como todo lo concerniente a las decisiones políticas y jurídicas pa­ cuyo caso los parlamentos podrían distribuir cargas y beneficios desigual­
sadas, ya que «los derechos políticos son criaturas tanto de la historia como mente si así lo decidiesen, siempre que los derechos básicos no sean afectados.
de la moral: lo que un individuo tiene derecho a tener, en la sociedad civil, de­ Es esta conexión entre derechos e igualdad la que proporciona a Dworkin
pende tanto de la práctica corno de la justicia de sus instituciones políticas» los fundamentos morales subyacentes para su teoría de los derechos y, así,
(1978, p. 87). para su análisis de la justicia. En efecto, su derecho básico último es el dere­
N o puede decirse que la estrategia de Dworkin para acercar la distancia cho de «igual consideración y respeto» al que distingue de la «igualdad de tra­
entre el derecho y la moral, en la que insiste el positivismo jurídico, sea ente­ tamiento» real, término que usa para referirse a aquellas situaciones en las que
ramente clara. Su objetivo es proporcionar una delimitación satisfactoria de cada persona recibe o termina teniendo la misma cantidad del bien valioso
las fronteras entre la toma de decisiones legislativas y la aplicación de las nor­ que se está distribuyendo. La justicia implica el derecho a ser tratado como
mas y preservar así la doctrina clásica de la separación de poderes. El autor un igual, no el derecho a un tratamiento igual.
hace esto intentando demostrar que hay un modo autónomo de toma de de­ En un nivel de análisis parece que el principio de ser tratado como un igual
cisiones judiciales que es compatible con el rango no electivo de la judicatu­ forma parte del concepto mismo de justicia, ya que es presentado como un de­
ra. Esta tesis descansa sobre el presupuesto de que los jueces están obligados recho abstracto que se puede satisfacer a través de muchos ideales políticos con­
por el derecho y son capaces de seguirlo —antes que de crearlo- en cada uno cretos y diferentes, incluido el igualitarismo, la meritocracia y la utilidad general
de los casos que llegan a sbs manos. o la equidad rawlsiana. Ser tratado como un igual requiere sólo que, cuales­
Para mantener la distinción entre legislación y aplicación de las normas quiera sean los detalles del sistema de distribución, el Estado trate a la gente con
Dworkin insiste en un fuerte contraste entre las decisiones basadas en reglas igual consideración y respeto. En particular, el Estado «no debe distribuir bie­
y principios, por un lado, y las decisiones que implican alguna referencia a nes u oportunidades de manera desigual sobre la base de que algunos ciudada­
objetivos o fines, por el otro. Los parlamentos bien pueden hacer leyes con el nos tienen derecho a más porque merecen mayor consideración. El Estado no
propósito de alcanzar ciertos fines colectivos, tales como la prosperidad eco­ debe restringir la libertad sobre la base de que la concepción de la vida buena de
nómica, así como para dar forma a derechos y deberes antecedentes, siempre un ciudadano es más noble o superior que la de otros» (1978, p. 273).
que en la consecución de tales fines no infrinjan derechos. Los jueces, sin em­ Esta versión del principio de igual valor no implica que los intereses de al­
bargo, podrían decidir los casos por referencia sólo a reglas y principios. En gunos ciudadanos o ciudadanas no tengan que ceder el paso a los intereses de
efecto esto significa que deben tomar sus decisiones por referencia a derechos
(ya que los principios, como las reglas, expresan derechos), no fines. La res­ * Al utilizar las expresiones «directriz» o «directrices políticas» se sigue aquí la termino­
puesta correcta a un caso jurídico consiste, por lo tanto, en aquella decisión logía que ha sido utilizada en castellano para hacer referencia a lo que Dworkin llama policies.
que trate a las personas de acuerdo con sus derechos preexistentes. Mientras (N. de la T.)

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otras personas, pero significa que los intereses de cada ciudadano recibirán la portancia moral de la responsabilidad individual, el ejercicio de la capacidad
misma benévola consideración cuando, por ejemplo, la libertad sea restringi­ de elección personal y la realización de la autodeterminación, todo lo cual con-
da en interés de algún fin colectivo. Significa también que los ideales de una liere contenido a la idea de justicia como ideal moral distintivo y prioritario.
persona o de un grupo no deberían ser impuestos a quienes no los comparten. El punto más débil de la teoría de Dworkin es su incapacidad para dar una
Para dar contenido a este derecho «altamente abstracto» Dworkin sostie­ explicación convincente de la relación entre derechos concretos y derechos
ne que las preferencias de la mayoría deberían contar en la determinación de básicos. Esta cuestión está ligada en parte a la dificultad que tiene para ofre­
los fines colectivos, pero sólo cuando estas preferencias estén basadas en as­ cer razones que fundamenten su tesis de que hay una respuesta correcta a los
piraciones que los individuos tengan para sí mismos (sus preferencias «perso­ casos difíciles que se presentan en el derecho, y que esta respuesta puede ser
nales») por contraposición con sus deseos respecto de lo que debería suce- adecuadamente descrita como el proceso por el cual se descubren y se aplican
derles a otras personas (sus preferencias «externas»): los derechos de las partes implicadas. Incluso si se concede que existe una res­
puesta correcta a cada disputa jurídica, la elaborada forma de razonamiento
un argumento utilitarista que confiera peso crítico a las preferencias externas de que se requiere para llegar a esta respuesta hace difícil creer que las decisiones
los miembros de la comunidad no será igualitarista en el sentido que estamos con­ jurídicas estén compuestas sólo de algo que podemos reconocer como «dere­
siderando. Un argumento tal no respeta el derecho de cada persona a ser tratada chos» preexistentes.
con igual consideración y respeto (1978, p. 275). En primer lugar, esta afirmación ignora el papel central que juega la invo­
cación de directrices públicas —invocaciones tales como las referidas a las con­
Debido a que el procedimiento democrático común en la práctica no puede secuencias que se pueden seguir para los objetivos gubernamentales, por ejem­
separar las preferencias personales de las preferencias externas, la idea de los plo en relación con la eficiencia económica-, como fundamento para las
derechos políticos individuales es muy importante, ya que tales derechos pro­ decisiones tomadas por los tribunales de apelación. Dworkin ha superado esta
porcionan un modo de proteger a los individuos de las preferencias externas dificultad diciendo que la aparente invocación de directrices gubernamentales
de otros, y esto puede siempre ser «sustituida» por argumentos de principios. Los argumen­
tos referidos a directrices públicas pueden ser inmediatamente reformulados
nos permite disfrutar de las instituciones de la democracia política que hacen va­
de modo de plantearlos en términos de protección o realización de los dere­
ler un utilitarismo general o no refinado y, sin embargo, protegen el derecho fun­
chos de aquellas personas afectadas por la directriz en cuestión. Esta maniobra
damental de los ciudadanos a gozar de igual consideración y respeto prohibiendo
las decisiones que, en principio, parezcan susceptibles de haber sido tomadas en difícilmente puede encajar con su afirmación de que los objetivos y por lo tan­
virtud de los componentes externos de las preferencias que la democracia revela to las directrices son fines políticos no individualizables y en este sentido es de
(1978, p. 277). esperar que se aparten mucho de la idea de derechos individuales. En efecto,
lomada literalmente, esta concesión respecto del intercambio de directrices
Por lo tanto, el compromiso liberal con la igualdad es el fundamento para la y principios socava aquello que el autor ha intentado establecer sobre la im­
protección de las libertades individuales. portancia de los derechos en la toma de decisiones jurídicas. Todo lo que que­
El poderoso atractivoxlel enfoque de los derechos de Dworkin como fun­ da de su tesis es que las directrices que se relacionan con los intereses de las ma­
damento para una justificación de la justicia, reside en el modo en que relacio­ yorías son directrices dworkinianas mientras que aquello que se relaciona con
na el formalismo de tratar a las personas de acuerdo con sus derechos jurídi­ intereses de las minorías son derechos dworkinianos, lo cual parece hacer que
cos positivos con los derechos morales básicos que pueden proporcionar los derechos de las minorías triunfen frente a los derechos de las mayorías.
razones por las que resulta deseable el escrupuloso cumplimiento de los dere­ En segundo lugar, para Dworkin parece ser una cuestión de fe el afirmar
chos concretos, salvando así la distancia entre la justicia formal y la justicia ma­ que hay un modo objetivo de decidir en los casos difíciles qué decisión se
terial. El autor busca trascender lo que llama una concepción del imperio de la adecúa mejor a los precedentes, las reglas, los principios y la filosofía política
ley como «libro de reglas» que comprende sólo la idea de estricta adherencia a existente en un determinado ámbito jurídico. Si la noción de respuesta co­
las normas jurídicas, y sostiene una concepción del imperio de la ley como «de­ rrecta es meramente regulativa, en el sentido de que no hace más que propor­
rechos* que requieren que quienes apliquen las normas confieran el debi­ cionar un objetivo abstracto pero inalcanzable al cual es nuestro deber jurí­
do peso a los principios que justificarían la legislación existente. Además, el dico intentar acercarnos, entonces invocar los derechos no puede satisfacer
modo en que Dworkin conecta los derechos con un concepto de individuo de­ la que es su función normal, es decir, proporcionar un modo de solucionar los
finido como aquél que merece igual respeto, está ligado con la idea de la im­ conflictos por remisión a las reglas o principios institucionales, porque, en úl­

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tima instancia, dicha noción implica simplemente aceptar las resoluciones de te a la novela en cadena intenta escribir un «buen» capítulo y no simplemente
las personas nombradas para tomar tales decisiones. Es verdad que se pue­ un capítulo que tenga sentido en términos de lo que ha sucedido antes. En su
de sostener que el propósito que está en la base de la formulación de algunas versión fuerte, el enfoque de la novela en cadena de Dworkin permite la ape­
reglas (particularmente aquellas que contienen referencias a criterios como el lación directa a los principios de justicia, separando así el desarrollo del dere­
de «razonabiiidad») y de muchos principios es permitir que los jueces apliquen cho de los límites del precedente y concediendo efecto jurídico a los juicios
ideas generales de equidad o mérito de manera que la justicia pueda realizar­ morales que hacen los jueces (ver Dworkin, 1996).
se en los casos particulares. Se sigue de estas críticas que los juicios «morales» implicados en la deter­
Estas dificultades no son superadas por las ideas que Dworkin ha desa­ minación de los derechos por referencia a principios, en la práctica no pueden
rrollado más recientemente respecto de la «integridad» como objetivo del subsumirse bajo los métodos del razonamiento jurídico formal, de manera
razonamiento jurídico o su analogía entre interpretación literaria de un texto que la distancia entre la justicia formal y la material, que Dworkin intenta sal­
e interpretación jurídica (ver Dworkin, 1986). En Law ’s Empire (1986) (ver var, resurge inevitablemente. Para decirlo de otro modo, según el enfoque de
también Dworkin, 1996), el autor desarrolla un concepto bastante impreciso I )workin los razonamientos jurídico y político ya no se pueden distinguir, al
de «integridad» como un ingrediente importante del razonamiento jurídico menos en los tribunales superiores, socavando así la tesis de que los tribuna­
que apunta a la fundamentación de los principios desde la perspectiva de los les tienen la última palabra en materia de derechos y los parlamentos la últi­
materiales jurídicos existentes, tales como los casos judiciales y la legislación, ma palabra en cuestiones políticas. Los «derechos» básicos abstractos se fun­
que es holista pero está en desarrollo, de modo análogo al proceso de escritu­ den en los valores morales generales que no pueden funcionar como derechos
ra de una novela en cadena, en la que un autor o autora, o un grupo de ellos, dworkinianos, los que nos proporcionrían un modo relativamente objetivo y
tiene en cuenta el trabajo de quienes escribieron antes y lo desarrolla de un políticamente no controvertido de determinar la titularidad de derechos por
modo coherente con la historia tal como se ha desencadenado, y luego se la referencia a un sistema autoritativo de normas que pueda triunfar frente a
pasa a los siguientes autores que están igualmente limitados pero que al mis­ otras consideraciones.
mo tiempo tienen la libertad creativa suficiente para seguir la novela hasta el Además, Dworkin no nos da ninguna razón para aceptar que el derecho
capítulo siguiente. Con el argumento de que el derecho es un ejercicio esen­ como tal contenga derechos del tipo que él aprueba. Puesto que escribe den­
cialmente interpretativo de este tipo, en el que nada está determinado sólo tro de la tradición jurídica norteamericana, y dando por supuesto que la cul­
por el texto, Dworkin sostiene que los tribunales deben esforzarse por cons­ tura política y jurídica de esa tradición se basa en criterios democráticos y li­
truir un cuerpo coherente de textos legales. Esto no se puede hacer sin ver el berales aceptables, Dworkin está dispuesto a equiparar sus «derechos» básicos
derecho en términos de la justificación de principios que guían el proceso de con principios morales de contenido específico. Es relativamente fácil que
interpretación. Se sigue de esto que la empresa jurídica es de tal naturaleza aceptemos la importancia de la justicia formal, o el Estado de derecho, en un
que alienta el principio fundamental de justicia según el cual cada litigante tie­ sistema que busca la coherencia entre creencias tan evidentemente aceptables
ne que ser tratada o tratado con igual consideración y respeto. La interpreta­ y meritorias como el principio de que ninguna persona puede sacar provecho
ción jurídica quiere expresar una concepción coherente de la justicia y la de sus propias acciones reprobables. Pero esto no hace más aceptable la cohe­
equidad (1986, p. 225). Esto, por supuesto, abre el proceso a resultados ines­ rencia entre normas y principios que encierren tradiciones de culturas políticas
perados en los que los modelos establecidos pueden resultar anulados para ofensivas. En este punto hay una ambivalencia fundamental en la concepción
que se haga justicia a los individuos involucrados. Queda, por tanto, una ten­ de los derechos morales de Dworkin que están «allí» en el derecho. A veces sos­
sión no resuelta entre el aspecto de la justicia formal que requiere que una de­ tiene que estos derechos son los principios que ofrecerían una justificación co­
cisión «se adecúe» a la historia de las decisiones anteriores y los otros ingre­ herente y consistente de los precedentes legales y de las disposiciones legisla­
dientes de la integridad, tales como la importancia de alcanzar decisiones a tivas ya existentes. Otras veces permite ir más allá de los derechos positivos y
través de procesos debidamente realizados y la necesidad de interpretar el de­ su evaluación para apelar a los principios básicos que están detrás de todos
recho de un modo que confiere al parecer una importancia suprema a los los derechos, es decir, a alguna explicación de la idea de que debemos tratar a
principios de los que los tribunales creen que encierran igual consideración y las personas con igual consideración y respeto.
respeto. En su versión más débil, esto significa que los jueces apelan directa­ Para responder a estas críticas Dworkin tendría que sostener que la idea
mente a principios de justicia para escoger entre decisiones alternativas de los misma de derechos limita el contenido de los principios. En efecto, el autor no
que se puede pensar que se «adecúan» al derecho existente, tomando «la me­ intenta mucho más que la articulación de la idea de derechos como parte de una
jor decisión posible», más o menos del mismo modo en que un contribuyen­ tradición liberal del derecho y la política. Esto quiere decir que de acuerdo con

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una posible interpretación, el desarrollo de la teoría de Dworkin requiere la ta­ en la consecución de los objetivos preferidos es relativa a factores subjetivos,
rca hercúlea de buscar el establecimiento explícito de los derechos inherentes a tales como las preferencias y ambiciones individuales. En otras palabras, hay
la tradición norteamericana o a alguna otra tradición democrática liberal. Esto inadmisibles problemas de fondo en la tarea de medir y comparar el bienes­
significa que el método para descubrir qué derechos tienen las personas pasa a tar, tanto si se lo interpreta como disfrute, preferencia o satisfacción, particu­
ser una tarea de razonamiento jurídico de alto nivel del tipo que Dworkin re­ larmente teniendo en cuenta que no resulta equitativo tomar en cuenta los
comienda. gustos caros y las ambiciones inusuales.
Sin embargo, de acuerdo con otra interpretación de la empresa dworki- Una aproximación a la «igualdad de recursos», por otro lado, en la que las
niana debemos usar el derecho básico de la igual consideración y respeto para cuotas individuales de recursos disponibles para la tenencia privada sean dis­
alcanzar las bases que nos permitan decidir qué derechos positivos deben te­ tribuidos igualitariamente, se puede medir y controlar a través de la utiliza­
ner las personas (y así, en la terminología del derecho natural de Dworkin, qué ción de los mecanismos del mercado, y así soslayar los problemas de los dis­
derechos tienen de hecho las personas). Esto equivale a situar la fuerza cen­ tintos gustos y ambiciones. En la segunda parte del artículo, su tesis básica es
tral de la teoría de Dworkin en permitir a los tribunales de apelación que de­ que una distribución equitativa, basada en la igual consideración y respeto, no
cidan los casos difíciles a través del razonamiento que va de los principios fun­ tomará en cuenta la mera suerte, incluida la distribución de las dotes natura­
damentales a los derechos concretos, que es precisamente lo que suscribe en les, sino que tomará en consideración los efectos de los usos que los individuos
su trabajo más reciente (Dworkin, 1996). Esto implica resolver cuál es el sig­ hagan de sus talentos y las elecciones que realicen en busca de los intereses que
nificado y aplicación de estos principios antes que intentar demostrar o descu­ hayan escogido en una economía liberal. En la terminología de Dworkin, un
brir la coherencia oculta detrás del revoltijo de disposiciones estatutarias, casos esquema distributivo equitativo es «insensible a las dotes» pero no por ello
ya decididos y visiones políticas históricamente santificadas. Al mismo tiem­ «sensible a las ambiciones». Esta situación se alcanza a través de la combina­
po, el enfoque de Dworkin pasaría de ser una filosofía principalmente jurídi­ ción de una imaginaria y original subasta en la que todos los individuos reci­
ca a ser una filosofía principalmente política, de relevancia directa para defi­ ben una cantidad igual de dinero y pueden pujar por cualquier tipo de recurso
nir el contenido de los derechos independientemente de la legislación y las escaso que deseen en la medida en que tengan con qué pagarlo, y un sistema
decisiones jurídicas pasadas. impositivo progresivo que proporciona compensaciones y garantías hasta el
punto de que todo individuo medianamente informado se habría asegurado
de haber tenido la oportunidad de hacerlo en el momento de su entrada en la
La política de Dworkin sociedad. Esta protección del seguro se contrata en una situación hipotética
en la que existe un igual riesgo de desastres tales como haber nacido discapa­
La dimensión política de la^empresa de Dworkin no puede llevarse a cabo si citado o sufrir ulteriores desgracias.
nos quedamos en el nivel de análisis de la «igual consideración y respeto», Un sistema tal de aseguración no genera una igualdad literal de recursos,
que es compatible con una gama amplia de perspectivas respecto de la justicia ya que aquellas personas que posean capacidades escasas de gran demanda en
material, ya que tenemos que confiar en que el principio pueda actuar como el mercado y que decidan trabajar, tendrán recompensas que irán más allá de
un modo de justificar decisiones específicas allí donde tienen que tomarse di­ lo que puede garantizar cualquier sistema racional de seguros, pero reflejará
fíciles decisiones morales. Dworkin emprende la ardua tarea de llenar de con­ un equilibrio aceptable que conlleva el hecho de que el objetivo de cada indi­
tenido su principio fundamental de justicia de manera que pueda cumplir este viduo sea tratado con la misma consideración y respeto. N o seremos com­
problemático papel. En un largo y complejo artículo con dos partes (Dworkin, pensados por nuestros gustos caros o por aquellas capacidades que estén por
1981), el autor desarrolla estas ideas en relación con lo que él llama igualdad debajo de la media, pero estaremos protegidos contra las circunstancias que
distributiva entendida como algo distinto de la igualdad política. La igual­ puedan perjudicarnos seriamente y contra una incapacidad grande. Todo esto
dad distributiva se relaciona con otros recursos que no son los del poder po­ tiene lugar en términos de lo que se considera un acuerdo equitativo entre un
lítico. La igualdad política concierne la distribución de poder político. En la «cierto número de sobrevivientes del naufragio... arrojados a una isla desier­
primera parte Dorkin descarta varios tipos de «igualdad del bienestar» sobre ta que tiene abundantes recursos y en la que no hay población nativa» (1981,
la base general de que no hay ninguna manera de medir el bienestar que sea al p. 285). Se presupone que en estas circunstancias «ninguna división de recur­
mismo tiempo practicable y aceptable. La «igualdad de satisfacción», por ejem­ sos es una división igualitaria si, una vez realizada, alguno de los inmigrantes
plo, es intrínsecamente relativa a los gustos y objetivos individuales que son pudiera preferir el conjunto de recursos de otra persona antes que el suyo» (el
moralmentc arbitrarios o controvertidos, mientras que la «igualdad de logros» «test de la envidia»). Este procedimiento se considera un modo de llegar a un

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resultado equitativo, dado que cada inmigrante puede alegar que «nadie tiene pueden quitar a las minorías tales derechos políticos sin dejar de ser mayorías
un derecho precedente a ninguno de los recursos, sino que éstos serán repar­ democráticas. Si engrosamos la idea de democracia incluyendo el papel de la
tidos igualitariamente entre todos» (ibid.). información y la comunicación para hacer que los procedimientos electorales
Algunas de las complejidades de este imaginativo y enrevesado esquema sean «reales», las minorías pueden tener garantizada la libertad de expresión,
se analizarán en el siguiente apartado, pero el punto importante a resaltar aquí la libertad de comunicación en general (y por tanto la libertad de prensa) y tal
es la distancia que hemos recorrido desde el punto de partida de la tesis de la vez la libertad de manifestarse y protestar con el objetivo de llamar la atención
justicia como derechos, en el que parecía prometérsenos un modo de deter­ de las demás personas respecto de la postura que defienden. Todo esto puede
minar qué es justo y que tiene alguna similitud estructural con el modo en entenderse como presupuesto por el principio de la mayoría. Por extensión,
que se determinan nuestros derechos positivos reales en un tribunal de justi­ y siguiendo este mismo modo de argumentación, la promoción de las cuali­
cia. En cambio, nos hemos visto envueltos en una controvertida indagación dades que se requieren para realizar elecciones racionales en una democracia
sobre cómo determinamos los principios básicos de justicia y sus implicacio­ podría incluirse en el ideal de democracia, de manera que fuera posible soste­
nes prácticas. En otras palabras, estamos de vuelta en la esfera de los argu­ ner que de alguna forma cierta educación es un derecho democrático que no
mentos morales y políticos corrientes en los que apelar a los derechos de los puede ser arrebatado por mandato de la mayoría.
individuos no establece nada que sea algo más específico que, tal vez, una Estas restricciones democráticas a los derechos de las mayorías pueden
aproximación estratégica general a los temas en cuestión. Tales «derechos» se verse como una cuestión de justicia si la democracia en sí misma está justifi­
alejan tanto de los derechos positivos que se encargan de determinar nuestros cada sobre estas bases. Esto podría operar en dos niveles: o bien el sistema de­
títulos en el día a día, que no tienen un papel distintivo en la argumentación mocrático está basado en la autodeterminación antes que, por ejemplo, en la
moral sobre qué derechos positivos debemos tener, mayor al de cualquier utilidad, y la autodeterminación es vista como un aspecto de la justicia, o los
otro ideal moral socialmcnte relevante. En otras palabras, la tesis de los dere­ procedimientos democráticos están justificados en general por razones que no
chos, cuando se expone en relación con la justicia material, corre peligro de son de justicia pero se sostiene que es justo que todos tengan una oportuni­
perder su característico atractivo y su prometida utilidad. dad igual de participar en tales procedimientos.
Sin embargo, dejando de lado estos argumentos basados en la constitución,
surge la cuestión de si hay otras consideraciones que se refieran a los límites
La justicia y las minorías que se podrían fijar al contenido de las decisiones impuestas por las m ayo­
rías. Que tales limitaciones existen o deberían existir es una de las principales
La protección de las minorías contra las pretcnsiones morales de las mayorías motivaciones para la aprobación de cartas de derechos y otros frenos consti­
ha sido considerada durante mucho tiempo como una prueba fundamental tucionales impuestos a los poderes mayoritarios. Tales disposiciones pueden
de toda teoría de la justicia, ya^ue es debido a consideraciones de justicia que verse como el contexto de fondo dominante en la discusión de Dworkin sobre
buscamos razones sobre las cuales limitar los derechos políticos de las ma­ los derechos absolutos y abstractos. Dworkin está evidentemente interesado
yorías. La cuestión aquí tiene que ver con los límites adecuados a la idea de­ en validar el papel de la Corte Suprema de los Estados Unidos al adoptar una
mocrática fundamental según la cual, en casos de conflicto, las diversas cues­ lectura moral de la Constitución (ver Dworkin, 19%) y es un declarado de­
tiones, incluidos los asuntos legislativos, deben ser establecidas por medio de fensor de la aprobación de una carta de derechos para Gran Bretaña (ver
procedimientos democráticos de toma de decisiones que terminen en una vo­ Dworkin, 1990b).
tación en la que todos los miembros de la comunidad puedan participar, di­ La cuestión entonces es si el principio de igual consideración y respeto nos
recta o indirectamente, y en la que aquella decisión que obtenga el mayor apo­ da alguna baza contra el principio de la mayoría, proporcionándonos funda­
yo numérico debería ser obligatoria para todos. La cuestión que surge es si mentos para los derechos constitucionalmcnte protegidos de las minorías
este principio mayoritario implica que no hay límites a lo que una mayoría de más allá de aquellos que se desprenden lógicamente del mismo principio de la
personas en una comunidad política pueda decidir imponer a minorías disi­ mayoría. El propio Dworkin ha discutido estas cuestiones extensamente, es­
dentes. pecialmente en el contexto de las políticas de discriminación, sosteniendo que
Algunas de tales limitaciones son, por supuesto, inherentes al proprio con­ «el argumento a favor de los estatutos contra la discriminación, según el cual
cepto de democracia, si asumimos que la decisión mayoritaria tiene lugar en una minoría tiene derecho a igual respeto y consideración, es un argumento
un entorno constitucional en el que todas las personas tienen el derecho de vo­ de principios» (1978, p. 82). Dworkin se vio enfrentado con el contraste en­
tar y presentarse a elecciones. Esto significa que las mayorías democráticas no tre dos casos de discriminación racial, uno en el que «un hombre negro 11a­

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mado Swcatt solicitó la admisión a la Escuela de Derecho de la Universidad que representan a una mayoría que plasma sus deseos respecto de la vida de
de Texas, pero fue rechazada la admisión porque la legislación del estado es­ los miembros de otros grupos raciales, mientras que estas consideraciones no
tablecía que sólo los blancos podían asistir» y otro en el que «un judío llama­ son las que afectan de manera decisiva a las decisiones políticas que se toman
do DeFunis solicitó la admisión a la Escuela de Derecho de la Universidad de para establecer la acción afirmativa, en ausencia de la cual DeFunis hubiera
Washington donde DeFunis fue rechazado a pesar de que los resultados de su sido admitido.
examen y las calificaciones del colegio le hubieran permitido ser admitido si La distinción entre preferencias personales y preferencias externas es con­
hubiera sido negro o filipino o ... « (1978, p. 223). Aquí Dworkin puede de­ vincente, aunque sólo sea porque se hace eco de los presupuestos del utilita­
fender la decisión de la Corte Suprema en favor de Sweatt sobre la base de que rismo clásico y de la moderna economía del bienestar en el sentido de que las
su exclusión violaba los derechos constitucionales de Sweatt, mientras que, al preferencias racionales son preferencias basadas en el autointerés individual.
mismo tiempo, mantiene que ningún derecho fundamental de DeFunis había Sin embargo, es dudoso que sea una distinción lo suficientemente convincen­
sido infringido. te para alcanzar un objetivo tan ambicioso como es la identificación de los de­
Su argumento es que en tales caso$ no hay un derecho a la igualdad de tra­ rechos fundamentales que prohiben la explotación de las minorías. Parece
tamiento porque las plazas para la universidad no son algo a lo que todo in­ más bien que funciona como un instrumento ad hoc de especial relevancia
dividuo tenga un derecho prioritario, de manera que lo importante es si las para lo que hoy en día se denomina «discriminación», principalmente con re­
personas afectadas han sido «tratadas como iguales», es decir «con el mismo ferencia al perjuicio ocasionado a un grupo sobre la base de razones irrele­
respeto y consideración que cualquier otra». Sin embargo, aunque puede re­ vantes allí donde existe un elemento de rechazo o desprecio. Parece haber
sultar evidente que Sweatt no está siendo tratado de dicho modo, lo mismo algo particularmente ofensivo en el hecho de que un grupo se vea desaventa­
podría decirse de DeFunis, a cuyos logros académicos no se les está dando el jado como resultado de ser despreciado e infravalorado, y esto constituye cla­
mismo peso que a los de otras personas. ramente un factor determinante de la discriminación racial, así como de la dis­
La respuesta de Dworkin a tal argumento es señalar que, dado que ni De- criminación religiosa y sexual, que da cuenta de la experiencia de ser insultada
Funis ni ninguna otra persona tiene el derecho a una plaza en una Escuela de tal como la viven aquellas personas que son discriminadas por estas razones.
Derecho, es pertinente que quienes deciden sobre las políticas de admisión Existen así razones para decir que en la distribución de beneficios sociales de­
hayan tenido en cuenta políticas sociales u objetivos de la comunidad, tales beríamos excluir las preferencias externas, tales como la preferencia de los
como el deseable equilibrio racial de los abogados que tienen que prestar sus blancos que no quieren que los negros tengan ciertas oportunidades o los hom­
servicios a las distintas comunidades dentro de la sociedad. Ésta es una cues­ bres que no quieren que las mujeres las tengan.
tión política, no de derechos, de manera que DeFunis puede ser excluido Sin embargo, aunque una estrategia de este tipo podría, en ciertas circuns­
como consecuencia de una decisión tomada de acuerdo con ciertos objetivos. tancias políticas, abrir la posibilidad de una mayor igualdad para tales grupos,
¿Pero no se puede decir te mismo en el caso de Sweatt quien tampoco te­ y aunque habría algo que decir desde el punto de vista moral para desechar
nía un derecho antecedente a entrar en la Escuela de Derecho? En este caso, este tipo de preferencias externas como desagradables o algo aún peor, difícil­
sin embargo, la respuesta es diferente, no porque no hubiera una política de­ mente pueda afirmarse que dicha estrategia sea exhaustiva con los fundamen­
trás de los criterios de admisión de la Escuela de Derecho de la Universidad tos para condenar la discriminación y resulta de dudosa relevancia para otros
de Texas (de hecho con dichos criterios se podría alcanzar la armonía racial), tipos de desventajas injustificadas de las minorías.
sino porque al aplicar sus criterios se viola un derecho fundamental. Según la Así, en los casos de discriminación es la injusticia y la inhumanidad de la
visión de Dworkin, no es suficiente con señalar simplemente que grupos mi­ privación sistemática en razón de las diferencias raciales, religiosas o sexuales,
noritarios se sienten insultados con las prácticas discriminatorias, de modo así como el insulto que está entre las razones que producen tal desigualdad,
que «Si deseamos distinguir a DeFunis de Sweatt o un argumento que utilice que deben condenarse. Si por cualquier razón, los méritos o sufrimientos de
un concepto de insulto, debemos mostrar que el tratamiento de uno es de he­ dichas «minorías» no reciben el mismo peso que se confiere a los méritos y
cho injusto mientras que el tratamiento del otro no lo es» (1978, p. 231). sufrimientos de los grupos privilegiados, entonces los males se han identifica­
Para demostrar esto, Dworkin introduce su distinción entre preferencias do y deben ser rectificados. Así, si como resultado de los procesos de decisión
externas y preferencias personales, es decir, entre preferencias que se refieren en los que no se aprecia otra cosa más que las contribuciones autointeresados
únicamente a las aspiraciones y deseos que los individuos tienen para sí, y sus de las «mayorías», ciertos grupos resultan de hecho sistemáticamente desfa­
deseos acerca de lo que les gustaría que le sucediera a los demás. Las políticas vorecidos, como es el caso con gran parte de la discriminación «indirecta» en
de segregación racial están basadas en preferencias externas hasta el punto de la que no hay un uso explícito y ni siquiera encubierto de los fundamentos

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para la clasificación de grupos (sexo, raza o religión) pero estos grupos sufren ■ .crian sus resultados reales. Por sí solo éste es un importante retroceso para
no obstante de manera desproporcionada, entonces la injusticia y tal vez la una teoría de la justicia que pretende estar basada en derechos, dado que la
inhumanidad resulten evidentes, existan o no preferencias externas. El enfo­ ventaja de un enfoque de los derechos debería consistir en poder establecer
que de Dworkin parece evitar estas básicas consideraciones morales y desta­ una fuente autoritativa que sirva de guía para determinar cuáles son los títu­
ca otro aspecto de la inmoralidad, que en la mayoría de los casos es menos los que tienen las personas. En la medida en que sea posible hacer conjeturas
significativo para los grupos discriminados, para los que el daño es peor que sobre estas cuestiones, parecería que la igual distribución de parcelas de re­
el insulto que a menudo se le añade. cursos (sea que se trate de las conchas de almejas que sugiere Dworkin en su
Las mismas observaciones se pueden hacer, a fortiori, respecto de las si­ ejemplo de la isla desierta, o de otros tipos de bienes) combinada con la su­
tuaciones en las que cualquier individuo o grupo de una sociedad sufre como basta «perfecta» de todos los recursos individualizables, evitarían que se pro­
resultado de las preferencias de la mayoría, porque el hecho de que las mayo­ dujese una distribución sesgada respecto de los grupos minoritarios que ac­
rías tomen en cuenta solo sus propios intereses es en muchos aspectos razón tualmente, en las sociedades existentes, están desaventajados. Pero dado que
para dudar de la autoridad moral de sus decisiones, toda vez que deberían to­ no están contempladas las diferencias en los gustos y las necesidades, y que las
mar en cuenta el bienestar de todos los miembros de la sociedad y hacerlo en diferentes capacidades llevarán inevitablemente a desigualdades legítimas a
proporción con las necesidades y méritos de cada individuo. El temor de John través de los consiguientes procesos de elección económica en una economía
Stuart Mili respecto de la presión de la opinión pública poco ilustrada y las de mercado, es claro que surgirán otras «desigualdades» que parecerán injus­
ilimitadas decisiones políticas que pudiera tomar la clase trabajadora emanci­ tificadas desde otros puntos de vista, tales como los méritos o las necesidades
pada, no estaba basado solo en la preocupación de que la élite progresista fue­ de las personas en cuestión.
ra sometida a través de la aplicación de una moral inferior, sino también en la Es verdad que Dworkin intenta evitar algunas desigualdades basadas en el
sospecha de que las disposiciones sociales y políticas pudiesen hacerse para mérito utilizando el sistema impositivo para compensar algunas diferencias
satisfacer las preferencias personales uniformes y equivocadas de la mayoría. (parecería que extremas) en las dotes de cada uno, de manera que no se deje
Las inquietudes a este respecto no se resuelven eliminando las preferencias ex­ morir de hambre a las personas discapacitadas. Y no hay duda de que una
ternas, aunque ésta fuese una alternativa práctica. economía de mercado correctamente organizada dará recompensas más altas
En efecto, no está nada claro que las preferencias externas sean siempre a algunas personas que lo merezcan porque hayan realizado elecciones inteli­
irrelevantes en la toma de decisiones sociales, particularmente cuando esta­ gentes y trabajen mucho en proporción con sus dotes genéticas. Sin embargo,
mos en el ámbito de los bienes públicos que no pueden ser partidos en pe­ no hay mucho fundamento para mantener la visión optimista según la cual
queños trozos y distribuidos entre los individuos como parcelas con un valor una sociedad basada en el ideal dworkiniano de igualdad inicial de recursos se
por separado. La defensa nacional, un servicio policial adecuado, la conserva­ podría aproximar a una sociedad en la que existiese una sistemática propor­
ción de obras arquitcctónicaify los bienes públicos en general, se pueden sos­ cionalidad entre los recursos y los méritos y deméritos de sus ciudadanos y ciu­
tener con más firmeza y son más fácilmente justificables con enfoques que dadanas; el enfoque de Dworkin es indudablemente inadecuado para procu­
encierren una preocupación por el bienestar de la comunidad como un todo rar la igualdad en la satisfacción de las necesidades. De hecho los correctivos
antes que como una agregación de preferencias autointeresadas. Ciertamente del sistema impositivo dworkiniano, a pesar de ser progresivos, excluyen es­
no hay nada insultante ni menospreciable -que sea peligroso- en permitir que pecíficamente el objetivo de lograr la «igualdad de bienestar», es decir, la
las preferencias externas tengan algún lugar a la hora de determinar la políti­ igualdad en la satisfacción o «éxito» de los objetivos escogidos por cada per­
ca a seguir en tales cuestiones. sona para su vida.
Si la distinción entre preferencias personales y preferencias externas no Dworkin tiene, por supuesto, una multitud de argumentos pertinentes
constituye una guía primordial ni exhaustiva para distinguir entre las políti­ contra ideales tales como la «igualdad de bienestar», la mayoría de los cuales
cas que infringen derechos y aquellas que no lo hacen, entonces tal vez se apuntan a la falta de sentido práctico de intentar alcanzar iguales satisfaccio­
pueda sacar algo más del modelo de Dworkin para la distribución justa de nes y éxitos, debido a la ausencia de parámetros objetivos y factibles para me­
bienes privados. ¿Podría ser que la discriminación indirecta, por ejemplo, no dir la «satisfacción» o el «éxito». Existe, sin embargo, un sentido obvio en el
resultara eliminada a través de la combinación de una subasta en condiciones que la igualdad de recursos es una elección subóptima para un ideal de justi­
de igualdad y un hipotético mercado de ios seguros? cia dado que resulta difícil eliminar el sentimiento de que su plausibilidad in­
Debido a la complejidad y la abstracción del modelo de toma de decisio­ tuitiva depende del presupuesto de que la igualdad de recursos confiere una
nes más recientemente formulado por Dwrokin no es fácil determinar cuáles posibilidad igual de satisfacciones iguales. Los recursos, después de todo, no

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son fines en sí mismos sino medios para alcanzar propósitos humanos. Ade­ juez infinitamente capaz e informado, o a través del imaginativo modelo de la
más, el hecho de que esta igualdad de recursos no resuelva las grandes dife­ subasta de conchas de almejas y de hipotéticos mercados de seguros, no pue­
rencias en los gustos y las necesidades parecería propiciar la «discriminación» den servir como fundamento para apelar a títulos que excluyan la necesidad
de quienes tienen gustos o necesidades respecto de bienes que son escasos, y de un ulterior debate moral, como debería ser el caso si es que estamos tra­
que están sujetos a una gran demanda (lo cual es una cuestión de azar) o que tando con los derechos tal como se presentan en sus contextos característicos
simplemente requieren para su satisfacción de algo más que la cantidad media y en sus usos distintivos.
de un cierto recurso. Es difícil determinar qué nuevas minorías oprimidas po­ Lo que tenemos, en cambio, es una serie de importantes consideraciones
drían surgir de esta fantasía de la isla desierta, pero resulta claro que podría morales que están en perfecta armonía con distintos argumentos morales ba­
haber algunas. El esquema dworkiniano sólo podría dar cuenta de estas desi­ sados en factores tales como el mérito, la necesidad o la elección. En otras pa­
gualdades si fueran de tal magnitud y tan altamente probables que el inmigran­ labras, en este nivel de argumentos justificatorios hablar de derechos no apor­
te medio del nuevo orden social consideraría acertado asegurarse contra ellas. ta nada distintivo más allá de la apreciación de que el procedimiento judicial
Dworkin, sin embargo, admite que habrá una sistemática situación de falta de resulta ser un foro apropiado para la adjudicación de valores. En verdad po­
cobertura de seguros ya que no será racional para las personas pagar primas lo dría tratarse de una terminología peligrosa en la medida en que lleva a que la
suficientemente altas como para asegurar compensaciones completas por las gente espere descubrir ciertas verdades dcontológicas autoevidentes a las que
desgracias, particularmente si éstas incluyen la ausencia de ventajas que, de podamos conferir absoluta prioridad práctica. Podrían formularse serias ob­
haber tenido mejor suerte, podrían haber tenido. jeciones epistemológicas y, al final, también morales, a las presunciones deri­
N o es éste el lugar para argumentar de manera acabada contra la igualdad vadas de la afirmación de que hay derechos morales fundamentales, que están
dworkiniana, o para probar que los derechos no pueden ser instrumentos con­ allí para ser descubiertos una vez que hayamos adquirido la necesaria capa­
vincentes para la protección de los intereses de las minorías. De hecho, un sis­ cidad de percepción o que hayamos refinado el más iluminador conjunto de dis­
tema de derechos constitucionalmente inalterables expresado a través de nor­ tinciones y técnicas de la argumentación jurídica y política. La historia de la
mas que se vuelven específicas a lo largo de una historia de decisiones judiciales tesis según la cual la justicia consiste en tratar a las personas de acuerdo con
y de debate político, podría servir muy bien como un medio importante de sus derechos, nos advierte de que no hay atajos hacia la determinación de qué
protección de las minorías contra los tratamientos injustos por parte de las ma­ es justo. Al final, los derechos dworkinianos nos dejan en un charco fangoso
yorías. Resulta a veces de inmenso valor cuando, frente a una decisión que fa­ de argumentación moral del que es poco probable que seamos rescatados por
vorece a la mayoría pero no a todos los miembros de una sociedad, se es capaz la quimérica balsa de socorro de los así llamados derechos morales, no im­
de señalar las consideraciones que vetan tal decisión sobre la base de razones porta cuán fundamentales y jurídicos se diga que son.
que no pueden ser revocabas sólo por consideraciones utilitaristas. Las nor­
mas que confieren títulos que no pueden ser violados por las decisiones de la
mayoría simbolizan y protegen el objetivo de justicia para todos.
De lo que se trata, sin embargo, es de ver si, en el esfuerzo por formular el
contenido o propósito de tales derechos, resulta de alguna utilidad apelar a
ciertos derechos «morales» preexistentes como guía. Nuestra discusión sobre
la versión dworkiniana de la justicia confirma que, cuando vamos más allá de
la identificación de los derechos con intereses protegidos por normas y avanza­
mos hacia el ámbito de los principios morales generales (y uso aquí el térmi­
no «principios» en su sentido corriente que conlleva vaguedad así como un peso
moral variable), rápidamente entramos en el terreno de los argumentos mo­
rales y políticos generales en los que la cuestión se refiere más a qué derechos
deberíamos tener y qué peso se debería dar a estos derechos, antes que a la
cuestión de cuáles son los derechos como «triunfos» que tenemos ya -en al­
gún sentido poco claro-, y a los que podemos por tanto acudir en nuestro au­
xilio de manera perentoria. El tipo de derechos básicos o fundamentales que
Dworkin intenta proporcionarnos a través de los esfuerzos de Hércules, el

98 99
5

La justicia como contrato:


Rawls y el bienestar

En muchos aspectos el trabajo más importante de Ralws, Una teoría de la jus­


ticia (1971), sigue marcando la agenda de las cuestiones que han de discutirse en
cualquier teoría de la justicia y proporciona la terminología con la que se lle­
va a cabo gran parte del debate político. Esto es en parte debido a que Rawls
combina una sofisticada metodología (contractualista) con una visión sustan­
tiva sobre qué es justo, ambos elementos atractivos y coherentes. Por eso es
importante que tanto la fuerza como las limitaciones del contractualismo rawl-
siano sean puestos de manifiesto y que se preste cuidadosa atención a la rela­
ción entre su método y los principios de justicia que, según dice, emanan de su
aplicación. Com o veremos, es posible adoptar el enfoque de Rawls en cuanto
a la epistemología de la justicia sin ratificar su visión sobre qué es justo y vi­
ceversa. Sin embargo, el impacto de la teoría de Rawls depende en gran medi­
da de la combinación de un método prometedor con las atractivas aplicacio­
nes de ese método.
Alrededor de 1970 Rawls, casi en solitario, restableció la teoría del contra­
to social que por aquel tiempo estaba desprestigiada por ser considerada irre­
mediablemente defectuosa, y al mismo tiempo ayudó a reavivar a la filosofía
política que atravesaba un período de decadencia y abandono. Un contrato
social, tal como aparece desarrollado en el trabajo de gigantes de la historia
del pensamiento político tales como Thomas Hobbes, John Locke y J.-J. Rous­
seau, es un acuerdo entre ciudadanos potenciales (o entre éstos y un potencial
gobernante o gobernantes) sobre los términos en los que van a entrar en rela­
ciones sea sociales o políticas (o ambas). La teoría del contrato social propo-

101
ne una situación -llamada «estado de naturaleza»- en la que las personas, que los individuos respecto de las normas que limitan su supuesta libertad inicial,
no tienen derechos y obligaciones políticas (y tal vez tampoco sociales), lle­ (ionio tales, los diversos modelos de contrato social presuponen una visión
gan (generalmente de manera anónima) a un acuerdo sobre las bases para es­ individualista de la sociedad de acuerdo con la cual la persona es la fuente de
tablecer un sistema social y/o político en el que se les reconozcan derechos y sus propios derechos y deberes políticos, y encierran la visión liberal según la
obligaciones, incluidas las obligaciones de cumplir el acuerdo alcanzado, res­ cual invadir la libertad de tales individuos requiere una justificación. En todas
petar los derechos de los ciudadanos y obedecer al gobernante o gobernantes sus variedades, la teoría del contrato social nos anima a ver las sociedades po­
nombrados. El contrato social es usado tanto para explicar la obligación ge­ líticas reales como una forma de asociación cuyo objetivo es asegurar los in­
neral de los ciudadanos de obedecer la ley (y los posibles límites de esa obli­ tereses de sus miembros, de un modo coherente con la autonomía intrínseca
gación), como para proporcionar un modo de determinar el contenido ade­ c igual de todas las personas.
cuado de los derechos y obligaciones que vinculan a los miembros de una Dentro de este marco, y en los comienzos de su desarrollo, surgen dos in­
sociedad civil y política. El contrato sirve, por lo tanto, tanto para establecer terpretaciones bastante distintas del estado de naturaleza y del contrato so­
las bases de la obligación social, política y jurídica, como para justificar un cial. La primera concede una importancia considerable a la historicidad del
conjunto particular de normas positivas, sociales y políticas. fenómeno, de modo que se asume que hubo personas en un estado de natura­
La idea de un contrato social comenzó a destacar en la filosofía política leza que llegaron a acuerdos reales. Esta afirmación es de clara importancia si
durante el período en el que se estaba buscando una fundamentación moral se dice que la obligación política deriva directamente del contrato social, ya
no teológica para el nuevo Estado moderno que surgía como entidad política que entonces sólo los acuerdos reales son obligatorios.
independiente. El Estado pasó a ser visto como una institución con compe­ El creciente reconocimiento de la escasa plausibilidad histórica del contra­
tencias múltiples, dentro de la cual el soberano tiene el derecho de hacer leyes to llevó a su modificación, transformándose primero en una visión de lo que
obligatorias de acuerdo con una estructura constitucional que establece las fun­ podría haber sucedido (ver el capítulo 3 sobre la historia conjetural), y luego
ciones y el contenido de los poderes del gobernante, así como los deberes y de­ en la idea de que los acuerdos reales de que se trata se hacen todo el tiempo
rechos de los ciudadanos. El modelo de contrato social adquirió muchas for­ cuando las personas en las sociedades políticas reales celebran acuerdos táci­
mas distintas que variaban en sus descripciones del estado de naturaleza, en su tos o implícitos (por ejemplo al optar por no abandonar el Estado), lo cual
análisis de la naturaleza humana y en los términos del contrato logrado. En el constituye una variación moderna de la idea de que votar en una elección es
Leviathan (1651) de Hobbcs, los horrores del estado de naturaleza y la racio­ un acuerdo tácito que manifiesta el respeto por el resultado de esa elección y
nalidad egoísta del hombre hobbesiano van acompañados de un contrato en­ la adhesión al sistema político en su conjunto.
tre ciudadanos que establece una fidelidad casi ilimitada a un poder soberano El segundo enfoque, más radical, consiste en abandonar enteramente la idea
casi ilimitado. Los inconvenientes ya no tan graves del estado de naturaleza, de un contrato histórico o real y reinterpretar el concepto en términos hipo­
junto con una visión más equilibrada del hombre como una criatura con ca­ téticos, de manera que el contrato se transforma en el acuerdo al que habrían
pacidades morales, representados en el Segundo tratado sobre el gobierno (1690) llegado las personas de un cierto tipo en una cierta clase de situaciones. La razón
de Lockc, dan como resultado un contrato social entre ciudadanos poten­ que sustenta esta segunda e hipotética interpretación del contrato social es
ciales que han establecida el poder gubernamental como algo que es confiado más epistemológica que de justificación. Imaginar y pensar en las consecuen­
al soberano, el cual tenía que gobernar dentro del derecho natural y mantener cias de un estado de naturaleza hipotético es un modo de lograr conocer el con­
un grado de consentimiento continuado de sus súbditos para conservar su le­ tenido de las normas sociales y políticas, y el sistema de gobierno que debería
gitimidad. El aún más atractivo estado de naturaleza de Rousseau, perfilado crearse y defenderse aquí y ahora. Los acuerdos a los que podrían llegar los
en E l contrato social (1762), en el que gente incivilizada disfrutaba de ciertas individuos libres c iguales en un hipotético estado de naturaleza son los que
libertades y seguridades físicas, aunque de poco desarrollo económico y mo­ deben ser adoptados como las normas básicas de la vida social. De este modo,
ral, lleva a la defensa de un sistema democrático en el que cada ciudadano Locke, en una teoría que mezcla aspectos reales e hipotéticos, apela a la «ra­
seguiría rigiéndose sólo por su propia representación legislativa como una zón» así como a los hechos históricos para establecer su conclusión de que el
forma de proteger sus libertades naturales y disfrutar de los beneficios de la gobierno se confía a ciertas personas designadas para proteger el derecho de
civilización. los individuos a la vida, la libertad y la propiedad, un acuerdo que se podría
Naturalmente, la noción de contrato social es una forma a la que muchas terminar si la gente creyera que se ha abusado de esta confianza.
visiones políticas diferentes pueden adaptarse, pero todas estas visiones reco­ La inteligibilidad de esta aproximación hipotética al contrato social de­
nocen de alguna manera el significado que tiene obtener el consentimiento de pende de manera crucial de la caracterización del imaginario estado de natu­

102 103
raleza, incluidas las cualidades de las personas que participan en él. En la ver­ inicia poder encontrar obligaciones prometedoras. En el caso de Hobbes,
sión histórica del contrato estas cuestiones podrían resolverse teniendo en por ejemplo, sus afirmaciones empíricas incluyen la tesis de que, en el estado
cuenta cómo hubiera sido la vida, dada una cierta visión de la naturaleza hu­ de naturaleza, los hombres no tienen obligaciones morales mientras que, en el
mana, sin los beneficios de la organización social y/o política, y pensando en conjunto de su teoría, tiene que sostener que los hombres tienen una obliga­
las razones, tales como el miedo a la muerte y el deseo de seguridad econó­ ción prepolítica de mantener sus promesas, de otro modo no habría bases mo­
mica, que motivarían a la gente para llegar a acuerdos sobre los fundamentos rales para nuestra obligación de obedecer el contrato original. ¿Cóm o puede
del orden social. un contrato al que se llega en un contexto amoral fijar los presupuestos mo­
Los teóricos del contrato hipotético, por otro lado, no especulan sobre rales requeridos para hacer que ese mismo contrato sea obligatorio?
cómo hubiera sido en realidad la vida presocial, aunque tienden a seguir los Si para evitar este problema, como Locke, atribuimos derechos y deberes
mismos lincamientos básicos: los imaginarios contratantes se describen como prcexitcntes a los moradores del estado de naturaleza, entonces el contrato
libres e iguales, y se dice que viven sin los beneficios de los acuerdos políticos, social pasa a ser mucho menos importante y podría prescindirse de él por
de manera que están motivados para asegurar un acuerdo que sea mutuamente completo, fundamentando la obligación política directamente en los «dere­
beneficioso. Sin embargo, la caracterización del estado de naturaleza va des­ chos naturales» presociales y prepolíticos. De acuerdo con Locke, tenemos
de la simple ausencia de límites sociales y políticos por un lado y la casi igual­ un derecho natural a la vida, la libertad y la propiedad, y creamos el gobierno
dad física y mental de las personas por otro, hasta un modelo más idealizado para proteger estos derechos. Aunque esto podría parecer lógicamente más
y artificial en el que la libertad es una cuestión de autonomía (elecciones no satisfactorio, tiene la desventaja de que ahora el contrato no puede ser usado
forzadas e informadas) y la igualdad tiene que ver con la igual capacidad para para justificar estos derechos básicos que existen con anterioridad al contra­
negociar sobre la base de iguales derechos proccdimcntalcs e iguales reivindi­ to, y por tanto se debe buscar otro tipo de justificación para tales derechos.
caciones sobre los resultados. Además, las modificaciones lockeanas podrían socavar las condiciones para el
El efecto de estas evoluciones es hacer más plausible la afirmación de que acuerdo en el contrato histórico debido a las distintas visiones morales de los
el resultado de tal acuerdo es justo, ya que parece inteligible -y tal vez atrac­ contratantes. En el contrato histórico esto reduce las perspectivas de acuerdo
tivo- decir que aquello que acuerden las personas que son libres e iguales en y en el contrato hipotético reduce la relevancia moral del modelo contractua-
este sentido ideal tiene derecho a ser considerado como aceptable. Mientras lista, ya que no estaremos dispuestos a aceptar sus condiciones a menos que
que el contrato histórico puede ser visto como un acuerdo entre personas de­ companamos la particular perspectiva moral de los contratantes.
sesperadas con poco poder de negociación, en el contrato hipotético la situa­ Tanto en la interpretación histórica como en la interpretación hipotética
ción en la que se realiza el acuerdo puede diseñarse de modo que aparezca de la teoría del contrato hay una tensión no resuelta entre los hechos y la es­
mucho más equitativa. Un-acuerdo como éste no es forzado y no se basa en peculación, que hasta hace muy poco se pensaba que era muy mala para dicha
las poco razonables ventajas de una situación anterior. Si las circunstancias teoría. Para que las elecciones a realizar en el estado de naturaleza sean previ­
del acuerdo son equitativas parece correcto considerar que el resultado será sibles y relevantes, éste debe tener importantes similitudes con nuestra ex­
razonable y que las normas que podrían acordarse serán justas. periencia social y política corriente. Sin embargo, los acuerdos realizados en
Extendiendo esta vía de razonamiento es posible también fundamentar la dichas circunstancias familiares no trascienden suficientemente la realidad de
obligación política en un contrato hipotético de este tipo, añadiendo la pre­ la vida social y política corriente como para proporcionar algún tipo de justi­
misa de que las personas -ciudadanas- tienen la obligación de obedecer las le­ ficación o crítica externa a nuestras normas y cultura corrientes. Si para con­
yes justas. Puede ser que ellas no hayan hecho promesas reales, pero reciben trarrestar esta empobrecida teoría diseñamos un estado de naturaleza que sea
los beneficios de la sociedad y tienen la obligación natural de defender las le­ radicalmente diferente a nuestras circunstancias habituales, entonces tenemos
yes justas. Dado que las leyes justas se identifican como aquellas que serían dificultades para establecer qué diría o haría tan extraña gente en circunstan­
acordadas en la situación hipotética ideal, podemos decir que el contrato hi­ cias tan inusuales, junto a la dificultad añadida de determinar cuál es la rele­
potético es el fundamento para la obligación política. vancia de tales especulaciones sobre las cuestiones en las que podrían o no estar
Desde sus comienzos ha habido grandes dudas acerca de los enfoques del de acuerdo con vistas a determinar cómo deberíamos hacer nuestros propios
contrato social. Al menos en algunas versiones históricas, la teoría es autocon- acuerdos sociales y políticos. Éste es el argumento que ha sido reformulado en
tradictoria. Si en el estado de naturaleza la gente no tiene derechos ni obliga­ las críticas comunitaristas actuales a la tradición contractualista. En este con­
ciones, entonces ninguna «promesa» hecha en el estado de naturaleza puede texto, demasiadas similitudes con la realidad hacen que el contrato acordado
ser obligatoria, ya que no existe la institución de la promesa con cuya exis- sea inevitable moralmente sospechoso porque no reúne las condiciones de un

