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El conocimiento de la ignorancia

Para iniciar se puede decir que la ignorancia en innumerables ocasiones suele entenderse
de forma general como falta, desconocimiento de la realidad. ¿Pero que es la realidad?
La realidad no es más que aquello que acontece de manera verdadera o cierta, en
oposición a lo que pertenece al terreno de la fantasía, la imaginación o la ilusión. Lo real,
por lo tanto, es lo que existe efectivamente.

Notamos que en este texto, se tiene como fuente de sabiduría al dios apolo, el cual fue
consultado por uno de los amigos de Socrates, que también es definido como un miembro
del pueblo de nombre Querefon, este había preguntado al dios Apolo en Delfos si existía
alguien más sabio que Sócrates, y Apolo le había contestado que Sócrates era el más
sabio de todos.

Lo que nos indica que este dios gozaba de confianza y en el no existía para los mortales
de este sitio ignorancia.

A lo que llamamos ignorancia se puede entender en dos sentidos:


Al entenderla como sentido absoluto se puede decir que: Ignorancia o ignorante, aplicado
sin matices en sentido absoluto a una persona o grupo social; equivale a un insulto que
manifiesta una degradación en la escala social y en la valoración individual.
Si cambiamos de parecer y la vemos respecto a un contenido concreto, se puede decir
que cuando se aplica a un contenido concreto significa no saber algo determinado, frente
al conocimiento de otras muchas cosas o tener un conocimiento imperfecto sobre.
En este segundo sentido es donde el concepto de ignorancia adquiere toda su dimensión
en su referencia al conocimiento. No se trata, entonces de una ausencia sino de una falta
respecto de un conocimiento adecuado.
En este caso la ignorancia nos muestra diferentes propiedades del proceso cognitivo así
como acerca de la afirmación de su validez como conocimiento.
En su relación con el conocimiento la ignorancia adquiere un significado de “carencia” o
de imperfección.
También se puede decir que el conocimiento en su referente contiene un “estado de
ignorancia” o “desinformación”, que admite por tanto muchos grados y matices hasta
llegar a una situación de conocimiento adecuado que pueda sostener una afirmación de
conocimiento válido. En filosofía el estado de ignorancia va de la mano y a la vez esta
colocado inversamente proporcional a la adquisición de conocimiento, siendo éste el
objeto de estudio de la epistemología.
El Hombre es la insuficiencia viviente, el hombre necesita saber, percibe
desesperadamente que ignora. Esto es lo que conviene analizar.

Aunque podemos preguntarnos, ¿Por qué al hombre le duele su ignorancia, como podía
doleerle un miembro que nunca hubiera tenido? Para responder esto se entiende que
Precisamente porque la ignorancia es un modo de intelección afirmativa, el hombre tiene
que ir aprendiendo a ignorar. Únicamente así puede crear nuevas simples aprehensiones
que en su hora pueden conducir desde la ignorancia a otros modos de intelección
afirmativa. El acceso a la ignorancia, al margen y por encima de la nesciencia, es un duro
movimiento intelectivo
Lo que de alguna manera nos obliga a distinguir como contenidos diferenciados
conocimiento y saber; por más que nuestro idioma no nos permita separar ambos
conceptos de manera determinante.
El proceso de conocimiento o actividad cognitiva desde siempre ha sido tenido como
extremadamente complejo.
Respecto a la relación directa con lo real, aunque haya ciertas diferencias coyunturales de
espacio-tiempo y situación, genética y cultura, sin embargo podemos concluir que los
sistemas nerviosos corporales de los hombres como especie, fruto de un proceso
evolutivo y adaptativo, nos ofrecen una 'información de lo real, como percepción, que ha
de tomarse como una primera evidencia en la que en cuanto tal no cabe el error.
La interpretación de esos contenidos informativos por medio de los sistemas culturales, y
sobre todo lingüísticos almacenados en la memoria, producen el conocimiento evidente.
El conocimiento es así un reconocimiento de los objetos percibidos en la conciencia como
tales objetos interpretados como lo que son en realidad.
Lo diferente, lo nuevo, lo inesperado, tiende a verse como algo peligroso y amenazante
en el proceso cognitivo. En este sentido tendemos hacia la ignorancia, frente a la tensión
que supone la ampliación de lo conocido.
Podría parecer que la búsqueda de novedad debería ser el atributo cardinal de nuestra
especie inquieta, pero no es así.

El avance del conocimiento, como contrapunto a la ignorancia, siempre ha sido una crítica
y oposición a creencias religiosas y mitos así como al ejercicio del poder social, que
consagran el statu quo y dificultan la evolución hacia el progreso.
En la actualidad esta ignorancia no se acepta como valor y, aunque se subraya su
carácter de valor negativo, no obstante se procura aplicar en muchas modalidades de la
acción social.
La censura, la información o desinformación intencionada etc. constituyen todavía un
freno para el desarrollo del conocimiento bajo el supuesto de que la ignorancia facilita el
ejercicio del poder.
Poder que adquiere especial relevancia ejercido desde los medios de comunicación que
tienden por eso a estar muy controlados tanto por los poderes políticos como
económicos.
La Antropología, por su parte, muestra cómo la cultura propia puede suponer una
ignorancia absoluta respecto a la cultura ajena y puede ser una dificultad para
comprender las costumbres y las culturas diferentes.
En casos extremos algunos valores culturales convertidos en absolutos, pueden producir
asimismo absoluta ignorancia, y producen el fanatismo. Generalmente el fanatismo es un
subproducto de este sentido de la ignorancia fácilmente convertible en integrismo religioso
o doctrinal, racismo e intolerancia gobernado y dirigido, casi siempre, no por la ignorancia
sino por intereses de poder.to, desde el pensamiento griego. Platón, probablemente, es el
primero en tomar conciencia de cómo la experiencia ha de ser interpretadada a través de
las ideas previamente conocidas
El proceso de formación de esas ideas interpretativas es la problemática fundamental de
cualquier teoría del conocimiento y de la fundamentación de un conocimiento válido o
Epistemología.
Éste es el origen básico y fundamento del conocimiento. No obstante el aprendizaje
cultural, sobre todo a través del lenguaje y la educación, adquiere una importancia
fundamental en las sociedades avanzadas. Gracias a la tradición, asumida como un
conjunto de creencias evidentes, y a la capacidad de ampliación del conocimiento por la
vía del razonamiento lógico-formal, se amplía la capacidad y cantidad de conocimiento
individual sin necesidad de la experiencia o experimentación como percepción concreta
del individuo. Al mismo tiempo este aprendizaje cultural puede abrir o situarnos en
horizontes nuevos, y campos de exploración cognoscitiva que por la experiencia directa
serían imposibles.