104 lOi
acuerdo libre y no trasciende nuestras actitudes y creencias reales. Demasia­ a los principios de justicia acordados en la posición original, que serían apli­
do pocas similitudes con nuestras condiciones corrientes hacen que el enfo­ cables a las instituciones básicas de las sociedades reales. En otras palabras, se
que sea especulativo e irrelevante. Las sociedades reales no son justas y sus presupone que una negociación equitativa producirá resultados equitativos.
contratos reflejan la desigualdad de poder y riqueza. Los teóricos contractua- En lo que respecta a la posición original, no hay criterios anteriores con los
listas se encuentran por tanto con grandes dificultades cuando intentan carac­ cuales valorar los resultados, como habría en lo que el autor llama «justicia
terizar un estado de naturaleza que tenga suficientes similitudes con la realidad procedimental perfecta» donde la idea es tener el procedimiento más eficien­
empírica para que podamos ver su conexión con nuestra propia naturaleza y te para conseguir un resultado que se conoce independientemente que es co­
con nuestra experiencia social, y ser sin embargo una situación en la que cual­ rrecto. La aceptación del resultado del acuerdo alcanzado en la posición ori­
quier acuerdo al que se llegue, sea real o hipotético, sea justo en el sentido de ginal depende solamente de la aceptación del procedimiento. Rawls llama a
no ser el resultado de la coerción, la desigualdad o la ignorancia material del esto una cuestión de «justicia procedimental pura» (1971, p. 85).
tipo que abunda en las sociedades reales. Rawls insiste en la pureza procedimental de la posición original, no por­
Éstas son dificultades enormes que durante mucho tiempo se han consi­ que piense que no podamos valorar más directamente los principios escogi­
derado como argumentos decisivos contra la idea del contrato social en la teo­ dos en la posición original, sino porque desea presentar el contrato como una
ría política. La elección entre la precisión empírica y la relevancia moral pa­ fuente independiente de justificación. De hecho la estrategia básica de su mé­
rece inevitable. Sin embargo, las apuestas son muy altas y las ventajas de una todo es demostrar que los principios adoptados en la posición original coin­
teoría del contrato exitosa son considerables. Si es posible fundamentar la ciden con aquellos que sus lectores aceptarían en cualquier caso una vez que
obligación social y política en la idea de un acuerdo voluntario, esto no sólo hubiesen reflexionado sistemáticamente sobre ellos. Su esperanza es que «los
confiere un fuerte apoyo al valor de la autonomía individual (y también a los principios elegidos [en la posición original] se correspondan con nuestras me­
derechos individuales) sino que proporciona la mejor justificación posible ditadas convicciones de justicia o las amplíen de una manera aceptable» (1971,
para tener leyes obligatorias, principalmente que aquellas personas obligadas p. 19). Hay así dos conjuntos de criterios morales que operan en la síntesis de
de algún modo han consentido en estar obligadas por ellas, de modo que las Rawls. Uno representa las limitaciones a los argumentos que de hecho acep­
obligaciones en cuestión son obligaciones autoimpuestas. Además, la idea del tamos cuando discutimos sobre la justicia. Estas limitaciones están incluidas
contrato social parece ofrecer la posibilidad de conciliar intereses y valores en la descripción de la posición original. El otro representa nuestras intuicio­
individuales diferentes a través de un mecanismo conocido de compromiso y nes o juicios morales sobre qué es justo una vez que estos juicios han alcan­
discusión, en el que objetivos aparentemente incompatibles y valores incon­ zado una condición que el autor llama «equilibrio reflexivo». Sólo cuando
mensurables pueden unirse en un solo proceso de decisión. Tal vez no sea tan -tal vez después de largos procesos de compromiso y ajuste- los dos conjun­
sorprendente, por lo tanto,que la contribución más notable que se ha hecho tos independientes de fundamentos morales producen un resultado común,
recientemente a la teoría de la justicia haya sido una rcclaboración del con­ tenemos entonces razones para pensar que disponemos de los principios ade­
trato social hipotético como contraposición al utilitarismo que durante tanto cuados de justicia.
tiempo dominó la filosofía política. N i resulta tampoco sorprendente que mu­ El método del equilibrio reflexivo implica seleccionar nuestras más fuertes
chas de las críticas que schan hecho a este neocontractualismo se hagan eco y seguras convicciones morales como puntos de partida provisionales y lue­
de los tradicionales ataques a las teorías contractualistas clásicas. go trabajar retrospectivamente sobre los principios que justificarían tales in­
tuiciones. Así, estamos seguros de que la esclavitud es mala y justificamos esta
convicción por referencia, tal vez, a la idea de la fundamental igualdad entre
La justicia como equidad todas las personas. De este modo nos movemos hacia la elaboración de un
conjunto de principios coherentes que, junto con el conocimiento de las cir­
La justicia como equidad es el tema abordado por John Rawls en Una teoría cunstancias sociales, nos llevan a hacer los juicios que hacemos por las razo­
de la justicia (1971) y desarrollado en sus escritos posteriores. El modelo de nes que tenemos. En la búsqueda del equilibrio reflexivo intentamos enton­
Rawls se basa en la idea de la equidad procedimental de una «posición origi­ ces aplicar tales principios a otras situaciones cotidianas con respecto a las
nal», que es su versión del hipotético estado de naturaleza. Esta equidad pro­ cuales nuestras intuiciones son más oscuras y menos certeras, y luego deter­
cedimental está basada en la estrategia de asegurar que todas las causas de minamos si los principios a los que hemos llegado proporcionan resultados
sesgo y parcialidad sean excluidas de la posición original, logrando así un re­ aceptables en estos casos más difíciles, y tenemos que estar siempre prepara­
sultado imparcial y equitativo. La equidad de la posición original se traslada dos para revisar nuestras intuiciones originales sobre la base de que podrían

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ser «distorsionadas» o «irregulares». Y así, mediante un proceso de reflexión de la sociedad; en particular el interés del autor está en la distribución de las
realizado sobre la base de ir hacia adelante y hacia atrás, en el que los criterios cargas y beneficios de la cooperación social.
son desarrollados y revisados y los principios se comprueban y se pulen, ter­ En sus escritos posteriores (1980, p. 518), Rawls es más explícito en su re­
minamos con un «equilibrio» de criterios y principios coherentes con los que chazo de cualquier sustento filosófico profundo de su teoría de la justicia. N o
podemos abordar cuestiones morales más controvertidas. Son estas «convic­ sólo rechaza la idea de las intuiciones racionales como una prueba para la jus­
ciones meditadas sobre la justicia» que coinciden con los principios escogidos tificación de la verdad moral universal, sino que renuncia también a cualquier
en la posición original, las que constituyen el ideal liberal de justicia. búsqueda de fundamento epistemológico o metafísico para la justicia como
La idea de que en una situación hipotética de igual libertad, las personas equidad. Defiende en cambio la autonomía de la filosofía política como una
racionales y desinteresadas elegirían los principios que están de acuerdo con actividad que se propone lograr un consenso respecto de ideales políticos
nuestro sentido de la justicia, se dice que explica y justifica una particular fundamentales en un Estado determinado como prerrequisito esencial para el
concepción de justicia. La fuerza explicativa viene de la demostración de que logro de lo que llama una sociedad «bien ordenada». Afirma que, a pesar de las
los principios de justicia serían adoptados por personas racionales como diferencias en las creencias políticas incluso dentro de su propio país, hay al­
fundamento para la cooperación social, asumiendo que hay alguna raciona­ gún grado de acuerdo subyacente respecto de los términos de la cooperación
lidad en las cosas humanas. La fuerza justificatoria viene de la coherencia entre ciudadanos, y que además existe una posibilidad de obtener un consenso
entre los juicios morales meditados y los principios escogidos en la posición futuro, un objetivo al que espera que su teoría contribuya. La coherencia de
original. las intuiciones morales no se basa en un ideal filosófico de verdad moral sino
El entusiasmo generado inicialmente por la teoría de Rawls surgía del en este objetivo político pragmático. Su enfoque del contrato social no es así
hecho de que parecía habérsenos ofrecido una teoría epistémica o cognitiva más que un método que facilita un consenso deseable en un tipo de sociedad.
a través de la cual podríamos descubrir qué es objetivamente justo o está Sin embargo, a pesar de estas rectificaciones, los seguidores de Rawls a me­
objetivamente justificado. Imaginándonos a nosotros mismos en la posición nudo contienen menos sus ambiciones respecto de las posibilidades de su méto­
original e infiriendo qué elegiríamos como derechos y deberes básicos de la do de argumentación política, y lo toman como la base para alcanzar criterios
sociedad, y confrontando luego estos principios con nuestras meditadas opi­ más universales de justicia.
niones, podríamos aspirar a alcanzar un conocimiento fiable sobre cómo se
constituye una sociedad justa.
Sin embargo, la manera imprecisa y ad hoc en que la posición original es La justicia rawlsiana
descrita constituye, como veremos, una barrera que nos impide aceptar la au­
toridad de sus resultados. M4s aún, la elaborada teoría sobre la coherencia de Lo esencial de la teoría de la justicia de Rawls reside en su descripción de la
la corrección moral desarrollada por Rawls es vulnerable a la acusación de que posición original y en los principios de justicia resultantes, incluido el ahora
las intuiciones fundamentales en las que parece descansar no son en sí mismas famoso principio de «diferencia».
un dato puro y confiable con el que trabajar. ¿Cuál es, se podría preguntar, la Con vistas a lograr la equidad, las personas en la posición original deben
utilidad de llegar a un equiHbrio reflexivo basado en intuiciones morales si no ser libres e iguales. Por «libres» Rawls entiende no sólo que las partes en la
podemos mostrar que estas intuiciones proporcionen al menos una percepción posición original no están presionadas ni sometidas a ninguna obligación o li­
aproximada de la verdad moral? Estas preguntas son particularmente apre­ mitación anterior, sino que son independientes y autónomas para reivindicar
miantes si nos damos cuenta de la variedad de «sentidos de justicia» que han los beneficios de la cooperación social. Las personas no están limitadas por
existido y que aún existen y de las dificultades que surgen al tratar de reunir­ concepciones morales anteriores en la consecución de sus propios intereses.
ías en una posición coherente. Rawls niega que las partes sean egoístas ya que no buscan dañar a ninguna
La respuesta inicial de Rawls a tales preguntas es limitar la aplicación de su otra persona, pero dice que son mutuamente desinteresadas en el sentido de
teoría al sentido de justicia más arraigado en las sociedades modernas, demo­ que se preocupan sólo por su propio bienestar, tomado aisladamente. Tienen
cráticas y liberales. N o se especifica cuáles son éstas pero parece claro que el deseos humanos normales aunque no sienten envidia, y no están interesadas
autor tiene en mente principalmente los Estados Unidos de América y otras ni en beneficiar ni en dañar a otras personas por su propio interés. Para la
democracias occidentales. Más aún, «la justicia como equidad» es restringida consecución de sus pretensiones desinteresadas las partes son libres para pro­
no sólo a un tipo particular de sociedad sino que, dentro de esc tipo, se la re­ poner y argumentar a favor de los principios de justicia que crean que pueden
serva para cuestiones de justicia en relación sólo con las instituciones básicas ser de mayor beneficio para sí mismas, y se presupone que, como personas

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racionales, estarán de acuerdo sólo respecto de la mejor negociación que pue­ nocen su contenido específico y, por lo tanto, no pueden moldear los prin­
dan obtener a cambio de los beneficios de la cooperación social. Las personas cipios de justicia para adecuarlos a sus objetivos, valores o creencias religiosas
en la posición original poseen lo que Rawls llama «autonomía racional», una particulares. D e manera similar, conocen otros datos generales sobre la natu­
propiedad que el autor equipara con la noción de racionalidad que encontra­ raleza humana y la sociedad, pero no conocen su propia naturaleza particular, su
mos en el imperativo hipotético de Kant o en la economía neoclásica, en otras sexo, su clase social, su tamaño o inteligencia, o sus talentos. De esta manera
palabras, la racionalidad de las personas inteligentes y prudentes, la capacidad «anulamos los efectos de las contingencias específicas que crean malestar entre
para descubrir y seguir los medios más efectivos para el logro de un cierto fin. lo hombres y los tientan para que exploten las circunstancias sociales y natu­
La «igualdad» en la posición original se aplica en primer lugar a la igual li­ rales en su proprio provecho» (1971, p. 136).
bertad como se la ha definido más arriba, incluida la igualdad en los derechos Además, las partes son, ex bypothesi, ignorantes respecto del contenido de
procedimentales para el debate en la posición original, y la igualdad como su sentido de justicia ya que aunque esto podría no dividirlas del mismo
fuente igualmente importante de pretensiones válidas respecto de los recur­ modo en que lo haría el conocimiento de su propia concepción del bien o de
sos sociales, en relación con las instituciones sociales básicas. Todas las partes sus intereses, es esencial para la independencia lógica del método del contra­
tienen «igual valor», tienen las mismas características y están situadas de ma­ to que la motivación de las partes sea la promoción de sus propios intereses,
nera igual en la posición original. Las personas están ubicadas «simétrica­ a pesar de que saben que son criaturas que en la sociedad real tendrán un sen­
mente las unas respecto de las otras» (1980, p. 521). tido de justicia.
La naturaleza de esta igualdad no es, sin embargo, completamente abs­ Tan importante como la caracterización de las partes libres e iguales es la
tracta, ya que está basada en la igualdad de las personas como agentes mora­ especificación de qué es lo que están llamadas a decidir. Fundamentalmente, su
les, una noción para la cual Rawls sigue todos los criterios empleados en el elección se relaciona con los principios que serán usados para construir las ins­
modelo del contrato. A este método lo llama «constructivismo kantiano». Es tituciones básicas de su sociedad, que a su vez determinarán la distribución de
kantiano porque encierra la idea de persona como agente moral. Para Ralws, las cargas y beneficios de la cooperación social. Saben, sin embargo, que al rea­
esto significa que cada persona tiene, primero, una concepción del bien (es lizar esta elección deben tener en mente la vida en una sociedad «bien ordena­
decir, un conjunto de convicciones acerca de qué objetivos personales es va­ da». Esto implica una cantidad de características cruciales que se relacionan
lioso perseguir) y, segundo, un sentido de la justicia (es decir, un conjunto de con el tipo de existencia social apropiada para los agentes moral mente autó­
creencias acerca de los términos de la cooperación social equitativa). Se pre­ nomos con un sentido de justicia. Las partes saben que, en la sociedad real, irán
supone también que las personas son capaces de actuar pensando a largo pla­ más allá de la autonomía racional de la posición original para alcanzar la auto­
zo en relación tanto con su concepción del bien como con su sentido de jus­ nomía plena, que es «aquella de los ciudadanos que en la vida cotidiana se con­
ticia. El método es «constructivista» porque el contenido de los principios de ciben a sí mismos de un cierto modo y afirman los primeros principios de jus­
justicia se genera a partir del ideal de la persona moral y a través del modelo ticia acordados actuando conforme a ellos» (1980, p. 521). Las consecuencias
de la posición original. Desde el punto de vista de la posición original esto de esta condición son importantes. Significa que en la sociedad en la que se van
significa que las partes que participan de la construcción son iguales en el sen­ a aplicar los principios de justicia, habrá una concepción pública de la justicia
tido de que todas tienen las? propiedades mínimas necesarias para ser personas eficazmente regulada, de manera que las normas serán conocidas, aceptadas
morales y también que sus reivindicaciones tienen la misma fuerza y validez como «razonables», y cumplidas ampliamente. Además, los miembros de la
a pesar del hecho de que, en la posición original, no saben cuáles son sus va­ sociedad tendrán respeto mutuo los unos respecto de los otros como personas
lores morales ni qué los llevará a definir su sentido de justicia. morales libres e iguales y, así, como fuentes legítimas independientes de de­
Para asegurar que esta igualdad teórica surta efectos en la posición origi­ mandas diversas y en desarrollo respecto del fondo común de recursos y gen­
nal, Rawls introduce su original concepción del «velo de ignorancia» que está te cuya cooperación se puede esperar sólo cuando las disposiciones sean equi­
pensado para evitar toda posibilidad de iniquidad en las decisiones a tomar, tativas y «razonables», y no sólo instrumentalmente «racionales».
haciendo que todas las partes ignoren enteramente cualquier dato particular Bajo la rúbrica de una concepción pública de la justicia, Rawls incluye lo
sobre sí mismas que les pudiera llevar, como electores racionales, a tomar de­ que llama «las limitaciones formales del concepto de lo correcto» que requie­
cisiones que las favorezcan personalmente a costa de otras personas con cua­ re que las normas de justicia sean generales, universales, públicas y capaces de
lidades diferentes. Las partes no conocen sus talentos, o su carencia de ellos, ordenar las demandas sociales resolutiva y comprensivamente. De este modo
ni su lugar en la sociedad, ni siquiera conocen el tipo de sociedad ni la época incorpora algunas de las ideas básicas del Estado de derecho en lo que se re­
en la que vivirán. Aunque saben que tienen una concepción del bien, no co­ fiere a la igualdad de tratamiento y la aplicación imparcial de las normas. Es-

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las limitaciones formales de lo correcto descartan la «dictadura de la primera gresos y la riqueza, y «las bases sociales de la dignidad», lo cual hace referen­
persona» en la que la voluntad de una persona es suprema, y asegura también cia a las condiciones necesarias para que los individuos tengan un sentimiento
que no haya disposiciones a favor de los «gorrones» — free-riclers—que posibi­ sobre su valor como agentes morales. Los bienes primarios son aquellas cosas
liten que a ciertos individuos se les garanticen privilegios especiales. Más espe­ necesarias no para la consecución de cualquier objetivo humano, sino de cual­
cíficamente, dado que los principios de justicia se aplican a la estructura bási­ quier objetivo que sea compatible con el ejercicio de la capacidad moral.
ca de la sociedad, las partes deben escoger «un sistema público de normas que Dado que las partes en la posición original tienen suficiente información
defina los cargos y posiciones con sus derechos, deberes, inmunidades, etc.» y motivaciones para ponerse de acuerdo sobre cuáles son los bienes prima­
(1971, p. 55) en las principales esferas de la vida social, normas cuya adecuada rios, la cuestión que surge es cómo se van a distribuir estos bienes. Aquí Rawls
aplicación constituye una cuestión de justicia formal en la que «los casos simi­ presupone que será racional que los contratantes procedan con prudencia.
lares son tratados de manera similar, y las similitudes y diferencias relevantes Después de todo, están tratando sobre las cuestiones vitales que afectan a las nor­
son aquellas identificadas por las normas existentes» (1971, p. 58). mas básicas de su sociedad. Es improbable, por lo tanto, que las partes con­
Todos estos factores más que ser escogidos por los individuos racionales les tratantes se expongan a riesgos.
son dados a quienes son partes en ef contrato social. Se considera que las par­ Rawls presupone también que las partes no adoptarán una cantidad de
tes en la posición original «representan» la autonomía plena de las personas principios dispares sino que buscarán un conjunto ordenado de directrices
morales en una sociedad bien ordenada, pero se les permite sólo aquel cono­ que darán prioridad a algunas consideraciones sobre otras. En particular, usa­
cimiento necesario para que escojan los principios de justicia. El solo conoci­ rán la idea de orden «lexicográfico», de acuerdo con la cual se exige que una
miento de que se tratará de una sociedad bien ordenada no los incapacita para cuestión considerada como lexicográficamente anterior deba ser satisfecha
determinar un conjunto particular de principios, de manera que deben decidir antes de seguir desplegando otras cuestiones que podrían ser ordenadas tam­
sobre la base de un conocimiento no individualizado respecto de la naturale­ bién lexicográficamente respecto de cada una de las otras.
za del hombre y las realidades empíricas de la vida social, incluida la informa­ La descripción de la posición original no está basada, por supuesto, en
ción económica y sociológica, y las condiciones generales en las que la coope­ ninguna realidad histórica. Intenta más bien reflejar presupuestos para un
ración social es necesaria y posible. procedimiento equitativo que son ampliamente aceptados en la clase de so­
Si se impide que las partes conozcan toda información que pueda generar ciedad con la que Rawls está familiarizado. La mayor parte de las caracterís­
divisiones, parece que no hay entonces nada respecto de lo cual puedan ne­ ticas de la posición original están diseñadas o bien para asegurar la imparcia­
gociar, ya que cada individuo tendrá el mismo conjunto de consideraciones a lidad o para eliminar las creencias morales existentes (que podrían convertir
tomar en cuenta, la misma motivación y la misma capacidad para razonar. Se el método en circular ya que estas creencias podrían ser usadas para seleccio­
ha sostenido en consecuencia que el contrato rawlsiano necesita sólo de una nar principios de justicia). El objetivo es que los principios de justicia aparez­
parte dado que la igualdacf eTítraña identidad de características relevantes en­ can como el producto de la mezcla del autointerés y la imparcialidad. Si se
tre las partes contratantes. N o obstante, Rawls presupone que habrá diferen­ puede hacer esto, resulta que las cuestiones morales salen del ámbito de la me­
cias residuales de opinión que no se refieran a diferencias arbitrarias entre las tafísica intangible para convertir el debate moral en un proceso manejable
partes que darán lugar aLdcbate, aunque no está claro sobre qué podrían ser y anclado en la realidad. Sin embargo, como podía anticipar el análisis ya rea­
estos desacuerdos. En cualquier caso, se nos pide que aceptemos que las partes lizado sobre el método contractualista, sería difícil saber lo que egoístas ra­
contratantes sabrán, o estarán capacitadas para inferir, que hay ciertos «bienes cionales con un conocimiento general extenso pero sin ninguna información
primarios», es decir, cosas que toda persona necesitará para llevar a cabo al­ particular acerca de sí mismos y de sus creencias morales, podrían seleccionar
guna concepción del bien en una sociedad bien ordenada que respete los po­ como fundamentos de su futura existencia en común dentro de la misma so­
deres morales del individuo para seguir en su vida una concepción de lo bue­ ciedad política.
no y un ideal de justicia. Rawls conjetura que se acordarán dos principios en la posición original. El
Los bienes primarios, es decir, las condiciones sociales de fondo y los me­ primero es que «cada persona tendrá un derecho igual al sistema total más ex­
dios generales de finalidad múltiple normalmente necesarios para desarrollar tenso de libertades básicas iguales compatible con un sistema similar de liber­
y ejercer las dos facultades morales y para perseguir efectivamente una con­ tad para todos» (1971, p. 250). Este principio, sostiene, es lexicográficamente
cepción del bien, incluyen las libertades básicas, tales como la libertad de pen­ anterior, de manera que debe realizarse antes de que podamos pasar a) segun­
samiento y la libertad de conciencia, necesarias para desarrollar la capacidad do, que consiste en que «las desigualdades sociales y económicas se deben
moral, la libertad de movimiento y la libre elección de la ocupación, los in­ disponer de modo tal que (a) sean para el mayor beneficio de las personas más

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desaventajadas y (b) que estén vinculadas a cargos y posiciones abiertas a diferencia). Se afirma que en alguna medida el egocentrismo de quienes reali­
todas las personas bajo condiciones de igualdad real de oportunidades» zan las elecciones en la posición original se trasladará a la sociedad real, de
(1971, p. 83), con la salvedad de que (b), la igualdad real de oportunidades, es manera que la gente exigirá a veces incentivos para realizar una contribución
lexicográficamente anterior a (a), el principio de «diferencia». En otras pala­ a las empresas socialmente productivas. Com o resultado de la aplicación de
bras, una vez que se han maximizado las libertades básicas hasta el nivel más incentivos surgirán por lo tanto desigualdades. La envidia es descartada por la
alto compatible con su igual distribución, las distribuciones desiguales de razón de que así se evitan tales desigualdades, lo que explica el modo bastan­
otros bienes podrían ser introducidas si tienen el efecto de maximizar la por­ te ad hoc en el que su influencia es excluida de la posición original. Por otro
ción que corresponde al grupo de los menos favorecidos (la estrategia «maxi- lado, los individuos que usan su superior talento para obtener mayores bene­
min»), siempre que exista una genuina igualdad de oportunidades con res­ ficios no tienen ningún derecho intrínseco a estos beneficios que surgen de su
pecto a las desigualdades permitidas por el principio de diferencia. Acerca de mérito personal o, como en el caso de Locke y Nozick, de que poseen su pro­
todo esto lo «correcto» es anterior a lo «bueno» en el sentido de que los re­ pio cuerpo y por tanto podrían apropiarse del producto de su propio trabajo.
quisitos establecidos por los dos principios de justicia tienen prioridad sobre Es la decisión racional de evitar el riesgo que asumen las partes en el con­
la maximización de cualquier fin deseado. De aquí el contraste entre el enfo­ trato lo que las lleva a escoger este principio de diferencia como fundamento
que contractualista rawlsiano y la teoría moral del utilitarismo que confiere para limitar la desigualdad social y económica. Las partes en el contrato están
prioridad exclusiva a la maximización del pacer, o de las cosas buenas, y la mi- interesadas en protegerse contra el que para ellas podría ser el peor resultado
nimización del dolor, o de las cosas malas. posible como miembros de las sociedades reales, y no arriesgarán su futura
Las libertades básicas que deben ser distribuidas por igual y a las que se seguridad adoptando, por ejemplo, el principio utilitarista de maximización
debe conceder prioridad respecto de cualquier otra consideración son en parte del conjunto de los bienes primarios sin que se haga referencia al modo en
aquellas que se incluyen en el conjunto de bienes primarios ya identificados, que tales bienes se distribuyen. Ellas no saben si es probable que en otras cir­
particularmente la libertad de expresión y la libertad de conciencia, pero cunstancias se puedan encontrar mucho peor que bajo una estrategia de ma-
Rawls amplía la libertad básica hasta abarcar aquellos derechos democráticos ximin, y no desean correr el riesgo de salir mal paradas a pesar del hecho de
que son necesarios para la protección de otros intereses individuales, y tam­ que, en base a las probabilidades, es factible que les vaya mejor bajo las esti­
bién de la libertad de la persona, el derecho a poseer propiedad privada y otras pulaciones del utilitarismo. En estas circunstancias es mejor asegurarse con­
libertades incluidas en la idea de estado de derecho, tales como el derecho de tra una catastrófica mala suerte.
no ser arrestado arbitrariamente. En alguna medida, por lo tanto, tanto el Com o personas racionales, las partes tampoco van a permitir desigualda­
contenido de los bienes primarios como su prioridad están predeterminados des en los puestos o cargos para los que podrían no estar capacitadas para
por la disposición de la posición original. Pero más allá de esto hay un senti­ competir en iguales condiciones. Esto requiere no sólo la igualdad de derechos
do en el que las libertades políticas son vistas como una salvaguardia indis­ legales sino también recursos educativos y materiales necesarios para el desa­
pensable contra los tratos inaceptables. Se confiere prioridad a estas liberta­ rrollo del talento heredado por los individuos. Esto no significa que los pues­
des porque, se alega, ninguna persona racional que tuviese que realizar una tos en cuestión no se vayan a otorgar a aquellas personas mejor cualificadas
elección se arriesgaría a ponerse a sí misma en una posición en la que sus in­ -éste es un requisito aceptable de la eficiencia- pero sí significa que factores
tereses (que podrían resultar ser aquellos de una pequeña minoría) fuesen irrelevantes relacionados con la familia, la riqueza o la educación de las ciu­
puestos en peligro por un régimen no democrático. Poner tales libertades en dadanas y ciudadanos no operarán como causas o fundamento de la selección
primer lugar es sólo una cuestión de seguridad. La tesis bastante controverti­ para ocupar cargos. Si esto se asegura, entonces tendremos «igualdad real de
da de que la libertad fundamental sólo debería ser sacrificada por el bien de oportunidades» y la segunda condición del segundo principio de justicia está
otras libertades fundamentales y nunca intercambiada en ninguna medida por satisfecha.
una mayor prosperidad económica no es aplicable, sin embargo, allí donde Hay muchas ramificaciones en el desarrollo de lo que Rawls llama su «es­
estas libertades no pueden ser aseguradas, o donde el desarrollo económico pecial concepción de la justicia». Por ejemplo, describe cuatro estadios en el
de la sociedad tiene un nivel bajo no especificado. surgimiento de un sistema real de instituciones sociales: en el primero se es­
El segundo principio de justicia incorpora lo que Rawls denomina la «efi­ cogen los dos principios de justicia, en el segundo hay una convención cons­
ciencia», en el sentido de que propone maximizar otros bienes primarios tituyente para establecer un sistema de gobierno, en el tercero el órgano le­
siempre que éstos sean distribuidos por igual y permitan desigualdades cuan­ gislativo dicta las leyes comunes y en el cuarto estas leyes son aplicadas por
do éstas benefician a la clase de personas menos favorecidas (el principio de órganos judiciales. Durante este proceso el velo de ignorancia se va lcvantan-

114 m
do progresivamente de manera tal que en el segundo estadio la asamblea cons­ derechos y deberes fundamentales como marco dentro del cual puede tener
tituyente conoce la naturaleza de la sociedad en cuestión, en el tercer estadio lugar la búsqueda individual del bienestar.
quienes forman parte del órgano legislativo conocen los datos económicos
básicos de su sociedad y en el cuarto estadio el velo de ignorancia ha desapa­
recido completamente de manera que por primera vez los ciudadanos cono­ Problemas para Rawls
cen sus propias circunstancias y características.
Con el fin de poner algunos límites respecto de qué es lo que puede contar Incluso si rechazamos la posibilidad de utilizar el método de Rawls para des­
como bueno para una persona, Rawls establece para los fines de la teoría una cubrir los principios de justicia aplicables en todas las sociedades y en todos
serie de presupuestos empíricos sobre los deseos, necesidades y capacidades los tiempos, hay mucho de atractivo en una teoría que promete proporcionar
humanas, de los cuales el más controvertido es el «principio aristotélico* de un medio a través del cual las ciudadanas y ciudadanos de las sociedades libe­
acuerdo con el cual «a igualdad de condiciones, los seres humanos disfrutan rales, con su énfasis en la autonomía individual y su compromiso con la tole­
del ejercicio de sus capacidades en la medida en que éstas se ven realizadas (sus rancia de las diferencias individuales y grupales, puedan alcanzar acuerdos
capacidades innatas o adquiridas), y este disfrute aumenta cuanto más se ve efectivos respecto de la estructura normativa básica de la sociedad, un con­
realizada la capacidad, o cuanto mayor es su complejidad» (1971, p. 426). Esto senso superpuesto que es más que un mero acuerdo temporal de convenien­
sigue el precedente de la modificación que introduce John Stuart Mili al utili­ cia. Y resulta difícil rechazar la visión de que hay alguna objetividad y uni­
tarismo clásico para distinguir entre los placeres «más elevados» de Sócrates versalidad en el método, en la medida en que incorpora e institucionaliza el
y los «más bajos» placeres de los cerdos (Mili, 1863). papel de la imparcialidad en el debate moral y en la toma de decisiones polí­
Sin embargo, Rawls no intenta justificar en detalle el modo en que se ob­ ticas. También hay mucho que decir en favor del equilibrio reflexivo como
tienen las libertades básicas y otros bienes primarios, ni dice tampoco qué tipo método para refinar y armonizar nuestras creencias morales, a pesar de la fal­
de constitución democrática y de legislación específica será adoptada. Su ob­ ta de fundamentos que sustenten la autoridad de las intuiciones morales.
jetivo es más bien explicar un método para entender el papel de la justicia en El punto débil del enfoque de Rawls es la incertidumbre que rodea la posi­
la sociedad, y conseguir que se lo acepte en general como método de reflexión ción original y sus resultados. Por ejemplo, algunas de las críticas que afectan
política en una sociedad liberal. más seriamente a la teoría de Rawls van en el sentido de que las personas en la
El objetivo normativo fundamental es proporcionar una base para la elec­ posición original podrían de hecho adoptar la utilidad general como la elec­
ción social que represente una alternativa a la visión utilitarista preponderan­ ción racional adecuada en tales condiciones de incertidumbre, ya que ella les
te que, afirma, no toma suficientemente en serio la «distinción entre personas» ofrece la mejor oportunidad para la mejor vida. Para muchos resulta desespe­
(1971, p. 185). Al subsumir Jps intereses del individuo en el bienestar de to­ radamente ad hoc que Rawls descarte esta posibilidad insistiendo en el poco
dos, el utilitarismo alienta la errónea idea de que la sociedad está relacionada realista presupuesto de que los individuos racionales no estarían preparados
con un individuo que bien podría sacrificar alguno de sus deseos con vistas a para correr los riesgos que implica tal estrategia sin conocer las probabilidades
conseguir otros. Es por esta razón que Rawls prefiere su propio paso hacia la en juego. Sin embargo, si no introduce estos presupuestos arbitrarios, parece
imparcialidad respecto de fas alternativas representadas por la teoría del «ob­ que hay poca diferencia entre el contractualismo y la apelación directa a los
servador ideal», derivada de Adam Smith, o la teoría de la «univcrsalizabili- principios de beneficencia universal como base para la elección social.
dad» derivada de Kant, las cuales, desde su perspectiva, también intentan sub­ De manera similar, no resulta nada obvio que individuos puramente au-
sumir al individuo en la sociedad como un todo. tointeresados, con un sólido conocimiento de la naturaleza humana, deban dar
Es también con vistas a contrarrestar los atractivos del utilitarismo que in­ prioridad a las libertades básicas, ya que las personas reales están dispuestas a
siste Rawls en un conjunto de principios de la elección social estrechamente renunciar a los derechos políticos para obtener ganancias económicas que va­
integrados que en caso de conflicto determinan las prioridades. Uno de los yan bastante más allá de la subsistencia económica. El método de Rawls, tan
atractivos del utilitarismo respecto del pluralismo de otras visiones morales cuidadosamente construido, de fijar estas pautas respecto de las prioridades
inconmensurables ha sido durante mucho tiempo el hecho de que es capaz, al en conflicto, está por tanto siempre en peligro de caer en el pluralismo. Tam­
menos en principio, de proporcionar una solución a todos los problemas dis­ bién ha sido controvertido el énfasis exclusivo que el principio de diferencia
tributivos debido a su criterio unitario de corrección. A este respecto, Rawls pone en la situación del grupo de los menos favorecidos. N o hay duda, se sos­
cree que su propia teoría proporciona una alternativa viable al utilitarismo tiene, que se debería conferir más importancia a aquellos individuos cuya po­
como procedimiento de decisión social, al proporcionar un lugar central a los sición es solo marginalmentc mejor que la de dicha clase de personas.

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El hecho de que estas cuestiones sean difíciles de resolver en un sentido o significado y contenido esencial a nuestra vida. N o hay duda de que lo que
en otro es un problema más para el enfoque del contrato hipotético, en la me­ surge de la posición original niega la importancia de la comunidad, incluidas
dida en que parece imposible saber qué decidirían individuos tan inusuales en las obligaciones que tenemos hacia los miembros de nuestros propios grupos,
circunstancias tan especiales. El peligro es que al intentar usar el modelo ter­ y el papel no instrumental de la política con respecto a las instituciones so­
minemos defendiendo simplemente nuestras propias creencias morales sobre ciales y políticas básicas. Además, se pueden plantear algunas dudas sobre la
la justicia natural. Es claro que resulta desproporcionadamente optimista ver utilidad de la idea misma del individuo abstracto y acontcxtualizado, sin un
este proceso como una forma de «geometría moral» a través de la cual pode­ conjunto particular de vinculaciones y compromisos sociales que le permi­
mos descubrir «la única elección coherente con la descripción completa de la tan realizar elecciones que comporten algún tipo de relación significativa en
posición original» (1971, p. 121). la vida real, en la que ser una persona significa ser alguien cuya existencia está
Más específicamente, el grado de ignorancia requerido para asegurar la inserta en una particular cultura y comunidad. Incluso si pudiésemos saber
equidad elimina gran parte de la información que se requiere para realizar una qué elecciones podría realizar en una posición original un «yo» socialmente
elección racional, en la medida en que las concepciones particulares del bien no situado ¿podrían estas elecciones dar lugar a una sociedad en la que pu­
de los individuos pueden tener una considerable relevancia para la estructura diesen prosperar los seres humanos concretos? Este es el núcleo de la crítica
básica de la sociedad. Por ejemplo, es evidente que distintos cometidos y dis­ comunitarista a Rawls expuesta en la obra de Maclntyre (1981) y Sandel
tintos ideales plantearán distintas demandas respecto de los recursos econó­ (1982), a la que me he referido en el capítulo 2. Para estos teóricos, la perple­
micos y de la organización política. La búsqueda del placer es en general más jidad respecto de qué surgiría de una posición original es simplemente un sín­
cara que la búsqueda del conocimiento, y los intereses de quien se ocupa de toma de que se trata de un método defectuoso que ignora la «contextualidad»
su desarrollo físico dependen menos de las estructuras políticas de lo que de­ de la existencia individual en las culturas y los grupos particulares, separado de
penden los intereses de quien se preocupa por la política. El hecho de que el los cuales el individuo carece de todo sentido de dirección y valores. Esto
conocimiento de los distintos intereses afecte parcialmente no significa que se puede ver en las cuestiones que se plantean a raíz de la convicción de Rawls
estos factores sean inherentemente irrelevantes para las elecciones realizadas de que las libertades civiles están siempre en la base de cualquier constitución
en la posición original. En particular, la comparación de las personas en tér­ y, de manera más general, en su afirmación respecto de la prioridad invariable
minos de sus necesidades no puede ser llevada a cabo sólo sobre la base de los de la justicia sobre otros valores de corte más social, y su renovada confianza
bienes primarios. Com o veremos, este problema es especialmente grave si el en la relevancia universal de esta teoría para diferentes culturas cuando, de he­
grupo de los «menos favorecidos» es identificado sólo en términos de los bie­ cho, como ha llegado a reconocer, tiene fuertes afiliaciones etnocéntricas e
nes primarios que poseen. La equidad del contrato parece estar promovida a ideológicas.
costa de las realidades de ^elección moral de manera que las decisiones de La respuesta de Rawls a tales dificultades consiste en parte en reafirmar
quienes están detrás del velo Be ignorancia parecen no tener ni relevancia ni que él no está asumiendo un enfoque moralmente neutral sobre el problema
contenido. De este modo, mientras Rawls lucha por identificar esos bienes de la distribución, sino que en realidad está intentando explicar un punto de
primarios que todos deseamos y de los que tenemos conocimiento en la posi­ vista moral particular, esencialmente aquel en el que el agente moral autóno­
ción original, desde las concepciones particulares de la vida buena que deben mo es valorado sobre todas las cosas. Esta es de becho su principal justifica­
quedar fuera de los términos del contrato social, no está nada claro que quie­ ción para identificar y proteger las libertades básicas e insistir en la igualdad
nes contratan racionalmente en la posición original no deseen tomar en con­ de oportunidades. Es también la razón por la que insiste en que en una socie­
sideración su conocimiento de que, en el mundo real, la gente tiene la fuerte dad bien ordenada habrá un sistema público de justicia con normas generales
convicción moral de que los bienes «secundarios» de algunas formas de vida que permitan a los individuos cooperar sobre la base del respeto mutuo. N ue­
son moralmente superiores a los de otras. De aquí su introducción, bastante vamente su punto de partida kantiano es el hecho de que el respeto a uno
arbitraria, del principio aristotélico para asegurar que haya una preferencia mismo no depende de la riqueza sino de la dignidad de vivir autónomamen­
autorizada por los placeres complejos respecto de los simples. te, y esto le permite erigir la tolerancia como un valor primordial protegido
Una versión particular de las críticas que van en esta línea se centra en el por el velo de ignorancia. También le permite aceptar con tanta facilidad el
individualismo metodológico extremo de la postura de Rawls, que cuando se empíricamente cuestionable principio aristotélico.
lo combina con los términos enormemente abstractos en los que es descrito el Más aún, no hay nada en la teoría que impida que los individuos en la po­
individuo en la posición original, produce, si acaso, un modelo de sociedad sición original tomen en cuenta su conocimiento general de que, como miem­
que no refleja los vínculos específicos de la cultura y la particularidad que dan bros reales de una sociedad, desearán vivir en comunidades de un cierto tipo

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y estar implicados en empresas compartidas lo cual conlleva importantes podría alegar que esto nunca es equitativo en el caso de los bienes primarios
compromisos personales. o en relación con las instituciones básicas de una sociedad, pero difícilmente
Aunque estas respuestas podrían salvar formalmente la teoría de Rawls de esto pueda aceptarse sin reparos. En efecto, no está claro por qué quienes par­
ser anticomunitarista en cuanto a sus valores, de hecho socavan la metodolo­ ticipan en la posición original no querrían incorporar un elemento referente
gía de la posición original porque alcanzar el resultado correcto implica hacer al mérito en sus criterios de distribución. Podría ser que pudiesen haber teni­
cambios en la posición original con respecto al «conocimiento» atribuido a do, como parte de su conocimiento general, información relativa al hecho de
los participantes. Además, los valores de equidad presentes en la posición ori­ que los seres humanos no tienen el tipo de libertad de voluntad en la que el
ginal y de los que se deriva su descripción pueden considerarse limitados por antepasado intelectual de Rawls, Kant, basó su análisis sobre la naturaleza
el presupuesto liberal de que en una sociedad todo debe ser el resultado de un moral de los seres humanos. Consideraciones parecidas podrían hacerse acer­
proceso de elección. En un mundo comunitarista, el consentimiento libre e ca del resto de la información que está o no disponible para quienes están en
informado podría no ser la piedra de toque de la legitimidad política, pero lo la posición original, incluidos los «hechos» generales sobre la naturaleza hu­
es en una sociedad liberal. Sandel, en particular, sostiene que la cuestión mis­ mana y los sistemas económicos en referencia a los cuales los participantes
ma planeada en la posición original, que tiene que ver con cómo han de dis­ deben decidir.
tribuirse los beneficios y las cargas de la cooperación social, predispone la La cuestión del mérito se complica con el análisis inicial de la justicia que
teoría hacia un resultado que da prioridad a la autonomía individual y a la au­ hace Rawls, que toma en cuenta cualquier consideración moralmente rele­
tonomía de un tipo particular de individuo, uno cuya identidad se define en­ vante que descanse en la distribución de las cargas y beneficios de la coopera­
teramente con un núcleo metafísico que se ubica fuera de las actividades y ción social. Esto significa que las intuiciones sobre las que basa su equilibrio
relaciones particulares que constituyen la vida real de los individuos reales en reflexivo no están realmente conectadas con la «justicia» como un tipo espe­
las sociedades reales (Sandel, 1982, p. 17). cífico de criterio distributivo sino que deben incluir cualquier consideración
Y así, tanto en el nivel de los valores como en el de la metodología, pare­ que sea «decisiva» en este contexto, incluidas las partes subsidiarias de su
cería que la teoría rawlsiana de la justicia encierra supuestos liberales discuti­ complejo sistema lexicográfico de principios que promueven la eficiencia. N o
bles que su teoría presupone y que no son probados ni justificados por ella. nos pide, por tanto, que nos limitemos a las cosas que son identificadas espe­
De la misma manera podríamos llegar al mismo resultado sustantivo sin toda cíficamente por el lenguaje de la justicia y la equidad, haciendo así doblemen­
la parafernalia de la posición original. te difícil especificar las bases intuitivas de nuestro sentido de justicia. Esto se
Sorprendentemente, sin embargo, hay un elemento de las doctrinas libera­ hace particularmente evidente cuando el autor introduce en la justicia el pre­
les tradicionales que Rawls no adopta, y este es la importancia del mérito na­ visor criterio del adecuado nivel de incentivos para producir ganancias de
tural en la asignación de recursos. Al asumir la visión de que la capacidad para máxima eficiencia.
desarrollar dotes naturales es'tan heredada como las dotes naturales en sí mis­ Un ejemplo particular de este concepto demasiado dogmático de la justi­
mas, el autor toma todas las capacidades como si en principio formaran parte cia lo constituye el hecho de que excluye el discurso de la justicia de un área
de un fondo social de bienes comunes sobre el que nadie tiene preferencia. de la vida social en la que parece jugar un papel importante aunque subordi­
Sostiene que el mérito requiere que haya un conjunto público de reglas que nado. Así, se ha señalado a menudo que Rawls no es coherente al sostener que
esté detrás de las recompensas por ciertas actuaciones que generan expectati­ la justicia tiene que ver con todas las instituciones básicas de la sociedad pero
vas legítimas, algo que sólo puede llegar a existir después de que la sociedad en la práctica la excluye de las así llamadas esferas «privadas», tales como la
haya sido fundada y después de que se hayan escogido los principios de jus­ familia (ver, por ejemplo, Kearns, 1983).
ticia. Así, una vez satisfechos los requisitos de la igualdad real de oportunida­ Rawls hace notar con acierto que en la familia, el afecto mutuo y la solida­
des, los resultados no igualitaristas de la distribución azarosa de los recursos ridad a menudo hacen que las consideraciones de justicia estén fuera de lugar.
naturales siguen sin ser evaluados conforme a consideraciones de mérito. Identificar a la persona menos favorecida y aplicar la idea de igualdad de
Éste es uno de los modos en que la lógica de la posición original parece ha­ oportunidades al padre, la madre, la hija o el hijo parece poco apropiado. Ta­
ber sobrellevado nuestros juicios colectivos ponderados en el equilibrio re­ les consideraciones, que se adecúan claramente a sus presupuestos y princi­
flexivo. Las intuiciones morales en sí mismas encontrarían seguramente algún pios, lo llevan a ignorar sistemáticamente las injustificadas desigualdades de
lugar para la idea de que aquellas personas que se han ganado nuestro aprecio poder, oportunidades y recursos que caracterizan las relaciones familiares en
y gratitud a través del esfuerzo de una actividad socialmente beneficiosa la mayor parte de las sociedades. Hacer de los «cabeza de familia», como hace
podrían recibir bienes extras en dichas condiciones y por tal razón. Rawls Rawls, los representantes que participan en la posición original puede simpli­

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ficar el modelo, pero éste parece diseñado para evitar la cuestión de la justicia cuestiones sobre las cuales existan diferencias doctrinales o filosóficas irre­
doméstica. Tal vez esta dificultad podría rectificarse incluyendo a todas las conciliables o inconmensurables en cuanto a las formas de vida aceptables. En
mujeres y los hombres en la posición original, aunque esto abre otro tema particular, la defensa de la teoría de Ralws, incluso dentro de una sociedad
conflictivo relativo a las posibles diferencias distintivas entre los modelos mas­ liberal, debe implicar en el fondo el rechazo indiscutible de aquellos postula­
culino y femenino de pensamiento que podrían persistir incluso detrás del velo dos comunitaristas que priorizan aquellas formas de sociedad que proporcio­
de ignorancia, como una barrera en el logro de un acuerdo efectivo en mate­ nan a los individuos un marco comunitario firme en el que vivir una existen­
rias tales como la justicia en la familia y la selección de los bienes primarios cia no completamente autónoma.
(Okin, 1987, pp. 65-72).
Al considerar estos problemas que se plantean a la teoría de Rawls, se debe
notar que él ha adaptado y desarrollado su teoría a lo largo de los años, en La justicia y el bienestar
parte a la luz de tales críticas. Cuando en los ensayos reunidos en E l liberalis­
mo político (1993), Rawls recalca que su teoría es «política y no metafísica», La justicia mantiene lazos irrenunciables y firmes con la cuestión relativa al
quiere decir que está diseñada para contribuir a un creciente consenso en una tratamiento que se da a aquellas personas que peor lo pasan cualquiera sea
sociedad liberal, como los Estados Unidos, y no para establecer ninguna ver­ el acuerdo social existente en una sociedad. N o sólo la justicia «social» está
dad profunda sobre la naturaleza de los seres humanos ni un ideal objetiva­ estrechamente ligada al propósito de aliviar la pobreza y cuidar a los miem­
mente correcto de justicia que trascienda los límites culturales. El pluralismo, bros más desafortunados de la sociedad, sino que la justicia en general está
en el sentido de un florecimiento de formas de vida radicalmente diferentes inextricablemente ligada a la idea de los intereses de las personas oprimidas,
pero igualmente válidas, requiere un Estado que proporcione un marco de débiles y explotadas. Cualquier teoría de la justicia debe, por tanto, atender a
derechos individuales que sean neutrales respecto de los distintos estilos de vida. sus consecuencias para las personas más necesitadas dentro de una comuni­
Su teoría está dirigida, dice ahora Rawls, a facilitar la identificación de aque­ dad. Esto no significa que la «necesidad» como tal deba ser el criterio priori­
llos aspectos de estas diferentes culturas que se superponen en alguna medida tario dentro de una concepción aceptable de la justicia, pero ningún enfoque
permitiendo que exista un núcleo sobre lo correcto que pueda fijarse como que no se ocupe adecuadamente del problema de qué significa un tratamien­
base para una diversidad de formas de vida buenas y deseables. El liberalismo to «equitativo» de los ciudadanos y ciudadanas más perjudicados, puede ser
político no hace más que tratar de «responder a la pregunta: ¿cómo es posible considerado seriamente como una teoría normativa aceptable de la justicia. Es
que pueda haber una sociedad estable y justa cuyos ciudadanos y ciudadanas un punto a favor de los principios de Rawls que esto sea reconocido.
libres e iguales estén profundamente divididos por doctrinas religiosas, filosó­ La conexión entre justicia y bienestar se ve oscurecida por el uso del térmi­
ficas y morales en conflictq,o incluso incompatibles? (Ralws, 1993, p. 133). El no «bienestar» en la economía del bienestar para referirse a la satisfacción de
«consenso por superposición» necesario para que se produzca dicha estabili­ cualquier preferencia humana que pueda expresarse en elecciones económicas,
dad y justicia, tiene que ser, sostiene, mucho más que un compromiso entre de manera que la maximización del bienestar se adopta como el equivalente
intereses en conflicto, un mero modus vivendi. Debe ser un firme compromi­ moderno de la maximización de la utilidad. Interpretado de este modo, el in­
so moral respecto del sistema de justicia obligatorio el que proteja el derecho terés por el bienestar podría ser visto como distinto de la justicia en la medida
de todas las personas a realizar su propio bien y sus propios valores, y dé una en que el primero es una cuestión de agregación y el segundo una cuestión -al
prioridad decisiva a esta diversidad. Este consenso político deja fuera sólo los menos principalmente- de distribución. Por el contrario, la conexión relevan­
estilos de vida basados en doctrinas que no sean «racionales», en el sentido de te podría ser entre justicia y bienestar en el sentido de la satisfacción de las ne­
que no puedan tener el respeto de quienes no están de acuerdo con ellos, pero cesidades básicas de aquellas personas que no son capaces de ocuparse ade­
por lo demás no sólo es escépticamente tolerante sino que apoya de manera cuadamente de sí mismas, un objetivo al que a veces se le da prioridad sobre las
efectiva la diversidad de visiones racionales del mundo. demandas de otras personas respecto de los mismos recursos escasos. Este en­
Estas aclaraciones son de gran ayuda para entender la «justicia como equi­ foque relaciona el bienestar, en el sentido en que está ligado con la justicia, con
dad», y apoyan a Rawls frente a las críticas relativas a su supuesto universa­ alguna concepción de las necesidades humanas básicas.
lismo y a la aparente arbitrariedad o provincianismo cultural de algunas de El análisis del bienestar que toma en cuenta la noción de necesidades bási­
sus premisas. Sin embargo, queda algo así como una moción de fe respecto de cas es, sin embargo, tal como se presenta, bastante restrictivo si queremos in­
que ninguna de aquellas cuestiones que se juzgan decisivas y que por tanto cluir las actividades características del «estado de bienestar» que van más allá
forman parte legítimamente del marco forzoso de una sociedad liberal, son de la ayuda a quienes no pueden procurarse por sí mismos lo esencial para la

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vida maicrial. El Estado de bienestar se extiende para proporcionar un servi­ intacto el problema de aquellas personas que no logran hacer uso de estas opor­
cio general de salud y educación para todas las personas, incluidas aquellas tunidades, para no hablar del problema más amplio de la posible injusticia en
que serían capaces de satisfacer estas necesidades para sí mismas y su familia, los desiguales resultados que puedan tener lugar como consecuencia de una
si tuvieran que hacerlo. La característica crucial del Estado de bienestar es que Iorina intervencionista de igualdad «real» de oportunidades aún más fuerte,
sus servicios promueven el bienestar de las ciudadanas y ciudadanos y lo ha­ que seguirá dependiendo en parte de cuestiones moralmente contingentes tales
cen más o menos sin cargo a través de un sistema de seguros o impuestos an­ como las dotes naturales heredadas o las circunstancias familiares favorables.
tes que a través del pago de los servicios recibidos en el lugar en que se ges­ Uno de los atractivos de la teoría de Rawls es que parece conciliar los de­
tionan. Normalmente, las disposiciones fiscales para tales servicios son tales rechos para la elección humana con un gran interés por los miembros menos
que las personas más pobres de la sociedad no pagan de hecho por lo que afortunados de la sociedad. Una vez que se ha resuelto la igualdad en la liber­
reciben, en la medida en que el seguro es pagado por quienes tienen trabajo tad básica y en las oportunidades consideradas derechos inviolables, el prin­
o, en sustancia, a través de un sistema de impuestos progresivos. Así, los ser­ cipio de diferencia se ocupa de que las desigualdades que puedan surgir sean
vicios se proporcionan en base a la necesidad más que de la capacidad para pa­ permitidas sólo en la medida en que beneficien a las personas menos favo­
gar, de aquí la afinidad entre el cuidado de los más pobres y el Estado de bie­ recidas de la sociedad. Esto no sólo parece tener una tendencia fuertemente
nestar. Los límites conceptuales son aquí difusos en el sentido de que no hay igualitarista, sino que parece hecho a medida para un sistema que confiere al
una distinción clara entre dar ayuda material directa a quienes la necesitan bienestar de los pobres el tipo de prioridad que se debe buscar en una con­
y proporcionar un entorno en el que aquellas personas antes incapacitadas cepción de la justicia. El grupo ele los menos favorecidos en la sociedad no
para cuidar de sí mismas tengan la oportunidad efectiva de hacerlo, pero la sólo disfruta de la dignidad que se deriva de poseer derechos políticos plenos
tendencia general del Estado de bienestar está suficientemente clara: se dirige e iguales y de la asistencia material que es necesaria para desarrollar las capa­
a la satisfacción de las necesidades fundamentales y es así es que tiene que ver cidades en la misma proporción en que lo hacen quienes tienen similares ca­
particularmente con aquellas personas que pasan mayores necesidades, aun­ pacidades y motivaciones, sino que todo el sistema económico que se sigue de
que esto pueda ocurrir dentro de un sistema de beneficios universales finan­ esto parece estar dirigido a asegurar que a las personas de este grupo no se les
ciados a través de los mecanismos fiscales del Estado. nieguen los beneficios o el incremento de riqueza que provenga de la coope­
Es interesante ver cómo las distintas teorías de la justicia se ocupan de ración social. N o se permite ninguna desigualdad que no mejore su posición.
cómo satisfacer las necesidades básicas. Las teorías basadas en el mérito pue­ Esto es en sí mismo interesante a la luz de las críticas feministas a la justicia li­
den o bien justificar los paliativos a la pobreza sobre la base de que los gran­ beral por excluir el cuidado y el afecto, mientras que para Rawls la justicia
des sufrimientos son en general inmerecidos y por tanto injustos y requieren de está aliada con la fraternidad y «el sentido de justicia es una continuación del
una solución, o si no podrían clasificar los paliativos a la pobreza como una amor por la humanidad» (Rawls, 1971, p. 434).
cuestión de beneficencia o prudencia más que de justicia, una estrategia que Un análisis más profundo del principio de diferencia de Rawls -y de otros
no tiene por qué implicar que no se trata de una actividad propia de los Esta­ aspectos de su teoría ligados a dicho principio- sobre quiénes forman parte
dos. Las teorías basadas en la necesidad no tienen grandes dificultades para del segmento más desfavorecido de la sociedad no corrobora enteramente es­
acomodarse al Estado de*bicnestar pero requieren, junto con otras teorías, tas expectativas. Esto no es sorprendente a la vista de los recurrentes proble­
identificar qué cuenta como una necesidad fundamental, y valorar la relativa mas que surgen al intentar reunir en un sistema el valor supremo de la liber­
equidad de los mecanismos que proponen usar para la promoción de la satis­ tad de elección y las virtudes de los contratos equitativos por un lado, y el
facción de las necesidades. Las teorías basadas en derechos, que normalmen­ compromiso efectivo de proporcionar bienestar sobre la base de la necesidad,
te interpretan los derechos en términos del respecto por las elecciones indivi­ por el otro. N o sólo resulta que el esquema de Rawls permite desigualdades
duales, tienen más dificultades para determinar qué se debería hacer respecto económicas mucho mayores de lo que se podría imaginar, sino que también
de las personas que lo pasan mal bajo un sistema basado en la capacidad de se hace evidente que el principio de diferencia no se dirige principalmente a
elección, bien porque realizan malas elecciones o bien porque no tienen los quienes el concepto de necesidad fundamental identifica de manera más ca­
medios para llevar a cabo elecciones efectivas en relación con su propio bie­ racterística. En consecuencia, se hace difícil ver cómo el enfoque ralwsiano
nestar, tal vez por falta de capacidad, habilidad o prudencia. Lo primero que puede poner en funcionamiento adecuadamente el suministro de bienestar a
hacen las teorías de los derechos es a menudo identificar el bienestar con el un nivel aceptable para los grupos esencialmente necesitados.
hecho de proporcionar a los individuos las oportunidades para desarrollar Uno de los aspectos de la posición original que se tiene por «realista» en
y desplegar sus capacidades como agentes racionales o morales, pero esto deja tanto es también un aspecto de las sociedades reales -al menos de las socieda­

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des democráticas modernas- es que una economía de libre mercado es efi­ cia hacia una distribución más igualitaria se produce de manera natural a tra­
ciente como medio para coordinar los esfuerzos de los agentes económicos, vés de los gastos de los más ricos, y no artificialmente como resultado de la
que se presume que son básicamente autointeresados. Se dice que la gente redistribución de recursos organizada por el Estado.
necesita incentivos para trabajar y desarrollar sus talentos socialmente útiles. Antes de indagar en el significado del principio de diferencia en este con­
Rawls sostiene que no hay un modo efectivo de adscribir valores relativos a texto, debemos notar que, una vez que se a han tomado en consideración to­
los recursos excepto recurriendo a las leyes de la oferta y la demanda como das estas acciones correctivas y la equidad de fondo, aún puede ocurrir que
variables cruciales para determinar quién obtiene qué en un sistema económi­ algunas personas usen sus talentos mejor de lo que lo hacen otras personas
camente eficiente. Sin embargo, afirma que «no hay ningún vínculo esencial y que algunas tengan más talentos que otras, de manera que, dada la libertad
entre el uso de los mercados libres y la propiedad privada de los instrumentos de contratación y la libertad de elección en el ámbito laboral, necesariamente
de producción» (1971, p. 271), y adopta una postura neutral entre la propie­ surgirán desigualdades importantes si distintos trabajos reciben remuneracio­
dad privada y la propiedad pública de los medios de producción e intercambio, nes distintas como, ex hypothesi, debe ocurrir en un sistema de incentivos.
asumiendo simplemente que ambos sistemas de propiedad son compatibles Por lo tanto, no importan cuán «equitativo» sea el punto de partida, las desi­
con una economía de mercado. gualdades surgirán y se acumularán rápidamente, ya que el individuo es libre
Desde el punto de vista de Rawls, la eficiencia económica del libre merca­ de gastar sus ingresos para conseguir más riqueza y oportunidades. La idea
do es un hecho empírico afortunado ya que las libertades que son esenciales general según la cual las diferencias de capacidades tanto naturales como de­
para el funcionamiento del libre mercado -incluida la ausencia de esclavitud sarrolladas deberían llevar a diferencias en el ingreso no le interesa demasiado
y el derecho a cierta cantidad de propiedad privada- se encuentran también a Rawls. Éste no sostiene que los individuos tengan un derecho natural ante­
en su lista de libertades básicas. Sin embargo, más allá de los requisitos de efi­ cedente a usar sus capacidades como lo crean conveniente para obtener cual­
ciencia y libertad básica, hay una insistencia independiente en que la compe­ quier cosa que deseen, como afirma Nozick, pero no considera problemático
tencia sea «justa». Esto aparece explicado en su concepción de la igualdad de que las diferencias naturales lleven a desigualdades materiales, en el marco de
oportunidades que requiere grandes transferencias de recursos para asegurar un sistema de incentivos de libre mercado. Si es necesario ofrecer recompen­
que todas aquellas personas con capacidades y motivaciones similares ten­ sas diferenciadas para aumentar la riqueza general de una sociedad, entonces
gan oportunidades educativas similares, no sólo formalmente, sino de hecho, aquellas personas que en libre competencia son elegidas para ocupar tales car­
proporcionando facilidades adecuadas y apoyo material. Esto se extiende hasta gos y posiciones sobre la base de la capacidad, «merecen» o tienen derecho a
abarcar la igualdad de derechos económicos en un mercado libre que es visto estas recompensas más altas. Cualquier otra solución implicaría infringir las
como un caso de «justicia procedimental pura». Si los mercados son razona­ expectativas legítimas y negar la libertad de elección básica.
blemente competitivos y abiertos, entonces la equidad en la competencia se Surge entonces la cuestión de si el principio de diferencia transforma la
transfiere a la equidad de un?esultado cuya justicia no es independiente. aparente meritocracia en algo más parecido a un sistema de bienestar. El ar­
A pesar de la feliz coincidencia de la eficiencia económica y la justicia pro- gumento según el cual sí lo hace, mantiene que las desigualdades en cuestión
ccdimental pura, que confiere a la teoría económica de Rawls un parecido con tienen todas que ser justificadas por sus efectos beneficiosos para el grupo de
la «mano invisible» de Adam Smith, Rawls no cree, más que Smith, que la los menos favorecidos. Sin embargo, aunque podría parecer que esto produ­
competencia justa del mercado abierto se pueda sostener sin un adecuado cirá una sociedad más o menos igualitaria, en realidad no hay ninguna razón
trasfondo de instituciones gubernamentales. Aceptando que hay una tenden­ para pensar que esto será así. Los individuos autointeresados se podrán bene­
cia a acumular riqueza y poder, distorsionándose así la competencia y soca­ ficiar de la posesión de las capacidades escasas, las diferencias que acarreen
vando la igualdad de oportunidades, el autor propone que el Estado vigile las pequeños incrementos de recursos para los menos favorecidos podrían dar
actividades económicas para prevenir los monopolios y las restricciones al beneficios mucho más grandes a otros grupos, y en general el resultado del
comercio que amenazan tanto la eficiencia como la equidad. Rawls va más le­ principio de diferencia es compatible con desigualdades muy importantes.
jos que Smith, sin embargo, no sólo en cuanto al contenido de su ideal de una Además, cualquier tendencia que tenga hacia la igualdad es contingente y de­
igualdad real de oportunidades, sino también en su uso del principio de dife­ pende de las circunstancias particulares, del mismo modo en que los supues­
rencia para justificar los impuestos a los miembros más favorecidos de la so­ tos resultados igualitarios del principio de utilidad dependen de las variables
ciedad con el fin de proporcionar un «mínimo social» de recursos para el grupo empíricas que afectan a la oferta y la demanda. Es posible, por lo tanto, que
de los menos favorecidos, a través de lo que llama la dirección de «transfe­ en una sociedad rawlsiana el grupo menos favorecido pueda estar efectiva­
rencias» del gobierno. En el sistema de libertad natural de Smith, esta tenden­ mente muy mal tanto en términos absolutos como relativos.

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Las inquietudes de este tipo aumentan a la luz de las investigaciones sobre cuyas necesidades especiales podrían ser mucho mayores de lo que puede ser
los miembros del grupo de íos menos favorecidos en la sociedad. Se podría satisfecho con los recursos de la clase de las personas menos favorecidas.
pensar que este incluirá a aquellas personas incapacitadas para trabajar en ra­ Otra táctica para reducir el desconcierto rawlsiano sobre este punto, es in­
zón de alguna enfermedad, de incapacidad mental o física, o de falta de opor­ corporar las condiciones temporales de la infancia, el desempleo, la enferme­
tunidades; pero esto aparentemente no es así. En primer lugar, tales personas dad pasajera y la vejez al ciclo normal de vida de quien trabaja, y ver los be­
en general no están representadas en la posición original, donde las partes se neficios en relación con tales categorías de personas necesitadas como parte
limitan a representar a aquellas personas con capacidad para formar parte de ilc las remuneraciones totales por el trabajo. N o obstante, esto no afectaría a
la sociedad y que deben, por lo tanto, cumplir con los requisitos mínimos aquellas personas cuyas necesidades de este tipo a lo largo de la vida sean ex­
de los agentes morales; es decir, deben, ínter alia, tener la capacidad de tener, cepcionales debido a circunstancias anormales de su salud o desgracias acci­
y perseguir efectivamente, una concepción sobre su propio bien. Esto no hace dentales. Asimismo, tales consideraciones no estarían relegadas al grupo de
ninguna concesión a las necesidades especiales de quines no tienen estas ca­ los menos favorecidos, de manera que aquí no se trata de la aplicación del
pacidades. Más aún, dentro de la clase de las personas morales, el grupo de las principio de diferencia.
menos favorecidas se identifica en relación con la posesión de bienes prima­ Además, tomar en consideración necesidades especiales como son las de
rios, particularmente de recursos económicos y materiales, y no de acuerdo quienes están gravemente enfermos implicaría hacer un cambio importante
con las satisfacciones a su disposición que, obviamente, se ven afectadas por en los presupuestos de Rawls. Parece claro que incluso un reparto igualitario
su estado de salud y otras fuentes de sufrimiento, así como por la sensación de recursos será insuficiente para corregir tales desequilibrios de satisfaccio­
de miseria, y no dependen simplemente de los recursos que tienen disponi­ nes, y los cuidados médicos en sí no cambiarán mucho la situación. ¿Signifi­
bles con independencia de su condición física y mental. Además, resulta que ca esto que el principio de diferencia implicaría dedicar más y más recursos a
Rawls, al ocuparse de este grupo, lo identifica con el grupo de quienes tienen mejoras marginales en el grupo de las personas con una calidad de vida tan
empleo pero reciben la remuneración más baja, antes que con quienes están baja? La sociedad se podría transformar entonces en un gran hospital o insti­
en la que se podría considerar uno posición peor, es decir, la de no poder tra­ tución de bienestar, para cuyo fin se destinaría en última instancia toda la co­
bajar. El «mínimo social» es «salarios más transferencias» (1971, p. 277). operación social.
N o está clara la importancia que tiene esta caracterización del grupo de los La razón por la cual Rawls no entiende que éste sea el resultado de su prin­
menos favorecidos en la teoría de Rawls. Éste llega a esta posición inicial- cipio de diferencia podría ser que él no considera que las personas que sufran
mente al considerar la vida social y económica normal, haciendo a un lado el alguna desventaja de este tipo sean miembros «normales» de la sociedad, en el
problema de quienes no llegan al nivel de la participación en una sociedad de sentido de que su modelo está diseñado para ocuparse de la distribución de los
agentes morales libres c iguales: «todos son capaces de honrar los principios beneficios de la cooperación social a la que contribuyen todos los miembros.
de justicia y ser participantcs'plenos en la cooperación social a lo largo de su El autor ve la sociedad como una organización para el beneficio mutuo en la
vida» (1980, p. 545). Sin embargo, este presupuesto podría considerarse como que todas las personas participan en alguna medida y de la que todas deberían
una parte relativamente superficial del modelo. Es verdad que el problema de beneficiarse, de ahí la justicia de ver las capacidades naturales como una forma
los desempleados parece estar mitigado por el hecho de que el principio de una de activo colectivo cuyos frutos pueden ser usados legítimamente para mejo­
igualdad real de oportunidades requiere que los gobiernos aseguren que exis­ rar la situación del conjunto de contribuyentes que están peor.
ta la posibilidad de escoger entre distintos empleos, pero ésta es una sugeren­ Permitir que quienes no contribuyen estén representados en la posición
cia práctica muy problemática en una economía de libre mercado que no puede original equivaldría a eliminar las bases para un acuerdo negociado, pero ex­
crear sin más puestos de trabajo para proporcionar empleo, sin distorsionar el cluirlos parece inhumano, especialmente teniendo en cuenta que Rawls está
mercado y, si el problema es grande, crear «distorsiones» masivas en el siste­ dispuesto a permitir que los representantes de las generaciones futuras tengan
ma económico reduciendo así la riqueza disponible para ayudar al grupo de voz en el acuerdo final, en la medida en que las partes en el contrato no co­
los menos favorecidos. Además, en un sistema de incentivos, los puestos de tra­ nocen en qué generación nacerán. Parece, por tanto, que tenemos un choque
bajo que se crean de esta manera para proporcionar empleo, probablemente entre la lógica de la posición original y los sentimientos de justicia que se dice
deban tener remuneraciones más bajas que los empleos socialmente útiles con que impregnan el resultado del contrato social.
remuneraciones más bajas, lo cual podría ser realmente muy poco. Y, por su­ Al final, el sistema de Rawls, utilizando como base la posición original, se
puesto, esta solución, incluso si pudiese ser practicable y posible en un siste­ decanta a favor de la elección y la oportunidad para quienes tienen la capaci­
ma de libre mercado, no hace nada por quienes no pueden trabajar, personas dad de aprovecharlas, antes que a favor de un tipo de compromiso que fo-

128 129
mente la satisfacción de las necesidades, que está ligado al hecho de socavar
un sistema de libre mercado pero que no obstante parece ser parte de nuestro
sentido de justicia. Esto es evidente, por ejemplo, en su identificación de la
dignidad con la igualdad de derechos políticos antes que con la igualdad de
recursos económicos, y su consecuente disposición para aceptar un grado
de desigualdad económica que incrementa ligeramente el grupo de las perso­
nas menos aventajadas en el empleo. Esto se corresponde con la prioridad de
la libertad, política y económica, pero no haría justicia respecto de quienes es­
tán realmente mal dentro la comunidad de personas morales libres c iguales.
Parece entonces, por lo que hemos visto, que hay una tensión no resuelta en­ 6
tre el carácter libertario de la posición original y el equilibrio reflexivo de
nuestros juicios morales meditados que incorporan un tratamiento acorde
con las necesidades básicas.
Nuevamente, sin embargo, es una cuestión diferente saber si las distribu­
La justicia como eficiencia:
ciones que están basadas solamente en la necesidad son, en cualquier caso, Posner y la justicia penal
una cuestión de justicia, más que de humanidad o benevolencia. La definición
amplia de justicia de Rawls, según la cual ésta tiene que ver con «el modo en
el que las instituciones sociales más importantes distribuyen los derechos
y deberes fundamentales y determinan el reparto de las ventajas de la coope­
ración social» (1971, p. 7), y su énfasis en la fuerza decisiva de la justicia, ha­
cen imposible que excluya la provisión de bienestar básico de la esfera de jus­ A pesar de que es común establecer una distinción precisa entre justicia y uti­
ticia, sin socavar sus prioridades sociales y políticas. Si ampliamos el alcance lidad, los propios utilitaristas disputan fervientemente la validez de esta antí­
de la justicia hasta transformarla en un factor relevante en todas aquellas si­ tesis y sostienen que el utilitarismo puede dar cuenta del significado de la jus­
tuaciones en las que de manera rutinaria evaluamos en términos de justicia, ticia como un criterio ético y político subordinado, cuya importancia puede
y si abandonamos la insistencia en que la justicia debe siempre tener prioridad explicarse por el principio ético último según el cual la acción correcta es
respecto de todas las demás consideraciones, entonces podríamos clarificar aquella que niaximiza la utilidad general. Por el contrario, los no utilitaristas
todo lo referente a la clecciótj social contrastando las cuestiones de necesidad a menudo adscriben a la justicia aquellos juicios morales usados frecuente­
con aquellas de justicia. El rechazo, por parte de Rawls, del mérito como un mente para frenar la aplicación del razonamiento utilitarista, mientras hay
elemento dentro de la justicia le impide hacer del alivio de la necesidad inme­ quien va más lejos y define la «justicia» como un ideal distributivo que exclu­
recida una cuestión de justicia, cerrando así otra vía para incorporar al menos ye totalmente el objetivo agregativo de conseguir la mayor cantidad de bienes
algunas categorías de necesidad dentro del alcance de la justicia en la distri­ (ver p. 28).
bución. Finalmente, su modelo individualista de sociedad liberal hace difícil Inevitablemente, por lo tanto, los utilitaristas están a la defensiva cuando
que base los deberes fundamentales del bienestar en los vínculos y relaciones articulan y defienden su concepción de la justicia y normalmente se sienten
con la comunidad, que los comunitaristas observan como un aspecto que fal­ impulsados a demostrar que la adhesión al utilitarismo no entra en conflicto
ta en su visión de la justicia. de manera radical con nociones de sentido común sobre qué es justo. A me­
nudo, en este proceso, reinterpretan el utilitarismo clásico de modo de incor­
porar las demandas de justicia. En efecto, un teórico contemporáneo de la
justicia, Richard Posner, cuyo trabajo está muy en la línea de la tradición uti­
litarista, presenta su teoría casi enteramente a través de comparaciones con su
interpretación del utilitarismo. Más adelante analizaré la «economía de la jus­
ticia» de Posner y su aplicación a la justicia penal. Pero antes, a modo de in­
troducción, repasaré los elementos más importantes del debate en torno a la
justicia frente a la utilidad.

¡3 0 131
Justicia y utilidad contrar en muchos debates sobre políticas públicas, es difícil tratar los pilares
gemelos del utilitarismo clásico separadamente, particularmente en la medida
El utilitarismo -en alguna de sus formas- ha sido durante casi un siglo una hi en que la doctrina psicológica se expone frecuentemente para demostrar
pótesis de trabajo para la mayoría de los economistas occidentales, y consti cómo el utilitarismo ético puede ser usado para defender los criterios co­
tuye una buena reflexión sobre el énfasis en el crecimiento económico como rrientes de justicia. Esto se hace mostrando la necesidad de que existan nor­
objetivo central de las políticas modernas. Tal vez como mejor se vea ejem­ mas que asignen cargas y beneficios a modo de incentivos para que los indi­
plificado el utilitarismo de nuestros días sea con la «economía del bienestar» viduos autointeresados actúen del modo que lo requiere la felicidad general.
que adopta como norma económica básica la maximización de la utilidad hu En efecto, aunque generalmente el utilitarismo es considerado esencialmente
mana o «bienestar», un enfoque que también ha sido aplicado a la teoría de­ como una doctrina ética, muchos teóricos son considerados utilitartistas más
mocrática y, más recientemente, al derecho. porque adhieren al postulado de que las personas son maximizadoras racio­
Los principios centrales del utilitarismo constituyen una poderosa combi­ nales de su propia felicidad (o intereses), que porque tengan en cuanta algún
nación de dogmas empíricos y normativos, expuestos primero por los filóso­ compromiso inquebrantable con la tesis consccucncialista según la cual la
fos radicales del siglo X IX , particularmente Jeremy Bentham y -en una veta maximización general de la utilidad es el único valor ético y político. Sin em­
menos ortodoxa-, John Stuart Mili. Los filósofos radicales sostienen las tesis bargo, en principio los dos elementos de la teoría clásica se pueden separar, y
aparentemente contradictorias de que (1) como cuestión de hecho, todas las ambos han sido desarrollados de modos diferentes desde las distintas formas
personas buscan maximizar sus propios placeres y minimizar sus dolores del utilitarismo moderno.
(tesis a veces llamada «egoísmo psicológico»), y (2) como cuestión de valor, el En la economía moderna, la doctrina psicológica respecto del autointerés
acto moralmente correcto es aquel que maximiza los placeres y minimiza los en la motivación humana ha sido transformada, con fines teóricos, en una hi­
dolores de todas aquellas personas afectadas por él (tesis a la que llamaré «uti­ pótesis de trabajo, en el sentido de que para predecir el resultado de los
litarismo ético»). Con estas premisas, los utilitaristas clásicos se embarcan en acuerdos económicos y sociales debería asumirse que la gente actúa racional­
una detallada crítica de los acuerdos sociales que no maximizan la utilidad, y mente, es decir, que elige coherentemente aquellas opciones que les dan más
elaboran una multiplicidad de propuestas específicas detallando formas en las beneficios como individuos, con el presupuesto adicional de que los agentes
que, si los individuos se centraran en sí mismos, esto podría ser aprovechado económicos basan sus elecciones en preferencias o deseos relativamente cons­
para generar felicidad para todos. Lo que para Adam Simith había sido un mi­ tantes. La solvencia teórica de esta hipótesis depende de la medida en que
lagro del designio divino por el cual la búsqueda del propio beneficio econó­ pueda ser usada para generar predicciones verificables respecto de los efectos
mico por parte del individuo, en el contexto de la competencia en el libre sociales de los cambios económicos o jurídicos. Su efectividad como postula­
mercado, resulta en la «riqueza de las naciones», para Bentham y sus segui­ do no depende directamente, por tanto, de la medida en que de hecho se apli­
dores se transforma en un mecanismo a ser desarrollado y mejorado en todas que en el proceso de razonamiento de los individuos particulares. Así, la idea
las esferas de la vida social a través de los métodos científicos de los ingenie­ de maximizar la conducta ha sido descrita como «una ficción útil para anali­
ros sociales de la humanidad. Así, Bentham propone reformar el derecho pe­ zar la conducta de los grupos» (Burrows y Vcljanovski, 1981, p. 3), a pesar de
nal de modo de tener sanciones efectivas para desalentar la conducta dañina y que la mayoría de sus defensores la entiende claramente como una ficción
defender la extensión del sufragio democrático, que proporcionará controles realista, aunque selectiva, que resume adecuadamente la tendencia dominan­
similares a los del mercado sobre la conducta de los políticos, quienes promo­ te en la conducta humana.
verán la felicidad general sólo para ser reelectos. La armonía «natural» de los Para Bentham, maximizar la utilidad significa seleccionar las sensaciones
intereses, de Smith, se transforma así en una armonía artificial, a través de la agradables y eliminar las dolorosas -considerando que el placer y el dolor son
cual la manipulación de los incentivos produce «la mayor felicidad del mayor los dos «amos» de la conducta humana-, pero la inviabilidad de de esta visión
número», un eslogan que pretende expresar la idea de que se puede obtener la en relación con muchas formas de conducta llevó a sustituirla por la «satis­
cantidad más grande posible de placer por encima del dolor en una comuni­ facción de deseos» como medida de la utilidad, una variante más abierta del
dad en la que al placer y el dolor, de cada miembro se le de el mismo peso en egoísmo psicológico que permite que el presupuesto de la maximización al­
el cálculo de la felicidad social. cance el grado de tópico al precio de una vaguedad excesiva. Para hacer que
Dado que esta asociación histórica del egoísmo psicológico y el conse- esta interpretación de la utilidad sea operativa, se entiende que la prueba de la
cucncialismo ético -que se transformó en la ortodoxia dominante del capita­ «satisfacción de deseos» consiste en verificar las preferencias de los indivi­
lismo de finales del siglo X IX y principios del siglo X X - , aún la podemos cn- duos expresadas en las elecciones que efectivamente realizan. Esto transforma

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la hipótesis de la maximización en la verdad tautológica de que las personas requisito de que seamos coherentes en nuestra ordenación de preferencias. Sin
eligen lo que eligen, ya que las satisfacciones que se dice que determinan las embargo, como hemos visto, la dimensión ética del principio de maximización
elecciones se evidencian sólo a través de las elecciones que se realizan. no se relaciona directamente con las elecciones individuales, sino con las elec­
En economía, esta vacuidad se remedia concentrándose en las preferencias ciones sociales, es decir, con las elecciones que afectan al bienestar de muchos
estrictamente económicas que conllevan el esfuerzo por conseguir dominar los o de todos los miembros de un grupo social. El utilitarismo ético, resumido en
recursos escasos a través del incremento de la capacidad adquisitiva, y asi términos de preferencias, es el principio según el cual el acto correcto es aquel
ganar control sobre los bienes y servicios que las personas racionales y maxi- que brinda a la mayor cantidad de gente posible aquello que escogen. En cues­
mizadoras esperan obtener a través de sus elecciones. Ya que, por extensión, tiones económicas, esto se equipara con la maximización del incremento del
cualquier cosa podría recibir un «precio» según lo que los individuos estén poder adquisitivo y, nuevamente, por extensión, con la promoción de aquellas
dispuestos a pagar por ella en un mercado abierto, toda satisfacción de deseos preferencias no monetarias por las cuales la gente pagaría más.
puede en principio recibir un valor monetario a través de la aplicación de ideas La versión del utilitarismo ético centrada en las preferencias tiene la ven­
tales como la de «costes de oportunidad», con lo que el valor que una persona taja de que ayuda a evitar una de las mayores dificultades de la teoría clásica,
deposita en una actividad aparentcménte no monetaria podría equipararse con fundamentalmente la que consiste en cómo hacer comparaciones interperso­
la cantidad de dinero que podría haber ganado en esc tiempo (esto representa nales de utilidad, particularmente cuando la utilidad se equipara con factores
el «coste de oportunidad» de haber consentido la actividad en cuestión). De subjetivos tales como el placer o el dolor. A pesar de los denodados esfuerzos
este modo, pasamos de la felicidad a la satisfacción de deseos, y de allí a la ri­ de Bentham por proporcionar un «cálculo felicífico» -felicific calculus- para
queza monetaria, como el valor que se dice que persiguen los individuos o los la agregación de las experiencias hedonistas de una comunidad midiendo fac­
colectivos. En el caso de la riqueza, sin embargo, no siempre está claro si la ri­ tores tales como la intensidad, duración y naturaleza placentera o dolorosa de
queza es considerada el objetivo último -lo cual resulta poco convincente- sus sensaciones, siempre ha parecido imposible averiguar la verdad de «afir­
o -lo cual es más probable- si la riqueza se entiende como medida del valor del maciones tales como que el placer de una persona es cuatro o cinco veces más
disfrute de las experiencias resultantes, de la capacidad para alcanzar la satis­ grande que el de otra, o que el intenso pero breve placer de una persona pue­
facción de los deseos, o de algún otro objetivo de este tipo respecto del cual la de ser compensado con el dolor más débil pero más duradero de otra.
riqueza es meramente una meta instrumental o próxima. El utilitarismo de las preferencias evita las comparaciones interpersonalcs
El principio normativo del utilitarismo ético ha atravesado modificaciones de este tipo, centrándose en las elecciones que los individuos realizan antes que
similares al afrontar dificultades comparables. Así, los problemas empíricos en los placeres y dolores que experimentan. El principio de utilidad puede en­
de medir los placeres y dolores u otros estados psicológicos -tales como los sen­ tonces alcanzarse dando a las personas lo que dicen que quieren. Sin embar­
timientos de satisfacción-, ljan provocado el abandono de la maximización de go, dado que esto casi nunca puede realizarse, particularmente cuando se tra­
la felicidad como el valor ético más inclusivo, a favor de alguna forma de uti­ ta de considerar las elecciones sociales sobre cuestiones institucionales, en la
litarismo de las preferencias de acuerdo con el cual la maximización de utili­ práctica es necesario recurrir a una interpretación democrática del utilitaris­
dades da a las personas lo que quieren o escogen antes que aquello que efec­ mo de las preferencias, realizando las elecciones sociales y políticas de acuer­
tivamente les permitirá incrementar sus placeres o disfrutes. Nuevamente, a do con los deseos de la mayoría, a pesare del hecho de que esto podría tener
menudo existe aquí una ambigüedad respecto de si la realización de las pre­ la desventaja de excluir efectivamente los intereses de las minorías. La vía ha­
ferencias es un medio para incrementar la felicidad u obtener la satisfacción cia el utilitarismo democrático puede encontrar resistencias si se da una inter­
esperada, o si constituye en sí misma el objetivo valioso. En este último caso, pretación democrática más restrictiva a la maximización de la utilidad, exi­
lo que podría llamarse utilitarismo de las preferencias se aproxima a su rival giendo la unanimidad para tomar decisiones sociales.
habitual, la ética de la autonomía, en cuanto considera el ejercicio de la capa­ Este enfoque está ejemplificado en el uso de la idea del «óptimo de Pare-
cidad de elección, antes que la felicidad o la satisfacción, como el valor moral to», de acuerdo con el cual una situación es superior a otra si al menos una
último. persona está mejor (o prefiere esa situación) y todas las demás personas están
Com o doctrina ética, el utilitarismo de las preferencias resulta casi tan cir­ igual de bien (o piensan que la situación es igualmente aceptable). La situa­
cular como su contraparte conductista, ya que si se supone que los principios ción Pareto óptima es aquella imposible de cambiar en modo que mejore el
morales guían las elecciones, este utilitarismo parece sugerir que debemos ele­ conjunto o se satisfagan los deseos de al menos una persona sin que al mismo
gir aquello que de hecho elegimos, en cuyo caso no puede ofrecer ninguna tiempo entren en conflicto el bienestar o deseos de otras personas que se ven
guía sobre cómo debemos ejercer nuestra capacidad de elección más allá del afectadas por el cambio. Este concepto no controvertido no sólo es de aplica­

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ción muy limitada en la práctica, sino que tiene la desventaja de dar a cada Una primera respuesta utilitarista a tales ataques es reiterar la sentencia
miembro de la comunidad la capacidad de veto respecto de cualquier pro­ benthaniiana de que, en el cálculo de placeres y dolores, «cada persona cuenta
puesta de cambio, otorgando así un peso injustificado al estatus quo y ha­ por una y no más que una». Sin embargo, esta forma de igualdad sólo signi­
ciendo en efecto que un número infinito de diferentes situaciones sociales fica que no deben ser excluidos del cálculo el placer y el dolor de ningún in­
sean Pareto óptimas, ya que siempre existirán quienes tengan algo que perder dividuo, ni se les debe dar menos peso que a un placer o dolor similar experi­
si se alteran las condiciones existentes. mentado por cualquier otra persona. Aunque este requisito es enteramente
Una variante en apariencia más clásicamente utilitarista del óptimo de Pa­ coherente con el utilitarismo, y excluye ciertos procedimientos de toma de de­
reto es el principio de Kaldor-Hicks, de acuerdo con el cual una situación so­ cisiones que tienen al menos cierta semejanza con la justicia, sigue siendo com­
cial debe ser preferida respecto de otra si las ganancias para algunos miembros patible con las muchas y grandes desigualdades que insistentemente se denun­
de la comunidad fuesen suficientes para compensar a aquellas personas que cian por injustas. Tal principio permite la «victimización» de las minorías cuyo
resultasen perdedoras potenciales en el cambio de una situación a otra. Los sufrimiento puede tener más peso que el incremento de placeres que estos su­
cambios así justificados no dependente que se obtenga el acuerdo de todas frimientos proporcionen a otros (tal vez en forma de trabajo en condiciones de
aquellas personas implicadas o de quienes de hecho deban pagar la compen­ esclavitud), y carece de la capacidad para discriminar de un modo moralmen­
sación a quienes van a perder algo debido a su ganancia, de modo que, aun­ te relevante entre los diferentes tipos de actividades placenteras y dolorosas.
que el enfoque de Kaldor-Hicks parece guardar algún parecido con el princi­ Quienes defienden el utilitarismo tienen algunos otros argumentos con
pio de maximización de la felicidad, elimina el requisito del consentimiento los que esperan adaptar su teoría a las nociones de justicia del sentido común:
que encierra el principio de Pareto y que podrían utilizar los perdedores po­
tenciales para bloquear los cambios propuestos. Un problema que tiene el 1. Recurriendo al concepto de utilidad marginal decreciente, de acuerdo
principio de Kaldor-Hicks es que, al intentar establecer los niveles adecuados con el cual el disfrute que se deriva de una cierta cantidad de cualquier
de compensación, nos lleva al problemático ámbito de las comparaciones in­ producto disminuye en la medida en que el individuo obtiene cada vez
terpersonales, ya que la medición de las ganancias y las pérdidas implica com­ más (de manera que la persona rica obtiene menos placer de recibir una
parar la satisfacción de las diferentes personas implicadas. suma adicional de dinero que el que obtiene de la misma suma de dine­
El realismo empírico que la fórmula del óptimo de Pareto confiere al prin­ ro una persona pobre), se sostiene que una distribución aproximada­
cipio normativo de la utilidad se ve contrapesado por su escasa aplicabilidad mente igual de dinero u otro producto deseado maximizará la suma to­
política. Prácticamente todas las elecciones políticas benefician a algunas per­ tal de felicidad en una sociedad. En este sentido el utilitarismo tiene
sonas a costa de otras. Más directamente relacionada con el tenia de este libro, consecuencias distributivas que se podrían describir como «igualita­
está la objeción de que el óptimo de Pareto excluye la crítica a la injusticia de rias», ya que tiende a producir un resultado con una igualdad aproxi­
los acuerdos sociales existentes, al menos en la medida en que éstos sean más mada en las participaciones.
beneficiosos que las alternativas sugeridas, para al menos una persona. La fór­ 2. De acuerdo con el utilitarismo ético, un acto es correcto si maximiza la
mula de Kaldor-Hicks tiene más usos políticos y ai hablar de compensación felicidad de todas las personas afectadas por él e incorrecto en la medi­
parece moverse en la diretción de la justicia, a pesar del hecho de que la com­ da en que causa sufrimiento a otros; esto significa que el mejor acuerdo
pensación es más conceptual que real. De este modo, sin embargo, se asume social utilitarista recompensará a quienes actúen de manera altruista
también que la justicia debe tomar el estatus quo como un punto de referencia y castigará a quienes causen sufrimiento a otros. N o se trata, por lo tan­
para determinar la retribución. Estas limitaciones normativas de las evaluacio­ to, de que el utilitarismo sea indiferente respecto de la calidad moral de
nes del bienestar social general ilustran una de las críticas más importantes al la conducta de los individuos ya que, a través de un sistema de incenti­
utilitarismo en general, que consiste fundamentalmente en señalar su incapa­ vos y castigos, quienes actúen correctamente tenderán a que se les asig­
cidad para tomar en serio la distribución de los bienes valiosos que intenta ma- ne una parte mayor de los recursos de la sociedad que a quienes actúen
ximizar. Esta crítica se puede realizar con más contundencia desde el punto de incorrectamente. Esto puede no querer decir que se recompense la
vista del mérito, de acuerdo con el cual es esencial para la justicia que las car­ bondad moral, si ésta es vista como hacer el bien por sí mismo, pero sí
gas y beneficios se asignen sobre la base de la loable o censurable conducta o que se da un paso a favor de la conducta socialmente beneficiosa, elimi­
carácter de aquellas personas afectadas por la distribución, aunque críticas si­ nando de este modo el reproche de insensibilidad moral.
milares son formuladas por todos los que consideran que algún grado de igua­ 3. La especial importancia depositada en la justicia como valor político es
litarismo constituye un ingrediente esencial de la justicia. compatible con el utilitarismo ya que la felicidad de los seres humanos

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es particularmente vulnerable a ciertos tipos de lesión o daño, de modo pios morales- para producir resultados aceptables. Así, si en un cierto con­
que la utilidad se ve maximizada a través de la prohibición de las accio­ texto no se verifica una disminución de la utilidad marginal ¿pueden ignorar­
nes que tienden a infligir daños tan graves. Estas prohibiciones podrían se sus consecuencias generales respecto de la igualdad? O si los castigos no
ser vistas como la esfera particular de justicia que tiene que ver con la desalientan cierto tipo de conducta dañina ¿significa esto que tal conducta
prevención de las formas más importantes de sufrimiento humano a di­ no debe ser penalizada? Si desobedecer una regla generalmente útil incre­
ferencia del objetivo utilitarista más amplio de alentar la realización de menta la felicidad ¿no puede en tales circunstancias ignorarse dicha regla? In­
acciones socialmentc beneficiosas. Una variante del utilitarismo -llama­ cluso cuando el utilitarismo ofrece la respuesta moralmente correcta, no pa­
da utilitarismo «negativo»- sostiene que el dolor y el placer no guardan rece hacerlo por las razones correctas.
proporción entre sí en el sentido de que un placer no puede compensar También resulta dudoso que la combinación de los argumentos (2) y (3)
un dolor y, además, se afirma que el alivio del sufrimiento tiene prefe­ señalados más arriba responda realmente al ataque respecto de la inconsisten­
rencia moral respecto del incremento del placer. Esta postura se asocia cia moral. Los críticos no simplemente se refieren al temor de que se puedan
con la tesis de que el derecho debería ocuparse solamente de la prohi­ infligir sufrimientos inmerecidos a alguien, o que éstos puedan permitirse,
bición de las conductas que causan dolor, dejando la búsqueda de la sólo porque maximizan la utilidad general. También tienen la sensación de
felicidad para la esfera privada. que algunos placeres, como aquellos del sádico o el racista, no deben contar
4. Finalmente, haciendo hincapié nuevamente en la función de la justicia en absoluto en el cálculo de los valores sociales, porque tienen, si cabe, una
como un ideal político antes que como una ética para la vida privada, el cualidad moral negativa. Una versión más moderada del mismo punto sostie­
utilitarista, recurriendo a la premisa del igoísmo psicológico, puede de­ ne que, en la línea del principio aristotélico rawlsiano (ver p. 118), algunos ti­
mostrar que una sociedad organizada según las pautas del utilitarismo pos de placer son inherentemente superiores a otros de un modo que no tie­
será una sociedad de normas y, por lo tanto, de justicia formal. N o sólo ne que ver con la intensidad con que se sienten.
las decisiones sociales se tomarán de acuerdo con ciertas generalizacio­ Admitir que podría ser necesario seleccionar y escoger entre los distintos
nes acerca de las normales consecuencias de los distintos tipos de con­ placeres y dolores, socava el uilitarismo hedonista, de acuerdo con el cual és­
ducta, sino que estos tipos de conducta se alentarán o se desalentarán a tos son los únicos valores importantes, y elimina a su vez una de las principa­
través de la aprobación de normas que establezcan sanciones adecuadas les ventajas del utilitarismo, es decir su medida unitaria de valor. Sin embar­
(tanto negativas como positivas). Aunque estas normas, o leyes, serán go, existen distintos tipos de utilitarismo «ideal» de acuerdo con los cuales la
evaluadas de acuerdo con los principios utilitaristas, de modo que la corrección c incorrección de los actos (o reglas) depende de un cierto núme­
suma neta de daños evitados y placeres obtenidos excederá al máximo ro de tipos diferentes de consecuencias valiosas. Estas versiones del utilitaris­
la totalidad de dolor infligido por la imposición de sanciones negativas mo, que pueden incorporar la importancia de la belleza y la verdad así como
(tales como castigos o "impuestos), las acciones individuales serán juz­ del placer y el dolor, son, en general, moral mente más aceptables, a pesar de
gadas de acuerdo con las reglas establecidas y no por apelación directa que no afrontan directamente las cuestiones de distribución típicamente
a la utilidad. Este enfoque «utilitarista de reglas» se debe diferenciar de planteadas por la justicia.
la clásica teoría «utilitarista de actos», de acuerdo con la cual es el acto El utilitarismo de reglas parece dar respuesta a algunas de las objeciones en
individual, antes que la regla, el que se evalúa conforme a los criterios torno a la distribución, que señalan que el utilitarismo hace de la utilidad la úni­
utilitaristas. Bajo el utilitarismo de reglas, se sostiene, los individuos se­ ca medida de lo que es correcto políticamente, pero si se lo considera en senti­
rán tratados con la igualdad formal requerida por los criterios corrien­ do estricto parece alejarse radicalmente del utilitarismo clásico. ¿Es cierto que
tes de justicia y el problema de la victimización se verá así reducido, si a un utilitarista genuino no se le puede obligar a seguir una regla incluso cuan­
no eliminado. De este modo la tesis utilitarista de reglas explica por qué do ésta -lo que sin duda ocurre a veces- no maximice la utilidad? Además, el
la justicia es esencialmente una cuestión de organización social más que utilitarismo de reglas no sólo se aparta de la pureza clásica de la teoría, sino que
de moralidad personal. en la práctica no elimina todas las formas de victimización, algunas de las cua­
les son victimizaciones de grupo más que individuales, y por lo tanto podrían
Todos estos puntos combinados constituyen una formidable defensa de la ser perfectamente compatibles con instituciones basadas en reglas, tales como
justicia utilitarista, pero cada uno de ellos está sujeto a objeciones. Una difi­ la esclavitud u otras conocidas formas de discriminación.
cultad general es que la mayoría de ellos parece desafortunadamente ad, boc, Por razones como éstas, la reflexión sobre el utilitarismo tiende a generar
en el sentido de que descansan en hechos contingentes -am es que en princi­ la búsqueda de bases más estables para la igualdad mínima y de protecciones

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especiales contra la victimización, que se perciben como requisitos de cual­ la justicia con la eficiencia económica, particularmente dentro de la esfera del
quier sociedad tolerablemente justa. En este contexto es típica la crítica de derecho. Aunque este libro no presenta una defensa sistemática y rigurosa de
John Rawls a la incapacidad del utilitarismo para tomar en serio la distinción la idea de que la justicia se reduce a los beneficios de la maximización de la
entre las personas y su intento, a través de la idea del contrato social, de pro­ riqueza, resulta notable como un intento peculiar de defender un análisis
porcionar las bases para crear los derechos que limiten pero no eliminen la utilitarista moderno de la justicia (aunque se debe hacer hincapié en que el
aplicación de consideraciones utilitaristas. Sin embargo, si los derechos abso­ propio Posner distingue con claridad su teoría del utilitarismo benthamia-
lutos -estén o no basados en un contrato o en la sola convicción moral- se no). Dado que Posner es un destacado partidario de lo que se llama el «aná­
disponen de este modo, queda abierta al utilitarista la posibilidad de contes­ lisis económico del derecho» (AED ), su versión de la justicia nos proporcio­
tar con la acusación de que estos derechos tienden a limitar injustificadamen­ na importantes revelaciones sobre las consecuencias contemporáneas de un
te la búsqueda del bienestar general, y en la práctica sirven en gran parte para tipo de teoría que guarda estrechos vínculos con la economía normativa de
proteger los intereses de una minoría privilegiada en contra de las posibles economistas del libre mercado tales como Milton Friedman. El logro de Pos­
ventajas de la mayoría. La defensa que realiza Rawls de la prioridad de la li­ ner ha sido aplicar el tipo de teoría económica individualista al contenido de
bertad y, de manera más evidente, la postura de Nozick sobre los ilimitados las doctrinas jurídicas en áreas tales como el derecho de daños, el derecho
derechos de transacción del individuo que posee propiedades, pueden ser vis­ contractual y el derecho penal.
tas por el utilitarista fuerte como un ejemplo de lo inapropiadas que resultan Con respecto al punto de vista ideológico general, la teoría de la justicia de
las teorías de la justicia no utilitaristas. Posner se asemeja mucho a la de Nozick, ya que ambas ofrecen una defensa
De manera más general, el utilitarista puede tener dudas respecto del pre­ entusiasta del libertarianismo capitalista, y dan una aprobación general a la
supuesto común de que la justicia es siempre una consideración moral decisi­ propiedad privada de los recursos productivos y al libre intercambio de bie­
va, y adoptar la visión de que los derechos protegidos por las reglas utilitaris­ nes sin trabas provenientes de la interferencia estatal. Sin embargo, mientras
tas son de hecho muy apropiados aunque no más que los derechos positivos que la posición de Nozick está basada sobre los derechos socialmente pre­
que podrían ser dejados de lado, cuando sea pertinente, por consideraciones existentes a la vida, la libertad, el producto del propio trabajo y el resultado
más amplias de utilidad. Este enfoque utilitarista que está en una línea más es­ de los acuerdos voluntarios, Posner adopta un escepticismo típicamente uti­
tricta, podría implicar el derrocamiento de algunas ideas generalmente acep­ litarista respecto de los derechos morales y argumenta en cambio, basándose
tadas sobre qué es justo, y requiere que revisemos nuestras visiones sobre la en consideraciones fundamentalmente consecuencialistas, a favor de dere­
importancia de la justicia dentro de marco moral general. Pero el utilitarismo chos positivos que, llegado el caso, resultan ser extensionalmcnte idénticos a
ha sido tradicionalmcnte una filosofía reformista y radical y podría ser que, los derechos morales fundamentales de Nozick. Esto está en la línea de su te­
como último recurso, la mejgr línea de defensa de los utilitaristas sea la carac­ sis general de que los acuerdos sociales y políticos están sujetos a la prueba de
terísticamente iconoclasta postura de atacar los resultados cuestionables de la «maximización de la riqueza», el principio esencial del AED que intenta ar­
los principios no utilitaristas. Un ejemplo contemporáneo de esta línea más ticular una perspectiva económica del derecho que nos ayudará tanto a en­
estricta es el trabajo de Richard Posner, de cuya teoría económica de la justi­ tender como a valorar el proceso legal a la luz de la «eficiencia» económica.
cia me ocuparé ahora. k Como la mayoría de los enfoques teóricos de alcance general, el A ED es en
parte descriptivo en tanto afirma que, al menos en el derecho contractual, las
decisiones, sean intencionales o de otro tipo, se toman atendiendo a conside­
La «economía» de la justicia de Posner raciones de eficiencia económica, y en parte normativo en tanto afirma que
las leyes son criticables si no se corresponden con la lógica económica básica
El título del libro de Posner The Economics o f Justice (1981), sugiere que su del derecho.
interés respecto de la justicia tiene que ver principalmente con la rentabili­ La versión del A ED de Posner aparece claramente expuesta en una serie
dad de la aplicación del derecho. Éste es en efecto uno de sus intereses, aun­ de ensayos incluidos en el Economic Analysis oj Law (1977), donde define la
que es un tema que tiene más importancia en un trabajo más reciente, The «eficiencia» como la «explotación de los recursos económicos en modo tal
Federal Courts, Crisis and Reform (1985), en el que se ocupa de la crisis que que la satisfacción humana, medida a través de la voluntad general de pagar
atraviesa la justicia federal en los Estados Unidos de América debido a la por los bienes y servicios, sea maximizada « (p. 4), o, de otro modo, «la satis­
gran cantidad de casos. La economía de la justicia, por su parte, se centra más facción total de aquellas preferencias ... que están respaldadas con dinero»
en la presentación de una concepción económica de la justicia que equipara (p. 61). Una sociedad eficiente es una sociedad en la que los bienes están en

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manos de quienes tienen la capacidad y el deseo de pagar por ellos el precio El derecho de daños, por ejemplo, se ocupa de la distribución eficiente de
más alto, ya que éstas son las personas que más los valoran. En otras palabras, los costes de los accidentes en términos de las pérdidas causadas por éstos, los
en el lenguaje tradicional del utilitarismo, la «utilidad» se incrementa a través costes que implica prevenirlos, y los procesos para asignar estos costes, sien­
de intercambios voluntarios en los que una persona compra algo a otra. Estos do el principio general que la responsabilidad por los accidentes debería des­
intercambios no tendrían lugar a menos que los compradores valoren los ob­ cansar en la parte que podría haber evitado o minimizado los riesgos de tales
jetos en cuestión más que los vendedores, de modo que tales intercambios, al accidentes al menor coste para ella misma, de manera que, de acuerdo con la
ubicar los bienes en manos de quienes desean pagar más por ellos, maximizan ahora famosa sentencia del juez Learned Hand en US v. Carroll Towing (1947),
la riqueza social general. la negligencia es la incapacidad para tener cuidado cuando el coste del cuida­
Generalizando a partir de este presupuesto, la maximización de la utilidad do es menor que la probabilidad del accidente multiplicada por las pérdidas
(o la riqueza) se alcanza principalmente a través de las operaciones del merca­ que se producen si el accidente ocurre. La aplicación de este principio propor­
do libre en el que los participantes pueden producir lo que desean, y ofrecen ciona un incentivo para reducir los accidentes -y por lo tanto para reducir
sus productos en el ámbito del mercado para que los potenciales consumido­ también las pérdidas resultantes- para aquellas personas que pueden hacerlo
res compren de acuerdo con sus deseos y medios, teniendo en cuenta las otras con el menor impacto en la riqueza total de la comunidad. De manera similar,
alternativas disponibles. Esta forma de satisfacción de preferencias utiliza el la eficiencia se obtiene a través de un sistema de propiedad que confiera a los
presupuesto de maximización racional del utilitarismo clásico, que forma individuos el uso exclusivo de las «posesiones» que pueden ser enajenadas
parte de la común defensa utilitarista del sistema capitalista de producción solo por transferencia voluntaria, de modo que los derechos de propiedad se­
privada de bienes para el intercambio en el mercado libre: productores autoin- rán adquiridos por quienes sean capaces de hacer de ellos el uso más produc­
teresados competirán para proporcionar los bienes y servicios demandados tivo posible.
por consumidores autointeresados, a los precios más bajos posibles y contri­ Posner se abstiene de afirmar que los jueces siempre deciden los casos so­
buyendo así de manera no intencional a maximizar la riqueza general de la bre la base de razones tan claramente económicas. Tampoco cree que todos los
comunidad económica. Dado un número razonable de consumidores no em­ ciudadanos alteren sistemáticamente su conducta como resultado de cálcu­
pobrecidos, una asociación de potenciales productores listos para entrar en los conscientemente económicos. Pero sí sostiene que el modelo económico es
competencia, y medios económicos de entrar en negociaciones sobre la base teóricamente válido en la medida en que, en general, permite realizar predic­
de información adecuada (es decir, «costes de transacción» bajos), el sistema ciones acertadas sobre el proceso jurídico que sigue el derecho.
económico tenderá hacia una forma específica de óptimo de Pareto en la que Se debería hacer notar que el A ED , tal como es presentado por Posner y
ni los productores ni los consumidores pueden mejorar su riqueza en un as­ otros, tiene un alcance restringido, en el sentido de que su aplicación descrip­
pecto sin que se reduzca rr$s en otro aspecto. tiva incumbe principalmente al derecho del common law* que hacen los jue­
El A ED es una prolongación de este modelo económico aplicado al análi­ ces, aunque se sugiere que el derecho de los jueces es éticamente superior a las
sis del derecho, que se interpreta como un modo de regular, en interés de la decisiones legislativas de las autoridades políticas que tienden a apartarse de
utilidad social general, la conducta de los maximizadores de riqueza a través las reglas de eficiencia. Es también importante darse cuenta de que la «maxi­
de un sistema de reglas y»sanciones administrado por abogados y jueces que mización de la riqueza» es una forma específica de análisis económico que va
están ellos mismo motivados por las mismas consideraciones que los agentes mucho más allá de los presupuestos más limitados del simple óptimo de Pa­
cuya interacción es regulada por el derecho. Los ciudadanos y ciudadanas que­ reto y presenta criterios para escoger entre distintas posibles situaciones Pare­
brantan la ley cuando los beneficiosos económicos a recibir superan las ven­ to óptimas. Una sociedad resuelta a colocar todos los bienes y servicios en ma­
tajas de respetar el derecho, y someten sus disputas a litigio si la probabilidad nos de quienes son capaces de pagar por ellos y desean hacerlo, es «eficiente»
de beneficios económicos equivalentes es mayor que la probabilidad de car­ de un modo altamente específico que no tiene por qué ser considerado el cri­
gas económicas equivalentes. Además, los tribunales determinan los casos terio económico de eficiencia y es, en general, más representativo de las pre­
que se presentan ante ellos del modo más eficiente económicamente, aplican­ tensiones del utilitarismo clásico que de las más cautelosas reivindicaciones
do las más severas sanciones a la conducta económicamente más destructiva, normativas de la moderna economía del bienestar.
adjudicando derechos a aquellos litigantes que estarían dispuestos a pagar
más por ellos en un mercado libre, y decidiendo sobre la responsabilidad y los I> Aunque en este apartado sobre AED el autor se refiere generalmente a su aplicación res­
daños de modo de asegurar que los recursos estén en las manos de las perso­ pecto del common law, en algunos casos esta denominación ha sido traducida simplemente
nas con mayor capacidad para capitalizarlos. como «derecho» para hacer más fluida la redacción castellana. (N. de la T.)

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Las consecuencias prácticas del AED parecerían ser que el proceso legal La tesis de Posner, entonces, es que «el método del derecho es adjudicar
es reemplazado por transacciones puramente económicas -al menos en responsabilidades entre las personas involucradas en actividades interactivas,
cuestiones civiles que son distintas de las penales-, no permitiendo que los en modo tal de maximizar el valor común o, lo que es lo mismo, minimizar el
tribunales hagan otra cosa que aplicar las negociaciones realizadas en el coste común de las actividades» (Posner, 1977, p. 178). Afirma además que, de
mercado. Quienes sean susceptibles de sufrir accidentes, por ejemplo, acor­ esta manera, el derecho es «justo», una conclusión sorprendente en vistas del
darán pagar a quienes sean capaces de actuar como los más baratos «agen­ hecho de que la maximización de la riqueza, tal como la define el autor, con­
tes contra los costes» de los accidentes, encargados de tomar las precaucio­ fiere a las preferencias individuales un peso que está en proporción con su ca­
nes necesarias, y el derecho aplicará entonces tales acuerdos. Esto, sin pacidad para pagar por lo que quieren, lo que parece ser una manifestación
embargo, ignora el lugar fundamental de los costes de transacción en los del tipo de desigualdades económicas graves que insistentemente se denun­
mercados reales. Podría ser prohibitivamente caro para los individuos ac­ cian como injustas.
tuar solos o en conjunto para obtener la información y realizar los acuer­ En la primera parte de The Economics ofJustice, que trata sobre «la justi­
dos necesarios para alcanzar la eficiencia económica. En tales situaciones, cia como eficiencia», Posner defiende esta equiparación de la justicia con la
por lo tanto, el derecho asume un papel más definitivo al ayudar a reducir maximización de la riqueza señalando sus supuestas ventajas como teoría éti­
las ineficicncias del mercado que resultan de los altos costes de transacción. ca respecto del utilitarismo clásico. El autor defiende la visión de que «el cri­
El argumento es que los tribunales asignan o deberían asignar los derechos terio para juzgar si ciertos actos o instituciones son justos o buenos está en
a quienes pagasen más por ellos si existiese un adecuado mercado libre sin saber si maximizan la riqueza de la sociedad» (1981, p. 115), intentando de­
costes de transacción. mostrar que se trata de una mezcla satisfactoria de utilitarismo benthamiano
De manera similar, hay otros problemas que surgen en los mercados rea­ y autonomía kantiana.
les debido a las «externalidades», es decir, las pérdidas no compensadas que Los defectos del utilitarismo benthamiano de la «felicidad» se dice que
recaen en terceras personas como consecuencia de factores tales como la po­ son, primero, la imprecisión o «esponjosidad del principio de utilidad como
lución, el daño medioambiental o accidentes que no están contemplados en el guía política» (1981, p. 42), debido a la ausencia de un método empírico para
«coste» de las actividades pagado por los participantes voluntarios. La fun­ identificar, medir y comparar la felicidad (ver 1981, p. 54) y, segundo, la no­
ción del derecho es también mitigar estos «fallos» del mercado: toria «monstruosidad moral» del utilitarismo con respecto «tanto (a) a su in­
capacidad para distinguir entre distintos tipos de placer como (b) a su dispo­
No se trata de que los jueces puedan duplicar, o dupliquen, los resultados de los sición a sacrificar al individuo inocente en aras de la necesidad social» (1981,
mercados competitivos, sino de que dentro de los límites fijados por los costes de P-57).
administración del sistcma,jurídico ... la aplicación del derecho acerque el sistema El problema de la imprecisión es superado sustituyendo la felicidad por la
económico a los resultados que se producirían a través de la competencia efectiva riqueza ya que, se afirma, la riqueza puede medirse objetivamente a través de
-un mercado libre que operase sin externalidades significativas, monopolios o pro­ mecanismos de mercado: la utilidad se transforma así en «la suma de todos los
blemas de información (ibíd., p. 6). bienes y servicios de la sociedad medidos por su valor», el cual está «basado
en lo que la gente desea pagar por algo y no en la felicidad que podrían obte­
La tesis de Posner sobre la función del derecho procede del trabajo de R. ner con su posesión» (1981, p. 60).
H. Coase, quien en un influyente artículo («The Problem of Social Cost», Cualesquiera sean las ventajas que pueda tener la maximización de la ri­
1960, p. 1) sostiene que en situaciones en las que se asume que hay bajos cos­ queza en términos de precisión, al menos allí donde existen mercados reales
tes de transacción la adjudicación real de derechos legales es indiferente con esto no tiene ninguna relevancia moral intrínseca que resulte evidente. El va­
respecto al resultado eficiente, dado que la parte que valora más un derecho lor de la riqueza parecería depender enteramente de su contribución a otros
comprará siempre tal derecho, o sus beneficios, a la parte a la que los tribuna­ fines, tales como la satisfacción utilitarista para librarnos de la cual está pen­
les se lo han adjudicado. De un modo u otro, por lo tanto, en tales circuns­ sada la riqueza. De hecho, Posner admite que éste es en realidad su funda­
tancias hipotéticas el derecho terminará en las manos de la parte que desee mento moral, ya que «el valor y la felicidad están por supuesto relacionados:
pagar más por él, que es la solución maximizadora de la riqueza en el conflicto una persona no compraría algo a menos que tenerlo le diese más felicidad -en
económico entre los litigantes. En el mundo real de altos costes de transac­ un sentido utilitarista amplio- que los otros bienes y servicios (incluido el
ción, el derecho promueve mejor la eficiencia adoptando la solución que ha­ ocio) que debe abandonar para tenerlo» (1981, pp. 60 y ss.), pero sigue abo­
bría surgido en un mercado libre y sin costes. gando por la diferencia entre riqueza y felicidad como criterios de justicia,

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diciendo que la medida de la riqueza no genera satisfacciones para todos dado N os quedamos, por tanto, con la ambigua posición de que la maximiza­
que excluye, por ejemplo, las preferencias de las personas indigentes. Aunque ción de la riqueza es un objetivo intermedio, justificado en última instancia
Posner tiene razones relativamente poderosas para sostener que existen lími­ por su efectividad para incrementar la felicidad y la libertad, y que sin embar­
tes a la fuerza moral de la maximización de la felicidad, no da ninguna buena go también sirve como una pauta limitadora que nos permite descartar cier­
razón para las limitaciones particulares impuestas por la maximización de la tas formas de felicidad y favorecer ciertas libertades respecto de otras.
riqueza, ya que no hay ninguna razón clara de por qué un incremento de la ri­ En La economía de la justicia, Posner se queda con la complacencia utili­
queza, tal como el la define, tiene en sí mismo alguna importancia moral. En tarista para subordinar los derechos a la utilidad permitiendo que, cuando los
efecto, el hecho de que la riqueza como medida de la justicia dé preferencia costes de transacción sean altos, ciertas cuestiones no puedan dejarse libradas
sistemática a los productores sobre los consumidores y a las personas ricas a los acuerdos voluntarios ya que «los derechos no son trascendentales, ni son
sobre las necesitadas, es directamente contrario al uso del lenguaje de la justi­ fines en sí mismos» (1981, p. 71). Lógicamente, esta vulnerabilidad frente a las
cia para denunciar las desigualdades injustificadas de riqueza. demandas de la utilidad se debe aplicar a los derechos más básicos de todos,
Tal como se desarrolla la defensa de la justicia como eficiencia de Posner, pa­ incluido el derecho a vender el propio trabajo, pero Posner sostiene que, dado
rece claro que, al final, éste no basa dicha teoría en la eficiencia como criterio mo­ que los costes de transacción son altos, «el principio de maximización de la ri­
ral último sino que la ve meramente como el instrumento subordinado cuya im­ queza requiere la concesión inicial de derechos a quienes sea probable que los
portancia depende completamente de los otros valores que se satisfacen con la valoren más, de modo que se minimicen los costes de transacción» (ibid). De
eficiencia. Esto es de esperar, dado que la eficiencia es un término instrumental este modo puede adscribir a todas las personas derechos básicos de libertad
que siempre invita a la pregunta: ¿eficiente para qué? Cualquier respuesta a esta en general, y de libertad de contratación, aunque no puede mantener que es­
pregunta en términos de creación de riqueza -si es que esto se interpreta en tér­ tos derechos sean en principio absolutos.
minos monetarios-, simplemente plantea la misma pregunta respecto de los pro­ Com o han señalado muchas críticas, esto representa una base bastante
pósitos para los cuales podría usarse el dinero. Esto forma parte de las reminis­ inestable para la defensa de los derechos, ya que podría resultar que, por
cencias utilitaristas de Posner, que nos devuelve al valor de la riqueza para ejemplo, alguna forma de esclavitud fuese en algunas circunstancias el sistema
satisfacer deseos humanos y se abstiene de realizar cualquier evaluación moral más eficiente de creación de riqueza. Además, como sucede con todas las jus­
de estos deseos. Sin embargo, justifica también la maximización de la riqueza tificaciones utilitaristas ad hoc de los derechos, este enfoque parece alcanzar
como modo de incrementar la libertad, ya que en los mercados donde se crea la la respuesta correcta por las razones equivocadas, en el sentido de que nues­
riqueza que describe los individuos son libres y capaces de realizar elecciones tras objeciones a la esclavitud están basadas en consideraciones distintas de la
de acuerdo con sus propias preferencias y deseos personales. Haciéndose eco de falta de utilidad. Pocas personas estarían de acuerdo con Posner en que el
Nozick, afirma que la maximización de la riqueza implica también «un mayor apartheid está mal simplemente porque es «improbable que el ostracismo, la
respeto hacia la elección individual que en el utilitarismo» (1981, p. 66), una afir­ expulsión o la segregación de un grupo productivo incremente realmente
mación que refuerza argumentando que los participantes dan un consentimien­ la riqueza de una sociedad» (1981, p. 85). Tampoco podríamos sentir que el
to tácito al resultado de todas las transacciones del mercado, siempre que éstas monstruo de la utilidad haya sido asesinado si el placer del sádico es admiti­
no sean el resultado del fraude o la coacción (ver 1981, p. 94). do en el sistema siempre que pague por sus placeres incluso cuando, como se­
El compromiso de Posner con la libertad de elección no es, sin embargo, ñala Posner, el alto coste de consentir sus gustos impondrá algunos límites a
abierto, ya que la equipara con la protección de aquellas libertades que son sus actividades. De manera similar, aunque es visto con beneplácito que no se
una parte necesaria de un sistema de propiedad privada de libre mercado. En dé importancia moral a la satisfacción de los deseos envidiosos, es una decep­
otras palabras, se confiere una importancia decisiva sólo a los derechos posi­ ción que la razón dada para justificar este gesto respecto de los sentimientos
tivos que son intrínsecos al capitalismo. Es sólo porque estos derechos no son de la moral corriente sea que la envidia es experimentada fundamentalmente
vulnerables a la «apelación a la utilidad general» que puede afirmar que la ma­ por aquellas personas sin poder de mercado cuyos deseos son por lo tanto
ximización de la riqueza proporciona una protección más adecuada para los irrelevantes para la eficiencia.
derechos individuales que el utilitarismo, una teoría que, desde su punto de La estrategia de Posner de defender que la justicia debe entenderse como
vista, justifica constantes violaciones a la libertad personal. Resulta que la ma­ eficiencia resulta de la conocida combinación utilitarista que surge de mos­
ximización de la riqueza limita tanto como protege la libertad, ya que requie­ trar, por un lado, que la maximización de la riqueza es un criterio satisfactorio
re que se establezcan restricciones efectivas a algunas actividades, tales como para las posiciones morales más usuales sobre cuestiones tales como la ho­
la formación de monopolios, que restringen la creación de riqueza. nestidad, el decir la verdad y el mantener las promesas -las «virtudes conven-

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dónales» (1981, p. 67), que son vindicadas por el hecho de que son vitales dad real de satisfacciones. Incluso el principio utilitarista clásico de que cada
para un sistema comercial floreciente (ver 1981, p. 84)-, y, por otro lado, mo­ persona debe contar por una y no más que por una es dejado de lado por el
dificar efectivamente la pureza del crudo utilitarismo introduciendo conside­ hecho de que el sufrimiento, a menos que vaya acompañado de la capacidad
raciones que funcionen como contrapesos, para formular un «utilitarismo de pagar, es irrelevantc para la «justicia» económica. Apelar a la satisfacción
ilustrado» (1981, p. 107). Posner deja sin aclarar qué sucede cuando las de­ y a la tendencia hacia la maximización de la riqueza que promueve la libertad,
claraciones del utilitarismo ilustrado entran en conflicto con las intuiciones podría tener más fuerza si tal apelación fuera ligada a algo así como la idea de
morales corrientes. Tampoco está claro cómo vamos a establecer el equilibrio una situación inicial de igualdad de recursos como la de Ackerman, o a algu­
correcto entre los elementos utilitaristas y no utilitaristas que Posner está sa­ na idea respecto del grado de redistribución que tales principios requerirían.
tisfecho de poder interpolar en su sistema. El atractivo de la tesis de Posner, La propuesta de Posner -de que los recursos sean distribuidos allí donde
en este punto, es que nos ofrece lo que en efecto es un instrumento para de­ producen más riqueza- es tanto metodológica como moralmente defectuosa.
terminar ese equilibrio, y por tanto elimina la intolerable vaguedad, pero al fi­ La riqueza depende de la capacidad adquisitiva de los individuos y, por tanto,
nal no nos da ninguna buena razón para suponer que la maximización de la no puede ser usada -sin caer en circularidad- como criterio para determinar
riqueza sea una guía fiable para lograr la combinación correcta de utilidad, cuál es la distribución adecuada de la riqueza. Debido a que la distribución de
libertad, mérito e igualdad, que intenta defender. Más aún, las consecuencias la riqueza determina qué preferencias serán usadas para medir la riqueza de la
reales y posibles de la aplicación del test de la maximización de la riqueza son sociedad, Posner puede, como mucho, ofrecer una teoría de la justicia correc­
a menudo disuasorias, y lo son por ir en contra precisamente de aquellas con­ tiva. Dado que la distribución existente de recursos influye en qué leyes son
sideraciones morales que constituyen específicamente el ámbito de la justicia. económicamente eficientes, Posner no puede proporcionar una prueba clara
Así, con aparente y pasmosa insensibilidad, Posner reconoce que en los y objetiva que sirva para evaluar las reformas jurídicas que se prometen como
casos de personas con una inteligencia inferior a la media o de personas cuyo una de las mejoras respecto de la alegada «esponjosidad» del principio de uti­
«producto social neto sea negativo» no hay «derecho a recibir medios de ayu­ lidad. Más aún, como veremos cuando nos ocupemos de la aplicación del
da a pesar de que no haya habido nada reprochable en su incapacidad para A ED a la conducta penal, estas dificultades teóricas se complican cuando se
ayudarse a sí mismas. Este resultado molesta a las modernas susceptibilida­ toman en cuenta actividades no económicas. La tesis general de que las per­
des, aunque yo no veo una forma de escapar de él que sea coherente con al­ sonas son maximizadoras de riqueza pierde contenido cuando se dice que
guno de los más importantes sistemas éticos» (1981, p. 76). Esto significa que aquellos individuos que deciden poner factores tales como el ocio o el presti­
los intereses de quienes no pueden ayudarse a sí mismos están en el mismo gio por encima de un incremento en su riqueza, están «comprando» tales co­
nivel que los intereses de los animales, si se entiende que éstos sólo importan sas al privarse de realizar actividades que produzcan riqueza, antes que admi­
en la medida en que sean valorados como productores. El otro lado de esta tir que están actuando por razones no económicas. En las áreas no económicas
particular consecuencia es qué Posner puede recurrir a consideraciones casi el AED transforma el análisis «económico» de la conducta humana en una hi­
de mérito, señalando que, aunque la maximización de la riqueza no tiene nada pótesis vacía y no veriíicable, compatible con cualquier modelo coherente de
que decir respecto de la distribución inicial de riqueza, su sistema prevé re­ elección real.
compensar el talento y la habilidad. Sin embargo, esta inclinación en la direc­ En los últimos años, Posner ha reconocido la importancia de las críticas me­
ción del mérito no es desarrollada, tal vez debido a las serias limitaciones que todológicas y morales realizadas a su enfoque (ver Posner, 1990, capítulo 12;
cualquier conocimiento extensivo del mérito impondría respecto de la permi­ y Posner, 1995, introducción). Ahora acepta que el A ED explica sólo una par­
sión de desigualdades de riqueza, y al hecho de que tendría que definir el mé­ te de la conducta social y que es sólo una regla o presunción por defecto. Acep­
rito en términos de productividad de riqueza, introduciendo por esta vía un ta también que hay fuertes intuiciones morales en contra de algunas de sus
argumento circular en la teoría. conclusiones, tales como aquellas sobre la esclavitud y la importancia de la
Conceptualmente, una dificultad del enfoque de la justicia de Posner es suerte. N o obstante, sigue utilizando sus propios métodos de A ED , y otros
que no hace ningún esfuerzo por distinguir entre la justicia y otros ideales po­ autores, a menudo menos sensibles que él respecto de sus limitaciones, conti­
líticos, una carencia que puede deberse en parte a que acepta la definición tan núan detrás de su pista. Ahora Posner recomienda un enfoque más pragmáti­
amplia de justicia de Ralws, que abarca todo aquello que se relacione con la co basado en el éxito económico general de las sociedades que operan según el
valoración de la estructura básica de una sociedad. Moralmente, las deficien­ principio de maximización de la riqueza.
cias de la «justicia como eficiencia» provienen de su incapacidad para pro­
porcionar algo más que justificaciones contingentes para alguna idea de igual­

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El análisis económico del derecho penal Sin embargo, es en el castigo que Posner concentra su análisis. Su modelo de
«sanciones penales óptimas» se resuelve en primer lugar en términos moneta­
Aunque el A ED ha realizado sus contribuciones más notables a la teoría jurí­ rios con el ejemplo del hurto. Tomando los «costes previsibles del castigo»
dica a través de su aplicación al derecho civil de daños y de contratos, Posner como una combinación de «la probabilidad de que el castigo sea impuesto y el
sigue la tradición de Bentham al desarrollarlo en relación con el derecho pe­ coste para el delincuente si es impuesto», y asumiendo que el infractor es «neu­
nal para el cual piensa que es particularmente apto. El enfoque benthamiano tral en cuanto al riesgo», Posner sostiene que el coste del castigo previsible de­
consiste en definir el delito en términos de actos que causan suficiente daño o bería ser «al menos igual al daño ocasionado a la víctima del acto delictivo»
sufrimiento a otras personas como para justificar la aprobación de normas (p. 169). Si el beneficio para el delincuente fuese mayor que el coste social del
respaldadas por sanciones que prohíban tal conducta. La eficiencia de tales delito, entonces su consecución sería una contribución al bienestar y por lo tan­
normas depende del presupuesto de que el potencial delincuente se abstendrá to estaría presumiblemente justificado. De hecho, el autor está dispuesto a con­
de realizar actividades socialmente perjudiciales que podrían beneficiarle, si ceder que en ocasiones el hurto es en efecto maximizador de valor, como suce­
existe un riesgo lo suficientemente alto de sufrir un dolor de un nivel inacep­ de cuando una persona hambrienta roba comida de una cabaña desocupada en
tablemente alto, a través de la aplicación de una sanción oficial en caso de medio del bosque. Esto se sigue de su presupuesto general de que el bienestar
que sea atrapado y condenado. En otras palabras, los ciudadanos y ciudada­ general se incrementa cuando los recursos están en manos de quienes están de­
nas son vistos como maximizadores racionales y prudentes a quienes se pue­ seosos de gastar su dinero disponible para comprarlos, lo cual significa que tiene
de disuadir de realizar actividades «delictivas» si el «precio» es demasiado que admitir que el hurto podría ser una actividad justificable cuando los costes
alto. La legislación penal está justificada si el resultado final es un equilibrio de transacción son tan altos que hacen impracticable la transferencia de bienes.
positivo máximo en el que el dolor que ha sido evitado a través de la disuasión Tales casos deben ser vistos como excepcionales en un sistema cuyo poder
o prevención de actos perjudiciales, supera al dolor infligido a través del cas­ de creación de riqueza depende del florecimiento de transacciones volunta­
tigo, junto con los costes de administración del sistema penal de justicia in­ rias en condiciones de costes de transacción bajos, y es este hecho que hace
cluidas sus instituciones penitenciarias. del hurto un delito, ya que socava los incentivos normales del sistema de mer­
El propio Bentham tiene en mente consideraciones consecucncialistas más cado. Teniendo esto presente, el castigo se inflige para alentar al potencial la­
amplias que la simple disuasión ya que, creyendo como lo hacía el en la ma­ drón a que entre en el mercado antes que para evitar que lo haga. Para hacer
leabilidad de la naturaleza humana y en la eficiencia de un sistema riguroso de esto debemos ubicar los costes del castigo previsto más alto que el coste so­
sanciones negativas y positivas, creía que una prisión adecuadamente organi­ cial del objeto. En este caso, presuponiendo que el ladrón sabe que será atra­
zada y diseñada podría reformar al delincuente, disuadir a los potenciales de­ pado y castigado, comprar un objeto será siempre más racional que robarlo.
lincuentes e incluso autofirwuiciarse. Al agregar los costes de administración de las sanciones coercitivas al coste
Posner sigue el estilo de análisis benthamiano pero con más énfasis en los social de la violación en cuestión, se alcanza el nivel adecuado de multa, al
costes que en el sufrimiento, y con una mayor atención a la eficiencia finan­ menos para aquellas situaciones en las que se considera deseable alentar las
ciera del proceso penal. Para Posner, «un «delito» es simplemente un acto que transacciones de mercado. En los casos extraordinarios en los que el hurto
somete a quien lo ha perpetrado a una forma característica de castigo que es está «justificado» debido a los excesivos costes de transacción, el derecho pe­
impuesto en un tipo característico de procedimiento (1979, p. 163), y «el pro­ nal podría no desalentar sino incluso exigir del ladrón el coste completo uti­
pósito del derecho penal es incrementar los costes de la conducta ilegal cuan­ lizando el sistema legal como un sucedáneo del mercado.
do las soluciones convencionales contra los daños son insuficientes» (p. 164). El nivel de la multa tendrá por supuesto que incrementarse en la medida
Posner tiene cuidado de incluir en estos costes no sólo el castigo previsto sino en que disminuya la probabilidad de detección y aplicación, aunque no está
también el precio del equipamiento requerido para perpetrar el delito y los claro por qué esto debería aplicarse del mismo modo a los hurtos «justifica­
costes de oportunidad del tiempo del delincuente. De manera similar, los be­ dos» -que presumiblemente no sea deseable desalentar- que a los casos de
neficios para el delincuente incluyen no sólo cualquier ganancia material que hurtos genuinamente perjudiciales. Sin embargo, Posner parece a veces más
resulte de un delito exitoso sino también las «satisfacciones intangibles» de preocupado por recuperar los costes de la administración de justicia que por
un delito no pecuniario, tal como la violación. En consecuencia, los niveles calcular los niveles eficientes de disuasión, dos objetivos que claramente no
del delito pueden variar al alterarse los niveles de desempleo, que afectan los siempre son compatibles.
costes de oportunidad del delito, así como al variar la severidad de los casti­ Dada la pobreza del delincuente medio, las multas resultan obviamente
gos y la frecuencia de detección. inadecuadas para recuperar los costes del sistema de justicia penal, hecho éste

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que es contrarrestado con el argumento de que la prisión es un modo alterna­ recurrir a la idea moralmente cuestionable de que infligir dolor a un delin­
tivo de imponer costes económicos a los infractores. «L a prisión impone cos­ cuente es una cosa buena en sí misma, pero su punto débil está en que permi­
tes pecuniarios al infractor al reducir sus ingresos durante el período de con­ te actos e instituciones que son aún menos aceptables que la pura retribución.
finamiento y, en muchos casos, al reducir también su capacidad adquisitiva Sea que se trate del objetivo benthamiano de minimizar el dolor resultante de
con posterioridad a la excarcelación (el efecto de los «antecedentes penales»). los actos que producen un daño y que por tanto son considerados actos de­
La prisión impone también beneficios no pecuniarios» (Posner, 1979, p. 167). lictivos, o del propósito posneriano de minimizar los efectos del «delito» que
Sin embargo, la prisión es costosa y estos costes no son compensados con be­ reducen la riqueza, el modo eficiente de abordar este asunto -asumiendo la
neficios que repercutan en la víctima. Más aún, la prisión disminuye los cos­ hipótesis de la maximización racional de la conducta humana-, conlleva ne­
tes de oportunidad de futuros delitos, ya que los ex-presidiarios a menudo no cesariamente la poco equitativa consecuencia de imponer castigos fuera de
pueden encontrar trabajo debido a sus antecedentes penales. Por lo tanto, la toda proporción con la maldad de aquellos delincuentes que son capturados,
prisión difícilmente pueda ser eficiente a menos que actúe como una sanción la posible victimización de personas inocentes con el objetivo de conseguir
efectiva. fuertes efectos disuasorios, y la discriminatoria injusticia de cambiar las penas
Posner no hace más que esbozar los tortuosos cálculos necesarios para es­ de acuerdo con factores tan irrelevantes moralmente como la posibilidad de
timar el coste social de los actos que son definidos de ese modo como delicti­ disuasión y el coste de la administración del derecho penal, perpetrando de
vos, en contraposición con los costes sociales que resultan de la aplicación este modo desigualdades sistemáticas entre grupos de personas igualmente
efectiva del derecho penal. Tampoco deja claro cómo puede ser aplicado este «culpables».
método a los delitos no pecuniarios, tales como la agresión y el homicidio. Posner intenta ocuparse de algunas de estas dificultades. Al advertir la
Está claro que tiene dificultades cuando va más allá de los delitos y las penas aparente injusticia de poner en prisión a aquellas personas que no pueden pa­
a los que se pueden adscribir costes financieros susceptibles de medición. Tan gar una multa, lo cual en la práctica discriminará a los pobres, sugiere que el
pronto como pasa a cuestiones sobre qué valor conceder a una vida humana, «tipo de cambio» debería variar de acuerdo con la riqueza del infractor. Si
o qué período de prisión «cuesta» un hombre desempleado en términos de esto significa que una persona rica tiene que pagar una multa mayor para que
vergüenza y sufrimiento, o cuál es el grado de «satisfacción» obtenido por se equipare con el mismo período en prisión que debe pasar un hombre po­
quienes cometen delitos pasionales, es entonces cuando el modelo económi­ bre, esta solución podría ser más eficiente y más justa que multas con un tipo
co del delito se vuelve nebuloso y especulativo. Tal modelo se puede extender fijo para infracciones específicas, pero el requisito de Posner de que hay que
incluso hasta abarcar la «satisfacción» experimentada por el ciudadano ven­ recuperar el coste social significa que el resultado real sería muy distinto. Las
gativo al que le gusta ver a los infractores castigados incluso si esto no reduce multas para ricos y pobres tendrían que ser las mismas, y el tipo variable de
la criminalidad. cambio afectaría sólo a la duración del período equivalente de la condena
Indudablemente tiene alguna importancia calcular los costes de los delitos de prisión para ricos y pobres, ya que los pobres pagarán menos que los ricos
genuinamentc económicos tales como los hurtos, los fraudes y la destrucción por evitar la prisión. Y así, como quiera que se lleve a cabo el intercambio en­
de la propiedad, así como contraponerlos con el coste de administración de tre libertad y capacidad de pago, esto ilustra las desiguales consecuencias del
un sistema de justicia penal cuyo objetivo es reducir estas transgresiones, análisis económico del derecho, toda vez que la libertad del hombre pobre
pero el intento de incorporar a este esquema la red de complejos juicios so­ tiene menos valor que la del rico.
ciales sobre la criminalización de delitos no pecuniarios y la determinación de Todavía menos atractiva es la respuesta de Posner a la objeción de que una
las penas adecuadas, incluso para los delitos pecuniarios, no tiene éxito al ni­ baja tasa de detección requiere penas altas, imponiendo de este modo severas
vel del análisis sociológico y, en general, oscurece la distinción entre el siste­ sanciones a aquellos pocos que son capturados mientras que la gran mayoría
ma de castigos penales y el sistema tributario o impositivo. escapa definitivamente. Esto lo compara el autor con una lotería que es justa
El análisis económico del derecho penal abre todo un debate sobre el pro­ en la medida en que los costes y beneficios ex ante son iguales, cualquiera sea
pósito y la función del derecho penal, y en particular plantea la discusión en­ el resultado final. Si todos tienen las mismas posibilidades de ser capturados,
tre las teorías consecuencialistas de la pena (sea ésta disuasoria, preventiva o entonces se dice que las fuertes sanciones disuasorias son justas. N o hace fal­
correctiva), y aquellas teorías que incorporan elementos del razonamiento re­ ta que uno sea un rctributivista para sentirse perplejo ante la analogía entre el
tributivo según el cual el castigo, cualesquiera sean sus consecuencias, es una derecho penal y la lotería.
respuesta adecuada a la conducta perjudicial y cruel. La fuerza de las teorías El problema de mantener las penas en proporción con la gravedad del de­
consecuencialistas está en que parecen justificar las prácticas existentes sin lito, especialmente donde hay penas máximas, es señalada simplemente como

/ 52 153
«otro factor a considerar» (1979, p. 170). Pocas consideraciones más se hacen
sobre la ausencia de un criterio eficiente para el tratamiento severo de delin­
cuentes reincidentes o sobre el castigo de delitos de tentativa.
Los conocidos problemas a los que dan lugar las teorías utilitaristas de la
pena han sido tratados mucho más extensamente y con mayor sensibilidad
por otros autores, pero la versión del método benthamiano relativamente
simplista y basada en la maximización de la riqueza que Posncr propone, es
un ejemplo útil de las consecuencias prácticas de traducir cuestiones de justi­
cia en argumentos de eficiencia. Incluso si se pudiera demostrar que el enfo­
que de la eficiencia aplicado al derecho penal no sería tan desigualitario, ni tan 7
ofensivo moralmentc en cuanto a su falta de consideración respecto de los
méritos morales de aquellas personas alcanzadas por su funcionamiento, tal
enfoque falla sistemáticamente en captar las verdaderas razones por las que es La justicia como mérito:
inaceptable, por ejemplo, castigar a quien tiene una enfermedad mental o en­
carcelar a quien es moral y legalmente inocente. La esfera del derecho penal Sadurski y la remuneración
es así peeuliarmente apta para sacar a relucir la indecencia moral del A ED , re­
saltando así la necesidad de una concepción de la justicia que contenga el
avance de los modelos de pensamiento puramente económicos.

En términos históricos, la idea de que la justicia se ocupa de que la gente ob­


tenga lo que merece tal vez sea la concepción de la justicia más común y per­
sistente. De hecho, la conexión interna entre justicia y mérito solía ser men­
cionada generalmente como parte del concepto mismo de justicia. Más
recientemente, sin embargo, el mérito ha pasado a ocupar su lugar como -en
el mejor de los casos- sólo un criterio de justicia entre muchos otros criterios
rivales, y a veces es excluido directamente de la lista de consideraciones rele­
vantes para la justicia.
Para muchos, el mérito tiene reminiscencias de una época pasada caracte­
rizada por formas excesivamente individualizadas de relaciones sociales, do­
minadas por una combinación de contabilidad moral y glorificación de una
competencia sin trabas. Para otros, la idea de mérito está asociada a desacre­
ditados enfoques «intuicionistas» de la ética, de acuerdo con los cuales se ale­
ga que tenemos conocimiento directo de las «verdades» morales autoeviden-
tes tales como el deber incondicional de decir la verdad o de ajusticiar a los
asesinos. Más aún, la creencia en el mérito -la idea, en un última instancia, de
que alguien merece algo- parece contraria al presupuesto generalmente acep­
tado actualmente de que la conducta individual, al final, es casi por completo
el resultado de la herencia y el entorno, atribuyéndose poca o ninguna im­
portancia a la elección autónoma del individuo. El presupuesto de la «libre
voluntad» que está detrás de las ideas tradicionales sobre el mérito es en efec­
to difícil de compaginar con una visión del mundo científica y determinista,
de acuerdo con la cual las decisiones humanas son simplemente una pane de

155
una cadena causal de continuidad. Por todas estas razones, resulta tentador, Sadurski realiza importantes avances para hacer que el mérito se transforme
por lo tanto, ver las teorías de la justicia basadas en el mérito como si no fue­ en una idea inteligible y factible, superando así dos de los mayores inconve­
ran más que curiosidades históricas. nientes de las teorías tradicionales de la justicia basadas en el mérito. Su im­
N o obstante, la convicción de que la gente debería ser tratada de acuerdo portante libro, Civing Desert its Due: Social Justice and Legal Tbeory, sirve
con sus méritos no ha sido abandonada tan fácilmente en la práctica y perma­ como punto de referencia para las cuestiones tratadas en este capítulo.
nece como un presupuesto tácito de muchas teorías que pretenden excluirlo.
Diversos presupuestos sobre el mérito están en la raíz de muchos de los «te­
mas fijos» más importantes de la moral, a los que se apela para determinar si Los atractivos del mérito
ciertas situaciones pueden ser descritas como «equitativas» o «justas»; la fuer­
za de nuestros sentimientos instintivos sobre el mal que encierra infligir un El argumento básico de lo que llamo la teoría de la justicia basada en los méri­
sufrimiento es lo que alimenta nuestras dudas acerca de la reducción de la jus­ tos es que la justicia requiere que tratemos a la gente como personas responsa­
ticia a la utilidad. Además, cualquier argumento que señale la importancia in­ bles por sus acciones y, por lo tanto, susceptibles de elogio o culpa, recompensa
trínseca de recompensar a la gente de acuerdo con su trabajo tiene matices o castigo de acuerdo con su conducta y carácter, en la medida en que éstos sean
que aluden fuertemente al mérito. el resultado de sus propios esfuerzos y elecciones. Así, si alguien elige realizar
N o es sorprendente, por lo tanto, que dadas las conocidas limitaciones acciones socialmcnte útiles, particularmente si esto implica invertir tiempo, es­
morales del uilitarismo, haya habido recientemente un retorno a la idea de fuerzo o recursos personales, entonces tal persona es merecedora de elogio y/o
que el mérito es un componente central de la justicia, un retorno que es alen­ recompensa. Si una persona elige o desea realizar acciones socialmente daño­
tado por un creciente reconocimiento del vacío sustantivo de las teorías que sas, particularmente si tales acciones producen beneficios para esa persona, en­
no se basan en otra cosa que los conceptos de igualdad o imparcialidad, y por tonces merece que se le atribuya culpabilidad y/o que se la prive de beneficios,
la necesidad que se percibe de proporcionar un sustento para los derechos o que se le aplique el castigo. Las teorías del mérito sostienen que una socie­
fundamentales, particularmente en la esfera del derecho penal. Aunque el mé­ dad es justa cuando la distribución de cargas y beneficios concuerda con la dis­
rito nunca podría ser reestablecido como el único criterio moral relevante tribución de aquello que está bien merecido (es decir, que es «positivo») y de
para la distribución de cargas y beneficios en la sociedad, afirmar que el mé­ aquello que no se merece (es decir, que es «negativo»). Las acciones justas
rito es el criterio más característico de la justicia sigue siendo un argumento son aquellas que intentan mantener, alcanzar o restablecer esta proporcionali­
poderoso, particularmente si la propia justicia se ve sólo como uno de los mu­ dad, particularmente a través de la administración de recompensas, castigos
chos tipos de factores morales que se refieren a cuestiones de igualdad social, y compensaciones adecuadas. La justicia consiste en que, a igualdad de condi­
política y económica. ciones, la gente consiga (o se le dé) lo que merece.
N o es difícil rastrear históricamente a un grupo autorizado de teóricos del El término «mérito» puede ser usado de manera muy amplia para abarcar,
mérito desde Adam Smith e Immanucl Kant hasta John Stuart Mili y Hcnry por ejemplo, la evaluación de cosas tales como piezas de arte cuando se dice
Sidgwick, pero, aunque en la filosofía de la pena ha habido un resurgir gene­ que son «merecidamente» famosas, o la opinión de que fumar «merece» la
ral de las teorías retribucionistas, tal vez no exista ningún teórico reciente que reputación de hábito peligroso para la salud. En el análisis de la justicia, sin
sea conocido por defender una teoría general de la justicia basada en el méri­ embargo, «mérito» se entiende normalmente como mérito moral en dos sen­
to. A pesar de que hay muchos análisis cuidadosos sobre la naturaleza del mé­ tidos de la palabra «moral». Así, la concepción del mérito encierra la idea de
rito, no tenemos un ejemplo contemporáneo conocido de teoría de la justicia mérito como concepto «moral», primero porque la ¡dea de mérito que pre­
basada en el mérito, aunque un filósofo ha afirmado recientemente que «to­ senta se contrapone con el «mérito» convencional o institucional, que se ad­
dos estamos de acuerdo en que la justicia, casi por definición, es dar a las per­ quiere meramente a través de la satisfacción de requisitos preestablecidos.
sonas lo que merecen» (Stcrba, 1986, p. 1). Sin embargo, un trabajo impresio­ Por el contrario, el mérito moral entendido en el marco de la teoría que esta­
nante realizado por Wojciech Sadurski -un filósofo polaco-australiano que mos analizando, es «natural» o «puro» en el sentido de que no presupone
ahora vive en Italia- desarrolla un análisis de la justicia basado en su mayor normas sociales o reglas distributivas preexistentes. Podríamos decir -tal vez
parte en el mérito, que abarca tanto la justicia legal como la social. La teoría metafóricamente- que una persona «merece» una beca solamente porque ha
del «equilibrio» de Sadurski hace del mérito la noción central para la idea de satisfecho los criterios fijados para obtenerla, sin importar que esto refleje o
un equilibrio hipotético de cargas y beneficios que la justicia, en todas sus no sus elecciones y esfuerzos, pero un «mérito» convencional o institucional
formas, intenta establecer. Aunque la suya no es una teoría pura del mérito, de este tipo es más una cuestión de derecho que de mérito. Está claro que no

157
es el tipo de mérito que interesa principalmente a las teorías del mérito. Por la actividad que intencionalmente y con esfuerzo se dirige a la consecución de
oposición al mero hecho de estar formalmente habilitado para algo, el mérito fines socialmente valiosos, recalca que su «teoría del mérito no se ocupa del
moral, natural o puro se presenta como una razón para establecer unas reglas “ valor moral” de un individuo, sino de su esfuerzo socialmente valioso»
convencionales de tai tipo que aseguren que las becas y otros beneficios se (1985, p. 222). Esto significa que el mérito comprende las conductas que im­
distribuyan de acuerdo con lo que previamente se ha pensado que constituye plican esfuerzo y que resultan beneficiosas para la sociedad aunque ésta no
un mérito. sea pu causa. Veremos que esta concepción amplia del concepto de mérito le
El «mérito» se puede entender también como «moral» en un segundo sen­ facilita la tarea de incluir todo lo relativo a la justicia dentro del ámbito del
tido del término que se contrapone con lo «natural» cuando esto se equipara mérito, aunque así se tiende a socavar el vínculo entre mérito y moralidad que
con lo que sucede «naturalmente», es decir, sin que medie elección o inter­ va más allá de la intencionalidad en la motivación.
vención humana. El mérito está por tanto analíticamente ligado a la idea de Otra cuestión relacionada con el análisis del mérito «moral» es si debería
realizar elecciones y actuar con conocimiento o intencional mente, por oposi­ incorporar o no la evaluación de la conducta prudencial, es decir, la raciona­
ción a los eventos «naturales» que suceden de acuerdo con los procesos nor­ lidad de las acciones de una persona en relación con sus propios intereses y
males de causa y efecto. Así, la responsabilidad -en el sentido de ser capaz de bienestar. El fracaso de las personas al querer tomar obvias precauciones para
dar cuenta y responder ante el elogio-, la culpa, la recompensa y el castigo se proteger sus intereses -cuando está dentro de sus capacidades y conocimien­
consideran atribuiblcs solamente a los agentes, es decir, a las personas que to hacerlo-, no tiene que ver con la inmoralidad sino con la imprudencia, y
pueden alterar intencionalmente el curso de los eventos «naturales» a través sin embargo a menudo decimos que estas personas merecen las consecuencias
de sus propias acciones deliberadas y de acuerdo con sus propios objetivos. negativas de su conducta insensata así como las consecuencias buenas que se
Sólo las acciones de tales agentes morales se consideran merecedoras o no me­ siguen de sus propios esfuerzos. La teoría del mérito puede asimilar fácil­
recedoras de algo en el sentido de las teorías del mérito. mente este uso del lenguaje del mérito, dado que está de acuerdo con una vi­
La perspectiva de Sadurski sobre el mérito es moral en estos dos sentidos. sión bastante extendida según la cual no es injusto que se deje a la gente que
Después de distinguir el mérito del hecho de ser titular de una pretensión, disfrute de los beneficios de su prudencia y que sufra las cargas impuestas por
este autor pasa a argumentar que la idea de mérito es usada «para descubrir su propia imprudencia. De otro lado, algunos partidarios del mérito ven esto
todos aquellos aspectos que «no se ganan», sino que están más allá del control como una adulteración inaceptable de la fuerza moral de las teorías basadas
humano, que son dictados por la suerte boba, y por los cuales la persona no en el mérito. Dado que Sadurski recalca constantemente la importancia de los
puede reclamar nada». Por este motivo, cuando se analiza el mérito en rela­ beneficios sociales de la conducta meritoria es probable que excluya la con­
ción con la justicia, «lo que cuenta es el esfuerzo consciente que tiene efectos ducta puramente prudencial del ámbito del mérito.
socialmente beneficiosos» (Sadurski, 1985, p. 116). Por razones que resulta­ El aspecto más característico del análisis del mérito de Sadurski es esta
rán claras cuando analicemos Su teoría más en detalle, Sadurski recalca que es afirmación de que el mérito, al menos en la medida en que se relaciona con la
el esfuerzo por conseguir consecuencias socialmcntc beneficiosas, antes que justicia, siempre conlleva una conducta que es de alguna manera gravosa. De
las consecuencias en sí mismas, lo relevante para el mérito, un punto que en­ ahí su énfasis en el esfuerzo que implica una conducta meritoria. Cuenta tam­
caja con la idea de que el mérito excluye la «suerte boba», ya que a las perso­ bién como gravosa cualquier cosa que incorpore un elemento de «sacrificio,
nas no siempre se las puede responsabilizar por los resultados reales de su trabajo, riesgo, responsabilidad, molestia, etc.» (1985, p. 116). Esto, como ve­
conducta -la cual a menudo no está completamente bajo su control-. remos, tiene ventajas para su teoría general pero tiende a ignorar el hecho de
Sadurski señala que el mérito, así concebido, (1) «se orienta a la persona», que elogiamos moralmente, y consideramos merecedora de recompensa, la
en el sentido de que se atribuye siempre a las personas sobre la base de su con­ conducta que no ha requerido un esfuerzo o que no es gravosa en un sentido
ducta, (2) está «cargado de valor», en la medida en que implica una valoración evidente, siempre que demuestre características moralmente admirables, tales
de esta conducta como buena o mala, y (3) «se orienta hacia el pasado» en el como el altruismo o la sensibilidad. La persona amable que envía flores a un
sentido de que «cuando hablamos de mérito, estamos evaluando ciertas ac­ amigo enfermo o la persona rica que da trabajo a un miembro de un grupo so­
ciones que ya han tenido lugar» (1985, p. 118). cialmente desaventajado, es digna de agradecimiento y tal vez de recompensa
Muchos teóricos del mérito incorporarían en su análisis el requisito de que a pesar de que sus acciones no le causen, literalmente, «ninguna molestia».
el mérito debe estar relacionado necesariamente con la bondad o la maldad Siguiendo algunos usos lingüísticos, Sadurski restringe también el concep­
moral o, cuanto mucho, con algún otro motivo moralmente encomiable o re­ to de mérito a la conducta que es «meritoria» en el sentido de que pone de
prochable. Sadurski, sin embargo, aunque acepta que el mérito alcanza sólo a manifiesto que merece algo bueno y no algo malo. Cuando discute el castigo

158
de un delito, por ejemplo, el autor lo diferencia de la idea del mérito valioso, tes. Esto significa responder ante las personas en términos de la cualidad de
y de este modo parece negar la naturaleza basada en el mérito de su teoría del sus elecciones para la acción y de su conducta intencional. El respeto por el
castigo. Sin embargo, es claro que a este respecto no intenta realizar una dis­ igual valor de cada individuo es así felizmente combinado con la atención a su
tinción conceptual tajante, ya que entiende que la función del castigo es equi­ desigual valía.
librar los «beneficios no merecidos», y se presenta a sí mismo como un rctri- Asimismo, los teóricos del mérito no tienen dificultad en dar cuenta de la
bucionista en lo que se refiere a la teoría de la pena, y de este modo como naturaleza retroactiva de la justicia, por oposición a la mirada de futuro en
alguien que cree que «la culpa penal es la única razón para el castigo» (1985, la que se centran las teorías utilitaristas ya que, como señala Sadurski (1985,
p. 223), para pasar a continuación a analizar la culpa penal en términos mora­ pp. 118 y ss.), el mérito consiste esencialmente en evaluar las elecciones y la
les más que en términos puramente jurídicos. Su tesis, en realidad, es que la conducta pasadas. En este sentido la justicia del mérito no es, como en la ter­
conducta socialmente útil que es gravosa para el agente merece ser recom­ minología de Nozick, un mero modelo teórico en el que las posesiones se co­
pensada, mientras que la conducta socialmente dañina que es beneficiosa para rresponde con los bienes que los individuos poseen en realidad. El mérito,
el agente merece ser castigada. Evidentemente éste es un análisis del derecho como la justicia, tiene una referencia «histórica» esencial en la medida en que
penal basado en el mérito. está ligado lógicamente a eventos pasados y a la responsabilidad individual
Aunque introduzcamos más precisiones en el análisis del mérito, la idea de por los mismos.
que la sociedad debería estar organizada de manera tal que las cosas valiosas Ver la justicia en términos de mérito nos permite también explicar el as­
y disvaliosas, como el placer y el dolor, la satisfacción psicológica o los recur­ pecto dual de la justicia, en tanto implica tanto el mantenimiento de un mo­
sos materiales, se distribuyesen de acuerdo con el mérito, presenta muchas di­ delo de distribución como el proceso de rectificación de «injusticias». Todos
ficultades prácticas y teóricas que se discuten en el próximo apartado. Tal los reclamos que señalan situaciones de injusticia ponen en evidencia que hay
idea, sin embargo, tiene también aspectos explicativos y de justificación muy una línea de base o una situación presupuesta de equilibrio con referencia a la
importantes. cual se hacen los juicios de injusticia. Tales reclamos ponen también en evi­
En primer lugar, la idea de mérito tiene la ventaja de explicar el lugar cen­ dencia que la acción correctiva se debe llevar a cabo. El mérito satisface tam­
tral que ocupa el ser humano como agente en la idea de justicia, y por tanto la bién este papel dual no a través de proporcionar una base de estricta identidad
fuerte vinculación de la justicia con nociones tales como la de respeto por las de situaciones, sino estableciendo un ideal de proporcionalidad del mérito,
personas, autonomía, autodeterminación y dignidad humana. La justicia es positivo y negativo, con las experiencias, buenas y malas, con la consecuencia
importante en la sociedad humana no simplemente porque nos interesa quién de que, a igualdad de condiciones, deberían instituirse tratos diferenciales
obtiene qué, sino también porque deseamos que se nos trate como seres hu­ para alcanzar y restaurar dicha proporcionalidad. En palabras de Sadurski:
manos cuyas acciones y elecciones son tomadas en serio y respetadas. Como «siempre que se trastoca un equilibrio ideal o hipotético de cargas y benefi­
señala Sadurski, «los principiorde justicia son de una importancia moral fun­ cios sociales, la justicia social exige que se restablezca» (1985, p. 101).
damental, aunque no absoluta. Esta importancia se deriva de los vínculos en­ La justicia como mérito puede dar cuenta también del hecho de que, aun­
tre el principio del mérito y el respeto a las personas» (1985, p. 251). que no todas las acciones que trastocan el equilibrio básico son injustas (el
Podría ser esta posiciórr la que proporciona la esencia de la creencia co­ mal que entraña la tortura, por ejemplo, no es visto normalmente como malo
mún de que hay un sentido en el que los seres humanos son iguales, que es al porque sea «injusto»), no obstante es una cuestión de justicia que quienes lle­
mismo tiempo la base para tratarlos de manera diferente. La igualdad funda­ van a cabo tales actos sean castigados y las víctimas sean compensadas por el
mental puesta de manifiesto aquí puede estar basada en la idea de que todas infractor. Esto se explica por el hecho de que los actos intencionalmentc da­
las personas son fuente de elecciones que tienen igual valor, en el sentido de ñinos son malos y por lo tanto merecen el castigo, y por la idea relacionada
que deberían recibir igual respeto en tanto fuente de elecciones. Esto signi­ con esto último de que quienes llevan a cabo acciones malas que no están jus­
fica que la preocupación por la justicia implica un compromiso con la idea tificadas deben compensar a sus víctimas inocentes. La idea de una justicia
de que el hecho de que la gente elija por sí misma es algo valioso en sí mismo rectificativa, tanto punitiva como compensatoria, abarca estos tratos y equili­
y por lo tanto debe ser valorado e incentivado en sí mismo. Además, para brios entre individuos. Sin embargo, la justicia es algo más que tener en cuenta
acordar el adecuado respeto a los agentes no es suficiente incentivar simple­ el mérito negativo de las acciones incorrectas. La justicia se ocupa de conse­
mente su capacidad de acción, a pesar de que, a igualdad de condiciones, eso guir el objetivo general de equiparar cargas y beneficios con grados adecua­
es lo que se requiere. El respeto hacia los agentes implica también evaluar las dos de méritos positivos y negativos, incluso cuando no se pueda identificar
elecciones y acciones a las que da lugar el ejercicio de la capacidad como agen­ a nadie como responsable de los desequilibrios existentes. La justicia podría

160
requerir la compensación por el sufrimiento inmerecido que tenga lugar por una suposición inicial de que aquellas personas responsables por tal necesidad
causas naturales, así como recompensas por el sufrimientos infligido delibe­ deberían encargarse de que se vea satisfecha. Esto se aplica también cuando
rada e injustamente a otras personas. De hecho, es en esta «intuición» sobre las personas están en una situación de necesidad como consecuencia de los
la conveniencia de una compensación en la que se basa Sadurski para formu­ beneficios que han otorgado a otras que, en justicia, deben pagarles por ello.
lar toda su teoría de la justicia. Se puede sostener también que la satisfacción de necesidades básicas es un
La defensa de la tesis de que la justicia es esencialmente una cuestión de prerrequisito para obrar autónomamente y, por tanto, para ser una persona
mérito requiere que demos cuenta de cómo otros criterios que se han sugeri­ que pueda de hecho ser elogiada o censurada por su conducta. Pero si la ne­
do -tales como el de necesidad o el de elección—pueden ser tomados con tan­ cesidad no está conectada de alguna manera con los méritos de las personas
ta facilidad -aunque erróneamente-como el fundamento de las concepciones implicadas, aunque su alivio podría ser una cuestión de humanidad o benevo­
de la justicia. Sadurski lo hace demostrando, primero, que en general cuando lencia, sería confuso decir que incluso la satisfacción de las necesidades bási­
tales criterios tienen que ver con la justicia están claramente relacionados con cas es una cuestión de justicia. Sadurski no se muestra satisfecho con esta te­
el mérito y, segundo, que cuando tales criterios no están relacionados con el sis porque parece degradar la prioridad de las necesidades básicas, pero esto
mérito no son criterios de justicia. no se sigue a menos que se asuma que la justicia es siempre el valor social más
De este modo, la utilidad, que como es reconocido generalmente a menu­ importante. Además, a lo largo de su libro Sadurski se refiere a las cargas u
do puede permitirse que afecte la distribución de cargas y beneficios, es ex­ obstáculos inmerecidos como un factor a tener en cuenta al hacer justicia, un
cluida de la justicia cuando no es el producto de una contribución al bienes­ rubro en el que podrían encajar fácilmente el sufrimiento y las incapacidades
tar social que sea intencional y resulte del esfuerzo. Sadurski podría seguir la derivadas de la no satisfacción de las necesidades básicas. Haría falta, por lo
misma vía con la necesidad y argumentar que «la necesidad es un criterio de tanto, un giro relativamente menor en el énfasis de su enfoque para transfor­
justicia sólo cuando resulta estar asociada de algún modo con nuestras ideas mar su teoría en una teoría más puramente del mérito.
sobre el mérito y el demérito* (Campbell, 1974, p. 14). La distribución de La justicia como mérito puede servir también para el importante pero li­
acuerdo con la necesidad podría ser vista como una cuestión de humanidad mitado papel de la elección en la determinación de qué es justo. Nozick, por
más que de justicia, a menos que esté relacionada con el mérito de algún ejemplo, sostiene que la gente posee su propio cuerpo y capacidades natura­
modo significativo. Es interesante notar que Sadurski adopta una posición di­ les, y que están legitimados, por tanto, para hacer lo que quieran con el fruto
ferente y sostiene que la satisfacción de necesidades básicas (Sadurski 1985, p. de su trabajo, con independencia de que se pueda o no decir que lo «mere­
159) -definidas como aquellas necesidades que «puede decirse que obvia e in­ cen». Sin embargo, como señala Sadurski (Sadurski, 1985, pp. 135 y s.), aun­
trínsecamente constituyen un obstáculo tal que su satisfacción es una condi­ que hay un sentido natural en el que el cuerpo y capacidades de las personas
ción necesaria para que una^persona pueda ser capaz de satisfacer sus otras les pertenecen -en el sentido de que son suyos antes que de cualquier otra
necesidades y deseos»- no está conectada con el mérito pero que, no obstan­ persona-, ésta no es en sí misma una cuestión de derechos sino un hecho na­
te, es un ingrediente esencial del hipotético equilibrio de cargas y beneficios tural. Una cuestión diferente es si el producto de «mis» capacidades es o no
del que dependen todos los juicios de justicia. «poseído» de un modo que genere derechos de propiedad, ya que en sí mis­
Una forma más pura dé teoría del mérito distingue entre la satisfacción de ma no es una cuestión de lógica que el producto de «mis» capacidades sea
las necesidades básicas per se y la importancia de tomar en cuenta aquellas ne­ «mío». Tal inferencia se puede sostener si presuponemos un principio de li­
cesidades inmerecidas que contribuyen a hacer que los individuos estén peor bertad que requiera la no interferencia en el uso de nuestro cuerpo y el dere­
de lo que merecen. Que tenemos buenas razones morales, tal vez razones de­ cho de realizar libremente acuerdos con otras personas, pero no hay ninguna
cisivas, para aliviar la necesidad, particularmente en sus formas más agudas, razón para suponer que tales principios sean absolutos e ilimitados en cuanto
no está en duda. Lo que podría ponerse en duda es si esto es un requisito de a su alcance o que deban equipararse con la justicia. De hecho parecería ser un
justicia. Aliviar las necesidades básicas podría ser una cuestión de justicia allí problema característico de la organización social que tales libertades puedan
donde la necesidad es inmerecida, es decir cuando no es el resultado de una entrar en conflicto con la justicia.
elección insensata o inmoral de las personas que tienen necesidades. Es decir La teoría del mérito puede explicar esta situación señalando que aunque a
que las necesidades de una persona podrían ser una medida para saber cuán través de elecciones inteligentes y del esfuerzo las personas a menudo pueden
por debajo está del nivel de beneficios apropiado a su grado de méritos. Ali­ llegar a merecer los frutos de su trabajo, estos frutos podrían exceder con mu­
viar la necesidad es también una cuestión de justicia cuando la necesidad es el cho el grado de sus méritos. En tales casos podríamos desear que tomasen po­
resultado de las acciones reprochables de otras personas, en cuyo caso existe sesión de sus ganancias adicionales siempre que, por ejemplo, la libertad fue­

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162
se un valor independiente importante, pero también existe la posibilidad de hemos visto que esto implica establecer una combinación de mérito y título
que dejemos de lado las consideraciones relativas a la libertad a favor de otros que debilita la fuerza moral de la teoría. A la luz de la poca relevancia moral
objetivos, incluida la redistribución de la riqueza sobre la base del mérito, ya de la pura «justicia» formal, Sadurski no intenta -con buen criterio- incorpo­
que algunas elecciones pueden producir para el individuo beneficios que van rar la justicia formal bajo el rubro del mérito utilizando la truncada concep­
mucho más allá de lo que es proporcional al esfuerzo o la inteligencia emple­ ción del mérito institucional. Esto está en la línea de la posición general sobre
ados. En otras palabras, los teóricos del mérito pueden explicar por qué la li­ el mérito según la cual la justicia surge sólo cuando las normas sustantivas tie­
bertad de elección a menudo es relevante para la justicia y, sin embargo, la jus­ nen alguna relación con los méritos naturales o morales de aquellas personas
ticia puede ser a menudo más importante que la libertad. a las que se aplican dichas normas.
La teoría del mérito explica también el lugar ambivalente que ocupa el he­ Sin embargo, hemos visto ya, en el capítulo 1, que si adoptamos un ideal más
cho de mantener las promesas en relación con el concepto de justicia. Algunas amplio y sustantivo del imperio de la ley, el gobierno de las reglas sí se relacio­
personas consideran que romper una promesa es una injusticia. Para otras, na con el mérito y por tanto con la justicia, en la medida en que su contenido
romper una promesa parece ser una forma completamente diferente de obrar tenga que ver con tratar a las personas como agentes responsables que respon­
mal. Los teóricos del mérito pueden asumir aspectos de ambas posiciones. Pueden den por sus acciones y a quienes se debe advertir puntualmente de las posibles
sostener que, en un aspecto, mantener una promesa es simplemente uno de los sanciones (y también de las posibles recompensas), de manera que puedan
muchos deberes morales cuyo incumplimiento puede resultar en un demérito adaptar su conducta convenientemente. De ahí los requisitos de una «justicia
y, por lo tanto, está bien condenar dicho incumplimiento, y agregan que cuan­ natural» en sentido técnico o de un «debido proceso» y la insistencia más ge­
do tiene por resultado un daño real provocado a otra persona -sea a través de neral en las leyes públicas y hacia el futuro. Estos ideales están basados en el mis­
la frustración de expectativas o de las pérdidas que tengan lugar a consecuen­ mo conjunto de ideas sobre las que se base la noción de un tratamiento acorde
cia de haber confiado en dicha promesa-, la justicia requeriría el pago de una con el mérito, principalmente la idea de que las personas deben ser tratadas
compensación, o incluso un castigo, como una cuestión de justicia rectificati­ como seres responsables. De ahí la estrecha vinculación entre la esfera de la jus­
va. Esto no significa que el hecho de romper una promesas sea en sí mismo in­ ticia y la idea ya desarrollada de imperio de la ley, y las vinculaciones —también
justo. En efecto, como sostiene Sadurski, «decir que una persona tiene dere­ resaltadas por Sadurski- entre la justicia y el respeto hacia las personas.
cho a recibir ciertos beneficios contractuales no es lo mismo que decir que los
merece» (1985, p. 120), y «el deber de cumplir las promesas no es realmente
una cuestión de justicia porque las promesas en sí mismas (o, mejor dicho, la Los problemas del mérito
estructura de distribución a que da lugar su cumplimiento) podrían ser valo­
radas conforme a criterios d^justicia» (1985, p. 28). Como es de esperar de una noción tan básica, el mérito da lugar a muchos
Por otra parte, en un nivel'de análisis más profundo, dado que la idea de problemas algunos de los cuales son con frecuencia considerados trágicos
mantener nuestra palabra está tan íntimamente relacionada con la concepción para su adecuado uso en el ámbito político. Muy a menudo la idea del méri­
de la persona autónoma que merece respeto ya que es un agente moral res­ to, tal vez por sus estrechas vinculaciones con la moral personal, se presenta
ponsable, es natural ver ert la idea de mantener las promesas el signo de una para mucha gente como algo que pertenece a ese aspecto de la conducta hu­
persona justa, en el sentido de una persona que nos invita a tratarla conforme mana menos accesible a la administración política. La justicia del mérito, si es
a la justicia, es decir, considerarla responsable de sus acciones. Es posible in­ que tal cosa existe, se dice que es una cuestión cuyo juicio y ejecución perte­
cluso sostener que al romper una promesa se ocasiona un daño a la persona nece a Dios, no al hombre.
afectada que ella no merece. N o obstante, la razón por la cual resulta raro ver Así, por ejemplo, se argumenta que existen insuperables dificultades teó­
el hecho de romper una promesa como una forma tal de injusticia es que nor­ ricas y prácticas para medir el mérito. N o sólo hay creencias en conflicto acer­
malmente no se considera que la persona a la que se ha prometido algo «me­ ca de qué tipo de conducta es digna de mérito, sino que todas estas creencias
rezca» aquello que se le ha prometido. parecen requerir un conocimiento considerable del funcionamiento interno
Finalmente, constituye una ventaja de la teoría del mérito el hecho de que de las mentes y las emociones de las personas en cuestión. Esto es particular­
nos permita dar cuenta de las relaciones ambivalentes entre las formalidades mente así si asumimos una visión motivacional restringida del mérito que in­
en la aplicación de las normas y el concepto de justicia. Se podría considerar corpore la moralidad de los motivos de la conducta, pero es pertinente tam­
que la conexión entre mérito y justicia formal se explica mejor si se transfor­ bién para las evaluaciones que exige el análisis de Sadurski que dependen del
ma el trato conforme con las reglas existentes en una cuestión de mérito. Pero conocimiento de las intenciones.

164 I6 Í
Com o argumento en contra de la posibilidad de lograr una justicia del mé­ las oportunidades educativas y las distintas formas de aprovechar los recur­
rito completa, esto parece insuperable. Sin embargo, no hay nada en el con­ sos. Las idea del mérito tienen relevancia en todas esta áreas, y las sociedades
cepto de justicia en sí mismo que implique que su completa realización sea tienen que empeñarse al máximo en idear los medios para recabar la informa­
factible en la sociedad humana. Por el contrario, parece haber buenas razones ción sobre los méritos de sus miembros y generar un consenso sobre los jui­
para sostener que en el plano teórico la justicia humana será siempre contro­ cios de valor que estén en juego. Institucionalmente esto requiere confiar en
vertida en algún sentido, y que será radicalmente imperfecta en su implcmen- el presupuesto de que hay algunas conductas externas que son manifestacio­
tación. La crítica es seria sólo si puede demostrar que ni siquiera podemos nes comunes de intenciones y motivos característicos y que contribuir a algo
aproximarnos ni a un consenso sobre qué acciones son dignas de mérito, ni a es una medida plausible, aunque refutable, del esfuerzo. Que esto llevará a
un conocimiento veraz sobre la naturaleza de las acciones individuales. A pe­ errores es un hecho inevitable y de enorme relevancia para su aplicación, pero
sar de esto, no hay duda de que en muchos de los asuntos de la vida cotidiana que el logro de la justicia del mérito sea de imposible realización práctica y por
nos movemos con un grado considerable de consenso normativo y confiamos lo tanto moralmente inaplicable no está probado. En efecto, resulta claro que
en el presupuesto -sujeto a refutación-^ de que tenemos una vaga idea de lo las sociedades reales operan en alguna medida sobre la base del consenso res­
que las personas piensan hacer c incluso de por qué realizan ciertos actos. En pecto de qué tipo de acciones son meritorias, y que a menudo es posible ser
cualquier caso, el problema se reduce claramente si seguimos a Sadurski y ba­ razonablemente precisos en la identificación de las motivaciones de las accio­
samos el mérito en las intenciones antes que en los motivos para la acción. nes de los demás.
Quienes critican las teorías de la justicia basadas en el mérito también ale­ Las dificultades que implica valorar los méritos de las personas están en el
gan, sin embargo, que éstas alientan una intervención injustificada y coactiva hecho de que cada agente funciona dentro del marco de sus potencialidades
en la vida de los ciudadanos, erosionando de este modo la importante fronte­ heredadas y de las limitaciones de su entorno social, de modo que no es posi­
ra entre el derecho y la moral. Sin embargo, no hay una conexión analítica en­ ble realizar una estimación precisa del grado en que se puede atribuir a una
tre la justicia y su realización justificada, o entre la justicia material y el dere­ persona el mérito por alguna de sus acciones. Dadas las profundas influencias
cho. N o hace falta tomar la justicia como una condición necesaria o suficiente y efectos del entorno y la herencia, no resulta para nada claro que exista algún
para crear estipulaciones obligatorias o para intervenir coactivamente en la aspecto de la conducta humana que pueda no ser afectado por factores que es­
vida de los ciudadanos. N o cabe duda de que constituye una filosofía legisla­ tán más allá del control del individuo.
tiva aceptable considerar que las injusticias comunes y manifiestas deben ser Llevado hasta su extremo lógico, tal enfoque obliga a admitir el determi-
corregidas a través del procedimiento legislativo, y que allí donde la acción del nismo en la medida en que implica que cada acción es el producto necesario
Estado esté legitimada por otras razones debería estarlo en la medida de lo po­ del estado previo en que se encuentra el universo, o alguna parte de él. En
sible de acuerdo con la justicia sustantiva y el imperio de la ley. Pero la aplica­ otras palabras, no existe algo así como la acción «libre» o «contra-causal». Un
ción automática y continuada'Be la justicia en todos los aspectos y en todas las esquema de causa-efecto que lo invada todo parece negar la idea de la res­
esferas es un ideal poco atractivo y peligroso, aunque sólo sea por la presencia ponsabilidad moral y no deja más asidero para hablar del mérito de una per­
de visiones necesariamente variadas que coexisten en la sociedad moderna res­ sona que para hacerlo del mérito de un huracán o de una rana.
pecto de qué debe considerarse una conducta meritoria y la consiguiente im­ Sadurski acepta esta consecuencia del determinismo pero ofrece el argu­
posición de normas distributivas sobre sujetos que no las desean. Por otra par­ mento pragmático según el cual, si el determinismo es verdadero, entonces no
te, es correcto decir que la justicia del mérito está lógicamente relacionada con tenemos la opción real respecto de si intentar o no tratar a las personas de
la creencia de que son correctas la gratitud y la recompensa respecto del méri­ acuerdo con sus méritos, de modo que no tiene sentido preocuparse por el
to positivo, así como la condena y el castigo para el mérito negativo, ponien­ tema. Aunque éste difícilmente sea un modo intelectual y completamente sa­
do así de manifiesto que las consideraciones de justicia necesariamente susci­ tisfactorio de esquivar los problemas que el determinismo plantea al teórico
tan cuestiones acerca de cómo debemos responder a la conducta de los demás del mérito, no existe acuerdo entre los filósofos de la acción respecto de si el de­
a este respecto. Esta respuesta, sin embargo, no tiene por qué implicar la apli­ terminismo es verdadero o incluso respecto de si el sentido distintivo en que
cación obligatoria de reglas distributivas y, a la luz de las dificultades que sur­ se entienden la responsabilidad del agente y el determinismo son postulados
gen al tener que determinar el mérito, hay buenas razones para ser cautelosos que se excluyen mutuamente. En efecto, la mayor parte de quienes adhieren al
al ir del elogio y la censura a la recompensa y el castigo. determinismo siguen manteniendo algunas concepciones que les sirven de pa­
Sin embargo, no hay modo de eludir la necesidad política de afrontar las rámetro sobre qué es lo que distingue las acciones de los movimientos y que
decisiones que se deben tomar sobre el sistema de asignación económica, tipo de fenómenos es razonable elogiar o censurar. En la medida en que se puc-

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da mantener alguna noción de autodeterminación en situaciones prácticas ta­ cantidad igual a la distribución media. Incluso si esto fuese posible, deberían
les como, por ejemplo, cuando estamos intentando influir en la conducta de tomarse decisiones difíciles acerca del grado de mérito negativo y positivo co­
otras personas elogiándolas o censurándolas, entonces no se incurre en una in­ rrespondiente a los distintos niveles de recompensa y castigo. Es así que, si lo
corrección clara al hablar de méritos en un mundo determinista, a pesar de que, que importa es el «esfuerzo» y si éste puede medirse de una manera objetiva,
según muchos filósofos, la importancia metafísica del concepto podría verse nos queda aún por decidir cómo las diferencias en el esfuerzo pueden verse
inaceptablemente disminuida si el determinismo fuese en efecto verdadero. reflejadas en diferentes recompensas.
Aun así, subsiste el difícil problema práctico de descifrar las diferentes La principal contribución de Sadurski a la teoría del mérito es proponer
contribuciones de la herencia, la sociedad y el individuo, algo que debernos un esquema que elimina estas dificultades básicas al incorporar todas las con­
hacer si queremos que la idea del mérito individual tenga sentido como una sideraciones relevantes para la justicia a la idea general de un equilibrio entre
noción relacionada con aquello que está en poder del agente hacer y que por cargas y beneficios. Su argumento es que «siempre que se altera el equilibrio
tanto se le puede atribuir. Debemos ser capaces de distinguir en la conducta ideal o hipotético entre cargas y beneficios todas las consideraciones de justi­
de las personas aquello que podemos .atribuirles de aquello que no, si es que cia relevantes, la justicia social exige que tal equilibrio se restablezca» (1985,
queremos determinar los méritos. Por lo general esto solo se puede hacer in­ p. 107). Generalizando la idea de Feinberg de los «beneficios compensato­
tentando medir el impacto de los diversos factores «externos» para luego de­ rios» (Feinberg, 1970a, p. 59), de acuerdo con la cual muchos trabajos costosos
jar a un lado su influencia, quedando así la contribución personal del indivi­ «merecen» recompensas económicas en modo de poner a aquellas personas que
duo como una categoría residual que consiste en aquello que queda después los realizan en una posición de igualdad de cargas respecto de quienes no tie­
de que se han hecho estas deducciones. nen ocupaciones tan arduas, Sadurski toma como su punto moral fijo la in­
En algunas circunstancias, estos factores a los que no atribuimos méritos tuición de que ciertas cargas «merecen» compensación hasta el punto en que
son un prerrequisito necesario de la acción, como sucede por ejemplo con la se logre un cierto equilibrio de cargas y beneficios. Esto es luego aplicado a
posesión de un cuerpo, las capacidades mentales adecuadas y la ausencia de todos los tipos de justicia. La tesis no es simplemente que la justicia consiste
obstáculos externos que puedan interponerse a la libertad de movimiento. en la distribución de cargas y beneficios, sino más bien que se trata de luchar
Estos aspectos resultan relativamente claros en contraste con la cuestiones más siempre por alcanzar un equilibrio entre las cargas que soporta cada persona
complejas relativas a la medida en que algunos factores más específicos, como y los beneficios de que disfruta esa misma persona, de manera que los benefi­
el temperamento o los antecedentes familiares, hacen que el desarrollo de cier­ cios y las cargas sean «iguales» o «equivalentes».
tas actividades sea más fácil o más difícil para los individuos en cuestión. La Sadurski acepta que hablar de «devolver a una persona a una posición de
naturaleza del desarrollo de la personalidad humana es tal que a menudo no es igualdad» es metafórico en el sentido de que la idea de equiparar cargas y be­
posible identificar características de la conducta adulta que sean claramente neficios no puede realizarse literalmente, ya que no disponemos de escalas rea­
atribuiblcs al mérito ya que toda acción está envuelta en un continuo «uso» les para «pesar» y luego igualar los dos elementos. Las «cargas» -otro térmi­
de factores hereditarios y del entorno que no son atribuibles al mérito. no metafórico- conllevan una imagen de peso que no es compartida por el
La teoría del mérito está también plagada de aspectos inconmensurables. concepto de beneficio, a menos que las cargas sean vistas como la ausencia de
Es difícil -algunos dicen que imposible- hacer las comparaciones interperso­ beneficios, que es un modo bastante artificial de concebir beneficios tales
nales necesarias, no sólo de los méritos relativos de los individuos sino tam­ como la posición social o la satisfacción en el trabajo. La plausibilidad de la
bién de aquello que se podría considerar una recompensa o un castigo igua­ teoría de Sadurski depende, por tanto, de dar un convincente valor de cambio
les, ya que las preferencias y gustos de los individuos influyen en el modo en al lenguaje de los pesos y contrapesos.
que distintas personas experimentan en la práctica los distintos tratos que re­ La idea no es, creo, que las cargas de un individuo deban corresponderse
ciben. Además, incluso si fuese posible establecer una escala de méritos y una siempre y exactamente con las recompensas recibidas por esa misma persona,
escala de castigos y recompensas, no existe un único modo en que se puedan aunque hay una idea de la adecuada proporcionalidad de las cargas y las re­
unir el grado de mérito negativo o positivo con un nivel obviamente adecua­ compensas, así como de los beneficios y los castigos. Se trata más bien de que
do de censura o elogio, y de recompensa o castigo. Parece arbitrario, por el equilibrio entre cargas y beneficios en la vida de cada persona debería ser
ejemplo, pensar en mérito cero (ni positivo ni negativo) equiparado con asig­ equivalente al equilibrio existente en la vida de otros miembros de la misma
nación cero. Una posibilidad más realista podría ser igualar un mérito medio sociedad. Así, la persona que nazca con importantes desventajas deberá ser
con beneficios y cargas medias, siendo el punto de partida aquello que podría compensada con beneficios que hagan que su posición sea tan parecida como
resultar de una división igual de cargas y beneficios o, en otras palabras, una sea posible al equilibrio entre cargas y beneficios que existe en la vida de las

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personas no desaventajadas. Esto tiene una forma similar a la idea de que los guiendo entre tres esferas distintas de justicia, cada una con sus propios equi­
esfuerzos del trabajador socialmente útil deben ser recompensados para de­ librios equivalentes. Por otro lado, desde el punto de vista teórico, parece ha­
volverlos a la posición ocupada antes de realizar el trabajo, que se supone que ber cierta arbitrariedad respecto de lo que excluye y lo que incluye. Esto es así
es la medida de equivalencia que lo coloca en la misma posición (sin duda hi­ particularmente con la inclusión solamente de las necesidades básicas como
potética) que cualquier otro. D e manera similar, el delincuente que roba algo causa de compensación, en vez de asumir una posición más igualitaria que
cosecha los beneficios de quebrantar la ley y es castigado hasta el punto en considere relevantes todas las necesidades que afecten la calidad de vida de
que este beneficio se le quita y se lo restituye a la misma posición que el no una persona. De hecho parecería que en esta esfera Sadurski está interesado
delincuente. En cada caso funciona algún tipo de compensación. Debido a en incluir sólo las necesidades básicas porque éstas son las necesidades que
esta equivalencia en la forma éstos son todos aspectos diferentes de la justicia, cree que deben ser satisfechas por la acción del Estado. Tal vez sea también
de aquí la idea de «justicia como equilibrio» (Sadurski, 1985, p. 3). por esta razón que incluye la compensación de las necesidades básicas en su
Sadurski no se propone desarrollar una idea de equilibrio omnicomprcnsi- concepción general de la justicia, en lugar de incluir las necesidades en la es­
vo de cargas y benef icios de cualquier tipo en todas las esferas de la vida. Se con­ fera de la justicia solo cuando se relacionan de algún modo con el mérito.
centra en cambio sólo en tres características del equilibrio particular de cargas En general, la valorar la innovadora teoría del equilibrio de Sadurski re­
y beneficios que incorpora a su análisis de la justicia. La primera es «una situa­ quiere de una investigación detallada del sentido que el autor puede dar a la
ción social caracterizada por un estado de mutua abstención respecto del daño, noción de cargas y beneficios en cada esfera y de la importancia de la idea de
es decir, por el respeto mutuo de las libertadas. Se trata de un equilibrio en el que éstos pueden estar equilibrados y de que estos equilibrios pueden verse
sentido de que en la situación de respeto pleno por la esfera de autonomía de como equivalentes unos con otros. Así, en la esfera penal Sadurski es poco con­
cada persona, todas disfrutan igualmente de los beneficios de la autonomía y de las vincente al calificar todo delito como una forma ilícita de obtener un benefi­
cargas del autocontrol» (1985, p. 104). Este equilibrio presupone reglas que es­ cio que puede ser medido y luego compensado a través del castigo adecuado.
tablecen qué constituye un daño a los demás y que fijan por lo tanto un área de Dado que no todos los delitos benefician al delincuente, los «beneficios» que
derechos individuales negativos que se debe respetar. Si se altera este equilibrio confieren los actos delictivos tienen que ser conceptualizados en otros térmi­
a través de invasiones ilegítimas en la esfera de autonomía de otra persona, en­ nos, como aquello que evita las cargas del autocontrol impuesto por el derecho
tonces el equilibrio se podría restablecer castigando al infractor y tal vez com­ penal cuando establece que las personas tienen derecho a la vida, la libertad,
pensando a la víctima. Esto confiere contenido a la idea de la retribución en el la seguridad y la propiedad. Todos estos derechos confieren beneficios, pero
castigo y explica el renovado significado atribuido a la compensación de las víc­ el disfrute de los derechos depende de que otras personas se autocontrolen.
timas a través del derecho penal así como del derecho civil. «Este autocontrol, que es una precondición para el efectivo cumplimiento de
«En segundo lugar, el equilibrio se caracteriza por la igual satisfacción los derechos, se puede percibir como una carga. En efecto es una limitación a
para todas las personas de las condiciones materiales básicas de una vida que la libertad de hacer lo que uno quiera. Si tal libertad es un beneficio, su limi­
tenga sentido: nadie soporta cargas que hagan imposible su subsistencia o su tación es obviamente una carga» (1985, p. 226). Es así que, en algún sentido,
participación en la vida de la comunidad» (1985, p. 105). Ésta es la esfera de Sadurski tiene que mantener que actuar conforme al derecho penal es siempre
las necesidades humanas básicas, los «medios para una vida significativa» o una carga, incluso si no se percibe como tal.
«las condiciones de la autorrealización» cuya satisfacción Sadurski considera A pesar de estas dudas respecto de la aplicabilidad general de la idea del
un elemento de justicia social. Estas cargas, pero no las cargas en general, re­ equilibrio entre cargas y beneficios a todas las situaciones juzgadas en térmi­
quieren compensación. nos de justicia, la noción de «justicia como equilibrio» ayuda a dar contenido
«En tercer lugar, el equilibrio social significa que el trabajo, esfuerzo, ac­ a la idea —a menudo persuasiva pero también a veces oscura- de que existe una
ciones y sacrificio de todas las personas producen un beneficio equivalente a íntima conexión moral entre los méritos morales y la distribución justa.
la contribución que realizan; en otras palabras, lo que “ obtiene” una persona
es igual a lo que “ aporta” » (1985, p. 105). Así, las personas que hacen más por
los demás de lo que reciben de ellos deberían ser compensadas en la cantidad La remuneración justa
que representa este desequilibrio. Los beneficios extras restablecen el equili­
brio que ha sido alterado por un esfuerzo socialmente beneficioso. Una crítica importante al análisis de la justicia como mérito es que en la prác­
Claramente este esquema tiene la ventaja de limitar la gama de cargas y be­ tica es incoherente porque institucionalizar la compensación por el mérito
neficios relevantes para la justicia y ayuda a realizar la comparación distin­ socava las bases sobre las que el mérito es adquirido. Este argumento presu­

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pone que si se ofrece una recompensa por una forma naturalmente buena de como título de Nozick. A diferencia de la sociedad con relativa libertad para
comportarse, entonces este comportamiento será realizado en adelante para todos de Nozick, una teoría más escrupulosa pero aún fundamentalmente ba­
obtener la recompensa, negando así los supuestos méritos morales de quienes sada en el mérito prudencial requerirá que las diferentes cargas y beneficios
realizan tal conducta, cuyos motivos son ahora puramente autointeresados. resultantes se relacionen efectivamente con diferentes logros prudenciales y
De manera similar, una persona que se abstiene de realizar actos naturalmen­ no con otras circunstancias, tales como la suerte o la acción altruista de otras
te criminales por la amenaza de la sanción, no es considerada meritoria del personas. Cuando las recompensas superan los méritos prudenciales, o cuan­
mismo modo que una persona que es espontáneamente buena. do las privaciones exceden los deméritos prudenciales, se hace necesaria una
Esta crítica se agudiza cuando el mérito positivo se entiende como un mé­ reasignación. Teniendo en cuenta estos presupuestos, un esquema de recom­
rito moral en sentido estricto, que implica o bien bondad moral (deber por el pensas puede ser visto como un esfuerzo por calibrar las consecuencias de la
deber) o bien deseo de realizar la acción en cuestión por las razones que ha­ conducta autointeresada de modo de aproximarse a una distribución que sea
cen de ella una buena acción antes que por algún motivo ulterior autointere- acorde con los distintos niveles de mérito prudencial. De este modo, los in­
sado (bondad espontánea). Según esta interpretación moral del mérito, cons­ gresos cuantiosos que surjan de la conducta racional autointeresada de los in­
tituye una fuerte crítica a cualquier sistema organizado de recompensas y dividuos podrían estar sujetos al pago de impuestos, de modo que el resulta­
castigos señalar que tienden a socavar el alcance de esas formas de mérito mo­ do neto sea una situación en la que la gente sea recompensada de acuerdo con
ral que se maximizan permitiendo un margen más amplio de posibilidades al­ los logros que pueda atribuirse como meritorios.
ternativas de acción, de modo de sacar a la luz lo mejor y lo peor de las per­ Las filosofías liberales comúnmente confieren algún peso, aunque variable,
sonas. La distribución a través del mérito moral se puede realizar mejor a a los logros individuales de este tipo que se caracterizan por haber sido auto-
través de la minimización de las recompensas y castigos impuestos externa­ dirigidos, al menos en relación con la distribución de beneficios materiales. El
mente, que enturbian las elecciones morales y enmascaran la bondad moral. marco prudencial de referencia no es tan evidente, sin embargo, con respecto
Por otro lado, dado que todo el énfasis de una teoría de la justicia está en pro­ a los sistemas de castigo, en los que el demérito está más relacionado con el
porcionar un fundamento para justificar las diferencias en las cargas y benefi­ daño causado a otras personas que con la incapacidad de la gente para cuidar
cios, parece incoherente usar la teoría para argumentar en contra de la reali­ de sus propios intereses. Más aún, incluso en las esferas de distribución de be­
zación de tales distribuciones de una manera sistemática y predecible. neficios, la mayor parte de los liberales extienden su concepto de mérito hasta
El problema se reduce si admitimos la conducta prudencial como un tipo incluir las recompensas por la conducta que beneficia a otros. Esta aprobación
de base para el mérito, ya que evitar sanciones c intentar obtener remunera­ de una cierta benevolencia aparece a veces disfrazada con el presupuesto de que
ciones pueden considerarse ejemplos comunes de conducta prudencial. Estas para alentar a los individuos a que beneficien a otras personas, es nominal­
manifestaciones de prudencia^ sin embargo, son parasitarias de la existencia mente necesario ofrecerles incentivos y recompensar por lo tanto el trabajo so­
previa de un sistema de recompensas y privaciones y no ofrecen ninguna in­ cialmente valioso por razones utilitaristas más que de mérito. Se puede argu­
dicación respecto de la naturaleza del sistema que deba establecerse. Con res­ mentar, sin embargo, que un sistema de recompensas justas -por oposición a
pecto al mérito natural o «puro», debemos tener en cuenta aquello que cons­ recompensas meramente eficientes- requiere que estos incentivos no vayan
tituye una prudencia admirable antes de que se fijen arbitrariamente los más allá del nivel que se ajuste a los méritos que se atribuirían a las personas
premios y castigos. Esto puede acarrear, sin embargo, la adopción efectiva de implicadas si éstas hubiesen actuado con independencia de tales incentivos. Un
¡as distribuciones que surjan de las acciones autointeresadas de los individuos hipotético esquema de méritos, que cree incentivos y penas equivalentes a
que intenten satisfacer sus propios deseos, en la medida en que estas distribu­ aquellos que resultan adecuados a la conducta útil llevada a cabo por razones
ciones sean el resultado de sus propios esfuerzos y capacidades. La búsqueda moralmcnte buenas -por oposición a las razones prudencialmente buenas-,
de la justicia sobre estas bases requeriría, además de la legitimación general de ofrece una posible salida a la paradoja de que al recompensar la virtud se soca­
la conducta prudencial, que no se permitiera a los individuos que se dañasen va la virtud. Al menos de este modo no se penaliza a la persona naturalmente
los unos a los otros en la consecución de sus actividades autointeresadas. En benevolente cuyas acciones no se ven afectadas por incentivos. Se trata de un
otras palabras, los méritos prudenciales podrían verse disminuidos por los esquema que avanza hasta el punto de creer que los individuos no son pura­
deméritos morales. mente autointeresados en su conducta sino que a menudo realizan acciones so-
Este enfoque nos acerca algo más al esquema liberal clásico de la libre cialmentc valiosas por razones parcialmente altruistas.
competencia dentro de un marco de restricciones respecto de los posibles da­ El análisis de Sadurski deja de lado algunos de estos problemas, descar­
ños a otras personas, tal como aparece, por ejemplo, en la teoría de la justicia tando la relevancia de los motivos y exigiendo solo que la conducta meritoria

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sea intencional. Este autor no aplica de manera abierta su concepto de mérito la cantidad de experiencias desagradables vividas, sea debido a condiciones fí­
directamente a la conducta prudencial, ya que limita el mérito que es relevan­ sicas o a estrés mental. Sadurski está dispuesto también a tomar nota de los
te para la justicia a la conducta intencional socialmente útil. Sin embargo, riesgos y los costes de oportunidad que se presentan bajo la forma de sacrifi­
puede tomar en consideración la conducta que es socialmente útil pero que se cios que se hacen para llevar a cabo una tarca, así como de los inconvenientes
¡leva a cabo por motivos prudenciales. En efecto, de acuerdo con su esquema generales que surgen de realizar la contribución en cuestión. En principio, sin
-que excluye la motivación-, este tipo de conducta debe considerarse tan me­ embargo, casi cualquier cosa puede ser considerada como una carga y, en con­
ritoria como la conducta altruista. En efecto, resulta que toma en considera­ secuencia, como parte de la aportación meritoria a una cierta labor. Todo lo
ción la conducta producto del esfuerzo que beneficia al agente ya que, al eva­ que la teoría requiere es un grado razonable de consenso respecto de qué es
luar las recompensas adecuadas, propone tomar en cuenta todo el trabajo gravoso y qué no. Sobre este punto Sadurski mantiene una interesante discu­
productivo: sión respecto de cómo tomar en consideración el hecho de que algunas tareas
tienen sus propias recompensas intrínsecas. La mayor parte de la gente dis­
El equilibrio social significa que el trabajo* el esfuerzo, la acción y el sacrificio de fruta con un cierto grado de responsabilidad o con la oportunidad de desa­
todos produce un beneficio equivalente á la contribución realizada: en otras pala­ rrollar una tarea útil, de manera que no todos los aspectos del empleo son gra­
bras, significa que los «resultados» obtenidos por una persona son iguales a sus vosos. Las características atractivas del trabajo deben ser evaluadas en
«aportes». Un ejemplo paradigmático de este aspecto del equilibrio es el de un contraste con las características menos atractivas para establecer así aquellos
campesino que de hecho consume íntegramente lo que produce. En el inicial e hi­
potético estadio del equilibrio social no existe intercambio ni explotación: todos aspectos de un trabajo que requieren recompensas compensatorias.
nacen todo pos sí mismos (1985, p. 105). Sadurski puede hacer frente a los problemas que surgen en relación con
los diferentes gustos individuales, que implican que la misma tarea pueda ser
Sin entrar en si hay o no algún límite a la cantidad de posesiones que una per­ más gravosa para una persona que para otra, señalando que cualquier sistema
sona puede acumular con su propio esfuerzo, Sadurski señala que en los sis­ de remuneración tiene que operar de un modo provisional sobre la base del
temas económicos normales la gente realiza una contribución al bienestar de gusto medio y las situaciones típicas. Una dificultad más espinosa para su teo­
los demás. En general, el modelo de Sadurski es similar al de Rawls en el sen­ ría es que el esfuerzo en sí mismo no siempre es una carga, sino que puede ser
tido de que ve la sociedad moderna como una empresa cooperativa que pro­ bienvenido y disfrutarse. Dado que el esfuerzo es el principal vínculo entre su
duce un conjunto de beneficios que terminan siendo distribuidos de acuerdo idea de justicia y la noción de aquello que está bajo el control del individuo,
con principios de justicia. Sadurski difiere de Rawls al sostener que, en cual­ que por lo tanto es merecedor de recompensa, la perspectiva de que el esfuer­
quier situación en la que la contribución individual sea tal que el o ella creen zo sea un beneficio más que una carga socava su modelo de los méritos debi­
un excedente que vaya más allá de sus propias asignaciones, entonces la justi­ dos como un adecuado equilibrio de cargas y beneficios. Al final, al discutir
cia exige recompensas compensatorias. Más específicamente, en los términos sobre la plausibilidad de su concepción del mérito en relación con las recom­
de su teoría del equilibrio, al menos un aspecto de la justicia «se alcanza cuan­ pensas justas, Sadurski apela a las elecciones que realizaría la persona media al
do el nivel general es igual para todas las personas, es decir, cuando la ratio de encontrarse con una gama de ocupaciones, cada una con su conjunto de as­
los resultados obtenidos pór una persona respecto de sus aportaciones es pectos atractivos y desagradables. La evidencia es que, afirma, serían más o
igual a la ratio del resultado/aportación de otra persona» (1985, p. 106). menos las mismas elecciones las que realizaría la amplia mayoría de los indi­
Otro aspecto de la explicación de Sadurski sobre la remuneración justa es viduos en la misma sociedad. Se asume que, para la mayoría, el esfuerzo es en
que la medición de la aportación se realiza en términos de esfuerzo más que general una carga.
de resultados. Es necesario que tal esfuerzo produzca resultados socialmcnte Un enfoque similar resulta apropiado para determinar qué debemos en­
beneficiosos, pero la medida relevante de la aportación no está en la cantidad tender por remuneración, un concepto que debe incluir no solo el nivel de pa­
de beneficio sino en la extensión de la carga asumida al producir el beneficio. gos y salarios y otros beneficios materiales, sino también cualquier aspecto
Sadurski asume esta posición «principalmente porque la «contribución» o el agradable que pudieran tener las distintas ocupaciones. También podría ser
«éxito» reflejan, entre otras cosas, factores que están más allá de nuestro con­ necesario apelar a un consenso de valores públicos si vamos a medir qué será
trol y por los cuales, en consecuencia, no podemos reclamar ningún mérito» tenido en cuenta como esfuerzo socialmente beneficioso. Sadurski no se mues­
(1985, p. 134). El autor no especifica exhaustivamente qué aspectos de los tra dispuesto a dejar esta cuestión a la elección del mercado, aunque sólo sea
desplegados en un trabajo constituyen aportaciones relevantes, pero mencio­ porque no es posible añadir valor de mercado a todos los trabajos socialmcn­
na, como ejemplos, la dedicación de energía, tanto física como intelectual, y te valiosos. Más aún, como hemos señalado en el capítulo 6 al discutir la po­

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sición de Posner, incluso en relación con los bienes de consumo se puede sos­ acaudalados o unos buenos maestros de escuela, y sin embargo tales cosas de­
tener que el mercado da un peso desproporcionado a las preferencias de las terminan en gran medida la capacidad de los individuos para contribuir a la
personas que ya son acaudaladas y constituye por tanto una medida inefi­ sociedad.
ciente del valor social real. Llegados a este punto, Sadurski y otros teóricos del mérito deben recurrir
Una consecuencia importante de la justicia como mérito en relación con la al intento de aislar aquellos ingredientes de la conducta de un individuos que
remuneración es que incentiva la existencia de recompensas extrínsecas más constituyen el resultado de sus propias elecciones y esfuerzos y procurar
bajas para los trabajos intrínsecamente menos gravosos, lo cual va en contra que estos, antes que las puras capacidades naturales, sean recompensados.
de la tendencia a que los apetecibles trabajos de alto nivel sean también los Esto equivale a rechazar ía posición de Nozick según la cual los individuos
mejor remunerados. Advirtiendo el predominio sociológico de las «conse­ poseen sus capacidades y tienen derecho a todos los frutos que se deriven de
cuencias del estatus», es decir, la tendencia a que el alto prestigio vaya acom­ su uso. Sadurski sigue la idea de Rawls sobre los talentos naturales entendi­
pañado de altos ingresos, Sadurski acepta que su teoría podría no estar en sin­ dos como bienes comunes ya que «no hay nada incompatible con la autono­
tonía con las visiones morales contemporáneas, pero no obstante asume la mía de los individuos en la idea de que los frutos de los talentos naturales de
posición -que recuerda la noción de Walzer de la desigualdad no dominada- las personas deberían ser compartidos por todos, ya que dichos talentos na­
según la cual las recompensas materiales no necesitan mantener una alta co­ turales no son en modo alguno objeto de mérito» (1985, p. 127), pero no
rrelación con la distribución de otros beneficios deseados, tales como el pres­ acepta que lo que los individuos hagan con estos talentos naturales deba di­
tigio y la educación. luirse en el mismo «pozo común». El problema es que estos ingredientes no
Estos son temas importantes que cualquier teoría de la remuneración jus­ sólo podrían resultar ser relativamente menores sino que, como sostiene Rawls,
ta debe tratar. Hay que decir a favor de la teoría del mérito que refleja la com­ ellos mismos podrían ser el resultado de la combinación de la herencia y el en­
plejidad de las elecciones que se tienen que realizar y las ubica en función de torno, aspectos éstos no escogidos ni desarrollados por el individuo. Incluso si
la necesidad de alcanzar juicios de valor compartidos respecto de que es gra­ rechazamos el determinismo absoluto de todos los aspectos de la conducta
voso y qué es beneficioso, tanto en el desarrollo de las diferentes ocupaciones humana, parece claro que una vez que se descuentan los talentos naturales, la ca­
como en sus resultados. A este respecto la teoría del mérito supera a sus riva­ pacidad para realizar una contribución al bien común que sea producto del
les más simplistas en su comprensión de la naturaleza de las cuestiones a ser esfuerzo no depende solamente del ejercicio de la voluntad del individuo ais­
tenidas en cuenta en relación con la remuneración justa. Por otra parte, el lada del entorno social que la alimenta.
problema de establecer adecuadas recompensas al trabajo en función del mé­ Las teorías del mérito tienen respuestas a estos problemas, algunas de las
rito, es aún mayor de lo que da a entender la división de la justicia de Sadurs­ cuales son respuestas excesivamente radicales en sus consecuencias. Podría­
ki en tres aspectos relativamente independientes, ya que si tomamos en cuen­ mos proponer, por ejemplo, que las disposiciones sociales relativas a la edu­
ta los sistemas impositivos como parte de todo aquello que conlleva la cación y la crianza de los niños sean tales que proporcionen una oportuni­
determinación de recompensas netas, no parece haber razones para no usar dad igual a todos los individuos de demostrar su capacidad para realizar las
este mecanismo con respecto a los méritos y deméritos de los individuos fue­ elecciones y esfuerzos considerados meritorios en una sociedad. Esto no sólo
ra de su empleo y buscar detesta manera un equilibrio general de cargas y be­ implica proporcionar los mismos medios a todos los niños sino crear unas
neficios en todos los aspectos de la distribución. Las teorías del mérito care­ circunstancias y una educación superiores para los niños con alguna discapa­
cen de algo más que fundamentos puramente pragmáticos por no considerar cidad. Sadurski pretende contemplar un sistema radical de igualdad de opor­
todos los factores relevantes para el mérito en una valoración comprensiva de tunidades de este tipo, particularmente a través del tratamiento preferencial
los méritos de los individuos, sea que éstos se relacionen con circunstancias de los grupos desaventajados con el fin de equiparar sus oportunidades de sa­
económicas, penales o sociales. tisfacer los criterios de mérito que se apliquen en su sociedad: «N o es correc­
O tro importante y característico problema de una teoría del mérito sobre to clasificar como "igualdad de oportunidades” una situación en la que a
la justicia remunerativa está en la determinación de qué es lo que los indivi­ algunas personas no se les permite obtener cierto bien por las razones “correc­
duos pueden reclamar que se les reconozca como meritorio. La dificultad tas” cuando en realidad las posibilidades de satisfacer ¡as condiciones exigidas
particular que Sadurski trata con algún detalle es que los individuos no pue­ fueron claramente desiguales» (1985, p. 201). Esto requiere, por ejemplo,
den atribuirse méritos por sus dotes naturales, o por su desarrollo potencial compensaciones masivas para quienes hayan nacido con discapacidades tales
en la medida en que éste se deba al entorno y el apoyo proporcionados por que sean insuficiencias con respecto a las necesidades consideradas básicas,
otras personas. La capacidad natural no es más meritoria que unos padres pero es de esperar que tenga consecuencias similares, aunque menores, para

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las discapacidades menos graves que no se consideran insulicicncias funda­ Una vez que todo esto ha sido tomado en consideración, sin embargo, pa­
mentales pero que no obstante afectan a las posibilidades del individuo de ob­ rece poco satisfactorio decir que la justicia es un factor de gran importancia
tener recompensas más altas. en relación con el nivel de remuneración, pero de casi ninguna importancia en
Incluso cuando esto pueda lograrse, las diferencias naturales, sin embargo, la asignación de empleos. Sadurski sostiene que en la mayoría de los casos se­
persistirán y los desiguales resultados del empleo en la vida adulta tienen que guimos con razón consideraciones utilitaristas al realizar un nombramiento
ser contrarrestados por otros medios, tales como un sistema impositivo de acuerdo con la capacidad y la potencial contribución de la persona en cues­
que favorezca menos a los individuos en proporción a sus mayores capacida­ tión: «ninguna persona razonable podría pretender que en una sociedad bien
des heredadas para la elección y el esfuerzo. Sadurski confiere un tratamien­ ordenada la asignación de empleos y posiciones se basara en criterios com­
to especial a la idea de una «tasa de aptitud» que está «basada en las aptitudes pensatorios y que, por ejemplo, la gente menos capacitada debiera ser contra­
o capacidades innatas de los individuos antes que en sus ingresos, de manera tada para los trabajos de mayor responsabilidad para así restablecer un equi­
que no gravamos los esfuerzos marginales de las personas» (1985, p. 128). Este librio general de cargas y beneficios» (1985, p. 153). Esta idea no logra tomar
dispositivo tienen el efecto de presionarla las personas para que ocupen los suficientemente en cuenta el hecho de que sin un trabajo el individuo no tie­
puestos de trabajo que maximizan sus ingresos, pero Sadurski considera que ne posibilidad de realizar la contribución basada en el esfuerzo que merece
esto va en la misma línea que otras modalidades habitualmcntc adoptadas por una recompensa. La igualdad de oportunidades en la preparación para un tra­
los sistemas impositivos y cree que es en sí mismo un mecanismo intrínseca­ bajo es inadecuada si no hay disponibles tareas a través de las cuales los in­
mente equitativo de distribución. dividuos puedan manifestar la conducta socialmentc beneficiosa que pueden
Al contemplar estas consecuencias radicales de la justicia como mérito, es y quieren desarrollar.
importante que recordemos que la teoría de la justicia como mérito no nos N o hay razón, de hecho, para que una teoría del mérito no pueda usar su
compromete con la posición de que la justicia es el único objetivo -ni siquie­ premisa más importante -principalmente que las personas deben ser tratadas
ra el más importante- de la organización política y de la intervención del de­ de acuerdo con sus méritos- para sostener que deben proporcionarse oportu­
recho. Así como el principal objetivo del derecho penal podría ser reducir las nidades de empleo que permitan a los individuos desplegar, así como desa­
acciones dañinas antes que imponer la justicia en sí misma, del mismo modo, rrollar, sus méritos potenciales. Si, como se ha sostenido, el fundamento mo­
en la asignación de muchos trabajos ser competente y prometedor o prome­ ral de una teoría del mérito radica en que es correcto tratar a las personas
tedora puede ser más importante que la justicia en sí que da una respuesta como agentes responsables que pueden responder por su conducta, entonces
orientada al elogio de los esfuerzos pasados. En efecto, el fundamento más debe ser correcto disponer la sociedad de modo tal que lo que le suceda a los
importante para la acción del Estado es el bienestar general de la ciudadanía. individuos dependa de cómo se comporten en una situación en la que tengan
La mayoría de las recompensas y los castigos y la mayor parte de las estrate­ la posibilidad de demostrar su responsabilidad. Esto debe querer decir que
gias para la asignación de cargas y beneficios, han sido instauradas teniendo todos gozan de una posibilidad real de satisfacer el criterio de mérito que se
en mente la utilidad general antes que la justicia individual. prefiera, lo cual debe incluir la disponibilidad de un trabajo adecuado al ta­
La insistencia en que, por ejemplo, cualesquiera sean las medidas obligato­ lento del individuo. Esta es una cuestión que va más allá de la igualdad de
rias que se introduzcan éstas deberían ser compatibles con la justicia, en gene­ oportunidades para competir por un trabajo. Se trata de la igualdad de opor­
ral sirve a menudo para fijar ciertos límites al modo en que se debería perse­ tunidades para manifestar el mérito en el trabajo. En otras palabras, la premi­
guir el bien general, antes que constituir una razón justificatoria general para sa de la teoría del mérito sobre el «igual valor» requiere que todos tengan la
la medida en cuestión. Los distintos y a veces rivales valores del bienestar ge­ misma oportunidad de exhibir sus desiguales méritos.
neral, como la libertad y la privacidad del individuo, pueden anular la impor­ Aunque ésta es una posición perfectamente coherente que puede adoptar
tancia de los méritos debidos en muchas circunstancias. En relación con la jus­ la persona partidaria del mérito, y podría en efecto ser un modelo para un sis­
ticia de remunerar en proporción con los esfuerzos pasados, Sadurski no
tema de empleo justo, resulta que pone a la justicia en tal conflicto práctico
necesita comprometerse con la idea de dar a esta dimensión una fuerza decisi­ con la realidad económica que podría tener el efecto de desplazar la búsque­
va, lo cual resulta claro en el caso de la asignación de empleos. Además, en este da de la justicia hacia circunstancias radicalmente utópicas. Podría sostenerse
contexto su compromiso con el papel central del mérito dentro de la justicia es incluso que establecer recompensas que estén de acuerdo con el mérito no es
menor, ya que, como señala el autor, «a menudo sucede que los criterios de dis­ un objetivo moral tan importante que justifique la reorganización de la vida
tribución distintos del mérito (tales como los títulos o derechos formales, o las social y económica de un modo tan completo. Por otra parte, si solo se per­
necesidades humanas básicas) anulan los criterios del mérito» (ibíd., p. 156). mite que la justicia determine diferencias marginales respecto del nivel de re-

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muncración y tiene poco o ningún impacto en la distribución del empleo, en­
tonces resulta imposible afirmar que los sistemas sociales existentes comien­
zan a aproximarse a aquello que es justo, una conclusión que la mayoría de
los teóricos del mérito ha intentado evitar.
Al final, Sadurski obtiene un inestable compromiso en el que el aspecto de
la justicia que se ocupa de la satisfacción de las necesidades básicas es el que
se hace cargo del lote de quienes fracasa en la apuesta por el empleo. A pesar
de que el inocente desempleado podría no tener la oportunidad de ganarse la
vida a través de su contribución al bien social, sus inmerecidas necesidades se­
rán satisfechas en la medida en que éstas se puedan calificar como «básicas». 8
Resulta interesante que tales necesidades básicas, aunque incluyen aquello
que es necesario para que el individuo participe en la sociedad, no parecen in­
cluir la necesidad de participar en el sistema económico como trabajador o La justicia como crítica:
trabajadora. Esta posibilidad, sin embargo, constituye otra vía a través de la
cual podríamos llegar a un fundamento moral para las políticas de pleno em­ Marx y la explotación
pleo. Que proporcionar un empleo adecuado, entendido éste como una nece­
sidad básica, sea visto como una cuestión de humanidad o de justicia depen­
derá de la teoría de la justicia que se adopte. Para Sadurski, las necesidades de
empleo, si hubiera tales necesidades, formarían parte de la justicia por su con­
dición de necesidades básicas antes que por su conexión con el mérito. Una
posición alternativa es considerar que las necesidades de empleo son razones El hecho de que el grueso de la filosofía analítica más innovadora que en los úl­
para reclamar justicia, ya que su satisfacción es una condición necesaria para timos años se ha ocupado de la justicia, se haya originado en los Estados Uni­
el desarrollo del mérito y, por tanto, un requisito para ser tratado con el res­ dos de América explica, aunque podría no excusar, el desequilibrio en la aten­
peto que se debe a un ser responsable. ción prestada en este libro a los teóricos «liberales» respecto de los «socialistas».
Aunque Rawls considera que su teoría del contrato es compatible tanto con el
libre mercado como con los sistemas de economía centralizada, y aunque al
menos algunas de las consecuencias del enfoque de los derechos de Dworkin
son lo suficientemente igualitarias como para considerarlas radicalmente libe­
rales -en contraste con el rampante libertarianismo de Nozick-, tener sólo un
capítulo dedicado a teorías de la justicia explícitamente socialistas parece un de­
sequilibrio político, incluso después de la extinción de la Unión Soviética.
Este desequilibrio está en sintonía con la hegemonía global de los méritos de
la democracia liberal y la insensibilidad general respecto de los problemas de la
pobreza dentro de los Estados ricos, así como de la enorme pobreza de la ma­
yoría de los Estados en comparación con la opulencia de una minoría económi­
ca e ideológicamente poderosa. El predominio de las ideas del capitalismo libe­
ral dentro de las teorías de la justicia contemporáneas está en sintonía con la
afirmación de Marx según la cual los derechos y la justicia son ideas esencial­
mente burguesas que imprimen la ideología de la organización económica ca­
pitalista. Si la justicia es efectivamente un concepto intrínsecamente capitalista,
entonces es previsible que quienes propongan una teoría normativa de la justi­
cia expresen los valores del individualismo burgués. Si, como se establece en el
Manifiesto del Partido Comunista (1872), «el comunismo quiere abolir las ver-

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dades eternas, abolir toda religión, y toda moral, en lugar de constituirlas sobre de la justicia o de otras concepciones sin relevancia actualmente. Ecos de esto
nuevos fundamentos» (Marx y Engels, 1958, vol. 1, p. 52), entonces es equivoca­ pueden oírse en el análisis que hace A. K. Sen de la igualdad real de oportuni­
do buscar una ética comunista o esperar una teoría normativa de la justicia so­ dades basada en el funcionamiento de las capacidades humanas (Sen, 1992).
cialista. Dentro de la tradición marxiana, cualquier modo de teorizar tipificado Los reparos de Marx respecto de la justicia y su imposibilidad de denunciar el
por la filosofía política tradicional es política e intelectualmente sospechoso. capitalismo por «injusto», sólo puede interpretarse como una manifestación de
Desde esta perspectiva, la teoría socialista de la justicia consiste en desa­ su crítica a los socialistas «utópicos», cuyo pri ncipal fracaso fue asumir que el pro­
rrollar críticas a la idea de que la justicia representa un ideal transhistórico apli­ greso histórico se podría alcanzar redactando anteproyectos imaginarios de una
cable a todo tipo de sistema económico, asumiendo que hablar de «justicia forma ideal de sociedad y exhortando luego a la gente para que emprendiera la
eterna», como la retórica de los derechos naturales y humanos, es esencial­ transformación de las sociedades existentes en la utopía preferida. Se ha dicho que
mente un artilugio ideológico para presentar los intereses burgueses bajo el los utópicos han ignorado las realidades históricas fundamentales, lo cual hace
disfraz de los valores supuestamente universales. Los gritos de batalla de Li­ imposible reconocer una sociedad socialista hasta tanto las condiciones materia­
bertad, Justicia e Igualdad son vistos como conceptos ideológicos que expresan les existentes o emergentes sean apropiadas. El pensamiento imaginativo, la per­
y promueven la posición de la clase económica dominante dentro del capitalis­ cepción moral y los llamamientos a la mejor naturaleza de las personas carecen de
mo; la propia «justicia» no es otra cosa que «la expresión ideologizada, glorifi­ poder ante los subyacentes condicionamientos del desarrollo histórico.
cada, de las relaciones económicas existentes» (Marx y Engels, 1958, vol. 2, p. 128). Es posible compartir el sentido de la historia de Marx y reconocer la futili­
Existe una buena cantidad de evidencia textual sobre la amoralidad teóri­ dad de una prédica moral ahistórica, y al mismo tiempo intentar especificar los
ca de Marx y de su posición contra la justicia y contra los derechos. Es verdad valores que son relevantes para la valoración de la superioridad moral de una
que Marx no pensaba que conceptos jurídicos como el de justicia jugaran al­ forma de sociedad respecto de otra. Sin duda éste no fue el interés primario de
gún papel relevante en ¡a explicación de la estructura y el cambio sociales. Sin Marx, pero hay indicios suficientes de los valores que están presupuestos en su
embargo, el debate reciente sobre Marx y la justicia recoge la cuestión relati­ crítica al capitalismo y de su clara preferencia por los logros y libertades de las
va a si podría haber, en un nivel de análisis más profundo, concepciones nor­ sociedades socialistas por encima y en contra de las barbaridades y degrada­
mativas de los derechos y la justicia que fuesen característicamente socialistas, ciones del capitalismo, para que sea razonable desarrollar un conjunto de va­
que abarcasen algunos de los valores que sólo pueden ser realizados en una lores socialistas que incluya una concepción de la justicia tanto para la crítica
sociedad socialista. Este enfoque recoge la forma en que Marx aborrece tan del capitalismo como para la descripción de una sociedad comunista.
claramente las miserias que engendra el capitalismo, así como sus acusaciones
de que el capitalismo, como una forma de robo perpetrado contra los traba­
jadores, no logra siquiera estar a la altura de sus propios ideales morales, un La justicia formal y la crítica a los derechos
tema que se retoma más adelante en este capítulo.
Más especialmente, se sostiene que las sociedades socialistas al menos se Las opiniones varían respecto del alcance del rechazo de Marx a la moral y a
aproximarán -aunque no lo busquen directamente-al principio genuinamen- la empresa moralizadora. Según una interpretación estricta de la doctrina del
te socialista de distribución: «de cada uno de acuerdo con su capacidad, a cada materialismo histórico, todas las ideas, incluidas las ideas morales, forman
uno de acuerdo con sus necesidades», una máxima que el proprio Marx adop­ parte de la «superestructura», son los efectos más que las causas del fenóme­
ta en El programa de Gotha (Marx y Engels, 1958, vol. 3). El igualitarismo co­ no social, y por tanto dependen por completo de las condiciones materiales
munal que implica tal principio podría decirse que encierra un aspecto de la su­ de las fuerzas de producción que están constituidas por aquello que una so­
perioridad moral del socialismo por encima de otras formas de filosofía ciedad produce y por el modo de su producción y distribución. Se sigue de
política que es particularmente relevante para la justicia. Brevemente, la con­ esto que moralizar no solo es inútil sino también falto de fundamentos ya que
cepción socialista de la justicia puede ser vista como la distribución de acuer­ parecería que no hay modo de establecer que una opinión moral sea mejor o
do con la necesidad de recursos creados de buena voluntad por otras personas. peor que cualquier otra, ya que todo sistema ético es siempre el producto de
El hecho de que en una verdadera sociedad comunista no haya escasez de re­ las fuerzas económicas no racionales. Este presupuesto reduccionista parece
cursos haría de la justicia algo menos importante de lo que es en otras socie­ socavar la función puramente de evaluación así como la función prescriptiva
dades, pero esto no significa que las sociedades socialistas no sean justas, en un o de exhortación del lenguaje moral y, por tanto, transforma en insignifican­
sentido propio y característico. Tampoco niega que se deba preferir la justicia tes los aspectos fuertemente normativos de las teorías de la justicia que hemos
socialista -en su propio contexto histórico- por encima de otras concepciones estado considerando. Según esta interpretación estricta de la ortodoxia mar-

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xiana no hay forma de demostrar la superioridad moral del principio rawlsia- socialmente valiosa se puede presentar fácilmente como una variante moder­
no del maximin respeto del ideal de maximización de la riquez.a de Posner o na de la recurrente tesis liberal según la cual aquellas personas que llegan a la
de la concepción dworkiniana del tratamiento como iguales. Ni el cálculo uti­ cima en una sociedad competitiva con igualdad de oportunidades de alguna
litarista ni la imaginación contractual pueden servir de algo más que un vehícu­ manera lo «merecen». En general, como quiera que se expongan, la imparcia­
lo para el prejuicio político preexistente. lidad y la neutralidad tienen la misteriosa habilidad de aparecer junto a idea­
Según una interpretación más débil del materialismo histórico, conforme a la les que no plantean ningún desafío real a las desigualdades económicas exis­
cual se podría permitir alguna eficacia causal a la superestructura de las ideas, al tentes en las sociedades liberales de las que surgen sistemáticamente.
menos en la marcha del desarrollo histórico, podría haber lugar para la oportu­ Enfrentados con estas severas críticas a las teorías liberales de la justicia, los
na persuasión moral, y existe también la posibilidad de que algún elemento del socialistas podrían ver como una estrategia inteligente desarrollar otra termi­
juicio racional participe en la formación de la opinión política, particularmente nología para expresar sus contravalores, pero, dada la fuerza retórica del len­
en la medida en que las necesidades de la sociedad capitalista den lugar a las cre­ guaje de la justicia y su constante resurgimiento como expresión de tipos espe­
cientes libertades del socialismo. N o es probable, sin embargo, contar con la in­ cíficos de crítica social, resulta difícilmente sorprendente que los esfuerzos se
dulgencia del marxismo respecto de las pretensiones de aquellas teorías de la jus­ dirijan a establecer las credenciales de una concepción socialista de la justicia a
ticia que se presentan como las portadoras de verdades universales que se aplican través de la cual comunicar al menos una parte de la visión del ideal socialista.
a todas y cada una de las etapas del desarrollo histórico. Son particularmente vul­ Los diferentes análisis del concepto marxiano de la justicia que se han he­
nerables a la sensibilidad histórica niarxiana las teorías que, como la de Nozick, cho pueden ser abordados de manera fructífera en términos del contraste en­
están fundadas en derechos naturales incuestionables y presuponen una forma tre la justicia formal y la material, la justicia del apego a las normas como dis­
de individualismo que ignora la naturaleza interdependiente y socialmente va­ tinta de la justicia de la normas mismas. El proprio Marx a veces parece
riable del hombre. Menos vulnerables son los objetivos más modestos del equi­ moverse entre la idea de la justicia como conformidad con las prácticas esta­
librio reflexivo del último Rawls que sólo intenta expresar y hacer coherente la blecidas de una institución social y la idea más sustantiva de la justicia aplica­
visión política de una particular forma histórica de organización social. da a la valoración de estas prácticas. Resulta claro que algunas de sus obser­
Una crítica socialista característica formulada contra todas las teorías libe­ vaciones sobre la justicia van dirigidas a la idea de la justicia formal mientras
rales de la justicia es que se sobreestiman a sí mismas en la medida en que pre­ que otras tienen más que ver con la justicia material.
tenden proporcionar un análisis imparcial, neutral respecto de los grupos de Así, cuando Marx piensa en la justicia formal trata la justicia como un con­
intereses que coexisten incluso dentro de una sociedad particular. Así, por cepto jurídico que tiene que ver con la conformidad con las normas estableci­
ejemplo, en nuestro análisis de las aplicaciones prácticas que propone Dwor- das y, por tanto, con la administración del derecho o la «justicia» dentro de un
kin de la idea de que deberíamos tratar a las personas como iguales, hemos he­ sistema en particular. Desde este punto de vista la justicia es siempre «interna»
cho notar que tales aplicaciones no pueden proporcionar razones suficientes respecto de una forma particular de organización social, ya que sólo se refiere a
para las conclusiones a las que se llega, en tanto los mismos principios pueden la aplicación eficiente de las normas del sistema en cuestión. Esto significa que
dar lugar a recomendaciones prácticas muy diferentes para circunstancias el lenguaje de la justicia no puede ser usado como fundamento para una críti­
esencialmente similares. Ló mismo es válido para todas las teorías que postu­ ca externa de la organización como un todo o para condenar sus reglas constitu­
lan el surgimiento de un consenso racional respecto de qué es justo, una vez tivas. Las sociedades pueden ser injustas en la medida en que no logran aplicar
superada la parcialidad a través de uno u otro mecanismo. La oculta selectivi­ sus propias normas de un modo coherente, pero las normas en sí nunca pue­
dad que encierra toda teoría potencialmente universalista resulta en un sesgo den ser descritas apropiadamente como justas o injustas. Por ejemplo, el juez ca­
sistemático en favor de ciertos grupos sociales, de un modo que Marx predi­ pitalista que aplica las leyes relativas a la propiedad de una sociedad capitalista
ce que ocurrirá con todas las potenciales teorías políticas del consenso. está actuando justamente, así como las cortes feudales son justas cuando de­
El ejemplo más evidente de esta inclinación ideológica encubierta (o, en fienden los diferentes derechos y deberes que constituyen la propiedad feudal.
este caso, no tan encubierta) debe ser el modelo de maximización de la rique­ La justicia es por tamo relativa al sistema de relaciones económicas existente, y
za de Posner, que puede ser visto directamente como una racionalización de no puede elevarse por encima de ellas.
la acumulación capitalista, pero pueden realizarse críticas similares a la prio­ Conforme con esta interpretación de Marx, se sigue que las sociedades son
ridad lexicográfica de la libertad que propone Rawls y a su aparente omisión injustas sólo en la medida en que no aplican coherentemente sus normas y le­
respecto de las personas no aptas para el trabajo. De manera similar, la ten­ yes sociales. Marx no parece adjudicar ningún significado moral a tales inco­
dencia de Sadurski a afirmar que el mérito desemboca en una contribución herencias, excepto tal vez para hacer notar como una de las contradicciones

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del capitalismo el hecho de que sus leyes son a menudo aplicadas selectiva­ guien sus interacciones. En una sociedad socialista la fuerza vinculante de las
mente en beneficio de la clase burguesa. Podría parecer, por lo tanto, que la normas reside en la aceptación voluntaria antes que en la amenaza de las san­
justicia, para Marx, es un concepto moralmente neutral y enteramente relati­ ciones o en el incentivo de la recompensa, pero no hay contradicción en las
vo, que se adapta por igual a todas las sociedades y que, en principio, es apli­ nociones de consentimiento continuado respecto de las obligaciones y libre
cable a las sociedades socialistas en relación con la coherencia en la aplicación asentimiento respecto de un cuerpo de normas compartidas. Si parte de la justi­
de las normas y criterios socialistas. cia formal implica tratar a los individuos de acuerdo con sus derechos, enton­
Sin embargo, esta conclusión olvida la afirmación de Marx en el sentido de ces podemos tener un enlace funcional entre concepciones cuasijurídicas de los
que el derecho es un fenómeno intrínsecamente capitalista, y un fenómeno que derechos y una justicia con aplicación potencial a las sociedades socialistas.
no jugará ningún papel importante en una sociedad verdaderamente socialista Es verdad que algunas formas de anarquismo marxiano no dejan lugar
o comunista. El derecho, junto con el Estado, desaparecerán con la extinción para normas de ningún tipo y ven toda cooperación social como puramente
de las diferencias de clase y de la explotación económica, para ser reemplaza­ espontánea y transitoria, de modo que no requiere estar basada en las expec­
dos por un orden espontáneo de cooperación mutua no limitada por el apara­ tativas que surgen de un conjunto autoritativo de derechos y deberes. Sin em­
to coercitivo del derecho y las restricciones de las rígidas normas sociales. En bargo, este modelo no es plausible en una sociedad con métodos modernos de
una sociedad en la que los hombres son genuinamente libres para establecer producción y una organización social a gran escala. Además, lo poco que el
sus propias relaciones dentro de agrupamientos sociales no forzados, no habrá propio Marx tiene que decir respecto de la naturaleza de la forma última de
lugar para el derecho y, por tanto, no habrá lugar para la justicia. sociedad comunista es compatible con la existencia continuada de normas no
N o se puede evitar esta conclusión si se combina una estricta interpreta­ coercitivas y, en este sentido, de normas en su mayor parte «administrativas»,
ción jurídica de la justicia con un análisis positivista clásico del derecho que y por tanto es compatible con la idea de justicia formal.
hace de éste, por definición, el aparato coercitivo del Estado. Ningún marxis- Las dificultades que plantea el carácter coercitivo que se asume que tiene el
ta podría aceptar que una sociedad verdaderamente socialista tuviera leyes derecho no son las únicas, sin embargo, que provocan las sospechas marxistas
coercitivas respaldadas por sanciones estatales. Y sin embargo, si se entiende respecto de la justicia formal, particularmente cuando se asume que la justicia
que la justicia incluye la forma cuasijurídica de observancia de las normas no formal implica tratar a los individuos de acuerdo con sus derechos positivos.
legales o de las normas sociales obligatorias que carecen del respaldo de las Existen muchos otros interrogantes que pesan sobre la compatibilidad de los
sanciones formales, las comunidades socialistas necesitarían una concepción derechos con el socialismo. Algunos de estos interrogantes tienen que ver con
de la justicia para explicar la observancia de sus normas sociales no coerciti­ la supuesta universalidad e incuestionable inalicnabilidad de los derechos tal
vas. De manera alternativa, revisando la versión de las sanciones ordinarias como aparecen expresados en relación con las concepciones de los derechos
que ofrece el positivismo para-permitir la posibilidad de que haya leyes que, naturales o humanos. Marx no sólo condenó a los moralistas burgueses por
aunque obligatorias dentro de un cierto territorio, no requieran sanciones para presentar sus intereses de clase como intereses universales, su sentido de la his­
generar la adecuada conformidad, la justicia puede ser liberada de su conexión toria lo llevó también a rechazar la idea de que pudiera haber derechos supre­
necesaria con la fuerza, y se puede conferir a la justicia formal un papel acep­ mos aplicables a todas las personas en todas las épocas.
table en la sociedad socialista. De un modo u otro, no hay dificultad en en­ He hecho notar ya, en el capítulo 4, que no es necesario invocar el con­
contrar un lugar conceptual para la idea de la justicia formal socialista, o lega­ cepto de derechos humanos para explicar la tesis de que la justicia implica tra­
lidad socialista. En la medida en que hay normas socialmentc reconocidas que tar a las personas de acuerdo con sus derechos, pero otras objeciones socialis­
son autoritativas dentro de un territorio y que son aplicadas por cuerpos es­ tas a los derechos se aplican igualmente a los derechos en general, antes que
pecializados con responsabilidad por su interpretación y aplicación en relación específicamente a los derechos humanos. Por ejemplo, se sostiene que los de­
con casos particulares, entonces hay derecho en un sentido que es suficiente rechos son esencialmente individualistas en el sentido de que son «propie­
para que el lenguaje de la justicia formal logre establecerse. dad» de los individuos y tienen la función de proteger los intereses de sus po­
Consideraciones similares se pueden hacer en relación con los derechos. Si, seedores contra las pretensiones, de otro modo tal vez justificadas, de otros
siguiendo la discusión del capítulo 3, prescindimos de la idea de derechos mo­ individuos o grupos. La idea es que los derechos son instrumentos para legi­
rales y definimos los derechos en términos de los títulos normativos existen­ timar conductas posiblemente antisociales y seguramente autointeresadas
tes a los que se puede apelar para proteger los intereses del individuo, todo lo y, de este modo, adentrarse en el camino de la organización de un gobierno
que se necesita para que haya derechos es que haya un conjunto de normas vin­ para el bienestar de la sociedad como un todo. Esto está respaldado por el
culantes basadas en necesidades, de acuerdo con las cuales los individuos re­ análisis jurídico corriente de los derechos positivos en términos del poder le­

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gal de controlar la conducta de otras personas en modos específicos, un po­ sólo el contenido de los derechos sino también su modus operandi y sus crite­
der cuyo uso se deja a la discreción del titular de derechos para que lo use rios de justificación pueden ser muy diferentes de aquellos que típicamente per­
como le parezca conveniente. Se alega que este instrumento es un reflejo de la tenecen a las sociedades capitalistas. Incluso en el marco del presupuesto de que
idea de que una sociedad es una colección de individuos independientes cu­ los derechos son a menudo poderes discrecionales ejercidos por los individuos,
yos intereses están protegidos a través de derechos que les permiten perseguir no es problemático concebir una función para tales derechos en sociedades en
sus «legítimos» intereses personales. las que los individuos no sean egoístas y cuyo autointerés no esté tajantemente
La crítica marxiana de los derechos en general puede apuntar a la creciente separado de los intereses de los demás. En la medida en que los individuos ten­
importancia de los derechos en los sistemas legales de los países capitalistas, y gan deseos (aunque sean altruistas) sobre la base de los cuales quieran actuar,
a la afinidad entre la idea de derechos y la creencia de que las obligaciones nor­ y en la medida en que tales acciones se vean facilitadas de un modo socialmcn-
malmente surgen del acuerdo entre individuos autónomos en transacciones si­ te beneficioso permitiendo al individuo una gama de poderes legales con los
milares a las comerciales. El modelo estándar es el del hombre económico que cuales realizar sus intereses, entonces existen razones para tener un sistema de
actúa de acuerdo con sus propios juicios-e intereses económicos, una hipóte­ normas basado en derechos. Es sólo el presupuesto de que los individuos son
sis que adoptan en diversos grados todas las teorías de la justicia que hemos inherente c irreversiblemente autointeresados el que hace que la idea de dere­
considerado. Es charo que una sociedad comercial a gran escala requiere de leyes chos se perciba como contraria al socialismo. Y en consecuencia, aunque la im­
concebidas en términos de derechos, y que estos derechos presuponen gene­ portancia de la justicia formal no solamente depende, por supuesto, de las nor­
ralmente un contexto en el cual los individuos actúan de acuerdo con su pro­ mas de los sistemas que se construyen en términos de derechos, establecer una
pia concepción de sus intereses. Además, hay en términos históricos una fuerte idea coherente de derechos socialistas despeja el camino hacia una valoración
correlación entre los derechos y el ejercicio de la autonomía individual, de un sin prejuicios de la justicia formal dentro de la teoría socialista.
modo que elimina la necesidad de justificación en términos de la comunidad. Buena parte de la discusión sobre este tema ha tenido que discurrir sobre
Esto resulta evidente en la obra de los libertarios, tales como Nozick y Posner, en qué medida el imperio de la ley puede mitigar los males del gobierno pre­
aunque, como hemos visto, este últim o-al menos en principio-subordina los socialista -si es que los mitiga en alguna medida-, introduciendo un elemen­
derechos individuales al objetivo social de la maximización de la riqueza. to de imparcialidad en el ejercicio del poder político de los sistemas no socia­
Este panorama histórico no demuestra por sí solo que otras formas de so­ listas. H a habido poca discusión directa sobre la importancia de la justicia
ciedad no puedan requerir y adoptar un sistema de derechos que sirviera a formal una vez que el socialismo se ha transformado en realidad. Por supues­
otros fines. N o hay nada en el concepto de derechos que deba ir unido al pre­ to, si hay razones para tener normas en el socialismo entonces debe haber ra­
supuesto de que las obligaciones, y por tanto sus derechos correlativos, sean zones para tener estas normas de manera efectiva, y esto debe querer decir
fundamentalmente el resultad^) del acuerdo voluntario, dejando aparte el he­ -de manera generalmente clara-, normas que se apliquen. Los temas que se
cho de que este acuerdo es siempre llevado a cabo por individuos esencial­ plantean, por tanto, tienen que ver con las razones que podría haber para res­
mente autointeresados. Tampoco es necesario analizar los derechos, como tan tringir la discrecional idad de los funcionarios para cambiar retrospectiva­
a menudo hacen los teóricos liberales, en términos de poderes discrecionales mente la aplicación de las normas allí donde creen que esto contribuye al in­
de sus titulares, con los cuales podrían exigir a otras personas que cumplieran terés público. Esta cuestión es abordada indirectamente en el debate sobre el
sus obligaciones o podrían alegar las obligaciones en cuestión. Hablamos pretendido utilitarismo del socialismo y la tendencia de los socialistas que, en
también de derechos cuando existe la obligación de promover los intereses de su preocupación por la felicidad de la masas, adoptan la perspectiva del utili­
otra persona, como en el caso de los derechos de los niños, sin importar que tarismo de actos antes que la del utilitarismo de reglas. El utilitarismo de ac­
al titular de derechos se le exija que formule su pretcnsión, e incluso cuando el tos se compromete a gobernar conforme al derecho, siempre que el sistema
titular de derechos no es capaz de hacer valer las obligaciones que se corres­ esté abierto al principio de que el interés general puede ser usado sistemática­
ponden con los derechos, como sucede con el derecho a tratamiento médico de mente para justificar intervenciones en el normal proceso de la justicia formal
una persona inconsciente. Ni siquiera es necesario asumir que un sistema de de­ cuando esto sea claramente beneficioso en términos utilitaristas.
rechos requiera que las violaciones de derechos se resuelvan sólo a partir de la re­ Sin embargo, no es para nada claro que el proprio Marx sea realmente un
clamación e iniciativa del titular de los mismos, aunque éste pueda ser normal­ utilitarista ni en sus valores políticos últimos ni en su actitud hacia las nor­
mente un medio eficiente de organizar la protección de los intereses. mas. Por ejemplo, Marx está claramente comprometido con la importancia de
Es posible, por lo tanto, que la duda socialista acerca de un sistema legal que la libertad dentro de una sociedad comunista que exige que los individuos
conlleve derechos sea resultado de la incapacidad para darse cuenta de que no y los grupos puedan realizar proyectos creativos en cooperación con sus

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compañeros. Su concepción comunitarista del desarrollo completo de una de una sociedad en la que puedan expresar y satisfacer su naturaleza social y
naturaleza humana socializada, que se manifiesta en el ideal de satisfacer el creativa, y experimentar la verdadera libertad en el contexto de la vida comu­
trabajo al servicio de necesidades genuinas, deja lugar para respetar el tipo de nitaria. Esto implica que habrá mucha menos división del trabajo, y la que
autonomía individual y de grupo que se promueve dando a los individuos y a exista será libremente escogida. Implica también el fin de las transacciones
los grupos conjuntos estables de normas en cuyo contexto puedan planificar de mercado como la condición principal para la producción y la distribución.
y asumir responsabilidades por el resultado de sus acciones. Esos aspectos del Se asume también que, una vez pasadas las diversas etapas de transición, ha­
ideal socialista que hacen hincapié en la importancia de los esfuerzos creati­ brá una democracia genuinamente consensual, de manera que todas las per­
vos -además de la simple búsqueda de la felicidad- proporcionan algún fun­ sonas compartan la dirección de la organización social para la satisfacción de las
damento para la visión del hombre que relaciona el respeto al individuo con necesidades, y la expresión de una libertad que implique la ausencia de barreras
la estricta observancia de las normas que afectan a su bienestar. Las normas prácticas -así como legales- para lograr los objetivos del esfuerzo humano.
estables proporcionan un contexto en el cual tanto los socialistas como los ca­ Es interesante notar que este breve esquema del tolos de la evolución so­
pitalistas pueden actuar de manera responsable a la luz de la estabilidad que cial hace uso del lenguaje del la libertad y la satisfacción y se podría haber
un sistema tal proporciona. Las personas altruistas, así como las egoístas, de­ planteado fácilmente en términos de igualdad, pero el lenguaje de la justicia
penden de las normas para el éxito de sus proyectos. no parece preocupar centralmente ni ser esencial para la exposición del ideal
N o hay nada en Marx que sugiera que podría conceder algún peso al valor comunista, aunque no parece haber ninguna dificultad en afirmar que una so­
de la idea vacía según la cual hay que tratar del mismo modo aquellos casos ciedad socialista no será injusta. La explicación más franca respecto del lugar
que son similares en el marco de un conjunto público de normas, ya que esto marginal que ocupa la justicia en la terminología socialista es que, en la socie­
representa a ese tipo de fetichismo de las normas que ubica la racionalidad dad comunista, las así llamadas «condiciones» de justicia no se dan: no hay es­
abstracta por encima de los intereses humanos y con frecuencia funciona casez de bienes a ser distribuidos, no hay conflictos para resolver, no hay sis­
como una excusa para perpetrar injusticias materiales. N o obstante, y dado temas de castigos ni incentivos que aplicar. Se puede sostener, por tanto, que
que, como hemos hecho notar en el capítulo 2, el valor independiente de la no hay espacio para las ideas de justicia e injusticia dentro del comunismo
justicia formal es cuestionable, los socialistas no deben ser culpados por pres­ porque la sociedad ha ido más allá del estadio en el que estas idea tienen algo
cindir de ella. Además, buena parte de la crítica de la justicia de Marx puede sobre lo que hacerse sentir. Así, aunque podría ser correcto decir que la so­
ser vista como una crítica dirigida a la poca importancia de la justicia formal ciedad comunista no es injusta, esto debe ser tomado como una descripción
en situaciones en las que las normas sustantivas reflejan la explotación. Esto no muy precisa antes que como una evaluación (ver Wood, 1983 pp. 163-91).
no elimina la posible relevancia instrumental de la justicia formal en situacio­ N o obstante, si tenemos en cuenta el análisis más amplio de la justicia se­
nes en las que las normas son materialmente aceptables. gún el cual ésta tiene que ver con la corrección en la distribución, es claro que
la abundancia y la armonía por sí mismas no excluyen el papel de la justicia. En
situaciones de armonía y abundancia sigue siendo necesario ocuparse de cues­
Justicia material, explotación y mérito tiones distributivas, aunque sólo sea para asegurar que las necesidades y el bie­
nestar de todos los miembros de una sociedad sean atendidos. La abundancia
Para explorar los modos en que el socialismo podría incorporar una concep­ de bienes no conlleva necesariamente su adecuada distribución y parece vero­
ción de la justicia material es necesario que tengamos una idea razonable­ símil que la adecuada distribución, incluso de aquello que se encuentra en
mente clara de cómo sería una sociedad socialista en la realidad. Desde Marx abundancia, sea una condición para que se prolongue la ausencia de conflicto.
podemos encontrar muchas descripciones negativas de la sociedad socialista De hecho, nada sugiere que en una sociedad comunista la abundancia y la ar­
o «comunista»: no habrá clases, ni explotación, ni conflicto, ni coerción. monía se logren sin un esfuerzo consciente y una buena organización, lo cual
Todo esto se debe a la abolición de la propiedad privada de los medios de pro­ implica tomar decisiones sobre la producción y la distribución a realizar en re­
ducción en relación con la cual se define la pertenencia a una clase, a través de lación con los objetivos escogidos por esa sociedad. Esto nos permitiría intro­
la cual tiene lugar la explotación y debido a la cual se produce el conflicto so­ ducir el principio de distribución de acuerdo con la necesidad y de contribu­
cial y la coerción. Los aspectos más positivos de la sociedad socialista están ción de acuerdo con la capacidad, como una descripción positiva de la sociedad
menos claramente definidos. Se dice que la propiedad común de los medios comunista, pero no como un ideal por el que luchar, aunque el requisito de la
de producción se alcanzará plenamente, no en un sentido netamente materia­ capacidad puede entenderse que representa un estadio precomunista, antes de
lista, sino en relación con las necesidades genuinas de los hombres y mujeres que se haya logrado el trabajo completamente espontáneo (Elster, 1985).

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Dadas las dudas acerca de la relevancia de las críticas prcscriptivas basadas Bien podría ser, sin embargo, que la reticencia de los teóricos marxianos a
en la justicia con respecto a una sociedad comunista completamente formada, articular los principios distributivos de la sociedad comunista en el lenguaje
es frecuente recurrir a una teoría socialista de la justicia que haga hincapié en de la justicia esté anclada en su reconocimiento del vínculo conceptual entre
la injusticia de los sistemas no comunistas, especialmente del capitalismo, uti­ justicia y mérito, y en su instintiva hostilidad hacia la noción de mérito y su
lizando a menudo la idea de la explotación para identificar el mal o la injus­ pretendida importancia moral en el capitalismo. La ideología burguesa inten­
ticia del sistema capitalista. En términos técnicos, la explotación está íntima­ ta justificar las desigualdades de la sociedad capitalista apelando a la noción
mente ligada a una interpretación estricta de la teoría del valor del trabajo de del valor de la contribución hecha por aquellas personas que participan en la
acuerdo con la cual el trabajo es la única fuente de riqueza, de modo que, si producción y su financiación, y detrás de esto está la afirmación de que quie­
quienes están empleados como trabajadores asalariados en un sistema indus­ nes triunfaron en un sistema de libre empresa y propiedad privada, lo «mere­
trial no reciben una compensación equivalente al valor total de lo que se pro­ cen» por sus inteligentes decisiones, su trabajo duro, sus habilidades adquiri­
duce, hay entonces una disonancia o injusticia en la distribución de la riqueza. das y sus tratos honestos. Para los marxistas esta ideología del mérito es, por
Los fundamentos intelectuales de esta posición, de acuerdo con la cual el supuesto, una farsa completa, y de ahí su desprecio por las apelaciones de jus­
valor está anclado en el trabajo, son muy similares a los que están presentes en ticia en el contexto del capitalismo. Pero los fundamentos para su rechazo de
la tesis de Nozick sobre la propiedad de uno mismo como fundamento del las pretensiones de justicia capitalistas varían, y no siempre conllevan la con­
derecho a tener derechos de propiedad sobre las adquisiciones y transferen­ secuencia de que las ideas subyacentes sobre la justicia de los méritos carez­
cias. De hecho, la fuente común de Marx y Nozick a este respecto es clara­ can siempre de fundamentos.
mente Locke (ver G. Cohén, 1995). A veces la negación de la justicia de los méritos está basada en el determi-
De manera más general, la explotación puede verse como una situación so­ nismo del materialismo histórico, de acuerdo con el cual todas las acciones hu­
cial en la que un grupo está en una posición tal que le permite sacar ventajas de manas son producto de procesos históricos inevitables y no de acciones libres
otros grupos de un modo que es injusto. Así, bajo el capitalismo, incluso si re­ de los participantes. Com o hicimos notar en el capítulo 6, asumir una posición
chazamos la teoría del valor del trabajo, se puede sostener que los propietarios determinista «fuerte» socava todo el discurso sobre la responsabilidad huma­
del capital se apoderan de una parte desproporcionada de la riqueza creada por na y la capacidad para dar cuenta de nuestros actos, en el sentido moral están­
el trabajo socialmente organizado. A esto se le puede dar una formulación más dar en el que las personas son elogiadas y censuradas por su conducta, debido
objetiva diciendo que los trabajadores no reciben el monto completo del in­ a que su elección, esfuerzo o carácter son al menos elementos importantes en­
cremento marginal que su trabajo hace posible. O tro análisis influyente es el tre las circunstancias que se examinan. Si en un sentido estricto las personas no
que proporciona John Roemer, quien ubica el origen del fenómeno de la ex­ pueden controlar o actuar contra sus deseos a la luz de principios morales,
plotación en la desigual distribución de los recursos productivos, reduciendo y están causal mente constreñidas a hacer lo que de hecho hacen, entonces no
de este modo la terminología marxiana a una crítica más general acerca de la de­ tiene sentido culparlas o elogiarlas por su conducta. Por tales razones Marx
sigualdad económica subyacente, aunque se trata de una desigualdad de poder no parece más inclinado a culpar a los capitalistas que a elogiar a los proletarios:
económico antes que de bienes de consumo (Roemer, 1989). ambos son esclavos de un proceso que rige sus vidas con una necesidad férrea.
Alien Buchanan (1979) conserva alguna reminiscencia marxiana al ver la Eso podría querer decir que cuando Marx niega que la distribución capitalista
explotación en relación con el sentimiento de alienación -que aparece funda­ sea «injusta» quiera decir no sólo que es formalmente justa dentro del sistema
mentalmente en los primeros trabajos de Marx-, que surge en el proceso de del capitalismo, en el sentido de que está de acuerdo con las normas del siste­
trabajo capitalista, algo que no puede ser eliminado sólo con salarios más al­ ma capitalista, sino también que no tiene sentido criticar estas disposiciones
tos sino que se relaciona con la desigualdad y la indignidad de las relaciones por ser materialmente injustas porque es un estadio inevitable e históricamente
en el trabajo. En general, sin embargo, el lenguaje de la explotación aparece necesario en la evolución humana. En términos morales, esto significa que el
sobre todo como un sinónimo para los sentimientos de enojo frente a la ex­ capitalismo no es ni justo ni injusto (ver Miller, 1984).
cesiva desigualdad de riqueza y recursos, que da lugar a que haya que hablar N o obstante, hemos hecho notar que esta crítica presupone la teoría del
de robos y codicia. Al final tal discurso está anclado más directamente en la valor del trabajo de acuerdo con la cual el valor de un producto es igual a la
convicción de que las personas ricas no merecen estar tanto más recompensa­ cantidad de trabajo que se ha ido en su elaboración. Esto podría encerrar la afir­
das que la masa de la gente trabajadora. Así, la terminología económica mar­ mación encubierta de que quienes trabajan para producir algo merecen pose­
xiana de la explotación pasa a ser reabsorbida por las creencias morales que erlo, disfrutarlo o disponer de ese bien. En la feroz y retórica crítica marxia­
relacionan la recompensa con el esfuerzo y la contribución. na del capitalismo existe el presupuesto común de que la explotación de los

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proletarios está mal porque ellos son los verdaderos creadores de riqueza. Al sus necesidades», un principio que apela a la identificación de aquello con lo
final, los capitalistas son vistos como superfluos parásitos, incluso ladrones, que contribuye el individuo así como a la valoración individualizada de las
que no contribuyen con nada suyo al proceso productivo y, por lo tanto, se necesidades que deben ser satisfechas por la producción y la distribución co­
podría decir que no merecen las recompensas que «roban» a los trabajadores. munista. Este supuesto principio de la distribución comunista requiere de un
Esto encaja bastante fácilmente con una crítica a la injusticia del capitalismo análisis más profundo si es que queremos ver cómo se podría relacionar con
conforme con los criterios del mérito, a los que hace una apelación ideológi­ la tradición de la justicia de los méritos, de la que depende Marx al hacer mu­
ca pero no logra realizar en la práctica. Dado que tiene perfecto sentido decir, chas de sus afirmaciones sobre los diferentes tipos de sociedad.
en este contexto, que los proletarios merecen más y los burgueses merecen La importancia de la «necesidad» en la teoría normativa del comunismo está
menos, podríamos decir que en la explicación de las deficiencias del capitalis­ abierta a muchas interpretaciones diferentes. Hacer hincapié en las necesidades
mo hay una visión basada en el mérito. puede ser visto como una forma de utilitarismo ético, sobre todo de utilitarismo
Más aún, aunque los marxistas están de acuerdo en que la historia es prin­ «negativo» en el sentido de que indicaría las carencias materiales que causan su­
cipalmente un proceso causalmente determinado, se admite que esto es -en frimiento y sugeriría que los recursos se destinaran a erradicar el tipo de sufri­
cierta medida—una cuestión de grado, en relación particularmente con el pe­ miento humano que Marx vio que llegaría a su punto culminante en los últimos
ríodo histórico en cuestión. Específicamente, se alega que con la extinción del días del capitalismo, pero también de utilitarismo «positivo», en el sentido de
capitalismo, que culmina con una serie de cataclismos altamente determina­ que el objetivo de la sociedad comunista podría ser maximizar la felicidad hu­
dos, las formas en desarrollo de una sociedad socialista y luego comunista mana. Este enfoque, sin embargo, no se corresponde fácilmente con la denuncia
están marcadas por el creciente resurgir de la libertad de hombres y mujeres que hace Marx de utilitaristas como Jcremy Bentham. Marx, en la tradición
para controlar su proprio destino y hacer que las instituciones de la sociedad comunitarista, critica tanto la teoría individualista de la naturaleza humana ex­
se correspondan con sus genuinas necesidades, y así alcanzar una satisfacción puesta por los utilitaristas clásicos, como la posición ética según la cual la satis­
plena. El veto determinista a la justicia del mérito no se aplicaría por lo tanto facción de cualquiera y cada uno de los deseos humanos es moralmentc buena.
una vez que se alcanzase el comunismo. Algún acuerdo es posible en este punto si sostenemos, por oposición a los
Hay otras razones por las que la justicia no destaca en el panorama mar- utilitaristas benthamianos, que es la felicidad genuina que resulta de la verda­
xiano del milenio comunista, se trata del presupuesto de que los logros de la dera satisfacción humana, y no simplemente de la satisfacción de cualquier de­
sociedad comunista serán comunales, no individuales. Se afirma que los mé­ seo, la que Marx adopta como criterio de valor, centrándose su discusión con
todos de producción serán sociales en el sentido de que involucrarán a gran­ Bentham en la posición según la cual satisfacer los deseos de los hombres tal
des cantidades de personas que trabajarán juntas con las herramientas de la como son en las sociedades no comunistas produce felicidad. Esta línea de pen­
industria moderna. En esta situación, y dado que nadie puede invocar ser el samiento lleva a una interpretación más claramente no utilitarista de la insis­
único productor, se hace cada vez más difícil identificar la contribución de tencia de Marx en la necesidad, de acuerdo con la cual ésta representa una vi­
cada individuo al producto final, y por tanto la idea de recompensas equiva­ sión teleológica de la naturaleza humana de un tipo casi aristotélico. El homo
lentes al aporte de cada persona parece inaplicable. Los resultados del esfuer­ sapiens, como especie, muestra sus plenas potencialidades sólo cuando alcanza
zo comunal parecen excluir, por definición, la posibilidad de distribución un cierto modo de vida que expresa su naturaleza interior, un fin que requiere
conforme con el mérito individual. Ésta es una posición de la que se hace eco un cierto desarrollo de las condiciones materiales de vida y una organización
la crítica de Rawls al mérito natural y que aparece en la crítica comunitarista social correspondiente que hagan posible que los hombres y mujeres vivan jun­
al individualismo liberal. tos en armonía como seres creativos y sociales. Esta interpretación teleológica
Sin embargo, es normal hablar de los méritos de los grupos así como de los del lenguaje de la necesidad en la filosofía política de Marx está fuertemente ins­
individuos, particularmente cuando hay procesos democráticos en funciona­ pirada en sus primeros escritos, en los que aparecen los temas relativos al hom­
miento, y el completo rechazo de la individualización de la producción en la bre como un «ser de la especie» que bajo el sistema capitalista está alienado de
concepción socialista es demasiado tajante para ser compatible con otros ele­ su propia naturaleza. Sin embargo, como interpretación general de las ideas
mentos de la teoría marxista. Tal rechazo no puede aceptar, por ejemplo, la marxianas, esta posición no se conjuga muy bien con muchas de las cosas que
afirmación de Marx sobre la recompensa de acuerdo con la contribución que Marx tiene para decir sobre la plasticidad de la naturaleza humana y su estatus
se aplica en los estadios de transición de la sociedad socialista, ni se corres­ derivado en relación con la base económica variable de la sociedad.
ponde tampoco con el grado de individualismo implícito en el eslogan comu­ Tales cuestiones no pueden ser resueltas a través de un análisis neutral en
nista «de cada uno de acuerdo con su capacidad, a cada uno de acuerdo con su evaluación de la «necesidad». Naturalmente las necesidades son a menudo

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contrastadas con los deseos, y en tal medida se presentan como no utilitarias, írimiento causado por el capitalismo, Marx está motivado principalmente por
ya que los utilitaristas normalmente han buscado la máxima satisfacción de la condición de quienes experimentan las más grandes privaciones materiales.
todos los deseos, pero el concepto de necesidad es en sí mismo tan abierto que Aunque este sufrimiento extremo no podría tener lugar en el contexto de
admite casi cualquier desarrollo práctico. Cualquier cosa de la que se pueda abundancia de la sociedad comunista, la prioridad análoga sería la de aquellas
decir que es necesaria para alcanzar algún objetivo puede ser vista como una personas cuyas características personales hacen muy difícil que puedan lograr
necesidad, de manera que cualquier «deseo» puede servir de este modo como un modo de vida satisfactorio.
base para una necesidad. N o hay un presupuesto necesario según el cual la fi­ Es dudoso, sin embargo, si las mejoras que ofrece el comunismo respecto
nalidad para la cual se necesita algo sea moralmente buena en vez que indife­ del capitalismo con respecto a la efectiva satisfacción de las necesidades bási­
rente en términos valorativos o incluso mala. En consecuencia, quienes usan cas serían vistas por Marx como una cuestión de justicia y no de libertad, co­
la «necesidad» como un concepto político tienen que fijar y defender los fines munidad, autorrcalización o evidente humanidad. En la medida en que prio-
que exponen encubiertamente a través del uso de esta terminología lógica­ rizar las necesidades básicas implica aceptar que todos los seres humanos
mente incompleta. Algunos de tales fines -com o la supervivencia humana- tienen igual valor y que el sufrimiento de cada persona cuenta por igual, sin
pueden, tal vez, darse por sentados, y á menudo son las necesidades «básicas», importar la clase o la riqueza, la posición de Marx está impregnada del dis­
es decir, aquellas requeridas para la continuidad de la existencia material, las curso de la justicia, pero se podría decir que tal igualdad de valor subraya
que son invocadas en el discurso político de las necesidades. El propio Marx otros principios prescriptivos, tales como la igual beneficencia o la igual ma-
se interesa claramente por tales necesidades básicas no sólo porque su insatis­ ximización del potencial humano.
facción genera grandes sufrimientos, sino también porque constituye la base Llegados a este punto del análisis de la justicia socialista tal vez no tenga
de su teoría empírica sobre el materialismo histórico, es decir, la afirmación de sentido especular sobre la medida en que el proprio Marx vería el principio de
que el modo en que una sociedad afronta la satisfacción de las necesidades necesidad como expresión de la justicia antes que como expresión de algún
materiales de sus miembros determina todo lo demás sobre ella. otro ideal, pero es importante notar que no hay una antítesis manifiesta entre
Una vez superada la idea de necesidades básicas es posible construir algu­ la satisfacción de las necesidades y la justicia del mérito. Si, siguiendo a Sa-
na jerarquía de necesidades que se relacione con la búsqueda de una variedad durski, decimos que la satisfacción de necesidades está reservada a las necesi­
infinita de posibles objetivos humanos. Es en este punto que resulta posible in­ dades básicas, entonces esto deja un amplio espacio para las distribuciones
troducir un postulado sobre la ley «naturalista» o natural para seleccionar cier­ basadas en el mérito en cuestiones que no sean básicas. La justicia es relevan­
tos fines como los que mejor expresan la naturaleza humana. Posibles candi­ te, entonces, para el excedente que nos queda una vez que la escasez se ha
datos para detentar este estatus son la racionalidad, la autonomía y la capacidad ocupado de las necesidades básicas. Lo que seguramente no está permitido es
moral. En el caso de Marx la^combinación más probable de fines «naturales» hacer depender la satisfacción de las necesidades básicas del mérito.
es una mezcla de creatividad ysociabilidad. Sin embargo, parece confuso pre­ Por otro lado, si el principio de la necesidad se interpreta de una manera
sentar estos valores como una forma de teoría de derecho natural, ya que Marx amplia, de forma que incluya aquello que hace falta para llevar un estilo de
no formula ninguna de las afirmaciones epistemológicas características del de­ vida en particular, entonces este estilo de vida se puede presentar de un modo
recho natural en el sentida de que los fines del hombre pueden ser conocidos tal que incluya la idea de tratar a las personas de acuerdo con sus méritos.
a través de la percepción racional o deducidos a partir de la observación de la Esto es algo que -se podría argumentar- es necesario para mantener el respe­
conducta humana normal. En realidad, la idea de que la sociedad comunista se to mutuo y la dignidad individual en una sociedad de agentes responsables.
dirige hacia la satisfacción de las necesidades humanas es un principio abierto, Sería improbable que una versión neomarxiana de la justicia concediera a ta­
que bien podría ser compatible con una amplia variedad de ideas sobre las ac­ les consideraciones sobre el mérito un papel determinante en la distribución
tividades humanas que conllevan la realización personal. Esta vertiente del de bienes materiales, pero su relevancia en la distribución de valores más so­
marxismo puede encontrarse en las teorías de Sen y Nussbaum, quienes hacen cialistas, tales como las oportunidades creativas y las tareas con responsabili­
hincapié en que la igualdad (Sen, 1992) y los derechos humanos (Nussbaum, dad social -para no mencionar la adjudicación de esos importantes ingredien­
1999) se relacionan con el ejercicio de las capacidades humanas. tes de la vida social que son el elogio y la censura-, sí que podría considerarse
Se puede sostener, por lo tanto, que el enfoque marxiano de la justicia es oportuna. N o es sólo una idea coherente sino también y en principio una idea
similar a la teoría de la justicia de Rawls en lo que respecta a la satisfacción de atractiva el que los seres humanos necesiten ser tratados como agentes autó­
las necesidades básicas. Éste, se dice, se propone en efecto beneficiar a la par­ nomos, responsables por sus acciones y que puedan dar cuenta de su conducta.
te menos aventajada de la sociedad. Es verdad que en su reacción frente al su- Más aún, incluso las necesidades básicas son relevantes para la justicia del mé­

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rito, en el sentido de que su satisfacción a menudo es un requisito necesario
para realizar el tipo de conducta que constituye el objeto de la valoración en La justicia socialista
base al mérito. N o podemos vivir bien a menos que tengamos los recursos
Las contorsiones intelectuales que deben realizarse para extraer un contraste
para sustentar nuestra vida.
que tenga sentido entre las teorías de la justicia liberal y socialista tienen mu­
Estas cuestiones no son meramente conceptuales. Los problemas surgen
cho que ver con el hecho de que los conceptos sociales y políticos básicos es­
también de la dificultad que tenemos para imaginar cómo sería vivir en una so­
tán íntimamente entrelazados con el complejo conjunto de ideas y prácticas
ciedad opulenta e igualitaria, que no dependiera para alcanzar sus objetivos de
que constituyen las diferentes estructuras sociales. Allí donde entran en con­
sanciones positivas como los incentivos económicos o de las sanciones negativas
sideración tipos de sociedad radicalmente diferentes no puede haber un modo
como el castigo. En las teoría liberales de la justicia se dedica mucho esfuerzo a
nítido de identificar los grandes contrastes en sus conceptos políticos. Sim­
intentar demostrar que tales sanciones son «justas» en el sentido de que no son
plemente con poner la palabra «necesidades» en la fórmula «a cada cual de
sólo instrumcntalmcntc necesarias sino también, en alguna medida, «mereci­
acuerdo con sus X s» no se puede dar cuenta adecuadamente del paso de los
das». Las personas deben ser sobornadas para que trabajen duramente, pero
presupuestos liberales a los socialistas. Tal fórmula, especialmente cuando
también merecen recompensas si de hecho trabajan mucho. En el comunismo
X=nccesidad, hace pensar en el panorama de un extenso mecanismo de adju­
plenamente desarrollado el elemento del incentivo cae, pero esto no implica que
dicación externamente ligado a un sistema económico que produce los bienes
no se pueda dar algún reconocimiento a quienes se dedican a tareas socialmcn-
a ser distribuidos e impone las cargas que el sistema y sus apoyos políticos
te productivas. En las distintas condiciones de la sociedad comunista puede ser
demandan. De acuerdo con este modelo, el papel de la justicia es imponer una
que las recompensas sean innecesarias y que quienes están más altamente capa­
nueva adjudicación de cargas y beneficios en un sistema productivo esencial­
citadas, aquellas personas de las que se requiere que contribuyan más al esfuer­
mente global que se dirige a la producción eficiente de bienes materiales.
zo comunal, no «merezcan» -en ningún sentido relevante- su altacualificación;
Este enfoque no puede dar cuenta de manera adecuada del cambio de énfa­
pero en una sociedad que ha huido de la dominación de las fuerzas de la historia
sis llevado a cabo por los socialistas hacia la idea deque toda empresa social debe
y que es capaz de explorar libremente la realización de la naturaleza humana es
dirigirse hacia una existencia «en laque el libre desarrollo de cada uno sea la con­
probable que las evaluaciones de la conducta en términos de su valor moral no
dición para el libre desarrollo de todos» (Marx y Engels, 1958, vol.2, p. 54). Esta
sólo estén mejor fundamentadas sino que sigan siendo de gran importancia. Así,
visión del esfuerzo común dirigido hacia la realización de un modo satisfacto­
la justicia socialista podría tener que ver con modos no monetarios de recono­
rio de vida para todos los miembros de la sociedad está llamada a trascender el
cer el valor de los diferentes esfuerzos realizados por los individuos y los gru­
tipo de fórmula apropiada para la adjudicación de beneficios escasos y de car­
pos, con vistas a la realización de una sociedad socialista en la que la completa sa­
gas opresivas entre individuos competitivos y autointeresados. Conseguir acti­
tisfacción de las genuinas necesidades humanas sea el tclos colectivo.
vidades variadas, creativas y satisfactorias para todos no es una cuestión que esté
Tales especulaciones tienen aTgo más que un interés puramente teórico. Es im­
ligada primordialmente a la distribución de dinero o «maná» -ni siquiera a la
portante para la evaluación del ideal socialista saber si una sociedad comunista es­
distribución de educación y empleo- conforme con alguna ecuación mecánica.
taría organizada alrededor de la niaximización del placer, o si estaría dedicada al
Si la justicia tiene un papel en este modelo de sociedad, entonces será al mismo
desarrollo de una forma de vida que ponga el acento en las elecciones responsa­
tiempo menos evidente y más central. La justicia socialista tiene que ver con
bles y en la evaluación crítica de la conducta en términos de valor más que de pla­
algo más que la rectificación de la conducta interpersonal dañina, la lucha por
cer. Además, aclarar la importancia de la justicia (del mérito) para la sociedad co­
hacer más «equitativos» los sistemas económicos competitivos, y la instrumen­
munista tiene consecuencias respecto de la reacción de los socialistas frente al
tación de una red de seguridad para los enfermos, los ancianos y los discapaci­
lenguaje de la justicia en las sociedades no socialistas. May una gran diferencia en­
tados. Se trata más bien de entrar en los principios que organizan todas las ac­
tre rechazar completamente todo el discurso de la justicia por tratarse de una for­
tividades sociales, que se dirigirán a la satisfacción de las «necesidades» en un
ma de ideología intelectualmente confusa, por un lado, y utilizarlo para socavar
sentido lo suficientemente amplio como para abarcar todas las aspiraciones crea­
las afirmaciones específicas que sobre la justicia se hacen bajo el capitalismo, por
tivas y comunitarias del individuo plenamente desarrollado.
otro. Si se adopta este último enfoque es posible criticar las deficiencias del capi­
Dentro de la tradición liberal de la que ha surgido la teoría socialista es
talismo sin adoptar la nihilista visión de que la justicia es inevitablemente una qui­
más natural presentar tal objetivo en términos de libertad antes que en el len­
mera, y continuar usando la terminología que ha sido desarrollada en las socie­
guaje de la justicia o la igualdad, ya que la libertad, cuando es concebida en
dades presocialistas para elogiar un posible futuro en el que al menos algunos
términos positivos como portadora del poder de desarrollar las capacidades y
aspectos del irrealizado ideal de la ideología liberal puedan cumplirse.
como la ausencia de los límites de las opresivas leyes y convenciones sociales,

198
199
capta más directamente el tono del contraste entre socialismo y capitalismo.
Sin embargo, no es correcto presentarlo como un contraste entre libertad y
justicia, ya que se asume que los genuinos intereses de todos los miembros de
una sociedad socialista tendrán igual peso y se niega que las tensiones entre
estas dos normas -que se manifiestan en las sociedades liberales- sean un as­
pecto característico de las sociedades socialistas.
Existen claramente problemas conceptuales que surgen del quiebre de las
distinciones nítidas entre agregación y distribución y entre libertad y justicia.
Lo que tenemos e realidad son ideas muy vagas y especulativas como para re­
sistir una detallada crítica analítica. Y sin embargo, si aceptamos una versión del 9
análisis de la justicia basado en el mérito que rastree las raíces del interés liberal
por la justicia hasta llegar a la idea de que se debe tratar a los individuos como
agentes responsables cuyo bienestar interesa por igual, y si podemos liberar esta La justicia como empoderamiento:*
noción del presupuesto individualista que la acompaña según el cual las perso­
nas son responsables sólo en la medida en que actúan por sí mismas antes que Young y la acción afirmativa
conjuntamente con otras personas, entonces es posible distinguir los elementos
del mérito así como los de la igualdad en el modelo de la sociedad socialista,
como la esencia de la justicia socialista y de la justicia liberal. Es debido a que
una sociedad socialista será, entre otras cosas, una comunidad que aliente la
realización de las capacidades humanas de elección, autonomía y creatividad
intencionada, de manera que las personas no sólo estén al mando de su propio Las perspectivas feministas sobre la justicia se han desarrollado juntamente
entorno sino que sean de hecho responsables por su existencia social e indivi­ con el desarrollo general de la teoría política feminista. Desde el siglo X IX en
dual, que resulta iluminador hablar de una sociedad socialista como una socie­ adelante, las feministas liberales han visto la justicia como una noción que im­
dad justa, incluso cuando éste podría no ser el principal rasgo a destacar en ella. plica igualdad de derechos para las mujeres y los hombres, y su gran logro ha
Todo esto puede parecer una cuestión bastante al margen si consideramos sido conseguir que se reconozca que no existe ninguna buena razón para ne­
que la importancia de la teoría marxista ha decaído con la extinción del comu­ gar a la gente derechos civiles, políticos, sociales y económicos básicos, sobre
nismo soviético. Esta afirmación pasa por alto el hecho de que el comunismo la base del género y, más recientemente, que las disposiciones políticas y eco­
soviético estuvo solo contingentemente relacionado con la teoría marxista y nómicas que producen desventajas desproporcionadas para las mujeres son
que, en efecto, no necesita ser visto de ningún modo como una realización de inaceptables. El objetivo del feminismo liberal es la igualdad de derechos-los
la visión de Marx. Más aún, parece razonable considerar la posibilidad de re­ mismos derechos para hombres y mujeres- de manera que el género sea sim­
currir a la tradición marxistá'para las ideas relativas a cómo desarrollar teorías plemente irrelevantc en la distribución de cargas y beneficios.
no liberales de la justicia que expresen una versión ¡gualitarista del comunita- Las feministas más radicales han cuestionado el contenido de los derechos
rismo. He sugerido que hay también elementos referidos al mérito en Marx que se aceptan como derechos básicos en la sociedad patriarcal o dirigida por
que pueden ser tomados y fundidos en alguna forma de socialismo democrá­ varones, que tales autoras perciben como una sociedad sesgada por intereses
tico. Sin duda podemos recurrir a algunos aspectos de la teoría marxista, tales y preocupaciones masculinas. El enfoque de la igualdad de derechos es insu­
como el análisis de la explotación, para formular críticas a los sistemas capita­ ficiente si los derechos en cuestión son derechos que protegen principalmen­
listas liberales cuyo estatus moral sigue estando bajo observación, particular­ te los intereses masculinos. Las feministas en general cuestionan, por ejem­
mente en relación con las amplias y profundas desigualdades e injusticias en­ plo, que se excluya el mundo «privado» de la familia y el trabajo al momento
tre ricos y pobres dentro de las naciones, así como entre ellas.
* Aunque la palabra «empoderamiento» puede resultar extraña en castellano, es el voca­
blo ya acuñado en la bibliografía especializada para traducir el termino inglés ’ empower-
ment» , que se refiere a la idea de estar en posesión de un poder de acción reconocido social­
mente. (N. de la T.)

200 201
de evaluar en términos de justicia e igualdad. Cuestionan también el recu­ Los temas del feminismo son también pertinentes en relación con las dudas
rrente y característico empeño liberal en separar «lo correcto» de «lo bueno», que hemos apuntado respecto de la afirmación de que la justicia es incuestio­
o la ética deontológica de la ética consecuencialista, o las normas de los valo­ nablemente la cuestión principal, aunque lo sea solo en el ámbito público. En
res, dicotomías que en la teoría feminista surgen en el contexto de los mundos efecto, el énfasis del feminismo radical respecto de la prioridad del cuidado
público y privado, con los hombres -que apelan a un ideología de la justicia puede ser visto como una confirmación de la tesis de que la humanidad debe­
impersonal y neutral- dominando en la esfera pública, y con la «benevolen­ ría a menudo triunfar sobre la justicia, y no viceversa (ver Held, 1995).
cia» patriarcal presidiendo el así llamado mundo «privado» de la familia, la He preferido concentrarme aquí en el trabajo de Iris Marión Young, una
amistad y el trabajo. Éstos son temas fundamentales de las teorías contempo­ feminista contemporánea que junto a un número limitado de otras feministas
ráneas de la justicia cuyas consecuencias están aún por estudiarse (ver Pate­ no quiere rechazar el discurso de la justicia sino que intentan reivindicarlo
ntan, 1988). para sus propósitos, no porque quieran retroceder a un feminismo liberal sin
El pensamiento feminista contemporáneo se ha ampliado para incluir una enmiendas, sino porque ven en la discusión tradicional elementos que pueden
crítica a toda idea de derechos, o indujo a la justicia misma, como base nor­ ser desarrollados con buenos resultados en la promoción de causas feminis­
mativa de una sociedad humana. La compctitividad individualista de los de­ tas. Carol Smart (1989) es una pionera en este sentido. Otra feminista que
rechos y la dependencia que la justicia tiene de las normas, se dice que exclu­ mantiene el discurso de la justicia, Claudia Carol, llega hasta confirmar el pa­
yen las espontáneas y contextúales actitudes del cuidado y el compartir que pel del mérito en una concepción de la justicia que es pertinente en relación
surgen en la esfera privada y que deberían, según este enfoque, ser extendidas con las injusticias de género ya que «la equidad en la amistad necesita de la
al mundo público para reemplazar la regulación por el cuidado. Esta crítica sensibilidad hacia el mérito» (Held, 1995, p. 82).
cultural recuerda la preocupación socialista respecto de los derechos (ver Young asume la posición de que «las cuestiones de género y sexualidad de­
Campbell, 1983) y se encuentra en el análisis comunitarista sobre la prioridad berían ser analizadas como cuestiones de justicia», ya que «como la principal
otorgada a los derechos individuales. virtud política, la justicia debería ser fundamental para la teoría moral y la po­
Más aún, las feministas postmodernas, devolviéndole la pelota a sus pre- lítica feministas» (Young, 1997, pp. 95-7). En su importante libro, La justicia
decesoras liberales, sospechan de todas las grandes teorías, particularmente y la política de la diferencia (1990), Young se centra en el hecho de que el dis­
de las teorías de la justicia que, dada su propia naturaleza tan teórica, tienden curso de la justicia es en gran medida un discurso sobre la injusticia, la inco­
a excluir aquello que es diferente respecto de las mujeres y en general no son rrección y los daños inaceptables. Especialmente, la autora declara que
sensibles a las diferencias entre mujeres de diferentes razas, clases y circuns­
tancias, incluyendo los intereses contextualizados de todos los miembros de en vez de centrarse en la distribución, una concepción de la justicia debería em­
la sociedad en generalizaciones bien formuladas expresadas en términos de pezar por el concepto de dominación y opresión. Un cambio de este tipo saca a
medidas normativas que no dán cuenta de las múltiples perspectivas de géne­ relucir cuestiones relativas a la toma de decisiones, la división del trabajo y la cul­
ro. En consecuencia, se hace un creciente énfasis en las diferencias culturales tura, que tiene que ver con la justicia social pero que a menudo son pasadas por
y a veces en las diferencias genéticas entre hombres y mujeres, que se ignoran alto en las discusiones filosóficas. También muestra la importancia de las diferen­
en la búsqueda de características supuestamente universales pero que en rea­ cias entre los grupos sociales en la estructuración de las relaciones sociales y de la
lidad son características masculinas. opresión; generalmente, las teorías filosóficas de la justicia han operado con una
Hay muchos temas que podrían ser abordados y explorados con respecto ontología social que no deja lugar para el concepto de grupos sociales. Afirmo
al feminismo y la justicia. Algunos de estos temas se relacionan con la sospe­ que mientras existan personas oprimidas es necesario que la justicia social reco­
nozca v se ocupe explícitamente de estos grupos para acabar con su opresión
cha respecto del imperio de las normas que muchas feministas comparten con
(1990, p. 4).
los teóricos socialistas. Tenemos, por ejemplo, la famosa tesis de Carol Gill¡-
gan en el sentido de que existe una importante división psicológica entre la
Este capítulo se centra en las cuestiones relativas al poder y la opresión de
«perspectiva de la justicia, a menudo equiparada con el razonamiento mascu­
grupo tal como son presentadas por Young, no como una teoría general sino
lino» que coloca el énfasis en las normas y los derechos, y la perspectiva más
como temas olvidados.
relacionada con el cuidado femenino en la que las «relaciones adquieren pro­
tagonismo, definiendo al yo y a las demás personas», lo que importa es man­
tener buenas relaciones y no establecer qué derechos han sido violados (ver
Gilligan, 1987, pp. 33-5; Noddings, 1984).

202
20.)
Una reconstrucción feminista de la justicia Todo esto, sin embargo, es una cuestión que tiene más que ver con ampliar
que con reducir las concepciones corrientes sobre la justicia. La autora inten­
Constituye un aspecto estimulante del libro de Young el hecho de que rompa ta mantener la perspectiva liberal según la cual la libertad individual es im­
con lo que puede ser visto razonablemente como el enfoque de la justicia pre­ portante, y acepta que esto significa aprobar un pluralismo de valores que
dominantemente masculino, y reafirme algunos aspectos olvidados del discur­ permita a los individuos perseguir sus propias ideas sobre la vida buena, pero
so de la justicia que tienen una evidente relación con los grupos desaventajados esto no significa que estos ideales de la vida buena no estén íntimamente liga­
y marginados. La autora ofrece una perspectiva que proporciona una base só­ dos con la justicia. La justicia tiene que ver con establecer condiciones insti­
lida para una acción afirmativa fuerte y retoma lo que antes era una idea con­ tucionales que permitan la expresión legítima de estas concepciones de la vida
servadora y corporativista de la representación de grupo, como un medio de­ buena, conforme con la tradición moral de los antiguos filósofos griegos: «La
mocrático nuevo para reducir la injusticia como opresión. justicia social tiene que ver con el grado en que una sociedad contiene y apo­
En su análisis preliminar de la justicia, Young rehúsa ponerse a las órdenes ya el contexto institucional necesario para la realización de estos valores»
de los presupuestos conceptuales al uso-sobre la justicia y, de un modo prag­ (1990, p. 36). Esto se parece bastante a las críticas que hace el comunitarismo
mático característico de muchas feministas contemporáneas, busca recuperar al liberalismo por centrarse en la justicia o «lo correcto» por oposición a los
el poder del lenguaje de la justicia para despertar la indignación moral y pro­ valores o «lo bueno», excepto que Young intenta incorporar estos valores a
vocar la crítica social (1990, p. 35). En este sentido, la autora está abierta al uso los juicios que deben hacerse para evaluar las condiciones culturales, y así in­
de cualquier metodología que contribuya a este cometido. cluye tanto lo correcto como lo bueno en su concepción de justicia.
Más específicamente, Young rechaza la tesis de que la distribución de car­ Este contexto institucional, tal como se presenta, es esencialmente democrá­
gas y beneficios sea la razón de ser y la finalidad de la justicia. La redistribu­ tico en el sentido de que las personas afectadas por las normas sociales tienen la
ción ocupa un lugar en su esquema general pero como un elemento subordi­ oportunidad y la capacidad de influir en el resultado, siempre que el proceso de­
nado en un enfoque que resalta la libertad por encima de la igualdad mocrático esté dirigido a liberar a las personas de la opresión y la dominación:
distributiva, a través del énfasis en los aspectos activos de la experiencia hu­ «He propuesto una concepción de la justicia que capacite a las personas. La jus­
mana sobre los pasivos, sobre la visión dominante orientada hacia el consu­ ticia debería referirse no solo a la distribución, sino también a las condiciones
midor: «La justicia social significa eliminar la dominación y la opresión ins­ institucionales necesarias para el desarrollo y ejercicio de las capacidades indivi­
titucionalizadas» (1990, p. 15). Este punto de vista es generalmente excluido por duales y de la comunicación y la cooperación colectivas» (1990, p. 39).
las teorías distributivas que «tienden a centrarse en los bienes materiales y que Ésta es claramente una interpretación muy amplia de la justicia. En efecto,
en relación con los bienes no materiales los transforman en bienes estáticos» Young afirma que «el concepto de justicia tiene el alcance de un concepto po­
(1990, p. 16). Además, hay algunos valores, tales como la autoestima, que son lítico» en el sentido de que «cuando las personas dicen que una norma o una
fundamentales para la justicia y que sin embargo no pueden ser concebidos práctica o una cuestión cultural es incorrecta y debería ser cambiada, general­
como cosas que puedan ser distribuidas equitativamente. En efecto, es difícil mente están haciendo una afirmación sobre la justicia social» (1990, p. 9). En
pensar en los derechos en sí mismos como posesiones que puedan ser distri­ efecto esto significa que cualquier razón que sea una «buena razón» es rele­
buidas, ya que los derecho# son en el fondo una cuestión de relaciones inter­ vante para las cuestiones de justicia (1990, p. 216). Sin embargo, la justicia está
personales correctas que establecen cómo deberían interactuar las personas limitada a la crítica de las disposiciones institucionales, especialmente con
entre sí, antes que cosas a ser divididas por igual y repartidas entre todos. En respecto a su papel en la concesión de poder a los agentes humanos.
este sentido la crítica de Young se asemeja a la crítica de Nozick a la teoría fi­ Más aún, la justicia se basa decididamente en un tipo particular de refle­
nalista, de acuerdo con la cual el objetivo de la justicia es establecer y resta­ xión crítica que surge de «oír un grito de sufrimiento o de angustia, o de sen­
blecer un cierto modelo de distribución (ver p. 64). Esto significa que «Las tirse angustiada una misma» (1990, p. 6). Esta reflexión presupone la impor­
cuestiones distributivas son ciertamente importantes pero el alcance de la jus­ tancia central de los deseos humanos y la experiencia de decepción cuando
ticia va más allá e incluye el ámbito de lo político como tal, es decir, todos los éstos se ven frustrados. El carácter negativo de estas experiencias humanas
aspectos de la organización institucional en la medida en que están potencial­ básicas da lugar a la crítica inmanente de las situaciones sociales de las que
mente sujetos a decisión colectiva» (1990, p. 9). En particular, Young sostiene surgen tales experiencias. Para contextualizar más su posición, Young señala
que el paradigma distributivo dominante no es adecuado para cuestiones tales los movimientos sociales de las décadas de 1960 y 1970 en los Estados Unidos,
como las disputas por la custodia de los menores y temas relativos a la familia, cuya conciencia no está reflejada en las teorías filosóficas de la justicia que
la reproducción y la sexualidad (1997, p. 97). predominan normalmente (ver 1990, p. 7).

204 205
Elementos clave de esta conciencia son el desinterés por las diferencias so­ Un grupo social es un colectivo de personas que se diferencia de al menos otro
ciales y de género presente en la opresión y la dominación corrientes, la ocul­ grupo por form as culturales, prácticas o m odos de vida. L o s m iem bros de un gru ­
po tienen una especial afinidad entre ellos debido a su sim ilar m odo de experi­
ta parcialidad del lenguaje de la imparcialidad y la igualdad de derechos, la
mentar una form a de vida, que los lleva a asociarse entre ellos más que con quie­
importancia social de los grupos como algo distinto de los individuos, y el re­ nes no se identifican con el grupo (1990, p. 43).
conocimiento de que son las estructuras e instituciones sociales más que la
maldad individual las que producen las injusticias que caracterizan buena
Esto es algo muy diferente de un «conjunto» que es simplemente la totalidad de
parte de la vida moderna.
aquellas personas que tienen una característica similar. Tales semejanzas son
Hemos visto que las feministas liberales ponen el énfasis en las similitudes
importantes para la formación del grupo, pero el fenómeno que caracteriza
humanas como base para la reivindicación de la igualdad de trato. Al igual
principalmente a un grupo está en las experiencias compartidas que generan
que otras feministas radicales, Young pone el énfasis en las diferencias huma­
una sensible afinidad, y llevan a la asociación cooperativa y a un sentido de iden­
nas como base para la reivindicación de la igualdad de resultados. La división
tidad común. Tales grupos tienen una duración y una relevancia muy distinta
entre quienes ponen el énfasis en la igualdad y quienes lo ponen en la dife­
de la que pueden tener los grupos de interés y los grupos formados alrede­
rencia ha dado lugar a importantes debates dentro del feminismo respecto de
dor de una ideología política, que la autora ve como agregaciones transito­
la importancia comparativa de la igualdad y la diferencia. Unas resaltan que la rias de individuos.
desigualdad surge de asumir que existen diferencias entre los géneros cuando
Este análisis se asemeja a la crítica general que el comunitarismo hace al
en realidad no existe ninguna diferencia que sea relevante para la justicia so­
individualismo, el cual, se afirma, pasa por alto el hecho de que incluso la
cial. Otras señalan que tratar a las personas como si fueran todas iguales cuan­ identidad personal de un individuo está relacionada con sus relaciones socia­
do su situación es muy diferente también produce daños y es injusto. Young les, de manera que la idea de individuos que como tales crean organizaciones
insiste repetidamente en el problema de la diferencia: «Este libro intenta mos­ sociales es simplemente inconcebible. La experiencia de ser un individuo sur­
trar cómo la negación de la diferencia contribuye a la opresión de los grupos ge de ciertos tipos de relaciones sociales. Esto significa que Young puede
sociales, e intenta defender una política que reconozca la diferencia y no que atribuir una ontología o existencia distintiva e independiente a los grupos, y con­
la suprima» (1990, p. 10). La autora duda especialmente de la idea de «impar­ vertirlos en el centro de su enfoque de la justicia. Esto, a su vez, le permite
cialidad» que sugiere que «todas las situaciones morales deberían ser tratadas hacer hincapié en las diferencias entre los individuos en términos de diferen­
de acuerdo con las mismas normas». Es esta perspectiva, piensa, la que per­ cias de grupo, y abrir el camino para realizar una valoración positiva de las di­
mite a quienes ejercen el poder político y administrativo -principalmente los ferencias de grupo: «L a justicia social ... no necesita que desaparezcan las
hombres- generalizar a partir de sus propias experiencias y olvidarse de aque­ diferencias, sino que requiere la presencia de instituciones que promuevan en
llas otras experiencias que le* son extrañas. algún sentido la reproducción de las diferencias de grupo sin opresión»
El mismo problema de suprimir la diferencia aflora bajo distintos as­ (1 990, p. 4 7).
pectos. La idea del mérito, por ejemplo, presupone que puede haber crite­ El análisis colectivista que hace Young de la estructura social quiere recal­
rios para distribuir puestos de trabajo y otros beneficios de un modo que car que la mayor parte de las injusticia no surgen de las intenciones de ningún
sea culturalmente neutral; La idea de comunidad también sirve para evitar individuo o conjunto de individuos en particular para oprimir o dominar a
reconocer de que las «comunidades» están hechas de grupos cuya situación otras personas. Esto último se produce como consecuencia de disposiciones
es completamente diferente. La autora, por tanto, tiene sospechas respecto sociales que trascienden las intenciones y el control de las personas indivi­
del comunitarismo en la medida en que éste pone el énfasis en «la lógica de duales. Esto no es una afirmación universal, ya que ha habido y hay en la his­
la identidad y excluye la diferencia», y prefiere la idea de ciudad a la de co­ toria de la humanidad atrocidades cometidas intencionalmcntc, sino que se
munidad porque la primera está «abierta a la alteridad no asimilada» (1990, trata de un hecho relativo a su propia sociedad, en la que
P- 2 2 7 ).
El énfasis está puesto aquí en las diferencias entre los grupos más que sim­ las desventajas e injusticias que sufren algunas personas no se deben a la existencia
plemente en la diferencia entre los individuos. De hecho, la noción de grupo de un poder tiránico que las coaccione, sino a prácticas cotidianas de la bien in­
es central en el enfoque de Young respecto de las causas de la opresión que tencionada sociedad liberal... las num erosas y profundas injusticias que com o con­
son ignoradas por el individualismo liberal. Su definición de grupo se refiere secuencia de suposiciones y reacciones a m enudo inconscientes de gente con bue­
a la gente con modos de vida y experiencias similares que constituyen la base nas intenciones, sufren algunas personas en su s interacciones corrientes, a través
para una relación asociativa: de estereotipos culturales divulgados p o r los m edios de com unicación y debido

206 207
a las características estructurales de los m ecanism os burocráticos y de m ercado; en teoría sistemática, sino clarificar el significado de conceptos y temas diversos, des­
sum a, en las circunstancias normales de la vida cotidiana (1990, p. 41). cribir y explicar las relaciones sociales, y articular y defender ideales y principios.
El discurso reflexivo sobre la justicia form ula argum entos, pero éstos no se en­
tienden com o dem ostraciones definitivas. Tales argum entos van dirigidos a otras
El compromiso de Young con la diferencia y con la especificidad cultural for­
personas y esperan su respuesta en un d iálogo políticam ente situado. En este libro
ma parte de su rechazo a estructurar una teoría general de la justicia. La teo­
me sum o a dicho análisis y a los argum entos situados del m odo en que lo hace la
rización es vista por la autora como una forma de actividad opresora que debe teoría crítica (1990, p. 6).
ser evitada. Ésta es una posición típicamente postmoderna cuya variante fe­
minista constituye un rechazo de la teorización como una actividad esencial­ En el caso de la justicia, introducir la teoría crítica significa responder al su­
mente masculina. En palabras de Young, «yo no elaboro una teoría de la jus­ frimiento tal como lo experimentan otras personas o uno mismo, y basarse en
ticia. Es típico de una teoría de la justicia derivar principios fundamentales de estas experiencias para entender las situaciones de las que ellas surgen y for­
justicia -que se apliquen a todas o la mayoría de las sociedades cualquiera que mular propuestas para el cambio radical. Las teorías generales se asoman a
sea su configuración concreta y sus relaciones sociales-, a partir de unas po­ este proceso que sin embargo se ve mejor satisfecho a través del diálogo polí­
cas premisas generales acerca de la naturaleza de los seres humanos, la natu­ tico que de la reflexión filosófica. El defecto de teorizar, en el sentido en que es
raleza de las sociedades, la naturaleza de la razón» (1990, p. 4). Su crítica a las criticado, es que sus resultados son demasiado abstractos para ser realmente
teorías de la justicia es que simplifican demasiado y asumen la actitud de juz­ de utilidad a aquellas personas cuyo sufrimiento está en juego, y tiende a pres­
gar a las sociedades desde un punto de vista externo omnicomprensivo, auto- cindir de los factores relativos a las situaciones sociales particulares que re­
suficiente, y que produce un conjunto unificado y duradero de principios in­ quieren ser abordados y cambiados.
cuestionables.
En realidad, no todas las teorías exhiben estas características, pero Young
tiene en mente aquellos enfoques que se identifican como característicos de las Opresión y dominación
teorías de la Ilustración, que sí apelan a una racionalidad que desafía el con­
texto social. Esto se aplica a aquellas teorías sociales que intentan transformar El enfoque de la teoría crítica de Young que se centra en el contexto, no ex­
el estudio de la sociedad en una ciencia, como lo hace el análisis económico de cluye algunas pragmáticas y tentativas afirmaciones de alcance universal. Así,
Posner, y también a aquellas que afirman el conocimiento de las verdades mo­ afirma que es mejor concebir a los seres humanos como actores que como re­
rales eternas, como podría entenderse que lo hace el primer Rawls. El enfoque ceptores pasivos, lo cual da lugar a los valores más importantes para cual­
de Rawls es «teórico» porque intenta construir instituciones morales que tras­ quier concepción de la vida buena, que pueden expresarse en dos sencillas pro­
cienden nuestras circunstanciasparticulares. Young intenta no ser teórica en el posiciones: «(1) desarrollar y ejercer las propias capacidades y expresar las propias
sentido de que su objetivo es articular la experiencia de la opresión, y no hacer experiencias, y (2) participar en la determinación de las propias acciones y en
generalizaciones no contextúales sobre ella. Su enfoque no consiste en buscar las condiciones de la propia acción». Éstos, dice la autora, son «valores uni­
revelaciones a priori sobre la verdad moral universal, sino en escuchar las sú­ versales, en el sentido de que implican que todas las personas tienen igual va­
plicas y demandas de otras personas, ya que «la petición de «hacer justicia» está lor moral, y de este modo la justicia requiere de la promoción de tales valores
siempre anclada en prácticas sociales y políticas concretas que anteceden y ex­ para todas las personas.
ceden al filósofo» (1990, p. 5). A estos dos valores generales corresponden dos condiciones sociales que
Aquí Young está articulando la posición de un muy aceptable tipo de teo­ definen la justicia: la opresión, el límite institucional al autodesarrollo, y la
ría, la teoría crítica, que ubica su punto de partida en un compromiso carga­ dominación, el límite institucional a la autodeterminación» (1990, p. 37). E s­
do de valor hacia una experiencia social particular, para encontrar dentro de tas afirmaciones universales son presentadas como extrapolaciones realizadas
ella los fundamentos de una respuesta que transforme la realidad y haga dicha a partir de las experiencias de algunos grupos sociales oprimidos, tales como
situación más aceptable. Este es un proceso altamente intelectual pero no des­ «los socialistas, las feministas radicales, los activistas indígenas americanos,
vinculado de los sentimientos. Tal proceso requiere una clarificación concep­ los activistas gays y las activistas lesbianas» (1990, p. 39) y otros grupos opri­
tual pero no necesita apelar a esencias conceptuales eternas y objetivas: midos, todos los cuales comparten el presupuesto de que «la igualdad básica
en las condiciones de vida para todas las personas es un valor moral; que en
Rechazar la teoría no implica renunciar al discurso racional sobre la justicia. A l­ nuestra sociedad hay profundas injusticias que solo pueden ser rectificadas a
gunas form as de reflexión, análisis y argum entación no se proponen construir una través de cambios institucionales básicos» (1990, p. 14).

208 209
Esta «concepción de la justicia como capacidad» (1990, p. 39) se divide en parte de las situaciones laborales la mayoría de las personas carece de una ge-
dos aspectos del poder que son respuestas a los males gemelos representados nuina autonomía. N o tienen oportunidad de ser creativas ni de involucrase en
por la opresión y la dominación, los tipos más importantes de límite que ame­ actividades que inspiren respeto. Los empleados comunes, no profesionales,
nazan las condiciones para la vida en igualdad. no tienen autoridad ni tampoco un sentido de su propia importancia, y, sobre
La opresión se relaciona con la incapacidad para satisfacer y expresar las ca­ todo, no tienen poder de decisión real. Esto también da lugar a un sentido de
pacidades humanas, que, al menos en su sociedad, la autora imputa a las con­ opresión y a la convicción de que el sistema es injusto.
secuencias no intencionadas de estructuras sociales específicas. El elemento Políticamente, la carencia de poder es manifiesta en la situación en la que
común a todas las formas de opresión es que ésta implica «algún tipo de inhi­ las políticas de gobierno se establecen por la congruencia de grupos de presión
bición en la aptitud [de las personas] para desarrollar y ejercer sus capacidades que quieren excluir a quienes se ven principalmente afectados por las decisio­
y expresar sus necesidades, pensamientos y sentimientos» (1990, p. 40). La do­ nes en cuestión. El pluralismo de grupos de interés descrito por la ciencia po­
minación es la exclusión estructural de las personas de la posición que les per­ lítica corriente, y que es visto como típico de las democracias liberales, fun­
mite decidir cómo conducir su propia vida. La injusticia se produce cuando la ciona para impedir la participación de los ciudadanos en los intereses de los
dominación lleva a la opresión. Esta es'la razón por la cual la justicia no está grupos poderosos. De manera similar, el proceso legal se transforma en el ám­
relacionada principalmente con la distribución, ya que la dominación es una bito de grupos especializados, insensibles a las necesidades de quienes no es­
forma de relación antes que un bien cuantificablc que pueda ser distribuido tán capacitados para utilizar sus servicios.
igualitariamente (1990, p. 32). Tanto la opresión como la dominación se ven El imperialismo cultural se refiere a la función ideológica de la cultura que
muy bien ejemplificadas en el racismo y el sexismo. presenta la visión del mundo de los grupos dirigentes como si fuera la única
La opresión se divide en cinco diferentes tipos o categorías: «explotación, visión, y excluye de esa visión del mundo la perspectiva y experiencia de
marginación, carencia de poder, imperialismo cultural y violencia» (1990, p. otros grupos, logrando de este modo que se sientan como si fueran «extra­
42). La explotación retoma la concepción marxista de la transferencia siste­ ños», incluso inexistentes o invisibles, en su propia sociedad (ver 1990, p. 59).
mática de los resultados obtenidos por quienes trabajan a otros grupos socia­ Finalmente, la violencia que contribuye a la opresión consiste en el uso de la
les que no han participado de ese trabajo. Los ejemplos que usa la autora no fuerza en modos que humillan y aterrorizan a sus víctimas. Más allá del ho­
son los de las divisiones de clases típicamente masculinas analizadas por el rror de los ataques físicos y de las lesiones efectivamente provocadas, existe
propio Marx, sino la situación de las mujeres cuyo trabajo es expropiado por un aspecto profundamente opresivo en los ataques no consumados así como
los hombres, quienes no podrían alcanzar sus objetivos materiales y sociales en las amenazas y en el uso habitual de la violencia doméstica que contribuye
sin el apoyo permanente del trabajo de las mujeres. Esto es opresivo no tanto a socavar la autoestima e inhibir las capacidades de autoexpresión.
por la mala distribución resultante, sino debido a la coerción estructural im­ Ninguna de estas fuentes de opresión se elimina a través de un sistema im­
plícita en la situación de la cuafstirge la explotación (ver 1990, p. 49). Esto po­ positivo más equitativo o de la readjudicación de bienes susceptibles de ser
dría no ser algo por lo cual los hombres individualmente debieran ser culpa­ distribuidos. Todas ellas requieren cambios estructurales que los individuos
dos, ya que generalmente no tienen otra elección más que apoyarse en el solos no pueden conseguir. De allí la insatisfacción que lleva a la formación de
trabajo de las mujeres para sobrevivir en una sociedad que está estructurada nuevos movimientos políticos y la desilusión general que produce el tipo de vida
como lo está, pero es «opresión» en el sentido en que se entiende en las de­ social y económica modernas.
mocracias liberales modernas. En el núcleo de la crítica de Young a los sistemas modernos hay un pene­
La marginación es ese elemento de las sociedades contemporáneas por el trante análisis de la retórica de la imparcialidad que es usada para dirimir dis­
cual aquellos grupos para los cuales la economía no tiene un papel útil son putas en modos que no abordan los problemas estructurales subyacentes
simplemente dejados de lado y olvidados. Aquellas personas para las cuales el relativos a la opresión y la dominación. La autora articula su posición en re­
sistema no tiene un sentido, o que eligen no implicarse en la vida económica lación con esa rama del pensamiento feminista que tiende a rechazar tanto la
y social corriente, se encuentran a sí mismas en la posición de no tener una justicia como los derechos. Young señala:
oportunidad real de desarrollar sus capacidades ni de expresarse. Esto se apli­
ca a quienes no tienen trabajo o casa, o sufren una enfermedad mental.
Un conjunto cada vez mayor de teorías de inspiración feminista han desafiado el
La carencia de poder, por otro lado, se aplica también a quienes tienen tra­
paradigma del razonamiento moral tal como aparece definido en el discurso de la
bajo, pero cuyas experiencias de trabajo son una flagrante negación de su li­ justicia y los derechos. En este paradigma el razonamiento moral consiste en
bertad para ser ellos mismos y desarrollar sus capacidades. Así, en la mayor adoptar un punto de vista imparcial e impersonal sobre una situación, separado de

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cualquier interés particular que pueda estar en juego, y sopesar todos los intereses Sin embargo, esto deja sin analizar la afirmación más fuerte de que el ideal
p or igual, para llegar a una conclusión que esté de acuerdo con principios genera­ de la imparcialidad incentiva ciertas dicotomías inaceptables. Una de estas di­
les de justicia y con derechos aplicados imparcialmente al caso en cuestión (1990, cotomías se produce entre la esfera privada, que históricamente es el territorio
p. 96). de las mujeres, y la esfera pública, reservada para los hombres. Esto es inacep­
table cuando la opresión es una característica tanto del mundo privado como
Este poderoso argumento feminista está representado en su versión más fa­ del público. Otra dicotomía inaceptable es la que existe entre el sentimiento
mosa por el contraste que establece Carol Gilligan entre la preocupación por (privado y femenino) y la razón (pública y masculina). En términos filosóficos
las normas, los derechos y la justicia, de los niños, y la mayor preocupación de se puede mostrar que esta oposición es insostenible, no sólo porque la razón
las niñas por la cooperación y el compartir (Gilligan, 1982), que ha sido desa­ está influida por el sentimiento y los sentimientos están afectados por el razo­
rrollado en una oposición a gran escala entre una «ética de los derechos» y «una namiento, sino porque los dos no pueden estar separados en el razonamiento
ética del cuidado» o una «ética de la responsabilidad» (Blum, 1980; Noddings, práctico. En términos políticos la oposición es igualmente sospechosa debido
1984), que se apoya en la sospecha socialista y comunitarista respecto de las a la prioridad de la «razón» sobre el «sentimiento». Esto se aplica también al
relaciones basadas en normas, principalmente porque deshumanizan la con­ estatus más alto de lo «universal» respecto de lo «particular», una presunción
ducta cooperativa natural y espontánea que caracteriza a las comunidades igua­ que degrada el interés genuino por los individuos y lo particular.
litarias, y no se corresponde con las relaciones personales que apelan al com­ Estas cuestiones son desarrolladas por Young en relación con el tema de la
promiso, como sucede en la familia, la amistad y los contextos de comunidades «identidad» tal como es examinada en la filosofía postmoderna (ver Irigaray,
pequeñas. Además, la ética de los derechos consolida inevitablemente las in­ 1985), que se opone a la reducción de la diversidad a la unidad a través de una
justas relaciones características de las sociedades opresoras. simple fórmula omnicomprensiva, demostrando que todos los juicios sobre
La propia Young adopta una posición más cercana a la de Fricdman (1987) la identidad presuponen al mismo tiempo la identificación de diferencias.
y Okin (1989), que se distancian de cualquier oposición frontal entre la justi­ Young sintetiza esta posición lúcidamente:
cia y el cuidado, con la consiguiente suposición de que existen dos esferas,
una privada para el cuidado y una pública para la justicia. Young se centra, en
L a diferencia, tal com o y o la entiendo, se refiere tanto a la presencia de eventos
cambio, en un ataque terminante a la imparcialidad en tanto fundamento para
concretos com o a la diferenciación cam biante de la que depende el significado.
el pensamiento moral en cualquier esfera. C ualquier cosa ¡dentificable presupone un algo más respecto del cual se presenta
Esta crítica a la imparcialidad se centra en su defensa de la diferencia, ya que com o trasfondo, del cual se diferencia. Entendidos com o diferentes, los entes,
eventos, significados no son ni idénticos ni opuestos. Se pueden relacionar en cier­
el ideal de imparcialidad en la teoría moral expresa la lógica de la identidad que in­ tos aspectos, pero la sem ejanza nunca es igualdad, y algo sim ilar puede percibirse
tenta reducir la diferencia a líoinidad. El escenario distante y desapasionado que solo a través de la diferencia. La diferencia, sin em bargo, no es absoluta altcridad,
supuestam ente produce la imparcialidad se alcanza sólo abstrayéndose de las par­ una com pleta ausencia de relaciones o atributos com partidos (1990, p. 98).
ticularidades del contexto, los sentimientos, las relaciones y el punto de vista. E s­
tas particularidades siguen operando, sin em bargo, en el contexto real de la acción
(1990, p. 97). Este análisis filosófico tan abstracto es utilizado para identificar un marco men­
tal o un modo de pensamiento que intenta aislar los elementos distintivos del
Superficialmente, esta crítica puede ser contestada observando que las normas mundo para controlarlo, con la desafortunada consecuencia de que aquellas co­
usadas en el juicio imparcial son normas más complejas, que toman en consi­ sas que quedan fuera son rechazadas e ignoradas por ser «extrañas», lo cual lleva
deración las diferencias que son suprimidas por los principios muy generales a erróneas dicotomías entre lo esencial y lo accidental, lo bueno y lo malo, lo
y abstractos. Se podría sostener que ninguna norma puede ser lo suficien­ normado y lo desviado (ver 1990, p. 99); por ejemplo, el «matrimonio» institu­
temente específica como para abarcar la situación particular de cada persona cionalizado privilegia ciertos tipos de relaciones (como las heterosexuales) so­
oprimida, pero se puede seguir manteniendo que muchas situaciones podrían bre otras (1990, p. 106).
mejorar si se hiciera que los principios generales fueran algo más específicos El resultado de este análisis para el razonamiento moral es que deberíamos
al momento de identificar, por ejemplo, a mujeres, personas negras, mujeres abandonar el así llamado punto de vista imparcial, en virtud del cual intenta­
negras, mujeres indígenas americanas. En efecto, parecería que las colectivi­ mos separarnos de nuestra propia situación y de la multitud de particularida­
dades que entran en la definición que ofrece Young de grupo social podrían des que de hecho constituyen nuestro propio yo en la equivocada creencia de
constituir la base de tales reglas clasificatorias. que lo moral es lo universal. En particular, deberíamos abandonar la idea

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de que quien razona moralmente, sin sentimientos, vínculos o perspectiva, raciones sobre la opresión a la dominación el centro de atención se mueve ha­
debería aplicar los mismos principios universales a todas las personas como si cia la política, en particular hacia la política democrática que implica a todas las
fueran una unidad no diferenciada. La debilidad de la imparcialidad universal personas, particularmente a los grupos oprimidos, en la elaboración de una
en ética, entendida como «el punto de vista moral» es, primero, que en la me­ nueva estructura para una sociedad con poder. La perspectiva es la de una po­
dida en que tenemos éxito en acercarnos a tal punto de vista perdemos la ca­ lítica del diálogo en la que las necesidades y los deseos individuales se ponen
pacidad para tomar cualquier decisión en términos de corrección o incorrec­ sobre la mesa para ser evaluados y tenidos en cuenta con equidad e interés.
ción, bueno o malo. Una persona totalmente desvinculada es una persona Aquí Young apela a la tradición cívica del republicanismo en la que la par­
vacía, más amoral que moral. Es en esto, alegan los críticos, en lo que se trans­ ticipación en política consistía en el deber del individuo de involucrarse en el
forma la posición original de Rawls bajo el velo de ignorancia: algo vacío y des­ diálogo acerca de lo que constituye el bien común o público. La autora acep­
conocido. ta la idea presente aquí de una ética comunicativa de acuerdo con la cual la ra­
Otro punto débil de la imparcialidad relacionado con el anterior, es que ine­ cionalidad moral se «entiende como interacción comunicativa ... dialógica,
vitablemente lleva al rechazo de lo que de hecho son diferencias muy relevan­ producto de la interacción de una pluralidad de sujetos bajo condiciones de
tes entre individuos y grupos. Rawls podría decir que sus individuos o, como igual poder que no eliminan los intereses de nadie», una noción muy en sin­
hemos visto, su único individuo en la posición originaria, conoce todo acerca tonía con Jürgen Habermas.
de las diferencias que existen entre las personas reales en las sociedades reales; Sin embargo, el modelo del republicanismo civil es en muchos sentidos un
no obstante, no son estos los factores que dictan sus juicios, como se puede ver modelo masculino que confina y excluye a las mujeres junto con los aspectos
en las máximas altamente generales que surgen de su modelo. La «visión desde de la vida más afectivos, relacionados con los deseos y el cuerpo, con los que
todos los puntos de vista» se transforma en la «visión desde ningún punto de han sido identificadas las mujeres. «L a razón imparcial civilizada caracteriza
vista». la virtud del hombre republicano que se eleva por encima de la pasión y el de­
El efecto práctico de perseguir la imparcialidad es que se pasan por alto los seo... La razón normativa moderna y su expresión política es la idea de que la
grupos oprimidos cuya perspectiva es excluida o marginada en el proceso a república cívica ... alcanza la unidad y la coherencia a través de la expulsión
través del cual se formulan las leyes universales. El sin duda irrealizable ideal y el confinamiento de todo aquello que pudiera amenazar con invadir el Esta­
de la completa imparcialidad refuerza y mantiene la opresión y la domina­ do con diferenciaciones» (1990, p. 111). Es ampliando este diálogo para in­
ción, porque lo que sucede realmente es que el punto de vista de grupos par­ corporar lo particular, lo afectivo y las diferencias olvidadas que el ideal del
ciales pasa a ser visto como el punto de vista universal, y su mundo se trans­ republicanismo cívico puede ser introducido para proporcionar las vías hacia
forma en el mundo. Esto podría ser visto como una incapacidad para ser un sistema político que venza la dominación.
suficientemente imparcial, pero el análisis muestra que, moral mente, la im­ El camino hacia la feminización de la política lleva a Young a defender la re­
parcialidad está condenada aTfracaso porque se abstrae del ámbito de las presentación especial para los grupos oprimidos como el único modo de ase­
opresiones particulares de las cuales surge la moralidad. gurar un resultado justo para dicho diálogo. Esto se debe a que la autora no
En ninguna pane se ve esto más claramente que en la idea de que puede ha­ confía enteramente en los procesos dialógicos que se alimentan de los discipli­
ber un sistema de dcrechoií que represente un punto de vista imparcial o neu­ nados y desapasionados atributos del hombre «imparcial», y que están abier­
tral en cuyo marco las personas puedan perseguir sus visiones privadas de la tos a la manipulación de los grupos dominantes que pueden utilizar mejor las
vida buena. La rígida dicotomía entre lo correcto y lo bueno como fundamen­ capacidades de argumentación y persuasión así como otros recursos. La auto­
to de la falsa idea de que un estado neutral representa el resultado tangible ra es también cautelosa al hablar de diálogo, el cual presupone acuerdos sub­
e inaceptable de la equivocada fe en la imparcialidad como guía moral. Se si­ yacentes. Prefiere por tanto un modelo más comunicativo de democracia en el
gue de esto que, si queremos que la justicia sea un concepto moral no se la pue­ cual las diferencias sean reconocidas como reales y permanentes, y un modelo
de enfrentar con el cuidado: «Com o virtud, la justicia no puede enfrentarse a que este libre de los elementos de la dominación. Con este fin, la realidad de la
la necesidad, el sentimiento y el deseo personales, sino que designa las condi­ opresión de grupo hace necesario que exista la representación de grupo en un
ciones institucionales que permiten a las personas satisfacer sus necesidades sistema tal que «construya una protección de intereses» (1993, p. 123), asegu­
y expresar sus deseos» (1990, p. 121). rando que los intereses de estas personas «extrañas» no sean ignorados al mo­
La alternativa de Young a la imparcialidad es la justicia: en primer lugar mento de determinar un resultado equitativo: «Propongo un sistema de re­
justicia en relación con la opresión y sus causas estructurales, y justicia en re­ presentación para los grupos sociales oprimidos y desaventajados como un
lación con la dominación y sus manifestaciones políticas. Al ir de las conside­ medio para enfrentar los problemas relativos a los aspectos cuantitativos de la

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democracia justa» (1993, p. 135). De este modo se propone reforzar el tipo de En la práctica, mantiene Young, el principio del mérito funciona del mis­
no dominación que es central en el análisis de la justicia de Young y que está mo modo que las jerarquías tradicionales:
en la base de su concepción de la democracia, temas que trataré más en pro­
fundidad en el contexto de la perspectiva procedimental de la justicia y la de­ U na clase de personas poderosas establece criterios normativos, algunos de los cua­
mocracia de Habermas. les tienen la función de afirmar su poder y llevar a la práctica el sistema organizado
que lo hace posible. Para ocupar puestos dentro de la jerarquía eligen a personas
que tengan ciertas credenciales de estatus (en lugar de venir de la familia «correcta»
La acción afirmativa y el mito del mérito han ido a la escuela «correcta») y a personas que por naturaleza o entrenamiento
exhiban las características de conducta y temperamento preferidas (1990, p. 212).
El título de este apartado es el del capítulo 7 de Justice and the Politics o f Dif-
ference que trata sobre la aplicación -m ás específica- de la teoría de la justicia Dándole la vuelta al argumento de Rawls de que las diferentes remuneracio­
de Young. Es en el contexto de los programas de acción afirmativa, que se nes de los trabajos están justificadas si éstos están abiertos a todos en condi­
proponen otorgar prioridad en el empleo a las personas negras o a las muje­ ciones de igualdad real de oportunidades, Young sostiene que si no puede ha­
res de modo que estén mejor representados como grupos en el ámbito labo­ ber nombramientos sobre la base del mérito, entonces la jerarquía de trabajos
ral, que el énfasis de la autora sobre la importancia de pensar en términos de no puede estar legitimada. En su lugar, la justicia requiere que tengamos una
grupos sociales adquiere mayor importancia. gama de trabajos que sean similares a los trabajos profesionales en el sentido
En el análisis de Young los programas de acción afirmativa desafían tanto de que permitan a los individuos desarrollar y expresar sus capacidades, en­
la primacía del principio de no discriminación como el individualismo, am­ frentando así las cuestiones relativas a la explotación, la carencia de poder y el
bos aspectos centrales para las teorías liberales de la igualdad. La autora cree imperialismo cultural. Nuevamente aquí una estructura democrática es vista
que la hostilidad hacia la acción afirmativa deriva de una visión claramente in­ como una posible solución para la injusticia.
dividualista de las sociedades ligada al modelo distributivo de justicia que ig­ Young compara su enfoque con la justificación de la acción afirmativa
nora la situación de los grupos oprimidos. como un medio para recompensar daños perpetrados en el pasado a través de
La crítica de Young a la igualdad de oportunidades liberal, que se basa en­ la exclusión en puestos de trabajo sobre la base de la raza o el género. Esto,
teramente en la no discriminación, consiste en atacar el concepto de mérito señala, se dirige a una variedad de ejemplos relativamente pequeña y es extra­
utilizado en la visión liberal de la justicia distributiva en el ámbito del traba­ ordinariamente difícil de implementar. Un argumento mejor es que la acción
jo, que consiste principalmente en afirmar que algunos puestos son más im­ afirmativa contrarresta actitudes discriminatorias actuales en el sistema de
portantes que otros y deberían ser mejor pagados que otros, y que los indivi­ nombramientos y promoción. Se trata de actuar de un modo discriminatorio
duos deberían competir por estos puestos sobre la base de sus cualidades al preferir a personas negras y a mujeres «peor cualificadas» sobre la base de
como individuos que, basándose en principios de no discriminación, exclu­ que existe una discriminación real en las decisiones sobre quién está mejor
yen factores tales como la raza y el género que son irrelevantes en relación cualificado. En teoría, esto significa que la acción afirmativa puede ser redu­
con la capacidad para realizar los trabajos en cuestión. cida progresivamente en la medida en que el principio de no discriminación
La posición de Young no apunta tanto a cuestionar la idea de mérito como sea más ampliamente reconocido y aplicado en la práctica.
tal como a cuestionar su aplicación al empleo. La autora cuestiona la presun­ Todo esto, afirma Young, presupone que la discriminación es el problema,
ción de que es posible evaluar las habilidades para el trabajo de acuerdo con pero esto no es así. La discriminación importa sólo debido a la opresión que
criterios neutrales de evaluación que identifiquen quién es la persona más me­ va ligada a ella: «Tomar un principio de igualdad de trato, o no discrimina­
ritoria entre las candidatas a un puesto en particular, ya que «la mayor parte ción, como un principio absoluto o fundamental de justicia presupone... un
de los criterios de evaluación usados en nuestra sociedad, incluidos los títulos de ideal de igualdad como semejanza... la eliminación de la trascendencia de las
la educación recibida y las pruebas estandarizadas, tienen un contenido nor­ diferencias de grupo» y es por lo tanto inaceptablemente «asimilacionista»
mativo y cultural». «Dado que no existen medidas imparciales, valorativamen- (1990, p. 195). En su modelo de igualdad de grupos, por lo que deberíamos
te neutrales o científicas del mérito, sostengo que una cuestión fundamental luchar es por una igual presencia de los grupos en todos los puestos institu­
en relación con la justicia debe ser quién decide cuáles son las cualificaciones cionales, algo que requerirá siempre de alguna cuota de trato diferencial. La
apropiadas para un cierto puesto, cómo se van a valorar, y si hay individuos acción afirmativa sirve para la causa de eliminar la opresión, no para satisfa­
en particular que las posean» (1990, p. 193). cer algún principio abstracto e irrealizable de igualdad individual.

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Esto se corresponde también con la cuestión tratada por Young en el sen­ Este análisis sobre la naturaleza y propósitos de los programas de acción
tido de que la injusticia es más estructural que intencional. La no discrimina­ afirmativa reúne claramente los elementos centrales de la teoría de la justicia
ción en el modelo liberal se dirige fundamentalmente a los sesgos intenciona­ de Young, e introduce el análisis económico y social de la opresión como la
les o al menos conscientes por parte de aquellas personas que participan de experiencia que alimenta el discurso de la justicia en la vida real, y la noción
posiciones de poder. Dado que a menudo es difícil probar que existe tal sesgo esencialmente política de dominación que apunta que la solución a la injusti­
en casos particulares, las leyes contra la discriminación no deberían requerir cia radica en un sistema de democracia comunicativa en el que los grupos ten­
pruebas de la existencia de un sesgo deliberado, sino apuntar hacia un mode­ gan un papel constitucionalmente reconocido.
lo de decisiones que lleve a resultados que provoquen un impacto despropor­ Resulta interesante que su crítica a la justicia distributiva no implica aban­
cionado en el bienestar de grupos particulares. Así, los programas de acción donar al menos algunos de los ideales centrales de la justicia liberal. Se sigue
afirmativa podrían establecer el objetivo de dar empleo a las personas de afirmando el igual valor de las personas, en su caso basado en una noción de
modo tal que se llegue a una situación que refleje en el ámbito laboral las pro­ los seres humanos como agentes creativos que sufren cuando se les niega la au-
porciones de raza y género que existen en la comunidad en su conjunto. Sin toexpresión. Incluso la importancia del mérito se conserva en aquellas áreas en
embargo, en la medida en que estos programas son vistos simplemente como las que se pueden ofrecer unas razones y una aplicación aceptable. La autora
un modo de tomar conciencia de la discriminación, siguen pasando por alto acepta que puede haber buenas razones para establecer remuneraciones dife­
las causas más profundas de la desigualdad que están en la opresión de grupos renciadas, que incluyen «recompensar el trabajo difícil y el esfuerzo extra,
sociales en particular, y que de hecho hacen imposible que estos grupos com­ compensar el sacrificio que puede conllevar la adquisición de capacidades es­
pitan en igualdad de condiciones con las personas situadas en grupos más fa­ pecializadas, proporcionar incentivos para realizar trabajos que de otro modo
vorecidos. Al centrarse en el autor del hecho y no en la víctima, la perspecti­ serían menos atractivos, y recompensar la productividad por encima de la me­
va de la discriminación no logra afrontar las raíces del problema. dia». De hecho la autora adopta un enfoque basado en el mérito para criticar
Esto, por lo tanto, nos lleva nuevamente a la cuestión de la ideología, ya «las enormes diferencias típicas de la sociedad americana» (1990, p. 216).
que el modelo liberal de discriminación parece afirmar una igualdad univer­ Dejando aparte los evidentes problemas que surgirían con la instituciona-
sal mientras de hecho sirve para reforzar la jerarquía al apartar la atención de lización de la representación política de los grupos sociales (ver Phillips, 1993,
las causas de la opresión. La no discriminación, por lo tanto, no debería ser pp. 99 y ss.) (¿qué grupos, sobre qué base y con qué poderes?), el cambio de
vista como un fin en sí mismo sino como un posible medio para alcanzar ma­ énfasis en el análisis de la justicia, del contenido a la toma de decisiones, plan­
yor justicia. Se trata de un medio bastante poco efectivo en las sociedades tea complejos problemas tanto para la justicia como para la democracia. Qué
opresoras, a menos que conlleve una acción afirmativa fuerte y continua para sucede, por ejemplo, si una democracia comunicativa adecuadamente consti­
mantener una aceptable representación de grupo en el trabajo así como en la tuida presenta estructuras que no se corresponden con las ideas de equidad
política. El problema con el sistema del mérito está más en quién toma las de­ y justicia que son utilizadas en primer lugar para justificar la constitución de­
cisiones que en qué decisiones se toman. mocrática. ¿C óm o podemos saber que dichos sistemas democráticos adopta­
Al desarrollar los mecanismos democráticos para llegar a decisiones rían la concepción de la democracia como capacidad de acción? Algunas de las
aceptables en el ámbito del fcmpleo, Young deja claro que la participación en respuestas, no cabe duda, están en el hecho de que es esa concepción de la jus­
la toma de decisiones debe estar basada en la resolución de qué es equitati­ ticia la que legitima la democracia comunicativa, pero es algo más que una simple
vo y qué es aceptable para todas las personas: posibilidad fantasiosa que quienes participen en tal sistema tengan concepcio­
nes muy diferentes sobre qué actos denotan opresión, dominación, equidad
Tal com o yo la entiendo, la equidad en tales decisiones incluye lo siguiente: (1) Los y «buenas razones». En estas circunstancias Young es lo bastante audaz como
criterios de calificación deberían ser explícitos y públicos, conform e a los valores para aferrarse tanto a una concepción sustantiva de la justicia en términos de
y propósitos que persiguen. (2) L o s criterios no deberían excluir a ningún grupo opresión y dominación como a un mecanismo procedimental para ponerla en
social de las consideraciones sobre cargos o posiciones, ni explícita ni implícita­ funcionamiento. En el próximo capítulo analizo una teoría más puramente
mente. (3) Todos los candidatos a ocupar cargos o posiciones deberían ser conside­ procedimental que va más allá de la vinculación entre justicia y democracia,
rados de acuerdo con procedim ientos form ales públicamente anunciados. (4) Las para proponer algo así como la asimilación de la justicia por la democracia. Al
personas con afinidades de grupo, situaciones sociales o atributos personales parti­ hacer esto se corre el riesgo de perder la porción sustantiva proporcionada por
culares deberían ser preferidas, pero sólo para socavar la opresión o com pensar aquellas teorías feministas de la opresión que están enraizadas en las adversas
desventajas, y nunca para reforzar privilegios (1990, p. 212). experiencias de los grupos sociales existentes.

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10

La justicia como democracia:


Habermas y la promesa de la política

La mayor parte de los teóricos y teóricas liberales contemporáneas que tra­


bajan sobre la justicia intentan extraer principios sustantivos de justicia a par­
tir de alguna fórmula que combine el debate, el consentimiento, la informa­
ción y la imparcialidad. En muchos aspectos el primer Rawls es el más osado
de todos ellos ya que intenta presentar un modelo de toma de decisiones para
institucionalizar un consentimiento informado c imparcial, con la afirmación
adicional de que lo que resulta de este modelo son principios que podemos
evaluar independientemente como criterios firmes y aceptables de justicia.
Apelando a ambos recursos del análisis moral, el autor intenta que se refuer­
cen mutuamente, uniéndolos a través de un proceso de reflexión crítica que
apunta al «equilibrio reflexivo» (ver pág. 107). Al exponer su teoría en estos dos
frentes -procedimental y sustantivo- Rawls ha provocado un aluvión de críti­
cas que lo han llevado a refugiarse en una posición más segura pero menos
atrevida, desde la que se presenta ofreciendo tan sólo una vía hacia un consen­
so político pragmático en ciertos tipos de sociedad liberal. Destinos similares
han sufrido el enfoque menos ambicioso de Dworkin y las teorías más sim­
plistas de Nozick y Posner.
Por el contrario, Jürgen Habermas parece menos ambicioso en el sentido
de que intenta establecer sólo la vía procedimental hacia la justicia. En su
caso, esto implica la existencia de un diálogo real continuado más que las hi­
pótesis puramente contrafácticas y a menudo fantasiosas de otros teóricos. El
autor extrae de su análisis de las interacciones sociales reales tal como las
experimentan quienes participan en el diálogo sincero, lo que él llama una

221
«situación ideal de habla» que encierra condiciones de libertad e igualdad que Rawls, está en que éstos postulan un ideal irreal y acontextuado que no está
generan «racionalidad comunicativa». Habcrmas no verifica esta vía proce- suficientemente relacionado ni con lo que él llama el «mundo de la vida» de la
dimcntal por referencia a la crítica moral que se pregunta qué es lo que en­ existencia cotidiana ni con el mundo real de los sistemas políticos reales.
contraremos al final de su recorrido. Esto sería prejuzgar los resultados del La visión de Habermas del diálogo interactivo difiere del modelo de la
diálogo deliberativo real. En este aspecto su enfoque es el de una teoría a la conversación restringida propuesto por Ackerman (1980), en que el primero
que Rawls podría llamar de «justicia procedimental pura», en la que todo de­ apunta a producir un tipo de acuerdo basado en normas compartidas antes
pende del procedimiento y no hay un acceso independiente al conocimiento que una mera agregación de preferencias autointeresadas, incorporando así
del resultado. ideas de solidaridad, lealtad, respeto mutuo y entendimiento social compar­
N o obstante, la posición de Habcrmas es potcncialmente más poderosa tido, todo lo cual caracteriza la respuesta comunitarista a Rawls. Una cosa
que la del último Rawls, tanto en su pretensión de haber alcanzado algún fun­ apasionante y provocadora del enfoque de Habermas es esta combinación
damento filosófico para su vía epistémica hacia el conocimiento de la justicia, del ímpetu filosófico hacia la corrección moral con la preocupación socioló­
como con respecto a su aplicabilidad a lps procesos de comunicación social de gica por la cohesión social. Habermas mantiene que las normas de justicia
la vida real, en contraste con el ejercicio de la reflexión por parte de un indi­ que surgen de esas comunidades que han progresado hasta alcanzar un esta­
viduo imaginativo y superinteligente que ocupa un lugar central en el enfo­ dio de deliberación comunicativa racional tienen una objetividad que tras­
que más individualista de Rawls. Además, el método de Habcrmas es, en ge­ ciende el relativismo cultural y político en el que se basa el comunitarismo,
neral, menos a priori en tanto descansa en buena parte en la teoría social que ofreciendo así lo que mucha gente considera una fusión muy atractiva de
se extrae del estudio de las sociedades existentes en estadios específicos de su tradiciones rivales.
desarrollo. En este sentido el autor va más allá de la idea de «diálogo neutral» Dado el énfasis puesto en el procedimiento, el análisis de la racionalidad
sobre la distribución de poder (ver Ackerman, 1980), un enfoque analizado comunicativa de Habcrmas encierra algunos inesperados ingredientes sustan­
en la primera edición de este libro que, por otra parte, es una buena y accesi­ tivos que caracterizan las ideas de justicia que deberíamos esperar que surgie­
ble introducción a las ideas propiciadas con mayor detalle y complejidad por sen de tal diálogo, tales como un compromiso con la libertad política y la
Habcrmas. igualdad social. Esto se debe a que la participación igual y equitativa en el tipo
Nuevamente, por oposición al último Rawls, Habcrmas sigue afirmando de diálogo en el que se manifiesta la racionalidad comunicativa presupone
que él ha identificado un método que permite a las comunidades trascender una cuota importante de igualdad social y económica. Esta feliz coincidencia
su propia cultura y conseguir una perspectiva sobre aquellos derechos y de­ de las virtudes procedimentales y sustantivas plantea dudas acerca de la inicial
beres universales que equipara con la «moral», las normas universales de jus­ neutralidad moral de la teoría, dudas que son similares a las que los críticos
ticia, a diferencia de la «ética», es decir, los valores o bienes de los individuos o han sugerido contra la posición original de Rawls. Pero cualquier circulari-
grupos expresados en su autócomprensión. Además, Habermas quiere sostener dad que pudiese haber en la elaborada teoría de Habermas está mediada por
que algunas sociedades políticas existentes se aproximan bastante a las situa­ un análisis sociológico y filosófico complejo y de amplio alcance que merece un
ciones ideales de diálogo que generan la verdad moral necesaria para adquirir detenido estudio.
legitimidad moral y política. En todo esto hay un dejo de universalismo libe­ En este análisis de la teoría de la justicia de Habcrmas, termino centrán­
ral que evoca al primer Rawls. dome en el modo en que el autor recurre a su análisis de la justicia para pro­
El modelo de Habermas de democracia deliberativa consiste en un proce­ porcionar tanto una justificación como unas limitaciones al control judicial
dimiento que establece principios legítimos para gobernar en nombre de la de constitucionalidad de la acción legislativa, es decir, el poder de los tribuna­
justicia. Dicho modelo contiene elementos comunitaristas que fijan la validez les para invalidar leyes democráticamente dictadas. Esto se debe a que pare­
normativa en la vida social, de la cual el diálogo político toma sus orígenes. cería haber una potencial contradicción inherente a la combinación haberma-
Habcrmas acepta la «facticidad» de la interacción social, de un modo muy si­ siana entre una democracia participativa radical y el veto judicial, que rebaja
milar a como Dworkin incorpora en su esquema de los derechos la historia su pretensión de haber establecido una teoría de la justicia puramente proce-
legal de la jurisdicción en cuestión, prometiendo así una atractiva combina­ dimcntal que subordina la consideración de principios sustantivos de justicia
ción de tradiciones liberales y comunitaristas. Aunque Habermas intenta di­ a la elaboración de una versión politizada de su teoría de la ética discursiva.
ferenciar su enfoque de aquellos comunitaristas que sostienen que el lengua­ En la medida en que la justicia se constitucionaliza en un sistema de control
je de la justicia no puede trascender el contexto cultural en el que opera, gran judicial de constitucionalidad, sucede que en efecto es sustraída de los nor­
parte de la fuerza de su argumento contra «los filósofos de la justicia» como males procedimientos de la democracia deliberativa.

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La posición de Habermas sobre la justicia constitucional resulta inespera­ vación sensorial. Los intereses que satisfacen las ciencias naturales son, según
da a la luz de su compromiso con los procesos deliberativos que involucran a el análisis de Habermas, técnicos o de manipulación. La ciencia se dirige ha­
todas aquellas personas afectadas por las decisiones políticas que son vincu­ cia el control de la naturaleza al servicio de los objetivos humanos ya que «las
lantes para ellas. Su posición sobre los derechos constitucionales parece de­ teorías de las ciencias empíricas contienen información sobre la realidad des­
pender de ingredientes clave del esquema liberal de Rawls, tales como la dis­ de el punto de vista del control técnico de todos los ámbitos y en todo mo­
tinción prioritaria entre lo correcto y lo bueno. Esto se podría ver en el mento, bajo condiciones específicas» (1971, p. 162; ver también p. 309). Por
contraste que establece Habermas entre la «moral», incluida la justicia, que tie­ esta razón, la ciencia empírica es particularmente útil en la actividad econó­
ne una objetividad que trasciende la «ética» de las interacciones sociales nor­ mica y Habermas, como Marx, no tiene problemas en aceptar su uso en este
males, y su insistencia en que al menos una parte de la actividad legislativa se campo, ya que las predicciones fiables que genera pueden ser usadas para ob­
ocupa de establecer normas de tipo deontológico que son muy distintas de tener importantes efectos prácticos. Sin embargo, es un error pensar que la
las evaluaciones que hacemos al seleccionar cierto estilo de vida. En este sen­ ciencia empírica sea suficiente para solucionar los problemas humanos: «la
tido la tendencia del trabajo más reciente de Habermas es característicamen­ autocomprensión positivista de las ciencias nomológicas acredita la sustitu­
te liberal y ciertamente más universalista que el último Rawls. Se puede sos­ ción de la acción ilustrada por la tecnología. Dicha autocomprensión dirige la
tener, sin embargo, que su teoría general tiene potenciales consecuencias más utilización de esa información científica desde un punto de vista ilusorio, que
igualitarias y cercanas a la democracia radical de lo que muestra su teoría consiste principalmente en que el dominio práctico de la historia puede redu­
constitucional. cirse al control técnico de los procesos objetivados» (1971, p. 316).
Habermas reconoce que los métodos de la ciencia empírica pueden ser uti­
lizados en el estudio de la sociedad así como de la naturaleza, y que podrían
La teoría de la interacción social resultar de ayuda en la consecución instrumental del cambio social, pero tie­
ne tres objeciones lundamentales al dominio de este enfoque en los estudios
La obra de Habermas es voluminosa y está siempre en desarrollo, por lo que sociales. La primera objeción es que los seres humanos pueden entender y
mi resumen resulta desvergonzadamente selectivo. Sus escritos son profun­ luego actuar para falsificar las generalizaciones de las ciencias sociales sobre
damente eruditos y una completa apreciación de sus matices requiere un am­ su conducta. En consecuencia, las ciencias sociales empíricas no son tan téc­
plio conocimiento de las principales teorías sociales europeas así como de la nicamente efectivas como las ciencias naturales. La segunda objeción es que
filosofía social y política angloamericana. En efecto, sus escritos a veces son es imposible tener una perspectiva real sobre la naturaleza de la existencia hu­
tan eclécticos que es difícil concretar cuál es su propia y distintiva contribu­ mana sin entenderla desde un punto de vista interno o del participante. Las
ción al pensamiento político contemporáneo. Mi exposición se basa princi­ interacciones de los seres humanos dependen crucialmcnte de la consciencia
palmente en Conocimiento ftnterés (1971), ¿ a teoría de la acción comunica­ que tengan los unos de los otros y del ambiente social normativo en el que sus
tiva (1984 y 1987) y su libro más reciente, Facticidad y validez (1996a). interacciones tengan lugar. Éste es el enfoque hcrmenéutico adoptado por
La importancia de Conocimiento e interés está en que deja claro que Ha- muchos historiadores y teólogos del siglo XIX, y parcialmente incorporado en
bermas está comprometido con una teoría social que adopta una compren­ la teoría social por Max Weber, cuya explicación de la versteben (la compren­
sión de la sociedad desde el punto de vista de quien está dentro o es partici­ sión interpretativa) es enormemente influyente en la tradición europea de la
pante, antes que un enfoque científico distante basado enteramente en la teoría social sobre la que se basa Habermas.
observación y la generalización externas. En su terminología, prefiere para el La tercera objeción al uso exclusivo de metodologías empíricas en las cien­
estudio de la sociedad el método histórico-hermenéutico o interpretativo al mé­ cias sociales es que la ciencia social positivista puede ser usada para dominar
todo nomológico o científico-jurídico. De hecho, su posición está basada más a los seres humanos haciéndoles creer que no tienen otra opción que adaptar­
en la idea de que no existe algo así como el conocimiento del observador pu­ se a las leyes de la ciencia social. Adoptar un enfoque de la sociedad humana
ramente objetivo o distanciado, ni siquiera para el mundo natural. Es en este puramente nomológico, o de derecho empírico, constituye un esfuerzo equi­
contexto que mantiene que todo conocimiento se busca y obtiene en el mar­ vocado e inmoral de manipular y controlar a la gente negándole la capacidad
co de ciertos intereses o preocupaciones humanas. En este aspecto Habermas de autonomía, algo a lo que Habermas adscribe un gran valor. La ciencia so­
es sobre todo crítico con el positivismo filosófico, de acuerdo con el cual todo cial positivista es una forma de ideología que manipula a través de la falsa
conocimiento se deriva de la ciencia y toda ciencia es, básicamente, depen­ conciencia de sus sujetos. Por el contrario, el conocimiento que surge de los
diente de generalizaciones empíricas que son verificables a través de la obscr- mencionados estudios sociales hermenéuticos o interpretativos es práctico,

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no teórico, y es moralmcntc preferible en su reconocimiento de la libertad ca social, y al estudio de la obra de los grandes teóricos sociales europeos tales
humana. En esto Habermas adopta la visión de Marx de que hay que emanci­ como Emile Durkheim, Max Weber y la Escuela de Frankfurt, de la que es
par a la humanidad de la esclavitud respecto de las supuestas leyes científicas miembro el proprio Habermas. Siguiendo el análisis de Weber, Habermas dis­
necesarias hasta el punto en que los seres humanos puedan hacer su propia tingue dos formas de práctica social: la orientación instrumental del trabajo
historia. Si embargo, en contra de lo que dice Marx, esto no se logrará con una y la interacción social de las personas. El trabajo conlleva todas las connota­
revolución violenta sino con la «auto-reflexión» crítica que «libera al sujeto ciones del análisis de Marx sobre la implicación productiva con la naturaleza,
de la dependencia de los poderes hipostasiados» (1971, p. 310), aunque, como que conlleva técnicas específicas que generan las correspondientes estructuras
en Marx, las perspectivas de la emancipación están relacionadas con el desa­ sociales específicas. Esto constituye el ámbito económico o material de la vida
rrollo social y no dependen del individuo. humana y coincide con sus ideales de racionalidad instrumental. La interac­
Com o muchos teóricos de la Ilustración, Habermas se aferra al lenguaje ción, por otra parte, tiene que ver con los modos en que las sociedades huma­
como la capacidad humana distintiva que nos permite apreciar la naturaleza nas y los sistemas políticos desarrollan y utilizan reglas para crear formas de
de la sociedad humana. En el volumen 2 de La teoría de la acción comunicati­ vida que satisfagan sus intereses como una comunidad de personas. Esto coin­
va, el autor desarrolla este tema en una teoría general que sirve de base para cide de manera general con el ámbito social, que es el principal punto de su
su compromiso con la emancipación humana a través de la auto-reflexión crí­ atención, aunque apela tanto a la racionalidad instrumental como a la comuni­
tica. En su metodología, se puede decir que Habermas combina los métodos cativa para establecer los presupuestos a partir de los cuales surge su teoría social
filosóficos de Immanuel Kant con el enfoque teórico social de Max Weber. y política de la justicia.
Desde la perspectiva filosófica su trabajo utiliza una versión de la deducción Habermas utiliza la teoría social no simplemente para describir la comu­
trascendental, un método usado por Kant para dejar al descubierto los presu­ nicación social sino también para reconstruirla de modo que extrae y purifica
puestos de ciertas afirmaciones inevitables de la experiencia cotidiana con vis­ sus elementos básicos. Habermas adopta la técnica de Max Weber de articu­
tas a establecer verdades a priori de las que se pueden derivar enunciados mo­ lar un «tipo ideal» que reúne aquellos elementos considerados significativos
rales y epistemológicos. Así, algunas de las deducciones trascendentales de en los fenómenos históricos, a partir de los cuales se realizan extrapolaciones
Kant lo llevan a afirmar la naturaleza a priori del espacio y el tiempo como que pueden luego ser usadas como base tanto para entender las sociedades como
presupuestos indispensables de toda nuestra experiencia sensorial. El mismo para hacer generalizaciones empíricas sobre el fenómeno social. En particular,
tipo de razonamiento establece una conexión necesaria entre elección moral Habermas usa su tipo ideal de comunicación como base para describir y cri­
y libre voluntad. ticar las prácticas sociales reales, un enfoque que lleva a un tipo ideal de «ra­
En un sentido similar, Habermas afirma que no podemos implicarnos cionalidad comunicativa», un ideal normativo con fundamentos empíricos
en un argumento racional acerca de lo que hacemos y decimos sin asumir y fenomenológicos basado en el concepto de una «situación ideal de habla»
compromisos con la sinceridad, la verdad y la corrección. Empezando por en la que la gente lucha para alcanzar un acuerdo acerca de la verdad y la jus­
nuestra experiencia de involucrarnos en debates genuinos, Habermas toma ticia en condiciones en las que no hay coerción y en las que la participación
los presupuestos de la mencionada actividad lingüística y los identifica como está abierta a todos por igual. Esta «situación ideal de habla» y la idea de ra­
precondiciones necesaria^ de la interacción social lingüística. Aunque es­ cionalidad comunicativa -relacionada con la primera-, encierran presupues­
tos presupuestos constituyen el marco necesario de la interacción social ba­ tos decisivos para Habermas acerca de los fenómenos sociales significativos,
sada en el lenguaje, no están completamente anclados en las interacciones del mismo modo que Rawls proyecta su perspectiva moral en su «posición
reales y en este sentido son contrafácticos. Esto significa que los presupues­ original»; la principal diferencia es que Habermas afirma que su tipo ideal es
tos inevitables de tales intercambios lingüísticos pueden ser usados para una característica emergente de las sociedades modernas asociada, en particu­
identificar los criterios para determinar cómo debemos proceder para alcan­ lar, con el papel del derecho en las democracias pluralistas y postcapitalistas.
zar la verdad y la justicia. El punto fundamental del análisis de Habermas es La original tesis de Habermas es que luchar por el acuerdo o el consenso
que el diálogo que encierra estas características de lo que él llama una «situa­ en una situación ideal de habla es centrarse en el logro del conocimiento y
ción ideal de habla» es un requisito suficiente, no simplemente para la comu­ la legitimidad. Esto no significa que estas normas se identifiquen con el mero
nicación exitosa, sino para la justificación o legitimación de lo que está con­ acuerdo social, ya que cuando las personas participan en dicho diálogo están
tenido en ese diálogo. necesariamente comprometidas con una búsqueda conjunta de la verdad y la
La comprensión del diálogo interactivo del que son tomados estos presu­ justicia objetivas. Esta búsqueda del conocimiento requiere el compromiso
puestos lleva a Habermas al estudio en profundidad del lenguaje como prácti­ de establecer un acuerdo, de tal modo que éste trascienda las meras creencias

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compartidas. En el diálogo genuino se presupone que la verdad es más que un razón práctica como capacidad subjetiva del individuo para determinar qué
acuerdo intersubjetivo y, sin embargo, aunque el conocimiento no está cons­ satisface sus intereses. Esta comunicación social está imbuida de lo que Ha-
tituido por el acuerdo, lograrlo requiere alcanzar un acuerdo. bermas llama «el telos lingüístico del entendimiento mutuo» que «forma un
La situación ideal de habla se puede entender más fácilmente si pensamos conjunto de condiciones que capacitan y limitan» (1996a, p. 4).
en una discusión intelectual aislada acerca de una teoría científica controver­ La racionalidad instrumental, que hemos visto que es característica del tra­
tida, en la que se apela siempre a la evidencia y la razón y nunca a los intere­ bajo, implica una acción que apunta a los propios objetivos personales del in­
ses personales presentes en las creencias dogmáticas a las que adscriben quie­ dividuo. Habermas, por ejemplo, identifica como una subclase de la acción ins­
nes participan de la discusión. Los mismos principios se aplican a todas las trumental la actividad «estratégica» de influenciar a otra gente para lograr
afirmaciones y contra-afirmaciones sobre si son adecuadas las creencias y objetivos personales, como se hace al establecer una relación de dominación
normas que guían la acción. A este respecto, la epistemología no es moral­ o manipulación con las otras personas. Incluso en el modelo supuestamente
mente neutral. La racionalidad comunicativa es una empresa que presupone individualista de la razón instrumental los individuos tienen creencias acerca
tanto la libertad como la justicia, al menos en la medida en que esta implica del mundo material a la luz de las cuales realizan sus elecciones personales.
igual participación en el diálogo. Existe así un vínculo estrecho y necesario Dada la existencia de la capacidad lingüística, estas creencias pueden estar
entre los aspectos intelectuales y morales del discurso. La justicia viene a co­ sujetas a desafíos que susciten una respuesta. De esto surge la idea de realizar afir­
lación como un requisito de la racionalidad comunicativa en general -ya que maciones «criticables» acerca del mundo, que podrían o no tener «validez» de­
el diálogo presupone la igualdad de los participantes-, y como uno de los ob­ pendiendo de que pudieran defenderse. Esencialmente, se trata de afirmacio­
jetivos a los que se dirige la racionalidad comunicativa, por ejemplo cuando nes de verdad que deben sostenerse ofreciendo razones y que son válidas si
intenta justificar desigualdades sociales y económicas legítimas. De este pueden ser aceptadas por todas la personas racionales. De esto resulta una «ra­
modo, la verdad y la justicia están unidas como presupuestos indispensables cionalidad comunicativa» que trasciende las razones instrumentales y busca
del diálogo. un entendimiento mutuo y perspectivas compartidas sobre bases distintas del
La metodología combinada de deducción trascendental y tipos ideales ofre­ autointeres. De este modo, la racionalidad comunicativa establece las bases
ce una vía para salir tanto de las abstracciones filosóficas como del relativismo para una cooperación social genuina y no meramente estratégica.
de aceptar simplemente la cultura de una comunidad, dando de este modo a Aquí depende mucho de qué significa ser «racional» en el discurso comu­
Habcrmas las bases para realizar enunciados universales de justicia funda­ nicativo. Habcrmas aborda esta cuestión a través del análisis de los presu­
mentados socialmcnte. Dado que los dos procedimientos parece que conlle­ puestos que incorporamos a los debates de los que somos conscientes en
van elementos selectivos, el enfoque de Habcrmas invita al escepticismo. Al nuestras interacciones cotidianas. En la acción comunicativa que por defini­
examinar a continuación los jjresupuestos del discurso que son cruciales en la ción está libre de cualquier intento de persuasión por medios no racionales
metodología de Habermas, debemos prestar atención a qué es exactamente lo o engañosos, los participantes en el diálogo deben asumir ciertos supuestos,
que permite a Habermas afirmar que su teoría de la justicia está fundada en un tales como que las expresiones lingüísticas tienen significados idénticos para
examen de las interacciones sociales y lingüísticas reales, y al mismo tiempo diferentes usuarios, ya que sólo así puede el contenido de un pensamiento ser
dar recomendaciones sobre cómo las sociedades pueden llegar a ser más de­ independiente de la experiencia individual y sin esta condición ninguna co­
mocráticas y por tanto más justas. municación es posible. De manera similar, se debe asumir que el mismo tér­
mino mantiene su mismo significado en sus diferentes expresiones. Además,
debemos asumir que los participantes individuales se responsabilizan de las
Los presupuestos de la acción comunicativa posiciones que mantienen. Si entramos en un diálogo genuino entonces debe­
mos asumir que todos los participantes están igualmente comprometidos a
Siguiendo los pasos de los filósofos del lenguaje sobre el hablar como una lograr un acuerdo, que están comprometidos a aceptar sólo pretcnsiones vá­
forma de acción, pasos que se pueden remontar a la concepción de Wittgcn- lidas y que están dispuestos a aceptar las consecuencias prácticas del acuerdo.
stein según la cual el lenguaje está anclado en formas de vida específicas, Ha­ Esto equivale a decir que el uso básico de los enunciados (esa forma de ex­
bcrmas explora la idea de que hablar es un tipo de acción. Iniciar un diálo­ presión que puede ser verdadera o falsa) requiere un compromiso con su ver­
go es una actuación con un cierto contenido y propósito. Utilizando la teoría dad o falsedad. Estos son compromisos existenciales dentro del diálogo que
de los «actos de habla» de John Scarle, Habermas llega a una visión de la ac­ no pueden ponerse entre paréntesis sólo en atención al argumento. Para utili­
ción comunicativa como una alternativa comunitaria al ideal moderno de la zar un argumento del proprio Habermas, decir «esta pelota es roja» es afir­

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mar que hay una pelota que es roja y no simplemente presentar la idea de una
ser legítimamente afirmado es el resultado del diálogo válido en el que fijamos
pelota roja, y ésta es una aseveración sobre la que debemos actuar y estar dis­
el presupuesto de que el discurso se dirige a la verdad o la corrección. En este
puestos a defenderla con razones en caso de que sea puesta en cuestión.
sentido, la posición de Habermas es un desarrollo de la tesis liberal clásica de
La deducción trascendental implícita en este análisis es la misma para la
John Stuart Mili (1863) según la cual la única certeza que podemos alcanzar es
«corrección», o la justificación de la evaluación, como lo es para la verdad. En
aquella que resulta de someter nuestras creencias a una crítica continua.
el debate sobre derechos y deberes no podemos dejar de hacer afirmaciones
De esto se sigue, para Habermas, que «sólo pueden afirmar su validez
de validez sobre la corrección. Más aún, la búsqueda de la justicia es una cues­
aquellas normas que logren (o puedan lograr) la aprobación de todas las per­
tión cooperativa tanto como lo es la búsqueda de la verdad, ya que «todo acto
sonas afectadas por ellas en su capacidad como participantes de un discurso
de habla implica el surgimiento de afirmaciones criticables de validez que
práctico» (1990, p. 66). El autor acepta que su situación ideal de habla es con-
apuntan al reconocimiento intersubjetivo» (Habermas, 1996a, p. 18). El diá­
trafáctica, en el sentido de que no existe (completamente). En este sentido es
logo normativo asume el compromiso de alcanzar un entendimiento que
más un «ideal regulativo» kantiano que informa el proceso y no algo que se
constituya el acuerdo. Esto es así incluso para la forma menos desarrollada de
realice completamente en la práctica. N o obstante, la situación ideal de habla
la comunicación, ya que toda comunicación debe estar potencialmcntc vali­
puede comprenderse examinando qué significa argumentar sobre la base de la
dada a través de las razones que se dan primero a quienes va dirigida la co­
razón y no de la fuerza o el autointerés. La situación ideal de habla puede ser
municación y luego a una audiencia más amplia que comprenda toda la «comu­
vista como una reconstrucción de lo que podría haber ocurrido, y las situa­
nidad interpretativa». Estos compromisos son necesarios tanto para el discurso
ciones reales deben ser evaluadas considerando si podrían haber sido el resulta­
normativo como para el descriptivo.
do de tal proceso. A este respecto, Habermas nos presenta una forma de «his­
El compromiso de aceptar sólo pretcnsiones válidas se traduce en los pre­
toria conjetural», un método desarrollado en la Ilustración escocesa como un
supuestos compartidos por parte de quienes intervienen en el diálogo de que:
modo de explicación histórica y usado por N ozick como un estilo de justifi­
(1) dicen la verdad, (2) son personalmente sinceros en la búsqueda del acuer­
cación (ver p. 73). Estas posibilidades hipotéticas son, sin embargo, menos
do no forzado y (3) creen en la corrección normativa de sus aseveraciones.
importantes que la afirmación de que no podemos participar de manera cohe­
Todos estos compromisos presuponen que el proceso no es forzado en el sen­
rente y sin contradicciones en la comunicación con otras personas a menos
tido de que está influenciado sólo por la validez de las afirmaciones realizadas
que adoptemos los presupuestos detectados por el autor que funcionan en las
en el proceso de búsqueda del entendimiento mutuo. Se entiende que esto tiene relaciones sociales sin manipulación.
lugar en un contexto en el que los individuos comparten un lenguaje común
Dentro de los límites impuestos por el modo de argumento usado en la ra­
y buscan coordinar sus acciones y con este fin alcanzar entendimientos. En
cionalidad comunicativa, el método de Habermas puede verse como una for­
otras palabras, estamos examinando las condiciones de la integración social a
ma del procedimiento kantiano para evaluar las máximas de conducta viendo
través de un proceso por el cuaTse alcanza una perspectiva común del mundo
si pueden ser adoptadas como aplicables a todas las situaciones y personas si­
y de las normas que estamos comprometidos a seguir.
milares, un ideal de universalización que nos permite hablar de individuos au­
Al mismo tiempo, la comunicación no puede tener lugar a menos que
tónomos que legislan para sí mismos. Para Kant, como en el fondo también
compartamos un «mundo de la vida» común, tal como Habermas llama a los
para Rawls, éste es un procedimiento para la toma de decisiones que puede ser
habituales modelos de conducta de la vida cotidiana. Este mundo de la vida,
llevado a cabo por una solo persona. Para Habermas es un proceso inevitable­
afirma Habermas, contiene ya amplios ámbitos de consenso. Puede ser que
mente interpersonal, una versión socializada y socialmentc situada de estas
no entendamos cómo puede existir una estructura interpersonal estable de
teorías más individualistas. Esto está en la base de su concepción de los prin­
este tipo para los pensamientos, pero podemos deducir estos importantes
cipios universales de justicia (1996a, pp. 66,283), lo cual significa que los princi­
presupuestos a partir del diálogo exitoso que experimentamos en la realidad,
pios básicos de la racionalidad comunicativa requieren que todas aquellas per­
y podemos hacerlos explícitos y alentar su institucionalización.
sonas que pudieran verse afectadas por la adopción de una norma deban tener
Para Habermas, el discurso tiene una lógica, o una estructura interna, a la
una oportunidad igual y no forzada de participar en el discurso por el cual tal
que no todo discurso real se adecúa, pero que se aplica al discurso válido, es
norma es adoptada. La universalizabilidad kantiana, que en su formulación
decir, el discurso que es libre, abierto y racional en el sentido de que los argu­
clásica aparece como la prueba para saber si el individuo puede o no adoptar
mentos no son aceptados como resultado de la manipulación, la coerción o el
coherentemente una máxima de acción como «ley universal», es decir, aplica­
autointerés. Esto se aplica tanto en relación con los hechos como con las nor­
ble a cualquier persona en circunstancias similares incluyendo a dicho indivi­
mas. La verdad es aquello que puede ser legítimamente afirmado y lo que puede
duo en particular, es transformada así en un proceso social democrático en el

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que toda persona que tenga que ver con la decisión debe aceptar las conse­ criptivas surgen de premisas aparentemente fácticas. Esto sucede particular­
cuencias. mente allí donde el análisis inicial toma la forma de creación de tipos ideales
Habcrmas está dentro de la tradición de Hegel y Marx en el intento de weberianos a través del análisis hecho por un participante de la experiencia
identificar una racionalidad en desarrollo en la sociedad humana. El conoci­ social, con el cual se realizan extrapolaciones con el propósito de descubrir la
miento y la justicia no son logros individuales sino que están insertos en un verdad y la justicia.
desarrollo social que puede observarse en la evolución de la opinión pública, En el esquema de Habermas parecen favorecerse injustificadamente algu­
en un sentido bastante especial en el que la «esfera pública» es identificada nas formas de actos de habla (tales como decir la verdad y buscar la justicia
con el diálogo dirigido al acuerdo sobre los bienes públicos y los valores so­ cuando esto se hace de buena fe y con sinceridad) respecto de otras (tales como
ciales, antes que con un proceso de pura negociación entre individuos autoin- la persuasión autointeresada y el engaño), lo cual parecería requerir de la iden­
teresados. En este contexto Habermas habla de «la formación discursiva de la tificación -al estilo del derecho natural- de un «telos» distintivo o de un pro­
voluntad», como el producto de un proceso interactivo de debate no forzado pósito divino para el diálogo, que sería básicamente la consecución de un rec­
en condiciones de igualdad y apertura sobre cuestiones de interés general. to acuerdo. La afirmación de que este telos es inmanente al discurso real podría
Habcrmas afirma que nos implicamos en este diálogo público y que cuan­ depender en última instancia de demostrar que hay otros propósitos que de­
do reflexionamos sobre lo que hacemos cuando intentamos alcanzar un acuerdo penden del logro de la verdad y la corrección en el sentido de que, si la lógica
racional sobre cuestiones de interés público, podemos descubrir el giro implí­ principal del discurso no estuviera orientada hacia el acuerdo sobre la base de
cito hacia una interacción social libre de dominación y fuerza en la cual todas la verdad y lo correcto, los otros usos del lenguaje no podrían realizarse. Po­
las relaciones sociales tienen que ser legitimadas apelando al consenso racional dría ser, por ejemplo, que no pudiéramos lograr decir mentiras a menos que
-que involucra a todas aquellas personas afectadas-, antes que a la amenaza de normalmente digamos la verdad, pero, deberíamos notar que esto no significa
la fuerza o a las pretensiones de una autoridad individual superior. Por su­ que el esfuerzo común y sincero para llegar a la verdad y la justicia por refe­
puesto que el diálogo real está lleno de dominación y distorsiones generadas rencia a las razones públicamente desafiadas sea un método adecuado para ob­
por los intereses de quienes participan en él. Los argumentos reales son en gran tener estos objetivos.
medida un discurso estratégico y por lo tanto enteramente auto-referente, en
el sentido de que cada individuo está preocupado enteramente por sus propios
intereses y trata a los demás como medios pata alcanzar sus propios fines par­ Justicia habermasiana
ticulares. Esto queda excluido de la situación ideal de diálogo pero es un as­
pecto del debate real, a pesar de que resulta aceptable dentro de la ética del dis­ La posición general de Habcrmas sobre la justicia es relativamente clara. La
curso cuando la negociaciónjss llevada con equidad y se dirige hacia un justicia tiene que ver con los aspectos deontológicos del discurso, no con los
resultado justo o legítimo. ideológicos. El autor identifica la justicia con la «moral» (en su uso bastante
El proceso de auto-reflexión crítica surge en un estadio de la sociedad en restrictivo del término) que comprende las normas universales que trascien­
el cual existe un genuino debate público que lleva a un cierto grado de eman­ den aquellas preferencias individuales y grupales que tienen que ver con los
cipación de las deficiencias del discurso real. Esto podría compararse con el valores, cuestiones sobre las cuales solo podemos tener prioridades persona­
modo en que Marx ve la evolución de los sistemas económicos que al final so­ les o grupales. La articulación de los valores incluye el desarrollo de las iden­
cavan la falsa conciencia que explica por qué las clases oprimidas aceptan las tidades y de la autoconsciencia individual y grupal que nos lleva a formular
estructuras ideológicas de las clases dirigentes. La reflexión sobre la experien­ ideales de uno u otro tipo de vida, que los comunitaristas ubican en el centro
cia del diálogo lleva a desenmascarar gradualmente la falsa conciencia episte­ de sus concepciones de la justicia. Para Habermas, «la justicia no es un valor
mológica. En este punto Habermas abriga la esperanza de un acercamiento entre otros» sino «un predicado sobre la validez de los enunciados normati­
progresivo hacia un conocimiento no distorsionado que produzca al menos vos universales que expresan normas morales generales». La justicia es siem­
alguna certeza, un logro social que está intrínsecamente ligado al tclos de la pre, por tanto, un concepto abstracto que tiene que ver con la igualdad en el
autonomía responsable que implica la situación ideal de diálogo. sentido kantiano, ya que una norma válida de justicia «debe sobrevivir a la
Al analizar este argumento con más detalle tenemos que darnos cuenta del prueba de la universalización que examina qué es igualmente bueno para to­
modo en que el método de la deducción trascendental se ve socavado si se in­ dos» (1996a, p. 153). Sin embargo, dado que «las cuestiones de justicia tienen
troducen presupuestos normativos extraños o innecesarios, ya que éstos lue­ que ver con las pretensiones que se ven atacadas en los conflictos interperso­
go hacen el verdadero trabajo en el proceso por el cual las conclusiones pres- nales», esto la convierte en una cuestión de mera justicia distributiva. En efecto

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la justicia está anclada en la igual libertad e «injusticia significa principalmen­ aceptación general de su validez a través de un sentido general de su aceptabi­
te limitación de la libertad y violación de la dignidad humana» (1996a, p. 418). lidad moral. La justicia como ideal normativo resulta por tanto central en la
Sin embargo, Habermas insiste en que una distribución equitativa del bien es producción de modelos estables de vida que generen expectativas legítimas de
un aspecto que se sigue de «la auto-organización de una comunidad de ciu­ orden y límites a la diversidad individual y grupal, que son necesarios incluso
dadanos y ciudadanas libres e iguales», ya que «la justa distribución de los be­ en una sociedad multicultural. La estabilidad fáctica está basada en una mez­
neficios sociales es simplemente lo que resulta del carácter universalista de cla de coerción y consenso que se combinan para producir las condiciones que
una ley que entiende garantizar la libertad e integridad de cada una de las per­ llevan a unas creencias morales comunes y válidas, y a su implemcntación prag­
sonas» (ibíd). mática a través de las leyes adecuadas a la situación particular de cada sociedad.
N o hay nada particularmente original en la idea de que «una norma es jus­ La justicia forma parte de la autocomprensión normativa del derecho; es «el
ta solo si todos pueden desear que sea obedecida por cada uno en situaciones contenido moral de los sistemas jurídicos modernos» (1996a, p. 43).
semejantes» y que «el hecho de aceptar o no un programa... depende de si la Argumentando en la línea weberiana, Habermas entiende que el derecho
práctica correspondiente es igualmente buena para todas las personas» conlleva una coerción legítima. La justicia se presenta como un elemento de
(1996a, p. 161). Sin embargo, estos puntos no son más que un trasfondo para esa legitimidad que se relaciona con los imperativos dcontológicos centrados
la contribución particular de Habermas a la teoría de la justicia, que se rela­ en los derechos de las ciudadanas y ciudadanos afectados por las sanciones
ciona con su llamativa mezcla de teoría social y normativa. Los intentos de coercitivas. En la medida en que concretamos los principios abstractos de jus­
llegar a principios concretos de justicia derivados de principios abstractos, ticia en relación con el derecho real, los principios universales de justicia pa­
sean kantianos o de otro tipo, son vistos como inadecuados por tratarse de te­ san a estar ligados a las normas en las que se basa la solidaridad social.
orías de la justicia puramente filosóficas y no estar basadas en teorías sobre Aquí surge un vínculo estrecho entre justicia y cohesión social. La visión
los procesos sociales reales. Así, aunque Habermas ve mucho que elogiar y to­ de Habermas sobre la integración social es que ésta depende del consenso so­
mar de la teoría de Rawls, un enfoque tal sólo es aceptable como parte de una bre las normas que gobiernan las interacciones estratégicas. La fuerza por sí
empresa que equilibre la normatividad de los enfoques filosóficos de la justi­ sola nunca es suficiente, debe haber acuerdo sobre qué fuerza puede ser usa­
cia con la teoría sociológica realista que hace hincapié en lo que el autor llama da e imponerse. Estos acuerdos básicos están representados por un sistema de
la «facticidad» de los procesos sociales. Esto lo encuentra Habermas en las derechos que permita que la coerción pueda ser usada para proteger las bases
clásicas teorías modernas de la sociedad de Emilc Durkheim, Max Weber y de la integración social. Este sistema no es en sí mismo el resultado de una ne­
Talcott Parsons, que nos permiten ver las sociedades como estructuras que gociación estratégica, sino que surge de una preocupación directa por las re­
deben ser entendidas tanto desde el punto de vista del científico que es un ob­ laciones sociales propicias.
servador externo como a través de la autocomprcnsión de sus miembros. El resultado es que la justicia se alcanza y desarrolla no a través de las espe­
Más específicamente, Habérftias ve la justicia relacionada con el derecho culaciones de los filósofos u otros críticos externos, sino como consecuencia
como un subsistema de la sociedad que tiene particularmente que ver con la de un diálogo cuyas condiciones incluyen el presupuesto de que existe algo que
función de la interacción social. En la sociedad moderna el derecho es un me­ es la justicia universal. La justicia es un presupuesto de la acción comunicativa
canismo social necesario para proporcionar expectativas estables que son la ideal, un proceso que apunta a un resultado que puede ser adoptado como le­
base de la cooperación social, una función que anteriormente cumplía la reli­ gítimo por todas las personas. Es por tanto un proceso mediado por la reali­
gión. Esto resulta especialmente acertado respecto de la sociedad postcapita­ dad social y que está fundado en la conciencia política de un espacio público
lista que está marcada por una pluralidad irreducible de valores, estilos de de ciudadanos y ciudadanas, que combina las perspectivas de todas las perso­
vida y opiniones, y por la ausencia de los recursos tradicionales de cohesión, nas implicadas. A este respecto Habermas recuerda a aquellos teóricos del si­
un hecho que hace que el consenso sea más difícil de lograr y que en este as­ glo XVlll, como Adam Smith, que veían un proceso interactivo de comprensi­
pecto necesite más del derecho.
va imaginación como parte esencial de un proceso que resulta en el acuerdo de
El derecho satisface su crucial papel de cohesión proporcionando un marco sentimientos y opiniones, a través de lo que ahora podríamos llamar empatia
obligatorio dentro del cual las personas pueden perseguir sus diversos objeti­
así como a través del autointerés de todos.
vos. La conformidad con este marco se logra en parte a través de la fuerza, ya Todo esto no se puede alcanzar en abstracto y requiere de un sistema real
que la diversidad es tal que se hace necesario usar en alguna medida la coerción de derecho. Esto se debe a que el derecho debe ser un conjunto de normas
para alcanzar la conformidad. Sin embargo, lograr la solidaridad social no es que cumplan con el modelo jurídico positivista de hechos sociales que deben
una función que pueda ser realizada adecuadamente a menos que haya una ser conocidos, obedecidos y aplicados, y que deben satisfacer los necesarios

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235
criterios de legitimidad, con vistas a funcionar como base para las legítimas seguir viviendo dentro de la sociedad civil, Habermas encuentra que el pa­
expectativas de las que depende la vida social. Por tanto, el imperio de la ley radigma procedimental no sólo hace compatibles, sino también mutuamente
está necesariamente conectado con el diálogo democrático y la justicia forma necesarios y fortalecedores, los ideales parciales de la autonomía privada y la
parte de las condiciones de validez de la democracia. seguridad del bienestar. El único modo en que los ciudadanos pueden con­
En Factiádady validez, Habermas articula esta concepción de la justicia a servar su autonomía privada, con los beneficios materiales que son necesarios
través de los ideales sociales que según él apuntalan el proceso a través del cual para hacer un uso real de lo que de otro modo sería una libertad puramente
se expresan, interpretan y aplican los derechos básicos. Estos ideales son cons­ legal, es transformándose en los creadores de las leyes con las cuales opera su
trucciones sociales que proporcionan los paradigmas que afectan a las deci­ sociedad. Esto significa que entre la autonomía privada (autodeterminación
siones judiciales fundamentales. Al desarrollar esta concepción Habermas económica individual) y la autonomía pública (autodeterminación política de
adopta un enfoque histórico, que contrasta el ideal liberal del siglo XIX de una grupo) existe una relación de mutua dependencia, que deben ir juntas en el
autonomía privada protegida por un marco jurídico neutral que comprende la sentido de que cada una es condición para la realización de la otra. El discur­
igualdad formal y los derechos privados, con el ideal del siglo XX de un Estado so abierto de la arena pública no existiría sin el trasfondo de las experiencias
de bienestar social en el cual el Estado usa el derecho como un instrumento para de la autonomía privada dentro de la sociedad civil, a la vez que la justicia y la
promocionar el bienestar general. Esta concepción de la justicia basada en el libertad en las relaciones privadas sólo pueden asegurarse a través de un pro­
bienestar social triunfó sobre el paradigma individualista del mercado como ceso discursivo que surja de una auténtica esfera pública en la cual las condi­
una forma de proporcionar más igualdad sustantiva de oportunidades y, por ciones de la racionalidad comunicativa estén aseguradas:
tanto, más libertad real, para debilitar la autonomía privada del anterior para­
digma liberal al hacer del Estado paternalista la única fuente de los requisitos D espués de que la garantía form al de la autonom ía privada ha dem ostrado ser in­
materiales de la competencia equitativa, provocando así una búsqueda reno­ suficiente, y después de que la intervención social a través del derecho am enaza la
vada de nuevos paradigmas del derecho y la justicia. propia autonom ía privada que quiere restablecer, la única solución consiste en te-
Habermas cree que puede percibir este nuevo ideal en el paradigma pro- m atizar la conexión entre las form as de com unicación que garantizan sim ultánea­
cedimcntal del derecho de acuerdo con el cual mente la autonom ía privada y pública en las m ism as condiciones en las que surgen
(H aberm as, 1996b, p. 777).

los espacios disponibles del hom bre económ ico o cliente del bienestar están ocu­
Resulta así claro que la concepción habermasiana de la justicia implica un
pados por un espacio público de ciudadanos que participan en la com unicación
grado de igualdad social y económica real, pero es fundamental que esta
política para articular sus deseos y necesidades, para poner voz a sus intereses vul­
nerados y, sobre todo, para clarificar y fijar los controvertidos criterios de acuer­
igualdad sustantiva se logre a través de la promulgación de normas de de­
do con los cuales los iguales sffn tratados con igualdad y los desiguales desigual­ recho positivo siguiendo un procedimiento equitativo y abierto. Además, la
mente (H aberm as, 1996b, p. 777). precisa articulación de lo que implica esta igualdad real es una cuestión ge-
nuinamente abierta y debatible, que no puede conocerse con anterioridad
al resultado de un diálogo democrático real que viene ya marcado por al­
Habermas ve este modelo eomo un compromiso entre aquellos modelos re­
gún grado suficiente de igualdad real para que sea libre c igual: «Sólo las
publicanos que tienen una idea pura de del diálogo democrático que se centra
propias personas afectadas pueden aclarar los “ aspectos relevantes” -lo s cri­
enteramente en el bien común antes que en establecer qué es lo que satisface
terios- que definen la igualdad y la desigualdad para una determinada cues­
las preferencias articuladas de los individuos y los grupos, y el modelo de la de­
tión*, ya que
mocracia de mercado que actúa solo como un conjunto de preferencias y
demandas personales.
ninguna regulación, no im porta cuán sensible pueda ser al contexto, puede con­
De hecho este nuevo paradigma, en el que la autonomía pública y privada cretar adecuadam ente el igual derecho a una vida privada autónom a, a menos que
se sostienen mutuamente, es mucho más que tan sólo otra etapa histórica. Tal simultáneamente refuerce la efectividad del igual derecho a ejercer la autonom ía
paradigma representa un progreso real hacia un ideal de autonomía que tras­ política, es decir, el derecho a participar en la form a de com unicación política que
ciende cualquier período particular de la sociedad. En una visión que se ase­ proporciona el único ám bito en el cual las ciudadanas y ciudadanos pueden clari­
meja a la de Rousseau, cuando este autor intentaba explicar cómo los indivi­ ficar los asp ectos relevantes que definen una posición igual (H ab erm as, 1996a,
duos pueden deshacerse de las cadenas que los atan a sus habituales relaciones p. 784)
sociales opresivas y recuperar la esencia de su primitiva libertad al tiempo que

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la base de la igual participación, por un lado, y el valor objetivo del resultado
Por la gran abstracción y la amplitud de fines de esta posición, ella propicia
más allá de su utilidad para generar acuerdos voluntarios, por otro. Si nos
una notable incorporación de la justicia sustantiva dentro de las precondicio­
concentramos en el tercer punto, podríamos aceptar que las condiciones que
nes de la democracia procedimental, que parece ofrecer alguna esperanza de
Habermas impone al discurso eliminan los aspectos que podrían arrojar algu­
reconciliar divergencias fundamentales entre el individualismo liberal, el con­
na dudo sobre la aceptabilidad de los resultados de muchas deliberaciones
senso comunitarista, el igualitarismo de tradición socialista y una visión de la
reales. Las amenazas, manipulaciones y apelaciones emotivas no cabe duda de
política democrática que se alza por encima de la dominación de las mayorías
que reducirían la confianza en la importancia moral del consentimiento o el
oprimidas y del estrecho autointeres de la política al estilo de mercado.
acuerdo. Sin embargo, las condiciones de Habermas no garantizan que los
factores que siguen funcionando en los procesos deliberativos sean capaces de
generar una perspectiva hacia las verdades morales. El acuerdo podría alcan­
Comentarios críticos zarse en un nivel muy alto de abstracción sobre la igualdad y la dignidad hu­
manas, pero esto no aplaza la cuestión relativa al modo de generar acuerdos
La crítica fácil a la concepción de la justicia de Habermas consiste en decir que
acerca de qué significan estos conceptos abstractos en términos de normas y
es partidario de los conocidos criterios del consentimiento, la imparcialidad
prácticas específicas. En este nivel más concreto no tenemos ninguna razón
y la información, el requisito de la franqueza y el compromiso de alcanzar un
concluyente para creer que la unanimidad razonada surgirá entre las personas
acuerdo basado en buenas razones, y que esto no va lo suficientemente lejos
bien informadas que juntas busquen sinceramente la respuesta correcta.
como para darnos confianza en que el resultado de la deliberación, aunque esté
Siguiendo la tradición liberal, Habermas intenta reducir el problema del
anclada en el contexto de un grupo históricamente particular en un momento
continuo desacuerdo excluyendo las evaluaciones de las preferencias rivales
particular del desarrollo histórico, nos llevará más cerca del conocimiento de
y confinando la justicia a una cuestión de normas deontológicas abstractas
lo que es correcto y justo. A este respecto, su teoría moral es tan formal como
que expresan los principios de igual libertad y dignidad. Com o hemos visto,
vacía (ver Pcttit, 1982).
en el fondo ésta es una distinción insostenible. Una vez que hacemos a un
N o es suficiente con decir, en respuesta a esta crítica, que el acuerdo no
lado los desacuerdos empíricos sobre las posibles consecuencias de diferentes
forzado es valioso en sí mismo, de manera que deben hacerse todos los es­
tipos de conducta, los valores que usamos para evaluar esas consecuencias
fuerzos para alcanzar el consenso social voluntario e informado, cualquiera
presentan imperativos morales tan poderosos c insistentes como cualquier
sea el contenido de lo que se acuerde. A igualdad de condiciones, el valor del
enunciado abstracto de derechos. En efecto, no es posible apreciar, por ejem­
consenso no se cuestiona en ninguna de las principales concepciones sobre
plo, la fuerza deontológica del derecho a la vida sin una evaluación sobre qué
los valores políticos sustantivos. Además, dado que el compromiso de diálo­
es valioso en la vida humana, del mismo modo que no podemos entender la
go no forzado es un presupuesto de la teoría, no se lo puede aclamar como un
importancia de la libertad de expresión sin tomar consciencia de su papel en
producto de la teoría, no importa cuán deseable pueda ser el consenso razo­
la promoción del autodesarrollo humano.
nado. Habermas tiene que proporcionar argumentos adicionales e indepen­
Habermas acepta que cualquier principio de justicia debe abordar la cues­
dientes sobre el valor epistcmico del resultado de la racionalidad comunica­
tión relativa a qué constituye la igualdad y qué es permisible en términos de
tiva en la toma de dccisiortes democrática. De hecho, por supuesto, él no
las diferencias relevantes cuando intentamos aplicar la máxima de tratar igual
presenta la democracia como un medio para alcanzar el consenso político por
a los iguales. En estas cuestiones, nuestras evaluaciones sobre las formas de
sí mismo sino como legitimador de ciertas reivindicaciones sobre qué consti­
vida y los objetivos de vida preferidos en última instancia son inseparables de
tuye un orden social justo. El acuerdo razonado es una prueba de corrección, no
los juicios sobre las diferencias relevantes y los compromisos con las normas
simplemente un fin en sí mismo sino algo que produce un adecuado equili­
no negociables, del tipo que asociamos con la moral deontológica. Estas du­
brio entre la autonomía privada y la autodeterminación pública que da con­
das filosóficas hacen difícil que compartamos la confianza de Habermas en
tenido a los ideales de verdad y justicia en las sociedades pluralistas.
que los desacuerdos persistentes sobre la justicia son el resultado de imper­
Ésta es la esencia filosófica de la teoría de Habermas y su argumento está
fecciones en el discurso presente en las sociedades reales, más que una mani­
abierto a serias críticas que se presentan de distintas maneras. Hay, por ejem­
festación del desacuerdo moral que no se presta al razonamiento consensua­
plo, dificultades alrededor (1) de la efectividad de la democracia deliberativa
do en áreas en las que no se pueden asumir argumentos fáciles.
para generar acuerdos, (2) de la naturaleza de la supuesta interdependencia de
Se podría objetar que éste es un modo más bien anticuado de presentar la
la autonomía privada y pública y (3) de la brecha entre un compromiso para
cuestión, en el sentido de que en una cultura postmoderna no hay lugar para
el debate razonado entre todas las personas afectadas por una decisión sobre

239
238
hablar de lo que es objetivamente correcto o incorrecto en términos de justi­ mérito y afirmar el igual valor humano. Así, incluso si aceptamos su teoría
cia o de cualquier otro ideal moral-político, o incluso en términos de lo que tenemos que recurrir a alguna concepción de la justicia sustantiva, si es que va­
es descriptivamente verdadero o falso en el mundo. En el fondo, Habermas mos a involucrarnos en el diálogo.
habla de criticar las pretensiones de validez, no de alcanzar un conocimiento Dejando de lado estas cuestiones sustantivas, sigue presente la cuestión
objetivo de la verdad y la justicia. Sin embargo, debe comprometerse con una sobre qué deberíamos hacer en los Estados reales en los que no se cumplan
concepción de la objetividad que sea al menos tan poderosa como la presu­ los requisitos de libertad, recursos y capacidad lingüística. Éste es el conoci­
puesta en el diálogo genuino. Entonces ¿qué se comprometen a lograr los do problema acerca de cómo legitimar las democracias en las que existe un
participantes en el diálogo? ¿Están buscando realmente el conocimiento de la conocimiento insuficiente, así como oportunidades económicas también in­
verdad y la justicia o están mucho más interesados en lograr un espacio fun­ suficientes para la participación política y falta de capacidades educativas para
cional junto a aquellas personas con las que necesitan llegar a un acuerdo, tan­ tener alguna esperanza en que el resultado de las elecciones represente una
to por cuestiones de instrumentalidad técnica compartida como en lo que res­ elección verdadera y autentica de los votantes. Dado que hay un momento
pecta a las normas para la gestión de las relaciones sociales no económicas? en el cual la situación ideal de habla ya no se aplica, de modo que el resultado
Desde el punto de vista interno, heménéutico o interpretativo, ¿buscan los del discurso no ideal no sirve como prueba de la validez normativa ¿cómo va­
participantes en el diálogo determinar qué es justo en algún sentido que vaya mos a identificar esc momento y qué vamos a hacer una vez hayamos constata­
más allá de ser capaz de ofrecer razones sobre aquello en lo que creen y que do que no existe la situación ideal de habla?
sirviera para convencer a alguien imparcial? Ésta es una cuestión sobre la que
se podrían ofrecer y defender diferentes interpretaciones hermenéuticas. La
respuesta más útil para entender a Habermas es decir que quienes participan Las consecuencias constitucionales
en la discusión comparten la creencia en la justicia objetiva como ideal regu­
lativo, es decir, como un ideal que guía el modo en que se aproximan a la cues­ Habermas no puede evaluar el alcance de los fallos de la ética del discurso real
tión del desacuerdo sobre la justicia, pero que no pueden hacer, y no hacen, observando simplemente los resultados de la deliberación en cuestión, ya que
ninguna consideración sobre su conocimiento superior respecto de qué con­ no podemos conocer de antemano cuales serian dichos fallos. En la práctica, el
tiene dicho ideal. Esto significa que es legítimo plantear la cuestión de si lo autor se apoya en el análisis social sustancial -que lleva a cabo a través de los
que Habermas ha explicado realmente es que la racionalidad comunicativa conceptos más relevantes de la teoría social europea- para afirmar que algo
puede dar lugar a algo que presupone que es posible. Además, es difícil ver que razonablemente aproximado a la situación ideal de habla es lo que se con­
pueda descartar la posibilidad de que la democracia deliberativa pueda llegar a sigue en muchos países del mundo contemporáneo. Sin embargo, este resul­
reconocer la autoridad moral^dc cuestiones que están más allá de su propio tado es claramente desigual c incompleto, e incluso cuando se obtiene no se
funcionamiento. En efecto, como veremos, Habermas parece seguir precisa­ puede decir que se haya producido un acuerdo sobre las normas fundamenta­
mente este camino con respecto al control judicial de constitucionalidad. les de justicia.
Todo esto aún deja abierta la cuestión respecto de cuál es el objeto del de­ Llegados a este punto es interesante notar la posición que el autor asume
bate en términos sustantivos. Un ideal de justicia debe ser algo más que un sobre la justicia constitucional, es decir, sobre aquellas cuestiones relativas a lo
compromiso con todo aquello que es necesario para la libertad, la igualdad correcto y lo incorrecto que son sacadas del normal proceso democrático de
y el discurso razonable, ya que este discurso se entabla con un propósito que los partidos, las elecciones y las decisiones legislativas en una discusión públi­
consiste fundamentalmente en alcanzar un acuerdo sobre qué es justo. Para ca abierta, y llevadas a los tribunales, particularmente los tribunales constitu­
alcanzar tal acuerdo sustantivo los participantes deben estar de acuerdo sobre cionales, para que articulen un análisis y decidan sobre ellas. Se podría enten­
algo más que la cuestión procedimental relativa a qué constituye una situa­ der que la justicia constitucional representa los resultados de la racionalidad
ción de habla políticamente ideal. Sobre este punto Habermas puede ofrecer comunicativa en las sociedades modernas. Sin embargo, si existe un cuerpo
una forma socializada del principio kantiano de universalizabilidad, pero, identificable de derechos básicos y si éstos son realmente el resultado del proce­
como teoría de la justicia, esto resulta muy incompleto si no puede identificar so deliberativo en el que pueden participar todas las personas afectadas, enton­
el tipo de factores que son fundamentales para la cuestión de si es justo o in­ ces parecería que no hay necesidad de sacar estas cuestiones fuera del alcance
justo universalizar una cierta máxima de acción. Su enfoque procedimental de la política electoral, ya que difícilmente podrían correr algún peligro. En
no ofrece una guía sobre la importancia relativa de la tensión siempre presen­ efecto, si el acuerdo legítimo es el resultado de la racionalidad comunicativa
te entre promover la felicidad, minimizar el dolor, responder al mérito y al de­ que involucra a todas las personas afectadas, su validez parecería depender de

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la continuidad del consenso democrático. Frente a esto, un aspecto apasio­
las demandas que surgen de la autonomía privada, como demandas legítimas y
nante de la democracia discursiva es que en teoría puede prescindir de los con­
de hecho esenciales para dicho proceso -aunque sea en un contexto en el que
troles externos que son necesarios para contener a las mayorías tiránicas y a
se persigue una negociación equitativa-, y al imponer criterios sobre la calidad
los dictadores elegidos popularmente. Dados los requisitos del debate públi­
del debate público que se ubican a una altura irrealizable, el autor muestra que
co y de la formación de la voluntad democrática, no debería haber necesidad
tiene algunas dudas sobre si aceptar sin más el resultado de la política demo­
de los pesos y contrapesos de las tradicionales constituciones liberales, ni del
crática real. Además, sus inclinaciones comunitaristas hacia el respeto de los
poder de los tribunales para revisar la legislación a la luz de una lista de dere­
resultados de los procesos históricos lo llevan a conceder un estatus especial a
chos constitucionales que son consagrados para evitar que mayorías desin­
los principios generales de los sistemas legales muy arraigados.
formadas -y tal vez malintencionadas- puedan perpetrar injusticias para con
A fin de cuentas, Habermas acepta de hecho la necesidad de conferir un
los individuos y los grupos minoritarios. Por otra parte, si estamos en una si­
poder considerable a los tribunales constitucionales en relación con lo que
tuación de habla que no llega a ser ideal, entonces es difícil ver cómo podemos
llama un «control judicial de constitucionalidad abstracto». Esto no lo hace
estar en posición de identificar los derechos fundamentales que requieren la
principalmente por las razones que podría parece que se ajustan mejor a su
protección judicial contra los déficits democráticos de la política electoral
enfoque general, concretamente que los tribunales pueden mantener las
existente.
condiciones de los buenos procedimientos democráticos. Habermas presta
Enfrentado con los déficits la situación de habla ideal, Habermas podría
cuidadosa atención a lo que John Hart Ely llama la visión que «refuerza la re­
asumir una de al menos dos vertientes constitucionales. Podría conservar los
presentación», presente en la Constitución de los Estados Unidos, que reserva
derechos constitucionales como controles de las posibles equivocaciones de­
el control judicial de constitucionalidad a la protección de cuestiones tales como
mocráticas temporarias que arrojasen opresión c injusticia. O puede tomar la
la libertad de expresión y la igualdad de voto político, cuestiones que tienen
vertiente del control judicial de constitucionalidad que se aplica sólo a aque­
una relación directa con la legitimidad democrática del proceso político (Ely,
llos derechos que forman parte de las precondiciones del proceso democráti­
1980). La crítica habitual a la teoría de Ely es que no abarca muchos de los de­
co, sobre la base de que si se fomenta la situación ideal de habla entonces los
rechos que están en la Constitución, muchos de los cuales tienen sólo una re­
errores de justicia que surjan de la legislación democrática se autocorregirán
lación tangencial con la toma de decisiones democráticas. Esta crítica se apli­
a través del sistema democrático. En la práctica, esta segunda vertiente podría
ca con menos fuerza a Habermas ya que dentro de lo que son los requisitos
no ser muy diferente de la primera si las precondiciones de la democracia dis­
para el adecuado funcionamiento de la democracia él incorpora algo más que
cursiva conllevan la igualdad económica y social sustantiva, pero ambas en­
los presupuestos liberales americanos, ya que incluye el derecho real -y no
frentan el problema del desacuerdo acerca de los requisitos esenciales de la
meramente formal- de participar en el diálogo democrático en igualdad de
democracia proccdimental.
condiciones, lo cual tiene importantes consecuencias económicas y sociales.
El dilema que enfrenta aqürHabermas es profundo. Él está comprometi­
Una visión tan amplia de los presupuestos democráticos podría llevar al re­
do con el hecho de validar las normas sociales a través del acuerdo de todas las
sultado de abarcar una amplia gama de cuestiones sobre educación y econo­
personas involucradas, y confiere al derecho un papel central en la sociedad
mía que estén fuera del poder de los órganos legislativos, concediendo tal po­
moderna como el mecanismo a través del cual una sociedad pluralista alcanza
der a los tribunales que tendrían el deber de transformar el Estado en una
un marco que le permite lograr un consenso funcional que afirma como jus­
comunidad diálogica libre e igual. Esto iría ciertamente en contra de la posi­
to. Su sistema necesita de la «práctica legalmentc institucionalizada de la au-
ción de la democracia participativa que debe buscar ella misma la articulación
toderminación cívica» (1996a, p. 169). Más aún, Habermas reconoce que la
y plasmación de lo que precisamente cree que implica un orden social justo.
anulación de los contenidos de la legislación es en sí misma una forma de pro­
Habermas es consciente de que no hay un modo teórico o basado en princi­
ceso legislativo (1996a, p. 262). Por lo tanto, es muy prudente a la hora de dar pios para limitar los poderes del control judicial de constitucionalidad en la
la bienvenida al control judicial de constitucionalidad de la legislación demo­ visión que quiere «reforzar la representación», y se aleja de la posibilidad de
cráticamente aprobada, y contempla la alternativa de legislaturas que sometan conferir un apoyo pleno a esta táctica, a pesar del hecho de que encajaría per­
a análisis sus propias decisiones a la luz de la justicia abstracta, notando que
fectamente con su concepción de la democracia proccdimental.
«este método de internalizar la auto-reflexión sobre las propias decisiones Si Habermas diera el paso radical de hacer de la articulación de las condi­
tendría la ventaja de inducir a los legisladores a tener en mente el contenido
ciones de lo justo una función puramente democrática en vez de judicial, de
normativo de los principios constitucionales desde el inicio mismo de sus de­ este modo podría entonces no socavar su modelo de una versión politizada
liberaciones» (1996a, p. 241). Y sin embargo, al admitir en el proceso político de la situación ideal de habla, ya que las asambleas democráticas tendrían se-

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guramentc el deber de alcanzar un consenso sobre la articulación específi­ bla, sea posible contemplar una democracia dialógica participativa en la que
ca de qué ha de contar como libertad c igualdad en la toma de decisiones se pueda confiar para que mantenga sus propios requisitos.
políticas. La democracia deliberativa y participativa requeriría una extensión
del núcleo de la justicia más allá del procedimiento y más allá de las forma­
lidades del principio de universaiizabilidad, para adoptar un compromiso El círculo completo
más directo y concreto con principios menos abstractos de justicia. Llegados a
ese punto, se necesitaría un debate sustantivo, en el nivel de los principios En Habermas encontramos una teoría de la justicia que es formal en el senti­
más detallados que Rawls y otros autores han intentado articular, y un com­ do de que se dirige principalmente a la pregunta ¿qué es la justicia? más que a
promiso con los temas más tradicionales de la relación entre justicia, mérito la pregunta ¿qué es justo? La contribución más importante de Habermas con­
y responsabilidad, por una parte, y por otra, las demandas igualmente po­ siste en presentar su respuesta formal en términos de lo que podría llamarse
derosas de humanidad, reducción del sufrimiento, promoción de la felicidad una epistemología social, un modo en el cual las comunidades políticas pue­
y distribución equitativa de los medios,para tal fin, temas con los cuales co­ den llegar a un acuerdo justificado respecto de qué es justo. Incluso así, como
menzamos este libro. teoría de la justicia esto resulta decepcionantemente vacío, y con razón quie­
En su obra, Habermas se refugia en la posición de que los tribunales son nes están motivados por la lucha contra la opresión encuentran el enfoque de
capaces de tener una visión superior y una influencia legítima en la identifica­ Habermas demasiado racionalista y carente de contenido (Young, 1997, p. 7).
ción y aplicación de derechos deontológicos básicos plasmados en términos Aunque el afán por evitar una petición de principio respecto de cuál será el re­
muy generales, de modo que, en su visión, esto ayuda a mantener el equilibrio sultado del diálogo político (supervisado no obstante por las autoridades ju­
entre la autonomía y el bienestar que considera tan crucial para su tercera vía diciales) es loable desde el punto de vista democrático, resulta bastante tímido
en la política moderna (ver 1996a, capítulo 6). Los tribunales constituciona­ y poco informativo para quienes buscan una guía acerca del contenido del de­
les, concluye, deberían actuar como tutores del proceso democrático, con el bate. Si queremos llevar a cabo un diálogo habermasiano sobre la justicia, ne­
cometido de revisar el delicado equilibrio entre los derechos privados y pú­ cesitaremos recurrir a otras fuentes para obtener indicaciones acerca de qué
blicos, de un modo que aliente su complementaricdad mutuamente reforza­ criterios son relevantes para la determinación de los derechos y deberes que se
da, y contribuya al sistema democrático preservando el compromiso entre las deben adoptar en nuestras sociedades. En este sentido, la teoría procedimcn-
demandas de la autonomía privada liberal y las funciones del Estado de bie­ tal de la justicia, como una teoría vinculada esencialmente con los mecanismos
nestar administrativo. Esto le permite adoptar una versión del derecho cons­ e ideales democráticos, nos hace volver atrás hasta el inicio del círculo para
titucional alemán menos orientada por los valores. proceder a la identificación de aquellos males que identificamos como injus­
Al hacer esta jugada Habermas recurre al aparato dworkiniano de dere­ tos y aquellas aspiraciones para las que el discurso de la justicia parece estar
chos deontológicos fundamentales anclados en la igual consideración y res­ pensado.
peto, apartándose de este modo de su crítica a los filósofos de la justicia que Para este propósito, es preferible la más ambiciosa teoría del primer Rawls
prescinden del mundo real del diálogo político y, de manera similar, degradan en la medida en que nos proporciona tanto una metodología epistemológica
el elemento del Estado de bienestar de su tercera vía. Esta retirada de Haber- como indicaciones sobre cuáles, a grandes rasgos, podrían ser unos principios
mas es tan dramática y, tal vez, tan decepcionante como la reinterpretación de justicia aceptables. Puede ser que el atractivo de las conclusiones sustanti­
que hace Rawls de su anterior teoría de la justicia, ya que implica un retroce­ vas de Rawls, particularmente del principio del maximin, haya durado bas­
so en lo relativo al compromiso con el proceso de toma de decisiones que po­ tante más que su metodología, que pretende más de lo que puede lograr y nos
tencialmente lleva a obtener el acuerdo razonado de todas aquellas personas guía arbitrariamente hacia cierto tipo de resultados liberales. N o obstante, el
afectadas por la decisión. Ambas revisiones pueden ser vistas como manifes­ enfoque del primer Rawls se centra en el tipo de cuestiones sustantivas en las
taciones de la debilidad filosófica de sus posiciones básicas, en el caso de que está anclada nuestra conciencia de la justicia (e incluso más de la injusti­
Rawls a través de una confianza excesiva en el poder epistémico de la impar­ cia). N o es de sorprender, por lo tanto, que algunas de las más destacadas dis­
cialidad, y en el caso de Habermas por una confianza equivocada en la dudo­ cusiones teóricas sobre la justicia sean aquellas que abordan directamente
sa distinción entre moral dcontológica y tcleológica. N o obstante, su teoría cuestiones más sustantivas, tales como las hambrunas masivas, el desempleo,
de la democracia deliberativa y de las normas de justicia constitucional vincu­ el egoísmo medioambiental, el abuso de menores y la opresión política (ver
ladas a ella ofrece la posibilidad de que, en la medida en que un proceso de­ Sen, 1992; Singcr, 1993; Young, 1997; y Nussbaum, 1999).
mocrático se aproxime a la politizada concepción de la situación ideal de ha­

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11

¿La justicia eclipsada?

El principal propósito de este libro no es elogiar unas conclusiones en parti­


cular sobre el concepto y el contenido de la justicia, sino más bien presentar el
panorama de algunas de las opciones disponibles para quienes estén interesa­
dos en las teorías políticas de la justicia. Sin embargo, es de esperar que los lec­
tores intenten tener su propio punto de vista de modo que puedan argumen­
tar mejor y entrar en los procesos de toma de decisiones políticas que tienen
lugar en las democracias contemporáneas. Es sobre esta base que he desarro­
llado la teoría del «igual valor y desigual mérito», como ingrediente clave de
un concepto que ve la justicia como un aspecto moral particular dentro de las
cuestiones políticas. Si queremos identificar las formas específicas del bien
y del mal que mejor ejemplifican la justicia y la injusticia en su significado es­
pecífico, nuestro análisis debería resaltar, creo, que el discurso característico de
la justicia presupone el ideal de igualdad humana básica, loque llamo la «igual­
dad antecedente» del igual valor humano, complementada por el reconocimien­
to práctico de méritos diferenciales por parte de los agentes responsables, de
manera que las desigualdades justificadas estén basadas en méritos desiguales.
Mi interpretación favorable de este concepto de justicia conlleva un igualita­
rismo cualificado de acuerdo con el cual todas las desigualdades en la distribu­
ción de las cargas y beneficios deben estar justificadas. La justicia aporta razones
para el mérito diferencial en la toma de decisiones acerca de cuáles son los me­
jores resultados -en igualdad de condiciones-, junto a otros ideales relevantes
y superpuestos -pero no obstante distintos-, tales como la autonomía, el bie­
nestar general, la humanidad y la comunidad.

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Al resaltar los elementos distintivos de la igualdad y el mérito presentes en mente una norma oficial de conducta democráticamente justificada. Perpetrar
los ejemplos del discurso de la justicia contemporáneo, que utilizan un senti­ conscientemente un daño públicamente reconocido es la esencia de la crimina­
do de «justicia» razonablemente específico y particular, el enfoque del mérito lidad y un requisito del castigo justificado. Si una persona es castigada sin que
aporta coherencia a la variedad de usos distintivos del lenguaje de la justicia, existan pruebas de que ha ocurrido tal conducta, esto constituye un ejemplo pa­
para identificar su contribución peculiar a la gama de valores sociales y políti­ radigmático de injusticia legal. Cuanto menos es un acto injusto y carente de
cos; al hacerlo resulta iluminador y clarificador. Este enfoque es particular­ equidad. Estos principios básicos son un reconocimiento evidente del papel cla­
mente útil para identificar un aspecto importante de aquello que es incorrecto ve de la responsabilidad y el mérito en el discurso de la justicia
acerca de ciertas situaciones opresivas y no equitativas, y para explicar por qué Una explicación de este tipo será acusada de ser demasiado parcial para va­
la vida social y política debería disponer la eliminación o merma de dichas si­ ler como análisis moralmente neutral del paradigma de la justicia. Las teorías
tuaciones. rctribucionistas de la justicia penal que consideran que la existencia del casti­
Hemos visto que esto no convierte a la justicia en la aspiración normativa go en relación con el mérito constituye la razón de ser y finalidad primordial
inevitablemente dominante en nosotros,ni políticamente ni individualmente. del sistema, son vistas generalmente como teorías extremas c indefendibles.
Una teoría de la justicia debería, entreoirás cosas, poner a la justicia en su si­ La existencia del castigo meramente por la razón de dar a las personas su jus­
tio, y un modo de hacerlo consiste en señalar que la utilidad, por ejemplo, no to merecido no sólo parece una barbaridad, sino también algo imposible, visto
siempre tiene que ceder el paso normativo a la justicia y, más particularmen­ lo difícil que es saber en qué medida una persona es responsable de su con­
te, que la humanidad, o el compromiso de aliviar el sufrimiento, merecido o ducta en el sentido de ser realmente capaz de controlar sus acciones. El dere­
inmerecido, es una demanda de tanta prioridad política como lo es lograr una cho penal, se afirma, solo debería existir para prevenir daños y promover be­
distribución de cargas y beneficios que responda adecuadamente al igual va­ neficios, y nunca debería ser usado como una forma de saldar cuentas morales
lor y desigual mérito de las personas en cuestión. en las que la maldad es compensada con cuotas adecuadas de dolor.
A modo de resumen y conclusión, este capítulo ilustra este enfoque del Sin embargo, una vez que está claro que el análisis de la justicia basado en
mérito en relación con el derecho, la economía y la democracia, y especula so­ el mérito no reclama el monopolio de la relevancia moral, el debate en su con­
bre el futuro de la justicia como concepto político clave a la luz de la creciente junto adquiere una forma más equilibrada. A la reducción del daño, por ejem­
importancia global del discurso y las instituciones de los derechos humanos. plo, se le puede conferir un papel importante a la hora de determinar cuál es el
contenido adecuado del derecho pena) sustantivo, ya que la teoría señalada con
anterioridad requiere solamente que las prohibiciones y requisitos del derecho
La justicia en el derecho penal estén justificadas, no que estas justificaciones se realicen en términos de
justicia. La relevancia de la justicia para el derecho penal no procede de las
En ningún otro ámbito es tan pertinente el análisis de la justicia en base al mé­ razones en contra del utilitarismo en derecho penal, sino del requisito de
rito como en relación con el derecho penal. El hecho de que una institución que sólo son permisibles aquellos medios para aplicar el derecho penal que
del estado inflija intencionalmente dolor, sufrimiento o privaciones es algo sean compatibles con tratar a los seres humanos como seres de igual valor y de­
difícil de defender -a la luzvde la evidente falta de humanidad de un sistema sigual mérito. La justicia pasa a requerir que los castigos asociados con el
tal- sin hacer alguna referencia a las infracciones cometidas por quienes han derecho penal sean aplicados sólo cuando las personas tengan la oportuni­
sido castigados. Los castigos justificados requieren que las personas sean cas­ dad de conocer con anterioridad lo que exige el derecho-así como la capacidad
tigadas sólo por aquello que deciden hacer en un contexto en el que se tiene para actuar conforme con tal derecho-, y hayan cometido efectivamente las in­
conocimiento claro de los castigos que tal conducta recibirá. De ahí la impor­ fracciones en cuestión. De otro modo el castigo es inmerecido.
tancia de contar con normas claras, explícitas y promulgadas, que se apliquen Además, la justicia requiere que ningún castigo sea desproporcionado con
en todos los casos relevantes, lo cual hemos identificado como un ingredien­ respecto al daño causado por la infracción, algo que, como se analiza en el ca­
te clave de la justicia formal. pítulo 6, los enfoques utilitaristas del delito pasan por alto cuando, por ejem­
La justicia requiere también que exista una investigación imparcial y riguro­ plo, permiten que se impongan penas altas para aquellas infracciones meno­
sa sobre si la persona acusada cometió o no realmente los actos en cuestión, así res que son difíciles de detectar y que, por lo tanto, no es fácil desalentar sin
como que las prohibiciones o requisitos del derecho penal estén justificados, en penas severas. Dicha proporcionalidad no tiene sentido sin hacer referencia
el sentido de que haya buenas razones para su existencia. En otras palabras, se a ideas subyacentes sobre la gravedad moral y, por tanto, sobre el grado de
debe demostrar que la persona que será castigada ha quebrantado voluntaria­ demérito que los actos delictivos en cuestión normalmente exhiben.

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de Dworkin de igual consideración y respeto tiene consecuencias inmediatas
Sin embargo, sabemos que en la práctica el mérito no actúa como un veto
para la evaluación del derecho civil existente, como las tiene la cruda simpli­
decisivo sobre la práctica del derecho penal, una esfera en la cual es inevitable
cidad de la teoría del título de Nozick y el más difuso enfoque contractualis-
una justicia «a grandes rasgos» o aproximada. Que esto sea usualmente una
ta de Rawls. Además, la interpretación, comparación y modificación de estas
cuestión de reproche equivale a reconocer los poderosos imperativos morales
que están detrás de tener un sistema de derecho penal que combata las con­ teorías pueden ser llevadas a cabo provechosamente desde una perspectiva del
ductas que ocasionan daños y promueva la utilidad social incluso a costa de mérito.
alguna injusticia. Las decisiones políticas acerca del contenido preciso y la A pesar de esto, todas las teorías de la justicia, particularmente aquellas
práctica del derecho penal toman en consideración muy acertadamente la uti­ que ofrecen una guía de por qué la justicia formal es importante y qué tipos
lidad social de desalentar las conductas que ocasionan daños, la falta de hu­ de situaciones son sustancialmcntc justas, son inherentemente controvertidas
manidad de infligir castigos graves e institucionalizados, los beneficios que y sirven más para identificar puntos de desacuerdo que para promover el con­
conlleva reformar a los delincuentes, así como la necesidad de tomar en con­ senso político. El hecho de que las resultantes reflexiones sobre la justicia
sideración la justicia asegurándose de que no se impongan castigos inmereci­ sean tan poco concluyentes políticamente subraya la necesidad de comple­
dos. Al ponderar estos distintos factores, la justicia es simplemente un factor mentar estas teorías de la justicia relativamente sustantivas, con recomenda­
muy importante pero no necesariamente decisivo. Es importante notar que la ciones procedimentales que indiquen cómo podríamos hacer para llegar a
justicia basada en el mérito es un factor que en la práctica está más del lado de acuerdos operativos en los sistemas políticos reales. Aquí podríamos compa­
la indulgencia que de la severidad, ya que cualquier estudio documentado so­ rar el enfoque de la epistemología práctica de la justicia de Dworkin, que está
bre el funcionamiento real del derecho penal revela que los reclusos y senten­ centrado en los tribunales, con el esquema de Habcrmas para un diálogo de­
ciados muy a menudo son gente vulnerables e incapaz que merece ayuda, an­ mocrático que recuerda al más fantasioso contrato social hipotético en una
tes que personas malvadas y perversas merecedoras de castigo. «posición original», de Rawls. Estos enfoques procedimentales o democráti­
El derecho civil (es decir no penal) que rige, por ejemplo, las relaciones cos podrían ser vistos en sí mismos como enfoques basados en consideracio­
contractuales y proporciona soluciones a través de la compensación por los nes de justicia, al menos en la medida en que son vistos como formas en las
daños perpetrados por la conducta negligente de otras personas, no incluye el que las ciudadanas y ciudadanos asumen y comparten la responsabilidad por
requisito de que quienes han sido considerados responsables de romper un las normas que se imponen a sí mismos y a los demás. Sin embargo, como
contrato o de negligencia hayan tenido realmente la intención de incumplir analizo en el capítulo 10, tales consideraciones procedimentales necesitan ser
con sus deberes legales, algo que generalmente es una condición necesaria de complementadas con la orientación relativa al contenido del debate institu­
la culpa penal. Sin embargo, esto no significa que las consideraciones relativas cionalizado, algo que requiere de un continuo análisis del contenido moral de
al mérito no tengan cabida enastas áreas del derecho. Los principios subya­ la justicia que puede ser controlado en diálogo con nuestras intuiciones res­
centes del derecho civil en general requieren que aquellas personas considera­ pecto de qué es equitativo y justo en el derecho penal y civil.
das responsables y a las que se les exige que compensen a otros por cualquier
perjuicio o daño resultante hayan podido —y debido- prever las consecuen­
cias de su conducta. La justicia conmutativa y correctiva han tenido en cuen­ La justicia en la economía
ta la moral de mantener las promesas y el deber de cuidado, así como el hecho
de proporcionar un conjunto de normas consensuadas y de criterios para re­ Cuestiones similares se presentan al considerar el significado de las teorías de
solver las controversias de una manera eficiente. Los principios a los que me la justicia para la economía política, esc aspecto de la economía que quiere
he referido en relación con el derecho penal -utilidad, humanidad, verdad y ir más allá de la preocupación por el incremento del producto nacional bru­
justicia- son todos aplicables en la esfera del derecho civil, aunque con dife­ to, y toma en consideración la distribución de la riqueza y el impacto de los
rentes contenidos y con diferente peso. acuerdos económicos en términos de valores políticos fundamentales, tales
En el desarrollo de estos argumentos podría ser útil recurrir a las teorías de como la autonomía, la humanidad y la justicia.
la justicia analizadas en este libro. Nuestro examen de las limitaciones de la La simple separación de valores, con la utilidad general o los derechos de
teoría utilitarista de la justicia penal de Richard Posner puede ser comple­ autonomía dominando la esfera económica y, digamos, la humanidad y/o la
mentado fácilmente, por ejemplo, con la teoría del mérito de Wojciech Sa- justicia dominando otros aspectos de la sociedad, se viene abajo tan pronto
durski o con los enfoques críticos de Marx o Young, todos los cuales tienen como se tienen en cuenta consideraciones distributivas, en unos términos que
una relevancia directa para el derecho penal. De manera similar, el principio no tienen que ver con su impacto en la totalidad de la riqueza generada por la

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actividad económica. El enfoque básico de los títulos que propone Nozick es Exactamente por qué esta igualdad real de oportunidades es importante
la aproximación más cercana que tenemos a una teoría que excluya las consi­ para Rawls, es algo que no está claro. Este autor simplemente manifiesta que
deraciones distributivas de la política, y hemos visto ya qué endebles resultan es algo sobre lo que deberíamos insistir en la posición original, cuando esco­
ser sus postulados fundamentales. Nozick deja al esfuerzo privado de los in­ gemos los términos de nuestro pacto social. Sin embargo, la igualdad genuina
dividuos y las organizaciones de caridad el problema del sufrimiento de aque­ de oportunidades que toma en cuenta el hecho de proporcionar las condiciones
llas personas que salen perdiendo en la competencia por los títulos. En el es­ educativas y materiales para desarrollar las capacidades, conocimiento y per­
quema de Nozick, dar al Estado la tarca de aliviar el sufrimiento extremo es sonalidad que hacen que la gente sea apta para el trabajo, puede ser concep­
equivalente a un robo, porque requiere que los ciudadanos y ciudadanas en­ tualizada como un requisito previo de un enfoque basado en el mérito natu­
treguen su riqueza debidamente adquirida de modo que pueda ser redistri­ ral (o «moral») que recompensa a la gente que realiza elecciones admirables y un
buida entre las personas necesitadas. trabajo difícil. El proprio Rawls rechaza el mérito «natural» sobre la base de
Justificar una intervención estatal de este tipo es visto a menudo como una que los individuos no pueden atribuirse el mérito por sus dotes genéticas o por
cuestión de justicia que invalida los derechos de propiedad o la autonomía in­ el modo en que han sido criados, cuando estas condiciones les permiten satis­
dividual, y esto tiene sentido si venios los sufrimientos de las personas pobres facer tal criterio. N o obstante, dejando de lado las razones utilitaristas para
como sufrimientos inmerecidos, y consideramos la riqueza de quienes son dar trabajo y promover a quienes se desempeñan mejor, ya que no constitu­
comparativamente ricos como más de lo que merecen. Sin embargo, el man­ yen una justificación moral relevante para la igualdad de oportunidades sino
dato de aliviar el sufrimiento seguramente debe surgir en relación con los po­ una justificación que no tiene conexión con un ideal de justicia aceptable,
bres que no lo merecen tanto como en relación con los que lo merecen, y se apelar a la justicia en el contexto de la igualdad de oportunidades parece pre­
podría argumentar que incluso la riqueza merecida debe ser utilizada para ali­ suponer que tiene sentido alabar y recompensar a la gente por intentar ser ca­
viar la miseria humana. Por estas razones, la redistribución que se centra en lo paces de realizar tareas que la sociedad considera importantes, del mismo
que Rawls identifica como el grupo de los menos favorecidos en la sociedad modo que tiene sentido castigar a la gente que deliberadamente quebranta las
está mejor conceptualizada como una cuestión de humanidad antes que de normas de lo que es la conducta aceptada en su comunidad.
justicia. Podría ser esta perspectiva la que alienta a Nozick a ver el alivio de la La cuestión que interesa a una teoría de la justicia es determinar precisa­
pobreza como un deber privado antes que como un deber público. En cual­ mente qué es lo que constituye una limpia igualdad de oportunidades y, en
quier caso, sin embargo, tales razones para aliviar la pobreza no afectan casi particular, en qué medida debería tomar en cuenta la desigual herencia gené­
nada al funcionamiento de los sistemas económicos en sí. Aliviar la pobreza tica, educativa y económica que contribuye al desarrollo de esas capacidades
es una cuestión externa a la economía que viene a complementar la actividad que se necesitan para ocupar los cargos y puestos de trabajo en cuestión. Mu­
económica más que a regirla. chas teorías de la justicia salen al paso afirmando que ciertos factores, tales
La justicia entra más directJtíhcnte en la esfera económica cuando se criti­ como el género, la raza y la clase social, no deberían contar en el proceso de
ca el tipo de trabajo y las recompensas de las diferentes actividades económi­ selección, y estas teorías han sido puestas en práctica a través de la legislación
cas por ser poco equitativas e inmerecidas. Es en este punto que surgen las contra la discriminación, pero no está tan claro cuáles son las características
mayores divergencias de la¡.política contemporánea, y el «racionalismo eco­ positivas que hacen que un candidato o candidata reúna los méritos para un
nómico» asume la posición de que tales consideraciones son irrelevantes en la trabajo, como pone de manifiesto nuestra discusión sobre el enfoque de Sa-
esfera económica, mientras que otros actores políticos -tales como los social- durski en relación con la distribución económica.
demócratas- aceptan que la política puede y debe regular la actividad econó­ Es evidente que ninguna economía puede funcionar eficazmente si los
mica teniendo en cuenta valores que van más allá del respeto de cienos títu­ puestos de trabajo son asignados-e incluso tal vez diseñados—sobre la base del
los básicos o derechos de autonomía, o de la inaximización de la riqueza. mérito moral, sólo en relación con las elecciones valiosas y el esfuerzo conti­
Hemos visto que la teoría liberal de John Rawls hace precisamente esta juga­ nuo, en vez de hacerlo sobre la base del mérito en el sentido de capacidad real
da insistiendo en que cualesquiera sean las desigualdades que puedan existir en­ para desempeñarse bien. Se sigue de esto que la justicia no puede ser el objeti­
tre los distintos cargos y empleos, éstos deberían estar abiertos a la competencia vo prioritario de la asignación de empleo, y debemos o bien contentarnos con
en términos de una real igualdad de oportunidades, de un modo que va más allá un aporte muy limitado de la justicia a la competencia económica, o buscar
de! requisito utilitarista de que debería existir competencia por los cargos y em­ otros mecanismos, tales como los impuestos progresivos y la redistribución a
pleos en la medida en que éste sea un modo eficiente -en términos de costes—para través del Estado de bienestar sobre la base de necesidades identificadas, como
asumir en puestos económicamente útiles a gente debidamente cualificada. un modo un tanto rudimentario de reconducir las inevitables injusticias de la

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estera económica, en la que los talentos en bruto cuentan más que el compromi­ mo liberal se vuelcan con más frecuencia al discurso de la comunidad o, más
so personal. Así, una de las tarcas principales de la justicia en una sociedad amo­ comúnmente, al de los derechos humanos. Esto podría reflejar el hecho de
ralmente competitiva debe estar en la esfera de los impuestos progresivos y la re­ que el discurso de la justicia está ligado a las teorías del Estado